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EL UTILITARISMO EN CONFLICTO: UNA REVISIÓN DE LA POSTURA DE GREENE

SOBRE LA POSIBILIDAD DE UNA MORALIDAD UNIVERSAL

Daniel Toro
Maestría en Filosofía
Seminario de Ética contemporánea

I. Libertarianismo y utilitarismo. Breve panorama de un conflicto.

En su libro Moral Tribes (2013), Joshua Greene habla sobre cuatro tribus con diferentes formas de
vida que, debido a una serie de tragedias, se ven obligadas a compartir una pradera. Sus diversas
formas de vida las enfrentan. Dos de las tribus tienen un enfrentamiento particular en sus formas de
vida: la tribu del norte y la tribu del sur. La tribu del norte se caracteriza por otorgar a cada familia
una parcela de tierra adecuadamente cercada y para uso libre de sus propietarios. Conforme trabajan
y son dedicados a su tierra, las familias usufructúan la tierra y se benefician. Algunas tienen tanto
éxito que pueden comprar parcelas ajenas e incrementar sus propiedades. Lo que se conoce como
“consejo de ancianos” no hace muchas cosas en esta tribu, pues todos son libres de hacer tratos con
otros estipulando sus propias condiciones. Distinta es la tribu del sur: esta se caracteriza por ser
completamente comunitaria. En ella, tanto la pradera como los animales son compartidos. Allí el
consejo de ancianos se ocupa de dirigir las tareas que corresponde realizar a las personas de la
comunidad y resolviendo los conflictos que se producen al desacatar las normas de cooperación.
Los conflictos pueden verse en una y otra tribu. La tribu del norte, que no se ocupa de resolver
conflictos entre sus miembros, se enfrenta a la decisión de abandonar a algunos desamparados a
quienes el vaivén de las transacciones ha desprovisto de muchos de sus recursos básicos. Por el
contrario, la tribu del sur, que suple satisfactoriamente a toda su comunidad en todas sus
necesidades, enfrenta el conflicto entre individuos que reclaman más beneficios por ser más
laboriosos (Cf. Greene, 2013, p. 2.) ¿Tienen mayores derechos por sus labores los individuos de la
tribu del sur? ¿Tienen obligación los individuos del norte de ayudar a sus vecinos afectados?

El conflicto entre las tribus se observa cuando se ven obligadas a compartir la pradera. Su conflicto
versa sobre los principios de organización social, los cuales están soportados en fuertes visiones
morales que nadie pretende abandonar. La tribu del norte supone que la libertad individual es el
valor supremo. La tribu del sur considera, por el contrario, que es responsabilidad de la comunidad
promover la mayor felicidad y bienestar posibles. Estas perspectivas morales se conocen como
deontología y utilitarismo, respectivamente. En el caso particular de la tribu del norte, el sistema
deontológico defendido es llamado “libertarianismo”, cuya premisa fundamental es que la libertad
individual es incuestionable e inalienable. El encuentro de las tribus del norte y del sur en la nueva
pradera es una metáfora de algo que podemos apreciar en la vida social. Las políticas de seguridad
social y de salud, la normatividad tributaria y de impuestos, etc., es una fuente muy rica en
problemas para quienes defienden puntos de vista libertarios y utilitarios. Propuestas como la de un
seguro de salud obligatorio que sea subsidiado por la contribución pública caen muy mal entre
quienes consideran que estas medidas son coercitivas y restringe la libertad individual. Un
razonamiento más utilitario es defendido por quienes consideran que imponer estas obligaciones
aumenta el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Otra manera de apreciar este conflicto es a través del estudio de dilemas morales. En su libro
Justice, What’s the right to do? (2010) Michael Sandel expone un dilema que permite apreciar el
asunto: en medio de una operación de reconocimiento en Afganistán, un comando norteamericano
encontró a un par de pastores que cuidaban cabras. Estos fueron inmediatamente fueron retenidos,
pero al comprobarse que no iban armados se desató el conflicto: ¿debían permitirles seguir su
camino o debían ser ejecutados? Dejarlos ir significaba correr el riesgo de que informaran su
posición a los enemigos, pero ejecutarlos cuando no existían pruebas de que fueran enemigos era
injusto (Cf. Sandel, 2010, p. 24 – 25) ¿Qué hacer? Quienes defienden que los pastores sigan su
camino apelan casi siempre a consideraciones sobre los derechos. Quienes consideran que deben ser
ejecutados consideran que esa es la decisión que producirá mejores consecuencias y traerá mayores
beneficios. A los primeros los mueven razones morales deontológicas; a los segundos, razones
morales utilitarias. Nuevamente ¿Qué hacer? Dejando de lado las consecuencias, el dilema deja ver
en toda su dimensión el conflicto entre las visiones morales utilitaria y libertariana o deontológica.
La moralidad detrás de cada postura frente al dilema está expuesta a serias objeciones. Estas
objeciones son abordadas por Sandel en los capítulos 2 y 3 de su libro, y lo que se concluye de su
revisión crítica es que ninguno de los dos sistemas morales –libertariano y utilitarista– puede
ofrecer una solución satisfactoria a todo el espectro de problemas morales que surgen en la vida
social. Sin embargo, Joshua Greene sí cree que todas las tribus morales comparten un conjunto
central de valores que puede conformar el núcleo de una moral global compartida. Para Greene, el
utilitarismo, que en principio forma parte del conflicto, puede llegar a constituir tal sistema moral
global que busca. ¿Cómo? En la siguiente sección intentaré exponer brevemente la argumentación
de Greene en esta dirección.
II. Del utilitarismo en conflicto al utilitarismo como moral global.

Las discusiones de la vida social que permiten confrontar visiones morales utilitarias y libertarias
se refieren, como ya dije, a aspectos sobre seguridad social, salud, impuestos, redistribución de la
riqueza, etc. Con frecuencia, estas discusiones muestran una fácil tendencia a tomar posición, lo
cual de hecho ocurre en los debates senatoriales, cuyos participantes de diferentes partidos parecen
tener muy claras sus perspectivas al respecto. Se complican las cosas cuando se trata de dilemas
morales específicos. De aquellos dilemas en los cuales pueden apreciarse posturas distintas y
problemáticas, el más conocido es el “Trolley problem”. Este dilema tiene dos versiones en las
cuales se obtienen los mismos resultados pero diferentes respuestas. La primera versión afirma que
pueden salvarse cinco personas que trabajan sobre el riel de un tranvía si lanzamos desde un puente
peatonal a una persona que utiliza un enorme morral; esta persona morirá, pero su peso, unido al de
su morral, desviará el tranvía y evitará la muerte de los trabajadores. La segunda versión afirma que
podemos oprimir un interruptor que desviará el tren por un riel alterno, en el cual, sin embargo, hay
un trabajador. Al oprimir el interruptor, el tranvía se desviará y el trabajador del riel alterno morirá,
pero los cinco trabajadores del riel principal se salvarán. Como se sabe, la mayor parte de las
personas consultadas al respecto tienden a rechazar la posibilidad de arrojar al hombre del puente
aunque consideran correcto oprimir el interruptor (Cf. Greene, 2013, p. 113 – 116.) Así, la primera
versión del dilema moviliza las intuiciones deontológicas de las personas, apelando a perspectivas
sobre derechos; en la segunda versión, las personas se tornan más bien utilitaristas, considerando
que lo correcto es salvar tantas personas como sea posible. La cuestión de por qué en un caso
decidimos salvar a uno mientras en el otro decidimos salvar a cinco es la puerta de entrada que tiene
Greene para concebir el utilitarismo como la moral universal que busca.

Su línea de trabajo es la investigación neuro–científica. Luego de realizar una serie de estudios


