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CODIGO NAPOLEONICO

El Código Napoleón (o Código Napoleónico) es el actual código civil de Francia. Se


promulgó el 21 de Marzo de 1804 (30 ventôse An XII), y está aún en vigencia, con
posteriores modificaciones. Llamado también "la Constitución Civil de los franceses", es la
base de todo el Derecho Civil de Francia, y aún más, de todo el Derecho francés. Fue un
pionero en la legislación universal, y por la claridad y sencillez de su texto y la solidez de su
contenido se transformó en el modelo de los sucesivos códigos civiles de más de 24
naciones. Antes de la Revolución Francesa, durante el Antiguo Régimen y su legislación real,
existió siempre en Francia el problema de ciertas contradicciones entre las leyes regionales.
Básicamente, existían dos tipos de Derechos en Francia: al norte, el Derecho de
Costumbres, herencia del derecho germano, y al sur, el Derecho Escrito, herencia del
Derecho Romano. Cada provincia o región se manejaba con sus propias leyes, producto de
las costumbres tradicionales. Como los reyes nunca tuvieron la facultad de modificar las leyes
regionales, la unificación legislativa fue siempre difícil de llevar a cabo. Estaba además el
Derecho Canónico y las Ordenanzas Reales. En 1665 Luis XIV había nombrado una
Comisión de Codificación, sin llegar a concretar su objetivo. En el siglo XVIII se produce un
movimiento de interés general hacia el derecho civil francés: Jean Domat publica "Lois
Civiles dans leur ordre naturel", y cerca de 1750 Robert-Joseph Pothier, ilustre jurisconsulto
de Orleans, publica su Pandectae Justinianae donde hace un profundo estudio de las leyes
del emperador romano Justiniano, y luego se interesa por el derecho francés, comparando
las leyes de costumbres con las escritas, y creando una conciencia de unificación.

Al arribar la Revolución Francesa, Jean-Jacques Régis de Cambacérès presenta 3 proyectos


de Código Civil a las Asambleas Revolucionarias, en 1793, 1794 y 1796. Algunos artículos se
ponen en vigencia, pero el proyecto general es dilatado y estancado, por las revueltas internas
y las guerras con Austria y Prusia. Napoleón llega al poder como Primer Cónsul en el golpe
de estado del 18 Brumario (1799), y luego de pasar las turbulencias revolucionarias, logra un
período de tranquilidad y estabilidad en el cual el proyecto de Código Civil se retoma.

El 14 de Agosto de 1800 Napoleón designa una comisión de 4 juristas para redactar el


cuerpo del código, bajo la dirección de Cambacérès, entonces 2º Cónsul de Concordato.
Sabiamente, a dos de ellos los trae de la región del derecho escrito, en el sur, y los otros dos
son traídos de la zona del derecho de costumbres (Paris y norte de Francia, excepto Alsacia).

El trabajo de redacción y aprobación del Código Civil llevó 3 años y medio hasta su
aprobación en Marzo de 1804. Se hicieron cerca de 107 sesiones en la Comisión de
Legislación del Concejo de Estado, de la cual Cambacérès era el presidente, entre las cuales
a cerca de 30 asistió Bonaparte en persona. El estaba especialmente interesado en las leyes
de matrimonio, divorcio y adopción de menores, por motivos personales. Los 4 redactores
presentaron cada proyecto al Tribunal de Casación, o posteriormente de Apelación, donde
eran discutidos y presentados al Cuerpo Legislativo, donde se votaba su aprobación.

El resultado final fue un trabajo ejemplar, donde quedaban resumidas y claramente


sintetizadas las antiguas leyes del régimen real, las leyes de la costumbre de París y el Norte
de Francia, y el derecho escrito de las regiones occitanas, combinadas con la nueva filosofía
de la Revolución. El Código marca el principio de un país jurídicamente unificado, y el fin de
la Revolución Francesa.
El artículo 7 de la Ley del 30 pluviôse del Año XII, dice: "A partir del día en que estas leyes
se vuelven ejecutorias, las leyes romanas, las ordenanzas, las costumbres generales o locales,
los status, los reglamentos, cesan de tener fuerza de ley general o particular en las materias de
las que son objeto las leyes que componen el presente Código".

