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Introducción

Hoy día, en momentos que venimos saliendo de una fuerte crisis económica, cada vez se
aprecia más el valor del ahorro, como un medio eficaz para poder enfrentar el futuro.
Por ello, ahora y siempre, ha sido de gran importancia fomentar este hábito en todos los
sectores de la sociedad, en hombres, mujeres, niños, adultos, etc...

Pero buscar los orígenes del ahorro no es una tarea fácil; ya se practicaba en la
antigüedad, aun cuando no como lo conocemos ahora. Al pasar los siglos fue
evolucionando hasta llegar a su forma actual. Sin embargo, su desarrollo se dio
principalmente en Europa; por ello era necesario traer la idea, adaptarla a nuestra
realidad y aplicarla. Es ahí cuando a mediados del siglo pasado surge la figura de un
hombre visionario, deseoso de implantar en Chile una institución encargada de fomentar
el ahorro.

Tan loable labor recayó en don Antonio Varas de la Barra, ilustre estadista de destacada
trayectoria en el ámbito público. Fue este hombre quien concibió la idea de crear una
entidad que permitiese el desarrollo del ahorro en el ámbito nacional y, por ende, ir en
directa ayuda de las clases sociales más desposeídas del país.

El presente trabajo trata sobre la institución que ayudó al fomento del ahorro y de qué
forma su desempeño se tradujo en bienestar y progreso para Chile; en otras palabras,
estamos buscando la labor que desempeñó en nuestra sociedad.

De la entidad que hablaremos será de la Caja Nacional de Ahorros, la que, a través de los
años y tras implantar diversas modalidades de ahorro y crédito, permitió la formación de
este hábito entre la población; si bien no fue en la totalidad de ella, sí logró su objetivo en
un gran porcentaje.

Fue en 1884, cuando el gobierno, impulsado por las ideas de Antonio Varas, autorizó la
Caja de Crédito Hipotecario el establecimiento de una institución destinada a fomentar
el ahorro en Chile.

Esta no fue una idea que surgió de un día para otro: fue el resultado de muchos años de
estudio y observación. El modelo usado en nuestro país fue traído desde Europa, donde
se encontraron los mejores sistemas para imitar. Además de esta constante búsqueda, la
experiencia y los errores cometidos en el pasado sirvieron de guía para el sistema que
estaba destinado a ser el creador de la institución de ahorro más grande de nuestro país.

Si bien es cierto que la idea propuesta por Antonio Varas no era nueva, sí era la mejor.
Previamente a la creación de la Caja de Ahorros de Santiago, se hicieron varios intentos
por establecer entidades de este tipo; sin embargo, la inexperiencia y la falta de
credibilidad hicieron que cada uno de esos intentos fracasara.
Los inicios de este organismo se remontan al momento mismo de la creación de la Caja
de Crédito Hipotecario, ya que dentro de sus estatutos se estableció la posibilidad de
promover e instalar instituciones de ahorro. Si a esto se agregaban las acertadas políticas
implantadas por los gobiernos de la época, se tenían finalmente las condiciones para
llevar adelante tan anhelado proyecto. Por esto, no es de extrañar que en 1877 ya
estuviera latente esa idea. Sin embargo, tuvo que posponerse debido al
desencadenamiento de la Guerra del Pacífico.
Una vez finalizado este conflicto, don Antonio Varas presentó al gobierno los estatutos
de una entidad, cuyo principal objetivo era crear el hábito del ahorro entre los sectores
más humildes de la sociedad, es decir, obreros, campesinos, mineros. El gobierno, al
analizar lo que se le presentaba, no dudó un instante en dar su aprobación para la
creación de la Caja de Ahorros de Santiago. Esta comenzó a funcionar en septiembre de
1884 y su acción se orientó a los más desposeídos. Lo que se pretendía era crear dentro de
este grupo el hábito del ahorro como medio de previsión.

Los primeros años no fueron fáciles, pues de debió hacer frente a la desconfianza de la
gente y a innumerables situaciones de orden político y económico que afectaban el buen
funcionamiento de la Caja. A pesar de estas dificultades, pudo ganarse un espacio dentro
del sistema, lo cual se tradujo en un aumento progresivo de las cuentas abiertas y de los
montos que en ella se depositaban.

Al comenzar el siglo, los peores momentos ya habían pasado; es más, el proyecto


comienza a expandirse a otras ciudades del país. Era tanto el clamor popular por contar
con Cajas de Ahorro en sus respectivas ciudades, que el Gobierno y el Congreso no
dudan en aprobar la creación de una segunda entidad dedicada al fomento del ahorro, la
cual fue denominada Caja Nacional de Ahorros. Dentro de ella se agruparon todas las
Cajas regionales, al igual que la Caja de Ahorros de Santiago, dependía directamente del
Consejo de la Caja de Crédito Hipotecario. Finalmente abrió sus puertas en agosto de
1910.

