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KOANENIOS ‘DEPSCOLOGH APRS Aquilino Polaino-Lorente (Dir) Javier Cabanyes Truffino Araceli del Pozo Armentia © Copyright 2003, Aquilino Polzino-Lorente, Javier Cabanyes Truffino y Araceli del Pozo Armentia Instituto de Ciencias para la Familia. Universidad de Navarra. Ediciones Rialp, S. A. ISBN: 84-321-3468-6 Depésito legal: M. 38821-2003 Tlustracién de cubierta: The Image Bank Disefio: Equipo de Edicién Fotocomposicién: Gréficas Anzos, $. L. Impreso en Graficas Anzos, S. L. - Fuenlabrada (Madrid) Printed in Spain - Impreso en Espaia «No esta permitida la reproduccién total 0 parcial de este libro, ni su tratamiento informético, ni la transmisin de ninguna forma 0 por cualquier medio, ya sea electrdnico, mecénico, por forocopia, por registro u otros mécodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright.» INDICE 7 2.4. Enfasis en la subjetividad .. 124 2.5. Visién positiva, optimista y centrada en la salud 124 3. Rogers y la teorfa del s{ mismo . 125 3.1. Punto de partida 125 3.2. Organismo .... 126 3.3. Si mismo 127 3.4. Tendencia a Ja actualizacién 128 3.5. Desarrollo y dindmica de la personalidad 128 3.6, Necesidad de consideracién positiva .. 129 3.7. Necesidad de autoestima 130 3.8. Condiciones de valor .... 130 3.9. Congruencia versus incongruencia 131 3.10, Funcionamiento pleno 132 4, Maslow y la teorfa de la motivacién 133 4.1, Fundamentos .. 133 4.2. Necesidades 134 4.3. Actualizacién de sf mismo .... 135 5. Consideraciones criticas del enfoque humanista 136 6. Bibliografia .. 137 Capitulo 6: EL ACERCAMIENTO FENOMENOLOGICO EN EDITH STEIN AL ESTUDIO DE LA PERSONA, por Aquilino Polaino-Lorente 139 1. Introduccién .... 139 2. La estructura de la persona humana 141 3, Sentimientos, valores y libertad 145 4, Yo, si mismo, persona 147 5. Estructura del Yo .... 149 6. La dimensién social en la estructura de la persona 153 7. Bibliografia 159 Capitulo 7: LA PERSONALIDAD EN LAS TEORIAS PSICOANALITICAS, por Aquilinn Polaino-Lorente . 160 . Introduccién 160 1.1. El «principio del placer» y el «principio de la realidad» 162 1.2. El placer y el principio de realidad . 168 1.3. Realidad y principio de la realidad . 169 1.4. Apertura cognoscitiva y principio de la realidad 169 1.5. La realidad y la observacién de lo real 170 2. La topografia de la conciencia 171 3. La estructura de la personalidad 177 4, El desarrollo evolutivo de la personalidad . 182 5. Los mecanismos de defensa del yo 187 6. Bibliografla ..... 192 Capitulo 8: TEORIA PERSONALISTICA DE ALLPORT, por Javier Cabanyes Truffino .. 194 1. Prolegémenos a una teorfa 194 8 INDICE 2. Los rasgos 197 3. El proprium ... 198 3.1. Percepcién de la realidad corporal 200 3.2. Identidad 200 3.3. Autoestim: 200 3.4, ExtensiOn del yo 201 3.5. Imagen de sf mismo 201 3.6, Racionalidad 202 3.7. El sf mismo intencional 202 4, Autonomfa funcional de los motivos 203 5. El comportamiento 205 Ges eins es eee eae 3 7. Bibliografia Capitulo 9: EYSENCK Y LA TEORIA DE LOS TRES FACTORES, por Javier Ca- banyes Truffino . 208 1. Marco de influencias 208 2. Notas generales de! modelo .. 209 3. Dimensiones basicas de la personalidad 210 4. Acercamiento explicativo de la personalidad . 212 4,1, Extraversién-introversién . 213 4.2. Neuroticismo 218 4.3. Psicoticismo 219 5. Valoracién del modelo y conclusiones .. 220 6. Bibliografia 221 Capitulo 10: La ESTRUCTURA DE LA PERSONALIDAD Y EL ANALISIS FACTO- RIAL, por Araceli del Pozo Armentia y Aquilino Polaino-Lorente ....._ 224 1. Introduccién .... 224 2. La teorfa de Cattell 3. La personalidad y los rasgos fle nalidad i 1. Personalidad, cognitivismo y terapia familiar flictos conyugales, cognitivismo y personali 2.1. No todos los sesgos son determinantes de conflictos conyu- gales . 2.2. Beutaioe y atajos cognitivos 1. «Mis relaciones de pareja han sido un continuo de- 247 sastre desde su comienzo» .. 250 2.2.2, «(Te has enterado de lo que ha hecho mu 257 a) EI sesgo éxito-fracaso 259 fNDICE b) El sesgo de negatividad ... ©) El sesgo de representatividad d) El sesgo de ajuste /anclaje .. : 2.2.3. «Son los padres buenos educadores de sus hijos’» ... 2.2.4, Egocentrismo y responsabilidad: las celadas del yey los juicios sobre el tai 2.2.5. «A éte le cambio yo en cuanto nos casemos» 3. A modo de epilogo 4, Bibliografia . Capitulo 12: Los CONSTRUCTOS PERSONALES DE KELLY, por Agquilino Polaino-Lorente y Araceli del Pozo Armenttia .. 1. Kelly y el alternativismo constructivo . 2. La teorla bdsica de Kelly: el postulado fundamental y los corola- rios ... . La estructura de la personalidad y los constructos . La psicopatologta implicita en esta teoria . A modo de conclusién: . Bibliografia .... Capftulo 13: LAS TEORIAS INTERACCIONISTAS, EL APRENDIZAJE SOCIAL Y LA PERSONALIDAD, por Javier Cabanyes Truffino 1. Prolegémenos de un debate .. 2, El planteamiento interaccionista . 2.1. Caracterfsticas del modelo 2.2. Variables de la petsona .. 2.3. La interaccién: 3. Rotter y el aprendizaje social 3.1. El comportamiento en una si ayaw .cién especifica 3.2. Hl comportamiento en situaciones generales 3.3. Dindmica del modelo 4, El acercamiento social-cognitivo . 5. El planteamiento critico de Mischel 5.1. Frente a los rasgos .. 5.2. Unidades de andlisis de la personalidad 6. La propuesta de Albert Bandura .. 6.1. El st mismo como autocontrol 6.2. La autoeficacia ... 6.3. Funcionamiento del modelo 7. Valoracién del modelo interaccionista 8. Bibliograffa Capitulo 14: LIDERAZGO Y¥ ALTRUISMO EN EL CONTEXTO DE LA FAMILIA, por Aquilino Polaino-Lorente y Araceli del Pozo Armentia . 