PRINCIPALES CARACTERISTICAS DEL CODIGO CIVIL DE FRANCIA

El Código Napoleónico aporta una definida personalidad legislativa y un punto de inicio de


una nueva y definitiva forma de establecer el derecho en Francia y en toda Europa.

Sus principales características son:

-UNIDAD DEL DERECHO: El mismo derecho se debe aplicar a todos los habitantes del
mismo territorio o nación.

UNIDAD DE LA FUENTE JURIDICA: Una misma autoridad debe tener competencia


para elaborar leyes y decretos; los Tribunales sólo deberán interpretar las leyes y sus
modalidades.

INDEPENDENCIA DEL DERECHO: Implica la separación de los 3 poderes (ejecutivo,


legislativo y judicial) previsto por el filósofo Montesquieu.

EVOLUCION DEL DERECHO: El derecho deberá adaptarse a los cambios de épocas y


formas de pensar.

ESPECIFICIDAD DE LOS CODIGOS: Que cada código de leyes se ocupe de solamente


una rama del derecho (civil, criminal, comercial, penal, etc.)

PRINCIPIO DE LAICIDAD: El derecho civil debe ser independiente del derecho


canónico y abierto a todas las religiones.

VALIDACION DE LAS LEYES: Las leyes no podrán aplicarse hasta tanto sean
promulgadas, publicadas y conocidas.

CARACTER ESCRITO DE LA LEY: Que la ley sea escrita y expresada en la forma más
clara posible, a los efectos de que cualquier ciudadano pueda entenderla.

INDIVIDUALIDAD DE LA PROPIEDAD: La propiedad inmueble se vuelve individual.


Las comunidades institucionales de vecinos, de oficios y otras quedan eliminadas.

LIBERTAD DE TRABAJO: Los contratos de trabajo son de libre voluntad entre el


empleador y el contratado. Se eliminan los sindicatos, uniones y comunidades de oficios.

MATRIMONIO: Se retoma el concepto de autoridad paternal; se vuelven a usar las


"sommations respectueuses", la mujer queda bajo la tutela del marido, no pudiendo ejercer
actos civiles o jurídicos sin su autorización. Se autoriza el divorcio por causas determinadas, o
bajo mutuo acuerdo, pero bastante restringido. Estos artículos serán modificados en 1965 y
1975.
HERENCIAS: Deberán repartirse en partes iguales entre los sucesores; se elimina la figura
de la herencia solamente para el hijo varón o la mujer primogénitos y todos los hijos,
incluídas las mujeres, son considerados iguales. Se limita la libertad de modificar testamentos
por parte de los padres.

ESTRUCTURA DEL CODIGO CIVIL FRANCES

Las reglamentaciones del Código Civil de Francia son una recopilación del antiguo
Derecho de Costumbres, sobre todo del de París, el Derecho Escrito del Sur de Francia, y
las nuevas leyes de la Revolución.

La estructura y el plan del Código Napoleónico están fundamentalmente basados en el


antiguo Código del Emperador Romano de Oriente Justiniano I El Grande (483-565), el
Corpus Iuris Civilis. Justiniano había dividido su Código en 4 partes, de las cuales una, Las
Instituciones, se compone a su vez de cuatro libros: el primero, trata de las personas; el
segundo, de la división de las cosas, de la propiedad, de los demás derechos reales y del
testamento; el tercero, de la sucesión no testada y de las obligaciones que surgen de los
contratos; y el cuarto, de las obligaciones y de las acciones.

Los juristas franceses del Consulado tomaron el mismo esquema: "Libros", divididos en
"Títulos" y éstos a su vez en "Capítulos". Dividieron el Código en un Título Preliminar y 4
Libros (el cuarto, de los procedimientos, fue suprimido y suplantado por otro código
específico). Tres Libros quedaron vigentes:

Libro I - De las Personas (Des Personnes).

Libro II - De los bienes y de las diferentes modificaciones de la propiedad.

Libro III - De las diferentes maneras de adquirir la propiedad.

TITULO PRELIMINAR: Establece la forma en que las leyes serán promulgadas: no serán
nunca efectivas antes de su publicación. No habrá leyes ocultas. Establece el principio de
no-retroactividad de las leyes: tendrán efecto hacia el futuro, no sobre sucesos anteriores a
ellas. Impulsa a los jueces a interpretar las leyes, prohibiendo que rechacen juzgar por
insuficiencia de la ley.