acerca de la corteza cerebral prefrontal, Greene concluye que la estructura cerebral involucrada en
la toma de decisiones depende de dos procesos mentales que ocurren en dos regiones de la corteza
prefrontal: la región ventromedial y la región dorsal lateral. La primera se encarga de procesar
estímulos sensoriales y remitir información hacia la amígdala para desplegar respuestas
emocionales. La segunda se encarga de procesos relacionados con análisis abstracto,
racionalización de metas, etc. Luego de estudiar los procesos mentales involucrados en estas dos
regiones, Greene concluye que el pensamiento moral humano se encuentra relacionado con las
operaciones que se realizan tanto la corteza ventromedial como en la corteza dorsal lateral. A esta
teoría, que involucra estas dos zonas como parte del proceso de decisión moral, se le conoce como
teoría del proceso dual (Cf. Ibíd., p. 117 – 121.)
La argumentación parte de la comparación del proceso dual del cerebro con una cámara con dos
modos de operación, uno automático y otro manual. Para Greene, el modo automático de la cámara
es la parte del cerebro encargada de procesar emociones. Las emociones, tal como él indica, son
altamente eficientes desde ciertos puntos de vista, especialmente evolutivos. Por ejemplo, si algo
que puede lastimarnos nos produce miedo, esta emoción nos insta inmediatamente a huir. Sin
embargo, las emociones son poco flexibles, pues no dan lugar a un manejo controlado de ellas ni a
una variación específica de las reacciones vinculadas: no podemos decidir cuándo tener miedo (Cf.
Ibíd., p. 134.) Por su parte, el modo manual está asociado a la parte encargada de razonar
abstractamente, racionalizar metas y pensar compleja y conscientemente. Los razonamientos son
ampliamente flexibles, están a nuestra disposición para analizar diversos cursos de acción, ponderar
consecuencias y efectuar análisis de costos/beneficios. Sin embargo, son poco eficientes, pues no
pueden desplegarse con facilidad, y se pierden ante la aparición de impulsos inmediatos. Sobre la
base de estas consideraciones, Greene vincula las respuestas producidas en la zona ventromedial a
impulsos automáticos que nos llevan a rechazar posibilidades como lanzar a una persona desde un
puente para salvar a cinco (Cf. Ibíd., p. 120 – 121.) Al hacer esto, Greene no solo contrapone las
respuestas racionales del dorsal lateral, sino que además vincula las intuiciones morales de corte
deontológico al modo automático del cerebro. En tanto que el modo manual del cerebro realiza
procesos abstractos como pensar en términos de costos/beneficios, parece obvio que el pensamiento
utilitario está anclado a los procesos que ocurren en la región dorsal lateral.

Partiendo de esto, Greene propone al utilitarismo como un fuerte candidato a ser la filosofía moral
universal. Ahora bien, la posesión de un modo manual no nos hacen inherentemente utilitaristas.
Greene piensa, más bien, que todos los seres humanos, sin importar nuestra tribu, podemos alcanzar
una visión utilitaria, pues tenemos la misma maquinaria manual del cerebro. Así pues, Greene
considera que este elemento común es el que permitirá encontrar una moral global que permita
resolver los problemas que surgen en un mundo de tribus enfrentadas. Pero, como ya dijimos, el
modo manual comporta una tendencia a adoptar el utilitarismo. Así, para Greene, la existencia de
un modo manual compartido que nos permite adelantar razonamientos semejantes, considerar
consecuencias, ponderar costos y beneficios, nos permitiría también alcanzar una dimensión moral
globalmente compartida que descansaría en la tendencia compartida a razonar utilitariamente.
III. Breves consideraciones críticas

Las conclusiones de Greene respecto al proceso dual son útiles para establecer tipos de operaciones
cerebrales específicas e incluso tendencias de razonamiento moral. Quienes sufren, por ejemplo, de
daño en la región ventromedial pueden suscribir puntos de vista más utilitarios frente a dilemas
como el Trolley problem en la versión del puente. Pero no creo que esto nos permita establecer una
relación directa y definitiva entre el modo automático del cerebro y la moralidad deontológica. Por
su parte, considerar que el modo manual del cerebro tiene ciertas capacidades para el pensamiento
abstracto que permite establecer razonamientos en términos de costos/beneficios, no ofrece un
argumento suficiente para considerar el utilitarismo como la filosofía tendiente a acaparar en
nuestro modo manual. Afirmar esto es suponer una de estas dos cosas: o bien que es imposible usar
el modo manual para razonar según principios deontológicos; o bien que el uso del modo manual
para razonar según principios deontológicos es, de hecho, un mal uso.

Por último, la filosofía de Greene, tal como se comentó durante la última sesión del seminario, al
anclar el utilitarismo al modo manual del cerebro, omitiendo la influencia del modo automático, es
decir, el influjo emotivo, no solo debilita sus propias explicaciones –como en el caso de la
explicación empática de la imparcialidad (Cf. Ibíd., p. 200 – 201.)– sino que además priva al
pensamiento moral de una importante fuente problemas.

***

BIBLIOGRAFÍA.

 Greene, J (2013) Moral Tribes, Emotion, Reason, and the gap between Us and Them. The
Penguin press: New York.
 Sandel, M (2010) Justice, What’s the right to do?. Farrar, Straus and Giroux: New York.