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LA HISTORIA ¿ES UNA DISCIPLINA CIENTÍFICA?

Resulta más fácil decir qué no es la Historia, que definir lo que sí es.

La Historia no es una ciencia hipotética – deductiva que tenga modelos de interpretación que se
puedan aplicar “a priori”, sino que parte de un dato y analiza su comportamiento racional, con lo
que deduce la estructura lógica de su método de una manera empírica, es un instrumento
ideológico que permite analizar lo que sucede en nuestro mundo actual. En efecto, la Historia es
una forma de conocimiento individual y contingente, pues cuando hablamos del discurso histórico
lo estamos refiriendo a un tipo de saber conceptual que no está sometido a leyes, como sucede en
las ciencias aplicadas.

La Historia, desde principios del siglo XIX, con la labor de la escuela alemana quedó constituida
como una de las ciencias humanas. Previamente, hubo sin duda una actividad llamada “Historia” e
“Historiadores”. Pero hay una diferencia de grado, cualitativa, entre el género literario y narrativo
que desde Heródoto de Halicarnaso escribe “sobre las cosas del pasado” y la práctica del gremio
profesional que surge y se consolida durante el siglo XIX en el mundo occidental1

La palabra misma es tan evasiva como las cosas que significa. El término griego original “Historia”
significa “una investigación. En la obra de Heródoto de Halicarnaso (padre de la Historia) se le
atribuye el sentido de actividad de indagación, investigación, pesquisa y averiguación de la verdad
sobre acontecimientos humanos pretéritos y pasados, es decir, referirla a todo conocimiento
aunque necesariamente no fuera histórico o temporal.

Así pues, aunque en esta época clásica ya existía un tipo de actividad (historia) y un tipo de
escritos (historiador), con las matizaciones posteriores que los historiadores latinos efectuaron
sobre la voz “historia”, adquirirá el significado que hoy día tiene en el ámbito intelectual; pasó a
tener dos significados diferentes pero conexos que aún hoy se mantienen: 1. Las acciones
humanas del pasado en sí mismas (res gestae) historia como pasado), 2° la indagación y relato
sobre esas acciones humanas pretéritas (historiam rerum gestarum: historia como relato).

1
Citado en “El oficio del Historiador” de Enrique Mocadiellos – pag. 34. Ediciones AKal. Madrid, 2013.
Se trata, pues de una ciencia que se define sobre todo por el objeto que estudia y que se ha
matizado y complementado entre finales del siglo XVIII y principios del XIX en función de la
concepción ideológica que se tuviere y del interés que despierten ciertos temas del pasado.

Hoy día queda claro que la Historia acabó por tener el sentido particular de una investigación de
los asuntos humanos.

Como afirma J. Maritain “la Historia se ocupa de lo singular, de lo concreto y de lo contingente,


mientras que la ciencia trata de lo universal y lo necesario. El hecho histórico implica juicios
críticos, diferenciales y de continua revisión analítica. Además la Historia requiere selección y
diferenciación, interpretación del pasado para traducirlo en un lenguaje humano; recupera o
reconstituye secuencias de acontecimientos, resultantes unos de otros, mediante la capacidad de
abstracción del historiador. La Historia encadena lo singular con lo singular, por lo que su objeto
como tal es individual o singular”2

En efecto, el dato material o fuente documental sólo hace referencia a una misma realidad, pero
su valor inteligible será vario y diferenciado (admite diversos modos de realización mediante una
visión analógica), de tal manera que habrá tantos hechos científicos cuantas investigaciones se
sucedan específicamente distintas.

Así pues, el objeto formal de la Historia es ocuparse de esa realidad inteligible a la que el
historiador aspira a aprehenderla. Como afirma F. Braudel “la tarea de la Historia es la
resurrección del pasado…. Pero, de ese pasado ¿qué se retenía?... lo que es particular, lo que sólo
sucede una vez… las miles de singularidades que constituyen el pasado y no el pasado en su
totalidad, porque si se aprehendiese en su conjunto, en su totalidad, puede afirmarse que no se
repetiría jamás”3 Entonces, el objeto formal de la Historia son los actos humanos realizados
siempre en singular y contingente a los que el historiador ha de considerar como tal.

