You are on page 1of 17

TIERRA Y LIBERTAD-ECUADOR

“Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones; y ese mundo está


creciendo en este momento” B. Durruti

Publicación I

1
A LAS BARRICADAS

Negras tormentas agitan los aires,


nubes oscuras nos impiden ver,
aunque nos espere el dolor y la muerte,
contra el enemigo nos llama el deber.
El bien más preciado es la libertad.
hay que defenderla con fe y valor.
Alza la bandera revolucionaria,
que del triunfo sin cesar nos lleva en pos.
Alza la bandera revolucionaria,
que del triunfo sin cesar nos lleva en pos.
¡En pie pueblo obrero, a la batalla!
¡Hay que derrocar a la reacción!
¡A las barricadas! ¡A las barricadas!
¡Por el triunfo de la Confederación!
¡A las barricadas! ¡A las barricadas!
¡Por el triunfo de la Confederación!

2
Nuestras Riquezas
LIBRO “LA CONQUISTA DEL PAN”-KROPOTKIN

La humanidad ha caminado gran trecho desde aquellas remotas eda-


des durante las cuales el hombre vivía de los azares de la caza y no
dejaba a sus hijos más herencia que un refugio bajo las penas, pobres
instrumentos de sílex y la naturaleza, contra la que tenían que luchar
para seguir su mezquina existencia.

Sin embargo, en ese confuso período de miles y miles de años, el gé-


nero humano acumuló inauditos tesoros. Roturó el suelo, desecó los
pantanos, hizo trochas en los bosques, abrió caminos; edificó, inven-
tó, observó, pensó; creó instrumentos complicados, arrancó sus secre-
tos a la naturaleza, domó el vapor, tanto que, al nacer, el hijo del
hombre civilizado encuentra hoy a su servicio un capital inmenso,
acumulado por sus predecesores. Y ese capital le permite obtener ri-
quezas que superan a los ensueños de los orientales en sus cuentos de
Las mil y una noches.
Aún son más pasmosos los prodigios realizados en la industria. Con
esos seres inteligentes que se llaman máquinas modernas, cien hom-
bres fabrican con qué vestir a diez mil hombres durante dos años. En
las minas de carbón bien organizadas, cien hombres extraen cada año
combustible para que se calienten diez mil familias en un clima rigu-
roso. Y si en la industria, en la agricultura y en el conjunto de nuestra
organización social sólo aprovecha a un pequeñísimo número la labor
de nuestros antepasados, no es menos cierto que la humanidad entera
podría gozar una existencia de riqueza y de lujo sin más que con los
siervos de hierro y de acero que posee. Somos ricos, muchísimo más
de lo que creemos. Ricos por lo que poseemos ya; aún más ricos por
lo que podemos conseguir con los instrumentos actuales; infinitamen-
te más ricos por lo que pudiéramos obtener de nuestro suelo, de nues-
tra ciencia y de nuestra habilidad técnica, si se aplicasen a procurar el
bienestar de todos.
Somos ricos en las sociedades civilizadas. ¿Por qué hay, pues, esa
miseria en torno nuestro? ¿Por qué ese trabajo penoso y embrutece-
dor de las masas, ¿Por qué esa inseguridad del mañana (hasta para el
trabajador mejor retribuido) en medio de las riquezas heredadas del
ayer y a pesar de los poderosos medios de producción que darían a
todos el bienestar a cambio de algunas horas de trabajo cotidiano?

Piotr Kropotkin

3
Los socialistas lo han dicho y repetido hasta la Cada hectárea de suelo que labramos en Europa,
saciedad. Porque todo lo necesario para la pro- ha sido regada con el sudor de muchas razas;
ducción ha sido acaparado por algunos en el cada camino tiene una historia de servidumbre
transcurso de esta larga historia de saqueos, gue- personal, de trabajo sobrehumano, de sufrimien-
rras, ignorancia y opresión en que ha vivido la tos del pueblo. Cada legua de vía férrea, cada
humanidad antes de aprender a domar las fuer- metro de túnel, han recibido su porción de san-
zas de la naturaleza. gre humana.

