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UGA LA TORTUGA

¡Caramba, todo me sale mal! se lamenta constantemente Uga, la tortuga. Y es que no es


para menos: siempre llega tarde, es la última en acabar sus tareas, casi nunca consigue
premios a la rapidez y, para colmo es una dormilona.

¡Esto tiene que cambiar! se propuso un buen día, harta de que sus compañeros del
bosque le recriminaran por su poco esfuerzo al realizar sus tareas.

Y es que había optado por no intentar siquiera realizar actividades tan sencillas como
amontonar hojitas secas caídas de los árboles en otoño, o quitar piedrecitas de camino
hacia la charca donde chapoteaban los calurosos días de verano.

-¿Para qué preocuparme en hacer un trabajo que luego acaban haciendo mis
compañeros? Mejor es dedicarme a jugar y a descansar.

- No es una gran idea, dijo una hormiguita. Lo que verdaderamente cuenta no es hacer el
trabajo en un tiempo récord; lo importante es acabarlo realizándolo lo mejor que sabes,
pues siempre te quedará la recompensa de haberlo conseguido.

No todos los trabajos necesitan de obreros rápidos. Hay labores que requieren tiempo
y esfuerzo. Si no lo intentas nunca sabrás lo que eres capaz de hacer, y siempre te
quedarás con la duda de si lo hubieras logrados alguna vez.

Por ello, es mejor intentarlo y no conseguirlo que no probar y vivir con la duda. La
constancia y la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos proponemos;
por ello yo te aconsejo que lo intentes. Hasta te puede sorprender de lo que eres capaz.

- ¡Caramba, hormiguita, me has tocado las fibras! Esto es lo que yo necesitaba: alguien
que me ayudara a comprender el valor del esfuerzo; te prometo que lo intentaré.

Pasaron unos días y Uga, la tortuga, se esforzaba en sus quehaceres.

Se sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se proponía
porque era consciente de que había hecho todo lo posible por lograrlo.

- He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse grandes e imposibles


metas, sino acabar todas las pequeñas tareas que contribuyen a lograr grandes
fines.

FIN
LAS MOSCAS

En un frondoso bosque, de un panal se derramó una rica y deliciosa miel, y las moscas
acudieron rápidamente y ansiosas a devorarla. Y la miel era tan dulce y exquisita que las
moscas no podían dejar de comerlas.

Lo que no se dieron cuenta las moscas es que sus patas se fueron prendiendo en la miel
y que ya no podían alzar el vuelo de nuevo.

A punto de ahogarse en su exquisito tesoro, las moscas exclamaron:

- ¡Nos morimos, desgraciadas nosotras, por quererlo tomar todo en un instante de


placer!. FIN

DANIEL Y LAS PALABRAS MÁGICAS

Daniel juega muy contento en su habitación, monta y desmonta palabras sin cesar.
Hay veces que las letras se unen solas para formar palabras fantásticas, imaginarias, y es
que Daniel es mágico, es un mago de las palabras.
Lleva unos días preparando un regalo muy especial para aquellos que más quiere.
Es muy divertido ver la cara de mamá cuando descubre por la mañana un buenos días,
preciosa debajo de la almohada; o cuando papá encuentra en su coche un te quiero de
color azul.
Sus palabras son amables y bonitas, cortas, largas, que suenan bien y hacen sentir bien:
gracias, te quiero, buenos días, por favor, lo siento, me gustas.
Daniel sabe que las palabras son poderosas y a él le gusta jugar con ellas y ver la cara de
felicidad de la gente cuando las oye.
Sabe bien que las palabras amables son mágicas, son como llaves que te abren la puerta
de los demás.
Porque si tú eres amable, todo es amable contigo. Y Daniel te pregunta: ¿quieres
intentarlo tú y ser un mago de las palabras amables?

