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Keith Hopkins

CONQUISTADORES
Y ESCLAVOS

ediciones península®
La edición original inglesa apareció en 1978 con el Htulo de Co"­ Prólogo
querors aud stave.> y fue editada por la Cambrid¡c Unh·crsity
Press, de Cambrid' g""
l97BI
1!:1 Keiti>.Hopklns

Traducción de M•Rco-ACRI:I.IO ÚALMA.RINJ.

Este libro versa sobre el Imperio Romano. No se trata


de una historia narrativa, sino de un intento de análisis de
una estructura social cambiante, así com o de evocación de un
mundo perdido. Tambi�n es un intent o de aplicación de deter­
minado s conce pt os y téc nicas s ocio lógicas modemas a la his­
toria romana. Esto tal vez parezca extraño, pero no lo habría
parecido u los paclt·cs fundadoJ-es de la suciol ogfa, Ma1·x y
Weber, ni a Pnreto. Weber escribió do� exten s os libros acer­
ca de l mundo antiguo. Sin embargo, la mayoría de los estu­
diantes de socio l ogía estudian mucho más acerca ele los Ara­
pesh, lo• Nucr y lo s Trobiand que acerca de Jos romanos o de
los chinos, quienes crea ron y mantuvieron poderosos imperi os
y culturas que ejercieron una n i mensa influencia histórica.
Los historiadores sociales de l m undo posm edieval han
sacado gran provecho de los progresos de las ciencias socia·
les. La histolia económica, la historia demográfica y la histo­
ria cuantitativa se convirtieron en ramas aceptadas, rértiles
-e incluso en boga- de la producción historiográfica. Pero
los historiadores clásicos, salvo algunas notables excepciones.
se han caracterlu.do por aislarse de estas nuevas corriente>,
sobre la base de que lo s datos disponibles de la AntigUcdad
son demasiado f ragmentarios y de que el mundo antiguo 110s
es demasiado extraño como para que estos conceptos mo­
dernos puedan seri e fáci l mente aplicados.
toda historia es historia contemporánea y no sólo t•eflejo
' los prejuicios de las fuentes. sino también los intct·cses y
'· conceptos actuales. Los logros del mundo romano han de in­
terpretarse con una co mprensión empática de lo que los ro­
Cubierta de Jordi Fornas.
manos pensaban y con conceptos que nos son propios. Puede
Primera edición: septiembre de 1981. ser que para los his toriadores modernos esto sea UtiO pero­
Derechos exc lusivos de es ta edición (incluyendo la traducción y grullada, pero muchos historiadores antiguos se han permití·
el diseño de la cubierta): do aislarse de la corriente principal de la historia moderna.
Edidoos 62 s!a., Provenza 278, Barcelona-8. A ello contribuyeron diversos factores, como la rigidc¿ del
aprendizaje de las lenguas clásicas, la organza i ción de las
Impreso en Sidograr, Corominas 28, Hospitalet de Llobre¡¡at.
Depósito legal: B. 26.949 1981.
·
universidades, la convención y la tradición. Sean cuales fue­
ISBN: 84-297-1722-ó ren las causas, a la vista están los resultados: un profundo

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abismo entre el modo de hacer historia de los historiadores subrepticiamente ficciones simplificadoras en In complejidad
modernos y el de los antiguos. de un pasado en su mayor parte perdido. Por cierto que, a
Este libro, lo mismo que su volumen gemelo (Succession primera vista, esto no parece ser nada halagüeño, pero ayu.
and Descerrt) intenta tender un puente entre los conceptos da, no obstante, a CJ.plicar algunas diferencias entre las ge­
modernos y las fuentes antiguas. A ,·eces se ent1-etejen en un neraciones sucesivas de historiadOJ'CS. No necesatinmente las
mismo análibis; otras veces resulta más fructifero mantener interpretaciones históricas mejoran con el tiempo; muchas
un contrapunlo entre la perspecti\•a moderna y la romana. simplemente cambian. Aun así, uno de los problema� que s e
Uno de sus objetivos estriba en experimenta•· con métodos mantienen a travé� d e las generaciones e s el d e cómo decidir
tomados de In sociología a fin de obtener nuevas maneras de entre conjeturas contrarias. Éste es justamente el punto en
enfocar los cambios de la sociedad romana; no nuevos he· que los m6toclos sociológicos pueden prestarnos ayuda. Y es
chos, sino una distinta manera de comprender In relación ésta la razón por la cual estos dos libros utilizan conceptos
entre los diferentes cam bios. y temas sociológicos y tratan de apoyar estos argumentos
No es óste el lugar adecuado para embarcarnos en una con modelos, cifras y COOl'denadas, así como también con cl·
larga exposición metodológica, lo cual requerida por si mis· tas de las fuentes. Todo ello tiende a mostrm· cómo pensa­
mo un lenguaje nbst1-acto. De todos modos. pcrmltaseme ban los romanos y a medir los nexos entre los distintos rae·
mencionar una dificultad. A lo largo de este libro he tratado tores. Se u·ata de intentos de acot.ar el campo en el que pue·
de explorar lns consecuencias a largo plaw de acciones repe· den hallar fundamento verdades de difícil intelección y en
tidas, como, por ejemplo, las consecuencias de la importa­ competencia recíproca.
ción de escln\'OS en Italia durante el periodo de la expansión A \'CCes, con todn su rique7.a de datos, los historiadores
imperial romana. o de la asignación de parcelas coloniales a modernos tratan de descubrir por qué Jos agentes históricos
los campesinos Italianos emigrantes. Quisiera explorar las se comportan tal como lo hacen; e.�to es, tratan d e rescatar
consecuencias de estas acciones con independencia de las in. l a intención. Los histol'iadores antiguos, en su mayor parte,
tcnciones de sus actores individualmente considerados. Los sólo saben de comportamiento; en consecuencia, a \'CCes se
actores a menudo ignoraban las consecuencias a largo plazo sienten inclinados a realizar una lectura retrospectiva, del
de sus acciones. Por lo tanto, no puedo seguir la práctica comportamiento a la intención, a través d e la asignrción de ra·
com·cncional de citar una fuente antigua para comprobar cada cionaliclad. Surgen entonces dos proQlemas olJ\'ios, ue son
q
paso de la argumentación. La fuente antigua, si tenemos sucr· d de para quién esta racionalidad es tal r acionalida d, y el
te, sólo nos inform� acerca de lo que un autor antiguo pen· de si hemosde suponer q_ue (os protagonistas do la historia
saba que ocurría y de sus sentimientos acerca de ello. Esto, -cmperadarcs,generales o campesinos- et-an racionales.
por cie•·to, es importante, pero parcial. Ante esta dificultad, En � !L itulac.lo •Bmperndores divinos• trato de mos·
u!Q..
t
hemos de buscar otros métodos mediante los cuales poder §.OClólQlJOS
trar que los no sólo tienen. como objet·o estadís-
confirmar los an�lisis. Es claro que ni el esfuerzo ni la con· ticas y mod"nc
� .¡ inb tambié nlaco m pr� ni
&ónd cJos
. penga.
cienci;� de las dificultades garantizan el éxito. mienlos y los sentimientos de Jos protagonista< de la hls.
La historia e� una conversación con los muertos. Noso. toria y de In acción simbólica. En este capítulo examin IG-----·

t1·os coollamos con val'ias ventajas sobre nuestros informan· que en nue•tra.cultura podriamos denominAr t& irr aciO.IIIil
l v
tes. Creemos saber lo que ocurrió después; disponemos de on
.J ldc
g_ vercl: ro.'$'ugiero lahiPótesis daqtre'.en ro tocante
una mayor perspectiva histórica, limpia de detalles pasaje­ la
a ful d
i ez d e su circulación. determinados �latos no verda·
ros; podemos reconstruir la totalidad del discurso y, con to­ dcros acerca de los emperadores -rumores, prediccione<, mi.
do� nuestro� prejuicios, estamos vivos. No deberíamos tirar lagros- eran al sistema político Jo que l a moneda era al sis.
por la borda e�tas ventajas con la intención de limitar nues­ tema económico. Sin embar¡zo. estos relatos s e han dejado
tra tarea a una mera comparación e interpretación de fuen· en parte de Indo. debido a que los historiadores propiamen.
tes. Podemos hacer más. Casi sin poder evitarlo, sean cua­ te dichos, lo mismo que los detectives, están adic.<trados
les fueren nuestras ambiciones, terminamos por introducir para sacar a la luz la verdad. Pero si queremos penetrar en

6 7
el mundo del pens amien to de los romanos, tenemos que poner
límite a nuestros prejuicios y tomar en serio las •mentiras•.
He tenido mucha suerte con mis consejeros. Los profeso­
res P. A. Brunt y M. l . !' inlcy han leído capít ul o tras capl·
tulo con todo cuidado y agudeza crllica. El doctor J. A. Not·th
ha leído la versión final de cada capítulo y me ha advertido
de muchos errores fácticos y conceptuales. El profeso•· sir
Hcnry PheJps Brown me ha os�:;Ot'ado repetidas veces en LC· LISTA OS ABREVIATURAS UTILIZADAS
mas de economía; al profesor R. P. Dore quisiera agradece•·
su amistoso aliento. Además, otros estudiosos me han brin· AE Aunée Epigraphique.
dado su consejo acerca de uno u otlv capítulo en particular. A11cien1 Roman S1atules A.C. Jon so n et. al., A Trtmsla1i011
Christian Habicbt y Chester Starr lo han hecho en lo refe. wil!l Commentary, Austln, Tejas, 1961.
rente al capítulo I; David Aptcr y Edward Shils, en lo tocan· BMCRE Coins of tire Roma11 Empire in 1he Britls/o Mu·
te ni cnpltulo II; Emst Badian mejoró notablemente el ca· seum, ed. H. Mattingley el. al., Londres, 1923.
pítul o l l1, y, por último, R.obert Bocok y Geoffrey Lloyd CAH The Cambridge Anciem History, ed. J. B. Bury
me dieron su sesudo consejo respecto de los capltulos IV et. al., Cambridge, 1923-39.
y V, respectivamente. CCAG Catalogas coclicum aslrologomm graecorum, vol.
He estado diez años redactando este libro, tiempo durnn· 6, ed. W. Ktvll, Bruselas, 1903; vol. 8, ed. F. Cu·
le ol cual he contraído deudas do g¡·atitud con colegas da mout et. al., Bel'lln, 1911·29.
diversas universidades y con instituciones que han most.ra· CIG Corpus ln<criptlonum Gr·aecm·um, ed. A. Boeckh
do gran generosidad a la ho•·a de otorgarme fondos para i 11· et. al., Berlín, 1828-77.
vestl¡¡nción. Agradezco especialmente al King's Col lege , de C/L Corpus /nscrlpllommr Latittarw11, ed. T. Momm·
Cambrid!!c, que me concedíern el cargo de investigador du· sen el. al., Berlín, 1863.
rante cuatro años; al lnslilule of Ad.. anced Study, Prlnceton. CJ Codex Jusli11iam1S, ed. P. Kruger, Berlln, 1877.
que durante dos años -1969/70 y 1974/75- me permitió de· Corp. Pap. Jud. Corpus Papyrorum Judaicorwn, cd. V. A.
diearme a leer y a pensar con absoluta tranquilidad en con. Tcberikover et. al., Cambridge, Mass., 1957-64.
díciones ideales. También cstov muy agradecido a los profc· CPR Corpus Papyrorum Raineri, ed. C. Wessely, Viena,
sores Frank William y Car1 Kaysen, así como a mis otros 1895.
colegas del Instituto, por todas las conversaciones que han CSHB Corpus Scrip lo rum Hisloriae Byzantiuae, cd. B. C.
mantenido conmigo. La N11f(ielrl Fmmdatiou, l� Social (le. Niebuhr el. al., Bonn , 1928·78.
scarch Divi.so i n de la Lo01don Sclwol ot Ecorzomic<, rl Social C. T/1. Cuclex Theodoslarm s. ed. T. Mommscn, l3erlln,
Research Cotmcil y la Brrmel Uuivcrsily me han ¡wovisto de 1905.
fondos con los que he podido emplear a ayudantes de investí· Tite Tlteodosian Code, trad. de C. Pharr, Pdncc·
jlnción que me ayudaron en la enorme tarea de codificación ele ton , 1952.
datos antiguos. Quiero cxpresnr mi reconocimiento a l.ynda o. Tite Diges1 of Juslillian, ed. T. Mommsen, Berlln,
Ress, Graham Burton, P. J. Roscoe y Oli\"er Nicholson por 1870.
su esforzada labor y su amable tolerancia. Por tíltimo, qui· ESAR T. Frank el. al., An Economic Survey of Ancicnt
slera agradecer a mis colegas de la Universidad de l.eices te r, Rome, Baltimore, M d.. 1933-40.
que fueron mis primeros maestros de sociología, y a mis FD Fouilles de Delplles, cd. G. Daux et. al., París. 1922.
colegas de la LSE y Brunel, quienes aceptaron mis extraños FTRA Fontes Iuris Romtmi Anteiustinianl, ed. S. Ricco­

t
intereses por el mundo romano. bono el al., F l orencia!, 1940-43.
K. n. GCS Die griechiscl!e cl!rlstliclle Schriflsteller, Lcipzig,
Londres, noviembre de 1977 1897.

9
GD! l-1. Colllotz, J. Bauoack et. al., Sammlung der MEDIDAS Y MONEDAS
griccllischen DU.Ickt.Jnscltriften, Gotlnga, 1899.
IG llrscriptiones Graecae, Berl.fu, 1873. Se utilízan las siguientes equivalencias aproximadas:
lLAlg lnscriptions lAtines de I'Algérie, ed. S. Gsell, Pa· 1 modius = 8,62 . 8,67 litros = 6,5 kg de trigo
rís, 1922·57.
1 medimnos = 52 litros = 39 kg de trigo
ILS hrscriptlorres Latirres Selectae, ed. H. Dcssau, Ber. 1 iugerwn = 0,25 hectáreas = 0,625 acres
lln, 1892·1916. 4 HS (sestercios) = 1 denario (dn) = 1 dracma (dr)
JRS Jormral ot Roman Studies. 100 dracmas = l mna (por lo general)
MGH Monumerrta Germaniae Historica, Auctores atrti·
qulssirni, Berlín, 1877·91.
NJ Novellae, de Justiniano, ed. R. Scholl y W. Kroll,
BerHn, 1895.
OG!S Orierrtis Gracci Irrscripl'ioncs Se/cotes, ed. W. Dit·
tcnborger, Leipzig, J903·5.
ORP Oratorum Romanorum Fra gmen ta, cd. Malcovati,
Turln', 1967.
PBSR Papers of tire British Se/roo! at Rome.
PG Patrologiae cursus completus, series Graeca, cd.
J.·P. Migne, Parls, 1857·.
PO Patrología Orierttalis, vol. 18·19, ed. R. Graffin y
P. Nau, París, 1924-26.
P. Giss. Griechische Papyri i m Museum... lll Giesserr, ed.
O. l!ger et. al., Leipzig, 191().12.
P. úmd. Greek Papyri in tire British Museum ... zu Glessen,
cd. O. Bger et. at., Londres, 189J.I917.
P. Oxy. Tire O.tyrynclrus Papyri, ed. B. P. Grenfcll, el. al.,
Londres, 1898.
PSI PaJJiri greci e latilti, ed. G. Vitelli et. al., Floren·
cia, 1912-.
RAC Reallexikon filr Antike ut1d Christe11ttmr, ed. T.
Klauscr, Stuttgart, 1950.
RE Rcal-Eucycloplldie der classichcn Alterttmrswis·
seuscllaft, cd. A. F. Pauly et. al., StuUgart, 1894.
RIB Tlle Romatr Jrrscriptions of Britaiu, ed. W. Dftten.
berg, Leipzig'. 191.5-24.
TAM Tituli Asiae Mirwris. ed. E. Kalinka e t al., Viena,
.

1901.
zss Zeltsclrrlft der Savigny Stiflwrg.

10 11
l

l. Conquistadores y esclavos:
las repercusiones de la conquista de un Imperio
en la economía política de Italia

l. EL TEMA

En su apogeo, el Imperio Romano se extendía desde el


Norte de Inglaterra a las orillas del Bufratcs y desde
el Mat· Negro husta la costa atlántica ele España (véase el
mapa). Este territorio cubría un área equivalente a n1ás de
la mitad de Jos EE.UU. continentales, y hoy está dividido
en más ele veinte estados nacio.nales. El Mediterráneo era
el mar interno propio del Imperio. El cálculo de su pobla­
ción ha establecido la cifra convencional de alrededor de cin­
cuenta o sesenta millones de personas en el siglo 1 ci.C., es
decir, aproximadamente un quinto o un sexto de la pobla­
ción mundial de la época.' Aún hoy se la considerarla como
una población importante para una nación, dificil de go­
bernar incluso con ayuda de la tecnología moderna. Sin em­
bargo, el Imperio Romano se mantuvo como sistema po­
lftico único durante por lo menos seis siglos ---desde 200 a.C.
hasta el 400 d.C.-, y no cabe duda de que s u integración
y su perduración, junto con el caso del Imperio Chino, se
sitúan cntt·c los mayores logros políticos de la humanidad.
El tema principal de este capítulo es el de las rcpercu·
siones que In conquista de un imperio tuvo en las institu­
ciones pol1ticas y económicas tradicionales de los conquis·
t;,tdores. La mayor purte de esta hi•toria se conoce muy hien.
No intcntar·é dar nuevamente detallada cuentn oronológicu
de la misma. Por el contrario, he seleccionado ciertos ele·
rnentos de repetida importancia en el proceso de couquistn
-<:omo, por· ejemplo, el ethos militarista ele los conquista­
dores, las consecuencias económicas de importar a Italia dos
millones de esclavos o la disminución de la extensión de lu
tierra de cultivo entre los libres pobres- y he procurado
analizar sus mutua� •-elaciones. Esto supone introducir!)c en
campo familiar, si bien a \'eces por sendas no familiares. La
histor ia romana se puede estudiar con gran provecho des·
de puntos de ''ista que se complementan recíprocamente.
La adquisición de u n gigantesco imperio en los últimos

13
dos siglos antes de Cristo transformó un grao sector de la compctit· con otros nobles, incrementar el retonto de sus
economfa italiana tradicional. La influencia de los beneficios inversiones en tierra y en esclavos y explotar a sus e>clll
impedales en fot·rua de bolln e impuestos hizo de la gran vo• de mancrn más eficaz. Además, en muchO> sitios de
aldea que ero Roma una ciudad esplcndoro>a, capital de un Italia los grandes terratenientes cambiaron el sistema de uti­
imperio. Hacia finales del siglo 1 a.C., la población de la lización de la tierra.> Considerables át-cas de tierra cultiva­
ciudad de Roma era del orden del millón. Roma fue una d e ble se con' irtieron en pastos, tal vez para poder vender en
las ciudades prcindusll;ales m á s grandes que el hombre crea. la ciudad de Roma, en ve7. de trigo, productos tales como
ra jamás.' Fue a!U donde Jos aristóct·atas dcsplega1'0n su bo­ lana o carne, cuyo valor era superior pese a los gravosos eos­
tín en desfiles triunfales, gastaron la mayor parte de sus tes de t•·ansporte. Otras tierras se dedicaron a plantacio­
ingresos y compirieron entre sí en ostentación suntuaria. Sus nes de olivo o de viüedos, y el valor de su producto aumen­
gastos pl'ivados, junto con el gasto público en momune�to�, tó. Estos progresos eran importantes y ocupaban un lugar
templos, caminos y desagües, contribuyeron directa e tnd•­ considc•·ablc en los manuales romanos de agricullura. Pero
rectamentc n la subsistencia de varios cientos de miles de su ulean ce se vio limitado por el tamatio del mcrcudo dis­
nuevos habitantes. La inmigración proveniente del campo ponible. Muchas explotaciones campesinas quedaron intac­
también se vio csti111ulada por la garantía de subsidios esta­ tas. Después de todo, el único mercado masivo era el e¡u e
tales de trigo, que se distribuía a los ciudadanos que vivían constitufan los pobres de la ciudad, y es probnble que és¡os
en la ciudad de Roma. gastamn aproximadamente lo mismo en pan que en \'ino y
El crecimiento de la población de la capital. y por cierto aceite de oliva juntos.• Esta debilidad del pode•· adquisitivo
también de la población de Italia en su totalidad (véase cua­ total del sector urbano contribuyó a dejar a un importan­
dro 1.2) implicaba una transformación del campo. La gen­ te sector del campesinado italiano al margen de In revolu­
te que vivln en In ciudad de Roma constitula un gigantesco ción agraria, que en las posesiones más gmndcs transfor­
mercado paro los alimentos que se produclan en las gran­ mó las prácticas del trabajo agrícola.
jas italianas, como nigo, vino, aceite de olí\n, ropa y pro­ La conquista de un imperio afectó a l campo Italiano en
ductos más especializados. A buen seguro que, al menos en vados e importantes aspectos. Las campat'las militares en
parte, Roma fue alimentada por las provincias; un dc.'cimo toda la cuenca del Mediterráneo obligaron a decenas de mi­
del trigo siciliano, por ejemplo, se retenía en calidad de les de campesinos a prestar u n prolongado scn>icio militar.
impuesto, y a menudo se enviaba a Roma. l'cro gran parte Dul'antc los dos <•ltimos siglos de l a era precristiana era co­
de los alimentos que se consumían en la ciudad de Roma y mún que estuvieran en armas más de 100.000 Italianos, o
en otras ciudades prósperas, tales como Capua o J>uteoli, sea, más del diez por ciento de la población adulta que se
también provenían de fundos de formación reciente en Ita­
calcula pnl'll lo época.' Las cifras globales ocultan los sufri­
lía, propiedad de •·ornanos ricos y que er:m cultivados por mientos Individuales. Pensemos en qué significaba un pro·
esclavos.' longudo servicio milita.· para los campesinos individunlmcn­
La tt·ansformación de una economía de subsistencia, que tc considet·ados, qué implicaba para sus familias y para las
prcvlameJHe sólo producía un pequeño excedc11te, en una granjas de que vivían. Muchos fundos explotados por una
economfa de mercado que pl'Oducía y consumln un gran ex­ sola familia podían aguantar la ausencia de un hijo mayor
cedente, tuvo lugar mediante el incremento de la producti­ incluso por val'ios aflos, e incluso el servicio militar pudo
vidad del trabajo agrícola en los grandes e�tablecimientos. ayudarles al brindarles un empleo alternativo y paga. Pero
Menos hombres produjeron más alimento. Se expulsó de sus para otros familias, la incorporación al ejército del ímico
parcelas a los pequeños colonos subemplcados y fueron
adulto ,-;:u-ón o la ausencia a la muerte de su padre del úni­
reemplazados por un corto número de esclavos.• Los ricos
co hijo, en el ejército de ultramar, sólo significaba mayor
compraron las tierras de aquéllos o bien se apoderaron vio­ pobreza y deudas.•
lentamente de ellas. Reorganizaron pequeñns parcelas en Con el tiempo, el servicio militar masivo debió contribuir
unidades agrícolas más grandes y más rentables a fin de al empobrecimiento de muchos pequeños colonos romanos li-