1. Concepto de lider y liderazgo 2. Direccién y liderazgo 3. La personalidad del lider 260 262 263 264 271 275 279 279 281 281 284 297 303 306 306 309 309 310 314 316 317 326 328 330 331 331 332 335 338 339 341 345 345 345 345 10 fNDICE 4, Teorfas sobre el liderazgo. Persona y situacién: Los estilos de li- derazgo ... . 349 5. El liderazgo en la familia .. 397 6. Algunas consideraciones acerca del concepto de altruismo 361 7. Teorfas acerca de la conducta altruista 361 8. La personalidad altruista .. 362 9. Premisas y factores determinantes de la conducta altruista 369 10. El comportamiento altruista y el comportamiento solidario ..... 373 11. Bibliografia ... 373 Capitulo 15: PERSONALIDAD, ANSIEDAD Y RENDIMIENTO, por Javier Ca- banyes Truffino . 376 1, Consideraciones iniciales .. 376 2. Delimitacién de conceptos . 376 3. Anilisis del estrés y la ansiedad 379 A, Elestrés como respuesta ... 380 4.1. Afrontamiento del estrés 382 4.2. Mecanismos de defensa frente al estrés 386 5. Estrés y personalidad 388 5.1. Enfoques sobre el estrés y la persor 389 5.2. Variables de la personalidad .. 390 5.3. Autocontrol y fortaleza .. 391 5.4, Ansiedad y percepcién de la autoeficacia 302 6. Ansiedad y rendimiento 392 7. Situaciones de prueba .. 394 8. Rasgo y estado de ansiedad 397 9. El papel de la siruacidn en el estrés y la ansiedad 399 9.1. El estrés en la vida cotidiana .. 401 9.2, Burnout 403 10. Bibliografia 405 Capitulo 16: PERSONALIDAD, AUTOCONTROL ¥ AUTOEFIGACIA EN EL AM- BITO FAMILIAR, por Araceli del Pozo Armentia y Aquilino Polaino- Lorente 408 1. Introduccién 408 2. Personalidad .. 408 2.1. Autocontrol 409 2.2, Estadios del aurocontrol 4ll 2.3. Técnicas de autocontrol 411 3. La familia y los mecanismos de autocontrol Al5S 4. Autorregulacién .. . 418 4.1. La autorregulaci6n y el dominio de si en el contexto de la familia .. . 419 5. Autoeficacia .. 419 5.1. La familia y el sentido de autoeficacia 421 6. Bibliografia 423 INDICE Capitulo 17: LAS ATRIBUCIONES ¥ LA BUSQUEDA DE LA EXCELENCIA PER- SONAL EN LA FAMILIA, por Aquilino Polaino-Lorente y Araceli del Pozo Armentia a 1. Introduccién 2. La teorfa de la atribucién. 3. La atribuci6n y las dimensiones causales .. 4. Lae percepctones causales y la cuestidn de las diferencias indivi- duales .. 5. Errores y sesgos atribucionales 6. Elestilo atribucional 7. Laterapia atribucional 8. 9. . Las atribuciones y el contexto familiar .. ). La excelencia personal .. 10. Bibliografia .. Capitulo 18: LA PERSONALIDAD HOY: ENTRE LA AUTOAFIRMACION Y LA DES- PERSONALIZACION, por Aquilino Polaino-Lorente i 1. Introduccién 2. Personalidad y trabajo 3. Personalidad y adiccién al trabaj 4, Personalidad ¢ individualismo 5. 6. 7. «Workaholism» . Trabajo y familia . De Sisifo a Proteo . . Bibliografia .. Capftulo 19: PERSONALIDAD TIPO A, LIDERAZGO Y ALTRUISMO EN EL MA- TRIMONIO, por Aquilino Polaino-Lorente » Introduccién . La personalidad tipo A y el matrimonio .. . La personalidad del lider y el matrimonio . . La personalidad altruista y el matrimonio ..... . La personalidad ansiosa y los conflictos conyugales .. . Bibliografia . AVY RONS Capitulo 20: PERSONALIDAD Y CONFLICTOS CONYUGALES, por Aquilino Polaino-Lorente 1. Introduccién 2. La incapacidad para expresar, dar y reci . La pareja que chace el ridfculo» |. La personalidad envidiosa . La personalidad rencorosa y resentida . La personalidad que no tolera las frustraciones . La personalidad celosa 7.1. Los celos y los mecanismos de defensa del yo . La negacién La emulacién creativa La sublimacién . NAVA 425 425 426 429 432 433 436 439 440 12 FUNDAMENTOS DE FSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD 7.1.4. La represin 7.1.5. El desapego 7.1.6. La docilidad servil 538 7.2. El comportamiento celoso, control .. 7.3. La educacién en la afectividad de las personas celosas .. 8. Bibliografia .... Capitulo 21: LA ASf LLAMADA «MADUREZ DE LA PERSONALIDAD», por Aquilino Polaino-Lorente 1, Introduccién . 2 Algunas caracteristicas generales de las personalidades madutas . . Es realista 550 oy Aprende de los propios errores 2.3. Se acepta a si misma 2.4. Vive en el presente .. 2.5. Controla su talante afectivo 2.6. Sabe conjugar el trabajo, las aficiones y el tiempo libre .... 553 2.7. Tiene capacidad de compromiso, responsabilidad y cono- cimiento personal 2.8. Ni domesticable, ni devorada por la masa 2.9. Es capaz de transformar y asumir la identidad personal ... 556 2.10, Es capaz de refrse de s{ misma 2.11. Es erftica, pero no criticona 2.12. Ama ha libertad y tolera la ambigiiedad 2.13. Profesionalidad, lealtad y espfritu de servicio 2.14. Sabe relacionarse con los demas 2.15. Sabe afrontar la enfermedad 2.16. Se siente segura de s{ misma y sabe vivi 3. Los criterios de la Asociacién Nacional de Salud Mental nor- teamericana .... 3.1. Se sienten confortables consign mismos .. 3.2. Piensan bien de los demis .. 3.3. Son capaces de afrontar las exigencias de la vida .. ss 4. Un decélogo que puede ser «til para la madurez de la personali- dad y la felicidad conyugal 5. Bibliografia ... 561 563 563 565 Capftulo 22: AMOR ¥ PERSONALIDAD, por Aquiline Polaino-Lorente » Untroduccidn nese 565 Laexpresién y donacién de afecto 566 . La reciprocidad de la mutua donacién 568 . Donacién y acogida del don ... 