FIN
CARRERA DE ZAPATILLAS

Había llegado por fin el gran día. Todos los animales del bosque se levantaron temprano
porque ¡era el día de la gran carrera de zapatillas! A las nueve ya estaban todos reunidos
junto al lago.
También estaba la jirafa, la más alta y hermosa del bosque. Pero era tan presumida que
no quería ser amiga de los demás animales.
La jiraba comenzó a burlarse de sus amigos:
- Ja, ja, ja, ja, se reía de la tortuga que era tan bajita y tan lenta.
- Jo, jo, jo, jo, se reía del rinoceronte que era tan gordo.
- Je, je, je, je, se reía del elefante por su trompa tan larga.
Y entonces, llegó la hora de la largada.
El zorro llevaba unas zapatillas a rayas amarillas y rojas. La cebra, unas rosadas con
moños muy grandes. El mono llevaba unas zapatillas verdes con lunares anaranjados.
La tortuga se puso unas zapatillas blancas como las nubes. Y cuando estaban a punto de
comenzar la carrera, la jirafa se puso a llorar desesperada.
Es que era tan alta, que ¡no podía atarse los cordones de sus zapatillas!
- Ahhh, ahhhh, ¡qué alguien me ayude! - gritó la jirafa.
Y todos los animales se quedaron mirándola. Pero el zorro fue a hablar con ella y le
dijo:
- Tú te reías de los demás animales porque eran diferentes. Es cierto, todos somos
diferentes, pero todos tenemos algo bueno y todos podemos ser amigos y ayudarnos
cuando lo necesitamos.
Entonces la jirafa pidió perdón a todos por haberse reído de ellos. Y vinieron las
hormigas, que rápidamente treparon por sus zapatillas para atarle los cordones.
Y por fin se pusieron todos los animales en la línea de partida. En sus marcas,
preparados, listos, ¡YA!
Cuando terminó la carrera, todos festejaron porque habían ganado una nueva amiga que
además había aprendido lo que significaba la amistad.
Colorín, colorón, si quieres tener muchos amigos, acéptalos como son.
FIN
EL NIÑO Y LOS CLAVOS

Había un niño que tenía muy, pero que muy mal carácter. Un día, su padre le dio una
bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma, que él clavase un clavo en
la cerca de detrás de la casa.

El primer día, el niño clavó 37 clavos en la cerca. Al día siguiente, menos, y así con los
días posteriores. Él niño se iba dando cuenta que era más fácil controlar su genio y su
mal carácter, que clavar los clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día en que el niño no perdió la calma ni una sola vez y se lo dijo a
su padre que no tenía que clavar ni un clavo en la cerca. Él había conseguido, por fin,
controlar su mal temperamento.

Su padre, muy contento y satisfecho, sugirió entonces a su hijo que por cada día que
controlase su carácter, que sacase un clavo de la cerca.

Los días se pasaron y el niño pudo finalmente decir a su padre que ya había sacado
todos los clavos de la cerca. Entonces el padre llevó a su hijo, de la mano, hasta la cerca
de detrás de la casa y le dijo:

- Mira, hijo, has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de esta cerca, pero fíjate en
todos los agujeros que quedaron en la cerca. Jamás será la misma.

Lo que quiero decir es que cuando dices o haces cosas con mal genio, enfado y mal
carácter, dejas una cicatriz, como estos agujeros en la cerca. Ya no importa tanto que
pidas perdón. La herida estará siempre allí. Y una herida física es igual que una herida
verbal.

Los amigos, así como los padres y toda la familia, son verdaderas joyas a quienes hay
que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan, comparten una palabra
de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte.

Las palabras de su padre, así como la experiencia vivida con los clavos, hicieron con
que el niño reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. Y colorín colorado, este
cuento se ha acabado.

FIN
UN CONEJO EN LA VÍA

Daniel se reía dentro del auto por las gracias que hacía su hermano menor, Carlos. Iban
de paseo con sus padres al Lago Rosado. Allí irían a nadar en sus tibias aguas y
elevarían sus nuevas cometas. Sería un día de paseo inolvidable. De pronto el coche se
detuvo con un brusco frenazo. Daniel oyó a su padre exclamar con voz ronca:

- ¡Oh, mi Dios, lo he atropellado!


- ¿A quién, a quién?, le preguntó Daniel.
- No se preocupen, respondió su padre-. No es nada.

El auto inició su marcha de nuevo y la madre de los chicos encendió la radio, empezó a
sonar una canción de moda en los altavoces.

- Cantemos esta canción, dijo mirando a los niños en el asiento de atrás. La mamá
comenzó a tararear una canción. Pero Daniel miró por la ventana trasera y vio tendido
sobre la carretera el cuerpo de un conejo.

- Para el coche papi, gritó Daniel. Por favor, detente.


- ¿Para qué?, responde su padre.
- ¡El conejo, le dice, el conejo allí en la carretera, herido!
- Dejémoslo, dice la madre, es sólo un animal.
- No, no, para, para.

