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REPRESENTACIONES DEL CUERPO ENTRE PERSONAS CON DIAGNÓSTICO DE

DIABETES. Maryluz Núñez Pacheco. Universidad Bolivariana de Venezuela Sede


Zulia. Maracaibo 2010.

RESUMEN

PALABRAS CLAVES: diabetes, alimentación, cultura, cuerpo, sabores.

1. A MANERA DE INTRODUCCIÓN
Siendo difícil entender a la especie humana, en la complejidad de la lengua, la
biología, culturas y saberes, abordar el tema del cuerpo ha sido un reto un tanto
empinado, pero profundamente satisfactorio.
Parece paradójico pensarlo, pero en la educación médica, en época de
nanotecnología y células madres, el tema del cuerpo se simplifica a los cánones que
establece el mercado y la moda. Poco se considera la complejidad, las variaciones, las
diferencias como contructos necesarios y valiosos para el reconocimiento de las
culturas. Como médicos, nuestra misión entre teorías y protocolos terapéuticos,
siempre está dirigida a entender una serie de eventos que sólo pueden ser interpretado
bajo esquemas que tienen dos sentidos, lo biológico y lo estético, entendiendo que en
este caso, lo estético se establece a partir de patrones de consumo, donde incluso las
diferencias culturales son adaptadas por la publicidad para crear “necesidades de
consumo”, en este sentido las reflexiones en algún momento de estas páginas
mostrarán nuestro pensar.
Los encuentros médico-paciente, están condicionados por solo dos momentos,
el diagnóstico y el tratamiento; cómo están sus condiciones metabólicas y hasta dónde
ha llegado la enfermedad. Los cambios corporales y sensoriales, se limitan a
“evidencias clínicas” de “no malignidad”, pero el proceso desde la palabra, la
percepción, los sentidos y las emociones que padecen los diagnosticados con diabetes,
solo representan inconvenientes para que el médico considere a este personaje, como
una estadística más de “buena” praxis médica.
Los cambios corporales son sistematizados por el profesional de la medicina,
solo para evitar afectaciones crónicas discapacitantes y el control terapéutico
farmacológico y nutricional, serán los únicos condicionantes de dialogo entre el
terapeuta y el afectado.
Lo nutricional se limita a la distribución eficiente de los carbohidratos en la dieta
diaria y si en algún momento se piensan en alteraciones emocionales, ciertamente un
nuevo profesional salta a la palestra; el psicólogo ayudando al médico a neutralizar el
estrés que trae consigo el cambio de los patrones de vida: tiempo para las comidas,
turnos, evitar los excesos y las emociones de disconfort ante lo que les vuelve distintos
al resto de su grupo social.
La revisión teórico-observacional, que en esta oportunidad nos ocupa, ha
encaminado nuestros intereses hasta la etnografía del texto y la palabra, de los
profesionales de la medicina y sus “pacientes”, con la intención de acercarnos a otra
forma de ver el cuerpo y la alimentación, desde la percepción de lo corporal hasta los
cambios que experimenta el afectado entre gustos y sabores por sus antiguos y nuevos
patrones alimentarios.
Entender los sistemas de alimentación de diferentes grupos humanos, el gusto y
las preferencias en la selección y combinación de los alimentos forman un amplio
esquema de representaciones que participan en la identidad de cada región 1. Esto lleva
consigo el compromiso de juntar y relacionar el pensamiento a la palabra y al gusto.
Entender el sentido del gusto y sus relaciones con las culturas, deben pasar
hasta las variadas formas de significar en el hacer de la lengua, cómo nombrar las
cosas, en un grupo humano u otro, de una tradición a otra. En esta relación de
percepciones, la cultura expresada en tradiciones, construyen esquemas en el hacer y
la cotidianidad, afirman valores y creencias que bien pueden mostrar sus particulares
formas de sentir el mundo.
En virtud de plantear el esquema anterior en grupos humanos con
características diferentes, ¿cómo podríamos interpretar los sabores del mundo y su
relación con la cultura en personas que poco a poco van diferenciándose de sus otros
más cercanos, ante el padecimiento de una enfermedad crónica como la diabetes? Con
esta propuesta nos acercamos al mundo de los sentidos, particularmente la percepción
de los sabores, a partir de las posibles diferencias entre los que padecen la diabetes y
los que no la padecen.
Este acercamiento forma parte de los primeros pasos de una larga exploración
que desde hace algunos años hemos iniciado, desde el punto de vista clínico, y ahora
desde la antropología, la intención de comenzar a mostrar alternativas en la praxis de
los profesionales de la salud, estrechando distancias entre los involucrados (pacientes,
familiares, sociedad y cultura) y transformarlas hasta un espacio que sea común para
todos.
2. ENTENDIENDO PRIMERO LA DIABETES
La Diabetes mellitus (DM)2 es una enfermedad metabólica3 que interfiere en el
buen funcionamiento de muchos órganos vitales, causando su deterioro y destrucción4.
Desde el punto de vista del profesional de la medicina que identifica la enfermedad, su
principal preocupación está dirigida a cuidar que las alteraciones químicas que se dan
en la fisiología de la persona enferma, no perjudique ni la conducción nerviosa, ni la
circulación sanguínea, pues de evidenciar sus cambios, las alteraciones podrían llegar
hasta el sistema nervioso, cardiovascular, renal y oftalmológico.
El desarrollo biológico/social de este proceso se lleva a cabo alrededor de 10
años antes que la persona que padece sienta alguna anormalidad corporal, esta
afirmación se ha leído en documentos científicos5. La diabetes ha sido seriamente
relacionada con la obesidad, el tabaquismo, las alteraciones del metabolismo de los
lípidos, la hipertensión arterial, patrón de vida atropellada, agobiante, afectada por la
angustia y el stress, un sistema de vida adaptados a patrones de consumo, moda,
globalización, con escasa reflexión sobre la diversidad cultural, las costumbres, las
creencias, complementado por una alimentación rica en carbohidratos, y sedentarismo.
Esto nos hace pensar que durante toda la vida adulta estamos predispuestos a sufrir la
enfermedad, independientemente de los factores genéticos ya conocidos dentro del
mundo científico.
Esa naturaleza evidentemente metabólica, del inicio y desarrollo de la
enfermedad, pone al descubierto la poca significación que por lo general los afectados
le dan a la diabetes en el inicio de la misma y sus factores de riesgo, solo se muestran
afectados una vez que se reconocen los cambios físicos, que posteriormente dan lugar
al diagnóstico por parte del medico.