Pero si bien la Historia no posee el carácter de ciencia, en el sentido riguroso que se le otorga al
término, sin embargo ello no implica que el discurso elaborado por el historiador carezca de las
conclusiones y certezas que concurren en el conocimiento científico común y ordinario, ya que se
contribuyen con una actitud y en un ambiente científico. En efecto, el historiador construye el
discurso histórico a partir y desde el interior de un objeto material que es la fuente documental

2
Maritain J. “Filosofía de la Historia” Troquel. Buenos Aires- pag. 18-19
3
Braudel, F. “La Historia y las Cs. Sociales” Madrid. Editorial Alianza pag. 57
(inteligible histórico en potencia) independiente de él mismo, ya que ni lo crea ni lo inventa;
mediante operaciones historiográficas como la explicación, comprensión e interpretación
(ambiente científico), realizadas sobre el objeto material de la Historia, crea el saber cinético. Por
ello, cuando referimos que la Historia no es una ciencia, no estamos refiriendo sólo a que el objeto
formal de las ciencias no se corresponde con el de la Historia, pero el hecho histórico sí que puede
ser conceptualizado desde diversos grados de abstracción formal.

Autores como L. Febvre han visto la cientificidad de la Historia en la noción postmoderna que se
da de la ciencia (conjunto de problemas e hipótesis), pero en el horizonte epistemológico no se
admite que lo singular, en cuanto singular, pueda constituirse en auténtico objeto formal de
ciencia. Al igual que este L. Suárez Fernández propone algunos elementos de reflexión, a partir de
los que se puede considerar a la Historia como un saber científico. Afirma que “aunque en
apariencia el trabajo del historiador consiste en coleccionar hechos para almacenarlos después
como si se tratara de un registro…, sin embargo se centra en formular preguntas y buscar en la
memoria del pasado respuestas veraces. Ese conocimiento es científico, pues se dirige a
descubrir aquello que previamente le es desconocido: los testimonios de que se vale son con
frecuencia documentos escritos, pero sirven otros muchos de muy diverso género como los
materiales arqueológicos y las huellas culturales en su casi ilimitada variedad. El resultado de la
investigación histórica es… un dar cuenta de su propio pasado”4 En este mismo sentido se
expresa J. Cruz al afirmar que “la Historia como ciencia no es una simple crónica que presente la
materialidad de los hechos de un modo minucioso, sino que es una investigación que se esfuerza
por comprender los eventos, captando sus relaciones, sus intenciones, su juego de difusión, de
agregación o de dislocación, seleccionando lo principal, clasificando sus tipos (hechos militares,
políticos, culturales, económicos, etc.) y buscando sus lazos funcionales”5

La Historia, como las demás ciencias, es un conocimiento ordenado y mediato (se necesita utilizar
la razón, observar más detenidamente lo que requiere un gran tiempo, de dedicación, un trabajo
constante, ordenado, metódico) de los fenómenos sociales y de sus propiedades por medio de sus
causas. El saber histórico no aspira a conocer las cosas superficialmente, sino que pretende
entender sus causas porque de esa manera se comprenden mejor sus efectos, distinguiéndose así
del conocimiento espontáneo.

Pero la Historia es también una Ciencia descriptiva, explicativa, definitoria, etc., que investiga qué
son los hechos como dónde, porqué intervienen. Es decir, pretende establecer regularidades (no
leyes ciertas ni inmutables), basadas en conceptos generales, en las características en común de

4
Suárez F. L. “Conscientes del pensamiento histórico” Pamplona. Emsa 1996, pag. 19
5
Cruz J. “Libertad en el tiempo” Ideas para una teoría de la Historia” Pamplona. Emsa 1993. Pag. 18
las cosas y en lo que se repite en los fenómenos. La historia como ciencia “la conforma un
conjunto de datos, conceptos y principios generales que convergen en el objeto formal del
conocimiento histórico; parte de los mismos datos y los analiza para constatar su
comportamiento, de donde deduce empíricamente la estructura lógica de su metodología”6

El concepto de ciencia Histórica no ha sido siempre el mismo, por ejemplo, como la veían los
clásicos, es bastante diferente a como la vemos actualmente. Como cuerpo teórico la Historia
comienza con Heródoto del Halicarnabo y Tucídedes. Ambos comprendieron que la Historia era
algo más que un relato. Tucídedes buscó analogías entre los hechos históricos del pasado y los del
presente, formulando su teoría de los ciclos. Aristóteles la definió como un conocimiento cierto
por las causas, ya que para él la ciencia desde el punto objetivo es un conjunto de conocimientos
que permiten que conozcamos el mundo en que vivimos y a nosotros mismos de forma racional.
La Historia ha evolucionado pues, de ser un relato erudito del pasado a ser una explicación de
cómo vivían las sociedades antiguas, que aclara cómo se vive en las sociedades actuales. La
Historia es fundamentalmente un instrumento ideológico que permite analizar lo que pasa en
nuestro mundo actual.