LIBRO I - DE LAS PERSONAS

Consta de 11 Títulos: 1) Del gozo y la privación de los derechos civiles- 2) De los actos del
estado civil - 3) Del domicilio - 4) De los ausentes - 5) Del matrimonio - 6) Del divorcio - 7)
De la paternidad y la filiación - 8) De la adopción y de la tutela oficiosa - 9) Del poder
paternal - 10) De la minoridad, la tutela y la emancipación - 11) De la mayoría de edad, de
la interdicción y del consejo judicial.

LIBRO II - DE LOS BIENES Y LAS DIFERENTES MODIFICACIONES DE LA


PROPIEDAD

Consta de 4 Títulos:1) De la distinción de bienes - 2) De la propiedad - 3) Del usufructo,


del uso y de la habitación - 4) De las servidumbres (*) o servicios territoriales.
(*) Servidumbre: Derecho u obligación que grava a una finca o propiedad con respecto a
otra y limita el uso y libre disposición de ésta.

LIBRO III - DE LAS DIFERENTES MANERAS DE ADQUIRIR LA PROPIEDAD

Consta de 20 Títulos:1) De las sucesiones - 2) De las donaciones entre vivos y testamentos -


3) De los contratos y obligaciones convencionales en general - 4) De los compromisos que
se forman sobre convenciones - 5) Del contrato de matrimonio y derecho y responsabilidad
de los esposos - 6) De la venta - 7) Del intercambio - 8) Del contrato de locación - 9) Del
contrato de sociedad- 10) Del préstamo - 11) Del depósito y del secuestro - 12) De los
contratos aleatorios - 13) Del mandato - 14) De la caución - 15) De las transacciones - 16)
De la contrainte par corps (coacción corporal o prisión por deudas) 17) De las garantías -
18) De los privilegios e hipotecas - 19) De la expropiación forzada y las demandas entre los
acreedores - 20) De la prescripción.

El Código Napoleónico
8 de Junio de 2008 Publicado por Hilda

El Código Civil de los franceses, fue promulgado por el entonces Cónsul Napoleón Bonaparte, próximo
emperador francés, el 21 de marzo de 1804, y aprobado legalmente, tres días después.

Ya había habido una intención del proceso revolucionario, la de elaborar un Código Civil durante el
mandato de la Convención Nacional, a cargo del jurista Cambàcéres, que no prosperó pero fue tomado
muy en cuenta para la elaboración del Código de 1804.

La redacción de este último, estuvo a cargo de una comisión, que tenía el mandato de aunar en un
cuerpo legal la tradición jurídica nacional, basándose en el Corpus Iuris Civilis, heredado del
antiguo Derecho Romano, que había resurgido tras la caída de Imperio Romano de Oriente, con la obra
de los glosadores, que sentaron sobre su base y las realidades históricas y jurídicas de su tiempo, los
cimientos para la elaboración de un Derecho Común en Occidente. El estudio del Derecho Romano llegó
a Holanda, en el siglo XVII, a través de la Escuela de Derecho Natural fundada por Hugo Grocio, quien
falleció en 1645, y fue quien elaboró esta teoría del derecho común a los pueblos, basado en el Derecho
de Gentes de los romanos, que tuvo influencia también en Francia. Otra fuente fue el Derecho franco-
germánico y el Derecho Canónico.

Integraban la comisión, Portalis, un oficial administrativo prestigioso, el ex parlamentario, Bigot de


Préameneu, Tronchet, presidente de Corte de Casación y un juez de la misma, llamado Malleville. En
cuatro meses el proyecto fue remitido para su observación a la Corte Superior y a la de Casación, y
posteriormente al Consejo de Estado, bajo la presidencia de Napoleón, para luego ser remitido al
Parlamento. Sufrió varias observaciones, y enmiendas, pero salió airoso, ante la insistencia del propio
Napoleón.El método utilizado en el código se basó básicamente en las Institutas de Justiniano,
dividiendo los derechos en los referentes a las personas, a las cosas, y a las acciones.

La idea se basaba en lograr las mismas leyes civiles para todas las provincias francesas, ya que las del
norte de París, seguían las costumbres germánicas, y en las del sur predominaba el Derecho Romano,
desterrando para siempre los privilegios feudales, e imponiendo las libertades individuales, las de
conciencia y las de trabajo, en un estado laico.