570 572 573 . Complementariedad y mejora de la personalidad . Libertad, personalidad y conflictos conyugales . Bibliografla ... NAVAN S PROLOGO EI estudio de la personalidad se presenta, amable lector, como una tarea fascinante y problemdtica. Fascinante, porque en el fondo de cada persona subyace la intrincada y anhelante cuestién de saber cémo se es, una vez que se ha constatado la casi imposibilidad de saber quién se es. Tal fascinacién no es, pues, artificial, sino que responde a un deseo natural ¢ irreprimible: el de saber acerca de s{ para saber a qué atenerse. Problemética, porque son muchos los estudiosos, las teorfas y las es- cuelas de psicologia desde las que se han abordado el estudio de la perso- nalidad. Nada de particular tiene por eso, que al principiante —menos avezado en el contenido de estas materias— tal vez le cueste un poco mds de esfuerzo pasar de uno a otro modelos de personalidad o que acaso se empecine en hacerlos chocar y en tratar de integrarlos en un solo modelo sintético, totalizante y casi siempre crfptico, incluso para si mismo. El consejo de quien esto escribe es que renuncie a ese intento, al mismo tiempo que se le anima a tratar de llegar —eso sf— a una sintesis personal, tras la lectura de este manual, poco importa que se ajuste 0 no a las exigencias academicistas. Por lo general, al alumno le importa mds —le va en ello aspectos rele- vantes de su intimidad— dar razén de si, es decir, conocerse, que «cons- truir» una perfecta sintesis, tan proteica como iniitil, para conducirse a si mismo ¢ iluminar los pasos que ha de dar en la travesia de su vida. Es conyeniente, sin embargo, que se deje seducir por el estudio de la psicologia de la personalidad —y a ello se le anima—, al menos por las im- plicaciones que esto pueda tener en dl acercamiento a otras personas, con las que antes o después habri de encontrarse en el ejercicio de su profesién. Es probable que si se acerca a su estudio movido o motivado por es- tas circunstancias, se le allane ef camino que emprende y hasta se deje cautivar por lo que se dice en el texto que tiene entre sus manos. 4 FUNDAMENTOS DE PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD En tiltima instancia, aunque s6lo fuera por «amueblar mejor su ca- beza psicolégica», tal empresa valdrfa la pena. De esa mejora del «amue- blamiento» depende muchas veces la capacidad de plantearse problemas y reflexionar sobre ellos. Cualquiera que fuere el resultado que obtuviere, esto es siempre una gran cosa, pues comporta una cierta capacidad, que dilata y profundiza la propia personalidad a la vez que intensifica su densidad de persona. Escribiré ahora dos palabras acerca de los profesores que aqui han colaborado. Javier Cabanyes es neurdlogo y doctor en Medicina, y proba- blemente uno esos raros profesionales de su especialidad que mds se han interesado en la practica por el estudio neuropsicolégico de la personali- dad, en pacientes psiquidtricos. Araceli del Pozo es Doctora en Ciencias de la Educacién desde hace més de una década. Si tuviera que subrayar algiin rasgo de su personali- dad que le caracterice como quien es, sin duda alguna, dirfa que su aper- tura y disponibilidad a la comprensién y necesidades del otro. Acaso por eso tenga tanta atraccién y poder de persuasién entre sus alumnos y com- pafieros de Universidad. Ambos colaboradores coinciden en haber impartido esta disciplina durante muchos afios en nuestra Facultad, en haber sido —en un tiempo ya ido— alumnos a los que dirigf sus respectivas tesis doctorales, y sobre todo —cémo no— en haber soportado la convivencia no interrumpida durante lustros con mi persona, cosa nada facil y muy de agradecer por quien esto escribe. En realidad, he de manifestar que me siento muy honrado de haber colaborado con ellos, pues sin su ayuda y estimulo esta publicacién jamds se hubiera realizado. Por tiltimo, advertir al lector de que en esta publicacién se han cui- dado también ciertos aspectos antropolégicos y humanistas que, de for- ma inevitable, enmarcan el estudio de la personalidad, de manera que el alumno no se enfrente al aprendizaje que realiza, de una forma desencar- nada o desvitalizada. Este es el discurso argumental que justifica el que se hayan incluido en esta monograffa algunos contenidos como las diferencias entre perso- na y personalidad; el acercamiento fenomenolégico en Edith Stein al es- tudio de la persona —lo cual pudiera escandalizar a algunos y hacer que otros se sientan dichosos—; el estudio de las atribuciones y la busqueda de la excelencia en la familia; los riesgos que la personalidad tiene hoy, entre la autoafirmacién y la despersonalizacién; la personalidad y los con- flictos conyugales; la asf llamada «madurez de la personalidad»; etc. A la altura de la trayectoria académica en que actualmente se en- cuentra, quien esto escribe, ha de confesar que ha reflexionado muchas PROLOGO 15 veces en las palabras de Bossuet que se transcriben a continuacién: «El hombre, pequefio por s{ mismo, se avergiienza de su pequefiez, se afana por engrandecerse, para multiplicarse con sus titulos, con sus posesiones, con sus vecindades! Y, sin embargo, por mds que se multiplique, para anonadarle no se necesita mas que una sola muerte. Pero él no piensa en tal cosa, y en el indefinido e imaginario acrecentamiento de la vanidad nunca se le ocurre medirse con el féretro, que es, empero, su tinica medi- da exacta». Después de repensar numerosas veces el contenido del anterior frag- mento, el autor de este prdlogo ha de reconocer que todavia le importa —aunque bastante menos que antes— lo que los demds puedan decir de al; No tanto por Jo que estrictamente digan como par e| modo en que lo dicho por ellos pueda incidir en su modo de ser y hasta en la relativa re- configuracién de su personalidad, un tanto cristalizada ya a estas alturas de la vida. Es preciso admitir que las opiniones ajenas acerca de lo que las per- sonas realizan suelen influir en todas ellas. {Tanto nos importa, al parecer, la cuestion de la reputacién y el reconocimiento social! Causa un cierto asombro este pequefio misterio humano, para el que no disponemos de un estudio del