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¿Para qué sirve la biodiversidad?

Juan J. Morrone, et al

Al tomar decisiones sobre el uso y manejo de la biodiversidad es necesario


considerar todos los factores y no sólo aquellos meramente económicos. Hoy en día
existen distintos criterios para asignar valores a la diversidad biológica. Ehrlich y
Wilson, dos biólogos estadounidenses, señalan cuatro valores principales de la
biodiversidad: productivo, científico, estético y ético.

El valor productivo más importante de la biodiversidad se relaciona con la


alimentación humana. De las aproximadamente 250 mil especies vegetales
descritas, sólo unas 100 son utilizadas como: fuente de alimentos. Más aún, la
mayoría de la población humana incluye en su dieta unas 20 especies vegetales (haz
una lista de las especies que consumes cotidianamente y verás que esto es así).

Sólo cuatro especies constituyen nuestra principal fuente de hidratos de


carbono: trigo, maíz, arroz y papa. Sin embargo, hay muchas más que podrían ser
aprovechadas, si fueran más conocidas. Las poblaciones aborígenes utilizan algunas
plantas, cuyo cultivo masivo y comercialización aun no se han ensayado. Algo similar
ocurre con los animales silvestres y los productos derivados de ellos, como huevos
leche y miel.

Algunos de los cultivos tropicales que podrían producirse a gran escala e


integrarse al mercado mundial son, por ejemplo, la uvilla (Fig. 1) y la pupunha (Fig.
2). La uvilla es un árbol pequeño, que crece en el Amazonas Comienza a producir
frutos a los tres años de plantado y éstos pueden consumirse frescos o utilizarse
para producir vino.

Fig. 1 Fruto de la uvilla Fig. 2 Palma pupunha


La pupunha, también nativa del Amazonas, es una palmera de 20 metros de
altura, ampliamente cultivada en Mesoamerica.

Esta planta produce racimos de frutas que contienen hidratos de carbono,


proteínas, aceites, vitaminas y minerales en una proporción casi ideal para la dieta
humana. Una hectárea de pupunha puede producir anualmente más proteínas e
hidratos de carbono que una de cereales.

Las especies de plantas y animales silvestres también pueden servir para


mejorar las variedades domésticas y protegerlas contra enfermedades, ya que las
mismas constituyen una fuente irreemplazable de variabilidad genética (Fig. 3). Al
respecto te podemos contar una anécdota interesante.

Fig. 3 Maíz silvestre, fuente de variabilidad que se puede


emplear para mejorar las variedades domésticas

Dos botánicos de los Estados Unidos, D. Ugent y H. lltis, realizaron en el año


1962, un viaje a los Andes peruanos. No andaban precisamente haciendo turismo ni
eran agentes de la CIA, sino que su misión era buscar variedades silvestres de papa,
que estuvieran emparentadas con las formas en que se cultivan a gran escala, para
saber un poco más acerca de esta especie. Mientras iban recolectando papas,
aprovecharon y juntaron todas las plantitas que se les cruzaban en su camino.

Al volver a los Estados Unidos repartieron las plantas entre distintos


especialistas para que las estudiaran. Una de éstas, que fue enviada a un
especialista en genética vegetal de la Universidad de California, resultó ser una
especie desconocida de tomate.
A lo largo de 17 años, este investigador cruzó esta especie con las variedades
de tomates conocidas, hasta que finalmente, en 1980, logró producir una línea
seleccionada cuyos frutos eran de mayor tamaño, más coloreados y, lo que es más
importante, eran más nutritivos. El cultivo de esta nueva variedad produjo un
incremento en las ganancias de unos 8 millones de dólares anuales ¿Sabes cuánto
les había costado la expedición? Nada más que 21 mil dólares.

Un ejemplo similar se relaciona con el café. Este cultivo es la base económica


de numerosos países tropicales. En la isla de Madagascar (enfrente de África) se
conocen alrededor de unas 50 especies silvestres emparentadas con el café, alguna
de las cuales podría proveer genes de resistencia a ciertos hongos que afectan los
cultivos mejorando así su rendimiento.

Éstos son sólo algunos ejemplos de los beneficios económicos relacionados


con la alimentación que pueden obtenerse a partir de la biodiversidad. Pero las
especies, ofrecen otros usos productivos.

Muchas plantas tropicales producen sustancias químicas que las defienden de


los animales herbívoros que quieren comérselas. Los nativos de estas zonas poseen
un detallado conocimiento de estas plantas y las usan para producir venenos y
medicinas.