El desorden legislativo no podía concebirse en una época predominantemente enciclopedista, donde las
leyes eran producto de la razón humana y debían estar sometidas, por lo tanto, a un orden racional. Fue
un Código de ideología liberal, laico e individualista.
Poseía un Título Preliminar donde hacía referencia a la publicación, a los efectos y a la aplicación
general de las leyes.

El Libro Primero, trataba de las personas y del Derecho de Familia.

El Libro Segundo, trataba sobre los bienes, las cosas y su clasificación, la propiedad y las servidumbres.

El Libro Tercero se refería a los modos de adquirir la propiedad, comprendiendo las sucesiones, las
donaciones, los testamentos, las obligaciones, los contratos, el contrato matrimonial (lo consideraba un
contrato consensual, mostrando la fuerte concepción laica del instituto) los privilegios, las hipotecas y la
prescripción. Como vemos la propiedad ocupó un lugar destacado ,en una sociedad donde el poder de la
burguesía exigía el reconocimiento legal de sus cuantiosos bienes.

Una Ley del 9 de septiembre de 1807, le impuso el nombre de Código Napoleón.

Durante su prisión en Santa Elena, el mismo Napoleón, reivindicó al Código Civil como su obra más
suprema y perdurable, ya que según sus propios dichos, todas sus victorias en el campo de batalla , se
verían eclipsadas, por su derrota en Waterloo.

A partir de su sanción, provocó una gran repercusión, y el movimiento codificador se impuso tanto en
Europa como en América. Así influyó en Bélgica, Luxemburgo, Renania, El Palatinado, Darmstad,
Hesse, Saboya, Ginebra, Piamonte, Piacenza, Parma, y Holanda. También en los códigos de Sicilia de
1819, de los Estados Sardos de 1837, del estado de Louisiana en 1824, en Haití y Bolivia, en 1843, en
Italia en el año 1865, y en España en 1888. El Código Civil chileno en América Latina, a través de su
autor, Andrés Bello, recogió una enorme influencia del Código Civil Francés. En Argentina penetró a
través de sus comentaristas, especialmente de Aubry y Rau.

EL DERECHO CIVIL FRANCÉS DESDE EL CÓDIGO CIVI

RESUMEN

El Código civil francés, adoptado a fines de la Revolución francesa, ha sufrido un


período de crisis política, atacado por los extremos políticos; y también una crisis
técnica, porque quedó rápidamente desadaptado a la nueva sociedad surgida de la
Revolución industrial durante la segunda mitad del siglo XIX.
Con todo, el Código civil francés ha conocido una importante renovación durante el
siglo XX. Técnicamente, esa renovación ha provenido de específicas reformas del
derecho de las personas y del derecho de la familia, a partir de los años sesenta,
inspiradas por el decano Jean Carbonnier. Políticamente, el Código civil se ha
convertido en una figura incontestable del patrimonio nacional.

CODIGO CIVIL FRANCÉS - DERECHO CIVIL FRANCÉS – CODIFICACIÓN

INTRODUCCIÓN

Cuando Napoleón Bonaparte contemplaba, desde su exilio de Santa Elena, su fabuloso


destino, podía decir: "Mi verdadera gloria no consiste en haber ganado cuarenta
batallas: Waterloo borrará el recuerdo de tantas victorias; lo que no será borrado por
nada, lo que vivirá eternamente, es mi Código civil".1

La propaganda bonapartista bien lo ha entendido: en numerosos cuadros que


representan al Emperador aparece el Código civil, entre las armas que simbolizan sus
múltiples victorias,2 mientras que se desarrollaba una especie de "codigolatría"
napoleónica. Pienso, por ejemplo, en la pintura de Jean-Baptiste Mauzaisse,
actualmente en el Museo de la Malmaison, cerca de París. Muestra a Napoleón, vestido
como un emperador antiguo, escribiendo el Código civil sobre una piedra de mármol.

A pesar de todos esos excesos de propaganda, Napoleón Bonaparte podía sentirse


orgulloso de su Código civil, a cuya adopción había contribuido considerablemente. le
permitió compararse con los grandes soberanos conquistadores y legisladores de la
Antigüedad, como Hammurabi, rey de Babilonia, o Justiniano, Emperador romano de
Oriente.

