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PSICOANALISIS DEL ENCUADRE

El encuadre se mantiene y tiende a ser mantenido como invariable. Mientras sea así, éste no
entra en consideración. Pero ¿cuál es el significado del encuadre mientras se mantiene? Ese es el
problema de las simbiosis, que es muda, y sólo habla cuando se rompe o amenaza con romperse.

Hay que reconocer que parte del encuadre se construye en un mundo fantasma. Aquello
corresponde también al mundo más primitivo, pero esto no significa que no exista. Ocurre que lo que
siempre está, sólo se percibe cuando falta. De hecho, que no se perciba al No-Yo, no quiere decir que
no exista.

Sabiendo que la lógica, la comunicación o el lenguaje incluyen una metalógica,


metacomunicación o un metalenguaje, la conducta que nos interesa en el encuadre incluye una
metaconducta. Entonces el encuadre es la metaconducta de la conducta que se da dentro de él.

La metaconducta es lo que el sujeto procura no mostrar, eludiendo la regla fundamental. Sin


embargo, es con la regla fundamental justamente con lo que se cumple todo lo que el sujeto
conscientemente no desea mostrar. Si la relación paciente-analista es una simbiosis, el encuadre es el
marco que lo posibilita, y en ese sentido, el encuadre es lo que da el ambiente propicio para el
desarrollo del Yo.

Sintetizando, el encuadre (entendido como problema) constituye la más perfecta compulsión a


la repetición. En realidad debería hablarse de dos encuadres: Uno que propone y mantiene al analista
conscientemente aceptado por el paciente, y un segundo encuadre del “mundo fantasma”, en el que el
paciente proyecta su mundo interno inconsciente.

E. Jacques propone que las instituciones son usadas inconscientemente como mecanismo de
defensa contra las ansiedades psicóticas, pero al mismo tiempo representan un depósito de la parte
psicótica de la personalidad, es decir, de la parte más indiferenciada y no resuelta de los vínculos
simbióticos más primitivos.

El desarrollo del Yo depende de la inmovilización del No-Yo. Podría decirse que la identidad
depende de la forma en que es manejado el No-Yo, y que este mismo es el fondo o el marco del Yo
organizado. Entre el Yo y No-Yo o entre la parte neurótica y psicótica se instala una disociación.

El encuadre (aquel del mundo fantasma) es la parte más primitiva de la personalidad, la fusión
yo-cuerpo-mundo, de cuya inmovilización depende la formación, existencia y discriminación (un yo,
un objeto del esquema corporal, del cuerpo, la mente, etc). Los pacientes con “acting in” o los
psicóticos nos traen también “su propio encuadre”: La institución de su propia relación simbiótica,
pero también la traen todos los pacientes.

Cuando el encuadre se rompe es porque se produce una diferencia entre el encuadre del analista
y del paciente. Por aquella grieta entra la realidad, una realidad catastrófica para el paciente al darse
cuenta que su “mundo fantasma” no es el mismo que el del analista. Toda variación del encuadre pone
en crisis al No-Yo porque desmiente la fusión, obliga al yo a la reintroyección y reelaboración, o a la
activación de defensas para inmovilizar o reproyectar a la parte psicótica de la personalidad. En caso de
no analizarse el encuadre en caso de quebrarse puede volverse una “adicción”. Esto es, que si no se
analiza sistemáticamente puede volverse una organización estabilizada sobre la cual el yo del paciente
se amolda. No es un yo interiorizado que de estabilidad interna al sujeto, está sólo adaptado
externamente. La personalidad se vuelve una fachada. Sólo con el análisis del encuadre se puede lograr
una desimbiotización de la relación analista-paciente.

La reacción terapéutica negativa constituye la manifestación más clara de la instalación del no-
yo en el encuadre y de su no aceptación al mismo.

El encuadre es lo más presente, como los padres para el niño. El diván, la comodidad, pueden
ser para el neurótico simbólicamente el amor de la madre. Para el psicótico son físicamente el amor del
analista. El encuadre en ese sentido siempre representa lo más regresivo. Y al igual que los padres, sin
él no hay desarrollo del yo.

Bibliografía
Bleger, J. (1999). Psicoanálisis del encuadre psicoanalítico. De Psicoanálisis, 24(2), 237-250.