- Sí papi, no sigas - añade Carlitos-. Debemos recogerlo y llevarlo al hospital de


animales. Los dos niños estaban muy preocupados y tristes.

- Bueno, está bien- dijo el padre dándose cuenta de su error. Y dando vuelta recogieron
al conejo herido.

Pero al reiniciar su viaje fueron detenidos un poco más adelante por una patrulla de la
policía, que les informó de que una gran roca había caído sobre la carretera por donde
iban, cerrando el paso. Al enterarse de la emergencia, todos ayudaron a los policías a
retirar la roca.

Gracias a la solidaridad de todos pudieron dejar el camino libre y llegar a tiempo al


veterinario, que curó la pata al conejo. Los papás de Daniel y carlos aceptaron a llevarlo
a su casa hasta que se curara

Unas semanas después toda la familia fue a dejar al conejito de nuevo en el bosque.
Carlos y Daniel le dijeron adiós con pena, pero sabiendo que sería más feliz en libertad.
FIN
SANTILIN

Santilin es un osito muy inteligente, bueno y respetuoso. Todos lo quieren mucho, y


sus amiguitos disfrutan jugando con él porque es muy divertido.

Le gusta dar largos paseos con su compañero, el elefantito. Después de la merienda se


reúnen y emprenden una larga caminata charlando y saludando a las mariposas que
revolotean coquetas, desplegando sus coloridas alitas.

Siempre está atento a los juegos de los otros animalitos. Con mucha paciencia trata de
enseñarles que pueden entretenerse sin dañar las plantas, sin pisotear el césped, sin
destruir lo hermoso que la naturaleza nos regala.

Un domingo llegaron vecinos nuevos. Santilin se apresuró a darles la bienvenida y


enseguida invitó a jugar al puercoespín más pequeño.

Lo aceptaron contentos hasta que la ardillita, llorando, advierte:

- Ay, cuidado, no se acerquen, esas púas lastiman.

El puercoespín pidió disculpas y triste regresó a su casa. Los demás se quedaron


afligidos, menos Santilin, que estaba seguro de encontrar una solución.

Pensó y pensó, hasta que, risueño, dijo:

- Esperen, ya vuelvo.

Santilin regresó con la gorra de su papá y llamó al puercoespín.

Le colocaron la gorra sobre el lomo y, de esta forma tan sencilla, taparon las púas para
que no los pinchara y así pudieran compartir los juegos.

Tan contentos estaban que, tomados de las manos, formaron una gran ronda y cantaron
felices.

FIN
LA BOBINA MARAVILLOSA

Erase un principito que no quería estudiar. Cierta noche, después de haber recibido una buena
regañina por su pereza, suspiro tristemente, diciendo:

¡Ay! ¿Cuándo seré mayor para hacer lo que me apetezca?


Y he aquí que, a la mañana siguiente, descubrió sobre su cama una bobina de hilo de oro de la
que salió una débil voz:
Trátame con cuidado, príncipe.

Este hilo representa la sucesión de tus días. Conforme vayan pasando, el hilo se ira soltando. No
ignoro que deseas crecer pronto... Pues bien, te concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo,
pero todo aquello que hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados no
vuelven.

El príncipe, para cerciorarse, tiro con ímpetu del hilo y se encontró convertido en un apuesto
príncipe. Tiro un poco mas y se vio llevando la corona de su padre. ¡Era rey! Con un nuevo
tironcito, inquirió:

Dime bobina ¿Cómo serán mi esposa y mis hijos?

En el mismo instante, una bellísima joven, y cuatro niños rubios surgieron a su lado. Sin pararse
a pensar, su curiosidad se iba apoderando de él y siguió soltando mas hilo para saber como serian
sus hijos de mayores.

De pronto se miro al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de escasos cabellos


nevados. Se asusto de sí mismo y del poco hilo que quedaba en la bobina. ¡Los instantes de su
vida estaban contados! Desesperadamente, intento enrollar el hilo en el carrete, pero sin lograrlo.

Entonces la débil vocecilla que ya conocía, hablo así:

Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los días perdidos no pueden
recuperarse. Has sido un perezoso al pretender pasar por la vida sin molestarte en hacer el
trabajo de todos los días. Sufre, pues tu castigo.

El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la existencia sin hacer nada de
provecho

EL MUÑECO DE NIEVE
Había dejado de nevar y los niños, ansiosos de libertad, salieron de casa y
empezaron a corretear por la blanca y mullida alfombra recién formada.