Una vez que se comienza a padecer la diabetes, la persona experimenta


cambios en su vida familiar y social. Apegado a un esquema de vida impuesto por el
profesional de la medicina, que incluyen una gran lista de medicamentos, condiciones
específicas para su alimentación, cambios en sus modos de vida sobre todo laborales,
y en muchas ocasiones la interferencia sobre las formas de relacionarse con los
demás. Todo esto logra limitar en el paciente desde la selección de sus propios
alimentos hasta su vida social.

3. PERCEPCIÓN DE LOS SABORES, TRANSFORMACIÓN EN LA DIABETES.

Las sensaciones percibidas tras la degustación se encuentra antecedidas por la


selección visual, olfativa y táctil del alimento, la construcción simbólica en el grupo
humano6, la significación nutricional de sus elementos sobre el balance y
funcionamiento del cuerpo7 y una historia familiar que demarcan formas de hacer en
sus contexto de vida cotidiana.
En este sentido, Le Breton comenta: “La sensación gustativa remite a un
significado: es al mismo tiempo un conocimiento y una afectividad que se encuentra en
acción”6.
Cuando nos toca conversar por primera vez con una persona que padece de
diabetes, tras una gran entrevista en búsqueda de síntomas imperceptibles hasta ese
momento (la mayor parte de las veces), al preguntar por cambios en la percepción de
los sabores, el afectado niega cualquier tipo de anormalidad. Sin embargo, tras la
pregunta ¿cómo está su relación con los dulces? Las respuestas de muchos: “me
encantan los dulces, es lo último que desearía dejar de comer”8.
Evidentemente, podríamos pensar que la afición por los dulces, luego que
históricamente está marcada de tradiciones que delimitan estatus, prácticas y
creencias9, no es precisamente un signo de enfermedad. Desde la medicina se
evidencian relaciones fisiológicas que muestran cambios importantes en las hormonas
y las moléculas que ofertan energía10, hasta la estimulación profunda de zonas
cerebrales relacionadas con la memoria, las preferencias al seleccionar alimentos y la
necesidad de consumir azucares cada día con más frecuencia.
El azúcar ha sido relacionado con la ansiedad, depresión, rabia, hostilidad,
autoconciencia y vulnerabilidad11. Es posible encontrar en personas que presentan más
peso del que su estatura debería soportar12, una historia personal cargada de
emociones de bienestar o de malestar, cambios frecuentes en los modos de vida,
desde el estrés hasta el sedentarismo.
Desde que nacemos, somos profundamente marcados por esta carga simbólica
del azúcar: la leche materna esta fuertemente cargada de azúcar, las papillas de
cereales tienen como principal componte azucares, cuando vamos a la escuela las
golosinas son parte de nuestros intercambios con nuestros amigos, cuando somos
adolescente a los varones les recomiendan comer muchos carbohidratos en plátanos y
pasta para aumentar sus tejidos musculares y verse más fuerte, si vamos a la
universidad las fiestas están cargadas de cervezas, (cebada) pasapalos y dulces, las
reuniones de trabajo se hacen con café y galletas, los velorios y las visitas a enfermos
no son tan importantes sin un buen entremés, todas nuestras etapas de vida y
relaciones en el mundo están llenas de dulces.
Pensar en la vida sin lo dulce, significa dejar de ser lo que tantos años formó
nuestra memoria. Para las personas que padecen de diabetes, pensar en la vida sin
