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los mismos acusados bajo proceso; el de Gori, a la inversa, es 2.2.

2.2. Este proceso judicial, del que tomamos el discurso del


un discurso jurídico que adquiere un carácter propagandístico abogado Gori, no es simplemente un caso inventado como
por dos razones: a) porque lo pronuncia un abogado defensor el de Spies y los mártires de Chicago (o como serán muchos
de los anarquistas procesados, y b) sobre todo, porque el mismo procesos contra anarquistas, de los cuales el más famoso será,
abogado profesa las ideas anarquistas de sus defendidos. algunas décadas después, el de Sacco y Vanzetti). No hay aquí
la imputación falsa de conductas delictivas específicas y deter-
Esta circunstancia puede explicar otras dos notas peculiares minadas. Pero tampoco es un proceso por conductas delictivas
del discurso de Gori: la retórica formal (y por momentos, artifi- específicas reales; no se los acusa por haber atentado contra la
ciosa) de la pieza y la ausencia de pasajes autobiográficos. vida de nadie, como es el caso de Angiolillo, Ravachol, Vaillant
o Henry. Se los acusa por el mero hecho de ser anarquistas; y la
El estilo un tanto meloso de algunos pasajes del discurso puede base jurídica de la acusación es un tipo penal abierto e indeter-
obedecer a ciertos usos frecuentes en los foros judiciales italianos minado, la asociación ilícita: el mero hecho de profesar el anar-
de la época. Pero lo llamativo es que esos excesos retóricos se pre- quismo los hace automáticamente miembros de una supuesta
sentan en las ocasiones en que Gori se dirige directamente a los asociación delictiva. Y acá reside la importancia específica de
jueces o a ciertos colegas, detalle que nos permitiría entenderlos este caso, ya que es acá donde se pone de manifiesto de manera
en clave irónica; sea como fuere, este tipo de oratoria empalagosa clara y evidente que se trata de un proceso a las ideas, no a las
no se encuentra en los otros discursos que hemos visto. conductas. En los casos vistos anteriormente era igual, con una
única diferencia: que los hechos juzgados (falsos o reales, pero
En efecto, los discursos de los otros capítulos se nos aparecen específicos) servían entonces de pretexto empírico para condenar
como más viscerales, lo que se debe, seguramente, a dos elementos al anarquismo en conjunto; en cambio, en este proceso se juzga
interrelacionados: que son alocuciones de los propios acusados directamente a las ideas anarquistas como delictivas por el solo
y que incluyen un relato autobiográfico (sólo ausente, casi, en el hecho de profesarlas: ser anarquista sería, por definición, ser
discurso de Angiolillo y de Spies). Es obvio que este elemento auto- partícipe de una asociación ilícita.
biográfico hubiera sido totalmente impertinente en el discurso de
Gori. Pero el lugar que en los otros discursos juega la autorreferen- En un extraño e irónico sentido, este proceso resulta ser el
cialidad biográfica, en el discurso de Gori lo desempeña otro tipo más “honesto” (en el sentido de “sincero”) en sus intenciones
de autorreferencialidad: la empatía con los procesados, su íntima antilibertarias: lo que está en el banquillo de los acusados son las
identificación existencial y doctrinaria con ellos, empatía que llega ideas anarquistas en sí mismas; ni siquiera se intenta disimular
hasta la autoimplicación judicial (“abrid aquella jaula y permitidme este vergonzoso proceso contra las ideas con el pretexto, real
que me siente junto a esos honradísimos malhechores”). o inventado, de un crimen espantoso. Es más: Gori ha debido
incluso defender el derecho de todo hombre a pensar libre-
Por lo demás, de los discursos anteriores, el más parecido mente, derecho que el fiscal pretendía limitar a los “filósofos”
a este discurso de Gori es el de Kropotkin. Ambos ostentan un y a los “sabios” (palabras que, además del prejuicio elitista que
gran vuelo teórico al hacer sus análisis de la historia humana y sutilmente encierran en labios del acusador, acá parecen aludir
la crítica de la sociedad presente; ambos sostienen una misma sólo a los escritores autorizados, tácita o expresamente, por el
teoría de la revolución, la que se presenta como un alud inevi- Estado o el prejuicio social dominante).
table que sólo puede hacerse más violenta con este tipo de perse-
cuciones judiciales y con la ceguera de los sectores privilegiados,
refractarios a cualquier cambio social.

74 / ANÍBAL D’AURIA CONTRA LOS JUECES / 75