Porque, amparándose en pretendidos derechos Los pozos de las minas conservan aún frescas
adquiridos en el pasado, hoy se apropian dos las huellas hechas en la roca por el brazo del
tercios del producto del trabajo humano, dilapi- barrenador. De uno a otro pilar pudieron seña-
dándolos del modo más insensato y escandaloso. larse las galerías subterráneas por la tumba de
Porque reduciendo a las masas al punto de no un minero, arrebatado en la flor de la edad por la
tener con qué vivir un mes o una semana, no explosión de grisú, el hundimiento o la inunda-
permiten al hombre trabajar sino consintiendo ción, y fácil es adivinar cuantas lágrimas, priva-
en dejarse quitar la parte del león. Porque le im- ciones y miserias sin nombre ha costado cada
piden producir lo que necesita y le fuerzan a una de esas tumbas a la familia que vivía con el
producir, no lo necesario para los demás, sino lo exiguo salario del hombre enterrado bajo los
que más grandes beneficios promete al acapara- escombros.
dor. Las ciudades; enlazadas entre sí con carriles de
hierro y líneas de navegación, son organismos
Contémplese un país, civilizado. Taláronse los que han vivido siglos. Cavad su suelo, y encon-
bosques que antaño lo cubrían, se desecaron los traréis hiladas superpuestas de calles, casas, tea-
pantanos, se saneó el clima: ya es habitable. El tros, circos y edificios públicos. Profundizad en
suelo, que en otros tiempos sólo producía grose- su historia, y veréis cómo la civilización de la
ras hierbas, suministra hoy ricas mieses. Las ro- ciudad, su industria, su genio, han crecido lenta-
cas, suspensas sobre los valles del Mediodía,
mente y madurado por el concurso de todos sus
forman terrazas por donde trepan las viñas de habitantes antes de llegar a ser lo que son hoy.
dorado fruto. Plantas silvestres que antes no da-
ban sino un fruto áspero o unas raíces no comes- Y aun ahora, el valor de cada casa, de cada ta-
tibles, han sido transformadas por reiterados cul- ller, de cada fábrica, de cada almacén, sólo es
tivos en sabrosas hortalizas, en árboles cargados producto de la labor acumulada de millones de
de frutas exquisitas. Millares, de caminos con trabajadores sepultados bajo tierra, y no se man-
base de piedra y férreos carriles surcan la tierra, tiene sino por el esfuerzo de legiones de hom-
horadan las montañas; en los abruptos desfilade- bres que habitan en ese punto del globo. ¿Qué
ros silba la locomotora. sería de los docks de Londres, o de los grandes
Los ríos se han hecho navegables; las costas bazares de París, si no estuvieran situados en
sondeadas y esmeradamente reproducidas en esos grandes centros del comercio internacio-
mapas, son de fácil acceso; puertos artificiales, nal?
trabajosamente construidos y resguardados con-
tra los furores del océano, dan refugio a los bu-
ques. Horádanse las rocas con pozos profundos;
laberintos de galerías subterráneas se extienden
allí donde hay carbón que sacar o minerales que
recoger. En todos los puntos donde se entrecru-
zan caminos han brotado y crecido ciudades,
conteniendo todos los tesoros de la industria, de
las artes y de las ciencias.

4
¿Qué sería de nuestras minas, de nuestras fábri- do aún en ignorancia de esa ley que nos ha per-
cas, de nuestros astilleros y de nuestras vías fé- mitido revolucionar la industria moderna, si
rreas, sin el cúmulo de mercaderías transporta- Watt no hubiese encontrado en Soho trabajado
das diariamente por mar y por tierra? Millones hábiles para construir con metal sus planes teóri-
de seres humanos han trabajado para crear esta cos, perfeccionar todas sus partes, y aprisionán-
civilización de la que hoy nos gloriamos. Otros dolo dentro de un mecanismo completo hacer
millones, diseminados por todos los ámbitos del por fin el vapor más dócil que el caballo, más
globo, trabajan para sostenerla. Sin ellos, no manejable que el agua.
quedarían más que escombros de ella dentro de Cada máquina tiene la misma historia: larga his-
cincuenta años. toria de noches en blanco y de miseria; de de-
silusiones y de alegrías, de mejoras parciales
Hasta el pensamiento, hasta la invención, son halladas por varias generaciones de obreros des-
hechos colectivos, producto del pasado y del conocidos que venían a añadir al primitivo in-
presente. Millares de inventores han preparado vento esas pequeñas nonadas sin las cuales per-
el invento de cada una de esas máquinas, en las manecería estéril la idea más fecunda. Aún más:
cuales admira el hombre su genio. Miles de es- cada nueva invención es una síntesis resultante
critores, poetas y sabios han trabajado para ela- de mil inventos anteriores en el inmenso campo
borar el saber, extinguir el error y crear esa at- de la mecánica y de la industria.
mósfera de pensamiento científico, sin la cual
no hubiera podido aparecer ninguna de las mara- Ciencia e industria, saber y aplicación, descubri-
villas de nuestro siglo. Pero esos millares de fi- miento y realización práctica que conduce a
lósofos, poetas, sabios e inventores, ¿no hablan nuevas invenciones, trabajo o cerebral y trabajo
sido también inspirados por la labor de los si- manual, idea y labor de los brazos, todo se enla-
glos anteriores? ¿No fueron durante su vida ali- za. Cada descubrimiento, cada progreso, cada
mentados y sostenidos, así en lo físico como en aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su
lo moral por legiones de trabajadores y artesa- origen en el conjunto del trabajo manual y cere-
nos de todas clases? ¿No adquirieron su fuerza bral, pasado y presente. Entonces, ¿qué derecho
impulsiva en lo que les rodeaba? asiste a nadie para apropiarse la menor partícula
de ese inmenso todo y decir: Esto es mío y no
Ciertamente, el genio de un Seguin, de un Ma- vuestro?
yer y de un Grove, han hecho más por lanzar la
industria a nuevas vías que todos los capitales Pero sucedió que todo cuanto permite al hombre
del mundo. Estos mismos genios son hijos de producir y acrecentar sus fuerzas productivas
industria, igual que de la ciencia, porque ha sido fue acaparado por algunos.
necesario que millares de máquinas de vapor
transformasen, año tras año, a la vista de todos, El suelo, que precisamente saca su valor de las
el calor en fuerza dinámica, y esta fuerza en so- necesidades de una población que crece sin ce-
nido, en luz y en electricidad, antes de que esas sar, pertenece hoy a minorías que pueden impe-
inteligencias geniales llegasen a proclamar el dir e impiden al pueblo el cultivarlo o le impi-
origen mecánico y la unidad de las fuerzas físi- den el cultivarlo según las necesidades moder-
cas. Y si nosotros, los hijos del siglo XIX, al fin nas.
hemos comprendido esta idea y hemos sabido
aplicarla, es también porque para ello estábamos
preparados por la experiencia cotidiana. Tam-
bién los pensadores del siglo pasado la habían
entrevisto y enunciado, pero quedó sin compren-
der, porque el siglo XVIII no había crecido co-
mo nosotros, junto a la máquina de vapor.
Piénsese en las décadas que hubieran transcurri-