La Francia del Antiguo Régimen comprendía, en efecto, un derecho abundantemente


fragmentado, en especial entre el derecho consuetudinario aplicable al norte y el
derecho romano aplicable al sur del país. Esta fragmentación chocaba con la conciencia
nacional que iba desarrollándose y suponía un freno para intercambios económicos.

Al tenor de esto, el deseo de un Derecho único, aplicable a todos en el reino, se


manifiesta con ocasión de los cahiers de doléances (cuadernos de quejas) redactados
en el momento de la convocatoria, en 1789, de los Estados Generales. Este deseo de
un Derecho único también persiste durante la Revolución. La Asamblea Constituyente
decide a partir del 16 de agosto de mil setecientos noventa que será elaborado un
código general con leyes "sencillas, claras, apropiadas a la Constitución".

Pero la inestabilidad política crónica del período revolucionario no permitió la


concretización de este proyecto que había sido, empero, recogido por las diferentes
asambleas revolucionarias.3 Es el "Código civil imposible", muy bien descrito por los
historiadores.

El consulado ofrece a Francia un período de estabilidad política propicio a la adopción


de un código. El 13 de agosto de 1800, Bonaparte pide a una comisión de cuatro
miembros, entre los que la historia ha retenido sobre todo el nombre de Portalis, 4 que
prepare un anteproyecto. El anteproyecto estuvo listo en el plazo de cuatro meses,
inspirándose en los proyectos presentados en años anteriores y, en especial, en el de
Cambacérés. El Primer Cónsul lo hace votar, triunfando, aunque no sin dificultades,
sobre la oposición del Tribunado, asamblea del Consulado que agrupaba a sus más
feroces adversarios. Una ley del 21 de marzo de 1804 promulga esas treinta y seis
leyes, reuniéndolas en un "Código civil de los franceses" que abroga las disposiciones
del antiguo derecho.5Desde su adopción este Código civil estaba condenado a una
historia atormentada que ha pasado por un período de crisis (I) y luego a uno de
renovación (II).

I. EL CÓDIGO CIVIL EN CRISIS

Como lo escribe Chamfort, "Hay dos cosas a las que hay que habituarse, bajo pena de
encontrar la vida insoportable: son las injurias del tiempo y las injusticias de los
hombres".

El Código civil ha conocido las injusticias de los hombres, siendo víctima de una
incuestionable crisis política (A) y, aún más, de las injurias del tiempo, bajo la forma
de una crisis técnica (B).

A) Una crisis política

El Código civil refleja una extraordinaria voluntad de establecer un compromiso entre


las ideas del Antiguo Régimen y las de la Revolución, tal como lo atestigua la
composición de la comisión encargada de su elaboración. Tronchet, por ejemplo, uno
de los miembros de esta comisión, había sido uno de los defensores de Luis XVI
durante su proceso, mientras que los otros miembros de la comisión habían
participado en las diferentes asambleas revolucionarias.

El Código civil se inspira en las diferentes corrientes de pensamiento que habían


precedido la Revolución y que le habían servido de inspiración. Pero, como cualquier
otro texto de compromiso, el Código civil se encontraba atacado por los extremos: por
los partidarios del Antiguo Régimen y por los revolucionarios convencidos.6

Por ejemplo, entre los primeros, Montlosier criticó el Código por ser excesivamente
revolucionario, mientras que otros le reprocharon que socavaba la familia tradicional.
Balzac, el famoso escritor francés de ideas próximas a esta corriente, no dudó en
tomar el relevo de esas críticas en La Comedia humana. Así, en El cura del pueblo
critica los principios individualistas que minan la familia o la igualdad sucesoria entre
los hijos que lleva a la parcelación de las propiedades.

Los revolucionarios convencidos reprocharon al Código civil el ser demasiado


autoritario y el sacrificar los intereses de los más débiles, como la mujer o el obrero,
una visión que se trasluciría luego en las interpretaciones marxistas del Código.

Pero esas críticas de carácter filosófico y político no dejaron de ser minoritarias. El


Código civil sobrevivió a los cambios políticos que sólo lograron afectar su
denominación: el Código civil de los franceses, en su denominación inicial, se convierte
en el Código de Napoleón durante el Primer Imperio, luego retoma su nombre de
Código civil de los franceses con la Restauración, y por último, readopta el de Código
de Napoleón bajo el Segundo Imperio, denominación oficial que se mantiene desde
entonces. Durante el período de la Restauración, el rey Luis XVIII mantuvo, pues, el
Código civil, contentándose, por motivos religiosos, con suprimir, en 1816, el divorcio
que había sido instaurado por el Código.

