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Celgusa vuelve a ser tema

Gobierno espera terminar antes de fin de año con conflicto financiero causado por fábrica
de papel
Por

POR: VERNICK GUDIEL


26 de Agosto de 2002 a las 00:0
0h

Luego de casi 20 años de conflicto financiero, el caso de Celulosas de


Guatemala, Celgusa, podría terminar. Esto porque el Gobierno espera vender la
planta antes de que finalice este año.

Carlos de León, gerente de la Corporación Financiera Nacional, Corfina,


propietaria de la planta, informó que para hacer la negociación, contrataron al
Banco de Inversión Español N+Uno, que busca inversionistas.

“ Ello evitará el riesgo de llegar a una subasta y no tener participantes.


Garantiza el éxito de la venta que tenemos estimado podría ser en noviembre” ,
expresó el funcionario.

Hasta el momento, el precio en que se intentará vender la planta es un secreto


bien guardado por las empresas que participan en el proceso.

“ Hasta hace poco pudimos conocer el avalúo que realizó la consultora


finlandesa Jaako Poyri, la misma que diseño la construcción de la planta, bajo
encargo del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, BBVA, a un costo millonario, dijo
De León, sin entrar en detalles sobre el resultado del avalúo.

A principios del año pasado, Corfina manejaba el precio de la planta en


aproximadamente US$70 millones (unos Q550 millones).

Planta está obsoleta

Pese al proceso de negociación que empezó hace 12 meses, las probabilidades de


vender la planta– paralizada hace 18 años– no son muchas ya que por el
tiempo podría haber perdido su capacidad de producción.

Manuel Salguero, experto valuador, opina que Celgusa no es competitiva en


precios y costos en comparación con otras plantas modernas debido a que la
falta de uso pudo afectar la maquinaria.

De León, reconoce que el mantenimiento de la planta ha sido básico y que no se


han podido hacer pruebas para verificar su funcionamiento ya que las
instalaciones carecen de energía eléctrica.
“ El inversionista que quiera comprarla deberá realizar un aporte importante
para volver a operarla debido al grado de obsolecencia” , reconoció.

Impacto ambiental

Para Carlos Albacete, director de la organización ecologista Trópico Verde, el


daño ambiental que podría causar la reactivación de la planta podría ser grave.

Explicó que cada año se deforestan unas 90,000 hectáreas de bosques y que la
entrada en operación de Celgusa vendría a agudizar este problema.

Albacete mencionó que la ubicación de la planta, a orillas del Río Motagua,


provocaría que éste se contamine.

El gerente de Corfina, descarta que el arranque de la planta vaya a causar


impactos ambientales. “ La empresa que la adquiera debe cumplir con las leyes
ambientales y modificar el sistema de blanqueo” , dijo.

En ese sentido, la firma guatemalteca Geopetrolum, realiza un estudio de


impacto ambiental para establecer si causará daños, indicó De León.

Mercado es atractivo

“ El año pasado, Guatemala importó US$210 millones en productos de papel,


cartón y fibras de papel y Celgusa puede producir 100,000 toneladas métricas
anuales, que representaría un ingreso de US$70 millones” , afirmó.

El ejecutivo, afirma que se generarían 500 empleos directos y 2,500 indirectos,


además de que podría generar energía eléctrica, ya que cuenta con una turbina
que puede generar 18.5 MW de potencia y la planta solo utiliza 11.5 Mw, agregó.

Para Fidel Reyes, exinterventor del Instituto Nacional de Bosques, Inab, y


vicepresidente de la Organización Internacional de Maderas Tropicales, la
entrada en operación de la planta sería beneficiosa para compensar la balanza
comercial forestal que el año pasado fue deficitaria en unos $240.1 millones.

A criterio de Reyes, el Programa de Incentivos Forestales del Inab cuenta con


una existencia de 18,461.09 hectáreas de bosque aptos, y una producción total
anual de 486,144.08 metros cúbicos de madera que podrían utilizarse para
desarrollar la industria forestal del país.