5
Las minas, que representan el trabajo de muchas condición de no recibir más que el tercio o la
generaciones y su valor no deriva sino de las mitad del producto, siendo el resto para aquel a
necesidades de la industria y la densidad de la quien la ley reconoce como propietario de la
población, pertenecen también a unos pocos, y máquina.
esos pocos limitan la extracción del carbón, o la Clamamos contra el barón feudal que no permi-
prohíben en su totalidad si encuentran una colo- tía al cultivador tocar la tierra, a menos de entre-
cación más ventajosa para sus capitales. garle el cuarto de la cosecha. Y el trabajador,
con el nombre de libre contratación, acepta obli-
También la maquinaria es propiedad sólo de al- gaciones feudales, porque no encontraría condi-
gunos, y aun cuando tal o cual máquina repre- ciones más aceptables en ninguna parte. Como
senta sin duda alguna los perfeccionamientos todo es propiedad de algún amo, tiene que ceder
aportados por tres generaciones de trabajadores, o morirse de hambre.
no por eso deja de pertenecer a algunos patro-
nos; y si los nietos del mismo inventor que cons- De tal estado de cosas resulta que toda nuestra
truyó, cien años ha, la primera máquina de hacer producción es un contrasentido. Al negocio no
encajes se presentasen hoy en una manufactura le conmueven las necesidades de la saciedad; su
de Basilea o de Nottingham y reclamasen sus único objetivo es aumentar los beneficios del
derechos, les gritarían: ¡Marchaos de aquí; esta negociante. De aquí las continuas fluctuaciones
máquina no es vuestra! Y si quisiesen tomar po- de la industria, las crisis en estado crónico.
sesión de ella, les fusilarían.
No pudiendo los obreros comprar con su salario
Los ferrocarriles, que no serían más que inútil las riquezas que producen, la industria busca
hierro viejo sin la densa población de Europa, mercados fuera, entre los acaparadores de las
sin su industria, su comercio y sus cambios, per- demás naciones Pero en todas partes encuentra
tenecen a algunos accionistas, ignorantes quizá competidores, puesto que la evolución de todas
de dónde se encuentran los caminos que les dan las naciones se realiza en el mismo sentido. Y
rentas superiores a las de un rey de la Edad Me- tienen que estallar guerras por el derecho de ser
dia. Y si los hijos de los que murieron a millares dueños de los mercados. Guerras por las pose-
cavando las trincheras y abriendo los túneles se siones en Oriente, por el imperio de los mares,
reuniesen un día y fueran, andrajosos y ham- para imponer derechos aduaneros y dictar condi-
brientos, a pedir pan a los accionistas, encontra- ciones a sus vecinos, ¡guerras contra los que se
rían las bayonetas y la metralla para dispersarlos sublevan! No cesa en Europa el ruido del cañón;
y defender los derechos adquiridos. generaciones enteras son asesinadas; los Estados
europeos gastan en armamentos el tercio de sus
En virtud de esta organización monstruosa, presupuestos.
cuando el hijo del trabajador entra en la vida, no
halla campo que cultivar, máquina que conducir La educación también es privilegio de ínfimas
ni mina que acometer con el zapapico, si no ce- minorías. ¿Puede hablarse de educación cuando
de a un amo la mayor parte de lo que él produz- el hijo del obrero se ve obligado a la edad de
ca. Tiene que vender su fuerza para el trabajo trece años a bajar a la mina o ayudar a su padre
por una ración mezquina e insegura. Su padre y en las labores del campo?
su abuelo trabajaron en desecar aquel campo, en
7 edificar aquella fábrica, en perfeccionarla. Si
él obtiene permiso para dedicarse al cultivo de
ese campo, es a condición de ceder la cuarta par-
te del producto a su amo, y otra cuarta al go-
bierno y a los intermediarios. Y ese impuesto
que le sacan el Estado, el capitalista, el señor y
el negociante, irá creciendo sin cesar. Si se dedi-
ca a la industria, se le permitirá que trabaje a