Este éxito de aclimatación política, a pesar de los ataques de los dos extremos de la
vida política nacional, se debió a las grandes cualidades del Código civil, tanto en
cuanto al fondo como a la forma. En cuanto al fondo, las ideas del Código civil,
liberalismo y conservadurismo, corresponden a la mentalidad dominante de la época y
están en perfecta armonía con la nueva sociedad surgida de la Revolución. En cuanto a
la forma, el Código civil es claro, preciso y suscita pocas controversias para su
interpretación. La bella lengua el Código civil ha impulsado a Stendhal a decir: "Al
componer la Cartuja (La Cartuja de Parma, su obra mayor), para ponerme a tono, leía
de vez en cuando algunas páginas del Código civil".7

Esas inmensas cualidades del Código civil explican, por otro lado, su resplandor en el
extranjero ya desde los primeros años que siguieron a su adopción. Impuesto por la
fuerza de las armas en el equipaje del ejército imperial, el Código civil se impone
rápidamente por la fuerza de la razón en numerosos países de los cuatro continentes.

Este éxito del Código civil encuentra su traducción a nivel de la doctrina en el triunfo
de la llamada Escuela de la Exégesis. Para estos autores, el Código civil debe ser
venerado como lo son los textos sagrados por los teólogos. El Código civil contiene el
conjunto de reglas del Derecho civil. Cualquier dificultad debe poder ser subsanada
ateniéndose a la letra de la ley. "Toda la ley, pero nada más que la ley, tal ha sido la
divisa de los profesores del Código de Napoleón",8 dice Bugnet, uno de los autores
afiliados a esta escuela. La ilustración sin duda más relevante de este culto dedicado al
Código civil se encuentra tal vez en el esquema de las obras de los autores de la
Exégesis, que sigue escrupulosamente la numeración del Código civil, artículo por
artículo.Si la crisis política que amenazaba al Código civil ha sido, pues, rápidamente
superada, no ha pasado lo mismo con la crisis técnica que lo ha amenazado en mayor
grado.

B) Una crisis técnica

El Código civil correspondía, como lo hemos podido indicar, a la mentalidad y a las


preocupaciones de la Francia rural de 1804. Sin embargo, se mostró menos adecuado
para la Francia surgida de la revolución industrial, a partir de 1830, y ello, por lo
menos, en dos aspectos.

En primer lugar, el Código civil, concebido para una Francia rural, dedicaba dos
artículos al contrato de trabajo, mientras que treinta y uno regulaban el arriendo de
ganado, esto es, el alquiler de animales para las laborales agrícolas. Esta laguna se
manifiesta sobre todo en el momento del auge del capitalismo industrial a finales del
siglo XIX.Por otro lado, las relaciones familiares organizadas por el Código civil
consagraban la potestad absoluta del pater familias sobre su mujer y sus hijos, siendo
inspirado por el esquema de la familia romana. La evolución de las costumbres y, en
especial, la emancipación de la mujer, no podía encajar con una dominación no
compartida.

Los poderes públicos iban a intentar remediar esas lagunas. Un derecho laboral
aparece rápidamente, siendo sus primeros esbozos de finales del Segundo imperio,
aunque el auge del derecho laboral puede situarse bajo la Tercera República. En el
área de las relaciones familiares, el rigor de la patria potestad ha sido morigerado
desde finales del siglo XiX y la mujer casada ha sido parcialmente liberada de la
autoridad de su marido.

Pero esas reacciones legislativas no soslayan la crisis del Código civil. En efecto, son
reacciones puntuales y se desarrollan en su mayor parte al margen de la estructura
misma del Código civil. Este desarrollo de leyes fuera del Código civil, amenazando así
con convertirse en un monumento de derecho muerto, se denomina "descodificación",
un término ciertamente evocador.9Paralelamente, esta decadencia del Código civil ha
sido propicia para la construcción de soluciones elaboradas por los tribunales. Esos
tribunales se arrogan un poder jurídico abandonado, en cierto modo, por un código
anticuado. Así, desde 1880 hasta 1945, una serie de grandes decisiones de la Corte de
casación han marcado profundamente el derecho civil francés.

