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A propósito de la cultura y su promoción.

A pesar de lo inmersos que estamos en la globalización, se nos hace imposible ignorar las
necesidades (a las que tampoco somos ajenos) de todos aquellos quienes prefieren el
contacto físico. Para ninguno de nosotros es desconocido el hecho de que internet poco a
poco irá suplantando hasta los espacios en los que por ahora, y por fortuna, conservamos
la dicha de poder reunirnos y compartir con quienes queremos o amamos.

A continuación, dejaré este espacio en común para poder contarles una anécdota. Hace
algunos años, me reuní con amigos muy queridos en un café del pueblo, para hablar sobre
cotidianidades. En aquel lugar, no solo podíamos tomar café y comer dulces, sino también
pasar el tiempo debatiendo sobre cualquier tema, entre nosotros mismos y con los demás;
debo confesar que eso me enganchó. Sobre todo cuando, conscientes de la época en la
que vivimos, sentíamos frecuentemente la necesidad de hacer nuestras horas de ocio en
un espacio en el que existiera la diversidad y la pluralidad de opiniones, en un sitio en el
que, por insignificante que parezca, pudieras coger un libro entre las manos, pasar sus
páginas mientras recitabas algunas frases, conversar, mirar a los ojos, escuchar jazz, tango
o alguna balada, hablar de la ciudad, de nuestros días en la ciudad y por supuesto tomar
café; como por allá en el siglo XVIII los intelectuales franceses lo hicieron en las mesas del
Procupe, París.

Como esa tendencia se ha mantenido, y favorablemente el hambre de cultura va


incrementando, pensamos en que un espacio cultural o en pro al desarrollo de la misma,
debe ser siempre prioridad en una ciudad, que dicho sea de paso, goza de tanta diversidad
y desarrollo turístico.

Lo que nos gustaría ofrecer, a propósito de la promoción cultural, es un espacio en el que


la gente se sienta cómoda y en confianza de hablar sobre cualquier tema, sin limitaciones
y con un ambiente propicio, mientras se toma un café, se come un dulce o lee un libro. Un
espacio que pueda aprovecharse también como centro de exhibición, para brindarle la
oportunidad a artistas emergentes, de poder exponer sus trabajos y comerciarlos.

Un poco más arriba mencioné uno de los café más famosos de Paris, y lo hice, porque al
enterarme que el espacio dispuesto para la ejecución del proyecto se encuentra dentro del
casco histórico de la Ciudad, y en uno de los edificios más emblemáticos del siglo XX en
Panamá, me hice la idea de los famosos cafés y bares de la Francia, tan importantes por
allá en los años 40’s y 60’s, además de, y como mencioné anteriormente, ese intercambio
cultural que devendría del turismo en un primer lugar, y también de todo lo que nuestra
gente tiene para ofrecer.

Sin que se nos agoten las ideas, pues el objetivo es tratar en la medida de ofrecer una carta
muy completa al cliente, pensamos también en incursionar en lo que actualmente va dentro
de la rama de la cocina experimental, esto sería la elaboración de cocteles, mezclando
licores exclusivamente con café.

El fin es construir un lugar que cumpla y supere las expectativas de todos aquellos amantes
de las tertulias, del café y los licores, aparte de legarle a la Ciudad un espacio único y
estéticamente fascinante, que mezcle una apariencia clásica y afrancesada, con elementos
vanguardistas que nos sitúen en nuestra época, es nuevamente ese interés por el
intercambio cultural y su desarrollo, es nuevamente el servir como inspiración a todos
aquellos quienes nos visiten y finalmente y como buen establecimiento, poder calar en ellos
compartiendo, y por qué no, un rato diferente.

Salud.

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