6
Mientras que los radicales piden mayor exten- Nadie tiene derecho a apoderarse de una sola de
sión de las libertades políticas, muy pronto ad- esas máquinas y decir: Es mía; para usar de ella,
vierten que el hálito de la libertad produce con me pagaréis un tributo por cada uno de vuestros
rapidez el levantamiento de los proletarios y en- productos. Como tampoco el señor de la Edad
tonces cambian de camisa, mudan de opinión y Media tenía derecho para decir al labrador: Esta
retornan a las leyes excepcionales y al gobierno colina, ese prado, son míos, y me pagaréis por
del sable. Un vasto conjunto de tribunales, jue- cada gavilla de trigo que cojáis, por cada mon-
ces, verdugos, polizontes y carceleros, es nece- tón de heno que forméis. Basta de esas fórmulas
sario para mantener los privilegios. Este sistema ambiguas, tales como el derecho al trabajo, o a
suspende el desarrollo de los sentimientos socia- cada uno el producto íntegro de su trabajo. Lo
les. Cualquiera comprende que sin rectitud, sin que nosotros proclamamos es el derecho al bie-
respeto a sí mismo, sin simpatía y apoyos mu- nestar, el bienestar para todos.
tuos, la especie tiene que degenerar. Pero eso no
les importa a las clases directoras, e inventan
toda una ciencia absolutamente falsa para probar
lo contrario.

Se han dicho cosas muy bonitas acerca de la ne-


cesidad de compartir lo que se posee con aque-
llos que no tienen nada. Pero cuando se le ocu-
rre a cualquiera poner en práctica este principio,
en seguida se le advierte que todos esos grandes
sentimientos son buenos en los libros poéticos,
pero no en la vida. Mentir es envilecerse, reba-
jarse, decimos nosotros, y toda la existencia ci-
vilizada Se trueca en una inmensa mentira. ¡Y
nos habituamos, acostumbrando a nuestros hijos
a practicar como hipócritas una moralidad de
dos caras!

El simple hecho del acaparamiento extiende así


sus consecuencias a la vida social. A menos de
perecer, las sociedades humanas vense obliga-
das a volver a los principios fundamentales:
siendo los medios de producción obra colectiva
de la humanidad, vuelven al poder de la colecti-
vidad humana. La apropiación personal de ellos
no es justa ni útil. Todo es de todos, puesto que
todos lo necesitan, puesto que todos han trabaja-
do en la medida de sus fuerzas, y es imposible
determinar la parte que pudiera corresponder a
cada uno en la actual producción de las riquezas.

¡Todo es de todos! He aquí la inmensa maquina-


ria que el XIX ha creado; he aquí millones de
esclavos de hierro que llamamos máquinas que
cepillan y sierran, tejen e hilan para nosotros,
que descomponen y recomponen la primera ma-
teria y forjan las maravillas de nuestra época.

7
Cuento Erótico
JAVIER FISAC SECO

Ana, Gani y sus respectivas parejas ya habían castos. Y son puros y castos porque ellos ya, de
conseguido construir el paraíso terrenal, porque esa manera, tienen ganada la vida eterna. Pero,
ni la ciencia ni la razón fueron capaces de de- le preguntaba Gani, el dulce, a su compañero
mostrar que existía en otro lugar. Estaban ofi- sentimental, Hércules, el coloso, ¿cómo van a
cialmente jubilados, pero seguían leyendo, escri- saber en qué consiste la felicidad, si nunca han
biendo, pensando, discutiendo y follando, eso sí, echado un polvo? ¿Cómo se puede ser feliz sin
después de dos horas de correr en bici y de an- joder? - o sin masturbarte o que te masturben, le
dar por el monte y tomarse una rica comida a precisa Hércules -, si esa es la Gloria, el Éxtasis.
base de pescado, frutas, hortalizas y, de cuando Ese es el misterio de las religiones, añade Hér-
en cuando, un buen queso y un buen jamón y un cules, el coloso, que se las inventaron cuando
buen lomo y... Bueno, habían conseguido llegar los hombres no tenían ni Estado de Bienestar, ni
a ser ateos ya que no podían imaginar que ha- razón, ni libertad para pensar, ni sufragio para
biéndose construido la felicidad en su ciudad, gobernarse. Como lo ignoraban todo y eran unos
después de tantos siglos luchando para lograrlo, infelices concluyeron que la felicidad tiene que
les dijeran, los amargados, que esa felicidad era estar en otro mundo. Y se pusieron a buscar ese
una guarrería pecaminosa comparada con la feli- mundo y como que no lo encontraban crearon
cidad que les esperaba, si se morían, en la otra los mitos, las religiones y las fantasías. Mientras
vida. Pero tenían que morirse, ¡claro!. Aunque tanto, otros dijeron: aquí lo que hay que hacer es
no de cualquier manera, tenían que morirse des- transformar la naturaleza, cultivar, cazar, inven-
pués de haber renunciado a todo lo conquistado, tar las viviendas, los derechos individuales, la
después de haber logrado follar y follar sin tener democracia... Y se pusieron a ello.
complejo de culpabilidad ni tener que confesar- Pero, entonces, pasó una cosa: que la sociedad
se, después de años y años de trabajar, pagar la se dividió en dos grupos: unos que no hacían
Seguridad Social, ahorrar para un fondo de pen- otra cosa más que orar y condenar a los que no
siones, tener a los hijos y amantes colocados, renunciaban a buscar y construir la felicidad en
haber pagado el chalet, que ya les costó, y gozar la vida humana y otros que decidieron empezar
de buena salud. Pero a cambio, tendrían, ¡voilá!: a construir la felicidad en la vida humana. Y
una felicidad sin sexo, eso sí, y sin jamón, y sin vieron que follar daba gusto. Y empezaron a fo-
pescado y sin conversaciones y sin libros y sin llar. Y vieron que votar era elegir a quienes que-
votar a los gobernantes y sin poder contar chis- rían que los gobernasen y legislasen. Y entonces
tes, ni tener sentido del humor... ¿Alguna reli- pensaron que a partir de ese momento la única
gión da más? Les preguntó el amargado. La ley a la que obedecerían sería la que legislara el
verdad es que, pensaron, lo que se dice dar, nin-
parlamento humano y derogaron las leyes de
guna da nada, prometer sí, prometen todo y el origen divino, porque carecían de legitimidad de
Todo Absoluto, pero tienes que morirte. ¿Y qué origen, las decidía un dios que no respondía de
pasa si te mueres y es mentira lo prometido? Pe- sus actos ni consultaba con nadie y la aplicaban
ro como nadie puede reclamar nada, porque na-
die ha vuelto desde el más allá a pedirles cuen-
tas- debe de ser porque está muy lejos -. Lo cier-
to es que una vez en el cementerio se llega a la
conclusión de que como el Estado de Bienestar
no puede haber nada mejor en esa otra vida que
no se cansan de anunciar los que son puros y