La especie Physostigma venenosum se usaba tradicionalmente como un


veneno en África oriental. Al estudiar su toxina se pudieron desarrollar insecticidas
que no afectan al medio ambiente. Una flor, de apariencia tan inocente como él
crisantemo, posee sustancias químicas venenosas que fueron copiadas por el
hombre y se utilizan en la mayoría de los insecticidas actuales (por ejemplo, en el
pulguicida que usas para tu perro y en las pastillas que pones en tu cuarto para que
no te piquen los mosquitos).

Estas sustancias, que se llaman piretroides, tienen la ventaja de no ser muy


toxicas para los vertebrados. Su producción y venta es un negocio de millones de
dólares anuales y se descubrieron porque los nativos africanos los utilizaban para el
control de plagas de insectos.

En otra categoría deben incluirse los aleloquímicos, sustancias producidas por


ciertas plantas que inhiben el desarrollo y crecimiento de otras especies vegetales,
es decir son herbicidas naturales, algunos de ellos también inhiben la proliferación de
ciertos organismos del suelo (por ejemplo, ciertos gusanos que se alimentan de
raíces). Los aleloquímicos incluyen numerosas sustancias que algún día podrán
usarse directamente o reproducirse en laboratorio para el control de malezas y
organismos perjudiciales.
Por ejemplo, la piquiá es una planta silvestre del Amazonas que produce una
sustancia tóxica para protegerse de las hormigas cortadoras, las que ocasionan
pérdidas de millones de dólares al año en los cultivos sudamericanos.

Existen además muchas otras plantas cuyas posibles utilidades


desconocemos. El botánico estadounidense P. Raven decidió estudiar la situación de
las leguminosas (plantas que poseen su fruto como una vaina, como los ejotes y
mezquites). La mayor parte de los miembros de esta familia, que comprende 18 mil
especies, tienen en sus raíces nódulos que contienen bacterias del género
Rhizobium. Estas bacterias fijan nitrógeno en su Interior haciéndolo utilizable por la
planta. La fijación del nitrógeno atmosférico por el complejo legumbre~Rhizobium
provee la mayor fuente de este elemento, Indispensable para el desarrollo de los
seres vivos. Esta capacidad permite a las leguminosas crecer en tierras cobres o
agotadas, las que, desgraciadamente, abundan cada vez más en todo el mundo.

Las legumbres son bien conocidas como fuentes de alimentos. Una gran
variedad de frijoles, garbanzos y lentejas son utilizados a nivel mundial; la alfalfa se
usa como forraje para ganado (además de que nosotros podemos comer sus brotes
en ensalada); y muchas otras especies son requeridas por su madera. Dos de los
nuevos cultivos introducidos en los últimos años son también legumbres; el frijol
alado (Psophocarpus tetragonolobusj, una fuente excelente de alimentos, con amplia
distribución en África; y el "guaje' (Leucaena leucocephala), de gran importancia en
el control de la erosión del suelo y como fuente de leña.

Dada la evidente importancia económica de esta familia de plantas y


considerando el hecho de que muy pocas de sus especies tienen un uso masivo, se
esperaría un interés mundial en su estudio Sin embargo, no existen planes generales
para recoger y evaluar la diversidad de dicha familia. Las nuevas especies que han
comenzado a cultivar se son, en realidad, formas que tenían ya un uso en
agriculturas locales, en tanto que las miles de especies silvestres siguen siendo
ignoradas. De las 18 mil especies de la familia es esperable que muchas tengan
potencial valor económico, pero no existe un verdadero interés por ellas, a pesar de
que tal vez 3 mil o 4 mil especies tropicales del grupo puedan extinguirse en los
próximos años, al desaparecer los bosques donde crecen.

Por otro lado, muchos de los productos que utilizas diariamente son
elaborados a partir del petróleo y sus derivados, entre ellos plásticos, agroquímicos,
lubricantes, adhesivos, telas etcétera. La necesidad de reducir nuestra dependencia
del petróleo es evidente, ya que se trata de un recurso natural no renovable y cada
vez más escaso, cuyo tratamiento industrial es una importante fuente de
contaminación; además de los problemas que, en este mismo aspecto pueden
producirse al transportarlo. Por estas razones, existe un creciente interés en la
investigación botanoquímica, ya qué hay numerosas plantas que podrían producir
sustitutos de los derivados del petróleo.

