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¿DÓNDE ESTÁN LOS FILÓSOFOS?

Tomado de: Revista Arcadia. 2011.


Por: Rodrigo Restrepo.

En un país lleno de problemas que necesitan de reflexión profunda, los


pensadores colombianos parecen mantenerse distanciados en su torre de
marfil. ¿Por qué viven tan alejados del debate público? ¿No ha existido
acaso en Colombia una importante tradición de intelectuales públicos? ¿O
es que en este tiempo de mass-market los escritores han usurpado el lugar
de los filósofos en los medios?

Pocos días después de publicado el libro La filosofía y la crisis colombiana,


un periodista de radio llamó al filósofo Rubén Sierra Mejía, coeditor de la
obra y uno de sus autores. Publicado hace ya nueve años, este libro
constituye uno de los pocos intentos serios de los principales filósofos del
país por pensar la realidad nacional y divulgar sus pensamientos para el
público general. “Me preguntó qué proponíamos los filósofos para
solucionar los problemas del país”, cuenta Sierra. “El problema es que me
exigió que explicara el tema en sólo tres minutos”. El filósofo, desde luego,
despachó al ingenuo periodista de un plumazo: “¡Es que los filósofos no
somos quienes tenemos que resolver los problemas del país! Nosotros nos
encargamos de pensar las cosas, no de solucionarlas”.

Así quedó zanjado el asunto: de un lado los pensadores y del otro, los
medios, el público y, quizás, el país. La anécdota no va más allá de la
llamada, pero deja ver el estado actual de una relación fría e indiferente.
Los filósofos, en su mayoría, parecen encontrarse en la torre de marfil de
la academia, distanciados de una realidad compleja y fecunda para el
pensamiento. ¿Por qué?

“Quizás el ‘massmediatizarse’ pueda quitarle rigor al filósofo, y el rigor


hace parte de su identidad intelectual”, explica Sergio de Zubiría, profesor
de filosofía de la Universidad de los Andes y quien se ha especializado en
temas como la filosofía política, las relaciones entre la cultura y la
violencia y los debates y problemas en torno al concepto de tolerancia.
“Hay una cierta actitud fóbica, pues al filósofo le parece que si participa en
los medios, su pensamiento puede volverse liviano, de poca densidad”.
Pero tal vez exista una razón más de fondo para esta ausencia. “Durante la
década del 70 hubo una sobresaturación, o más bien una ultra saturación
de estas problemáticas”, argumenta Lisímaco Parra, profesor del
Departamento de filosofía de la Universidad Nacional y ex vicerrector
académico de la misma, además de director de la cátedra de Pensamiento
colombiano y especialista en ética y política moderna y contemporánea.
“Temas como el de la filosofía política tuvieron un agotamiento, una crisis.
Quizás en ese agotamiento tenga que ver el marxismo. Yo creo que el
2

marxismo criollo, tan sumamente religioso, acaparó la reflexión política. Y


cuando ese marxismo religioso entró en crisis, es como si el interés por la
reflexión de la política y la sociedad hubiera quedado en un gran
desprestigio”.

Parra recuerda que en la antigua sede de la librería Buchholz, en la calle


59 abajo de la 13, la sección más grande de libros era la de marxismo.
“Era una pared enorme”, dice, y estaba ubicada justo detrás del cajero,
pues esos eran los libros que la gente se robaba”. Hoy en día de marxismo
no queda nada, y muy poco de problemas de filosofía política, por no
hablar de filosofía colombiana. Basta dar un vistazo a los estantes de la
librería Lerner para darse cuenta de que buena parte de la bibliografía
filosófica nacional está compuesta de compilaciones de ensayos
especializados y de memorias de congresos sobre Kant, el darwinismo o el
relativismo filosófico.

¿EL FILÓSOFO HA MUERTO?

Y es que, sin lugar a dudas, el lugar en donde se juega hoy la filosofía


colombiana es la academia: en los grupos de estudio, en los
departamentos de filosofía, en los congresos y en las publicaciones
especializadas. Es la consecuencia inevitable de la pro-fesionalización.
Para el profesor Sierra, “el ejercicio la filosofía se ha profesionalizado
demasiado en Colombia”. Lo que, a su vez, “ha generado un miedo de
pensar los problemas comunes, los problemas públicos”.

