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ACTO CUARTO

ESCENA I

Cleante y tartufo

CLEANTE: Si, todo el mundo habla y no es nada bueno. Acá le diré lo que pienso. No le hago caso a
la gente y siempre pienso lo peor. Digamos que Damis dijo mentiras y te acusó. ¿No es de Dios
perdonar y olvidar la venganza? ¿Cómo puede dejar que un padre eche a su hija de su propio
techo? Se lo digo de corazón. Todo el mundo sabe lo que paso y habla sobre ello. Su tarea es
evitar que este rollo siga y encontrar una solución. ¡Y de por Dios! Haga que esos dos se arreglen.

TARTUFO: Si fuera por mi lo haría, en serio, no hay ningún rencor entre nosotros yo ya me olvide
de todo eso y en verdad quisiera ayudarle pero si vuelve acá lo mejor será que yo me vaya.
Después de lo que pasó nosotros dos, ya no podremos vivir bajo el mismo techo. Entonces
empezaran los chismes, sobre como soy de conveniente para causarle lastima y así hacerlo callar.

CLEANTE: Esas son puras excusas baratas ¿Por qué siempre mete a Dios en esto? Acuérdese que Él
sabe cómo hace sus cosas, siempre se debe perdonar y no dejarse llevar por las opiniones. ¿Acaso
el que dirán controla las buenas acciones?

TARTUFO: Ya le dije que lo perdoné, como Dios manda, pero nadie dice que tenga que vivir con él.

CLEANTE: ¿Entonces Dios le dice que acepte todas las cosas que le regala Orgón a pesar de que no
son de usted?

TARTUFO: Nadie que me conozca dirá que soy interesado, las cosas materiales no son importantes
para mí. Nadie obligo a orgón a regarme todas estas cosas, y realmente siento la obligación de
aceptarlas para que no caigan en malas manos, además así puedo hacer ofrendas a Dios.

CLEANTE: ¿Y a usted que le interesa que haga orgón con su plata? Métase en sus propios
problemas para que después no salga mal parado. Igual no vi que haya puesto problema para
aceptar esa platica que era para su familia ¿es que acaso le enseñan a quedarse con lo que no
suyo? Y si hay algún inconveniente con vivir con Damis ¿no era mejor que se fuera usted y dejar al
hijo en la casa del papá? Escuche me claro cuando le digo que…

TARTUFO: Ya son las tres y media, compadre. Tengo que arreglar unas cuentas por allá arriba,
luego hablamos. (Se va)

CLEANTE: Este hijuemadre…

ESCENA II

Elmira, Mariana, Dorina y Cleante.

DORINA: Por favor ayúdenos. Marianita esta sufriendo mucho, no sabe qué hacer y la decisión de
su papa de casarla esta noche, la tiene ansiosa. Mas tarde va a llegar el señor Orgón, juntemos
fuerzas e intentemos impedir el matrimonio. (Se dirige a Cleante)
ESCENA III.

Orgón, Elmira, Cleante y Dorina.

ORGÓN: Que maravilla que todos estemos reunidos, pues. Mariana, mi amor; acá tengo el papel de
nuestro matrimonio, ya sabes que te quiero decir. (Le habla directamente a Mariana)

MARIANA: Papa, Dios sabe cuánto sufro y por lo más importante que te pueda a cambiar de opinión;
olvida el control que tienes sobre mí y déjame tomar mis propias decisiones. Si me obstruyes de
cásame con el hombre que amo destruyendo poco a poco la esperanza con él, no me obligues a
menos y te lo pido papa, el sufrimiento de tener que estar con alguien que odio. Estoy desesperada.
(Se arrodilla ante Orgón)

ORGÓN: Mi amor, firme como siempre; no me gusta la debilidad. (Con ternura)

MARIANA: Los comentarios que usted hace no le importan a nadie. Dele tomos los bienes y si no
son suficientes, dele los míos también, se los doy voluntariamente, ¿pero hasta entregarme a el?
¡Jamás!

ORGÓN: Estas son las supuestas mojas cuando un padre contaría de sus amores. ¡No más ¡. Mientras
más sea la repugnancia que le de casarse con Tartufo, más será el valor. Olvídese de sus sentidos
aceptando este matrimonio y no moleste más.

DORINA: De por Dios.

ORGÓN: Cállese, le prohíbo que diga una palabra más.

CLEANTE: Si me permite un consejo.

ELMIRA: No tengo palabras. Se necesita ser una persona encaprichada y que no vea, manipulado
por Tartufo, para no admitir lo que ha pasado. (Habla con su esposo)

ORGÓN: Soy su sirviente. Se el cariño que le tiene a mi hijo y usted estaba demasiado tranquila para
que le creyera algo, pues si fuera verdad lo que paso, hubiera estado un poco más nerviosa.

ELMIRA: Usted cree que una simple declaración de amor me va a poner nerviosa y que responda
con los ojos y la rabia en la boca a todo lo que digan. Me rio con sus cumplidos. Es preferible
mostrarse humilde, con dulzura en vez de ponerse nerviosa como las beatas pues su honor parece
estar con garras y dientes, y juzgan a la menor palabra que les dice. Libérame Dios. La virtud no la
hace fanática y creo que la frialdad de una negativa, es suficiente para rechazar.

ORGÓN: Si… Pero no me va a engañar.

ELMIRA: Que me diría usted, ridículo, si se viera con sus propios ojos, ¿y saber que todo es verdad?

ORGÓN: ¿Si me hiciera ver?

ELMIRA: Si

ORGÓN: Cuentos.

ELMIRA: ¿Que diría si le hiciera ver la luz del sol?