Las grasas y aceites de origen vegetal se usan tanto en la industria alimentaria


como en otros campos (lubricantes, pinturas). La producción mundial de plantas
oleaginosas (aquellas de las que se obtienen aceites) es baja, pero existen muchas
especies usadas por tribus de zonas tropicales que podrían cultivarse a una escala
industrial. Por ejemplo, la palmera patauá, que crece naturalmente en las tierras
bajas tropicales de América del Sur, contiene en sus frutos un aceite semejante al de
oliva, pero mucho más rico en proteínas.

Los pueblos de las zonas tropicales utilizan las fibras de origen vegetal en
diversas formas (construcción de viviendas, ropa, redes para la pesca, canastas,
etcétera). La sociedad industrializada en la que vivimos, aunque a veces no sea
evidente, también las emplea la fibra sintética de la industria textil, de la que está
hecha una parte importante dé tu ropa: las sábanas, los cubrecamas, etcétera, no es
más que celulosa reconstruida de origen vegetal.

Por otra parte, existe una demanda creciente de colorantes naturales, debido
a que se han reportado numerosos casos de alergias producidas por cosméticos,
medicamentos y alimentos en los que se han empleado colorantes sintéticos. La
grana cochinilla (Daxtylopius coccus), diminuto insecto que se alimenta del nopal, fue
criada desde la antigüedad en la Mixteca con el objeto de obtener extracto de
cochinilla, carmín y ácido carmínico, los que se emplean como colorantes.

Su producción llegó a ser tan Importante en el Virreinato de la Nueva España,


que se exportaron 100 toneladas anuales de este producto. A partir de 1858, la
producción comenzó a declinar hasta que se abandonó su cultivo. A partir de 1974,
se inició el rescate e investigación de la técnica empleada para criar la grana
cochinilla, llegándose en 1980 a organizar un programa comunitario con pobladores
de la región de los valles centrales de Oaxaca.

Hay que destacar que con la cría de la grana cochinilla no sólo se obtiene un
recurso económico importante, sino que también se preserva una especie en vías de
extinción y se recupera una parte de la rica herencia histórico-cultural de los pueblos
que habitaron la Mixteca de Oaxaca. Hay otras muchas especies de las que es
posible Obtener colorantes, como el caracol púrpura (Purpura pansa) las costas de
Oaxaca y diversas plantas.

Entre estas últimas, se incluye la hierba pastel (Isatis tinctoria), de la que se


obtiene el color índigo; la rubia (Rubia tinctorum), cuyas raíces nos dan un tinte rojo,
y la gualda (Reseda tuteola), de sus hojas y flores se obtiene un colorante amarillo.
Como si con todo esto no bastara para mostrarte la utilidad de la
biodiversidad, nos faltó contarte que muchas plantas, hongos y bacterias constituyen
una importante fuente de recursos medicinales (Fig. 4) ¿Sabías que alrededor de 50
años atrás no había antibióticos y la gente se moría de enfermedades que ahora
pueden curarse de manera relativamente fácil, como la bronquitis? Los primeros
antibióticos, como la penicilina, se obtuvieron a partir de hongos. Actualmente ha
resurgido el interés en la búsqueda de plantas que provean nuevas medicinas, ya
que a pesar de los esfuerzos realizados para obtener medicamentos sintéticos,
muchas sustancias químicas de origen vegetal son tan complejas que no pueden ser
reemplazadas por las obtenidas en los laboratorios.

Fig. 4 Catharantus annus, planta a partir de la cual de obtuvo


una droga para el tratamiento de la leucemia infantil.