todo clarificador y terminante, No obstante esta incerti- dumbre, ha de admitirse que algunos hemos encontrado un cierto con- suelo en el modo cn que Alejandro Poc responde a la pregunta, a este res- pecto nuclear: «Qué es la reputacién?» —se pregunta Poe—. «Una vida imaginaria en la vida de los demds, algo fuera de nosotros antes de nues- tra muerte». Madrid, 25 de junio de 2003 Prof. Dr. Aquilino POLAINO-LORENTE. Catedrdtico de Psicopatologia de la Universidad Complutense CapfTULO 1 INTRODUCCION AL CONCEPTO DE PERSONALIDAD Aquilino Polaino-Lorente 1. Introduccién El concepto de personalidad es un término que deriva del griego (présopor) y del latin (personare, persona), que significa resonar, sonar con fuerza. Esta acepcién inicial le viene impucsta por el papel que cada actor desempefiaba en la obra teatral. Persona era, pues, sinénimo de «persona- je, y se designaba con ello la mdzcane hueca o caritula que empleaban los actores en las representaciones teatrales para amplificer ef volumen de su voz, al mismo tiempo que para ocultar su verdadero rostro y asi adaptar- se mejor al papel que representaban. Es probable que este uso inicial del término personalidad, concebido como méscara, haya hecho un flaco servicio al concepto psicolégico de personalidad, tal y como éste es entendido por la gente. Hay una relacién inevitable entre persona y personalidad aunque, como observaremos mds adelante, sean muy diferentes en sus significados. Sin embargo, uno y otro se emplean, indistinta y funcionalmente, como si tuvieran el mismo significado, tanto por psicélogos como por la mayorfa de los hablantes. De aqui que pueda afirmarse que la personali- dad es el correlato psicolégico de! rérmino persona que estudian los fild- sofos. La personalidad se nos ofrece como la denominacién que recibe el concepto de persona en el dmbito de la psicologia, una vez que aquél ha sido descontextualizado del marco filosdfico en que se origind. Nada de particular tiene que el concepto de personalidad, puesto hoy en circulacién en la mds amplia sociedad, constituya ante todo una imagen de la persona, la apariencia, el comportamiento que manifiesta en funcién del contexto y los determinantes sociales en que se encuentra, el modo de conducire seguin el «escenario social en que se halla. 18 FUNDAMENTOS DE PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD Como tal icono, el concepto de personalidad se ha distanciado cada vez mds del de persona con el que, obviamente, estd articulado de forma inevitable. La personalidad depende de la persona como de su propio origen Segiin esto, el concepto vulgar de personalidad podria entenderse como algo aditivo y genitivo. Aditive, porque es algo que se afiade o yux- tapone al ser de la persona, a pesar de que la imagen manifestada no se corresponda con la persona a la que dice representar. Es cierto que fa persona se manifiesta y que esas manifestaciones constituyen, en un cierto sentido, algo que la representa. Pero la persona ni «tiene» una imagen, ni «es» una imagen. El ser de la persona trascien- de la imagen en que se manifiesta. De otra parte, esa «tepresentacién» de su ser es siempre parcial, sectorial y muy limitada y restringida. Genitive, porque la personalidad se concibe como algo, como una imagen o representacién de alguien, sin cuyo sujeto originario y «de perte- nenciay no seria posible. En realidad, aqu{ no hay una imagen de nadie. Para que haya imagen tiene que haber alguien detrés, es decir, un sujeto (subjectum; suppositum) que sustente, precisamente, la imagen que mani- fiesta o representa, Tan importante es hoy este aspecto genitivo de la personalidad que, en el uso coloquial del lenguaje, es frecuente que la expresién «tener o dar buena imagen» signifique y se entienda como «ser alguien». Si no se dis- pone de una cierea imagen social, no se es alguien, sino o «no tiene ninguna personalidad». Tener o no tener persona- lidad, en el sentido aludido, implica haber confundido el ser con el tener (Polaino-Lorente, 1976). La personalidad es lo que se es —fruto, eso sf, de una sintesis muy amplia: factores genéticos, bioldgicos, familiares, socioculturales, ete— y no algo superpuesto al ser y posefdo por éste, facil al cambio como si de una prenda epidérmica se tratara. 3. Persona y personalidad La persona, no obstante, es el fundamento de la personalidad, la ra- z6n Ultima por la que cada ser humano es lo que es y no otro. La perso- nalidad, en cambio, es una explicacién, siempre pentiltima e incompleta, del anderen que se conducy cadla ver humane, De aqud que el estiulio de la personalidad jamds abarque la totalidad de la persona estudiada. Lo cual no obsta para que ciertos aspectos relevantes de la persona se expliciten y puedan ser conocidos a través del estudio de la personalidad. En este punto, considero que es importante salir al paso de otros tér- minos —en mi opinién, desafortunados— con los que se designan a las personas, tal y como frecuentemente comparecen en los manuales de psi- cologfa al uso. Me refiero, claro est, a conceptos como «individuo» y «sujeto». Ninguno de estos términos tiene legitimidad alguna para susti- tuir al concepto de persona. El término individuo, por ejemplo, subraya sobre todo algo que es obvio: que ese ser no es divisible, que ese ser no puede ser dividido. Su empleo también viene determinado, en otras circunstancias, para desig- nar una cierta carencia: la ignorancia o desconocimiento de la persona y/o su condicién, a 1a que se refiere. De acuerdo con estos significados, ‘no parece que deba prodigarse su uso en el Ambito de la bibliografta cien- tifica, a pesar de que en la actualidad sea moneda de uso corriente. Algo