You are on page 1of 5

Nuestro Código Civil recoge los principios de Derecho internacional, los cuales van del

artículo 14 hasta el artículo 18.

El Art. 14 establece el principio de la territorialidad de la ley para regular el Derecho de las


personas, bienes y actos jurídicos, y por ello mismo es obligatoria para todos los habitantes
de la República. Lo que la ley salvadoreña prohíbe no puede ejecutarse en El Salvador, ni por
el extranjero, sea domiciliado o trausente; lo que la ley manda debe ejecutarse o respetarse
aún por el extranjero de cualquier condición; y lo que permite puede ejecutarse y debe
tolerarse aún por el extranjero. El Art. 14 está relacionado con el Art. 96 de la Constitución
que dice: los extranjeros desde el instante en que llegaren al territorio de la República,
estarán estrictamente obligados a respetar a las autoridades y a obedecer las leyes, y
adquirirán Derecho de ser protegidos por ellas.

En consecuencia la capacidad y el Estado Civil de los extranjeros lo mismo que de los


nacionales están regulados por la ley salvadoreña.

Para hacer aplicable el Derecho salvadoreño al estatuto de las personas se requiere que éstas
entren en un orden particular de relaciones, que habiten en la República.

HABITAR: significa vivir o morar en un lugar o casa, por consiguiente decir que las personas
habiten en la República significa que un individuo de la especie humana cualquiera sea su
edad, estirpe o condición, se encuentra dentro de los límites espaciales que cubre el Estado
Salvadoreño. En esta circunstancia el factor de conexión contenido en la norma del Art. 14 y
que hace que la ley sea obligatoria a todos los habitantes, está fundamentada en “HABITAR
EN LA REPUBLICA”.

El Art. 14 limita la solución al problema general de la ley legislación a que debe sujetarse las
personas cuando estas sean habitantes de la República. Sin embargo, nada dice con respecto
a los que no habitan en la República, entonces se desprende que el elemento de conexión hay
una implícita limitación temporal, y es que el estatuto personal de los habitantes de El
Salvador, se rige por la ley salvadoreña a partir del momento en que habite en la República
y no antes. Esto es evidente, porque las personas antes de entrar al territorio de la República
no son habitantes de ella.

Lo que ocurre antes de que las personas habiten la República, con respecto a la ley que
determina su estatuto personal no está solucionado en el Art. 14 C.C. como tampoco, se dice
es cual es el estatuto personal de las personas que no han sido ni son habitantes de la
República.

La regla consagrada en esta disposición legal, sujeta al extranjero a todas las leyes de El
Salvador, lo mismo que a los nacionales; en consecuencia, todo conflicto con la ley
salvadoreña y la ley personal del extranjero queda así eliminada en lo absoluto.
El Art. 15 C.C. contiene una excepción al principio contenido en el Art. C.C. según el cual la ley
solo obliga a los habitantes en su territorio, el salvadoreño continúa sometido a las leyes
salvadoreñas, aunque fije su residencia o tenga domicilio en territorio extranjero.

Este Art. También ha sido tomado del artículo 3 del Código de Napoleón.
El legislador salvadoreño no puede pretender que los tribunales extranjeros apliquen al
salvadoreño las leyes que indica el Art. 15 C.C.; la aplicación de las leyes extranjeras fuera de
El Salvador y por autoridad extranjera dependerá exclusivamente de las reglas adoptadas en
cada nación.
Un salvadoreño tendrá que conformarse a la ley patria, en cuanto a su capacidad para
ejecutar un acto que ha de producir efecto en El Salvador, mientras que la capacidad de un
extranjero para ejecutar fuera de El Salvador, un acto que ha de tener efecto en El Salvador
se regirá por la ley del país nacional y no por la ley salvadoreña.

Por consiguiente, si el salvadoreño cambia de nacionalidad, ya sea por cualquier causa,


naturalización, por ejemplo, dejó de serle aplicable las reglas del artículo 15 C.C.

Otra limitante del Art. 15 C.C. es en cuanto a ciertas leyes personales y no todas las leyes
personales.
Estas leyes personales son solo las relativas al estado de las personas y a su capacidad para
ejecutar actos que hayan de tener efectos en El Salvador y por último las relativas a las
obligaciones y derechos que nacen de las relaciones de familia respecto de los cónyuges y
parientes salvadoreños.
Por lo tanto, quedan excluidas de este Art. Los actos y contratos celebrados por extranjeros
en país extraño, aún cuando hayan de tener efecto en El Salvador y los actos ejecutados o
contratos celebrados en país extraño por un salvadoreño sino han de tener efecto en El
Salvador; según esto, la capacidad del extranjero para los actos o contratos que ha de tener
efecto en El Salvador se rige ya sea por la ley salvadoreña para los mismos actos o contratos
que regulan por la ley salvadoreña, mientras que si no han de tener efecto en El Salvador se
regulan por la ley extranjera.