Existen aproximadamente 120 sustancias químicas puras extraídas de plantas


vasculares (las plantas, a veces llamadas superiores, caracterizadas por poseer un
tejido especializado para conducir la savia, el agua y los nutrientes), que se utilizan
actualmente en tratamientos medicinales en todo el mundo ¿Sabías que mucha
gente cuando se enferma no acude a la farmacia a comprar un medicamento? La
Organización Mundial de la Salud estima que el 80% de la población de los países
en desarrollo, para cubrir sus necesidades elementales de salud, utiliza medicina
popular o folklórica (es decir, aquella derivada de prácticas culturales ancestrales,
cuyo origen es más antiguo que el de la medicina que nosotros conocemos). La gran
mayoría de estas prácticas se basa en el uso de plantas medicinales. ¡Esto significa
que cerca de 3 mil 500 millones de personas en el mundo dependen de las plantas
como fuente de medicamentos!
Los 120 productos citados se obtienen a partir de 90 especies de plantas
¿Cuántos remedios más sería posible obtener a partir de las 250 mil especies de
plantas vasculares que se conocen? Los científicos -y como podrás imaginarte más
aún las compañías que producen medicamentos- están muy interesados en este
tema. Así en los Estados Unidos se creó en 1975 la base de datos NAPRALET,
dependiente de la Universidad de Illinois (Chicago). NAPRALET almacena la
información referente a productos naturales en una supercomputadora. El sistema
presenta Información relativa al posible uso medicinal de unas 25 mil especies de
plantas vasculares y otros organismos vivos. Se incluyen datos sobre la extracción y
composición química de las sustancias contenidas en cada especie sus propiedades
farmacológicas (en los casos en los que se han realizado estudios de este tipo) y el
conocimiento de su uso popular.

En resumen, las plantas constituyen laboratorios químicos capaces de


sintetizar un número ilimitado de sustancias complejas, muchas de ellas pueden
tener un gran interés farmacológico. La pérdida de especies nos priva de conocer
estos recursos únicos, que encierran un gran potencial para la obtención de
medicamentos que pueden beneficiar a la humanidad, lo que posibilitaría el
tratamiento de muchas enfermedades hoy Incurables, como el cáncer o el sida

La diversidad biológica tiene también Impacto en otras áreas de! quehacer


económico, como la producción de energía (maderas para combustibles, carbón
vegetal), de materiales estructurales (madera para la construcción) y de objetos
ornamentales (plantas, marfil, corales, perlas).

Como si esto fuera poco, los distintos organismos vegetales y animales juegan
un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas. Ellos protegen los
suelos, regulan el ciclo del agua funcionan como controles biológicos de plagas y
polinizadores de plantas útiles (permitiendo su reproducción) y tienen una influencia
fundamental en la determinación de las características de la atmósfera y el clima de
la Tierra. La alteración de los ecosistemas naturales por parte del hombre puede
tener graves consecuencias, tales como empobrecimiento de suelos, desertización,
formación de aludes surgimiento de plagas, alteraciones en la composición de la
atmósfera, etcétera. Todos estos factores disminuyen la capacidad de producción de
alimentos del planeta. Por ello es necesario que los recursos naturales sean
utilizados de manera racional, ya que del manejo correcto de los ecosistemas
depende en gran parte la calidad de nuestra vida presente y, principalmente, futura.

Los pueblos aborígenes de las selvas tropicales constituyen una de las claves
para descifrar la posible utilidad de numerosas especies. Su conocimiento milenario,
transmitido oralmente de generación en generación, es la síntesis de una vida en
equilibrio con la naturaleza. La étnobotánica -ciencia que estudia el uso de los
recursos vegetales en las distintas culturas humanas- nos enseña, por ejemplo,
cómo una sola tribu amazónica utiliza más de 100 especies vegetales con fines sólo
medicinales.

Unas pocas tribus han sido estudiadas profundamente desde la ethobotánica,


la rápida desaparición de estos grupos humanos, que se ha presentado en los
últimos años, por diversos factores políticos-económicos-sociales, nos exige tomar
conciencia de la verdadera magnitud del problema. Se debe realizar un exhaustivo
estudio para preservar a todas estas sabias culturas que han coexistido
exitosamente con la naturaleza durante miles de años.

El valor científico de la biodiversidad se relaciona con los múltiples


conocimientos que podrían resultar de su estudio, ya que la pérdida de especies de
plantas y animales disminuye la posibilidad de comprender muchos fenómenos
biológicos. Si los ecosistemas y los organismos que los habitan son destruidos o
profundamente alterados, el conocimiento de las relaciones de parentesco entre las
especies (filogenia), de las relaciones espaciales entre ellas (biogeografía) y las
relaciones de ellas con el ambiente (ecología) quedará obligadamente incompleto.