Solo hace falta hojear los principales diarios para darse cuenta de que el
filósofo se quedó por fuera del debate público. Desde luego, existen las
excepciones: Jorge Restrepo en El Tiempo y Jorge Giraldo en El
Colombiano. El Espectador, por su parte, ha tenido que comprar las
columnas de Umberto Eco, no se sabe si por falta de oferta nacional o por
simple descuido periodístico. Existe, dicho sea de paso, el fenómeno del
filósofo de formación que pertenece a la vida pública, pero que no ejerce
verdaderamente como filósofo. Entre otros, se destacan Enrique Santos
Calderón, Mauricio Pombo y Mavé —sí, la del tarot de Mavé—.

“Yo creo que esta ausencia es una gran pérdida, porque los filósofos
colombianos eran intelectuales públicos reputados. El último fue quizás
Estanislao Zuleta. Y antes de él, Cayetano Betancur, quien siempre fue
columnista de los principales periódicos del país”, comenta Jorge Giraldo,
filósofo de la Universidad de Antioquia, decano de la Escuela de Ciencias y
Humanidades de la Eafit y profesor de filosofía política. ¿Qué se hicieron
entonces los filósofos públicos? ¿Dónde quedó la figura del pensador?
Parece haber aquí una cuestión generacional. Para la generación actual de
filósofos “ya no importa tanto el individuo, la figura o el personaje del
filósofo. Se trata más bien de grupos, en los que se lleva a cabo un trabajo
3

de hormiguita, un trabajo importante aunque los nombres no figuren”,


explica de Zubiría. Probablemente, esta desaparición de la figura del
filósofo tenga que ver con un cambio ideológico, una caída de las certezas y
de las grandes verdades. Hoy, siendo fieles al estado de ánimo de nuestra
época, vivimos un pluralismo ideológico: ya nadie se siente poseedor de la
verdad. “El filósofo no puede dejar de representar el espíritu de su tiempo
y, como dice Manfred Max-Neef, vamos ‘de la esterilidad de las certezas a
la fecundidad de las incertidumbres’”, explica.

Para Parra, detrás de la pregunta por los grandes filósofos se encuentra


todavía un prejuicio: la sombra del gran autodidacta. Un prejuicio que, por
lo demás, no deja de ser un tanto “pueblerino y provinciano”, según dice.
Hace algunas décadas, en efecto, surgió en Colombia la figura del filósofo
autoeducado, un tipo muy inteligente que destacaba fácilmente en un
medio bastante ignorante. “Tenía una pose. Aspiraba a ser un genio que se
paseaba por encima de las instituciones académicas. Y aunque dictaba
clases y cursos, tenía muy poco interés en las tareas administrativas de la
universidad. Asistía en Alemania a los seminarios de Heidegger, pero no se
daba a la tarea de sacar un título, pues veía el cartón con cierto desdén”,
dice el catedrático. “Desde luego que en Estados Unidos, en Francia y
Alemania hay personajes filosóficos destacados. Pero lo que realmente
sostiene el trabajo filosófico es una masa muy consolidada, densa, muy
extendida, de filósofos profesionales”.

Pensándolo mejor…

Pero esta visión del problema desconoce que, justamente, una gran
tendencia en el contexto internacional es el retorno de la filosofía al ámbito
público y a la vida cotidiana: el filósofo como un mediador de las personas
y sus problemas vitales, así como un divulgador de una herramienta
preciosa: el pensamiento. Giraldo resalta la importancia, en el entramado
intelectual internacional, de figuras como Fernando Savater, el célebre
pedagogo español, Slavoj Žižek, el filósofo y psicoanalista esloveno que
alimenta su pensamiento con la cultura popular, o el judío-estadounidense
Michael Walzer y su célebre revista Dissent. Sin ir más lejos, en Argentina,
el ateo y optimista Alejandro Rozitchner mantiene cuatro blogs de alto
tráfico y nivel filosófico y escribe en el diario La Nación de Argentina
artículos muy filosóficos con títulos como: ¿Por qué toman alcohol los
jóvenes? o Qué es ser buena persona. También colabora con el portal en
español de Yahoo! y divulga en sus páginas web videos y capítulos de sus
catorce libros, el último de los cuales se llama Ganas de vivir. Y Rozitchner
es solo la muestra de toda una generación de filósofos, como José Pablo
Feinmann o Alberto Buela, que se preocupan por divulgar su pensamiento
y publicar sus obras en Internet.
4