parecido sucede con el término sujeto. Con este término sc hace referencia a una persona innominada, bien porque s¢ ignora sm nombre (y todo lo que como tal le caracteriza), o bien porque el hablan- te no quiere singularizarla. El hecho de que la perrona sea innominada, la identifica, en cierto modo, con el anonimato; transforma el ser singular, tinico ¢ irrepetible 28 FUNDAMENTOS DE PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD que es (persona), en un ser igualitario, repetible y, hasta cierto punto, equiparable a los restantes seres humanos. Esto supone que el empleo del tétmino «sujeto» desnaturaliza y tergiversa, en cierto modo, las notas dis- tintivas en que consiste el hecho de set persona, En cierto modo, se comprende —aunque no se justifica—, que se haya incurrido en tal reduccionismo. Al cientifico y al teéticn de la per- sonalidad lo que les interesa es identificar y apresar leyes, es decir, obtener reglas universales, con cuyo concurso pueda darse razén del comporta~ miento humano. Pero esto implica una abstraccién selectiva y precisiva —a pesar de que sea necesatia para el estudio del hombre empitico—, que se compa- dece muy mal, que traiciona en cierto modo la naturaleza de la persona. Es precisamente por esta dificultad por lo que el alcance explicativo de las teorfas de la personalidad sea tan corto, a la hora de explicar la mane- ra de ser de una persona singular. Esto acontece, precisamente, porque se ha reducido con anterioridad a la persona estudiada —mediante una abstraccién siempre parcial— a la formalidad particular y especial desde la que se estudia. Y, naruralmente, tal reduccionismo constituye un poderoso obstéculo para la pretendida eexplicacién» acerca de esa persona. {Significa esto que haya que renunciar al estudio de la personalidad? No, en modo alguno serla legitima esa renuncia. El hecho de que cual- quiera de los procedimientos hoy disponibles sea incompleto ¢ insatisfac- torio pata la cabal explicacién del comportamiento de una persona, no empece para que podamas disponer de él con una cierta eficacia. Que se cexpliquer parcialmente una realidad es mucho mejor que snitse explique en alwolunos. He saat las laces y sombre, la grandena y la miseria de los resultados de las investigaciones acerca de la personali- dad. Por eso mismo no es de extrafiar que dispongamos de tantos puntos de view (y de tan diversas tenors) acercadela penonslidad. En realidad, si se comparan las caracterfsticas con las que se trata de identificar la petsonalidad de alguien con las caracteristicas de esa misma persona, en tanto que persona, se descubrir4 en seguida que hay entre ellas una evidente contraposicién. Baste recordar aqui que la persona, cada persona es singular, nica, inabarcable, incognoscible, irrepetible, insustituible, no predecible, inconmensurable y libre. Si se hacen chocar estas categorias con otras cualesquiera, propias de una determinada teoria acerca de la personalidad, se comprobard la fra- gante contradiccién a la que antes se aludia, ademas del implicito reduc- Cionismo en que se incurte, Viene aquf a cuenco unas palabras de F. M. Klinger en las que se si tetiza lo que se acaba de decir: «los fisiélogos, los psicélogos, los antropé INTRODUCCION AL CONCEPTO DE PERSONALIDAD, 29 logos y los anatémicos descifran, describen, explican y diseccionan al hombre para decirnos lo que el hombre es y de qué se compone. Pero no alcanzan a decirnos lo que une sus elementos, lo que le hace hombre. De igual manera, el salvaje intenta buscar en el latid la musica de los euro- peos haciéndolo afiicos». EI dramatismo de esta metéfora puede resultar patético y un tanto desalentador. Hay en ella, en efecto, un tanto de exageracién, porque ningiin psicélogo de la personalidad ha hecho «afiicos» a ninguna perso- na cuando la estudia. Pero aporta también un micleo de verdad, puesto que cualquier in- dagacién psicolégica acerca de la personalidad resulta insuficiente a la hora de explicar por qué esa persona se conduce en el modo en que lo hace. La personalidad es un trasunto de la persona, cuyo estudio, a pesar de multiplicar los puntos de vista, no es suficiente ni omniabarcante de la entera condicién de la persona. En cierto modo, la psicologia de la personalidad lo que hace es des- componer al hombre mediante un cierto anilisis sectorial, apresando ciertas dimensiones, rasgos 0 caracteristicas. Pero con la sola recomposi- cién de las caracterfsticas que previamente se han aislado, casi nunca puede sostenerse un conocimiento totalizante, completo y unificador de la persona estudiada. Y es que la parte jamds puede explicar el todo. Tal vez por eso, cuando la persona se hace la pregunta més elemental y otiginaria respecto de si misma (;quién soy yo?), apenas si encuentra al- guna ayuda en los resultados de los estudios de personalidad que le han sido practicados. Acabamos de ver la insuficiencia de los estudios de la personalidad para dar cuenta y razén de lo que es la persona. Pero tampoco una inda- gacién filoséfica acerca de lo que la persona sea artoja suficiente luz sobre el problema. Es cierto que la persona es un «quién» y no un «qué; un calguien» y no un «algo»; un «yo» y no un mero «ello». Pero el alcance de estas indagaciones continia siendo un tanto oscuro ¢ incompleto. La tradicional definicién de Boecio, «sustancia individual de natura- leza racional», esta muy puesta en raz6n, desde la perspectiva filosdfica, pero afiade muy poco, prdcticamente nada, al conocimiento psicolégico de la persona. En la anterior definicién se pone el énfasis en la «naturale- za racional» de la persona, lo que es muy acertado, por constituir el fun- damento mismo —abierto a numerosas y diversas explicitaciones—, de lo que es la persona. En esta definicién estén implicitas otras caracteristicas relevantes ¢ irre- nunciables de la persona. Este es el caso, por ejemplo, de la capacidad de querer y de la libertad humana, propicdades de la voluntad. Ambas caracte- risticas desvelan que la persona es 11 ser irrestrictamente abierto (Polo, 1996). 