azúcar podría ser dejar de existir. Transformar los cambios en el consumo de alimentos
hacia la reducción, en ocasiones radical, del consumo de azúcar, podría significar
exclusión, malestar y cambios en la percepción de los hechos de su vida, cambios en el
sabor del mundo6. Esto se puede ser evidente en comentarios como: “ya no celebro las
navidades como antes”, “ni ganas me dan de reunirme con la familia”13.
4. LAS NEURONAS CAMBIAN, LOS SABORES CAMBIAN
Los cambios fisiológicos que se presentan en las personas diabéticas, incluye
deterioro de las vías de trasmisión de los impulsos nerviosos14. Las personas refieren:
“por las noches no puedo dormir, me dan muchos calambres y en el día cuando
camino siento puyazos en la planta de los pies”15.
Este efecto, se evidencia en vías periféricas, piernas y brazos, pero el diabético
logra experimentar cambios en sus hábitos de evacuación, dolores abdominales
frecuentes y llenuras después de las comidas, como clara evidencia que en estas áreas
llenas de vías nerviosas, también son afectados por la enfermedad16.
La experiencia frecuente de comer y sentir insatisfacción por todos los cambios
anteriormente mencionados, mantiene al que padece, en fuertes reflexiones entre lo
que deseo comer y lo que puedo comer. Se limita a seleccionar los alimentos
adecuados para su bienestar corporal, según lo indicado por el médico, a cambio de la
oportunidad que en algún momento la dulzura y los recuerdos de buen comer puedan
ser permitidos en su nuevo esquema de vida.
La selección de los alimentos y el gusto en la nueva combinación de sabores, no
permiten diferenciar entre las posibles afectaciones de las vías neurológicas del gusto y
olfato, y los cambios que el paciente comienza a mostrar en sus modos de vida. Las
investigaciones clínicas han dejado a un lado esta evaluación. Se observan los
cambios en la sensibilidad de la piel en manos y piernas, se interroga acerca de
cambios gastrointestinales en sus momentos postprandiales17, se realizan evaluaciones
clínicas para evidenciar cambios en la visión, el oído, el corazón, los riñones, pero no
se permite considerar que el gustos y los olores, dos importantes sentidos
comprometidos con el bienestar alimenticio, pueden estar perjudicados por todos estos
cambios corporales.
La percepción del gusto en el nuevo esquema de alimentación someten al que
padece de diabetes, a una muy pequeña selección de sabores, por demás: desabridos,
pálidos, sin olor, que no pueden palparse, mucho menos sentirse.
En las discusiones médicas, los comentarios son: “El paciente se queja de mal
gusto en la comida”18. La evidencia que no solo la fisiología, sino la percepción de los
sabores cambian, esto es la respuesta de cambios en la confección de los alimentos, la
combinación de sabores que hemos aprehendido a apreciar, los colores de las salsas
que son eliminadas tras el diagnóstico, y las formas de las frutas y dulces que en toda
nuestra vida hemos asumido en sociedad, pues el degustar no solo se hace con el
gusto sino también con el olfato, la vista y el tacto6.
5. EMOCIONES ENCONTRADAS
“¿Cómo definir los diferentes rasgos de la vida afectiva? La
afectividad simboliza el clima moral que baña constantemente la
relación del individuo con el mundo, la resonancia íntima de las
cosas y los sucesos tal como los dispensa la vida cotidiana en una
trama discontinua, ambivalente, inasible por su complejidad y su
mosaico”19.