Esto por no citar el mar de páginas de divulgación filosófica que se


publican desde hace ya más de una década en el mundo entero. La
colección Popular Culture and Philosophy, de la editorial Open Court, lleva
ya 59 volúmenes —y 11 en preparación— con títulos como Dexter and
Philosophy o Ipod and Philosophy. El suizo Alain de Botton, famoso por
Cómo cambiar tu vida con Proust, las Consolaciones de la filosofía o Los
placeres y los pesares del trabajo, se ha dedicado rigurosamente a divulgar
en programas documentales para televisión, videos de Internet y
programas de radio por la web su “filosofía de la vida cotidiana”. De
Botton, además, es miembro fundador de The School of Life, una
organiza-?ción educativa en Londres que ofrece programas completos
sobre las cuestiones más apremiantes de la vida diaria: las relaciones, el
trabajo o la crisis de la mediana edad, un poco en la misma línea que el
contracorriente y agudo Michael Onfray de la Universidad Popular de Caen
y quien sostiene que un filósofo piensa en función de las herramientas de
que dispone; si no, piensa fuera de la realidad.

A propósito de herramientas y realidad, Giraldo señala que el año pasado


el New York Times abrió un blog colectivo llamado The Stone, en honor a
la piedra del Ágora de los griegos —o en referencia al arquetípico acto
humano de lanzarle piedras al prójimo—. Su objetivo no es otro que el de
invitar a filósofos de todas las vertientes a reflexionar sobre temas como el
arte, la guerra, la ética, el perdón, el kung-fu, los problemas de género o la
cultura popular. Esto con el fin de mostrar cómo luce la filosofía hoy y
quiénes son sus representantes, cuáles son sus pre-ocupaciones y qué
papel juegan en el siglo XXI. Por su web han pasado ya pensadores de la
talla de Peter Singer.

En Colombia, las herramientas están, pero parece que los filósofos no. En
un rápido sondeo realizado con ayuda del profesor de Zubiría, una decena
de estudiantes de últimos semestres de filosofía fueron interrogados sobre
su concepción y uso de herramientas como los blogs, las redes sociales e
Internet en general para divulgar, debatir y leer contenidos filosóficos. Los
resultados son, por decir lo menos, alarmantes. Cinco de los diez proyectos
de filósofo no usa Internet con fines filosóficos sino para casos
estrictamente necesarios —consultar el diccionario latín-español o buscar
algún libro que no se encuentra en las bibliotecas—. Apenas tres usan
Facebook para compartir ideas filosóficas y sólo dos exploran la red —esto
es, blogs y Youtube— como un recurso válido de investigación.

En una rápida búsqueda en Wikipedia sorprende que aparezcan, en la


lista de filósofos colombianos, personajes como Antanas Mockus o Jesús
Piñacué. A propósito: ¿habrá algún filósofo en Colombia preocupado por
Wikipedia? Resulta alentador que al menos la Sociedad Colombiana de
Filosofía luzca una elegante página web —con videos incluidos en el home
— y hasta aparezca en Facebook y tenga una página en Vimeo.
5

Justamente en su website se lee que el Banco de la República está


buscando algún filósofo que se le mida a la tarea de escribir un artículo
sobre la historia de los últimos diez años de la filosofía en Colombia. Buen
indicio. Sin embargo, la desilusión vuelve al encontrar que junto con la
elección del nuevo presidente de la Sociedad, la convocatoria del Banco es
la única ‘noticia’ que alberga la web. Y la desilusión se convierte en
indiferencia cuando descubro que su calendario de eventos de 2011 está
más vacío que la tábula rasa de la mente humana, según los empiristas.

Tras una larga incursión en la apretada selva de Internet, se encuentra


que el único filósofo colombiano que mantiene un blog es Jorge Giraldo. “A
veces surge un problema en la concepción de la filosofía. Norberto Bobbio
decía que hay dos formas de filosofar: una es pensar sobre los
pensamientos. La otra es pensar sobre lo que pasa, sobre lo que está ahí a
la vista. A mí me parece que le realidad, especialmente la colombiana,
ofrece todos los días motivos para hacer reflexión filosófica”, argumenta
Giraldo. “Tenemos una realidad muy sugestiva para muchos de los
problemas filosóficos contemporáneos: la justicia, la violencia, los derechos
humanos, la ética, la economía. Cuando uno tiene cierto compromiso con
lo que está pasando todos los días y con la filosofía, uno intenta conectar
los dos mundos”.