Pero lo más importante es que la Historia servía para algo, dejaba de ser un cuento y comenzaba a
ser interpretación. Sin embargo, hasta el siglo XIX la Historia será fundamentalmente una
colección de datos contaba y explicaba los hechos de los grandes hombres y las instituciones y
describía cómo eran los pueblos que se conocen. Es en este siglo cuando la Historia se constituye
como ciencia, con métodos críticos y extendiendo su campo de estudio a otros campos del saber
(Paleografía numismática, arqueología y muchas otras ciencias auxiliares) de la mano de Niebuhr y
Ranque. A partir de entonces la ciencia explicaría los hechos; el esfuerzo de interpretación es lo
que dará a la Historia su originalidad. Cuáles son los hechos más importantes, cuáles son los
métodos de interpretación, o si se puede hacer una Historia general o sólo local y documental es
un debate de las distintas escuelas historiográficas, pero todas ellas tratarán de interpretar los
hechos del pasado.

Por esta razón cuando un historiador decide analizar una realidad histórica pasada se le ofrece
ante sí una serie de documentos o reliquias del pasado a las que analiza inferencialmente para
poder descubrirlo y recrearlo en su mente. Por tanto lo que evidencia el conocimiento histórico
no son supuestos “testimonios históricos” sino acontecimientos que caen bajo la observación del
historiador y que, mediante un acto reflexivo de su mente, se constituyen en nuevo ámbito del
conocimiento histórico.

6
García, AL y Jiménez J.A. “L implementación de los principios científicos – Didácticos en el aprendizaje de
la Geo. Y de la Historia Ganada Ed. Univ. De Granada 2007.
El progreso de la disciplina historiográfica pasa por un perfeccionamiento en la formación
científica del historiador. El trabajo del historiador no se basa en un conjunto de actividades ni
resultados de manera arbitraria, sino en la creación de una serie de conjeturas sujetas a unas
reglas establecidas por un método, porque lo que se intenta es llegar a explicaciones demostrables
para los procesos históricos, aún cuando no se pueda establecer enunciados de carácter general.

La Historia al constituirse en un ámbito de conocimiento esencial para el estudio de la humanidad,


en un arma poderosa para los debates de hoy y en herramienta para la construcción del futuro, no
puede considerársele como una materia más en el conjunto de las Ciencias Sociales, sino como
una disciplina clásica, pues ha sido el núcleo constitutivo de los programas de estudios sociales. En
general, se trata de adquirir una perspectiva histórica suficiente para poder comprender los rasgos
fundamentales y los problemas de las civilizaciones actuales, toda vez que la Historia otorga una
dimensión temporal a todos los fenómenos sociales remotos, los fundamenta y explica.

Por el contrario, las demás Ciencias Sociales se interesan por contenidos sociales intemporales que
se dan en un medio general.

Ahora bien, si la Historia es una ciencia particularista en el sentido de que se ocupa de eventos o
situaciones concretas en el tiempo, sin embargo también es totalista e integradora, pues al poseer
una vocación sintetizadora incluye en su discurso múltiples datos de la aportación de otras
materias, sin que en modo alguno ello signifique una simple acumulación, sino más bien la
reconstrucción de la imagen global de la sociedad.

Cuando hablamos de ciencia nos referimos al conocimiento científico demostrable como