14 15
brcs. Sabemos al menos que miles de c amp esinos romanos
,.,.3 pública que los ricos poseían ilegalmente. F��
aseslna o �
por sus opositores en el Senado, per� l a �mts.tón de ttc·
perdieron su tierra. Para colmo, las in vasiones de tribus car· .
rras que él habla fundado constgwó dtSInbutr ct er ta exte.n·
t agincnscs y celtas, las rebeliones de esclavos y las guerras
civiles que una y otra vez tenían lugar en tcn·itorio italiano
sión de ti enaentre ciudadanos pobres. El problema coosts·
tía e n que, pese a las salvaguardias lcga!es, los nuevos co­
contribuyeron en conjunto a la destrucción de la forma tra·
lonos estaban tan expuestos como los a nu guos a ser deshau·
diciunal de propiedad agrícola. Aun asl, más hubicr.m sido
ciados pues aún seguían en acción las mismas fuerzas. Una
los campc�inos que sobrevivieran tanto a las e.xigcncias del
sen•icio militar como a la de st rucci ón de la guerra, de no
á
vez m s, en el siglo l a.C., ciudadanos soldados con poder
militar y con la protección de generales polltícos, como S�a,
haber intervenido otro factor; a saber, la Inversión masiva
Pompeyo y Julio César, se quedaban con pequeñas posesto­
que de los beneficios que obtenían del Imperio hac!an los
oes al final de sus se rvici os. Pero lo más común era que co­
ricos en el campo italiano. Sólo mediante la expulsión ma. .
gieran tierras ya cultivadas por otros pequeños propleta n�S.·
siva de Jos campesinos italianos de las tierras que octtpaban
situación que se agravaba porque algunos de ellos no se es·
pudieron los ricos establecer graneles fundos en Italia, que
tablecian en esas tierras sino que las vendían nucvamctlle a
eran culilvndos predominantemente por esclavos import a·
los ricos. Fue así como la redistribución de pcqueflas tenencias
dos. El t·ecmplazo de grondes cantidades de campesinos por es·
no attmentó de manera significativa e l número total de !)1!­
clavos contribuyó a transformar la economía agrícola de Ita·
lía y abonó los connictos polílic.os de la tardía República.
queños propietarios, si bien es verdad que retardó su ex·
tinción.11
La masiva expulsión de Jos pobres por los ricos fue la
La tendencia pNdominante fue la de excl uir a los roma.
base de los conflictos políticos y de las guerras civiles del
nos pobres de toda participación siS?ificativa en los be�efi.
último siglo de la República romana. Por ejemplo, la pose­
cios de la conquista tníentras estuv1eron en el campo 1ta·
sión de tlerrn pública (ager publicus) y su redistribución a
liana.
los pobres se convirtió en un recurso político fundamental .
El lugar fundamental de la tierra en la P?Uuca ro':'ana
que exacerbó las tensiones entre ricos y pobres.' lista u.,.
es c onsec uencia de la abrumadora importancta de la tl�rra
rra pública se habla conservado en Italia separada de las
en la economla romana. En tod os los petíodos de la htsto­
que los r oma nos hablan arrebatado a la s tribus conquista·
ria de Roma fuel'On la tierra y el trabajo agrícola los dos
das o a aliados rebeldes, ostensiblemente para beneficio
factores más i mpor tan tes de riqueza. La manufactura, el co­
común. Con>tltu!a una parte importante, pero minoritaria,
mercio y las •·cotas urbanas ocupaban un lug�r secundari o en
de toda la tie1·ra romana, que las estimaciones modernas .
comparación con ln agticultura. Esto no st�mficn qu� de.
calculan, a mediados del siglo 111 a.C., en un quinto del lO·
ban ignor arse; el em�le o de un vemte � tremta por c¡e , n t�
tal y apenas algo más en el siglo siguiente (según cálculus
de Ja f:uCt'7,8 de trabaJO en tareas no agncolas es uno de los
forzosam�nte Inexactos); pero esta mala dlstl'ibución se con­ .
factores que difet·cncian del resto a unas pocas soc1cdades
virtió en una impottánte causa de controversia polhica. La
preindus1rlalcs. l!n Italia, al final del pe rlad? de expansión
tierra pública se concentraba en manos de los ricos; las le· .
imperial, la proporción de la poblactón de d!cncla a ocupa·
ycs quo prohibían las grandes posesiones de tierra pública
cione s urbanas pudo subir al treinta por ct ento (véase el
eran ignoradas (Catón, frag. 167, ORF); y la Inercia sena­
cuadro 1.2; las ci�s son h!potéticas) debido a q ue los 1»
torial dejaba sin recoger Jos impues tos que deb!an pagarse .
nelicios del Jmpe110 y del mtercambto económtcos, que .se
al Estado (Tito Livlo, 42.19).'0
reflejaban en la transferencia laboral del campo a lo Ctu ·
Una histot•la fáctica del último siglo de la Re púb lica es·
dad y de la agricultura a la artesanía o a las ocupaciones
tarra jalonada de conflictos sobre esta tierra, de leyes so­
serviles se conce ntrnron en Italia. La ciudad de Roma fue
bre la tierra y de distribuciones de t i etTa, mucho más a
menudo meras propuestas que realizaciones efectivas. En
t
la capi al de la cuenca del Mediterráneo . En el resto del
Imperio Romano, l a proporción de la �erLa de trabajo que
133 a.C., por ejemplo, un joven tribuno del pueblo, aristo­
se dedicab a pri mor dialment e a la agncultura era probable.
crático y revolucionario, propuso la redistribución de la tic.

17
16
mente del orden del noventa por ciento , como en Italia an­ sólido núcl�o de campesinos italianos mantuvo su condición
tes del periodo de e xpa nsión ." Pero aun en Italia, en el apo­ de tales.
geo de la J)t'Osperidad, y en todos los niveles de la sociedad, En este capitulo centrru-é mi atención en las repct-cusio­
tanto entre los nobles como entre Jos burgueses y los cam­ nes de la conquista en los dos elementos más importantes
pesinos, el poder y la riqueza dependían casi directamente de la economla romana, es decir, la tierra y el tt-abajo. Po­
del área y de la fertilidad de la tierra que cada Individuo demos advertir su relación cambiante, por ejemplo, en la
posela. Las tenencias de tierra eran la expresión geográfica adquisición ele graneles fundos por parte de lo• ricos y en la
de la estrntificación social. importación masiva de esclavos para su explotación. Ambos
Entre la población rural, aun cuando en Italia la esclavi· factores tuvieron consecuencias sociales y pollticas profun·
tud llegó a su máxima expresión, es probable que los cam· das. El Impacto de la victoria en la sociedad conquistadora
pesinos libres constituyeran la mayoría de la población lta­ nos obsequia con ltn proceso de cxtraordh1nrio interés so.
linna fuera de la ciudad de Roma." Entiendo por campe­ ciológico. Roma nos proporciona uno de los pocos ejem pl os
sinos, desde un punto ele vista ideal, la s familias que se bien documentados de una sociedad preindustrlal en la que
dedicaba n con preferencia al cultivo de la tierra, fuera como
se dan cambios sociales rápidos en un perfodo de estaoca­
p ropietar ios libres, fuera como arrendAtarios (a monuelo co�no
miento técnico. La conquista militar c um plió la mi sma fun·
ambas cosas), ligados a l a soc,eclad global por vln culos ele tm· ción que una amplia innovación técnica. Los •·ecursos ele la
puestos y/o renta, obligaciones de trabajo y obligaciones po· cuenca del Mediterráneo se volcaron en Italia e hieict-on
líticas. Es importante la persistencia del campesinado, pero añicos las i nstitucion es tradicionales. El gobierno romano in·
t am bién Jo eran los cambios en la propiedad y la organización tentó absorber la nuevn riqueza, los nue\'OS valores y la nue­
de las explotaciones, asl como la emigración masiva de cam· va administración dentro del marco de trabajo preexisten­
peslnos italianos libres, que hicieron posibles tales transfor­ te. Pero fracasó, lo mismo que la mayoría de los países
maciones en dicha organización. modernos en desarrollo, en e l establecimiento de institucio­
Pueden ser útiles algunas indicaciones cuantitativas; se nes para la utilización de nue,·os recursos sin conflictos vio­
trata sólo de aproximaciones de magnitud, si bien fundadas lentos.'-'
en o derivadas ele los cuidadosos análisis de datos que rea­
lizara Brunt (1971). Calculo hi poté ticamente que en dos ge­
nerac io nes (80·8 a.C.), aproximadamente la m ilncl de las fa.
milins campesina s de Italia -más de un m i llón y medio de 2. LA lNTRODUCC!óN DE BSCI.IIVOS
personas- se vieron obligadas a abandonar sus granja s an­
cestrales debido principalmen te a intervenciones estatales. En la transformación ele la economía italiana durante el
Ma rc h ar on n nu eva s tierras en Italia o fucm de In pcninsu­ período de expa ns ión i mperial sobresalen dos a spect os : el
ia, o bien m i graron por propia decisión a In ciudad de aumento de In riquezn de la élite romana y el ct·ecimi ento
Roma y a otras ciudades de Italia. E.l canal más Importan· masivo de l a esclavitud. Ocupémonos primero de la escln·
te de esta movilidad fue el ejército. En un flujo comple· vitud (véase también el cap. 2). De acuerdo con las mejores
ment:ario, mucho más de dos millones de campesinos de las estimaciones modemas, a finales del siglo r a.C. había en Ita·
provincias conquistadas se convirtieron en prisio nero s de Jia alrededor de dos -y hasta tres- m illones de esclavos,
guerra y luego en esclavos en Italia." Tales cambios afecta­ esto es alrededor del treinta y cinco o el cuarenta por ciento
ron incluso a los campesinos que habían permanecido fir­ de la población total estimada de llalla. Dados los datos con
mes en su tierras ancestrales. En verdad, el crecimiento de que contamos, estas cifras son sólo conjeturas. Tal vez sean
los mercados, la importación de esclavos y los impuestos, l a
demasiado altas. Bn el Sur de Estados Unidos, cuando la
i posició n de ren ta s y un general Incremento de la mone­
m esclavitud llegó a su apogeo, la proporción de esclavos sólo
tización transformaron toda la estructura de la economía era de un tercio. Sea como fuere, no hay motivos fundados
romana : Pero a pesar de estos cambios y ml¡raciones, el para dudnr de c¡ue en los últimos siglos ele l a et·a precris-

18 19
l

como el almacenamiento de la cosecha, pueden realizarla mejor


tiana se importaran a Italia una enorme cantidad de escla· los trabl\ladores libres• (Rtmm msticarum libri 1li, 1.17)."
,·os La ltolía romana perteneció al reducido grupo de cinco
:
ooctcdadc• en que los escla,·os constituyeron una gran pro. La e�pulsión de los campesinos de sus parcelas aumen·
porción de la fuerza de trabajo. tó la cantidad de trabajadores libres subempleados. ¿Por
Cunndo comparamos la esclavitud romana con la nortea­
qué los ricos no utilizaron trabajadores libres asalariados en
mericana nos wrprcnde el desarrollo de la esclavitud en la
vez de invertir el eapiral en la compra de esclavos? Éste si­
Italia romana. En el siglo xvm, la esclavitud se utilizó como
gue sieodo a(ln uno de los problemas relativos o la escla­
medio para teclutar mano de obra destinada al cultivo
vitud como bien mueble masivo . .Más abajo arguyo que, por
de tierras recientemente descubiertas, y para las cuales no
lo gene•-nl los esclavos et-nn muy caros (si bien los datos
,

se disponJn de suficiente fuerza de trabajo local. Aquí y ace_rcn d� esto son escasos), de tal modo que, a fin de que
allá, los esclavos produjeron cosechas pa.-a vender en los la mverstón en esclavos fuera rentable, los propietarios de
mercados que la incipiente revolución industl'ial alentaba.
esclavos debían hacerlos trabajar el doble ele tiempo del
En la Italia romana -y también en la Atonas clásica, aun­
que Jos campesinos romanos necesitaban normalmente para
que en mucha menor escala- los esclavos se reclutaban mantener un nivel ele subsistencia mínimo." Esto implica
p�ra cultivar tierras que ya eran cultivadas por campesinos
que el trabajo de los esclavos agrfcolas rom<tno� sólo podía
ctudadaoos. De modo que no sólo tenemos que explicar la
resultar económico o condición de que las pequcftas posesio­
importación de esclavos, sino también la expulsión de ciu­
nes campesinas se fundieran en unidades más vastas y de
dadanos.
que las cosechas fueran mixtas a fin ele, por una parte, pro.
La impot·tnción masiva de esclavos agricultores a Italia vcer pleno empleo a los esclavos y, por otra, proporcionar
cetural produjo una drástica reorganización de las posesio.
a los antos un producto del trabajo de los esclavos mayor
nes rurales. Muchos pequeños agricultores fueron desaloja­
que el que se conseguía generalmente con el trabajo libre en
dos por los agricultores ricos y reunidos eo granjas más gran­
pequeñas granja� campesinas. Además, los amos hablan de
des a fin de que las cuadrillas de esclavos pudieran ser so.
tener en cuenta el riesgo de que sus esclavos murieran, pues
metidas a una supen•isión eficaz y un empleo provechoso."
de esa manera se perdía la inversión, incluidos los costes de
Aun a;f, la esclavitud no constit11í a en absoluto una solu·
supervisión. La sustitución masiva de campesinos ciudada­
ción obvia a las necesidades de mano de obra agrícola de l a
nos libres por esclavos conquistados fue un proceso com­
élite. Muchos campesi nos tenían fuerza de trabajo exceden­
pleJo y dificil de entender.
te, y los jornaleros libres trabajaban parte de su tiempo
Lo mismo que en la mayoría de los problemas socioló·
en los fundos ele Jos ricos. La interdependencia de los hom­ cicos, lodo intento de explicación implica explicaciones ul­
b•·cs da fortuna y los campesinos libres, muchos de los cua­
teriores. El examen del crecimiento de lo esclavitud nos pone
les cnm propietarios de cierta extensión de tierra a la vez
ante una completa red de intercambios que afeolaron prác­
que trabajaban en la tierra de los ricos como arrendatarios _
ucamcnte a todos los aspectos de la sociedad romana. ¿Por
parciales o como jornaleros, queda muy bien Ilustrada en
qué esclavos? ¿Era la posibilidad de obtener mayores bcne·
el siguiente pasaje del tratado de agricultura de Varrón
ficios lo que Inducia a los ricos a comprar esclavos? ¿0 se
(siglo 1 a.C.): trataba mtls bien de que los �-aJores de los hombre� libres
les oi hiblan de trabajar en dependencia permanente de otros
•Todo el trabajo agrlcola está a cargo de 4!.\cla\'OS o de hom­
bres librts, o de ambos a la ,·ez; de hombre libres cuando éstos romanos? ¿Ha,ta qué punto este desarrollo de la esclnvitud
culti\'an por sl mismos la tierra, tal como lo hncen muchos po. s e vio fuvorccido por la frecueocia de las guerras, la nece·
bres con su familia, o cuando trabajan como jornaleros coo�rata­ sidad de que los ciudadanos sirvieran como soldados o la
dos para las tareas más pesadas de la granja, tale.\ como la cose­ facilidad con que se esclavizaba a los conouistados? ¿Cuál
cha o el almncenamlento del heno... A mi juicio, es m�s ventajoso era la relación entre el aumento de la extensión de las fin­
trabajar tierrasinsalubres con trabajadores libres asalariados que cas y el de la magnitud de los excedentes y de lo� merca.
con esclavos; e incluso en sitios sanos, las tareas pesadas, tales
21
20
dos urbanos que consumían el excedente increm
entado? Des­
de luego, es mucho más fácil formular pregun
tas que dar i
Repoblamt'nlo de
respuestas. GYcrru oonciouas Soqueo de los

Por ahora sólo quiero destacar la comple


blem� y la med1da en que Jos intercambios
jidad del pro­
de con.quiJia Imperial
C
c. 2SO a. .· 9 d.C. r- cerrilorios conqub·
cado&
las P'J"C)\Jncclas con
c&onos romanoJ

e
conómicos se
t·�loc•onaban con las tJ·adiciones políticas y
Jos valores so­
c�ales. a la vez qu '
.
7 �lan influidos por éstos. Con cierta ar­ F'llu'lnciamiento
bltJ'OI'J<dad he decrdtdo centrar la atención en
siete proce­ do nuev�s
sos que, desde mi punto de vista, $011 Jos que más afectOI' Jl\ICI'r:t$ Esclavos agrlcol�l
OD JmportfiC-Ión a
el crecimiento de la esclavitud. Son: ll(IIJtl de bottn.

l a guerra continua;
1Ga5to5 suntuarios
�n las ciudades
impu�stos y ucla\'01

la olluencia de botin;
su inversión en tierras;
la formación d� vastas propiedades agrícolas;
1
+
Escluos urbanos

lr---1
_
el empobrecmuento de los campesinos; Compra de tf er n
lo emigración de los campesinos a las ciudades y a las Cr«lmknto de en Italia; forma• Sustitución
l:u ciudades y elón de lfMd�S (un· de lo$pc
:----+
q,c u"o'
provincias; del lujo el\ dos trabajados propietarios llbrts
el crecimiento de los mercados m·banos. llulltL predomlnnntemt�111c pOr etCI!l\'OS
po,· escl!l\"01

T•·ataré primero de las interconexiones entre estos proce­


sos Y luego, en las últimas secciones de este capitulo, de
cada uno de ellos por separado (pp. 40 y ss.). Pero Jos pro­ A'limcnto que se vende
cesos estaban hasta tal punto entrelazados que ha sido im­ a las civd.:\d.e$ en
crttimiento L
a producción ex eecdnt�
posible analizar aisladamente cada uno. do alimentos propOráon�
Los c-ampesino$ dess
loj :t
dos
t-enia. a los pro-
cmletan a las ciudades y
ple tarlo$ de la 1kna
conarlbu)'eo a ern.r
Primera aproximación al esquema un m ercado de alim
cn lOS

.- h ll:ul c
� �(; .-m pe¡lno' para el eJ� re
ho romano
El diagrama (figura /.1) nos da una visión al vuelo de
pájaro de las conexiones entre los siete procesos citados. No
estoy s�guro de que el esquema sen más útil que una In­ I'IGUR•' J.l. La progresión !le la esclavitud en Ttatia. Un l!Jqut·
troducción o un resumen final de capítulo; sin cmba•'!lo, como
mil d6 iuterdeJJendeucia.
la fotografía de un pasaporto o un menú, puede servimos
de gula en una realidad compleja, aun cuando no la repre. los romanos llevar a It.alia un ingente botín en forma de
sente con fidelidad . S u trazado se fijó de manera gradunl tesoro, dinero y escla\'os. El tesoro acumulado en el Medi·
.
a t ravés de una ser1e de nrgumentos que pr imero scilnlaré terráneo oriental fue transferido a Roma. El botín entrega·
brevemente y luego desarrollaré. do al tesoro estatal se vio pronto complementado por im­
Los romanos conquistaron toda la cuenca del Mediterrá­ puestos provinciales que, poco o poco, se condrticron en In
neo en dos siglos de luchas casi continuas. En comparación principal fuente de ngresos
i del Estado. La élite romalll\
con cualquier otro Estado prelndustrial, la proporción de realzó su status con el dispendio de esta nueva riqueza en
ciudadanos romanos que e�tuvo en armas durante estos dos gasto� suntuarios en Roma y otras ciudades italianas. Este
siglos de conquista fue mayor, y sus servicios fueron mtls gasto proporcionó nuevas formas de empleo tanto a los ciu­
prolongados." Los sucesivos éxitos de guerra permitieron a dadanos libres como a los esclavos y creó una nueva doman­
da de aUmentos en las ciudades. La demanda incrementada
22
23
Carthago Nova
Hippo