Lo mismo piensa Diego Duque, un joven filósofo de la Nacional que


trabaja duro y solitario en un proyecto de filosofía aplicada. Duque ha
dedicado los cortos años de su carrera profesional a nadar a
contracorriente: intenta aplicar preguntas filosóficas clásicas a casos
particulares de la realidad colombiana. Y lo ha hecho con los protagonistas
anónimos de la cruda realidad del país, pues se ha puesto a indagar el
dilema del sicario, el de la víctima, el del excombatiente y el del interventor
social. Durante casi un año, filosofó a fondo con los habitantes de la calle
de un hogar de paso en el centro de la ciudad. “Casi siempre se juzga a
estas personas desde ciertos estándares morales. Se cree que hay que
estar loco para irse de paramilitar o de sicario, se los juzga como
irracionales”, explica. “Pero cuando se indaga en todos los factores, el
juicio cambia. Se relativiza el juicio moral porque se encuentra que sus
decisiones obedecen a una racionalidad. La moralidad no es lo que los
filósofos dicen”.

Duque concluye, que si los filósofos no ponen los pies en la realidad


colombiana se estará haciendo una filosofía en el aire, sin carne. “El
filósofo tiene la posibilidad de aportar herramientas y elementos de
análisis para entender mejor nuestra realidad”. Existen sí, brotes de una
filosofía más cercana a la realidad. Está el libro Perfiles del mal, de la
filósofa Ángela Uribe, que examina ocho episodios de la historia de
Colombia para indagar en el contenido moral en las relaciones de sus
protagonistas. Está el Proyecto Lisis de filosofía para niños, liderado por
6

los profesores Diego Pineda y Miguel Ángel Pérez, que busca establecer
una serie de recursos multimedia para un diplomado. Está también el
espacio ‘Filósofo-No Filósofo’, un proyecto televisivo del Departamento de
filosofía de la Nacional que invita a personajes no filosóficos —chefs,
cantantes de rock o un neurobiólogo— para debatir temas junto a filósofos
profesionales.

Dice el profesor Sierra que “el filósofo debe atender a su tiempo”. ¿No es
hora ya de que los pensadores colombianos salgan de su fortín académico
y entren decididamente en la discusión pública de los problemas del país?

LA CULTURA GRIEGA FUNDAMENTO DE LA CULTURA OCCIDENTAL.

Siempre que un ciudadano occidental tiene como propósito para su vida, es decir,
como proyecto racional de vida, realizar una carrera profesional, especialmente, si
es de corte humanista, es preciso que ella esté obligada a reencontrarse con la
historia y la filosofía griegas; pues es a Grecia a quien Occidente le debe casi toda
la génesis de su pensamiento y el acuñamiento del término cultura. Más
precisamente, el término cultura deviene del desarrollo de la cultura griega. En
esta afirmación encontramos alguna semejanza con las especulaciones de otros
grandes hombres de la Historia como lo son Hegel y Jaeger. El filósofo de Sttugart
se expresó de la siguiente manera en sus Lecciones sobre la Historia de la
Filosofía: “La filosofía comienza en Grecia. La verdadera filosofía comienza en
Occidente. Es aquí donde aparece por primera vez esa libertad de la conciencia
de sí mismo que hace pasar a segundo plano la conciencia natural y da vuelo al
espíritu. Bajo el brillo del oriente, el individuo desaparece; en el Occidente, la luz
se convierte en la chispa del pensamiento que brota de sí mismo y se crea desde
dentro de su mundo”1. Con estas expresiones hegelianas queda manifiesto el
interés del filósofo alemán por dejar claro que la “verdadera filosofía” tiene sus
cimientos en la cultura griega, aunque ya en Oriente existía una tradición
especulativa que estaba circunscrita a escudriñar sobre la esencia misma de las
religiones orientales, como quiera que estas se convierten en una forma de vida
para sus practicantes. En la cultura oriental, la “filosofía” no centra su leitmotiv en
el estudio y análisis de la historia del pensamiento, sino en el estudio del ser
humano, con todo lo que este concepto comprende. Más concretamente, los
“filosofías” orientales dejan de ser precisamente filosofías para pasar a ser “estilos
o formas de vida”, más propiamente religiones, disciplinas espirituales que tienen
como fin último el bienestar del individuo, si se quiere en otros términos, la
felicidad, el nirvana.