verdadero, al igual que cuando aplicamos el determinante “científico” al método de investigación
nos referimos a que es apto por sí mismo para descubrir la verdad y que los resultados obtenidos
de la realidad pueden ser demostrables. Aunque las ciencias experimentales, nomotética,
sociales, jurídicas, filosóficas e históricas se ocupan de diferentes ramas del mismo campo del
estudio (el hombre, lo que le rodea, los efectos del hombre sobre lo que le rodea y de este sobre
el hombre), su objeto de estudio es el mismo: aumentar el entendimiento y el dominio que tiene
el hombre sobre lo que le rodea. El reconocimiento explícito del lugar de la Historia entre las
ciencias ha despertado hoy día un mayor interés intelectual y un añadido más en la nueva
dimensión de la aventura histórica.
Muchos autores como Kuhn, Popper, Feyerabend, Charmers, Levi- Strauss, etc. han intentado
determinar las características del conocimiento científico, y todos ellas han manifestado la
dificultad o de plantear en términos absolutos la cienticidad de la Historia. J. Paiget llegó a
cuestionarse, incluso, si la “ciencia histórica” constituye un dominio específico de las ciencias
sociales, o si no pasa de la dimensión diacrónica de cada disciplina nomotética. Estima que el
historiador, aun cuando utiliza los recursos de las ciencias nomotéticas, no se plantea la finalidad
de aislar de lo real las variables que conviene al establecimiento de leyes, ya que por este
procedimiento haríamos de la Historia una ciencia basada en las estructuras y cuantificaciones de
las ciencias nomotéticas en cuanto a la dimensión genético-evolutiva. Considera que, por más que
se abra la Historia a la influencia de los métodos de las ciencias nomotéticas, no puede
transformarse y abandonar su identificación tradicional de ser el estudio de lo único e irrepetible,
y así poder cumplir su misión de ser una disciplina claramente identificable como tal.

Sin embargo, la respuesta a la pregunta ¿la Historia es una ciencia?, va a depender ante todo de la
definición de ciencia que se acepte, y de verificar si la Historia llena los requisitos de dicha
definición. En cuanto a la primera cuestión, aceptamos por ciencia aquella actividad que consiste
en aplicar a un objeto el método científico (de planteamiento y control de problemas según el
esquema básico teoría-hipótesis-verificación- vuelta a la teoría). Según M. Burge, la ciencia es un
“conocimiento racional sistemático, exacto, verificable y , por consiguiente, falible7

Respecto a la verificación de requisitos, al abordar la cientificidad de la Historia se esgrimen viejas


discusiones como el positivismo, historicismo neokantiano y presentismo de Rickert, Dilthey,
Croce y Collinwood y otras nuevas como el positivismo lógico y estructuralismo. Pero la manera
más efectiva para dar respuesta a esta cuestión es adoptar ambos criterios y así, a la pregunta
inicial responderíamos reiterando la distinción que establece el historiador W.Kula (autor de
problemas y métodos de la Historia económica. Barcelona. Ediciones Península 1973), entre
ciencias “normativas”, que no presentan obstáculos epistemológicos que se opongan a la
conformación de una Historia científica y “empíricas”, que hacen de la Historia un campo de
conocimiento cada vez más científico por los progresos de su cientificidad. Si bien no todas estas
corrientes están de acuerdo con la existencia de “leyes” en la Historia, pues en raras ocasiones las
condiciones en que se producen los actos humanos son suficientemente semejantes para que las
lecciones de la Historia puedan ser aplicadas directamente. En la actualidad su carácter científico
ha sido defendido con tenacidad por todos aquellos que se alejan de los dictados de la ortodoxia y
del dogmatismo, pues como afirma C. Pereyra “la Historia fue concebida como si su tarea
consistiera sólo en mantener vivo el recuerdo de los acontecimientos inmemorables y no reparara
en las enseñanzas que nos podían transmitir al presente temporal” 8

7
Bunge, M. “La investigación científica. Su estrategia y filosofía. Barcelona. Ariel pag. 9. 1975
8
Pereyra C. “Historia para qué”. Madrid 1982. Editorial Siglo XXI, pag. 76
Entonces, partiendo de esta situación, no parece extraño que exista una diversidad de fórmulas
para definir la ciencia histórica, toda vez que como ciencia social ofrece múltiples versiones y
vertientes. Es evidente, pues, que su contenido variará según la corriente de pensamiento que lo
formule.

El historiador Thompson en su obra “Miserias de la Historia” (Barcelona. Crítica 1981) va a


defender la cientificidad de la Historia, por otro lado, P. Vilar afirmará que “la Historia
conocimiento se convierte en ciencia en la medida en que descubre procedimientos de análisis
originales”9 En las últimas décadas del pasado siglo, el progresivo rigor científico del estudio de la
ciencia histórica ha ido adquiriendo, la creciente demanda social de estudios sobre el pasado
histórico y la multiplicidad subsistente de teorías confrontadas del conocimiento histórico, ha
propiciado que los historiadores polemicen sobre su propio trabajo científico y en consecuencia se
enriquezca y afiance la ciencia histórica. Es pues, a partir de esta realidad cómo podemos
comprender la manifiesta complejidad existente para definir sus propias características.