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EL IMPl!RlO ROMANO B
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d� alimentos se satisfizo en parte con importaciones de los pobres de las ciudades. La solución final del conflicto de in­
tereses entre los campesinos ciudadanos y los grandes te•·ra­
�s�os que, a modo de impuestos, se perciblan en las pro­ tenientes fue iniciada por Julio César y continuada bajo Au­
vmctas, y en parte con un nuevo crecimiento del excedente
agrlcola en Italia. gusto. Esta solución consist ía en el restablecimiento masivo
de colonos romanos en las provincias, lo que reducla la pre­
Por esa época, esas mismas fuerzas crearon nue,·os merca.
dos "r un nuevo excedente. A medida que los miembros de sión que sobre la tierra italiana ejercían los ciudadanos sin
la éhte romana se enriquecían, invertían una parte conside­ tierra y los pobres de la ciudad; y esto permitió también la
rable de su riqueza en tierras italianas aptas para la agri· ulterior expansión de la élite terrateniente en Italia.
cultut"n. La inversión en tierras era la única inversión po· En resumen, éstas son las razones que desarrollaré en lo
s�ble en gran escala, que resultaba segura y prestigiosa. Los que resta de este capítulo y que se hallan sintetizadas en
rtcos concentraban sus posesiones rústicas y levantaban sus el diagrama ele flujo ({ig. /./). Pero quisiera agrega•· otro
punto de vista acerca de la función de la esclavitud en el
fundos cerca de su casa, en tien"as que prev iamente hablan
sistema político. La explotación de esclavos permitió a la
estado ocupadas por ciudadanos. Gran cantidad de ciudada·
élitc romana cxpandil· su riqueza en un nivel en consonan·
nos desplazados migraban a la ciudad de Romn parn sacar
cia con el control político que ejet•cía en la cuenca del Me·
ventaja del aumento del gasto que en esta ciudad habla, o
dilerráneo, sin necesidad de tener que explotar abicrtamen.
entraban en el ej ército, o se dirigían a la llanura italiana del
l•! a la masa de ciudadanos Libres, salvo en su tradicional pa.
norte, n;clentemente abierta. No está muy claro por qué los
pel de soldados. Este j uicio puede parecer extrnl'lo, si tcne.
terratementes romanos preferían tan a menudo esclavos a
trabajadores Ubt•es. Se han propuesto varías razones: la ma­ mos en cuenta en qué medida los campesinos fueron expul·
yor rentabilidad de los esclavos, el bajo coste de los mismos sados de sus tierras. Pero resulta razonable si consideramos
(cosa que dudo), el riesgo de incorporación al servicio mi­ cuánto más evidente habría sido la explotación si, por ejem­
plo, se hubiera obligado a Jos ciudadanos campesinos expul·
litar de los pcqueflos arrendatarios libres y su consecuente
sados a trabajar pn1'n los romanos ricos en calidad de sier­
inhabilitación como trabajadores parciales, y In repugnancia
de los ciudadanos libres a trabajar la jornada completa vos domésticos, tal como ocurrió en Inglaterra antes de la
Revolución Industrial y durante la misma.
como jornaleros en las posesiones de los ricos. Cualesquie­
1
ra fueran las razones, ciertos resultados parecen claros. La
situación económica de muchos campesinos libres se dele·
! Ad�más, la esclavitud hizo posible mantener la produc­
ción agrícola en Itnlin a pesar de los altos niveles de rccJu.
!amiento militar y de la emigración a la ciudad de Roma.
rioró. Muchos de los •conquistadores del mundo•, como
A diferencia de los conquistadores manchúes de China en el
acostumbraban ellos mismos a llamarse, fueron expulsados
siglo .wn, quienes se incautaron de la burocracia existente
de sus granjas y suslituidos por gente a quienes hablan
vencido y esclavizado. Sin embargo, la importación masiva
y se convirtieron en benefica i rios de pensiones o sinecuras
que proporcionaba el sistema impositivo, la élite conquista·
de esclavos puso a los ciudadatJos pobres en situación de de·
dora romnnn puso n salvo su riqueza mediante la adquisi·
pendencia respecto de un estrato superior (fundo). La sus·
ción de tierras en su patria. Como bien vio Mnx Weber, este
titución de campesinos tuvo repercusiones polltlcas cuya
proceso hizo ncccsurios cambios en las leyes que reglan
consecuencia fue la rcasignación de pequeñas parcelas a los
que carecían de tienas y a los ex soldados. Estas asignacio­ la propiedad de la tierra a fin de permitir la acumulación
nes aliviaron temporalmente la situación de los ciudadanos ilimitada y asegurar la tenencia de tien·as tanto públicas
pobres, pero no llegaron a mejorarla realmente. Los subsi­
como privadas.'"
dios del Estado para la distribución de alimentos a Jos po. Una vez establecidos grandes mercados urbanos, la pro­
piedad de la tierra proporcionó a la élite ganancias conti­
bres de las ciudades aumentaron el flujo de inmigrantes a la
nuas, mientras que no obtenían el mismo resultado de la
ciudad de Roma y, como más adelante mostraré, constitu­
explotación de las pmvincias, pues, según el sistema pollti·
yeron un estimulo suplementario para la producción agtico­
ln en grandes fundos, al asegurar el poder de compra de los co romano, las familias aristocráticas tenían que procurar·

26
27
1
se el apoyo electoral de los plebeyos para los cargos poHti· 3. UN ESBOZO DE LA ECONOMIA
cos. La gran mayoría de las familias de la aristocracia
romana corr! a el riesgo de no tener asegurada la elec­ En todos los pcl'iodos. la econonúa romana en Italiaen
ción generación tras generación para los altos cargos ni la las provincias descansa sobre las espaldas de los campcbi·
aneja oportunidad de obtener beneficios -en las provincias. nos. En consecuencia, conviene comenzar por examinar cier­
Cuando alcanzaban el cargo, la presión para obtener benefi­ tos factores que una y otra vez marcaron la relación entre
n en renta de Ja tierra llegaba a su
cios )' con,·ertir el botí campesinos >' 61ite. Después de ello podemos dirigir la aten ·

máxima expresión. Asl, una de las principales funciones de ción a las condiciones económicas en que el Estado romano
la escla\'itud consistió en permitir a la élite incrementar la comenzó su expansión terl'itorial de ultramar. Para simpli­
discrepancia entre ricos y pobres sin necesidad de impedir ficarnos ltl ta1-en partiremos de dos supuestos que, lo mis­
al camp�sinado de ciudadanos libres el cnmpllmicnto de su mo que algunos otros que vendrán luego, son meras hi�
voluntad de luchar en las guerras por la expansión del impe­ tesis, pero que pueden ayudarnos a aclarar Ja perspectiva
rio· la esclavitud permitió también a los ricos el recluta· o
de la econ mía romana. Una fácil comprobación de su plau­

mi nto de ma no de obra para sus fundos en una sociedad sibilidad consiste en pensar en las consecuencias de las hi­
j
que ca•·ccla de mercado de traba o; y permitió el gasto sun­ pótesis alternativas. En primer lugar, supongamos que las
tuol io bin necesidad, una vez más, de la explotación directa
'
cualro quintas portes de la fuenas de trabajo italiana y . de
de los hombres lib•·cs pobres. La esclavitud hizo inncccsa· las p•-ovinclas se ded icaba primordialmente a la producctón
rio para los ricos el empleo directo de los pobres. salvo de aimentos
l (y hasta pienso que la cifra real tal vez fue­
como soldados. ra más alta). En segundo Jugar, supongamos que el consu­
Al no emplea•· Jos ricos a las masas urbanas de una ma· mo medio de los habilantcs de centros urbanOb, la mayorfa
nera directa, Jos pobres quedaron a merced de las fuerzas
de lo� cuales ernn pobres, no era muy ctistinto al de los
del mercado. La agricultura estaba sujeta a grandes varia·
campesinos. De ello podemos extrner dos conclusiones. Pri­
cioncs de producción y el aprovisionamiento de la ciudad de mero, que la productividad agrícola era baja, puesto que re·
Roma dependía de un transporte en el que no se podfa con·
querla cuntro familias productoras de alimentos para aUmen·
fiar. Fell7mente para los pobres de las ciudades, su poder tar a una quinta. Tan sólo después de la revolución agraria
como ciudadanos electores les aseguraba el uso de los recur­ en Inglnteru, en el siglo XVIH, estas proporciones medias pu·
sos d�J Estado a través de la gestión de los pollticos que
dieron ser radicalmente transformadas. Actualmente, en Es­
aspiraban a s11 apoyo. El Estado. a su vez, garantizaba lo� tados Unidos (cifras de 1973), por ejemplo, un trabajador
suministros de trigo a través del impuesto, y proveía de tl'l· agrícola produce lo suficiente para alimentar a más de cin·
go a un sector sustancial del mercado (34 kg por mes y por cuenta personas. Segundo, que, en promedio, los campesinos
j
ciudadano) al comien1.0 a un precio fijo ba o y luego a pre­ romanos consumlm1 cuatro quintos de su propio pl'Ociuclo Y
cio libre. Más adelante sostengo que este apoyo del Estado
con el quinto restante m!lntcnlau a los no campesinos.
se•-vla para garantizar la capacidad de los;pobres para com·
1i Lo mismo que en toda economía prcindustl'ial mttosufi·
cicntc, el grueso de la fuerza de trabajo del I p
� cdo se ocu·
prar más trigo, más aceite y más vino, todo lo cual se pro­
duela en lo• fundos de los ricos. Pero la trnnsformaclón de paba primordialmente de la producción de a limentos, cuya
los cludodanos de la capital en pensionados del Estado, si mayor parte consumian los propios productores. llstc era
bien los protegió de la pobreza, también anunció In desapa­
el elemento más importante de la economJa romana. A este
rición de su poder político.
cuadro agregamos el supuesto de que los cam� sinos produ·
cfan individualmente la mayor parte de su alim ento, y no
tcnlan intercambio m i portante de alimentos entre sí. Ade­
1 más, parece probable que los artesanos. a causa del bajo
nivel de inversión de capital, apenas si producían algo más
1 que el campesino medio. Podemos advertir que, en una in-

28 29
mensa proporción, todo esto se producía tanto en Italia como
en las provincias, y no se intercam biaba, quedaba al margen
del met-cado, sólido e inJlexible, casi fuera del alcance de las
subsistencia de los campesinos simiente J�torcnt
fuerzas de la moneda. El análisis de la economía romana no
debe perder jamás de vista este sólido núcleo no comer­
cial.
Los métodos mediante los cuales la élite creaba produc·
subsistencia de los campesinos simiente a
b e
to excedente de los campesinos, y se apoderaba de él, eran
los impuestos, la renta y el intercambio comercial, que cons­
tituían el segundo elemento en importanc ia de la estructura 10
de la economfa romana. De los tres nombrados, y en el con·
jumo del lmperio, el impuesto se fue convirl iendo gradual.
mente en el más voluminoso, dentro de cuyo ámbilo el im·
a = renta e Impuesto pagado en espede.
b producto vendido en el mercado local al contado para pagar
=
puesto sobt·c la tierra y las cosechas constituía una gran la rentn y el impuesto en metálico.
proporción; sin embargo, hay que destacar que los romanos e = producto vendido en el mercado para comprar bienes pQI'a
�e encaminaban a tropezones, a partir de una tradición de el consumo de los campesinos.
pillaje, a un sistema impositivo estable. Y la pcrce1,ción de
los impuestos no impid ió que los funcionarios obtuvieran FIGURA !.2. Los campesinos comían la mayor parto de su
beneficios privados, tanto en el momento de la conquista ' producción. Esquema hiporttico.•
como durante la posterior administración de las provincias
conquistadas." En consecuencia, para abarcarlo todo, he·
mos de agregru· el pillaje, incluidos los esclavos, y el usu· Tal como se desprende del uso común del término diez­
fructo privado de los impuestos, rentas e intercambio mer­ mo (decuma}, en el último período de la República una
cantil como métodos comunes de extracción de excedente de parte considerable del impuesto se percibía directamente
los productot·es del sector pr imario. como alimentos, y no como dinero. Bl trigo de Slcilla y de
En la incidencia de los impuestos nos encontramos con Africa, por ejemplo, se utilizaba para alimentar al ejército
grandes dlferenoías regionales. Después de 167 a.C., los c iu· y a la ciudad de Roma. Aun cuando los impuestos se co­
dadanos romanos ele Italia no pagaban impuesto de ninguna bmban en dinero, a menudo el Estado gastaba este dinero
naturale?.a sobre las tierras. Este privilegio se conservó has­ en la compra de comida para los soldados romanos. L.,
ta finales del siglo u1 a.C. ¿A quién beneficiaba? La ínmtt· enorme confianza que se depositaba en los impuestos que
nielad impositiva ponía a los terratenientes en condiciones se percibían en alimentos contribuyó a que el eslndo roma·
de obtener dcvatlas rentas, y de tal suerte contribuía al alza no pudiera manlcnot· una gran superestructura con ínstitu·
de pt·cclos de la tictra ilaliana. En Egipto, en cambio, los clones económicas extremadamente simples y con sólo un
campesinos que vivían fuera de las tierras de regadío de la muy pequeño sector mercantil. La prosperidad de la ciu·
corona, no pagaban renta, pero debían entregar regularmen­ dad de Roma dependía del poder polftico romano y del con·
te la mitad de su producción en calidad de Impuesto. En
otra� provincias, la tasa más común de impuestos parece
• lll esquema Uuslra el vasto sector de la economía que
haber sido un décimo de la cosecha (decuma).ll SI tomamos ocupaba la subsistencia, lo pequeño del sector no agrlc:ola, la
este décimo de la cosecha como un impuesto promedio para equivalencia de las funciones del impuesto y la renta, el escaso
todo el Imperio -lo cual parece razonable-. entonces los valor del lnterenmbio de dinero entre campesino y ciudad y el bajo
impuestos sobre la tierra, según nuestros supuestos previos, nivel de vida medio de los campesinos. Se trata, por supuesto,
aportaban (o eran iguales en valor a) aproximadamente la de una mera hipótesis, y si es aproximadamente cierta, lo es
mitad de los alimentos consumidos por los no campesinos. sólo para In población considerada como un todo.

30 31
sidulcnte flujo de impuestos y de rentas. A diferencia del cedente y que, si habían logrado
ahorrar algo, lo más pro­
Londres prcindustrial, el tamaño de la ciudad no depen día bable era que se vieran obligados a
emplearlo en comer. Sólo
de •u capacidad para exportar manufactu1-a o para comer· una proporción muy pequeña de su
producción total se des­
ci�r. Vale la ¡>ena observar que, en la medida en que los im. tinaba a la compra de bienes ma
..utacturados (hechos a
puestos que se percibían en las provi ncias en dinero se gas· mano) en la ciudad. Pero no quier
o exagerar. Por pobres
taban en Italia, se esti mulaba a Italia a importar un VO· que fueran en •u mayor pa rte, el conju
nto total de las de·
lwnen de mercancías de valor equivalente, con el cual, por �andas de cincuenta millones de campesinos constituye un
a•l dccil"lo, las provinca
i s podían recuperar su dinero y Importante mercado para la produ
cción urbana.
pagar >U> impuestos al año siguiente . Es indudable. que el El predo minio del impuesto más la renta sobre
el intcr·
establecimiemo de este equilibrio entre comercio o tmpues· cambio comercial subraya la opinió
n común de que, en el
to llevó bastante tiempo, de tal modo que en las primeras mundo romano, la relación entre la
ci udad y el campo era
etapas de la conquista las provincias se empobrecieron Y se en gran medida una relación de explo
. tación." Las ciudades
endeuduron mientras qLIC en Italia se producía una cterta eran •ccnt•·os de consumo• que const
unlan la mayo1• parte
. �
inflación P r supuesto, este burdo bosquej o de la economía ' tanto del propio producto de sus habit
antes como la de l ex­
Imperial debe set· matizado para poder tener en cuenta otros cedente campesino. Pero no habría
que olvidar que los ha­
factores como la mine ría; sin embargo, aun baj o esta forma b�tanles de la ciudad también prove
ían servicios, como por
primitiva pone de relieve las m i portantes relaciones existen­ e¡emplo de gobierno y administr
ación, que proporcionaban
tes entre impuestos y comercio. a los campesinos un medio estable en
donde éstos pudic•·an
Después de los impuestos, las rentas provenientes de la traba jar. El precio que los campesinos pag
. . aban por esta tran.
1 tierra dedicada a la agricultura constituían el método más
importante de transferencia del producto excedente de ma·
qullidod era muy alto. Lo mismo
que en otros imperios
preind�strlalcs pa�ecc digno de destacar
que toleraran por
nos campesinas a manos de la élite y a las ciudades. Para tanto tiempo las tmpos•clones del gobie
rno y de los terra.
las clases superiores, las rentas agrícolas y los Ingreso� pro­ tementes.
venientes de Jos fundos trabajados por esclavos y administra·
do� por empleados constituían la mayor fuente de ingresos.
E: servicio del gob ierno -incluso la percepción de impues­
El pequetio propietario ittdepclldlent•
tos- quedaba relegado a un lugar muy secundario. Tam·
en la temprana Roma
bién algunas remas se percibían en alimcnt.os y no en . dinc.
ro. Esta práctica restringió aún más el sector mercanh l. En El tema central de este capitulo es el de las cousccuen.
,
el conjunto d11l Imperio, el valor toa! de las rentas -•nclu· cias que tt.•vo sobre la economía italiana la expan�lón impe­
yendo los ingresos provenientes de explo taciones agrícolas
rial postenor a la larga lucha de Roma contra Cartago (264·
administradas por agentes- era probablemen te menor que 202 a.C.). Me gustarla describi r, como fondo de todo ello,
el de los impuestos. Esto no se debla a que los niveles de algunos aspectos de la temprana economía romana que puc.
renta (ueran más bajos, sino a que era mucha menos la den contribuir ni análi sis de los desarrollos posteriores. Para
ello hay una dificultad , carecemos de fuentes contemporá·
gente que paguba renta que la que pagaba impuestos. Síem·
pre hubo un conj unto considerable, tanto en I talia como en neas. Sólo podemos hablar de historia social temprana -esto
las provincias, de campesn i os independientes que no paga· es, a ntesde mediados del siglo Ili a.C.- a través de la pro­
ban rentas, cuyo núme ro, aunque fluctuante, no llegó a de;;a· _
iones que conocemos me·
�ecc,ón retrospectiva de las instituc
parecer. Por último, a parlir de las descripciones de la vtda ¡or en periodos posteriores, así como mediante la recons·
campesina en muchas otras sociedades, parece razonable su­ trucción de un pasado lejano a partir de las i mágenes que
poner que, pese a las considerables vataciones, la mayoría
i
nos han dejado historiadores poster iores. Poca cosa es se­
de los campesinos del Imperio Romano eran pobres; que gura, y casi todo, discutible. El siguiente resumen no podrá,
la renta y e l impuesto les llevaban la mayor parte de su ex-
'
a su vez, dejar de serlo también."

32
1
33
A comienzos del sg i lo m a.C., a pesar de su poder polí­ falso: por el contrario•.es probable que sea el reflejo de
las
tico en llalla central, Roma tenía una economln �imple, casi condic�on�� reales de vtda de aquel lejano período. Por ejem·
.
plo, Dtomsto de Hahcarnaso (Arqueología romana,
de >ubsistencia. La superestructura era pequeíln, no había 2.28) re­
instituciones tales como un ejército profesional o una buro­ lataba que el segundo rey de Roma, que reinó en el siglo
vrn a.� dcstmó
.•
. n e:.clavos y extranjeros a actividades se­
crncia permanente que dependieran de la existencia regular
de un amplio excedente. La acuñación de moneda era en dentanas Y mecárucas, y reservó a los romanos la agrlcu
·
l
rura Y la guerra. En segundo lugar, la obligación de servir
Roma ca;i inexistente o inútil, y el comercio probablemente
escaso. Ni siquiern la élite romana era particularmente rica; en la tnfanterla, du proveerse cada uno de su propia arma­
y da testimonio de ello la reducida área que tenia bajo con­ dura Y de pagar impuestos, dependía de la propiedad de cier­
trol -que en 296 a.C. equivalía aproximadamente a la cuar· ta canudad de tierra, aunque, en apariencia, no era muy
ta parte de la actual Bélgica- y la vigorosa tradici n d?� i grande. l'arcce que el ejército romano, a diferencia del
de
austeridad que se prolongó a trnvés de las edades htstón­ �
la Atcn s clásica, no requería armadura pesada y can1,
y
cns. Los problemas crónicos del Estado se centraban en la que, POI tanto, podla reclutars e entre un amplio sector de
conquist a de las tribus de las montat'las y en la l'ivalidad 1 .
la poblactón.21 Iln tercer Jugar, la cifra de ciudadanos vat'O·
entre los aristócratas y Jos pobres por la escasez ele la tie­ nes adultos de los c�nsos t-omanos (por ejemplo, 262.321
ciu­
rra y el empobrecimiento por deudas. • dadanos en 294/293 a.C.) sugieren grandes densid
ades de po­
Casi toda la fuerza de trabaj o se componla ele pequcflos 1 �
b actó�·'• Aun cuando estas cifras tempranas sean
contra­
productores agrlcolas que vivían en granjas familiares, mu­ dt�tonas y prob�hlemente inexactas, la alta tasa de cmig
ra­
CIOll a las colontas parece corroborar la iofercnc
chas de las cuales -<!S lógico suponer- apenas alcanzaban la genernl
de un� alta densidad de población. Entre 338
parn proveer uno subsistencia mlnima. Por desgracia, no hay y 218 a.C.,
casi dato seguro que pueda confirmar esta generalitación, �� gobierno romano �stableció cuarenta colonias en tierra
nahann conquistada y las pobló con colonos de
que, con todo, parece más válida que cualquiera de las hi­ los alrededo­
pótesis altet'llativas que puedan formularse. Existen prue­ res de Roma, me7.cla de ciudadanos y no ciudadanos.
Las
bas fragmentarias que, s i bien son n
i suficientes o no ente· fuentes nos proporcionan cifras acerca de la cantidad
do va­
ramcnte fidedignas por si mismas, parecen confirmar en con· "?nes adultos que fueron a algunas de estas colonias (por
junto la hipótesis anterior. Este argumento semeja una tien­ CJemplo 300, 2.500, 4.000, 6.000); 4.000 colonos varones adul­
tos supondl'lan una población inicial total de alrcded
da de pieles rojas, en la cual cada uno de los postes se o1• de
cacrla sl estuviera so lo, pero en la que todos juntos, al apo­ 13.000 personas entre hombres, mujeres y niños, lo cual par
ece
yarse mutuamente, se mantienen en pie, apuntan aproxima­ demastado.11 Aun para un cálculo moderado, el flujo de
cmi·
damen te en la misma dirección y circunscriben •In vet·dad>. grnntcs a estas cuarenta colonias italianas debió superur los
100.000 y debló llegar al cuarto de millón entre
Me doy cuenta de que es peligroso acoplar el valor. general . . hombres,
cuando se duda de la ver dad de sus elementos constderados
muJeres y milos.
i div idualmen te; sin embargo, nos vemos obligados n adop­
n Por �ll�mo, las na•:raciones acerca de héroes populares
tar este critel'io a l reconstruir siquiera sen un bosquejo de ?om� Cmcmato y Mamo Curio Dcntato, nobles pero pobres,
la estructura social de la Roma primitiva.
tmphcaban que, por lo general, las posesiones rústicas
cnm­
En primer lugar, las historias tradicionales en que la éli· pesmas eran pequeilas. Una y otra vez hablan las fuentes
te romana presenta un cuadro de su propio pasado dan a de parcelas de dos Y siete iugera (0.5 y 1,75 hectáreas) como
.
entender que In propiedad de la tierra estaba muy extendi· tradtcionalcs o sufictcnt es. Por ejemplo, •hay un famoso di ­
da en la Roma primitiva. A pesar de que estas historias sean cho ? e Manio Cul'io [cónsul en 290 a.C.]... según el cual

una mezcla casi inextricable de ábulas


f y hechos dudosos (por u.n cmdadnno que no se satisfacla con 7 iugera debla con­
ejemplo héroes, batallas, victorias, derrotas pasajeras, dis­ stderarse subversivo (pertticiosum}; pues ésta era la medida
cursos imaginarios en el campo de batalla y en el Senado). de las parcelas que se entregaron al pueblo una vez derro­
es impi'Obablc que todo lo que cuenten sea completamente cados los reyes• (Plinto, Historia Nalllral, 18.18). Estas 0¡.

