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UNA CABEZA PARA MOSTRAR CÓMO LOS MAPAS DISTORSIONAN LA

REALIDAD
Publicado el 16/10/2013

Las proyecciones cartográficas que representan la Tierra en un plano distorsionan la realidad. Todas. De sobra es conocido el
caso de la proyección Mercator (la más conocida y una leve variación de esta es aún utilizada por los Mapas de Google), la
cual distorsiona la forma y el tamaño de los elementos del mapa en función de la latitud de los mismos. Pero cualquier otra
proyección que tomemos tendrá alguna distorsión. Es uno de los grandes problemas de que el planeta en el que vivimos, La
Tierra, se asemeje mucho a una esfera y la esfera sea un cuerpo no desarrollable (es decir, no se puede extender en un
plano).

Muchas veces es complicado entender las distorsiones de los mapas si no se está familiarizado con un globo terráqueo en el
que podamos comparar la realidad frente a la distorsión de un mapa, por ello hoy os voy a presentar aquí una forma mucho
más intuitiva de ver cómo una proyección cartográfica distorsiona notablemente la realidad.

Una cabeza sobre una proyección globular. (fuente)

Lo que veis en la imagen superior es una proyección globular sobre la que se ha pintado una cabeza. Esta proyección
históricamente se utilizó mucho por su gran facilidad para construirse, asemejándose mucho a una proyección acimutal
equidistante, y porque era de gran utilidad para medir distancias reales entre dos puntos del planeta.

Partiremos de esta proyección para ver cómo la cabeza se distorsiona de una u otra forma al pasar a otras proyecciones. Pero
antes de continuar es necesario dejar claro que la proyección globular también distorsiona la realidad notablemente. Si bien
antes he dicho que respeta bastante bien las distancias (aunque no sea tan exacta como la acimutal equidistante), sí que
distorsiona las áreas (no es equivalente) y distorsiona formas y ángulos (no es conforme).
La cabeza transformada a una proyección ortográfica. (fuente)

Al cambiar la proyección de globular a una proyección ortográfica vemos como nuestra cabeza cambia notablemente. La
proyección ortográfica se caracteriza por mantener a la perfección la distancia a lo largo de las circunferencias en torno al
centro del mapa, pero por la contra distorsiona áreas y formas notablemente, más cuanto más alejado del centro se esté.
Observando la cabeza vemos claramente como abomba su forma por la parte central, dejando las zonas exteriores
empequeñecidas y deformadas.

En realidad esta proyección representa lo que se observaría si viéramos la tierra desde el infinito, o al menos desde una
distancia considerable. Es decir, si tomásemos una fotografía de la Tierra desde el Sol, la proyección que nos quedaría sería
prácticamente (dejando de lado pequeñas imperfecciones) una proyección ortográfica.

La cabeza transformada a una proyección estereográfica. (fuente)


Al cambiar la proyección globular a una proyección estereográfica vemos como nuestra cabeza vuelve a cambiar
notablemente. En este caso vemos como la cabeza se transforma notablemente. La realidad es que esta
proyección distorsiona la forma, distorsiona la relación entre áreas y la relación entre distancias. Pero pese a todas sus
deficiencias, la proyección estereográfica, al igual que las dos proyecciones anteriores, puede ser de gran utilidad.

La proyección estereográfica es una de las pocas proyecciones que representa todos los círculos en la esfera como círculos en
el plano. Esto es de gran utilidad cuando lo que se quiere representar son por ejemplo los cráteres de un satélite o planeta.
Precisamente por esto la proyección estereográfica se utiliza bastante en la cartografía planetaria.

La cabeza transformada a una proyección de Mercator. (fuente)

Al cambiar la proyección globular a la proyección de Mercator vemos la aberración en persona. La cabeza se ve distorsionada
en forma y área mucho más que en cualquiera de las proyecciones anteriores. La parte superior e inferior de la cabeza
carecen prácticamente de cualquier tipo de valor visual, siendo prácticamente irreconocible la presencia de un cuello o un
cráneo normal.

Pero si la proyección Mercator es tan deplorable, ¿por qué se ha sido la principal proyección utilizada durante prácticamente
cuatro siglos? No, no es porque estamos ante un sistema opresor que pretende dar importancia al hemisferio norte, tal y
como decía Peters, sino porque esta proyección es una proyección que preserva el rumbo. Si nos situamos en un punto del
mapa con un navío y trazamos una línea siguiendo una dirección (noreste, por ejemplo), si mantenemos esa dirección de
forma constante recorreremos la línea que hemos trazado en el mapa. Esta característica era clave para la navegación hasta
los avances tecnológicos de las últimas décadas.

Tras estos cuatro ejemplos, llega el momento de recapitular: Toda las proyecciones sobre el plano distorsionan la
realidad. La única representación de la Tierra que no distorsiona es el mismo Globo Terráqueo. El resto de proyecciones,
tendrán que encontrar un compromiso y tendrán que sacrificar en mayor o menor medida las distintas propiedades de una
proyección cartográfica: área, forma, distancia, rumbo, dirección y escala. Dependiendo de la finalidad del mapa, una
proyección u otra tendrá más utilidad. Y precisamente en eso radica la grandeza de la cartografía, en la capacidad de
representar la Tierra de múltiples modos para cubrir distintas necesidades.

Nota: El ejemplo de las cabezas sobre las distintas proyecciones cartográficas apareció en la revista Scientific American en su
número de diciembre de 1921 (fuente). Las proyecciones utilizadas como ejemplo eran de las más comunes de la época,
aunque a día de hoy parezcan obsoletas.