Si cuando hablamos de “ciencia histórica nos referimos a un ámbito de conocimientos


caracterizados por unos hechos verdaderos, pertenecientes al pasado y que son de cierta
relevancia, sin embargo, definir la ciencia histórica no es una tarea fácil, pues como afirma el
historiador P. Vilar “designa a la vez el conocimiento de una materia y la materia de este
conocimiento”10

Entonces, en cuanto que se trata de una construcción compleja, al margen de la clásica polémica
entre lo nomotético y lo ideográfico, es necesario delimitar las implicaciones de la ciencia
histórica. Pero en todo caso, como conocimiento histórico, posee una serie de rasgos comunes a
cualquier tipo de conocimiento científico, tales como:

- Por su objetivo, el conocimiento científico es un conocimiento verdadero, es decir, se basa


en la verdad contra la falsedad como principio.
- Por su método, es un conocimiento generalizado, distinto del conocimiento sensorial de
los hechos.
- Por su inspiración, es neutral, por no estar sometido a la ideología que sustenta los
intereses de los diversos grupos sociales.

9
Vilar P. “Une histoire en Construcción” Paris 1982. Editorial PUF. Pag. 17
10
Vilar P. Obra citada pag. 43
- Por sus cultivadores, se trata de un conocimiento que se adquiere por un grupo de
personas apropiadas que se ocupan de la ciencia de un modo profesional. Estos hombres
y mujeres de ciencia se guían por ciertas normas, es el principio de supervisión de la
investigación por la totalidad de los científicos.
- Por su contenido, construido exclusivamente por un conjunto de conocimientos sobre la
realidad, en forma de concepto, ennunciados y razonamientos.
- Por un campo de actuación, constituido por la realidad observable, que por medios de
instrumentos diversos nos lleva a conocer la realidad del mundo en que vivimos. Eso sí,
cada disciplina tiene un campo de su incumbencia que a su vez, puede ser subdividido en
campos más pequeños, según sea el interés de los investigadores. Por ejemplo, el campo
de la Historia, el campo de estudio es el pasado de la sociedad humana (el hombre) pero
esta puede ser parcelada en campos más pequeños como el campo de la Historia
Nacional, Historia Regional o Historia local.
- Por su validación requiere ser comprobado. Sólo el conocimiento comprobado puede ser
científico.

La ciencia histórica busca el conocimiento y la interpretación del pasado, de tal manera que el
estudio histórico sea a la sociedad, lo que la reflexión sobre el pasado es a los individuos. El
interés por cada presente constituye el objetivo primordial del historiador y de acuerdo con él,
puede establecer una escala de valores que exige una reelaboración de la Historia a través de cada
presente distinto. No es, pues, una simple evocación, sino un continuo interrogante que infiere
procesos científicos de tipo analítico. Por ello, la comprensión científica de la Historia es un
objetivo en sí difícil de conseguir, porque el devenir histórico no tiene una lógica lineal, sino que
encierra en sí todas las contradicciones internas de los seres humanos, con todo lo que éstas
tienen de insólito.

Toda reflexión sobre la Historia parte en definitiva de una preocupación por comprender el mundo
que se proyecta en el pasado y apunta hacia el futuro y no un empeño de adecuar la vida a unos
esquemas abstractos de la Historia, más o menos flexibles, en caminados a encajar dentro de sus
moldes el desarrollo de las grandes etapas de la Humanidad.

Así pues, el mensaje histórico es mucho más que la simple reconstrucción de unos hechos; ha de
responder de continuo a un porqué, ofreciendo una adecuación permanente entre los esquemas
aprehendidos en el entorno próximo y las nuevas necesidades de ajuste con los problemas que ha
de afrontar, toda vez que en todo momento hemos de asumir el papel de interpretes de la
diversidad. Según Enrique Moradiellos 11 La historia como disciplina científico-humanista es
también tributaria de tres principios axiomáticos que solo comenzaron a observarse en conjunto a
partir de finales del siglo XVIII, cuando la escuela histórica alemana protagonizó la conversión del

11
Moradiellos E. “l oficio del Historiador” 2013 Ediciones Akal. Madrid pag. 40-42
género literario historiográfico en ciencia social y humana. Los historiadores consideran como
esenciales, definitorios de su disciplina hasta el punto de que la ausencia o negación de algunos de
ellos invalida cualquier relato con pretención histórico-científica.