34
: 35
1
'
'
te en el endeudamiento, en las altas Lasas de interés co la
fras relativas al tamaño de las parcelas parecen tan erró­
servidumbt-e por deudas y en la venta como cscln''� en el
nea' como las de los censos pri mitivos. En efecto, en los
extranjero. En 326 a.C. la servidumbre por deudas se decla·
m�JOt"CS ni•cles de productividad probable>, una parcela de
ró ilegal en Roma, pero su práctica se mantuvo hasta mucho
7 mgera apenas hubiera podido proveer la mitad del míni­
más tarde en otros sitios del imperio y probablemente tam­
mo necesario para la subsistencia de una familia media.
bién en Italia."
Tampo<.-o r�sull.< fácil comprender cómo podln complemen·
La dependencia también se expresaba en la institución de
tar•c de manera regular un ingreso ran escaso; es muy poco
la clientela. lln su forma idealizada, la clientela se conside­
probable que los campesinos pobres pudieran criar animales
raba como un vinculo hereditario de n i terdependencia seme­
de pastoreo y parece completamente improbable que en este
jante a una o·clación de sangre y santificada a través de la
perlodu t.:mprano la mitad de los ingresos de la mt�yorla
de los campesinos dependiera del trabajo en los Cundos de penalíza:i�n ritual de su violación. Los clientes debían pres­
tar scrvtctos, se esperaba de ellos que hicieran regalos a
los ricos. Es obvio el peligro de ser tendencioso, pero aun
as! es diffcil Cl'itar la conclusión general de que las parcelus
su patrón roda vez que éste tuviera que pagar rcscat.c, dote,
campesinas de la Roma primitiva eran prcdomiMntementc multas, o lns expen�as de un cargo público. 1'córlcamcnto se
pcqUCllaS.a espe¡'abn que el l'atl·ón explicara las le:ves a los clientes y
En resUJnen, la ausencia de instituciones dependientes de les prote¡¡icm de los pleitos. Lo que parece importante en
un vasto excedente, la ausencia de monedas de plata de esto, y p&I"Ccla digno de mención a nuestras fuentes, ern la
acuñación local, la reducida escala del comercio, la ausen· idea del servicio mutuo que diferenciaba la clientela romana
cia de grupos dependientes sin tierra a los que alcanzaban de las formas de dependencia de otros sitios, en que los
los beneficios de las rentas, las extendidas obligaciones del amos u·ataban a los dependientes libres como si éstos fue.
sen•icio miULar ligadas a la propiedad de la tierra, la pro­ ran eschwos. Unn de las diferencias estriba en el supuesto

babilidad de que la población de Italia central fuera densa a de que lo, clientes romanos tenJan algo que dar a sus pa­
pesar de la considerable emigración y, por úllimo, In cviden· trone•. razón pot· la cual no estaban en total situación de
cia de la c�istencia de pequeñas parcelas de tierra, todo dependencia. Esto reciprocidad en la relación clicntc.patrón
ello sumado parece apoyar la opinión de que la economía se ajusta muv bien a mi opinión de que casi todos los ciu·
romnna de l siglo 111 a.C. estaba dominada por una ancha dadanos de Jo R.omn prirnith·a eran propietaria• de aiRuna
franja central de pequcfios propiet arios rurales Ubres auto· extensión de tierra. Sin embargo, tenemos que considerar
suRcicntcs, es decir, por campesinos que poscfan y cultiva­ con pnoclcncin el o·etmtu idealizado de la ins titución de la
ban sus propias granjas. clientela; en Jupón, por ejemplo, ideales semejantes enmas­
Por duuuju de esta amplia franja de agricultores, debió cararon una explotación considerable. Parece probabl e que
habct• una importante minoría de cHmpesinos dependientes la íns lituclón ele la clientela reshingiera significativamente
que ohtcnlan ww parte de su subsistencia trabajando para la indcpenclencln de ciertos pequeños propietario• ondcola�.30
los que estaban en mejor situación. En verdad, es probable La organl7nclótl de In fuerza de trabajo asalariada acrlco­
que mucho.s familias de pequeños ag¡·icul lores que apenas la en Romn se basaba en el supuesto de que l a mavol·la de
vivfan por encima del nivel de subsistencia dependieran pe· lo.< trnbaiadorcs eran tambii!n propietarios dt' clerln exten­
riódicamente de vecinos más ricos. Las demandas variables sión de tiel-ra. Esto se puede deducir del hecho de que lo<
de la ramilla en momentos diferentes de su ciclo \ital, las romanos, como es evidente. nunca desnrrollaron un <i<lemn
enormes variaciones anuales en l a magnitud de las cosechas, de empleo de fuerza de trabajo Ubre durante periodos pro­
que aún castigan a la agricultura mediterránea, y la repen­ Jonlffidos, semejantes a Jos contratos inl!le<e< Que prcvelan
tina exigencia de impuestos a fin de hacer frente a una emer­ u� salario anual o durante el aprendi7.aje. Ni hay tampoco
gencia, todo cUo reforzó un esquema de préstamo y depen­ nonguna onlebn de Que los terratenientes romanos del perlo­
dencia común a la mayor parte de las sociedades campesi· do primitivo extrajeran trabajo de Jos terrazltueo-os como
nas. En algunos, esta dependencia se expresaba parcialmen- parte de renta; en cambio, generalmente los campesinos aco-

36 37
modados empleaban a campesinos libres por un dla o para nada que hacer. Una familia campesina media, que produ·
una tarea especifica, como la cosecha o la tri l la." Este tra· cla lo mínimo necesario para su subsistencia en una tierra
bajo intermitente tenía varias consecuencias. Primero, los de buena calidad, utilizaba mucho menos de la mitad de su
trabajadores tenían que poseer alguna parcela de su prople· capacidad de trabajo disponible. Este •ubcmpleo crónico
dad para proveerse de la parte principal de su subsistencia. sigue siendo aún común en muchas econom(as campesinas
Segundo, en el mundo romano del siglo l![ a.C. no habla un que utilizaban los cu!Uvos de secano. Bsc·a ci.rcunstancia se
verdadero mercado de trabajo de trabajadores móviles y sin vela institucionalizada en Roma en la gran cantidad de días
tierra. Como resultado de ello, cuando el crecimiento del im­ feslivos y en la parlicipación pública en In polltica. Sobre
perio produjo un cambio en los patrones de producción aj!rf· lodO, el subempleo permitió al Estado pone•· impuestos sobre
cola en Italia, la nueva fuerza de trabajo necesaria se reclu· el lrabajo cuando no podla extraer exccdenlc suficiente del
tó primordialmente en forma compulsiva a través de la Ins­ produclo bajo la forma de impueslos.
titución de la esclavitud. Por supuesto, en el siglo m a.C. El lrabajo excedente era gravado en forma de servicio mf.
había algunos esclavos en la Italia romana, pero sospecho 1 lilar. La pobreza y el desempleo de muchos campesinos ro·
que no muchos. La mayor parte de las referencias a la es. manos, sobre lodo, (pcrmilieron un elevado lndice de movi·
clavitud en la Roma temprana sugieren la existencia de una lización militar (normalmente más del diez por cienlo de los
esclavitud en pequefla escala; otras, parecen anacrónicas." ciudadanos adultos varones) en )os dos úllimos siglos de la
Tercero, los propielatios rúslicos prósperos que poselan más era precristiana. En otras palabras, las licrras de los sol·
tierra que la que podían cultivar con su propio trabajo. dados ausentes eran cultivadas por otros. La desorganiza·
utilizaron la clientela en combinación con el arrendamiento ción y los costes sociales que ello implicaba eran grandes.
y la participación en las cosechas. Métodos que les asegura· Las mujeres y los hijos de los soldados, viudas y huérfanos,
ban que, en las lernporadas críticas, sus tierras serian tra· quedaban sin protección alguna, y sus fincas quedaban casi
bajadas antes de que los campesinos se dedicaran a cuidar siempre abrumadas de deudas. Calan, pues, en manos de los
sus parcelas. ricos. Complementariamente, en el sistema agrícola tradicio­
En resumen, tal como yo veo las cosas, el área directa· nal, para cultivar sus lierras los ricos dependlan del traba·
menle gobernada por Roma a comienzos del siglo nr a.C. jo excedente de los pobres libres, que se empleaban como
no era lo suficienlcmente grande y rica como para servir arrendatarios, como medieros o como lrabajadores ocasiona.
de sostén a considerables concentraciones de riqueza. Bl les. Pero la conquista de un imperio aumenló la n i cidencia
sislema polllico reRejaba lo extendido de la obligación de !le. del servicio militar y o bien sacó de la escena el trabajo ¡¡.
var armas, así como de la propiedad de la tierra. Si bien bre, o bien lo volvió aún menos seguro. Además, en la me·
la siluación distaba mucho de ser democrática, constitula dida en que los fundos de los ricos se hnclan cada vez más
una real limit.ación del grado de explotación de los ciudada. ¡;rondes, aumentó lambién su necesidad de ruer?.a de tra·
nos. Es probable que, en coniunco, los nobles poseyeran la hnjo, Sin embargo, los campesinos, como sobemos por el
mayor parte de las me,iores tierras, pero lo más común era csludio de sociedades premodernas, se caracterizan por su
que tuvieran sólo modestos ñmdos. Pocas fincas eran lo repugnancia a realizar más lrnbajo que el necesario para sa·
•u6cientemcnle grandes como para requerir el empleo de lisfncer sus mínimas necesidades de subsistencia. Los ro­
mano de obra no familia.r a lo largo del afio. La mayor par· manos ricos, por lanto, buscaron en otros silios trabajado­
te de la lierra de cultivo y de la lierra común era explotada re� dependientes de tiempo complelo. No lo< podían conse­
por pequeños propietarios o campesinos libres, algunos de p:ulr en el mercado de trabajo porque éste ern virtualmente
los cuales eran, parcialmente dependlenles del palroclnio inexistente. En cambio. los esclavos eran carturados en la gue.
de los más prósperos. rrn y se importaban por la fuerza. La emigración de la
La mayorla de los romanos eslaban subempleados. Hastn fuc•·za de trabajo libre para incorporarse al c,l6rcico y la In·
los pequeños productores libres que apenas superaban el mi�tración de esclavos agrfcolas eran procesos complemen­
nivel mlnimo de subsistencia pasaban mucho tiempo sin tarlos.

38 ' 39
4. LA GUBRRA CONTINUAll dencia. Era la única ocasión en que un general podía hacer
desfilar legítimamente a •u tropas por la ciudad de Roma.
Quisiera referirme ahora al primero de los siete factores En prhnet· lugar iban los magistrados y los senadores acom·
que más influyeron en el desarrollo de In esclavitud y de pañados de trompeteros, luego los despojos de guet·ra ccre­
la economla polltica de Italia. Durante los dos últimos siglos moniahncnte desplegados (y que eran competitivamente cnu·
de In República, el Estado romano estuvo casi permanen· merados en lo> registros públicos: « .. Coronas de oro de
.

temcnte en guerra. La éiite romana estaba orgullosa de sus 112 libras [romanas] de pesos; 83.000 libras de plata; 243 Ji.
6.•itos militares; las historias de su pasado estaban llenas de bras de oro; 118.000 tetradracmas ateniense.�; 12.322 monedas
relatos de batallas; sus héroes y líderes eran generales como llamadas fiUpicas; 785 estatuas de bronce; 230 estatuas de
Fabio el Temporizador, Ecipión el Afr icano (a menudo los ge· mtlrmol; gran cantidad de armaduras, armas y otros dcspo·
ncralcs romanos tomaba n apodos de las tierras que hablan jo� del enemigo, además de catapultas, ballistae y máquinas
conquistaclo), Pompeyo el Grande y Julio César. El centro de de guerra de toda clase . . . • (Tito Livio, 39.5; en 187 a.C.) Cun.
la cluclncl de Roma estaba atestado de trofeos de guerra, alta· dros y lemas -como el •Vine, vi, vencí• de Julio César­
res y templos que se prometían en un momento ele crisis ilustraban los éxitos del general. Detrás seguían los pl'isio·
en el campo de batalla y se levantaban luego con el botín ncros de guerra: reyes en carros y con cuerdas alrededor
obtenido, arcos y estatuas triunfales, columnas de templos del cuello, prlncipcs encadenados, jefes de los ej<!rcitos de.
cubiertas de escudos e insignias militares de todo tipo (Tito rrotados. Todo este cortejo daba pábulo a la reflexión mo­
Livio, 40.51), así como piedras con inscripciones que recor· ralizante de los filósofos acerca de la ,,eda de la fortunn.
daban los rriunfos e inspiraban la emulación de los jóvenes, Luego las \'ÍCtimas que serían sacrificadas, toros de cucr.
como, por ejemplo, una inscripción en el templo de Ma· nos dorados. Y por último el general en persona, que era
ter Matula, erigido en 174 a.C. donde se lee:
, llevado en un carro omado de laureles y arrastrado por
cuatro caballos blancos. Bajo el carro colgaha un falo. Las
•Bnjo el mando y los auspicios del cónsul Tiberio Sempronio mejillas del general, pintadas de rojo; cual Júpiter mismo
Graco, la lejtlón y el ejército del pueblo romnno conquistaron \'estla unn capa púrpura sobre una toga sembrada de estrc·
Cerdef\a. F.n esta provincia fueron muertos o capturados más de llas doradas. En una mano llevaba un cetro coronado de
80.000 encml¡¡o,. El Estado fue bien servido; los allndos, libera· un águila y en la otra una rama de laurel. Sobre su cabeza,
dos; los rento,, •·establecidas. Volvió con el ejército sano y salvo.
un esclavo soslcnía una pesada corona de oro. Cndn vez que
cargado de botln. Volvió por segunda vez a la ciudad de Roma
en tFiunfo. En Conmemoración de Este Acontecimiento ofreció la multitud le vitoreaba, el escla\'0 murmuraba rltunlmente:
ésta como un Don a Júpiter.• (Tito Llvlo, 4l.Ul.) • •Recordad que sólo sois un 11orubre.• La procesión triunfal
dramatizaba el esplendor de las vJctot'ia s romanas, reaftt·ma.
Cuando u'' �eneral romano habla coducido con 6.xi to una bn el orgullo popular del valor ele la conq\tist a y u la vez
campafln, esc•'"'ía al Senado detalladamente sus conquistas. que exaltaba al líder afortunado le marcaba limites a fin
Si estas victodas se hablan producido contra •enemir;os de de que con suerte su popularidad no pusiera en peligro a
valla•, y si se habla dado muerte al menos a cincn mil hom· la oligarquía que comparlía el poder.
brcs en una sola batnlla. podía solicitar desAle triunfal a su Esta ostentación pública de las hazañas jluerreras consti·
regreso a la ciudad de Roma.JS La magnitud do la t""'""a tuye sólo un índice del militarismo de la élite romana. Pero
hecha por los romanos queda reflejada en la conmemoración hay muchos otros, como, por ejemplo, la preocupación d,
de mtls de setenta triunfos en los 200 aftos que "an de las historia• tt·adicionalcs por las campañas militares y las
252 n 53 a.C. batallas. El lector moderno siente la tentación de pasar por
Bl reconocimiento de un triunfo era un premio que se alto estos relatos tan repetidos. De hacerlo así, no hatin ju�·
reservaba a los principales magistrados romanos: pretores, ticia al interés que por ellos tenían los lcctore� romanos,
cónsules y dictadores. Aun nara éstos se trataba de un ho­ así como al lugnt· prominente que ocupaban en los registros
nor excepcional de un hlasón permanente paro su deseen.
. público< en que aquellas historias se basaban. Las hislo.

40 41
rias ponen de manifiesto una riva.lidad por lo gloria entre ayudantes (contuberMies) de los jefes. Julio César, por ejem­
los nob.les romanos, rivalidad que fue por sí misma una de plo, sirvió en condición de tal, si bien sólo por dos o tres
las causas de la guerra. Por ejemplo, en 176 a.C. un eón· años. Y a lo largo de la República todo alto cargo llevaba
sul se. detenfa en Roma con ocasión de una elección ex­ implícito el mando militar. Aun se esperab que los genera·
traordmarin; •durante mucho tiempo había estado impacien­ les nobles derrotaran a los enemigos de Roma y supieran
te por �olver a su provincia, cuando afortunadamente para resolver las situaciones diffciles. Además, el mando militar
. constituJa siempre la vía más segura hacia la conquista, la
s.u ambtctón llegaron cartas que le informaban de que Jos
hgures se hablan revelado• (Tito Livio, 41.17). En otro caso exaltación de In reputación, el triunfo y el botin.
cuando el encm g� o traía rehenes y pedía la paz. el cónsuÍ La idealización de la gloria militar ocultaba con su re­
tórica los gigantescos costes de la guerra. Lo mismo que
(177 a.C.), que aun se encontraba en Roma, comprendió que
había perdido su oportunid�d de triunfo (Tito Livio, 41.10). aho�a. las guerras se libraban entonces en defensa del te·
No hay que ver en esto actitudes o actos de locos irrespon· rritorio, para proteger a los aliados, para asegurar la liber­
sables, sino que han de considerarse más blon como los tad (Tito Llvlo, 35.16) y ccon la esperanza de lograr In paz•
productos repetidos de una competitiva cultura de élite que (Tito Llvio, 40.52). eLa única razón para ir a la guerra -es­
provocaba y perdonaba la beligerancia... como di.Jo un ge­ cribla Cicerón- es asegurarnos una vida en paz.• (De los
neral romano: cYo no negocio la paz salvo con gente que se deberes 1.35.) Bn nuestras fuentes no encontramos mención
ha rendido• (Tito Livio, 40.25). alguna de Jos mutilados o de los heridos. Sólo raramente
. f:a
s instituciones politicas romanas reflejaban un interés oímos hablar de devastación de cosechas, ganado y vivlen·
das, pérdidas que afectatían mucho más a los pobres que
stmtlar por la guerra. De todo romano se11i or que ocupaba
un cargo pú�lico se esperaba que fuera un general compe.. a Jos ricos. Nuestras fuentes establecen en casi cien mil
tente. La mc¡or prueba de esto es que la designación de los el nllmero de soldados romanos y aliados muertos en el
magistrados en escenarios, incluso graves, de guerra se ha· campo de batalla durante la primera mitad del sijllo n a.C.;
cía al azar. Esta mera práctica indkaba la necesidad de ex­ pérdidas importantes, si hemos de creer el nlÍmet·o, pues la
periencia mllltnr temprana en la carrera de un senador. Du­ población adulta masculina total no llegaba probablemente al
rante el siglo tT a.C haber prestado diez años de servicio
.•
millón de individuos en aquella época.16 Estas cifras no in·
forman de los muertos en las epidemias a que estaban ex­
n:'ilitar, generalmente a partir de los 17 años. era un requl·
s�to normal para ser elegido para un cargo plÍblico. Es puestos los ejércitos ni tienen en cuenta el carácter incom­
smtomátlco que el primer cargo plÍblico de Importancia se­ pleto de los registros romanos; en épocas de crisis como
cundarla para el que se elegla a los jóvenes nobles fuera el la de la invasión de Italia por Aníbal y las guer1·as civiles
de oflcinl legionario (tribtmus militum.). que si bien no era del final do la República, la Incidencia de la muerte y de la
un paso esencial en la carrera de un líder afortunado era destrucción fueron mayores aún. No cabe duda de que los
c�mún y útil. En efecto, daba oportunidad de adquirir' glo­ cbárbaros• dcl'l·otados del norte de Italia y de las provincias
ria pe•·�onal en el campo de batalla, asl como una cxpcrien. lo pasa•·on aún peor que los romanos. La muerte de muchos
.
cia mthtar campesinos en la guerra, tanto en el país como en el ex·
que más adelante resultarla de vital importancia.
Por primera vez. un hombre elegido para un alto cargo, como tranjero. fue uno de los factores más importantes de la des·
el de pretor o cónsul, muy bien podía ser designado para po­ población de las tierras agrícolas de Italia.
nerse al frente de uno cualquiera, al azar, de los grandes La guerra continua y la conquista de toda la cuenca me­
ejércitos. Durante el sig.lo r a.C. ya no se exigía un largo ser- 1 diterránea precipítaron cambios radicales en el tipo de ser­
vicio mllltar. Tradicionalmente la proporción de ciudadanos
vicio militar a los miembros jóvenes de la élite. Por el con·
trario, cada ,,ez estaba más en auge dedicarse a adquirir ex- en condiciones de prestar servicios en el ejército era al­
periencia en la vida politica y en la abogada de los tribuna-
les romanos. Sin embargo, algunos jóvene.� ambiciosos de
1 ta. La modalidad com(m de lucha contra las tribus vecinas
habla consistido sobre todo en campañas e.�tivales a cargo
alto rango segu!an enrolados en el ejército y serv!an como de soldados campesinos. Se obligaba a pelear incluso a los