La hija del herrero, tomando puñados de nieve con sus manitas hábiles, se
entrego a la tarea de moldearla.

Haré un muñeco como el hermanito que hubiera deseado tener se dijo.

Le salio un niñito precioso, redondo, con ojos de carbón y un botón rojo por
boca. La pequeña estaba entusiasmada con su obra y convirtió al muñeco en
su inseparable compañero durante los tristes días de aquel invierno. Le
hablaba, le mimaba...

Pero pronto los días empezaron a ser mas largos y los rayos de sol mas
calidos... El muñeco se fundió sin dejar mas rastro de su existencia que un
charquito con dos carbones y un botón rojo. La niña lloro con desconsuelo.

Un viejecito, que buscaba en el sol tibieza para su invierno, le dijo


dulcemente: Seca tus lagrimas, bonita, por que acabas de recibir una gran
lección: ahora ya sabes que no debe ponerse el corazón en cosas
perecederas.
EL CEDRO VANIDOSO

Erase una vez un cedro satisfecho de su hermosura.

Plantado en mitad del jardín, superaba en altura a todos los


demás árboles. Tan bellamente dispuestas estaban sus ramas, que
parecía un gigantesco candelabro.

Plantado en mitad del jardín, superaba en altura a todos los


demás árboles. Tan bellamente dispuestas estaban sus ramas, que
parecía un gigantesco candelabro.

Si con lo hermoso que soy diera además fruto, se dijo, ningún


árbol del mundo podría compararse conmigo.

Y decidió observar a los otros árboles y hacer lo mismo con


ellos. Por fin, en lo alto de su erguida copa, apunto un bellísimo
fruto.

Tendré que alimentarlo bien para que crezca mucho, se dijo.

Tanto y tanto creció aquel fruto, que se hizo demasiado grande.


La copa del cedro, no pudiendo sostenerlo, se fue doblando; y
cuando el fruto maduro, la copa, que era el orgullo y la gloria del
árbol, empezó a tambalearse hasta que se troncho pesadamente.

¡A cuantos hombres, como el cedro, su demasiada ambición les


arruina!
LA GATA ENCANTADA

Erase un príncipe muy admirado en su reino. Todas las jóvenes


casaderas deseaban tenerle por esposo. Pero el no se fijaba en
ninguna y pasaba su tiempo jugando con Zapaquilda, una preciosa
gatita, junto a las llamas del hogar.
Un día, dijo en voz alta:

Eres tan cariñosa y adorable que, si fueras mujer, me casaría


contigo.

En el mismo instante apareció en la estancia el Hada de los


Imposibles, que dijo:

Príncipe tus deseos se han cumplido

El joven, deslumbrado, descubrió junto a el a Zapaquilda,


convertida en una bellísima muchacha.

Al día siguiente se celebraban las bodas y todos los nobles y


pobres del reino que acudieron al banquete se extasiaron ante la
hermosa y dulce novia. Pero, de pronto, vieron a la joven lanzarse
sobre un ratoncillo que zigzagueaba por el salón y zampárselo en
cuanto lo hubo atrapado.

El príncipe empezó entonces a llamar al Hada de los


Imposibles para que convirtiera a su esposa en la gatita que había
sido. Pero el Hada no acudió, y nadie nos ha contado si tuvo que
pasarse la vida contemplando como su esposa daba cuenta de
todos los ratones de palacio.
EL NUEVO AMIGO

Erase un crudo día de invierno. Caía la nieve, soplaba el viento y


Belinda jugaba con unos enanitos en el bosque. De pronto se
escucho un largo aullido.
¿Que es eso? Pregunto la niña .

Es el lobo hambriento. No debes salir porque te devoraría le


explico el enano sabio.

Al día siguiente volvió a escucharse el aullido del lobo y


Belinda , apenada, pensó que todos eran injustos con la fiera. En
un descuido de los enanos, salio, de la casita y dejo sobre la nieve
un cesto de comida.

Al día siguiente ceso de nevar y se calmo el viento. Salio la


muchacha a dar un paseo y vio acercarse a un cordero blanco,
precioso.

¡Hola, hola! Dijo la niña. ¿Quieres venir conmigo?

Entonces el cordero salto sobre Belinda y el lobo, oculto se


lanzo sobre el, alcanzándole una dentellada. La astuta y maligna
madrastra, perdió la piel del animal con que se había disfrazado y
escapo lanzando espantosos gritos de dolor y miedo.