El primer axioma es un principio semántico de naturaleza intensamente crítica y pragmática.


Consiste este principio que el contenido del relato y narración histórica debe estar apoyado y
soportado sobre pruebas y evidencias materiales que sean físicas, verificables y comprobables por
los diversos investigadores.

Por tanto, toda obra histórica debe articularse a partir de fuentes de información. El pasado solo
es conocido por las reliquias legadas en el presente con todas sus imperfecciones y limitaciones.

El segundo axioma operativo que regula la moderna práctica histórica científica es el llamado
principio determinista genético (o de negación de la magia y exclusión de la generación
espontánea). Es un postulado necesario que cualquier acontecimiento o suceso humano surge
brota o emerge a partir de condiciones previas homogéneas y seguir un proceso de desarrollo
interno, inmanente endógeno y seculas. En consecuencia, el relato histórico científico tiene que
limitarse a tratar de establecer vinculaciones y conexiones genéticas (de carácter causal, aleatorio
o probabilístico) entre los fenómenos, acontecimientos y procesos dentro del propio ámbito
material de la historia de la historia humana y no puede albergar actores o motivos exógenos en el
devenir del curso de los procesos humanos como pudieron ser la Divina Providencia, el Destino
Manifiesto, la influencia de las conjunciones astrales, etc.

El tercer axioma es el llamado principio de significación temporal irreversible. En otras palabras, la


investigación y la narración histórica tienen que respetar escrupulosamente la llamada “flecha del
tiempo”: la naturaleza direccional y acumulativa del pasar del tiempo en sentido necesario desde
un pasado fijo cerrado a un futuro abierto a través de un presente en construcción.

Hoy día la explicación histórica plantea todavía cuestiones complejas de resolver, tanto a nivel
teórico, filosófico como metodológico, por lo que su caracterización es aún difusa.

En efecto, si lo histórico es la esencialmente humano, estará justificada sin más una disciplina
científica que estudia la actuación del hombre en su sociedad a través del tiempo. Sin embargo, la
creencia histórica en cuanto que es la auténtica crónica del hombre en sociedad, tiene la
obligación de ser fiel a su sentido de cambio y conformarse como una ciencia, agente de las
transformaciones positivas, de ser un arma científica del progreso aceptar este modelo de discurso
histórico requiere una determinada disposición intelectual que conduce a un esfuerzo personal, en
muchas ocasiones nada reconocido, pero la no aceptación del mismo lo situaremos en el campo
del entretenimiento y de lo anecdótico; haremos de él una Historia caricaturesca. Lo que obligó a
la Historia a redefinirse – dice Le goff y Nora “es ante todo, la toma de conciencia por parte de los
historiadores del relativismo de su ciencia… Tiene que abandonar el impresionismo por el rigor
científico y reconstruir partiendo de los datos innumerables y cuantificables de la
documentación”12

Al hablar de Historia, sin embargo, se debe considerar siempre su sentido de dualidad, ya que nos
referimos a un mismo tiempo, al proceso investigador sobre el pasado, los hechos y los fenómenos
en él enclavados con el fin de conocerlos y por otra parte, a los resultados obtenidos que se
presentan con la reconstrucción y, por lo tanto, con la explicación y la interpretación que se lleva a
cabo de los mismos desde el presente. Esta concepción amplia de su naturaleza la despoja de la
conceptualización que se tenía de ella durante mucho tiempo como una ciencia cuyo objeto de
estudio era presentar una sucesión de personajes y acontecimientos que se suceden en el tiempo
sin más, sino que ahora se le reconoce la posibilidad real, a través del análisis de esos hechos y
datos, de llegar a la reconstrucción de una sociedad y su lógica interna, de su mentalidad, sus
formas de actuación y la manera en que dichas formas permanecen o se modifican en el tiempo.

Esta complejidad intrínseca del discurso histórico, como hecho en el pasado que es interpretado
una y otra vez desde el presente, es la esencia que se debe transmitir al alumno para que tenga
verdadero valor formativo. P.Vilar ha propugnado, acertadamente que la Historia debería ser
reconocida como “la única ciencia global y dinámica de las sociedades”13 En efecto, el estudio de
la Historia es el resultado de la imbricación de un número indeterminado de aspectos de la
actividad humana en sociedad en una interpretación de los mismos y de las relaciones que
establecen en un tiempo y espacio determinados.