43
42

'
campc�inos que sólo po<elan pequeñas parcelas de tie•·ra >aron las repercusiones del gigantesco esfuerzo militar sobre
r que estaban en condiciones de proYeerse de una simple la economía pulltica de Italia. En electo, la ausencia de un
annadura y de armas. A tocios ellos se les solla calificar 1érrnino mcd1o de 130.000 campesinos italianos, que presta·
pcr:.uasivamentc como cparte interesada de la comu nidad• ban servicio e n el ejército, constituyó una forma de emigra­
l.ll alto nivel de participación militar de los ciudadanos s� ción campesina. Del mismo modo quc la muerte en la gucml,
reflejaba en la estructura de las primeras instituciones poli· dicha nusc11cit'l ayudó a crear \'Ocios en la tierra italiana, vn·
tícas -como los comicios por centurias- en el poder po. clos que los ricos estaban muy impucicntcs por llenar. Pero
Htico de los ciudadanos, en los derechos legales de los ciu· a diferencia ele la muerte, esta ausencia era temporal y de
dadonos y en un perceptible Interés común -res publica-, duración imprevisible. Algunos soldados campesinos regrc·
o! menos dentro de los limites del estrato de la sociedad saban después de haber prestado largos servicios en el ex·
que llevaba armas." Por la misma ra1.6n quedaban exclui· tranjero para encontrarse con que en "" ausencia sus faml·
dos los escfa,•os, los residentes extranjeros y las mujeres. lías se hablan cubierto de deudas o con que los acreedor\!s
Durante los dos últimos slll!os de la República, los ej�r­ !<;S hablan arrebatado sus tiCI'ras. Además, su mera dispo.
.
C•tos romanos se vieron repetidamente envueltos en guerra.s n ibilidad para ser llamados a sen·icio reducía la confianza
prolongadas en teritorios de ultramar, y esta circunstancia en los campesinos como medieros o arrendatarios parciales.
1e1'min6 con el sistema tradicional de reclutamiento. Se pro­ El servicio miUtar agravaba las dificultades económicas de
longó la duración normal del servicio militar y gradualmente los pobres, mientras que para la élite significaba la posibi·
se fueron transfiriendo las cargas del servido militar' de la lidad de incrementar la propiedad de la tierra y la prosperi·
ampl.•n capa dé campesinos ciudadanos propietarios de tie· dad. Las victorias romanas de ult•·nmnr ct-eaban gradualmcn·
tTa, que s�rvían ocasionalmente como soldados, a un gru­ te una fuente alternativa de fucrt.a do trabajo, los esclavos.
po pmporcwnalmente" menor de soldados que prestaban ser· Los soldados campe sinos romanO> luchaban por su propio
1• lcios profesionales por tlempo prolongado, muchos de los desplazamiento.
cuales eran pobres y ca1-eclon de tie1·ra. Es difícil estable­ Pero esto no era todo. Los cambios en el tipo de rcclu·
cer cifras definitivas de estas tendencias, y tal vez hasta se­ tamlcnto estimularon la inte•·,•ención directa del ejército
ría engañoso hacerlo. En efecto, una de las camcterlsticas romano en los conflictos políticos de Roma. En los viejos
principales del ejérc ito romano durante todo el periodo de tiempos, al final de una campaña o entre dos períodos de
cxpan�lón impetial fue lo Imprevisible de su tamaflo. Los guerra, los soldados campesinos volvían a sus granjas. El
soldados no se enrolaban para un plazo o servicio especffi. ejército estaba inserto en el campesinado. Podemos scguh·
co, sino pa•·a una ean,pa�a. que podía durar uno o varios el proceso ele SLL separac ión a tmvés: de la escasez de rcclu·
nllos. El tamaño del ejércit<> oscHaha de acuerdo con los tados que reunian las condiciones de p ropiedad tmdiciona.
peligr·os con que se cnrrentaba el listado. Sin embargo, opa· les pa•·a el servicio militar; de In reducción y eventual abolí·
recen con claridad las lineas principales de una tendencia ción formal del equisito
r de propiedad (JO? a.C.); de la asig·
nueva. Más adelante me referiré al hecho de que, a comien. nación de granjas a ex soldados �in tierras y, por último,
zos del siglo l l a.C., má� de la mitad de los ciudadanos en el Principado, a través del eslablccimicnto de tropas pro·
p�stnban scn·icio en el ejército por un período medio que fcsionales de servicio prolongado a lo largo de las fronte­
probablemente no fue.-a menor de siete años. Aproximada· ras del Imperio, lejos de su lugar de nacimiento... La nueva
mente dos s ielos más tarde, bajo el reinado de Aull\lsto, polltica de reclu tamiento de soldado<, que ahora tenia lugar
nl�o menos de un sexto de los ciudadanos nacidos en Ttalia predominantemente entre los pobres o los que carecían ele
pre�taban seiTicio en el ejército por un término medio de tierra, aun cuando resultara a veces impopular y los hom·
veinte nflos. Los campesino� armados habían sido reempln· bres fueron incorporados al se•·vicio por la fuerza, contri·
7ado• por· un ejército profesional. buyó a aliviar el conflicto social en Italia, ya que ofrecía a
llstos cambios en la duración del servicio militar, en Ja aquellos un empleo aj eno a la tictTn. Contribuyó a resolver
composición social del cj6•·clto y en su profesionalismo agra. los problemas de recluta01i.ento, dado que los pobres acep.

44 45
taban el servicio por largos períodos de mucho mejor grado remos esto con toda claridad si consideramos la duración me­
quo quienes tenían tierras que atender. Cuando más tiem. dia del se• vicio militar. Desgraciadamente, como tan a me·
po sirvieran en el ejército, más se cortaban los vínculos con nudo sucede en la historia de Roma, carecemos de informa·
las aldeas de las que eran oriundos. Pero esta polltíca creó ción precisa. Además, es importante destacar que en los (J(.
un nuevo problema, el de qué hacer con un cuerpo profe· timos tiempos de la República el servicio no tenia una dura·
.
SJonal de soldados •in tierras a quienes la finalización de ción establecida. Lo• generales, que se elegfan anualmente,
sus servicios militares se les presentaba sin perspectiva fu. esta�an autorizados por el Senado para reclutar legiones, si
tura alguna de medios de vida. El ejército profesional liberó l a sJtuución lo exigía, antes de dirigirse al escenario de la
de la obligación de pelear a muchos campesinos con tie­ guerra. En el momento de ser incorporados al ejército, los
rras, pero únicamente a costa de crear una nueva ntma para soldados podían no tener idea de cuánto duraría &u servicio.
la guerra civil. Esta inscglll'idad fue un factor importante de inestabilidad
Analicemos más de cerca e l esfuerzo de guerrn romano. política, cosa que no debería pasarse por alto. Sin embargo,
Es evidente que el tamaño del ejército nos da una idea de es claro que semejante variación no impide calcular un prO·
la magnitud de este esfuerzo. A lo largo de los dos ú.ltimos medio. Sabemos que los ciudadanos estaban en disponlbi·
siglos de la República (véase cuadro 1.1) el ejé•·clto roma· lidad para servir en el ejército durante dieciséis años (diez
no llegó en repetidas ocasiones al 8 % o más ele los eluda· años en la cabu llcrla) entre tos diecisiete y los cuarenta y seis
danos adultos varones; en 225-23 a.C. el tamaño medio del años de edad. A comienzo del siglo 11 a.C.. se consideraba que
ejército era del J3 % de los ciutlatlanos adultos vaJ'ones. Pero los ciudadanos que habían prestado servicios por más de seis
en los años anteriores a la manumisión masivo de los aliados anos continuados hablan cumplido el plazo requerido y podían
italianos (90.89 a.C.), el ejército de ciudadanos sólo represen­ rcg1·éSar a su ca;,a (Tito Livio, 40.36.10): hacia finales de la Re­
taba una parte de todo el esfuerzo militar romano. Los ali a· pt'iblica, los soldados prestaban servicios más prolongados.
dos italianos contribuyeron con un promedio de tres quintos El emperador Augusto instituyó un ejército profesional en
del total de las fucrtas armadas romanas dumn1e los treinta el que los soldados servían durante dieciséis años y más
años (200.163 a.C.) posteriores a la guerra contra Cartogo, accr· tarde durante veinte años." Por tanto, es tentador llenar hi­
ca de la cual tenemos mucha información. En este periodo, el potéticamente los huecos eltistentes en nuestra información;
tamaño medio de los ejércitos romanos/italianos era de más las probabilidades son limitadas y claros los coeficientes.
de 130.000 hombres. Poco más o menos lo mismo pu�de decir· Cuanto más breve es In duración Juedia del servicio, mayor
se del periodo 80.50 a.C., acerca del cual también contarnos es In proporción de ciudadanos que se incoll'oran.
con buena información (véase cuadro l./). Los datos aislados l.o más probable es que el peso del servicio militar rcca.
del pel'loclo intermedio sugieren que en muchas ocasiones la yera dcsproporcionadmnente sobre los hombres jóvenes. Los
contlibuclón de soldados de los aliados fue mayor que la de ciudadanos qucd"bnn sujetos a servicio militar al cumplir
Roma." El esfuer�o militar romano fue inmenso tanto en tér· los diecisiete años. En la preparación de la figura J.J me for·
minos proporcionales corno en términos absolutos. El tamaño mulé cuatro hipótesis simplificadoras: a) que todos los hom.
del ejército romano es comparable, por ejemplo, al del cjérci. bres se incorporaban al ejército a los diecisiete años: b) que
to francés de mediados del siglo xvn, que a la sazón era el el servicio tenía la misma duración para todos; e) que la
más grande de Europa, pero con la diferencia de que la po­ tasa de mortalidad entre los soldados era la misma que en·
blación de Franela superaba los 20 millones de personas, es tre los civiles y d) que la expectativa media de vida estaba
decir, era casi el uiple que la población de la 1talia romana." aproximadamente a mitad de camino entre el máximo y el
Pero hacia el final de la República se advierte más clara­ mínimo que se encuentra en las poblaciones preindustriales
mente el carácter guerrero del Estado romano. El Imperio (<'. = 25}... -e_, probable que ninguna de las tres primera, hi·
sólo pudo conquistarse gracias a la participación masiva de pótesis sea correcta; pero en la medida en que la mortali·
las clases más bajas en la guerra, participación que era como dad fuera entre los soldados mayor que en la población civil,
la imagen especular del militarismo de la élite. Comprende- o en que los reclutas se n i corporaran al ejército a una edad

46 47
CtADRO 1.1. El militarismo de Roma: cantidad de c/udactanos
que servlan como :.oldados en e.l ejército romano pOr dtcadas,
225-23 a.C.

a b e d
Tammio Proporci6n de
9
Fecltas a.C. Población de calculado soldados so- ·�
atlo centrtd ciudadcmos de/ ejtrcito bre ti total ·�

(casi todos calculadcl de ciudadanos de clmilulanos ·�


ll� w1 iuter wliO) (millares) (millares) (c/b) (%) ü
5
225 300 52 17
"'
213 260 75 29 o
203 235 óO 26 3
"'
193 266 53 20 ..

183 315 48 15 .,
o
173 314 44 14 "
163 383 33 9 �
"
153 374 30 8 ""

143 400 44 11 .3
"
133 381 37 10 u
123 476 ó.lé6 32 769 ""
113 476 6.lé6 34 769 "
-o
103 (400) so 13 ·o
...
93 (400) 52 13 o
P.
S3 (1.030) (143) 14 o
...
73 1.030 171 17 ""
63 1.030 1 20 12
53 (1.030) 121 12
43 1.480 240 16
33 1.600 205 16 40 50 60 80
23 1.800 156 9
l 'rOpQl'Ción de ciudadanos j óv enes , de
Not n : Lot dlculos de pnblaclón de Gi_ud adnno s (columna b) "U4n tOm ádOll de nnos de edad, en el ej �rcit o.
B nmt (1971), pp. 13·14, 5 4 U · y 11 7·118. Se b :S!tlll en as dff'flt
l r nll t l\proxl m adas
nso ro
de.l ce u.no, m$.$ el nllmero caJt:ulado deso f di\tloi clud a d:\ no• qu e sei'YCan
IJaracidn ele/ servicio de los jóvc11es en el ejército
n I:IGUR,\ 1.1.
t o • extran j eros. H e seguido a B runt y he al\n
en te rriori dldo u n 10 "t tx iJ'a a
:�.r la iofor tN
&te tot�tl J)A N eocnJ)C!Z'� n d el ceo�. Q \1
ció 0 et bJja. rnmano: algJmas cotJrdcmadas. NB: el 'I'Otumen medio del ej4rcito
Los rcpenlinos cambios e.n las cUra$ r�uicren nrlicaclótt. l.ot cambios eo m 225·23 a.C. era Igual a 1111 1H � del total de cit<dadanos maseu·
213 y JIJ a.C. 10 debieron c.n gran parte i1l J;� �rdlda d� derecho• do cludadanfa lbto.< adttllos.
y a su rt�CUpti"'CSóo por p:arte de 3UOO campanian()s. Rn ll y en .t) 1 C. reO�t,lan
ta adquhic56n de 1.- ciU<la<bnla por lo$ italianos aliados y k>t cb&lpinos. Las
dfras ct. UJ a.C. eo adclante .son menos se¡:uras dtbfdo a la dUkuUad de in­
cerrreudón qut prc.KDta1'1 Jos datos de los censos. tla�ta. el U a.C. oo he ¡n.
dLXi4o a 1o1 Italianos que ,;,-!u en teniiOI'ios de ultramar, porque é-s1os no
• "" año d�1t"nn!n.�do. lle kJo tús lejos: q..: Dnwl ..t m1.ttdplkar rl n\11"1'1(ro de
pmu.bao &tf'Yk:lo en d ejád&o l'(ICrWlO en c.acdcbd suftdc1'1le, A pa.rtJr de es��
lqlon« tn U'l'\ido por IU hxru toórict.. esto. es, 5.500 cksdc 161 hana 101 a.C.
fecha los he lnc.luldo y pua dlo be sepldo b.s c-.ifraJ qu.e d.A 8NJit al respec1o; Y. f-� � e� � 107. lnt lu td'OI"'fttaS de Afarlo, huta 91 s.C. En la.t awrn.s d·
,JUkron, r'Oi� que SC formaroa ru.:\.s Je¡ior:r-s d� l.n Qll(' U' podl:\0
unos 150.000 e:n 43 a.C. y unos ns.ooo en lJ a.C. I.as cifn.s cntrt: p&Kntcsi.s 500 \l
k S que· SI
pertreeh:;\r, Y psra cornpcnur e.sta dn=unsta.r.tb be mullipUeado l6lo por S.SCO
a\in r:'l)eOI)t aquru que 1u otras.
Los dltuk» del t.a.rllaDo del c;trci t o (columna e) 1ambWt1 escb � en. �:cccpto donde Dnuu di d(rn$ e'"p,lkitas. El ui.'U'Setl � error r-� Kr muy ann:
Brunt (1971), pp. 44, 404. ••s. •.N. 432:449 y 501..SIO. En1:ro 195 y S9 aC., Jos datos de!, �ro proWbl�to DO lAtlto como para altcn.r materia!mtnte Lu cltru por·
que 10 dan son mccUat para b d&ada (193-1!9, 188-19, etc.); lo' otros COC'rt:$ponden cenhule.$ cJ.e l;t eolumn.a 4.

49
·18
significativamente superior a los d iecisiete m1os, en esa me·
dida la carga del servicio habria sido más pesada nún de sechas y �lotaron el gauado. Además, mucho
. s soldados roma­
lo que parece. Por otra parte, si la población de ciudadanos nos e Italianos fuerou muertos o mutilados
. en el campo de
-o el sector de esta población que llevaba armas- era batalla. Más g•·n,·es aun fueron las consec
uencia� indirectas
cuant itativamente subesimada
t y las legiones, en cambio, sis· d� .
la gucna, tanto económicas como políticas.
J.::1 scn·icio
temáticamentc subguaroecidas, la carga era más ligera de lo mlhtar, qu� la mayoría de las 1·eces
superaba los cien mil
que parece. El cuadro 1./ y la figura /.3 podrían utlliu.rse romanos/ltalia o> a lo argol de los dos últimos siglos de la

para ilustrar sólo los límites de la probabilidad y burdos ó1·· República, equ1va1Ia a una importante
emigración campes).
denes de magn itud. na." En pm·te se reemplazó a los campe
sinos ausen1es con
Dicho esto, las conclusiones parecen sorprendentes. Un esclaiiOS. Esta •emigración• de soldados
fue uno de los fac.
ejército que llegaba al 1 3 % de todos los ciudadanos (la me· tares que PCI'mitieron y hasta alentaron la
formación de gran·
dia de los últimos dos siglos) podía levantarse con In Jncor· des estados. O �len, visto de otro modo
, la paupcrización de
pot-ación por ci11o
c años del 8 4 % de los jóvenes de diecisiete muchos campesinos por una parte y, por
otra, el Incremento
años, o bien con el 60 % dLu-ante siete años, o bien con el 44 % de la pmcl<�ctividud de la fuel7..a de trabaj
o, tocio lo cual se
dut-ante diez atlos, o bien con el 2 8 % durante dieciséis años. unta a las uwovncloncs del agro y a las
economías en gran
(La can1!dad de muchachos de diecisiete aüos -dado escala de los grandes fundos, constituyeron
. las dos caras ele
e. = 25- era de alrededor del 3 % de la población adulta una �1sma moneda. Como en la revolución
agrfcola inglesa
masculina; disminuyó lentamente año tras afio.) Tanto Jos del s1glo xvnr.
datos cnlllicaúos como las meras impresiones acerca del en· Considerables rucron las repercusiones
políl.icns que tuvo
rolamiento militar a comienws del siglo II a.C. sugieren que la t1·ansferencla de In carga del servicio militar
prolongado
e l servicio ocupaba claramente las regiones más bajas de d� los ca"!peslnos propietarios a los pobres
y a los despro·
este espectro. Hacia el fmal de la República, el ser\'icio se V1st s de t1e1·rn. F.n un plazo medio esta
' . circunstancia ayudó
habla vuelto significativamente más prolongado. Esto tiene <: .
a ahv1ar la 1mpopulandad del servici o militar entre los elec.
implicaciones ine,�tables. Si los datos acerca del tamaño del tares campesinos; puesto que ejérc itos tan ¡rrandcs no >e
ejército y de la población de ciudadanos no distan demasía· podían formar e.xclu•i\amente con volun
tarios, a menudo
do de ser correctos, entonces una gran proporción -digamos los romanos utilizaron también la persua
sión y la fuerza.
más de In mitad- de los ciudadanos romanos debieron preS· Nuestras fuentes muestran que las levas
militares constltufan
tar servicio regular en el ejército durante siete nilos a co­ una causa permanente de perturbación.
_ En el año 152 a.C.
mienzos del siglo u a.C. Durante el reinado de Augusto se por ejemplo, las quejas por injusticias induje
ron a los eón:
profesionalizó al cjé1·cito, pero la prolongación del servicio a sules a clectunr el r�clutumiento por sorteo
. ; en una ocasión.
un promedio de veinte años siguió obligando a enrolar aprC>­ 9ucjM del m1�mo t1po llevaron a los tribunos ele!
pueblo a
x imadamcn tc a una quinta parre de los ciudadanos de dlcci· •�poner multas y pl'isión a los cónsules.
Dado que el brazo
siete ailos do edad. Entre los estados preindustrlales, por lo eJ�cmivo del goblemo romano era demas
iado débil para dis·
que yo sé, sólo la Prusia de Federico Guillcl·mo J y Federico tnbmr 1� carga con equidad. era evidente la conven
iencia de
el Grande y la Francia napoleónica, y por cortos pedodos, transfenr la ca1118 del servicio militar a una
cantidad menor
realizaron esfuerzo militar tan sólido.'' de; �ente reclutada en e.�peciai entre los
pollticamente más
En resumen, las guerras continuas eran en gran parte con· deb1les y los que menos ataduras tenían a la
tierra," nque·
secuencia de las ambiciones competitivas de una élite milita· llos que, rcchau.dos por la pobreza, se sentía
n atraídos en
rista apoyada en una elevada tasa de reclutamiento de cam· camb1o por la paga del ejército y la perspectiva
del botín.
pcsinos. Las guerras afectaron directamente a la tierra y a . La soluc1.ón al P �lem a
':" . . del reclutamiento tenía su prc·
la fuen.a de trabajo italianas tanto por destrucción como por co. Al final del serv c•o rru litar, los soldados sin tierra nece­
� !
muerte. Los Invasores e,;tranjeros, los esclavos rebeldes y los Sitaban medios de ''lda. Esto, en la n i diferenciada economía
italianos Insurgentes saquearon las granjas, arrasaron las co- roma"?a slgníñcaba tierra. Cuando el poder
de los soldados
se umó a la ambición polltica de u n general afortunado,
hubo
so
51
5. EL PRODUCTO DE LA GUERRA
un ejército en condiciones de darle la ticn·a que aquél am·
bicionaba. s� dice que, después de su marcha triunfal sobre l.a consecuencia má• importante de lo guerra continua
Roma en 82 a.C., Siln restableció veintitr·ós legiones, rcduci· fue el Imperio. su adrnittistracíón implicó el progreso de la
<.las por las pérdidas de la guerra La1 vez a 80 ó 100.000 hom ­ . .
capoc1dad prof�s•?na l de la élite romana; por ejemplo, lO$
bros, en tierras italianas que habían qucclndo libes r gracias
abogados especrahzudos se difeenciaronr de los sacerdotes,
u la confiscación de ciudades que se le habían opuesto."
los soldados de los campesinos, los mo¡·stms de los padres
Otros generales políticos, como Pompeyo, Julio César y Au­ Y los rccaudador.s de impuestos de los generales dedicados al
gusto, llevaron a cabo análogas políticas de recolonización. pillaje Al principio, cotos progresos se pn�aron con el botín
.

El número de soldados que fueron restablecidos en Italia Y las indemnizaciones de guerra, y eventualmente con los
-tal ve¿ un cuar·to de millón entre 80 y 25 a.C.- era, con i '!'puestos que se _exii!IRn a los vencidos. Los n
i gresos prove.
lodo ana proporción notablemente pequeña del total
,
de la
ment<s del lmpeno h1cleron posible el •despegue• de la cx­
fuerza de trabajo. Poro la mayor parte de ItaUa estaba dema­
pnnsi6n política y In finnociación de gucrTas ulteriores. En la
siado densamente poblada como para permítir la l'ácil asi­ medida en que el Jlllporio se esl'ablecfa COI'r mavol· firmeza
milación de un !'CponLino flujo de gran cantidad de nuevos dlsminufa la proporción de Jos inf!I'CSOS ucJ gobierno pro:
colonos. El roasentamiento de ex soldados llevó casi siempre, �·e•11enrcs del bolín, .se I'Cemplazaron los indcmnizacione� por
por· tanto, a la expulsión de Jos arrendatarios o campesinos
r�prestos y se susttllr)·eron los generales victol'iosos por ad­
existentes. Del mismo modo que el plan de los Gracos para �
?'rmstradores romanos. En ,·erdad, el pnso del botín a lo�
garantizar la pequeña propiedad de la tierra, este reasenta­ •mp�rc�tos fue un n�pr cto
. importante en el llt'OCCSO de esta­
miento de ex soldados se oponía a la tendencia a formar blecrmtento del Impetlo. Los in!!:reso� del P.stado quedaron
grandes fundos. Pero no había manern posible de detener el asc�urados. A comicnlos del siglo rr a.C.. según Jos cálculo�
proceso por el cual los pequeños propietarios se convcrtlan t\Pl'Oxi�ativos de Frank, alrededor de lns 1rrs cunrtas parte�
en víctimas de tales presiones econórnlcas o polít icas, de de los rng•·esos del P.<tndo romano pmvc11fan del extranjero.
modo que no tardarían en ser expulsados también ellos. Bt
A mediados del sirllo 1 n.C.. los ingresos drl P.<J·ado hablan
reasentarniento de e� soldados en Italia sólo parece haber·
OlrtJJentadO caSi seis l'<'�rS SObJ'C SU Ji\'Cl anterior, V casi tOdO
reemplazado a un gr'Upo de pequeños propietarios por otros, r
venrn del extraniem... Como en Otros impct'los m-eiodustr ia­
lúw muy poco por cambiar el esquema predominante de tC· lcs prósperos, los pmductos de la victoria •e distriburan' si
neneia de la tierra )' aportó una significatil'a contribución a .
birn con r'r•ta desi¡rualdnd, entre los coll"tuistndores
i
lo ne,tabitidad. Las consecuencias polltlcas a Jar:go plazo del
Los soldP.dos estaban entre los primer"� hcneficiados. Al
puso de un ejército de campesinos a un ejército profesional
¡
final de la merra, Cncral en iefe solía cntrcl!ar a los sol­
el J!
ftwrnn graves. La gradual desmilitarización de los pequeños
dados unn nnrte del boH11 e11 metálico. 1\ comienzos del �i-
pmpictarios agrícolas socavó la amplia base tradicional de lu
1<'10 n a.C.. estas recompensas eran rnny modcst�s: de Pl'O·
constitución repuhlicmw. Los campc�inos que eran pequel,OS
medio ::n.,Pnns aJcnn7'lbC\ O'lra aHmentnr l\ un� f:unilia du·
propietarios se vieron aliviados de la pesada carga del servi­
rant� tres meses. A mediados del siolo T n.C' �n los dos ca­
cio militar al precio de -por decirlo con cierta d ramatici­
!10� csoeci�lmente pródii!OS de que tenemos conocimiento la
dad- su libenad poUtica. Entre la Repúblíca y el Prineipa·
participación de los <oldndos rasos en el b<>Hn ear suficie�tc
do, el ejército dejó de ser una e xpresión de poder de la clu·
como para compra•· In �Omida de varios nllo• llAra toda unn
dadanía para conver·tirse en instnuncn to de control. Los ciu·
familia, o bien una mod�<ta p:rrcela de tierra." No sabemos
dadanos se volvie•·on súbclitos del cmperndor.
cuá11t0 era el botín q11� los soldado� consca:u!an ll�var con­
siao. pero los jefe� mmnnos a menudo dchfan permitir a <r"
�oJdnC'los Que ort'clicr:w:'IJl el niJhie: A \'f'cc..; loco:: soJdrtdos sa­
queaban sin órdenes unrJ ciudad capturndn."
Pero no sólo los soldados se beneficiaban. En 167 a.C , .