30 FUNDAMENTOS DE PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD Por el conocimiento, la persona se abre a lo conocido, a lo que no es ella misma y, sin embargo, puede aprehenderlo, incorporarlo y, en cierto modo, llegar a serlo. Lo mismo sucede con su capacidad de querer. Cierto que cada persona puede y debe quererse a si misma, pero eso en modo al- guno es suficiente. Es necesario querer a otro; pero el otro no es el yo; el otro est4 mds alld del yo. Por eso mismo, la persona tiene que abrirse para encontrar al otro (fuera de si), al que poder entregarse. Esta propiedad de la apertura en el ser humano se pone también de manifiesto en el hecho de ser querido, una necesidad vital que resulta también irrenunciable. «Ser querido» significa que el otro, que no es el yo, se da a s{ mismo a un «yo» y es aceptado por este tiltimo. Por la razén, la persona estd abierta al conocimiento, a la contempla- cién, a la creatividad y a la innovacién. Por la voluntad, la persona esta abierta al otro, a querer y ser querida, a la coexistencia, ala comunién y a elegir y conducir su vida del modo que mejor le parezca. Ahora bien, el hecho de que la persona sea un ser irrestrictamente abierto, tal y como de aqui se deriva, nada dice respecto de «cémo estd abierta» cada persona en concreto. Y esto es esencial, puesto que, por su singularidad, a cada persona lo que en definitiva le importa es qué hacer €n concreto con su propia vida, con independencia de que alcance o no el conocimiento en que consiste su apertura como persona. Sin duda alguna, la persona necesita conocer y queret. Pero ignora qué, cémo, a quién, cudndo, etc. Cuando se plantea esta cuestién es pre- cisamente cuando emerge, a orillas de esta situacién, la conciencia de su libertad. La libertad es el rasgo, la propiedad, la caracteristica esencial ¢ inme- diata del entendimiento y la voluntad. Acaso por eso, /a libertad —hoy tan exaltada, como desconocida—, constituye una de las notas que mejor definen intrinsecamente a la persona. La experiencia de la libertad hace que cada persona se experimente, en algiin modo, como causa de s{ misma, como causa sui, es decir, como el ser que se hace a s{ mismo a partir de lo que le ha sido dado. Esto de- muestra que la libertad es también consecuencia de esa apertura de la persona. En efecto, la persona es, pero no esté hecha. En ese hacerse a s{ mis- ma, a lo largo de su trayectoria biogréfica, consiste precisamente el llegar a set la persona que es. Esa apertura implica, mediante la libertad, una posibilidad de crecimiento casi ilimitado, que es connatural a la grandeza de la persona. Gracias a la inteligencia y a la voluntad —y a la libertad que media el entender y el querer humanos—, la persona puede abrirse a otros seres y a lo reat, en cuanto tal. Esa apertura posibilita satisfacer relativamente su INTRODUCCION Al CONCEPTO DE PERSONALIDAD, 31 hambre de verdad, su apetencia hacia el bien y su desco de contemplar la be- Hleza. Esa apertura no se resttinge, paradéjicamente, a otros seres, sino que puede volver sobre sf, alcanzaar la verdad del propio ser y quererse a si mismo, en cuanto tal. Esto quiere decir que la persona, precisamente por esa apertura, pue- de hacer cuestién de st misma, esto es, inquietarse acerca de quién es como tal persona. Esta inquietud que subyace en el hondén de Ia intimidad bu- mana se sitia ya en un dmbito psicolégico y demanda una determinada respuesta. Es la respuesta que contesta a la pregunta :quién soy yo? Aunque no exactamente, sino mas bien como apenas una manifesta- cién que le acompafia, esta indagacién acerca del propio ser es lo que la psicologia ha denominado con el término de autoconciencia. Es ldgico que surjan espontdneamente estas inquietudes en cada per- sona. Pues sin el autoconocimiento personal, sin poseerse a sf misma, zcémo podré darse (querer) y cémo podrd conducirse y elegir (libertad) lo que en cada momento le es mds conveniente, de acuerdo con sus pro- pésitos? Este modo de ser de la persona es precisamente lo que hace que sea un fin en sf misma y no un medio para otro, ni tan siquiera para s{ propia. Pero si es un fin por s{ misma, preciso es admitir su singularidad, identidad y unicidad, de las que emerge su dignidad. La persona es lo mds perfecto que existe en la naturaleza, y como tal debe ser tratada. Esta especial dignidad de la persona pone de manifiesto la «capacidad activa de ser» de que dispone, su «independencia interiom, que a su vez es «expresién de un descansat-en-s{-misma» (Spaemann, 2000). No hay, naturalmente, ninguna persona que sea autosuficiente. En cierto sentido, todos necesitamos de todos. Tal vex porque la misma libertad humana deba entenderse como inter-dependencia. Pero ello no obsta para que, mis allé de las necesidades que toda persona tiene, cada persona pueda curvarse sobre s{ misma, conocer su propio ser, apreciarse en lo que vale, autodeterminarse segiin el proyecto de lo que quiere Hlegar a ser, y todo esto con las evidentes limitaciones que le acompafian, pero también con los no menos evidentes grados de libertad de que dispone. Aquf radica su grandeza constitutiva y el respeto y la dignidad que a s{ misma se debe. 4, Personalidad, libertad y formacién de la personalidad Es preciso admitir que es mucho lo que se ha