La relación entre el médico y el paciente, se torna escabrosa y llena de


emociones encontradas. La persona que padece busca en el médico un aliado para el
bienestar y se encuentra con un agresor de sus tradiciones y vivencias.
Los encuentros para su evaluación corporal, se limitan a justificar y replicar: “no
sé por qué tengo la glicemia tan alta, si estoy haciendo la dieta como usted me dijo y
no se mejoran mis dolencias”13. En este caso en particular, la persona entrevistada es
madre de familia, ella cocina para todos en casa, el acompañamiento por parte de
alguno de los familiares a la consulta médica siempre estuvo ausente a pesar de las
convocatorias. Todos en casa trabajan y regresan por la noche a casa. Esto podría
hacer pensar que existe algún tipo de interferencia emocional y conveniente
manipulación para las respuestas de la entrevista, cosa que podríamos aclarar con una
buena entrevista a algún familiar.
La emociones del día a día reflejan hechos vividos, tradiciones acumuladas,
significación de un hacer que se construye con la suma de costumbres y creencias19.
Es difícil para la paciente, en el caso anterior, poder enfrentarse con las
responsabilidades en su vida cotidiana al nuevo esquema de alimentación que está
experimentando tras el tratamiento médico. Su relación con la alimentación y la
degustación, se limita a responsabilidades con el resto de la familia, cosa que se
evidencia con el comentario: “yo tengo que cocinar dos cosas, una para los muchachos
y mi esposo y otra cosa para mi, a veces ni ganas me dan de comer”13.
El nuevo sistema de organización familiar, expresado desde la palabra de la
Señora Rosa, no cambia, no se adapta al encuentro de emociones que forman parte
del nuevo sistema de organización que asume la afectada. Podríamos profundizar en
este sentido, cuando escuchemos los relatos de los familiares en torno a este nuevo
cambio de vida en la Señora Rosa, cosa que nos permitirá evidenciar y comparar sus
propios sistemas de organización familiar y social. Vale la pena resaltar que esta
exploración etnográfica, en la alimentación y la diabetes, es parte del esquema que me
he planteado para esta investigación, hasta la fecha solo he trabajado con los que
padecen diabetes, una segunda fase me llevará a conversar con el resto de los
familiares.
6. CUERPOS AZUCARADOS
La exploración física de la persona que padece diabetes, en un primer encuentro
con el médico, se realiza para buscar signos que pudieran hablar de alteraciones de
órganos y tejidos.
Posteriormente, los encuentros se limitan al acto de evaluar alteraciones
encontradas en los órganos internos (riñón, corazón, ojos, nervios periféricos) y los
cambios en los valores de glicemia20. Las conversaciones en torno al tratamiento de la
enfermedad, se basa en mantener una dieta adecuada y cumplir con los medicamentos
para mantener la glicemia por debajo de los límites de riesgo.
El aumento de la glicemia, se manifiesta en forma crónica con síntomas que
siente el paciente, pero no son tomados en cuenta. Conversando con el Señor
Rodrigo, conductor de un taxi que me llevaba a mi sitio de trabajo, desconociendo este
que soy médica, me contaba:
“Las cosas como las pinta la gente de la televisión, pueden estar muy mal, pero
de verdad que a mi no me parece. Yo trabajo en mi carrito, claro! A veces el
calor me mata y me hace sentir muy cansado, esos días regreso en el medio día
a la casa y no vuelvo a salir más, se me descompone el cuerpo, ya sabe mija! el
cuerpo con los años ya no aguanta igual. Hace unas semanas, me dieron unos
mareos y mi mujer me obligó a ir con los médicos cubanos, ellos me hicieron
unos exámenes y me dijeron que estaba diabético. Pero, a esos médicos yo no
les creo, porque yo no creo que sea diabético, cuando me corto sangro y la
herida se me cura rápido”21.