53
52
como resultado de la captura de un botín excepcionalmente la tierra, que los deos aspiraban a ocupar. Es fácil compren­
grande en Grecia, se abolieron los impuestos que recalan der la furia de los lideres conservadores cuando, ocasional.
sobre las tierras italianas en posesión de ciudadanos roma· mente, los soldados regresaban en maa s y, con la protección
nos. Salvo duronte la crisis de finales de la República, el im· de su< generales, solicitaban tierra en Italia para estable·
puesto sobre la tierra no se volvió a establecer en Italia. cerse.
�ste e� uno de los factores que explican el elevado precio de Pero sobre todo los ingresos provenientes del Imperio
la tietTa en Italia, puesto que, en las mismas condiciones, la iban a parar a las bolsas de los privilegiados. llsla era una
venta poclln igualar a la suma de la renta y el impuesto sobre de las mayores ventajas de ser pr ivilegiado, es decir, era
la tien·a de las provincias. Lma señal de elevado status y a la vez un modo de refor.
A medida que los beneficios del Imperio subían, las dís· zal'lo. A lo largo del siglo H a.C. los ricos se hicieron todnvla
trihucioncs al cuerpo de los ciudadanos se volvlan más pró· más ricos, y en el siglo 1 a.C., el proceso se aceleró. LCJs ricos
digas. En parte, el pago era indirecto y simbólico. Se organi· haclan ostentación p(lblica de su riqueza y l a magnitud de
zaban juegos públicos para festejar las victorias; una de sus las posesiones o de las deudas personales se couvlrlió en
funciones ora refor1.ar el orgullo popular por los éxitos del asunto de dominio póblico. Los nobles más ricos adqulrie·
ejército. En 123 a.C., un popular tribuno del pueblo habla ron fortunas pdvaci<Ls que igualaban los ingresos de esta·
conseguido hacer aprobar una ley por la cunl Jos ciudadanos dos pequellos y podían sostener por sí mismos ejércitos pri ·

que vivfnn en la ciudad de Roma reciblan trigo a precio sub· vados y practicar la beneficencia masiva. Un hombre, M. Li.
sidiado. 1\ partir del año 58 a.C., el trigo se distribuyó gra· cinio Craso, quc tenia reputación de ser el más l'ico en su
tuitamcnte v la cantidad de beneficia rios oscilaba ni parece•· momento, en tregó a los ciudadanos romanos que vlvlan en
entt·e 150.00o y 320.000 personas. De esta manera, una im· Roma tl'lgo suficiente para sobrevivir tres meses, con la espe­
portante minorfa de los ciudadanos romanos, que a veces llc· ranza de mantener su popularidad polltica mientras se ha·
gaba a In cua11a parte del total, recibía una participación di· Uaba en el extranjero en busca de gloria militar. La fortuna
recta de los beneficios del Imperio. Después del al\o 58 a.C., de Craso se elevó a alrededor de 192 millones de sestercios, lo
el coste de la distribución gratuita de trigo era equivalente que alcanzaba para alimentar a 400.000 familias durante un
a un sexto de los ingresos del Estado como máximo, míen· allo. Un contemporáneo eminente calculaba que se necesita·
tra< que cadn beneficiario recibía alrededor de dos quintos ban 100.000 sestercios anuales para vivir cómodamente y
del mlnimo necesario para la subsistencia de una familia; 600.000 pat'll vivir bien, ingresos que eran aproximadamente
el reparto de trí¡¡o era una ayuda para los pobres, pero no equivalentes a doscientas y mil doscientas veces, respec tiva·
les eximia de trabaj ar." La utilización de los rceursns del mente, el nivel de subsistencia mínimo de una familia.u
l'.stado como subsidio para los electores pobres tuvo val'ias Como resultado de este aumento de riqueza se ncentuat·on
consecuencias inesperadas y tal vez inadvct·tldns. En efecto, las diferencias tanto de riqueza como de modo de vidn entre
estimuló unn ulterior migración de campesinos u Roma, fue ricos y pobres. La posición de los más pobre s, es decir, el pt'O·
uno de los factores que hiciemn posible el gi¡;untesco creci­ letariado urbano y l os trabajadores sin tierra, surt·ló un grave
miento de l a ciudad de Roma y. para los ricos, mantuvo en detel'ioro tanto en términos absolutos como en •·elación con
un nivel bajo el coste de la mano de obra libre en In ciudad los ricos. Al mismo tiempo, los seclot·cs de la población aje.
de Roma. Además, como sostengo más adelante, contribuyó a nos a la élite tradicional también obtenlan ventajas del lm·
mantener el mercado de alimentos que se producla en los perlo. E sto es lo que yo entiendo que ocurrió, pero resulta
fundos de los ricos. Un último aspecto a destacar t� que la difícil de probar documentalmente; los escritores elitistas no
mayor parte de los ingresos oficiales provenientes del Impe­ anal izaron la creciente diferenciación al margen de la éUte.
rio se dedicaron a la financiaci6n de nuevas guerras. Habla Tal vez se encuentre un síntoma de este desarrollo en el
que pagar y mantener las tropas italianas. En efecto, el go­ botln que se distribuía a los soldados. Ya hemos visto que
bie.-no romano proporcionaba empleo alternativo a los com· en los comien1.os del periodo de expansión imperial, los su·
pe�inos italianos; se les pagaba para mantenerlos alejados de mas que lo, generales daban a los soldados eran muy pe·

54 55
queño<; al fino! del período, en cambio, al menos en las dos las demandas de los provincianos por extorsión llega!. En el
ocasiones conocid�s. fue muy grande. En el p1ime•· período mejor de los cJsos, el tribunal daba a éstos una oportunidad
(circn 200 a.C.), por lo general, Jos centuriones '<)lo 1'\.'Ciblnn de rccupcraJ' una pequeña parte de sus pérdidas y, por si
el doble del botln ordinario de los o s ldados; en el siglo 1 a.C., servla para algo. de castigar a los gobernadores que les ha­
en c:.mbio, los centuriones recibieron en mm ocasión veinte blan o¡>limido, En el peor de los casos, el tribunal estaba
\'eees más q· •e los soldados rasos (Plutarco, Pnmpeyo. 33) y, corrompido por tns intrigas y luchas pollticas intestinas de
hacia finalc' de In República, la paga rcj!ular a lo• centurio­ Roma. PCI'o tal vez su función más importante, su conse­
nes r.,e ti au(ntuplo que la de los soldado< ra<os (Apiano, cuencia inesperado. fuera simplemente la de estnblccez· una
Guerras cil•ilcs, 4.100). Al n.nal del reinado de Augusto, debió convención acerca del nivel de exacción que debla condo·
ser diccisóis o dicci!>icce veces mayor.� Algunos soldados re· narlojc,
ciblan du�lc paga (duplicarii), pero "' posición en In escala Hasta un ¡¡obcrnador bien intencionado como Cicerón se
jerárquico cstJ muy por deoajo ele la ele un centurión. En vio Hml tado por sus obligaciones para con otros senadores
el otro cxtn•mo de la escala vale la pena clcstnca•· que los v publicano�. así como por las expectativas ele �stos sobre
oficiales smlorcs de Pompeyo -los cuestores- rccihiun apa­ la base de lo que los gobernadores anleriores habían per·
ren tcmrnle quinientas veces más que los soldados rasos milido. Cic�rón, que en 51·50 a.C. gobernaba Cilicio -n la
(FSAR, vol. l . 325). El cuadro que obtenemos de todos estos sazón In pnrl� sur v oriental de Turquía. incluida Chipre-.
ejemplos es ••1 de una creciente diferenciación dentro del ejér­ se erivió en moMio de probidad. Limitó el númc•·o de sus
cito. Esto rcnejaba en parte la propia p•·ofcslonnli7nción y propios avudante� pero necesitó del apoyo político de sus
burocrali?ación Cl't>ciento del ejército, pero tambi�n refleja­ :tmiPoc: <fp Romn pnrn tv')der resistir C'On éxito In� J')I"C�ion("S
ba, pienso, In creciente estratificación de la sociedad civil. <-1t• éstoc;. Por ejemplo. �,, encontró con oue la� ciudades de
Para los nobles, In fuente principal de nuems rlque-tas era Chh,rc hnblan pagado al ¡tobemador anterior 4,8 millones
el gobierno de lns pro\'incius-'5 E n los orlg�n�• de la admi­ de sestercio� -lo suficiente para alimentar 10.000 familias
nistrAción nt'O\'incial, durante la conqui�tn, �e alteró este es­ clunnt<'
r u n Ail<>- a fin de e\•itar la instalación de gu:wnicin­
tilo. Lo mismo que el ej�rcito romano. la ndmini<tración pro­ ne< de <nldacto• "" su ten-itorio. Esto era tan sóiÓ un I'Cil·
vincial em controlada por aficionados de elevado ran�o so­ gJón en los beneficios del gobemador. Cicerón se abstenía
cial. quienes consen·aban el cargo sólo durante periodos bre­ o<tPn<ihlemrn•e ele estas extorsiones. En ''erdad. dCI'Oh ió al
\'es v en él velan una oportunidad de realizar su Slllltts v ol>­ lC<oro un millón de sestercios de su asignación para disg\IS­
tcne•· hcncñcios. La importancia del botln de guerm dismi· lo de <u� nvudantc<, ouienes esperaban que distribuvera esa
nuyó. aun cuando el saqueo que efectuaban Jos ejércitos y (''111firln<1 Pntrv• ellos. Aun a._í, Cicerón no-; cucn1n qu<.' IOJll'Ó
oficinle• de Sila, Pompe�-o y Julio C6sar conslituye•·an nota· reunir 2 2 millones ele sestercios. probahlen1cntc utill�nndo
bies excepciones. Mienl'r�s. los aristócratas romanos hacían norn ello �1 d inero ouc se le había en tregado pm·n el 111nn1e.
díncm con 1� wpervisión de los impucslos y In ndmi nis t•-a· nim icnto de Jo� <old1-1dos destinados a su provi11du. /1 lo !1u·.
ción de iu<ticia. En el si glo 1 a.C., un gobemndor de provin­ <'O el<- su I!Obicrno. Cicerón se ocupó de rc¡tular la percep.
cin nrudcnte v moderado podía obtener, con In pcrmnncncia ríóo de deudas \'9 PI'C\'iamente contJ·atdas por los hobltant·�s
de un ollo en el cargo, beneficio suficiente como para 3Se­ dA lo< 111'0\'lncias -v nor el rev de u n principndo \'Ccino- -v
¡lurnr n su familia una vida dispendiosn dumntc gcncracio­ n11c lo< intcrc<e< hal>hn abultado considerablemente. Su,
ne,_ Mucho• rrobernadores v sus avudantes velan en una Rira rn1#'0tf'\� rl�'- Rom:'\ le prc�iooaron para QUC nombrat·a a f\US
·
por nrovlncia< lo oportunidad de bacer fortuna. o bien de o��.,tr< ele ntrncio• en calidad de funcionario< (Pr<'fcrto<\ o
l'e<tnb!e<'erlo si é<L, se habla debilitndo a cau<n de los gas. n�•··" no(" en,·f•u¡t lrof):l-; a fin de aoova1· c-on <'lln< .;uc: dCill:'lll·
tos rt>nll7ados narn a•eeurarsc la elección. La ma�nitud de rf,.c: tt- O"''cPn, P="rt!l"P ouP mucha$ vftces. otro"' roh<'mndore.c: hi·
la ��nlotnción romana de las provincias se rcOcia en el h�­ r:Prnn lo mi.,.mn 'ln h••ía u mucho tiempo, el reon ...c:<'ntt'\ntc de
cho de que el primer tribunal judicial permanente que se e•­ 11n <eMclm· noble habla encerrado a al<tt�nos consejeros en
tableció en Roma se creó -en 149 a.C.- para entender en la sede del Consejo en un intento de fort.ar el pago de una

56 57
deuda acrecentada por una elevada tasa de interés, y no los Vale la pena insistir en que el hábito de utilizar los car­
liberó hasta que cinco de ellos murieron de inonición.'" La gos públicos para obtener beneficios privados se adop tó en el
exacción de tales deudas e�tendió las oportunidades de en· sistema romano de administración provincial. En cierta me·
riquecimiento en las provincias más allá de los límites pre­ dida, por supuesto, la corrupción -que abiertamente se re·
vistos por el sistema romano de gobierno. pudiaba, pero que se perdonaba- ha sido y sigue siendo el
Probablemente la mayor parte de los administradores ro­ sello distintivo de la aclminisu·ación burocrática." La• exccr·
manos fue menos insensible. Con tocio, hay suficientes nntTO· �iones son pocas y notables. No pienso con esto en la incn·
ciones de la t.ltima etapa de In República que indican la es. pacidnd rutinaria de una administración central para con·
cala en que se transferla11 n Romn los tesoros acumulados trolar el ngr
i eso de sus funcionados, más bien pienso en
de las provincias conquistadas, así como insinua ciones acet·· los m6todos que los romanos fueron los p rimeros en o.dop·
ca de los métodos que se utili•.aban para apoderarse de ellos. t.ar poro asegurar los ingt-eso� provenientes de un Imperio
.
En efecto, la mayoría de los gobernadores romanos y sus en rápida expan sión. Lo mismo que en muchos otros unpe.
ayudantes podían hacer uso arbitrario de su poder, sin te­ rios pt·eindustriales. era común que el gobierno rornano v�n·
mor a rep t-esalias, en busca de beneficios o de placer. Perml­ .
diero a individuos que no penenecfan a la admmtstrnctón
taseme un ejemplo que, me temo, pro,�ene de una fuente no (publieanos). l!sta había sido durante mucho tiempo la ma·
del todo imparcial. Se trata del discurso de un fiscal (Cice­ ncra de t-ecaudar en Italia los derechos sobre las tierras Y
rón, Co11tra Verres, 2.1.64 y .<s.) contra un gobcrnadot· en un los edificios del Estado, así como ¡>or la concesión de con­
juicio por extorsión en el olio 70 a.C. Describe un episodio tratos de Estado, y habla sido una pt"áctica común en los
loj0110 de su carrera pot· el cuul no fue nunca procesado; es t"e.inos gt·icgos del Mediterráneo oriental. que los romano�
probable que el fiscal lo prcscntara de la peor manct·n po�i· asimiluron. Puesto que en Romn no era costumbre emplent·
ble Sin embargo, parece revelador. En calidad de ayudnntc a -.ueldo hombres de alto nivel social durante un tiempo pro­
.
del gobernador (legatus), Verrcs habla estado acuartelado en longado, ni en la esfera pública 11i en la privada, no se dis­
u na pequeña ciudad de la actual Turquía occidental; codició ponía fácilmente de una alternativa eficaz para la recauda­
a la hija de un ciudadano Importante; este ciudadnno dio ción de impuestos. ¿De qué otra manera los romanos po­
una fiesta en honor de Verres, durante la cual éste ordenó dlan haber recaudado impuestos de sus provin cias con re·
cerrar las puertas y pidió que le llevaran la muchacha. Hubo gulal"idad? En verdad. en diferentes partes del Imperio (por
entonces una batalla entre los esclavos de la casa y los ele ejemplo en Sicilia y en Asia) se conocían y se utiliwbon
Ven·es, en la cual fue muerto uno de los oficiales de la gunr· otras variantes de la recaudación de impuestos. Sin embarRO,
dia de éste. A la mañana siguiente, el pueblo de la ciudad, estas voriaciones no interesaban al P.stado romano ni a lo•
que habla tomado partido a favor del ciudadano ofendido. se contrlbuvcntcs de las provincias como el control que ejercían
.
reunió pura tirar abajo la puerta de la casa en que se hos­ los magis t rados romanos sobt·e los publicanos.
pedaba Vcrrcs. pero un grupo de ciudadanos romanos que Para el gobierno romano. In •·ccaudnción de impuestos 11
vlvla en la ciudad les disuadió de su intención de castigarlo. través de lo• publicanos tenía variM v€ntajas. Una vez su·
Verrcs escapó, pero en seguida inició un proce.<o judicial bastada� las concesiones de recaudación de impuesto�. el 110·
contra el padre de la chica por la muerte de su guardia . Se bierno cobraba al contado por ndelantado. probablemente
aseguró el resultado del proceso al conseguir que t'l jurado con la tierra italiana como garantla de pagos ulteriores v
estuviera formado por ciudadanos romanos a quienes aque­ regulares.>' Como las conccsione' se hacían . por lo regul(lr,
llos provincianos debían dinero y a quienes les venia muy por el término de cinco años, el gobierno aseguraba su in.
bien la ayuda de Verrcs para pagar sus deudas. F.n efecto, grcso y podía comprometerse en gastos. tales como una guc·
el querellante era tarnbi6n prestamista. El padre no pudo rra en el extranjero que podía prolongarse durante varios
cnco ntmr a nadie que quislcm defenderle y arriesgarse a una afias. 1\1 vender el derecho ele percibir impuestos el gobierno
cncmlstacl con el gobcenador. Se le declaró culpable y fue 11-nnsfct·la su propio riesgo a los publkanos y a sus p,ornn·
ejecutado. ¡He aqui la justicia t·omana! tes. Uno de los riesgos pl"incipalos era el de una mala ro·

58 59
sccha, y a menudo las cosechas eran malas. Podía ocurrir dito> recientemente conquistados, si es que podfn prestar
que b gcmc de las provincias no estuviera en condiciones alguno, e•a cx1remadamcnte limitaao. D.urautc el principa·
d<! paga•· la totalidad de sus impuestos, o que, si el impuesto do, un cuerpo de funcionanos asatanados >urgio de la propm
consistía en una proporción fija de la cosecha, fuero menor tanuha del emperador. l:.st-: cuerpo estaba lormado pt-cdo­
que la cnnt idnd que el publicano habla pagado por la conce· minamcmcnte por C>Clavos y encabezado pot· liberto� y unos
sión ,. su administmción. Es muy probable que e�tos bajones pocos caballero:.!' :>u establecimiento acarreó una muerte
hayan ocu•·rido efectivamente y sabemos de dos ocasiones tcnta a la insutuciou de los publicanos, mientras que lo limi·
en que lo, publicanos pidieron al Senado romano que les en· Lado de sus dimensiones arroja luz sobre la pobre1.a de la
vinm parte del precio convenido en la subasta.» administración provinctal durante la República. En segundo
Pct·o e>te si,tema de recaudación de impueMOS también lugar, el ¡;;obictno republicano contaba con un presupuesto
tenia desventaja• para el Estado. La confabulación entre Jos reducido; la conllanza que deposi taba en el sistema de pu·
licilnntcs en lns subastas impedía al Estado lograr el mejor blicanos tenfu como consecuencia la posib ilidad, para Jos
precio. Aun cu"ndo las ofertas de los publicanos fueran oltns, hombres de !ortunn, de alzarse con inmensas sumas de dinc·
em más prob¡•blc que exigieran impuestos especiales n las ro en efectivo con más tadlidad y estar en mejores concli·

gentes de las .,,.ovincias � no que sufríc1-an pérdidas. El pro. clones que el gobie1 no para distribui•· Jos riesgos a lo largo
bh·mu principal, Lai como ya se ha sugerido, consistla en que de un periodo de val'ios años. Esto nos da un índice de la
la eficacia de este sistem" como instrumento de buen gobier· proporción generalmente baja de producto bruto que se ex·
no dCIX'IIdln de la eficacia de la supervisión de los publica· trafa de las provincias mediante el impuesto durante lus ¡Jri·
nos. en una sociedad pequeña. los contribuyentes podlan ha· meras fases de la conquista imperial de ullramar y nos SU·
cer sentir r:lpidamcntc su malestar por los abu,os comcti· giere que durante este temprano pctlodo del Imperio era
do'; en una monarqula, el rey o el empet·ador tiene interés mayor la proporción de los beneficios que se obtenlan en las
en pre,c!'\·ar la t'apacidad contributh•a de sus súbditos y no provincias y que iban a pamr a manos privadas.
tiene ningún interés especial en el enriquecimiento de los Una de las funciones más importantes de la recaudación
rccaudadotc' de impuestos. Pero en el temprano v oliaár· de impuestos por publicanos era permitir una participación
quico Imperio Romano (200·31 a.C.). In gente de las pro,·incias en los beneficios del lmJJ.'rio a Jos hombres pró>pcros que no
enreda CMi compleLmnente de poder v estaba a cientos de eran senadores y Ufl c�p�cial a caballeros. En efecto, no ha·
.
milla,, n meses de dhtancia del centro del poclct·. Los gober· bia otrn vía para ello. Polibio (6.17), que escribía a medindos
nadores, que 1enf:.m la misión de supcrvl•nr n los publicanos. del siglo 11 a.C., afirmaba, no sin ciel'ta exageración, que en
rermnm•cfnn po1· lo común sólo un at1o en el car110 y ern muy Italia «Casi todo el mundo• pm·ecía estar implicado en algún
escaso el conocimiento que tenían de los ¡woblcmas e<pedfl· tipo de contrato público. Además, este sistema suministraba
co� de lt1 provincia n la que habían sido enviados y cateofnn el marco finuncicro C)Ui;: apuntaló el desarrollo de la .tercera
de pCl'sonal capacitndo permanente con cuvn cxoef.iencia pu4 fuerza. polftica (Pllnlo, Historia natural, 33.34), In do los cu.
clicrau contor. Tanto el gobernado¡· como el nublicano tenían ballcros, sobre los cuales YOiveremos en seguida. Por ólti·
romo inlcre< su¡wemo h�cer una fortuna privada. A menudo mo, ci sistema de publícunos contribuyó a Jnantcner In tmdi·
habl� di'PI11ns por la dh·isión de Jos despojo<. pero mi im. cional no profesionalidad de los nobles. Durante el siglo de
nt-esión es que la solución más frecuente al conflicto, en expansión que >iguió a la derrota de Cartago, las provincias
detrimento de la� gentes de las provinc ias, era el ncue-rdo (IO fueron gobernadas por un puñado de aristócratas y sus secua.
. ces, en,•iados cada ai\o por el Senado. Ln bre,·edad de la po·
1., d�pendencia respecto del sistema imrn><ilivn que
acabamos de dc,crib ir fue un síntoma de la debilidad dPI go­ sesión del cargo, lo C.'\Casa magnitud de la administración que
bierno central a lo latl!O de la Repúbl ica. En primer lu��1-. controlaban y su e'clusión de la percepción de Impuestos
el Senndo romnno enrecia de cuadros de administmdores pro­ contribuyeron en conjunto al mantenimiento de la olignrqufa,
,·incit'lc�.; de nivel medio v bajo que estu\'iernn b:�io su con­ que dependía de la limitación de los poderes de cualquier oris·
trol. En consecuencia, el sen·icio que podin prestar a sus súb- lócrata.