8
los sacerdotes que habían inventado a ese dios. do, a pesar de su juventud, la ley humana ya le
Y se fueron creando religiones. Paradójicamen- autorizaba a practicar el sexo amparándose en la
te, cada una decía que su dios era el verdadero. legitimidad de origen del legislador. Aún así, el
Tantos dioses verdaderos y tantos cleros conde- problema era que la ley divina calificaba de gua-
nándose y matándose los unos a los otros. Eso rrerías estas experiencias sexuales, a cualquier
parecía el Olimpo en perpetua guerra. Pero cada edad, aunque se estuviera jubilado. La ley divina
cual afirmaba, aunque, eso sí, nunca lo demos- sólo permitía el “comercio sexual”, le llamaban
traba, que su dios era el verdadero. “comercio” a joder, si era para tener hijos, y,
aún entonces, lo tenían que hacer con cara de
Pero la humanidad evolucionó, contra la volun- asco y sin alcanzar la Gloria, porque este mo-
tad del clero, y se dieron cuenta de que eran in- mento se reservaba para la otra vida. Total, que
dividuos, porque, de pronto descubrieron que tenían hijos casi, casi, por generación espontá-
tenían derechos. Ellos, mujeres y hombres, no nea.
eran “una unidad de destino en lo universal”, un
Cuerpo místico, ni si quiera una familia indiso- En fin, que aunque esta ley divina carecía de
luble. ¡Con lo bonito que hubiera sido que hu- legitimidad de origen porque no había sido ela-
biera sido cierto! Pero no pudieron evitar darse borada en un parlamento elegido por los ciuda-
cuenta de que eran individuos, que la sociedad danos, como la libertad de pensamiento era un
no tenía como fundamento la familia, ni el gre- derecho individual, el clero la aprovechaba para
mio, ni la corporación, ni la fábrica, ni el Esta- adoctrinar a los despistados y desamparados y,
do, ni la Patria, ni la Nación, ni la Iglesia... sino desde luego, a los niños y jóvenes. De manera
el individuo, único y soberano. Cada uno de que esa extraña ley se difundía y afectaba a la
ellos llegó a ser un individuo cuando se dieron mente de mucha gente. El proceso de difusión
cuentas de que tenían derechos, muchos dere- empezaba en la infancia y ahí los primeros valo-
chos. Y esto, el primero que lo descubrió fue res que metían en la cabeza a los niños y jóve-
Locke. En el siglo XVII. Ana le preguntó a su nes en edad legal de follar era que tenían que
compañero sexual Hércules, el coloso, mientras tener miedo, mucho miedo, de un fantasma que
le hacía el amor a Gani, pero, si no descubrieron nunca estaba en ningún sitio y al que nadie ha-
que tenían derechos individuales y que eran in- bía podido ver, pero que, al decir de las tradicio-
dividuos, ciudadanos, camaradas, hasta el siglo nes y leyes divinas, existía. Ese fantasma era el
XVII, cómo es que habían podido vivir durante Diablo. Se escribía con mayúscula porque así
tantos siglos, más de sesenta siglos, sesenta si- daba más respeto. Este Diablo tenía una obse-
glos, sin ser individuos? Porque creían en dios y sión, por eso era tan malo, al decir del clero: es-
en el más allá., le responde. Y estaban integra- taba empeñado en que todo el mundo follara o
dos en la casta, la tribu, el pueblo, la iglesia, el se masturbara o lo masturbaran y besara y chu-
gremio... en los que se vivía en simbiosis y en para, chupara lo que chupara, chupaba. Bueno,
los que no se podía ser individuo porque care- pues a pesar de proponer estas guarrerías a las
cían de opinión, de voz y voto. jóvenes y chicos en edad legal de follar, la gente
pecaba y, a continuación, pillaba un complejo de
De esto estaban hablando, mientras Alejandra, culpabilidad de no te menees.
compañera sentimental de juegos sexuales de
Ana, le daba un masaje a Hércules, el coloso, Era un misterio que la gente se atreviera hacer
ante la mirada feliz de Gani, que acababa de jo- estas guarrerías y a demás era muy peligroso,
der con Ana, cuando éste empezó a entrar en un primero, porque se daban cuenta de que no eran
profundo sueño, mientras se fumaba un cigarri- una unidad de destino en lo universal, sino que
llo. El que tenía por costumbre fumarse después eran diferentes porque cada uno tenía un sexo
de joder con Ana o con Hércules o con Alejan- que les daba gustirrinín.
dra. Que para eso vivían en el Estado de Bienes-
tar. Un profundo sueño freudiano remontaba a ¡Y ponían una cara de felicidad cuando llegaban
Gani hasta su remota infancia, poco antes de al momento de la Gloria!
haber tenido relaciones sexuales con Zeus, cuan-