Asimismo, si no comprendemos el funcionamiento de los ecosistemas


naturales, nos será muy difícil hacer un uso adecuado de los recursos naturales y
manejar los ecosistemas artificiales (agrícolas, ganaderos o plantaciones forestales)

A medida que cambia la variedad de especies en un ecosistema, ya sea por


extinción o introducción de otras provenientes de diversos lugares, también varía su
capacidad de absorber la contaminación, mantener la fertilidad del suelo y los
microclimas, depurar las aguas y brindar otros servicios invaluables. Por ejemplo,
cuando las poblaciones de elefantes africanos desaparecieron de amplias zonas,
todo el ecosistema se alteró, pues los pastizales se convirtieron en zonas boscosas
acompañadas de su fauna típica. La eliminación de nutrias marinas en las islas
Aleutianas (un archipiélago ubicado entre Asia y Alaska), llevó a la superpoblación de
su principal presa, los erizos de mar, que se comieron gran parte de la producción de
algas y ocasionaron así un gran perjuicio económico.
Muchas plantas y animales tienen áreas dé distribución sumamente pequeñas,
lo que aumenta en gran medida el riesgo de que se extingan fácilmente por la
intervención humana. Por ello es una responsabilidad fundamental de los científicos
promover la preservación de áreas que podrían contener especies aún desconocidas
por la ciencia. Tal vez ésta sea la única oportunidad de conservar la biodiversidad
para las generaciones futuras.

La biodiversidad también posee un VALOR ESTÉTICO. Si ella se pierde,


vamos a perdernos la oportunidad de disfrutar de los lugares naturales. La
satisfacción que los seres humanos obtenemos al contemplar la naturaleza es
incalculable y debe tenerse en cuenta en el momento de evaluar los recursos
naturales. Como habrás notado, cada vez son más comunes las actividades
relacionadas con la naturaleza como el turismo ecológico, la afición de observar
animales y la producción y difusión de filmes sobre la vida silvestre .Estas
actividades producen, en algunos casos, grandes ganancias .En Canadá todas las
actividades recreativas relacionadas con la vida silvestre, una pasión y un
pasatiempo en ese país, generan anualmente unos 800 millones de dólares. A
escala mundial el turismo de la naturaleza genera unos 12 mil millones de dólares
anuales. La ganancia neta del Parque Nacional Amboseli, en África, asciende a unos
40 dólares anuales por hectárea, suma que representa 50 veces la ganancia que se
obtendría como resultado de la explotación agrícola más exitosa posible en dicha
área. En los parques nacionales de México puedes encontrar turistas extranjeros que
viajan de lugares tan lejanos como Asia o Europa sólo para contemplar nuestros
hermosos espacios naturales, como el complejo lagunar Ojo de Liebre Guerrero
Negro, en Baja California, donde es posible observar cada año el arribo de ballenas,
o las playas de la Bahía de Chacahua y Escobillo en Oaxaca, donde las tortugas
marinas arriban cada año a desovar, o Río Lagartos y Celestún, en Yucatán. No hay
que olvidar que muchas veces los escenarios naturales han sido fuente de
inspiración para poetas y compositores.

Finalmente, existe un valor ético de la biodiversidad, pues todo ser viviente


tiene valor por el simple hecho de existir. El humano pretende ser la especie
dominante sobre la Tierra y por ello se siente con derecho a hacer uso de la
diversidad biológica, pero ello no significa que sea irrespetuoso de las otras especies
que conviven con él. Además, el ser humano tiene la obligación con los miembros de
su propia especie de preservar los recursos biológicos para el futuro, ya que las
generaciones venideras deberían tener las mismas oportunidades de apreciar y
disfrutar la diversidad biológica y de obtener los beneficios de su uso.

El mundo es un conjunto formado por comunidades naturales y humanas


interdependientes. El progreso y la salud de cada parte de ese conjunto depende de
las otras comunidades. El hombre es parte de la naturaleza y está, por lo tanto,
sujeto a las mismas leyes que el resto de las especies del planeta. Toda la vida
depende del funcionamiento ininterrumpido de los sistemas naturales que aseguran
los sustentos energéticos y nutritivos. Por ello, nuestra cultura debería basarse en un
profundo respeto por la naturaleza, que permitiera a los seres humanos afrontar la
responsabilidad de garantizar la supervivencia de todas las comunidades del mundo.

El estudio de la diversidad biológica debería convertirse hoy en protagonista


de nuestra cultura. Cuando enfatizamos tanto en las razones económicas para
conservar la biodiversidad, estamos dejando de lado los otros valores que ella posee
y que también son importantes. Si aprendemos a ver a los seres vivos sólo como
elementos que pueden producirnos un beneficio económico estamos, en cierto modo,
poniendo precio a nuestras vidas.