Solo entonces el lobo se volvió al monte y Belinda sintió su


corazón estremecido, de gozo, mas que por haberse salvado, por
haber ganado un amigo.
EL HONRADO LEÑADOR

Había una vez un pobre leñador que regresaba a su casa


después de una jornada de duro trabajo. Al cruzar un
puentecillo sobre el río, se le cayo el hacha al agua.

Entonces empezó a lamentarse tristemente: ¿Como me


ganare el sustento ahora que no tengo hacha?

Al instante ¡oh, maravilla! Una bella ninfa aparecía sobre


las aguas y dijo al leñador:

Espera, buen hombre: traeré tu hacha.

Se hundió en la corriente y poco después reaparecía con


un hacha de oro entre las manos. El leñador dijo que
aquella no era la suya. Por segunda vez se sumergió la
ninfa, para reaparecer después con otra hacha de plata.

Tampoco es la mía dijo el afligido leñador.

Por tercera vez la ninfa busco bajo el agua. Al


reaparecer llevaba un hacha de hierro.

¡Oh gracias, gracias! ¡Esa es la mía!

Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos. Has


preferido la pobreza a la mentira y te mereces un premio.
LA OSTRA Y EL CANGEREJO

Una ostra estaba enamorada de la Luna. Cuando su gran disco de plata aparecía en el
cielo, se pasaba horas y horas con las valvas abiertas, mirándola.
Desde su puesto de observación, un cangrejo se dio cuenta de que la ostra se abría
completamente en plenilunio y pensó comérsela.
A la noche siguiente, cuando la ostra se abrió de nuevo, el cangrejo le echó dentro
una piedrecilla.
La ostra, al instante, intento cerrarse, pero el guijarro se lo impidió.
El astuto cangrejo salió de su escondite, abrió sus afiladas uñas, se abalanzó sobre la
inocente ostra y se la comió.
Así sucede a quien abre la boca para divulgar su secreto: siempre hay un oído que lo
apresa.

EL PAPEL Y LA TINTA

Estaba una hoja de papel sobre una mesa, junto a otras hojas iguales a ella, cuando una
pluma, bañada en negrisima tinta, la mancho llenandola de palabras.

¿No podrias haberme ahorrado esta humillacion? Dijo enojada la hoja de papel a la tinta.
Tu negro infernal me ha arruinado para siempre.

No te he ensuciado. Repuso la tinta. Te he vestido de palabras. Desde ahora ya no


eres una hoja de papel, sino un mensaje. Custodias el pensamiento del hombre. Te has
convertido en algo precioso.

En efecto, ordenando el despacho, alguien vio aquellas hojas esparcidas y las junto
para arrojarlas al fuego. Pero reparo en la hoja "sucia" de tinta y la devolvió a su lugar
porque llevaba, bien visible, el mensaje de la palabra. Luego, arrojo las demás al fuego.
LA LLORONA
La llorona' es una mujer alta y estilizada cuyo atuendo es de color blanco,
aunque no es posible distinguir sus rasgos faciales.
'La llorona' es una mujer alta y estilizada cuyo atuendo es de color blanco,
aunque no es posible distinguir sus rasgos faciales. Los relatos populares, la
describen también como una mujer sin pies, en efecto, parece desplazarse por
el piso sin rozarlo.

El mito de 'la llorona' afirma que su eterno penar se debe a que busca a un hijo
recién nacido que asesinó arrojándolo al río para ocultar un pecado. Y en esta
línea, es parte de su penitencia, castigar a los muchachos que andan de
amores prohibidos: se sube a sus caballos y puede llegar a matarlos en un
helado abrazo mortal.

Se la llama 'la llorona' porque sus gemidos aterradores y penetrates que se


dice que grita ¿ Donde esta mi hijo? ¿Dond esta mi hijo?, son tan insistentes
que hasta enloquece a los perros, mientras deambula por las noches (sobre
todo cuando es noche de plenilunio).

La mayoría de los relatos, la consideran señal de malos presagios, un indicador


de mal agüero: puede acercarse para enfermar a las personas, empeorar a los
enfermos o traer desgracias a los seres queridos.