9
Que daba gusto de ver esa sonrisa dulce, intem- porque era el árbol de la ciencia, la sabiduría y
poral, estática, inmortal que se pone cuando te el placer sexual. Pero éste estaba vallado para
corres. Y como aunque el placer se practica en que nadie pudiera cometer los tres errores que
grupo pero puedes alcanzarlo solo y sola, te em- guardaba el árbol y que producían, en quien se
piezas a dar cuenta de que eres un yo indivisi- atrevía a probarlos, el defecto de ser librepensa-
ble, intransferible e imprescriptible. Y ya empie- dor. Era algo así como un defecto de fabrica-
zas a pensar que eres original y único y así se ción. Los funcionarios de dios le ponían una eti-
llega a pensar que ¡hasta tienes derechos indivi- queta con esa palabra: librepensador. Que era de
duales! Total, un desastre. De manera que, como muy mal gusto. Y así quedaba marcado hasta
era pecado, te ibas al infierno. Seguro. Esta era que no se humillara, se arrepintiera y renunciara
la segunda consecuencia por dejarte arrastrar por a su yo. Porque esto de tener yo era tan peligro-
el Diablo. No se sabe ni si quiera dónde está el so como follar y alcanzar la Gloria. El caso es
infierno, pero existir existe porque lo dice la tra- que, a lo que íbamos, Gani se encontraba, guia-
dición, lo afirma la ley divina y Dante lo descri- do por su sueño, en este lugar divino y aburrido,
bió minuciosamente. Y metió en él a todos sus muy aburrido, porque como todo estaba prohibi-
enemigos, que no eran pocos. do. Todo lo que supiera a Gloria. Y ya sabía que
darse un gusto con el pene o que te dieran un
El sueño freudiano en que se había visto envuel- gusto o dárselo a otra o a otro era lo peor que le
to Gani seguía escarbando en su subconsciente podría ocurrir a cualquiera, incluso a los pobres,
más inocente y juvenil, pretendiendo arrancar pero si eras de buena familia, ahí ya era imper-
algún recuerdo oculto que le hubiera liberado de donable. Como buen creyente, a pesar de su ju-
su temor al Diablo. Porque ahí empezó la libera- ventud, ya había conseguido estar aterrorizado
ción de Gani y la de sus compañeros y compa- por la sola idea de poder llegar, algún día, a ser
ñeras: cuando se dio cuenta de que por mucho tentado por el Diablo. Era su misión. La del Dia-
que se masturbase ni se quedaba calvo, ni le do- blo. Porque esa era su función. Aterrorizar. Y
lía nada, ni tenía sentimiento de culpa. Esto sí aterrorizaba.
que era grave: ¡No tener sentimiento de culpa!
¿Cómo lo logró? Parece ser que desafiando al Pero Gani, aunque empezaba a sentirse atraído
Diablo. Pero el pecado lo delataba: siempre de- por los adolescentes en edad legal de follar, era
jaba las sábanas manchadas de blanca nieve o la muy valiente y tenía una gran confianza en sí
bañera con babas de ballena flotando sobre la mismo. De manera que, como ya había aproba-
superficie de la cálida agua. Como los dioses del do el curso de sentir pánico y terror con matrícu-
Olimpo. Que éstos sí sabían y no eran tan abu- la de honor, pensó que el Diablo no podría hacer
rridos como otros. nada contra él. Y decidió ponerlo a prueba.
Echarle un pulso. Y se lo contó a sus amigos y
El caso es que Gani, como sus amigos y amigas, amigas en edad constitucional de hablar y soñar
había recibido una buena educación religiosa. del sexo. Total que por las noches cuando se
Como todo hijo de buena familia, con reclinato- acostaba citó al Diablo y lo hizo estimulándose
rio en la parte alta del altar para que se sepa que el pene, que en seguida se le ponía duro. Y le
la religión está al servicio de los ricos, que go- decía al Diablo: ¡mira lo que tengo aquí! Mira
biernan en nombre de los pobres. Esos que se cómo me masturbo, pero que sepas, ¡Oh Diablo!
sentaban en los bancos del fondo. Los hombres, que antes de llegar a correrme me voy a parar,
porque a las mujeres las metían en el matróneo, me voy a aguantar sin tener gusto y me la voy a
medio escondidas. Pues eran impuras. Es que las envainar. A ver quién es más fuerte, si tú ha-
leyes divinas como están hechas por hombres ciéndome pecar o yo impidiéndotelo. Y empeza-
muy machos, pues eso, siempre condenan a las ba a masturbarse, seguro de que no llegaría has-
mujeres a un lugar muy secundario. Su sueño le ta el final. Pero, se perdía, porque estaba tan se-
había conducido hasta el momento en el que re- guro de sí mismo, que apuraba mucho, llegaba,
cordaba su buena educación. Se encontraba en orgulloso de sí, hasta el precipicio; lo hacía por-
una especie de jardín con árboles frutales, uno que tenía más mérito llegar hasta el borde y fre-
de los cuales destacaba sobre todos los demás, nar sin caer por el barranco.