Junto con la nueva institución, se establecieron nuevas operaciones en ambas Cajas. Ya


no sólo se abocarían a recibir depósitos y abrir cuentas. Desde esos momentos su labor se
amplió, otorgando créditos para que sus imponentes pudieran tener acceso a una
propiedad. Esta labor fue desarrollada estrechamente con la Caja Hipotecaria, y pasó a
ocupar un papel preponderante dentro de las operaciones de ambas entidades.

A lo anterior, más tarde se le agregaría una serie de nueva operaciones que ya no sólo
apuntaban al ahorro, sino que también a proveer de capitales a aquellas personas que,
teniendo buenas ideas, carecerían de los recursos necesarios para poder llevarlas a la
práctica. Diversas fueron las modalidades que se aplicaron; sin embargo, todas ellas
tuvieron gran aceptación dentro de la población.

Transcurría la década de 1920, cuando surge la idea de fusionar estos organismos. Recién
en 1927 se concretará este proyecto. A partir de ese momento la Caja de Ahorros de
Santiago dejaba de existir legalmente, pero en el fondo lo que sucedió fue una
optimización de recursos, donde las oficinas en Santiago y las repartidas a lo largo del
país, pasaron a denominarse “Caja Nacional de Ahorros”, continuando bajo la tutela de
la Caja Hipotecaria.

Más de cien oficinas representaban la presencia que tenían esta institución en el ámbito
nacional, no existiendo prácticamente lugar alguno que no fuera beneficiado con las
políticas que aplicaba la Caja en pos del fomento al ahorro.

El año 1931 marca un cambio dentro del desarrollo de esta entidad, porque a partir de ese
momento la dirección ejercida por la Caja de Crédito Hipotecario desaparece. Desde ese
instante es una entidad autónoma, que se rige por estatutos propios y por las leyes que
reglamentan su funcionamiento.
A lo largo de su evolución, nuevas modalidades crediticias se implantan y desarrollan
dentro de la Caja. Es así como comienzan a aplicarse los créditos controlados, los
préstamos con garantías hipotecarias, entre otras modalidades. A pesar de este mayor
número de responsabilidades, nunca dejó de lado si objetivo central: el fomento al
ahorro. Por ello, puso especial énfasis en las nuevas generaciones, creando el ahorro
escolar; tampoco se olvidó de los obreros y de los más necesitados. Todos ellos eran su
principal foco de atención.

Cada año traía aparejado un aumento en sus operaciones, donde todo se desarrollaba de
acuerdo a lo establecido, hasta que en 1953, por un decreto del gobierno, se fusionó junto
a otras tres instituciones para dar origen a lo que conocemos hoy como “Banco del
Estado de Chile”.

En cuanto a la bibliografía revisada, es posible dividirla en monografías referentes al tema


y obras de carácter general. En lo concerniente al primer tipo, se usaron preferentemente
los archivos, revistas y memorias de la propia Caja de Crédito Hipotecario, Caja de
Ahorros de Santiago y Caja Nacional de Ahorros. Estos estudios conformaron el marco
específico a través del cual se desarrollará este trabajo. Además de formular las
características de esta entidad, muestran cómo se desarrolló y trabajó dentro de la
sociedad chilena. Debido a las características de esta institución, debieron buscarse y
analizarse otros estudios específicos, que dieran un mayor apoyo a cada una de las
particularidades de este organismo. Los problemas de estas últimas radicaban en el hecho
de que el contenido de ellas era de demasiado técnico, olvidando mencionar los efectos de
las diferentes políticas aplicadas a la realidad nacional.

En cuanto a las obras de carácter general, ellas fueron útiles en el sentido de entregar una
visión global de los sucesos políticos, sociales y económicos. Al conocer la totalidad de
los hechos ocurridos desde la década del cincuenta del siglo pasado hasta la mitad del
presente, fue posible insertar y comparar el funcionamiento de la Caja Nacional de
Ahorros con la evolución de la historia económica de Chile, obteniendo de esta forma un
marco más amplio en donde apoyarse.
En lo referente a su elaboración, esta investigación se centró en un punto de vista
descriptivo y analítico. Por ello el libro se organizó en forma cronológica mayormente,
de manera que los primeros capítulos trataran de la Caja de Ahorros de Santiago,
mientras que los restantes se centraran en la Caja Nacional de Ahorros, dejando un
capítulo final para la legislación y organización.

Como parte final del libro se agregó un anexo, conteniendo las principales entidades de
ahorro que existieron en el país a lo largo del funcionamiento de la Caja Nacional de
Ahorros.

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