61
Teóricamente una buena admiuistración pro\•incia l depen­ Mucho es lo que se puede deducir fácilmente de este con·
dla de que se consen ar a el equilibrio entre los intereses an· flicto. en todos los conllictos pohtiCOS graves que hubo di!S·
tagónico� de Jos nobles, lo� publlcanos, los ciudadanos sol· pués, senadores y caballeros se vieron enfrentados. Los ca·
dado •• lO> electores ciudadano. y lo� Pl'O\'inCianos. m n i cre­ b!tlleros cr.m, antes que publicanos, simples terratenientes; el
mento de Jos beneficios que se podían obtener perturbaba el conflicto no era un conflicto de cla>e en ningún sentido ra­
equilibrio, agudizaba el connicto y convertla en un partido cional de la expresión. Tal vez el conu·ul de los jurados por
de Jútbol el ejercicio del control de la realización de ben.:fi­ los caballeros debe verse con más provecho como un método
cios. Al comienzo del siglo 11 a.C., el poder colectivo de la de reconocimiento de la ampliación de la él ite que se vera
oli¡¡Qt·quín e1·a lo suficientemente fuerte como para poner implicada en la obtención 'de beneficios de ·las l'tOvincins y
limites tanto a los gobernantes como a Jos publicanos, aun de la incorporación de esta élite ampliada al sistema político,
cuando fuera dentro de márgenes muy amplios. Incluso asl, a) mismo tic..-.mpo que se reservnba el monopolio ejecutivo a
sin embargo, se advierte una repugnancia de parte de Jos jue­ un senado compuesto sólo por trescientos miembros. Este
ces senatoriales a castigar a lo� .cnadores por faltas que co­ ·
punto do vista parece corrobora• se con la promoción de má•
metl an en perjuicio de simples pl'Ovincianos. A los goberna· de trescientos caballeros al Senado en el año 81 a.C.. que
dores convictos simplemente se l os sancionaba con el exUio fue otra tentativa de solución del mi�mo problema, que e\·itó
en ciudades aliadas a menos de 40 kilómetros de Roma." Lá un choque instituc ionalizado entre gntpos sociales de élite.
tolerancia en la patria tenía como consecuencia el abuso e n Dicho esto, agreguemos que en Roma hnbfa un manifiesto
el extranjero, problema que 110 escapaba al Senado, pero que interés por el sistema de ¡>ttbliel\llos, que se centraba en los
éste no quería o no podía hucc¡· nada por controlar efectiVa· caballeros ricos y politicamcn1c actil'os. Su acce�o a un mo­
mente. En una ocasión, en el año 167 a.C., se dio orden de nopolio temporal de los jurados que juzgaban a los goberna­
cerrar ciertas minas muy fructlferas en Grecia, con el funda. dores sena!<)riales por corrupción, debilitaba la capacidad de
mento de que su laboreo daba excesivas oportunidades de éstos para supervisar las actividades corruptas de los pu­
opresión a los publicanos romanos, y que entregarlas n con· blicanos. Lá notoria condena, en 92 a.C .. de Rutilio, un ino·
trati�tas locales no producirla mejores resultados . los publi· cente y activo gobernador, que gozaba de reputación de in.
canos, comentaba el hi storiador Tito Livio (45.18), o priva· corruptible, sólo constituyó u n caso e.•tt-emo, de importancia
ban de •us derechos al Estado o de su libertad a los provin· simbólica, como advertencia a Jos demás gobernadores parn
cianos. Pel'O era prácticamente imposible gobernar todo un que pusie1-an sus barbas en remojo. P.n la correspondencia de
imperio con esta táctica de avestruz. Cicerón desde su provincia y en folleto de su hermano (?)
En 123 a.C., los ct1rgos ele jueces en los tribunales que sobre las elecciones, podemos adl'ertir que los publicanos
procesaban a Jos gobernadores de provincia inculpados de constituían una fuerza que debfn tenerse en cucnta.64 •Pare·
extorsión quedaron limitados a los caballeros, a cuyas lilas ces querer saber cómo me las an·ei!IO con los publícanos. T.os
pertenecían los publicanos más ricos. Tanto los hist.ol'iado­ adoro, les hago concesiones, los halngo con adulaciones....
ros romanos como los modernos consideran esta limitación (Cicerón, Cartas a Atico, 6.1.6., véase nota 60.)
como un s!ntoma importante del conflicto de intereses exis­ El dominio de los tribunales de jurado• por Jos caball.::ros
tente entre senadores y caballeros, que constituye un t•mn durante más tle una generación confirmaba el poder y la ri·
capital en el pensamiento polftico durante el último siglo de queza de las compañías recaudadoras de impuestos. Lá com.
la República.61 No cabe duda de que la restricción de los pctcncia por los cargos, en aumento entre Jos aristócratas
cargos de jurados a los caballeros se realizó conscíentemente después de 81 a.C., aseguraba la continuación de Jo que �e
como un acto político ostentoso (Cayo Graco decía que había había convertido en tradición; los administradores senato­
arrojado ptulales al foro; Cicerón, Las T..eyes, 3.20), a la vez riales y los pubUcanos se ponían de acuerdo para hacerse
que como un ataque al Sonado y un foco de idenlificación ricos a expensas de la parle más débil, los hombres de las
¡>nra el estrato de los caballoros. Graco había dado dos cabe· provincias conquistadas.
zas al Estado (Varrón, frug. J14R). En •·csumen, mientras los gcne1'0ies y los g9bernadorcs 1
c. "'- t.. J"'...:. ..¡.. l, '-• • 1
1 o-t., ...." • (t � b .\ ��· \ · ·:t. '•63' 1
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ganaban balalla>, c..apturaban ciudades, cslablccínn impues. i de propiedad parecían
les normales pa.-n la transferenca
tos, 1-estringían gastos y administraban cjuslicia•, lo• caba· a la sazón má> importantes que los beneficios de las provln·
.
CJaS.
lleros romano> recogían impueslos y cargos administrativo>,
efectuaban minados préstamos a los provincianos -con ta· Es seguro que la proporción más impor1antc del boún,
sas de ni ten!s razonables -a fin de que é>tos pudieran pagar más que in\·ertirse, se gastaba. Pero tanto en un caso como
sus impuestos (cf. Plutarco, Lúculo, 7 y ss.) y en ca•o de en otro, el dinero pasaba a otras manos. El mismo dinero
falta de pago cancelaban el derecho a redimir las hipotecas. podía usarse para pagar a los acreedores, que con él po­
De es1a manera, <mire otras, los ciudadanos romanos se con· dían comprar ru·llculos suntuarios; éstos, a su vez, podían
virtieron en dueños de grandes fundos en provincias, > la comprar tierras a los campesinos, que utilizaban ese mismo
élite conquistadora de los romanos fue adquil'iendo una ri· dinero para compru ropa y alimento... El concep to de cefec·
queza proporcionada a su conquista de la cuenca del Medi· to multiplicador del dinero• se refiere precisamente a estas
tcrránco." consecuencias.
El alto coste de mantenimiento del status mecliatlle el
gasto suntuario y el enorme gasto que exigía )a necesidad de
asegurarse la elección para cargos públicos fueron factores
6. LA FORMACION DE GRANDES PUNDOS importantes que sirvieron de fundamento a la extracción
de beneficios de las provincias. Los nobles, en particula r en
Los beneficios del Imperio fueron el fae1or más impor· el siglo 1 a.C., no tenían inconveniente en contraer deudas,
tantc de In gradual edificación de la •·ique>a de la élitc ro­ pues comaban con pagarlas luego con Jo que obiuvieran da
mana. Una gran proporción de los beneficios que se ob1enían su cargo provincial." Pero a los partidarios habla que pagar­
en las p•·ovincias se invertían en tierras, y e•p.:cialmente en les, lo mismo que a los acreedores. En 61 a.C., Pompeyo
Italia. Puesto que las clases superiores romanas extraían probablemente entregara un millón de sestercios (equivalen·
de la tierra la mayor parte de sus ingresos, un aumento ge· te a aproximadamente 2.000 toneladas de trigo) a cada uno
neral de la l"iqueza debía verse necesariamente acompai'lado de sus lugartenientes. Se prodigaban sumas gigantescas en
la ostentación de prestigio: vajilla de plata, eslatuas de mllr·
por la rormnción de grandes fundos. Es1e estrecho vínculo
entre tt) beneficios imperiales. b) la creciente •·iqucta de la mol y otros objets d'art. Un índice del aumento de riquCla
élite y e) la rormación de enormes lalifundios, queda mu­ nos lo da el hecho de que la mejor casa de Roma en 78 a.C.,
chas veces •·clcgado a segundo plano por los proceso� m•ís una generación dcspu� no se considerara ni entre las cien
dramáticos que hemos analizado en la última sección, esto primeras de la ciudad (Piinio, Historia natural, 36.109). El
es, la violenta adquisición de fortunas en las provincias, su Senado trataba de pre.�ervar la tradicional simplicidad (y, e11
ostentoso despliegue en la ciudad de Roma y la manipula· consecuencia, de limitar la competencia entre estos l'lcos
ción de la libre Oolación del dinero circulante por pnrt'e de
arrivistes) mediante toda una sucesión de leyes que limita·
los financie•·os, como Craso y los publicanos ricos. Por cier­ han el consumo, por ej emplo, en fiestas y funerales." PcJ'O
to que In t•·ansferencia de dinero de las provincias y su in· fue inútil. Tanto los senadores como Jos caballeros que mar­
versión en tierra italiana fue un proceso gradual; 'u gradua. chaban a la cabeza de su estrato mantenían familias muy ex·
lidad puede haber contribuido a que fuera descuidado. Cual· tensas y complejas con cientos de esclavos, incluidos cocl·
quiera sea el ailo, o incluso la generación, el volumen de neros, escribas, bibliotecarios y médicos, que a la vez que
los beneficios que se extraían de las pro\'incias cr� menor constituían una sella! de su cultura, eran una exlravagancia
que el capital heredado; y una ve7 que los beneficios anuale• que enaltecía su status.
habían sido invertidos. pasaban también ellos a formar parte
Este gasto de los beneficios de las provincias en la ciudad
del capital común. Luego se distribuían segt\n los canales nor· de Roma nos interesa especialmente porque amplió considc·
males: dote y herencia, con el complemento de la bancarro­ rablemente el mercado de la p roduccón agrícola. Los nobles
i

mantenlan y alimentaban a esclavos, construían palacios, en·


ta y la confiscación. En todas las épocas, pues, estos cana-

64 65
cargaban servicio> y gastaban dinero, el cual, debido o. su que prestaban servicios por tiempo prolongado- y, por otro
erecto multiplicador. d�ba a mucha gente lo suficiente como lado, de tm proletariado urbano, quebró el equilibrio tradi­
para comprar comida. Sin esta expansión de la población y cional de poder y contribuyó al caos de las últimas décadas
del mercado urbanos, y sin una expansión semejante en de la República. Es interesante cómo se solucionó el conflic­
otras ciudades italianAs, la inversión en tierras para agricul· to por l a tierra, esto es, con la emigracl<ln de varios cen­
tum que realizaron los nobles en Italia habría sido comple­ tenares de miles de ciudadanos a las provincias, organizados
tamente inútil. por J ul io César y por Augusto, que alivió la presión de los
Lo mismo que la mayoría de las sociedades preindustria· pobres sobre la tierra italiana; y, complementariamente, el
les, la propiedad de l a tierra fue el fundamento de la rl­ advenimiento de la pa1. y In integración del Imperio bajo la
qucz.a. En términos generales, tanto los senadores �omo los administración estable de los emperadores puso a los ita·
caballeros obtenían de la tierra el grueso de sus mgresos. lianos ricos en condiciones cada vez mejores para apropiar­
Cuamo más ricos se hadan, mayores eran sus posesiones se de la tierra y t.ransfc•·ir ul campo italiano las rentas que
rústicas. Pero la tlen·a de buena calidad en el centro Y en obteníanen las provincias (véase nota 65).
el sur de Italia ya estaba cultivada, mucho de ella por cam· Como ele costumbre, las pruebas de muchas de estas afu'
pcsinos libres. La formación de latifundios entrañó forzo· maciones son tan fragmentarias como discutibles. Pero las
snm ente la expropiación y la expulsión de esos campesinos lineas principales parecen suficientemente claras. Por ejem­
libres. El proceso fue gradual, los fundos se fueron agra�· plo, carecemos de información detallada acerca de los ingre­
dando por partes y a medida que se presentaba la oportunt­ sos de los senadores y de los caballeros, acerca de la m
i por·
dad favorable. Esto explica en parte por qué era típico que tanela relativa de los de la agricultura y de las rentas
en la última fase de la República los propietarios de tierras urbanas, del ingreso proveniente de préstamos o de la percep­
en Italia tuvieran diversas fincas dlspe•·sas. Esta fragmen· ción de impuestos, del comercio y ele la manufactura. Pero
tación de la posesión de la tierra tuvo importancia po!Hlca e,s •·cvelador que los autOI'-es antiguos se limiten a afirmar
porque en gran medida impidió que los aristócratas roma· que los ricos eran propietarios de tierras, que la tierra era
nos, a diferencia de los señores feudales europeos, basaran su principal fuente de riqueza. Cicerón. por ejemplo, en un
su poder en el control de un territorio particular." aotUisls filosófico del hombre muy rico y del que sólo lo es
La tierra era la fuente principal de riqueza, r la riqueza como para '�vir con holgura, obsen•aba que •extrae 600.000
Cl'll el principal origen del poder poUtico. El problema con· sestercios de sus granjas, mientras que yo saco 100.000 ses­
sist(a en que ricos y pobres se pelearan entre sl y los unos tercios de las mías• (Paradojas de los estoicos, 49). La cua­
con los otros por una fuente estrictamente limitada. En lificación censual mínima para los senadores y los caballe·
Ital ia el conflicto por la propiedad de la tierra constituyó ros -1 millón y 400.000 Ncstercios respectivamente- se ex·
el eje fundamental de la actividad polltica en los dos t\lti· presaba en valor de propiedad, en •u mayorin propiedad rús­
mos siglos de la República. Este conflicto se expresaba, por tica, y no en términos de lng•·cso. Las leyes de Julio César y
ejemplo, en leyes que limitaban la tierra pública que un del emperador Tiberio sobre deudas presuponían que los
ciudadano podla poseer, en confiscaciones mas1vas de pro­ deudores en gran escala habían puesto la tierra como garan­
piedad r su redistrlbuclón a soldados y otros ciudadanos, asi da, y parecían pedir a lo• acreedores que invirtieran dos ter·
como en la migración provocada de ciudadanos, que deja­ cios de préstamos rápidos en tierra italiana. Dos palabras co­
ban sus respectivos terruños por otros lugares lejanos y me· munes para denominar la riqueza (locuplcs, possessor) lleva­
nos pobl ados de Italia. Como hemos visto, el c�mbio en el ban impl lcitas la idea de la propiedad de la tierra." Inclu­
esquema de la propiedad de la tierra J)(wó a la 1mportución so la mlnorla de los cabnll�ros, pollticamente poderosa, que
masiva de esclavos y a la emigración de los pobres, que se especializaba en la percepción de Impuestos, probablemen­
abandonaban la tierra por el ejército o por la ciudad de te operaba sobre una base de propiedad de la tien·a. Esto va
Roma. La consecuente evolución de un ejército profesional implJclto en el hecho de que se les exig iera la posesión de
-o tal vez, más estrictamente, con un núcleo de sol dados tierras como garantla del cumplimiento de sus contratos (véa-

66 67
se nota 58). De allí se sigue, a fortiori, que los caballeros les permitía poseer barcos pequeños, por debajo de siete
menos importantes, localmente poderosos en sus rcspecti· toneladas de arqueo, «Suficientes para transportar las cose
vas ciudades italianas de origen, eran ante todo propietarios chas desde las granjas. Se pensaba que para los senadores
rústicos; en verdad, Cicerón �e refiere a ellos varias veces en todo tipo de ganancia era degxadante• (Tito Livio, 21.63).
forma colectiva como agricultl,n·es, gente del campo (agrico· Pero sabemos que hacia el 70 a.C. esta ley era letra muer·
lae, rusricani)."' Además, parece obvio que en una sociedad ta, y que por entonces los senadores estaban seriamente im­
predominantemente agraria, carente de una sofisticada su· plicados en el pJ'é$tamo financiero, tanto directo como a tra·
pcrestructura administrativa, la tierra tenía que ser la prin· vés de agentes. El joven noble Bruto, por eJemplo, prestó
cipal fuente de riqueza. Aun cuando un hombre hiciera mu· dinero a una ciudad de Chipre con un i nterés compuesto del
chíshuo dinero por alguna otra vía, el status social y la se­ cuatro por ciento mensual y consiguió que el Senado apro­
guridad los conseguilia sólo invirtiendo en tierra (Cicerón, bara una disposición especial que eximiera a su préstamo .