Evidentemente, existen algunos cambios, corporales en las personas que


padecen diabetes, que pueden estar relacionados con cansancio extremo y debilidad,
asociados estos a alteraciones del sistema cardiovascular. El sistema hematológico,
también sufre alteraciones, la cascada de coagulación se alarga y en presencia de
heridas es difícil controlar la salida de sangre.
El Señor Rodrigo, reduce los problemas de diabetes a este hecho hematológico,
popularmente esta información está bien difundida. La glicemia, es un valor de
laboratorio que solo puede ser de importancia para el profesional que la puede
interpretar. Para el afectado, es difícil asumir los cambios en su sangre, sino puede
verla al ser expuesta con una herida.
Podemos pensar, que en este caso, la discusión se dirige en torno a la
“identificación” de los síntomas o los cambios corporales del afectado, con hechos de la
vida cotidiana que son frecuente en el común de la gente: la vejez, cambios en la
temperatura ambiental, las heridas que curan rápidamente. Sin embargo, en la diabetes
no son hechos comunes, aunque así se quieran interpretar, sobre todo cuando están
profundamente marcados por procesos como los expuestos en párrafos anteriores:
disminución de actividades de socialización, desapego a las costumbres familiares,
abandono o resistencia a acciones que le mantengan el bienestar del afectado, etc.22
Los problemas de cansancio y debilidad, poco se asocian a la diabetes, son más
asociados a la vejez y cambios ambientales, llámese estrés, temperaturas elevadas,
entre otras cosas. Por tanto, el afectado comienza asumir estos síntomas dentro de un
clima de normalidad, cosa que no le permitirá resolverlos o disminuirlos con todas las
recomendaciones que el médico hace para controlar su glicemia y erradicar las
dolencias.
La identificación de hallazgos en su propio cuerpo, lo acerca a la afirmación de
poseer una enfermedad y lo alejan de cualquier tipo de organización social, más aún
cuando los elementos del tratamiento no son compartidos por el resto del grupo
familiar. Asumir que se está diabético o que se tiene diabetes, marcan una profunda
distancia social: la preparación de alimentos le apartan de combinación de sabores que
suele compartirse en familia, las reuniones familiares donde todos comen lo que el
afectado no puede comer propician el alejamiento del afectado de las costumbres y
prácticas sociales22.
7. FINALMENTE
El proceso de identificación de síntomas de la diabetes, las distancias sociales
en el desapego por las prácticas y costumbres familiares, asumir un padecimiento
discapacitante y excluyente; son los elementos que pueden llevarnos a reconocer los
desaciertos en las prácticas médicas actuales y la necesidad de buscar puntos de
negociación entre las personas afectadas y el equipo de salud.
Pensar que somos lo que comemos, que lo que comemos nos puede llevar a
padecer enfermedad, que los procesos culturales especialmente los que se relacionan
con la alimentación pueden ser trasmitidos de una generación a otra, nos hacer pensar
que no solo los marcadores genéticos de enfermedades como la diabetes, son
responsables de los cambios sino también la cultura. Esto último, no puede ser visto
desde la óptica del juicio y el señalamiento, la cultura puede ser el más fuerte aliado del
equipo médico, en la medida que se puedan encontrar similitudes, puntos de encuentro
o formas de adecuar los procesos terapéuticos a las costumbres, se podrían lograr
desde la disminución de los riesgos de la diabetes hasta la disminución de las
complicaciones crónicas.
En este sentido, múltiples han sido los protocolos de investigación que a partir
de estas premisas hemos comenzado a desarrollar.