Se puede citar como ejemplo la consagración del principio de la responsabilidad por


causa de las cosas tenidas bajo guarda. El Código civil preveía que si una víctima
quería obtener la reparación de los daños en caso de accidente tenía que probar la
culpa del autor del daño. Esta solución ya no resultaba adaptada al desarrollo del
maquinismo y del automóvil. El obrero o el peatón podía tener dificultades para
establecer la culpa del conductor o de su empleador y corría el riesgo de verse privado
de indemnización.

Para paliar este inconveniente la Corte de casación ha simulado descubrir un principio


general de responsabilidad por causa de las cosas, que dispensa a la víctima de probar
la culpa del que guardara la cosa causante del daño.10 Este principio fue "descubierto"
en un texto al que sus redactores, es evidente, no quisieron asignar este cometido,
esto es, el artículo 1384 inciso 1º.

Esta crisis técnica se prolonga, en el ámbito de la investigación universitaria, con la


decadencia de la Escuela de la Exégesis. El culto a la ley no debe llevar a excesos. La
ley no ha podido prever todas las dificultades que pueden ocurrir en la práctica.
El intérprete puede apoyarse para realizar su tarea en la equidad, la historia o la
sociología, liberándose así de la sujeción estricta a la letra de la ley. De ahí proviene la
denominación de "Libre investigación científica" que ha sido dada a esta nueva escuela
de pensamiento.11Paradójicamente, esta crisis del Código civil ha favorecido su
renovación.

II. CÓDIGO CIVIL EN RENOVACIÓN

La renovación del Código civil se ha manifestado tanto en el plano técnico (A) como en
el plano político (B).

A) Una renovación técnica

Con la Liberación de 1945, la refundación del Código civil apareció como algo
indispensable, pero los trabajos emprendidos para tal efecto no llegaron a buen
término, escasamente apoyados por el poder público, agobiado por querellas políticas.

La renovación del Código civil ha provenido de reformas específicas al derecho de las


personas y del derecho de la familia, a partir de los años sesenta. El éxito de estas
reformas se funda en gran medida en su incorporación a la estructura misma del
Código civil. Contribuye también su unidad de inspiración, ya que han sido concebidas
en lo esencial por el decano Carbonnier.12

Así fueron reformados, por ejemplo, el estatuto de los menores incapaces (ley del 3 de
enero de 1968), los regímenes matrimoniales (leyes del 13 de julio de 1965 y del 23
de diciembre de 1985), la adopción (ley del 11 de julio de 1966), la patria potestad
(ley del 4 de junio de 1970), la filiación (ley del 3 de enero de 1972), el divorcio (ley
de 11 de julio de 1975)...

El alcance de esas reformas va más allá de su propio ámbito de aplicación limitado al


derecho de las personas y de la familia. Han permitido una "revolución tranquila" del
derecho civil contemporáneo.13 En efecto, las reformas realizadas configuran un nuevo
tipo de legislación, con varios rasgos característicos dominantes.

El primero de estos rasgos característicos es sin duda el deslinde del derecho en


beneficio de otras reglas de organización social. Por ejemplo, hasta la ley del 11 de
julio de 1975 de reforma del divorcio, el adulterio constituía una infracción penal,
susceptible de una pena de multa. La nueva ley ha considerado que la sanción del
adulterio debe ser de tipo moral o religioso y no jurídico, y ha suprimido la
penalización del adulterio.

El segundo rasgo característico de estas reformas reside en la voluntad de proponer


varios modelos legislativos. Si volvemos al ejemplo del divorcio, hasta 1975 sólo se
admitía el divorcio por culpa, lo cual podía incitar a los esposos que deseaban
separarse a un conflicto que hubiera podido ser evitado. Es por eso que la ley de 1975
ha propuesto varios casos de divorcio: además del divorcio por culpa, en particular el
divorcio por mutuo consentimiento, el divorcio por aceptación del principio de la
ruptura y el divorcio por alteración definitiva del vínculo matrimonial.