10
Pero cuando alcanzaba el límite no podía dete- bía recibido. Y así todos los días. Pero no se da-
ner la marcha y saltaba por el precipicio. El Dia- ba por vencido, porque cada día, cuando llegaba
blo había ganado el pulso. Pero Gani se consola- el medio día, calentado por el Sol y luciendo su
ba porque, primero se cogía un complejo de cul- hermoso y orgulloso cuerpo desnudo, iba a la
pa de no te menees, según le habían enseñado piscina y, desafiante, volvía a citar al Diablo.
los padres fundadores de la religión, y luego ad- Era inútil. Una y otra vez caía derrotado por el
mitía que sí había caído, pero contra su volun- placer sexual. Pero, orgulloso, se había propues-
tad. Lo que tenía que hacer, concluyó, era refor- to desafiar al diablo hasta que consiguiera ven-
zar su voluntad. Hacerla dura como el hierro. Y cerlo.
así, a la noche siguiente volvía a desafiar al Dia- Así llevaba un año, participando de sus gozosas
blo. Todas las noches perdía el pulso; pero no se derrotas, ahora en compañía de Hércules, el de
desanimaba y cada noche volvía a desafiarlo, bronceada anatomía, todavía no colosal, hasta
convencido de que algún día vencería la tenta- que un día, derrotado, decidió enseñarle a Ana
ción. Estaba perdido. Cada noche le gustaba más su Diablo. Mira Ana esto, dijo señalándose el
desafiar al Diablo. Pero como luego se cogía un pene en posición eréctil, es el Diablo del que
enorme complejo de culpa, pues tenía lo mereci- tanto nos hablan.
do. Pensaba él para consolarse por su debilidad.
Pero Ana le replicó: ¡qué orgullosos sois los
Bajo los efectos somnolientos de ese inevitable hombres y qué tontos!, mira, le dijo señalándose
complejo, no dejaba de darle vueltas a la cabeza los labios vaginales que como una mandorla di-
de cuáles serían las causas de su debilidad, sien- vina empezaban a abrirse, este sí que es el Dia-
do él, al menos en eso estaba, tan fuerte y tan blo.
valiente. Y creyó encontrar la respuesta al caer
en la cuenta de que citando al diablo en la cama No puede ser Ana, a mí el que me da gusto y me
y por la noche había cogido el terreno favorable provoca el sentimiento de culpa es éste.
para su contrario. Porque a esas horas y en ese
lugar él estaba cansado, medio dormido y con- Pero el que te la levanta es éste, le responde, y el
fundido por la oscuridad de la nocturna noche. que se la come también. No puede ser, Ana, a ti
Así que, convencido de que a Ese lo vencía él, te han engañado, a mi me la ha levantado Hér-
decidió cambiar de terreno y se fue a medido día cules, que aunque todavía no es un coloso ya
a una piscina y allí, desnudo, bronceado por el está en edad fisiológica y legal de preñar, y Hér-
Sol y estimulado por sus cálidos rayos, cito al cules también me la come. Y yo a él. Así que o
Diablo. ¡Anda! le decía, mirando a su pene y al tu Diablo es un farsante o es que hay más Dia-
de Hércules que pasaba por allí, desnudo y con blos.
las mismas intenciones, ¡sal de tu escondite! In-
mediatamente, empezaba a notar que su pene se O es que el mismo Diablo se presenta en forma
erguía, como un orgulloso guardia suizo. Y co- de pene y de mandorla, añade Ana.
menzaba la lucha. ¡Mira lo que hago! proclama-
ba desafiante. Y se masturbaba lentamente para Para averiguar cuál de los dos era el Diablo
demostrar al Diablo que podía llegar hasta el acordaron citarse. Gani, como un torero marcan-
precipicio, detenerse allí, replegarse y retirarse do paquete frente al toro, se colocaba delante de
como el eunuco que ha ganado una batalla en un Ana y la citaba. ¡ A ver si entraba! Pero Ana,
corral de gallinas. Como por las noches, llegar que a pesar de tener la misma edad legal para
hasta el borde del abismo infernal, llegaba. El le follar pero no para votar que Gani, parecía más
daba a eso mucho mérito. Y lo hubiera tenido si, espabilada o menos acomplejada con lo del sen-
una vez sobre el abismo, hubiera dado marcha timiento de culpa, cambió de táctica y, en lugar
atrás y recogidas sus armas, firmado la paz. Pero de entrar al trapo de Gani, pasó de ser citada a
no, se precipitaba una y otra vez. Sólo que se citar. Y, colocándose frente al pene de Gani,
precipitaba de placer. Arrepentido y con com- erecto como un cuarto de salchicha de Francfort,
plejo de culpa, eso sí. Que algo tenía que que- desafiante, le dijo, mirando cara a cara al prepu-
darle de la profunda formación religiosa que ha- cio, ¡mira cómo me muevo!