1
HEGEL, George Wilhelm Friedrich. Lecciones sobre la historia de la filosofía. Vol. I. México, D.F. F.C.E.
1977.Página 95.
7

Corroborando la primacía del pensamiento griego sobre el pensamiento oriental, el


filósofo alemán continúa expresando que “el contenido de las religiones orientales,
Dios, el Ser en y para sí, lo eterno, es concebido más bien con el carácter de lo
universal; pues bien, lo mismo ocurre con la actitud de los individuos ante ello. En
las religiones orientales, la actitud fundamental consiste en que sólo la sustancia
una sea, como tal, lo verdadero, sin que el individuo tenga ni pueda adquirir de
suyo ningún valor, en cuanto que se mantiene frente al ser en y para sí; por el
contrario, solo puede adquirir un valor verdadero mediante la identificación con
esta sustancia, en la que deja de existir como sujeto y desaparece en lo
inconsciente. Es lo contrario de lo que ocurre en la religión griega y en la cristiana,
donde el sujeto tiene la conciencia de ser libre y debe mantenerse así; claro está
que, en tanto el individuo se establece de este modo para sí, es mucho más difícil
que el pensamiento se libere de esta individualidad y se constituya para sí. El
punto de vista, en sí superior, de la libertad griega del individuo, esta vida más
gozosa y fina, entorpece el trabajo del pensamiento, que consiste en hacer valer
la universalidad”2.

LOS PRIMEROS PENSADORES DE OCCIDENTE Y SUS PRIMERAS


ELUCUBRACIONES.

Para empezar a desarrollar este primer capítulo se hace indispensable traer como
referencia las especulaciones de uno de los grandes filósofos de Alemania, como
es Hegel, quien nos dejó escrito en sus conferencias sobre La historia de la
filosofía lo siguiente: “La historia de la filosofía puede ser estudiada como una
introducción a la filosofía, porque presenta el origen de la filosofía. Pero es el
objeto de la historia de la filosofía enseñar cómo la filosofía ha aparecido en el
tiempo”3. Con estas afirmaciones hegelianas podemos entender claramente que
para el desarrollo de un curso introductorio de la filosofía, es necesario el estudio
de la historia de la filosofía. Explicado esto de otra manera, es, que no puede
hablarse de la filosofía sino se considera de qué manera apareció en la historia;
sabiéndose ello, podría asegurarse que las concepciones o elucubraciones
filosóficas surgieron con la historia del pensamiento del hombre.
Cuando se pretende caminar por los senderos de la historia del pensamiento, hay
que iniciar explicando las primeras concepciones de los primeros filósofos de la
cultura occidental.

Inicialmente, para analizar y comentar las primeras concepciones filosóficas, se


tendrían en cuenta algunas fuentes bibliográficas esenciales a saber: Diógenes
laercio, Aristóteles, platón, sexto empírico y algunas historias de la filosofía entre
ellas la de Hegel, el proceso para continuar con el desarrollo de módulo es de la
siguiente manera: se presenta un análisis comentado sobre el pensamiento de las
diferentes filósofos, el cual estará apoyado encitas textuales y algunas obras que

2
Ibíd. Página 112.

3
HEGEL, George Wilhelm Friedrich. Introducción a la historia de la filosofía. Colección Los Grandes
pensadores. Madrid. Sarpe, S.A. 1983. Página 25.
8

son consideradas fuentes de la filosofía. Y aparte de fuentes de los propios


filósofos.

En esta primera parte, se inicia con los primeros pensadores de la Antigua Grecia,
a los cuales algunos historiadores han asignado diferentes nombres, a saber:
presocráticos, estos por ser anteriores a Sócrates, (470 a 399 a. c.), pero dentro
de los presocráticos están los Jónicos, los pitagóricos, los Eleáticos, los atomistas.

De las elucubraciones erigidas sobre el origen del cosmos y de la naturaleza, han


existido disimiles puntos de vista o concepciones, tantas como filósofos han
existido para esa época –La Antigua-. En este primer capítulo se trata de una
visión lo más clara y amplia, posibles, a pesar de lo difícil que es especular sobre
estos primeros pensadores debido a la carencia de fuentes suficientes de los
propios filosóficos y a los abstractos y pobre de sus pensamientos.

Iniciamos la aparición de la filosofía con los Jonios tales, Anaximandro y


Anaxímenes.