Por último, estas reformas atribuyen un poder moderador al juez a través de las
nociones-marco. Por ejemplo, en caso de divorcio, es el "interés de los hijos" el que
condiciona las consecuencias del divorcio para ellos, en especial el hecho de residir con
uno u otro de los padres. Gracias al carácter general de la formulación, ese "interés de
los hijos" podrá ser valorado en cada caso específico por los tribunales.
Este nuevo estilo legislativo que ha contribuido tan notablemente a la renovación del
Código civil ha inspirado —para mejor o para peor— las "reformas de reformas"
emprendidas en el derecho de familia desde los años noventa. Ha inspirado también la
reciente reforma del derecho de las garantías por la ordenanza de 23 de marzo de
2006.

Este nuevo estilo legislativo pudiera permitir en el futuro la renovación de otros


bloques del Código civil, como el derecho de los contratos o el derecho de propiedad. A
propósito del derecho de los contratos, un anteproyecto de reforma, preparado bajo la
dirección del profesor Catala, que respeta la letra y el espíritu de nuestro derecho civil,
fue propuesto en el año 2005,14 siendo traducido a distintos idiomas con el fin de
asegurar su difusión internacional.15 Pero, bajo la influencia del derecho europeo, el
Ministerio de Justicia prefirió proponer en el 2008 un texto más cercano a los proyectos
europeos, cuya suerte dependerá de los debates futuros en el Parlamento.Técnica ha
sido la renovación pero, también, política.

B) Una renovación política

Esta renovación técnica de las disposiciones del Código civil ha favorecido, en efecto,
su renovación política. Desde principios del siglo veinte, la celebración del centenario
permitió cristalizar una unanimidad latente en favor del Código civil. Dicha unanimidad
fue más espontánea en la medida que coincidió con la aparición del Código prusiano, el
BGB, sobre un fondo de rivalidad jurídica y política entre Francia y Prusia.

Los franceses se reagruparon tras su Código, enarbolándolo como una bandera frente
al enemigo prusiano que acaba de adoptar el suyo. También la pátina de los años
confirió a los artículos del Código civil el aura que incumbe a los antiguos. El Código
civil tendió poco a poco a identificarse con el conjunto de nuestro derecho y, más
generalmente, con los valores fundamentales que unen a la sociedad francesa. Así, un
importante trabajo realizado hace algunos años bajo la dirección del sociólogo Pierre
Nora ha consagrado al Código civil como "enclave de memoria" de Francia,16 en igual
medida, por ejemplo, que el Castillo de Versalles, la bandera tricolor o la Marsellesa.

Esta dimensión simbólica del Código civil puede ser apreciada muy fácilmente a través
de un ejemplo concreto. Cuando el Parlamento debatió en 1999 sobre la eventualidad
de reconocer el concubinato homosexual, esta cuestión hubiera podido ser fácilmente
solucionada con disposiciones específicas, que hubieren reconocido ventajas sociales al
concubino homosexual o que le hubiesen permitido disfrutar del arrendamiento de su
concubino difunto. Pero los grupos de presión no querían contentarse con estas
ventajas, querían, a través del PACS, Pacto civil de solidaridad, una consagración de la
pareja homosexual en el Código civil mismo, que les pusiera en pie de igualdad con las
parejas casadas.

En plena renovación técnica y política, el Código civil se encuentra hoy, pues, dos
veces centenario y con buena salud. Las amenazas que se ciernen sobre el Código civil
no provienen, por lo tanto, de él mismo sino más bien del exterior, de los proyectos de
Código civil europeo, que podrían acarrear su desaparición.

En efecto, las instituciones europeas militan, más o menos explícitamente, en favor de


la elaboración de un Código civil europeo, iniciativa cuyo relevo ha sido tomado por
varios grupos universitarios de diferentes países de la Unión Europea involucrados en
la elaboración de un tal Código.17 Si bien esos debates parecen estimulantes18 y
pueden en especial acelerar la renovación de nuestro Código civil, la elaboración de un
Código civil europeo parece prematura en tanto el porvenir político de Europa no haya
sido esclarecido.
Un Código constituye el producto de una nación y no es seguro que la nación europea
tenga una identidad lo suficientemente nítida como para tener su propio Código. 19 Por
lo tanto, al Código civil francés, aunque centenario por partida doble, le quedan aún
buenas perspectivas de futuro, tanto en Francia como en el extranjero, y constituye
uno de los vectores más importantes del resplandor de la cultura francesa y francófona
en el mundo.