En otros relatos, 'la llorona' se presenta como un ser inofensivo que necesita
consuelo y ayuda, despertando piedad en la gente que, cuando se acerca a
consolarla, les roba todas sus pertenencias.
LOS INFIERNOS DE LOJA

Los Infiernos: Mito o realidad?. Pues es real, así como lo oyen. Los
Infiernos son estas cascadas que ven ustedes aquí, perennes durante
siglos.
Ahora bien, desde que abrieran la embotelladora de agua, dos años atrás,
en el nacimiento del arroyo Manzanil (que viene a despeñarse al Genil,
formando la cola del caballo), el agua es cortada a veces, provocando que
la vista o no de la cascada esté supeditada a las necesidades de la
embotelladora.
Aun así, el paraje merece la pena, aunque yo les recomendaría que lo
visitasen desde abajo, es decir, desde Los Molinillos. El camino por aquí
transcurre junto a la ribera del río Genil, dando la oportunidad a dar un
tranquilo paseo junto al agua en un lugar perdido, justo al lado del bullicio
del pueblo. Tendrán lugar de observar los travertinos, que son como
estalagtitas en la roca caliza del terreno.
Y si quieren probar suerte, e intentar ver la cascada, la mejor vista la
tienen desde el frente, en un mirador acondicionado para ello en el paraje
de La Esperanza. Para llegar aquí sigan las siguientes instrucciones: Nos
situamos en la N-321 dirección Priego de Córdoba y tomamos el desvío
hacia la antigua carretera de Huétor-Tájar y la barriada de La Esperanza.
Una vez lleguemos a La Esperanza - a unos 2 kilómetros de Loja- buscamos
la señal indicativa a mano derecha, rodeamos una antigua cooperativa de
aceite y tomamos la senda campo traviesa que lleva hasta el mirador
habilitado.
LAS BRUJAS DE ZAMORA HUAYCO

Zamora Huayco, en ella se desenvuelve una leyenda relacionando con lo


oculto, la noche y los extraños sucesos que suscitaban ahí. Las brujas de
Zamora Huayco como titula el cuento, relata la historia de tres viejas brujas
que vivían en la colonial ciudad de Loja y todas las noches, al sonar las
doce campanadas del reloj de San Sebastián, se convertían en aves gigantes
para volar hacia Zamora Huayco y venerar al Señor de las tinieblas a
cambio de oro puro.

En ese tiempo y época, Zamora Huayco representaba una zona rural, donde
su espesa vegetación y sus piedras gigantes en el majestuoso rio Zamora
hacían del el un sitio encantado, en las noches de luna, daba paso a
convertirse en escenario de los cuentos de los abuelos y las leyendas
populares. No me sorprende que Teresa Mora haya querido escribir sobre
este lugar. Recuerdo que yo solía leer los relatos de Poe todos los días al
pie de ese rio, y no bastaba más, que dejarse llevar por el paisaje.
EL PERRO DE MI TÍA HACHI

Hace mucho tiempo mi tía se encontró un perrito abandonado en unos

pencos. Mi tía cuando por la mañana al pasar a su trabajo lo vio por

medio de los pencos y en la tarde cuando regresaba a casa vio que

seguía ahí el perrito, era como si el aguardaba ahí esperándola para que

vaya a rescatarlo en la tarde cuando volvía a salir con sus hermanos vio

que el perrito siguió ahí, entonces mi tía se decidió a bajarse del bus

con sus hermanas y lo recogieron y el perrito se puso muy contento, era

como si dos se conocían, lo llevó a casa lo bañó y le dio de comer le

compró un collar para sacarlo a pasear, el perrito se adaptó a su nuevo

hogar, no se quería separar de mi tía, se ponía bravo si alguien le

tocaba, cuando quería salir afuera siempre daba brincos para que le

abran la puerta, mi tía lo consentía mucho a su perrito, pero un día

han dejado la puerta abierta y él solito se ha salido a la calle y el carro

lo golpeó matándolo, es un triste final.


MI GATITO BIGOTES

Un día al salir de mi Escuela mi amigo Jhony estaba en la puerta

regalando un gatito muy pequeño, yo le dije que me lo regale y el me lo

dio, pero al llegar a casa mi mami se enfadó mucho porque no quiso

que me lo haga quedar al gatito por miedo a que mi hermanito se

pudiera enfermar, tanto rogarle me dijo que lo puedo hacer quedar.

Era muy chiquito el gatito pero cuidándolo y manteniéndolo calientito

se ha criado bien, está más grande, es juguetón y salta mucho y le puse

el nombre de bigotes porque es muy chistoso mi gatito.

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