ORGÓN: Cuentos dije

ELMIRA: Que hombre, Dios. Contésteme al menos. ¿Supongamos que desde un sitio escogido lo
hiciera ver y oír con claridad todo lo que le decimos, Que dirá de su nombre?

ORGÓN: Pues en ese caso, no diría nada

ELMIRA: Es necesario entonces para convencerlo que le demuestre todo lo que le he dicho

ORGÓN: Demuéstrelo, veremos cómo se las arregla su inteligencia para cumplir

ELMIRA: Que venga. (Habla a Dorina)

DORINA: Cuidado es muy astuto

ELMIRA: No creas todo, el enamorado se dejó engañar fácilmente y siempre se deja engañar, Dile
que baje (Cleante y Mariana) Ustedes váyanse.

ESCENA IV

Elmira y Orgón

ELMIRA: Traiga esa mesa y métase por debajo, no puede dejar que lo vean.

ORGÓN: ¿Y por qué me tengo que meter por allá?

ELMIRA: Deje que yo cuadre todo, usted solo haga lo que yo diga. Métase como le digo y ni se le
ocurra decir algo.

ORGÓN: Yo creo que todos están exagerando. Pero bueno, ahorita vamos a ver cómo termina
todo esto.

ELMIRA: No se preocupe (Orgón se esconde debajo de la mesa). Tal vez todo esto sea de película
pero verá que valdrá la pena. Ahorita diré cosas para provocar a Tartufo para que caiga redondito
y usted no tenga duda de lo sin vergüenza y mentiroso que es. Cuando ya vea que la cosa se pone
caliente puede interrumpir en cualquier momento, claro, si ya lo hemos convencido, porque vea
en que aprietos me ha puesto para... ¡ahí vine! ¡Que no lo vea!

ESCENA V

Tartufo, Elmira, y debajo de la mesa, Orgón.

TARTUFO: Me mandaron acá para hablar contigo.

ELMIRA: Si, tengo que hablar contigo. Pero mira que no haya ningún chismoso por ahí y cierra la
puerta (Tartufo cierra la puerta). No estoy para que vuelva a pasar lo mismo de esta tarde. ¡Qué
horror! Damis estaba que echaba fuego por la orejas pero menos mal pude manejarlo y ahora
todo esta tranquilo. Como todo el mundo lo adora y sobre todo mi esposo, a él no le importa lo
que diga la gente y para hacerla callar hará que pase más tiempo con usted sin ninguna
interrupción. Por eso estoy tan calmada de contarle que quiero comenzar algo con usted.

TARTUFO: Hace poco pensabas de otra manera muy diferente.

ELMIRA: Se nota que es malo con las mujeres porque no las entiende, ¿verdad Tartufo? Uno
puede cambiar de opinión en cualquier momento, y ahora estoy segura que siento algo por usted,
a pesar que tenga esposo eso no impide que quiera empezar algo con usted ¿No entendió todos
los mensajes que le mande al no querer que se casara? En ese momento yo ya tenía un interés por
usted.

TARTUFO: No puedo creer lo que me dice Elmira, siento que estoy soñando. Pero igual tengo mis
dudas de lo que dices que sientes por mí, aunque podemos hacer algo al respecto para estar
seguro.

ELMIRA: (Tosiendo para advertir a Orgón) ¡¿Por qué?! Tiene que ir más despacio para que la
gasolina no se acabe tan rápido mijo. Ya le dije como me sentía por usted, no me haga cambiar de
opinión.

TARTUFO: Ay… ni que pidiera el cielo. Yo solo estoy pidiendo por una muestra de su amor, más
allá de solo palabrerío, porque me queda difícil creerle si no me lo demuestra.

ELMIRA: ¡Dios Santo! Usted me está pidiendo el cielo, el mar y la tierra, se está aprovechando de
la situación y mi debilidad por usted ahora.

TARTUFO: Pero si tanto habla ¿por qué no me enseña de lo que sabe?

ELMIRA: ¿Y cómo cree que yo voy a volver a misa después de semejante pecado que usted me
está convenciendo de hacer? ¡La misma misa que usted va!

TARTUFO: Ni que fuera tanta cosa, tanto trauma por nada.

ELMIRA: ¡Pero siempre usas la palabra de Dios para convencer a las personas!

TARTUFO: Yo puedo usar esas mismas palabras para convencerte a ti a hora mismo de que esto no
es un pecado, un pequeño placer no hace mal a nadie, ya verá. Yo me hare cargo de sus culpas
pero tendrá hacer lo que le pido (Elmira tose de nuevo) Está como enferma ¿no?

ELMIRA: Si como que me va a dar una gripe.

TARTUFO: ¿Ya se tomó algún jarabe?

ELMIRA: Ya he intentado con todo y sigo igual.

TARTUFO: Que molestia.

ELMIRA: Yo sé, ni se lo imagina.

TARTUFO: Igual, puede estar tranquila ningún secreto saldrá a la luz. Yo no diré nada y menos
usted, si nadie habla de esto, nada ha pasado.
ELMIRA: (Vuelve a toser, y hasta da algunos golpes en la mesa) Tiene razón en lo que me dice, y
aunque no esté totalmente segura de lo que voy a hacer, si quiere que le demuestre lo que siento,
lo haré.

TARTUFO: Tranquilícese que no pasara nada malo.

ELMIRA: Vaya y mire por la puerta si mi esposo está cerca.

TARTUFO: Ehh ¿pero que no le dije que se calmara? Entienda que yo controlo a su esposo con un
solo dedo, eso no se preocupe que ese no ve las cosas como son.

ELMIRA: Igual vaya y asegúrese que no está por ahí, mejor prevenir que lamentar.

(Se va Tartufo)