Las leyes personales salvadoreñas no siguen al salvadoreño residente o domiciliado en el


extranjero, en cuanto a las obligaciones o derechos que nacen de las relaciones de familia,
respecto de su cónyuge y parientes extranjeros.
Solo el cónyuge o pariente salvadoreño residente en país extraño por las obligaciones y
derechos que la salvadoreña establece en las relaciones de familia. Entre el salvadoreño
residente en país extraño y su cónyuge y pariente extranjero, no existen otros derechos y
obligaciones, en cuanto a las relaciones de familia que los determinados por al ley extranjera.
ARTICULO 16 C.C.
a. En cuanto a bienes
· Muebles
· Inmuebles

b. En cuanto a personas
· salvadoreños
· Extranjeros
II. ASPECTOS RELEVANTES
a. Confirmación de las reglas contenidas en el Art. 14 C.C, las leyes reales se aplican sobre
todo el territorio del Estado, no admite la regulación de leyes personales ni de cualquier otra
índole.

b. Recoge el principio de la lex rei sitae.

c. Contiene una excepción inciso segundo y una contra excepción inciso segundo y una contra
excepción inciso tercero.

Art. 16 C.C., “Los bienes situados en El Salvador están sujetos a las leyes salvadoreñas,
aunque sus dueños sean extranjeros y no residen en El Salvador”. Este inciso primero es una
repetición del Art. 14 C.C: que no está sino justificada por la agregación de su parte final que
dice “aunque sus dueños sean extranjeros y no residan en El Salvador”, con esto el legislador
está exigiendo el respeto de las leyes relativas a los bienes, aun fuera del territorio del Estado.
Según este inciso, las leyes relativas a los bienes, o sea las leyes reales, se aplican en toda la
extensión del territorio del Estado, y excluyen por lo tanto la aplicación personal del
propietario y de toda otra ley.

El Art. 16 C.C: no hace distinción alguna entre bienes muebles e inmuebles; atiende solo a la
ubicación de éstos y los sujeta a las leyes salvadoreñas por el solo hecho de estar situados en
El Salvador.
Por otro lado no se está tratando de perjudicar los bienes muebles de los salvadoreños o de
las personas domiciliadas en El Salvador, si dichos bienes se encuentran fuera del territorio
salvadoreño.
Este Art. Contiene el principio LEX REI SITAE y por lo tanto no acepta la doctrina de que los
bienes muebles se rigen por la ley del domicilio o por la ley personal del propietario. El
fundamento de la doctrina adoptada por nuestro Código que somete todos los bienes
situados en El Salvador a las leyes nacionales, sin distinguir entre muebles e inmuebles, es la
soberanía territorial del Estado que consiste en la facultad que tiene cada nación de dictarse
a sí misma sus propias leyes.