avanzado en el estudio de la personalidad, con independencia de que se hayan dejado fuera de 32 FUNDAMENTOS DE PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD foco otros muchos loci o Ambitos que, desde la perspectiva antropoldgica resultan irrenunciables para el conocimiento de lis persona. De algunoe de estos loci, es precisamente de lo que se va a tratar a continuacién. Lo primero que sorprende cuando el estudioso se sittta frente a una persona es su inabarcable complejidad. Se dirfa que es obvia, por detna- siado manifiesta, su unidad o la unicidad de su ser. Pero, al mismo tiem- po, es suficientemente compleja, en tanto que tal persona, como para asentarse y repotar en exa unidad que le caracteriza, sin forzamiento algu- no y sin renunciar a nada. No se trata de esclarecer esta frontal oposicién entre lo uno y lo muiltiple de la persona humana, apelando a una tercera via, la de la nitas multiplex introducidas por los fildsofos de otro tiempo (Polaino-Lorente, 1980). En la persona son muy numerosos los opuestos que se dan conjunta- mente en ella. Por mencionar sélo algunos de ellos, baste considerar aqui la actividad y la pasividad, el lenguaje y la escucha, la donacién y la aco- gida, la comunicabilidad y la integridad, la identidad y la relaci6n, el mo- mento presente y su pasado y futuro, su ser individual y su apertura a lo universal, el cuerpo y el alma. Esta simultaneidad de los opuestos es har- to dificil de entender, a pesar de que, no obstante, se percate de ello cual- quier observador, por poco avezado que sca. La persona se nos manifiesta como un conjunto de facultades, que de seguro se intuyen pero que resultan de suyo no verificables porque prece- den a sus actos, que todavia no se han Ilevado a cabo. A pesar de esta ausencia en la eclosién de muchos de esos actos, no obstante, se intuyen esas facultades que, por el momento, permanecen opacse a la atenta mi- rada del observador. Pero esa intuicién estd ahi y se percibe como verds- dera, aunque esté nimbada por un halo impenetrable que hace de mu- chas de ellas algo inapresable. Algunos sostienen que esas facultades se manifiestan ante la presen- tacién de estimulos que, actuando como reactivos, las elicitan. El estu- dioso atento se acercard con cierta parsimonia a la persona que se propo- ne estudiar, a la espera de que algiin estimulo exterior, algo del ambiente pueda servir como reactivo, de modo que aquellas se manifiesten y pue- dan ser verificadas. En cierto modo esto es lo que sucede también de forma generalizada en cualquier relacién social en que persona jévenes y menos jévenes son presentadas. Se dirfa que hay como una «actitud cientifica» en todas ellas, que recuerda a la studiositas de los clisicos, y que actéa de forma répida en {a tarea apasionada y natural —comtin a todos— de desvelar quién es de verdad el otro o la otra, que le ha sido presentado/a. Pero en esas reuniones sociales, el sucederse del tiempo sucle pasar sin que apenas aqui o alld se suscite un estimulo que actuando sobre la INTRODUCCION AL CONCFFTO DE PERSONALIDAD 33 persona haga merger en ella las facultades, que sin duda tiene, y que tal vez ya habfan sido intuidas por quien desea conocerla. Esa apelacién a los estimulos y a los comportamientos reactivos puede constituir un poderoso reduccionisme, cuando sélo desde ellos se trata de dar alcance a lo que sea esa persona. Es cierto que los estfmulos ambientales pueden suscitar la manifesta- cién de ciertas facultades personales. Pero con sélo asumir esta verdad no se puede dar alcance a la totalidad de la persona. Y es que el estimulo, cualquiera que éste sea, no suscita necesariamente el desvelamiento de esas facultades que estin ocultas en la persona. Entre otras cosas porque, cuando la persona percibe un estimulo sensitivo no responde automética- mente como si este fuera el especifico y tinico desencadenante de tal ma- nifestacién. La inteligencia sentiente —por emplear un término de Zubiri— lo percibe pero sélo bajo la formalidad de su realidad abierta a la perfec- cién, lo que determina que pueda poner en marcha ésta o aquélla reac- cién o incluso no responder en absoluto. Serfa demasiado simple suponer que la ausencia de la manifestacién de una facultad determinada, consti- tuye una prueba de que tal facultad no es tal en esa persona. La persona puede responder de muy diversas formas y manifestar ésta o aquélla habilidad, atin cuando su «inteligencia sentiente» no haya recibido el impacto de ningiin estimulo ambiental. Esto significa que la persona puede elicitar sus disponibilidades sin la presencia real del esti- mulo, Con independencia de que las manifieste 0 no, el hecho es que muchas de esas facultades y/o habilidades son reales y estén disponibles en esa persona. Sea como fuere, el hecho es que la persona puede responder a los es- timulos del medio ambiente —como de facto, suele hacer de forma habi- tual— pero también puede hacer propuestas —que, en cierto modo, son respuestas—, sin que concurra ningtin desencadenante estimular que las ponga en marcha. La persona es, por tanto, sujeto de respuestas y propuestas. Mas atin, la persona puede responder ante el mds absoluto vacfo estimular, como también puede proponerse a si misma estimulos que son inexistente 0 irreales y, —lo que es todavia més sorprendente—, responder realmente a ellos. Dicho de otra forma: la persona no necesariamente construye la rea- lidad modificando 0 reinterpretando los cstimulos que configuran su am- biente, como propone hoy el constructivismo. La persona ¢s ella misma una realidad capaz de manifestarse de forma real en puiblico y, por consi- guiente, de transformar la realidad del mundo a través de sus acciones que, en cierto modo, también resultan transformadoras de s{ misma. 