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¿Cómo se captura un criminal en México?

Es una pregunta que la mayoría de los habitantes del país


deberíamos hacernos y hacerle a las autoridades. Es esencial en el contexto de violencia que vivimos.

Pero la pregunta es todavía más apremiante cuando se trata de personas que le arrebatan la vida a otros,
¿cómo se atrapa a quien asesina por un celular; a los que matan a una persona secuestrada; a quienes
ponen una bala en la frente y después tiran el cadáver a una fosa; a un feminicida; a tantos otros
homicidas; incluso a quienes hacen justicia por propia mano?

Estoy seguro que la respuesta unánime es: más y mejores: policías, ministerios públicos, cárceles,
jueces, alcaldes, armas, tecnologías... Sí, pero no es suficiente, porque esencialmente los crímenes más
horrendos y violentos solo se pueden “resolver en un nivel moral”, dice John Douglas, autor del libro
Mind Hunter – Al interior de la unidad de élite de crimen serial del FBI.

Por lo menos, si queremos una solución a largo plazo y desde la raíz, “debemos dejar de aceptar y
tolerar [los crímenes] entre nuestras familias, amigos y asociados”. Así de general y simple es la
recomendación que hace Douglas.

La petición del autor es muy peculiar, y hasta parecería absurda e ingenua, sino es porque es hecha
hacia el final del libro. E incluso, para un lector mexicano como yo, nos puede crear la sensación de
“en serio me estás diciendo eso”.

Sin embargo, la “solución” cobra un sentido poderosísimo al cierre de la obra. Pues antes Douglas ya
expuso cómo se atrapan estos criminales en los Estados Unidos. Y, pese a todos sus esfuerzos y
recursos, saben que no se puede hacer mucho frente a la maldad de las personas. Es ahí que uno se da
cuenta que los recursos materiales son poco frente a un problema como la violencia. La moral juega un
papel importante.

Douglas relata – en una entendible alabanza al Buró Federal de Investigaciones – cómo fue la
construcción de la Unidad de apoyo de investigación y ciencia del comportamiento del FBI, la cual se
especializa en la elaboración de perfiles psicológicos de los asesinos seriales. El autor nos deja ver con
mucho detalle cómo esta técnica de investigación cambió para siempre la ciencia forense y, por
supuesto, nuestro entendimiento (o el de los gringos) sobre la mente de un asesino.

Poco aportaría a esta reseña decir que la obra inspiró la producción de la serie Mind Hunter de Netflix,
la cual hizo aún más famoso el libro, pero siento que me desviaría de mi cometido, el que me hizo
plantearme la pregunta del principio y sobre la que el libro arroja mucha luz.

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No se pueden negar las aportaciones de los gringos a la ciencia. Esa nación prácticamente ha destacado
en todos los campos científicos; sin embargo, sí resulta extraño - si se toma en cuenta que es uno de los
países desarrollados más violentos - saber que sólo hasta los años setenta y ochenta se esmeraron en
comprender qué hay en la mente de un criminal, al menos científicamente.

La falta de este interés científico y del desarrollo de una política pública, Douglas lo atribuye a la
filosofía puritana que prevaleció en el sistema de justicia durante décadas: los asesinos son frutos
podridos, es gente mala y punto. Nadie se detenía a pensar en los motivos y a nadie le interesaba. ¿Le
interesa a la población y al sistema de justicia saber por qué un hombre violó, por qué decapitó? ¿En
México nos interesa saber las motivaciones de un sicario, de un feminicida?

En todo caso, creo, que en México domina más una aproximación política y sociológica. Se explican
los asesinatos a causa de un malestar social: pobre economía, pocas oportunidades de trabajo, abuso y
abandono de las autoridades. ¿Pero qué hay en su psique, por qué ese comportamiento y no otro?
¿Cómo podemos saber quiénes asesinan motivados por esas condiciones sociales y quiénes por otros
factores, como el odio, la excitación, el poder?

Bueno, se habla de necropolítica, del negocio de la muerte administrado por el neoliberalimo, del
capital que acumula la muerte, etc... Todos son enfoques válidos, pero cuál de ellos sirve para detener a
un criminal, para detectar patrones, para entrenar a los Ministerios Públicos, a científicos, a
criminalistas. Hablan en torno a un sistema, a prácticas en el seno de una sociedad. Pero, al final, todo
se resume a individuos con una forma de pensar y sentir distinta. En este sentido, los perfiles
psicológicos parecen una herramienta poderosa y han dado resultados considerables, de acuerdo al
libro.