Tales (624-546 a. c.)

Para la gran mayoría de los estudiosos de la filosofía – entre ellos el egregio


Hegel- tales es, con toda certeza, el “padre de la filosofía”; con el “comienza, en
realidad, la historia de la filosofía”, 4 esto es lo que el filósofo alemán nos dice en
sus lecciones sobre la historia de la filosofía.

Para otro de los historiógrafos de la filosofía griega como Carlos García. Tales de
Mileto para a ser considerado como el primero de los famosos siete sabios. Pero
Tales también fue considerado “astrónomo, geómetra, viajero, estadista, estudioso
de la naturaleza en un sentido amplio, tales representa u nuevo tipo de sophos” 5.

Tales era natural de miletos. Se inicia con él las primeras elucubraciones que
intentaron interpretar el origen del universo, por ello su búsqueda se dirigió a la
naturaleza de las cosas, pues sus especulaciones apuntaron a responder la
pregunta ¿De qué está hecho todo o qué clase de “Sustancia” entra en la
composición de las cosas? El respecto se habla en lo posterior.

Curiosamente, de Tales han elegado a decir varios autores o historiadores de la


filosofía que no dejó nada escrito, ni creó ningún sistema filosófico propio, pues
todo cuando se sabe ha surgido de referencias anecdóticos fragmentarias hechas
por autores posteriores que recuerdan incidentes memorables de su vida. Es así
como en obras de Diógenes Laercio sólo se menciona a tales como autor de
4
HEGEL, George Wilhelm Friedrich. Lecciones sobre la historia de la filosofia. Vol 1, Mexico, D.F.C.E. 1997 P.
158

5
GARCÏA Gual, Carlos. Los siete sabios y tres más. Biblioteca temática Alianza. Ediciones del Prado. Madrid.
1995. Página 49.
9

muchos versos sobre temas de astronomía y algunos pensamientos suyos


escritos en forma de sentencias. Otro gran filósofo, muchísimo posterior a laercio,
como es Hegel, manifestó al respecto que “No poseemos ninguna obra de tales, ni
sabemos siquiera se elego a componer alguna” 6. Posteriormente, un gran
estudioso de la cultura griega, contemporáneo nuestro, como lo es Carlos García
cual, también nos dejó su interrogación sobre el tema en cuestión, quizá aferrado
a lo dicho por Diógenes y por Hegel, cuando nos dice “probablemente no escribió
– refiriéndose a Tales- ningún libro, ni tuvo un sistema filosófico definido (en
contraste con su discípulo Anaximandro, autor de un tratado en prosa y más
riguroso filósofo). En todo caso, si escribió algo (como cree Olof Gigon) el caso es
que ningún escritor griego conocido había leído ya su obra (tal vez, según Gigon,
un relato en prosa, de viajes y con noticias varias 7.

Dejando a un lado el aspecto anecdótico de este primer pensador Jónico, es


pertinente retomar su aporte filosófico a la explicación del origen el cosmos.

Tales era consciente de las diversas clases de cosas que podían componer el
universo, como por ejemplo, tierra, aire, nubes, océanos, las cuales cambiaban
constantemente asemejándose a otras y llegando a estar relacionadas con lo uno.
Pero básicamente para él, la “sustancia” o elemento que formaría toda realidad
física, es el agua, dicha afirmación es la que se conoce del estagirita Aristóteles –
el filosófico por antonomasia- quien nos relata en su metafísica que “en cuanto al
número y a la naturaleza de estos elementos, estos filósofos no están de acuerdo.
Tales, fundador de esta clase de filosofía, considera al agua como primer principio
(es por esto que también pretendía que la tierra flotaba sobre el agua); Sin duda le
indujo esta idea el observara que todas las cosas se alimentaban de la humedad y
que incluso lo caliente mismo procede de ella (ahora bien, aquello de donde todo
proviene es el principio de todas las cosas). Esta observación fue la que hizo
adoptar este concepto, y también esta otra; que las semilla son húmedas por
naturaleza, y que el agua es el principio de la naturaleza de las cosas húmedas” 8,
desde esta interpretación aristotélica han sabido darse muchas otras, las

6
Hegel, op. Cit. 160

7
García, op. Cit. P. 49

8
Aristóteles. Metafísica. Libro I capitulo III. Barcelona. Iberia 1971 p. 10