REFERENCIAS Y NOTAS
1. Pilcher, Jeffrey (2001). Vivan los tamales: La comida y la construcción de la
identidad mexicana. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social. México.
2. Diabetes mellitus (DM): enfermedad sistémica del metabolismo de los
carbohidratos, caracterizada por aumento de la glicemia (azúcar en la sangre).
Dentro de su clasificación la DM tipo 1 y tipo 2 son las más frecuentes. La DM
tipo 1 es frecuente en la infancia en la que existe una ausencia total de la
insulina. Mientras que la DM tipo 2 es frecuente en adultos y su origen está
acompañada de una serie de factores externos al organismo, como lo son la
alimentación con exceso de carbohidratos y colesterol, la falta de ejercicio físico,
el uso frecuente de tabaco y alcohol, entre otros, según reportan muchos
investigadores.
3. Metabólica: procesos químicos en los seres vivos que conducen al crecimiento,
la generación de energía, la eliminación de los desechos, distribución de
nutrientes luego de la digestión, entre otras funciones fisiológicas.
4. American Diabetes Asociation (2002). The prevention or Delay of type 2
Diabetes. Diabetes care, 25 (4).
5. Ann M. Annis, Mark S. Caulder, Michelle L. Cook, Debra Duquette (2005) Family
History, Diabetes, and Other Demographic and Risk Factors Among Participants
of the National Health and Nutrition Examination Survey 1999–2002. Preventing
chronic disease, 2 (2).
6. Le Breton, David (2007). “El Sabor del mundo: una antropología de los sentidos).
Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires.
7. Bermúdez, V.; Cano, C.; Medina, M.; Núñez, M. (2001). Utilidad y ventajas del
uso de modelos matemáticos en el estudio de la insulinoresistencia y función de
la célula beta pancreática. Archivos Venezolanos de Farmacología, 20(1).
8. Comentario recogido en la consulta médica a la Señora Rosa Gomez, el día 10
de Marzo de 2009, diabética de reciente diagnostico.
9. Mintz, Sidney (1996). Dulzura y poder: el lugar de la azúcar en la historia
moderna. Ediciones Siglo XXI. Mexico.
10.La principal molécula que oferta energía en el cuerpo, fisiológicamente
hablando, son los carbohidratos (azucares).
11. Pineda, N; Bermúdez, V.; Cano, C.; Ambard, M.;Mengual, E.; Medina, M.; Leal,
E.; Martínez, Y.;Cano, R. (2004). Aspectos Psicológicos y Personales en el
manejo de la Diabetes Mellitus. Archivos Venezolanos de Farmacología y
Terapéutica, 23 (1):
12.Es necesario resaltar que la obesidad es considerada como un factor de riesgo
para padecer Diabetes, esto se valora a partir del Índice de masa corporal, que
recoge la relación talla/peso.
13.Comentario registrado durante la consulta médica a la Señora María Flores, el
día 17 de Marzo de 2009, diabética, de más de 18 años de evolución, quien
consultaba a su tercer médico por no haber podido alcanzar con los médicos
anteriores un grado de satisfacción.
14.Llamada Neuropatía diabética, este deterioro se caracteriza por desmielinización
de los nervios lo que impide la trasmisión del impulso nervioso.
15.Comentario recogido en entrevista realizada al Señor Carlos Hernández, el día
10 de Marzote 2009, quien padece diabetes desde hace más de 10 años según
él mismo refiere.
16.A estos cambios se le llama Neuropatía autonómica.
17.Postprandial: periodo posterior a la ingestión de alimentos.
18.Este comentario por parte de la Nutricionista Nadya Reina, durante una
conversación de caso clínico.
19.Le Breton, David (1997). La Pasiones ordinarias: antropología de las emociones.
Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires.
20.Glicemia: cantidad de glucosa en sangre que puede medirse a través de una
evaluación en el laboratorio.
21.Entrevista realizada al señor Rodrigo Cáceres taxista, quien luego de conocerle
transportándome a mi sitio de trabajo, decidió visitarme en la consulta para
evaluación.