Un mal negocio

La historia de la planta Celulosas de Guatemala se remonta a 1981, durante el


gobierno del general Romeo Lucas García.
En ese entonces con el apoyo de Corfina, su principal accionista, Celgusa
gestionó un préstamo para financiar la construcción de la planta, con la
Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación, CESCE, del Banco
Exterior de España por de $188.7 millones, cuyo pago iniciaba en 1985.

La construcción duró 3 años y fue concluida en 1984. Por inconveniencias


ambientales solamente operó 8 días en marzo de 1985, habiendo procesado 25
toneladas de pulpa de madera.

Al haber caído en insolvencia por el pago de la deuda, el caso fue a los tribunales
de justicia hasta el 17 de noviembre de 1988 cuando se le adjudicaron los activos
a Corfina.

Desde esa fecha, el caso Celgusa fue causante de muchas fricciones entre los
gobiernos de Guatemala y España, ya que ante el incumplimiento de Corfina, el
Gobierno de Guatemala no se hacía cargo de ésta aduciendo que la deuda nunca
fue reconocida por el Congreso de Guatemala , a pesar de ser el accionista de
Corfina.

En marzo de 2001, en la reunión con el Grupo Consultivo en Madrid, España,


ambos gobiernos, llegaron a un acuerdo mediante el cual España le condonaba
$506 millones del total de la deuda, que a esa fecha ascendía a $637.5 millones,
a cambio de que Guatemala le condonara la deuda externa que le tenía por ese
mismo monto a Nicaragua.

El saldo restante, unos $131.5 millones más intereses, se saldarían cuando


Corfina venda los activos de Celgusa, lo cual se comprometió a hacer en el
menor tiempo posible, y no se ha logrado hasta la fecha.

Desde inicios de los años 80 el Estado español mantenía un


contencioso con Guatemala, a raíz de un crédito de 180 millones
de dólares concedido, entre otros, por la Compañía Española de
Crédito a la Exportación (CESCE). Aunque se desconoce cuáles
fueron las empresas españolas que salieron beneficiadas de
esta operación, sí que se sabe que el préstamo sirvió para la
construcción de una planta de papel, Celulosas de Guatemala
S.A. (CELGUSA). Esta planta se declaró en quiebra a las pocas
semanas de entrar en funcionamiento debido a falta de materia
prima y a presuntas inconveniencias ambientales. Pese a ello, el
Estado español exigió que fuese el Estado guatemalteco
quien asumiese el impago de ese crédito, cosa a la que el
país centroamericano siempre se negó por entender que el
proyecto no se había desarrollado con el rigor técnico necesario
para una planta de esas características. Con el paso del tiempo
la suma de dicho impago ascendió a un importe de 637,5
millones de dólares por los intereses acumulados.
Para solucionar dicho conflicto, en el año 2001 se realizó una
operación de cancelación de deuda a tres bandas. Mediante un
mero apunte contable, el Estado español se hizo acreedor de
una deuda de 506 millones de dólares que Nicaragua había
contraído con Guatemala, a cambio de cancelar, por un importe
similar, la deuda comercial del caso CELGUSA. El Gobierno
guatemalteco también aceptó que los 131,5 millones de dólares
restantes fueran devueltos con lo que se obtuviera de la venta
de dicha empresa en los mercados internacionales.
Esta simple triangulación contable supuso mayores beneficios
para la Administración española, ya que durante el año 2001 se
canceló parte de la nueva deuda de la que pasaba a ser
acreedora con Nicaragua, por un importe superior a 417
millones de euros. Este importe se sumó al total de la Ayuda
Oficial al Desarrollo, hinchando así artificialmente la Ayuda
Oficial hasta el 0,3% del PNB. Resulta sorprendente que la
supuesta "entidad reguladora" de la cooperación internacional,
el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, permita
que una operación de estas características, que en ningún
caso generó dinámicas de desarrollo en el país, pueda
contabilizarse como "Ayuda Oficial al Desarrollo".
Cuadro 1. Operación de cancelación de deuda comercial con Guatemala.

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