11
Y Ana movía las piernas a un ritmo con el que Bueno, exclama Ana, y ahora ¿qué hacemos?
el que conseguía abrir y cerrar sus labios virgi- Porque, digo yo, qué pintamos aquí en este abu-
nales como si tuvieran hambre. Gani empezó a rrido lugar, si ya hemos descubierto que los Dia-
sentir cómo su pene se movía, como una brúju- blos somos nosotros y que la sabiduría, la cien-
la, en dirección a aquella virginidad. Era una cia y el placer sexual, o lo que es lo mismo, la
atracción tan poderosa que no podía evitar dejar- Gloria no son de este lugar sagrado, sino del
se arrastrar hacia ella. mundo humano y carnal. Total que, en compa-
ñía de sus amigos y amigas decidieron irse de
El Diablo es una mujer, pensó. Luego yo no soy allí y construir la felicidad en la Tierra. Dado
culpable de nada. La culpable de mi sentimiento este paso, sintieron como si un pesado hábito se
de culpa es Ana. Y se sintió liberado mientras desprendiera de sus hermosos cuerpos. Era el
contemplaba las manzanas que colgaban del ár- “sentimiento de culpa”. Y fueron libres y feli-
bol de la ciencia, la sabiduría y el placer sexual, ces, aunque no comieron perdices, sino sardinas
debajo del cual se encontraban tendidos los dos. asadas. Gani, al olor de las sardinas parecía des-
Gani había entrado en los secretos de Ana. Y pertarse de su profundo sueño. Hércules, el co-
cada vez que entraba y salía notaba que se estre- loso, le acariciaba entre los muslos. Mientras,
mecía. No era un terremoto, pensó. Eran Ana y Ana le besaba en los dulces labios y Alexandra
él que se movían hacia delante y hacia atrás. la acariciaba sus senos. Al lado se estaban asan-
A Ana, que estaba con cara victoriosa, le dice do las sardinas.
Gani, pasado un largo rato durante el cual man-
tuvo una interminable gozosa sonrisa, creo que
tienes razón: el Diablo eres tú.

Otra vez te equivocas y lo haces por cobardía.


No quieres asumir que tú también eres fuente de
placer sexual, de sabiduría y de ciencia. Y quie-
res que yo cargue con toda la culpa histórica de
tu responsabilidad histórica. Tú eres tan respon-
sable como yo de lo que acabamos de hacer. Pe-
ro es más, le dice Ana con seguridad en la voz y
elegancia flamígera en el gesto, que sepas que
yo ya había descubierto que hay muchos Dia-
blos porque antes de encontrarlo contigo ya lo
había descubierto con Alexandra, que, aunque
carecemos de pene tenemos lengua y dedos y
tacto y gusto y olfato. De manera que el Diablo
no está localizado, como tú crees, en una parte
del cuerpo, se extiende, El Maldito, por toda la
piel y todo el cuerpo. Y allí donde te toques o te
toquen, salta. Pero salta de placer que es una
Gloria.

No si yo ya lo había descubierto con Hércules,


confiesa Gani, un día que, luchando, luchando,
rozábamos nuestros penes y se nos ponían tiesos
y duros como un pino. Y como el pene y la boca
y la lengua se movían sin conciencia ni previa
programación por donde les daba la gana, resul-
ta que, contra nuestra virginal voluntad, el pla-
cer sexual surgía allí por donde menos te lo es-
perabas.

12
El niño libertario
COQUIBUS FACUNDO

Salgo del molde a explorar la estructura


Repito hasta el hartazgo mi educación lineal
Olvido lo aprendido en cuanto veo al rapaz
Soy ese niño, y me voy a salvar

Premio y castigo al saber


Soy horma social conductista
Tengo miedo a mis límites impuestos

¿Cómo hago para salir de acá?

Soy algo de lo que quisieron hacerme, pero por suerte muy poco
Apenas un eslabón. De esos que están rotos

No me eduques, cuídame mientras crezco


No me limites, acompáñame a brillar
Si vengo con tanto para darle al mundo
No me apagues, quiero centellear

Soy prueba y error de mis intentos


No me traces objetivos, déjame disfrutar
Quiero ser barro hoy que puedo, mañana no sé si estaré acá.
Quizás me descuide en la rutina, y me olvide de jugar

Solo te pido una cosa adulto. Si alguna vez me ves opaco, no me dejes olvidar

Que la verdad no está en las respuestas

La verdad siempre está

En preguntar.

13
14
NOTAS DE LIBERTAD

15
16
¡SALUD Y LIBERTAD!
Con el objetivo de aprovechar las condiciones del mundo en el que nos encontramos, pido
por favor, no imprimir esta publicación, así conservamos el medio ambiente. Usemos el
software libre, la solidaridad, el apoyo mutuo y la autogestión para compartir nuestras
ideas.
-Daniel Castillo C.

17