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En general, un asesinato causa dos sensaciones: una de tristeza, impotencia y miedo mezclado. Nos
queremos alejar del hecho, nos parece lamentable, pero también insoportable. No queremos escuchar
charlas de violencia en la mesa con la familia o durante una fiesta con los amigos.

Y por otra parte, el morbo nos seduce y comienzan a interesarnos los detalles. En esta categoría
encontramos al público que consume la nota roja, los blogs de narcotráfico y contenido similar. Incluso
la muerte nos parece atractiva como entretenimiento. ¡Cómo es que llegué a este libro!

Pero raramente nos preguntamos más allá de los detalles, no por placer, sino para saber qué significan.
Deducir algo de esos datos. Está bien, no somos especialistas. Pero ¿qué significa que un asesino arrojé
a un río a la víctima o que la deje botada en un paraje desolado? ¿Por qué un extraño mata a otro
extraño y otros crímenes se llevan acabo entre familiares? ¿Cómo deducir la inteligencia del
sospechoso a partir del uso que hizo de una piedra o de un cuchillo?

No obstante, casi nadie se pregunta aquello. Otras personas más (y me incluyo) sólo exigimos que se
lleve a los culpables a la justicia. Sin embargo, ello no terminaría por eliminar la violencia en el país. Y
todavía más importante, eso no garantiza que los asesinos dejen de ejecutar estos graves delitos, pese a
la creencia que los castigos disminuyen los incentivos para el crimen. Aunque, no quiero decir que
ejercer justicia no es importante.

Douglas comenta en el libro que conocer las motivaciones no sólo facilitan capturar a un criminal, pues
en los detalles es posible leer la desesperación, el miedo, la ira y todo lo que podría estar
experimentando un asesino en ese momento. Esta información incluye lo que sintió la víctima:
sorpresa, miedo, fue indoloro, etc...

Esto va bosquejando un panorama más amplio sobre el sospechoso. Los detalles hablan del carácter de
la persona, de sus manías, gustos y fobias. Luego viene la predicción, se sabe qué hará y de qué forma,
más o menos, llevará acabo las siguientes acciones.

Los investigadores del libro, a partir de esos datos, construyen toda una estrategia. Van llenando los
huecos de información que siempre genera un asesinato. Las deducciones son tan sofisticadas que
pueden saber qué tipo de vehículo usa el sospechoso, cómo es de ordenado el lugar donde vive, qué
tipo de actividades realiza y cómo se relaciona con las personas de su entorno.

Así la predicción de cómo, cuándo y dónde asesinará es más precisa. La justicia toma acciones.

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Cuando terminé de leer Mind Hunter no sentí otra cosa más que decepción. Vi a mi país tan en pañales,
lejos de una justicia real. Tantas carencias de ciencia en la investigación de delitos. No dudo que haya
intentos valientes desde las instituciones para mejorar la búsqueda de los criminales, pero los datos
duros muestran la verdadera magnitud del problema.

No contamos ni con lo más básico que ya han denunciado diversas organizaciones: un padrón de
confiable sobre víctimas muy bien clasificado y organizado.

¿Cómo vamos a avanzar así?

El primer paso, esencialmente, sí puede ser uno moral (y dejo constancia que esto no es propaganda
política). Sí, en el sentido que plantea Douglas: no tolerar. No tolerar que no se investigue, no tolerar
que una persona tome la vida de otra. No tolerar en general la violencia. Esto creará una atmósfera más
armónica entre las víctimas y los demás ciudadanos que no han sido dañados (aparentemente). Además
considero que esto disminuirá la atmósfera de miedo que impera actualmente.

Creo que el planteamiento moral de Douglas es útil, pero limitado en nuestro contexto. La realidad es
que si buscamos alcanzar la paz debemos impulsar la ciencia a otro nivel. Requerimos de una justicia
versada en el conocimiento más actual. Sólo podemos reparar los daños entendiendo y prediciendo los
crímenes. No podemos vivir a merced de delincuentes y ni podemos tolerar una justicia ciega. La
justicia debe ver a la cara a sus víctimas.