La naturaleza de los bienes establece entre ellos ciertas dificultades, porque mientras los
inmuebles por el hecho de formar parte integrante de un territorio no pueden ser sustraídos
a la influencia de la soberanía del Estado, a diferencia de los bienes que podrían decirse que
siguen a la persona donde esta vaya, donde ella traslade su domicilio, pero mientras existan
en el territorio no se ven la necesidad de una fricción para sustraerlos a la realidad de sus
situación, aplicándoles una legislación distinta de la que en el mismo caso se aplique a los
inmuebles.
Una cosa mueble puede pertenecer a una o varias personas de nacionalidad o domicilio
diferentes, por lo mismo existiría un conflicto por el hecho que cada persona o propietario
podría pretender que prevaleciese la ley de su nacionalidad o la ley de su domicilio, entonces
a todos asistiría igual Derecho para pretenderlo. Aplicando al principio de la lex rei sitae que
no hace distinción de bienes muebles e inmuebles, toda incertidumbre o conflictos
desaparecería.
La aplicación de la ley del domicilio o la nacionalidad de la persona hace que las
transacciones sobre las cosas muebles se vuelvan embarazosas y difíciles, y hasta imposibles,
ya que se obligaría a los contratantes a ser conocedores de las legislaciones extranjeras; a
entrar en averiguaciones a veces odiosas, acerca del domicilio del dueño y a entrar a justificar
en cada litigio la existencia de la ley aplicable al caso que le sería indispensable establecer
como base del juzgamiento.
El Art. 16 C.C., se refiere a todas las personas, y nos manifiesta expresamente de los
extranjeros, porque solo respecto de ellos podría ofrecer alguna dificultad su aplicación al
no tomarse en cuenta la residencia del propietario fuera de El Salvador. Las leyes que se
refieren a los bienes, es decir las leyes reales, son las mismas para toda la clase de bienes,
como también para toda persona y cualquiera que sea la residencia de estos. De esta forma,
la ley salvadoreña en materias de bienes inmuebles será aplicable no solo para los
nacionales, sino que también para los extranjeros, porque al afectar toda clase de bienes
situados en El Salvador tienen que ser obedecidos por ellos, es decir por las leyes
salvadoreñas.
Inciso segundo: “Esta disposición se entenderá sin perjuicio de las estipulaciones contenidas
en los contratos otorgados válidamente en país extraño”. Este inciso es una excepción sobre
la ley de la situación de los bienes. Lo que significa es que la legislación salvadoreña esta
dando valor al contrato celebrado en el extranjero, en conformidad a la ley extranjera; de
manera que la ley no exige que los contratos relativos a los bienes situados en El Salvador
estén siempre de acuerdo con la regla que la ley salvadoreña ha establecido para la validez
de los contratos que se celebren en El Salvador.
Esta excepción del inciso segundo esta limitada a su vez por una contra excepción en el inciso
tercero que dice: “pero los efectos de los contratos otorgados en país extraño, para cumplirse
en El Salvador, se arreglarán a las leyes salvadoreñas”.

ARTICULOS 17 Y 18 C.C.
Artículo 17 C.C., “La forma de los instrumentos públicos se determina por la ley del país en
que hayan sido otorgados.
Su autenticidad se probará según las reglas establecidas en el Código Procesal Civil y
Mercantil. La forma se refiere a las solemnidades externas; y la autenticidad al hecho de
haber sido realmente otorgados y autorizados por las personas y de la manera que en los
tales instrumentos se exprese”.

La forma de los actos es regulada por la ley del ligar en que han sido hechos o se han
efectuado, según el principio LOCUS REGIR ACTUM. Esta regla significa que la forma de un
acto jurídico es suficiente cuando esta acuerdo con la ley del lugar en que se realiza dicho
acto; y esta regla no sólo es de positiva utilidad para las naciones, sino de absoluta necesidad,
porque por una parte hace fácil y cómoda la ejecución de un acto o la celebración del
contrato, o a lo menos existiría un gran problema por la dificultad de conocer las formas
legales exigidos en el otro país o de darles cumplimiento; por ejemplo, si en “x” país se
exigiera para los testamentos la intervención de un tribunal ante el cual debiera otorgarse a
un individuo domiciliario en ese país y que se encontrara en el territorio de otro Estado, en
donde la ley no diera tal intervención a los jueces, entonces se vería en la imposibilidad de
testar.

Art. 18 C.C. “En los casos en que las leyes salvadoreñas exigieren instrumentos públicos para
pruebas que han de rendirse y producir efecto en El Salvador, no valdrán las escrituras
privadas, cualquiera que sea la fuerza de estas en el país en que hubieren sido otorgadas”.

Lo que el Art. 18 significa es de que la forma o solemnidades de que debe estar revestido un
documento privado en país extranjero, sino de los efectos que en cuanto a la prueba o al
perfeccionamiento del acto o contrato pueda tener en El Salvador el documento privado el
cual haya sido otorgado en país extranjero, cualquiera que sea la fuerza que se le de en dicho
país.

La regla LOCUS REGIT ACTUM no tiene ninguna aplicación en este artículo.

En el artículo 16 C.C. se estableció que, los contratos otorgados válidamente en país


extranjero, tendrán valor en El Salvador, siempre y cuando los efectos que produzcan en El
Salvador se arreglen a las leyes salvadoreñas; por consiguiente si unos de los efectos del
instrumento público o privado es la prueba de los hechos de que da constancia, es lógico que
el efecto del documento privado, es decir como prueba, se ajuste a la ley salvadoreña y que
no pueda reemplazar al instrumento público, en los casos en que según la ley salvadoreña
no pueda tener tal alcance un documento privado.

El Salvador exige instrumento público para el perfeccionamiento de un acto o contrato, por


ejemplo, el reconocimiento de un hijo natural, en un Testamento cerrado