34 FUNDAMENTOS DE PSICOLOGIA DE LA PERSONALIDAD Esta capacidad de propuesta y de autoestimulacién, cn una palabra, de invencién, que la persona ticne va mucho més alld del restringido y as- fixiante dmbito que nos propone el constructivismo. Esa accién transformadora del mundo y autotransformante de si mismo, sin duda alguna podré sorprender, especialmente si en ese mode- lo antropoldgico del que se dispone no se ha contado con la libertad, que también es una nota caracteristica de la persona. Conviene no olvidar que las acciones realizadas por el agente —en este caso la persona— son identificadas por él como propiamente suyas, con independencia de cualquiera que fuere la modalidad del comporta- miento, a cuyo través se manifiesten. Esto demuestra que la persona es capaz de trascender sus distintas acciones, no sélo porque las atribuya a s{ misma y reobren sobre ella sino también porque conllevan, sin duda alguna, una verdad intencional que rebasa con mucho el Ambito de su mera realizacién externa. En cierta manera, lo que aqui comparece es la subjetividad, una nota caracteristica de la persona, que no es definible desde la psicologfa cienti- fica. Pero que no sea definible nada significa frente al hecho tozudo de la experiencia interior y de la conciencia, sin las que ninguna persona es con- cebible. En realidad, lo que los hechos anteriores demuestran es que e/ com- portamiento humano no estd determinado, aunque st condicionado, Ese dm- bito o espacio que va del condicionamiento a la determinacién es el que, precisamente, ocupa la libertad. EI hecho de que la persona sepa porqué acttia y se determine a si misma con la determinacién por la que opta, pone de manifiesto que su comportamiento es libre, que no puede ser reducido a meros factores ex- plicativos —el estimulo y la respuesta—, como tampoco puede ser rigu- rosamente objetivado. Esta capacidad de eleccién supone la deliberacién, que no debe ser en- tendida como una oscilaci6n entre polos relativamente opuestos, segin la mayor 0 menor atraccién que ejerzan sobre la pemona ys por tanto, rela- tivamente préxima a una cierto determinismo. La deliberacién debiera entenderse mds que como un movimiento oscilatorio, restringido y limitado, como lo que es: el iter que caracteriza el progreso dindmico propio de la conducta de un ser vivo que se propone ciertos fines. La libertad, qué duda cabe, media entre el yo, los motivos, la inten- cionalidad y las acciones por las que la persona opta. En este sentido, puede afirmarse que ni siquicra los motivos —al menos la mayoria de ellos que no son puramente tendenciales— escapan a esa libre conduc- cién por parte de la persona. INTRODUCCION AL CONCEPTO DE PERSONALIDAD, 35 No hay, pues, una concatenacién mecénico-causalista para al explica- cién del libre comportamiento humano; compertamicnto que, sin duda alguna, esté parcialmente condicionado por numerosos factores (la propia naturaleza personal, ¢l contexto ambiental, el anterior uso de la libertad, los hébitos que ha generado en la persona el uso de esa libertad, etc.). " Desde la paicologla emplrica es diffcil explicar las actos libres de la persona. Tal vez por eso, sea mds conveniente tratar de comprenderlos, Los actos libres proceden de una persona, en funcién del fin y los medios que ha disefiado para ello, que acta segin su peculiar esencia, con relativa independencia de sus condiciones ambientales y de los condicionamien- tos corporales a través de los cuales los lleva a cabo. Si los actos libres no esté negativamente determinados por los ante- riores condicionamientos podria argiiirse que tal ver lo estén por otros condicionamientos positivos (sus propias vivencias, su psicohistoria, sus proyectos, los valores que quiera alcanzar, etc). Esta tiltima propuesta pa- rece ser mds probable. Pero también en este caso esté mds puesto en ra- zén hablar de condicionamiento que de determinacién, puesto que por muy positives que sean estos illtimes, al fin y al cabo también han sido relativamente elegidos por la persona. Puestos a enfrentar una y otra determinaciones, es patente que el libre comportamiento humano se ensambla mejor con esos condicionamientos positivos que con los negativos, a los que ya se aludi6. Y eso porque aque- llos se ajustan mejor a la propia naturaleza de la libertad humana. Cabria concluir, segiin esta perspectiva, que ese plus en que consiste la libertad se articula orgdnicamente mejor con las motivaciones e inten- cionalidades que, libremente, cada persona se da a s{ misma para actuar. La libertad es pues un atributo de la persona que aunque, en alguna forma, sea desvelada en su comportamiento, no obstante, se residencia en ellay no en este tiltimo. De hecho, por muy libres que sean las accio- nes humanas nunca serén més libres que el agente, que la persona de quien proceden. As{ como la libertad de los actos humanos podria ser objeto —no sin dificultades— de una cierta evaluacién objetivadora, la libertad del agente en modo alguno. Ya se hace notar que el actuar humano no procede de una restringi- da libertad confinada o cautiva, que se conforma con la meta no coac- cién, Es cierto que no todas las personas son igualmente libres, en funcién de muchos de los condicionamientos que en ellas operan, entre los que se incluye también el uso que de la propia libertad haya hecho esa persona con anterioridad. Pero es igualmente cierto que puede haber un crecimiento irrestricto en la libertad personal, en funcién de lo que cada persona haga con ella. Todo lo cual nos persuade a postular el crecimiento irrestricto de la per-