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Son palabras simples los ordinales correspondientes a los números 1 al 9: primero, segundo,

tercero, etc.; los correspondientes a todas las decenas (de 10 a 90): décimo, vigésimo,
trigésimo, cuadragésimo, etc.; y los correspondientes a todas las centenas (de 100 a 900):
centésimo, ducentésimo, tricentésimo, cuadringentésimo, etc. También son simples los
ordinales correspondientes a 1000 y a las potencias superiores: milésimo, millonésimo,
billonésimo, etc. El resto de los ordinales son complejos y se generan por yuxtaposición o por
fusión de formas simples. Así, los correspondientes a las series de las decenas y las centenas se
construyen posponiendo al ordinal de orden superior los ordinales correspondientes a los
órdenes inferiores: decimotercero, vigésimocuarto, trigésimo noveno, ducentésimo segundo,
tricentésimo cuadragésimo noveno, etc. Los ordinales correspondientes a los números 11 y 12
presentan hoy dos formas válidas: las etimológicas simples undécimo y duodécimo, aún
preferidas en el uso más culto, y las compuestas decimoprimero y decimosegundo, creadas
modernamente por analogía con la forma que adoptan los ordinales del resto de las series
(vigesimoprimero, vigesimosegundo, trigésimo primero, trigésimo segundo, etc.). Los ordinales
complejos correspondientes a la primera y a la segunda decena se pueden escribir e una o dos
palabras, pero hoy son mayoritarias y, por ello, preferibles las grafías univerbales
(decimotercero, decimocuarto, vigesimoprimero, vigesimoctavo, etc.), más acordes con el
proceso de cohesión prosódica y morfológica experimentado por estas formas complejas. A
partir de la tercera decena solo se emplean tradicionalmente las grafías pluriverbales
(trigésimo primero, cuadragésimo segundo, quincuagésimo tercero, etc.), aunque no serían
censurables las grafías univerbales en estos ordinales, puesto que, al igual que los
correspondientes a las decenas primera y segunda, también manifiestan tendencia a la
cohesión prosódica y morfológica: trigesimoprimero, cuadragesimosegunda. Si el ordinal se
escribe en dos palabras, el primer elemento mantiene la tilde que le corresponde como
palabra independiente: trigésimo segundo, trigésima cuarta, trigésimo octavo, cuadragésima
quinta; pero, si se escribe en una sola palabra, el ordinal compuesto, que resulta ser una voz
llana terminada en vocal, debe escribirse sin tilde, pues no le corresponde llevarla según las
reglas de acentuación: vigesimosegundo ( no vigésimosegundo). Los ordinales compuestos
escritos en una sola palabra solo presentan variación de género y número en el segundo
componente: vigesimoprimero, vigesimoprimera, vigesimoprimeros, vigesimoprimeras; pero,
si se escriben en dos palabras, ambos componentes son variables: vigésimo primero, vigésima
primera, vigesimos primeros, vigésimas primeras. No se consideran correctas las grafías en dos
palabras si se mantiene invariable el primer componente: vigésimo segundos, vigésimo cuarta,
vigésimo octavas. Es decir, cuando los ordinales se escriben en dos palabras, ambas tienen que
concordar con el sustantivo al que acompañan: vigésima segunda edición; décima cuarta
asamblea. Por el contrario, cuando se escriben en una sola palabra, la concordancia con el
sustantivo se da solo en el último componente: vigesimosegunda edición; decimocuarta
asamblea. Los ordinales complejos de la serie de los millares, los millones, los billones, etc., en
la práctica poco o nada usados, se forman prefijando al ordinal simple el cardinal que lo
multiplica, y posponiendo los ordinales correspondientes a los órdenes inferiores: dosmilésimo
(2000.º), tresmilésimo tricentésimo cuadragésimo quinto (3345.º), quinientosmilésimo (500
000.º), etc. También en estas series, cuando el numeral se escribe en varias palabras, deben
manifestar la variación de género y número todos sus componentes: tresmilésimas,
tricentésimas cuadragésimas quintas. Debe tenerse en cuenta que, en la lengua actual, existe
una marcada tendencia a evitar el uso de los ordinales más allá de los correspondientes a la
segunda o tercera decenas, de manera que hoy es normal y frecuente emplear como ordinales
los números cardinales. No deben utilizarse como ordinales formas propias de los numerales
fraccionarios o partitivos; así, no debe decirse el onceavo piso, en lugar de el undécimo piso. El
ordinal correspondiente al número 50 es quincuagésimo (del lat. quinquagesimus), no
cincuentésimo. Han caído en desuso los ordinales con la terminación -eno (salvo noveno,
forma preferida hoy frente a nono), frecuentes en el español medieval y clásico: