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LA GUARDIA IMPERIAL

DE LA ANTIGUA ROMA
A D O L F O RAÚL M E N ÉN Di

La Guardia Pretoriana, con sus luces y sus som bras, constituye sin duda
uno de los elem entos esenciales para entender el devenir histórico del
Im perio Romano. Sostén de la monarquía, actor político en ocasiones y
fuerza de elite en el campo de batalla, los pretorianos marcaron la historia
del Principado. Esta m onografía, am pliam ente docum entada, pretende
poner al día los conocim ientos acum ulados sobre esta unidad del ejército
romano. Se analizan en ella tanto los aspectos organizativos y tácticos como
los de índole política y económ ica relativos a la Guardia; asim ism o, se pone
de m anifiesto su íntima vinculación con la capital del Im perio y con las
diferentes dinastías que se fueron sucediendo en el ejercicio del poder.

Este libro, obra de uno de los especialistas más relevantes de nuestra


com unidad científica en el ámbito de la Historia M ilitar de la Antigua
Roma, supone adem ás la prim era m onografía amplia publicada en
castellano sobre la Guardia Pretoriana y viene, en este sentido,
a colm atar una laguna que ha lastrado el conocim iento de esta
particular institución del ejército romano tanto para el gran
público com o para el conjunto de
la com unidad científica.
A D O L F O R AÚL M E N É N D E Z A R G Ü Í N

LA GUARDIA IMPERIAL
DE LA ANTIGUA ROMA

V u itlH
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA
©Adolfo Raúl Menéndez Argüín

Prim era edición


Madrid, 2006

© ALM ENA EDICIONES


Silva, 5 1°
28013 Madrid
ESPAÑA
Tel.-Fax: 915591996
almena@ eresmas.net
www.libreria-almena.com

Diseño y maquetación: Paco Martínez Canales

Impreso en Madrid

Depósito Legal: M-38972-2006


I.S.B.N.:978-84-96170-30-6

Ilustraciones a color: Paul G. Alekhin


©Fotografías a color: "Associazione Culturale Cisalpina - Cohors III Praetoria"
Milano, Italia - www.cisalpina.net

Queda prohibida, bajo las sanciones establecidas en la ley, la reproducción parcial o total de esta
obra por cualquier medio o procedimiento, comprendiendo la reprografía y el tratamiento
informático, sin la autorización expresa del editor.
INDICE

PRÓLOGO, 7

INTRODUCCIÓN, 15
Metodología, 17

CAPÍTULO I. ORGANIZACIÓN
Y EVOLUCIÓN DE LA GUARDIA PRETORIANA, 21
Sistema de mando, 25
Beneficiarii, 28
Evocati, 29
La caballería pretoriana, 30
Speculatores de la guardia, 32
Otras unidades alojadas en los Castra Praetoria, 33
Urbaniciani, 33
Statores, 34
EI resto de la guarnición de Roma, 35
Vigiles, 35
Germani Corporis Custodes, 35
Equites Singulares Augusti, 36
Legio II Parthica, 37
Reclutamiento, 38
Condiciones de Servicio, 41

CAPITULO II. LOS PREFECTOS DEL PRETORIO, 45


Los poderes de los Prefectos del Pretorio, 46
Poderes Militares, 46
Poderes Judiciales, 49
Poderes Políticos, 50
Evolución institucional de la Prefectura del Pretorio, 53
Los Prefectos y la Logística Militar, 54

CAPÍTULO III. CASTRA PRAETORIA,


EL CAMPAMENTO DE LOS PRETORIANOS, 57
Interior de los Castra Praetoria, 63
Mantenimiento, 67
Comunicaciones, 68
Campus, 69
Stationes pretorianas en la capital, 72
CAPÍTULO IV. MISIONES DE PROTECCIÓN
Y MANTENIMIENTO DEL ORDEN, 73
Protección del emperador y familia imperial, 73
M antenimiento del orden, 76

CAPÍTULO V. LA GUARDIA PRETORIANA EN CAMPAÑA, 79


Equipamiento, 79
Vestimenta, 79
Armamento, 80
Artillería, 108
Equipamiento de parada y de combate, 110
Equipamiento de la caballería del pretorio, 110
Rutinas de entrenamiento, 112
Operaciones militares con participación de contingentes del pretorio, 118
La crisis del siglo III, 128
Tácticas y despliegues empleados por la Guardia, 135
Estandartes y música militar, 135
Formaciones y empleo en batalla, 138
La caballería pretoriana en combate, 142

CAPÍTULO VI. INFLUENCIA POLÍTICA DE LA GUARDIA, 145

CAPÍTULO VII. ASPECTOS LOGÍSTICOS, 153


Ingresos, 153
Abastecimientos, 157

CAPÍTULO VIII. EL FINAL DE LA GUARDIA PRETORIANA, 167


Majencio y el período final de la Guardia Pretoriana, 170

APÉNDICE I. FUENTES, 175

APÉNDICE II. EPIGRAFÍA, 183

APÉNDICE III. PREFECTOS DEL PRETORIO (2 A.C.-312 D.C.), 219

BIBLIOGRAFÍA, 237
PROLOGO

N os dice L.H. M organ en su estudio sobre La sociedad prim itiva de 1877


que los iraqueses, en bandas de poca consideración, organizaban y realizaban
expediciones a regiones distantes provistos tan sólo de harina de maíz tostado.
U na harina que cada guerrero llevaba en una bolsa pendiente del cinto y que le
servia de com plem ento alim enticio en tanto no pudiese detenerse a vivir de la caza
y de la pesca que se lograse durante la marcha. Esta actitud, repetida a lo largo del
tiem po por miles de grupos de guerreros, no estaba muy distante de aquella idea
conservadora que aún m antenían como lema los viejos generales rom anos que en
el siglo III a.C. seguían pensando que la guerra se debe m antener a sí misma,
aunque para entonces ya había que conceder privilegios a personas adineradas y
arrojadas en los negocios que se arriesgase a llevar avituallam iento a las tropas
que intentaban conquistar la península m ás occidental del M editerráneo. Y es que
la ideología hace mucho, pero el deseo de obtener el triunfo con frecuencia
arrastra tras de sí a la propia ideología que lo puso en marcha.
Porque para cuando Roma inicia su gran expansión militar, ya fuera de la
península Italiana, había ido transform ando tam bién, poco a poco y casi
im perceptiblem ente, sus estructuras sociales y mentales y éstas habían ido
alterando el com portam iento de los viejos guerreros, con sus cultos heroicos y sus
reglas sagradas de combate; aquellas que harían que el holandés Johan Huizinga,
en su H omo ludens, las considerase como parte de un juego (entendiendo como tal
una acción que se desarrolla dentro de ciertos límites de tiempo, espacio y sentido,
en un orden visible, según reglas librem ente aceptadas y fuera de la esfera de la
utilidad o de la necesidad materiales). En el siglo XVIII, conforme el Estado
m oderno se va m anifestando con su fuerza lógica aplastante, las consideraciones
m íticas se van apartando progresivam ente del ámbito de la lucha, y se fijan los
límites entre la guerra y la paz, lo público y lo privado, lo económ ico y lo político,
con la mism a precisión que se trazan las líneas fronterizas en los m apas, hechos
ahora con rigor m atemático. Pero M ary K aldor (Las nuevas guerras. Violencia
organizada en la era global) ha sabido ver que, entre nosotros, hubo un
precedente de este tipo de Estado m oderno que fue Roma, aunque era un Estado
que luchaba unilateralm ente contra bárbaros que no tenían una noción de la
separación entre el Estado y la sociedad. Esos bárbaros que con su dominio
posterior del espacio determinaron la Edad M edia o de En M edio que duró hasta
la Revolución Copernicana, cuando se tom aron y aumentaron los principios de
racionalidad ya antiguos. Hoy desde luego, señala esa especialista, incluso ese
modo m oderno de entender la confrontación también se ha quedado atrás, en
cuanto que las nuevas guerras surgen en el contexto de la erosión de la autonom ía

7
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ AROÜÍN

del Estado y, en ciertos casos extrem os, de la desintegración del mismo. En


concreto -y la cito- aparecen en el contexto de la erosión del m onopolio de la
violencia legítima, en el marco de una sociedad que está cada vez más regida por
las leyes del m ercado im personal y donde el p rincipio anarquista del
ultraliberalism o quiere acabar con cualquier fortaleza del Estado. Terminada la
guerra fría y ante la realidad de la intervención unilateral de la hiperpotencia de
los Estados Unidos de A m érica del norte, m ovida por intereses en absoluto éticos,
la guerra ha lom ado la deriva del terrorism o internacional, que presumiblemente
sólo puede tener salida si, al igual que hizo Roma con su im perio transformándolo
en un Estado ya de il/re a com ienzos del siglo III, se tratase a todos los pueblos en
situación de equidad dentro de la desigualdad cultural y se dejase de pensar, desde
un sistema de gobierno global, que algunos tenem os más que otros el monopolio
de la verdad.
Q uien algo quiere algo le cuesta, dice nuestro sabio refranero. Y la
guerra siem pre fue el gran negocio. Si la casta dirigente (y económ icam ente
protegida) de los dem ocráticos Estados U nidos de A m érica del norte, los han
convertido en el único gran Im perio de la actualidad, lo han hecho dedicando a
fines m ilitares m ás de la mitad del gasto federal discrecional, aun a costa de
presentar m ayores tasas de m ortalidad infantil, analfabetism o, desnutrición y
pobreza que cualquier otro país industrializado, como denuncia N. Chomsky
{Cómo se reparte la tarta). H oy las guerras se hacen p o r dinero y exigen dinero.
Se me podrá decir que como siem pre. No hay más que pensar en la tam bién
dem ocrática A tenas de Pericles. Pero hay m atices en cuanto a los medios. En la
actualidad, m ultiplicando su poderío con rapidez a través del evangelio
cibernético, el dinero se ha convertido en una fuerza anim ada e incontrolable que
señorea las conciencias, com o antaño lo hacían los viejos dioses, sobre todo
aquellos que eran insensibles al am or hum ano. El dinero es un dios que vive en
nosotros, corno cualquier creencia, y al que, lo mism o que a éstas, obedecem os
sin rechistar. Creim os habernos liberado de los dioses porque los habíam os
elim inado de nuestro entorno natural, al que p or fin el hom bre se había atrevido
a conocer y controlar, cuando en realidad habíam os metido ese principio
avasallador dentro de nosotros m ism os, en lo que más apreciam os de nosotros,
en nuestras poderosas mentes. Es más, si ese dios inm anente, o quienes actúan en
su nom bre, quieren acabar con un pueblo o una porción de él, del propio incluso,
no necesitan hacer una guerra tradicional, pues el deterioro de las distinciones
entre lo público y lo privado, lo m ilitar y lo civil, lo interior y lo exterior, tam bién
ponen en lela de ju icio la propia distinción entre guerra y paz (M. Kaldor). HI
m ercado m ism o, donde se desarrolla el culto al dinero, es el cam po de batalla. El
pensam iento m ítico, con su indefinición de lím ites, vuelve a hacer su aparición
triunfante en un mundo intelectual en el que no podem os menos que sonreír
cuando oím os decir que algo no puede ser porque no es lógico.
A ntaño, cuando los dioses trascendentes señoreaban la Naturaleza, la
percepción que el hom bre tenía de ella era la de un ser global, del que formábamos
parte, en el que las cosas se distinguían unas de otras por su calidad más que por
su cantidad: algo m uy pequeño podía tener un ser inm enso, y ese ser se podía
trasladar de unas partes a otras, ofreciendo transform aciones que hoy nos parecen
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

absurdas desde la perspectiva de una m ente que había ido dejando a un lado lo
sim bólico para prestar m ás atención a lo analítico, a lo basado en lo cuantitativo.
Entre los hom bres el honor es un reflejo de esa concentración de ser que los demás
ven en su persona, y en función de ello actúan. Cuando la guerra es de personas
vocacionales, como aquellos iraqueses a los que aludíamos al principio, las reglas
del juego se im ponen. La guerra de caballeros puede llegar a ser algo sacramental,
que com o tal perm ite la representación y hace posible — paradójicam ente— la
sustitución (com o verem os que pasa con los combates de gladiadores). En
principio, el guerrero, ser elocuente que es capaz de arrastrar a otros en sus
correrías y generoso hasta el extremo de hacer partícipes del botín a la masa de
quienes no lo han adquirido pero de los que espera su aprobación a través de la
fama, es un ser para la muerte. U na muerte gloriosa que espera que lo trascienda
y que le perm ita pasar al recuerdo colectivo emulando de algún modo a la mujer
que pare y que logra, en este caso sí, que una parte de su cuerpo que ella ha
conform ado siga vivo tras la muerte de la madre.
Pero el guerrero arrastra tras de sí, en su búsqueda de hazañas, a gentes
de su pueblo que no han participado directam ente en ellas, aunque sí se han
podido beneficiar — como hemos señalado— del botín obtenido por sus guerreros
o del tem or reverencial que estos hacen flotar sobre los ánimos de sus vecinos
disuadiéndolos de correrías de grupo. No obstante estas correrías, antes o después,
term inan por producirse, incluso sin provocación previa de los guerreros, cuando
la codicia o las necesidades m ateriales de la vida empujan a un pueblo contra otro.
Al guerrero, como nos cuenta Ulises en el canto XIV de la Odisea, se le exige
entonces que abandone su individualism o y que combata, aunque eso sí desde una
posición destacada, con el grupo. Y en este caso, como diría el ya citado Huizinga,
la voluntad de vencer es siempre m ás fuerte que la lim itación impuesta por el
sentim iento del honor. La conjunción del individuo y la com unidad, de la chispa
y el combustible que decía V.G. Childe, dan paso poco a poco al Estado en medio
de la deflagración de la guerra. Al fin y al cabo, com o es sabido, la palabra política
es un adjetivo derivado de polis, que 110 es más que el centro de guerra (potem os).
Al principio la política no es sino la continuación de la guerra p or otros medios;
luego, con el surgimiento del Estado moderno, Clausew itz lo entenderá ya al
revés. Y el m ercado que fue en principio algo derivado de la guerra (los m ercados
im personales sólo son verdaderamente activos cuando hay botín) y en función de
la guerra, como vio Claire Préaux, fue desarrollando poco a poco un cierto
capitalism o mercantil que tiraba de la producción: Se invertía para ganar la guerra
y con ella el botín, que sin embargo iba destinado en gran medida a financiar obras
de prestigio y preparar nuevas guerras. Algo que perduró mucho tiempo: ¿)A qué
se debió, si no, el gran desarrollo urbanístico que experimentó el Im perio romano
con A ugusto sino al botín obtenido tras vencer a Egipto?) ¿De dónde viene la
grandeza monum ental de la época de nuestro hispano Trajano sino de su
apropiación del oro rum ano? — la conquista de Irak no le salió muy bien— . El
botín ponía en m archa los gastos de prestigio de los vencedores, dando paso al
negocio del ocio (regalar a la com unidad, con comida o diversiones, siguió siendo
la m anera de obtener el m ayor prestigio, lo que lleva al Imperio a una política de
gasto consuntivo creciente incluso en las épocas en que los ingresos no se

9
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

encuentran en consonancia con los gastos: los Indi o juegos del siglo III no
tuvieron m ucho que envidiar en fastuosidad a los anteriores). Y todo ello, al
m enos en principio, m ientras se m antuvo la unidad moral del Im perio, antes de
que naciones extranjeras se instalaran en el mism o como aliados, en vez de como
trabajadores por cuenta ajena, que era como habían comenzado entrando,
favoreció un cierto desarrollo de las relaciones com erciales im personales, lo que
tuvo repercusión en el avance de un individualism o de nuevo cuño que se
m anifestó, entre otros aspectos, en un cierto aprecio por el trabajo personal, con
abandono relativo del carácter aristocrático de la antigua nobleza de sangre. El
cristianism o, como otras doctrinas contem poráneas, tuvo bastante que ver con ello
(M ucho más adelante, durante el triunfo del liberalism o, Hegel dirá que la esencia
del hom bre es el trabajo, a lo que M arx supo sacarle bastante provecho). Y con
ello la m oral de ocio irá siendo lentamente desplazada por la del progreso creador,
convertida hoy en auténtica luz de nuestra civilización.
D esde el principio del Estado, el m antenim iento de la guerra y en general
el monopolio de la violencia organizada legítima, base del poder del jefe estable,
requirió grandes esfuerzos. Como ya señaló Lucy M air al realizar su estudio sobre
el Gobierno prim itivo en el A frica nilótica m oderna, el rey, a través de sus
asistentes, extraerá a los m iem bros de la com unidad el excedente productivo que
se ha podido lograr gracias a la buena organización del reino, con su consiguiente
tendencia a la especialización, y procederá a su redistribución de acuerdo con un
cerem onial social que tiene mucho de religioso. Las relaciones económicas entre
el individuo y la com unidad quedarán estrictam ente reguladas (y los censos serán
una prueba del cuidado puesto en el tema), y las transacciones económicas que
establezca la com unidad con otras distintas serán en todo caso presididas por la
figura real en últim o extremo. El apoyo de una fuerza armada suficiente y
disciplinada será en todo caso algo sine quo non para cl desarrollo de cualquier
Estado, por em brionario que sea. M otor del progreso, la guerra pondrá en marcha
la iniciativa de los unos y el trabajo, más o m enos forzado, de los más con vistas
a m antener una situación de poder, tanto personal del jefe como colectivo de la
comunidad, que puede ver así recom pensado su esfuerzo por m antener un ejército
bien nutrido y eficiente.
Porque si la m otivación y la preparación física disciplinada son
fundam entales en cualquier acción bélica organizada, no carecen en absoluto de
im portancia otros aspectos sin los cuales difícilm ente podríamos com prender el
desarrollo de grandes cam pañas y menos aún el m antenim iento de fuertes
estructuras m ilitares que hicieron posible la perduración de un dominio y con ello
la incidencia que unas culturas pudieron tener en el desarrollo de otras con las que
entraron en contacto durante siglos de convivencia más o menos forzada. Uno de
esos aspectos que contem pla la lógica de la guerra es la intendencia (luego
doblada en intervención financiera e intendencia propiam ente dicha). Difícilmente
puede perdurar la vida de un ejército si no satisface todas las necesidades de su
vida y su ordenación económica: Subsistencia alim entaria de personas y bestias,
vestuario y equipo; m ateriales necesarios para el acuartelam iento y los
cam pam entos; transportes de bienes y personas; ordenación de pagos, haberes y
caudales; gestiones econ ó m ico -ad m in istrativ as en h ospitales y clínicas

10
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

veterinarias, propiedades necesarias (com o los prados, los alfares, etc.);


mantenim iento de los servicios de artillería, ingenieros y otros servicios propios o
contratados; disposición del botín o del m aterial desechable, etc. Todo un mundo,
que a su vez, cuando se conoce ayuda a com prender otros que giran en su entorno,
y al que A dolfo R aúl M enéndez Argüín, se acercó con maestría en su estudio sobre
E l abastecim iento del ejército romano en las provincias de Germania (ss. I-III
d.C.): Las legiones (2004), fruto de su Tesis Doctoral leída en verano de 2001.
T raductor de Vegecio para la E ditorial Signifer, ya había publicado con
anterioridad su trabajo Las legiones del siglo III d.C. en el campo de batalla
(2000), trabajo modélico que había dejado por fin obsoleto el magnífico manual
de M. M arín y Peña de 1956, al decir público de uno de nuestros más reconocidos
especialistas en tem as m ilitares de la H ispania romana.
El volum en que en esta ocasión tengo la satisfacción de prologar está
dedicado a una de las unidades más polém icas de todo el ejército romano: la
G uardia Imperial. A lo largo de este estudio -la prim era monografía amplia sobre
los pretorianos publicada desde los monum entales trabajos de M. D urry y A.
Passerini fechados en 1938 y 1939 respectivam ente- se van desgranando, de
forma amena y exhaustiva, los distintos aspectos y especificidades de tan
denostado cuerpo militar, quizás demasiado m ediatizado por el poder fáctico del
que disponía y, a veces, superado por los propios acontecim ientos en los que se
vio involucrado. D urante más de dos años, con el soporte económ ico de una Beca
Postdoctoral concedida por el M inisterio de Educación y Ciencia, desarrollada en
la U niversité Paris Sorbonne-Paris IV, Raúl ha trabajado con tesón, reuniendo
datos, visitando lugares cultos y personas sabias en los tem as que le interesaban,
aquí y fuera de aquí, poniendo en orden sus m iles de fichas y gráficos, discutiendo
tanto conmigo como con personas que él (o los demás) entendía que le podían
aportar algún dato, alguna idea, y tratándolo todo con gran honestidad.
Yo le agradezco muy sinceram ente que haya confiado en mí a la hora de
enfocar el mundo m ilitar que le es propio. Si después de más de tres décadas
dedicado a la U niversidad me siento orgulloso de algo, ese algo son
indiscutiblem ente mis alumnos, quienes sin ellos saberlo m uchas veces, desde los
prim eros cursos de Licenciatura a la redacción de sus Tesis D octorales, me han
enseñado muchísimo. Al fin y al cabo ellos siempre son jóvenes m ientras yo cada
vez me alejo más de aquella etapa en que era a mí a quien tocaba progresar, para
ir pasando a esta otra en que tengo un tesoro cada vez m ás grande que conservar
escuchándoles a ellos. Por todo ello quiero aprovechar, aunque sea desde la
oscuridad de este prólogo, para agradecerles a lodos lo mucho que me han dado.
Y en este caso concreto para recom endarles que lean lo que Raúl M enéndez ha
escrito y de esta m anera puedan com prender hasta qué punto soy sincero cuando
de corazón le digo: ¡Gracias!

Genaro Chic García


Catedrático de Historia Antigua
Universidad de Sevilla

11
ABREVIATURAS

AE: L ’Année Epigraphique. ILS: PI. Dessau, Inscriptiones Latinae


Ant. Jud.: Flavio Josefo, Antiquitates Selectae.
ludaicae. M. Ant. : SHA, Marco Antonino.
Aw:\ SHA, Aureliano. Macr: SHA, Macrino.
BCA : Dulletino Comunale di Antichitá. Max. et Balb. : SHA, Maximus et Balbinus.
B. G. : César, De Bello Gallico. N.Sc: Notizie degli Scavi di Antichitá.
BGU: Aegyptische Urkunclen aus den NH: Plinio, Naturalis Historia.
Koniglichen (Staatlichen) Museen zu Orig.: Isidoro de Sevilla, Origines.
Berlin, Griechische Urkunden. Pan. Lat. : Panegirici latini.
B J: Flavio Josefo, Bellum ludaicum. Paneg: Plinio el Joven, Panegírico.
BM C : British Museum Catalog o f Roman Pert.: SHA, Pertinax.
Coins. Plut.: Plutarco.
c.\ circa (vocablo latino) = Plut., Oth: Plutarco, Otón.
aproximadamente. RIC: Roman Imperial Coinage.
CBI: E. Schallmayer et alii, Corpus der RMD: Μ .M. Roxan, Roman Militaiy
griechischen und lateinischen Diplomas.
Beneficiarier-lnschriftten der Romischen Sat., Marcial, Sátiras.
Reiches. Sent. Hadr.: Dositheo, Sententiae Hadriani.
CIL: Corpus Inscriptionum Latinarum. Sev. Ale. : SHA, Severus Alexander.
Corp. Glossar. Latin.: Corpus SHA: Scriptores Historiae Augustae.
Glossariorum Latinarum. Suet., Aug.: Suetonio, Augusto.
De Caes:. Aurelio Víctor, D e Caesar ibus. Suet., Cal:. Suetonio, Caligula.
De Mort. P e r s e e Lactancio, De Mortibus Suet., C l: Suetonio, Claudio.
Persecutorum. Suet., D om : Suetonio, Domiciano.
De Munit.: Pseudo-IIygino, De Suet., N er: Suetonio, Nerón.
Munitionibus Castrorum. Suet., O th: Suetonio, Otón.
Did. ful.: SHA, Didius Iulianus. Suet., Tib: Suetonio, Tiberio.
Dig.: Digesto. Suet., Vit: Suetonio, Vitelio.
Div. Claud.: SHA, Divus Claudius. Tab. Vindol: Tabulae Vindolandenses.
Duo Maxim.: SHA, Duo Maximini. Tac., A nn: Cornelio Tácito, Annales.
Elag.: SHA, Elagabal (= Heliogábalo). Tac., Hist.: Cornelio Tácito, Historiae.
Epig.: Marcial, Epigramas. Tres Gord: SHA, Tres Gordianos.
Epit.: Flavio Vegecio, Epitoma Rei Verr. : Cicerón, Verrinae.
Militaris. Vit. Const: Eusebio de Cesarea, Vita
Epit. de Caes.: Epitome de Caesarum. Constantini.
FUR: R. Lanciani, Forma Urbis Romae.

14
INTRODUCCIÓN1

Para aquellos individuos que se acercan a la Historia de la antigua Roma,


bien como simples aficionados o bien desde un punto de vista más científico, la
Guardia Pretoriana suele mostrarse com o una institución antipática y
desestabilizadora, culpable de buena parte de los males que afectaron al sistema
imperial durante los tres primeros siglos de su existencia. Sin negar la influencia de
los pretorianos en toda una serie de cambios en la cúspide del poder (que no fueron
tantos), unido a actuaciones del todo injustificables desde cualquier punto de vista (a
excepción del propio interés de los soldados del pretorio), como la subasta pública
del Imperio desde los muros del campamento en 193 d.C., esta institución conoció a
lo largo de su tricentenaria historia más luces que sombras e incluso podemos
considerarla como uno de los pilares básicos sobre los que se sustentó el régimen
imperial.
Las misiones a las que tuvieron que hacer frente los pretorianos desde la
fundación del cuerpo fueron extremadamente variadas, como tendremos ocasión de
comprobar a lo largo del presente volumen; sin embargo, su cometido esencial
podemos resumirlo del siguiente modo: protección a todos los niveles de la persona
del emperador, tanto en palacio como en sus desplazamientos; y actuación como
unidad de combate de élite en el campo de batalla, acompañando bien al propio
emperador, a algún príncipe de la casa imperial o al jefe inmediato de la Guardia, el
Prefecto del Pretorio. A partir de estos cometidos iniciales, que vemos desarrollar a
la Guardia prácticamente desde su fundación a comienzos del Principado de
Augusto, poco a poco fueron adquiriendo responsabilidades adicionales, acordes a
su propia influencia y a la total confianza que depositaba en ellos la administración
imperial. En este sentido, los encontramos en misiones de información, de
m antenim iento del orden, como correos especiales, destacados en puntos
económicamente estratégicos para la capital del Imperio, etc.
A lo largo de la obra iremos desgranando cuestiones como quiénes eran los
pretorianos. cómo desempeñaban las funciones mencionadas, su equipamiento,

1 La presente obra es fruto de más de dos años de investigación como Becario Postdoctoral del
Ministerio de Educación y Ciencia en la Universidad París Sorbonne-Paris IV, donde tuve el honor y
la suerte de contar con la inestimable guía del profesor Dr. Yann Le Bohec —uno de los
investigadores de más reconocido prestigio en el ámbito del inundo militar romano Quiero dar las
gracias también a los doctores Genaro Chic y Antonio Caballos, Catedráticos del Dpto. de Historia
Antigua de la Universidad de Sevilla. Asimismo, deseo expresar mi mas sincera gratitud a la Escuela
Española de Historia y Arqueología en Roma (CSIC) por su magnifica acogida y las facilidades que
me dieron en todas y cada una de mis visitas de investigación a Roma, en las que se gestaron no pocos
pasajes de este volumen.

15
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

rutinas de entrenamiento, condiciones de servicio, el campamento donde se alojaban


(conocido en latín como Castra Praetoria), su sistem a de prom ociones, etc. Hemos
querido asimismo resaltar el aspecto más m ilitar de la Guardia como unidad de
combate de élite, papel que habitualm ente suele estar más oscurecido por sus
propias actuaciones de índole política; estas últim as, si bien se caracterizan por
poseer un carácter más llamativo son, no obstante, m enos relevantes a nivel del
conjunto de la historia de la unidad. Hem os analizado porm enorizadamente su
equipam iento, con las salvedades propias de las fuentes disponibles, en muchos
casos de tipo iconográfico y caracterizadas por centrarse en estereotipos muy
definidos del arte áulico de la capital. A un así, podemos diferenciar con cierta
claridad a los pretorianos de los dos primeros siglos del Im perio, equipados para el
combate con escudo rectangular (el oval de tipo itálico sería un elemento
esencialm ente de parada, aunque tampoco puede descartarse totalmente su empleo
en combate), coraza de placas {lorica segm entata) Ja b a lin a {pilum) y espada corta
{gladius)·, de aquellos incorporados a partir del rem ado de M arco Aurelio (161-
180), cuando comenzaron a im ponerse nuevas piezas de equipo (cota de escamas,
espada larga, lanza, escudos ovales) y sistem as de combate, con un predominio
progresivo de formaciones más cerradas y compactas. El recurso a la Guardia
Pretoriana para su participación en combate lo tenemos atestiguado desde su inicio,
si bien el mom ento álgido se produjo a partir de las guerras fronterizas de M arco
Aurelio y durante todo el s. III, cuando participaron junto a los diferentes
emperadores en todas las campañas interiores y exteriores en las que éstos tomaron
parte. Esta dinám ica se iba a m antener durante la Tetrarquía de Diocleciano y
prácticam ente hasta su desaparición en 312 d.C.
Otro de los aspectos al que dedicamos un capítulo completo es el
relacionado con la logística de la unidad, tem a habitualmente soslayado en este tipo
de estudios sobre el ejército romano hasta fechas relativamente recientes. La
Guardia no podía sino beneficiarse de su ubicación en la capital del Imperio, donde
gozaba de m ayores posibilidades de acceso a una variedad de productos
completamente vedados a los legionarios de las fronteras. A pesar de ello, esos
productos tenían un coste bastante elevado, lo que incidía en una merma nada
desdeñable de los ingresos reales del pretoriano. El sueldo base del soldado del
pretorio, eso sí, era grosso modo tres veces superior al del legionario raso. Con todo,
los quebraderos de cabeza logisticos provocados por esta unidad en el seno de la
administración imperial no habrían sido baladíes, al necesitar como unidad de
guardia y cerem onia que era toda una serie de prendas de vestir (como las togas para
montar guardia en Palacio o ante el Senado) y piezas de equipo de parada a las que
eran completamente ajenas las legiones de las fronteras. Por otra parte, las
condiciones de servicio de los pretorianos eran bastante superiores a las de cualquier
otra unidad del ejército, comenzando por la gratuidad de las armas, las monturas y
el trigo que consum ían y terminando por el mayor volumen de ingresos obtenidos
en virtud de los donativos imperiales, ofrecidos a la Guardia Pretoriana con
montantes superiores y m ayor asiduidad que al resto del ejército. Finalmente, los
premios de licénciamiento eran también superiores a los legionarios y a ellos
accedían a los dieciséis años de servicio, en lugar de los veinte establecidos para las
legiones.

16
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

No podemos olvidar tampoco a los altos mandos de la institución, los


prefectos del pretorio, funcionarios que a partir de unos orígenes muy vinculados a
su aspecto militar acabaron convirtiéndose en piezas esenciales de la administración
imperial y en mano derecha de los respectivos emperadores a los que debían su
nombramiento.

METODOLOGÍA

Cuatro son los tipos de fuentes sobre las que debe basarse cualquier investigación
en el ámbito de la Antigüedad grecorromana: las fuentes literarias (entre las que
incluim os papiros y fuentes subliterarias com o las tablillas de madera inscritas), la
epigrafía, la num ism ática y las inform aciones proporcionadas por las
intervenciones arqueológicas.
En relación con la metodología de las fuentes literarias lo primero que hay
que saber es criticarlas desde el punto de vista científico. Siguiendo al profesor Le
Bohec [200 P ], cuando un investigador se enfrenta a un texto de la Antigüedad
rom ana es necesario hacerse cinco preguntas clave: ¿Cuándo vivió el autor?, ¿en
qué lengua escribió?, ¿adonde se dirigen sus simpatías políticas?, ¿de qué medio
social procede? y ¿a qué escuela filosófica se adscribe el autor si es que tiene
alguna? Por otra parte, hay que distinguir entre fuentes prim arias y fuentes
secundarias; las primarias son aquellas en las que el propio autor es coetáneo de los
acontecimientos que narra. Si el autor es posterior y, por tanto, ha utilizado a otros
historiadores, entonces estamos ante una fuente secundaria. Hay que tener en
cuenta además que los autores de la Antigüedad solían emplear sólo una fuente a
la vez y que las obras que redactaban solían tener un carácter muy retórico o
moralizante.
Estas fuentes literarias engloban a toda una serie de autores coetáneos del
período en el que se desarrolló la historia de la Guardia Pretoriana (c. 27 a.C.-312
d.C.). Dentro de este tipo de fuentes habría que diferenciar claramente entre
aquellas de carácter más técnico y las historias generales de tipo narrativo. Entre
las primeras habría que citar el Epitoma rei militaris de Flavio Vegecio, autor del
s. IV d.C. pero que emplea fuentes datadas desde el último período de la República;
los escritos de Pseudo-Hygino, De munitionibus castrorum, los Strategemata de
Frontino, la Tactica y Ektaxis k a t'alannon de Arriano, los extractos referidos a
táctica militar de Julio Africano o los Strategemata de Polieno. No todos ellos
incluyen referencias a la Guardia, pero sí informaciones muy útiles referentes al
conjunto del ejército romano, algunas de ellas extrapolables a los pretorianos como
integrantes del mismo.
Aparte de estas obras de índole técnica tenemos las historias narrativas.
Aquéllas que hemos empleado para sustentar el presente estudio serían el Bellum
Civile de Apiano, los Annales, H istoriae, Germania y Agricola de Tácito, D e
Duodecim Caesoribus de Suetonio, el Bellum Iudaicum y las Antiquitates Iudaicae
de Josefo, las biografías de Galba y Otón redactadas por Plutarco, la obra de
Herodiano (H istoria del Im perio romano después de M. Aurelio), la Historia
Romana de Casio Dión y las biografías imperiales de la H istoria Augusta. Ya

17
ADOLFO RAÚL MENÉNDUZ ARGÜÍN

datadas en el Im perio Tardío contam os con la N ova H istoria de Zósimo, los


escritos de Zonaras, el D e Caesaribus de A urelio Víctor, el Epitome de Caesaribus,
el epítome de Eutropio y algunas referencias en la gran Historia de Amiano
M arcelino. Para el período final de la Guardia no podemos olvidar tam poco a
Eusebio de Cesarea.
Adem ás de las obras de carácter historiográfico no podemos desdeñar
otras fuentes de información, como pueden ser las Epistulae y el Panegiricum de
Plinio, la N aturalis H istoria de Plinio el Viejo, el Periplo del Ponto Euxino de
Arriano (en el que da información sobre las diferentes guarniciones de la
provincia). Asim ism o, habría que citar tam bién a los panegiristas de época
constantiniana, esenciales para conocer el desenlace del conflicto que enfrentó a
M ajencio y Constantino y que supuso la desaparición de la Guardia. M ención
aparte m erecen las fuentes legislativas, com piladas todas ellas en época tardía pero
que incluyen numerosas referencias a disposiciones del Alto Im perio, sobre todo en
el caso del D igesto; los dos grandes Códigos del Imperio Tardío son el Codex
Theodosianus (Teodosio II, s. V) y el Codex Justiniani (s. VI). Los testimonios de
este tipo conservados anteriores a las compilaciones mencionadas los tenemos
recogidos en V. A rangio-Ruiz (éd.), Fontes luris Romani Anteiustiniani, 1972
(FIRA). Finalmente, si bien papiros y tablillas inscritas no suelen hacer referencia
a los pretorianos, no por ello podemos desecharlos como fuente de información,
pues se nos m uestran extremadam ente útiles para el estudio de la economía y la
vida diaria de las unidades del ejército rom ano, pudiendo extrapolar algunas de
estas informaciones a los cuerpos de la capital del Imperio. Estos documentos se
caracterizan por su inmediatez y por ofrecer una información puntual de empico
inmediato por parte del receptor, pues por el material en el que se encontraban
recogidas no estaban hechas para durar más de lo necesario. El último repertorio
de las Tabulae Vindolandenses (el II) fue publicado en 1994 por A.K. Bowman y
J.D. Thomas bajo el título The Vindolanda Writing Tablets, Londres. En cuanto a
las colecciones papirológicas, la más importante para nuestra línea de investigación
es, sin duda, la compilación de R.O Fink: Rom an M ilitary Records on Papyrus,
Ann Arbor, 1971; si bien la puesta al día hemos tenido que realizarla a través de las
publicaciones especializadas en este tipo de hallazgos.
En cuanto a la epigrafía, documentos redactados en soporte pétreo, hay
que tener en cuenta que una inscripción es un testimonio directo que reenvía
directamente a su autor, a diferencia de las fuentes de tradición manuscrita
[LA SSÈRE 2001], A dem ás, perm iten conocer textos o acontecim ientos
importantes que hubieran pasado desapercibidos sin ellas. El procedimiento en el
análisis de las fuentes epigráficas ha sido el siguiente: en prim er lugar he estudiado
los repertorios esenciales relacionados con la Guardia Pretoriana: M. Durry, Les
cohortes prétoriennes, París, 1938; A. Passerini, Le Coorti Pretorie, Roma, 1939,
M.P. Speidel, D ie Equites singulares A ugusti, 1965; Id., D enkm âler (Equites
singulares Augusti), 1993; M. Roxan, Roman Military Diplom as (3 volúmenes). A
continuación he procedido a un control sistem ático del Corpus Inscriptionum
Latinarum , así com o de L 'A nnée Epigraphique hasta 2005; a estos dos grandes
repertorios habría que unir las Inscriptiones Latinae Selectae de Dessau así como
los Supplem enta de Pais, la epigrafía ecuestre recogida por H.G. Pflaum, la obra de

18
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Schallmayer (CB1), C. Ricci (Soldati delle Milizie Urbane fu o r i di Roma. La


docum entazione epigráfico, Roma, 1994) y las inscripciones publicadas en el
Bulletino Comunale y las Notizie degli Scavi. O lías referencias proceden de
repertorios dedicados al oriente romano: Inscriptiones Graecae, Inscriptiones
K leinasien. También habría que citar las Inscriptiones Graecae a d Res Romanas
pertinentes. He intentado abarcar el m ayor número de testimonios posible y, si bien
probablem ente no está todo el material epigráfico relacionado con la Guardia
Pretoriana, la documentación recogida y analizada es, a mi juicio, bastante
representativa como para perm itir acometer una obra como la presente.
N o podem os olvidar tampoco las fuentes numism áticas, esenciales para
cualquier análisis económico relacionado con las unidades del ejército romano y de
las que contamos con completos catálogos editados principalm ente en Italia,
Alemania y el Reino Unido. Así, hemos recopilado y analizado las diferentes
acuñaciones en las que aparece m encionada la Guardia Pretoriana. Las monedas
nos han proporcionado un volumen nada desdeñable de información relacionada
con el campamento, equipamiento, enseñas e historia de la Guardia, tal como
tendremos ocasión de comprobar a lo largo de la obra.
Finalmente, las fuentes arqueológicas relacionadas con la Guardia serían
esencialmente aquellas relacionadas con su base en las afueras de la capital, los
castra p raetoria. A ellas podem os incorporar inform aciones de algunas
construcciones relacionadas con la Guardia Imperial ubicadas en zonas de
presencia continuada del emperador, com o el edificio m ilitar de Villa Hadriana en
Tívoli. En relación a los castra praetoria, a los que dedicamos un capítulo, hemos
analizado la documentación disponible sobre las intervenciones arqueológicas en
la zona desde el s. XIX, publicadas en toda una serie de obras periódicas, como las
Notizie degli Scavi o el Bulletino Communale de Roma, y en compendios de
referencia como el Lexicon Topographicum Urbis Romae.
Por último, la producción historiográfica puede calificarse de bastante
irregular, pues si bien ésta es inm ensa en cuestiones relacionadas con la capital y
su desarrollo, se nos presenta como mucho más limitada en relación con la Guardia
Pretoriana; de hecho, las monografías esenciales sobre esta unidad que siguen
vigentes datan de 1938 (Durry) y 1939 (Passerini); por todo ello, ha sido necesario
un ingente trabajo bibliográfico en revistas y publicaciones especializadas en los
que localizar las distintas referencias relativas a la Guardia y los avances que se han
producido en la disponibilidad de fuentes desde la redacción de los dos grandes
trabajos mencionados.
Queremos concluir esta introducción esperando que la obra que prosigue
sea del agrado del lector y que, gracias a ella, hayamos contribuido a fomentar el
interés por los estudios sobre el ejército romano, ámbito tan desm esurado como
interesante y, en no pocas ocasiones, agradecido. Sin más preámbulos les dejamos
con los protagonistas esenciales de este volum en, los pretorianos de la Guardia
Imperial.

Sevilla, 5 de abril de 2006


Dr. A. Raúl Menéndez Argüín

19
20
CAPITULO I

ORGANIZACION Y EVOLUCION
DE LA GUARDIA PRETORIANA

Los pretorianos constituían la guardia de corps de los emperadores romanos


y residían permanentemente en la capital, en un campamento establecido en la colina
Viminal y denominado Castra Praetoria1. N o obstante, como guardia personal que
eran, debían acom pañar al emperador en caso de que éste se involucrase
personalmente en alguna campaña, así como en sus desplazamientos a lo largo y
ancho del Imperio. Actuaban además como tropas de ceremonia en ocasiones
especiales.
La Guardia Pretoriana como unidad regular del ejército fue creada por
Augusto tras la victoria sobre Marco Antonio y su establecimiento definitivo en
Roma, hacia 27 o 26 a.C. El origen de una cohors praetoria puede retrotraerse, sin
embargo, al período republicano, haciendo referencia al conjunto de soldados
asignados al cuartel general militar de un magistrado con imperium (generalmente un
pretor). Las menciones más recientes a cohortes praetoriae se remontan a comienzos
del s. 1 a.C. (Cicerón, Ven. 2.1.36), si bien Festo ya la pone en relación con Escipión
el Africano (Festo 223 M). En los años de guerra civil que siguen a la muerte de César
las menciones a cohortes praetoriae se multiplican en las fuentes.
El total de la unidad en su organigrama inicial ascendía a nueve cohortes,
numeradas del I al IX, de tipo quingenario; es decir, cohortes de 480 hombres
nominales, a los que habría que unir, quizás desde el comienzo, un pequeño
contingente de jinetes — estas unidades eran denominadas cohortes equitatae en el
ejército romano— . Por razones políticas Augusto evitó el número de diez, para que
la Guardia no fuera identificada con una legión. Octaviano estaría sin duda deseoso
de no recordar a los habitantes de la capital los sombríos años de guerras civiles y de
legiones campando por la misma con sus generales al frente; en este sentido, hay que
recordar que el espacio de la ciudad, el pomerium, era sagrado e inviolable, quedando
prohibida su profanación por parte hombres armados. Huelga decir que tal escrúpulo
religioso se violó constantemente a lo largo de las guerras civiles del s. I a.C. que
precedieron al triunfo definitivo de C. .Tulio César Octaviano Augusto, El emblema
de la Guardia era el escorpión, pero queda la duda de si fue otorgado por Augusto
[LE BOHEC 2004: 28] o sólo se adoptó tras la construcción de los castra praetoria
durante el reinado de Tiberio [KEPPIE 20002], opinión a la que nos adherimos.
A lo largo del s. I d.C. el número de cohortes pretorianas se incrementó hasta
doce, siempre de tipo quingenario; dicha reforma parece que habría que situarla entre

- Los estudios monográficos sobre la Guardia no son muy abundantes a pesar de la capital importancia
de este cuerpo; a los clásicos de DURRY [1938 y 1954] y PASSERINI [1939], sólo pueden añadirse dos
pequeños manuales algo más recientes: RANKOV 1994 y JALLET-HUANT 2004.

21
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Escorpión. Escudo
pretoriano Puteoli.

los años 37 y 47 d.C. Este período está desgraciadamente perdido en los Annales de
Comelio Tácito, que no habría pasado por alto seguramente una reforma de tal calibre
en las tropas de la capital. Probablemente el incremento de las cohortes hay que
atribuírselo a Claudio, cuyo ascenso al poder fue obra de la propia Guardia pretoriana;
este hecho se encargan de enfatizarlo tanto las fuentes numismáticas3 como las literarias
(Josefo, B J 2.205; Josefo, Ant. Jitd. 19.214-215; Josefo, Ant. Jud. 19.217-220; Josefo,
Ant. Jad. 19.223-227; Josefo, Ant. Jud. 19.247; Casio Dión 60.1.2-3; Suet., Cl. 10).
Una amplia reforma tuvo lugar bajo el breve reinado de Vitelio (69 d.C.),
que elevó el número de cohortes pretorianas a dieciséis, convirtiéndolas además en
milliariae — es decir, cohortes de unos mil soldados nominales— ; a ellas habría que
unir también cuatro cohortes urbanas (encargadas del mantenimiento del orden en la
capital) igualmente dobladas en cuanto a número de efectivos. Tal como afirma L.
Keppie, es difícil aceptar completamente esta afirmación, pues las fuerzas con las que
Vitelio entró en Roma desde Germania ascendía a poco más de 30.000 legionarios;
si de ellos unos 20.000 hubieran sido trasladados en bloque a las cohortes pretorianas
y urbanas, las legiones habrían dejado de existir como fuerza de combate. Cabe la
posibilidad de que Vitelio se hubiera limitado a doblar el contingente de pretorianos
añadiendo cuatro nuevas cohortes. Por otra parte, si como afirma Tácito, todos los
pretorianos de Otón fueron licenciados es probable que las cohortes vitelianas se
encontraran muy por debajo de su fuerza teórica de mil hombres [KEPPIE 20002].

*Véase el apéndice de fuentes: Cohen, Descript. Hist. Monn. Emp. Rom., I2, p. 254, 40 y 77; Mattingly-
Sydenham, The Roman Imperial Coinage, 1, p. 125 n. 22-25; I, p. 126 n. 38-40.

22
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Vespasiano redujo de nuevo el núm ero de cohortes a nueve de tipo


quingenario en 76 d.C. como muy tarde, tal como indica un diplom a pretoriano de
ese mism o año (CIL 16.21); se volvía así a los precedentes augústeos. La reforma,
sin embargo, no fue nada fácil y parece que los pretorianos vitelianos que
quisieron continuar su servicio pudieron hacerlo, concediéndosele la honesta
m issio — retiro honorable— a todo aquel que le correspondía. A esto hay que unir
la incorporación de los antiguos pretorianos de Otón, que habían luchado por
Vespasiano durante la guerra civil bajo la prom esa de retom ar el servicio en la
Guardia. Vemos, por tanto, la dificultad para cribar el pretorio, en la que hubo de
em plearse mucha m oderación y mano izquierda para evitar posibles sediciones.
Esta situación contribuyó sin duda alguna al nom bram iento de Tito al frente de la
prefectura del pretorio en 71 d.C., que se prolongó durante el resto del reinado de
su padre Vespasiano.
A fines del s. I las cohortes se elevaron a diez, siendo esta reforma
seguramente atribuible a Domiciano4. Este número ya no se modificaría hasta su
desaparición. Tenemos, sin embargo, una noticia de Aurelio Víctor en la que se
menciona una reforma de la Guardia por parte de Diocleciano; este autor afirma que
Diocleciano redujo el número de cohortes así como sus efectivos (De Caes. 39.47);
con todo, un diploma fechado en 306 d.C,., un año posterior a la abdicación de este
emperador, deja bien claro que las cohortes pretorianas seguían siendo diez, si bien
este documento no aclara si pudo haberse producido una reducción real de sus
efectivos (R M D I, 78=AE 1961, 240). La disolución de la Guardia tuvo lugar en 312
d.C., cuando Constantino, tras la batalla de Puente Milvio, decidió su abolición por
haber elevado al poder y apoyado a su rival Majencio (Aurelio Víctor, D e Caes.
40.25; Zósimo 2.17).
Lo que no permaneció estable, como hemos ido viendo, fue el número de
soldados presentes en cada cohorte pretoriana. Este problema no es precisamente
menor, pues hay que tenerlo muy en cuenta tanto para calibrar su empleo en combate
como para calculai' sus necesidades de alojamiento y abastecimientos. Durante los
dos primeros siglos del Imperio habrían sido cohortes quingenariae equitatae; es
decir, cohortes nominales de 480 hombres con un complemento de caballería de cien
equites praetoriani. Vitelio elevó el número de pretorianos a mil por cohorte (Tac.,
Hist. 2.93), con lo que junto a la multiplicación de éstas (de doce hasta dieciséis) la
Guardia habría ascendido en total a más de 16.000 soldados; un verdadero ejército
acantonado en la propia Roma. Esta reforma de la Guardia habría que ponerla en
relación con el período de guerras continuas que vivió el Imperio durante 68-69 d.C.
Probablemente, si Vitelio hubiera salido victorioso no hubiese podido (o no le
hubiese parecido rentable) mantener tal número de pretorianos en tiempo de paz.
Vespasiano (69-79), como hemos mencionado más arriba, volvió a colocar su
número en quinientos soldados por cohorte.
Este contingente de pretorianos se mantuvo estable hasta la gran reforma de
Septimio Severo tras su victoria en la guerra civil contra Didio Juliano; Septimio

4 Mlet-Huant atribuye, sin embargo, la creación de la décima cohorte a Trajano [2004: 17], El arco
temporal en el que se llevó a cabo esta reforma se sitúa entre 88 y 101, cuando un nuevo diploma
pretoriano nos informa de la presencia de una décima cohorte.

23
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Severo licenció a la Guardia y la reconstituyó a partir de sus propias tropas del


Ilírico5, elevando tam bién el orgánico de las cohortes a mil hombres6. No obstante,
existen claras disensiones en cuanto al número de pretorianos por cohorte; así, si
Durry [1938: 262-3] defiende esta reform a y considera que fue Severo el
responsable de la creación de las cohortes pretorianas miliarias, otros autores como
Mommsen, Passerini [1939: 59-62] o L. Keppie [20 002: 109-110], defienden
dotaciones de mil pretorianos por cohorte con anterioridad a Septimio Severo;
Passerini ya desde época augústea, y Keppie [1984: 188] desde finales del s. I d.C.;
Y. Le Bohec, por su parte, propone al igual que D urry cohortes quingenarias,
empleando el argumento de la superficie de los castra praetoria; ésta, de 16’72 ha.,
era m uy sim ilar a la de los cam pamentos unilegionarios del Alto Imperio (18-20
ha), por lo que las unidades allí acantonadas (doce cohortes en total, nueve
pretorianas y tres urbanas) debían ascender a unos 6.000 soldados) [LE BOHEC
2002: 21], Con lodo, y aunque estamos de acuerdo en la apreciación, el de la
superficie de los castra no nos parece un argumento definitivo, pues recordemos
que tras su ampliación a mil soldados por cohorte la guardia pretoriana siguió
acantonada en la misma ubicación, pero alojando esta vez al doble de tropas.
Cabe tam bién la posibilidad que la Guardia Pretoriana pasara de cohortes
quingenariae a milliariae durante la primera mitad del s. II d.C. [KENNEDY
1978]. Este incremento de efectivos podía compensarse con el traslado de las
cohortes urbanas a un campamento propio en la Regio VII de la capital, pues los
castra urbana están atestiguados epigráficamente desde 182 d.C. (CIL 6.217) y
probablemente sean bastante más antiguos. El abandono de los castra por parte de
las tres cohortes urbanas durante la primera mitad del s. II dejaría libre un espacio
para 1.500 soldados, o 3.000 en el caso de que se tratara ya de cohortes miliarias
(algo m uy probable7), lo que podía suponer desdoblar sin problemas tres o seis
cohortes pretorianas quingenariae. Este hecho im plica que el proceso de
incremento de la Guardia habría sido m enos traumático de lo que pudiera parecer.
El único problema que plantea esta hipótesis es que si se acepta esta reforma
durante el s. II, la llevada a cabo por Severo en 193 supondría incrementar, como
defienden M.P. Speidel [1994: 60], Campbell [1984: 400-7] o Rankov [1994: 8], el
número de pretorianos por cohorte hasta los mil quinientos, obteniendo para el
conjunto de la Guardia un total de quince mil soldados; esta cifra, si le añadimos
el acantonamiento de la Legión II Parthica cerca de Roma, podría parecer algo
excesiva.

5 El Ilírico comprendía esencialmente las provincias romanas del área del alto Danubio (las dos
Panonias) y Dalmacia.
ACasio Dión 55.24.6; en este pasaje parece que se pretende trasponer a época augústea la situación de
la Guardia en el primer tercio del s. III d.C. (periodo en el que escribe este autor), pues durante el
gobierno de Augusto no existían ni diez cohortes pretorianas ni cuatro urbanas, sino nueve y tres
respectivamente [DURRY 1938: 86]. Passerini explica el error de Casio Dión aduciendo que este autor
habría incluido en el total al cuerpo de los speculatores, que a comienzos del s. III estaban integrados
en las centurias pero que durante el s. I formaban una unidad especial dentro del pretorio [PASSERINI
1939: 48].
7 El número de soldados por cohorte urbana fue, en principio, de quinientos hombres, pasando luego a
ser de mil; Septimio Severo fijó sus efectivos definitivamente en 1.500 soldados. Ver infra.

24
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Una vez incrementado el contingente de soldados por cohorte, el total de


pretorianos en armas ascendería (junto con los equites) a más de diez mil, el
equivalente a dos legiones completas. Este número se mantendría más o menos
estable hasta su definitiva desaparición bajo Constantino. Previamente Diocleciano,
al ejercer el poder lejos de Roma, temeroso de posibles levantamientos y siempre
necesitado de tropas, parece que disminuyó el número de efectivos pretorianos de la
capital. Aunque no redujo el número de cohortes pretorianas o sus efectivos, se llevó
el grueso de los pretorianos en campaña y los mantuvo luego en su corte de
Nicomedia. Creemos que es así como debe interpretarse el mencionado pasaje de
Aurelio Víctor en el que se habla de una reducción de efectivos de la Guardia.
Las cohortes pretorianas se organizaban en tres manípulos de dos centurias
cada uno de ellos; así lo muestra, por ejemplo, el latérculo pretoriano8 CIL 6.32536,
de comienzos del s. 111 d.C., en el que se enumeran las seis centurias de la III Cohorte;
ésta era precisamente la organización tipo de la infantería de las cohortes legionarias.
Al igual que en las legiones, las centurias pretorianas estarían integradas por ochenta
soldados (en cohortes de tipo quingenario). La centuria a su vez se subdividía en
pelotones (contubernia) de ocho hombres cada uno. A cada cohorte se añadía, como
hemos visto, un complemento de caballería de unos cien equites praetoriani,
estructurados en tres turmae o escuadrones (CIL 6.32638), lo que le proporcionaba
una gran autonomía. Estos últimos, si bien orgánicamente dependían del tribuno de
cada cohorte, en campaña sin duda eran concentrados en una sola unidad de
caballería pretoriana, otorgándoles así un mayor peso específico y una consistencia
táctica superior, pues el empleo de unidades de efectivos tan reducidos disminuiría el
valor de combate de la caballería en batalla campal; este hecho puede observarse en
Tac., Ann. 1.24, cuando a Druso (hijo de Tiberio), que se dirige en 14 d.C. a aplacar
el motín de las legiones de Panonia, se le incorpora gran parte de la caballería
pretoriana.

SISTEMA DE MANDO

La Guardia estaba directamente vinculada al emperador. Sin embargo, éste


delegaba su mando en el Prefecto del Pretorio, figura que analizaremos con más
detenimiento en el capítulo siguiente. Baste decir aquí que se trataba de un cargo
individual o colegiado en número de dos, para que uno actuara como contrapeso del
poder del otro, evitando así abusos como los de Flio Sejano, que puso en auténticos
aprietos la sucesión dentro de la dinastía Julio-Claudia en 31 d.C. El papel de los
prefectos del pretorio iba más allá del simple mando militar que pudieron tener en
origen, pues poseían autoridad judicial en el marco de la península italiana y
política, al formar parte del consilium principis (consejo imperial) [ABSIL 1997;
HOWE 1942], Además, el poder fáctico del que gozaban era tremendo, como se
encargarían de dem ostrar individuos como Sejano, Plauciano o Perenne. Cuando la
Guardia tomaba parte activa en algún conflicto, los prefectos del pretorio

’ Se denomina latérculo a una inscripción conmemorativa erigida por los pretorianos que culminan de
forma honorable su servicio en la Guardia; todos ellos aparecen listados por centurias y cohortes.

25
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

participaban en la expedición e incluso algunos de ellos llegaron a caer en combate


[M ENENDEZ 2000: 65], Durante el s. III esta dignidad adquirió una importancia
cada vez m ayor e incluso proporcionó varios emperadores.
El oficial al mando de cada cohorte era un tribuno pretoriano de rango
ecuestre, generalm ente prim ipilar, es decir, que había pasado por el rango más alto
del centurionado legionario, el de prim us pilu s o prim er centurión de la legión, y
que probablem ente habría comenzado su carrera m ilitar en las filas de la Guardia.
El título de tribunus era un indicativo claro de que esos oficiales estaban al mando
de ciudadanos rom anos. Este cargo, no obstante, sólo podía mantenerse durante
un año, debiendo entonces continuar su carrera en otras unidades. La carrera
ecuestre quedó fijada progresivam ente en época de Claudio, de manera que un
p rim us pilus de una legión tras cesar en este cargo era ascendido como mando a
la guarnición de la capital del Im perio, com enzando como tribuno de una cohorte
de vigiles9; el peldaño siguiente era un ascenso a tribuno de una cohorte urbana,
para finalm ente alcanzar el mando de una cohorte pretoriana. Tras el desempeño
de este últim o mando, el extribuno pretoriano podía continuar su carrera en una
legión fronteriza com o prim us p ilu s bis, después de lo cual podía ofrecérsele una
procúratela y el acceso, por tanto, a los escalones más altos de la adm inistración
imperial. De esta forma, puede observarse cómo los tribunos de las cohortes
pretorianas eran m ilitares am pliam ente form ados y experimentados, así como un
vivero de altos oficiales para la alta adm inistración. Entre las funciones de los
tribunos estaban controlar la disciplina, el equipam iento y el entrenamiento de sus
tropas, así como dirigirlas tanto en la capital com o en campaña (Dig. 49.16.12.2;
Vegecio, Epit. 2.12).
Por debajo de los tribunos se situaban los centuriones pretorianos, cada
uno al mando de los ochenta soldados de su correspondiente centuria. Sólo eran
superados en rango por el trecenarius, centurión al mando de los speculatores, la
guardia a caballo personal del em perador (ver infra). En la Guardia no existían los
equivalentes a los prim i ordines o primeros centuriones de las legiones (al mando
de las cinco centurias dobles de la Prim era Cohorte), quizás para evitar un parecido
excesivo con éstas en un lugar tan sensible políticamente como la capital del
Im perio [DURRY 1938, 136]. Para comienzos del s. I d.C. hay atestiguadas, no
obstante, tres evidencias de prim i ordines relacionados con la Guardia Pretoriana
(CIL 10.4872=ILS 2021; CIL 9.2983; AE 1914, 28=AE 1980, 613); no se sabe si
se trataba de los primeros centuriones de cada cohorte o los de la I Cohorte
Pretoriana. Esta anomalía podría explicarse por encontrarnos en una etapa inicial
en la que todavía no estaban consolidadas las estructuras de la unidad.
Entre los centuriones pretorianos no parece haber una jerarquía clara;
ningún centurión revestía en las cohortes pretorianas m ás de un centurionazgo, tras
el cual ascendía en rango independientem ente de la cohorte de procedencia. Cabe
m encionar tam bién que hasta el s. III era el centurión el que daba el nombre a su
centuria; a partir de comienzos del s. III, se va im poniendo progresivam ente la
denom inación táctica de las centurias, según su posición orgánica dentro de la
cohorte.

’ Unidad encargada de la vigilancia contraincendios y la policía nocturna. Ver infra.

26
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Los centuriones eran fácilm ente identificables por su vara de sarm iento
(vitis) em pleada para im partir castigos a aquellos soldados que se hacían
m erecedores de sus reconvenciones. Otro elem ento distintivo era una cim era
transversal en su casco, a diferencia del resto de las tropas, que en caso de
portarla la llevaba de forma longitudinal.
Para el s. Ill tenem os atestiguado en la Guardia el rango de ducenarius,
es decir, un centurión al mando de un contingente de doscientos soldados (CIL
11.837=ILS 2778); es probable que el origen de este rango en la G uardia pueda
retrotraerse al s. II d.C.
Por debajo de los centuriones tenem os a los suboficiales, denominados
principales, con un organigram a m uy sim ilar al de la legión. Estos principales se
dividían en sesquipilcarii o duplicarii, según recibieran una vez y m edia o dos
veces el salario norm al; además estaban exentos de servicios y fatigas de
cam pam ento, com o suboficiales especialistas que eran. Estos principales podían
desem peñar tareas de orden táctico o com etidos de tipo adm inistrativo, si bien
todos ellos se encontraban orgánicam ente asignados a una centuria. El rango más
im portante dentro de este grupo de suboficiales era el de optio, segundo del
centurión. Este rango tenía ciertas particularidades en relación con su homólogo
legionario. El optio solía ser el segundo del centurión con aspiraciones a ocupar
este cargo en su carrera de ascensos (optio a d spem ordinis). Sin embargo, en la
G uardia los optiones solían ascender a centuriones legionarios, y sólo después de
una serie de años de servicio volvían a la guarnición de Roma como centuriones
de los vigiles, de las cohortes urbanas y, finalm ente, de las cohortes pretorianas.
Dentro del grupo de optiones existían dos suboficiales con tareas específicas; por
una parte, el optio carceris (AE 1894, 33; AE 1983, 48; CIL 10.1763; A E 1914,
253) u optio a d carcerem (AE 1990, 896), encargado de la prisión m ilitar
habilitada en los castra p ra eto ria ; por otra, el optio equitum, suboficial al mando
de las unidades m enores (turm ae) de la caballería pretoriana.
Por encim a del optio se encontraba el signifer. Éste tenía un rango
equivalente al del aquilifer de las legiones. En las cohortes pretorianas no existía
esta últim a función al no disponer de un águila como tal equiparable a las de las
legiones. Eso no significa, sin embargo que no pudieran disponer de estandartes
con este emblem a. O tros principales im portantes dentro del pretorio eran los
cornicularii, encargados de la dirección del officium de los prefectos, o los
tesserarii, encargados de la contraseña; este últim o rango puede haber tenido
m ayor relevancia en las cohortes pretorianas que en las legiones, debido al
carácter de protección y guardia im perial de las mismas.
Por últim o, los immunes pertenecían a la tropa pero disfrutaban de una
serie de exenciones de servicio que los diferenciaban del simple soldado raso
(m unifex). Hasta com ienzos del s. II la diferenciación entre principales e
immunes no parece estar dem asiado clara. Por otra parte, la im agen tan
estereotipada y estructurada que nos da von D om aszew ski [1967: 28-50] sólo
sería aplicable a partir de com ienzos del s. III. Volviendo a los immunes
pretorianos, éstos eran soldados especialistas rebajados de las fatigas propias del
cam pam ento en el que se alojaban. Los soldados con la condición de immunis
eran num erosos, com o puede observarse en el listado conservado del jurista y

27
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Prefecto del Pretorio Paterno {Dig. 50.6.7); no obstante, epigráficam ente no


todas las especialidades m encionadas por dicha fuente se han atestiguado en la
Guardia.
L a m ayor parte de esto s esp ecia lista s d esem peñaban funciones
adm inistrativas o de Estado M ayor, estando en contacto directo con los m andos
y, gracias a ello, disfrutando de unas im portantes posibilidades de prom oción.
A sí, aquellas tropas especialistas de las que se tienen datos en cuanto a su
ascenso a rangos superiores sirvieron en las cohortes pretorianas [SPEIDEL
2001: 59-60]. Los casos, no obstante, son pocos y no perm iten extraer
conclusiones generales. Cabe la posibilidad que las m ejores expectativas de
prom oción de los esp ecialistas de las co h o rtes p reto rian as estuvieran
relacionadas con el hecho de que estos soldados estaban más cercanos al
em perador o porque entraran en acción más a m enudo que otros.

BENEFICIARII

M ención aparte dentro de este grupo de principales e iinmunes merecen


los beneficiarii. Pueden d istinguirse claram ente dos tipos, aquellos que
desem peñaban sus funciones jun to a los altos m andos pretorianos, beneficiarii
tribuni o beneficiarii praefecti praetoriarum , y aquellos que eran destacados en
una statio con alguna función específica, generalm ente de control o gestión de
rutas de abastecim iento o puntos estratégicam ente im portantes de las redes
comerciales del im perio; tam bién podían estar involucrados en la gestión o
preparación de sum inistros para una posible expedición con la participación del
emperador. De este m odo, tenem os beneficiarios pretorianos identificados en
servicio en Colonia (Germ ania Inferior; C B I 74) y Laodicea a d Mare (Siria; C BI
699) [N ELIS-CLÉM EN T 2000:101-6]. Conocem os tam bién toda una serie de
pretorianos destacados en com isión de servicio como stationarii; estos soldados
estarían relacionados con intereses im periales, control de rutas de abastecim iento
o apoyo de altos magistrados. Los beneficiarii de los prefectos del pretorio
participaban asim ism o en las expediciones m ilitares junto al emperador, de lo que
tenem os testim onio desde el s. 1 d.C. Estas expediciones se m ultiplican durante el
s. III, cuando la participación de los prefectos en las cam pañas m ilitares es mucho
más frecuente. Es poco probable su empleo directo en combate, pues ello podía
suponer la pérdida de soldados dotados de am plios conocim ientos administrativos
y de gestión. Con todo, tenem os atestiguado un beneficiario pretoriano que
participó en la campaña de Britania bajo Claudio (43-44 d.C.) junto a su superior,
el Prefecto Rufrio Pollón, siendo condecorado durante la mism a {CBI 881).
El servicio en el officium de un prefecto del pretorio solía constituir un
buen tram polín para una posterior carrera que culm inase en el centurionazgo. La
plantilla de beneficiarii de los prefectos del pretorio se ha calculado en unos 35 o
quizás algo más, situándose las de los tribunos en unos doce. De este modo puede
calcularse una media de unos 150 beneficiarii en activo para las cohortes
pretorianas. Antes de llegar a beneficiario del prefecto, el pretoriano desarrollaba
en el seno de la centuria o en officia de inferior rango una serie de tareas en las
que acum ulaba experiencia tanto m ilitar como adm inistrativa. El beneficiario del

28
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

prefecto solía, en caso de haber cumplido sus dieciséis años de servicio,


reengancharse com o evocatus (ver infra), continuando así su vida m ilitar y
am pliando sus expectativas de ascenso.
El beneficiarius era rápidamente id e n tifia b le al portar un tipo de lanza
especial propia de su rango, con una punta ancha en forma de hoja y una
decoración característica. Estos soldados se caracterizaban además por su
polivalencia; no cum plían ninguna función concreta en particular, pudiendo
representar y asistir a su superior en el conjunto de sus atribuciones.

EVOCATI

La evocatio, práctica muy empicada durante el período republicano,


consistía en el m antenim iento en activo de soldados que habían llegado al término
de sus años de servicio reglamentarios. Durante el Im perio esta práctica se
limitaba a los soldados pertenecientes generalm ente a la guarnición de la capital,
p rincipalm ente pretorianos y, m ás raram ente, de las cohortes urbanas
[TRAVERSO 1999: PASSERINI 1939: 77]. En el s. Ill tam bién se conoce algún
caso de leg ionario evocatus pero p ro ced en te de la II P a rth ica (CIL
6.793=14.2258). Los evocati garantizaban al ejército un cierto nivel de
especialización, pues solían ser m ilitares que habían desem peñado durante su

Puntas de lanza de beneficiarii.

29
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

servicio funciones particulares de carácter adm inistrativo o de adiestram iento de


reclutas. Estos soldados podían desarrollar sus com etidos en Roma, al servicio
del prefecto del pretorio, jun to a los pretorianos, o bien en provincias, agregados
a las legiones. D e hecho, según D om aszew ski, el evocatus legionis era el
instructor de los arm aturae legionis — los m aestros de esgrim a legionarios— ; de
este modo todas las legiones podían ser entrenadas con los mism os estándares
que la G uardia Im perial acantonada en la capital. A lgunos de los individuos
elevados a esta responsabilidad recibieron ascensos com o centuriones, pero no
todos los entrenadores legionarios podían contar con llegar a centurión.
Con todo, la evocatio podía suponer el inicio de una serie de ascensos
que podían desem bocar incluso en el prim ipilato. N o obstante, por los estudios
de B irley podem os colegir que buena parte de los evocati atestiguados no
llegaron tan alto10 [BIRLEY 1981], si bien las condiciones de servicio eran
b astante envidiables: m ayor sueldo, in m u n id ad frente a las fatigas de
cam pam ento, m ejores expectativas de ascenso, etc. Para los evocati el servicio
fuera de Italia no se lim itaba a su asignación a las legiones. De hecho, H ygino
inform a que incluso podían participar en un ejército en cam paña, pues una parte
del cam pam ento estaba reservada al alojam iento de prim ipilares y evocati (De
Munit. 6). También podían recibir com etidos particulares, com o el evocatus
asignado a la vigilancia de Vonones (príncipe parto), que mató a dicho príncipe
en 19 d.C. (Tac,,Α η η . 2.68). Otros ejem plos de evocati aparentem ente en servicio
en Oriente los tenem os atestiguados en C hipre, Tralles o Andros. En el norte de
Á frica tenem os otro testim onio de un evocatus hallado en C artenna (M auretania
C esariense), cuya presencia podría im plicar que tenía algún tipo de misión.
También hay dos evocati agrim ensores, uno fijando fronteras cerca de M actar en
la provincia de Á frica (ILS 5966) y otro (de servicio en la 111 A ugusta) realizando
una función sim ilar en N um idia entre 198-201 (AE 1946, 38). Los evocati
tam bién podían desarrollar toda una serie de labores adm inistrativas en apoyo
bien de m andos m ilitares o de funcionarios civiles. Finalm ente, hay que
m encionar a los evocati en servicio en la propia Rom a, donde solían ejercer como
especialistas en el entrenam iento de los soldados.
U n rango especial dentro de este grupo parece ser el de los m aioriarii,
de los que cabe la posibilidad que estuvieran relacionados con el abastecim iento
de trigo (ILS 2148 (=C1L 3.6775), CIL 6.3445, CIL 6.1611; CIL 6.3445; CIL
9.1095; CIL 9.3350; CIL 8.14691).

LA CABALLERÍA PRETORIANA

La Guardia contaba con un complemento de jinetes propios (equites


praetoriani) posición a la que sólo podía accederse tras haber cumplido cinco años
de servicio. Se agrupaban en turmae, subunidades de unos 30 hombres al mando de
un optio equitum. La caballería pretoriana se vio muy potenciada durante el s. III,

'· El 60% de los evocati conocidos (280) prestaban servicio en Italia; de ellos, los ascendidos a centurión
no representaban sino el 12’5% del total.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

pasando de tres turmas por cohorte a diez", con el incremento que eso supone en las
necesidades de alojamiento y abastecimientos necesarios para animales y soldados.
Es cierto que en estos momentos las cohortes pretorianas eran miliarias (a partir de
S. Severo), pero si se hubiera querido mantener la proporción de caballería respecto
a la etapa anterior el número de turmae se habría elevado a seis (el doble) y no a diez,
por lo que la potenciación y el reconocimiento de la creciente importancia de las
tropas montadas (sobre todo por cuestiones de movilidad) en esta época queda aquí
claramente de manifiesto12.
Entre cuatrocientos y mil pretorianos servían, por tanto, como jinetes.
Estaban inscritos en las centurias como el resto de los soldados y carecían de un
comandante, así como de los mandos propios de las unidades de caballería. Podían,
sin embargo, combatir como auténtica caballería, no limitándose a actuar como
ordenanzas, mensajeros o guardias de los oficiales pretorianos. Se ha atestiguado un
vexillarius equitum (portaestandarte), por lo que parece que su enseña era un
vexillum. Los servicios de los jinetes pretorianos en Roma eran muy variados; solían
ser empleados para comunicaciones urgentes, pues los soldados a caballo podían
abrirse paso con más facilidad que los infantes por las calles de la capital y veían más
lejos al estar subidos a una montura. Los jinetes pretorianos también tuvieron su parte
en los espectáculos públicos ofrecidos por los emperadores. Claudio los empleó junto
a los tribunos y el propio prefecto en una cacería de bestias africanas en el circo
(Suet., Cl. 21).

Jinetes de la Guardia. Relieve trajaneo reutilízado en el Arco de Constantino.

1Rankov defiende una reforma intermedia que habría elevado a cinco el número de turmae por cohorte
desde fines del s. I y durante el s. II [1994:8].
12 Este incremento a diez turmae podría incluso tomarse como evidencia de la existencia de cohortes de
1.500 hombres a partir det s. III, manteniendo así en la Guardia la proporción entre infantería y caballería
de las etapas anteriores. No obstante, estamos ante una hipótesis imposible de contrastar, por lo que a
nuestro juicio lo más prudente es seguir considerando a las cohortes de época severiana como miliarias.

31
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

SPECULATORES DE LA GUARDIA

La Guardia disponía durante el s. I d.C. de una sección de caballería de élite,


los speculatores Augusti, en número de unos trescientos y al mando desde época de
Nerón (54-68) de un trecenarius [DURRY 1938: 138-9; STUART 1906; contra
PASSERINI 1939: 94]. Tenían como función la de guardia de corps del emperador.
Esta unidad, no obstante, desapareció como tal a fines del s. I d.C. y sus miembros
se integraron en las cohortes y centurias pretorianas; su lugar fue ocupado por los
Equités Singulares Augusti.
El arma específica de esta subunidad era la lancea y entre sus cometidos
estaban escoltar al emperador a través de las atestadas calles de la capital, permanecer
junto a él en los banquetes e incluso acompañarlo en el campo de batalla. El nombre
de speculatores delata su origen: el reconocimiento era tan esencial para los jefes de
ejército romanos y tan arriesgado que su fuerza de reconocimiento se acabó
convirticndo en su guardia personal [SPEIDEL 1994: 33], Conocemos la lancea de
los speculatores a partir de un relieve funerario (AE 1955, 24); su larga asta termina
en un cabo apuntado y su punta corta, ancha y con forma de corazón posee una barra
que la cruza; ambos extremos por tanto estaban pensados para el control de las masas
[SPEIDEL 1994: 33]. Como muestra un pasaje de la vida de Galba (Suet., Galba 18),
uno de los principales cometidos de los speculatores era abrir camino al emperador
a través de las multitudes. El empleo de los no letales extremos inferiores de sus
lanzas para este cometido no era algo nuevo, pues siempre habían servido para
reforzar la disciplina; sólo cuando las cosas se fueran de las manos emplearían éstos
las afdadas puntas.
Desconocemos con exactitud el número de integrantes de esta unidad, pero
difícilmente habrían sido menos de trescientos [DURRY 1938: 138]. Esta cifra es
similar a la de la guardia a caballo de los pretores en campaña de época republicana
o a los excubitores (guardia de corps) del Imperio Tardío.
Un centurión exercitator era el encargado del entrenamiento de los
speculatores, con lo que sus cometidos no se habrían limitado a montar guardia en
palacio, llevar mensajes o proteger al emperador mientras cenaba. De hecho, tenemos
noticia de un eques speculator condecorado por su comportamiento en combate (AE
1954,162). Claramente sus habilidades en la monta, el combate, en labores de escolta
y desfile estaban a la altura de las de los equites singulares Augusti de los ss. II y III
d.C. Los speculatores de comienzos del s. I eran denominados Augusti; a partir de 23
d.C., cuando se construyeron los castra, estos soldados fueron plenamente
incorporados a las cohortes pretorianas; es a partir de entonces cuando pierden el
apelativo de Augusti, pues al ser soldados del pretorio se sobrentendía esta categoría.
La respuesta al por qué durante el s. I d.C. en las calles de Roma o en los
banquetes los emperadores eran guardados por los speculatores y no por los Germani
Corporis Custodes (guardia germana) seria que éstos evitaron oponer extranjeros a
los ciudadanos para no ser vistos como tiranos que descansaban en bárbaros sin
ningún tipo de miramientos. La elevación de Otón al poder muestra, por otra parte,
lo que unos pocos jinetes de la Guardia podían conseguir cuando servían como
policía de seguridad del emperador. Con los flavios siguieron siendo una guardia
especial imperial, pues dos diplomas de 73 (AE 1969/70, A2Q=RMD I, 1) y 76 (CIL

32
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

16.21=ILS 1993) los mencionan como unidad propia dentro del pretorio. Su traición
contra N erva en 97 les hizo perder ese papel de guardia de corps del emperador. En
la obra de Hygino sobre el campamento de un ejército en campaña, escrita quizás
bajo Trajano, los speculatores no se m encionan. Trajano parece haberlos
reemplazado con los hastiliarii, una escolta formada a partir de la nueva guardia de
Equites Singulares Augusti.

OTRAS UNIDADES ALOJADAS EN LOS CASTRA PRAETORIA

URBANICIANI

Este cuerpo militar fue creado por Augusto en 13 a.C. y su misión esencial
era el mantenimiento del orden público en la ciudad de Roma (Suet., Aug. 49). Parece
que en los años iniciales del Principado el hecho de que los pretorianos se hubieran
dedicado también a labores de orden público podría haber sido visto como símbolo
de tiranía [FREIS 1967; DURRY 1938: 16]; por ello, para mantener las formas y la
apariencia de una Respublica Restituta — una República “restaurada”— Augusto
optó por la creación de un nuevo cuerpo más vinculado al Senado que a la persona
del príncipe. De hecho, si Augusto hubiese querido mantener el orden público
mediante el empleo de la Guardia Pretoriana sólo tenía que haber incrementado el
número de cohortes de la misma, expediente no demasiado complicado pero que
podía haber tenido un alto coste político y de imagen [MENENDEZ 2000: 67].
El número de cohortes inicialmente creadas fue de tres, probablemente con
el fin de compensar las tres cohortes pretorianas con residencia permanente en la
capital antes de la construcción de los castra praetoria en 23 d.C. Proseguían la
numeración de las cohortes pretorianas, siendo por tanto denominadas X, XI y XII.
De hecho, según Keppie, la distinción entre pretorianos y urbanos bajo Augusto
podía no haber sido tan rígida como las fuentes posteriores indican. Se ha llegado a
plantear incluso que inicialmente las fuerzas pretorianas de Augusto habrían
ascendido a doce cohortes, de las que tres se habrían desgajado para formar una
fuerza de policía para la capital, pasando luego a denominarse cohortes urbanas
[RANKOV 1994: 5; KENNEDY 20002: 108], Sin embargo, es difícil explicar el
sueldo inferior o el menor montante en los donativos, por lo que esta separación
habría sido vista por los antiguos pretorianos como una degradación, algo a lo que
seguramente no habrían estado dispuestos de muy buen grado. Una posible
explicación la proporciona L. Keppie al afirmar que en un primer momento ambos
cuerpos tenían sueldos similares, pero que entre 6 y 14 d.C. sólo el de los pretorianos
se duplicó, dando lugar así a las diferencias reflejadas claramente en el testamento de
Augusto.
Estas nuevas unidades fueron probablemente organizadas como cohortes
quingenariae, con un tribuno como oficial al mando de cada una de ellas. Las
cohortes urbanas se articulaban internamente en centurias, cada una de ellas al mando
de un centurión. El conjunto del cuerpo dependía del Prefecto de Roma (Praefectus
Vrbi), cargo desempeñado por un senador de alto rango y cuya creación obedece
también a las reformas de Augusto. En la práctica, sin embargo, este cueipo militar

33
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

estaba también a las órdenes de los prefectos del pretorio; de hecho tenía su
alojamiento permanente junto a los pretorianos, con los que habrían desarrollado una
importante política de colaboración. Además, las áreas de reclutamiento para ambos
cuerpos eran, a decir de Tácito, similares, y en los diplomas de licénciamiento
conservados se menciona que tanto veteranos pretorianos como urbanos habían
servido in praetorio', es decir, a las órdenes de la Casa M ilitar del emperador. En el
s. Π esta dependencia del prefecto del pretorio pasó a ser orgánica. Además de las tres
cohortes de la capital se crearon olías que prestaron servicio en Ostia, Puteoli, Lyon
y Cartago, todos ellos puntos esenciales para los intereses de la capital.
El número de soldados por cohorte osciló entre los quinientos y los mil
durante los dos primeros siglos de nuestra era. Septimio Severo elevó su número a
mil quinientos. Durante la primera etapa de su existencia se acantonaron en el
campamento pretoriano, hasta la construcción de unos castra urbana que habría que
fechar a fines del s. II. Las diferencias con la Guardia eran palpables: veinte años de
servicio en lugar de dieciséis y 350 denarios de sueldo anual; pero, si bien quedaban
un escalón por debajo de ésta en cuanto a salario y condiciones de servicio, aun así
constituían un cuerpo más privilegiado que las legiones.

STATORES

Los statores Augusti constituían una especie de policía militar u ordenanzas


alojados también en el campamento de los pretorianos. Solían encargarse de los
arrestos y de la transmisión de mensajes. La unidad estaba dividida en centurias
(icenturiae statorum, CIL 6.1009), cada una de ellas al mando de un centurión (CIL
5.7257; AE 1933, 87; CIL 11.6224; CIL 11.395; CIL 11.5646; CIL 6.32709a; CIL
11.2112; CIL 6.1009) y reconocía como mando superior al prefecto del pretorio, de
ahí su denominación como numerus statorum praetorianorum (CIL 6.2954, 2955;
10.1766) [PARIBENI 1901], RI número total de soldados de la unidad no debía ser
demasiado importante, quizás dos o tres centurias. Su rango dentro de la guarnición
de Roma parece que los situaba por detrás de cohortes pretorianas y urbanas pero por
delante de los vigiles, tal como muestran algunas carreras de centuriones de la
guarnición de la capital (CIL (6.2794, 11.395, 11.2112, BCA 1899, 43) y una
dedicatoria que realizan al emperador los prefectos del pretorio junto a los
pretorianos, urbaniciani y statores, mencionados en último lugar (CIL 6.1009). Los
statores tenían cometidos situados muy por debajo de aquellos asignados a los
pretorianos o los urbanos, pero en relación a los vigiles tenían la ventaja de ser de
nacimiento libre y de depender directamente del emperador.
El origen de este cuerpo hay que conectarlo con las unidades de statores de
los gobernadores provinciales, grupo de ordenanzas de carácter 110 militar pero
armados para cumplir sus funciones como correos. Desconocemos con exactitud las
funciones que podían haber desempeñado los statores del emperador pero, tal como
afirma Paribeni, además de correos es probable que intervinieran también en los
arrestos [PARIBENI 1901], Sin duda habrían conservado junto al emperador oficios
análogos a los de sus homólogos republicanos, pues las funciones de guardia eran
cubiertas por los pretorianos, los Germani Corporis Custodes (hasta 69) o los Equites
Singulares Augusti (desde Trajano), y las de información por los frumentarii. Los
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

statores no tendrían grandes esperanzas de promocionar en la guarnición de Roma,


tal como muestran las inscripciones. Se trataba por tanto de un servicio relativamente
tranquilo pero desprovisto de futuro en la carrera de las armas.
A pesar de su carácter de milicia relativamente pacífica parece que los
statores estaban obligados a participar en las expediciones militares cuando en ellas
tomaba parte el emperador; Hygino, en su descripción del campamento de marcha,
los sitúa tras el pretorio (De Munit. 19). La paga no debía ser escasa, pues a partir de
las inscripciones observamos que podían mantener una familia e incluso tener
esclavos y libertos.

EL RESTO DE LA GUARNICIÓN DE ROMA

VIGILES

El cuerpo de vigiles estaba integrando por las tropas de menor rango de la


capital. De hecho incluso se permitía el acceso a los libertos, algo impensable en las
cohortes pretorianas o en las legiones. Fue organizado como unidad militar por
Augusto en 6 d.C. y tenían a su cargo la lucha contra los incendios y la vigilancia
nocturna en la capital [SABLAYROLLES 1996], Los vigiles se estructuraban en
siete cohortes de siete centurias cada una al mando de sus respectivos centuriones.
Las cohortes estaban mandadas por tribunos y el cuerpo por un Praefectus Vigilum;
con el tiempo se añadió un subprefecto para apoyar al mencionado prefecto en las
labores de dirección de la unidad.
Durante los dos primeros siglos de su existencia tuvieron una apariencia
poco marcial; como hemos visto, podían ingresar incluso los libertos, que recibían la
ciudadanía plena a los tres o seis años de servicio. Un cambio radical tuvo lugar
durante el principado de Septimio Severo (193-211). Este emperador dobló el
número de vigiles creando cohortes de mil soldados. Pasaron a ser considerados
además como auténticos militares y se convirtieron en un cuerpo muy ligado a la
nueva dinastía. A mediados del s. Iff, bajo Gordiano III (238-244), se produjo una
reforma en el alto mando de la unidad, apareciendo los curatores como rango por
debajo del subprefecto.

GERMANI CORPORIS CUSTODES

Esta unidad a caballo compuesta por germanos de la zona del Bajo Rin
(principalmente bátavos y libios) fue creada por Augusto y actuaba como guardia
inmediata del emperador. Su origen, no obstante, se remonta a César, que dispuso de
una guardia germana desde 52 a.C. hasta su muerte en 44 a.C.; esta guardia se acabó
uniendo a su heredero Octaviano durante las guerras civiles que se sucedieron
[SPEIDEL 1965], Su número oscilaba entre quinientos y mil hombres13 y fue

11 Josefo, para el reinado de Caligula (37-41) denomina a su jefe chiliarchos, término griego empleado
para denominar a un oficial al mando de mil soldados (Am. Jud. 19.1.15), lo que induciría a considerar
a los Germani como una unidad miliaria. Quizás Caligula incrementó el número de soldados de esta

35
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

temporalmente desmovilizada en 9 d.C. tras el desastre del bosque de Teutoburgo, en


el que perecieron a manos de los germanos las tres legiones (XVII, XVIII y XIX) y
sus correspondientes unidades auxiliares que mandaba Quinctilio Varo. No obstante,
fue recuperada para el servicio antes de 14 d.C. Augusto colocó su acuartelamiento
al norte del Tiber, lejos del foro y del Senado, contrapesando además la unidad de
germanos con un cuerpo de jinetes pretorianos plenamente romanos [SPEIDEL
1994: 17-8],
La principal preocupación de un emperador era su seguridad personal (salus
imperatoris), y por detrás estaba la fidelidad de sus ejércitos (fides exercituum). La
Guardia Germana a caballo, al igual que los pretorianos, respondía a ambas
necesidades, pues como guardias se encargaban de la seguridad del emperador y
como suboficiales y oficiales enviados a las fronteras favorecían la lealtad de las
tropas al príncipe al que debían su promoción [SPEIDEL 1994: 19]. Además, fueron
extraordinariam ente m im ados p o r los distintos em peradores julio-claudios,
conscientes de que su lealtad se vería más reforzada cuantas más prebendas
recibieran de su jefe (comportamiento típicamente mercenario). Parece incluso que
tras la gran conjuración de 65 Nerón les otorgó la ciudadanía como pago a su
fidelidad. A l ser una unidad montada se estructuraba en destacamentos (turmae),
cada uno de ellos al mando de un jefe con rango de decurión. El mando de la unidad
lo ejercía un curator germanorum. Los emperadores tenían absoluta libertad en el
nombramiento de los mandos para esta unidad de la Guardia, pudiendo incluso
encomendar ese cometido a elementos ajenos al ejército (gladiadores libertos) pero
totalmente fieles. Este cuerpo fue desmovilizado definitivamente por Galba en 69.

EQUITES SINGULARES AUGUSTI

Esta unidad montada debe su creación a Trajano (98-117) y venía a cubrir el


hueco dejado por los Germani desde su disolución en 69. Estaba compuesta por
jinetes procedentes de las alae de caballería auxiliar del ejército romano. A pesar de
ello es probable que disfrutaran de la ciudadanía como premio al servicio en un
cuerpo tan exclusivo del que dependía la vida del emperador. Su número inicial era
de quinientos jinetes, elevados más tarde al doble. La unidad, considerada como un
numerus, se estructuraba en turmae al mando de decuriones y estaba dirigida por un
tribuno, subordinado por supuesto a los prefectos del pretorio [SPEIDEL 1965],
Desde el punto de vista táctico los Equites Singulares Augusti, la clite de la clite de
la caballería romana, constituían para la Guardia Pretoriana lo que las alas de
caballería auxiliar para las legiones, en una imagen miniaturizada del propio ejército
imperial de la frontera [DURRY 1938: 34]. La propia Guardia poseía caballería,
como hemos visto, pero su número habría sido claramente insuficiente para
proporcionar apoyo en combate a diez cohortes. Durante el s. II los Equites
Singulares Augusti eran reclutados de entre las mismas tribus que los Germani,
asignándoles también los mismos cometidos: servicio como guardias de coips y
unidad de combate de élite.

unidad más allá de su fuerza original, lo que podría explicar la afirmación de Aurelio Víctor (De Caes.
3.15) de que Caligula enroló extranjeros y bárbaros en el ejército como soldados para reforzar su tiranía.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

El campamento de los Singulares (castra priora) se situaba en el Celio


[LEXICON 241], mucho más cerca del palacio que el anterior fuerte de los Germani.
Junto al campamento se situaba un campo de maniobras en el que los jinetes
desarrollaban sus ejercicios diarios. Además, las habilidades de combate de estos
soldados quedan fuera de toda duda al renovarse a partir de jinetes experimentados
que habían servido una media de cinco arios en un ala de frontera. Esta unidad
incluso consiguió sobrevivir a la purga que Severo realizó de la Guardia tras el
asesinato de Pértinax. Incluso se vio potenciada con la creación de un nuevo numerus
con un contingente similar y situado en un nuevo fuerte en el Laterano (castra nova),
relativamente cerca del anterior [LEXICON 248]; el mando de la nueva unidad
correspondía a otro tribuno. Esto elevaba el número total de jinetes de la Guardia a
Caballo a dos mil hombres altamente preparados y motivados; además, la presencia
de dos unidades en el mismo cuerpo llevaba a elevar la moral mediante el afán de
superación de ambas, método ampliamente aplicado en el ejército romano con muy
buenos resultados.
Los Equites Singulares Augusti estaban, sin embargo, un peldaño por debajo
de los pretorianos en prestigio y condiciones de servicio, no disponiendo de armas
gratuitas y debiendo hacer frente al pago y mantenimiento de sus monturas
[SPEIDEL 1994: 108-9]; para este último cometido existían curatores, rango
desconocido entre los pretorianos, que se encargaban de la gestión del cobro del
pienso de los caballos. La historia de esta unidad finaliza en 312, cuando Constantino
los licencia junto a los pretorianos por haber apoyado las aspiraciones de Majencio.

LEGIO II PARTHICA

La Legión II Parthica, al igual que sus gemelas I y III Parthicae, tiene su


origen en 196 [SMITH 19721 o 197 d.C. [FORNI 1953: 97], con motivo de la
prim era cam paña de Septim io Severo contra los partos (C asio D ión 55.24.4).

Casco de jinete de la Guardia


(pretoriano o singular).
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

El grueso de los reclutas de esta legión parece que estaba compuesto por tracios e
ilirios, si bien es probable que por tradición también contara con cierto número de
elementos itálicos [RODRÍGUEZ 2001: 101-2], Estas nuevas legiones elevaban el
número total de las mismas a treinta y tres (IL S 2288) con sus correspondientes
auxiliares, volumen de tropas nunca alcanzado durante los dos anteriores siglos de
existencia del Imperio [M ENÉNDEZ 2002], Cabe destacar que al mando de estas
tres legiones Severo situó a miembros del orden ecuestre con el rango de praefectus
legionis y no a legados senatoriales.
Las legiones I y III Parthicae quedaron como guarnición de la provincia de
Mesopotamia tras la segunda expedición de Severo en la zona; sin embargo, la II
Parthica acompañó al emperador de vuelta a Italia en 202, quedando acantonada en
los Castra Albana (a unos 15 km. de Roma) y generando vínculos muy estrechos con
la nueva Guardia Pretoriana surgida tras las reformas de Severo. Hay que tener
además en cuenta que ésta constituye una decisión sin precedentes, pues desde época
de Augusto en Italia no se había acantonado de forma permanente ninguna legión
(Casio Dión 55.24.4, 80.4.6; Herodiano 3.13.4). Además de servir como sustento de
la nueva dinastía, habría que considerar a esta legión acantonada en Italia, junto a la
Guardia, como el núcleo de un “ejército de reserva central” del cual el emperador
podía disponer a voluntad en caso de tener que acudir a cualquier punto amenazado
sin tener que desguarnecer peligrosamente de tropas otras fronteras [MENÉNDEZ
2003], En este sentido la II Parthica, al completo o mediante destacamentos
(vexillationes), participó en todas las grandes campañas del s. III.

RECLUTAMIENTO

A diferencia de los pretorianos de las guerras civiles, escogidos de entre


las mejores tropas de un ejército, los reclutas (tirones) que iban a servir en el
pretorio a partir de Augusto procedían directam ente de la vida civil14. El enganche
era com pletam ente voluntario y solía venir acom pañado de una carta de
recom endación para facilitar su aceptación. La edad a la que solía iniciarse el
servicio oscilaba entre los 17 y los 20 años. El recluta, además de un buen padrino,
debía contar con unas cualidades físicas nada desdeñables, buscándose una talla
media superior al metro setenta y cinco centímetros y una constitución física
adecuada. El recluta sufría antes de su aceptación definitiva un intenso
reconocimiento [probatio), que certificaba su validez para el servicio en un cuerpo
tan exclusivo y exigente com o era la Guardia Imperial. En este proceso no sólo se
examinaban las características físicas del aspirante, sino tam bién su situación
jurídica y la confirmación de su ciudadanía romana.
No parece que existiera un organismo encargado del reclutamiento, sino que
las incorporaciones a la Guardia dependerían de los prefectos del pretorio. El príncipe

14 Cabe la posibilidad de que la nueva política de reclutamiento en tiempo de paz se introdujera tras las
desmovilizaciones que siguieron a la batalla de Accio y el final de la guerra contra Antonio; otra fecha
posible es 25/24 a.C., fundación de Augusta Praetoria (Aosta), donde quedaron asentados una parte
importante de los pretorianos que habían servido a Augusto durante las guerras civiles.

38
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

podía participar circunstancialmente en las ceremonias de reclutamiento, pero no


sería algo habitual dadas las numerosas responsabilidades de gobierno a las que tenía
que hacer frente. Tampoco parecen haber existido días específicos para proceder al
reclutamiento de nuevos pretorianos, si bien los años de servicio empezaban a
computar a partir del 1 de marzo (fecha tradicional de inicio del nuevo año en el
mundo rom ano15), independientemente de la época en la que el pretoriano hubiera
sido reclutado.
Durante el s. II las incorporaciones a la Guardia también podían producirse
desde las cohortes urbanas después de tres años de servicio, tal como refleja una
conocida anécdota de Hadriano (117-138). El emperador, durante una sesión de
reclutamiento, pregunta a un voluntario dónde quiere servir, éste le contesta que en
el pretorio; el emperador le inquiere sobre su estatura, y tras la respuesta de 5 ’5 pies
(c. 1 ’65 m) le contesta que comenzará sirviendo en los urbani y que si a los tres años
de servicio ha demostrado ser un buen soldado pasará a los pretorianos (Corp.
Glossar. Latin. III, p. 3 l=Dositeo, Sententiae Hadriani II). Cabe la posibilidad que si
el voluntario hubiese sido más alto (sobre Γ 7 5 -Γ 8 0 ) hubiese pasado directamente al
servicio en la Guardia.
Durante los dos primeros siglos del Imperio el grueso de los reclutas
destinados a prestar servicio en la Guardia Pretoriana procedía de la Península
Italiana. Tácito afirma que los pretorianos para la época de Tiberio provenían de
Etruria, Unmbria, Lacio y las antiguas colonias romanas (Ann. 4.5). De hecho, era en
las cohortes pretorianas y urbanas donde se mantenía esencialmente la contribución
humana de Italia al esfuerzo militar del Imperio. Keppie ha calculado el número de
reclutas itálicos para el s. II en unos 15.000 soldados; es decir, el equivalente a tres
legiones [KEPPIE 2000']. Λ lo largo del s. I los pretorianos incluso acabaron
viéndose a sí mismos como el auténtico ejército romano (Tac., Hist. 2.21), visión que
se reforzó aún más durante el s. II16. Otras zonas de procedencia de los pretorianos
antes de la reforma de Severo eran Hispania (principalmente la Bética), Macedonia
y Nórico (Casio Dión 74.2.4). A partir de las evidencias epigráficas tenemos también
constancia de pretorianos procedentes de otras provincias, especialm ente
Narbonense, Panonia y Dalmacia; con todo, el porcentaje de provinciales admitidos
en la Guardia para los ss. I y II se mantiene muy bajo.
Tras las reformas de Septimio Severo el servicio en la Guardia se convierte
en un premio para los mejores soldados procedentes de las legiones de todo el
Imperio; hasta entonces el traslado de legionarios a la Guardia sólo se había
producido durante el breve período del reinado de Vitelio (69 d.C.). El grueso de
los pretorianos reclutados por Severo procedía de las legiones de la frontera
danubiana, aquéllas que habían contribuido a su elevación al poder. Como romanos
los legionarios reconocían la institución del beneficium (favor); recibir un
beneficium suponía que un individuo apreciara a su benefactor y estuviera en deuda

15El primero de enero era sólo la fecha de entrada en el cargo de los nuevos cónsules, aunque en fecha
tardía acabó imponiéndose como inicio del nuevo año.
16Un epitafio de fines del s. 11 especifica que el soldado fallecido al que conmemora había mandado
una centuria en una cohorte pretoriana y no “en una legión bárbara” (barbaricae legionis) (CIL
5.923=ILS 2671).

39
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

formal con él. Así pues, la elección para el servicio en la Guardia Pretoriana era un
beneficium muy apetecible para los legionarios de las fronteras, siendo además una
razón de peso adicional para mantenerse leal al emperador. Este sistema de
reclutamiento no era nuevo, sino que ya se aplicaba en los Ec/uites Singulares Augusti
desde la creación de esta unidad a comienzos del reinado de Trajano (ver supra)
[SPEIDEL 1994: 58], El sistema de elevar a la Guardia Imperial a Caballo a los
mejores jinetes de las alae de frontera se había mostrado tan válido que acabó
aplicándose en el reclutamiento de los componentes del buque insignia del ejército
romano, la Guardia Pretoriana. La promoción a la Guardia Pretoriana era entendida
además como la mejor condecoración posible, pues a partir de Severo los dona
militaría17 comienzan a caer en desuso, aplicándose la elevación a la Guardia como
premio a los mejores legionarios. Con todo, éstos debían haber servido al menos
cuatro o cinco años en su legión de procedencia.
Otro de los beneficios añadidos de nombrar pretorianos a partir de las
legiones de las fronteras lo constituía el hecho de que éstos actuaban en cierta medida
como representantes de sus unidades de origen, erigiéndose en la voz del ejército
fronterizo en la capital del Imperio. De este modo, la Guardia, al permitir al
emperador conocer las inquietudes de las tropas legionarias de las fronteras, actuaba
como nexo entre el príncipe y sus soldados.
Durante el s. III, por tanto, los legionarios podían proceder de cualquier
legión del ejército. Sin embargo, en la práctica, las áreas con mayor aportación de
pretorianos fueron las provincias fronterizas que bordeaban el Danubio.
Se ha calculado que hasta fines del s. II la media de incorporaciones a la
Guardia sería de unos trescientos, sin fecha fija. Por el contrario, los licénciamientos
hasta las reformas de Severo sólo se producían cada dos años, concretamente en las
fechas pares de nuestro cómputo moderno; así se refleja con claridad en los
denominados laterculi praetorianiorum, listados de pretorianos licenciados que
erigían un altar para conmemorar el hecho. De este modo los pretorianos enrolados
en un año impar cumplían diecisiete años de servicio. Con todo, cuando los
pretorianos se incorporaban a alguna campaña las licencias se suspendían. Marco
Aurelio (161-180), inmerso en las guerras marcománicas en el área del Danubio, no
concedió licénciamientos a los pretorianos entre 166 y 170; este hecho se refleja
claramente en la inscripción CIL 6.32522 ( 172 d.C.), en la que se procede a licenciar
a cuatro promociones. Queda meridianamente clara de esta forma la profunda
implicación de la Guardia en las campañas germánicas de este emperador, así como
las bajas sufridas, reflejadas en el exiguo número de pretorianos supervivientes de
cada centuria, muchos de ellos además condecorados.
M ás difícil de establecer es el servicio de los pretorianos durante el s. III,
debido a las características propias del período; en teoría, no obstante, se mantendrían
las condiciones precedentes de dieciséis/diecisiete años, si bien las circunstancias de
la época así como los años de servicio previos en las legiones hacen imposible
establecer un período definido.

'' Las condecoraciones propias del ejército romano durante los dos primeros siglos del Imperio eran
torques (collares), armillae (brazaletes), phalerae (medallones pectorales), coronae (coronas de
distintos tipos) y hastae (lanzas), todas ellas realizadas en metales preciosos.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

A los soldados del pretorio se les otorgaba a su retiro un diploma, al igual


que a las unidades auxiliares del ejército, a los urbaniciani, a los Equites Singulares
Augusti o a los marineros. En los diplomas pretorianos se les reconocía el derecho a
un matrimonio legal incluso con mujeres peregrinas (no ciudadanas), de forma que
sus hijos fueran ciudadanos romanos (ver infra). Estos derechos eran concedidos a
partir de una constitución emanada del emperador, que se hacía pública colocando
una copia en el foro; cada soldado recibía una copia con su nombre en un documento
de bronce por duplicado y sellado para poder cotejar su autenticidad en caso de duda.

Diploma de pretoriano
(Museo de Weissenburg)

La constitución imperial se renovaba para cada licénciamiento. La Guardia comenzó


a recibir este tipo de diplomas bajo Vespasiano (el primero atestiguado data de 76
d.C.) y su formato se mantuvo muy similar hasta la desaparición del cuerpo. Incluso
tras las reformas de Severo, cuando se permiten las uniones legales de los soldados
en activo y se dejan de entregar los diplomas, los pretorianos los siguen recibiendo y
en las mismas condiciones que en la época precedente, mostrando así su carácter de
unidad de élite.

CONDICIONES DE SERVICIO

Los pretorianos siempre constituyeron un cuerpo selecto y privilegiado. Por


una parte, sus condiciones de servicio no eran ni remotamente comparables a las de

41
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

los legionarios de las fronteras. Entre otras ventajas disfrutaban, como hemos visto,
de la licencia tras sólo dieciséis años de servicio — período establecido por Augusto
a partir de 5 d.C. (Casio Dión 55.23.1)— , su paga era triple de la de los legionarios18,
recibían donativos con más frecuencia que las legiones, servían en la capital,
guardaban y protegían al propio em perador y disfrutaban de prem ios de
licénciamiento mucho mayores. A todo ello habría que unir las ventajas en el ámbito
de la justicia, como el privilegio de ser procesados en el interior de su campamento,
gozar de juicios más rápidos cuando ellos actuaban como demandantes, así como la
posibilidad de hacer testamento en vida de sus padres (Juvenal, Satira XVI)
[CLARK 1988]. N o obstante, la selección de aspirantes era bastante exigente. Por
m uy mala prensa que puedan tener en las fuentes, sus delicadas funciones de
protección no podían ser ejercidas por individuos inadecuados.
Los pretorianos en servicio siempre tuvieron vedada la posibilidad de
contraer matrimonio legal. Esta normativa, vigente en todo el ejército romano
durante los dos primeros siglos del Imperio, se vio modificada por las actuaciones
de Severo [SM ITH 1972], que permitió el matrimonio legal a los legionarios. Sin
embargo, en la Guardia Pretoriana, como adelantamos al hablar de los diplomas,
siguió vigente la prohibición de contraer lazos matrimoniales, como muestra del
carácter absolutamente de élite de este cuerpo. Los emperadores no podían
permitirse ningún tipo de lealtad alternativa que pudiera incidir en el desarrollo de
las delicadas funciones de protección desempeñadas por estos soldados.
El porcentaje de pretorianos que culminaba su servicio y pasaba a la vida
civil se ha estimado en un 54% aproximadamente. N o se disponen de datos
estadísticos por lo que estas cifras hay que tomarlas con mucha precaución. En estas
estimaciones no se incluyen los pretorianos que continuaban su servicio en el
ejército iniciando una más o menos exitosa carrera de ascensos. De este modo, los
pretorianos licenciados tras dieciséis/diecisiete años se reincorporaban a la vida civil
a una edad que rondaría los 35 años, en unas condiciones físicas envidiables
derivadas de los ejercicios cotidianos y las maniobras periódicas. Todo ello supone
que habrían sido elementos socialmente muy activos allí donde hubiesen decidido
vivir su retiro.
A lo anterior habría que unir además el prestigio y los beneficios propios de
su condición de ex miembro de la Guardia Imperial. Tras su honesta missio o
licénciamiento honorable el pretoriano recibía los ahorros depositados bajo los
estandartes de su unidad (seposita) y acumulados durante toda su carrera a partir de
los sueldos (stipendia) y donativos im periales extraordinarios. Además de ello
recibía el conocido como praem ium m ilitiae, compensación que percibían todos los
soldados ciudadanos tras concluir su relación con el ejército y que en el caso de los
pretorianos era bastante superior al del resto de unidades ciudadanas que lo
integraban (legionarios, cohortes urbanas).
En un prim er mom ento el prem io de licénciam iento solía abonarse en
tierras mediante la fundación o no de colonias; sin embargo, desde 14 a.C. los

" Algo que, no obstante, hay que poner también en relación con su lugar de acantonamiento, pues el
coste de la vida en Roma no era comparable con el de las áreas de frontera donde se alojaban las
legiones.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

repartos agrarios tanto en Italia como en el resto de las provincias fueron más
discontinuos, y en 13 a.C. Augusto estableció una com pensación en efectivo
como único beneficio tras el licénciam iento. En 6 d.C. se establecieron los
m ontantes en 12.000 HS (=3.000 dn.) para los legionarios y 20.000 HS (=5.000
dn.) para los pretorianos (Casio Dión 55.23.1). El encargado de abonar estos
prem ios de licénciam iento era el erario m ilitar (aerarium m ilitare), establecido
ese m ism o año y nutrido m ediante un im puesto sobre las herencias (vigésima
hereditatum ) (Casio Dión 55.25.1-3). Con todo, parece que la práctica de los
repartos de tierra no se abandonó totalm ente, y así tenem os noticias a lo largo del
s. I d.C. de asentam ientos de veteranos pretorianos en m unicipios o colonias
fundadas o refundadas por em peradores de este período en Italia [KEPPIE 20003;
PASSERINI 1939: 129], Es el caso de Iulium Carnieum (A lpes orientales)
durante el reinado de Claudio, Velitrae y A nzio bajo N erón, y Reate bajo
Vespasiano. H ay que m encionar en este punto que las tierras que recibían los
pretorianos como prem io de licénciam iento estaban libres de im puestos, tal como
refleja un diplom a de época flavia (CIL 16.25=AE 1891, 153) perteneciente a un
pretoriano de C lunia que sirvió en la IT C ohorte. En él se m enciona que las tierras
y posesiones de los pretorianos otorgadas p or el em perador estaban exentas de la
obligación de tributar19.
La epigrafía nos m uestra que los soldados de la G uardia durante los dos
prim eros siglos del Im perio eran a m enudo m iembros de fam ilias relativam ente
acom odadas en sus com unidades de origen. La explicación la tenem os en las
im portantes expectativas de hacer carrera que se abrían en el pretorio para los
más capaces, infinitam ente superiores a las que ofrecían los cargos municipales
en Italia o en las provincias. Este hecho explica tam bién en parte el prestigio del
que gozaban los veteranos del pretorio en su patria o en la ciudad a la que se
retiraban.

19“Hoc quoque iis [los pretorianos] tribuo ut quos agros a me accederint quasve res possederunt. . sint
immimes

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CAPÍTULO II

LOS PREFECTOS DEL PRETORIO

A ugusto, ya consolidado su poder de manera definitiva tras veinticinco


años de gobierno en solitario, eligió para m andar a la nueva Guardia Pretoriana a
dos prefectos del pretorio. Este nom bram iento puede estar relacionado con la
concentración progresiva de unidades pretorianas en la capital del Imperio.
Cuando estaban separadas y acantonadas en lugares diferentes, las cohortes
tendrían en sus respectivos tribunos a sus comandantes; cuando se fueron
concentrando en Roma, el mando pasó al príncipe, que al no poder ejercerlo de
forma perm anente debido a sus amplias obligaciones gubernam entales delegó en
oficiales de rango superior a los tribunos: los prefectos del pretorio.
La colegialidad de los prefectos puede que tuviera una intención
em inentem ente práctica desde el principio; según Dessau, en un prim er momento
al estar los pretorianos acantonados en Roma y los alrededores, un prefecto se
encargaría de las cohortes de la ciudad (tres en un prim er mom ento), mientras el
otro tendría a su cargo el mando de las dem ás [DESSAU 1924: 1, 257]. Otra
ventaja añadida era que cada uno habría actuado como contrapeso del poder de su
colega. La dualidad del rango posibilitaba tam bién que la prefectura aceptara más
responsabilidades, pues dos oficiales podían hacer más trabajo que uno solo; de
hecho, fue en esta institución en la que los emperadores delegaron el grueso del
incremento de su poder desde los inicios del Im perio [IIOW E 1942: 17]; este
proceso se vio favorecido por el hecho de que sus com petencias no se limitaran a
la ciudad de Roma. Una última posibilidad es que Augusto nombrase dos
prefectos del pretorio para no dar una sensación de violación excesiva de la
tradición, pues la norm a dentro de las m agistraturas rom anas era la colegialidad
de los individuos llam ados a desem peñarlas [PASSERINI 1939: 220].
En estos m om entos (2 a.C.) los prefectos desem peñaban esencialm ente
un cargo militar, con su correspondiente vertiente adm inistrativa relacionada con
la gestión del C uartel General Im perial (Praetorium ); no obstante, el poder que
les otorgaba el control de la principal fuerza m ilitar acantonada en la capital del
Im perio suponía que sólo fueran nom brados para este puesto estrechos
colaboradores del emperador. D urante los ss. I y II d.C. los prefectos del pretorio
continuaron siendo, según la teoría legal, los representantes del príncipe ante su
guardia personal; el em perador seguía detentando el mando supremo de los
pretorianos, pero lo ejercía a través de los prefectos [PASSERINI 1939: 216;
A BSIL 1997: 16]. C on todo, sus poderes y atribuciones sufrieron una profunda
evolución, hasta convertirse a fines del s. II en la segunda figura m ás poderosa
del Im perio, llegando algunos de ellos a gobernar como validos e incluso a la
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

púrpura im perial durante el s. III, período culm inante de este rango (Herodiano
5.1.2).
La influencia de los prefectos creció hasta tal punto que llegaron a recibir el
título de vir eminentissimus para denotar su posición, si bien seguían perteneciendo
durante el desempeño de su cargo al orden ecuestre.
Parece que la gran evolución en las competencias de los prefectos se produjo
durante la dinastía Flavia (69-96). A partir de este período los prefectos del pretorio
figuran en el Estado M ayor general de los emperadores y comienzan a mandar tropas
más allá de Italia. Esta evolución queda confirmada a través de varias referencias de
Aurelio V íctor y Juan Lidio, que insisten en que hasta el gobierno de Vespasiano (69-
79), la prefectura del pretorio tenía pocas prerrogativas, siendo a partir de Tito (79-
81) (Aurelio Víctor) y de Cornelio Fusco, prefecto de Domiciano (81-96) (según
Lidio), cuando se refuerza y modifica en profundidad la autoridad de los prefectos.
Aun así, el hecho de que Vespasiano nombrara como prefecto a su hijo Tito al llegar
al poder era un índice claro de la influencia de la que gozaban los prefectos del
pretorio a mediados del s. I. Por otra parte, era más sencilla la delegación de parcelas
de poder en un miembro de la familia, como era Tito, que en cualquier otra persona
por m uy cercana que estuviera a la nueva dinastía. De este modo, Tito ejerció la
prefectura del pretorio durante ocho años antes de llegar al poder en 79, sucediendo
a su padre, y legó a sus sucesores una prefectura del pretorio ampliamente reforzada
con respecto al período precedente.

LOS PODERES DE LOS PREFECTOS DEL PRETORIO

PODERES MILITARES

En contra de lo que pudiera parecer, las atribuciones militares de los


prefectos no son del todo bien conocidas. El mando de la Guardia 110 significa que no
pudieran mandar otras tropas, y a partir de Domiciano los vemos incluso a la cabeza
de ejércitos completos. Algunos autores afirman que tales mandos serían encargos
especiales para campañas concretas [HOW E 1942: 21j; sin embargo, Zósimo
(2.32.2) parece tratarlos como atribuciones propias de una especie de ministerio de la
guerra. Esta práctica de conceder a los prefectos del pretorio mandos militares
operacionales continuó durante la dinastía de los Antoninos (96-192). De hecho, a
fines del s. II Tarrunteno Paterno, famoso por su labor legislativa al frente de la
prefectura, logró una gran victoria en el frente danubiano (179). Esta campaña
constituye un claro ejemplo de cómo las atribuciones legislativas de este prefecto no
limitaron sus intervenciones militares al frente de tropas romanas.
El mando de los prefectos del pretorio parece que se extendía a todas las
unidades acantonadas en Roma e Italia (Casio Dión 52.24), al menos durante el s. 111.
Toda una serie de evidencias parece probar esta supremacía. Durante el reinado de
Tiberio un incendio estaba destruyendo una parte de la capital; los vigiles,
desbordados por las llamas, no podían hacerle frente, por lo que el Prefecto Sejano
envió un contingente de pretorianos que consiguieron salvar no pocos monumentos.
Debió existir probablemente una coordinación entre ambos cuerpos y el prefecto del

46
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

pretorio habría gozado de cierta autoridad sobre el alto mando de los vigiles. En una
inscripción hallada en Roma y fechada en 140 d.C. (ILS 2012=CIL 6.1009), los
prefectos Gavio M áximo y Petronio Mamertino aparecen mencionados a la cabeza
de todas las tropas estacionadas en la capital. A partir de ella se puede establecer
claramente la superioridad jerárquica de los prefectos sobre los comandantes de las
demás unidades de la capital. Sin embargo, M. Absil considera, siguiendo a Passerini
[1939: 226-233], que esta evidencia no sería definitiva y que los prefectos del
pretorio podían haberse colocado a la cabeza de la inscripción simplemente porque
eran jerárquicamente los más importantes [ABSIL 1997: 60], El argumento, con
todo, no nos parece convincente, pues en dicho epígrafe no aparecen mencionados
los comandantes en jefe de los otros cuerpos de tropas, sino sólo tribunos y
centuriones.
El papel de los prefectos en la política m ilitar del Imperio se fue
incrementando progresivamente. El punto de inflexión parece que puede situarse en
el turbulento año 69, momento en el que los prefectos recibieron por primera vez
mandos de tropas legionarias. Este nuevo aspecto del poder de los prefectos, a partir
de la dirección de operaciones militares por delegación de Otón y Vitelio, realzó las
funciones iniciales consistentes en la protección del emperador y su familia. En 86
d.C. Domiciano concedió a Cornelio Fusco la dirección de la segunda expedición
contra los dacios. La decisión de Domiciano parece que estuvo dictada por el
prestigio del prefecto (que fue uno de los grandes artífices de la subida al poder de
Vespasiano) y por su conocimiento del terreno (había sido procurador en Tliria), no
por una tradición legal [ABSIL 1997: 61]. El reinado de Marco Aurelio (161-180)
supuso el inicio de las incursiones bárbaras contra el Imperio. Esto llevó a la
necesidad de recurrir a todas las tropas y de comandantes capaces para dirigir las
operaciones. De este modo, el Prefecto T. Furio Victorino a partir de 162 acompañó
a Lucio Vero a Oriente para ayudarle en la dirección de la guerra contra los partos.
El prefecto murió en 167-168 en Oriente víctima de la peste. Los prefectos que le
sucedieron, Basseo Rufo y Macrinio Víndice, tomaron parte también en expediciones
militares; de hecho, Víndice murió en 172 en el curso de la guerra contra los
marcomanos. De esta forma podemos observar cómo Marco Aurelio confió la
dirección de ciertas expediciones a sus prefectos del pretorio, que vieron sus poderes
transformarse. En ese mismo reinado Tarruntcno Paterno recibió el mando de un
cuerpo de ejército para atacar a los escitas, mientras Marco Aurelio dirigía otras
unidades.
De esta forma la influencia militar de los prefectos había ido desbordando
las fronteras de la península italiana extendiéndose a nivel de todo el Imperio (Casio
Dión 72.9.3). La carrera de Perennis, prefecto de Cómmodo (180-192), confirma esta
influencia al disponer a su antojo de los nombramientos de mandos legionarios. Era
como prefecto del pretorio y representante del emperador como Perennis ejercía su
poder sobre los ejércitos romanos actuando como su comandante en jefe, y así
aparece denominado por Casio Dión. Como hemos visto más arriba, en principio ésta
habría sido una delegación extraordinaria para situación de guerra, pero la medida
parece que tuvo continuidad a lo largo del s. III. El emperador, no obstante, continuó
siendo el comandante en jefe de todos los ejércitos romanos y los dirigía en combate
siempre que deseaba tom ar parte personalmente en la campaña. Por el contrario,

47
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

cuando no hallaba conveniente dirigir a las tropas por sí misino o cuando su


juventud o inexperiencia convertían su propio mando en poco fiable, era casi
siempre el prefecto del pretorio el que aparecía com o generalísimo. Los prefectos
actuaban, por tanto, como “vicerregentes” m ilitares siempre que eran requeridos
por el emperador.
A fines del s. III y comienzos del s. IV, los prefectos del pretorio
continuaron detentando importantes m andos en campaña. Tales fueron los casos de
Asclepiodoto en 296 d.C., enviado a Britania contra el usurpador Allecto; de Rufio
Volusiano, enviado a África contra L. D omicio A lejandro, sublevado contra
Majencio; o de Ruricio Pompeyano, destacado por este mismo emperador en 312
para afrontar las tropas de Constantino que habían entrado en Italia. De hecho,
Ruricio Pom peyano parece que fue elegido p or M ajencio gracias a sus amplios
conocimientos militares {Pan. Lat. 10.25.4) con el objetivo de frenar los avances
de Constantino y preparar además una adecuada defensa m ilitar de Italia.
Por todo ello no podemos caer en la minim ización de los poderes militares
de los prefectos del pretorio, que continuaron detentando hasta la abolición de la
Guardia pretoriana por Constantino y su conversión en funcionarios civiles. Sólo
hay que fijarse en que en la mayoría de las ocasiones los hombres designados para
la prefectura del pretorio solían ser militares experimentados, cuyas carreras
previas les habrían preparado adecuadam ente para ju g ar en este ámbito un papel
importante al lado del emperador.
Por lo que respecta a la autoridad de los prefectos dentro de la Guardia,
sabemos que Sejano nombraba personalmente a los tribunos y centuriones de la
unidad. Aun así, desconocem os si esta era la norm a o emanaba de la propia fuerte
personalidad de este prefecto. Podemos suponer que los prefectos del pretorio
tenían un cierto derecho en las designaciones de los pretorianos — o en todo caso
de sus m andos— , pero no cabe pensar en la nominación directa, pues los diplomas
militares pretorianos dejan bien a las claras que es el emperador el jefe directo y
supremo de los soldados de la Guardia. Con todo, es bastante interesante una
inscripción {AE 1916, 47) en la que parece haber un enrolamiento directo por parte
de dos prefectos de Marco Aurelio mediante la fórmula: '‘‘'factus miles p er Furium
Victorimtm et Cornelium Repentinum”; seguramente el día del enganche de este
pretoriano los prefectos estarían presentes en la probatio, lo que puede haber sido
visto por el soldado como un honor añadido a su entrada en servicio en el pretorio.
Otro texto nos informa que el nombramiento de pretorianos dependía en última
instancia del emperador (Dositeo, Sent. Hadr. II); no parece sin embargo probable
que el príncipe se dedicara a estas labores de reclutamiento de forma muy exhaustiva,
si bien ello dependería de cada emperador. Quizás en determinadas ocasiones el
emperador participara en la probatio, que por regla general quedaría en manos de los
oficiales pretorianos, limitándose aquel a dar su visto bueno. En este texto, además,
se muestra claramente cómo las cohortes urbanas estaban integradas dentro del
esquema general de la guarnición de Roma, pues el emperador envía al aspirante a
los urbaniciani, con una posibilidad de ascenso futuro a la Guardia pretoriana si se
mostraba merecedor de tal honor. Si a pretorianos y urbanos unimos a los Equites
Singulares Augusti vemos las dificultades que habría tenido el emperador para
implicarse demasiado en los procesos de reclutamiento. Seguramente el emperador

48
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

pusiera un extremo cuidado en la elección de su guardia personal inmediata,


delegando el resto de sus funciones en los prefectos del pretorio y tribunos, que para
eso estaban.

PODERES JUDICIALES

En lo que respecta a la actividad judicial, los prefectos de pretorio


intervienen en una serie de causas públicas casi desde comienzos del principado,
todas ellas relacionadas con la defensa de la institución imperial. Según M. Absil,
ésta sería una prueba clara de que los prefectos desde su creación se vieron
encargados de proteger al emperador y su familia en sentido amplio, no limitándose
al aspecto militar, sino orientado a todas las facetas posibles [ABSIL 1997: 67]. Por
el contrario, la participación en procesos privados fue casi inexistente. No obstante,
los distintos emperadores fijaron las modalidades prácticas de las atribuciones
judiciales de los prefectos del pretorio, tendiendo a descargarlos de cierto número de
causas y tomándolos como asesores en los asuntos complicados.
Las actuaciones de Elio Sejano y luego de Macrón muestran cómo desde
fines del reinado de Tiberio (14-37) los prefectos del pretorio se vieron confiar
misiones judiciales oficiales: concretamente la guardia y el interrogatorio de los
sospechosos inculpados de crímenes contra la seguridad del Estado (Maiestas). La
cuestión de la personalidad de los emperadores o de los prefectos durante el s. I d.C.
parece no ser un elemento determinante, pues vemos a los prefectos ejercer estas
actividades prácticamente bajo todos los príncipes del período; en este sentido, habría
que considerarlas como atribuciones judiciales stricto sensu y no como misiones
particulares. De este modo, vemos como el prefecto del pretorio era comisionado por
el emperador para arrestar, custodiar y establecer el dossier de los individuos
sospechosos de actividades subversivas contra el Estado. Para el s. I no poseemos
ninguna mención de la participación de los prefectos del pretorio en procesos
privados, lo que corroboraría el origen militar de las atribuciones judiciales de los
prefectos.
Un punto de inflexión parece ostensible con los flavios; los emperadores de
esta dinastía habrían sido conscientes del peligro potencial que podían representar los
prefectos del pretorio y sus tropas tras los acontecimientos de 68-69 [ABSIL 1997:
16], Intentaron así desplazarlos progresivamente de su función primaria, que
consistía en mantener la seguridad inmediata del emperador y su familia, iniciando
un proceso de desarrollo que volcaría este cargo hacia la administración de justicia,
la administración general y la dirección global de las tropas del Imperio; todo ello por
supuesto, sin descuidar el mando de los pretorianos. Para iniciar esta nueva etapa,
nada mejor que acometer la reforma con el hijo del nuevo emperador al frente de la
prefectura (Tito).
Durante el s. II, los prefectos continuaron encargándose de los procesos
contra la seguridad del Estado, pero su papel evolucionó y participaban cada vez más
activamente en los mismos. En este período, también se encargaron, por delegación
del emperador, de las apelaciones relacionadas con decisiones emanadas de los
gobernadores de provincia. Incluso se produjo su inclusión definitiva en el Consilium
Principis, donde se sentaban en calidad de jueces o incluso en calidad de presidentes

-19
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

del jurado representando al emperador. El Consilium Principis (o Consejo Imperial)


tomó forma oficial bajo Hadriano (117-138). Sus orígenes, sin embargo, se remontan
como consejo asesor a Tiberio e incluso a Augusto, pues la tradición romana exigía
que todo magistrado se hiciera ayudar por un grupo de amigos o de conocidos a la
hora de tomar decisiones importantes. De esta forma, encontramos prefectos del
pretorio en el Consejo bajo Tiberio, Claudio, Nerón, Domiciano, Hadriano, Antonino
Pío, Marco Aurelio y Cómmodo. Por contra, ciertos emperadores se abstuvieron de
convocar a los prefectos a las reuniones de este órgano: Augusto, Caligula, Galba,
Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito, Nerva y Trajano. Parece que durante el s. II los
prefectos no eran miembros permanentes de este consejo judicial, pues bajo Hadriano
y Marco Aurelio sabemos que no eran convocados para juzgar causas en las que
estaban implicados senadores.
En relación a los procesos privados poseemos muy poca información;
parece que salvo casos excepcionales los prefectos no se ocupaban de cuestiones
civiles complejas. Además, estos asuntos interesaban menos a los emperadores y
prefectos, pues no tenían ninguna im plicación política, siendo generalmente
conflictos entre particulares que no afectaban a la vida pública.
Además de sus poderes judiciales, el prefecto del pretorio tenía otras
atribuciones de tipo civil, muy potencias desde fines del s. II [H O W E 1942: 38]:
Representaba al emperador en el castigo de los miembros del servicio civil imperial
y de los oficiales provinciales que no desempeñaban correctamente su labor (Casio
Dión 54.24.4); mantenía en custodia personas enviadas a Roma a la espera de juicio;
y, bajo Maximino (235-238), se les otorgó la capacidad de dar ordenanzas generales
siempre que no modificasen las leyes en vigor. Estas son las atribuciones que
conocemos, pero cabe la posibilidad de que sus poderes a nivel civil fuesen mucho
más amplios.

PODERES POLÍTICOS

La influencia política de los prefectos del pretorio desde los comienzos de la


historia del cargo puede calificarse de bastante elevada; participaron desde muy
pronto en los procesos de nominación o ratificación imperial y se convirtieron en
elementos esenciales dentro del juego político de la capital. De hecho, puede
afirmarse que la designación de un emperador solía estar ligada a su aceptación por
los pretorianos (previo visto bueno de los prefectos); el proceso era el siguiente:
presentación del candidato a los pretorianos, reunión del Senado, presentación al
pueblo y finalmente, anuncio a los ejércitos de las provincias [ABSIL 1997: 86],
La prefectura de Elio Sejano (14-31 d.C.) constituye un momento clave en
la evolución de la prefectura del pretorio. Puede decirse que éste fue el primer
prefecto que, en parte favorecido por la pasividad de Tiberio, descubrió el potencial
del cargo, planteándose incluso una posible revolución palaciega que le hubiera
acabado colocando al frente de los destinos del Imperio. El proceso de acumulación
de autoridad por parte de Sejano se inició desde muy pronto y a él se debió la
concentración de todos los pretorianos en un solo campamento a las afueras de Roma
(castra praetoria, 23 d.C.), incrementando mediante esta actuación su poder fáctico
de forma exponencial.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Como hemos mencionado más arriba, la actitud de los prefectos contribuyó


en no pocas ocasiones de forma decisiva a sustentar la nominación de un emperador.
Ya en la primera sucesión, la de Tiberio, los prefectos del pretorio fueron los
segundos en prestar juramento inmediatamente tras los cónsules. En 37 d.C. Sutorio
M acrón tomó partido por Caligula, consiguiéndole el apoyo de los pretorianos. En 41
d.C. fue el Prefecto Arreeino Clemente, en connivencia con los propios pretorianos,
quien eligió a Claudio como emperador. En ambos casos el Senado se rindió a la
evidencia de los hechos consumados. Más adelante, Agripina, para asegurar que la
sucesión de Claudio recayera sobre Nerón, se ganó a los pretorianos mediante el
nombramiento de Afranio Burro como prefecto; de hecho, tras la muerte de Claudio
Nerón fue presentado y aclamado ante la cohorte de guardia en palacio, siendo luego
trasladado a los castra. Durante el remado de Nerón Agripina llegó a amenazarlo con
presentar a Británico (hijo legítimo de Claudio y Mesalina) a los pretorianos. La
amenaza trajo aparejada la perdición para Agripina y Británico, pues Nerón prefirió
arrostrar cierta pérdida de imagen como matricida y fratricida antes que arriesgarse a
una posible sublevación pretoriana con Británico al frente como alternativa de poder.
Este último episodio muestra además la poca autoridad del Senado en las sucesiones
al poder.
Pocos años después, Tigelino, al ver perdida la causa de Nerón, se declaró
por Galba, que se había sublevado en la Hispania Tarraconense. Ninfidio Sabino
también defendió la candidatura de Galba, pero trabajando en secreto para postularse
a sí mismo como candidato al imperio. Los pretorianos no secundaron esas
aspiraciones y acabaron eliminándolo. Por su parte, Tigelino, ya como simple
particular, apoyó a Otón ante los pretorianos, constituyendo su influencia un
elemento nada despreciable a la hora de hacer triunfar la rebelión contra Galba. En
98 d.C. los dos prefectos del pretorio de Domiciano participaron en la conspiración
que acabó con la vida de este emperador, defendiendo a continuación la nominación
de Nerva.
Durante el s. II la influencia de los prefectos, sin disminuir, se nos aparece
como algo más atenuada, situación favorecida sin duda por el clima de estabilidad
institucional que presidió la vida política del Imperio. En su lecho de muerte
Antonino Pío encomendó a Marco Aurelio a los prefectos del pretorio, con lo que
asistimos a la oficialización definitiva de la influencia de los prefectos en la
designación de los emperadores. Podemos considerar que progresivamente el
acuerdo de los prefectos fue constituyendo un requisito necesario y era demandado
automáticamente. Al igual que en el caso de su predecesor, Marco Aurelio
recomendó a su hijo Cómmodo a su Prefecto Tarrunteno Paterno. En 198 el Prefecto
Q. Emilio Leto asesinó a Cómmodo y le reemplazó por Pértinax; pero indispuesto
con el nuevo emperador acabó ordenando a los pretorianos su asesinato, y éstos
terminaron subastando el Imperio y adjudicándolo al candidato que había prometido
el donativo más importante, Didio Juliano.
Durante el s. III la influencia política y a todos los niveles en general de los
prefectos del pretorio, como hemos ido viendo a lo largo del presente capítulo, no
hizo sino incrementarse de forma exponencial. Por primera vez tienen incluso la
posibilidad de llegar a la púrpura imperial, casos de Macrino (217-218) o Filipo el
Árabe (244-249), convirtiéndose en no pocos casos en los auténticos regentes del

51
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Imperio durante el gobierno de emperadores demasiado jóvenes o débiles, como


Timesiteo bajo Gordiano ID. La dignidad de este cargo llegó a tal punto que tras la
disolución de las cohortes pretorianas por Constantino en 312 este emperador no
dudó en mantener la institución, desposeyéndola, eso sí, de sus atribuciones militares.
A pesar de la colegialidad teórica de esta magistratura existen no pocas
menciones de prefectos del pretorio únicos. Contamos con veintidós casos de
colegialidad para los ss. I y Π, entre ellos catorce sólo para el s. I d.C. Las razones
para dicha colegialidad durante el Alto Imperio están claras, por una parte, desde un
punto de vista práctico, la diversificación de las tareas recomendaba normalmente
dos individuos; uno de ellos podía estar más dedicado a las misiones judiciales o
políticas y el otro se encargaría más directamente de la defensa del emperador; cabe
tam bién la posibilidad que ambos se repartiesen por igual las tareas. La división del
cargo hacía que el emperador concentrase en teoría mayor autoridad en sus propias
manos; aun así, algunos emperadores, completamente seguros de sus prefectos,
nunca aplicaron la colegialidad.
Los prefectos participaban además activamente en decisiones políticas
determinantes para el desarrollo de la vida institucional del Imperio; algunos
prefectos acompañaban al emperador al Senado, otros influían en los nombramientos
de m agistrados, generales o gobernadores de provincias. Es curioso, pero
perfectamente comprensible y claro índice del poder y la influencia que habían
llegado a alcanzar, que durante la subida al trono de un nuevo emperador, incluso
cuando la transmisión de poderes era pacífica, los prefectos del pretorio al mando
fueran a menudo reemplazados, sin motivo aparente. Esta práctica se aplicó incluso
a aquellos que ayudaron al nuevo emperador a alcanzar el poder, que solían ser
sustituidos (previa elevación en ocasiones al rango senatorial) por individuos más
próximos a la mentalidad del nuevo príncipe.
Por lo que respecta a la influencia de los prefectos en los nombramientos de
nuevos magistrados y senadores, ésta se deja sentir ya desde Sejano, que incluso
consiguió el proconsulado de África para un pariente suyo20. No obstante, no existían
reglas fijas en cuanto a la influencia de los prefectos a la hora de los nombramientos;
ésta estaba directamente relacionada con su ascendiente en relación a los distintos
emperadores. Además, a excepción de los dos prefectos de Vespasiano (Arrecino
Clemente II y Tito, ambos parientes del emperador) la prefectura del pretorio
permaneció entre 2 a.C. y 193 d.C. en las manos del orden ecuestre. Es innegable,
con todo, que las personalidades de los prefectos y emperadores que se fueron
sucediendo tuvieron gran importancia a la hora de determinar la orientación de esta
institución.

Recordemos que el gobierno de la provincia de África era uno de los puntos culminantes de la cañera
senatorial; el hecho de que Sejano, un simple caballero, controlara los resortes de poder que le facultaban
para disponer de un nombramiento de tal trascendencia nos da una clara señal de la autoridad que llegó
a ejercer este prefecto a todos los niveles del Estado.

52
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DK LA ANTIGUA ROMA

EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL DE LA PREFECTURA DEL PRETORIO

Durante la etapa julio-claudia la prefectura no puede hallar inmediatamente


su estabilidad. Si por una parte Augusto hizo bastante poco caso a sus prefectos,
Tiberio por otra les otorgó una gran libertad; Caligula creyó contar con la fuerza para
poder oponérseles, pero finalmente terminó abatido con la colaboración de aquéllos;
Claudio los alejó de su lado según los deseos de Mesalina y Agripina. Nerón eligió
amigos para respaldarle desde esa posición, pero fue también abandonado por sus
prefectos. Vemos así cómo cuatro emperadores sobre cinco murieron víctimas de sus
prefectos de forma directa o indirecta.
Como mencionamos en el apartado correspondiente, desde las guerras
civiles de 69 los prefectos del pretorio recibieron mandos de tropas a nivel de todo el
Imperio. Las dificultades de esta época perm iten justificar esta decisión, pero en
adelante, sin gran razón aparente, los emperadores continuaron confiando esta misión
a sus prefectos del pretorio. Los prefectos arrostraron una mala reputación a lo largo
de este turbulento período, lo que provocó a su vez un proceso de reformas iniciado
por Vespasiano, que colocó al fiente de la institución a su hijo y sucesor, Tito (Plinio,
N H praef. 3; Aurelio Víctor, D e Caes. 9.10) [PASSERTNT 1939: 222], La linca
política general de los emperadores de la dinastía flavia se reflejó claramente en la
elección de sus prefectos, lo que se traducía en un ardiente deseo de calma y realismo
que hiciese olvidar el problemático periodo que había precedido su ascenso al poder.
Juan el Lidio afirma que fue Domiciano el primero que tendió a suprimir el
carácter militar de la prefectura del pretorio. No obstante, esta información habría que
interpretarla en cuanto a su relación directa con las cohortes. Según Absil [1997:
106], Cornelio Fusco, primer prefecto de Domiciano, jam ás aparece citado en
presencia de las tropas que estaría encargado de dirigir; su ocupación esencial habría
sido el desempeño de tareas administrativas y el mando de ejércitos legionarios. Con
todo, al ser Cornelio Fusco prefecto el pretorio es muy probable que en la expedición
a la Dacia, cuyo mando recibió, estuvieran presentes tropas pretorianas; de hecho, en
89 un destacamento de campaña de la caballería del pretorio combatió contra los
marcomanos, en la línea del amplio empleo que Domiciano le dio a la Guardia en las
guerras de frontera [SPEIDEL 1994: 33]. De este modo los cometidos militares de
los prefectos no sólo no se limitan, sino que se habrían potenciado, al aparecer al
mando de tropas pretorianas en las guerras de frontera en ausencia del propio
emperador.
Bajo Hadriano (117-138) se constata en el plano institucional que la misión
de los prefectos del pretorio de este príncipe revistió un aspecto puramente
administrativo yjudicial. Hadriano fue el único hasta ese momento que no les confió
misiones militares; este hecho podría indicar cierto cambio de orientación en la
prefectura del pretorio. No hay que olvidar, sin embargo, que la ausencia de
campañas importantes se explica por la paz casi generalizada de su reinado;
seguramente se habría hecho acompañar por sus prefectos en los viajes de inspección
de las tropas de frontera que este emperador desarrolló durante buena parte de su
reinado. En época de Marco Aurelio (161-180) se observa una doble característica,
la continuación del desarrollo de las atribuciones judiciales de los prefectos del
pretorio, así como la reaparición de la tarea de jefe de Estado M ayor general de las

53
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

tropas del Imperio (si es que alguna vez la perdieron desde mediados del s. I d.C.).
Finalmente, el período que se inicia con la crisis de 193 pone de manifiesto el cada
vez más influyente papel institucional de los prefectos, que siguen sumando
atribuciones — como la gestión de la logística m ilitar del Imperio, ver infra)— sin por
ello perder ninguna de las precedentes, tanto a nivel judicial como político o militar
(papel este último fomentado por la propia inestabilidad del período).
De esta manera puede concluirse que desde el reinado de Augusto los
prefectos del pretorio fueron los funcionarios mejor situados para convertirse en una
especie de viceemperadores; hizo falta mucho tiempo para que esta eventualidad se
cumpliera, pero se constata que desde el comienzo los signos mostraban el sentido
que iba a tomar este nuevo cargo. Hay que mencionar además que los prefectos del
pretorio raramente se encontraban en los castra praetoria, no dirigiéndose allí sino
por necesidad. Parece que el día a día era gestionado por los tribunos y sus oficiales
y suboficiales subalternos. El único prefecto que con seguridad sí se alojó junto a sus
pretorianos fue Sejano, inductor de la idea de su concentración en una sola base; cabe
la posibilidad de que la propia actuación de Sejano hubiera disuadido a sus sucesores
de seguir sus pasos en este sentido, evitando así cualquier posible sospecha de
deslealtad. De hecho, si ios prefectos sólo hubieran sido los jefes de la Guardia
Pretoriana no se concibe por qué, como los legados de las legiones, no residían en el
interior del propio campamento. Su presencia casi constante junto al emperador en
palacio constituiría una prueba suplementaria de su importante papel politico.
Antes de concluir este apartado no podemos dejar de reseñar el prestigio
social que llegaron a alcanzar los prefectos del pretorio. Si bien era el cargo que
marcaba la culminación de la carrera ecuestre, su influencia sociopolítica superaba a
la de la mayor parte de las grandes familias senatoriales [STEIN 1925], La prefectura
del pretorio llegó a equipararse desde el comienzo a la Prefectura de Egipto; quizás
en un primer momento el gobierno de Egipto fuera tenido como superior, pero esta
jerarquía se invirtió a mediados del s. I d.C. a favor de la prefectura del pretorio. A
mediados del s. 11 d.C., los prefectos recibieron el rango de vir emiñentissimus, en un
proceso que los acercaba cada vez más al orden senatorial. Se les solia conceder
durante su servicio al frente de la prefectura las insignias tanto pretorias como
consulares, con el empleo del título de clarissimus vir, reservado a los senadores. Con
todo, ni los ornamentos consulares ni la titulatura mencionada suponía el ingreso de
los prefectos en el Senado, pues esa pertenencia al orden senatorial era puramente
ficticia. El acceso al Senado les estaba vedado a los prefectos del pretorio hasta su
retiro (salvo excepciones como Sejano, bajo Tiberio, o Plauciano, bajo Severo).

LOS PREFECTOS Y LA LOGÍSTICA MILITAR

Uno de los aspectos en el que los prefectos del pretorio fueron ganando cada
vez más influencia fue el de la logística militar. La culminación de este proceso la
tenemos a fines del s. II d.C., cuando los prefectos se convirtieron en los responsables
principales del abastecimiento a los ejércitos del Imperio. Se desconoce sin embargo
cómo evolucionó el papel de los prefectos hasta llegar a tomar el control de los
abastecimientos militares, si bien a partir de algunas referencias en las fuentes la
relación de éstos con la gestión de los suministros militares queda bastante clara.

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PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA RQMA

Estas referencias nos las proporciona en primer lugar la Historia Augusta,


dentro de las biografías de Avidio Casio (SHA, Avidio Casio 5.4-12), Gordiano III
(en referencia a su Prefecto Timesiteo) (SEtA, Los Tres Gordianos 28.2-3), Balista
(SHA, Treinta Tiranos 18.4-7) y Probo (SHA, Probo 10.7). Por su parte, Zósimo
también hace referencia al control por parte del prefecto del pretorio de los
aprovisionamientos militares para el s. III21. Puede aducirse que las cartas de la
Historia Augusta son invenciones, pero el hecho es que reflejan que para el autor de
las mismas el prefecto del pretorio era una figura clave en el aprovisionamiento
militar. Según Howe, el control ejercido por el prefecto del pretorio sobre la Annona
militaris (servicio de abastecimientos al ejército) sería parte de una delegación
general, como una especie de “ministro de la guerra”, que el prefecto del pretorio
puede que hubiese adquirido ya para el remado de Septimio Severo [HOWE 1942:
29; ADAM S 1976: 220]. Sabemos que Ulpiano, sin carrera militar previa, fue
transferido a la prefectura del pretorio desde la prefectura de la Annona21; esto
reforzaría la posibilidad mencionada de un control de la Annona militaris por parte
del prefecto a partir de Septimio Severo. Waltzing incluso afirmó a fines del s. XIX
que los navicularii, armadores encargados de transportar el trigo a Roma, estuvieron
desde los últimos años del s. II d.C. bajo el control de los prefectos del pretorio,
porque los poderes del prefecto de la annona habían sido restringidos a la capital
(Dig, 14.1.1.17-8) [WALTZING 1900],

21 “Había, en efecto, dos prefectos de! pretorio que ejercían colegiadamente el poder y a cuyo cuidado
y autoridad estaban encomendadas no sólo las tropas destacadas en la corte, sino también las que
tenían a st/ cargo la protección de la ciudad y las estacionadas en todas las fuñieras. Pues la prefectura
delpretorio, tenida tras la persona imperial por segundo poder, llevaba a cabo ¡os repartos de alimento
y enmendaba, mediante las oportunas sanciones, las faltas cometidas contra la institución militar
(Zósimo 2.32.2).
22 Recordemos que la prefectura de la Annona era la encargada de la gestión de los abastecimientos a la
capital del Imperio; fue creada por Augusto y al frente se encontraba el Prefecto de la Annona.

55
CAPITULO III

CASTRA PRAETORIA.
EL CAMPAMENTO DE LOS PRETORIANOS

Hasta 23 d.C., fecha en la que concluyó la construcción del campamento, las


cohortes se encontraban distribuidas entre la capital y varias localidades cercanas.
Según Suetonio (Aug. 49,1 ), sólo tres se acantonaban simultáneamente en la Urbe,
sujetas casi con toda seguridad a un sistema de rotaciones. El sistema empleado para
el alojamiento de pretorianos en la capital era el de hospitium, según el cual el
propietario de un inmueble estaba obligado, si resultaba seleccionado, a alojar a un
grupo de soldados en su casa, contribuyendo a cubrir sus necesidades básicas. Entre
las ciudades que podían haber acogido a las demás cohortes estarían Ostia, Tívoli,
Preneste, Anzio, Terracina e incluso Alba Fucens', también se han hallado evidencias
de la presencia de un importante contingente pretoriano en Aquileya, fechadas en
época augústea o la primera etapa del reinado de Tiberio. La concentración
progresiva de pretorianos en la capital desde finales del reinado de Augusto habría
provocado sin duda cierto malestar entre la población, convirtiendo la construcción
de los castra en algo realmente necesario. El hospitium era una carga bastante pesada
que, aunque fuera rotando, generaría un importante descontento. Finalmente, la
imagen de ciudad ocupada que habría dado el alojamiento continuado de los
pretorianos en residencias civiles no podía sino ser desfavorable a los intereses del
príncipe.
La construcción de un campamento pretoriano a las afueras de Roma en el
que reunir a toda la Guardia tuvo lugar, a instancias de Sejano, entre 20 y 23 d.C., es
decir, unos cuarenta años después de la fundación del cuerpo23. Las repercusiones
políticas que tuvo esta decisión las hemos analizado en el capítulo anterior y, en el
próximo, volveremos a incidir sobre ellas; en este apartado nos limitaremos, por
tanto, a los aspectos más técnicos de la cuestión. Ni Tácito ni Suetonio nos dicen nada
sobre el traslado de las guarniciones pretorianas hacia la capital, por lo que cabe la
posibilidad que se hubiera producido una reagrupación con carácter preparatorio en
la propia Roma [DURRY 1938: 45; PASSERINI 1939: 50], Recomemos que Sejano
era prefecto del pretorio único desde 14 d.C., por lo que habría podido planear con
cierto detenimiento la concentración en Roma de todas las unidades del cuerpo, que
culminaría con la construcción de un campamento propio.
Topográfica y administrativamente, los castra praetoria se encontraban
ubicados en la Regio VI, denominada Alta Semita, uno de las de los doce distritos en
que quedó dividida la capital durante el reinado de Augusto. Cuando se erigió, se
situó en el extremo NE de la ciudad, justo más allá de la zona habitada y a unos

23 Lu decisión, según Tácito, habría obedecido en un primer momento a razones de operatividad,


apartando a los pretorianos de las distracciones y los lujos propios de la ciudad (Annales 4.2).

57
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Maqueta de los Castre.

quinientos metros de la antigua Muralla Serviana (Plinio, N f í 3.67; Suetonio, Nerón


48). Este emplazamiento era además uno de los puntos más altos de Roma, llegando
a los 60 metros sobre el nivel del m ar y desde él se podía controlar tanto la ciudad
como las calzadas procedentes del este y del noreste [PLATNER y ASHBY 1929:
106]. Los castra estaban orientados sobre el eje viario que iba del valle de San Vita!
a la futura Porta Chiusa de la Muralla de Aureliano, que constituía ei limite entre el
Quinnal y el Viminal [BCA 1873: 233], Con el tiempo, y sobre todo en el s. II d.C,,
la zona habitada de la capital se extendió casi hasta el propio campamento,
aprovechándose un área previamente asignada a sepulcros (algo habitual en los
márgenes de las calzadas que salían de Roma), que se reordenó urbanísticamente
permitiendo así la construcción de todo un nuevo barrio.
El campamento presenta planta rectangular, con unas medidas de 440 por
380 metros [LEXICON 1993: 252], lo que supone una superficie de 16’72 ha.;
estamos ante medidas muy similares a las de otros campamentos legionarios del Alto
Imperio, como Carnuntum (20 ha.), Vindonissa (18 ha.), Lincoln (17 ha.), ísca
(Caerleon, c. 19 ha.), León (c. 20 ha.), Argentorate (19 ha.) o Lumbaesis (20 ha.).
Mención aparte merece el campamento de Albano, sede de la II Parthica, con sólo
10 ha. de superficie; este hecho se ha explicado por la posibilidad de que en su
interior sólo residieran los legionarios solteros, viviendo el resto con sus mujeres en
las aglomeraciones (canabae) vecinas34 [LE BOHEC 2004: 225; BINGHAM 1998],
N o obstante, el campamento de los pretorianos presenta cierta irregularidad, sobre
todo en el lado sur, donde aparece un ángulo obtuso cerca de su intersección con el
muro este (véase plano adjunto). Los ángulos principales del campamento son

24 Recordemos que !a autorización para contraer matrimonio legal había sido otorgada a los soldados
legionarios por Septimio Severo, fundador de la II Parthica.

58
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Ángulo de la muralla de los Castra Praetoria.

redondeados y la muralla se articulaba mediante una serie de torres a lo largo de todo


su perímetro. Incluyendo las de las puertas, el campamento habría estado provisto
desde su construcción de al menos dieciséis torres, si bien la simetría sugiere que
habrían existido otras cuatro.
De la muralla, construida en m ortero (opas caem enticium ) con
recubrimiento de ladrillo, sólo se conserva el lado norte, el este y un tramo del muro
sur. El grosor de estos dos tramos conservados es de unos 2 ’ 10 m, con una altura 2 ’96
m. de alto hasta la pequeña cornisa que delimita el parapeto, a la que habría que
añadir 1’20 metros entre parapeto y merlón (distantes entre sí 3 m de centro a centro).
Los ángulos NE y SE y en algunos tramos los lados de la muralla aparecen reforzados
con grandes semipilastras provistas de troneras. En los fundamentos del ángulo NE
aparecen algunos arcos de descarga. Veamos su estructura un poco más
detenidamente: la muralla de época tiberiana se realizó mediante un núcleo de
cemento revestido de ladrillo rojo oscuro, descansando sobre un plinto de ladrillo de
dos metros; el conjunto se sustentaba sobre unos cimientos de opus caementicium
construidos mediante encofrado, según el modelo romano, y dejados al aire a
comienzos del s. V (véase infra). En el ángulo N E y en un pequeño tramo al oeste,
los cimientos estaban rccubicrtos de ladrillo y reforzados con piedra de toba y arcos
de descarga en ladrillo.
La muralla del campamento no permaneció inmutable hasta las grandes
obras de Aureliano, cuando fueron incluidas en el nuevo sistema de fortificaciones de
la capital, sino que durante los dos siglos largos desde su construcción hasta ese
momento sufrieron toda una serie de restauraciones y mejoras de detalle. Una
primera intervención supuso la construcción de un nuevo acabado revestido en
ladrillo y coronado por defensas revestidas en lilas alternas mediante ladrillo y piedra
de toba (opus mixtum)', este cuerpo se culminaba mediante merlones {propugnacula)

59
ADOLFO UAÚL MF.NÉNDEZ ARGOtN

de glandes ladrillos. Parece que estas defensas se realizaron cuando la obra de época
tiberiana se encontraba aún en perfecto estado. M ás adelante se añadieron en el lado
norte dos amplias torres bajas, siendo también revestidas en opus mixhmr, en esa
misma fase se añadió a cada puerta una nueva torre con ventanas triples, siendo
ampliadas además las defensas de las antiguas torres. Estas nuevas intervenciones
habrían sido necesarias, según Richmond [1927: 17], como consecuencia de un
asalto sobre el campamento, que habría que fechar hacia el final del reinado de
Maximino (235-238).
El recinto era accesible a través de cuatro puertas, la Parta Praetoria, la
Decumana, la Principalis Dextra y la Principalis Sinistra. Hoy día sólo son visibles
las puertas este y norte, flanqueadas por pilastras y dos pequeñas torres fingidas
(Tácito, Hist. 3.84; Herodiano 7.11.12). Ambas puertas mencionadas fueron
clausuradas por Aureliano (270-275), cuando los castra se asociaron a la muralla
defensiva de la ciudad [HOMO 1904: 214-306]. En 1960 salieron a la luz restos de
las puertas de época tiberiana (las iniciales), en los que se apreciaba su construcción
en ladrillo y una anchura de vano de 4 ’45 metros [LEXICON 1993: 252]; también se
hallaron in situ dos pequeños paracarros en travertino y restos de la calzada
adoquinada que salía de la puerta [BCA 1985 (90, 2): 334-5]. Es incierta la situación
de la Porta Praetoria, la entrada principal del campamento. La opinión tradicional
(Ligorio, Canina, Lanciani), la situaba en el lado largo occidental ya desde la
construcción de los castra, Hülsen y G. Lugli, por su parte, la situaban en el lado
corto septentrional [LUGLI 1934: 184; 1938: 372], mirando hacia la Via Nomentana·,
Richmond volvió a incidir de nuevo en el primer tercio del s. XX sobre su ubicación

Muro de losCasíra praetoria

60
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Muro de los Castra praetoria

en el muro oeste [RICHMOND 1927: 13]. Sin embargo, parece que, a partir de las
informaciones proporcionadas por Polibio, Hygino, Vegecio y los gramáticos” ,
habría que situar el frente del campamento pretoriano en uno de los lados cortos del
mismo. Si Lugli se decidía por identificar el acceso principal en el lado norte, U.
Antonielli ubicaba la Porta Praetoria en el lado sur, aduciendo además de las
referencias a las fuentes mencionadas más arriba toda una serie de campamentos de
época imperial excavados a lo largo y ancho del Imperio [ANTONIELLI 1913;
DURRY 1938: 52], En lo que sí coinciden buena parte de los especialistas que han
tratado la cuestión es en reubicar la Porta Praetoria en el lado oeste, con el fin de
tener un acceso más directo al campamento desde la ciudad, tras la clausura de las
puertas norte y este y la integración de la puerta sur en el complejo de la nueva
Muralla de Aureliano.
A la parte interior de la m uralla se asociaban toda una serie de
construcciones realizadas en opus reticulatum2'’, cerradas mediante bóveda de cañón,
en dos plantas y sobre las cuales discurría el camino de ronda de la muralla,
articulado por toda una serie de parapetos. En algunas,de estas habitaciones, sin duda
contubernia o camaretas de alojamiento de un pelotón de soldados (compuestos por
ocho individuos), se han conservado restos de pintura, así como evidencias de
pavimento de mosaico en algunas de ellas. Estas estancias decoradas con mosaicos y
con restos de pigmentación parietal y estucos conformaban unos alojamientos que
debían ser la envidia del resto de los legionarios del Imperio [BCA 1876: 176-9],

25 Especialistas en topografía, catastración y castrametación generalmente procedentes del ámbito


militar; eran denominados así a partir de la groma, instrumento empleado para trazar amplias líneas
rectas. Sus obras se conservaron en un corpus conocido como el de los Gromatici Veteres, caracterizado
por sus tecnicismos y enrevesado estilo.
2<iSistema constructivo caracterizado por presentar un núcleo de cemento revestido de piezas piramidales
en piedra con la base plana hacia el exterior formando un diseño geométrico.

61
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARUÜTN

PEIUODS
1.2 * 3 .

C. 233

© _ » ---------------- U _1----------------- L

lAÜ. 192 J

Puerta Este de losCasfra praetoria

Como hemos mencionado, el emperador Aureliano incluyó los castra


praetoria en las nuevas fortificaciones de la ciudad, lo que supuso realzar el recinto
amurallado en unos cinco metros; éste fue además reforzado mediante una merlatura
más compacta, manteniendo el ladrillo como material de construcción. La distancia
entre merlones oscila en esta nueva elevación de la muralla entre 75 y 90 cm.
[LUGLI 1934: 184], Se clausuraron las puertas norte y este y se reforzaron las
paredes de fondo de muchas de las cellae o habitaciones de la tropa adosadas a la
muralla. Durante c! reinado de Majencio (306-312), el muro fue nuevamente
realzado, esta vez en 2 ’5 m., y dotado de nueva merlatura similar a la precedente, que
fue en parte cerrada y en parte aprovechada para erigir sobre los merlones los
estípites de algunas ventanas con arco. En la m ism a época fueron construidas
pequeñas torres en ladrillo, reforzadas en la parte interior y dotadas de ventanas con
arco dispuestas en dos órdenes. Estas torres disponían de acceso a la parte superior

62
PR HTOR1ANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DF. LA ANTIGUA ROMA

IAK
Muro Norte de ¡osCastra praetoria

mediante grandes puertas de arco, adaptadas al paso de máquinas de guerra [LUGLI


1934: 185]. No cabe duda que las torres se construyeron en este tercer período de la
muralla del campamento, pues las paredes laterales de las mismas aparecen
encastradas con posterioridad a la construcción del muro de Tiberio y al de Aureliano,
mientras que presentan una unión perfecta con el muro del tercer período. Quizás
durante el reinado de Honorio (395-423), se rebajó el nivel del terreno a lo largo de
los muros del lado norte y parte del lado este, consiguiendo así una elevación
adicional de la muralla al precio de dejar al descubierto los cimientos. Richmond, sin
embargo, proponía adelantar esta actuación, conectándola con la defensa de Roma
por parte de Majencio contra Constantino en 312.
Alrededor de toda la muralla por el exterior discurría una calzada
pavimentada, restos de la cual fueron descubiertos en el lado del campamento que
daba hacia la ciudad en 1872 [BCA 1872: 176],
El campamento pretoriano fue clausurado y entregado al pueblo por
Constantino en 312, cuando este emperador procedió a la disolución del cuerpo tras
la guerra civil contra Majencio. Parece que parte de las murallas que daban al interior
de la ciudad permanecieron en pie, no siendo derribadas hasta época renacentista; de
hecho, en 1544 aún se veía parte del muro Occidental del recinto de los castra
[LANCIAN1 1903: 243; PLATNER y ASHBY 1929: 108]; este muro ha salido a la
luz en ciertas intersecciones de calles modernas, siendo de características similares a
los otros tres pero sin torres [LUGLI 1938: 377],

INTERIOR DE LOS CASTRA PRAETORIA

Hasta 1960, antes de las excavaciones acometidas con motivo de la


construcción de la Biblioteca Nacional, se conocían en el interior del recinto,
recogidos en plano por la obra de Lanciani [FUR tab. 11], tres núcleos de restos de
alojamientos de dos filas de habitaciones (cada una de 3 ’65 por 5 ’37 m, con muros

63
ADOLFO RAÚL M ENtNDKZ ARGÜÍN

de 0 ’67 m de grosor), teniendo en común la pared del fondo y los accesos en las
partes opuestas. Algunas de las habitaciones conservaban la bóveda y, a intervalos
regulares, había escaleras de dos rampas con descansillo de 2 Ί 0 por Γ 1 0 metros, lo
que demostraría claramente la existencia de un segundo piso. Los escalones, de 1’05
m de ancho, presentan una alzada de 20 cm. y una profundidad de 29 [BCA 1876:
179; DURRY 1938: 47], Estas estancias suelen estar pavimentadas mediante opus
spicatum11, si bien algunas de ellas presentan, como hemos mencionado más arriba,
mosaicos y pinturas parietales [BCA 1986 (91, 2): 366-9]; este último detalle podría
indicar un posible uso por parte de la oficialidad. La construcción de alojamientos en
dos pisos no está atestiguada en ningún otro campamento militar de época romana.
De hecho, la superficie, similar a la de una base legionaria de unos cinco a seis mil
hombres, alojaba en principio a nueve cohortas equitatae pretorianas y a tres cohortes
urbanas; es decir, un mínimo de 7.500 soldadospero con posibilidades de expansion,
como ocurrió bajo Calígula-Claudio con la creación de una décima, décimoprimera
y décimosegunda cohortes pretorianas, en 69 bajo Vitelio o a fines del s. II d.C.
(Septimio Severo). Richmond incluso considera a los castra praetoria como uno de
los arcana impertí, pues permitía mediante esa disposición de los alojamientos doblar
el espacio disponible disminuyendo a la mitad el área de la fortaleza, ocultando así
en parte la verdad, que Roma se encontraba perfectamente controlada por una base
militai· m ayor que ninguna otra de su época [RICHMOND 1927]. La estructura de
estos barracones se mantuvo sin cambios desde su construcción hasta la destrucción
del campamento en 312 por orden de Constantino.
En 1943 volvieron a hallarse restos de alojamientos de pretorianos,
concretamente una sección de muro medianero que constituía el fondo de estancias
similares a las halladas en 1873 [BCA 1985 (90, 2): 334-5], Nuevamente en 1983 y
1984, una pequeña intervención descubrió restos de dos largos edificios paralelos
destinados a alojamientos; cada uno de ellos presentaba estancias de 3 ’5 por 5 metros
separadas por un muro medianero de 0 ’80 m. de espesor; la distancia entre ambos
edificios, sobre la que discurriría una de las calles interiores del campamento, era de
8’5 m .A partir de restos de ánforas hallados, así como de una moneda de 17 2-173 d.C.,
los arqueólogos han datado estas estancias en el s. III [BCA 1986 (91, 2): 366-369].
En el extremo NE del campamento se conocía asimismo un tramo de
calzada perimctral interna de unos 35 m., situada frente a las estancias adosadas a la
muralla exterior. A finales del s. XIX también se descubrió un complejo termal con
piscinas numeradas mediante pavimento de mosaico del V a XIII, pero sin
correlatividad; cabe destacar la ausencia del VI, que podría hallarse, sin embargo, en
la zona destruida. Pista numeración parece hacer referencia a las cohortes, tanto las
pretorianas como las urbanas, que compartirían dentro del campamento toda una
serie de infraestructuras comunes [BCA 1872: 12-14], La XIII Cohorte Urbana,
destinada en Lyon, habría contado con una reliquatio o retén en el campamento
principal, de ahí la presencia de su numeración junto a la del resto de las cohortes.
Por su parte, la ausencia del número VI podría deberse a que esta cohorte pretoríana

27 Pavimento en ladrillos colocados en vertical siguiendo un diseño que se asemeja al de una espina de
pez; las piezas se situaban oblicuas y encajaban unas con otras en ángulo recto alternando su inclinación
a derecha e izquierda.

64
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

estuvo destacada en Tivoli ( Villa Hadriana) durante un tiempo; sin embargo, nos
inclinamos más por la destrucción de la piscina con este número, pues al igual que la
cohorte urbana de Lyon la VI del pretorio habría dejado también una reliquatio en los
castra praetoria, su campamento base.
En 1889 tenemos atestiguado un interesante hallazgo, sobre todo ante la
parquedad de testimonios procedentes del interior de los castra. Se trata de un
mosaico en teselas blancas y negras bastante amplio en el que aparecen dos
domadores junto a una pantera. En la parte derecha de la imagen se lee la siguiente
inscripción: “E X V iC E N F L V E ” . Parece que puede tratarse del reflejo de la
celebración de los veinte años de reinado (vicennalia) de Antonino Pío (138-161),
p o rlo q u e el mosaico dataría de 157/158 [N.Sc. 1889: 224; BCA 1938: 250]. Este tipo
de efemérides tenía una importancia bastante acusada, siendo celebradas por todo lo
alto especialmente por los pretorianos, pues ellos se sentirían en algo responsables de
la permanencia del emperador en el trono durante un período tan amplio de tiempo
gracias en parte a las labores de protección desarrolladas con éxito.
En las excavaciones de 1960-1966 salieron a la luz en el cuadrante SE del
campamento ocho grandes edificios (de 76’65 m. de largo y 12 m. de ancho)
formados por una doble serie de estancias contiguas de los que sólo se conservaban
los cimientos (los pocos tramos en alzado están realizados en sillarejo — opus
vittatum— y eri sillarejo y ladrillo — opus vittatum mixtum—). Se han conservado
también algunos pavimentos en mosaico de teselas blancas y negras con predominio
de los diseños geométricos. Los ocho edificios están orientados con el eje mayor E-
O; restos de otras construcciones con características similares a las precedentes —
pero con el eje principal N-S y de las que no ha sido posible precisar sus
dimensiones— fueron descubiertos al E y al O de los anteriores. Siempre en el
mismo cuadrante salió a la luz parte de un gran edificio semisubterráneo en obra

65
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

mixta (piedra y ladrillo), de 17 m. de ancho, visto a lo largo de una longitud de 48 m.


y compuesto de al menos ocho estancias abiertas al lado norte, pavimentadas en opas
signinum1* y precedidas de un deambulatorio que gira sobre el lado E y con las
escaleras de acceso; según los investigadores encargados de las excavaciones se
trataría sin duda de horrea (almacenes) [.LEXICON: 253]. En los cuadrantes N E y NO
aparecieron restos de edificios — conservados sólo en cimientos— entre los que se
incluyen los de una construcción de 21 m. de ancho con pórtico y dos brazos
formados por una sola serie de estancias. En el lado E del edificio se aprecia un
depósito de agua largo y estrecho con bordes en opus caementicium (mortero).
Excavaciones realizadas en los años 1983-1985 para la construcción del
atrio de la estación de metro de Castro Pretorio sacaron a la luz restos de dos largas
edificaciones: la primera de las construcciones presenta seis estancias; la segunda,
paralela a la primera y distante de la misma 8 ’5 m., cuenta con dos hileras de
habitaciones contrapuestas. También se hallaron restos de un tercer edificio orientado
NO-SE del que se ha visto una estancia rectangular de 14’70 por 7 ’70 m que cerraba
una estructura de ábside [BCA 1986 (91.2)].
A partii' de las fuentes epigráficas conocemos la existencia en el interior del
campamento de un templo de M arte (CIL 6.2256), un tribunal (CIL 6.3558) y una
serie de edículas (CIL 6.215). El templo de Marte, situado en el cuartel general
(principia), estaba dedicado también al culto imperial, respondiendo perfectamente
al espíritu de la institución. Este templo aparece representado en una serie de
monedas de época de Claudio que conmemoran su aclamación por parte de los
pretorianos” . Cabe suponer que en los sótanos del templo de Marte estaría ubicado

Castra Praetoria
Claudio (moneda).

28 Este pavimento se realizaba mediante pequeños fragmentos de piedra colocados sobre una base de
cemento, procurando que quedara lo más liso posible.
n:; Véase apéndice de fuentes.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

el aerarium o caja de ahorros de la unidad, gestionada por los portaestandartes


(signiferi).
Tácito menciona también el armamentarium o gran arsenal de los castra al
narrar un levantamiento prctoriano bajo el reinado de Otón en 69 d.C. (Hist. 1.38.2).
Existen además evidencias epigráficas que confirman de manera inequívoca la
existencia de ese arm am entarium (CIL 6.999 y 6.2725). A sim ism o, otras
inscripciones muestran la existencia de carceres (cárceles) y un valetudinarium
(hospital), del que se encargaba toda una serie de personal sanitario conocido a través
de la epigrafía. Tácito menciona asimismo los alojamientos de los tribunos, que
habitarían en el interior de los castra en sus correspondientes domus (Hist. 3.84).
También tenemos atestiguada una capilla destinada a contener los estandartes de la
Guardia (CIL 6.1609; Herodiano 4.4.5 y 5.8.5-7) y que probablemente estaría
ubicada en los principia o conjunto de dependencias que conformaban el cuartel
general del campamento.
Precisamente, el cuartel general (principia) de los castra praetoria parece
estar representado en un panel en relieve conservado y datado en época de Marco
Aurelio [STUART 1906], Los principia se situarían en el cruce entre la Via Praetoria
y la Via Decumana, las calles más importantes del campamento, que se unían en el
centro en perpendicular y conectaban las cuatro entradas del mismo. Restos de este
complejo parecen haber salido a la luz en cl s. XVI y en 1827, pero actualmente no
se disponen de datos fiables sobre su ubicación exacta o estructura interna.
En el interior de los castra se han hallado también tres tabulae lusoriae, es
decir, tableros inscritos en el pavimento [BCA 1877: 81-99], lo que nos indica que los
pretorianos no eran ajenos a este tipo de juegos de azar practicados en el conjunto del
mundo romano, así como por los legionarios acantonados a lo largo de todas las
fronteras.

MANTENIMIENTO

Como hemos visto más arriba en relación a la muralla, la historia de los


castra praetoria está íntimamente ligada a la de la Guardia y sus vicisitudes. Así, a
las propias intervenciones destinadas al mantenim iento de los edificios del
campamento para ir paliando los estragos provocados por el tiempo, en más de una
ocasión hubo que unir importantes actuaciones para reparar las destrucciones
derivadas de luchas fratricidas en la propia capital. Los primeros daños de este tipo
se habrían producido en 69 d.C., cuando la fortaleza bajo Vitelio sufrió una serie de
ataques por parte de las tropas de Vespasiano.
A continuación siguió un amplio período de calma, y sólo se tienen noticias
de intervenciones puntuales durante cl s. II. De este modo sabemos que en 175 d.C.
las tuberías fueron reparadas, si bien este tipo de mantenimiento habría sido llevado
a cabo en no pocas ocasiones (CIL 15.7240). Nuevas modificaciones tuvieron lugar
en época severiana, cuando hubo que alojar a los nuevos pretorianos incorporados
por Septimio Severo tras la disolución de la vieja Guardia. Asimismo, parece que
habría que atribuir al reinado de Caracalla importantes reformas, como prueba el altar
dedicado a la Fortuna Restitutrix Antoniniana erigido por el tribuno de la VI Cohorte

67
ADOLFO RAÚL MENÉNDRZ ARGÜÍN

en el pavimento de mosaico de los baños de algún oficial. La acepción Restitutrix


aplicada a la Fortuna habría que entenderla como “Restauradora de Edificios”,
importante papel de esta diosa asociado especialmente con centros de baño y los
juegos de azar allí practicados [RICHMOND 1927; DURRY 1938: 49], Bajo
Caracalla se disponen además nuevas tuberías (CIL 15.2737), siendo este emperador
probablemente responsable de la última gran reforma de la muralla previa a
Aureliano.
En 238 se produjeron dos asedios sobre el campamento pretoriano, el
primero con fuertes combates desde los muros; esto habría motivado importantes
reparaciones, sobre todo en la muralla del campamento, pues en ninguno de los
asedios los asaltantes llegaron a irrumpir en su interior. Finalmente, las actuaciones
de Aureliano supusieron una intensa modificación, sobre todo cara al exterior, del
recinto de los pretorianos, a cuya última defensa se habrían aprestado en 312 durante
la marcha de Constantino sobre Roma.

COMUNICACIONES

La primera que ponía en comunicación el conjunto del campamento


pretoriano con las vías que llevaban a la ciudad era una calzada perimetral exterior
que ocupaba el lugar del foso, presente en buena parte de los campamentos romanos
de la frontera pero superfluo junto a la capital del Imperio.

Muro Este Castra Praetoria

68
PRETORTANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Las dos calzadas que conducían desde el campamento hasta el interior de la


capital se ubicaban al norte y al sur del mismo. La primera de ellas era la Via
Nomentana, distante entre cien y doscientos metros y conectada a la calzada
perimetral de los castra mediante dos vías secundarias. Una partía del ángulo NE
cerca del campamento, desembocando directamente sobre la Via Nomentana a 500
metros de distancia de la Porta Nomentana situada sobre la M uralla Aureliana [N.SC.
1903: 93], La otra unía el acceso de ese lado norte también directamente a la
susodicha Porta Nomentana [N.SC. 1911: 340], El tramo de calzada perimetral que
corría junto al muro norte del campamento tenía una importancia secundaria y, tras
la construcción de la Muralla Aureliana, salía por una posterula situada junto al
ángulo N O de los castra.
El lado meridional del campamento se situaba junto a una antigua vía
consular que salía por la antigua M uralla Serviana a través de la Porta Viminalis.
Lanciani afirmaba incluso que todo el campamento pretoriano se orientaba sobre
esta calzada. Esta era además la ruta más plausible para conectar los castra con el
Palatino, residencia habitual del emperador y su familia, en el que montaba guardia
diariam ente una cohorte completa. Esta calzada, que entraba por la Porta
Viminalis, continuaba por el Vicus Portae Viminalis, que constituía la principal
artería de la colina Viminal. Es probable que este viens desem bocara en el
Argiletum, calzada que conducía directamente al Palatino. L a otra posibilidad, a
partir del estudio del antiguo viario, es que los pretorianos tomaran desde el Viens
Collis Viminalis la desviación hacia el Vicus Patricius, que también los ponía en
comunicación con el Argiletum y, a través de los foros imperiales, con el Palatino.
Venios, por tanto, cómo el campamento estaba perfectam ente comunicado con el
centro de la ciudad, siendo el despliegue de pretorianos o urbanos relativamente
rápido en caso de necesidad.

CAMPUS

El campus de los castra era un recinto al aire libre empleado por los
pretorianos para ejercicios y paradas. Volveremos sobre el mismo en el Capítulo V.
Por el momento, baste decir que éste se situaría, según Lanciani, entre el muro oeste
del campamento y la Muralla Serviana [FUR tab. 10]; el plano elaborado por este
autor indica también la presencia de cimientos de un gran edificio sagrado. En esa
misma zona se hallaron también restos de varias construcciones, concretamente un
peristilo con basas de columnas; un pórtico con columnas de toba y una gran platea
cubierta de opus signinum, quizás perteneciente a una piscina; restos de un edificio
termal con pavimentos en mosaico blanco y negro; una letrina de planta rectangular;
restos de acueducto, y un grandísimo depósito de ánforas empleadas para rellenar el
foso de la Muralla Serviana a mediados del s I d.C. [LEXICON: 253; N.SC. 1878: 34;
DRESSEL 1879: 194; N.SC. 1887: 108]. Las fuentes escritas también mencionan en
tres ocasiones el campus de los pretorianos (Tácito, Ann. 12.36; Casio Dión 74.1;
SHA, Did. luí, 5.9).

PÁGINAS SIGUIENTES: Posición de los Castra respecto al centro de la capital

69
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ADOLFO RAÚLMENKNOF.ZAROÜÍN

El campus estaba limitado al sur por una calle que enlazaba la Porta
Viminalis de la Muralla Serviana con la Porta Inter Aggeres; al norte el límite lo
marcaba la via Nomentana o bien una calle que unía la Muralla Serviana con el
ángulo NO del campamento. Al este limitaba con el propio muro del campamento y
al oeste con la Muralla Serviana. Los últimos 150 metros estaban reservados a los
soldados y allí se han hallado los restos de las construcciones mencionadas más
arriba así como toda una serie de monumentos votivos y dedicatorias a los dioses y
emperadores. Entre ellos cabe destacar los altares dedicados a los dii campestres,
divinidades tutelares de este terreno de ejercicios [LE BOHEC 2001: 96].

STATIONES PRETORIANAS EN LA CAPITAL

En el Esquilino, uno de los siete montes sobre los que se asentaba la capital
del Imperio, tenemos atestiguado un destacamento de soldados, principalmente
pretorianos, acantonados en una statio o campamento menor. De éste proceden toda
una serie de inscripciones erigidas en el templete de la statio o en el campus de la
misma; algunos de estos epígrafes fueron ya analizados por Hülsen a finales del s.
XIX [HÜLSEN 1893-1894], siendo sistematizados por Lugli a mediados del XX
[1957: 69-70],
En el Pincio cabe la posibilidad de que existiese otro destacamento
pretoriano. A partir de dos inscripciones (CIL 6.31285 y CIL 6.31335), Lanciani
propone la hipótesis de la presencia de una statio de soldados de la Guardia en esta
zona de propiedad imperial [LANCIANI 1988: 148].

72
CAPITULO IV

MISIONES DE PROTECCION Y
MANTENIMIENTO DEL ORDEN

PROTECCIÓN DEL EMPERADOR Y FAMILIA IMPERIAL

Los emperadores tuvieron desde un prim er momento una necesidad bastante


acusada de elementos de protección de su propia vida. No pocos eran los peligros que
los acechaban, enemigos extranjeros o rivales en guerras internas podían enviar
contra ellos asesinos; incluso en tiempos de paz, las envidias y celos provocados por
su posición suponían un peligro constante. El propio Augusto, ya consolidado en el
poder, tuvo que hacer fiente a no pocos atentados contra su integridad. Por todo ello
los emperadores se vieron obligados a no descuidar su seguridad, manteniendo
fuertes contingentes de Guardias en el Palacio o cuando se desplazaban.
Cada día una cohorte, con sus centuriones y tribuno al frente, se desplazaba
al Palatino para montar la guardia en la residencia imperial. Existía un sistema de
rotaciones para este servicio, así como una serie de turnos de guardia por los que
pasarían todos los miembros de la cohorte. El relevo se llevaba a cabo a la hora VIH,
momento en el que la cohorte entrante, con el tribuno y los centuriones al mando,
tomaba el relevo de la cohorte de guardia saliente en el palacio imperial. El tribuno
recibía la contraseña para el día directamente de boca del emperador. Cabe la
posibilidad que soldados del pretorio con funciones especíales estuvieran exentos de
este tipo de guardias, pero no podemos aseverarlo con seguridad. Parece que, para el
s. I d.C., un cuerpo de guardia utilizado por elementos de la cohorte pretoriana de
protección de ese día estaba ubicado bajo el lado sur del palacio de Tiberio. No
obstante, con el tiempo el palacio imperial se extendió a casi toda el área del Palatino,
por lo que es probable que existiera más de un puesto de guardia de este tipo. Los
centinelas que montaban la guardia diaria en el palacio lo hacían ataviados con la
toga y portando la espada oculta (Marcial, Sal. VI.76); a veces podían llevar también
su arma de asta reglamentaria, pero no portaban ni casco ni escudo. En las misiones
de guardia ante el Senado llevaban este mismo atuendo, si bien en ocasiones podían
recibir instrucciones de no ocultar la espada y mantenerla bien visible sobre la toga
(Tac., Ann. 16.27).
En la domus Flavia del Palatino, la sala denominada Aula Regia aparece
flanqueada por otras dos más pequeñas; una de ellas, tradicionalmente denominada
lararium*, podría ser, según M. Royo, el cuerpo de guardia donde se ubicaría parte
de la mencionada cohorte pretoriana que diariamente servía en misiones de
protección en el palacio imperial. La otra sala, denominada basilica, podría haber
albergado las reuniones del consejo imperial (consiliumprincipis) [ROYO 2001].

3UAI creerse erróneamente que estaría relacionada con los dioses lares, protectores del hogar.

73
ADOLFO RAÚL MENÉNDKZ ARGÜÍN

La Guardia más interior dentro dei Palatino parece que la montaban los
Germani Corporis Custodes (hasta 69 d.C.) y, a partir de 98, los Equites Singulares
Augusti. Los pretorianos, por su parte, controlaban los accesos al Palatino y las
habitaciones exteriores. El único periodo en el que de ellos dependía la totalidad de
la seguridad del Palacio es el comprendido entre las dos fechas mencionadas, cuando
la ausencia de una Guardia Germánica a caballo sólo dejaba a los emperadores el
recurso a los pretorianos. Esto podía suponer en ocasiones un peligro claro, pues el
príncipe estaba completamente a merced de los pretorianos sin posibilidad de
oponerles ninguna otra fuerza armada, como le ocurrió a N erva en 97. La custodia
del emperador en sus desplazamientos de corto recorrido correspondía a los
speculatores pretorianos, precisamente hasta el mencionado golpe de mano contra
Nerva. Desde su ascenso al poder y la restauración de una Guardia Imperial a Caballo
Trajano extrajo a sus guardias de corps de esta nueva unidad, siendo conocidos como
hastiliarii y desplazando de sus funciones a los speculatores del pretorio.
Los pretorianos tenían la misión de escoltar al em perador en sus
desplazamientos dentro de la capital. Aseguraban junto a la Guardia de Germani o de
Equites Singulares Augusti la custodia del príncipe cuando éste se dirigía al Foro o al
Senado (permaneciendo, eso sí, de guardia en el exterior del edificio11), a visitar a
algún amigo o pariente, a cenar fuera del palacio, etc. Dependiendo de las
aprensiones del emperador o del momento la escolta podía ser más o menos discreta;
por ejemplo, Claudio, por desconfianza tras el asesinato de Caligula, contaba en los
banquetes con una escolta armada, práctica que se mantuvo en vigor durante el resto
del Imperio (Casio Dión 60.3.3; Suet., Cl. 35). Tenemos noticias asimismo de que un
nutrido grupo de pretorianos — incluidos algunos tribunos de la Guardia (Suet., Ner.
26)— seguía a N erón a distancia durante sus correrías nocturnas por Roma durante
los primeros años de su gobierno (Tac., Ann. 13.25).
Los pretorianos también protegían al emperador en los desplazamientos
fuera de Roma [HALFMANN 1986], y en cumplimiento de esta misión siguieron a
Tiberio en su retiro a Capri; a Nerón en su periplo por Grecia; a Domiciano en su villa
de Albano; a Hadriano en sus estancias en Tívoli, así como en los viajes que
desarrolló a lo largo y ancho de todo el Imperio, etc. Conocemos a partir de las
fuentes algunos detalles de cómo se desarrollaban estas escoltas: parece que por
delante viajaba un destacamento que despejaba el camino para evitar incidencias a la
litera o al carruaje del emperador. Tiberio incluso castigó severamente a un centurión
encargado del reconocimiento del camino porque en uno de sus desplazamientos por
Italia su litera se había enredado en unos matorrales (Suet., Tib. 60).
Huelga decir que un servicio de guardia estaba asegurado en todas las villas
imperiales. En Villa Hadriana en Tívoli, residencia donde el emperador Hadriano
pasaba largas temporadas, se ha hallado al SO de las grandes termas un edificio de
tres plantas con dos filas de habitaciones cada una que, muy probablemente, fuera
empleado por los pretorianos encargados de proteger al emperador durante sus
estancias en este complejo.

" Caligula, no obstante, obtuvo la aquiescencia del Senado para que los pretorianos le protegieran
incluso en el interior de la curia (Casio Dión 59.26.3). Otros emperadores, como Tiberio o Claudio,
gozaron del privilegio de ser acompañados al Senado por los prefectos y tribunos de la guardia,
absteniéndose de incluir tropas para evitar una mayor humillación a la cámara.

74
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Detalle del relieve de pretorianos del Louvre.

Los pretorianos también acompañaban al emperador difunto en sus


funerales y le rendían un último homenaje durante su ceremonia ds Apotheosis o paso
a la divinidad. Este honor también se aplicó a algunos miembros de la familia
imperial, como Germánico, cuyas cenizas fueron recibidas desde Oriente en Brindisi
por dos cohortes pretorianas que las escoltaron hasta Roma. Los pretorianos
escoltaban de la misma forma los féretros de aquellos emperadores que morían lejos
de la capital. El protocolo de todas estas ceremonias queda establecido ya desde la
muerte del propio Augusto (Suet., Aug. 99; Casio Dión 56.42.1-2; Tácito, Ann. 1.8).
La familia imperial solía gozar también de una escolta de pretorianos, más
o menos numerosa según rango e influencia. Así, algunas emperatrices gozaron de
este privilegio, haciendo gala del mismo, como Agripina, madre del emperador
Nerón; de hecho, la retirada de la escolta pretoriana que la acompañaba marcó
claramente el inicio de su definitiva caída en desgracia (Tac., Atm., 13.18; Casio Dión
61.8.4-6). A veces la propia escolta era también una guardia encargada de vigilar y

75
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

controlar al individuo así homenajeado, como en el caso de Octavia, la emperatriz


hija de Claudio repudiada por Nerón en favor de Popea y exiliada en Campania (Tac.,
Ann. 14.60).
La Guardia Pretoriana, como unidad de élite y cabeza visible de la fuerza del
ejército romano que era, participaba en uniforme de gala en todas las ceremonias
oficiales en las que se requería la presencia del príncipe. Entre ellas cabria destacar
las ceremonias de profectio, salidas del emperador en campaña, y adventus, regreso
de la misma, los triunfos y la recepción de embajadas. Así, las fuentes nos informan
de que durante el reinado de Claudio, las cohortes pretorianas formaron en armas en
el campus delante de su campamento para celebrar la victoria sobre el líder britano
Carataco, mostrado al pueblo encadenado junto a su familia y, más tarde, perdonado
por el emperador (Tac., Ann. 12.36). Una de las ceremonias más espléndidas tuvo
lugar con motivo de la presencia de Tiridates en Roma bajo el reinado de Nerón, del
que recibiría la corona de Armenia como rey vasallo de Roma (Suet., Ner. 13; Casio
Dión 63.4.2-3). También se celebraban ceremonias especiales con motivos del
aniversario del emperador, al que se renovaba en una gran parada el juram ento de
fidelidad cada primero de enero.
Un elemento esencial dentro de la Guardia eran las ceremonias religiosas
dedicadas a honrar al emperador. El denominado culto imperial tuvo en el
campamento pretoriano una de sus principales sedes, como no podía ser de otra
forma, pues este cuerpo existía por y para el emperador.

MANTENIMIENTO DEL ORDEN

Una labor importante de la guarnición de Roma era el mantenimiento del


orden, en el que participaron en no pocas ocasiones elementos de la Guardia
Pretoriana junto a las cohortes urbanas. Los pretorianos fueron empleados en la
represión de movimientos sediciosos y rebeliones, así como en la investigación de
conjuras. Fueron también asignados a la lucha contra incendios, en casos de extrema
necesidad, en apoyo de los vigiles. Cabe recordar en este sentido la inscripción de un
pretoriano destacado en Ostia que murió ayudando a sofocar un incendio; se
distinguieron también en el incendio de 15 d.C., en cuya extinción participaron
ayudando al hijo de Tiberio, Druso (cónsul para ese año) (Casio Dión 57.14.10). Este
tipo de catástrofes era, por desgracia, muy frecuente en la antigua Roma tanto antes
como después del gran incendio de 64 d.C., por lo que no podía prescindirse de
ningún cuerpo del Estado por muy elitista y privilegiado que fuese.
Los pretorianos eran también encargados de m ontar guardia en los
espectáculos públicos para evitar desórdenes por parte de la población. Los días de
celebraciones, pretorianos y cohortes urbanas se habrían repartido las tareas; mientras
los pretorianos asegurarían los propios lugares de espectáculos, los urbani
patrullarían por la ciudad para evitar el robo en las casas vacías (Suet., Aug. 43.3)
[BINGHAM 1999; MÉNARD 2001 y 2004: 29]. Una cohorte era destinada
habitualmente para montar guardia durante los juegos; en un cierto período a partir
de 55 durante el reinado de Nerón, el servicio de guardia de esta cohorte fue
suprimido para dar una m ayor sensación de libertad y para que no se resintiera la
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

disciplina de los soldados (Tac., Ann. 13.24); la medida duró poco y el propio Nerón
volvió a reinstaurar la guardia en los teatros poco después. U na cohorte de la guardia
con todos sus mandos asistía a los recitales públicos de canto y cítara del emperador
(Tac., Ann. 14.15), controlando incluso el interés del público durante los mismos
(Casio Dión 61.20.2). La obsesión de este príncipe llegó a tal extremo que incluso
ordenaba a los pretorianos controlar los gritos desacompasados o los silencios
apáticos del público en sus actuaciones (Tac., Ann. 16.6.5), Con todo, la reacción del
público durante un espectáculo no podía desdeñarse como índice de popularidad del
organizador de los juegos, en este caso el emperador, existiendo incluso dos o tres
formas diferentes de aplaudir {plausum ars) [DUBOURDIEU 1986]. Por todo ello
Nerón prefería asegurarse una reacción correcta del público mediante un poco de
presión antes que asum ir el riesgo de una respuesta negativa o apática del graderío.
Los pretorianos (infantería y caballería) fueron también los encargados de la
seguridad durante la celebración de la impresionante naumaquia ofrecida por Claudio
en el Lago Fucino con motivo de su intento de desecación (Tac., Ann. 12.56).
Otro papel importante de la Guardia Pretoriana en la capital era el de la
inform ación. Todo m ilitar estaba obligado a proporcionar informaciones
concernientes a la paz pública de las que hubiera tenido conocimiento; de este modo
los pretorianos, junto a los soldados de las cohortes urbanas, podían desempeñar su
papel de inform antes al estar estacionados en puntos estratégicos para el
mantenimiento del orden, como los lugares de espectáculos, los mercados o incluso
las puertas de la ciudad [MÉNARD 2004: 32], Esta labor de informantes la ejercían
incluso en el propio palacio, como ocurrió con uno de los hijos de Agripina la Mayor,
Nerón (hijo m ayor del difunto Germánico, no confundir con el futuro emperador), a
cuya caída en 26 d.C. contribuyeron las delaciones ante Sejano de unos pretorianos
que se habían hecho eco de sus palabras mientras montaban guardia en una de las
puertas (Tac., Ann. 4.60). Cabe recordar también que cierto número de pretorianos
estaría destacado en stationes en distintos puntos de la capital; sólo se sabe con
seguridad de la existencia de una de ellas en el Esquilino. El propio campamento
pretoriano estaba también custodiado por una cohorte pretoriana al completo, con
tribunos y mandos inferiores al frente, que rotaba cada día.
La Guardia también podía ser empleada para mantener el orden y reprimir
el bandidaje en Italia, como podemos comprobar a través de las fuentes. Ya en el
reinado de Tiberio fueron empleados para reprimir una sedición de esclavos
promovida por un antiguo pretoriano (Tac., Ann. 4.27). Bajo Nerón una cohorte
pretoriana restauró el orden en Puteoli (Tac., Ann., 13.48), importante centro de
recepción de abastecimientos para la capital. Durante esc mismo reinado, los
pretorianos participaron también en el m antenim iento del orden entre las
comunidades vecinas de Nucera y Pompeya, que habían protagonizado un sonoro y
sangriento enfrentamiento durante unos juegos; incluso llegó a establecerse un
destacamento pretoriano en Pompeya durante algunos años. Para el reinado de
Septimio Severo es m uy conocido el caso del bandido Bulla, que tuvo en jaque a la
administración imperial durante bastante tiempo hasta la intervención de los
pretorianos (Casio Dión 77(76). 10.1 y 6).
En los procesos contra la seguridad del Estado y del emperador (lesa
majestad), los pretorianos, con sus altos oficiales al frente, solían hacerse cargo de la

77
ADOLFO RAÚL MENÉNDF.Z ARGÜÍN

custodia de los arrestados, así como de su interrogatorio y de la instrucción de la


acusación. Asimismo, eran empleados en los castigos, como el impuesto por Tiberio
a la ciudad de Pollentia', los habitantes de la misma habían ultrajado a un primipilo
legionario que atravesaba la ciudad al frente de un convoy. Tiberio ordenó a una
cohorte pretoriana, junto a otra unidad auxiliar, pasar a cuchillo a buena parte de la
población (Suet., Tib. 37). Los pretorianos y sus mandos también eran habitualmente
empleados para llevar a cabo asesinatos políticos y eliminar posibles rivales del
emperador o individuos potencialmente problemáticos.
Por último, los pretorianos contaban entre sus filas con toda una serie de
especialistas en administración e ingeniería cuyos conocimientos podían ser
empleados donde el emperador lo estimase oportuno. Así, tenemos atestiguados
beneficiarii pretorianos destacados en puntos clave para la gestión de
abastecimientos para el Estado. Asimismo, los pretorianos fueron los encargados de
construir el gran puente de pontones en la bahía de Nápoles entre Baiae y Puteoli
durante el reinado de Caligula (Suet., Cal. 19; Josefo, Ant. Jud. 19.6). También
fueron especialistas del pretorio los encargados de los trabajos del canal de Corinto a
finales del reinado de Nerón (Suet., Ner. 19). Podían ser asimismo enviados en
misiones científicas, como la expedición pretoriana que N erón mandó al sur de
Egipto en previsión de un ataque contra Etiopía que nunca se llegaría a producir
(Plinio, N H 6.181).

78
CAPITULO V

LA GUARDIA PRETORIANA EN CAMPAÑA

EQUIPAMIENTO

En esta sección, dedicada al equipamiento de los soldados del Pretorio,


abordaremos los distintos tipos de uniformidad que pudieron haber caracterizado a
los pretorianos, de los que sin embargo tenemos una imagen m uy estereotipada a la
que ha contribuido de manera decisiva el séptimo arte. Analizaremos de este modo
cómo se equipaban estos soldados tanto para la vida de guarnición como durante los
períodos de campaña lejos de los castra. Iniciaremos esta relación con las
vestimentas y ropajes empleados, para continuar con el armamento, tanto ofensivo
como defensivo, distinguiendo entre los elementos de parada y los utilizados en
campaña.

VESTIMENTA

La vestimenta básica del soldado a lo largo de todo el período romano fue la


túnica, que no se diferenciaba mucho de la prenda civil. Durante los siglos I y II d.C.
la túnica de los pretorianos consistía en una pieza de lino o lana, bien sin mangas o
con mangas cortas, con una amplia abertura para el cuello suficiente como para
permitir el paso a través de ella de un brazo, dejando un hombro al descubierto
cuando era necesario (así aparecen los soldados en algunas escenas de la Columna
Trajana que los muestra trabajando). La longitud variaba según las características del
portador, si bien lo más probable es que existiera un módulo estándar adaptable a las
necesidades. N. Fuentes estima las dimensiones en un metro de largo por 90 cm. de
ancho aproximadamente [FUENTES 1987]; en la reconstrucción propuesta por
Junkelmann la túnica presenta una longitud de 112 cm. por 68 cm. de anchura
[JUNKELMANN 1986: 154-6]; G. Sumner, por el contrario, a partir de evidencias
halladas en Israel y Egipto defiende túnicas militares más anchas [SUMNER 20Ü2:
4-5], Los únicos datos seguios que poseemos son los proporcionados por el papiro
B G U 7, 1564 (=P. Berlín 11712) (c. 138 d.C.) procedente de Egipto, en el que se
especifican las medidas de las túnicas militares que la aldea de Philadelphia tenía que
proporcionar al ejército romano de la provincia de Capadocia (Asia Menor): éstas son
de 1’55 m. de longitud por Γ 40 m. de anchura, con un peso de 1’6 kg. y un coste de
24 dracmas (seis denarios); el material empleado era la lana blanca y sin teñir.
Túnicas con estas mismas dimensiones han sido halladas en Nahal Hever (Israel) y
en Nubia [SUMNER 2002: 5], pero las especificaciones superan en general las
prendas halladas en los diferentes yacimientos o las medidas recomendadas por
ADOLFO RAUL MENÉNDEZ AROÜÍN

Pretoriano del s. III equipado


con spatha y pilum lastrado,

Calón (De Agricultura 59) para los esclavos agrícolas (Γ 0 7 m de longitud) La


representación más clara de túnicas pretorianas parece ser el relieve de soldados de
Chatsworth House (ver infra), de comienzos de época antonina.
Las estelas funerarias de pretorianos y Equites Singulares Augusti datadas
en cl s. 111 nos muestran un progresivo cambio en las prendas de vestir de las tropas
de la capital [COULSTON 1987; BALTY 1988: 100]13; durante esta época la túnica
se alarga y las mangas llegan hasta la muñeca. Esta prenda también se decora con
unos parches redondos en las partes superior e inferior de la misma [SOUTHERN
y DTXON 1996: 121] denominados orbiculi (elementos decorativos que pueden
observarse claramente a partir de los mosaicos de la época [SUM NER 2003: 4-9]).
Durante el s. Ill las túnicas de los soldados tam bién presentan clavi, pequeñas
bandas longitudinales de color púrpura u otros tonos que caen desde los hombros
(SHA, Div. Claud. 17.6); estos elem entos decorativos pueden observarse en las
representaciones de soldados de los frescos hallados en D ura Europos. Durante los
ss. 1 y 11 cabe la posibilidad de que las túnicas de los soldados presentaran también
clavi, si bien en este caso en colores como el rojo o el negro, pues el púrpura estaba
reservado para senadores y caballeros.
Por lo que respecta al color, según las evidencias recopiladas por N.
Fuentes, Jos soldados legionarios vestirían de blanco (al m enos en tareas castrenses
ajenas al campo de batalla), aunque se trataría de un blanco más bien apagado,
probablemente el propio de la lana sin teñir [BGU 7, 1564; FUENTES 1987: 60],

!! Los soldados de la Guardia, así como los de la Legión I [ Parthica, aparecen representados durante el
primer lercio del s. Ill d.C. con el denominado temo de campamento, compuesto por túnica de mangas
largas, capote que caía sobre el hombro izquierdo, cinto militar, espada, arma de asta (pilum o lancea)
y escudo.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Papiro BGU 7, 1564.

H ay evidencias también del empleo del color rojo, que Fuentes sugiere que podía
haber quedado reservado para centuriones y decuriones, en un intento de
diferenciarse del resto de la tropa. No obstante, contam os con referencias más o
menos claras que abogan en favor de que el color rojo hubiera estado reservado
exclusivamente para el combate y que ésta fuera la típica “túnica m ilitar” (SHA,
Div. Claud. 14.2-10; SHA, Aur. 13.3). La uniformidad entendida como tal era ajena
a los usos del ejército rom ano, por lo que este color rojo oscuro (russea) o rojo
podría haber ayudado a los legionarios a distinguirse en la batalla y sentirse
miembros de un mismo cuerpo. Por su parte, Marcial afirma que el color rojo
gustaba tanto a niños como a soldados (Epig. 14, 129); esta apreciación sería
especialm ente aplicable a los pretorianos, los soldados que más cercanos se
hallarían al crítico ojo de este autor. Quintiliano, en un pasaje de “Pro M ilite conlra
Tribunum” (D eclamationes III), también parece hacer mención al hecho de que los
soldados vestían túnicas de color rojo a finales de la República. Además se han
hallado restos de túnicas en Vindolanda de los que una decena (sobre 50) presentan
pigm entos rojos. En apoyo de esta hipótesis de que el color rojo era el que llevaban
los legionarios en combate puede argüirsc el hecho de que el general, para anunciar
a la tropa su decisión de trabar batalla, suspendía delante de su tienda un gallardete
o una túnica de color rojo (Plutarco, Marcelo 26, 1; Bruto 40, 5; Pompeyo 68, 6;
César, B.G. 2.21), lo que indicaría la orden de vestirse con la túnica de combate
[GTLBERT 2004: 40-1]. Además, hay que tener en cuenta que en épocas
precedentes, cuando una urgencia obligaba a enrolar soldados rápidamente, las
autoridades colocaban en el Capitolio dos estandartes, uno rojo para la infantería y
otro azul oscuro (caeruleus) para la caballería. Toda esta propuesta parece

81
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍ N

sumamente atractiva; sin embargo, la evidencia no es aún suficientemente sólida


como para asegurar nada de forma definitiva33.
Por lo que respecta a los pretorianos desconocemos si se habrían repetido
estos mismos esquemas de color mencionados. La representación más clara de una
túnica pretoriana la tenemos en un relieve, actualmente en Chatsworth House
(Inglaterra), datado en el reinado de Hadriano; en él aparecen representados una serie
de soldados, muy probablemente de la Guardia, equipados única y exclusivamente
con túnica y gladius; en dicho relieve se observa la típica túnica militar romana con
el nudo a la altura de la parte trasera del cuello [SUMNER 2002: 46], Huelga decir
que este relieve ha perdido cualquier tipo de evidencia de pigmentación con la que
pudiera haber estado decorado. Con todo, es posible que los pretorianos vistieran
habitualmente de blanco, si se acepta la identificación como soldados de la Guardia
de los militares que aparecen en el famoso mosaico Barberini de Palestrina
[FUENTES 1987; contra MEYBOM 1995], Ciertamente, algunos de sus escudos
(entre ellos uno rectangular) están decorados con el escorpión, símbolo de las
cohortes de la guardia imperial34. En combate puede, sin embargo, que revistieran la
túnica roja como el resto de los legionarios. A partir de un pasaje de Tertuliano {De
corona, I, 1-3) sabemos que el color rojo era también empleado por la Guardia; en
este escrito se narra el martirio de un soldado romano del pretorio, fechado entre 208
y 211 d.C. [LE BOHEC 1992]; durante el reparto de una liberalitas imperial este
militar rehúsa involucrarse en la ceremonia negándose a portar la corona de laurel
(símbolo de participación en el sacrificio). El pretoriano es interrogado por un tribuno
y tras confesar ser cristiano su caso se envía a los prefectos; ios prefectos a los que
hace referencia el texto serían los prefectos del pretorio. Tertuliano nos dice que antes
del juicio el soldado fue despojado de su capa, espada y sandalias, quedando “solo de
rojo”, con lo que tenemos una referencia clara del color de su túnica. El hecho de que
sus sandalias sean mencionadas como caligae speculatoriae podría además indicar
que detentaba el rango de speculator.
Lo que sí parece claro es que los pretorianos, por sus propias condiciones de
servicio, habrían dispuesto de varias túnicas para hacer frente a las exigencias de su
labor, así como para su propio uso fuera de servicio. A partir de los restos de un recibo
hallado en Masada y fechado durante el asedio de la fortaleza, parece que incluso los

“ A pesar de ser un tópico muy usado, una de las ventajas obvias e indiscutibles de este color era que
ayudaba a enmascarar las heridas y manchas de sangre, lo que podía tener lina incidencia beneficiosa
para la moral de las tropas. De hecho, Isidoro de Sevilla (Orig. 19.22.10) afirma que el empleo de
prendas de vestir rojas para combatir lue una invención de los espartanos con el fin de ocultar la sangre
cuando eran heridos en combate; este autor también afirma que en época republicana (“bajo los
cónsules”) los soldados romanos llevaban para combatir una túnica roja, momento en el que eran
denominados “russati", lis muy probable que esta tradición se mantuviera durante todo el Alto Imperio.
Puede traerse a colación para el lema del color una interesante apreciación del oficial de caballería ligera
de la Grande Armée francesa F. De Brack; éste afirmaba que las tropas que más se desmoralizaban con
las heridas eran las austríacas, debido, entre otras causas, “a ta uniformes blancs qu ’ils portent et sur
lesquels marque la moindre tache de sang" [DAMAMME 2002: 404, nota 14J.
” No obstante, la lecha de este mosaico nilótico no es segura; las datacioncs oscilan enlre fines del s. II
a.C. y cl s. Ill d.C, Lo que queda claro es que si estamos ante una representación de guardias pretorianos,
la fecha debe ser posterior al establecimiento de las cohortes de la Guardia en el campamento del
Viminal, pues es a partir de su reunión en los castra praetoria cuando se loma como emblema el
escorpión, signo zodiacal de Tiberio.

82
PRETORIANOS: 1,A GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

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83
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍS

legionarios rasos disponían de más de una túnica [SUMNER 2002: 33-4]; si esto era
cierto en el caso de un legionario (probablemente de la X Fretensis) en plena
campaña en un recóndito paraje del Oriente romano, cuanto más lo sería en relación
a los pretorianos, mejor dotados económicamente y acantonados en la capital del
Imperio,
La túnica podía ir ceñida con una pieza de tela que se colocaba alrededor de
la cintura y que en el ambiente militar de Vindolanda (norte de Britania) recibía la
denominación de ventralem. Además de las tablillas de este campamento existen
representaciones escultóricas que nos muestran claramente este tipo de prenda, sobre
la que se abrochaba el cinturón del soldado. Bajo la túnica parece que se llevaba un
tipo de ropa interior conocida como subligaculum o subligar, cuyas representaciones
más claras las tenemos en numerosas imágenes de gladiadores. Su empleo por parte
del ejército lo tenemos atestiguado en una tablilla de Vindolanda en la que se hace
referencia a este tipo de prenda (Tab. Vindol. 11.346.1.2-5).
Según la época del año sobre la túnica podía llevarse una prenda de abrigo.
Durante el s. I d.C. y buena parte del s. II esta prenda fue Ia paenula, capa de forma
oval caracterizada por poseer una capucha para proteger de las inclemencias la
cabeza del soldado. Su forma era una especie de semicírculo de tejido; Junkelmann
da unas medidas para la mism a de 2 ’96 m. en la parte recta y 1’32 m. de radio para
la parte curva [JUNKELMANN 1986: 157-8). Esta prenda aparece explícitamente
mencionada en las tablillas de Vindolanda (Tab. Vindol. TI. 196, lín. 3 y 5). Pretorianos
equipados con paenula los encontramos en algunos relieves, como los del Arco de
Domiciano en Puteoli, los de la Cancillería o una lápida sepulcral hallada en
Belgioioso (Italia). Plinio nos describe la paenula con cierto detalle; este autor
recomienda llevar además como complemento a la misma una bufanda (focale), pues
este tipo de abrigo presentaba una abertura para el cuello muy amplia (N.H. 24.18).
La práctica mencionada parece que era seguida habitualmente por los soldados de la
Guardia, como muestran los relieves de pretorianos equipados con paenula
enumerados más arriba. Este tipo de abrigo deja de aparecer en las representaciones
de soldados en Roma desde fines del s. II d.C., si bien se mantuvo en uso por parte
de la población civil de la capital. Cabe la posibilidad de que la paenula quedase tan
identificada con la Guardia Pretoriana que su eclipse temporal se debiera a la
disolución de la unidad por parte de Septimio Severo y su sustitución por soldados
extraídos de su ejército provincial, donde esta prenda habría dejado de usarse
bastante tiempo atrás. Con buen tiempo los soldados de la Guardia llevaban una capa
ligera y rectangular (sagulum).
Desde fines del s. I d.C. el sagum o capote militar fue sustituyendo a la
paenula', el sagum consistía en una pieza de tejido rectangular sujeta mediante una
fíbula sobre el hombro derecho. El papiro B G U 7, 1564 menciona el encargo de
cuatro capas militares con unas medidas de 2 ’66 por 1’77 m., un peso de 1’6 kg. y
un valor de 24 dracmas (6 denarios); es probable, no obstante, que este tipo de prenda
presentara variantes más ligeras (y viceversa) según la estación o la benignidad del
clima. El emperador Caracalla gustaba vestir la capa con capucha típica de los
germanos, caracallus [BÔHME-SCHÔNBERGER 1999], de ahí el sobrenombre,
llegando durante su reinado a modificarla e im ponerla como vestimenta regular para
los soldados (Casio Dión 79.3.3). Esta reforma habría comenzado seguramente con

84
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Relieve de
pretoriano (Puteoli)

los más cercanos a su servicio; es decir, los pretorianos y los Equites Singulares
Augusti. Desgraciadamente no ha llegado hasta nosotros referencia alguna que
permita conocer con exactitud el diseño de este tipo de capa. Su origen hay que
situarlo en la Galia y, según Wild, la difusión de esta prenda de abrigo fuera de la
zona mencionada era nula antes de comienzos del s. III d.C. Es posible que Caracalla
adaptara el caracallus a partir de las prendas de abrigo propias de los legionarios en
servicio a lo largo de la frontera del Rin [WILD 1964],
Por supuesto, las unidades de la Guardia podían permitirse prendas
vedadas por su precio a los legionarios o 1os soldados auxiliares de las fronteras.

85
AD OLl'O RAÚL M ENÉNDEZ A R G Ü ÍN

Los emperadores favorecerían esle tipo de inversiones tanto para incrementar el


espíritu de cuerpo de estas tropas (potenciando así su conciencia de exclusividad y de
cuerpo de élite) como para mostrar su propio poder y dignidad. Así, una capa pesada
decorada (sagum) era un auténtico orgullo para un jinete de los Equites Singulares
Augusti [SPEIDEL 1994: 104]; en el edicto de precios de Diocleciano se la tasa en
4.000 dn., en comparación con los 3.000 dn. que valía un buen caballo de guerra.
Herodiano (4.7.3) incluso afirma que la Guardia a Caballo (Equites Singulares
Augusti) de Caracalla gustaba bordar sus capas con hilo de plata según el estilo
germánico. L a Historia Augusta califica a los soldados de la Guardia de Heliogábalo
como “ostensionales”, debido a los ricos ropajes que este emperador les asignó
(SHA, Severo Alejandro, 33.3). Aureliano, por su parte, también destacó por repartir
a sus soldados caras prendas con adornos de oro; estos soldados a los que hacen
referencia las fuentes no pueden ser otros que pretorianos y Equites Singulares-,
Amiano M arcelino (31.10.9) también nos informa de que los pretorianos y jinetes de
la Guardia de Aureliano estaban equipados con prendas y armaduras doradas. Por
otra parte, a partir de la evidencia de cierto número de capotes militares representados
en la Columna Trajana con un reborde decorado, cabe la posibilidad que este tipo de
prendas estuviera asociado a tropas con un status superior al de los simples soldados,
entre las que se encontrarían por supuesto los pretorianos [SUMNER 2002: 15].
Entre los centuriones pretorianos y la oficialidad el tipo de capa empleado
habría sido el paludamentum, de corte similar al sagum pero quizás con los bordes
inferiores redondeados. Se diferenciaba del anterior en la mayor calidad de su
manufactura y en el color, pues éste solía ser rojo. El paludamentum se fijaba al
hombro izquierdo mediante una fíbula.
Otra pieza de ropa empleada eran los pantalones ajustados por encima del
tobillo (feminalia), si bien el uso de pantalones más amplios (bracae) se extendió
bastante sobre todo a partir del s. III, cuando las tropas acantonadas en Roma
procedían de las unidades de la frontera y tenían que hacer frente en campaña a los
rigores del clima y de la vegetación. La Historia Augusta nos informa que durante el
s. Ill Severo Alejandro (222-235) puso de moda las bracae de color blanco, siendo
el tradicional hasta entonces el rojo escarlata (SHA, Sev. Ale. 40.11) [SUMNER
2003: 35],
Al igual que el resto de las tropas romanas, los pretorianos vestirían bajo la
coraza el denominado thoracomachus, prenda cuyo cometido era impedir que la
armadura deteriorara la túnica o causara dolorosas rozaduras y abrasiones en la piel
de su portador. El thoracomachus aparece descrito por el anónimo autor de D e Rebus
Bellicis (cap. XV); si bien la obra data de la segunda mitad del s. IV, el propio
Anónimo nos indica que esta prenda era conocida y empleada ya desde tiempos
“antiguos”. Una representación del thoracomachus parece observarse en el relieve de
los pretorianos del Louvre. El De Rebus Bellicis también menciona una especie de
protección de cuero que se llevaría entre el thoracomachus y la coraza; su finalidad
sería probablemente evitar que el primero de ellos se deteriorara demasiado o que
absorbiera la humedad en caso de ambientes brumosos o lluviosos, para lo cual es
muy probable que recibiera un tratamiento impermeabilizante. Este tipo de prenda
puede que sea la que vistan los pretorianos representados en el relieve del Louvre por
encima del thoracomachus. G. Sumner, a partir de una referencia de la Historia

86
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Augusta (Septimio Severo 6.11), propone el termino Ae subarmilis para designar esta
prenda de cuero; dicho pasaje menciona cómo el emperador Septimio Severo (193-
211) hizo desfilar a los pretorianos vestidos sólo con ella para humillarlos [SUMNER
2003: 38-39]. El término subarmilis también se ha atestiguado en una tablilla
procedente de Vindolanda. Cabe también la posibilidad que este último elemento se
llevara encima de la coraza y que ésta sólo se dejara al descubierto en caso de
combate. Es bastante probable que una o ambas prendas mencionadas estuvieran
acolchadas de forma similar al aketon m edieval
Para proteger la zona del cuello los pretorianos empleaban la bufanda
(fócale), evitando así rozamientos y molestias de la coraza en esta zona. Esta
bufanda, como hemos visto más arriba, también protegía a los soldados del frío en
combinación con la paenula.
En cuanto al calzado, durante todo el s. I y parte del s. II los soldados
emplearon la tradicional caliga-'. Era ésta una especie de sandalia (aunque por su
robustez más que como sandalia habría que considerarla como bota militar), cuyo
piso estaba compuesto por tres capas de cuero con una suela tachonada de clavos; la
función de estos últimos era incrementar el agarre y prolongar la vida útil de la
caliga. Ese claveteado de la caliga aparece perfectamente reflejado en la sátira XVI
de Juvenal, que describe las tribulaciones de un civil al que un pretoriano pisa con su
calzado tachonado en medio de la calle. El típico sonido que producirían estas suelas
en zonas empedradas o pavimentadas (muy abundantes en la capital) constituía un
claro signo de la presencia o la proximidad de los soldados, por lo que se acabaría
erigiendo en un elemento característico de su imagen de cara al resto de la población.
Por la parte superior la caliga se prolongaba en una serie de tiras de cuero que se
anudaban a lo largo del tobillo, quedando perfectamente sujeta al pie del soldado. Las
caligae eran también empicadas por los jinetes, tanto pretorianos como Equites
Singulares Augusti, aunque en este caso solían ir acompañadas por unas espuelas
simples [GÓPFR1CH 1986; SPE1DEL 1994: 103]. Este calzado se abandona en los
ejércitos de la frontera desde comienzos del s. II [VAN DRIEL-MURKAY 1985] en
favor de un tipo de bota más cerrado, muy similar al c a l c e u s ya utilizado por los
auxiliares durante el siglo I d.C. [CHARLESWORTH y THORNTON 1973], Este
tipo de calzado cerrado, de cuero, también contaba con una suela muy reforzada y
tachonada de clavos, cuya misión, al igual que en ía caliga, era proporcionar un buen

' Una clara representación de este tipo de calzado vestido por la Guardia Pretoriana podemos observarla
cu tino de los relieves de la Cancillería de época flavia.
•th Puede que la adopción de 1111 calzado mas cerrado y senei Ilo se debiera a la incorporación masiva del
mundo civil a la esfera de la producción militar. La caliga era compleja de producir y quizás demasiado
engorrosa para la industria civil, de allí que los soldados pasaran a vestir un calzado muy similar en
forma al del resto de la población (si bien más reforzado). Tampoco habría que desdeñar la influencia
del clima en esta modificación; a pesar de que la caliga solía vestirse junto a una especie de calcetines
(udones) (véanse, por ejemplo, los relieves de pretorianos de la Cancillería de época Flavia), era un
calzado muy abierto, lo que podía suponer una clara desventaja para los soldados romanos acantonados
en los climas fríos de las fronteras del norte. Cabe la posibilidad, no obstante, de que la caliga sólo se
empleara durante el servicio (formando parte del “uniforme”), y que el soldado utilizara durante el resto
del día un tipo de calzado más abrigado; también es posible que la caliga se calzara sólo durante las
campañas, que solían coincidir con el buen liempo. No obstante, esto no son más que hipótesis de las
que desgraciadamente no existe confirmación documental alguna.

87
ABOLI O RAÚL M ENÉND EZ ARGÜÍN

Gladius tipo Mainz (siglo I d,C.).

agarre y evitar el excesivo desgaste de la pieza. El calceus, por su parte, era un tipo
de bota propia de los oficiales superiores, incluido el emperador cuando participaba
activamente en alguna campaña [SUMNER 2002: 39]. Es posible que el abandono
de la caliga presentara en Roma cierto retraso, tanto como consecuencia del arcaísmo
buscado en el equipamiento de la Guardia Pretoriana, como porque los soldados no
tenían que hacer frente a climas tan rigurosos como los legionarios de las fronteras
del Rin o el Danubio.
Otro elemento característico del equipo del pretoriano era el cinturón,
cingillum militare. Este cinturón había comenzado su existencia con la función de
distribuir el peso de la cota de malla sobre las caderas de su portador. Durante el siglo
Ï d.C. se solían llevar dos cinturones cruzados, uno encargado de sujetar la espada y
el otro la daga. Desde la segunda mitad del s. I y todo el s. TI es característico un solo
cinturón, que solía estar muy decorado con apliques metálicos de forma rectangular.
A lo largo del s. Ill el tipo de hebilla de cinturón más extendido fue el de forma de
aro, bien representado tanto en el registro arqueológico como en el iconográfico.
A comienzos del s. 1 d.C. apareció un tipo de elemento para la ingle en forma
de mandil compuesto de tiras de cuero tachonadas con pequeños discos de metal
(apron); el origen del mismo parece estar en la práctica celta de corlar el final de un
cinturón en cuatro tiras, utilizando sólo una de ellas para la sujeción del mismo; las
cuatro tiras estaban acabadas con pequeñas terminaciones decorativas [VON
PF.TRIKOV1TS 1967: 24], En principio este adminículo se interpretó como un
elemento más de protección; sin embargo, M.C. Bishop [1992] ha puesto de
manifiesto la incapacidad del apron para actuar como elemento defensivo; parece
que esta pieza del equipo del soldado pudo estar más bien relacionada con la
diferenciación de unidades o incluso tratarse de un elemento de prestigio [contra
PEREA 1996], pues el típico tintineo del mismo cuando el soldado se movía en
atuendo civil dejaría claramente patente su presencia y exclusividad. A mediados del
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

s. T el apron había llegado a convertirse en un elemento separado agregado


generalmente al cinturón de la daga, estando algunos de ellos muy elaborados. Esta
pieza comenzó su decadencia a fines del s. T d.C., desapareciendo del equipo de los
soldados romanos a lo largo del s. Π. El apron se observa claramente en uno de los
soldados del relieve de pretorianos de la Cancillería de época flavia. En el relieve de
pretorianos del Louvre, el apron representado se reduce a tres tiras y carece de discos
a lo largo de las mismas, presentando apliques metálicos sólo en los extremos.

Pretorianos Cancillería

K9
ADOLFO HAUL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Siguiendo a M. Durry [1938: 207-9] y a modo de resumen, pueden


distinguirse cuatro tipos de “uniformes” para la Guardia Pretoriana, revestidos
dependiendo del servicio a desempeñar en cada momento:
a) Uniforme civil: El pretoriano vestía una toga de ciudadano durante los
servicios de guardia en el Palacio imperial o en el exterior del Senado (Marcial, Sat.
VI, 76; Tac., Arm. 16.27; Hist. 1.38; relieves de CIL 6.2671 y 6.2488). La espada la
llevaban oculta por la toga y no portaban ningún tipo de armadura.
b) Uniforme de parada: Este atuendo era empleado por la guardia cuando
acompañaba al emperador a alguna celebración, fiesta o sacrificio; sólo incluiría una
daga ceremonial (Herodiano 2.13.2). No obstante, podemos considerar también
uniforme de parada el compuesto por armamento y equipo especialmente reservado
para grandes ocasiones37.
c) Uniforme de faena: Es el que aparece representado en los relieves funerarios
y el que más habitualmente llevarían los pretorianos. Estaba compuesto por una
túnica, un capote (sagum o paenula) y el gladius con cingillum.
d)Uniforme de combate: Lo veremos a continuación, al analizar el
equipamiento del pretoriano para la batalla.

ARMAMENTO

ESCUDO

El escudo con el que suelen aparecer representados los pretorianos en las


fuentes iconográficas es el tradicional scutum itálico de un tipo muy arcaizante®. La
mejor descripción de este escudo se la debemos a Polibio (6.23.2-5) y data de
mediados del s. II a.C. Este modelo de escudo se caracterizaba por presentar una
spina que lo recorría verticalmente a lo largo de su eje con un ensanchamiento en el
centro para proteger la mano del portador [FEUGÈRE 1993: 93-94; BISHOP y
COULSTON 1993: 58-9; JUNKELM ANN 1985: 26-38]. Sin embargo, es probable
que a partir de la primera mitad del s. 1 d.C. los pretorianos emplearan en combate el
escudo rectangular semicilíndrico propio de las tropas legionarias. Quizás este
cambio no se habría producido aún durante el reinado de Augusto (27 a.C .-14 d.C.),
cuando comienza la evolución del scutum itálico, debido al carácter conservador del
gobierno del primer emperador. En este sentido Augusto habría tratado de mantener
en la Guardia una imagen lo más “republicana” posible, con un equipamiento que la
conectara con las tropas de la etapa precedente, dentro de su lógica política de
“restituir” la Res Publica. Sin embargo, en una serie de sestereios emitidos por
Caligula (BM C 33-R IC , P, p. 110, n“ 32; RIC, E, p. 111, n° 40; BMC 68-Æ/C, I2, p.
111, n° 48) entre 37 y 41 se observa en el reverso, junto a la leyenda “adlocuQio)

57Como la recepción del rey Tiridales por Nerón, en 66 d.C.; durante esta visita a Roma para recibir la
corona de manos del emperador se celebró un gran desfile con los soldados de la Guardia como
centinelas equipados con brillantes armaduras (¿quizás lorica thorax?ver infra) y con armas y
estandartes “que resplandecían como rayos” (Casio Dión 63.4.2-3).
is Sólo hay que fijarse en los uniformes de gala de algunas unidades de élite de los ejércitos modernos
para damos cuenta de cómo algunas piezas de equipo provienen directamente de épocas muy anteriores.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DK LA ANTIGUA ROMA

Sestercio de Caligula.
Arenga a las Cohortes
Pretorianas

coh(ortiiim)”, al emperador en actitud de arengar a los pretorianos; estos aparecen


representados con cascos de tipo ático y escudos rectangulares curvados. E n uno de
los ejemplares de este tipo el escudo del guardia más adelantado lleva grabado un
escorpión. Con este tipo de escudo aparecen equipadas en la Columna Trajana todas
las tropas ciudadanas, incluida la Guardia.
Una representación escultórica de un posible escudo rectangular pretoriano
puede observarse en un relieve de armas datado en el s. II d.C. que decora una luneta
de Villa Albani [CAINS 1989; TEMPESTA 1991-2]. En el extremo derecho de la
representación aparece un escudo en forma de “teja” con la representación de tres
escorpiones, uno vertical en su centro y dos en horizontal uno encima y el otro debajo
del primero; este símbolo, como hemos mencionado, era el propio de la Guardia
Pretoriana, lo que permitiría a nuestro juicio vincular este escudo con dicha unidad.

Escuda pretoriano (s. II)


Villa Albani.

91
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Relieve de Arm as Villa Albani

Otro posible ejemplo de escudo rectangular scmicilíndrico pretoriano decorado con


el escorpión puede observarse en el mencionado mosaico Barberini de Palestrina, si
bien debido a los problemas de datación no cabe establecer una conclusión segura.
Desconocemos si ya en el s. 11 d.C. el escudo oval curvado había sido definitivamente
desechado, lo que sí parece claro es que en combate los pretorianos habrían
presentado una imagen relativamente similar a la del resto de las tropas legionarias.
tíl scutum itálico no desaparece, sin embargo, de la panoplia pretoriana al
menos hasta comienzos del s. Π, si bien cabe la posibilidad que estuviera reservado a
las ceremonias especiales o paradas, o que lo revistieran sólo aquellos pretorianos a los
que correspondiera en cada momento la custodia inmediata del emperador en tiempo
de paz o en campaña. Así, siguen apareciendo representaciones de scuta de este modelo
en época de Claudio — relieve de pretorianos del Louvre— , en el periodo flavio —
relieves de la Cancillería— y durante el reinado de Trajano — Arco de Puteoli— ; este
último escudo presenta en su esquema decorativo un pequeño escorpión, lo que despeja
dudas en cuanto a su identificación como un escudo pretoriano.
Un nuevo cambio se produjo a partir de la segunda mitad del s. II d.C.,
cuando comienzan a imponerse en las legiones los escudos ovales, bien planos o con
algo de curvatura, pero de una estructura bastante diferente a la del scutum itálico
mencionado más arriba. Con este tipo de escudos ovales aparecen representados los
pretorianos en la base de la Columna de Antonino Pío así como en la Columna
Aureliana. Este modelo de escudo oval más o menos amplio iba a ser el empleado por
la Guardia durante todo el s. III hasta su desaparición; este modelo de escudo es el que
equipa a los pretorianos en los relieves constantinianos del arco homónimo, en los que
se representa la derrota de Majencio en Puente Milvio; en esta representación se
reconoce inmediatamente a los soldados de la Guardia por sus protecciones de
escamas, tipo de coraza que se impuso como estándar de este cuerpo desde finales del
s. II d.C.

92
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

93
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

CASCO

Los relieves históricos nos muestran a los pretorianos equipados con un tipo
de yelmo ático muy elaborado y provisto de cresta longitudinal. Esta pieza de equipo
sería sin duda un elemento del uniforme de parada, pues en combate (tal como
muestra la Columna Trajana) los pretorianos no se distinguirían en cuanto a su
equipamiento del resto de los legionarios; la única diferencia palpable en los relieves
de la Columna Trajana respecto a las tropas legionarias sería el empleo de un tipo de
penacho corto en la parte superior del casco. Este modelo de casco ático es el que
aparece representado también en el famoso relieve de pretorianos del Louvre, así
como en un fragmento de relieve en el que se observa una cabeza de soldado
(probablemente pretoriano) equipado con casco ático y carrilleras decoradas con el
escorpión; el hecho de que en este caso aparezca en una escena de combate sólo
indicaría la convención artística de representar al pretoriano tal y como solía
mostrarse ante la población de la capital y no con el auténtico “atuendo” para la
batalla. Esta últim a pieza mencionada también se conserva en el Museo del Louvre;
M. Durry [1938: 222] desecha sin embargo que se trate de un soldado de la Guardia
al ir equipado con una cota de escamas; con todo, hay que recordar que ese tipo de
coraza era muy corriente entre los pretorianos y llegó a convertirse en exclusiva
desde fines del s. 11 d.C. No puede olvidarse, por otra parte, que el registro
arqueológico no ha proporcionado ejemplar alguno de este tipo de yelmo ático, por
lo que podríamos estar simplemente ante una convención artística.

Reconstrucción de un
yelmo ático de oficial
pretoriano.

94
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Los cascos que habrían portado los pretorianos en combate habrían sido
(quizás con pequeñas modificaciones, que habría que entender como elementos
distintivos de su exclusividad) similares a los modelos en uso entre los legionarios.
Concretamente, desde el reinado de Augusto, tres serían los tipos de casco que se iban
a emplear en el ejército romano y que, conociendo períodos de convivencia en los
arsenales, se irían sucediendo: el tipo Buggenum, el Haguenau y el modelo
Weisenau. El primero de ellos se caracterizaba por un cuerpo de perfil ojival y una
protuberancia hueca en la parte superior; presentaba un pequeño cubrenuca en ángulo
más pronunciado que los cascos de períodos anteriores (tipo Montefortino)
[FEUGERE 1994: 49, 79-80], Los hallazgos de este tipo de casco muestran que se
encontraba en uso hacia el cambio de era, antes del desastre de Teutoburgo (9 d.C.)
y el abandono del campamento legionario de Haltem (Germania). El tipo Buggenum
parece que fue creado poco antes de la muerte de César, perpetuando el perfil del
casco republicano tradicional (Montefortino); de hecho, recuerda fuertemente a sus
predecesores, con los cuales ha sido confundido a veces. La cronología de empleo del
tipo Buggenum se limita a los años 50 a.C.-10 d.C., por lo que es probable que
equipara a los soldados del pretorio imperial en sus primeros años de existencia.
Pero el ejército romano no tardó en poner en servicio un nuevo modelo de
casco mejor adaptado a sus necesidades de conquista en territorio bárbaro y a
técnicas de combate diferentes, el tipo Haguenau. Estaba fabricado en una sola pieza
y presentaba un amplio cubrenuca perpendicular así como un fuerte refuerzo frontal
fijado en los temporales; las carrilleras de estos cascos en forma de grandes placas
redondeadas en la base y proyectadas hacia delante contribuían a una buena
protección de la cara del soldado [FEUGERE 1994: 81-2], El casco de tipo Haguenau
más antiguo conocido fue hallado en Haltern y fechado hacia 9 d.C. La m ayor parte
de los hallazgos se datan en época claudio-ncroniana (41-68 d.C.) y los ejemplares
más recientes no sobrepasan la década de 70 d.C. Sus características evolucionan,
como el cubrenuca, que en los últimos modelos es tres veces más grande que en los
iniciales [FEUGERE 1994: 85],
Los cascos de tradición céltica que equiparon al ejército romano del Alto
Imperio coexistieron con los anteriores de tradición itálica durante cerca de un siglo.
El tipo Weisenau aparece a comienzos del principado y es el heredero directo del tipo
Agen/Port [CONNOLLY 1989]. Estos cascos también son conocidos como “gálicos
imperiales” a partir de la obra de Russell-Robinson, en la que se distinguen no menos
de once subtipos, fechándose el último de ellos, el “K”, en torno al primer cuarto del
s. 11 d.C. [ROBINSON 1975: 45, 51-61]. Estaba fabricado exclusivamente en hierro
(con algunas excepciones, sin duda tardías, en bronce), presentaba una construcción
de casquete y cubrenuca en una sola pieza, así como un hueco para las orejas
generalmente reforzado por una banda ribeteada. En la parte frontal aparece decorado
con “cejas” y un masivo refuerzo, como en el tipo Haguenau, fijado a los temporales.
Algunos ejemplares de esta serie particularmente cuidados llevan elementos
decorativos en latón, cobre rojo, plata o esmalte. En ocasiones se ha atestiguado un
sistema de fijación de cimera mediante estribo central amovible.
Algunas tumbas de Eslovenia permiten situar la aparición de estos cascos
“gálicos” en los primeros años del principado de Augusto. Tanto el tipo Haguenau
como el Weisenau debieron aparecer en el mismo período como consecuencia de una

95
ADOLFO RAÚL MENLNBEZ ARGÜÍN

reforma militar [FEUGÈRE 1994: 91]. Pero mientras que el tipo Haguenau entró en
desuso a fines del s. I d.C., el modelo Weisenau se mantuvo durante los ss. II y III,
viendo probablemente m uy extendido su empleo. La Columna Trajana permite datar
a comienzos del s. II d.C. una innovación capital en la forma del casco de Weisenau;
se trata de dos refuerzos externos que se cruzan en la parte superior del casco. Estos
refuerzos no aparecen representados en la columna en los cascos que llevan los
pretorianos, caracterizados por su penacho corto. Desconocemos si en el caso de las
tropas pretorianas pudo haberse mantenido la cim era junto a esos refuerzos cruzados
de la parte superior (técnicamente no debía ser nada fácil); es posible que los
soldados del pretorio pudieran haber renunciado conscientemente a este avance
defensivo para mantener su privilegiada imagen con el penacho al viento, o bien cabe
la posibilidad que se trate simplemente de una convención del escultor para la
representación de los soldados de la capital, que en combate lucharían con cascos
reforzados similares a los de los legionarios.
La evolución tardía de este tipo de casco y la historia de su abandono son
mal conocidas. Los últimos representantes de la serie están provistos de bandas
cruzadas sobre el casquete y hacen gala de una amplia decoración de apliques en
bronce o en latón. El último representante del tipo Weisenau es el casco de bronce de
Nicdcrmormter, perteneciente a un legionario de la XXX Ulpia, que parece tomar
prestados numerosos elementos a los cascos de caballería. El tipo Niederbieber (ss.
I1-1II) prolonga en el tiempo la evolución del tipo Weisenau, con un casquete que
rodea ampliamente el cráneo, descendiendo por delante hasta las cejas y por detrás
hasta la raíz del pelo. Los refuerzos, cuando existen, adquieren una eficacia
incrementada por su posición en diagonal. Algunos de ellos se fabricaron en bronce,
pero la mayor paite asocian un casquete en hierro a elementos añadidos en bronce.
La mayoría de estos cascos poseen lazos tipológicos y estilísticos evidentes con los
de la caballería.

Casco legionario de Niedermórmter


(fines s. II-comíenzos s. III).

96
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPHRIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CORAZA

Cuatro son los tipos de coraza relacionados con la Guardia Pretoriana a lo


largo de su historia. La primera de la que hablaremos es la coraza musculada (lorica
thorax), de tradición griega y con un carácter bastante exclusivo y espectacular. Esta
coraza, compuesta por peto y espaldar y que solía llevar representada en relieve una
musculatura bastante desarrollada, solía estar reservada a los altos mandos y oficiales
del ejército romano. En el relieve de los pretorianos del Louvre aparece equipando a
dos de los soldados de la Guardia representados. El que está situado más al centro
seria con bastante probabilidad un oficial, un tribuno más que alguno de los prefectos
del pretorio, si bien no puede descartarse del todo esta última posibilidad. Este hecho
queda de manifiesto tanto por el tipo de coraza con “gorgoneion™ como por el cinto
anudado por debajo del pecho. Sorprende en cierta medida el hecho de que esté
equipado con scutum itálico como el resto de los soldados representados, si bien su
reborde y decoración interior lo diferencian claramente de los demás pretorianos del
conjunto. Es probable que su mano derecha se apoye sobre el parazonium, arma de
filo ceremonial propia de los oficiales superiores*, que oculta a la vista del
espectador. A su izquierda aparece otro pretoriano, también con coraza musculada
pero de un tipo más simple. Quizás se trate también de un tiibuno, del centurio
trecenarius o de algún otro centurión pretoriano; lo que parece claro es que no se
trataría de un hombre de tropa. El resto de los pretorianos que aparecen en el relieve
no portan ningún tipo de coraza, sino que su equipamiento, claramente de ceremonia,
se limita a un thoracomachus con pteryges para los hombros sobre el que endosan
una especie de segunda túnica, casco y escudo. El hecho de que el representado en
primer plano porte el arma a la derecha nos indica que estamos ante un soldado o
suboficial de rango inferior.
Otras representaciones de corazas musculadas en relación con la Guardia
son las del relieve de apoteosis de la base de la Columna Antonina. En este relieve
se observa a un individuo a la izquierda del grupo de infantes que lleva una lorica
thorax', esta figura podría tratarse de un centurión o un tribuno (sólo se diferencia
del resto de soldados pretorianos representados por su coraza, estando equipado con
el mismo tipo de armamento). Una nueva representación aparece en el relieve de
Marco Aurelio a caballo del Palazzo dei Conservatori; en este relieve se conmemora
una ceremonia de adventus y en él se nos muestra al em perador junto a un militar a
pie a su izquierda, probablemente un tribuno pretoriano, que endosa el uniforme
propio de los oficiales superiores: coraza musculada, parazonium , casco ático y
paludamentum·, en su mano derecha lleva una lanza y la izquierda la apoya sobre el
parazonium. A la derecha del relieve aparece un soldado que tiende un pergamino
al emperador; se trata probablemente de un pretoriano, equipado con cota de
escamas y escudo oval; este soldado porta un sagum y un casco de tipo “ático” con

” Cabeza de Gorgona decorativa en relieve a la altura del pecho.


“ F.ste sería el tipo de arma al que hace referencia Josefo cuando afirma que el día del asesinato de
Caligula el tribuno Casio Querea se dirigió al Palatino por la mañana con una espada de caballero, pues
era costumbre de los tribunos pretorianos equiparse así cuando recibían la contraseña del emperador, y
ese día Querea entraba de guardia (Ant. Jitcf. 19.85).

97
ADOLFO RAÚL MENÉNDKZ ARGÜÍN

Adventus de Marco Aurelio. Tribuno pretoriano junto al emperador.

penacho corto. A partir de estas evidencias parece que en la Guardia se mantiene la


misma dinámica que en el resto de las unidades del ejército romano en cuanto al
empleo de las corazas musculadas, que habrían quedado reservadas a los altos
mandos y oficiales de este cuerpo de élite.

98
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DK LA ANTIGUA ROMA

En relación con esta tradición de corazas de inspiración greco-helenística,


cabría m encionar también las corazas de lino, surgidas en época clásica en la Grecia
continental y empleadas a lo largo de todo el período posterior. A pesar de la ausencia
de referencias en relación con los pretorianos no podemos descartar su empleo por
parte de algunos oficiales de la guarnición de Roma, como quiera que el propio
emperador Galba portaba una coraza de este tipo el día de su asesinato (Tac., Hist.
1.41.3; Aurelio Víctor, D e Caes. 6.2-3) [JALLET-HUANT, 2004: 69],
La primera de las corazas que habría equipado al conjunto de las tropas
pretorianas habría sido la cota de mallas (lorica hamata). Su empleo se habría
extendido sobre todo durante la primera etapa de la Guardia, pues en esos momentos
era la protección estándar del ejército romano. La lorica hamata estaba elaborada
medíante pequeños anillos de metal enlazados entre sí y protegía por completo el
tronco del portador; a veces podía prolongarse por debajo de la cintura hasta los
muslos. En el s. 1 d.C. solían dividirse según las hombreras en dos tipos, las de
modelo galo (pequeña capa que cubría los hombros sobre el cuerpo principal de la
coraza) y aquéllas más influidas por modelos helenísticos con hombreras rectas
similares a las corazas de lino de tipo griego [ROBTNSON 1975:164-173], Las cotas
de malla solían ser bastante pesadas (entre 8 y 14 kg.); la mayor parte de este peso
descansaría sobre los hombros, si bien el cinturón del legionario contribuía a sujetar
la coraza a la altura de las caderas. Este cinturón tenía una doble finalidad: ayudaba
a repartir el peso de la cota de malla entre los hombros y la cintura y evitaba que
durante el combate la cota estuviera excesivamente suelta, dificultando las
evoluciones del soldado. Finalmente, hemos de mencionar que la malla ofrecía una
aceptable protección contra los golpes de punta y una buena protección contra los de
filo; proporcionaba también una protección relativamente correcta contra flechas y
proyectiles ligeros [BIVAR 1972], Puede afirmarse, por tanto, que la lorica hamata
era una protección corporal bastante aceptable y autores como Robinson incluso la
consideran la mejor de la Antigüedad [ROBINSON 1972]; no obstante, su peso asi
como la dificultad de fabricación y mantenimiento le quitaba algunos enteros
[M ENÉNDEZ 2004: 210-211],

I
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

D esgraciadam ente no disponem os de evidencias iconográficas que


relacionen a la Guardia Pretoriana con este tipo de protección corporal, pero podemos
afirmar que durante los primeros años de su existencia (y quizás hasta bien entrado
el s. I) sería el tipo principal de coraza empleado por los pretorianos. La introducción
de la lorica segmentata la habría desplazado seguramente a un papel secundario a
partir de la primera mitad del s. I d.C. Cabe la posibilidad que el empleo de la
segmentata por parte de la Guardia se hubiera retrasado en relación a las demás
unidades legionarias debido al carácter más arcaizante de su equipamiento.
El tercer tipo de coraza empleado por los pretorianos sería la lorica
segmentata. Este término es una denominación moderna, empleada a partir del
Renacimiento, pues desconocemos el término latino que designaba a este tipo de
protección [contra Simkins 1990, que defiende la denominación de lorica laminata\.
La segmentata es una coraza de placas introducida en el ejército romano ya a finales
de época augústea. Esta armadura se convirtió a lo largo del s. I d.C. y durante todo
el s. II en la protección estándar de los legionarios romanos41. La lorica segmentata
es un tipo de coraza formada por placas de metal rígido unidas entre sí mediante tiras
de cuero interiores para mantenerlas en posición que protegía el tronco del soldado
desde la cintura hasta el cuello, con piezas adaptadas también para proteger los
hombros. Las recientes excavaciones llevadas a cabo en la zona de Kalkriese
(Renania), donde se ha identificado de forma definitiva el desastre de Varo acaecido
en 9 d.C., demuestran que el origen de este tipo de protección se remonta a la segunda
mitad del reinado de Augusto [SCHLÜTER 1992; WILSON y CREIGHTON 1999;
SCHLÜTER 1999]. Este modelo hallado en la zona de Teutoburgo ha sido bautizado
como “tipo Kalkriese” , si bien los escasos restos disponibles no permiten una
reconstrucción definitiva medianamente fiable; M.C. Bishop ha identificado incluso
dos subtipos, “A” y “B”, pero la reconstrucción de esta coraza propuesta por este
autor es altamente hipotética. El tipo Kalkriese B se ha identificado también en
Chichestery Waddon Hill (Britania), por lo que se mantuvo en uso al menos hasta 43
d.C. [BISHOP 2002: 23-9]. Las bases augústeas de Haltern y Dangsletten en
Germania también han proporcionado algunos restos de segmentata temprana, que
habría que fechar hacia 8 a.C. [FTNGERLIN 1986; TRIER 1989; COWAN 2004: 31 -
2], Esta pieza de equipo defensivo habría que conectarla, por tanto, con las reformas
militares del último período del gobierno de Augusto42, que dispuso la fabricación de
nuevos modelos de armas, tanto ofensivas como defensivas con el fin de m ejorar la
protección y la eficacia de sus tropas.
Durante los ss. 1 y II se desarrollaron dos nuevos modelos de lorica
segmentata·, el “Corbridge”, en sus tres subtipos “A” y “B/C” [BTSHOP 2002: 31-
45], caracterizados por sus numerosos enganches, hebillas y apliques metálicos, que
constituían el elemento más débil de la armadura; y el modelo “Newstcad”, más
funcional y con menos enganches susceptibles de romperse, desarrollado a partir de

41 Hasta qué punto era cierta esta estandarización y, sobre todo, en qué zonas de las Cranteras
imperiales era aquélla la imagen propia del legionario es un tema sujeto en la actualidad a discusión
[Menéndcz 2006].
42 La primera representación escultórica de la segmentata parece observarse en el arco de Susa, Italia,
también de época augústea; en este monumento uno de lo soldados representados deja entrever a la
altura de los hombros lo que podrían ser placas de segmentata.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

comienzos del s. II [ROBINSON 1975: 180-4], Los hallazgos de segmentata


procedentes del fuerte de Newstead han sido de nuevo analizados por M.C. Bishop,
poniéndolos en relación con otros procedentes tanto de Gran Bretaña como del
continente y que también pertenecerían a este nuevo tipo de coraza de placas; a partir
de todas estas evidencias este investigador ha elaborado una nueva reconstrucción
que modifica en ciertos aspectos las propuestas por Robinson en 1975 [BISHOP
1999; BISHOP 2002: 46-61], La conclusión más interesante que plantea este
investigador es que las modificaciones no fueron tan revolucionarias como en un
principio pudiera parecer, manteniendo numerosas características en común con el
tipo Corbridge e incluso con el tipo inicial de Kalkriese.
Por lo que concierne a sus cualidades defensivas, la segmentata permite
detener golpes más contundentes que la malla sin sufrir daños. Otorgaba también una
buena protección ante flechas, dardos y jabalinas; era, sin embargo, vulnerable a los
proyectiles lanzados desde máquinas de guerra que, según reconstrucciones
recientes, lograban atravesar sus placas y hundirse profundamente en el cuerpo del
portador13. Pero esta coraza era especialmente efectiva contra los golpes descendentes
de espada al contar con fuertes protecciones para los hombros. El combatiente
conservaba además una amplia libertad de movimientos gracias a las articulaciones
de las placas entre sí. Otras ventajas respecto a la malla eran su inferior coste de
fabricación y su menor peso, que podía oscilar entre los seis y los nueve kilos,
dependiendo del grosor de las placas. No obstanle, también contaba con serios
inconvenientes. En prim er lugar, el mantenimiento debía realizarse en talleres más o
menos especializados, y en segundo lugar, la debilidad de los enganches y hebillas
(realizados en orichalcum, una aleación al 80-85% de cobrc y 20-15% de zinc
[BISHOP 2002: 77]) obligaría a continuas rondas de reparaciones. Este último
problema se solucionó en parte con el modelo “Newstead”, que a pesar de su
funcionalidad tam bién exigía un m antenim iento considerable. U n nuevo
inconveniente de la segmentata respecto a la malla era la pérdida de protección para
los muslos y parte superior de los brazos. Finalmente, hay que mencionar que esta
coraza era compleja de endosar, pues el soldado necesitaba ayuda para evitar
estropear las correas de sujeción, hebillas y bisagras que, como hemos visto, eran las
partes más débiles de la lorica.
A veces el brazo derecho del soldado se protegía también mediante placas,
denominadas manicae, como puede observarse en los relieves del Tropaeum Traiani
de Adamklissi (Rumania). En éstos aparecen legionarios con el brazo derecho
protegido y el izquierdo desnudo, pues este último ya contaba con la protección
proporcionada por el escudo. Restos de este tipo de protección han sido identificados
en Carnuntum, Trimontium (Newstead), Corbridge, Richborough, Eining, Carlisle,
Colonia Ulpia Traiana Sarmizegethusa (Rumania) y León. Según M. Simkins, a
diferencia de las manicae de tipo gladiatorio, las manicae militares sólo encerraban

4í Otra característica interesante de este tipo de ataques de scorpio y cheiroballislra (modelos de


catapulta empicadas por el ejército romano) era la olida de choque provocada por el proyectil, que habría
causado graves roturas en los órganos internos, incapacitando o acabando directamente con la victima;
de este modo, la onda de choque es un elemento muy importante a tener en cuenta, pues recuerda que
no es necesaria la penetración física de tin proyectil a través de la armadura para incapacitar o matar
[WILKINS 2000],
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

el brazo del portador en sus dos tercios; la explicación para esta importante diferencia
puede atribuirse al hecho de que encerrarlo por completo producía cierta restricción
de movimientos en el codo (esta lalta de movimiento del brazo era inaceptable para
el ejército, aunque pudiera haber sido pasable en la arena); M.C. Bishop ha propuesto
por su parte que la manica no cubriese la parte trasera del brazo, sino la delantera, al
ser la más expuesta según se desprende de la técnica de combate del legionario
romano; la articulación de las piezas de la manica, que se solapaban hacia arriba (a
la inversa que la coraza), permitiría una relativamente amplia libertad de movimiento
a un brazo derecho así protegido [SÏMKTNS 19902; BISHOP y COULSTON 1993:
87; COULSTON 1998; BISHOP 1999; BISHOP 2002: 68-71].
El empleo de la segmentata por parte de las tropas pretorianas lo tenemos
atestiguado en los relieves de la Columna Trajana y en los de la base de la Columna
Antonina. Soldados pretorianos aparecen en la escena LUI de la Columna de Trajano,
en la que se representa la construcción de un campamento bajo la supervisión del
emperador; éste se encuentra rodeado por un grupo de pretorianos equipados con

Pretorianos de la Columna Trajana.

102
PRETORIANOS: LA GUARDIA IM PERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

segmentata y scutum rectangular y reconocibles claramente por su característico


penacho sobre el casco. Los pretorianos vuelven a aparecer en la escena LXXIX,
donde se representa una adlocutio de Trajano a la Guardia, pues sólo esta unidad,
precedida por una serie de estandartes, se distingue en esta reunión con el emperador.
Por lo que respecta a la base de la Columna Antonina, en la que se conmemora la
apoteosis del emperador Antonino Pío (138-161), una de las caras presenta la
procesión ritual de la caballería de la Guardia rodeando a un grupo de soldados, con
toda probabilidad pretorianos, equipados con coraza segmentada y escudo oval.
La última protección empleada masivamente por los pretorianos fue la
coraza de escamas o lorica squamata. Su uso por parte de la Guardia habría que
datarlo a partir de la segunda mitad del s. II d.C., probablemente desde época de
Marco Aurelio (161-180) en adelante. La cota de escamas se elaboraba mediante la
aplicación de pequeñas piezas de metal con forma de escamas más o menos grandes
engarzadas entre sí a una pieza inferior (de lino o cuero) que actuaba como base para
mantenerlas en posición [MENÉNDEZ 2004: 211-212]. Tenía un corte muy similar

Pretorianos Antonino Pío


ADOLFO RAÚL M HNÉNDEZ ARGÜÍN

a la cota de malla, pero no otorgaba a su portador una movilidad tan amplia como la
primera. Por otra parte, sus cualidades defensivas eran bastante inferiores a las de la
malla. A pesar de ello este tipo de protección fue empleado tanto por legionarios
como por auxiliares durante el s. Tí d.C., extendiéndose su empleo también a la
Guardia Pretoriana. La diferencia habría que buscarla en el material empleado, pues
mientras entre las tropas legionarias estaría más extendido el hierro, entre los
auxiliares sería el bronce el material básico para la elaboración de este tipo de
protecciones. El empleo de la squamata tanto por auxiliares como por legionarios
puede rastrearse en algunas zonas del Imperio como la Dacia (Rumania) desde los
primeros años del s. II d.C. [DAWSON 1989].
La ventaja que podía ofrecer la cota de escamas respecto a otros tipos de
coraza era fundam entalm ente su bajo coste y facilidad de fabricación y
mantenimiento, que no requería artesanos especializados y que podía ser reparada
por los propios soldados. Sus cualidades se consideraron lo bastante buenas como
para acabar siendo la protección propia de los pretorianos, tal como nos lo confirma
Casio Dión (79.37.4) para el año 218 d.C., durante el gobierno de Macrino. Los
pretorianos aparecen representados ya en la Columna Aureliana '14 con cotas de
escamas para distinguirlos con claridad del resto de las tropas romanas. Con todo,
desconocemos si durante el s. III siguieron en uso modelos anteriores como la cota
de mallas o la segmentata. A fines del s. III y comienzos del s. IV, la cota de escamas
continuaba siendo la coraza típica de los pretorianos y equipados con ella aparecen

44 Este monumento fue erigido durante los primeros años del reinado de Cómmodo, c. 185 d.C.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

representados en el Arco de Constantino


durante la batalla de Puente Milvio
[WILPERT 1922]. La novedad de las
cotas de escamas representadas en estos
relieves es que sus mangas se extienden
hasta el codo.

P ILU M

El pilum era la jabalina propia de


la infantería pesada romana, un elemento
esencial en la panoplia del legionario y,
por supuesto, en la de los pretorianos
durante buena parte de la existencia de
este cuerpo. El pihim se caracterizaba por
presentar una larga punta de metal de entre
60 y 90 cm. (al menos para el siglo II d.C.)
encastrada en un asta de madera para
com pletar un arm a arrojadiza de
aproximadamente dos metros (Vegecio,
Epit. 1.20). Esta disposición favorecía
bastante la capacidad de penetración del
arma, que podía llegar a alcanzar su
objetivo aunque éste dispusiera de escudo.
A veces, tras la fijación del metal a la
madera se colocaba una bola de plomo
que actuaba como sobrepeso para
aumentar su capacidad de penetración,
disminuyendo no obstante el recorrido del
arma. Estas bolas de plomo aparecen
atestiguadas en los pila de la Guardia
Pretoriana de la segunda mitad del s. T
d.C., como puede observarse en los
relieves domiciancos de la Cancillería; los
lastres de plomo se decoran en dichas Detalle de los pila lastrados
representaciones con águilas imperiales. del relieve de pretorianos
de la Cancillería.
El pilum debe convivir desde el s.
II d.C. con la lancea en los arsenales de las
tropas ciudadanas (legionarios y pretorianos); con todo, su empleo en cantidades
importantes se mantuvo a lo largo de toda esta centuria y durante el s. III, a pesar de
que en este último período había sido desplazado ya por la lancea como arma de asta
predominante [MENÉNDEZ 2004: 215-216]. De hecho, la Guardia Pretoriana es
durante el s. III uno de los últimos reductos del pilum 45, al menos esto es lo que se

15 De nuevo una característica arcaizante para una época en la que, como hemos visto, el arma
predominante era la lancea.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

desprende de las representaciones funerarias de pretorianos halladas en la capital del


Imperio. En algunos de estos relieves el pilum aparece lastrado con dos e incluso tres
bolas de plomo.

GLADIUS/SPATHA

El gladius puede definirse como espada corta; era un arma para ser
empleada principalmente de estoque, si bien su evolución tiende a la búsqueda de
unos fuertes filos rectos y una punta corta, elementos que caracterizaban al modelo
“Pompeya” (segunda mitad del s. 1 d.C.); éste se mantuvo en uso en las legiones hasta
su progresiva sustitución por la spatha a fines del s. Π. Durante el s. I d.C. el modelo
Pompeya va a coexistir, no obstante, con el que puede calificarse como su predecesor,
el tipo “M ainz’:, caracterizado por poseer una hoja de punta larga y filos no paralelos.
La longitud de la hoja de los gladii oscila entre 40 y 55 cm., llegando el arma a medir
en total unos 80 cm. La tropa portaba el gladius en el costado derecho, a diferencia
de los centuriones, que llevaban su arma de filo a la izquierda como signo distintivo.
Este hecho puede observarse en el relieve de los pretorianos del Louvre, donde el
único gladius claramente representado aparece portado por el segundo soldado de la
derecha en ese costado. Asimismo, en una serie de sestercios emitidos por Nerón en
63-64 d.C. para conmemorar “adlocutiones” a la guardia, dos de los tres soldados
representados llevan el gladius en el lado derecho.
U n elemento importante en este arma era la vaina, con estructura de madera
y refuerzos metálicos, que podía llegar a estar ampliamente decorada. Esta
decoración en el caso de los pretorianos no podía sino ser de una riqueza bastante
superior a la de las vainas de los gladii provinciales, tanto por el mayor sueldo como
por el acceso a los mejores artesanos del Imperio, afincados en la capital. El modo de

Gladius tipo Pompeya


(comienzos siglo II d.C.).

106
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL I)F. LA ANTIGUA ROMA

fijación de la vaina evoluciona a lo largo del


tiempo, en un primer momento se sostiene
m ediante cuatro anillos al cinturón del
soldado (cingulum), pero a partir del s. II es
el tahalí el que se impone progresivamente
como método de sujeción.
La spatha había sido empleada
durante los dos primeros siglos del Imperio
tanto por las unidades de infantería pesada
auxiliar como por la caballería (incluida
seguramente la Pretoriana y los Equites
Singulares Augusti), pero a partir de los
últimos años del s. II comenzó también a
extenderse entre las unidades de infantería
legionaria y entre las tropas a pie de la
Guardia. Coexistió durante esos primeros
años con el gladius, pero poco a poco fue
ganando la supremacía hasta convertirse en
el tipo principal. El término spatha acabó
convirtiéndose incluso, a partir de fines del
s. II d.C., en el vocablo genérico para
designar el arma de filo que portaba el Pompeya y spatha.
soldado en com bate46. La spatha se
caracterizaba por una longitud de hoja algo
superior a la del gladius y una anchura
variable. La spatha como arma de la infantería legionaria comenzó a extenderse
durante el reinado de Septimio Severo (193-211), hasta el punto que son pocos los
hallazgos de este tipo de arma relacionados con loslegionarios antes de esta fecha.
La ruptura que supuso para la Guardia la reforma de Severo habría contribuido
asimismo a modificar el equipamiento de la misma, por lo que es probable que la
spatha se impusiera entre las tropas de la capital a partir de 193. Este arma testimonia
una cesura importante en la evolución del armamento romano y sus características
permanecieron relativamente estables a lo largo del tiempo. Estas espadas reflejan
además una influencia bárbara considerable, si bien las mejores piezas se fabricaban
dentro del Imperio. Así lo demuestran hallazgos como los de Nydam, Illerup,
Vimose y Ejsbol, en la Península de Jutlandia (ofrendas votivas fechadas en la
primera mitad del s. Ill), donde se han recuperado un total de 480 espadas, entre ellas
un centenar de spathae procedentes del mundo romano [RALD 1994],
Sabemos que a fines del s. 11 los pretorianos portaban la espada a la
derecha, tal como les recuerda Severo en la arenga durante la que los licencia; éste
les echa en cara su fallo a la hora de proteger la vida de Pértinax, recordándoles que

También el término gladius, en neutro “gladium”, se ha atestiguado como término genérico para
designar la espada durante el s. I d.C., tal y como podemos observar en un documento procedente de
Carlisle (norte de Britania) y relativo a un ala de caballería (Ala Sebosianá)', en dicho documento el arma
de filo de los jinetes aparece denominada como gladium en lugar de emplear el término más cspccífico
de spatha [TOMLIN 1999J.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

''''como soldados escogidos p ara custodiar al emperador, lleváis vuesti'as espadas a


la derecha, no a la izquierda” (Exc. Salín. 127). A fines del s. 11 d.C. los legionarios
portan sus spathae al costado izquierdo; sin embargo, vemos cómo los pretorianos
siguen conservando como signo distintivo la espada — quizás todavía el gladius— a
la derecha, manteniendo así la tradición de épocas anteriores.

PUGIO (DAGA)

La daga era un arma empleada por los soldados del ejército romano desde
época republicana. Se llevaba en principio en un cinturón propio en el costado contrario
al de la espada. Su uso se fue haciendo más raro entre las tropas legionarias desde
finales del s. I d.C., pero esto parece que no afectó a la Guardia Pretoriana, pues en 193
estos soldados se muestran ante Septimio Severo llevando dagas damasquinadas en
plata y oro de tipo ceremonial (Herodiano 2.13.10). Puede que estemos de nuevo ante
un elemento arcaizante del equipamiento de los pretorianos. Con todo, el empleo de
dagas vuelve a resurgir entre los legionarios durante el s. Ill d.C.

LANCEA

La lancea era una jabalina ligera con un peso y una punta (en forma de hoja)
inferiores a los del pilum, lo que reforzaba su alcance pero limitaba su capacidad de
penetración. Solía contar con un propulsor de tiras de cuero, amentum, para
incrementar su alcance eficaz (Isidoro, Orig. 18.7). Las razones para sustituir un
arma de asta por la otra habría que buscarlas esencialmente en el escaso recorrido del
pilum así como en su alto coste de fabricación. No obstante, como hemos visto, el
pilum continúa en uso entre las tropas pretorianas durante el s. III, incluso reforzado
a veces con dos o tres bolas como lastre; debido a ello es probable la existencia dentro
del pretorio de cuerpos de especialistas; es decir, tropas entrenadas para combatir con
el pilum y contingentes adiestrados para hacer uso de la lancea según los
requerimientos tácticos de la situación. Entre las tropas legionarias estos especialistas
en el manejo de la lancea están claramente atestiguados, para época severiana, con la
denominación de lanciarii [MENÉNDEZ 2004: 217].

ARTILLERÍA

Sabemos a través de referencias en las fuentes que la Guardia Pretoriana


disponía de máquinas de guerra, que se almacenarían en el gran arsenal de los castra
cuando no estaban siendo utilizadas. Estas máquinas podían ser empleadas tanto para
la defensa como para el ataque, e incluso para labores urbanísticas o de lucha contra
incendios. En este sentido, Suetonio nos informa que Nerón empleó máquinas de
guerra, seguramente operadas por sus pretorianos, para derribar unos graneros
cercanos a la Do mus Aurea cuyos terrenos quería incorporar a ese gran complejo
palaciego que se estaba construyendo en la capital (Suet., Ner. 38).
Tres son esencialmente las máquinas de guerra de este tipo empleadas por
las tropas romanas, la ballista, la catapulta y el scorpio. Las dos primeras tenían una
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROM A

Carrobalista
de la Columna Trajana.

estructura similar formada por un armazón de madera, metal o mixto del que
sobresalían dos brazos rectos a los laterales y una corredera donde se colocaba el
proyectil; estaban además asentadas sobre una base que permitía la regulación del
ángulo de tiro de la pieza. Su tamaño variaba en relación al calibre de los proyectiles
que arrojasen. El scorpio, por su parte, se diferenciaba únicamente en que sus brazos
eran curvos para incrementar así la tensión y tomar más potencia. Tradicionalmente
las balistas eran máquinas diseñadas y empleadas para arrojar proyectiles de piedra,
de mayor o menor calibre según las especificaciones de su construcción; la catapulta,
por su parte, arrojaba dardos y flechas y solía gozar de bastante precisión (Josefo, B.J.
3.167). Sin embargo, durante el siglo II d.C. se va a producir una inversión total en
la nomenclatura de estos ingenios, pasando a denominarse ahora con el término
catapulta a las máquinas encargadas de arrojar piedras y balistas a las que lanzaban
dardos [MARSDEN 1969: 1-4].
A comienzos del s. II (reinado de Trajano) apareció la corrobalista, máquina
especialmente apta para la guerra de movimientos, cuya representación en la
Columna Trajana montada en carros es síntoma de la eficacia de su empleo en
combate abierto [WILKTNS 1995]. Este tipo de catapulta se caracterizaba por el
empleo del hierro en la elaboración de su armazón, a diferencia de los tipos en
madera existentes hasta finales del s. I d.C. [BAATZ 1981]. Por último, a lo largo del
s. III conoce un gran desarrollo el onagro {onager), pieza de artillería que según
Marsden se encontraría ya en servicio a comienzos de esa centuria [1969: 191]. El
onagro era una catapulta de un solo brazo cuya descripción más clara nos ha llegado
a través de Amiano Marcelino (23.4). Esta pieza se caracterizaba por su falta de
precisión y una cadencia de tiro bastante reducida; sin embargo, ambas deficiencias
eran compensadas por la gran potencia y capacidad de penetración de sus disparos47.

47 Peterson afirma que el onagro era inferior a las piezas de artillería de dos brazos; la popularidad que
alcanzó a lo largo del s. III habría que buscarla, sin embargo, en su mayor facilidad de construcción y
mantenimiento y en que requería dotaciones menos experimentadas para operarlo [PLTLRSON 1996:
59 y 63J.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

EQUIPAMIENTO DE PARADA Y DE COMBATE

Los pretorianos que vemos representados en los relieves de la capital, como


el del Louvre, aparecen con un equipamiento tan decorado que dudamos mucho que
se llevara en combate. Por lo tanto pensamos que podría existir una clara distinción
entre dos tipos de panoplia: por una parte, una más alambicada y refinada, destinada
al servicio de guardia o ceremonias especiales en uniforme de gala (Casio Dión
63.4.2-3)48; y por otra tendríamos el equipamiento de combate individual con el que
el pretoriano entrenaría y marcharía en campaña. Abundando en esta hipótesis, puede
que en las oficinas centrales del arsenal de los castra se encargaran de su distribución,
recepción tras el uso y mantenimiento.

EQUIPAMIENTO DE LA CABALLERÍA DEL PRETORIO

En este último apartado dedicado a las tropas montadas de la Guardia


Pretoriana haremos hincapié sólo en aquellas piezas de equipo que los diferenciaban
de la infantería, evitando así excesivas repeticiones. El tipo de túnicas empleadas
sería similar para todas las tropas del pretorio; lo mismo cabría decir para el resto de
las prendas de vestir en general, incluyendo el sagum , la paenula y el sagulum, ya
mencionados más arriba.

Casco romano de caballería.

48 Hstos elementos puede que fuesen de uso común; es decir, existiría un número determinado de piezas
de equipo de este tipo que irían rotando según los servicios.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DR LA ANTIGUA ROMA

fI \\ I

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Silla de montar romana. λ!

::
I
En cuanto al equipamiento defensivo, los soldados de la caballería
pretoriana portaban casco, armadura y escudo. El casco de la caballería se
caracterizaba por su forma redondeada, batido en una sola pieza, con protector
frontal, amplias carrilleras y cubrenuca. Durante el s. T y primera mitad del s. II era
muy habitual que los cascos de la caballería estuvieran decorados con una pieza
superior en bronce dorado trabajada para dar la sensación de cabello. Por lo que
respecta a las protecciones corporales, las armaduras propias de caballería eran de
malla o de escamas, que daban al jinete la mejor solución entre protección y
movilidad sobre el caballo. Finalmente, el escudo era plano y construido en madera,
pudiendo adoptar distintas formas: oval, hexagonal, etc. Parece que la caballería de
la Guardia Pretoriana tenía especial predilección por los escudos planos ovales,
decorados en ocasiones con motivos de escorpiones. Las armas ofensivas eran
esencialmente lanzas y espadas (spatha). La lanza de caballería era más ligera que el
pilum; se caracterizaba por tener un asta de madera y una punta de metal en forma de
hoja más o menos alargada, pudiendo ser empleada para blandirse o para arrojarse
sobre el enemigo. La spatha ha sido analizada más arriba con cierto detalle, por lo
que no nos detendremos en ella.
La caballería romana se caracterizaba por protagonizar en ocasiones
especiales entrenamientos en uniforme de parada y con armas simuladas; estos
ejercicios eran conocidos con la denominación Hyppica Gymnasia. Los tenemos
atestiguados en las unidades de caballería del ejército de la frontera, siendo descritos
con detalle por Arriano para el s. 11. De este modo, es muy probable que también
fueran practicados por la Guardia. Por otra parte, algunos de estos ejercicios pudieron
ser practicados ante el público, pues en no pocas ocasiones las lúentes nos informan
de la participación de la caballería de la Guardia, tanto pretorianos como Equites
Singulares Augusti, en ceremonias y celebraciones en la capital (ver supra).
Por último, habría que mencionar un elemento esencial que explica el gran
éxito de las unidades de caballería romana, la silla de montar. La estructura era de
madera, acolchada y forrada de cuero; se colocaba sobre una manta y se caracterizaba
por presentar cuatro pomos, dos delante y dos detrás, que mantenían al jinete en
posición. Los pomos delanteros permitían al jinete voltear su espada a un lado o a
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

otro mientras que sus piernas quedaban sujetas por éstos; también podía soportar más
o menos bien una carga con espada o lanza gracias a que las caderas estaban
perfectamente fijadas en su posición por los pomos traseros. Finalmente, los ameses
de los caballos eran de cuero, con pendientes realizados en bronce en forma de tres
hojas o de cuarto creciente.
A modo de conclusión, ofrecemos este cuadro resumen en el que se observa
la gran variedad de elementos requeridos por esta unidad de élite del ejército romano:

U niform e U niform e Uniform e Uniforme


civil de p arad a de faena de com bate

Ropa Toga Túnica Túnica Túnica


y calzado Udones Thoracomachus ? Thoracomachus. Cingulum
Caligae Cingulum Cingulum Feminalia o bracae
Udones Sagum o paenula Udones
Caligae Udones Caligae
Caligae Sagum o paenula

A rm am ento Gladius Pugio ceremonial Gladius Pilum o Lancea


ofensivo Pugio Gladius
Pugio

A rm am ento Ninguno Coraza Ninguno Coraza


defensivo (a veces (lorica hamata, (lorica hamata,
coraza bajo squamata o squamata o
la toga) segmentata) segmentata)
Scutum oval Scutum rectangular
Apron Apron
Grebas Grebas
Casco Casco

RUTINAS DE ENTRENAMIENTO

La Guardia Pretoriana era una unidad militar plenamente operativa y, como


tal, participó en toda una serie de campañas militares a lo largo de su dilatada historia.
Normalmente, los pretorianos acompañaban al emperador o a algún miembro de su
familia cuando éstos tom aban parte personalm ente en las operaciones. Es
significativa y ciertamente reveladora del carácter personal de la Guardia la respuesta
que dio el emperador Tiberio (14-37 d.C.) en el año 32 a una propuesta del Senado
que pretendía otorgar a los pretorianos el dcrccho a sentarse durante los espectáculos
públicos en las catorce filas destinadas al orden ecuestre: la condena al destierro de
Junio Galión, su promotor, por inducir a estos soldados a ser leales al Estado y no a
su emperador y comandante en jefe (Tac., Ann. 6.3; Casio Dión 58.18.3-4). Este
hecho no parece ser tenido en cuenta por Joscfo cuando afirma que los pretorianos se
oponían a la muerte de Caligula “p o r ser mercenarios y cómplices de su tiranía;
convertidos en lacayos de su insolencia, ganaron honores y beneficios, pues los más
nobles les tenían miedo” (Ant. Jud. 19.129-130). Josefo condena la lealtad de los
PRETORIANOS: LA GUARDIA IM PERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

pretorianos sin tener en cuenta que este cuerpo era realmente eso, una guardia
personal completamente entregada a su comandante en jefe. Esa lealtad podía llegar
incluso a la auto inmolación después de la muerte del emperador, como ocurrió tras
el suicidio de Otón (Epit. de Caes. VII.2).
Poner en duda las capacidades combativas de las unidades de guardias ha
sido una constante a lo largo de la Historia, si bien las apreciaciones de los críticos
se han visto a menudo desmentidas por el excelente comportamiento de este tipo de
unidades en el campo de batalla49. La Guardia Pretoriana no fue una excepción a este
tipo de cautelas, ya incluso desde la propia Antigüedad (Plutarco, Otón 5, 9 y 12;
Herodiano 2.6.14; 2.10.2 y 6 ; Casio Dión 74.16.2-3; SHA, Did. luí. 6.1; Casio Dión
75.2.4-5), sin embargo, cuando sus servicios fueron requeridos en campaña, en
general, a su actuación no pudo ponérsele ningún pero.
Buena culpa de la operatividad de la Guardia Pretoriana la tenían sus rutinas
de entrenamiento. En efecto, una de las características esenciales de las que hacía
gala el ejército romano era el hincapié que se ponía en un adiestramiento continuado
de los soldados, sin importar los años de servicio (Vegecio, Epit. I, 9 a I, 19). Con
esta medida se pretendía mantener siempre a las tropas en un estado de preparación
militar lo más adecuado posible y evitar además la ociosidad, que podía ser un factor
ampliamente desestabilizador en un ejército tan profesionalizado como el romano
[LE BOHEC 2004: 141-161]. Si estas premisas se cumplían a rajatabla en cualquier
legión acantonada en las fronteras, cuanto más no lo harían en la Guardia, que
además era el cuerpo más visible de todo el ejército al hallarse acantonado en la
propia capital. De hecho, los pretorianos, desde la construcción de su campamento en
23 d.C. por orden de Sejano, contaron con un campo de maniobras (campus) junto a
sus castra (Tac., Ann. 12.36; Casio Dión 74.1; SHA, Did. luí. 5.9.), en el que se
desarrollarían tanto las labores de entrenamiento como las grandes paradas,
ceremonias y desfiles50.
El campus se situaba mirando hacia la ciudad; es decir, junto al lado oeste
de los castra [LANCIANI, FUR, tab. 10], entre el campamento y la Muralla
Serviana. En este espacio se han hallado restos de un gran edificio sagrado, de una
gran letrina de planta rectangular, de un edificio termal pavimentado con mosaicos,
de una edícula dedicada por los pretorianos, depósitos de ánforas (empleadas para
rellenar el foso del agger serviano) y conducciones de agua [LEXICON 1993: 254;

'wLos prejuicios llegan prácticamente hasta nuestros días; así, por ejemplo, la alta oficialidad del ejercito
alemán durante la segunda mitad de los años 30 calificaba a la Leibslandarte SS A dolf Hitler, guardia
personal del dictador, como “pretorianos” o “soldados del asfalto”, solamente útiles para las peleas
callejeras y los desfiles [MABIRH 1978: 45]; cuán equivocadas se demostraron estas apreciaciones
quedó de manifiesto con el comportamiento en combate de esta unidad durante lodo el segundo gran
conflicto mundial del s. XX; sus cualidades bélicas fueron tan notables que de simple regimiento
motorizado creció hasta conformar toda una división blindada. Un hecho similar se constata en relación
a la Guardia Imperial de Napoleón, odiada por las unidades de línea debido a sus amplios privilegios y
a la economía que caracterizó su empleo por parte del emperador, pero a la vez respetada por sus
cualidades militares, que superaban en conjunto a las del resto de las unidades de la Grande Armée
[DAMAMME 2002: 46-50],
“ HI interior de los castra, a partir de las excavaciones realizadas, parece que no contaba con un lugar
de reunión capaz de acoger ceremonias militares que exigieran la concentración del grueso de las
unidades allí establecidas (pretorianos y urbaniciani).
A D O L fO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

Cam pus de la Legio III Augustea (Lambaesis)

LUGLT 1938: 375; LUGLI 1970: 493-4; MARCHETT1 1957]. Como podemos
comprobar, todo un complejo destinado a ofrecer los servicios necesarios a los
pretorianos (y urbaniciani) tras los entrenamientos cotidianos.
Numerosos son los testimonios que nos informan de especialistas en la
Guardia dedicados al adiestramiento de los pretorianos y de su alto grado de
preparación militar. Los entrenadores en la disciplina de la esgrima solían recibir la
denominación de armatura (CIL 6.2699). Incluso conocemos a un disc(ens)
armat(uramm), que podría interpretarse como un “instructor de instructores” (CIL
6.37215), así como a un evocatus con el rango de exercitator armaturarum (CIL
6.3736=31122). Por encim a habría que situar al doctor cohortis, con
responsabilidades de adiestramiento a nivel de toda la cohorte. Superiores en grado a
estos últimos serían los campidoctores 51 de los que tenemos tres testimonios al
menos, uno perteneciente a la 1 Cohorte Pretoriana (CIL 6.533), otro a la VIT (CIL
6.2658 ) y otro a la IX. El segundo de ellos, datado en el s. III d.C., llegó a servir 25
años en la Guardia tras diez como legionario (CIL 6.2697). Este hecho, que en
principio puede parecer un poco extraño habida cuenta que uno de los grandes
beneficios de los pretorianos era su tiempo de servicio limitado a dieciséis/diccisiete
años, se explicaría porque a estos especialistas se los habría intentado mantener en
activo el mayor tiempo posible; de esta forma, su amplio período de servicio en el
pretorio se debería a sus talentos especiales como campidoctor, además, gran parte
de ese servicio lo habría realizado como evocatus, con todas las ventajas que este
grado conllevaba.
Otro epígrafe nos menciona a un doctor de la VIII Cohorte Pretoriana; en
este caso puede que estemos ante un doctor armorum, de nuevo involucrado en el
adiestramiento de los soldados de la unidad (CIL 5.6886). Una inscripción
procedente de Aquileya y fechada durante el reinado de Domiciano (81-96)
menciona a un missus ex evocato, procedente de la Guardia Pretoriana, con el rango
de armidoctor de la Legión XV Apollinaris; estaríamos de este modo ante un

51 Esta gradación queda confirmada por el epígrafe CIL 6.533 (-ILS 2088) (Roma, s. III), en el que se
realiza una dedicatoria a Némesis Campestre por parte de un doctor cohortis, ascendido a campidoctor
de Ia I Cohorte Pretoriana p(ia) v(index).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

exprctoriano que, gracias a sus especiales condiciones como instructor, habría sido
enviado a esta legión para adiestrarla en los últimos avances armamentísticos ya
aplicados en la Guardia (AE 1952,153); uno de esos avances podría estar relacionado
con los pila lastrados, es decir, jabalinas pesadas con una bola de plomo a la altura
de la unión entre el asta de madera y la punta de hierro. Como hemos mencionado
más arriba, este tipo de pilum aparece a finales de la época flavia equipando a las
tropas pretorianas de la capital en los relieves de la Cancillería. La Legión XV
Apollinaris, trasladada a Carnuntum (Panonia) desde Palestina, participó en la guerra
de 8 6 - 8 8 contra los dacios y en la de 90-92 contra los sármatas [RODRÍGUEZ 2001 :
367]. En 89 Domiciano se trasladó al campamento de la XV Apollinaris, que utilizó
como cuartel general hasta 92. El emperador viajó con un importante contingente de
la Guardia Pretoriana y sería en este marco en el que habría que situar la actuación
del armidoctor en relación con los legionarios de la XV.
Un último rango relacionado con el adiestramiento de las tropas de la
Guardia lo tenemos en los exercitatores equitum praetorianorum a los que, además
de las labores estrictamente relacionadas con el entrenamiento, puede que haya que
asignarles cierta iníluencia en el mando conjunto de las tropas a caballo de la guardia
(como ocurría en el caso de los centuriones exercitatores de los Equites Singulares
Augusti). Durante el s. I d.C. las cohortes pretorianas eran unidades quingenariae
equitatae·, es decir, cohortes integradas por 480 hombres con un complemento de
caballería de cien equites praetoriani. Esto daría un total nominal de 900 equites
durante el reinado de Augusto (nueve cohortes), 1.200 equites tras la reforma de
Calígula/Claudio (doce cohortes) y 1.000 tras culminar el proceso de reconstitución
durante el gobierno de Vespasiano (diez cohortes). Durante el s. II d.C. puede que las
cohortes siguieran siendo quingenarias, sin embargo autores como D.L. Kennedy
proponen para la Guardia pretoriana de época Antonina cohortes de tipo miliario
[KENNEDY 1978], con lo que el contingente de caballería pretoriana se habría
incrementado al doble; estaríamos hablando de unos 2 .0 0 0 equites, lo que a su vez
supondría un contingente doble al de los Equites Singulares Augusti establecidos por
Trajano (copiando la estructura de un ala milliarid’1). Este incremento es seguro para
la época de Septimio Severo (a partir de 193 d.C.), pero para el período precedente,
a pesar de las consideraciones de D. L. Kennedy, no puede considerarse sino como
hipotético. A partir de las evidencias epigráficas conservadas puede observarse cómo
en no pocos casos el paso por el cometido de exercitator equitum praetorianorum es
el escalón previo a una importante carrera militar53.
Finalmente, es prácticamente seguro que buena parte de los evocati de la
Guardia habrían desempeñado cometidos como instructores [MOMMSEN 1884;
LUGLI, Evocatio·, VON DOM ASZEW SKI 1967: 75-78; DURRY 1938: 117-126;

52 El ala miliaria de caballería era la unidad más importante de todas las tropas auxiliares y su escaso
número a nivel de todo el ejercito sería índice tanto de su efectividad como de su coste de
mantenimiento.
33 Son los casos de Cneo Marcio Rustió Rufino, CIL 10.1127 (-1884) (Abellinum), que alcanza incluso
el mando de las flotas pretorianas de Rávena y Miseno; Marco Vettio Valente, CIL 11.395 (“ ILS 2648)
(Rimini, 66 d.C.); Cneo Marcio Rustió Rufino, CIL 10.1127 (-1884) (Abellinum); otros exercitatores
de la caballería de la Guardia Pretoriana están atestiguados en ILS 2089 (=CIL 6.2464) (Roma,
comienzos s. III) y CIL 3.10378 (=3395) (Capona, Panonia Inferior, s. III).
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

PASSERINI 1939: 76-8; BIRLEY 1981; BÉRA RD 1994; TRAVERSO 1999],


pues gozaban de la experiencia que les daban dieciséis/diecisiete años de servicio
y m ás aún si habían participado activam ente en alguna cam paña a lo largo de su
carrera. La experiencia de estos soldados se habría intentado aprovechar todo lo
posible, entrando entre sus tareas la colaboración con los m aestros de armas para
adiestrar nuevos reclutas o bien participar en la supervisión de los ejercicios
cotidianos de los soldados. Estos evocati, com o ya avanzó Dom aszew ski [1967:
77] y hem os com probado más arriba con el arm idoctor de la XV Apollinaris,
eran incluso destinados en comisión de servicio como instructores a las unidades
legionarias, con el fin de m antener unos estándares de entrenam iento sim ilares a
los de la G uardia Pretoriana (CIL 111, 3470; III, 3565; III 11129; IIT 13360; VI
627; AE 1952, 153).
Otras referencias im portantes relativas a las rutinas de entrenam iento de
la Guardia Pretoriana nos han llegado a través de autores de época imperial. Así,
Casio D ión nos inform a de que Tiberio en 25 d.C. ofreció a los senadores una
exhibición de la Guardia Pretoriana en instrucción, con el fin, claro está, de
m ostrar el poder inm ediato de que disponía (Casio Dión 57.24.5). Un episodio
sim ilar tuvo lugar durante el reinado de Caligula, cuando el emperador,
acom pañado por el Senado, pasó revista a los pretorianos en instrucción y les
concedió los 1.000 HS a cada uno que les había otorgado Tiberio (cantidad que
el propio Caligula acabó doblando) (Casio Dión 59.2.1-2). Durante este mism o
reinado, en 39 d.C., tuvo lugar la construcción del puente entre B aiae y el dique
de Puteoli, erigido por la Guardia seguram ente como parte de esas rutinas de
entrenam iento (en este caso no de com bate), que ponían de m anifiesto sus
capacidades tam bién en el campo de la ingeniería (Suet., Cal. 19; Joscfo, Ant.
Jud. 19.6; Casio Dión 59.17.4; Epit. de Caes. III.9). Tras su finalización, el
puente de cinco kilóm etros de longitud fue inaugurado p or el em perador al frente
de la G uardia; al concluir estas m aniobras las tropas de la capital recibieron un
im portante donativo (Casio Dión 59.17.8). H abría que ver estas m aniobras como
preludio a la campaña prevista contra germ anos y britanos, cuyos preparativos
estaban ya m uy avanzados. Caligula quiso m ostrar la preparación de la Guardia
para un golpe súbito m ediante esta proeza de ingeniería.
Caligula incluso llegó a acusar al senador C alvisio Sabino porque su
esposa, en actitud sospechosa, había observado a la G uardia durante sus
ejercicios de instrucción (Casio Dión 59.18.4-5); ambos se suicidaron antes del
juicio. Por su parte, Josefo nos inform a de la opinión em itida por H erodes Agripa
durante la proclam ación de Claudio, desaconsejando al Senado enfrentarse con
las armas a la Guardia Pretoriana, al ser una tropa “excelentem ente entrenada''’
(Josefo, Ant. Jud. 19.242-4). C laudio ofreció al pueblo espectáculos como la caza
africana, ejecutada por un escuadrón de jinetes pretorianos, con sus tribunos a la
cabeza y el propio prefecto del pretorio entre ellos (Suetonio, Cl. 21 ); con ello no
sólo pretendía entretener al pueblo, sino de paso m ostrar ante los más reticentes
dentro del Senado el poder y la disponibilidad de las tropas de su Guardia. Es
significativo que el prim er acto de Nerón tras tom ar la toga viril fuera ordenar a
los pretorianos un ejercicio m ilitar, llegando él mism o a m archar al frente escudo
en mano (Suet., Ner. 7). Tras llegar al trono N erón tam bién ofreció al pueblo
PRETORIANOS: LA GUARDTA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

espectáculos protagonizados por los jinetes de su G uardia (Casio Dión 61.9.1);


en uno de ellos (55 d.C.) llegaron a abatir a 400 osos y 300 leones. A fines del s.
TI d.C. Zósim o (1.7.2) nos informa que los pretorianos no soportaban la exactitud
de Pértinax a la hora de controlar sus ejercicios m ilitares y su grado de
instrucción y por ello decidieron acabar con él. Poco después, tras la
proclam ación de Didio Juliano y la declaración de guerra de Septimio Severo,
Casio D ión nos pone al tanto de la frenética actividad de las tropas de la capital,
que entrenaban incluso con elefantes (Casio Dión 74.16.2-3); m ás dudosas son,
sin embargo, las críticas de este mismo autor a los propios pretorianos al afirmar
que la población, que los odiaba, se reía de sus ejercicios de instrucción y los
tachaba de débiles y de haberse acostum brado a vivir en las comodidades. Estas
críticas por parte de la plebe rom ana pueden ponerse en relación con los tipos de
ejercicios de instrucción reglam entarios en el ejército, que incluían, entre otros,
entrenam ientos con arm as de m adera y escudos de m im bre; es posible que la
población, no acostum brada a ver realm ente entrenar a los pretorianos, se burlara
de esas arm as ficticias y los tom ara a broma. Los que salen realm ente m alparados
en la obra son los m arinos convocados desde M iseno, de los que Casio Dión nos
dice que “no sabían ni fo rm a r
El emperador, por su parte, solía entrenar con su guardia a caballo,
Germani Corporis Custodes o Equites Singulares A ugusti, para así dar muestras
de su valía y habilidades para el mando (Plinio, Paneg. 13 y 17; Suetonio, Aug.
83, Tib. 13, N erón 10, D om. 19; Plutarco, Pom peyo 41.4-5; Vegecio 3.26; Paneg.
Lat. 12.4.4) [SPEIDEL 1994: 115-6]. N o es descartable que los pretorianos
(jinetes e infantes) participaran en esas sesiones de entrenam iento o, por lo
menos, en algunas de ellas para m ejorar así la coordinación interarmas. De
hecho, una serie de m onedas nos m uestran al em perador Nerón a caballo
m ientras entrena con su guardia m ontada germ ana y a pie ju n to a los
pretorianos54. Por otra parte, si esto lo hacía el propio em perador es im pensable
que los prefectos del pretorio no participaran tam bién en los entrenam ientos de
la G uardia, pues eran sus com andantes en jefe. Es posible que con las crecientes
cargas que los em peradores pusieron sobre sus hom bros los prefectos no
pudieran dedicar a sus obligaciones m ilitares el mism o tiem po que les dedicaban
en un prim er m om ento, pero lo que es seguro es que no las abandonarían, pues
hubiera sido un pésim o ejem plo tanto para las tropas como para la propia
población de Roma, que no vería con buenos ojos que los prefectos vieran la
instrucción exclusivam ente desde fuera. A dem ás, ese entrenam iento era
necesario para luego conducir tropas en campaña, como más de una vez tendrían
que hacer durante los ss. I a III d.C.

54 RIC P, p. 159, n° 103-8 y p. 162, n° 167-177 (fechadas entre 63 y 67 d.C.): Sestercios en los que el
emperador Nerón aparece a caballo entrenando con su Guardia Germana (n° 103-104 y 167-73), con la
representación de un vexillum, o con sus pretorianos a pie (n° 105-8 y 174-7); la leyenda para todas ellas
es “decursio”. Parece sintomático cuando menos que Nerón comience a conmemorar a su Guardia y las
virtudes militares propias del emperador en la última etapa de su reinado, cuando crece la oposición del
Senado y desciende su popularidad.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

OPERACIONES MILITARES CON


PARTICIPACIÓN DE CONTINGENTES DEL PRETORIO

A lo largo de sus más de tres siglos de historia los pretorianos participaron


en gran número de conflictos acompañando al emperador, a algún miembro de la
familia imperial o al prefecto del pretorio en su calidad de comandante en jefe de un
ejército. Vamos a enumerar a continuación aquéllas guerras de conquista, de carácter
defensivo y conflictos internos en los que los soldados de la capital lucharon y
murieron para mayor gloria del Imperio y su cabeza visible.
El servicio de los pretorianos durante la primera etapa de su Historia no
puede calificarse de tranquilo. Augusto, tras la victoria sobre Antonio (31 a.C.),
participó en toda una serie de campañas de conquista, a veces de forma personal, en
las que se hizo acompañar por sus guardias de corps. Es probable que la primera
operación en la que participaron los pretorianos (al menos un contingente de este
cuerpo) fuera la guerra contra los salassi (Alpes); este pueblo fue derrotado de forma
definitiva en 25 a.C., recibiendo los pretorianos como premio las mejores tierras
ganadas al enemigo (Casio Dión 53.25.5). En esta zona incluso acabó fundándose
una colonia habitada por ex pretorianos, Augusta Praetoria (Aosta) (Estrabón 4.6.7).
Es prácticamente seguro que los pretorianos participaron en las Guerras Cántabras, si
bien su misión esencial habría sido escoltar al emperador en Tarraco (25 a.C.);
probablemente también habrían acompañado a Agripa cuando éste se hizo cargo de
las operaciones durante el último conflicto en la zona (19 a.C.). Finalmente, habrían
participado en las campañas de conquista de Recia, Nórico y Panonia (19-9 a.C.), en
las que se involucraron de forma directa además de Agripa dos príncipes de la casa
imperial: Tiberio y Druso, los dos hijos de Livia.
El siguiente período para el que disponemos de noticias seguras de la
participación de la Guardia Pretoriana en operaciones militares es el inmediatamente
posterior a la muerte de Augusto (14 d.C.). Tanto Germánico César como Druso César
contaron con un importante contingente de tropas del pretorio para hacer frente a los
motines de las legiones de Germania y de Panonia. Germánico utilizó incluso las dos
cohortes de las que disponía en sus campañas más allá del Rin entre 15 y 17 d.C. Con
todo, los efectivos más importantes fueron los que acompañaron a Druso, pues
estratégicamente el levantamiento de las legiones panónicas era mucho más peligroso
para Italia que el protagonizado por las legiones acantonadas a lo largo del Rin. De
hecho, esa vexillatio pretoriana estaba compuesta por dos cohortes completas, un
contingente de soldados escogidos del pretorio y casi toda la caballería de la unidad,
lodo ello bajo el mando del Prefecto Elio Sejano (Tac., Ann. 1.24; Casio Dión 57.4.4).
En cuanto a las cohortes que escoltaban a Germánico sabemos que en 16
d.C., durante la campaña que culminó con la batalla de Idistaviso, seguían siendo dos
(Tac., Ann. 2.16), probablemente las mismas que lo habían acompañado desde el
inicio de su misión en la zona en 14. Ambas cohortes participaron en la gran batalla
mencionada contra la alianza liderada por Arminio y sus queruscos. Poco después de
este enfrentamiento los germanos volvieron a plantar cara al ejército de Germánico,
al que hostigaron durante la marcha. Aceptaron trabar combate nuevamente en una
llanura pantanosa rodeada de bosques y delimitada por un río; el resultado fue similar
al del enfrentamiento anterior, una clara victoria para las armas romanas. Las dos
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROM A

cohortes junto al general en jefe desempeñaron un papel nada desdeñable en el


triunfo del ejército romano. Estas mismas cohortes pretorianas habrían acompañado
de vuelta a Roma a Germánico tras ser reclamado por Tiberio a fines de 17 d.C.
Los pretorianos también escoltaron a Caligula durante su expedición en
Germania. En plena campaña el emperador organizó una serie de ejercicios y
maniobras para supervisar la operatividad del ejército. Una de ellas consistió en
montar con los Germani Corporis Custodes un ataque sorpresa en una zona boscosa
(Suet., Cal. 45). No se entienden las burlas de Suetonio en este sentido, pues estas
maniobras estaban perfectamente en línea con la tradición romana. De hecho, tanto
César como Trajano ordenaron más de una vez a sus exploradores dar una falsa
alarma para mantener alerta a los soldados. Las condecoraciones que Caligula ofreció
tras esta operación muestran que la acción fue considerada como un reconocimiento
en fuerza. Una parte de la caballería del pretorio también participó en los
enfrentamientos que se desarrollaron al otro lado del Rin.
En 43 d.C., Claudio salió de Roma para una breve participación en la
campaña de conquista de la isla de Britania (Casio Dión 60.21.2). Sin duda se hizo
acompañar por un importante contingente de la Guardia. Tras llegar a Britania se unió
a las legiones que lo estaban esperando junto al Támesis, partiendo a continuación a
tomar Camulodunum (Colchester), que conquistó tras infligir una importante derrota
a los britanos en batalla campal (Casio Dión 60.21.3-4).
Las siguientes noticias que nos muestra a los pretorianos en combate se
remontan a los episodios de guerra civil que sufrió el imperio entre 6 8 y 69. Tras el
asesinato de (jaiba y la proclamación de Otón la Guardia Pretoriana se vio inmersa en
una guerra civil contra las legiones de Vitelio, que descendían hacia Italia desde la
frontera del Rin. Tres fueron las operaciones en las que participaron los pretorianos
durante la guerra. Otón organizó una primera incursión contra los vitelianos atacando
desde el mar la Galia Narbonense; empleó para ello soldados de la flota reorganizados
en vexillationes legionarias a los que añadió un fuerte contingente de pretorianos y
urbaniciani (Tac., Hist. 1.87). En estas operaciones los pretorianos se enfrentaron a las
tropas del legado viteliano Fabio Valente (Tac., Hist. 2.15). Un fuerte destacamento
pretoriano compuesto por cinco cohortes y caballería se incorporó asimismo al ejército
formado por las legiones de Dalmacia y Panonia (VII Galbiana, XI Claudia, XIII
Gemina, XIV Gemina Martia Victrix) para enfrentarse al grueso de las fuerzas de
Vitelio. Finalmente, Otón se colocó al frente de otro contingente de tropas en el que
se incluía el resto de las cohortes pretorianas y los speculatores5S, veteranos del
pretorio y un amplio número de infantes de marina (Tac., Hist. 2.11). De las fuerzas
pretorianas enviadas al norte tres cohortes al mando de Spurinna se establecieron en
Piaccnza como guarnición de esta plaza fuerte; los pretorianos, en lugar de esperar a
Aulo Cécina protegidos por las murallas de la ciudad, obligaron a Spurinna a combatir
(Tac., Hist. 2.18). Spurinna inició así la marcha hacia el Po; Tácito nos informa que al
ordenar la erección de un campamento con foso y empalizada los pretorianos la
consideraron una actividad extraña y se quejaron*', iniciándose un conato de rebelión.

55Recordemos que en estos momentos los speculatores constituían una unidad aparte dentro del pretorio;
más adelante se integrarán en el seno de las propias cohortes.
56 Quizás su status privilegiado les hiciera ver cualquier ejercicio ajeno al propio entrenamiento con las
armas como algo en cierta medida degradante y propio de otras ramas del ejército.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

Con todo, Spurinna consiguió calmar los ánimos y llevó a las cohortes de nuevo tras
los muros de Piacenza (Tac., Hist. 2.19). Un primer asalto de Cécina sobre esta plaza
fuerte fue rechazado con éxito por los pretorianos (Tac., Hist. 2.21). Tras este
episodio se produjo un cruce de insultos entre los legionarios de Germania y los
pretorianos acantonados tras las murallas; los legionarios tildaban a las tropas de la
capital de “soldados cobardes, perezosos y corrompidos p o r el circo y los teatros”,
tópico tras tópico que no se ajustaba a la imagen ofrecida ante el ataque de los
vitelianos, vergonzosamente repelido. Después de un segundo fracaso Cécina se
dirigió con su ejército contra Cremona (Tac., Hist. 2.22). En este episodio del asedio
de Piacenza observamos un empleo poco común de las tropas pretorianas, el de
guarnición de una plaza fuerte. Cabe resaltar también cómo las técnicas empicadas y
el vigor en la defensa sorprendieron al ejército viteliano, mostrando una vez más las
capacidades combativas de este cuerpo de tropas.
La Guardia de distinguió de nuevo en una serie de acciones bajo el mando
de Suetonio Paulino. U n error de este general hizo caer a las fuerzas otonianas en una
emboscada dispuesta por las tropas de Cécina en un paraje conocido como Los
Cástores (a doce millas de Cremona); durante el enfrentamiento destacó la actuación
de tres cohortes pretorianas situadas en formación de fondo en la calzada (Tac., Hist.
2.24). En esta acción también participaron mil jinetes entre pretorianos y auxiliares57.
Los otonianos consiguieron sustraerse a la emboscada dispuesta por Cécina c incluso
estuvieron a punto de infligirle una severa derrota, de la que escapó debido a la
indecisión de Suetonio Paulino a la hora de lanzar un ataque de infantería decisivo
(Tac., Hist. 2.25; Plut., Otón 7).
Otón reestructuró los mandos de su ejército y colocó al frente del mismo a
su hermano Salvio Ticiano y al Prefecto del Pretorio Licinio Próculo. Los ejércitos
vitelianos de Cécina (ya en el norte de Italia) y Valente (que descendía desde
Germania) acabaron uniéndose, por lo que era previsible un gran enfrentamiento. Los
mandos otonianos decidieron dar batalla cerca de Cremona, pero consideraron
oportuno que el emperador no participase en el enfrentamiento. Suetonio Paulino se
oponía a entablar batalla sin antes haber unido fuerzas con los contingentes
procedentes de Mesia y Panonia, pero no fue escuchado (Tac., Hist. 2.37; Plut., Otón
8 ). Otón, siguiendo el consejo de sus generales, se retiró hasta Bresccllo con un fuerte
contingente de cohortes pretorianas (Tac., Hist. 2.33; Plut., Otón 8 y 10). El resto se
quedó en el ejército de Ticiano y Próculo para participar en la inminente batalla. Las
tres cohortes pretorianas que protegían Piacenza al mando de Spurinna también se
unieron al cuerpo de ejército principal (Tac., Ilist. 2.36). En este punto Plutarco nos
informa del descontento de los pretorianos al experimentar la auténtica vida de
campaña, afirmando que estaban ansiosos por combatir, poner fin a la guerra y volver
a Roma (Plut., Otón 9). El gran enfrentamiento tuvo lugar finalmente en Bedriaco,
cerca de Cremona, saldándose con una clara derrota otoniana (Tac., Hist. 2.41-44); el
emperador no quiso continuar la lucha y puso fin a la guerra con su suicidio. Ni
Tácito ni Plutarco destacan la participación de las cohortes pretorianas en esta batalla,

57leniendo en cuenta que la Guardia en estos momentos estaría compuesta por cohortes quingenariae
equitatae, los jinetes pretorianos participantes en la acción habrían sido probablemente los integrantes
de las tres cohortes mencionadas; es decir, aproximadamente 300 (linos cien por cohorte), siendo el resto
caballería auxiliar.
PRF.TORIANOS: LA GUARDIA IM PERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

afirmando el segundo de ellos que huyeron a través de las filas de su ejército sin
siquiera haber llegado a combatir (Plut., Otón 12). Qué duda cabe que la fiabilidad
de esta última noticia puede ponerse en entredicho simplemente recordando el resto
de las acciones que las tropas pretorianas acometieron durante esta campaña; además,
recordemos que Plutarco era ante todo un moralista que detestaba profundamente el
comportamiento de estos soldados en relación con el asesinato de Galba. Según
Tácito (Hist. 2.44), los pretorianos se quejaron tras la batalla de haber sido
traicionados; Tácito nada nos dice sobre su actuación durante el combate, pero si ésta
hubiera sido realmente tan deshonrosa como afirma Plutarco no habría pasado
desapercibida.
La nueva Guardia reformada por Vitelio con unos efectivos elevados, al
menos sobre el papel, a unos 16.000 soldados — dieciséis cohortes miliarias— (Tac.,
Hist. 2.93-94)5S participó muy activamente en la guerra que enfrentó al nuevo
emperador con el ejército que avanzaba desde Oriente en nombre de Vespasiano59.
Por su parte, la Guardia de Otón, licenciada por el nuevo emperador, no tardó en
retomar las armas en el seno del bando de Vespasiano. Sus representantes les habían
prometido que volverían al servicio en las antiguas condiciones (Tac., Hist. 2.82). El
momento culminante de esta nueva guerra civil se produjo de nuevo en Bedriaco,
donde se desarrolló el choque decisivo; en esta batalla los antiguos pretorianos de
Otón formaban parte de la reserva del general ílaviano Antonio Primo; este último
salió vencedor del enfrentamiento y continuó su m archa sobre Roma. Un
destacamento de expretorianos de Otón al mando de Valerio Paulino (procurador de
la Galia Narbonense y antiguo tribuno de la Guardia, que los llamó de nuevo al
servicio activo) defendió Fréjus (Fonim lulii) para el bando flaviano disuadiendo a
F. Valente de atacar la plaza (Tac., Hist. 3.43).
Por su parte, los nuevos pretorianos de Vitelio continuaban en la capital
junto al emperador. Éste se decidió finalmente a atacar a las tropas de Antonio Primo,
que se habían detenido en Fano ante los rumores de que el grueso de la Guardia se
dirigía contra él (Tac., Hist. 3.50). Vitelio ordenó a los prefectos del pretorio Julio
Prisco y Alfeno Varo que con catorce cohortes pretorianas y todos los escuadrones de
caballería ocupasen el Apenino; este ejército estaba además reforzado por la nueva
legión formada con los infantes de marina. Las demás cohortes (junto a los
urbaniciani) quedaron al mando de Lucio Vitelio como protección de Roma (Tac.,
Hist. 3.55). A continuación el emperador decidió enviar a su hermano con seis
cohortes y quinientos jinetes a Campania, destacando otra parte de sus tropas en
Narni al mando de los prefectos del pretorio (Tac., Hist. 3.58). Todo este dispositivo
comenzó a venirse abajo en el momento en el que los pretorianos e infantes de marina

58Según Tácito fueron los propios soldados los que eligieron sus destinos, adscribiéndose a las tropas de
la capital o permaneciendo en las legiones según sus intereses; de esta forma se desprestigió a la
guarnición de Roma al incorporarse veinte mil hombres cogidos “por las buenas” de entre todo el
ejército viteliano (Tac., Hist. 2.94).
s‘*Vitelio licenció a los pretorianos de Otón, pero éstos volvieron al combate en el momento en el que se
tuvo noticia del levantamiento de Vespasiano en Oriente a favor de este nuevo pretendiente (Tac., Hist.
2.67; Suet., Vit. 10). En este sentido, seguiremos considerando a los ex-otonianos también como
pretorianos, pues la Guardia de Vitelio, en principio, no era sino un contingente legionario y auxiliar
rápidamente reconvertido. Sólo tras la victoria de Vespasiano y su nueva reforma puede volver a
hablarse de Guardia Pretoriana unificada como tal.
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

destacados en Nami se rindieron a Antonio Primo (Tac., Hist. 3.63). Se produjeron


entonces intensos combates en Roma entre flavianos y vitelianos que se saldaron con
la muerte del prefecto de la ciudad, Flavio Sabino, y la destrucción del Capitolio,
donde éste había montado junto las tropas leales a la causa flaviana 60 la última
resistencia ante los pretorianos de Vitelio (Tac., Hist. 3.71). El contingente que pudo
oponer Vitelio en la capital al levantamiento de Sabino ascendía sólo a tres cohortes
pretorianas, todo lo que le quedaba al emperador en Roma; aun así se mostraron más
que suficientes para acabar con la oposición de los otros dos cuerpos armados de la
Urbe (Tac., Hist. 3.78).
El ejército de Antonio Primo acabó alcanzando Roma tras el fracaso de los
planes de Vitelio. Allí la operación más difícil fue el asalto a los castra praetoria. En
el ataque participaron con especial empeño los integrantes de las antiguas cohortes,
afirmando que en los castra estaba su honor como militares, así como su hogar y
patria. Las cohortes de Vitelio opusieron una tenaz resistencia, pero sucumbieron
ante las tropas atacantes, que emplearon todas sus máquinas de guerra como si de
asaltar una plaza fortificada se tratase (Tac., Hist. 3.24). En el último momento
Vitelio intentó escapar hacia Terracina, donde su hermano Lucio se encontraba
acantonado con seis cohortes pretorianas, pero fracasó y fue capturado y eliminado
(Tac., Hist. 3.84). Tras ello Lucio Vitelio regresó a Roma y rindió a sus pretorianos
ante Antonio Primo (Tac., Hist. 4.2).
Se produjo a continuación una im portante reform a del cuerpo de
pretorianos, pues si bien por una parte los pretorianos de Otón exigían el
cumplimiento de la promesa recibida, por otra tampoco se podía apartar de un
plumazo a todos los nuevos pretorianos enrolados por Vitelio. El encargado de la
reforma fue Muciano, peso pesado en los comienzos del nuevo régimen, que se
dispuso a la revisión de las hojas de servicio en los castra praetoria (Tac., Hist. 4.46).
Se depuró así la Guardia licenciando a aquellos que tenían cumplidos los años
reglamentarios de servicio y expulsando directamente a otros. Con todo, hasta bien
entrado el reinado de Vespasiano (69-79) las cohortes pretorianas no recuperaron la
organización y efectivos establecidos por Augusto.
Hasta el reinado de Domiciano (81-96) la Guardia Pretoriana no vuelve a
tomar parte en nuevas campañas; en este caso se trata de operaciones contra
enemigos exteriores, concretamente los catos en Germania y los dacios en la zona del
Danubio. Por lo que atañe a las operaciones de Domiciano contra los catos (83
d.C /’1), en las que él mismo participó personalmente, tomando como base el
campamento legionario de Mogontiacum (Suet., Dom. 6 ; Casio Dión 67.4.1;
Eutropio 7.23.4; Frontino, Strategemata 1.1.8), la presencia de tropas pretorianas es
altamente probable, pero ésta queda asegurada gracias al hallazgo de un diploma
militar fechado en 85 d.C. Cabe además la posibilidad, a partir de este diploma, que
el emperador hubiera mantenido tropas pretorianas en el teatro de operaciones
incluso tras su vuelta a Roma a mediados de 83. El diploma militar [ROXAN y ECK
1993] menciona cuatro cohortes pretorianas, las numeradas de la VI a la VIIII y las

“ Compuestas esencialmente por urbaniciani y vigiles (Tac., Hist. 3.64).


61 La fecha está sujeta a controversias, que oscilan entre finales de 81 y mediados de 83, si bien esta
última fecha parece la más probable [STROBEL 1987], Para una descripción de la problemática de esta
campaña véase MENÉNDEZ 2004: 76-9.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

cuatro urbanas (X, XI, XII y XIIII), omitiendo las cohortes pretorianas I a V. Esto
indicaría que Domiciano habría enviado a buena parte de su Guardia a una provincia
y que no estarían disponibles para recibir la licencia junto a los veteranos de las
cohortes mencionadas. Los editores del diploma no se pronuncian sobre la misión
que podía haber estado desempeñando más de la mitad de la Guardia; sin embargo,
a partir de la fecha S. Dusanic sostiene que las cohortes mencionadas como ausentes
habrían participado en la expedición de Domiciano contra los catos y que habría
existido otra constitutio especial (aún no descubierta) de la que emanarían los
diplomas en los se pondrían de manifiesto las recompensas especiales otorgadas a
esas Cohortes I-V, que habían acompañado al emperador en Germania [DUSANIC
1993]. Las cohortes mencionadas en el diploma habrían quedado, por tanto, junto a
las cuatro urbanas como reliquatio en los castra para mantener el orden en la capital
y evitar cualquier posible reacción contra el régimen. Otra posibilidad es que el
emperador no hubiera dejado tantos pretorianos en los castra, sino que se hubiera
hecho acompañar por la casi totalidad de las cohortes; a su vuelta, a mediados de 83,
podía haber traído consigo dos o tres cohortes pretorianas (dependiendo del número
total con las que hubiera viajado), dejando otras cinco en el teatro de operaciones
para la continuación de la guerra; esas cohortes son las que no habrían estado
presentes para licenciar a sus veteranos en la fecha del diploma. Lo que pone de
manifiesto, por tanto, este documento es la participación activa de los pretorianos en
las campañas de Domiciano 62 y la posibilidad de que, debido a dicha participación,
recibieran recompensas y honores especiales en comparación con el resto de las
cohortes de la unidad que habían permanecido en los castra de la capital.
Contra los dacios se lanzaron dos campañas militares, la primera tuvo lugar
en 8 6 y terminó en desastre; en esta operación fue derrotado y muerto el Prefecto del
Pretorio Cornelio Fusco (Suet., Dom. 6.1) y, probablemente, destruida la Legión V
Alaudae (Eutropio 7.23.4; Orosio 7.10.4). Cabe también la posibilidad de que esta
legión fuera destruida poco antes, durante el primer ataque dacio a fines de 85 o
comienzos de 8 6 en el que fue vencido el gobernador de Mesia, Opio Sabino [SYME
1928; MÓCSY 1974: 81-3]. Es muy probable que en la expedición de 8 6 hubieran
participado tropas pretorianas, que podían haber constituido la reserva central bajo
las órdenes directas del prefecto. La segunda campaña, emprendida por el emperador
como una forma de vengar la muerte de Fusco y lavar esa gran derrota, tuvo lugar
dos años después. Con ella se consiguió reafirmar el prestigio romano en la zona tras
la gran victoria de Tapae y una paz aceptable con los dacios vencidos (a pesar de las
críticas vertidas sobre ella por la tradición contraria a la figura de este emperador).
No disponemos de datos que nos permitan asegurar la participación de pretorianos en
esta nueva campaña.
Cuados y m arcom anos reclam aron a continuación la atención de
Domiciano; una primera expedición contra ellos se lanzó en 89 d.C. La guerra se
reanudó en 92 tras la irrupción de ambos pueblos en Panonia y la posible aniquilación
de la Legión XXI Rapax [SYME 1928: 53; MÓCSY 1974: 84-5]“ . La reacción

62 LisLo, por otra parte, era perfectamente lógico cuando el emperador se involucraba personalmente en
el teatro de operaciones.
61 Las últimas investigaciones, sin embargo, se inclinan por la opción que hacc desaparecer esta legión
en Germania tras la revuelta fallida de Antonio Saturnino en 89 [B1ÍRARD 2000],
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

romana fue dirigida por el propio emperador, acompañado sin duda alguna por un
fuerte contingente de pretorianos; esta campaña consiguió expulsar a los invasores y
penetrar en territorio enemigo más allá del Danubio (Casio Dión 67.5-7; 68.9.3;
Jordanes, Getica 13.76; Suet., Dom., 6 ; Tac., Agí: 41; Orosio 7.10.3-4; Eutropio
7.24.4) [STROBEL 1989].
Dos nuevas campañas contra los dacios con participación de la Guardia
Pretoriana tuvieron lugar durante el reinado de Trajano (98-117). La primera de ellas
se desarrolló en 1 0 2 y el emperador se hizo acompañar por un importante cuerpo de
pretorianos al mando del Prefecto Claudio Liviano (Casio Dión 68.9.2-3). La
segunda campaña (106-107) es la que acabó definitivamente con el reino de
Decébalo y supuso la anexión de Dacia como provincia romana (Casio Dión 68.8.1
a 68.14.5) [C1CHORIUS 1896-1900]. Los pretorianos tomaron parte activa también
en esta segunda campaña; así lo sugieren tanto la presencia del propio emperador
como su representación en la Columna Trajana. La última gran expedición del
reinado fue la invasión del Imperio Parto (114-117), que dio como resultado la
efímera anexión de Mesopotamia (Casio Dión 68.17-19; Malalas 9.270-274)
[LEPPER 1978]. De nuevo la participación personal del emperador supuso la
intervención de fuertes contingentes de pretorianos que combatirían junto a los
recientemente creados Equites Singulares Augusti', este cuerpo constituía la escolta
más cercana al emperador; por su parte, los Germani Corporis Custodes habían sido
disueltos durante la crisis de 68-69 y no fueron reconstituidos por Vespasiano. La
gran revuelta judía de 115-117 que se extendió por Mesopotamia, Egipto y Cirenaica
dio al traste con las ganancias territoriales obtenidas durante la guerra contra los
partos (Casio Dión 68.32; Eusebio, H E 4.2; Orosio 7.12); un contingente de
pretorianos incluso participó en la represión de la rebelión de los judíos de Alejandría
[ALSTON 1995: 75-7].
Parece que una parte de la Guardia pudo haber tomado parte en la guerra
judía que se desarrolló entre 132 y 135 durante el gobierno de Hadriano. Al menos
así interpreta Durry un testimonio epigráfico hallado en la provincia de Dalmacia.
La Guardia Pretoriana no vuelve a participar en una campaña contra
enemigos exteriores hasta 162, cuando acompañando al coemperador Lucio Vero
(161-169) tomó parte en la guerra contra los partos que habían invadido la provincia
de Siria. La contienda duró cuatro largos años, pero finalmente las armas romanas
prevalecieron, se creó una nueva provincia (Mesopotamia) y Vero pudo emprender el
viaje de regreso a Roma (Frontón, Principia Historiae', SHA, Vero 7). El teatro de
operaciones danubiano iba a traer a Marco Aurelio más quebraderos de cabeza; las
campañas en esta zona contra cuados, sármatas y marcomanos se prolongaron de
manera intermitente desde 166-167 hasta la muerte del emperador en 180 en el
campamento legionario de Vindobona (Casio Dión, 72.3; SHA, M Ant. 12.13-14.6,
22.1 y 27.10). En estas operaciones la Guardia Pretoriana estuvo de nuevo presente.
Desconocemos, no obstante, el número de cohortes y los contingentes que prestaron
servicio en la frontera danubiana junto al emperador, pero es probable que se tratara
del grueso de la unidad ante la gravedad de las penetraciones bárbaras iniciales, que
habían llegado incluso a Aquileya. En estas campañas se produjeron dos importantes
desastres, el primero tras la derrota y muerte del Prefecto del Pretorio Furio Victorino
(SHA., M. Antonino 14.5; Vero planteó incluso poner fin a la guerra tras este revés);
PRETORIANOS: LA GUARDTA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Escena de batalla de época trajanea insertada en el Arco de Constantino.

el segundo cuando los marcomanos acabaron con el Prefecto del Pretorio Marco
Vindice (Casio Dión 72(71).3.5), lo que da una idea del potencial peligro de estos
pueblos germánicos. En ambas batallas habrían tenido presencia, sin duda alguna,
tropas pretorianas destacadas desde la capital. Tras la muerte de M. Aurelio su hijo
Cómmodo (180-192) puso fin a la guerra y regresó a Roma llevando con él a las
tropas del pretorio allí destacadas.
La apuesta de Septimio Severo (193-211) por el poder no llegó a provocar
una guerra civil a pesar de que los pretorianos se prepararon para ella bajo las
directrices de Didio Juliano (Herodiano 2.11.9; Casio Dión 74.16.2-3; SHA, Did. Iul.
6 .1 ). El conflicto se evitó en el último momento con la muerte del emperador a manos
de aquellos que lo habían elevado, lo que no les evitó el castigo que les tenía
reservado Severo.
De este modo una nueva reorganización de la Guardia tuvo lugar en 193 d.C.
por orden de Septimio Severo. Todos los pretorianos fueron licenciados (Herodiano
2.13; Casio Dión 75.1.1 ; SHA, Sev. 6.11; SHA, Sev. 17.5; Aurelio Víctor, D e Caes.
20.1; Zósimo 1.8.2) por haber asesinado a Pértinax (Casio Dión 74.9.1-4, 74.10.1;
Herodiano 2.5.5-8; SHA., Pert. 11; Aurelio Víctor, De Caes. 18.2; Zósimo 1.7.2;
Eutropio 8.16) y subastado el imperio (Herodiano 2.6.4 y 2.6.8-11; Casio Dión 74.11 ;
Aurelio Víctor, De Caes. 19.1). En adelante el servicio en la Guardia sería una
recompensa a alcanzar por los mejores soldados de los ejércitos de frontera (Casio
Dión 75.2.4-5), aunque en la práctica el grueso de sus efectivos iba a estar compuesto
por antiguos legionarios del Tlírico (Herodiano 2.14.5). A partir de estos momentos
es cuando puede afirmarse con seguridad la existencia de cohortes pretorianas
miliarias, algo que sólo se había producido durante el s. 1 bajo Vitelio. Con todo, ya
mencionamos también la posibilidad de que la Guardia Pretoriana pasara de cohortes
quingenariae a milliariae durante la primera mitad del s. II d.C. [KENNEDY 1978;
A E 1980, 24],
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

Con buena parte de esta nueva Guardia Septimio Severo entró en guerra
contra los partos en 195-196 (Casio Dión 76.1.1 a 76.3.3). Tras la ruptura del acuerdo
con Clodio Albino, reconocido César en la Galia, Severo dirigió sus ejércitos contra
él (196-197) (Casio Dión 76.4.1; 76.6.1-7.2), derrotándolo en una gran batalla
campal cerca de Lyon en la que participaron importantes efectivos de la reformada
Guardia. Nuevamente, tras la guerra civil, vuelve a centrar su atención contra los
partos, organizando una nueva campaña (197-199) (Casio Dión 76.9.1 a 76.10.1) que
concluyó con la incorporación de una nueva provincia, Mesopotamia. Finalmente, las
últimas expediciones del reinado con participación personal del emperador y, por
tanto, de sus pretorianos tuvieron lugar en Britania entre 208 y 211 (Casio Dión
77.11.1 ; 77.12.1 a 77.13.4; 77.15.1 -2).
Caracalla (211 -217) lanzó en 213 una campaña en los Agri Decumates contra
los alamanes, que estaban ya empezando a hacerse notar en la zona (Casio Dión
78.13.4-6; Aurelio Víctor, De Caes. 21.2; SHA, Caracalla 5.6; CJL 6.2086; CJL
13.6459; CIL 13.6104; CIL 10.539; CIL 8.4202; RTESE 199). Mainz fue
probablemente una de sus bases y se sabe que atravesó la frontera en la parte más
occidental del limes de Recia, como muestra el descubrimiento en Dalkingen de una
puerta honorífica. La campaña se cerró con una victoria que aseguró este área de la
frontera durante dos décadas, si bien una parte de ese éxito se pagó en dinero (Casio
Dión 78.14.2). Esta acción, no obstante, pudo haber empeorado las cosas en última
instancia, pues sentó el precedente de que los Césares empleasen oro para salir de
situaciones difíciles, incrementando la inflación interna y las demandas de los bárbaros.
En 214 el emperador protagonizó una nueva campaña militar, en este caso
contra los godos,en el área del Danubio. La última gran expedición de su reinado se
inició en 215 y fue dirigida contra los partos (Casio Dión 78.19.1, 78.21.1, 79.1.1-5,
79.3.1-5; Herodiano 4.10-11); lúe en el transcurso de aquella cuando Caracalla murió
asesinado cerca de Carras en 217 (SHA, Ant. Car. 6.6-7 y 7.1-2; Epit. de Caes. XXI. 6 ;
Herodiano 4.13.5). La Guardia acompañó al emperador en todas y cada una de estas
campañas, si bien sólo tenemos escasos testimonios de su participación (SHA, Ant.
Car. 5.8). La presencia de la Guardia en la campaña oriental queda asegurada por la
de los propios prefectos del pretorio Macrino y Advento, así como por la participación
de varios tribunos pretorianos en la conspiración que acabaría con la vida del
emperador. Además, el encargado de eliminarlo fue un strator evocatus del pretorio
resentido con el emperador por no haber recibido aún su ascenso a centurión (Casio
Dión 79(78).5.1-4). Por otra parle los pretorianos presentes en Oriente son los que
obligan a Macrino (217-218) a aceptar la divinización de Caracalla (SHA, Ant. Car.
11.5). La Guardia Pretoriana participó además en la masacre que tuvo lugar en
Alejandría en 215, hecho por el que recibió un cuantioso donativo (25.000 HS por
soldado) (Casio Dión 78(77).24.1).
Las reformas de Macrino provocaron el apoyo a un nuevo pretendiente de la
dinastía severiana, Hcllogábalo, dando lugar a una guerra civil en Siria a la que no
sobrevivió el emperador. Los pretorianos combatieron por Macrino, participando en la
gran batalla que tuvo lugar cerca de Antioquía; estuvieron, según las fuentes, muy
cerca del éxito, pero la propia cobardía de Macrino acabó con toda esperanza (Casio
Dión 79(78).37.3-4; Herodiano 5.4.8). Tanto los pretorianos como los Equites
Singulares Augusti continuaron la lucha hasta recibir por parte de Heliogábalo la
PRETÜRIANOS: LA GUARDI A IMPERIAL DF. LA ANTIGUA ROMA

noticia de la huida del emperador, así como una invitación a convertirse en su Guardia
Pretoriana, que, sintiéndose libres de su juramento, aceptaron (Herodiano 5.4.10).
La Guardia volvió de nuevo al combate durante las campañas del reinado de
Severo Alejandro (222-235). Este emperador dirigió una primera expedición contra
los persas sasánidas (mucho más agresivos que sus predecesores partos) en 232 (Casio
Dión 80.3.1-3, 80.4.1; Herodiano 4.2.6-7), pero su resultado no fue ni mucho menos
concluyente (Herodiano 6.6.4). En Europa los alamanes volvieron a atacar las
fronteras de Germania Superior a gran escala en 233. La situación exigía la presencia
del emperador y Severo Alejandro no tuvo más remedio que poner fin a su campaña
en Oriente y concentrar un importante ejército en el Rin para el contraataque
(Herodiano 6.7.6). Esta era la primera vez que la frontera sufría una penetración tan
importante y el emperador lanzó su expedición en 234-235 (SHA, Severo Alejandro
59.1). La ofensiva no tuvo éxito y la sublevación de las legiones de Germania
(Herodiano 6.8.4-8) le costó la vida tanto a él como a su madre, Julia Mammea,
asesinados en Mainz en 235 con el beneplácito de los pretorianos (Herodiano 6.9.7;
Aurelio Víctor, De Caes. 24.2-4; Epit. de Caes. XX1V.3-4; Zósimo 1.13.2). La gran
contraofensiva se desarrolló ese mismo año pero protagonizada por su sucesor,
Maximino el Tracio (235-238), que rechazó con éxito a los germanos más allá de la
línea del limes exterior (Herodiano 7.2.1-8; SHA, Severo Alejandro 61.8).
A partir de la muerte de Severo Alejandro puede decirse que comienza un
período en el que la Guardia Pretoriana iba a conocer cotas de actividad inusitadas.
Con el emperador al frente participó en todas y cada una de las campañas militares,
tanto internas como externas, que se desarrollaron durante los cincuenta años que duró
la denominada “Anarquía Militar”. El advenimiento de Diocleciano, si bien supuso un
descenso significativo de los conflictos internos, no fue para la Guardia tampoco un
período tranquilo, pues la multiplicación de emperadores trajo consigo su división y
participación en las distintas campañas militares que éstos acometieron a lo largo de
todas las fronteras.
En el Rin la contraofensiva de Maximino penetró profundamente en territorio
enemigo, reconstruyéndose incluso algunos fuertes arrasados por los alamanes en sus
incursiones anteriores (Aurelio Víctor, De Caes. 26.1; SHA, Duo Maxim. 11.7, 12.1;
Herodiano 12.6-9). Durante sus campañas en el norte contra los germanos Maximino
tuvo noticias de la rebelión de los gordianos en África. En Roma se produjo el
asesinato de Vitaliano (Herodiano 7.6.4; 7.6.5-9; 7.8.6; SHA, Duo Maxim. 14.4; SHA,
Tres Gord. 10.5), prefecto del pretorio que había quedado al mando de los asuntos de
la ciudad en ausencia del emperador y que sólo disponía de un pequeño número de
remansores de la Guardia. Los sublevados consiguieron en estas circunstancias
hacerse con el control de los castra praetoria sin muchas dificultades (SHA, Tres
Gord. 6 .8 ). Se aclamó como emperadores a Máximo y Balbino, no sin antes haberlos
obligado a reconocer como César al joven Gordiano (SHA, Max. et Balb. 8.3). Las
tropas de la Guardia presentes en la capital aceptaron la decisión. Se encargó a
Máximo, al frente de un gran ejército del que no formaban parte los pretorianos
acantonados en Roma6'1, la campaña contra Maximino, que descendía sobre Italia con
su ejército desde la frontera germana.
61 Hay que lener en cuenta que la reliquatio que Maximino había dejado en los castra estaba formada
por pretorianos próximos al licénciamiento (Herodiano 7.11.2 ).

127
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

En Roma tuvo lugar una sublevación del pueblo contra los pretorianos,
llegando incluso a ponerse sitio a los castra (Herodiano 7.11.6; SHA., Dúo Maxim.
20.6; SHA, Max. et Balb. 9.1; SHA, Tres Gord. 22.6-9). El campamento sufrió un
primer asalto pero los pretorianos rechazaron el ataque desde las murallas, saliendo
incluso en un furioso contraataque contra los asaltantes (Herodiano 7.11.8-9). Los
contingentes de asedio decidieron entonces cortar el suministro de agua al
campamento (Herodiano 7.12.3; SHA, Max. et Balb. 10.4-8), lo que provocó una
nueva salida de los pretorianos; éstos, hostigados desde los tejados, acabaron
provocando un incendio (H erodiano 7.12.4-5). Finalm ente se entablaron
negociaciones entre ambos bandos y se puso fin a los disturbios. Mientras tanto,
Maximino inició su expedición contra Italia marchando con los pretorianos en la
retaguardia de su ejército. El fracaso ante Aquileya provocó un motín — iniciado por
la Legión 11 Parthica y secundado por los pretorianos— que acabó con la vida del
emperador, poniendo así fin a la guerra civil (Herodiano 8.5.9; SHA, Dúo Maxim.
23.7). Los pretorianos regresaron a Roma al mando de Máximo Pupieno (Herodiano
8.7.7). Fueron estos mismos soldados del pretorio, unidos a los camaradas que habían
quedado acantonados en la capital, los que provocaron una nueva sublevación; ésta
culminó con la eliminación de los emperadores elegidos por el Senado y la
proclamación del joven Gordiano III (Herodiano 8 .8 ; SHA, Max. et Balb. 14; Aurelio
Víctor, De Caes. 26.5-6).

LA CRISIS DEL S. III

Dividiremos a continuación las campañas de este período en las que


participó la Guardia pretoriana acompañando a los diferentes emperadores en tres
apartados según los frentes a los que tuvo que acudir en cada momento: el Rin, el
Danubio y Oriente. En primer lugar, los problemas en la frontera renana se
reiniciaron en 244, a comienzos del reinado de Filipo el Árabe (244-249), con nuevas
incursiones de los alamanes. En 253 los godos atacaron en el Danubio, siendo
derrotados por M. Emilio Emiliano; dicha victoria militar le valió la aclamación
imperial por parle de sus tropas. Esta usurpación provocó que el emperador
Treboniano Galo (2 5 1-253) enviara a las legiones del Rin al mando de Valeriano a
combatir al pretendiente. En Recia Valeriano fue proclamado a su vez emperador,
imponiéndose en la subsiguiente guerra civil y erigiéndose como único gobernante.
Al quedar las fronteras desguarnecidas de forma tan repentina, las incursiones de
francos y alamanes se multiplicaron en 253 y 254. Para combatirlos Valeriano envió
a su hijo Galieno, sin duda con un importante destacamento de la Guardia, que
consiguió restablecer la situación en la zona (Eutropio 9.8.1 ). Los francos y alamanes
que se encontraban en la orilla izquierda del Rin fueron rechazados y Galieno
apareció como restitutor Galliarum sobre monedas de oro acuñadas en Lyon, y puede
que en Colonia, en 257-258. Sus victoriosas campañas y las medidas tomadas a
continuación parecían haber traído la estabilidad suficiente a este teatro de
operaciones como para permitir su marcha de la zona en el verano de 259.
No obstante, en 259-260 tuvo lugar la rebelión de Ingenuo. Galieno debió
recurrir, como ya lo hiciera Galo, a las tropas de Germania (Aurelio Víctor, D e Caes.
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o.
Tres p o rta e sta n d a rte s p retorianos. El de la izquierda es un signifer, en uniform e de
gala sin coraza, con el e stan d arte de un m anípulo al que se han añadido las
condecoraciones que la unid ad ha ido ganando a lo largo de su historia y retrato s de
m iem bros de la fam ilia im perial. El del centro, vestido con una lorica hamata, p o rta el
e stan d arte de un a cen tu ria y el de la derecha, con una lorica squamata, un vexillum o
e stan d arte de un a u n id ad creada ad hoc.
F orm ación de com bate con el optio en p rim e r plano y en últim o el vexillifer, el
p o rta e sta n d a rte encarg ad o del vexillum, la b an d era del destacam ento.

Contubernium p reto rian o m ostrando los elem entos característicos, como la tienda de
piel p ara ocho hom bres o las estacas del vallado del cam pam ento. Al fondo, a la
izq u ierda, puede verse un signum, el estan d arte de la centuria.
Vexillifer pretoriano con su estandarte, de tela P reto rian o s de g u ard ia. E l de la izquierda lleva
bordado con el num eral de la unidad un a lorica hamata o cota de m alla y un casco tipo
a la que pertenecía el destacam ento. Itálico Im p erial, modelo D. El de la derecha lleva
Los portaestandartes de la G u ard ia se adornaban una lorica segmentata y un casco tipo Gálico
con pieles de león, cuya cabeza se colocaba sobre el Im p erial, m odelo G, con penacho
casco p ara im presionar. Su escudo es una parm a de crin de caballo.
pequeña, m ás m anejable que el pesado scutum.

D escansando tra s una m arch a. Los p reto rian o s llevan únicam ente su equipo de com bate, sin otra
im pedim enta que estorbe la m archa.
P retorian o m o stran d o su túnica de lana de color D estacam ento en m archa. Kn p rim e r plano,
blanco, el color típico de la G u ard ia P rctoriana. a la derecha, un optio, reconocible p o r su v ara
Su equipo es de cam p añ a, p o r lo que lleva el larga y las plum as en su casco, indicativo
pilum, la fo rm idable ja b a lin a rom ana. de su rango de suboficial.

Vexillatio (destacam ento creado ad hoc) p reto rian a. El p o rta e sta n d a rte se ad o rn a con una piel de
Icón, m uy utilizada en la G u ard ia. O bsérvese su parnui o escudo redondo, pequeño p ara poder
m a n e ja r el estan d arte con m ayor com odidad.
Típico scutum republicano ovalado y curvado "R ecreación de un escudo p reto rian o realizad
hacia dentro. En este caso la spina no es real, sino a p a r tir de un relieve de arm as del s. II
p in tad a y no tiene el reb o rd e de bronce, sino la procedente de Villa A lbani (R om a)".
propia piel del forro in terio r cosida alrededor.
El umbo es hexagonal, de hierro.

Casco modelo Gálico Imperial tipo H, de hierro


con adornos de bronce o latón. D erivado de los
cascos celtas, este tipo concreto comenzó a
utilizarse en la segunda m itad del siglo I a.C. El
penacho era desm ontable y no se utilizaba
regularm ente.

Comentario de las láminas a color: José Ignacio Lago.


Fotografías a color: "Associaxionc Cultúrale Cisalpina -
Cohors ITT Praetoria" Milano, Italia.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Casco de caballería

33.1) para combatirlo. De nuevo francos y alamanes aprovecharon la coyuntura y


reiniciaron sus ataques. Tal fue el malestar causado a lo largo de toda la longitud de
la frontera, al norte y al sur, y tan baja era la moral y la opinión respecto a los
emperadores que el ejército y la población de las provincias de Germania y Galia
tomaron los asuntos en sus propias manos. Esto resultó en la confederación política
conocida como Imperio Galo (Eutropio 9.9.1; Aurelio Víctor, De Caes. 33.8; SHA,
Treinta Tiranos (Postumo) 3.3; SHA, G alieno 4.3), que marcó un punto de inflexión
en la historia de estas provincias a partir de 260 y que consiguió mantener esta
frontera hasta la reunificación protagonizada por Aureliano catorce años más tarde.
Aureliano (270-275) inició una serie de campañas en estos territorios tras una breve
estancia en Roma (Zósimo 1.48-49); es posible que durante ese lapso de tiempo
aprovechara para reorganizar las tropas de la capital, bastante quebrantadas tras las
importantes pérdidas de los años anteriores provocadas por toda una serie de
campañas ininterrumpidas con suerte desigual.
En la zona del Danubio el peligro godo se hizo patente sobre todo a partir de
238-240. Durante el decenio siguiente los ataques fueron numerosos, obligando a los
emperadores a intervenir continuamente en el llírico y favoreciendo las usurpaciones.
Estas incursiones registran incluso la muerte en combate de un emperador, Trajano
Decio, acaecida en 251 en el curso de la batalla de Abryttus (Zósimo 1.23.2-3;
ADOLFO RA ÚL M ENÉND EZ ARGÜÍN

Lactancio, D e Morí. Persec. 4.3; Aurelio Víctor, D e Caes. 29.4-5) junto a buena parte
de su ejército, incluidos pretorianos. Galieno, por su parte, fue asesinado en 268
cuando dejando a un lado su campaña en el Danubio se dirigía a reprimir la rebelión
de Aureolo en Milán (Zósimo 1.40.1-3; Aurelio Víctor, D e Caes. 33.21); los altos
mandos que lo eliminaron aprovecharon un descuido de la escolta del emperador
para acabar con su vida. Una nueva campaña tuvo lugar en esta zona bajo el mando
de Claudio TI (268-270); los escitas, junto a hérulos, peucos y godos, habían iniciado
una serie de incursiones por mar desde el Ponto; Claudio se enfrentó a ellos cerca de
Doberos y Pelagonia, seguramente al frente de la Guardia Pretoriana; tras sufrir un
sangriento revés los romanos acabaron venciendo a los bárbaros en Naissiis (Mesia)
y dispersando el ataque (Zósimo 1.43.1-2).
En Oriente tres fueron las grandes campañas a las que tuvo que hacer frente
el Imperio, todas ellas saldadas con sendos fracasos. La primera fue protagonizada
por Gordiano TU entre 242 y 244. Al frente de la misma se encontraba el Prefecto del
Pretorio Timesiteo (SHA, Tres Gord. 27.2 y 27.7) y junto a él habría sido destacada
a Oriente la mayor parte de la Guardia pretoriana; a su muerte el cargo fue ocupado
por M. Junio Filipo (SHA, Tres Gord. 28.1, 28.5-6; Zósimo 1.18.2; SHA, Tres Gord.
29.1). Mientras tanto, el rey persa Sapor obtuvo en 244 una gran victoria en batalla
campal en Mesiché, derrotando a un ejército romano al mando del propio emperador,
Gordiano III, que puede que muriera como consecuencia de las heridas recibidas
durante el combate65. Su sucesor, el Prefecto del Pretorio Filipo (244-249), se vio
obligado a firmar un tratado por el que se comprometía a pagar un tributo con el fin
de poder salvar los restos de las tropas romanas involucradas en la expedición (Res
Gestae Divi Saporis, 1.1-2). La segunda guerra, entre 253 y 256, se volvió a saldar
con una nueva victoria de Sapor en Barbalissos y con la toma de Antioquía. Esto
provocó una nueva intervención del emperador en la zona, en este caso Valeriano
(253-260); sin embargo, la campaña por él dirigida terminó en un absoluto desastre
con la derrota entre Edesa y Carras de un ejército romano compuesto por unos 70.000
hombres y la captura del propio emperador y todo su Estado Mayor (prefecto del
pretorio incluido); Antioquía volvió a caer de nuevo en manos persas"’. La situación
llegó a tal extremo que al igual que Postumo había hecho en la Galia Palmira se
sublevó y se escindió del Imperio, controlando buena parte de los territorios romanos
en Oriente. La recuperación de estas provincias para Roma corrió a cargo de

45 La versión más extendida sostiene sin embargo que la muerte de Gordiano, que se habría quedado en
la retaguardia, tuvo lugar como consecuencia de una revuelta militar fomentada por el propio Filipo
(Aurelio Víctor, De Caes. 27.8; Zósimo 1.18.3, 1.19.1; SIIA, Tres Gord. 30.9; Epit. de Caes. XXVII.2).
66Res Gestae Divi Saporis, 1. 10-36; la versión romana difiere, afirmando que fue el exceso de confianza
de Valeriano a la hora de reunirse con Sapor para acordar las condiciones de un nuevo tratado el que
provocó su apresamiento (Zósimo 1.36.2). El prefecto del pretorio Ballista (o Callisto) llegó incluso a
apoyar en Oriente a un usurpador, Macriano, tras la desastrosa campaña de Valeriano, conservando el
mando de los pretorianos y tomando grandes responsabilidades en las gestión de los abastecimientos
(SHA, Tyr. Trig. 12.1 y 12.11; Zonaras 12.23, que lo denomina Callisto). Junto al emperador se calcula
que pudieron haber caído prisioneros unos 20.000 soldados, incluidos un buen número de pretorianos;
estos soldados dieron deportados por Sapor a la región de Gundeshapur, donde fueron empleados en la
construcción de una gran presa, llamada Band-i-Kaisar (“la presa de los soldados del emperador
encadenado”). Es indudable que la pericia en trabajos de ingeniería propia de los soldados romanos,
entre ellos seguramente especialistas de la Guardia, tuvo mucho que ver en esta decisión del Gran Rey.
lista victoria de Edesa fue además inmortalizada por Sapor en los relieves de Naq-i Rustam.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Diploma Pretoriano,
Filipo el Árabe
(244-249)

Aureliano (270-275) [HOMO 1904: 84-115]. El emperador derrotó a las tropas


palmiranas en las batallas de Antioquía (Zósimo 1.50), Dafne (Zósimo 1.52.2) y
Emesa (Zósimo 1.52.4), poniendo de manifiesto que la guerra se iba a desarrollar de
forma favorable para las armas romanas. En esta campaña también combatieron las
cohortes pretorianas; Zósimo (1.52.4) nos dice de ellas que eran las más destacadas
de todas las tropas de Aureliano al ser sus miembros elegidos entre todos los soldados
por sus méritos. Se mantenía vigente, por tanto, la política de reclutamiento de la
Guardia iniciada por Severo allá por 193. Aureliano consiguió una nueva victoria en
Edesa (Zósimo 1.53) y acabó poniendo sitio a Palmira, que terminó capitulando
(Zósimo 1.54).
Estos ataques exteriores se veían agravados por la propia situación interna
del Imperio. Filipo el Árabe (244-249), seguramente al frente de la Guardia, salió en
campaña en 249 para enfrentarse a Decio (249-251), que se había sublevado. El
emperador fue derrotado en Verona, y cuando la noticia llegó a Roma su hijo fue
masacrado junto a los castra praetoria (Aurelio Víctor, D e Caes. 28.10-11). De
nuevo, en 253, Treboniano Galo (251-253) se dispuso a defenderse del usurpador
Emiliano, que descendía sobre Italia con las legiones de Panonia. El emperador llevó
ADOLFO RAÚL MENÉNDF.Z ARGÜÍN

al combate desde Roma a todas las tropas de las que disponía: Guardia Pretoriana,
Legión II Parthica, Equites Singulares Augusti y, quizás, una parte de las cohortes
urbanas. Por otra parte ordenó a Valeriano, como ya mencionamos más arriba, que
avanzara con las unidades acantonadas en la Galia y las provincias de Germania. Los
soldados de Galo, sin embargo, viendo su considerable inferioridad numérica
respecto a las tropas de Emiliano lo asesinaron y se unieron a este último (Zósimo
1.28.3)67. Valeriano fue a su vez proclamado en Recia y acabó imponiéndose en la
guerra civil contra Emiliano.
La situación comenzó a mejorar a partir del gobierno de Claudio TI (268-
270), gracias en parte a las reformas acometidas por el denostado emperador Galieno
[MENÉNDEZ 2000: 56-60; M ENÉNDEZ 2004: 60-1]. Claudio II, al frente de sus
pretorianos, derrotó a los alamanes junto al lago Garda, y a los godos en la gran
batalla de Naissus (270). Su sucesor, Aureliano, venció de nuevo a los alamanes en
270, expulsándolos del norte de Italia; asimismo libró dos batallas campales contra
los vándalos en esta misma zona, saliendo victorioso de la primera y derrotado de la
segunda cerca de Piacenza. Aureliano, además, fue el encargado de proceder a la
reunificación del mundo romano tras vencer por las armas a Zenobia de Palmira
(272) y aceptar la sumisión de Tétrico, último de los gobernantes del Tmperio Galo
(273). En Roma una gran rebelión estalló durante su reinado cuando los monetarii
(empleados de las eecas imperiales) protagonizaron una sangrienta sublevación que
dio lugar a una auténtica guerra civil; algunas fuentes proporcionan cifras de bajas
entre los soldados que habrían rondado los siete mil muertos (Aurelio Víctor, De
Caes. 35.6; Epit. de Caes. XXXV.4; Eutropio 9.14.1; SHA, Aur. 38.2). La Guardia
Pretoriana, en campaña, sólo habría tenido presencia en Roma durante este episodio
en forma de reliquatio de los castra, por lo que sin duda se habría visto apoyada por
los urbaniciani y los vigiles, amén de otras milicias que habrían llegado como
refuerzo para someter la revuelta.
Tras la muerte de Aureliano cerca de Perinto, en la que estuvieron
implicados componentes de la Guardia Pretoriana (Zósimo 1.62.2-3), Tácito (275-
276) fue proclamado en Roma (SHA, Tac. 8.3-5 y 9.1), dirigiéndose a los castra para
recibir su ratificación por parte de los soldados. Designó a Floriano prefecto del
pretorio y ambos iniciaron una campaña en Cilicia contra los escitas, a la que se puso
fin tras el regreso del emperador a Europa. Durante el trayecto Tácito fue asesinado
y su prefecto, Floriano, aclamado en Roma; por el contrario, en Oriente las legiones
eligieron a Probo (Zósimo 1.63.2-1.64.1). Los pretorianos, por tanto, combatirían en
el bando de su antiguo prefecto, que lomó como base de operaciones la ciudad de
Tarso. Con todo, el enfrentamiento no llegó a tener lugar ante la muerte de Floriano
(Zósimo 1.64.2-4); una de las razones que se adujeron para el asesinato del

67 En estos momentos en las provincias de Panonia se encontraban cuatro legiones (X Gemina, XIV
Gemina, 1Adiutrix, II Adiutrix) con sus correspondientes unidades auxiliares, a las que quizás habría que
unir la II Italica del Nórico y las legiones de Dacia (XIII Gemina, V Macedonica) y Mesia (VII Claudia,
IV Flavia, I Italica, XI Claudia). Emiliano, victorioso poco antes en esta región, habría dejado una
guarnición pequeña pero suficiente, por lo que podemos considerar que su ejército contaría (teniendo en
cuenta que las unidades habrían sufrido bajas en su campaña contra los bárbaros) con unos efectivos de
no menos de 35.000 soldados. Si consideramos que todas las tropas de la capital estaban al completo de
efectivos (lo cual es cuanto menos dudoso), éstas totalizarían unos 17.000 hombres, por lo que la
inferioridad ante el ataque de Emiliano era más que evidente.
PRETORIANOS: I A GUARDIA IMPERIAL DH LA ANTIGUA ROMA

emperador fue la inadaptación de las tropas de Floriano a las condiciones climáticas


del Oriente romano, lo que podría indicar que el grueso de la Guardia Pretoriana en
estos momentos seguía procediendo de las legiones europeas.
Una vez reunificado el ejército Probo (276-282) llevó a cabo una serie de
expediciones contra los escitas en Anatolia, dirigiéndose luego a Roma para
consolidar su posición. El emperador dirigió a continuación varias campañas en el
Rin (278-279) en las que habrían participado las tropas del pretorio (Zósimo 1.67-
68). Derrotó primero a los longiones (tribu franca) para volverse seguidamente contra
vándalos y burgundios en la Germania inferior. El emperador llegó incluso a atacar
más allá del Rin. En 280 se vio obligado a pasar a Britania para reprimir la usurpación
de Victorino. En 281 lo tenemos combatiendo en la frontera danubiana, procediendo
también a la pacificación de Tracia. Tras su vuelta a Roma celebró un gran triunfo
para inmediatamente dirigirse a Oriente e iniciar una nueva campaña, esta vez contra
la Persia Sasánida (282). Tras los festejos de la capital el emperador, al frente de los
pretorianos, tomó la ruta de Aquileya. Allí recogió a las tropas que el Prefecto del
Pretorio M. Aurelio Caro había estado movilizando en Recia. Pero durante el trayecto
fue víctima de un complot y asesinado. Tras su muerte le sucedió el propio Caro
(282-283) (SHA, Caro, Carino y Num. 8.2; Aurelio Víctor, D e Caes. 38.1), que no
detuvo la campaña y continuó hacia Siria.
La expedición de Caro se inició en 283 de forma victoriosa, conquistando
Seleucia y Ctesifonte. Pero el emperador cayó fulminado por un rayo, sucediéndole
sus hijos Carino (283-285) y Numeriano (283-284). El primero de ellos había
permanecido en Roma a cargo de las provincias occidentales; por su parte,
Numeriano continuó la campaña en Oriente contra los persas con el grueso de la
Guardia, iniciando la retirada desde Ctesifonte. Numeriano cayó cerca de Nicomedia
víctima de un complot organizado por su Prefecto del Pretorio, Apro (Aurelio Víctor,
D e Caes. 38.6). El ejército decidió entonces elevar al trono a Diocleciano,
comandante de los guardias de corps imperiales (¿speculatores del pretorio?)™, que
eliminó a Apro rápidamente como asesino del emperador (SHA, Caro, Carino y
Num. 13.2; Aurelio Víctor, De Caes. 39.13-4). Carino no reconoció el nombramiento
y en Italia fue elevado otro emperador, Sabino Juliano, comandante de las tropas de
la península(,'\ Carino eliminó a Juliano, pero en la subsiguiente guerra civil contra
Diocleciano fue derrotado definitivamente en la batalla de Margus (Panonia, agosto
o septiembre de 285) y asesinado poco después.
En este convulso período que precede al gobierno de Diocleciano la Guardia
habría estado sometida a muy fuertes tensiones, prestando servicio a los distintos
emperadores o usurpadores y a veces incluso enfrentándose entre sí en los conflictos
civiles para apoyar a sus respectivos candidatos. En este sentido podría hablarse de
precedente en la división de las cohortes pretorianas que se produciría durante el
6SLa pertenencia de G. Aurelio Valerio Diocles al pretorio está fuera de toda duda, como nos confirman
las distintas fuentes sobre el período; el problema es que al ser tardías (s. IV en adelante) y al haber sido
disucltos los pretorianos en 312 por orden de Constantino, el cargo de Diocleciano aparece en una
nebulosa provocada por la contusion con los rangos de la nueva Guardia creada por este último
emperador.
69 Zósimo 1.73.1; según este autor Juliano sería prefecto del pretorio. No obstante, es probable que no
ocupara ese cargo, ya que sería el tercero atestiguado; según Chastagnol, siguiendo a Aurelio Víctor, el
cargo de Sabino Juliano sería el de corrector Italiae.
ADOLFO RAÚL M ENÉND EZ ARGÜÍN

régimen Tetrárquieo, pues si bien la Guardia continuaría manteniendo su sede en


Roma, es indiscutible su presencia en campaña con los distintos Césares y Augustos
a lo largo de toda esta etapa.
Para comprobar la implicación de la Guardia en la actividad militar del
Imperio a lo largo de su historia basta echar un vistazo a esta sucinta cronología a
modo de resumen de las campañas en las que participó:

E m p e rad o r o
general al Á rea de
m ando la C am paña Año Enemigo

Augusto Alpes c. 25 a.C. Salassi


Agripa Norte de Hispania 19 a.C. Cántabros y astures
Druso y Tiberio Recia, Nórico y Panonia 19-9 a.C.
Germánico Germania 14-17 d.C. Queruscos
Caligula Germania 39 d.C.
Claudio Britania 43 d.C. Britanos
Otón, Vitelio Guerras Civiles 68-69 d.C.
Domiciano Germania 83 d.C. Catos
Cornelio Fusco Danubio 86 d.C. Dacios
Domiciano Danubio 88 d.C. Dacios
Domiciano Germania 89 d.C. Cuados y Marcomanos
Domiciano Germania 92 d.C. Cuados y Marcomanos
Trajano Dacia 102 d.C. Dacios
Trajano Dacia 106-107 Dacios
Trajano Oriente 114-117 Partos
Lucio Vero Oriente 162 Partos
Marco Aurelio Alto y Medio Danubio 166-180 Cuados, Sármatas y Marcomanos
Septimio Severo Oriente 195-196 Partos
Septimio Severo Galia 196-197 Clodio Albino (Guerra Civil)
Septimio Severo Oriente 197-199 Partos
Septimio Severo Britania 208-211 Escotos y Pictos
Caracalla Agri Decumates 213 Alamanes
Caracalla Danubio 214 Godos
Caracalla Oriente 215-217 Partos
Macrino Oriente 218 Heliogábalo (Guerra Civil)
Severo Alejandro Oriente 232-233 Persas
Severo Alejandro Germania Superior 234-235 Alamanes
Maximino Germania 235-238 Alamanes
Maximino Aquileya 238 Máximo y Balbino (Guerra Civil.)
Gordiano III Oriente 242-244 Persas
Filipo el Arabe Norte de Italia 249 Trajano Decio (Guerra Civil)
Trajano Decio Danubio 251 Godos
Treboniano Galo Norte de Italia 253 Emiliano (Guerra Civil)
Emiliano Recia 253 Valeriano (Guerra Civil)
Galieno Rin 255-259 Francos y Alamanes
Valeriano Oriente 259-260 Persas
Galieno Danubio 267-268 Godos
Claudio II Danubio 270 Escitas, Hérulos, Peucos y Godos
Aureliano Norte de Italia 270 Alamanes y Vándalos
Aureliano Oriente 272 Palmira
Aureliano Roma c. 273 Rebelión de los Monetarii
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERTA!, DE LA ANTIGUA ROM A

Tácito Cilicia 276 Escitas


Floriano Oriente 1 276 1 Probo (Guerra Civil)
Probo Anatolia 277 Escitas
Probo Rin 1 278-279 1 Longiones, Vándalos y Burgundios
Probo Britania 280 Victorino (Guerra Civil)
Probo Danubio y Tracia 1 281 1 Godos
Caro y Numeriano Oriente 282-283 Persia
Carino Italia 1 284 1 Sabino Juliano (Guerra Civil)

TÁCTICAS Y DESPLIEGUES EMPLEADOS


POR LA GUARDIA

ESTANDARTES Y MÚSICA MILITAR

A diferencia de las legiones los pretorianos no


contaban con un águila que representara a toda la unidad.
Sí tenemos atestiguados estandartes de cohorte {signa) y
enseñas de caballería o destacamentos {vexilla). Una de
las mejores representaciones de un signum pretoriano
procede de la tumba de Pompeyo Aspro (CIL 14.2523)
hallada en Tusculum (cerca de Roma). Encuadrando el
cursus m ilitar de este antiguo centurión pretoriano
aparecen dos estandartes {signa) de la III Cohorte de la
Guardia. La disposición del estandarte, tremendamente
abigarrado, sería la siguiente: punta, corona, travesaño,
águila sobre corona dispuesta en vertical, corona, estatua
de Victoria, corona mural, retrato imperial, escorpión,
cartela con la inscripción de la cohorte (“COH. III. PR.”),
corona, imagen imperial y corona. Este relieve se ha
datado a comienzos del s. II d.C. y el diseño de los
estandartes es muy similar al de los representados en la
Columna Trajana, prácticamente coetánea. De este modo
queda claro que los estandartes pretorianos llevaban más
condecoraciones militares que los legionarios y que
reunían en una sola enseña todos los emblemas que en la
legión se dispersaban en aquilae, signa e imagines. Por
todo ello los estandartes pretorianos eran rápidamente
identificables allí por donde pasaban.
Estos signa, al parecer uno por manípulo (dos
centurias), eran de plata con los ornamentos adosados al
asta. Las condecoraciones en forma de corona rodeaban el
asta del estandarte y los retratos imperiales y emblemas
tenían dos caras. Durry [1938: 204], a partir de una noticia

Estandarte de la III Cohorte


ADOLFO RAÚL MKNF.NDEZ ARGÜÍN

Estandarte pretoriano
del Arco de los Argentarii.
Roma 204 d.C.

de Tácito (Ann. 3.3), afirma que todos estos elementos serían desmontables; sin
embargo, un episodio de la campaña de Caligula en el Rin nos informa que se
permitió a los portaestandartes pretorianos transportar las enseñas sobre bestias en
contra de las ordenanzas debido a la imposibilidad de mantener el ritmo de la marcha
por el peso de los mismos (Suet., Cal. 43). Si los elementos de las enseñas hubieran
sido desmontables podían haberlos aligerado en lugar de recurrir a cargarlos como
fardos sobre bestias del tren de la impedimenta.
Entre los emblemas distintivos de estos estandartes se ha pretendido
identificar a partir de las representaciones conservadas a Júpiter, Marte, la Victoria,
un escorpión, un scutum, una mano derecha abierta y una especie de doble círculo
PRETORIANOS: LA GUARDTA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROM A

que podría tratarse de un símbolo solar. El scutum que aparece en algunos estandartes
se trata del scutum oval de época republicana; este tipo de escudo se abandona en las
legiones desde fines del s. I a.C. pero se mantiene en la Guardia como símbolo
arcaizante de prestigio, muy decorados y completamente diferentes a los de los
legionarios (scutum rectangular); al igual que los estandartes, el scutum oval era un
símbolo distintivo de la Guardia frente al resto de tropas ciudadanas, quizás, eso sí,
reservados para ceremonias y paradas.
La razón de que tuvieran todos esos elementos mencionados podría
explicarse al considerar a cada cohorte de la Guardia como una unidad completa en

Estandartes pretorianos de la Columna Trajana,

13 7
ADOLFO RAÚL M ENÉND EZ ARGÜÍN

sí misma, integrando por tanto todas las enseñas posibles. Las condecoraciones serían
además reflejo de la gloria militar del emperador al que guardaban, no sólo producto
de actos heroicos de los propios pretorianos o reflejo de su carácter de unidad de élite.
El vexillum, por su parte, consistía en un asta con un travesafio en su parte
superior del que se suspendía una tela cuadrada. Tradicionalmente éstos eran
estandartes empleados por la caballería, por lo que parece que habría que asignarlos
a los equites praetoriani, quizás uno por escuadrón (turma). Los destacamentos
(vexillationes) también solían llevar un estandarte de este tipo. Finalmente, el
emperador era siempre acompañado en campaña por un vexillum especial que
marcaba su posición para hacerlo fácilmente reconocible ante sus tropas.
El número de signa pretorianos ascendería a treinta — diez cohortes— , con
un mínimo de otros diez vexilla para los destacamentos montados de cada cohorte;
todo ello conllevaría una importante cantidad de plata y un considerable gasto, pues
se elegiría seguramente a los mejores artesanos de la capital para confeccionar,
reparar o restaurar los símbolos de la Guardia. Los portaestandartes pretorianos,
signiferi, eran fácilmente reconocibles, pues al igual que sus homólogos legionarios
solían llevar una piel de león sobre el casco con las patas anudadas sobre el pecho.
Los músicos pretorianos tenían importantes funciones en combate. Además,
los toques de ciertos instrumentos regulaban la vida diaria del campamento. En el
pretorio tenemos atestiguados bucinatores, cornicines y tubicines, al igual que en las
legiones cada uno con sus cometidos y particularidades respectivas. Las funciones de
cada uno de los músicos aparecen claramente descritas en la obra de Vegecio (Epit.
2.22). Según este autor el trompeta (tubiceri) llama a los soldados al combate y se
encarga también del toque de retirada. Por el contrario, cuando tocan los cornetas
(cornicines) sus indicaciones están exclusivamente destinadas a los portaestandartes,
no a los soldados. El bucinator estaría más relacionado con la vida de campamento,
siendo el encargado del denominado por Vegecio “toque clásico”, señal propia del
alto mando que suena en presencia del emperador o en caso de castigo de algún
soldado a la pena capital, castigo que no se podía llevar a cabo sin el beneplácito del
príncipe.

FORMACIONES Y EMPLEO EN BATALLA

Como unidad de protección del emperador y cuerpo de élite en combate, la


Guardia (tanto pretorianos como Equites Singulares Augusti) estaba bajo el mando
directo del príncipe. En combate la posición más apropiada para un emperador solía
ser el centro de la segunda línea, como punto de referencia para todo el ejército (su
presencia la marcaba un estandarte o vexillum) y relativamente a salvo de ser herido.
Si proyectaba involucrarse en el ataque la posición elegida solía ser al frente de la
primera línea en la derecha del despliegue, justo donde se unía la infantería con la
caballería de ese ala. Combatían a caballo, por lo que en caso de implicarse en la
melée lo harían de la mano de sus Equites Singulares Augusti y de la caballería
pretoriana.
Pocas son las menciones a formaciones de combate de la Guardia que
pueden observarse en las fuentes. Una de ellas procede de la Historia Augusta, que
nos informa de cómo trescientos pretorianos armados salieron en formación de cuña
PRETORIANOS: LA GUARDIA IM PERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

desde los castra para matar a Pértinax (SHA., Pert. 11.1). En un pasaje coetáneo
Herodiano nos informa que tras la elevación al trono de Didio Juliano (193) éste fue
trasladado desde los castra al Palatino con los pretorianos completamente equipados
en orden de combate y en el centro de una potente formación cerrada; quizás este
autor se esté refiriendo aquí a la tradicional formación de “tortuga” {testudo) en la
que el ejército romano era un consumado maestro (Herodiano 2.6.13). Es obvio que
los soldados de la Guardia serían capaces de acometer las tácticas usuales de la legión
romana, tanto por tradición como por lógica operativa, pues llegado el momento de
salir a campaña era junto a las legiones donde los pretorianos combatían. De hecho,
al ser un cuerpo de élite ellos mismos constituían un elemento esencial a la hora de
aportar mejoras y avances tácticos y técnicos al conjunto de las legiones acantonadas
en las fronteras mediante entrenadores cualificados. El proceso también podía
enriquecerse para la Guardia de forma inversa, pues mandos que promocionaban a
las cohortes del pretorio desde las legiones traerían consigo cualquier posible
innovación desarrollada en su unidad de origen para hacer frente a amenazas
específicas del sector de frontera en el que ésta se encontraba acantonada. Era, no
obstante, la Guardia la encargada de difundir ese posible avance al conjunto del
ejército una vez asimilado por las tropas y especialistas de este selecto cuerpo. Con
todo, los pretorianos habrían tenido que adaptarse a las condiciones del teatro de
operaciones en el que su presencia se hubiera hecho necesaria, asimilando tácticas de
combate puntuales contra ciertos enemigos y aprendiendo a maniobrar junto al resto
de las tropas que compusieran el ejército en campaña.
Conocemos pocas descripciones de despliegues tácticos de la Guardia. La
primera información fiable en este sentido se refiere a las dos cohortes que
participaron junto a Germánico en la campaña de 16 d.C. En la batalla de Tdistaviso
Germánico dispuso sus tropas para enfrentarse a los germanos de Arminio en tres
líneas, una primera compuesta por los auxiliares galos y germanos, una segunda en
la que se desplegaron cuatro legiones y las dos cohortes pretorianas junto a
Germánico (presumiblemente en el centro), y una tercera línea con destacamentos de
otras cuatro legiones y tropas auxiliares. Entre la primera y segunda líneas
Germánico dispuso un contingente de arqueros y honderos para apoyar a las tropas
que iban a recibir el primer choque; toda la caballería, repartida entre las tres líneas,
se situaba en el flanco izquierdo del despliegue romano70. Los romanos avanzaron y
los germanos iniciaron una carga desde el centro; el ímpetu fue considerable, pero no
llegó a penetrar la primera línea. Las tropas romanas derrotaron a las alas germanas
y el centro enemigo comenzó a ceder; la consecuencia inmediata fue el inicio de la
desagregación del centro germano y una derrota generalizada (Tac., Ann. 2.16-18).
En esta batalla podemos observar claramente el papel de los pretorianos en combate;
su misión era proteger al general en jefe (bien el emperador o algún miembro de la
casa imperial), actuando al mismo tiempo como tropa de élite dispuesta a reforzar el
despliegue en cualquier momento o a acometer una maniobra decisiva que diera al

70 J. Warry calcula los contingentes que participaron en esta batalla en unos 75.000 romanos (1.000
pretorianos, c. 28.000 legionarios, c. 30.000 auxiliares, c. 5.000 aliados gemíanos, un contingente de
caballería pesada de 6.000 hombres y 1.000/2.000 arqueros a caballo); y unos 50.000 germanos, lo que
nos indica que estamos ante uno de los enfrentamientos bélicos más importantes de todo el Alto Imperio
romano [WARRY 1980: 192].
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

ejército romano la victoria. Vemos además que forma en la misma línea que las
legiones, por lo que su sistema de combate debía ser equiparable. La caballería
pretoriana es probable que hubiera participado en la persecución del enemigo
vencido.
En la segunda gran batalla que libró Germánico en este teatro de operaciones
contra Arminio volvieron a participar las dos cohortes pretorianas. En este caso, sin
embargo, los germanos decidieron erigir un terraplén y una empalizada para
dificultar la evolución de las legiones. Germánico, tras observar las dificultades de
sus soldados en un primer asalto contra el terraplén, ordenó una preparación artillera.
Esto “suavizó” a los defensores y permitió la superación del obstáculo, lanzándose a
continuación el propio general al ataque junto a las dos cohortes pretorianas en
dirección a los bosques (Tac., Ann. 2.20). La persecución y matanza de enemigos
continuó hasta el anochecer, cuando las tropas volvieron a un campamento
previamente preparado por una legión que Germánico, con buen criterio, había
sacado del combate para esta misión. En este caso el papel de la Guardia parccc aún
más decisivo que en la batalla precedente, pues fue la encargada, junto al general, de
dar el golpe de gracia a los germanos tras la toma del obstáculo que éstos habían
dispuesto en la llanura. La propia participación de Germánico en el combate nos
indica que la batalla no estaba ni mucho menos clara, impresión a la que contribuye
la noticia de Tácito de que “la caballería luchó con resaltado incierto”.
En la acción llevada a cabo por Paulino y Celso cerca de Cremona durante
la guerra civil entre Vitelio y Otón (69 d.C.) participaron tres cohortes pretorianas con
sus correspondientes fuerzas de caballería. Las cohortes y una vexillatio de la Legión
XIII se dispusieron a lo largo de la calzada en formación de fondo; es decir, en
columna. El protagonismo en esta acción, sin embargo, lo tuvo el contingente de mil
jinetes pretorianos y auxiliares que, sospechando la emboscada que habían dispuesto
los vitelianos, atrajeron al enemigo hasta su propio dispositivo, invirtiendo
completamente la situación y pasando de víctimas a emboscadorcs (Tac., Hist. 2.24-
25). La indecisión de Paulino permitió a los vitelianos escapar hacia unos intrincados
viñedos en los que consiguieron rechazar incluso un ataque de la caballería
pretoriana. En esta acción se pone nuevamente de manifiesto la importancia de las
tropas a caballo de la Guardia, que vemos empleadas en misiones propias de estos
contingentes: avanzadilla y reconocimiento, provocación del enemigo, ataques por
retaguardia, persecución...
La acción táctica más importante de la Guardia Pretoriana durante la guerra
entre otonianos y vitelianos fue sin duda la primera batalla de Bedriaco. En ella
participaron varias cohortes, pero las fuentes no nos informan sobre su despliegue en
la formación de combate otoniana. Plutarco los critica por su supuesta cobardía, pero
este hecho no lo confirman ni Tácito ni la actuación general de la Guardia a lo largo
de toda la guerra.
Durante la segunda batalla de Bedriaco, en el conflicto civil que enfrentó al
bando viteliano y a los ejércitos que avanzaban sobre Italia en nombre de Vespasiano,
los antiguos pretorianos de Otón formaban la reserva, junto a un contingente de
caballería, del ejército flaviano de Antonio Primo; se situaron en la parte central
izquierda del despliegue, detrás de los legionarios de la III Gallica (Tac., Hist. 3.21).
En cl transcurso de la batalla la formación Ilaviana entró en crisis y Antonio Primo
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

empleó a las tropas pretorianas, que consiguieron rechazar a los vitelianos y


restablecer la situación. No obstante, el ataque de los pretorianos fue a su vez
detenido y rechazado por la artillería enemiga (Tac., Hist. 3.23). Tras la retirada
inicial de los pretorianos Antonio Primo los reorganizó y arengó, devolviéndolos a
la batalla71. En esta ocasión los pretorianos desempeñaron de nuevo el típico papel
de reserva táctica empleada para contrarrestar situaciones de crisis durante el
combate.
En la batalla de Lugdunum, librada entre los contingentes de Septimio
Severo y Clodio Albino en 197 d.C., los pretorianos volvieron a constituir la reserva
central del ejército imperial. De hecho, Severo intentó salvar con ellos una delicada
situación táctica, pero estuvo a punto de echarlo todo a perder al caer de su caballo;
la Guardia sufrió un importante revés mientras trataba de seguir las órdenes del
emperador y proteger al mismo tiempo su persona en una situación tan complicada
(Casio Dión 76(75).6.6).
Durante los asedios con participación del príncipe la Guardia pretoriana
solía mantenerse en reserva y desarrollar su función (junto a los Equites Singulares
Augusti) de protección de la persona del emperador. Tenemos noticias de que
durante el segundo asedio de la ciudad de Hatra los arqueros de la plaza fuerte,
empleando también máquinas, lograban tal alcance que llegaron a herir a numerosos
soldados de la guardia de Septimio Severo (Casio Dión 76(75). 11.3).
En la batalla de Antioquía (218), que enfrentó a las tropas de Macrino y a
las legiones sublevadas que apoyaban las pretensiones de Heliogábalo, los
pretorianos se dirigieron al combate equipados a la ligera, pues Casio Dión nos
informa que se desprendieron de sus corazas de escamas y grandes escudos (Casio
Dión 79(78).37.3-4). Macrino dio así prioridad a la rapidez frente a la protección de
los soldados, que aun así lucharon (equipados seguram ente sólo con el
thoracomachus) de forma ejemplar incluso después de conocer la huida de su jefe.
La Guardia Pretoriana y los Equites Singulares del emperador continuaron
resistiendo hasta recibir la oferta de Heliogábalo de entrar a su servicio en las
mismas condiciones (Herodiano 5.4.8)72.
En 238 vemos a la Guardia, concretamente a la reliquatio que había
quedado en Roma durante las campañas de Maximino contra los germanos, sufrir
un asedio por parte de la población de la capital. A lo largo de varios días se
sucedieron los combates, todos ellos rechazados con éxito por los pretorianos que
incluso se permitían contraatacar mediante alguna que otra salida. Herodiano nos
informa que los asaltantes sufrían heridas debidas a las flechas arrojadas desde las
murallas del campamento. Este dato es interesante pues nos confirma la presencia,
bien de arqueros en la Guardia, bien de pretorianos que recibían un entrenamiento
como tales y que disponían de arcos en sus arsenales. En este caso lo que se pone
de manifiesto es la pericia militar de la Guardia en operaciones defensivas.

71 A vosotros, aldeanos (pagani), si no vencéis, qué otro emperador, qué otros cuarteles os acogerán?
/lili están vuestras enseñas y vuestras amias, y la muerte para los vencidos; pues la ignominia ya la
habéis agotado” (Tac., Hist. 3.24).
72 Herodiano afirma que se trataba de soldados escogidos y de gran corpulencia, lo que les permitía
mantener a raya al enemigo y detener sus acometidas. De ahí el sabio consejo recibido por el joven
usurpador y rápidamente aceptado.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

En este mismo momento histórico tenemos una noticia relativa a la posición


de la Guardia Pretoriana en el ejército en marcha conducido por Maximino contra
Italia. El emperador dispuso a las legiones en agmen quadratum; es decir, en
formación cuadrada, marchando él mismo a retaguardia junto a las cohortes del
pretorio (Herodiano 8.1.2).
La siguiente campaña en la que tenemos algunas referencias a las tácticas
empleadas por los romanos y en la que participaron con seguridad los pretorianos
acompañando al emperador es la expedición de Aureliano contra Zenobia de Palmira
(Zósimo 1.52.4). En el primer enfrentamiento, desarrollado junto a Antioquía en
marzo de 272, el emperador empleó a su mejor caballería (incluidos seguramente
Equites Singulares Augusti y pretorianos) para agotar a la superior caballería pesada
palmirana (clibanarii) en una serie de retiradas fingidas (Zósimo 1.50). Una vez
ejecutada a la perfección esta maniobra la caballería enemiga fue presa fácil para las
tropas romanas. El siguiente enfrentamiento campal de la expedición tuvo lugar cerca
de Dafne (suburbio de la ciudad de Emesa). Aquí Aureliano empleó con su infantería
una táctica de falange cerrada (testudo) para desalojar al enemigo de la posición
superior que había ocupado (Zósimo 1.52.2). Nada se nos dice de las unidades
empleadas en dicha formación, pero ante la dificultad de la maniobra tampoco puede
descartarse la presencia de la Guardia.
Una mención directa a la formación de las cohortes pretorianas en la línea
de combate la tenemos en la descripción de Zósimo de la batalla de Emesa. Este autor
nos dice que eran las más destacadas de todas las tropas al ser reclutados de entre
todos los soldados por sus méritos; esto supone además que seguían conservando su
carácter de unidad de élite y espejo en el que se miraban todas las demás unidades
del ejército. La batalla no fue fácil para el emperador, que, tras haber visto cómo su
propia caballería era puesta en fuga por la palmirana, hubo de confiar todas sus
posibilidades a su mejor infantería que, cerrando filas, se impuso finalmente al
enemigo (Zósimo 1.52.4; 1.53). La campaña culminó con el asedio de la ciudad de
Palmira y la rendición de la reina Zenobia, poniéndose así fin a la secesión de esta
zona del Imperio Romano.

LA CABALLERÍA PRETORIANA EN COMBATE

La caballería pretoriana constituía un importante refuerzo para la Guardia,


convirtiéndola en una unidad de combate más flexible. La caballería protegía además
al emperador en campaña, como muestra el ya mencionado episodio de Caligula
durante la expedición a Germania en 39 d.C. (Suet., Cal. 45).
Durante el s. I el emperador podía elegir entre los dos cuerpos de caballería
de la Guardia para su escolta personal, pretorianos o Germani. Esto seguramente
fomentaría la competencia entre ellos, de la misma forma que los gobernadores
provinciales tenían una doble guardia de equites singulares y equites legionis.
Durante el gobierno de Vitelio numerosos jinetes de alae auxiliares se
convirtieron en pretorianos; los que permanecieron en servicio bajo los ílavios tras la
reforma acometida por Muciano mantuvieron los derechos de matrimonio que habían
tenido como auxiliares (esposa semilegal, cuya unión era legalizada definitivamente
junto con el reconocimiento de los hijos tras el licénciamiento). Los jinetes
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

transferidos desde las alae proporcionaron a la caballería pretoriana del período


flavio algo parecido al poder de combate de los suprimidos Germani corporis
custodes o de los posteriores Equites Singulares Augusti. Durante el reinado de
Vespasiano cabe la posibilidad de que se hubieran trasladado más hombres desde las
alae fronterizas para mantener la calidad y operatividad de la guardia a caballo (AE
1932, 30).
En 89 un destacamento de campaña de la caballería pretoriana combatió
contra los marcomanos, en la línea del amplio empleo que Domiciano le dio a la
Guardia en las guerras de frontera. En esta guerra el comandante de la caballería
pretoriana era M. Arrancio Claudiano, antiguo comandante de ala (AE 1972, 572).
La caballería pretoriana del momento, reclutada en parte de las alae fronterizas,
desempeñó el papel de guardia a caballo imperial tanto en la capital como en los
teatros de operaciones en los que se involucraba el emperador. Su fuerza en campaña
a comienzos del s. II, que Hygino casi iguala a la de los Equites Singulares Augusti,
constituye el punto más alto de su empleo en combate. En el s. 111, sin embargo,
continuaron acompañando en las expediciones a los emperadores, como muestra la
muerte en Britania de un oficial encargado del entrenamiento de la caballería
pretoriana que acompañó a Septimio Severo entre 208 y 211 (CIL
6.2464=6.32647:=TLS 2089), o la rivalidad con los Equites Singulares Augusti en
Egipto en 293 con Galerio.

Casco de jinete
de la Guardia
(pretoriano o singular)

143
CAPÍTULO VI

INFLUENCIA POLITICA DE LA GUARDIA

Durante el reinado de Augusto, los pretorianos se mantuvieron en un


discreto segundo plano, tal como reflejan las escasas noticias referentes a la
institución que se nos han conservado en las fuentes escritas. A comienzos del
reinado de Tiberio, fueron enviados junto a Germánico y Druso para contener los
motines de las legiones de Germania y Panonia, ayudando a ambos príncipes
imperiales a restaurar la autoridad de la capital sobre las tropas.
U n acontecimiento de vital importancia en la vida de la Guardia y a partir
del cual se incrementaría su peso a todos los niveles de la vida del Imperio es su
reunión en el cuartel del Viminal en 23 d.C. bajo las órdenes de Sejano. Con este acto,
tanto el prefecto del pretorio como los propios integrantes del cuerpo comienzan a ser
conscientes de su propia capacidad de influir en el gobierno del Imperio. En 31 d.C.,
sin embargo, los pretorianos se mantuvieron fieles al emperador durante la conjura
protagonizada por Sejano, no impidiendo ni su caída ni su posterior ejecución. De
hecho, los pretorianos se consideraron manipulados por el prefecto y realizaron
sonoras protestas de lealtad, pues Tiberio se decidió por emplear a los vigiles para la
protección del Senado durante la sesión en la que se comunicaba la retirada del favor
imperial a Sejano y su cese. Para mantener la tranquilidad en el cuerpo, Tiberio
otorgó un generoso donativo a los pretorianos tras la muerte de su exprefecto (Casio
Dión 58.18.2-3).
Tiberio empleó también a la Guardia para mostrar su poder ante el Senado,
como cuando invitó a una comisión de senadores a presenciar los ejercicios de
entrenamiento de la unidad; algo parecido haría más adelante Cayo César (Caligula).
No obstante, para dejar claro a quién debían únicamente lealtad los pretorianos,
Tiberio se opuso firmemente a medidas favorables a la institución planteadas por
algunos senadores en la cámara, como la de permitir que estos soldados pudieran
sentarse en los espectáculos públicos en las catorce filas reservadas al orden ecuestre.
La conjura que acabó con la vida de Caligula (37-41) partió de una serie de
altos mandos de la Guardia Pretoriana. Concretamente, el tribuno Casio Querea,
asistido por otro tribuno y una serie de centuriones pretorianos, fue el encargado de
acometer cl magnicidio. A partir de la muerte del emperador se iba a poner de
manifiesto el poder real que tenían los pretorianos a mediados del s. I d.C. De hecho,
la elección de Claudio se trató de una conspiración pretoriana en toda regla y no de
una simple casualidad. Josefo se encarga de narramos con cierto detalle los
acontecimientos que acabaron elevando al trono a Claudio, que fue elegido por los
pretorianos como la mejor opción para sus propios intereses y los del Estado.
El nuevo emperador, según las fuentes, fue hallado oculto en palacio y
trasladado a los castra praetoria donde fue aclamado emperador. Allí se mantuvo
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

encerrado durante dos días mientras se aseguraban los resortes de poder y se obligaba
al Senado a aceptar la decisión de la Guardia. El agradecimiento de Claudio a los
pretorianos quedó reflejado en el donativo de 3.750 dn. (cinco años completos de
sueldo) que ofreció a cada uno y que desde entonces quedó convertido en norma tras
cada nuevo ascenso al trono imperial. Por primera vez la Guardia había nombrado a
un emperador y por vez primera también un emperador había pagado a la Guardia su
elevación al trono. En virtud de estos acontecimientos Claudio (41-54) prohibió a los
pretorianos convertirse en clientes de ningún senador (Suet., Claudio 25), pues era
consciente de que su caso podía repetirse si se daban las circunstancias favorables
para un cambio de régimen. Castigó también a Querea y a los implicados en la
conjura que acabó con la muerte de su sobrino Caligula, salvaguardando así la
dignidad de la familia y lanzando al mismo tiempo un mensaje a futuros magnicidas
sobre la inviolabilidad de la figura del emperador.
Durante la caída en desgracia de Mesalina, esposa del emperador y madre
del heredero Británico, Claudio volvió a recurrir a la Guardia Pretoriana para
consolidar su posición. Mesalina, en un acto que podría calificarse de rebelión, había
contraído matrimonio con Cayo Silio; no parece que fuera un simple acto de
infidelidad, pues el nuevo esposo de la emperatriz podía haber albergado esperanzas
de suplantar a Claudio, muy desprestigiado por estos hechos, al Irente del Estado. El
emperador incluso dudó de su situación y llegó a refugiarse durante dos días en el
campamento pretoriano; este período se empleó para ajusticiar a Mesalina y depurar
responsabilidades de los posibles conjurados.
Hasta el año 47, seis después de su ascenso al poder, Claudio siguió
conmemorando a los pretorianos en sus acuñaciones73, incluso tras el inicio de la
conquista de Britania (43 d.C.), que le habría de proporcionar la gloria militar que
hasta entonces le había estado vedada por sus limitaciones físicas. Esto demuestra por
una parte el agradecimiento del emperador a sus tropas, y por otra la posible
debilidad de Claudio hasta quedar definitivamente consolidado; a partir de ese
momento los pretorianos desaparecen definitivamente de las emisiones. Por otra
parte, esas acuñaciones pretenderían recordar al Senado que el emperador, nombrado
con las reticencias de este cuerpo, seguía contando con el apoyo de los pretorianos.
Si Claudio fue nombrado directamente por los pretorianos, Nerón (54-68)
fue aceptado por aquéllos previa sugerencia de Agripina y el Prefecto del Pretorio
Afranio Burro (Josefo, Ant. Jud. 20.152). Británico quedó relegado a un segundo
plano y más tarde fue eliminado cuando Agripina amenazó a su hijo con presentarlo
a los pretorianos (Tac., Ann. 13.14). La madre del emperador gozaba de las simpatías
de la Guardia como bisnieta de Augusto y no estaba dispuesta a aceptar el
alejamiento del poder que le estaba imponiendo su hijo. Sus maquinaciones
finalizaron con su asesinato, cometido por elementos de la flota de Miseno ante la
impopularidad e incluso una posible rebelión que Nerón habría provocado en la
Guardia si los ejecutores hubieran pertenecido a este cuerpo. El emperador les
ofreció un donativo para aplacarlos, pero los pretorianos se mostraron recelosos y le
consideraron capaz de todo, atribuyéndole incluso la muerte del exprefecto Burro.
De hecho, en la gran conjura de 65 participaron no pocos elementos del pretorio

73 Para un listado completo de las referencias numismáticas véase el Apéndice I.


PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Sestercio de Nerón.
Arenga a las Cohortes
Pretorianas

(Tac., Ann. 14.51), que fue ferozmente depurado por Nerón. La denuncia de la
conspiración procedió de los soldados de la flota, que ya habían ayudado al
emperador a deshacerse de su madre. El grueso de la Guardia no estaba implicado,
participando en la represión que hizo caer incluso a uno de sus prefectos, Fenio Rufo.
La inestabilidad de la posición de Nerón durante los últimos años de su
reinado queda de manifiesto en su política de acuñaciones. Es muy sintomático que
Nerón comience a conmemorar en las monedas a su Guardia y las virtudes militares
propias del emperador en la última etapa de su reinado, justo cuando crecía la
oposición del Senado, la de la propia Guardia y descendía su popularidad. Nerón
acabó siendo abandonado por los pretorianos cuando planeaba su huida a Oriente
desde Ostia, viéndose obligado al suicidio.
La muerte de Nerón provocó uno de los períodos más activos políticamente
por el que pasó la Guardia Pretoriana a lo largo de toda su historia, siendo su
concurso fundamental en el ascenso y caída de varios emperadores en el transcurso
de pocos meses.
Durante el ascenso de Galba, proclamado en Hispania poco antes de la
muerte de Nerón, el Prefecto Ninftdio Sabino intentó hacerse con el poder
prometiéndoles a sus preteríanos un donativo de 7.500 dn. Los pretorianos, sin
embargo, desconfiaban de este arribista y, en un primer momento, se mantuvieron
fieles a Galba. El gran error de este último fue no saber gestionar la crisis en la que
se vio inmersa la institución imperial tras la muerte de Nerón. Uno de los pilares de
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

la estabilidad del régimen era, sin duda, la Guardia, pero Galba, de una parsimonia
proverbial a la hora del gasto público, se enajenó su voluntad no cumpliendo las
expectativas de un donativo tras su ascenso al frente del Imperio74. Además, el
nombramiento de Galba había supuesto la intervención de las legiones, que habían
restado momentáneamente protagonismo a la Guardia.
A la hora de la sucesión Galba se decidió por Pisón Licianiano, al que
pensaba proclamar en los castra praetoria, pero sin otorgar tampoco donativo
alguno. M. Salvio Otón decidió entonces poner enjuego sus posibilidades al Imperio
y tras corromper a un grupo de speculatores, fue aclamado emperador. Pisón intentó
atraerse a los pretorianos de guardia en el Palatino ofreciéndoles un jugoso donativo.
Sin embargo, la insurrección se extendió y los legionarios acantonados en los
alrededores de Roma se amotinaron. Galba intentó acercarse a los castra pretorianos
pero en su trayecto fue asesinado en el Foro. Los pretorianos procedieron también a
eliminar a Pisón, y Otón fue definitivamente proclamado en los castra. De este modo
la Guardia acabó imponiendo un emperador de su elección en lugar de aquél de las
legiones de Hispania.
Durante los pocos meses del reinado de Otón los pretorianos constituyeron
un elemento esencial de la política imperial. Durry incluso considera el gobierno de
Otón como el “reinado pretoriano” por excelencia [1938: 372]. Tácito se queja
amargamente del excesivo poder concedido a la Guardia, a la que se concede incluso
la liquidación de las deudas contraídas con los centuriones por vacationes m unerum'5;
el propio emperador se encargó de abonar las cantidades adeudadas con cargo al fisco
imperial (Tac., Hist. 1.46). La devoción de la Guardia por su emperador se puso de
manifiesto en el episodio de la XVII Cohorte Urbana de Ostia cuando vio en peligro
la vida de Otón. La citada unidad debía ser reequipada para la guerra que se
avecinaba, misión que se encomendó a un tribuno pretoriano; este decidió cumplir el
encargo con las menos complicaciones posibles, para lo cual decidió abrir el arsenal
del campamento al comienzo de la noche y cargar los carros de la cohorte. La hora
llevó a sospechar; los pretorianos interrogaron a uno de los urbanos que, por miedo
acusó de conspiradores al tribuno y a varios centuriones, diciendo que se estaba
armando a los esclavos de los senadores para acabar con Otón. El motín estalla, se
apoderan de las armas, matan al tribuno y se dirigen a Roma y al Palatino. Asaltan
las casas de los senadores y le rinden lealtad al emperador. Este cclo les vale un
donativo de 1.250 dn. (Tac., Hist. 1.80-83; Suet., Oth. 8; Plut., Oth. 3-4).
La reforma de Vitelio introdujo un gran número de nuevos pretorianos en la
Guardia procedentes de sus legiones. Tras la victoria de Vespasiano comenzó un lento
proceso de depuración, al ser arriesgado en exceso el licénciamiento en masa del
pretorio de Vitelio. Vespasiano aprobó las medidas tomadas por sus subordinados en
relación con este problema, y en junio de 70 los pretorianos participaron en la
ceremonia de colocación de la primera piedra del nuevo Capitolio que habría de
sustituir al destruido durante la guerra (Tac., Hist. 4.53). Vespasiano comenzó a
otorgar a la Guardia diplomas de licénciamiento en los que se les concedía el derecho

7'1 Recordemos la proverbial frase pronunciada en relación al donativo que esperaban los pretorianos:
“Tengo la costumbre de enrolar a mis soldados, no de comprarlos” (Plutarco, Galba 18).
75 Una de las instituciones más extendidas en el ejército romano era el soborno a los centuriones para
conseguir rebajas de servicios (vacatio munerum).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

de matrimonio (conubium) con el fin de recordarles que esta institución legal les
estaba vedada durante su período de servicio. Además, elevó y rebajó a la vez a la
Guardia al otorgarles una marca de honor, pero también de desconfianza, única en
toda la historia del cuerpo, el nombramiento de su hijo y corregente Tito como
Prefecto del Pretorio en solitario. Éste asumió el cargo tras la derrota de la revuelta
judía (71 d.C.) y lo ejerció hasta la muerte de su padre y su propio ascenso al poder
(Suet., Tito 6).
Durante el reinado de Domiciano la Guardia Pretoriana apoyó al emperador
durante la revuelta de Antonio Saturnino en Germania, tomando parte en la represión
de los conjurados. Domiciano era un príncipe muy querido para la Guardia y a su
muerte protagonizaron una sublevación contra Merva. La Guardia, al mando del
Prefecto Casperio Eliano, exigió al nuevo emperador la ejecución de los asesinos de
Domiciano, entre ellos el otro Prefecto del Pretorio, T. Petronio (Casio Dión 68.3.3;
Epií. de Caes. XII.8). Nerva no tuvo más remedio que plegarse ante las exigencias y
Petronio y sus cómplices fueron eliminados (Plin., Paneg. 6.1; Casio Dión 68.5.4).
Como consecuencia de esta revuelta pretoriana Nerva se decidió a adoptar a Trajano
como heredero y sucesor al Imperio.
De hecho, una de las primeras actuaciones del nuevo emperador a su
ascenso al poder en 98 d.C. consistió en castigar de forma ejemplar a Casperio y sus
seguidores, ejecutándolos a todos. Además, para contar con un cuerpo que oponer a
los pretorianos en caso de rebelión, Trajano recuperó a la Guardia a Caballo imperial
con la nueva denominación de Equites Singulares Augusti. Así, la llegada de los
Equites Singulares Augusti supuso un duro golpe para los pretorianos, pues si éstos
planteaban un nuevo acto de presión sobre el emperador (como le había sucedido a
Nerva), éste disponía ahora de una nueva fuerza militar a la que recurrir. Por otra
parte, los pretorianos tenían ahora que compartir no sólo el poder emanado de servir
al emperador, sino también la gloria, incluso la tarea de escoltar al emperador, hasta
entonces desarrollada por los speculatores pretorianos, pasó a ser desempeñada por
los hastiliarii de los Equites Singulares Augusti, decisión a la que habría contribuido
sin duda alguna el motín de los speculatores contra Nerva.
El s. II, al menos hasta Cómmodo (180-192), constituye en su conjunto un
período de calma para la Guardia políticamente hablando. Durante todo este lapso,
los pretorianos se limitan a cumplir con sus deberes de guardia y protección y
participan en toda una serie de campañas exteriores contra los enemigos del Imperio.
Sin embargo, esta situación sufre un vuelco monumental tras el asesinato de
Cómmodo el último día del año 192 y la elevación al trono de Péitinax por parte de
los conjurados. Los pretorianos, sin embargo, nunca terminaron de aceptar este
nombramiento y lo acabaron eliminando el 28 de marzo de 193. El grueso de la
Guardia parccc que no participó en su asesinato, siendo sólo 200 o 300 soldados los
que asaltaron el palacio (Casio Dión 74.9.2). Tras perpetrar el crimen los pretorianos
se refugiaron en los castra y el trono imperial salió a subasta desde las almenas del
campamento. La puja acabó ganándola Didio Juliano, imponiéndose a Sulpiciano
(suegro de Pértinax y prefecto de Roma) al ofrecer la imposible suma de 7.500 dn.
por cabeza. Esta actuación les iba a costar extremadamente cara.
En efecto, tras el pronunciamiento de Septimio Severo y su marcha sobre
Roma, la Guardia ni siquiera libró batalla entregando a los asesinos de Pértinax.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

Severo los reunió en una ceremonia y, ante la sorpresa de todos, los licenció,
procediendo a una profunda reforma de la institución, como hemos visto en capítulos
anteriores. Severo incluso arrebató a la Guardia sus estandartes, lo que equivalía a
una degradación de toda la unidad; desterró además a todos sus integrantes
prohibiéndoles acercarse a menos de cien millas de la capital. Este castigo era
aplicado también a los desertores y a aquellos expulsados deshonrosamente del
ejército (missio ignominiosa), por lo que parece que Severo consideró a los
pretorianos culpables de uno de los crímenes más graves que podía cometer un
soldado romano, el de no haber defendido al emperador legítimo (Pértinax) cuya vida
tenían encomendada.
En 212 Caracalla procedió a la eliminación de su hermano y coemperador
Geta, solicitando a continuación refugio en el templo de los estandartes de los castra
praetoria (Herodiano 4.4.4; Zósimo 1.9.2). Las reticencias de los pretorianos fueron
rápidamente acalladas con el ofrecimiento de un jugoso donativo de 2.500 dn. y
doble ración de trigo (Casio Dión 78(77).3.1-2; Herodiano 4.4.7). Caracalla, sin
embargo, acabó siendo víctima de un complot urdido por algunos elementos de su
Guardia Pretoriana durante la campaña oriental de 217 (Casio Dión 78(77).5.2;
Herodiano 4.3.1). Le sucedió el Prefecto del Pretorio Macrino, que se preocupó de
evitar cualquier posible movimiento dentro de la unidad al otorgar importantes
beneficios a sus integrantes (SHA, Macr. 5.3.7). Tras la sublevación de Heliogábalo
(218-222) los pretorianos se mantuvieron fíeles a Macrino, pero tras contemplar la
huida del emperador en plena batalla decidieron abandonarlo, recibiendo además la
garantía de continuar en sus puestos tras el cambio de régimen.
Los pretorianos no tenían en gran estima a Heliogábalo y demostraban a las
claras su preferencia por su primo Severo Alejandro, nombrado César. Se produjo
una primera rebelión pretoriana en la que obligaron al emperador a entregar a casi
todos sus favoritos. Entonces Heliogábalo pretendió arrebatar a Alejandro su
condición de César, a lo que se opusieron los pretorianos, que incluso rehusaron
montar guardia en el Palatino. Heliogábalo accedió a las demandas de la Guardia
renunciando al alejamiento de su primo y visitando junto a él los castra praetoria;
allí los soldados se decidieron a acabar de una vez por todas con su vida y elevaron
al Imperio a Severo Alejandro (222-235) (Casio Dión 80(79).20.1; Herodiano 5.8.6-
8; SHA, Elag. 16.5). En este caso los pretorianos habían contado a la hora de
nombrar a un nuevo emperador con la aquiescencia del propio Senado, harto de las
excentricidades de Heliogábalo.
Los pretorianos, conscientes de su propio poder y de que Severo Alejandro
les debía el trono, actuaban con bastante despotism o. Hubo incluso
enfrentamientos entre los soldados y la plebe de Roma que duraron tres días; al
verse superados, los pretorianos comenzaron a provocar incendios en la ciudad,
con lo que la plebe y el propio emperador debieron plegarse a sus exigencias. Entre
ellas estaba la muerte del Prefecto del Pretorio Ulpiano, eliminado delante del
propio em perador (Casio Dión 80.2.2-4). Los pretorianos tam bién tomaron partido
en las disputas palaciegas decantándose por la emperatriz Orbiana frente a su
suegra (Julia Mammea) (Herodiano 6.1.9). La muerte del emperador y su madre
parece que no puede im putarse a los pretorianos, si bien se encontraban en
Germania junto al emperador.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

A la muerte de Severo Alejandro subió al poder Maximino (235-238), contra


el que se produjo una sublevación en Cartago en 238 protagonizada por los
gordianos. La revuelta inicial fue sofocada pero no se pudo evitar su contagio a
Roma, donde circunstancialmente sólo quedaba un pequeño contingente de
pretorianos en los castra (el resto estaba en campaña en Germania junto a
Maximino). El Senado, viendo la oportunidad, armó a la plebe e inició el asedio del
campamento, que no consiguió tomar (Herodiano 7.2.2; SHA, Max. et Balb. 8.4).
Maximino se dirigió hacia Italia con su ejército, pero fue eliminado en Aquileya por
elementos de la II Parthica a los que parece que se unieron también pretorianos. La
muerte de Maximino no trajo, sin embargo, la tranquilidad. El Senado había
nombrado emperadores a Balbino y Pupieno para oponerse a la invasión de Italia
iniciada por Maximino. Tras el fin de las hostilidades regresaron a la capital, pero
Pupieno trajo consigo una unidad de germanos completam ente leales. Los
pretorianos, temiendo una jugada similar a la de Septimio Severo y que los germanos
fueran empleados contra ellos, decidieron acabar con los emperadores. Asaltaron el
palacio y los asesinaron a ambos, nombrándose al joven Gordiano III como
emperador de consenso. Esta sería una de las últimas intervenciones de los
pretorianos en política. En adelante las noticias sobre ellos escasean hasta la
elevación al trono de Majencio en Roma en 306, que acabó siendo la causa de su
propia desaparición.

EMPERADORES NOMBRADOS
DIRECTAMENTE POR LOS PRETORIANOS

Claudio (41 d.C.)


Otón (69 d.C.)
Pértinax (193 d.C.)
Didio Juliano (193 d.C.)
Severo Alejandro (222 d.C.)
Gordiano TU (238 d.C.)
Majencio (306 d.C.)
CAPITULO VII

ASPECTOS LOGISTICOS

INGRESOS

El sueldo {stipendium) de los pretorianos se caracterizaba, en primer lugar,


por ser el más alto de todas las unidades del ejército romano. Además, los ingresos
de los pretorianos no se limitaban al cobro de stipendia, sino que se veían
ampliamente incrementados por los donativos imperiales concedidos con motivo de
acontecimientos o celebraciones especiales. Las tropas legionarias también podían
percibir este tipo de sobresueldos, pero los asignados a los pretorianos eran
proporcionalmente mucho más cuantiosos.
El sueldo base de un pretoriano quedó establecido inicialmente por Augusto
en 500 denarios (2.000 sestercios76) por año abonados en dos pagas (.stipendia); a
finales de su reinado añadió un tercer stipendium de 250 dn., con lo que el sueldo anual
quedaba incrementado hasta los 750 dn. (4.000 HS) (Tac., Ann. 1.17), frente a los 225
dn. (900 HS) que cobraba un legionario. En 83 d.C. Domiciano añadió un cuarto
estipendio al sueldo de los legionarios, quedando la soldada en 300 dn. anuales (Casio
Dión 64.3.5; Suet., Dom. 8); en el caso de los pretorianos ese cuarto estipendio habría
sido similar a los otros tres, con un montante de 250 dn.; de ese modo el sueldo básico
del pretoriano quedó fijado en 1.000 dn (4.000 HS)77, cifra que se mantuvo hasta el
reinado de Cómmodo (180-192). Este último emperador añadió un quinto stipendium
y estableció la paga anual en 1.250 dn. (5.000 HS). Septimio Severo volvió a
incrementar la soldada hasta los 1.500-1.700 dn. (6.000-6.800 HS). El último
incremento conocido data del reinado de Caracalla (211-217), cuando el sueldo del
pretoriano quedó fijado en 2.500 dn. (10.000 HS) anuales (Herodiano 4.4.7).

COMPARATIVA DE SALARIOS DE LA GUARNICIÓN DE ROMA


(US POR AÑO)

Augusto Domiciano

Pretoriano 3.000 4.000


Urbanicianus 1.500 2.000
Vigile 750 (?) 1.500 (?)

Los sueldos percibidos por los distintos grados de la tropa y los oficiales se
habrían regulado de forma similar a las legiones. Los principales de menor rango

70 En adelante, para el término scstercio emplearemos la clásica abreviatura “HS”.


77 Passerini afirma, sin embargo, que ese incremento de un cuarto estipendio se limitó a las legiones, al
ser ya las condiciones de servicio de los pretorianos suficientemente buenas [1939: 108].
ADOLFO RAÚL M ENÉND EZ ARGÜÍN

habrían recibido 1 ’5 veces el sueldo del pretoriano raso, los principales superiores el
triple, los centuriones cinco veces más y los tribunos pretorianos habrían percibido
30.000 dn. anuales.
La entrega de los salarios era motivo de una importante ceremonia en todas
las unidades del ejército romano; ésta se desarrollaba en el campamento tras una
parada en la que se fortalecían tanto el espíritu de cuerpo como la lealtad al
emperador. La Guardia Pretoriana no era menos, si bien la única referencia sobre una
ceremonia de este tipo nos la proporciona Tertuliano en su De corona; el
acontecimiento mencionado en este discurso no habría tenido lugar ni en Lambaesis
ni en Cartago, como claramente ha puesto de manifiesto el profesor Y. Le Bohec, sino
en los castra praetoria entre 208 y 211 [LE BOHEC 1992a y 1992b]. Para la ocasión
los pretorianos iban equipados con espada, capa, túnica y sandalias, portando una
corona de laurel en la cabeza como símbolo de su participación en el sacrificio en
honor del emperador. Ciertamente, esta ceremonia hace referencia a un pago
especial, una liberalitas o donativum, pero la que se habría desarrollado con motivo
de la entrega de salarios regulares no habría sido muy distinta.
Como mencionamos al comienzo del capítulo, los donativa constituían una
proporción sustancial de los ingresos de los pretorianos, contribuyendo de forma aún
más clara que el sueldo a marcar las diferencias con las tropas legionarias. Mediante
estos “regalos” los emperadores buscaban reforzar la lealtad de su Guardia
celebrando acontecimientos importantes de su reinado como el ascenso al poder, una
campaña victoriosa, los diez años de reinado (decennalia)... Los ingresos percibidos
a través de donativos eran tan importantes que incluso se ha intentado explicar la
existencia del cargo de fisc i curator (exclusivo de las cohortes pretorianas) a partir de
éstos. Según Domaszewski, al recibir los pretorianos más a menudo donativa
procedentes de la caja privada (fiscus) del emperador habría sido necesaria la
creación de este cargo para su gestión.

Portaestandartes pretorianos (Columna Trajana).


PRETORIANOS: LA GUARDIA IM PERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

DONATIVOS ATESTIGUADOS EN LAS FUENTES RECIBIDOS


POR LOS PRETORIANOS

Emperador Fecha Motivo Montante Fuentes


Augusto 8 a.C. Gayo César toma la toga Desconocido Casio Dión 55.6.4
viril 250 dn. Tac., Ann. 1.8; Suet, Aug.
Augusto 14 d.C. Testamento 101; Dión 56.32

Tiberio 31 d.C. Caída de Scjano 1.000 dn. Suet., Tib. 48


Tiberio 37 d.C. Testamento; Caligula 500 dn. Casio Dión 59.2.2
dobla las cantidades para
los pretorianos
Caligula 37 d.C. Ascenso al poder 2.500 dracmas Casio Dión 59.2.4
Caligula 39 d.C. Campaña germánica 100 dn. Suet., Calig. 46
Claudio 41 d.C. Ascenso al poder 15.000 HS Tac., Ann. 12.69; Suet.,
(=3.750 dn). CL 10; Jos., Ant. 19.4.2
Claudio 51 d.C. Nerón toma la toga viril Desconocido Tac., Ann. 12.41, Suet.,
Ner. 7
Claudio Cada año Dies imperii 25 dn. Casio Dión 60.12.4
entre 42 y 54
Nerón 54 d.C. Ascenso al poder 3.750 dn. Tac., Ann. 12.69; Casio
Dión 61.3.1
Nerón 59 d.C. Muerte de Agripina Desconocido Tac., Ann. 14.11
Nerón 65 d.C. Conjuración de Pisón 500 dn. Tac., Ann. 15.72; Suet.,
Ner. 10; Casio Dión 62.2
Otón 69 d.C. Episodio de la cohorte 5.000 US Tac., Hist. 1.82.5; 3.10.4;
Otón 69 d.C. urbana (=1.250 dn). 4.36.2
Supresión de las Desconocido 'lac., Ilist. 1.46
vacationes munerum de
los pretorianos pagándolas
de su propio bolsillo
Vespasiano 69 d.C. Ascenso al poder Probablemente lac., Hist. 2.82.4; Casio
3.750 dn. Dión 65.22.2 - 25
dracmas?
Tito 79 d.C. Ascenso al poder 3.750 dn. Casio Dión 66.26.3
Domiciano 81 d.C. Ascenso al poder Probablemente Casio Dión 66.26.3
3.750 dn.
Nerva 96 d.C. Ascenso al poder Probablemente Moneda: Cohen, Desc.
3.750 dn. hist, des monn. trap, sous
l’emp. rom., 112, p. 1, 1; H.
Mattingly, C. B.M. Ill, 46
Trajano 98 d.C. Ascenso al poder Probablemente Plinio, Paneg. 25
3.750 dn.
Hadriano 117 d.C. Ascenso al poder Probablemente SHA, Hadr. 5.7
7.000 dn.
Hadriano 137 Adopción de L. Blio Vero 750 dn. SHA, Hadr. 23.12, 23.14;

Hadriano 138 Adopción de Antonino 750 dn.? SHA, Elio 3.3, 6.1-3.
Antonino Pío Ascenso al poder Desconocido SHA, Pío 4.9
(congiario de Antonino a
los soldados)
Antonino Pío 138 Ascenso al poder, segundo Probablemente SHA, Pío 4.9
donativo a los soldados 3.750 dn. SHA, Pío 8.1
Antonino Pío 138 Boda de Faustina y Marco Desconocido SHA, Pío 10.2
Aurelio
Marco Aurelio 161 Ascenso al poder 20.000 US Casio Dión 73.8.4; SHA,
y Lucio Vero (=5.000 dn.) Marco 7.9

155
ADOLFO RAÚL M ENLNDEZ ARGÜÍN

Cómmodo 180 Ascenso al poder Como mínimo 3.750 dn Herodiano 1.5.1 y 8.


(según la norma
establecida desde
Claudio).
Clodio Albino Elevación al rango de 3 aurei (=75 dn.) SHA, Albino 2.4
César por Cómmodo?
Pértinax 193 Ascenso al poder 3.000 dn. Casio Dión 73.1.2;
73.5.4; 73.8.4; SHA,
Perl. 7.5; 15.7

Pértinax 193 Ascenso al poder Promesa de 12 HS SHA, Pert. 15.7


(recibieron sólo 6) Casio Dión 73.11;
30.000 HS (=7.500 dn.) Herodiano 2.6.4; SHA,
Didio Juliano 193 Didio Jul. 3.2; Zonaras
12.7
Septimio Severo 193 Ascenso al poder 250 dn. Casio Dión 46.46.6
Septimio Severo 196 Ascenso al poder Desconocido SHA, Sev. 16.5
Nombramiento como ("magnífico donativo" y
Césares de Caracalla y el botín de la capital de
Geta los partos)
Septimio Severo 197 Inicio de la guerra Desconocido Herodiano 3.6.8
contra Albino ("donativo generoso") Herodiano 3.8.4
Septimio Severo 197 Victoria sobre Albino Desconocido
("suma considerable")
Septimio Severo 203 Decennalia de su 250 dn. Casio Dión 76.1
proclamación
Caracalla 212 Asesinato de Geta 2.500 dn. Herodiano 4.4.7; SHA,
Macrino 217 Ascenso al poder y Mínimo 750 dn. Ant. Car. 2.6; Teriul., De
nombramiento de c. I.SHA, Diadum. 2.1
Diadumeniano como
César
Heliogabalo 218 Evitar el saqueo de 500 dn. por soldado Casio Dión 78.1.1
Antioquía
Severo Alejandro 222-235 Tres donativos a los Desconocido SHA, Sev. Ale. 26.1.
soldados en su reinado.
Severo Alejandro 231 Inicio de las Desconocido ("generoso Herodiano 6.4.1
operaciones contra los donativo")
persas
Severo Alejandro 233 Fracaso de la Desconocido ("generosa Herodiano 6.6.4
expedición de 232 distribución de dinero")
contra los persas. Desconocido
Maximino 238 Rebelión de los ("importante suma"; Herodiano 7.8.9; SHA,
Gordianos "magnífico") Dúo Max. 18.4
Gordiano I 238 Aclamación como Desconocido ("promesa
emperador a los pretorianos de un Herodiano 7.6.4
donativo no igualado")
Máximo Pupieno 238 Victoria en Aquileya Desconocido ("generoso Herodiano 8.7.7
donativo")
Filipo 244 Asesinato de Gordiano Desconocido Zósimo 1.19.1
y ascenso al poder
Claudio II 268 Asesinato de Galieno y 20 aurei (=500 dn.) SHA, Gal. 15.2
ascenso al poder
Tácito 275 Ascenso al poder Desconocido SHA, Tac. 9.1

156
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Los soldados romanos no podían disponer libremente de todos sus ingresos,


debiendo quedar una parte como depósito en las arcas de la unidad que eran
gestionadas por los portaestandartes (signiferi). Parece que la misma política habría
sido aplicada en el caso de los pretorianos, que debían aportar a su particular caja de
ahorros una parte de los estipendios regulares (deposita), así como la mitad de los
donativos recibidos (seposita). Con estos ahorros podía hacerse frente a toda una
serie de gastos extraordinarios sin suponer demasiado quebranto para las finanzas del
soldado, que no habrían sido muy boyantes a pesar de lo dicho debido a la carestía
de la vida en la capital del imperio. A su retiro todos esos ahorros pasaban a engrosar
su praemium de licénciamiento, facilitando aún más su retorno a la vida civil.

ABASTECIMIENTOS

Las cuestiones logísticas relativas al ejército romano (a excepción de la


paga) han sido hasta fechas recientes tradicionalmentc subestimadas o directamente
desechadas en beneficio de otros ámbitos de investigación más espectaculares o
supuestamente más provechosos. Sin embargo, una unidad militar no puede subsistir
sin suministros de todo tipo, por lo que consideramos esencial conocer en la medida
de lo posible y a partir de las fuentes disponibles las rutinas de abastecimiento de la
Guardia Imperial. Si, como hemos mencionado, la negligencia respecto a este árido
tema era una constante en los estudios relativos al ejército romano en su conjunto,
prácticamente nada se ha escrito sobre las cuestiones logísticas relativas a la
guarnición de Roma7S. El hecho de que precisamente estas unidades estuvieran
acantonadas en la capital, beneficiándose en buena medida de las rutinas de
abastecimiento de la misma, no nos exime de intentar conocer cómo se articulaba la
recepción y gestión de toda una serie de alimentos y productos necesarios para
mantener la operatividad de este cuerpo de tropas.

TRIGO

Los pretorianos sufrían en un principio, como el resto de los soldados del


ejército, deducciones de sus ingresos. Hasta época de Nerón tenían que pagar por el
trigo, pero al ventajoso precio fijado por la annona79 (Tac., Ann. 15.72). Claudio
concedió en 44 d.C. a los soldados en activo, entre los que habría que incluir a los
pretorianos, los privilegios de los hombres casados, al tener por ley prohibido el
matrimonio legal. En el caso de los pretorianos puede ser importante para las
frumentationes, repartos de trigo subvencionado. Parece que las cantidades que se
recibían en esos repartos eran excesivas para el consumo de una sola persona, por lo
que éstas también contribuirían a la manutención de la familia del ciudadano.
Desconocemos si los soldados recibían sólo las cantidades necesarias para su sustento
individual o, tras haber recibido los derechos de los hombres casados por Claudio,
recibían también la misma cantidad que el resto de los ciudadanos. Si recibían este

7SNi una sola línea, por ejemplo, dedican a esta problemática ni Durry ni Passerini en sus respectivas
monografías.
79 Organismo encargado de la gestión de los aprovisionamientos de grano destinados a la capital del
Imperio.
ADOLFO RAÚL MF.NÉNDEZ ARGÜÍN

montante superior puede que revendieran los excedentes o que los almacenaran para
casos de necesidad.
Nerón inauguró las distribuciones gratuitas de trigo a los pretorianos una vez
al mes tras la conjura de Pisón (65 d.C.); de esta forma los pretorianos accedieron
definitivamente al trigo sin tener que pagar contrapartida alguna en forma de
deducción de parte de su sueldo (Suet., Ner. 10; Tac.,A nn. 1.17). Según Durry [1939:
269], a partir de finales del s. II, cuando Severo paga a los legionarios una parte de su
salario en especie dentro del sistema de la annona militar, los pretorianos, que desde
mucho tiempo atrás recibían el trigo gratis no hacían sino perder con este sistema de
crisis; sin embargo, hay que tener en cuenta que la nueva Guardia establecida por
Severo provenía de sus legiones de Panonia y que estos soldados no estaban
acostumbrados a recibir el trigo gratuito como sus predecesores en el puesto. De esta
forma no podía haber agravio comparativo alguno y los nuevos pretorianos
simplemente se amoldarían al sistema impuesto por el nuevo emperador. Con todo,
puede que este sistema no se aplicara a rajatabla o que existieran otro tipo de
compensaciones.
Además de la gratuidad del trigo los pretorianos eran un cuerpo muy
privilegiado en relación con el resto de las tropas del ejército romano, pues tampoco
sufrían deducciones por las armas, de ahí la ausencia de custodes armorum80; parece
que las funciones de estos suboficiales eran también de carácter administrativo,
encargándose del cobro de las cantidades adeudadas por las armas y su
mantenimiento. La Guardia Pretoriana estaba exenta de todos estos gastos. Además,
la caballería pretoriana tampoco pagaba por sus monturas ni por el pienso que éstas
consumían. Por todo ello, la diferencia en ingresos reales con respecto al resto de las
unidades del ejército romano se incrementaba aún más.
Los pretorianos, ya antes incluso de que Nerón les concediera el grano de
forma gratuita, disfrutaban de una posición más ventajosa que los legionarios, pues
habrían pagado el grano que consumían al precio establecido por la annona, como
ciudadanos romanos y habitantes de la capital que eran81. Este precio subvencionado
parece que puede fijarse para el reinado de Nerón en tres sestercios el modio. En iin
primer momento es posible que los pretorianos, por el hecho de ser militares y recibir
un stipendium del Estado, estuvieran excluidos de las listas de beneficiarios de las
frumentationes gratuitas. Cabe también la posibilidad que Nerón, al conceder el
abastecimiento gratuito como tal a los pretorianos, los equiparara a aquellos
privilegiados presentes en las listas frumentarias que tenían derecho a recibir del
Estado cinco modios mensuales (35-40 kg.). De hecho, Suetonio (Ner. 10) afirma que
Nerón instituyó para las cohortes pretorianas distribuciones de trigo mensuales y
gratuitas, las mismas características que tenían lasfrumentationes en general.
El privilegio de recibir trigo gratuito en Roma no debe minusvalorarse, pues
la plebe frumentaria, fijada en unas 200.000 personas por Augusto, se consideraba

*" Si estos suboficiales sólo hubieran sido los guardianes y supervisores de las armas de las unidades sería
difícil de explicar su ausencia del gran arsenal de la Guardia Pretoriana en Roma, estando presente sin
embargo entre los Equites Singulares Augusti.
81 Además, con anterioridad a la concesión del trigo gratuito por parte de Nerón, los pretorianos domo
Roma —es decir, originarios de la Urbs— podían haber gozado de su inclusión en la plebe frumentaria
a título individual.
- PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

como la élite de la plebe de la capital (llegando incluso a indicarlo en sus epitafios).


De hecho, ser beneficiario de las frumentationes era un privilegio de por vida, y sólo
a la muerte de un recipiendario podía incluirse, por sorteo, otro individuo que
cumpliera los requisitos para ello. Así pues, el hecho de que los pretorianos pasaran a
recibir este tipo de trigo (y que continuaran recibiéndolo tras su licénciamiento, como
los vigiles) era un avance sustancial que venía a reforzar en buena medida los
privilegios de este cuerpo de tropas. Con el tiempo, probablemente, las cohortes
urbanas también acabaron recibiendo el trigo gratuito e incluso los vigiles desde el s.
Π d.C.82 [SABLAYROLLES 2001] o quizás desde Septimio Severo, cuando se les
considera militares de pleno derecho83.
Hasta que punto era importante este privilegio puede observarse en el
escrupuloso mantenimiento de los registros de beneficiarios, incluso, C. Virlouvet
[2001] plantea la hipótesis de que para evitar fraudes los soldados de la guarnición de
Roma procedentes de la capital fueran incorporados a la tribu Fabia, siendo excluidos
así oficialmente de su posible participación en las frumentationes civiles con el fin de
evitar que pudieran recibir trigo gratuito por una doble vía.
Por otra parte, el que los pretorianos eran considerados ciudadanos de Roma
de pleno derecho parece probarlo un pasaje de Zósimo. En el momento de la conjura
que lleva a la proclamación de Majencio, éste se aseguró la colaboración de los
oficiales superiores Marceliano y Marcelo y la de Luciano, encargado de las
distribuciones de carne de cerdo que el Estado realizaba al pueblo romano y a los
pretorianos. Vemos, por tanto, cómo esta noticia confirma la consideración de los
pretorianos como ciudadanos de Roma de pleno derecho con todas las ventajas que
eso suponía, incluidas las distribuciones de alimento estatales (Zósimo 2.11.3.).
Recientemente se ha propuesto interpretar una fístula de plomo de
canalización de agua, donde aparece un tribuno de la V il Cohorte Pretoriana definido
como curator oper. min., de la siguiente forma: curator operum Minuciorum,

82 Los vigiles accedían al trigo gratuito como miembros de la plebe frumentaria a los tres años de
servicio y conservaban este privilegio durante toda su vida (véase nota siguiente).
85 F.sta evolución parecen probarla las inscripciones conmemorativas erigidas por los vigiles a su tercer
año de servicio, cuando eran incluidos en los registros de frumentum publicum (trigo público); un claro
ejemplo lo tenemos en CIL 6.220 (=ILS 2163); esta placa de bronce, fechada en 203, fue recuperada en
el Aventino, en la zona donde se situaba Ia statio o cuartel de la IV Cohorte de vigiles. La dedicatoria de
esta inscripción sería realizada por vigiles que cumplen tres años de servicio reglamentarios y dan las
gracias a la familia imperial por la plena ciudadanía romana y su inclusión en las listas de reparto de trigo
público (“// qui frumento publico incissi sunl kalendas Martis”). Esta dedicatoria a la familia imperial
(incluido el Prefecto del Pretorio Plauciano) confirmaría que los soldados de la guarnición de Roma
recibían raciones de trigo público bien tras enrolarse (pretorianos y urbani desde el comienzo de su
servicio a partir del reinado de Nerón), o bien en el caso de los vigiles tras recibir dicho privilegio al tercer
año de servicio. Fsta concesión de inclusión en las listas de frumentum publicum sería quizás una
reminiscencia de los orígenes del cuerpo, cuando al tercer año lo que recibían sus integrantes libertos era
la plena ciudadanía; esto los convertía en candidatos de pleno derecho a cubrir bajas de las listas de trigo
público si eran agraciados en el sorteo (única manera, como hemos visto más arriba, de ingresar en este
selecto club que constituía la plebe frumentaria de la capital). Con el tiempo los reclutamientos se irían
extendiendo a otros estratos sociales y la ciudadanía plena dejaría de tener sentido, pasando entonces a
recibir el privilegio de ser inscritos directamente en los registros de repartos gratuitos (probablemente, no
antes del reinado de Nerón). Por otra parte, esa inclusión en los registros de la plebe frumentaria, por
contraposición a pretorianos y urbanos (que recibían el trigo gratuito como parte de su sueldo), podría
servir para mostrar que en un primer momento el carácter de los vigiles era más civil que militar.
ADOLFO RAÚL MLNKNDEZ ARGÜÍN

relacionado por tanto con el trigo (Minuciorum=frumentf 4). La fístula, de época


severiana, cuadraría bien con la política de favorecer a los soldados seguida por el
primer emperador de esta dinastía, Septimio Severo. Las funciones de este curator —
si se acepta la interpretación— se desconocen por completo [BRUUN 1987]. En esta
misma línea Herodiano nos informa que los pretorianos recibían doble ración de trigo,
medida otorgada por Caracalla (4.4.7). Casio Dión se queja de todas estas actuaciones,
cuyo coste recaía en su mayor parte sobre el orden senatorial (Casio Dión 78(77)9.3):
“Aparte del oro coronario que Caracalla continuamente exigía, estaban los
abastecimientos que obligaba a proporcionar a los senadores en grandes cantidades
en todas las ocasiones, y esto sin recibir remuneración alguna y a veces con un coste
adicional para ellos; todos esos suministros los proporcionó a los soldados o los
revendió” .

ACEITE

Por lo que respecta al aceite de oliva, éste llegaría a partir del sistema
annonario que abastecía al conjunto de la población de la capital. En principio los
pretorianos debían pagar por el aceite que consumían, pero a partir de Septimio Severo
se instauran distribuciones de aceite gratuito para la plebe frumentaria, por lo que los
pretorianos, incluidos desde Nerón entre los privilegiados de la ciudad, también se
beneficiarían de esta nueva medida imperial. Todos estos beneficios constituirían una
agradable sorpresa para los componentes de la nueva Guardia, procedente de las
legiones de la frontera y no habituados en absoluto a tantas atenciones como las que
recibían los pretorianos en la capital.
La zona de procedencia del aceite era principalmente la Bética — provincia
romana que abarcaba grosso modo las provincias andaluzas excepto Granada y
Almería— , cuyo producto era considerado de mejor calidad que el norteafricano. Este
incremento de las importaciones béticas hacia Roma fomentadas por el poder imperial
se observa claramente en los tituli picti (rótulos pintados) de las ánforas, donde el
rótulo Beta (propietario del contenido) pasa a reflejar los nombres de la familia
imperial o directamente la mención del Fisco [CHIC 1988; REMESAL 1986].
A partir de 193 d.C., no obstante, a la Guardia Pretoriana se incorporaron
tropas procedentes de Iliria y la frontera del Danubio, individuos no muy
acostumbrados a las grasas vegetales como el aceite de oliva. Tenemos pues un proceso
inverso al que se desarrolla en las fronteras europeas durante el s. II: en Britania, el Rin
y el Danubio el reclutamiento de base local hace descender las importaciones de aceite
de oliva para consumo, mientras que desde fines del s. II en Roma la incorporación de
tropas ilirias a las unidades de la capital, caracterizada por el consumo de aceite de
oliva tanto bético como africano desde hacía varios siglos, habría sido un choque para
ellos. Parece, no obstante, que los nuevos pretorianos se incorporaron a la dieta
mediterránea una vez aceptada la mayor calidad del accite de oliva.
Además de para consumo el aceite de oliva se empleaba para engrasar toda
una serie de elementos del equipo del soldado como las caligae; esto lo demuestra

84 La porticus Minucia frumentaria era en Roma el lugar donde se desarrollaban los repartos de trigo y
se mantenían los registros y archivos relacionados con las frumentationes.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DF. LA ANTIGUA ROMA

claramente un grafito hallado en el exciibitorium (puesto de guardia) de la VII


Cohorte de vigiles, acantonada en el Trastévere(CIL 6.3053): “Oleum in caligas
En un grupo de estancias del campamento pretoriano destaca el hallazgo de
algunas ánforas globulares de aceite de tipo Dressel 20. Las ánforas, casi todas rotas
en el punto de ataque del cuello, aparecieron en el aterramiento de los cimientos,
bajo un pavimento en tierra batida visible a trazos en dos de esas estancias. Las
características m orfológicas de las ánforas [DRESSEL 1879; ZEVI 1966;
RODRÍGUEZ ALM EIDA 1984], junto a una primera clasificación del material
cerámico hallado en los estratos bajo los planos de pavimento, en particular la
presencia de una moneda del 172-173 d.C. con la efigie del emperador Marco
Aurelio, hacen pensar en una datación de las estancias descritas en tom o al s. Ill d.C.
[BCA 9 1 ,2 (1 9 8 6 ): 366-9].
El gran depósito de ánforas hallado a fines del s. XIX junto al
cam pamento y fechado a mediados del s. I d.C. puede que no proceda del
consumo de las tropas acantonadas en los castra, sino que fueran llevadas allí
como material de relleno del foso de la M uralla Serviana desde distintos puntos
de la ciudad. En él se han identificado ánforas de aceite, salsas de pescado, vino
e incluso fruta; la fecha consular más reciente atestiguada en un ánfora de este
depósito es la correspondiente a 36 d.C. [DRESSEL 1879]. Cantarelli retrasa un
poco la fecha del depósito a partir de las ánforas con vinos de Baeterrae, Galia
N arbonense, que según los datos de Plinio deben ser posteriores a 71 d.C.
[CANTARELLI 1915].
Es muy probable que los pretorianos gozaran de una diversidad en su
alimentación bastante más amplia de la que podían disfrutar los legionarios de las
fronteras. Prueba de ello sería una tabula lusoria — tablero de juego inscrito en el
pavimento— hallada en el interior de los castra praetoria en la que se menciona un
banquete de los venatores (cazadores) de la Guardia compuesto por los siguientes
manjares: pollo, pescado, jam ón y pavo [BCA 1877: 81].

VINO

Por lo que concierne al abastecimiento de vino Tchernia ha estimado el


consumo medio diario por persona en algo menos de un litro. Si tenemos en cuenta
que la Guardia Pretoriana contaba con unos 5.000-6.000 hombres durante el s. 1 d.C.
las estimaciones rondan los 50 hectolitros por día; es decir, 18.250 hl. anuales. Los
vinos más corrientes y a mejor precio que se consumían en Roma durante los siglos
I y II eran los procedentes de la Tarraconense o de Creta [TCHERNIA 1986;
CORBTER 2001: 73]; a ellos habría que unir los de gran calidad originarios de los
alrededores de Roma y de Campania, si bien éstos sólo estarían disponibles para los
pretorianos en ocasiones especiales y sólo serían consumidos con una cierta
asiduidad por los oficiales superiores. Casio Dión nos informa que Caracalla
mezclaba grandes recipientes de vino para los soldados que le protegían en palacio,
pasándolo luego en copas (214 d.C.) (Casio Dión 78(77). 17.4); esto significa que los
pretorianos y Equités Singulares Augusti también se beneficiaban del vino destinado
a la familia imperial, por fuerza de mayor calidad que el que ellos podían haber
adquirido normalmente.
ADOLFO RAÚL MENÉNDF.Z ARGÜÍN

AGUA

Un elemento esencial para el funcionamiento de los castra praetoria era el


agua [BRUUN 1987]. Los acueductos que pasaban más cerca de los castra eran el
Aqua Claudia/Anio Novus, así como los Aqua Marcia, Tepula y lulia , que
desembocaban cerca de la Porta Viminalis [PANTMOLLE 1984: vol. I, 97-135; 139-
141; 145-155]. En las cercanías de esa Puerta Viminal existía un castellum aquae de
forma cilindrica con tres vanos. Desde aquí los tres acueductos se dirigían hacia el área
actualmente ocupada por el Ministerio de Hacienda, donde entre 1873 y 1875 se
descubrieron tres grandes piscinas identificadas por Lugli como los depósitos finales
de los tres acueductos mencionados; la mayor era la del Aqua Marcia (51 ’6 x 29’80
metros). Existían toda una serie de castella de distribución de estos acueductos en la
zona de las Termas de Diocleciano y en las regiones IV, V, VI y VII.
Según H.B. Evans, los castra praetoria serían abastecidos de agua por los
acueductos Aqua Claudia/Anio Novus [EVANS 1994]. Frontino nos informa de que
éstas no eran canalizaciones especializadas, sino que proveían las necesidades de toda
una serie de centros y actividades. El 31 ’9% del caudal estaba destinado a usos
públicos, entre los que se incluían el abastecimiento a nueve castrass (4’3%),
dieciocho opera publica (10’7%), doce munera (3 ’ 1%) y doscientos veintiséis lacus
(13’8%). Entre los castra abastecidos estaría el de los pretorianos. Unas treinta fístulas
se hallaron en sus alrededores y, aunque no todas ellas habrían servido para abastecer
sus instalaciones, quedaría demostrado el amplio volum en de sum inistro
proporcionado al acuartelamiento [EVANS 1994: 126]. Todas estas fístulas de plomo
de canalización de agua con inscripciones halladas en los castra muestran por tanto el
cuidado que los distintos emperadores pusieron en relación con el suministro de agua
a los cuarteles"’.
A nuestro juicio, no obstante, la distancia entre el final de los acueductos
Claudia y Novus y la posición de los castra praetoria es bastante importante. Puede
que además contribuyeran al abastecimiento de este campamento los acueductos
Marcia, Tepula y Julia, pues Frontino nos informa que una parte del caudal de los
mismos también estaba destinado a instalaciones militares:
Usos públicos del Aqua Marcia: cuatro castra (3’9%), quince opera publica
(3’7%), doce munera (= fuentes ornamentales) (9’4%), ciento trece lacus /23’2%).
Casi los 3A del volumen del Aqua Marcia estaban destinados a consumo humano, bien
para ciudadanos privados o a través de fuentes públicas en Roma (72% en total).
Usos públicos del A qua Tepula (15%): un castra (3’6%), tres opera publica
(2’1%), trece lacus (9’6%). Casi tres cuartas partes del suministro del Aqua Tepula

85El termino castra indicaría normalmente campamentos e instalaciones militares, pero el número total
dado por Frontino para el conjunto de la capital asciende a dieciocho. Los acuartelamientos en Roma a
comienzos del s. II eran: Castra Praetoria, Castra Peregrina, Castra Equitum Singularium, Castra
Misenatium, Castra Ravennatium y siete Stationes de vigiles, un total de doce establecimientos
militares; este hecho, junto al amplio volumen de agua asignado a los mismos, sugiere que el termino
se habría aplicado a otras instalaciones paramilitares o incluso a algunas no militares [EVANS 1994:
10],
8<i CIL 15.7240 (=ILS 8698a); C1L 15.7362; CIL 15.7241; CIL 15.7242 (=ILS 8698b); CIL 15.7237
(-ILS 8697); CIL 15.7330; CIL 15.7331; CIL 15.7238; CIL 15.7366; CIL 15.7243; CIL 15.7244; CIL
15.7239; CIL 15.7338 [LANCIANl, “Frontino”!.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IM PERIAL ΌΚ LA ANTIGUA ROM A

eran distribuidas a ciudadanos privados y relativamente poca agua para edificios


oficiales u otros usos. La evidencia sugiere que para época de Frontino (comienzos s.
Π), éste funcionaba principalmente como línea suplementaria para abastecer los
distritos del este de la ciudad, ya abastecidos por otros acueductos. Aunque entraba en
la ciudad con una altura suficiente como para permitirle una distribución más amplia,
su limitada capacidad no hacía posible tal distribución. Así, parece haberse tratado de
una línea secundaria, abasteciendo esencialmente a consumidores privados en distritos
a los que llegaba fácilmente desde su punto de entrada en la Porta Viminalis. Su
limitada distribución puede haber estado asociada a una pobre reputación.
Usos públicos del Aqua hilia (64%): ? casfra (11’6%), ? opera publica
(30’3%), ? munera (11’2%), veintiocho lacus (10’9%). Esta distribución sugiere que
cuando Agripa erigió este acueducto el objetivo principal era abastecer edificios
públicos en los distritos orientales de la ciudad; relativamente poca agua de esta
conducción iba a campamentos, fuentes ornamentales o fuentes públicas. De hecho,
este acueducto parece haber sido específicamente diseñado para cubrir las necesidades
de agua del programa de edificaciones de Augusto en estas regiones de la Urbe. El
número limitado de castella a los que servía agua apunta a un plan de distribución de
agua especializado en estructuras o áreas particulares, más que a un suministro a un
mayor número de edificios dispersos sobre una amplia área. Una lista de monumentos
o complejos que pudo haber abastecido puede recomponerse fácilmente: foros de
César y Augusto, Porticus Liviae y los edificios augústeos del propio Foro Romano
(si bien no hay evidencia de que el Aqua lidia efectivamente los abasteciera). Por otra
parte, este acueducto incrementó la utilidad del Aqua Tepula, aumentando su
capacidad al mismo tiempo que disminuía la temperatura de su agua, por lo que era
por tanto posible una distribución más amplia en las zonas del este de la ciudad.
Referencias a las conducciones de agua que conducían al campamento las
proporcionan Herodiano y la Historia Augusta, cuando narran los enfrentamientos
entre la población de Roma y las tropas acantonadas en los castra. Una de las medidas
que se tomaba en estas ocasiones era el corte de las tuberías que suministraban agua
al campamento pretoriano como medida de presión contra las tropas acantonadas en
su interior. Este corte solía provocar violentas respuestas de los asediados (Herodiano
7.12.3; SHA, Max. el Balb. 10.4-8).

VESTIMENTA Y EQUIPO

Otro aspecto esencial en el funcionamiento de la Guardia Pretoriana era el


abastecimiento de vestimenta, calzado y equipo. Estas necesidades, sobre todo ante la
variedad de combinaciones posible, habrían generado no pocos quebraderos de cabeza
de índole logistico. Habrían sido necesarias no menos de cinco mil togae (a menos que
existiera un conjunto de unas 500 en el puesto de guardia del palacio imperial y que
las diferentes cohortes las frieran utilizando de forma indiscriminada, tal como pudo
haber pasado también con el equipo de parada). A esto habría que unir un mínimo de
diez mil túnicas (contando dos por soldado), cinco mil saga o paenulae y diez mil
pares de caligae (al menos dos por soldado). Todo ello se vería incrementado por
aquellas prendas y elementos de equipo que cada pretoriano quisiera adquirir de forma
individual. En cuanto a las necesidades de armamento y equipo, éstas no serían muy
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

diferentes de las de una legión, a excepción del equipamiento de parada (ausente en


estas últimas unidades): espadas, lanzas y pila, scuta de parada y de combate, cascos
y armaduras. Dichas necesidades de armamento quedarían centralizadas en los
arsenales y gestionadas por su personal administrativo. Por último, cabría recordar que
estas necesidades se habrían visto bastante incrementadas desde fines del s. TT a partir
de la reforma operada por Septimio Severo en la Guardia en 193.

UNIDADES MONTADAS

Por sus servicios en la represión de la conjura de Pisón los pretorianos


recibieron un donativo de 500 dn. por cabeza y, como unidad, trigo gratuito a
perpetuidad (ver supra). Según Speidel [1994: 28], la guardia germana de Nerón
(Germani Corporis Custodes) seguramente obtuvo ganancias similares por su
comportamiento en ese mismo episodio. Como muestra de esa posibilidad, en el s. II
los Equites Singulares Augusti carecían, al igual que los pretorianos, del rango de
actarius, que en las unidades de frontera eran los encargados de reflejar en los libros
la contabilidad de los abastecimientos. Parece, por tanto, que ambos cuerpos de la
Guardia imperial fueron recompensados con trigo gratuito al mismo tiempo. Nerón
también dio a los Germani la ciudadanía, como muestran las estelas funerarias con el
nombre Tiberio Claudio.
Según Speidel [1994: 63], los curatores serían los encargados de la gestión
de los abastecimientos de los Equites Singulares Augusti; sería responsabilidad del
curator velar por los caballos y el pienso de las monturas. A partir de dos inscripciones
de curatores de 197 y 203 (en esta última todos los curatores han cambiado), parece
que el cargo de curator no se ejercía durante más de seis años, e incluso es difícil,
atendiendo a una inscripción de 200 donde aparece un curator no reflejado en la de
197 o 203, que permanecieran en el cargo más de tres años. Esto parece indicar que la
promoción en la guardia a caballo llegaba muy rápido. Otra explicación a las
rotaciones es que este fuera un puesto muy apetecido, pues los oficiales de
intendencia, al controlar los abastecimientos de la unidad, tenían la posibilidad de
conseguir importantes ingresos extraordinarios y más en una ciudad como Roma,
donde los proveedores no faltarían y estarían deseando entrar en negocios con el
ejército. Los curatores disponían de sus propias oficinas en los edificios del cuartel
general (principia) del campamento de los Equites Singulares.
La Guardia Pretoriana no contaba con custodes armorum entre sus filas
porque, como hemos visto, recibían las armas de forma gratuita, mientras que éstos sí
aparecen entre los guardias a caballo del emperador. Según Speidel, la función de
estos soldados era el cobro del alquiler de las armas mediante deducciones en los
emolumentos de los soldados. Los jinetes pretorianos obtenían sus monturas de forma
gratuita y tampoco pagaban el pienso, de ahí la ausencia del rango de curator.
Los caballos, tanto para la caballería pretoriana como para los Equites
Singulares Augusti, provendrían de las tres zonas de remonta de Italia más famosas:
Reate (Sabina), Campania y Apulia (se han hallado tumbas de equites singulares en
servicio en estas zonas). Para un buen sistema de reemplazos una unidad de caballería
debe tener al menos el doble de los animales que necesitaría su plantilla teórica. De
esta forma, si la Guardia Pretoriana contaba con mil jinetes entre sus filas el número
PRETORTANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

de caballos necesario sería de dos mil, pues buen número de los mismos se perderían
durante los entrenamientos, las marchas o las campañas. A estos caballos habría que
sumar las monturas de los mandos. Por su parte, los Equites Singulares Augusti
durante el s. II necesitarían un número similar de monturas; es decir, dos mil para una
plantilla de mil jinetes; para el siglo III, al doblarse su número, también se duplicarían
sus necesidades en caballos, incrementándose éstas hasta los cuatro mil. Según estos
datos, las necesidades de caballos de guerra para las tropas de la capital serían de
cuatro mil para el s. II y de seis mil para el s. III. De estas cifras aproximadamente un
tercio debía ser renovado cada año, con lo que el sistema de remontas de las
mencionadas regiones de Italia tendría que hacer frente anualmente a la reposición de
unos mil cuatrocientos caballos (setecientos para la Guardia Pretoriana y otros
setecientos para los Equites Singulares). Durante el s. ITT esta ciña anual se elevaría a
unos dos mil cien caballos (mil cuatrocientos para los equites singulares Augusti y
setecientos para los pretorianos).
Los decuriones de los Equites Singulares (treinta y dos para el s. TI, sesenta y
cuatro para el s. III) poseían tres caballos (como aparece en un relieve funerario del s.
TU), lo que hacía un total de casi cien monturas más para el s. II y doscientas para la
centuria siguiente; los decuriones pretorianos no serían menos. Ese número de
monturas sería similar para los centuriones exercitatores de los Equites Singulares.
Por lo que respecta al precio de las monturas, no disponemos de datos para
las unidades acantonadas en Roma, aunque sí tenemos referencias relacionadas con
otras unidades del ejército romano. De 139 a 251 los soldados de las cohortes
equitatae auxiliares pagaban 125 denarios por caballo; los jinetes de ala gozaban de
mejores caballos, que pagaban eso sí a precios superiores. El valor de mercado de un
caballo permaneció bastante estable a lo largo del tiempo, elevándose el montante al
de la paga anual de un soldado; este precio no se incrementó con la subida de los
salarios o la inflación, pasando con el tiempo a ser sólo 1/7 del sueldo de un soldado
auxiliar de la frontera [SPEIDEL 1994: 109]. Los caballos empleados por la caballería
pretoriana estarían con toda seguridad entre los mejores de todo el Imperio, por lo que
el ahorro de los jinetes de esta unidad en monturas sería bastante importante.
CAPÍTULO VIII

EL FINAL DE LA GUARDIA PRETORIANA.


(TETRARQUÍA, MAJENCIO Y CONSTANTINO)

L as noticias referentes a la G uardia en época tetrárquica son num erosas,


pero aun así, desconocem os cómo se realizó el reparto de sus unidades entre los
em peradores reinantes. En los diplom ata m ilitares pretorianos conservados de
este período, las cohortes aparecen denom inadas a partir de los nom bres de los
A ugustos; así en CIL 16.156 (=CIL 9.261), fechado en 298, la G uardia es
m encionada com o “cohortes praetoriae D iocletianae et M axim ianae decem
p ia e v i n d i c e s Por su parte en RM D I, 78 (=AE 1961, 240 =AE 1998, 467) de
306, el pretoriano licenciado prestó servicio in coh(ortihus) p r(aetoriis)
Augg(ustorum ) et Caess(arum) dec(em ) I I I I I I / / / / V VI VII VIII V III IX piis
vindicib(us). A partir de estas dos evidencias es probable que se produjera un
reparto de las cohortes pretorianas entre los tetrarcas, contando con m ás o
menos soldados según su jerarquía.
Vemos sin embargo actuar a la G uardia en toda una serie de campañas
de la Tetrarquía desde Oriente hasta Britania, por lo que la vitalidad y
capacidades com bativas de este cuerpo no decayeron un ápice. Veamos a
continuación qué nos dicen sobre las cam pañas con participación de la Guardia
las fuentes del período.
La prim era de las guerras en las que se vieron involucradas tropas del
pretorio fue la que enfrentó a D iocleciano con Carino por el gobierno del
Im perio. El enfrentam iento definitivo, como hem os visto, tuvo lugar en M argus,
y en él se habrían visto enfrentadas tropas pretorianas en ambos bandos; por una
parle las que acom pañaban a D iocleciano desde Persia, y por otra las que habían
perm anecido en la capital con C arino. D esconocem os si alguno de los
contendientes procedió a am pliar las unidades de pretorianos a su servicio; lo
que sí queda claro es que la Guardia vuelve a reuniñearse con Diocleciano,
m anteniendo las diez cohortes durante toda la Tetrarquía87.
Sabem os a partir de ciertas inform aciones que D iocleciano disponía de
un cuerpo de pretorianos en su capital de N icom edia8S. Es probable que el resto
de A ugustos y C ésares dispusiera asim ism o de su propia vexillatio de

87 Cf. CIL 16.156 (=CIL 9.261); RMD I, 78 (=AE 1961, 240 =AK 1998, 467); la no división de este
cuerpo de tropas tan ligado al emperador habría que considerarla como un símbolo de la unidad del
Imperio a pesar del reparto de poder entre los diferentes Augustos y Césares. Ambos diplomas
desmienten la noticia de Aurelio Víctor {De Caes. 39.47) según la cual Diocleciano redujo el número de
cohortes pretorianas y los efectivos de la tropa.
88Lactancio, De Mort. Persec., 12.5; en este pasaje se nos relata el asalto de un templo cristiano situado
junto al palacio de Dioclcciano en Nicomedia; se ordenó venir a los pretorianos en formación de
combate, armados de hachas y otras herramientas y éstos arrasaron la iglesia en sólo unas horas.
ADOLFO RAÚL MKNF.NDEZ ARGÜÍN

pretorianos y que una parte de la unidad quedara en en los castra de Roma


como reliquatio. Cabe la posibilidad que los A ugustos dispusieran de más
pretorianos que los Césares, y que el reparto hubiera sido equitativo entre
O riente y O ccidente, pero en el estado actual de la docum entación sólo
podem os adelantar conjeturas.
M axim iano, nom brado coem perador por D iocleciano, establece su sede
en M ilán, desde donde inicia en 287 varias expediciones: una contra la rebelión
bagauda en la G alia y otra contra alam anes y burgundios en la zona del Rin. Los
pretorianos asignados a su custodia habrían tom ado parte sin duda en dichas
cam pañas. C ontinuando con esta prim era etapa del período diocleciano, ambos
em peradores com baten en R ecia en 288 apoyándose m utuam ente en una
cam paña contra los hérulos; a continuación, D iocleciano se dirige al bajo
D anubio, donde reprim e una rebelión de los sárm atas (288-289). Al final de ese
m ism o año los em peradores se reúnen en M ilán, en una de las últim as ocasiones
del período en las que se habría reunido toda la G uardia.
La entrada en vigor del régim en tetrárquico data de 293, cuando
D iocleciano y M axim iano eligen como C ésares a G alerio y C onstancio Cloro,
respectivam ente, produciéndose así un reparto de las tareas de gobierno para
m ejorar la gestión del poder central. En estos m om entos se habría producido
tam bién la división de las unidades de la G uardia89. Los nuevos em peradores
deben m ultiplicarse en la defensa del Im perio ante los distintos frentes abiertos.
A sí, C onstancio desarrolla una cam paña contra los frisones, a los que arroja al
otro lado del Rin; después se dirige contra el usurpador Carausio, que acaba
derrotando al César. H asta 296 no se produce un nuevo intento contra la
provincia rebelde. Tras intensos preparativos Constancio divide su ejército en
dos cuerpos, uno bajo su mando y el segundo bajo el del Prefecto del Pretorio
A sclepiodoto; seguram ente ambos ejércitos incluirían tropas de la Guardia de
C onstancio C loro. No obstante, el enem igo en este caso fue A llecto,
proclam ado sucesor de Carausio, al que había elim inado en 294 (E utropio 9.22;
O rosio 7.25.6; A urelio Víctor, De Caes. 39.42). El prefecto, desem barcando a
la espalda del enem igo, derrota a A llecto, que cae en el com bate. C onstancio
rem onta el Tám esis hasta Londres y se instala en Eboracum , desde donde
rechaza de territorio rom ano a escotos y pictos y frena algunas incursiones de
los sajones. De este modo Roma vuelve, después de diez años, a retom ar el
control de estos territorios.
Al m ism o tiem po el C ésar G alerio se encuentra com batiendo en el
frente D anubiano, donde perm anece entre 295 y 297. D iocleciano, por su parte,
se dirige a fines de 296 contra el usurpador Dom icio D om iciano, proclam ado en
Egipto. El em perador parte de N icom edia al m ando de una potente flota y pone
bajo asedio a A lejandría. El sitio se prolonga durante ocho meses, rindiéndose
finalm ente la ciudad. En ese m om ento los persas dirigidos por N arsés

w A esta división entre los cuatro coemperadores puede que haga referencia Aurelio Víctor cuando nos
informa de la reducción de cohortes pretorianas por parle de Diocleciano (Aurelio Víctor, De Caes.
39.47); asimismo, la escasa presencia de pretorianos en los castra de Roma a lo largo de todo este
período habría dejado la imagen en la población de una importante reducción de efectivos que, como
sabemos a partir de los diplomata militares mencionados, no fue tal.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Pretorianos del Arco de Galerio en Tesalónica (fines del s. III).

aprovechan para atacar Armenia. D iocleciano reclama a G alerio desde Panonia


y él m ism o avanza desde Egipto. El prim ero en enfrentarse en batalla campal
contra el Gran Rey es G alerio; la batalla se desarrolla de forma favorable, pero
una im prudente persecución provoca la caída del ejército en una tram pa que se
salda con un am plio volum en de pérdidas para los rom anos. Dioclcciano,
ascendiendo desde Palestina, encuentra finalm ente los restos del maltrecho
ejercito de G alerio más allá de Dura Europos.
G alcrio reclam a refuerzos procedentes de sus provincias danubianas,
concretam ente sus dos m ejores legiones, la V M acedonica y la XIII Gemina.
Con sus tropas reconstituidas vuelve a enfrentarse a N arsés, al que bate en toda
la línea. A continuación tom a N ísibis y la capital, C tesifonte. Los persas se ven
obligados a pedir la paz, recuperando Roma el control sobre Arm enia y creando
un nuevo reino vasallo en Iberia (actual Georgia). Se pone fin así a la victoriosa
cam paña de 298 en O riente.
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

Los problem as internos resurgen en el Im perio con la abdicación de


D iocleciano en m ayo de 305. La inesperada m uerte de C onstancio Cloro en 306,
así com o la am bición de C onstantino y M ajencio, am bos hijos de tetrarca,
resucitan los fantasm as de las guerras civiles.

MAJENCIO Y EL PERÍODO
FINAL DE LA GUARDIA PRETORIANA

D esconocem os la división de las unidades de G uardia en este período.


En ningún m om ento se m encionan pretorianos bajo el m ando de C onstantino, a
pesar de que su padre C onstancio Cloro, com o C ésar prim ero y A ugusto
después, debió haber contado con la asistencia de una parte de la G uardia
Pretoriana. Q uizás las fuentes posteriores hayan silenciado, ante la aclam ación
de M ajencio po r la guarnición de Roma, cualquier referencia a los pretorianos
de C onstantino, que debieron pasar bajo su m ando tras la m uerte de su padre en
el norte de B ritania y su propia proclam ación por los soldados.
La últim a gran apuesta de los pretorianos, que sería el detonante de su
desaparición definitiva, fue la proclam ación de M ajencio, hijo de M axim iano,
en Roma. N om brado en principio C ésar p or Severo, sucesor de M axim iano, los
pretorianos, ante la elevación de C onstantino en Britania, deciden hacer lo
propio con M ajencio proclam ándolo A ugusto. Se inicia así un convulso período
en el que se ven im plicados seis A ugustos y Cesares, G alerio, Severo, M ajencio,
C onstantino, M axim ino D aia y el propio M axim iano, que regresa del retiro para
ponerse de nuevo a la cabeza de sus tropas y reclam ar su anterior posición.
La sublevación pretoriana en Roma, según Lactancio, vendría m otivada
por la decisión de la destrucción de los castra pra eto ria a manos de G alerio,
rector del colegio im perial (L actancio, D e Morí. Persec. 26.3). Para evitarlo, un
grupo de pretorianos que había quedado com o reliquatio de los castra asesinan
en Roma a algunos altos m agistrados (incluyendo el p raefectus urbi) con la
aprobación del pueblo y aclam an A ugusto a M ajencio (Zósim o 2.11.3). Las
hostilidades contra esta sublevación son iniciadas por Severo, que sin em bargo
es abandonado por su ejército y elim inado en Rávena (Eutropio 10.2.3; Zósim o
2.12.1). Ese ejército era el com andado con anterioridad por M axim iano y en él
term inan im poniéndose finalm ente las antiguas influencias y consideraciones
dinásticas sobre las órdenes de Flavio Severo (Lactancio, D e Mort. Persec.
26.8; A urelio Víctor, D e Caes. 40.4-5; O rosio 7.28.5-8). No sería extraño que
los grandes artífices de esa deserción en m asa fueran los pretorianos de Severo,
incitados seguram ente a ello por sus colegas acantonados en los castra.
A nte el fracaso de su subordinado G alerio en persona m archa sobre
Italia en 307. Llega a la capital, que le cierra las puertas. En esos m om entos el
ejército de G alerio se ve muy m erm ado p or la deserción de unidades com pletas
que se pasan a M ajencio (L actancio, De Mort. Persec. 27). N o sería de extrañar
que entre esas unidades se encontrara el grueso de los pretorianos, que habrían
hecho causa com ún con sus cam aradas de Roma. Vemos así cóm o la gran
m ayoría de las unidades de la G uardia Pretoriana se encontrarían al servicio de
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

M ajencio tras haber unido a sus propios contingentes acantonados en Roma los
de Severo y G alerio. El fracaso de este últim o ante la Urbs lo obliga a retirarse
rápidam ente hacia el norte. El intento de M axim iano de hacerse de nuevo con el
poder en detrim ento de su hijo es abortado por los pretorianos, que expulsan al
antiguo A ugusto de Roma (Lactancio, D e Mort. Persec. 28).
La proclam ación de M ajencio como em perador por los pretorianos, y
así m ism o, su am plia concentración en la capital espiritual del Im perio, algo que
no se veía desde hacía varias décadas, provocaría no pocos roces con la
población civil. En uno de ellos el detonante es el lincham iento de un pretoriano
por parte del pueblo, que se había atrevido a insultar a la diosa Fortuna tras un
incendio en la ciudad. La noticia de esta m uerte provocó una violenta reacción
de sus cam aradas, que tuvieron que ser aplacados p o r M ajencio (Zósimo
2.13.1); puede que un par de pasajes de Eusebio de C esarea (Vit. Const. 1.35;
H.E. 8.14.3), que hablan del m altrato al pueblo por parte de los pretorianos
hagan referencia a este hecho.
Los pretorianos vuelven de nuevo a entrar en com bate en la provincia
de A frica, donde Dom icio A lejandro se había proclam ado emperador. La
im portancia frum entaria de esta provincia para la capital se había increm entado
ante la hostilidad de G alerio, que controlaba la producción de Egipto. M ajencio
envía a hacer la guerra contra el usurpador al Prefecto del Pretorio Rufio
Volusiano con un pequeño núm ero de cohortes (A urelio Víctor, D e Caes. 40.18;
Zósim o 2.14.2), pues tam poco podía descuidar la defensa de Ttalia, am enazada
desde O ccidente por Constantino y desde O riente por Galerio. Las tropas
enviadas se m ostraron más que suficientes para ganar la guerra, lo que vuelve a
evidenciar el alto grado de preparación que seguían m anteniendo los pretorianos
en este período.
Los pretendientes al gobierno absoluto del Im perio se m ultiplican,
llegando a conferenciar en Carnuntum en 308 para intentar poner un poco de
orden en el desbarajuste en el que se ha convertido el sistem a tetrárquico. Esta
conferen cia lo único que consigue es d ejar in satisfech o s a todos sus
participantes, que intentarán conseguir por las armas aquello que creen se les
negó legítim am ente en la mesa de negociaciones. M ajencio es el único ausente,
quizás convencido de la inutilidad del esfuerzo y del peligro que podía haber
corrido. D esconocem os el volum en de p reto ria n o s que p o d ían haber
acom pañado a los diferentes em peradores reunidos en Carnuntum . Es posible
que hubieran decidido prescindir de esta guardia como tal, que había apoyado
decisivam ente las pretensiones de M ajencio, y que hubiesen creado nuevos
cuerpos de protección. D esgraciadam ente, las fuentes no nos proporcionan dato
alguno a este respecto.
El enfrentam iento definitivo entre M ajencio y Constantino tuvo lugar
en 312. Constantino atraviesa los Alpes desde la Galia y procede a la invasión
de la península con Rom a como objetivo final. En Verona un ejército de
M ajencio lo aguarda al m ando del Prefecto del Pretorio Ruricio Pom peyano
[.PLRE, I, 1971, pg. 713 (Pom peianus, 8)]. Queda constancia de cóm o incluso
en los últim os meses de existencia de la Guardia Pretoriana los prefectos siguen
desem peñando im portantes m andos en campaña. De hecho, Ruricio Pom peyano
ADOLFO RAÚL M ENÉNDKZ ARGÜÍN

parece que fue elegido por M ajencio gracias a sus amplios conocim ientos
militares (“E xperientissim us belli et tyrannicorum ducum colum en”, Pan. Lat.
10.25.4) con el objetivo de frenar los avances de C onstantino y preparar una
adecuada defensa m ilitar de Italia. Pom peyano fue, sin em bargo, vencido y
muerto en batalla junto a Verona. Tras esta victoria se une al grueso del ejército
que había descendido hasta A quileya, iniciando así la últim a etapa de su marcha
sobre Roma.
La batalla definitiva se desarrolla en la zona de Puente M ilvio y Saxa
Rubra, donde M ajencio se decide a dar batalla en lugar de atrincherarse en
Roma, a la que había aprovisionado am pliam ente para soportar un largo asedio.
M ajencio elige un campo de batalla con el T iber a su espalda (Pan. Lat. 9.16.2;
Pan. Lat. 10.28) para evitar así una posible defección de sus tropas. La batalla,
sin embargo, se vuelve rápidam ente favorable a C onstantino, que consigue
superar en la m aniobra al ejército de M ajencio y tom arlo a contrapié; solo
p resentaron dificu ltad es los p reto ria n o s (Pan. L at. 9.17), a los que
prácticam ente no se dio cuartel (Zósim o 2.16; A urelio V íctor, D e Caes. 40.23-
4; Lactancio, D e Mort. P ersee. 44; Pan. Lat. 12.17.1). El ejército pretende
retirarse por un puente hacia la capital, pero la desbandada de las tropas provoca
su hundim iento y M ajencio m uere ahogado (Eusebio, Vit. Const. 1.38.2; Pan.
Lat. 10.30). Parece que la G uardia se sacrificó en Saxa Rubra con la esperanza
de perm itir la huida del grueso del ejército, pero finalm ente este último gran
hecho de arm as de la unidad como tal no sirvió de nada. Constantino entra así
triunfante en Roma (Pan. Lat. 10.31). Una de sus prim eras m edidas fue la
disolución de la G uardia Pretoriana y el arrasam iento de sus cuarteles (A urelio
Víctor, D e Caes. 40.25; Zósim o 2.17), decisión con la que se puso fin a la
evolución de un cuerpo con una historia de m ás de tres siglos. La últim a noticia
que tenem os de los soldados supervivientes es la decisión de Constantino de
enviarlos a la frontera del Rin, alejándolos definitivam ente de la capital (Pan.
Lat. 9.21).
La elim inación de este cuerpo supuso adem ás una ruptura clara con la
tradición anterior, pues C onstantino hubiera podido efectuar una reform a sim ilar
a la de Severo y m antener esta unidad; la desaparición definitiva de la Guardia
Pretoriana, además de ser un im portante m ensaje para sus enem igos políticos,
marcaría, desde ese m om ento, una nueva forma de entender el gobierno y la
política m ilitar del Im perio. La capitalidad política del Im perio escapaba de
Roma de form a definitiva, algo que se confirm aría en 324 con la fundación de
Constantinopla sobre la antigua Bizancio. El Im perio basculaba de forma clara
hacia Oriente. A utores com o Ferrill afirm an sim plem ente que los pretorianos
quedaron obsoletos en la nueva estrategia de defensa en profundidad establecida
por Constantino y alim entada a partir de im portantes cuerpos de reserva
centrales [FERRILL 1986: 49], pero esta razón no parece convincente. La
Guardia Pretoriana había optado por un em perador pagano y aferrado a las
tradiciones como M ajencio; a los ojos de C onstantino, com o unidad de defensa
de la capital espiritual del Im perio había com etido alta traición y por tanto debía
ser castigada. Hasta qué punto C onstantino tenía planteada en 312 una gran
estrategia basada en la defensa en profundidad es discutible; adem ás, la G uardia
habría quedado prácticam ente aniquilada tras la batalla de Puente M ilvio, por lo
que su disolución sería aún más sencilla. Estam os, por tanto, m ás ante una
reform a de carácter político (en la que habría que incluir tam bién la supresión
de los poderes m ilitares de los prefectos del pretorio) que de carácter militar.
Esta m edida de Constantino puso fin a la historia de una institución más
que tricentenaria, cuya relevancia en los aspectos m ilitares, socioeconóm icos y
políticos del Im perio Romano hemos tratado de resaltar en esta obra.
A PÉN D IC E I

FUENTES

C am p a m e n to (castra praetoria):

Suet., Tib. 37.


Plinio, N H 3.67.
Suet., Ner. 48.
Juvenal 16.26.
Juvenal, ad Inu. 10.95.
Tac., Hist. 1.36.
Tac., Ann. 11.35.
Tac., H ist. 1.38 y 1.80.
Tac., H ist. 1.84.
Tac., H ist. 1.28.
H erodiano 4.4.5 y 5.8.5-7.
R1C I2, tab. 15, N. 20 (Claudio).
BMCEmp. 1, tab 31 N. 14 (Claudio).
R IC V , 122, Nn. 11-12 (Claudio)
R IC V , tab. 19, N. 130 (Nerón).
Cohen, N erón 1-7.
RIC I2, tab. 21, N. 491 y pg. 156 (Nerón).
Lugli, F ontes IV, tab. III. 1 (Nerón).
Tac., Hist. 3.84.
Tac., Ann. 11.31, 12.69, 13.14, 15.53, 15.59; Hist. 1.17,3.84.
Suetonio, Cl. 21.
SHA, Vit. Iui. 2.6
SHA, Vit. Max. Balb. 10.5.
Herodiano 2.6-7, 7.11-12, etc.

C am po de m a n io b ra s (campus):

Tac., Ann. 12.36.


H erodiano 2.13.3.
SHA, Vit. Iui. 5.9.
Casio Dión 57.24.5, 74.1.

Vivarium:
Procopio, Goth. 1.22.
ADOLFO RAÚL MHNF.NDEZ ARGÜÍN

Enseñas, uniformes y condecoraciones:

Tac., Hist. 3.23.


Tac., Hist. 1.38.
Tac., Ann. 3.3.
a) E sta n d a rtes: M oneda de A ntonio (ley en d a cohortium p ra eto ria ru m )
(estandartes).
M oneda de la colonia de Filipos (estandartes).
C olum na Trajana.
Relieves trajaneos del Arco de Constantino.
Relieves del denom inado A rco de Claudio.
Base de la Colum na Antonina.
Colum na Aureliana.
Arco de los A rgentarii (s. III).
Pedestal del Arco de Constantino.
b) Vexilla de destacam entos y caballería: Tac., H ist. 1.36; relieves de la Colum na
Trajana; base de la Colum na Antonina; relieves de los Conservadores.
c) Uniformidad: Tac., Ann. 16.27.
Tac., Hist. 1.38.
H erodiano 2.13.2.
Suet., Ner. 49.
H erodiano 7.11.2.
Casio Dión 78.37.4.
Relieves trajaneos del Arco de Constantino.
Relieves de la Colum na Trajana.
Fragm ento de relieve trajaneo del Louvre.
Relieves de pretorianos del Louvre.
Base de la Colum na Antonina.
Pretorianos del s. IV del Arco de Constantino.

Evolución histórica:

Augusto y Julio C laudios:

A piano, B.C. 5.3.


C asio Dión 52.24; 53.11.5; 53.25.5; 54.25.6; 54.24.6; 54.24.6; 55.10.10
5 5 .IOa.1. 55.23.1; 55.24.8; 55.25.1-3; 55.25; 55.26; 56.23.4; 56.32.2; 56.42.1-2
57.2.2; 57.3.1; 57.4.2; 57.4.4; 57.5.1 ; 57.6.5; 57.14.10; 57.19.1; 57.19.6; 57.24.5
58.2.7; 58.3.9; 58.4.1 ; 58.4.3; 58.6.1-4; 58.8.2; 58.8.4; 58.9.1-3; 58.9.4-6; 58.10
58.11.4; 58.12.2; 58.12.7; 58.14.1; 58.17.4-18.1; 58.18.2-3; 58.18.3-4; 58.18.5
58.21.3; 59.1; 59.2.1-2; 59.10.6; 59.11.2; 59.17.4; 59.17.8; 59.18.4-5; 59.15.8
59.26.3; 59.29.1; 59.29.2-4; 59.29.6-7; 59.30.1c-2; 60.1.2-3; 60.3.3; 60.12.4
60.16.7; 60.16.7; 60.17.9; 60.18.3; 60.21.2; 60.23.2; 60.24.3; 60.32.6a; 60.35.1

176
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

61.3.1; 61.3.3; 61.8.4; 61.8.6; 61.9.1; 61.13.2-5; 61.14.3; 61.19.4; 61.20.2;


61.20.3-4; 62.13.3; 62.15.7; 62.17.1; 62.24.1; 62.25.2; 62.27.4; 63.4.2-3;
63.10.1; 63.10.2; 63.20.4; 63.27.2b; 63.27.3.
Estrabón 4.6.7.
Suet., Aug. 49; 99; 101.
Tácito, Annales 1.6; 1.7; 1.8; 1.17; 1.24; 1.36; 2.16; 2.20; 2.31; 2.34; 3.2; 3.14;
4.2; 4.5; 4.7; 4.27; 4.60; 4.67; 6.3; 6.14; 11.1; 11.31; 11.32; 11.33; 11.35; 11.37;
12.22; 12.36; 12.41; 12.42; 12.43; 12.56; 12.64; 12.68; 12.69; 13.2; 13.4; 13.14;
13.15; 13.18; 13.21; 13.24; 13.25; 13.31; 13.48; 14.7; 14.11; 14.15; 14.45; 14.51;
14.58; 14.60; 14.61; 14.64; 15.33; 15.49; 15.50; 15.52; 15.53; 15.55; 15.57;
15.58; 15.59; 15.60; 15.61; 15.66; 15.67; 15.68; 15.69; 15.72; 16.6.5; 16.9;
16.10; 16.15; 16.27;
Suet., Tib. 22; 24; 25; 37; 48; 60; 72; 75; 76.
S u e t, Cal. 4; 19; 23; 40; 43; 45; 56; 58; 59.
A urelio Víctor, D e Caes. 2.4; 3.14; 3.16; 4.15.
Scholia in Iuvenalem X, 95.
Schol. in Juv. XVT, 16.
Plinio, N H 3.61; 6.181.
Orosio 7.4.8; 7.5.9.
Joscfo, Ant. Jud. 19.6; 19.18; 19.21-3; 19.27; 19.28; 19.29-30; 19.34; 19.37-43;
19.44-7; 19.70-6; 19.77-83; 19.85; 19.105-7; 19.129-130; 19.162-166; 19.182-
184; 19.185; 19.190-200; 19.214-215; 19.217-220; 19.223-227; 19.229-232;
19.242-4; 19.247; 19.249; 19.254-60; 19.263-4; 19.266-7; 19.268-9; 20.152.
Josefo, B J 2.205; 2.211-3; 2.214;
Epit. de Caes. III.9; III. 10; IV.2; IV. 12;
BM C 33=RIC, T2, p. 110, n° 32) Sestercio dc Caligula de 37-38 en cuyo reverso
aparece la leyenda “adlocu(tio) coh(ortium) ”, y el em perador dirigiendo un
discurso a los pretorianos. Estos aparecen representados con lo que parecen ser
cascos áticos y escudos rectangulares; sobre sus cabezas aparecen cuatro águilas
como estandartes. En uno de los ejem plares de este tipo el escudo del guardia de
delante lleva grabado un escorpión.
R IC , I-, p. 111, n° 40: Sestercio de Caligula de 39-40, “adlocutio cohortium ” con
iconografía sim ilar a la anterior.
BM C 6S=RIC, P, p. 111, n° 48: Sestercio de Caligula de 40-41, “adlocutio
cohortium ” con iconografía sim ilar a las dos anteriores.
Zósim o 1.6.2.
Suet., Claudio 10; 11; 12; 21; 25; 26; 35; 36; 42;
Cohen, Descript. Hist. Monn. Emp. Rom., I2, p. 254, 40; M attingly-Sydenham ,
The Roman Im perial Coinage, I2, p. 122 n°. 7 (=BMC 5): M oneda de Claudio de
41-2 con la leyenda “ recepción del p rín cip e” [Im p(eratore) recept(o )].
Representación del cam pam ento pretoriano; como estandarte aparece un aquila.
Cohen, Descript. Hist. Monn. Emp. Rom., I2, p. 254, 77; M attingly-Sydenham ,
The Roman Im perial Coinage, P, p. 122 n°. 11 (=BMC 8): M oneda de Claudio de
41-2 con leyenda “recepción dc los pretorianos” [Praetor(ianis) Recept(is).].
A parición de un aquila junto al soldado representado.
RIC P, p. 122, n°19-20 (=BMC 20-1), Claudio 43-4, leyenda “imper. R e c e p f\
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜTN

RIC I2, p. 122, n° 23-4 (==BMC 22), Claudio, 43-4, Praetor. Recept” .
R IC \2, p. 122, n° 25 (=BMC 23), Claudio, 44-5, “imper. R ecept.”
R IC l2, p. 123, n° 29 (= £M C 28), Claudio, 44-5, “Praetor. R e c e p té
R IC I2, p. 123, n° 36-7 (=£A/C 37-8), Claudio, 46-7, “imper. R ecept.”
Suet., Wer. 7; 8; 9; 10; 13; 19; 21; 25; 26; 34; 38; 47; 48; 49.
R IC I2, p. 159, n° 95-7 (=BMC 126): Sestercios em itidos por N erón hacia 63 d.C.
con la inscripción en el reverso de “adlocut(io) coh(ortium )”, donde se representa
al emperador, junto al prefecto del pretorio, dirigiéndose a los pretorianos; el
uniform e de los soldados, pa en u la y túnica en lugar de corazas, así como las
barbas de dos de ellos, puede llevar a pensar que se trate de Germani Corporis
C ustodes (pero entonces m al se explicaría la referen cia a las cohortes
pretorianas).
R IC I2, p. 159, n° 103-8: Sestercios en los que el em perador aparece a caballo
entrenando con su guardia a caballo (G erm ani) en 103 y 104, con la
representación de un vexillum , o con sus pretorianos a pie (105-8); la leyenda
para todas ellas es “decursio”.
R IC I2, p. 161, n° 130-6: Sestercios de c. 64, con la leyenda “adlocut. Coh
R IC I2, p. 162, n° 167-177: Sestercios con la leyenda “D ecursio”, con la guardia
a caballo (167-73) y con los pretorianos (174-7).
R IC I2, p. 173, n° 371: A s de Lugdunum con la leyenda “Adlocut. C o h ”, c. 64-7.
RIC I2, p. 174, n° 386-8: Sestercios de Lugdunum con la leyenda “Adlocut. C o h ”, c.
64-7.
R IC I2, p. 175, n° 395-7: Sestercios de Lugdunum con la leyenda “Decursio”, c. 64-7.
RIC l2, p. 177, n° 429: Sestercio de Lugdunum con la leyenda “Adlocut. C o h ”, c. 64-7.
RIC I2, p. 177, n° 436-7: Sestercios de Lugdunum con la leyenda “Decursio ”, c. 64-7.
RIC I2, p. 180, n° 489-492: Sestercios de Lugdunum con la leyenda “Adlocut. Coh ”, c.
64-7.
RIC l2, p. 180, n° 507-9: Sestercios de Lugdunum con la leyenda “Decursio”, c. 64-7.
RIC I2, p. 183, n° 564-5: Sestercios de Lugdunum con la leyenda “Adlocut. C o h ”, c.
64-7.
RIC I2, p. 184, n° 577-82: Sestercios de Lugdunum con la leyenda “Decursio”, c. 64-7.

68-69 y Flavios:

R IC I2, p. 213, n° 118 y 120: D enarios del sur de la Galia (?) con la leyenda en el
anverso: “'fides exercituum ” y dos manos entrelazadas; en el reverso: “concordia
praetorianorum ”-, 69 d.C.
R IC T2, p. 213, n° 121: D enario del sur de la G alia (?) con la leyenda en el reverso
“fid e s praetorianorum ” y dos manos entrelazadas. 69 d.C.
Plut., Galba 2 A-, 8; 9; 13; 14; 18; 20; 21; 23; 24; 25; 26; 27.
Tac., Hist. 1.5; 1.14; 1.17; 1.18; 1.20; 1.23; 1.24; 1.25; 1.27; 1.28; 1.29; 1.30;
1.31; 1.34; 1.35; 1.36; 1.37-38; 1.40; 1.41; 1.43; 1.46; 1.74; 1.75; 1.80; 1.81;
1.82; 1.83; 1.87; 1.89; 2.8; 2.11; 2.15; 2.18; 2.19; 2.21; 2.22; 2.23; 2.24; 2.25;
2.33; 2.36; 2.41; 2.44; 2.46; 2.49; 2.66; 2.67; 2.82; 2.92; 2.93; 2.94; 2.95; 3.21;
3.23; 3.24; 3.36; 3.40; 3.41; 3.43; 3.50; 3.55; 3.58; 3.63; 3.64; 3.69; 3.71; 3.78;
3.84; 4.2; 4.46; 4.53; 4.68;

178
PRETORIANOS: LA GUARDÍA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROM A

Suet., G alba 11; 14; 17; 19; 20.


Casio Dión 64.3.1-3; 64.5.3; 64.6.1; 64.6.2-3; 64.8.1; 64.7.2; 64.9.2; 65.16.5-6;
66.10.1a; 66.10.5; 66.16.3-4; 66.26.3; 67.3.5; 67.14.4; 67.15.2; 67.15.3-5.
Suet., Otón 4; 5; 6; 8; 12.
A urelio Víctor, D e Caes. 6.2-3; 8.3; 9.10-11.
Epit. de Caes. V I.4; V II.2; X.4; X .l l ;
Plut., Otón 3; 5; 6; 7; 8; 9; 10; 12; 17.
Suet., Vitelio 10.
R IC P, p. 269, n° 19: D enario de V itelio con la leyenda “concordia
praetorianorum ”.
R IC I2, p. 270, n° 55: D enario de Vitelio emitido en Lugdunum con la leyenda
“fides praetorianorum ” y dos manos unidas.
Suet., Vesp. 6.
Suet., Tito 6.
Plinio, N H 25.17.
Suet., D om. 2; 6; 8; 23.
Eutropio 7.23.

A nton inos:

Juvenal, Sátira 16.


Casio Dión 68.3.3-4; 68.5.4; 68.9.2-3; 68.15.5; 68.16.12; 68.31; 69.9; 69.12;
69.18.1; 69.19; 70.1.3; 72(71).3.5; 72(71 ).5.2-3; 72(71).9; 72(71).34.1;
73(72).5.1-2; 73(72).9.1; 73(72).9.3; 73(72).13; 73(72). 14.1; 73(72). 19.4;
73(72).24; 73(72),22.1-2; 74(73). 1.1-4; 74(73).6.1; 74(73).6. 3; 74(73).5.4-5;
74(73).8; 74(73).9.1-4; 74(73). 10.1 ; 74(73). 11.1-2; 74.11.6; 74.12.1; 74.13.4;
74.14.4; 74.16.2-3; 74.17.2-3.
Eutropio 8.1; 8.16.
Orosio 7.11.1.
Epit. de Caes. X ll.6-8.
M attingly-Sydcnham , The Roman Im perial Coinage, TT, p. 226, n°. 50: Moneda
de Nerva con la leyenda “A dlocut. A u g en la que se representa en el reverso al
em perador arengando a cuatro soldados.
Aurelio Víctor, D e Caes. 13.9; 17.7; 18.2; 19.1.
M arcial, Sat. VI, 76.
- Plin., Paneg. 6.1.
- Plin., Paneg. 25.2.
SHA, H adr. 5.7; 8.7; 9.4; 11.3; 23.8; 23.12.
Corp. Glossar. Latin. Ill, p. 31 (=Dositeo, Sententiae H adriani II).
SHA, Elio 3.3; 6.3-5.
R IC II, p. 457, n° 908: Sestcrcio emitido entre 134 y 138 en una serie que
conm em oraba los diferentes cuerpos de ejército imperiales. En este caso se
conm em ora a la guardia pretoriana. En el reverso lleva la leyenda: “ Coh. Praetor.
S.C .” H adriano aparece sentado en una plataform a arengando a tres soldados y
un oficial; el oficial mira a la derecha y lleva escudo y espada, dos de los
soldados llevan escudos y estandartes.
ADOLFO RAÚL MENÉNDKZ ARGÜÍN

R IC II, p. 457, n° 909: Dupondio o as; 134-138. Leyenda “ Coh. Praetor.” En este
caso junto al em perador aparece el prefecto del pretorio y hay tres soldados,
todos con escudos y estandartes.
R IC II, p. 457, n° 910: Dupondio o as; 134-138. Leyenda “ Coh. Praetor. S .C ”
Tipo sim ilar al anterior, con la presencia del prefecto del pretorio y cuatro
soldados con escudos y estandartes.
R IC II, p. 457, n° 910 : Sestercio; 134-138. Leyenda: “Coh. Praetor. S.C .”
H adriano, de pie sobre una plataform a, ju n to al prefecto del pretorio arengando
a tres soldados y un oficial: el prim ero de los soldados lleva un escudo y un
vexillum , el segundo un estandarte y el tercero un caballo por la brida [referencia
a los equites praetoriani]).
SHA, Pío 4.9; 8.1; 8.7; 10.2; 10.6; 12.5-6.
SHA., M. Antonino 3.4; 7.3; 7.9; 11.10; 14.5; 22.2; 27.3.
Fragm. Vat. 195.
SHA, Vero 3.5.
SHA, Avidio Casio 5.4; 14.8.
SHA., Commodo 2.3; 4.1; 4.5; 5.1; 6.1-8; 6.12-13; 7.1-4; 9.2; 10.3; 14.8; 15.7;
17.1; 18.9; 18.12;
Herodiano 1.5.1; 1.7.6; 1.8.1-2; 1.8.6; 1.8.7; 1.9.1; 1.9.4; 1.9.7-8; 1.9.10; 1.10.4;
1.10.6; 1.11.5; 1.12.3; 1.12.4; 1.12.6; 1.12.9; 1.13.4; 1.16.5; 1.17; 2.1.1; 2.1.5-
10; 2.2.1; 2.2.4; 2.2.6-8; 2.29; 2.4.4; 2.5.1-3; 2.5.5-8; 2.5.9; 2.6.4; 2.6.6-7; 2.6.8-
11; 2.6.11-12; 2.6.13; 2.6.14; 2.7.1; 2.7.6; 2.8.5; 2.10.4; 2.9.8; 2.10.2; 2.10.6;
2.11.7; 2.11.9; 2.12.6; 2.12.7.
R IC 111, p. 388, n° 199: Denario em itido probablem ente en 189 con la leyenda
“F idei Cohortium A ug.”; en el reverso se representa a Fides, de pie, con espigas
de trigo en una m ano y un estandarte en la otra. Puede que esta emisión refleje la
fidelidad al em perador m ostrada por la G uardia Pretoriana justo después de la
caída de Cleandro.
R IC III, p. 389, n° 207: D enario em itido en 190, leyenda: “F idei C o h ”,
iconografía sim ilar a la anterior.
R IC III, p. 390, n° 220: Denario de 190-191, leyenda: “F idei Coh ”, iconografía
sim ilar a las dos anteriores.
R IC 111, p. 392, n° 229a: Denario em itido en diciem bre de 191, leyenda: “Fidei
Coh(ortium) P (ont i f ex) M (aximus) T rib u n icia ) P(otestas) X V II C(n)os(ul) VI”,
iconografía sim ilar a las anteriores.
R IC III, p. 423, n° 496: Sestercio em itido en 186-187, leyenda: “F idei
Coh(ortium) P(ontifex) M(aximus) Tr(ibunicia) P(otestas) X II C(n)o.s(ul) V
S(enato) C(onsulto)”, iconografía sim ilar a las anteriores. El significado puede
que sea sim ilar a las anteriores, haciendo referencia a la fidelidad de los
pretorianos tras la caída de Perennis en 185.
R IC 111, p. 432, n° 580: Sestercio emitido en 190-191, leyenda: “Fidei. C o h ”,
iconografía sim ilar a las anteriores.
RIC III, p. 433, n° 590: As de 190-191, leyenda “F idei C o h ”, iconografía sim ilar
a las anteriores.
SHA., Pert. 2.9; 4.5-6; 5.1; 5.7; 6.3-5; 6.6; 6.10; 7.5; 7.10; 10.8; 11.1; 11.3-4;
14.7; 15.7.

180
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPHRJAL DE LA ANTIGUA ROMA

Zósim o 1.7.2; 1.7.3.


SHA, Did. Jul. 2.4; 2.5; 3.1-2; 5.9; 6.1; 6.3-4; 6.7; 7.5.

Severos:

SHA, Severo 4.3; 5.9; 6.5; 6.11; 7.1; 12.2; 17.5; 23.4.
H erodiano 2.13; 3.8.4; 3.10.5-6; 3.11; 3.12; 3.13.1; 3.13.4; 4.4.4; 4.4.7; 4.5.1
4.12.1-2; 4.12.7; 4.13.1-2; 4.13.5; 4.14.2; 5.1.2; 5.4.2; 5.4.3-4; 5.4.8; 5.4.10
5.5.9.10; 5.6.8; 5.7.6; 5.8.1; 5.8.5; 5.8.6-8; 5.8.10; 6.1.9-10; 6.3.2; 6.4.1; 6.6.4
6.8.7; 6.9.3; 6.9.4.
A urelio Víctor, D e Caes. 20.1; 20.32-34; 22.1 ; 23.3; 24.6.
C asio D ión 75(74).1.1; 75(74).1.2; 75(74).2.4-5; 76(75).6.6; 76(75).10.2
76(75). 11.3; 76(75).14.1; 76(75).14.2; 76(75).14.3; 76(75).15.1; 76(75).15.4
77(76). 1.1 ; 77(76).1.2; 77(76)2.4; 77(76).3.2-3; 77(76).4.1-4; 77(76).10.1
77(76).10.6; 78(77)3.1; 78(77)4.1a; 78(77).4.2-5; 78(77)9.3; 78(77).17.4
78(77).24.1; 79(78).4.1-5; 79(78).5.1-4; 79(78).12.7; 79(78).15.1; 79(78).23.2
79(78).28.2-3; 79(78).29.2; 79(78).31.4; 79(78).32.3; 79(78).35.1; 79(78).36.1
2; 79(78).37.3-4; 80(79). 1.2; 80(79). 1.1; 80(79).2.3; 80(79).4.1; 80(79).9.1
80(79). 17.1; 80(79). 18.4; 80(79). 19.2; 80(79).20.1; 80(79).21.1; 80.1.1; 80.2.2
80.2.3; 80.4.2.
Zósim o 1.8.2; 1.9.1-2; 1.10.1; 1.11.2; 1.11.3; 1.13.2.
Exc. Salm. 127.
SHA, Ceta 4.4; 6.4.
SHA, A lbino 8.1; 10.5; 14.3.
Tertuliano, D e corona, I, 1-2.
SHA, Ant. Car. 2.4; 2.6; 2.9; 3.1; 5.8; 6.6-7; 7.1-2; 8; 9.3; 11.5;
Epil. de Caes. XXI.6; XX111.5-6; XX1V.3-4.
Eutropio 8.21.
Orosio 7.18.3; 7.18.5.
SHA, Ant. Diad. 2.1.
SHA, Macrino. 2.1; 4.7-8; 5.3; 5.7; 10.1-2.
SHA, Elag. 12.1; 13; 14; 15; 16.5; 33.7.
SHA, Sev. Alejandro 4.3; 15.5; 19.1; 21.3-5; 21.6; 23.1; 26.1; 26.5; 31.2-3; 33.3.

A narquía Militar:

SHA, Dúo Maxim. 3.5; 14.4; 20.6; 23.7.


Herodiano 7.2; 7.6.4; 7.6.5-9; 7.11.2; 7.11.6; 7.11.7; 7.11.8-9; 7.12.2; 7.12.3;
7.12.4-5; 8.1.2; 8.5.9; 8.7.7; 8.8.2; 8.8.3; 8.8.5-6.
SHA, Tres Gord. 6.8; 10.5; 18.4; 20.2; 22.6-9; 23.6; 24; 25.2; 27.2; 27.7; 27.9-
10; 28.1; 28.3-4; 28.5-6; 29.1; 29.2; 29.6; 30.1; 30.9.
SHA, Max. et Balb. 4.4; 5.5; 8.3; 8.4; 9.1; 10.4-8; 14.
Aurelio Víctor, D e Caes. 26.5-6; 27.1-2; 27.8; 28.10-11; 29.4-5; 33.21; 35.6;
38.1; 38.6; 39.1; 39.13-4.
Zósim o 1.17.2; 1.18.2; 1.18.3; 1.19.1; 1.23.2-3; 1.28.3; 1.32.2; 1.36.2; 1.37.2;
1.40.1-3; 1.43.1-2; 1.48-49; 1.50; 1.52.2; 1.52.4; 1.53; 1.54; 1.61.1; 1.62.2-3;
ADOLFO RAÚL M LNHNDEZ ARGÜÍN

1.63.2-1.64.1; 1.64.2-4; 1.67-68; 1.73.1.


Epit. ele Caes. X X V II.2; XXXV.4.
L actancio, De Mort. P ersee. 4.3.
SHA, Gal. 15.2.
E utropio 9.14.1.
SHA, Aur. 11.5; 13.1; 38.2; 44.2.
SHA, Tyr. Trig. 12.1; 12.11.
SHA, D iv. Cl. 15.1; 18.3.
SHA, Tac. 8.3-5; 9.1.
SH A , Probo. 4.3; 10.6.
SHA, Firm o (et al.) 5.5.
SHA, Caro, Carino y Num . 5.4; 8.2; 13.1; 13.2; 16.4-5.

Tetrarquía y M ajencio:

Lactancio, D e Mort. P ersee., 12.2; 12.5; 26.3; 26.8; 27; 28; 44.
A ctas del m ártir M aximiliano.
E utropio 9.22; 10.2.3.
Orosio 7.25.6; 7.28.5-8.
Aurelio Víctor, D e Caes. 39.42; 39.47; 40.4-5; 40.18; 40.23-24; 40.25.
Zósim o 2.11.3; 2.12.1; 2.13.1; 2.14.2; 2.16; 2.17; 2.33.
Eusebio, Vit. Const. 1.35; 1.38.2.
Eusebio, H.E. 8.14.3.
Pan. Lat. 9.16.2; 9.17; 9.21; 10.28; 10.30; 10.31; 12.17.1.
D igesto 27.1.9 (el tribuno pretoriano licenciado queda excusado de la tutela de
los hijos de sus colegas).
A PÉN D IC E II

EPIGRAFÍA

Pretorianos: CIL 6 Parte V (Latercula et tituli M ilitum ): 6.2375a - 6.2860.


Latercula Praetorianorum 32515-32646.
Tituli P raetorianorum 6.32650-32716c.
E vocati: CIL 6.3411 - 6.3446; 6.32880-32889.
Statores: CIL 6.2949 - 6.2958.
CIL 6: 37181 -3 7 3 0 0 .
7ïïw/z Militum Post-D iocletianum 6.32939 - 32986.

I C ohorte:

AE 1893, 23 (Roma).
AE 1923, 80 (Roma, 50-120).
AE 1927, 108 (Saena).
AE 1933, 248 (Sarm izegethusa, s. III).
AE 1939, 171 (Roma, ca. 250).
AE 1940, 64 (Ostia).
AE 1946, 183 (Aquileya).
AE 1958, 104 ( C I L 7.810=RIB 1896) (Birdosw ald, 235-8).
AE 1972, 16 (Roma, med. s. III).
AE 1980, 461 (=AE 1998, 466) (Roselle, Italia, s. I).
AE 1989, 78 (=Denkm 744) (Roma).
AE 1995, 1516 (Apamea de Frigia, s. III).
AE 1997, 599 (U rbana, Italia; Augusto).
ILS 2690 (=C1L 10.4862=10.4636) (Venafrum, com. s. 1).
ILS 2037 (=CIL 6.2437) (Roma, 200-250).
ILS 2024 (=CIL 6.2421) (Roma, 100-150 ).
ILS 2025 (=CIL 6.2426) (Roma, 100-150).
ILS 2026 (=CIL 6.2424) (Roma, 200-250).
ILS 2042 (=CIL 6.2425) (Roma, s. III).
ILS 2053 ( C I L 9.3573=9.5780) (Furfo, s. T-Il).
ILS 2056 ( C I L 6.2446) (Roma, s. III).
ILS 2070 ( C I L 6.2442) (Roma, s. II).
ILS 2075 ( C I L 6.2447) (Roma, s. II).
ILS 2077 (C T L 6.2440) (Roma, 50-150).
ILS 2088 ( C I L 6.533) (Roma, s. IIT).
ILS 2097 ( C I L 6.209) (Roma, 150 d.C.).
CIL 3.249 (=3.6753) (Ancyra, Galacia).

183
A D O L IO RAÚL MF.NÉNDEZ ARGÜÍN

CIL 3.4487 (C arnuntum , Panonia).


CIL 3.5073 (Ivenna, N órico; fin s. 1-com. s. II).
CIL 3.7328 (Tesalónica).
CTL 3.11697 (C eleia, Norico).
CIL 3.14560 (ad. 12671) (Naissus).
CIL 4.2145 (Pom peya, s. I; grafito).
CIL 5.522 (Tergeste, 70-80).
CTL 5.2505 (A teste, prim era mitad s. I d.C.).
CIL 5.7740 (Rovereto, Cisalpina; s. III).
CIL 5.8281 (A quileya, s. III).
CIL 5 Suppl. Pais n° 744 (Como).
CIL 6.478 (Roma).
CIL 6.533 (Roma, s. TTI).
CIL 6.2422 (Roma, s. II).
CIL 6.2423 (Rom a, s. III).
CIL 6.2427 (Roma, 50-120).
CIL 6.2428 (Roma, s. TI/TTT).
CIL 6.2429 (Roma, hasta 50 d.C.).
CIL 6.2430 (Roma, s. I/II).
CIL 6.2431 (Roma, ca. 250).
CIL 6.2432 (Roma, 222-235).
CIL 6.2433 (Roma, 213-227).
CIL 6.2434 (Roma, s. III).
CIL 6.2435 (Roma, fragm entaria; s. IT/ITI) M ención a un pretoriano de la I
Cohorte.
CIL 6.2436 (Roma, 200-250).
CIL 6.2438 (Roma, s. III).
CIL 6.2439 (Roma, s. I hasta 70 d.C.).
CTL 6.2441 (Rom a, 100-180).
CIL 6.2443 (Roma, 150-190).
CIL 6.2444 (Roma, 100-180).
CIL 6.2445 (Roma, fragm entaria, s. III).
CIL 6.2448 (Rom a, s. 1).
CIL 6.2449 (Roma, s. II).
CIL 6.2450 - (Roma, 100-150).
CIL 6.2451 - (Roma, 100-180).
CIL 6.2452 - (Roma, 100-180).
CTL 6.2453 (Roma, s. III).
CIL 6.2797 (=6.32546) (Roma, 239 d.C.).
CIL 6.2809 (=6.32565) (Roma, 265 d.C.).
CIL 6.2821 (Rom a, 246 d.C.).
CIL 6.2845 (=32605) (Roma, s. III).
CIL 6.3888 y 3889 (=32664 y 32665) (Rom a, s. II).
CIL 6.32550 (Rom a, 238-244).
CIL 6.32551 (-IL S 2096) (Roma, 246 d.C.).
CIL 6.32565 (Roma, 265 d.C.).

184
- PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DF. LA ANTIGUA ROMA

CIL 6.32586 (Roma, s. III).


CIL 6.32605 (Roma, s. III).
CIL 6.32662 (Roma, s. ITT).
CIL 6.32663 (Roma, 161-300).
CIL 6.32666 (Roma, 150-190).
CIL 6.32667 (Roma, s. III).
CIL 6.32668 (Roma, s. III).
CTL 6.32669 (Roma, s. II/ÏÏI).
CIL 6.37183 (Roma, 222 d.C.).
CIL 6.37192 (Roma, ca. 140).
CIL 6.37193 (=5.2069=A E 1911, 193) (Feltria, 100-180).
CIL 6.37194 (=AE 1910, 27) (Roma, s. II/III).
CIL 6.37195 (=AE 1913, 108) (Roma, 100-150).
CIL 6.37196 (Roma, fragmento; s. II/III).
CIL 9.1582 (Beneventum , 200-225).
CIL 9.3854 (=5572) (Supinum).
CTL 9.4120 (A equiculi, s. I-TÏ).
CIL 10.217 (=319) (G rum entum).
CIL 10.1127 (=1884) (Abellinum ).
CIL 10.5668 (Frusino).
CTL 10.6229 (=4143) (Castrum M onticelli).
CIL 11.1216 (Placentia).
CIL 11.1599 (Florentia, s. I?).
CIL 11.1836 (=ILS 1332) (A rretium , c. 260-7).
CIL 11.1903 (Cortona).
CIL 11.4747 (=AE 1985, 366) (Vicus Tuder, s. I-II).
CIL 11.5772 (Sentinum , s. III).
CIL 13.6824 (=AE 1940, 117=AE 1987, 780) (M ogontiacum , s.
CIL 14.217 (Ostia, fragmentaria).
CTL 14.3628 (Tibur).
CIL 16.155 (Turin, 254).
RM D IT, 132 (228).
RM D III, 199 (246).

II C ohorte:

AE 1894, 33 (=Denkm 747) (Cascia).


AE 1904, 207 (Venecia) Preloriano dc la 11 Cohorte.
AE 1910, 45 (A cquapendentc, Etruria).
AE 1912, 186 (Roma).
AE 1914, 27 (=ILGN 63 2 -A E 1994, 1179) (C astel-Rousillon).
AE 1916, 47 (=BCA 1915, pg. 66, n° 3) (Roma, 167 d.C.).
AE 1926, 122 (Roma, 50-120).
AE 1932, 30 (Roma, fines s. I d.C.).
AE 1939, 124 (D ereslij, 224 d.C.).
ADOLFO RAÚL M IÎNÉNDEZ ARGÜÍN

AE 1950, 42 (Ljubljana-Em ona, 6-9 d.C.).


A E 1954, 79 (Roma, s. III).
AE 1958, 1 (G regorcicava, 14 d.C.).
AE 1958, 40 (B oncellino, Italia, c. 100).
AE 1964, 118 (Roma).
AE 1964, 209 (B agnacavallo, Italia).
AE 1980, 132 (Roma, s. III).
AE 1983, 51 (Roma, 222-235).
AE 1984, 58 (Roma; c. 80-120).
A E 1984, 71 (Roma, hasta 50).
AE 1993, 165 (Roma, s. III).
BCA 69 (1941), pg. 170, n° 71 (Roma).
BCA 95 (1993), pg. 157, n° 2 (Roma, s. III).
ILS 2057 (=CIL 10.1757) (Puteoli).
ILS 2060 (=CIL 6.2454) (Roma, 100-150).
ILS 2065.
ILS 2071 (=CIL 10.410 —In scrit. XTTT 1, 20) (Vulci, s. I-II).
ILS 2089 (=CIL 6.2464) (Roma, 200-250).
IL Jug. 38 (Scupi).
CIL 3.5105 (N órico, s. III).
CIL 3.5596 (Bedaium , Nórico).
CIL 5.430 (Piquentum ).
CIL 5.924 (A quileya, Augusto).
CIL 5.2506 (A teste, Augusto).
CIL 5.3241 (Verona).
CIL 5.3356 (Verona, s. I).
CIL 5.4371 (Brixia, s. III).
CIL 5.6478 (Laiimellum).
CTL 6.2455 (Roma, 100-150).
CIL 6.2456 (Roma, 222-235).
CIL 6.2457 (=Denkm 748) (Roma, s. TÏT).
CIL 6.2458 (Roma, s. III).
CIL 6.2459 (Roma, s. III).
CTL 6.2460 (Roma, s. TIT).
CIL 6.2461 (Roma, 200-250).
CIL 6.2462 (Roma, 200-250).
CIL 6.2463 (Roma, s. 11 d.C.-250).
CTL 6.2465 (Roma, 50-120).
CIL 6.2466 (Roma, 100-150).
CIL 6.2467 (Roma, s. II).
CIL 6.2468 (Roma, s. II).
CIL 6.2469 (Roma, 200-250).
CTL 6.2470 (Roma, s. TIT) Veterano de la II Cohorte Pretoriana.
CIL 6.2471 (Roma, s. I) Pretoriano de la II Cohorte; originario de Placentia.
CIL 6.2472 (Roma, 50-120).
CIL 6.2472a (Roma, 150-190).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CIL 6.2473 (Roma, 100-180).


CIL 6.2474 (Roma, 100-150).
CIL 6.2475 (Rom a, 50-120).
CIL 6.2476 (Roma, hasta 50 d.C.).
CIL 6.2477 (Rom a, s. W ill).
CIL 6.2478 (Roma, 50-120).
CIL 6.2479 (Rom a, 100-180).
CIL 6.2480 (Rom a, 150-200).
CIL 6.2481 (Rom a, s. III).
CIL 6.2820 (=32590) (Roma).
CIL 6.2834 (=32597) (Roma).
CTL 6.32571 (Roma, s. III).
CIL 6.32670 (Roma, s. III).
CIL 6.32670a (Roma, ca. 50 d.C.).
CIL 6.32671 (Roma, 222-235).
CIL 6.37181 (Roma, 70-96).
(Relieve) CIL 6.37187 (Roma, s. III).
CIL 6.37197 (Roma, s. II/III).
CIL 6.37198 (=AE 1913, 98) (Roma, 100-180).
CIL 6.37199 (=AE 1913, 0109) (Roma, s. miy
CTL 6.37199a (Roma, s. TT).
CIL 8.24630 (Cartago).
CIL 9.1621 (Benevento).
CIL 9.1628 (Beneventum , s. I-II).
CIL 9.2838 (Histonium ).
CIL 9.5839 y 9.5840 (=ILS 2084 y 2085) (A uxim um , Piceno, 137 d.C.)
CIL 10.686 (Surrentum ).
CIL 10.1755 (Puteoli, s. III).
CIL 10.5829 (Ferentinum , 100-150).
CIL 11.3845 (Saxa Rubra, 180-220).
CIL 11.5747 (Sentinum).
CIL 11.6059 (=AE 1968, 161) (Urbino, c. 50).
CIL 11.6345 (Pisaurum ).
CIL 11.6677a (M ogontiacum , s. III).
CTL 14.224 (Ostia).
CIL 14.3950 (N om entum , s. ITI).
CIL 14.4214 (ager A lbanus, s. ITT).
CIL 16.25 (=AE 1891, 153) (Roma, 79? d.C.).
CTL 16.95 (=AE 1933, 149) (Paestum, 148 d.C.).
CIL 16.142 (B udapest-Aquincum , 225 d.C.).
CIL 16.147 (Lyon, 243).
S. de Caro, Cron.Pomp. 5 (1979), pg. 86-7 (Pom peya, m ediados s. I).
RMD 111, 195b (226).
ADOLFO RAÚL M ENÉNDLZ A RGÜÍN

TTT C ohorte:

A E 1903, 51 (G rottaferrata).
AE 1904, 88 (=BCA 1902, pg. 296, n° 22) (Roma, s. ITT).
AE 1909, 65 (=BCA 1909, pg. 128) (Roma).
AE 1930, 16 ( Vindonissa, c. 90 d.C.).
A E 1935, 112 (A guntum , 150 d.C.).
AE 1951, 173 (Roma).
AE 1955, 74 (Roma).
AE 1964, 117 (Roma, hasta 50).
AE 1964, 119a (Roma).
AE 1969/70, 172 (A tena, Italia).
AE 1975, 159 (C astra Albana, 222-235).
AE 1976, 20 (=Aquileia N ostra 45-46 (1974-5), n° 3) (Roma; 80-150).
AE 1976, 24 (Roma).
AE 1979, 89 (Roma).
AE 1980, 131 (Rom a, c. 250).
AE 1981, 80 (Roma).
AE 1982, 789 (N iederleis, Panonia; 222-235).
AE 1984, 59 (Roma).
AE 1984, 60 (Roma).
AE 1988, 154 (Roma, fines s. TT).
A E 2000, 1023 (Albaniana, Germ. Inf., 195-211).
ILS 2021 (=CIL 10.4872) (Venafrum, 1-50).
TLS 2027 (=CIL 6.2498) (Roma, 100-150).
TLS 2028 ( C I L 6.2489) (Roma, 29 d.C.).
ILS 2083 (=CIL 10.3733) (A tella, s. II).
ILS 2090 ( C I L 6.2256-6.32456) (Rom a, s. 111).
ILS 2101 ( C I L 6.9) (Roma, Augusto?).
CTL 3.645 (Filipos, s. T-TT).
CIL 3.3265 (Cucci, Panonia Inferior).
CIL 3.7414 (-IG R R I, 700=IGRR I, 779) (Bessapara, Tracia; s. III).
CIL 3.7534 (Tomis, M esia Inferior).
CIL 5.952 (A quileya, s. I-Il).
CTL 5.5269 (Cornum).
CIL 5, Suppl. Pais n° 610.
CIL 5, Suppl. Pais n° 611 (M arostica, s. I-II).
CIL 6.9 (Roma).
CTL 6.2482 (Roma, s. TTT).
CIL 6.2483 (Roma, 100-180).
CIL 6.2484 (Roma, 100-180).
CIL 6.2485 (Roma, 200-250).
CTL 6.2487 (Roma, s. III).
CIL 6.2488 (Roma, 200-250).
CIL 6.2490 (Roma, 100-150).
CIL 6.2491 (Roma, s. Will).

188
PRF.TORIANOS: LA GUARDIA IMPKRIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CIL 6.2492 (Roma, 100-180).


CIL 6.2493 (Roma, 150-250).
CIL 6.2494a (Roma, s. III).
CIL 6.2495 (Roma, s. III).
CIL 6.2496 (=32650) (Roma, 200-250).
CIL 6.2497 (Roma, s. III).
CIL 6.2499 (Roma, s. III).
CIL 6.2500 (Roma, 100-180).
CIL 6.2501 (Roma, 200-250).
CIL 6.2502 (Roma, s. II).
CIL 6.2503 (Roma, s. III).
CIL 6.2504 (Roma, 50-120).
CTL 6.2505 (Roma, 50-120).
CIL 6.2506 (Roma, 100-180).
CIL 6.2507 (Roma, hasta 50 d.C.).
CIL 6.2508 (Roma, s. II/III).
CTL 6.2509 (Roma, s. II).
CIL 6.2510 (Roma, 200-250).
CIL 6.2511 (Roma, s. II).
CIL 6.2512 (Roma, 200-250).
CIL 6.2513 (Roma, 50-120).
CIL 6.2514 (Roma, 200-250).
CIL 6.2515 (Roma, s. TI).
CIL 6.2516 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2517 (Roma, 100-180).
CIL 6.2518 (Roma, 100-180).
CIL 6.2519 (Roma, 100-150).
CIL 6.2801 (-32572) (Roma, s. III).
CIL 6.2806 (-3 2 5 8 1 ) (Roma, fines s. IT?).
CIL 6.2818 (=32598) (Rom a, s. III).
CIL 6.2850 (-3 2 6 0 8 ) (Roma).
CIL 6.3419 (Roma, s. ITT).
CIL 6, Ad. n. 2496 (pg. 869) (Roma).
CIL 6.32582 (=2807) (Roma, s. III).
CIL 6.32589 (Roma, s. 111).
CIL 6.32672 (Roma, lámina circular; s. I/II).
CIL 6.32673 (Roma, s. TI).
CIL 6.32674 (Roma, s. II/III).
CIL 6.37200a (=AE 1912, 252) (Roma, 150-190).
CTL 6.37201 (Roma, s. III).
CIL 6.37202 (=AE 1913, 112=BCA 1912, pg. 168) (Roma, hasta 70 d.C.).
CIL 6.37203 (Roma, s. III).
CIL 8.21021 (=1LS 2038) (Cesarea de M auretania, fines s. III).
CIL 9.1602 (=AE 1998, 380) (Beneventum , s. 111).
CIL 9.1609 (=9.1451) (Beneventum , s. III).
CIL 9.2168 (Caudium , s. ITT).
ADOLFO RAÚL M liNHNDEZ ARGÜÍN

CIL 9.3670 (=5494) (M arruvium).


CIL 9.4783 (Forum Novum).
CIL 10.538 (Salerno).
CTL 10.1756 (Puteoli, s. I).
CIL 10.6671 (A nzio, 54-68).
CIL 10.6673 (A nzio, 54-68).
CIL 10.7952 (Porto Torres, Cerdeña).
CIL 11.557 (=AE 1967, 115a) (Cesena).
CIL 11.630 (Faventia).
CIL 11.704 (Bononia).
CIL 11.3005 (A ger Viterbensis).
CIL 11.5217 (Fulginiae, s. I).
CIL 11.7243 (A sinalunga).
CIL 13.1834 (Lugdunum , inic. s. I d.C.).
CIL 13.7335 (H eddernheim , 230 d.C.).
CIL 14.191 (=4471=AE 1971, 65 =Denlan 73) (Ostia).
CIL 14.2523 (Tusculum).
CIL 14.2905 (Preneste, 167 d.C.).
CIL 14.2951 (Praeneste).
CIL 14.2955 (Preneste).

IV C ohorte:

A E 1893, 22 (Roma).
AE 1926, 88 (=1935, 12) (Ujo, A sturias, 81-96).
AE 1933, 87 (Filipos, fin s. I d.C.).
AE 1934, 128 (==IL.Jug. 1252) (Stobi, fin s. I).
A E 1938, 176 (A ntioquia).
AE 1945, 62 (M esina).
AE 1947, 61 (Verona, c. 265).
AE 1964, 121 (Roma, s. III).
AE 1966, 33 (=NS 1961, p. 14=AE 1969/70, 196=AE 1977, 264) (Faventia, ca.
50).
AE 1978, 286 (=AE 1996, 513) (L’A quila, Italia; 14-37).
AE 1982, 220 (H erdonia, Italia, ss. I-TT).
AE 1983, 52 (Roma, 41-68).
A E 1984, 69 (Roma).
AE 1988, 469 (C ollicelle, Italia, s. II).
AE 1989, 80 (Rom a, c. 85-120).
AE 1989, 83 (Rom a, hasta 50).
AE 1990, 61 (=Denkm 745) (Rom a, fragm entaria).
AE 1993, 309 (Roma, s. III).
AE 2000, 736 (M onterrubio de la Serena, Badajoz; c. 50).
ILS 2040 (=CIL 6.2548) (Roma, s. III).
ILS 2050 (=CIL 6.2534) (Roma, 200-250).
ILS 2064 (=C1L 6.2545) (Roma, 100-180).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

ILS 2066 (=CIL 6.2544) (Roma, s. III).


ILS 2082 ( C I L 11.20) (Rávena).
ILS 2093 ( C I L 6.2532) (Roma, 100-180).
ILS 2141 ( C I L 6.2530) (Roma, hasta 70 d.C.).
CIL 2.4461 (=ILS 2661) (Aeso, Tarraconensis, 100-150).
CIL 3.3114 (Arba, Dalmacia).
CIL 3.5043 (N oreia, N órico, s. III).
CTL 3.5449 (Sem riach, N órico, s. III).
CIL 3.5663 (=11806) (Ñ amara, Ovilava - N órico, fin s. II).
CIL 3.14214 (A dam klissi, 111 d.C.).
CIL 3.14214.3 (A dam klissi).
CIL 5.4 (=lnscrlt. X 1, 675) (N esactium , Cisalpina).
CIL 5.933 (A quileya).
CIL 5.5072 (A nauni, s. I-II).
CIL 6.627 (Roma).
CIL 6.2520 (Roma, 100-150).
CTL 6.2521 (Roma, s. III).
CIL 6.2522 (Roma, 120-180).
CIL 6.2523 (Roma, 200-250).
CIL 6.2524 (Roma, ca. 150).
CIL 6.2525 (Roma, s. II-TTI).
CIL 6.2526 (Roma, s. III).
CIL 6.2527 (Roma, s. III).
CIL 6.2528 (Roma, 200-250).
CIL 6.2529 (Roma, 50-120).
CIL 6.2531 (Roma, s. I).
CTL 6.2533 (Roma, hasta 70 d.C.).
CIL 6.2535 (Roma, s. II).
CIL 6.2536 (Roma, 50-150).
CIL 6.2537 (Roma, s. TTT).
CIL 6.2538 (Roma, 100-150).
CIT. 6.2539 (Roma, 100-180).
CTL 6.2540 (Roma, hasta 70 d.C.).
CTL 6.2541 (=32653) (Roma, 100-150).
CIL 6.2541a (Roma).
CTL 6.2542 (Roma, c. 50 d.C.).
CTL 6.2543 (Roma, 100-150).
CIL 6.2546 (Roma, 100-180).
CIL 6.2547 (Roma, s. TI-I1I).
CIL 6.2549 (=BCA 1903, 280, n° 11) (Roma, 50-120).
CIL 6.2550 (Roma, s. II).
CTL 6.2551 (Roma, s. II).
CIL 6.2552 (Roma, s. III).
CIL 6, 3241 (=Denkm 606) (Roma, s. III).
CIL 6.32677 (Roma, 200-250).
CIL 6.32678 (Roma, 200-250).
A D O L IO RAÚL M ENLNDEZ ARGÜÍN

CIL 6.37190 (=32676) (Roma, 70-120).


CIL 6.37204 (Rom a, hasta 50).
CTL 6.37205 (Roma, s. III).
CIL 6.37206 (=AE 1913, 78) (Roma, s. I/IT).
CIL 6.37207 (=AE 1912, 89=BCA 1911, pg. 280) (Rom a, s. III).
CIL 6.37208 (=AE 1912, 107) (Roma, s. III).
CTL 6.37209 (Roma).
CIL 9.4397 (Foruli).
CIL 9.3520 (=6029) (Furfo).
CIL 9.4754 (Rieti, fin s. I d.C.).
CTL 10.3881 (=3619) (Capua).
CIL 10.3891 (Capua).
CIL 10.5064 (=1LS 2667) (A tina, 206).
CIL 10.5912 (A nagnia).
CIL 10.7863 (Forum Traiani, Ccrdeña).
CIL 11.1435 (Pisa).
CIL 11.1803 (Saena).
CIL 11.1805 (Saena).
CTL 11.7094 (Perusia).
CIL 13.6762 (M ogontiacum , 213 d.C.
CIL 14.2948 (Praeneste).
CIL 14.3632 (Tibur).
CTL 14.4007 (Ficulea, Lacio).
CIL 16.139 (Filipópolis de Tracia, 221).

V C ohorte:

AE 1912, 185 (-1 9 8 2 , 126) (Roma).


(Relieve) AE 1915, 112 (Dium , M acedonia, c. 150).
AE 1914, 28 (=AE 1980, 613) (Castel-R ousillon).
AE 1914, 259 (Inan-Cism e, Dobrudja, 233 d.C.).
AE 1916, 48 (=NS 1915, 6=BCA 1915, pg. 67, n° 4) (Roma, 100-180).
AE 1916, 49 (-N S 1915, 7) (Roma, 100-150).
A E 1952, 59b (=AE 1956, 13) (A quileya, fin s. II).
A E 1961, 276 (Roma, s. II).
AE 1969/70, 193 (-1 9 7 4 , 319 bis) (Veyes, inic. s. III).
AE 1972, 503 (~RM D 1, 77) (Sohace, B ulgaria-M csia, 236 d.C.).
AE 1973, 68 (Roma).
AE 1976, 18 {-A quileia N osíra 45-46 (1974/75), n° 1) (Roma, 80-120).
AE 1976, 19 (=Aquileia N ostra 45-46 (1974/75), n° 2) (Roma, 80-150).
AE 1980, 141 (Roma, 200-250).
AE 1982, 125 (Roma, hasta 50).
AE 1983, 48 (Roma, s. TTI).
AE 1984, 67 (Roma).
AE 1987, 216 (valle del Anio, inic. s. II d.C.).
AE 1988, 169 (Roma, inic. s. TT).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

AE 1989, 116 (Roma, s. II).


AE 1991, 1429 (C erca de Filipos).
AE 1992, 384 (A m iternum , Italia; s. I-II).
AE 1995, 373 (M inturnae, Italia; s. 1-150 d.C.).
AE 1995, 478 (Bovianum , Italia; s. I-II).
BCA 69 (1941), pg. 170, n° 72 (Roma).
ILS 2019 (=CIL 6.2586) (Roma, 200-250).
ILS 2036 (=CIL 6.2558) (Roma, 50-100).
ILS 2047 (C T L 10.216) (G rum entum , med. s. ITT).
ILS 2048 (=CIL 6.2566) (Roma, 224-238).
ILS 2049 (=CIL 6.2584) (Roma, 100-180).
ILS 2068 (=CIL 6.2560) (Roma, 200-250).
ILS 2142 (=CTL 6.2589) (Roma, 100-150).
ILS 2143 (=CIL 6.2578) (Roma, 100-150).
ILS 9749 (=AE 1977, 768) (Ztara Zagora, Tracia; 250-300).
CIL 3.5337 (Solva, N órico).
CIL 4.1994 (Pom peya, s. I).
CIL 5.534 y 5.535 (Tergeste, 100-125).
CIL 5.795a (A quileya).
CIL 5.825 (Aquileya).
CIL 5.934 (Aquileya).
CIL 5.2511 (=CTL 5 Suppl. Pais n° 500) (A teste, c. 50).
CIL 5.2827 (Patavium ).
CIL 5.3361 (Verona).
CIL 5.4041 (A quanigra, entre M antua y Verona).
CTL 5.5569 (Lacus Verbanus).
CIL 6.269 (Roma, 212 d.C.).
CIL 6.1626 (Roma).
CIL 6.2553 (Roma, c. 200) .
CIL 6.2554 (Roma, 150-190).
CIL 6.2555 (Roma, s. II).
CIL 6.2556 (Rom a, s. II).
CIL 6.2557 (Rom a, s. III).
CIL 6.2559 (Roma, 100-180).
CIL 6.2561 (Roma, s. TTI).
CIL 6.2562 (Roma, s. III).
CTL 6.2563 (Roma, s. III).
CIL 6.2564 (Roma, 100-180).
CIL 6.2565 (Roma, 230-240).
CTL 6.2567 (Roma, 200-250).
CIL 6.2568 (Roma, s. III).
CIL 6.2569 (Roma, s. III).
CIL 6.2570 (Roma, 200-270).
CIL 6.2571 (Roma, c\ 200).
CIL 6.2572 (Roma, 100-150.
CIL 6.2573 (Roma, s. II).
ADOLFO RA Ú LM EN ÉN D EZA R G Ü ÍN

CIL 6.2574 (Roma, 100-150).


CIL 6.2575 (Roma, s. III).
CIL 6.2576 (Roma, s. III).
CIL 6.2577 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2579 (Roma, 211-217 d.C.).
CTL 6.2580 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2581b (=BCA 94 (1991-1992), pg. 397, n° 7) (Roma, hasta
CIL 6.2582 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2583 (Roma, c. 150).
CTL 6.2585 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2587 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2588 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2590 (Roma, 150-190).
CIL 6.2591 (Rom a, s. II/III).
CIL 6.2592 (Rom a, 50-120).
CIL 6.2593 (Rom a, 50-120).
CIL 6.2594 (Rom a, s. 11).
CIL 6.2595 (Roma, 50-120).
CIL 6.2596 (Roma, hasta 70).
CIL 6.2597 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2598 (Roma, s. 11).
CIL 6.2599 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2806 (Rom a, s. TTT?).
CIL 6.2831 (Rom a, s. III).
CIL 6.2833 (Rom a, s. III).
CIL 6.3890 (=32684) (Roma, s. II/III).
CTL 6.3891 (=32685) (Roma, 50-150).
CIL 6.3892 (=32686) (Roma, s. T/II).
CIL 6.3893 (=32687) (Roma, 100-180).
CTL 6.32581 (Roma, s. 111).
CIL 6.32679 (Roma, s. TI/III).
CIL 6.32680 (==Denkm 750) (Roma, 200-250).
CIL 6.32681 (Roma, s. II).
CIL 6.32682 (Roma, 100-150).
CIL 6.32683 (N ápolcs, s. II/III).
CIL 6.32688 (Roma).
CIL 6.37185 (=BCA 38 (1910), 322) (Rom a, 136 d.C. o 190 d.C.).
CIL 6.37210 (Roma).
CTL 6.37211 (=AE 1913, 111) (Roma, 50-100).
CIL 6.37212 (Roma, 211-217).
CIL 8.5531 (=18910) (Thibilis, N um idia).
CIL 9.2650 (A esernia).
CIL 9.2999 (A nxanum , 100-150).
CIL 10.684 (Surrentum ).
CIL 10.1758 (Puteoli).
CIL 11.1935 (Perusia).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DK LA ANTIGUA ROMA

CTL 11.2111 (Clusium ).


CIL 11.2704 (Volsinii).
CIL 11.5384 (A sisium , s. T?).
CIL 16.145 (Bucarest - Dacia, 233 d.C.).
CIL 16.151 (CIL 5, Suppl. Pais n° 94) (Filipos, 246 d.C.).
CIL 16.156 (298 d.C.).
RM D ITT, 193 (223 d.C.).

VI C ohorte:

AE 1901, 167 (Roma).


AE 1908, 157 (El Djem, Túnez, s. III).
AE 1912, 179 (Hadriano).
AE 1934, 139 (Pom peya, hasta 79 d.C.).
AE 1961, 117 (Roma).
AE 1968, 27 (Roma).
AE 1976, 21 (=Aquileia N ostra 45-46 (1974-5), n° 4) (Roma).
AE 1977, 316 (Porec-Parentium, Italia; base de estatua, fines s. T d.C.).
AE 1983, 53 (Roma, s. II).
A E 1984, 68 (Roma).
A E 1992, 134 (Roma, s. I TT).
BCA 69 (1941), pg. 170, n° 73 (Roma).
ILS 2018 (=CIL 6.2607) (Roma, 100-150).
ILS 2041 (=CIL 6.2605) (Roma, post. 270).
ILS 2055 (=CIL 6.2601) (Roma, c. 230).
ILS 2069 (=CIL 5.8274) (A quileya, Augusto).
ILS 2078 (=CIL 9.5809) (Potentia).
ILS 2080 ( C I L 3.7334=A E 1888, 105) (Seres M acedonia, med. s. II).
ILS 2086 ( C I L 5.7160) (Augusta Bagiennorum , Cisalpina, s. TT).
ILS 2091 ( C I L 6.130) (Roma, 241 d.C.).
ILS 2104 ( C I L 6.375) (Roma, 148 d.C.).
Passerini, Le Coorti P retorie, pg. 153, nota 2 (Roma).
CIL 3.2884 (Corinium , Dalmacia).
CIL 3.3126 (Vcgliac, Dalmacia, s. 111).
CIL 3.6046 (-6 7 0 4 ) (Beroea, Siria).
CIL 3.7148 (Nysa, Caria; c. 180-220).
CIL 3.11552 (Virunum, Nórico).
CIL 5.912 (A quileya, Augusto).
CIL 5.930 (Aquileya).
CIL 5.2498 (Ateste).
CIL 5.3122 (Vicetia, s. 1-11).
CTL 5 Suppl. Pais n° 186 (A quileya, Augusto).
CIL 6.2600 (Roma, 180-220).
CIL 6.2602 (Roma, 200-250).
CIL 6.2603 (Roma, s. III).
CTL 6.2604 (Roma, s. III).

195
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÍJÍN

CTL 6.2606 (Roma, s. III).


CIL 6.2608 (Rom a, 50-120).
CIL 6.2609 (Rom a, s. TI).
CTL 6.2610 (Rom a, s. III).
CIL 6.2611 (Roma, 150-190).
CIL 6.2612 (Rom a, 100-180).
CIL 6.2613 (Roma, 100-150).
CIL 6.2614 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2615 (Roma, hasta 70).
CIL 6.2616 (Roma, s. III).
CIL 6.2617 (Rom a, 100-180).
CIL 6.2618 (Rom a, 200-250).
CTL 6.2619 (Roma, 100-120).
CIL 6.2620 (Rom a, 100-180).
CIL 6.2621 (Roma, 150-180).
CIL 6.2622 (Roma, s. IT).
CIL 6.2798 (=32570=ILS 4057) (Rom a, s. III).
CIL 6.2811 (=32593=37184b) (Rom a, s. III?).
CIL 6.32559-325606 (32559 a=3921; 32559 b=2484; 32560=2851= BCA 1894,
2 3 7 )-( R o m a , 249-51).
CTL 6.3716 (=6.31013) (Rom a, 182).
CIL 6.3894 (=32690) (Rom a, s. III).
CIL 6.30876 (=BCA 1888, pg. 401=N.Sc. 1888, 391) (Roma, s. 111).
CIL 6.32570 (Roma, s. TTT).
CIL 6.32689 (Roma, s. III).
CIL 6.32691 (Roma, s. III).
CIL 6.32691a (Roma, 100-180).
CIL 6.32692 (Rom a, 211-217).
CTL 6.32693 (Rom a, s. II).
CIL 6.32695 (M ilán, 200-250).
CIL 6.37213 (=1LS 2044) (Roma, s. III).
CIL 6.37214 (Rom a, 100-180).
CIL 6.37215 (Roma, s. III).
CIL 6.37216a (Roma, s. III).
CIL 8.25438 (=ILS 9072) (H enchir Tchega, junto a M atcur).
CIL 9.3081 (Sulmo).
CTL 9.4060 (Carsioli).
CIL 9.4121 (A equicoli, c. 50).
CIL 9.4688 (Reate).
CIL 10.215 (G rum entum , s. III).
CIL 10.533 (Salcrno, s. TTT).
CIL 10.1753 (Am alfi).
CIL 10.1763 (Puteoli).
CIL 10.5832 (Ferentinum ).
CTL 11.837 (=TLS 2778) (M ódena, Tetrarquía).
CIL 11.2596 (M ontalcino, s. TI-TTT).

196
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CIL 11.3894 y 3895 (Capena, entre los ss. I y II).


CTL 11.6107 (=1LS 509) (Pisaurum , 246 d.C.).
CIL 12.1529 (Territorio de los Vocontii, G alia N arbonense, s. I-Il).
CIL 14.215 (Ostia, s. T-TT).
CIL 14.223 (Ostia, s. I?).
CIL 14.2429 (entre B ovillae y Castrim oenium ).
CIL 14.4494 (=AE 1912, 250) (Ostia, A ugusto).
CIL 14.4495 (Ostia).
CIL 15.7243 (Roma).
CIL 16.21 (=ILS 1993) (Constanza, 76).

VIT C ohorte:

AE 1914, 253 (Roma, s. III).


AE 1921, 32 (=BCA 1917, pg. 228) (Roma, 100-180).
AE 1921, 34 (BCA 1917, pg. 229=N.Sc. 1917, 312=AE 1984, 28) (Roma).
AE 1953, 126 (Carnuntum).
AE 1958, 162 (Beirut).
AE 1965, 223 (Intercissa, 246/7).
AE 1968, 167 (N.E. de Roma).
AE 1979, 77 (Roma, 98-138).
AE 1990, 752 (=1992, 579=1994, 606) (G erm ania, s. III).
AE 1991, 558 (Provincia de Pescara, s. I d.C.).
AE 1995, 266 (Roma?, 150-200).
BCA 69 (1941), pg. 171, n° 74 (Roma).
ILS 2020 (=CIL 10.6674) (Anzio, 54-68).
ILS 2030 (=CIL 6.2645) (Roma, hasta 50).
ILS 2035 (=CIL 6.2649) (Roma, fin s. I d.C.).
ILS 2051 (Éfeso).
TLS 2063 ( C I L 6.2627) (Roma, s. TI).
ILS 2067 ( C I L 6.2659) (Roma, 200-250).
ILS 2074 ( C I L 6.2634) (Roma, s. III).
ILS 2079 (Compostela).
TLS 2147 ( C I L 6.2662) (Roma, s. III).
JK 23, 382 (Esm irna).
CIL 2.2610 (Com postela, s. II).
CIL 3.4146 (Palotac, ad lacum Pelsonem - Panonia Superior, s. III).
CIL 3.5222 (Celeia - N órico, s. I/II).
CIL 3.5450 (Vallis fl. M ur - N órico, s. III).
CTL 3.7135 (=6085) (Éfeso).
CIL 3.7136 (=ILS 2052=IK 16) (Éfeso).
CIL 4.4310 (Pom peya, s. T d.C.).
CIL 5.901 (Aquileya).
CIL 5.923 (Aquileya).
CIL 5.925 (Aquileya, Augusto).
CIL 5.931 (A quileya, Augusto).
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

CIL 5.2392 (Ferrara).


CIL 5.2517 (Ateste, s. I/II).
CIL 5.5268 (Comum).
CIL 5.5525 (Tnfra Lacum Verbanum, M ediolanum ).
CIL 5.8283 (Aquileya, Augusto).
CIL 5, Suppl. Pais n° 39 (vallis Quieti, s. I-II).
CIL 6.46 (=AE 1992, 76) (Roma, 193-235).
CIL 6.2623 (Roma, 100-180).
CTL 6.2624 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2625 (Roma, s. III).
CIL 6.2626 (Roma, s. III).
CIL 6.2628 (Roma, 150-200).
CTL 6.2629 (Roma, 100-180).
CIL 6.2630 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2631 (Roma, 180-220).
CIL 6.2632 (Roma, s. III).
CTL 6.2633 (Roma, s. III).
CIL 6.2635 (Roma, 180-220).
CIL 6.2636 (Roma, s. III).
CIL 6.2637 (Roma, 213-227).
CTL 6.2638 (Roma, 213-227).
CIL 6.2639 (Roma, 100-180).
CIL 6.2640 (Roma, 200-250).
CIL 6.2641 (Roma, s. II/ITI).
CTL 6.2642 (Roma, s. III).
CIL 6.2643 (Roma, s. II).
CIL 6.2644 (Roma, 100-180).
CIL 6.2646 (Roma, 50-120).
CTL 6.2647 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2648 (Roma, c. 150).
CIL 6.2650 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2651a (Roma, s. Til).
CIL 6.2652 (Roma, 100-150).
CIL 6.2653 (Roma, 150-200).
CIL 6.2654 (Roma, 100-150).
CIL 6.2655 (Roma, 100-180).
CTL 6.2656 (Roma, s. III).
CIL 6.2657 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2658 (Roma, s. II).
CIL 6.2660 (Roma, e*. 50).
CTL 6.2661 (Roma, 50-120).
CIL 6.2663 (Roma, s. II).
CIL 6.3336 (Roma).
CIL 6.32538 (=2385, 2388, 3797=£C 4 1894, 126) (Roma, 213 d.C.).
CIL 6.32635 (=6.2812) (Roma, s. III).
CIL 6.32694 (Roma, 200-250).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL D li LA ANTIGUA ROMA

CIL 6.32696 (Roma, 161-300).


CTL 6.32697 (Roma, s. II/III).
CIL 6.32698 (Roma, 150-190).
CIL 6.32699 (=AE 1893, 21) (Roma, 50-150).
CIL 6.37217 (Roma, 100-180).
CTL 6.37217a (Roma, 100-180).
CIL 8.7081 (Cirta, N umidia).
CIL 9.1627 (Benevento).
CIL 9.2983 (Pagus U rbanus, 14-37).
CIL 9.3922 (A lba Fucens, 150-200).
CTL 9.3923 (Alba Fucens, 149 d.C.?).
CIL 9.4642 (=3971) (Rieti).
CIL 9.4682 (Rieti, fin s. I d.C.).
CIL 10.3897 (=6349) (Capua).
CTL 10.4642 (=3971) (Cales).
CIL 10.6096 (Formiac).
CIL 10.7896 (Tharros, Cerdeña).
CIL 10.8219 (Capua).
CIL 11.834 (M utina).
CIL 11.5937 (Tifernum Tiberinum, s. I d.C.?).
CIL 11.6111 (Forum Sempronii).
CIL 11.6224 (Fanum Fortunae, s. 1 d.C.).
CIL 11.6346 (Piasurum , s. I-II).
CIL 11.6348 (Pisaurum , s. I-II).
CIL 11.6508 (=AE 1972, 171 bis) (Sassina).
CIL 13.6728 (M ainz, 192 d.C.).
CIL 14.3626 (=ILS 2742) (Tibur, s. II).
CIL 15.7241 (Roma, c. 202).
CIL 15.7242 (=1LS 8698 b) (Roma, 203).
IRT 408 (Leptis M agna, 193-211).
RM D I, 75 (=AE 1964, 269 =AE 1966, 339 =ILJug. 2, 460) (Serdica, 222 d.C.).
RM D III, 188 (206).

VITI C ohorte:

AE 1928, 6 (-1 9 5 5 , 18) (Roma, 200-250).


AE 1948, 23 (Iesolo, Aquileya).
AE 1962, 259 (Caerleon).
AE 1966, 596 (Chcrchcl, 222-235).
AE 1976, 23 (=Aquileia Nostra 45-46 (1974-5), n° 6 ) (Roma).
AE 1979, 84 (Roma).
AE 1981, 388 (G anaceto, M utina).
AE 1982, 273 {Falerii N ovi, Italia; 150-200).
AE 1983,49 (Roma, s. TTT).
AE 1984, 65 (Roma).
AE 1990, 62 (Roma, 250-300).
ADOLFO RAÚL M ENÉNDKZ ARGÜÍN

A E 1992, 135 (Roma, 198-209 o 211-212).


AE 1993, 302 (Roma, inic. s. 111).
AE 1994, 680 (=CIL 5.1839) (Iulium Carnicum , Cisalpina).
A E 1995, 623 (Como, fin s. IT-s. TTT).
A E 1999, 614 (Pergola, Suasa, Italia; c. 50).
TLS 2054 (=CIL 6.2672) (Roma, s. 111).
CTL 2.2102 (O ssigi, B ética, s. II).
CIL 3.390 (-7 0 7 2 ) (A lejandría de Tróade).
CIL 3.3027 (Tarsatica, Dalmacia).
CIL 3.8765 (Salonae, D almacia).
CTL 5.886 (A quileya, Augusto).
CIL 5.904 (A quileya, Augusto).
CIL 5.1838 (.Iulium Carnicum, Alpes).
CIL 5.1840 (Iulium Carnicum, Alpes orientales).
CIL 5.3369 (Verona, s. I/II).
CIL 5.6886 (Gran San Bernardo).
CIL 5.7594 (A lba Pompeia, s. I/II).
CIL 6.2664 (Roma, hasta 70).
CIL 6.2665 (Roma, s. III).
CIL 6.2666 (Roma, s. ITT).
CIL 6.2667 (Roma, s. III).
CIL 6.2668 (Roma, s. III).
CIL 6.2669 (Roma, 200-250).
CTL 6.2670 (Roma, s. ITT).
CIL 6.2671 (Roma, s. III).
CIL 6.2673 (Roma, s. 111).
CIL 6.2674 (Roma, 180-220).
CTL 6.2675 (Roma, 100-180).
CIL 6.2676 (Roma, s. III).
CIL 6.2677 (Roma, s. III).
CIL 6.2678 (Roma, 200-250).
CIL 6.2679 (Roma, 100-150).
CIL 6.2680 (=32658) (Roma, s. IT).
CIL 6.2681 (Roma, 100-180).
CIL 6.2682 (Rom a, 200-250).
CIL 6.2683 (Roma, 50-120).
CIL 6.2684 (Roma, s. T d.C.).
CIL 6.2685 (Roma, 50-120).
CIL 6.2686 (Roma, 100-180).
CTL 6.2687 (=32659) (Rom a, 70-120).
CIL 6.2689 (Roma, 100-150).
CIL 6.2690 (Roma, s. III).
CIL 6.2691 (Roma, s. II).
CTL 6.2816 (=32539) (Roma, s. III).
CIL 6.2849 (=32607) (Roma, 235-8).
CIL 6.3895 (=32700) (Rom a, s. TIT).
PRF.TORTANOS: LA GUARDIA IM PERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CTL 6.32659 (Roma).


CIL 6.32701 (Rom a, s. II/III).
CIL 6.32702 (Roma).
CIL 6.37218 (=AE 1903, 124) (Roma, 200-250).
CTL 6.37219 (=AE 1911,200) (Roma; 100-150).
CIL 6.37220 (=AE 1911, 199=AE 1 9 89,55) (Roma, 150-190).
CIL 8.20996 (= A E 1889; 187) (Cesarea - M auretania, s. ITT).
CIL 9.2644 (Aesernia).
CIL 11.395 (=ILS 2648) (Rímini, 6 6 d.C.).
CIL 11.4571 (Carsulae).
CIL 11.4995 (=14.2958) (Ferentillo o Praeneste, s. I d.C.).
CIL 11.6057 (Urbino, 150-200).
CIL 11.6506 (Sassina).
CTL 12.3180a (N im es, s. I/IT).
CIL 15.7242 (=ILS 8698 b) (Roma, 203).
CIL 16.153 (M antua, 248).
Patsch 1891, 101, n° 1 (Aquileya, Augusto).
Patsch 1891, 102, n° 2 (Aquileya, Augusto).
BCA 1915, pg. 224 (=N.Sc. 1915, pg. 322) (Roma).
R M D III, 191 (210, Caracalla y Ceta).

IX C ohorte:

AE 1900, 2 (Isola del Gran Sasso, Piccno).


AE 1901, 242 (Roma?).
AE 1905, 165 (= lLJug. 2895) (Arguruntum, Starigrad, D almacia).
AE 1909, 15 (=ILS 9073) (Philippcville, Túnez, 268-270).
AE 1916, 50 (=NS 1915, 10) (Roma, 100-150).
AE 1916, 51 (=NS 1915, 12) (Roma, 100-180).
AE 1921, 83 (Roma, 150-190 d.C.).
AE 1924, 65 (Brestovitza, Filipópolis, Bulgaria, 244-249).
AE 1924, 107 (Roma, 120-180).
AE 1931, 91 (Roma, 100-180).
AE 1934, 232 (A quileya, s. II).
AE 1940, 83 (Roma).
AE 1955, 211 (Lyon).
AE 1972, 32 (Roma).
AE 1975, 101 (Roma).
AE 1978, 6 8 (Antem nae, Italia, 54-193).
AE 1990, 896 (Comana Pontica, Asia Menor, 113-114).
ILS 2034 (=CTL 6.2725) (Roma, c. 92 d.C.).
ILS 2058 ( C I L 6.2692) (Roma, 120-200).
ILS 2062 ( C I L 6.2711) (Roma).
ILS 2076 (=CIL 6.100) (Roma, 157 d.C.).
ILS 2081 (=CTL 11.5646) (M atilica, 100-150).
ILS 2147a (=CIL 5M 3= In sc.It. X, 4, 46) (Tergcstc, 222-235).
ADOLFO RAÚL M ENÉNDKZ ARGÜÍN

ILS 9199 (=CIL 3.14386 y 3.14387) (M antissa, 70-96).


In scrit. X 1, 74 (Pola, c. 50).
CIL 3.2887 (Corinium , Dalmacia).
CIL 3.5538 (Iuvanum - N órico, s. I d.C.).
CIL 4.1711 (Pom peya, s. I d.C.).
CIL 4.4311 (Pom peya, s. I d.C.).
CIL 5.867 (A quileya, s. II d.C.).
CIL 5.918 (A quileya, Augusto).
CIL 5.3368 (Verona).
CIL 5.6424 (Ticinum, med. s. II).
CTL 5.6513 (Novaría).
CIL 5.6597 (Novaría).
CIL 5.7256 (Segusio, Alpes Cotienos).
CIL 6.2693 (Roma, 100-180).
CIL 6.2694 (Roma, s. III).
CIL 6.2695 (Roma, 150-250).
CIL 6.2696 (Roma, s. III).
CIL 6.2697 (Roma, s. III).
CIL 6.2698 (Roma, s. III).
CIL 6.2699 (Roma, s. ITT).
CIL 6.2700 (Roma, 120-180).
CIL 6.2701 (Roma, 150-190).
CIL 6.2702 (Roma, 100-180).
CIL 6.2703 (Roma, 200-250).
CIL 6.2704 (Roma, s. III).
CIL 6.2705 (Roma, s. 11/111).
CIL 6.2706 (Roma, s. III).
CIL 6.2707 (Roma, 100-180).
CIL 6.2708 (Roma, s. III).
CIL 6.2709 (Roma).
CIL 6.2710 (Roma, 50-120).
CIL 6.2711 (Roma, s. ITT).
CIL 6.2712 (Roma, s. III).
CIL 6.2713 (Roma, 120-180).
CIL 6.2714 (Roma, 150-190).
CIL 6.2715 (Roma, 100-150).
CIL 6.2716 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2717 (Rom a, 100-150).
CIL 6.2718 (Roma, 100-180).
CIL 6.2719 (Roma, hasta 70).
CIL 6.2720 (Roma, s. II).
CIL 6.2721 (Roma, 100-180).
CIL 6.2722 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2723 (Roma, s. ITT).
CIL 6.2724 (Roma, 200-250).
CTL 6.2726 (Roma, 100-180).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CTL 6.2727 (Roma, 50-150).


CIL 6.32539 (Roma, 211-217).
CIL 6.32552 (Roma, 238-244).
CIL 6.32703 (=3897) (Roma, 100-180).
CIL 6.32704 (Roma, s. II).
CIL 6.32705 (=3896) (Roma, 100-180).
CIL 6.32706 (Roma, s. II/III).
CIL 6.32707 (Rom a, s. I d.C.).
CIL 6.32707a (=3898) (Roma, s. I/II).
CIL 6.37221 (Roma, c. 50).
CIL 8.2278 (Bagai - N um idia, s. III).
CIL 9.434 (Venusia).
CIL 9.650 (Lavello - Venusia).
CIL 9.2772 (Bovianum Vetus, s. I/II).
CIL 9.5740 (=AE 2000, 497) (Reciña, Ttalia).
CIL 9.5842 (A uxim um).
CIL 10.1762 (Puteoli, s. I/II).
CIL 10.6097 (Formiae).
CIL 10.6578 (Velitrae).
CIL 11.1842 (A rretium , s. I/II).
CIL 11.2594 (A sinalunga).
CIL 11.5385 (H ispellum , Asís).
CIL 11.5709 (Tuticum).
CIL 14.2953 (Preneste).
CIL 15.7244 (Roma).
CIL 16.10 (=AE 1932, 27) (Andreev, Bulgaria, 70).
CIL 16.149 (Brestovitza, 245).
RMD I, 78 (=Athenaeum 38 (1960), 4-25 =AE 1961, 240 =AE 1998, 467) (306).
Dusanic, E pigraphica 1993, 9-43 (=AE 1983, 523) (U trera, 70).

X C ohorte:

AE 1889,108 (=CIL 3.4037) (Poetovio, fin s. II).


AE 1897, 22 (Pom peya, s. I d.C.).
AE 1902, 203 (Roma, s. TTT).
AE 1904, 11 (=ILJug. 1953) (Gardun-Vojnie, Split, Dalmacia).
AE 1906, 73 (D eruta, Umbría, 120 d.C.).
AE 1934, 141 (Pom peya, a n te rio ra 79).
AE 1939, 186 (Filipos).
AE 1946, 148 (Roma, s. III).
AE 1952, 143 (Roma).
AE 1952, 230 (Salónica, Filipos, 180-220).
AE 1957, 104 (Roma).
AE 1968, 488 (=AE 1956, 10) (Éfeso, 246 d.C.).
AE 1969/70, 571 (=1972, 552=RMD T, 76) (Lcsko, Bulgaria-Tracia,).
AE 1979, 8 6 (Roma).

203
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARGÜÍN

ILS 2043 (=CIL 10.1754=AE 1992, 85) (Ravellum , Puteoli, s. III).


AE 1984, 61 (Roma).
AE 1984, 70 (Roma).
AE 1984, 104 (Roma, s. II).
AE 1984, 412 (Vintim ille, Italia).
AE 1991, 794 (=1994, 681) (O soppo, Italia, c. 50).
AE 1994, 910 (Jerez de la Frontera, 166 d.C.).
A E 1997, 456 (Corfinium , Italia, s. II/III).
A E 1998, 1628 (=Antonaras y N igdelis, Z P E 121 (1998), 283-6) (M acedonia,
227).
ILS 2045 (=CIL 6.2759) (Roma, 285-312).
ILS 2059 (=CIL 6.2754) (Roma, 100-180).
ILS 2095 (Roma, 241).
ILS 2098 (=C1L 6.208) (Roma, s. II).
ILS 2103 (=CIL 6.210) (Roma, 208).
ILS 2145 (=CTL 6.2755) (Roma, 81-100).
CIL 2.3180 (Valeria, Tarraconense).
CIL 3.10378 (=3395) (Capona, Panonia Inferior, s. III).
CIL 3.12336 (=AE 1994, 1552=IGRR I, 674) (Pautalia, 238).
CIL 3.505 (Patrae, Acaya, s. I d.C.).
CIL 4.8405 (Pom peya, s. T d.C.).
CIL 5.2496 (A teste, s. I/II).
CTL 5.5338 (Solva, Nórico).
CIL 6.323 (=ILS 474) (Roma, 221-222).
CIL 6.728 (Roma).
CIL 6.1636 (Roma).
CIL 6.2728 (Roma, 81-120).
CIL 6.2729 (Roma, 81-120).
CIL 6.2730 (=AE, 1979, 20=1996, 91) (Rom a, c. 250).
CIL 6.2731 (Roma, s. III).
CIL 6.2732 (Roma, s. 111).
CIL 6.2733 (Roma).
CIL 6.2734 (Roma, s. ITT).
CIL 6.2735 (Roma, s. III).
CIL 6.2736 (Roma, s. III).
CIL 6.2737 (Roma, s. III).
CIL 6.2738 (Roma, s. ITT).
CIL 6.2739 (Roma, 100-150).
CIL 6.2740 (Roma, s. II).
CIL 6.2741 (Roma, 100-180).
CIL 6.2742 (Roma, 200-270).
CIL 6.2743 (Roma, s. II).
CTL 6.2744 (Roma, s. I/II).
CIL 6.2745 (Roma, s. 11/111).
CIL 6.2746 (Roma, 200-250).
CIL 6.2747 (Roma, s. II).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CIL 6.2748 (Rom a, 100-180).


CIL 6.2749 (Rom a, 150-190).
CIL 6.2750 (Rom a, s. III).
CIL 6.2751 (Roma, 100-180).
CIL 6.2752 (Roma, 200-250).
CIL 6.2753 (Roma, 100-180).
CIL 6.2756 (Roma, s. III).
CTL 6.2757 (Roma, s. T d.C.).
CIL 6.2758 (Roma, s. III).
CIL 6.2760 (Roma, s. III).
CIL 6.2761 (Roma, 150-190).
CIL 6.2814 (=32558) (Roma, 249-51).
CIL 6.2856 (=32614=2417) (Roma).
CIL 6.3899 (=32709) (Roma, s. TT).
CIL 6.30685 (=6.16 =AE 1888, 69) (Roma, 241).
CIL 6.32617 (Roma).
CIL 6.32708 (Rom a, 50-120).
CIL 6.32709a (=BCA 1899, 42-50= £G 4 1901, 286-299=ILS 9190) (Roma, s.
11/ 111).
CIL 6.37188 (Roma).
CTL 6.37222 (Roma, s. III).
CIL 6.37223 (=BCA 1906, pg. 92, n° 2) (Roma, s. III).
CIL 6.37224 (Roma, s. III).
CIL 8.4197 (Verecundia Numidia, inic. s. III).
CIL 9.3611 (Aveia).
CIL 10.532 (=2852) (Salerno, s. 111).
CIL 10.1760 (Puteoli).
CIL 10.1761 (Puteoli).
CIL 10.3885 (Capua).
CTL 10.3900 (Capua).
CIL 10.4787 (Teanum Sidicinum , s. 1 d.C.).
CTL 11.1436 (Pisa, s. I/II).
CIL 11.2112 (Clusium , 100-150).
CIL 11.4363 (Ameria).
CIL 11.4574 (Carsulae, s. I/IT).
CIL 11.6503 (Sassina).
CIL 11.6507 (Sassina, s. II/III).
CIL 11.7093a (-IL S 9189) (Perusia, 119-120).
CTL 14.2952 (=Denkm 746) (Praeneste).
CIL 14.4491 (Ostia).
CIL 16.143 (=AE 1892, 100) (N icopolis a d Istrum Viena, 226).
BCA 1915,230 (Roma).
RM D III, 179 (166).
ADOLFO RAÚL M ENÉNDEZ ARUÜÍN

Cohortes X I-X IV (C alígula-Claudio-Nerón):

A E 1925, 19 (Roma).
AE 1933, 128 (Salzburg).
AE 1975, 764 (D zigurovo, Tracia, 41-70).
AE 1995, 227 (Rom a, 50-100).
ILS 2032 (=CIL 6.2767) (Roma, 41-68).
ILS 2033 (=CIL 3.4838) (Virunum, N órico, fin s. I).
CIL 5.905 (A quileya, s. I d.C.).
CIL 5.2513 (A teste, 41-68).
CIL 5.7003 H L S 2701) (Taurini, 65).
CIL 5.7162 (Piam onte, 41-68).
CIL 5.7258 (=1LS 2031) (Segusio - Alpes Cotienos, 41-68).
CIL 6.2762 (Roma, 37-70).
CIL 6.2763 (Roma, 37-70).
CIL 6.2764 (Roma, 37-70).
CTL 6.2765 (Roma, 37-70).
CIL 6.2766 - (Roma, 37-70).
CIL 6.2768 (Roma, 37-70).
CIL 6.37225 (=BCA 1906, pg. 99) (Roma, 37-70).
CIL 6.37226 (=32710) (Roma, 37-70).
CIL 6.37227 (Roma, 37-70).
CIL 11.4786 - (Spoletium , 37-70).

Pretorianos sin especificación de cohorte:

AE 1893, 8 (Knin).
AE 1908, 139 (D iinikli, Serdica, Tracia, s. III).
AE 1908, 10 (=ILS 9188) (Lam bacsis, 160/162).
AE 1916, 63 (Este, Italia).
AE 1927, 93 (A ntioquía de Pisidia, fin s. I d.C.).
AE 1927, 120 (Sepino, s. TI).
AH 1930, 84 (Stobi, M acedonia, 119).
AE 1931, 72 (Stobi, 119).
AE 1935, 16 (Lyon).
AE 1935, 155 (Roma).
AE 1939, 156 (=CIL 3.3365) (Csávár, Panonia).
AE 1940, 57 (Cenchrees, Grecia).
AE 1944, 143 (H aiduk, Tracia).
AE 1947, 35 (cerca de Brigetio, Panonia, s. II).
AE 1948, 226 (A ezani, Frigia).
AE 1949, 108 (K sar Tonal Zam m el, Túnez, s. III).
AE 1952, 119 (Italica).
AE 1953, 58 (Roma).
AE 1954, 162 (Luco Feronia, Italia, s. I d.C.).
AE 1955, 24 (Roma).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL ¡)L LA ANTIGUA ROMA

AE 1955, 225 (Cyrrhus, Siria).


AE 1957, 163 (Leíthaberge, Panonia, 190-220).
AE 1957, 185 (Timgad).
AE 1957, 218 (=1981, 344) (M agliano, Toscana, s. II/III).
AE 1957, 296 (O escus, M esia-Tracia).
AE 1958, 97 (=JRS 41 (1957), 227) (York).
AE 1962,292 (M ainz).
AE 1965, 114 (Plovdiv, c. 268).
A E 1965, 288a (A rim inum , s. ITT).
A E 1967, 33 (Rom a, 100-180).
AE 1967, 524 (=R.W. D avies, J R S 51 (1967), 20-22; =R.O. Fink, A JP 8 8 (1967),
84-85) (D ura Europos, 243).
AE 1969/70, 136 (=ERC I, 34) (Canusium , s. II/ÏI).
AE 1972, 572 (=AE 1969/70, 595 a.) (Éfeso, 81-96).
AE 1974, 648 (Apam ea, c. 233).
AE 1975, 152 (Albano, med. s. 111).
AE 1975, 325 (Pescina, M arsi M arruvium , Regio IV; inic. s. III).
AE 1975, 770c (Salónica, 253-268).
AE 1976, 22 (=Aquileia N osíra 45-46 (1974-5), n° 5) (Roma).
AE 1977, 122 (Roma).
A E 1977, 179 (Settecam ini, Roma, s. II d.C.).
AE 1978, 257 (Velia, Italia; fin s. I d.C.).
AE 1978, 306 (G rosseto, Italia).
AE 1979, 149 ( Teanum, Italia; 150-200).
AE 1979, 150 ( Teanum, Italia; 161-9 o 177-180).
AE 1979, 555 (D askalovo, Tracia).
AE 1980, 105 (Roma).
AE 1980, 111 (Roma).
AE 1980, 213 (Form ia, Italia).
AE 1980, 223 (Capua).
AE 1981, 322 (Sentinum, s. III).
AE 1982, 164 (=1984, 183) (Suessa, Italia; Augusto).
AE 1984, 515 (=1978, 415) (Écija).
AE 1986, 19 (Roma, s. IT).
AE 1986, 268 (Vercellae, s. Ï-TTT).
AE 1987, 454 (Pegognaga, M antua, 90-134/40).
AE 1989, 134 (cerca de Anzio, 50-120).
AE 1989, 306 (Caere, Italia, hasta 50).
AE 1990,433 (M ilán; 193-235).
AE 1991, 171 (Roma, fin s. II).
AE 1991, 1183a (=1996, 964=CIL 12,16) ( Vintiwn, Alpes M arítimos).
AE 1992, 564 (=CIL 11.6125) (Forum Semproni, hasta 50).
AE 1992, 714 (=CJL 5.1175) (Aquileya, hasta 50).
AE 1993 454 (=CIL 4.3340, 45) (Pom peya, antes de 79).
AE 1993, 440 (Tufano, Italia, hasta 50).
AE 1993, 550 (Aesernia, Italia, fin s. I d.C.).
ADOLFO RAÚL MKNKNDEZ ARGÜÍN

AE 1993, 646 (Volterra, 163-164).


AE 1994, 497 (Larinum, Italia).
AE 1995, 259 (=1895, Î24) (Paliano, Italia; c. 65).
AE 1995, 1337b (Iatrus, Mesia Inferior, 207 d.C.).
AE 1996, 640 (Amelia, Italia, 150-200).
AE 1997, 1627c (Amm aedara, A frica, íníc. s. III).
AE 1998, 1132 (Svistov, 100-230).
AE 1998, 1062 (Staratowice, Polonia M eridional; s. TI).
AE 1998, 1140 - (Sacidava, cerca de Constanza; í 80-220).
AE 1998, 1481b (Alejandría, 150-200).
BCA 1902, pg. 286 (Roma).
BCA 69 (1941), pg. 173, n° 80 (Roma).
ÍLJug. 36 (Scupi, s. III).
ILJitg. 332 (N eviodunum , 200-250).
ILJug. 338 (Poetovio).
ILJug. 1292 (Timacum Minus).
ILS 2012 ( C I L 6.1009) (Roma, 140).
ILS 2013 (=CIL 6.216=6.30718) (Roma, s. IIT).
ILS 2014 (=CTL 6.1921 a) (Roma).
ILS 2015 (=CIL 3.4843) (Virunum - N órico, Augusto).
ILS 2016 (Roma).
ILS 2017 (=CIL 9.40) (Brundisium ).
ILS 2022 (=CIL 5.2837) (Patavium , s. T d.C.).
ILS 2023 ( C I L 12.1187) (Carpento-rate, N arbonense, s. I).
ILS 2039 (=CIL 10.1759) (Puteoli, s. 11/111).
ILS 2046 (=CIL 8.9391 ) (Cesarea de M auretania, s. 111).
ILS 2061 (=CTL 14.220) (Ostia).
ILS 2072 (=CIL 6.2776) (Roma).
ILS 2087 (=C1L 6.2780) (Roma).
TLS 2094 (=CTL 6.2799=32543) (Roma, 227).
ILS 2099 (=CIL 6.213) (Roma, 181).
ILS 2100 ( C I L 6.212) (Roma, 181).
ILS 2173 ( C I L 6.2977) (Roma, 250-300).
ILS 2782 (Roma).
ILS 5947a ( C I L 3.586) (Lamia, 1 î 7-138).
ILS 9475 (Egerdir, A sia Menor).
CIL 2.1477 (Astigi).
CIL 3.385 (Alejandría de Tróadc).
CIL 3.2888 (Corinium, Dalmacia).
CIL 3.2917 (ladera - Dalmacia, 100-125).
CIL 3.3220 (=10198) (Bassiana, Panonia inferior; fin s. 11-111).
CIL 3.3846 (Emona - Panonia Superior).
CIL 3.4001 (=10865) (Daruvar, cerca de Siscia).
CIL 3.4114 (Zagoria, cerca de Poetovio).
CIL 3.5223 (Celeia, Nórico).
CIL 3.5412 (Voitsberg, N órico).

208
P RETO RIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE I, A ANTIGUA ROMA

CIL 3.5577 (Bedaium , Nórico).


CIL 3.5595 (Bedaium ).
CIL 3.5606 (Koppach, área de O vilava, s. III).
CIL 3.5642 (Lietzen - Nórico).
CIL 3.7421 (M okres, O escus - M esia Inferior, s. III).
CIL 3.7596 (incerta, M esia Inferior).
CIL 3.9870 (Ridita, Dalmacia).
CTL 3.10286 (-6 4 5 3 ) (Sopiana).
CIL 3.10888 (Poetovio - Panonia Superior, s. ITT).
CIL 3.13201 (Knin, Dalmacia).
CIL 3.13648 (=JGRR III, 1432) (A m astris, s. I-II).
CIL 3 .1 4 i 87 (=IGRR III, 1433).
CIL 3.13743 (A uctarium , Tomis - M esia Inferior, s. III).
CIL 4.1266 (Pom peya, s. I).
CIL 4.1266 (Pom peya, s. I).
CIL 4.4688 (Pom peya, s. I).
CIL 5.45 (Pola).
CIL 5.478 (Istria).
CIL 5.748 (Aquileya).
CIL 5.2394 (Ferrara).
CIL 5.2475 (Ateste, 190-220).
CIL 5.2784 (Patavium ).
CIL 5.2832 (Patavium ).
CIL 5.3363 (Verona).
CIL 5.4243 (-IL S 3<)69=Inscr. It. X, 5, 948) (Brixia, 190-220).
CIL 5.5071 (A nauní, s. I/II).
CIL 5.5821 (M ediolanum ).
CIL 5.6868 (Gran San Bernardo, s. IT).
CIL 5 .7 î 64 (Pedem ontanae incertae).
CIL 5.7163 (Pedem ontanae incertae., s. Í-III).
C IL 5 .8 846 (Pedemon tanae incertae).
CIL 6.211 (Roma, 174).
CIL 6.214 (=6.30716) (Roma, 185).
CIL 6.215 (=6.30717) (Roma).
CIL 6.716 (Roma, 208).
CIL 6.738 (Roma, 193-211).
CIL 6.999 (Roma, 138).
CIL 6.1599 (Roma).
CIL 6.1640 (Roma).
CIL 6.1645 (Roma, 244-249).
CIL 6.2769 (Roma, s. II).
CTL 6.2770 (Roma, s. III).
CIL 6.2771 (Roma, s. 111).
CIL 6.2772 (=32660) (Roma, s. ITT).
CIL 6.2773 (Roma, s. III).
CIL 6.2774 (Roma, s. III).
ADOLFO RAÚL MBNÉNDKZ, ARGÜÍN

CIL 6.2775 (Roma, s. IT).


CIL 6.2776 (Roma, s. II).
CIL 6.2777 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2778 (Roma, s. II).
CIL 6.2779 (Roma, s. III?).
CTL 6.2780 (Roma, s. I/II).
CIL 6,2781 (Roma, hasta 50).
CIL 6.2782 (Roma, Augusto).
CIL 6.2783 (Roma, s. ΙΠ).
CIL 6.2784 (Roma, s. II/III).
CIL 6.2785 (Roma, s. III).
CIL 6.2786 (Roma, s. II).
CIL 6.2787 (Roma, 285-312).
CIL 6.2788 (Roma, 150-190).
CIL 6.2789 (Roma, s. III).
CIL 6.2790 (Roma, s. II).
CIL 6.2791 (Roma, s. TT/III).
CIL 6.2792 (=AE 1992, 92.10) (Roma, s. III).
CIL 6.2793 (Roma).
CIL 6.2794 (Roma).
CIL 6.2795 (Roma, s. ITT).
CTL 6.2796 (Roma, s. I/Il).
CIL 6.2803 (=32578) (Roma, s. Til).
CIL 6.2804 (-3 2 5 7 9 ) (Roma, s. III).
CIL 6.2810 (=32584) (Roma).
CIL 6.2819 (=32567) (Roma, 266).
CIL 6.2824 (=32556) (Roma, 244-9).
CIL 6.2828 (=32595) (Roma).
CIL 6.2830 (=32555) (Roma, 244-9).
CIL 6.2832 (Roma, s. III).
CIL 6.2835 (Roma, s. III).
CIL 6.2843 (=32554) (Roma, 248).
CIL 6.2846 (Roma, s. TTT).
CIL 6.2852 (=32557) (Roma, 249-51).
CIL 6.2855 (=32610) (Roma, s. ITT).
CIL 6 , 3238 (=Denkm 543) (Roma, s. ITT).
CTL 6 , 3239a (=Denkm 641) (Roma, s. III).
CIL 6.3277 (Roma, s. III).
CIL 6.3408 (Roma, s. III).
CIL 6.3559 (Roma, 152-3).
CTL 6.3661 (Roma).
CIL 6.3787 (=31381) (Roma, 285-305).
CIL 6.3900 (=32712) (Roma, s. T/II).
CIL 6.3901 (Roma).
CIL 6.30715 (=6.207) (Roma, 100-150).
CIL 6.30881 (=1LS 5462) (Roma, 118).
PR ETORIA L OS: LA GUARDIA IMPERIAL D E LA ANTIGUA ROMA

CIL 6.31352 (Roma, 193-235).


CIL 6.31387a (Roma, 285-305).
CTL 6.31871 (Roma).
CIL 6.32540 (-2 8 8 9 ) (Roma, s. III).
CIL 6.32554 (Roma, 243).
CIL 6.32578 (=2803) (Roma, s. III).
CIL 6.32579 (Roma, s. III).
CIL 6.32597 (Roma).
CIL 6.32619 (Roma, s. III).
CIL 6.32711 (Roma, s. III).
CIL 6.32713 (Roma, s. I/II).
CIL 6.32714 (Roma, 222-235).
CIL 6.32715 (Roma, s. II/III).
CIL 6.32716 (Roma).
CIL 6.32716a (Roma, s. I/II).
CIL 6.32716b (Roma, hasta 50).
CIL 6.32716c (Roma).
CIL 6.32887 (Roma, 221).
CIL 6.37228 (=AE 1913, 97) (Roma, s. Τ/ΠΙ).
CIL 6.37229 (Roma, s. I/II).
CIL 6.37230 (Roma).
CIL 6.37231 (Roma, s. III).
CIL 6.37232 (Roma, s. III).
CIL 6.37233 (Rom a, s. II/III).
CIL 6.37234 (Roma).
CIL 6.37235 (=BCA 1906, pg. 105) (Roma, s. I/II).
CIL 6.37236 (Roma, s. II/III).
CIL 6.37237 (=BCA 1905, pg. 159) (Roma, 50-150).
CIL 8.2444 (Saltus A rausius, N um idia).
CIL 8.2624 (Lambaesis).
CIL 8.4245 (M arkuna - Numidia, s. III).
CIL 9.1424 (Aequum Tuticum, s. III).
CIL 9.3021 (Teate M arrucinorum, s. II/III).
CTL 9.3572 (Paganica).
CIL 9.3814 (Casali di Lecce, s. I/II).
CIL 9.3853 (Supinum).
CIL 9.4678 (Reate).
CTL 9.4683 (Reate, fin s. I d.C.).
CIL 9.5189 (Asculum, 190-220).
CIL 9.5358 (=ILS 1325) (Roma, c. 150).
CIL 9.5359 (Roma).
CIL 9.5650 (Trea).
CIL 10.214 (G rnm entum).
CIL 10.475 (Paestum).
CIL 10.6489 (Ulubrae, s. I/II).
CTL 10.6577 (Velitrae, s. II/IIT).
ADOLFO RAÚL MENÉNDKZ ARGÜÍN

CIL 10.6669 (Anzio, s. I).


CIL 10.7589 (Carales, Sardinia, s. III).
CIL 10.8212-8213 (M iseno).
CIL 10.1133 (A bellinum , Italia, s. III).
CIL 11.81 (Rávena).
CIL 11.396 (Rimini).
CIL 11.706 (Bononia).
CIL 11.710 (Bononia).
CIL 11.836 (M utina, Î 80-250).
CIL 11.958 (Regium Lepidum . 150-200).
CIL 11.1057 (Parma).
CIL 11.2956 (=ILS 6593) (Tuscana, fines s. I-III).
CIL 11.3108 (Falerii, 100-135).
CIL 11.4364 (Ameria, s. I).
CTL 11.5388 (Asisium).
CIL 11.5696 (Tufïcum, 138-161).
CIL 11.5702 (Tufïcum).
CIL 11.5960 (Pitinum Mergens).
CIL 11.6055 (=LLS 2743) (Urbino, c. 180).
CIL 11.6168 (Suasa, Regio VI).
CIL 11.6342 (Pisaurum , s. TT-III).
CIL 11.6343 (Pisaurum , s. I),
CTL 11.6350 (=ILS 9066) (Pisaurum ).
CIL 12.599 (Ager A re latens is).
CIL 12.680 (Arelate, s. T d.C.).
CIL 13.2948 (A gendicum , Lugdu-nense).
CIL 13.3679 (Trier, s. III).
CTL 13,6823 (M ogontiacum , s. III).
CIL 13.8267b (Colonia).
CIL 13.8516 (Rheinkassel, s. TTT).
CTL 14.2270 (ager A lbanus, 150-250).
CIL 14.2271 (ager Albanus).
CIL 14.2430 (entre Bovillae y Castrim oenium ).
CIL 14.4488 (Ostia).
CIL 15.3 (Roma).
CIL 15.7237 (=ILS 8697) (Roma, 211-217).
CIL 15.7238 (Roma, 217-8).
CIL 15.7239 (Roma, s. III).
CIL 15.7240 (Roma, 175).
S. de Caro, Cron.Pomp. 5 (1979), pg. 8 8 (Pom peya, c. 50).
S. de Caro, Cron.Pomp. 5 (1979), pg. 89-90 (Pom peya, c. 50).
S. de Caro, Cron.Pomp. 5 ( Î 979), pg. 91 - (Pom peya, med. s. I).
IGRR I, 58 (=IG XIV, 981) (Roma).
1GRR L 186 (Roma).
IGRR 1, 266 (Roma).
IGRR T, 738 (O murovo, Tracia).

212
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

IG RR í, 739 (M eritchily, Filipópolis, Tracia).


IG R R I, 1489 (O m urovo, Tracia).
IGRR I, 1499 (D iinikii, Bulgaria).
IGRR III, 242 (K irili-K abassa, Galacia).
IG RR IV, 537 (Cotiaei, Asia, s. T/ÏI).
IG RR IV, 1184 (A polonia, Asia, s. III).

Statores A ugusti:

ILS 2134 (Roma).


ILS 2135 (Roma).
TLS 2136 (=CIL 10.1766= 10.2842=AE 1988, 298) (N ápoles, s. III).
ILS 2138 (=CIL 5.7257) (Segusio - A lpes Cotienos).
AE 1952, 144 (Roma).
CIL 6.221 (Roma).
CIL 6.2823 (=L Gr. XIV, 991) (Roma).
CTL 6.2949 (Roma).
CIL 6.2950 (=32744) (Roma).
CIL 6.2951 (Roma, s. III?).
CIL 6.2952 (izq.) (=ILS 2133) (Roma).
CIL 6.2952 (derecha) (Roma).
CTL 6.2954 (=ILS 2137) (Roma).
CIL 6.2955 (Roma).
CIL 6.2956 (Roma).
CIL 6.2957 (Roma).
CIL 6.2958 (Roma).
CIL 6.32745 (Roma).
CIL 6.32746 (Roma).
CIL 6.32747 (Roma).
CTL 9.4923 (Trebula M utuesca, Regio IV).

Evocati A ugusti:

AE 1911, 56 (=AE 1975, 781) (Palaeopolis, Andros, 198-209).


AE 1934, 143 (=N.Sc. 1933, 322-3, n° 3) (Pom peya, 50-79).
AE 1937, 135 (=1949, \6H=Not. Scavi. 1937, pg. 44) (Roma, cast, praei., 181).
AE 1937, 195 (Aquincum ).
AE 1940, 206 (Synnada).
AE 1946, 38 (Numidia, 198-201).
AE 1946, 143 (Roma).
AE 1952, 153 (Aquileya, 81-96).
AE 1958, 252 (O hnd, M acedonia).
AE 1961, 30 (180-220).
AE 1969/70, 637 (Cirene, 244-49).
AE 1973, 75 (Roma, 193-211).
AE 1973, 82 (Roma).
ADOLFO RAÚL MKNÉNOhCZ ARGÜÍN

AE 1974, 626 (=IK 28.2) (lasos, Asia M enor, fin s. II).


AE 1975,23 (Roma).
AE 1978, 651 (=AE i 967, 362) (A quincum , Panonia Inf., 163/4-166).
AE 1979, 611b (íasus, Asia M enor).
AE 1980, 119 (Roma).
AE 1980, 375 (Sulmo, Italia).
AE 1981, 785 (Ankara, 212-260).
AE 1983, 369 (Fanum Fortunae).
AE 1987, 123 (Roma, s. III).
AE 1987, 153 (Roma).
AE 1990, 64 (Roma, s. III).
AE 1991,277 (Roma, c. 140).
AE 1992, 622 (M ódena, s. I-II).
AE 1993, 166 (Roma, inic. s. III).
AE 1993, 167 (Roma, 180-220).
AE 1993, 331 (Roma, fin s. II).
AE 1993, 1577 (=AE 1996, 1540) (Apamea - Siria, c. 217-218).
AE 1994, 486 (Foggia).
AE 1994, 1580 (N ikodin, M acedonia; med. s. II).
AE 1994, 1771 (Laodicea - Siria; post. 197-8).
AE 1998, 569 (Forum iulii , s. III).
AE 1999, 1770b (=CIL 8.23395) (H r Abd es-Selam , Bizacena).
AE 2000, 1303 (Lculcopetra, M acedonia, 187-192).
BCA 69 (1941), pg. 172, n° 79 (Roma, s. II).
BCA 82 (1970-1), pg. 72, nü 3 (Roma, s. II).
BCA 95 (1993), pg. 158, n° 3 (Roma, s. III).
ILS 2140 (=CIL 3.446) (Tralles).
ILS 2148 (=CÏL 3.6775) (Tyana, Capadocia).
ILS 5433 (213).
ILS 5966 (M actar, Africa).
CIL 2.5232 (Collipo, 167).
CIL 2.6087 (Tarraco).
CIL 3.2816 (Scardona, Dalmacia).
CIL 3.3413 (Aquincum ).
CIL 3.3470 (=ILS 2453) (Aquincum ).
CIL 3.3565 (-TLS 2393 acid.) (Aquincum ).
CIL 3.4854 (Virunum, Nórico).
CIL 3.6359 (=1LS 2665) (Risinum , Dalmacia, s. II).
CIL 3.6543 (Atenas).
CIL 3.7108 (Esm im a).
CIL 3.7299 (=6547) (Opus - Lócride).
CIL 3.11129 (=ILS 4309) (Carnuntum).
CIL 3.12109 (=TLS 2151) (Salam ina de Chipre, s. III?).
CIL 3.13360 (Cibalis, Pan. Inf.).
CIL 3.14072 (Carnuntum).
CTL 3.14409.1 (Sofia).
PR E TO RIAN O S : LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CIL 5.742 (Aquileya).


CIL 5.1057 (Aquileya).
CIL 5.2161 (Altinum ).
CIL 5.5831 (M ilán).
CIL 6.2772 (Roma, s. 111).
CIL 6.2805 (=32580) (Roma, s. 111).
CIL 6.2829 (=32596) (Roma, s. III).
CIL 6.3411 (Roma, s. III).
CIL 6.3412 (Roma).
CIL 6.3413 (Roma).
CTL 6.3414 (=ILS 2150) (Roma).
CIL 6.3415 (Roma).
CIL 6.3416 (Roma).
CIL 6.3417 y 3418 (Roma).
CIL 6.3419 (Roma).
CTL 6.3420 (Roma).
CIL 6.3421 (Roma).
CIL 6.3422 (Roma).
CIL 6.3423 (Roma).
CTL 6.3424 (Roma).
CIL 6.3425 (Roma).
C1L 6.3426 (Roma).
CIL 6.3427 (Roma).
CTL 6.3428 (Roma, 214).
CIL 6.3429 (Roma).
CIL 6.3430 (Roma, s. III).
CIL 6.3431 (Roma, s. III).
CTL 6.3432 (Roma).
CIL 6.3433 (Roma).
CIL 6.3434 (Roma).
CIL 6.3435 (Roma).
CTL 6.3436 (Roma).
CIL 6.3437 (Roma).
CIL 6.3438 (Roma).
CIL 6,3439 (Roma).
CTL 6.3440 (Roma).
CTL 6.3441 (Roma).
CIL 6.3442 (Roma).
CIL 6.3443 (Roma).
CIL 6.3444 (Roma).
CIL 6.3445 (Roma).
CIL 6.3446 (=37265=£C 4 1906, pg. 86) (Roma).
CIL 6.3446a (Roma).
CIL 6.3736 (=31122) (Roma).
CIL 6.3917 (=32882) (Roma).
CIL 6.3918 (=32884) (Roma).
ADOLFO RAÚL MKNÉNDLZ ARGÜÍN

CIL 6.29822 (Roma).


CIL 6.32580 (Roma, s. III).
CIL 6.32880 (Roma, s. III).
CIL 6.32881 (Roma, 96).
CIL 6.32883 (Roma).
CIL 6.32885 (Roma).
CIL 6.32881 (Roma).
CIL 6.32887 (Roma, 221).
CTL 6.32888 (Roma).
CIL 6.32889 (Roma).
CIL 6.32895 (Roma).
CIL 6.37266 (Roma).
CTL 6.37267 (Roma, s. II).
CIL 6.37268 (Roma).
CIL 6.37269 (Roma).
CIL 8.2636 (Lambaesis).
CTL 8.2728 (Lambaesis).
CIL 8.2852 (Lambaesis).
CIL 8.3008 (Lambaesis).
CIL 8.9652 (Cartenna, Mauretania
Ccsariense).
CIL 8.18065 (=TLS 2452) (Lam baesis, 162).
CIL 9.949 (Aecae, Regio IT).
CIL 9.2010 (-1 7 7 8 ) (Benevento).
CTL 10.204 (=306) (Grum entum).
CIL 10.537 (Salerno).
CIL 10.1773 (Puteoli).
CIL 10.5910 (A nagnia, Regio I).
CIL 10.6579 (Velitrae, s. I-II).
CIL 10.7289 (Panormo).
CIL 10.8059, 342 (Nápolcs).
CIL 10.8294 (Anzio, s. I?).
CIL 11.19 (=ÍLS 2664) (Rávena).
CIL 11.1602 (Florentia, fin s. I d.C.).
CIL 11.1919 (Perusia).
CIL 11.2108 (Clusium ).
CIL 11.3006 (Viterbo).
CIL 11.3057 (Horta).
CIL 11.3110 (Falerii, s. I).
CIL 11.5666 (Tadinum, 180-250).
CTL 11.5935 (Tifernum Tiberinum).
CIL 11.6122 (Forum Sempronii, s. I-II).
CIL 13.6271 (A lsheim , M ainz).
CIL 14.219 (Ostia).
CIL 14.227 (Ostia).
CIL 14.2258 (Roma. 244).
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

CIL 14.2617 (Tusculum).


CIL 14.2288 (Albano).
CIL 14.2954 (Praeneste, hasta 50).
RIB 988.
RIB 966 (=ILS 4724a).

D iplom ata m ilitares pretorianos:

AE 1914, 259 (Tnan- Cism e, Dobrudja, 233).


AE 1924, 65 (Brestovitza, Filipópolis, Bulgaria, 244-249).
AE 1930, 16 ( Vindonissa, c. 90).
AE 1935, 161 (Zemun, Panonia, 244).
AE 1939, 124 (D ereslij, Bulgaria, 224).
AE 1969/70, 420 {=RMD I, 1) (Augst, 73-74).
AE 1969/70, 571 (-1 9 7 2 , 552-R M D I, 76) (Lesko, Bulgaria, 224).
AE 1972, 503 (=RMD I, 77) (Sohace, Bulgaria, 236).
AE 1982, 789 (=RMD II, 135) (N iederleis, Panonia, 222-235).
AE 1985, 390 (La Spezia, Italia).
AE 1987, 454 (=RMD III, 163) (M antua, 90-134/40).
AE 1990, 433 (=RMD III, 182) (90-178?).
AE 1994, 910 (Jerez de la Frontera, 166).
A E 1998, 1628 (=Antonaras y N igdelis, ZP E 121 (1998), 283-6) (M acedonia,
227).
AE 2000, 739 (Sevilla, 260-8).
AE 2000, 1203 (Császár, Pan. Sup., 221-222).
AE 2000, 1849 (Panonia, 221-222).
CIL 6.37181 (Roma, 70-96).
CIL 6.37183 (Roma, 222).
CIL 16.21 (=ILS 1993) (Constanza, 76).
CIL 16.25 (=AE 1891, 153) (Roma, 79?).
CIL 16.81 (W indisch; 89/134).
CIL 16.95 (=AE 1933, 149) (Paestum, 148).
CTL 16.98 (=AE 1935, 112) (Aguntum , Nórico, 150).
CIL 16.124 (Anxanum, 161/8).
CTL 16.134 (cerca de Umago, 194).
CIL 16.135 (M antua, 208).
CIL 16.136 (Budapest, 212).
CIL 16.139 (Filipópolis, Tracia, 221).
CIL 16.140 (=AE 1908, 202) (Roma, 222).
CTL 16.142 (Budapesi-Aquincum , 225).
CIL 16.143 (=AE 1892, 100) (N icopolis ad Istrum -Viena, 226).
CIL 16.145 (B u carest- D a c ia , 233).
CIL 16.147 (Lyon, 243).
CIL 16.148 (Zagreb, 244).
CIL 16.149 (Brestovitza, 245).
CIL 16.151 (Piamonte, 246).
ADOÍ.KO RAÚL MBNÉND1ÎZ ARGÜÍN

CIL 16.153 (M antua, 248).


CIL 16.155 (=CIL 5 Suppl. Pais n° 957) (Turin, 254).
CTL 16.156 (-C IL 9.261) (Torre d ’Agnazzo, 298).
RM D I, 75 (=AE 1964, 269 =AE 1966, 339 = IU itg. 2, 460) (Serdica, 222).
RM D I, 78 (=AE 1961, 240=A E 1998, 467) (306).
RM D II, 124 (180/184).
R M D U , 132 (228).
RMD III, 179 (=J. González, “Epigrafía jurídica de la Bética”, en Roma y las
provincias, Sevilla 1992, 10-12) (166),
RM D III, 188 (206).
RM D ITT, 191 (210).
RMD III, 193 (223).
RM D HT, 195a (222-232 o 226).
RM D III, 195b (226).
RM D ITT, 199 (246).
RMD III, 200 (206-250?).
Dusanic, Epigraphica 1993, 9-43 (=AE 1983, 523) (Utrera, 70).
APÉNDICE ITI

PREFECTOS DEL PRETORIO (2 a.C-312 d.C.)

1,- Quinto Ostorio Scapula (2 a.C.-c. 4 d.C.)


A E 1938, 136; 1949, 250; 1980, 907; 1982, 907; 1984, 18.
Casio D ión 52.24.3; 55.10.10.
P. Mich. Tnv. 1436 y 1440.
Tácito, Agrícola 14.

2,- Publio Salvio Apro (2 a.C.-c. 10 d.C.)


CIL 5.7598.
Casio Dión 55.10,10.
Tácito, A nnales 4.42.3 y 6.30.1.

3,- PubHo Valerio Ligón (fin dei reinado de Augusto)


CIL 5.7598.
Casio Dión 60.23.2.

4,- Lucio Seyo Estrabón (Augusto y Tiberio)


CIL 5.4716.
CIL 6.9535=ILS 8996.
Casio Dión 57.19.5-6.
Plinio, N.H. 36.26.197.
Tácito. Anuales 1.7.3; 1.24.3; 4.1.2; 6 . 14 ( 8 ).
Veleyo Patérculo 2.127.3.

5,- Lucio Elio Sejano (14-31 d.C.)


Carson, R.A.G., P rincipal Coins o f the Romans. II. The Principa te 31 b.C.-A.D.
296, Londres 1908; pág. 16, n° 377.
Cohen, H., D escription historique des m onnaies fra p p és sous l ’Empire romain,
com m uném ent appelées m édailles im périales, 1, 2a Edición, Graz 1955; pág, 198,
nü 97.
CIL 6.10213.
CIL 14.4533 (col. 2, líneas 15 y ss. - Fasti Ostienses).
Dión, excerpta apud M aium, p. 199.
Casio Dión 57.19.5-6; 57.19.7; 57.21.3; 57.22.1-2; 57.24.7; 58.1.1; 58.2.7; 58.3;
58.4; 58 .5 .Î; 58.6.2; 58.7.5; 58.8.2; 58.9.1-6; 58.12.2; 58.18.2; 66.14.1-2.
Eusebio, Historia Eclesiástica 2.5.7.
Josefo, Ant. Judías 18.6.5; 18.6.6.
Juvcn a i, Sátiras 10 .6 2 y s s .
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Séneca, Consolatio a d M arciam 22.


Suetonio, Tiberio 37.3; 45; 48.4; 55.2; 65.2.
Suetonio, Claudio 27.2.
Tácito, Annales 4.1.2-4; 4.2.1-2; 4.3.2; 4.3.3-4; 4.3.5-6; 4.7.1-2; 4.7.3; 4.8.1-2;
4.10.2-3; 4.11.4-5; 4.12.3-5; 4.15.6; 4.17.4; 4.26.1-2; 4.34.1-2; 4 .3 9 .Î; 4.40.1;
4.41; 4.54.1 ; 4.57.1-2; 4,58.1; 4.59; 4.60; 4.67.6; 4.68.1-2; 4.70.2; 5.3.1-2; 5.4.5;
6.14.3.
Veleyo Patérculo 2.127.3; 2.128.1.

6 .- Quinto N evio Cordo Sutorio Macrón (31-38 d.C.)


Bell, H.J., “A New Fragm ent o f the Acta Isi dori” , Arch. Filr Papyriisforsch., X,
1932,5-17.
A E 1957, 250.
CIL 9.3992.
Casio Dión 58.9.2-6; 58.9.7; 58.12.2-8; 58.13.1; 58.18.2-5; 58.21.3; 58.24;
58.25.2; 58.27.2; 58.28.3-4; 59.1.2; 59.10.6.
Josefo, Ant. 18.6.186, 188, 2 0 2 y ss.
Filón, In Flaccum 4.22; 6.35.
Filón, Legatio a d Gaiinn 6.35.
Suetonio, Cal. 12.2; 23.4; 26.1.
Tácito, A nnales 6.21.5-6; 6.29.4-5; 6.35; 6.44; 6.51.5; 6.52.4; 6.53.4; 6.54.1-2.

7.- M arco Arrecino Clem ente 1 (38-41 )


AE 1981, 336.
CIL 6.12355; 6.12357; 11.428.
Casio Dión 59.11.2; 59.25.8; 59.29.1 ; 60.28.
Eph. Epigraphica 8 , 1.891, p. 17, n° 79.
Josefo, Ant. 19.1.6-7, 19.1.37-47.
Suetonio, Claudio 5; Caligula 56.1 ; Tito 4.2.
Tácito, H istorias 4.68.
Zonaras, Annales 11.6, P.l. 557 b.

8 . - Rufrio
Polión (41-c. 44)
CIL 11.395.
Casio Dión 60.23.2.
Josefo, Ant. 19.4.5, 267.
Seneca, A pocolocintosis 5.

9.- Catonio Justo (41-43)


Casio Dión 60.18.3.
Séneca, A pocolocintosis 5.
T ácito, Annales 1.29.2.

10.-Rufrio Crispino (44?-51)


Casio Dión 61.32.5; 6 1.32.6a.
Plutarco, Galba 19.3.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Suetonio, N erón 35.1 y 9.


Tácito, A nnales 11.1; 11.2.1; 11.4.6; 11.30.1; 11.41,1-2; 12.42.2; 13.45; 15.71;
16.17.2.

11.-Lucio Lusio G eta (447-51)


CIL 11.6343= IL S 2073.
Casio Dión 61.32.6a.
IG RR 1,1118=OGTS 664.
Tácito, A nnales 11.31.1-2; 11.33.1-2; 12.42.1.

12.- Sexto A franio Burro (51-62)


CIL 6.16963; 11.1531; 12.1309; 12.5842=/LS 1321.
Casio Dión 61.3; 61.4; 61.7.1 y 15; 61.10.6; 61.12.1; 61.14.3; 61.16.1 ; 62.13.1.
Josefo, Ant. 20.8.2, 152.
Séneca, D e d e m e n tia 2.1-2.
Suetonio, Nerón 10.3; 34.1; 35.12.
Tácito, A nnales 12.42.2; 12.58.1; 12.69.1-5; 13.2; 13.5.3-4; 13.6.2-4; 13.8.1;
13.12.1-2; 13.13.1; 13.14.1: 13.14.2-3; 13.18.1-2; 13.19.3; 13.20; 13.21.1-2;
13.23.1-2; 13-47; 14.2; 14.7.2-6; 14.10.3; 14.51.1-2; 14.52.1; 14.60.4; 14.60.4;
14.60.6.

13.- Lucio Fenio Rufo (62-65)


K atterfeld, K, “Ein rom isches H aus a u f dem P in cio ” , M itteilungen des
kaiserlich-deutschen Archaologischen Instituís, Romische Abíeilung XXVIII,
1913,92-112.
W ilson, H.L., '‘Latin Inscriptions form the John liopkins U niversity”, A JP H 30
(1909), 158-9.
CIL 6.37797; 13.1776; 15.1136 y 1137.
Casio Dión 62.13.3; 62.24.1 ; 62.28.4.
Tácito, Annates 13.21.6; 13.22.1; 14.51.2-3; 14.57.1; 15.50.3 y ss.; 15.53.3;
15.58.4; 15.61.7; 15.66; 15.68.2; 16.12.1.

14.- Ofonio Tigciino (62-68)


R ostovtzeff, M., Tesserarum Urbis Rom ae et suburb i plum bearum Sytloge, San
Petcsburgo 1903 y suplemento 1905, n° 8 8 8 .
CIL 3.2450; 10.4261.
Casio Dión 59.23.9; 62.13.3-4; 62.28.4; 63.12.3; 63.21.2; 64.3.3.
Josefo, B.J. 4.492.
Juvenal, Sátiras 1.155-159.
Petrus Patricius, E xcerpta de sententiis 249.55 y 252.74.
Filóstrato, A poíom o 4.42.2; 5.35.1; 7.4.1.
Plutarco, Galba 2 . 1 ; 8.3; 13.3; 17.3 y ss.; 29.4; Otón 2.
Suetonio, G alba 15.4.
T ácito, A nnales 14.48.2; 14.51.4-6; 14.57.1-3; 14.60.4; 15.40.3; 15.50.3;
15.58.4; 15.59.4; 15.61.2; 15.72.2; 16.17.7; 16.18.6; 16.19.6; 16.20.3.
Tácito, H istorias 1.24.7.
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

15,- Cayo N infidio Sabino (65-68)


CIL 3.4269; 6.6621 =ILS 1322.
Casio Dión 64,2.2; 64.3.3.
Josefo, B.J. 4.492,
Plutarco, Galba 2.1-2; 8 ; 9.1-3; 11.2; 13; 14; 15.1; 16.3; 29.2.
Tácito, Annales 15.72.3-4.
Tácito, H istorias 1.5; 1.6.1; 1.25.2; 1.37.3.

16,- Comelio Lacón (69 - Galba)


Plutarco, Galba 4.7; 13.1-2; 25.8; 26.1; 27.8; 29.5.
Suetonio, Galba 14.2-3.
Tácito, H istorias 1.6.1; 1.13.1-2; 1.14.1-2; 1.18.2; 1.19.2; 1,20.2-3; 1.24.2;
1.25.2; 1.26.2; 1.28; 1.33.2; 1.39.2; 1.46.5.
Pseudo A urelio Victor, Epitom e 6.2.

17,- Plocio Firmo (69 - Otón)


CIL 16.30.
Plutarco, Otón 3.3; 18.4.
Tácito, H istorias 1.46.1; 1.81.2; 1.82.4; 2.46.5-6; 2.49.7,

18,- Licinio Próculo (69 - Otón)


Casio Dión 64.10.2.
Plutarco, Otón 7.6; 8 .2 ; 11.1-2; 13.1.
Tácito, Historias 1.6.1; 1.46.1; 1.82.4; 1.87.5-6; 2.33.2; 2.39.1; 2.40.2; 2.44.3; 2.60.2.
Zonaras, Annales 11.15, P 1, 573 D.

19,- Publilio Sabino (69 - Vitelio)


Tácito, H istorias 2.80; 2.92.1.
Tácito, H istorias 3.36.2.

20,- Julio Prisco (69 - Vitelio)


Nasti, F., “ II prefetto del pretorio di CIL VI í 638 e la sua carriera”, ZPE 117
(1997); 281-290.
CIL 3.14999; 6.1638 (referencia no clara).
IGRR 3.1201 (1202).
Tácito, His torios 2.92.1; 2.93.2; 3.55.1 ; 3.61.3; 4.11.3.

21,- Publio A lieno Varo (69 - Vitelio)


CIL 4 supl. I, p. 338, n° 45.
Plutarco, Otón 12.4-5.
Tácito, H istorias 2.29.2; 2.43.2; 3.36.2; 3 .5 5 .Î; 3.61.3; 4.11.3.

22,- Arrio Varo (69-70 - Vespasiano)


Tácito, Anales 13.9.2.
Tácito, H istorias 3.6.1; 3.16.1-5; 3.52.2-3; 3.61.1-2; 3.63.2; 3.64.1-2; 4.2.1;
4.4.2; 4.11.1; 4.39.1 y 5; 4.68.1-2.
PRETOM ANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

23.-M arco A rreeino Clem ente 2 (70-71 - Vespasiano)


CIL 6.199; 6.2016; 6.12355; 6.Î2356; 6.12357; 11.428; 12.3637; 15.7278.
Eph. Epigr. VIII (1891), p. 17, n° 79.
G. M ennella, Suppl. Italicum , n.s. I, 1981, p. 87.
A E 1947, 40 y 1962, 175.
Suetonio, D om itiano 11.3; Tito 4.2.
Tácito, H istorias 4.68.1-2.

24.- Tito Flavio Vespasiano (71-79 - Vespasiano)


Aurelio Víctor, D e Caes. 9.10.
Plinio, N .H ,, prefacio 3.
Suetonio, Tito 6.2-4.
Ps. Aurelio Víctor, Epit. 10.4.

25.- Cornelio Fusco (817-87 - D omiciano)


C/Z, 3.1421 A ^IL S 9107.
D igesto 1.2.2, 15; 1.2.2, 19.
Casio D ión 67.9.3.
Eutropio, Breviario 7.23 (I5),4.
Corpus Scriptorum H istoriae B yzantinae, Bonn 1829, parágrafo 3.
Jordanes, Getica 13.77-78.
Juvenal, Sátiras 4.112-113; 12.45.
Juan Lidio, D e M agistratibus 2.19.2; 3.22.3.
M arcial, Epigram as 1.54; 6.76 y ss.; 7.28.
Orosio, H istorias 7.10.4.483.
Scholia in Ittvenalem vetustiora 4 . 1 1 1 .
Suetonio. D omiciano 6 . 1 .
Tácito, A gricola 41.
T ácito, Anales 16.17.3.
Tácito, H istorias 2.86; 3.4; 3.12.1-3; 3.42.1; 3.66.3; 4.4.2.

26.- Casperio Eiiano (877-94? y 96-98 - D omiciano, Nerva, Trajano)


CIL 3.6916=IGRR 3.98.
CIL 14.2336.
Casio Dión 67.14.4; 67.15.1 ; 68.3.3; 68.5.
Not. elegii Scavi, 1887, p. 251.
Fiióstrato, Apolonio 7.1 6 .Î; 7.17.1; 7.18; 7.22.1; 7.31.2.
Plinio, Panegírico 6.1-2.
Suetonio, D om iciano 23,
Tácito. His t orias 4.81-84.
Ps. Aurelio Victor, Epit. 12.8.

27.- Norbano (94-96 - N erva)


A urelio Víctor, Epit. 11.9-10.
Casio Dión 67.15.1-4.
Casio D ión 68.3.
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

M arcial, Epigram as 9.84.


Zonaras, 11.9, P I, 581 D.

28,- Tito Petronio Secundo (94-97 - D omiciano, Nerva)


CIL 3.37=ILS 8759.
Casio D ión 67.15.
Eutropio, Breviario 8.1.1.
Juan Antioq., Exc. de insid, n° 110.
Orosio, H istorias 7.11.1, 484.
Ps. A urelio Victor, Epit. 12,8.
Zonaras, 11.9, P 1, 581 D.

29,- Sexto Attio Suburano Em iliano (98-100 -- Trajano)


H.G. Pflaum, “Fastes de la Province de N arbonnaise” , Gallia, Suppl. 30, p. 127
y 207.
J. Wood., D iscoveries at Ephesus, Londres 1877, p. 36.
R. Syme, Tacitus, II, n° 8 .
Th. Zahn, Ignatius von A nliochen, Gotha 1873, p. 17.
A E 1939, 60=SEYRIG, p. 80: A E 1912, 183.
CIL 6.2074=/rLS' 5035; 6.12747; 6.12748; 12.31043=AEy 1980, 183; 6.32445;
11.3108.
ILS 2181.
R. Heberdey, Forschitngen itn Ephesos, II, 27, 134.
Casio Dión 68.16.1.
Plinio, Epist. 6.33.6; 7.6.10-11; Panegírico 67.8; 8 6 .
Tácito, A nnales 1.59.2 y 1.64.3.
A urelio Víctor, De Caes. 13.8-9.
Zonaras, 11.21, P 1, 586 D.

30.-Tiberio Claudio Liviano (1 0 1 -1 1 7 ..Trajano)


A E 1924, 15.
A E 1980, 647.
CIL 5.1604=ILS 6749; CIL 6.322=ILS 1135; 6.1604=7¿S 31380; 6.6718=6.280=
6.30818=716’ 4149; 9.511; 9.5 646=77,5’ 208 Î ; 9.5696; 12.671; 14.3439=14.4091,
30; 15.2317; 15.7882; 15.931; 15.932; 16.55.
Casio Dión 68.9.
M arcial, Epigram as 9.103.
Plinio, Epist. 10.65 (57).
SHA, Hadriano 4.2-3.

31.- Publio Acilio A ttiano (1 1 7 (1 1 8)~c. 120 - Hadriano)


CIL 11.2607; 11.7248=77,5' 8999; 14.3039.
Casio Dión 69.1.
SHA, H adriano 1.4; 4.2-3; 5-5; 8.7; 9.3; 15.2.
Zonaras 11.23, P 1, 558 C.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DK LA ANTIGUA ROMA

32.- Servio Sulpicio Simile (c. 121-123 - H adriano)


B G U l, 1691.
CIL 3.24=ILS 5741=IGRR 1148 =IGRR 1259.
CIL 6.31865; 8.24587.
Casio Dión 69.1.3; 69.19.
Gayo, Institutiones 1.34.
P.A m h. 65.15.
Papiro Fayum 117.5.
Papiro H eidelberg 37.
Papiro Oxford 2,237, col 8 , 21.
Papiro O xford 4, 712, 22.
PSI 4, 284, 24.
SB 4, 3919; 4, 7404, IT, 34 y 36.
SHA, H adriano 9.3.
Bernard, À. Y E., Les inscriptions grecques et latines du Colosse de M em non,
Institut Français d ’A rchéologie orientale, B ibliothèque d ’étude, 31, Paris, 1960,
n° 20 .
M om msen, Th., Fragm enta Vaticana M osaicarum et Rom anarum legum collatio,
Collectio librorum iuris anteiustiniani, III, Berlín 1890; p. 72, frag. 233.

33.- Quinto M arcio Turbón Frontón Publicio Severo (120-137 - Hadriano).


A E 1913, 164; 1973, 459; 1974, 583, p. 153-4.
CIL 3.1462-IL S 1324; 3.1551 ; 3 .143492; 14.4243; 16.60.
Loewe, G y Gloetz, G., Corpus G lossariorum Latinorum III, H ermeneum ata
P seado-dositheana, Leipzig (Teubner) 1892; p. 387-8.
Frezouls, E., Inscription de Cyrrhus, p. 248^A E 1955, 225.
Casio Dion 69.18.1 -2.
Eusebio, I list. Eccl. 4.2.3.
Frontón, A Antonino Pío 3.22.
SHA, H adriano 4.2-3; 5.8; 6.7; 7.3; 9.4; 15.2-8.
SHA, Vero 6.3.
Zonaras 11.24.

34,- Cayo Septicio Claro (120-123 Hadriano).


CIL 14.1594 (Ostia).
Juan Lidio, De Mag. 2.6.
Plinio el Joven, Epist. 1.1.1.
Plinio el Joven, Epist. 2.9.4.
SHA, Hadriano 9.5; 11.3; 15.2.

35,- M arco Petronio M amertino (138-<?. 143 - Antonino Pío).


Bernard, A. Y E., Les inscriptions grecques et latines du Colosse de M em non,
Paris, 1960, n° 40.
W ilcken, Chrestomathia I, ηυ 26, col. i; 1, n° 372; I, 2, p. 43.
BGU 1, 19. col. 2.
CIL 3.44; 3.77; 6.977=6.31219; 6.1009=/LS 2012; 6.1488; 6.3924; 6.31 \A1=ILS

225
ADOI KO RAÚL M liNÉNDEZ ARGÜÍN

2182; 6.31150; 6.31151; 9.523; 15.7309; 16.99.


Papiro Cairo 49360.
Papiro Fay. 21.
Papiro Flor. Ill, 319.
Papiro Oxirr. II, 237, col. VIII, 8 , 43; TV, 726; IX, 1195; XVII, 2111.
Papiro Ryl. IT, 74; II, 75, col. 2, 23-28; II, 207 verso.
Papiro Wuertzburg, 9.
Papiro Yale, 1606.
PSI, V, 446; X, 1158.
SHA, Antonino Pío 10.6.

36.- Marco Gavio M áximo (138-158 - A ntonino Pío).


CIL 3.5328; 6.1009=ILS 2012; 6 .3 1147a=TLS 2182; 6.31150; 6.31151; 6.38411;
9.5358=ILS 1325; 9.5359; 9.5360; 9.6083, 125; 13.3676; 14.191 y I4.4471=A E
1971, 65; 16.174=AE 1949, 73.
Frontón, A Antonino Pío 4; 7.
SHA, Antonino Pío 8.6-7.

37.- Cayo Tattio Máximo (158-160 -- A ntonino Pío).


AE 1929,21 (Esparta).
CIL 6.222=ILS 2161 (=C7L 6.30719); 6 .3 1 147-/L S 2182; 6.31150; 6.31151;
6.31152; 9.3303=/ZS 3036 a.
Luciano, Sobre la muerte de Peregrino 19.
SHA, Antonino Pío 5.4-5; 8.7; 10.6.

38.-Sexto Cornelio Repentino (160-166/167 - Antonino Pío, Marco Aurelio).


Camodeca, G , “La carriera del prefetto del pretorio Sex. Cornelius Repentinus in una
nuova iscrizione puteolana”, en Puteoli. Studi di storia antica 3 (1979); 41-76.
Camodeca, G., “La carriera del prefetto del pretorio Sex. Cornelius Repentinus in
una nuova iscrizione puteolana”, ZPE 43 (1981); 43-56.
A E 1916, 47 (Roma).
CIL 6.654; 6.1564 (39449); 15.7439.
Frontón, A d amicos 2.4.
SHA, Antonino Pío 8.7; 10.6; 12.5-6.
SHA, Marco Aurelio 7.3.

39.- Tito F urio Victorino (160-166/167 - A ntonino Pío, M arco Aurelio).


CIL 5.648=6.1937=15.440—/LS19002; 6.1564 (39449); 7.1229.
IGRR 3.1103=OGIS 707.
Papiro Oslo III, 1936, 99.
SHA, Antonino Pío 8 .8 .
SHA, Marco Aurelio 14.5.
S1FC, IX, 1932, p. 334.

40.- Marco Basseo Rufo (168-177 - M arco A urelio).


A E 197!, 534.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL D E LA ANTIGUA ROM A

BGU 903=W ilcken, F estschrift Hirschfeld, p. 125.


CIL 3.5171 ; 6.1599=6.31828=/LS' 1326; 9.2438=9.4916; 14.4500.
Dión, E xcerpta apud Maium, p. 223.
Casio Dión 71.5.2-3.
Filóstrato, Vidas de los sofistas 2.1.11.
PSI III, 161.
SHA, Avidio Casio 14.8.

4 1 Mar co M acrinio Víndice (168-172 - M arco Aurelio).


A E 1980, 830.
CIL 6.1449; 9.2438=9.4916; 10.4861; 16.110=ÆE 1980, 760.
Casio Dión 71.3.5.

42,- Tito Flavio Constante (M arco Aurelio).


CIL 3.12601; 3.13794 (com plem ento de 3.12601); 3.13795; 13.12057=7159000
(Colonia).

43,- Publio Tarrunteno Paterno (179-183 - Marco Aurelio, Cómm odo)


A E 1971, 534.
D igesto 49.16.2.1; 49.16.7; 50.6.7.
Casio Dión 71.12.3; 71.33.3-4; 71.34.2; 72.5.1 ; 72.9.1; 72.10.1.
Herodiano 1.8.1.
Juan Lidyo, D e Magist. 1.9.
SHA, Cómmodo 4; 14.8.
Vegecio, Epit. 1.8.

44,- Tigidio Perenne (180-185 - Cómmodo).


A E 1971,534.
CIL 3.3385.
Casio Dión 72.9=Zonaras 12.4; 72.10.1; 72.13.
Eusebio, Ilist. Eccl. 5 .2 i.
Herodiano 1.8; 9.1.
SHA, Cómmodo 4; 5.1-7; 6.1-2; 8.1; 14.8-9.
SHA, Pértinax 3.3-6.

45,- Nigro (185 -- Cómmodo).


H erodiano 1.9.10.
SHA, Cómmodo 6.6.

46,- M arcio Quarto (185 - Cómmodo).


Herodiano 1.9.10.
SHA, Cómmodo 6 .8 ; 14.8.

47,- Tito Longeo Rufo (185-187? - Cómmodo; Howe: mayo a noviembre de 185).
BGU 807.
CIL 3.14137=7L S 8998.

227
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

IGRR Î 102.
Papiro A m herst II, 107.
Papiro Oxirrinco 2, p. 157, col. VI, 14; p. 158, col. VI, 34; p. 159, col. V II, 6 ; p.
237 col V, 5.
Papiro Ryl. 2.85.10; 274; 2.275.
SB 4, 7362.
SHA, Cómmodo 6.8.

48.- Publio Attilio Ebuciano (187 - Cómmodo).


IL S 9001.
SHA, Cómmodo 6.11-12.
SHA, Pértinax 3.3-8.

49.- Lucio Julio Vehilio Grato Juliano (c . 189-190 - Cómmodo).


CIL 3.4488=ILS 8869=IGRR 3.1037.
CIL 5.4343; 6 .3 1856-/LS 1327; 14.4378.
Casio Dión 72.14.1.
SHA. Cómmodo 7.4; 11.3.

50.- Regilo (c. 189-190 - Cómmodo).


SHA, Cómmodo 7.4.

51.- M otileno (c. 190 - Cómmodo).


SHA, Cómmodo 9.2.

52.- Quinto Emilio Leto (c. 192-193 - Cómm odo, Pértinax, Didio Juliano).
A E 1949, 38.
Casio Dión 72.19.4=Zonaras 12.5; 12.22.1.
Casio Dión 73.1.1; 73.6.1-2; 73.8; 73.9.1; 73.16.5; 74.1.1.
Herodiano 1.16.5; 1.17.1-2 y 8 ; 2.1.1-3; 2.4.1; 2.5.2.
SHA, Cómmodo 15; 17.1.
SHA, P értinax 2.9; 4.4-5; 5,1-3; 10.8-9; 11.7.
SHA, Severo 4.3.
Zonaras 12.7.

53.- T. Flavio Genialis (193 - Juliano).


CIL 6.214.

54.- Tuliio Crispino (193 - Juliano).


SHA, Didio Juliano 6.3.
SHA, Didio Juliano 7.6.
SHA, D idio Juliano 8.1.

55.- Veturio M acrino (Ί 93 - Juliano).


SHA, D idio Juliano 7.4.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL D E LA ANTIGUA ROM A

56,- Fîavio Juvenal (193-200? - Juliano, Severo).


CIL 8.2755.
SHA, Geta 2.7.
SHA, Geta 4.4.

57,- C. Fulvio Plauciano (197-205 ..Severo).


H erodiano 3.10.6.
H erodiano 3.13.1.
SHA, Severo 6.10.
SHA, Nigro 5.2.
CIL 3.6075.
CIL 5.2821.
CIL 6.224(7).
CIL 6 .2 2 5 = 7 ^ 2 1 8 6 .
CIL 6.226.
CIL 6.227.
CIL 6.1035(7).
CIL 6.1074.
CIL 11.1337.
CIL 14.4392.
CIL 15.47.
CIL 15.160.
CIL 15.184.
CIL 15.185.
CIL 15.197.
CIL 11.8050.
CIL 13.1681.
CIL 14.4385.
CIL 15.240.
CIL 15.241.
CIL 15.406.
IL S 9689.
1G III, 633.
AE 1935, 156=AE 1968, 8 b.
AE 1973, 512=AE 1967, 537.
BCA 1902, 63 (fístula de plomo, Quirinal); 292 (fístula piorno, Quirinal).

58,- Q. Emilio Saturnino (m uerto en 200 (?) - Severo).


Casio Dión 75.14.2.

59,- ? Juliano y prefecto(s) desconocido(s) (colegas de Plauciano 200-205 -


Severo).
Casio Dión 75.14.2.
C J 7.33.1; constitutio de 202, en la que aparece este Juliano como p(raefectus)
p (r actor io).
ADOLFO RAÚL MENÉNDBZ ARGÜÍN

60.- Q. M aecio Leto (205-212? o 215? - Severo).


H erodiano 3.13.1.

61.- Emilio Papiniano (205-211 - Severo).


Dig. 22.1.3.3.
Dig. 20.5.12.
Casio Dión 77.1.1.
Casio Dión 77.4.1a.
SHA, Severo 21.8.
SHA, Caracalla 4.1.
SHA, Caracalla 8.5-9,
SHA, Geta 6.3.
Aur. Vict., D e Caes. 20.33.

62.- ? Valerio Patruino (211-212 - Caracalla).


Casio Dión 77.4.1a.
Dig. 49.14.50.

63.- ? (Cn.?) M arcio (Rustió Rufino?) (c. 212-217 - Caracalla).


CIL 14.4389.

64.- M. Opel i o M acrino (212? o 215?-217 - Caracalla).


Casio Dión 78.11.
Herodiano 4.12.1.
SHA, M acrino 4.
SHA, Caracalla 5.8.
SHA, Caracalla 8 .8 .
C / 9.51.1.

65.- M. O clatinio A dvento (213 - retirado en 217 - Caracalla).


CIL 3.6161.
Casio Dión 78.14.
C / 9.51.1.
Herodiano 4.12.1.
SHA, M acrino 4.7.
SHA, M acrino 5.2.
SHA, Mcicrino 5.5.

6 6 .-
Ulpio Juliano (217-218 - M acrino).
Casio Dión 78.15.1.
Casio Dión 78.4.3.
Casio Dión 78.31-34.
Herodiano 5.4.1-4.
SHA, M acrino 10.
PRETÜRIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA RÜMA

67,- Juliano N estor (217-218 - Macrino).


Casio Dión 78.15.1.
Casio Dión 79.3.4.

6 8 ,-
Julio B asiliano (218 - M acrino).
Casio D ión 78.35.1.
Casio Dión 78.35.3.

69,- P. Valerio C oraazón (218-retirado antes de 222 - H eliogábalo).


AE 1961, 8 6 [m ención como prefecto del pretorio junto a un tal Julio Flaviano,
n° 72?].
Casio Dión 78.39.4.
Casio Dión 79.4.1.

7 0 ,-. ,]atus (221-222 - Heliogábalo).


M.T.W. Arnheim , “Third Century praetorian prefects o f senatorial origin: fact or
fiction?”, Athenaeum 49 (1971); 74-88, esp. 8 6 - 8 .
C ébeillac-G ervasoni, M., “Apostilles à une inscription de Portus: T. Messius
Extricatus et les Saborrarii”, PP 34 (1979); 261-111.
Salway, B., “A fragm ent o f Severan History. The unusual career o f . .atus,
Praetorian Prefect o f Elagabalus”, Chiron 27 (1997), 127-153.
CIL 6.3839 a-b = IL S 1329 - CIL 6.31776 a-b.
CIL 6.3961 = 31875.

71,- A ntioquiano (prefecto desconocido, 221 -- Heliogábalo).


S H A ,£ /« g . 14-15.
CIL 6.323.
Casio Dión 79.21.1.

72,- Flaviano; (Gem ino?) Chresto (nom brados en 222, subordiandos a Ulpiano -
elim inados en ? - Severo Alejandro).
Casio Dión 80.2.2
Zósim o 1.11.2 y ss.
Zonaras 12.1 5.

73,- (Cn.?) Domicio (Annio?) Ulpiano (222-223/224 - Severo Alejandro).


Dig. 50.15.1.
Dig. 4.2.9.3.
CJ 8.37.4.
SHA, Migro 7.4.
SHA, Sew Alej. 26.5.
SHA, Sev. Alej. 31.2.
SHA, Sev. Alej. 67.2.
Aur. Viet., D e Caes. 24.6.
SHA, Elag. 16.4.
C J 4.65.4.

231
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

Casio Dión 80.1.1.


Zonaras 12.15.
Zósimo 1.11.2-,
SHA, Nigro 7.8.

74.- Dorai cío H onorato (222 o 226) - Severo A lejandro).


M.T.W. A m heim , “Third Century praetorian prefects o f senatorial origin: fact or
fiction?”, Athenaeum 49 (1971); 74-88, esp. 78-81.
CJL 3.12052.
CIL 9.338.

75.- M. Aedinio Juliano (nom brado probablem ente en 223 o poco después -
Severo Aleandro).
M.T.W. A m heim , “Third Century praetorian prefects o f senatorial origin: fact or
fiction?'’, Athenaeum 49 (1971); 74-88, esp. 82-4.
CIL, 13.3162.
CJL 9.338.
P. Flor. ITT, 382.
P. Oxy. I, 35.

76.- M. Attio Corneliano (c. 230 - Severo Alejandro).


CIL 8.26270.
Zósimo 1.13.2.

77.- ? Vitaliano (m uerto en 238 - M aximino).


Herodiano 7.6.2.
SHA, Gord. 10.5.
SHA, Duo Maxim. 14.4.

78.- (Anullino?); prefecto desconocido (m uertos en 238 - M aximino).


SHA, Duo Maxim. 32.4.
H erodiano 8.5.9.
SHA, Dúo Maxim. 23.7.

19.- ? (Pinario Valcntc?) (238 - Balbino y Pupieno).


SHA, Maxim, et Balh. 4.4.
SHA, Maxim, et Balh. 5.5.

80,- Domicio (240- 242/243? - Gordiano III).


CJ. 1.50.1.
CJ. 8.30.2.
Aur. Vict., De Caes. 26.6.

81.- C. F urio Sabino Aquila Tim esíteo (241-243 - Gordiano III).


CIL 13.1807.
Zósimo 1.17 y ss.
PRETORIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL Dfï LA ANTIGUA ROMA

Zonaras 12.18.
SHA, Tres Gord. 23.6. y ss.
SHA, Tres Gord. 28.6.
SHA, Tres Gord. 29.1.
CIL 6.1611.
CIL 6.31831.

82,- C. Julio Prisco (242/243-246 o posterior - Gordiano TTT, Filipo el Árabe).


CJL 3.14149, 5.
A E 1908, 274.
CIL 6.1638.
IG RR 3.1033.
CIS III, 3932 (palmirano).

83. M. Julio Filipo (243-244 - Gordiano III).


SHA, Tres Gord. 28.1.
SHA, Tres Gord. 29.1.
SHA, Tres Gord. 30.
Zósim o i. 18.2-3.
Zósim o 1.19.
Aur. V ict, D e Caes. 27.8.
Epit. D e Caes. 27.2.
Epit. D e Caes. 28.4.
Zonaras 12.18.
Amiano M arcelino 23.5.17.
Eutropio 9.2.3.
Festo 22.

84,- ? (M aecio G ordiano?) (244 - Gordiano 111)


SHA, Tres Gord. 30.1.

85,- Suceesiano (c. 257-260 - Valeriano).


Zósim o 1.32.

8 6 .- ? Silvano (o A lbano?) (m uerto c. 260) (Galieno).

Zósim o 1.38.
Zonaras 12.24.

87.- Ballista (probablem ente un apodo) (o C allisto?) (260-261 - Valeriano,


M acriano y Quieto).
SHA, Valer. 4.4.
SHA, Tyr. Trig. 12.1.
SHA, Tyr. Trig. 12.4.
SHA, Tyr. Trig. 14.1.
SHA, Tyr. Trig. 5-13.
SHA, Tyr. Trig. 15.4.

233
ADOLFO RAÚL MENÉNDEZ ARGÜÍN

SHA, Tyr. Trig. 18.


SHA, Gal. 1.2.
SHA, Gal. 3.1-4.
Zonaras 12.24.
Zonaras 12.23 (Callisto).

8 8 .-
L. Petronio Tauro Volusiano (c. 260-antes de 267 - Galieno).
CIL 11.1836 (=1LS 1332).

89.- H eracliano (268 - Claudio II).


Zósim o 1.40.
Zonaras 12.25.
SHA, Gal. 14.

90.- Julio Placidiano (c . 270-275? - A ureliano).


CIL 12.2228.
CIL 12.1551.

91.- M. Annio Floriano (275?-276 - Tácito).


SHA, Probo 10.8.
SHA, Probo 11.3.
SHA, Probo 13.4.
SHA, Tac 14.1.
SHA, Tac 17.4.
Aur. Vict., D e Caes. 36.2.
Zósim o 1.63.
Zonaras 12.28.
Zonaras 12.29.

92.- M. Aurelio Caro (retirado en 282 - Probo).


CIL 2.3660.
CIL 2.4102.
Zonaras 12.29.
Zonaras 12.30.
SHA, Probo 21.
SHA, Caro 5.4.
Aur. Vict., De Caes. 38.1.
Zósim o 1.71.4 y ss.

93.- (L. Flavio?) Apro (2827-284 Caro, Numeriano).


SHA, Caro 8.2.
SHA, Caro 13.2.
SHA, Caro 15.4.
Aur. Vict., D e Caes. 38.6.
Zonaras 12.3 1.
Syncell., Chron. Pasch., p. 510.
PRETÜRIANOS: LA GUARDIA IMPERIAL DE LA ANTIGUA ROMA

Epit. D e Caes. 38.4.


Eutropio 9.18; 20.
Zonaras 12.30.
Orosio 7.24.4.

94,- T. Claudio M. A urelio A rístóbulo (284-285 - Caro, Carino, N umeriano,


Diocleciano).
Aur. Vict., D e Caes. 39.14.

95,- A franio A nibaüano (285-297 - Diocleciano).


SHA, Probo 22.3.
IL S 8929.

96,- Julio A sclepiodoto (285-296/297 - Diocleciano).


SHA, 22.3.
IL S 8929.
Zonaras 12.31.
Orosio 7.25.6.
Aur. V ic t, D e Caes. 39.42.
Eutropio 9.22.
Hierón-Eusebio, Chron. a d an. 300.
CJ. 5.30.2; 5.31.19; 5.70.4.; 8.17.9.

97,- A nulino (306 - M ajencio)


Zósim o 2.12.1.

98,- R uño Volusiano (3097-310 - Majencio).


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100,- R uricio Pom peyano (3117-312 - Majencio).


P LRE , I, î 971. pg. 713 (P om peianus, 8 )
Pan. Lat. 10.25.4.
ADOLFO RAÚI. ME MÉNDEZ ARGÜÍN

Prefectos de fecha dudosa (entre 180 y 305).

101.- M. Flavio Drusiano (com ienzos del s. ITT?).


CIL 6.1414.

102.- M. Aurelio Juliano (com ienzos s. III?).


CIL 5.4323.
CIL 15.7403.
CIL 14.2463.

103.- M. Aurelio Volo (s. ITT?).


CIL 6.3857=31848.

104.- Q. Herennio Potens (s. III?).


CIL 6.1427.

105.- Porcio Eliano (m ediados o finales del s. III?).


IG RR 1.10.

106.- Septimio (s. III?).


CIL 6.31352.

107.- Prefectos desconocidos (Gordiano?).


CII, 6.32600.
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