Por su parte J.Valdeón señala como características específicas y definidoras de la ciencia histórica
respecto a las restantes parcelas del saber, las siguientes:

“No hay Historia sin cronología. El tiempo es el elemento fundamental del análisis histórico y lo
que le da sentido. Si se extrae el tiempo del análisis histórico, si se prima lo acronológico, se
pierde la esencia de la propia Historia.

12
Le Goff y Nora, P. “Hacer Historia”. Barcelona. Laia 1973 pag. 43
13
Vilar, P. “Problemas teóricos de la Historia Económica”. En la Historia Hoy Barcelona: Avance. 1976 pag.
144
Los acontecimientos son el fundamento de la Historia, los ladrillos con que se construye. No
puede desarrollarse un discurso histórico sin su manejo e interpretación, ya que si no se pierde el
carácter propio de la ciencia. Cualquier interpretación o discurso debe estar correctamente
fundamentada en hechos objetivos, en datos, para que cumpla con los requisitos de la ciencia.

La Historia es, ante todo, transformación de la realidad humana. La noción de cambio, de sus
formas, tiempos y motivaciones en el tiempo debe ser transmitida y aprehendida por los alumnos,
superando las tendencias a las interpretaciones sincrónicas de la sociedad.

Los hechos históricos son siempre resultado de la conjugación de una multiplicidad de factores.
Debe huirse de las interpretaciones unicausales e ir más allá de la superficialidad al explicar los
acontecimientos. El alumno debe ser capaz de comprender que hay algo más allá de una
explicación simple y unívoca.

La Historia, aunque forma parte de las Ciencias Sociales, no es sinónimo de éstas. Tiene unas
peculiaridades que han de tenerse en cuenta en su enseñanza para que no se pierda su esencia,
aunque resaltando la interdisciplinaridad que rige este ámbito científico hoy en día. 14

La Historia, en cuanto a disciplina, va a seguir el estudio racional del pasado para lo cual emplea
métodos de análisis e interpretación de carácter científico: su fin último no será otro que la
comprensión de la vida humana. La interpretación del pasado va a ser el entendimiento del
presente y nos lleva hacia la búsqueda del porvenir; tenemos que tener presente que si un pueblo
no ha comprendido su pasado y no sabe cómo y porqué ha llegado a ser lo que es, ese pueblo no
podrá prever ni adoptar una actitud racional ante el porvenir. El desconocimiento del pasado nos
lleva a cometer los mismos errores que se cometieron entonces ante circunstancias similares (ya
que nunca será iguales) a las actuales.

La Historia nos dota de las herramientas necesarias para la interpretación del presente, mediante
el conocimiento de los procesos que han llevado hasta el mismo y de circunstancias similares en
otros momentos y lugares, proporcionando de esta manera una perspectiva más amplia y una
mayor comprensión del mismo, y de esta forma proporcional de los mecanismos para la
implicación del individuo en la toma de decisiones más correctas. Esta circunstancia hace que sea
fundamental, por no decir5 imprescindible, el conocimiento de los factores que han generado la
situación actual y la dotación de unas herramientas que permitan el análisis crítico y la

14
Valdeón J. “Enseñar la Historia o enseñar a historiar”?.
En Rodriguez J. “Enseñar Historia: nuevas propuestas. Barcelona Laia 1989 pag. 26-31
comprensión de los acontecimientos actuales para su mayor implicación y asunción de su
responsabilidad en el mundo.

Pero la Historia va a ser algo más que la simple reconstrucción de los hechos del pasado. Es una
ciencia comprensiva que ha de responder a interrogantes sobre la concepción del mundo y la
adecuación a la cambiante realidad social, pues es ocioso obstinarse en mantener un discurso
científico enmarcado en una dialéctica utópica de la realidad que sólo suministra información.
Más antes que después, la materia histórica será estimada como inadecuada e impertinente. Ha
de responder, pues, a un continuo “por qué”. Si hay algo que defina al hombre y a la sociedad y lo
va a distinguir de todo tipo de seres vivos, es poseer una Historia, ya que el hombre va a ser una
construcción, que se forma con el paso del tiempo, mediante multitud de hechos concretos que el
pasado le proporciona y que van a ser continuas experiencias para el momento presente.