Los Deberes, 1.151). de las regulaciones normales que limitaban las tasas de in­
El predominio ele la propiedad de la tierra entre los roma­ terés. M. Craso amasó parte de su fortuna especulando des·
nos l'icos no significa que los ingresos de lo.s senadores y de caradamente con la propiedad nwtropolitana7'
los caballeJ'OS sólo provinieran de la tiern. La propiedad de Teóricamente, no se esperaba que los nobles se interesa.
la tierra en compatible con la l'ealiwción de otros Intereses ran en obtener beneficios; los mismos ideales los volvemos a
financieros. En el mundo moderno, la especialización de las encontrar en otras •altas culturas• preinclustriales. Pero este
ocupaciones nos incl�na a pensar que Jos tcrratenícntes, los ideal era honrado al mismo tiempo que violado; en realidad,
banqueros, los financieros, Jos recaudadores de impuestos y muchos ideales existen justamente porque por lo general no
los hombres de negocios son personas diferentes. En Roma llegan a realizarse. Parece una ironía, pero Cicerón aprobó
solian ser las tnísmas. Era común que los grandes terrate­ el comercio, con tal de que fuera en gran escala, y sólo le
nientes no arrendaran toda su tiena a arrendatarios libres, parecía degradante el comercio en pequeña escala (Los De­
sino que explotaran una parte de ella directamente. Era tí· beres, 1.151). Es probable que las actitudes hayan cambia·
pico que se pusiera un administrador esclavo (villicus) a car· do en el curso de la expansión romana. Se podía excluir a los
go de la dirección cotidiana de la granja de un hombre de senadores de la obtención de ganancias -mediante la ley
fortuna. Pero parece probable que muchos l'icos, incluso no­ del 218 a.C.- porque era relativamente poco importante.
bles, tuvieran un directo y vivo interés en la venta del pro­ Sospecho que, cuando la actividad bancaria ele préstamo
ducto excedente de sus ftmclos, aunque las pruebas expJici. financiero y de comercio aumentó su importancia, Jos se.
tas de ello son escasas." Del mismo modo, parece probable nadores participaron en ella aun violando los valores tradi­
que muchos ricos, incluso nobles, iniciaban a sus esclavos cionales.
libertos en el mundo de los negocios, para lo cual les propor­ Pero el comercio y las finanzas sólo eran la crema del
cionaban capital y, de alguna manera, participaban en sus pastel, no el pastel mismo. No disponemos de cifras roma·
beneficios. Esta circunstancia constituye un factol' que con· nas, pero resultan sugestivas las estimaciones sobre la base
tribuye a explicar el predominio de los libertos en la vida de Jos elatos correspondientes a Inglaterra en el 1801. El in·
comercial de Roma y de otras ciudades italianas (véase el ca­ )lreso medio de los dos mil comerciantes y banqueros más
pítulo Il). Pel'o sólo se trata de una conjetura, ya que care· importantes sólo era de 2.600 libras esterlinas anuales, con.
cemos de testimonios que documenten en qué grado, si es tra 8.000 libras esterlinas anuales del grupo superior de te·
que lo hacían, los propietarios de esclavos supervisaban tales rratenientes y 3.000 libras esterlinas correspondiente a la
actividades comerciales. capa superior de la gentry.13 En esta época Inglaterra estaba
Muchas veces se ha negado la participación de los sena· mucho más industrializada y comercialmente elaborada que
dores en todo tipo de comercio, punto de vista que se apo­ Roma en toda su historia. La relación que habla en Roma
ya en una ley aprobada en el afio 218 a.C., que níega a los entre Jos ingresos agrícolas y los no agrícolas, incluso en las
senadores el derecho de poseer barcos de gran tamaño. Se condiciones excepcionales de la República, era más alta, con

68 69

i
toda seguridad. El elevado status social de los grandes te· más importante del Imperio, Alejandría, tal vez sólo fueran
rratenientes se apoyaba en su gigantesca riqueza (11ílril d11l· una fracción de la de los grandes terratenientes...
ci11s agricultura). Era precisamente la escasez de altemativas de inversión y
Aun cuando los terratenientes romanos hubieran querido el elevado status que tenía la propiedad de la tierra Jo
lnvet·tir en el mundo de los negocios. se enfrentaban con una que inducía a invertir el capital en la tierra. Entre los sena.
dificultad que constituía un grave obstáculo para el desarro­ dores había una razón más. No era frecuente que se presen­
llo económico. Los romanos nunca desarrollaron un maJ'CO tara la oportun idad de obtene1· inmensos beneficios del Im·
legal para las empresas comercia les o manufactureras seme· perlo. Muchos senadores sólo tuvieron una o dos ocasiones
jantc a nuestra sociedad anónima, la cual tiene la ventaja de en toda su vida de ocupar el cargo de gobernador provin ·

limitar los riesgos de los inversores y de preservar la unidad cial, y ello en condición de j11niores. como cuestor o como
de los negocios más allá de la muerte de su propietario. Sólo ayudante de gobernador (legatus). Un grupo más favorecido,
en el campo de la percepción de impuestos y de la mlnerín. que oscilaba entre dos y tres quintos de los que entraban
los romanos crearon una corporación (sodctas). El derecho al Senado, eran elegidos para el c.argo de pretor, con lo cual
a recoger impuestos en cada pro\'incla era subastado cada se convcrtlan en candidatos a gobemador provincial. Tcóri·
cinco años. Las sumas y el rles¡;o Implícitos estaban por en· camente, todo funcionario tenia oportunidad de gobernar una
cima de las fortunas individuales. Para solucionar esta situa· provincia durante un año, puesto que para períodos prolon·
ción, se creaban corporaciones de •·ecaudación de impuestos gados los romanos conservaban el equilibrio entre el núme·
con las inversiones y garantlns de muchos individuos. Toda ro de provincias y el número de funcionarios seniore:; ele·
corporación constitula una entidad jurídica pero estaba mu· gidos, es decir, pretores y cónsules.17 En realidad, cspcciol­
ello más expuesta al riesgo de disolución que las corporacio­ mentc al final de la República, había retrasos y escasez de
nes modernas. En verdad, la muerte o el retiro del presiden· funcionarios, de modo que funcionarios como Ven·es o el
te (ma>rccps) parecía suficiente, en ciertas circunstancias, hermano de Cicerón, por ejemplo, gobernaron una provincia
para provocar la disolución.74 Así pues, la in\·ersión en Jo re· durante tres años, mientras que otros aun cuando fueran
caudaeión de impuestos dcpendla del éxito en las subas· elegibles, nunca gobernaron ull3. En el capílulo 1 de mi obra
tas periódicas y podla set· intermitente, asl como también de Srtccession a11d Desceut muestro que sólo un número extre.
corta duración. Tal vez el sistema funcionara sólo porque madamente reducido de las familias más importantes podían
los publieanos romanos, como ya hemos visto, se movían asegurar a uno de sus h ijos en cada generación el acceso a
sobre una base estable de propiedad nística. un alto cargo; por ejemplo, sólo el 4 �l> de los cónsules del
La organización y el capital agregado de los publicano� periodo 249-250 a.C. (N= 364), provenía de familias que ha.
nunca se aplicaba al comercio ni a la manufactura Por el
. bían contado con cónsules durante seis generaciones suce­
contrurio, se mantenían muy lrag.nenlados en pequeños nc· sivas; como contrapartida, más de In cuarta parte de Jos eón·
gocios familiares. Las organlz�clones mayores tenían traba· sulcs provenían de familias que sólo habían tenido un cónsul
jado•·es esclavos, pero empleabAn muchos menos hombres que en dos siglos. La mayor parte de los senadores, en conse·
\os grandes fundos agrícola� (latif¡¡ndia);" además, en el CO· cucncia, no podían estar seguros de que ellos o sus hijos
mcrcio y la industria no había institución superior cquiva· tendrían una nueva oportunidad de hacer dinero desde un
lente al arrendamiento, que permitía la explotación coordi· cargo elevado. Por lo tanto, los senadores aforttmados se
nada y en gran escala de los pobres por un solo hombre rico. sentían obligados a enriquecerse e invertir en tierras. Con
Tal vez en el comercio pudlernn amasarse algunas fortunas. ello podlan matener a la fa milia durante generaciones.
pero no muchas ni muy grnndcs. A diferencia de lo� pnbli· Carecemos de pruebas precisas acerca del aumento de
canos, l os comerciantes no constituían un grupo del que O. extensión de las posesiones rústicas de los ricos. La famo.
Cicerón (?) pensaba que valiem la pena cortejar en las clcc­ sa observación de Plinlo de que •los ¡¡randes fundos fucnlll
clontts; mientras que en tiempos muy posteriores. las for­ la ruino de I talia• (Historia Nat11rat, 18.35) es tanto un juf.
tunas de los rnercade•·cs p1·ósperos en la ciudad comercial cio mo•·al como un hecho real, data de mediados del siglo 1

70 71
d.C. y seguramenLe constituya la culminación de un largo Por último, si los ingresos de los nobles y de los caba·
proceso. Es probable que la adquisición y reunión de tierras lloros romanos pro•enlan en gran m edida de las rentas o de
se haya ido produciendo a lo largo de siglos, mientras la la explotación directa de la tierra, las áreas de tierra de bue·
élite de la ciudad de Roma fortalecía su dominio sobre los na calidad que controlaba un hombre rico debían ser vastas.
territorios de ciudadas v tribus italianas, una vez éstas pollti· Es dificil aportar cifras al respecto, que, además, dependen de
camente asimiladas a Roma. Sólo disponemos de indicacio­ dh·ersos supuestos dlscuHbles; por otra parte, tU\'0 que ha.
nes muy generales de la (dtima fase de la República, pero, ber diferencias muy considerables segón la fertilidad y la
a pesar de todo, podemos arriesgar algunas estimaciones. ubicación de In linea y el tipo de cosecha, por no hablar de
En primer lugar, si el cálculo convencional moderno del nú· las rtuctuacloncs anuales del volumen de la cosecha y del
mero de esclavos en Italia es más o menos corTccto, a me. precio. A pesa•· ele todas estas dificultades, puede ser (ttll un
diados del siglo J a.C. ltali� debió contar con un millón ele ejemplo. Si los senado res romanos sólo obtenían un prome·
esclavos nr,rfcolas. Corroboran esta opinión las rebeliones de dio de 60.000 sestercios anuales de l as rentas agl'fcolns (lo
esclavos en Sicilia y en Italia -135, 104 y 73 u.C.-, cada que resulta bajo, pues es sólo el 10 % del Ingreso de un
una do las cuales atrojo a decenas de miles de esclavos re· homb•-c muy rico. según Cicerón) y si las rentas cqulvalian
bcllies. En segundo lugar, los autores que so ocuparon de al 30 o/o de lns cosechas brutas (lo que es alto). entonces, a
agricullu•·a y cuyas obras han llegado hasta nosoiTOS -Ca· un precio convencional para el trigo, resulta que seiscientos
tón, Vn•·•·ón y Columela- dan todos po•· cierto que los es· senadores posefnn en conjunto tierra suficiente como para
clavos habrlan formado la fuerza de trnbajo más importan. mantener a doscientas mil familias campesinas -unos ocho·
te tanto en sus propins tierras como en las lierras de sus dentas mil pei'Sonas incluidos mujeres y niños- en el nivel
lectores. Catón describe, como ejemplo, dos granjas, una con de subsistencia mínima. Esto era al menos la quinta par·te
trece y la otra con quince esclavos (Varrón, Rertmt rusti­ de la población campesina libre de Italia." Se pueden subir
camm, 1.18). Ambas cifras suponen granjas esclavistas va· o bajar estas cifras; sea como fuere, nos dan idea ele órde·
rlas veces mayores que una granja campesina meramente nes de magnitud. Aun cuando se tratara del doble o de la
Familiar. mitad, no hay por qué dudar de que el n i cremento de la
En trrcer lu¡rar, el desarrollo ele una literatura especlali· riqueza agrfcola del Senado -para no hablar de los equi·
zacln en tomas a¡zdcolas es por sí mismo una indicación del tes- se consill\1 ió al precio de un inmenso despla7.nmiento
crecimiento ele una agricultura de empresa, incluso ccapita· de campesinos.
lista•. Parece que sus comienzos datan ele la traclucolón ofi­
cial ele un trntaclo cartaginés que el Sen ado habla encargado
poco después de la victoria de Roma sobre Cnrlago (202 a.C.).
Catón. Vn\'l'ón y Columela son sólo la narte emergente que 7. LA TIERRA BN LA POI.ITICA
aún sob•·evlve de un iceberg desaparecido. Sólo conocemos
hechos nlslndos acerca de otros escritores de temas ngrlco· En Italia, la creación de graneles fundos, en consonancia
las. Cicerón. por ejemplo, traduio al latín el tratado de Jenn. con la l'iqucYoU, el poder y el carácter ostentoso de la élite
fonl<' nf lo ttonómico. Discusión sobre la adminlstr•urión de romana, •conquistadora del mundo•, oece<itaba que los cam.
¡>ropicdades rdsticas. La sofisticación aumenta considerable. pesinos italianos fueran expulsados en masa de sus tierras.
mente de Catón a Varrón y Columela, lo que inclina a pen· Tenemos que examinar el proceso de su desposcsión y las
•ar que se trata del reOeio de un prol!reso ¡zcnernl en este consecuencias polfticas del mismo. Durante mucho tiempo
orden del conocimiento. Una rápida lectura de lo< manua· la evacuación se reali1ó en forma ordenada a través de ca·
les inel<'<c• ele :ucricultura de comienzos del <lulo XIX nos nales establecidos. En efecto, los pobres ,·endfnn y emisra·
muc�ta r cu�n ntrasado• estaban los autores romanos. •obre ban a colonia< que el Estado habla establecido en Itnll:.. o
rodo <'n lo relativo a la determinación del •·endimlento relo· bien se iban por su cuenta a la ciudad de Roma. I.a< guerra<
th·o de las cosechas." fueron uno de los principales agentes de cambio, pues tal

72 73
como hemos visto, mantenfan fuera de 1� licr�·n, en c�lídad 177 a.C., los aliados latinos reunidos ese quejaron al Senado
de soldados, a un promedio de 130.000 itnlí�nos. Pero no de que gran número de sus ciudadanos hablan migrado a
sólo esto. Ln invasión de Anlbal a Italia habf� precipitado a Roma y allf se les habla censado• (Tito Li\'io, 39.3). Si esto
miles de campesinos a buscar protección dentro de las mu. continúa asl, dcclan, tanto la� ciudades como las granjas que.
rallas de Roma. Sus granjas y su ganado fueron destruidos. darán despobladas. Ya tenla.n dificultades para cumplir con
Cuando Anfbal se retiró, los cónsules recibieron in,tmccio­ sus obligaciones de suministrar soldados (Tito Livio, 41.8). En
nes del Senado para colaborar en la reintegración a su• gran­ cada ()C(ISión el Senado enviaba un funcionario para que es·
jas abandonadas de los campesinos que ofreclan resistencia pantarn a los nuevos inmigrantes de origen latino. Se nos
(Tito Livio, 28.11). Dos años después de la terminación de cuenta que en la primera ocasión se dio instrucción de re­
la gue1·m, en 200 a.C., se puso en venta unn gran extensión gresar a su lugar de origen a unos doce mil latinos, quienes,
de tien·a italiana (Tito Livio, 31.13, cf. 25.36); hubo entonces con todas las personas que de ellos dependlan, constitulan
hombres de olevndn condición social, que hablan prestado una población considerable. Se aprobaron reglamentaciones
dinero al Estado en tiempos de crisis, que pidieron que les que restringían la inmigración, pero que eran burladas con
fueran devueltos los préstamos de tal modo que pudieran subterfugios legales; de modo que resulta sumamente dudo·
beneficiarse en el morcado. El gobierno no estaba en condi· so que se detuviera alguna vez la migración a In ciudad de
ciones de pngar en metálico porque en ese momento tcnfa Roma po1· mera di�po•lción administrativa. Otra i ndicación
que (innncinr ott·as guerras; en cambio, concedió a los act-ee· del aumento <le la población de la ciudad la encontramos en
dores grandes extensiones de tierras del Estado a llrecios los intentos de Incrementar el aprovisionamiento de agua.
de art·endamiento irrisorios. Las guerras civiles y las confis­ En 179 a.C. se asignaron recursos monetarios para In cons.
caciones judiciales del siglo I a.C. brindaron a los que aún tntcción de un nuevo gran acueducto, pero el proyecto fue
seguían siendo ricos oportunidades similares de acumula. bloqueado por un aristócrata por cuyas tierras el acueducto
cíón de grandes fundos." debla pasar (Tito Livio, 39.41) y sólo quedó terminado en
Los avatares de la guerra se reflejan con precisión en el 143 a.C. En 125 a.C. se construyó otro acueducto, el cuarto
programa de coloni7.ación organizado por el Senado romano de Roma. Una parte de l:l población nueva estaba formada
entre 194 y 177 a.C. En este período, la población de Italia por esclavos y su descendencia. De los restantes, muchos eran
central se vio disminuida en cerca de 100.000 hombres, mu· campesinos Italianos -expulsados por los grandes ten·ate·
jeres y nifiOS1 que fueron reasentados en veinle colonias, níentes y po1· las obligaciones del servicio militar- a quie.
pl'edominantemente e1t el extremo sur y en el extremo norte nes atraían irresistiblemente a la ciudad las inmensas sumas
de Italia. P1·ueba de considerable empobrecimiento es el gran de dinero que allí se gastaban. Como consecuencia de ello.
número de parcelas de tierra que recibieron aparentemen te algunas reglones del campo quedaron desiertas do campes!·
la mayoda ele ellos." No es probable que los curnposinos an. nos. En 180 a.C., por ejenwlo, en las tierras altas de Italia
duvieran más de t rescientos kilómetros, con todas sus perle· central fueron t-easentadas 40.000 pers<)nas provenientes de
nencias a cuestas, desde las tierras de sus ancestros en el Tribus del Norte que habían sido derrotadas en la guerra
centro de !talla hasta los territolios nuevos y a menuct> hos.. (los ligures; en lo cifra citada se incluyen mujeres e hijos)
tiles, a menos que se vieran violentamente empujados a ello. (Tito Livlo, 30.38). La idea era buena. El asentamiento so­
Si bien t-eciblan más tierra en compensación, hay que tener brevivió por lo menos tres siglos." Pero para la emigración
en cuento que, para muchos de ellos, la tierra ganada no campesina sólo fue un paliativo, no un verdadero t-emedio.
llegaba n cuatro hectát-eas y que a ello habla que agregar el Tan fragmentados y variados en sus contextos pnrecerlan
insulto que constituía para los colonos el verse privados a los cambios a un noble romano contemporoneo, que a su
veces de su plena ciudadanía romana. criterio no constituitían en modo alguno un único proceso.
Otros campesinos migraban a las ciudades, :mtc tocio a SI tenia más dinel'O y adquiría más tierra; a unos pocos
Roma. Una \'CZ más, disponemos sólo de fragmentos de in­ granjeros pobres se les desahuciaba o se les compraba su
formación para ensamblar. En 187 a.C., y nuevamente en parte; cada vez podfan verse más casuchas a lo largo del

74 75
camino a Roma, y tal vez aumentaba el número de mendigos constituyó una cuestión crucial. Los acontecimientos de ese
a la puerta de su casa, a la cual se incorporaban algunos cs­ año son especialmente importantes porque resumen y anun­
cla\'OS más, y en Roma eran muchísimos los filósofos griegos cian el siglo de luchas políticas que se avecina. En particular,
que predicaban nuevas morales. Todo ello constituía una pas­ la ley agraria de Graco fue uno de los veinte intentos que
mosa variedad de acontecimientos cuyos alcances particula· se rcaliz.aron u lo largo del siglo siguiente para resolver los
res no podían enfrentarse ni e'itarse. Cuando la migración problemas agrarios por medio de la ley y de la distribución
pi'Ovocó dificultades al obstaculizar el cumplimiento de los de tierra a los pobres." Pero antes de analizar las reformas
acuerdos existentes -como ocurrió con la reducción de la imentadas por Tiberio Graco, me gustaría resumir tres rasgos
capacidad de los aliados paTa aportar tropas-. las autorida­ estructurales que determinaron la modalidad del conflicto.
des hicieron Jo que pudieron. Prohibieron la Inmigración. En primer lugar, aun cuando los aristócratas dominaban
Poco más se podla hacer. en el Senado las instancias de la decisión política romana,
Con In snbldurla que da la mirada retrospectiva, Jos his· había amplios sectores de la plebe que tenían considerable
toriadorcs romanos advirtieron más tarde el impacto acumu­ poder; en efecto, los aristócratas cortejaban a las asamblea&
lativo que habla producido la expulsión de pequel\os pro· popular.;s, ya que éstas eran qu ienes los elegfan para los
pietarios agt·lcolas. más allos cargos. Las asambleas tenían también poder fo¡�
mal para aprobar leyes. La idea de que el Senado y el pue­
•Los romanos de todas las tierras que por la guerra ocupa­ blo romano (en los desagües romanos puede leerse todavía
ron a lo" enemigos comarcanos, vendieron una parte; v declaran� las letras SPQR) compartían el gobierno en gran parte fue
do pública la otra, la arrendaron a los ciudadanos pobres y me­ sólo un mito, pero un mito que sigue vivo aún.
nesterosos por una moderada pensión que deblan pagar al Bra· En segundo lugar, los tribunos de la plebe, tal como el
,.io. Bm�.aron los ricos a subir las pensiones y como fuesen de­ nombre de sus cargos Jo indica, estaban ostensiblemente
·ando sin tierras a los pobres, se promulgó una ley, que no per­ obligados a proteger los intereses específicos del pueblo. Bs
nilfa cullil·nr más de quinie ntas yugadas de tierra. Y por algún seguro que no siempre cumplieron con su deber y que mu·
jcmpo contuvo esta le y Ja codicia, y sinrió de nmparo a los P'<>"
chos debieron conformarse con atenerse al statu q"o. En
bres pa.rn permanecer en sus arrendamientos y mantenerse en la
suerte que cada uno tuvo desde el prlocipio; pero me\.� adelante verdad, por lo general los tribunos eran aristócratas que
los ,·ccinos ricos empezaron a hacer que bajo nombres supuestos trataban de abrirse paso hacia la carrera senatorial. Con
se les trapasaran los arriendos, y aun después lo ejecutaron abicr­ todo, y a pcsat· de las e.xigencias de dicha carrera, los tri­
tomcntc por si mismos: con lo que desposeídos por pobres, ni se bunos de la plebe se hundían una y ot ra vez cual espinas en
prestaban ele buena voluntad a servir en los ejércitos. ni cuida· la carne del conservadurismo del Senado. Los acontccimien·
han de la crianw de los hijos, y se estaba en riesgo de que la tos de 133 a.C. no hicieron más que confirmar una larga tra­
Italia toda se qucdnra desierta de población libre y se llennrn de dición. En la historia había habido tribunos de la plebe que
calabozos de esclavos como los de los bárbaros: porque con ellos
habían propuesto reformas agt-arias o la restricción de los
labraban las tlcrrfl.s Jo� ricos, excluidos Jos ciudadanos.• (Plutarco,
Vlrlas tHtrnle/as, Tiberio y Cayo Graco, 8, trad. A. Ran1. Ro'{'ani­ privilegios senatoriales. Y en el pasado reciente, en 151 y
llos. Mndrid, 1 880.) en 138 a.C., Jos tl"ibunos habían llegado a encarcelar a Jos
cónsules como protesta contra las injusticias de la leva mi·
En 133 a.C., la concentración de tierr& en manos de los litar."
l"icos se convirtió en un tema político de gran importancia. Las asambleas populares y los tribunos proporcionaban
Ern cnsi inevitable que se presentara como un conflicto en­ canales legítimos y preestablecidos para la expresión del con·
tre ricos y pobres, entre grandes terrateniente< y campesinos flicto. Ciertos lideres romanos pensaron que su supresión
sin tier•·n. A semejanza de los problemas poHticos importan· erradicaría el conflicto, y asl fue como Sila contuvo tempo­
tes de otra< <ociedades, estaba entrelazado con ambiciones ralmente a los tribunos, y luego los triunviros se encargaron
priv�d"'· idcologla< y otros pi'Oblemas políticos; en todo de controlar las asambleas populares. La consecuencia fue
c�<o, parece r�zonable pensar que la redistribución de tierm que las lineas del conflicto pasaron a resolverse en otras ins-

76 77
tancias; en efecto. eran los generales y sus ejércitos quienes pero no U>mada en propiedad, era lo suficientemente ambi·
decidlan los asuntos políticos. gua y proporcionaba la justificación suficiente como pu1·a le­
En tercer lugar, tenemos que tener en cuenta la tierra gitimar su redistribución.
pública o estatal (ager publicus populi Roma11/). Esta cate­ Sin pe1'der de ''ÍSta estos factores, volvamo• a lo• acon­
gorJa legal de tiena había sido muy importante como reser­ tecimientos del ailo 133 a.C. Tiberio Graco habla nacido en
va que permitió la formación de grandes fundos. La tie rra una familia noble, habla sido dos veces cónsul y censor. Como
estatal estaba constituida por tierra que el Estado romano ha­ jo\'en funcionario, prestó serviio en el ejército de Espaila
c

bla arrebatado a las comunidades italianas -por lo general y ayudó a negociar la paz después de la derrota del ejército
un tercio de su territori<>- durante la primera conquista, más romano, negociación cuyos términos luego rechazó el Sena­
otras tierras que el Estado romano habla confiscado. Por do. En sus viajes por Italia a Graco le había impresionado
ejemplo, n los aliados romanos que tomaron partido por Anl­ la extensión de los fundos cultivados por esclavos y el decli­
bal durante su invasión de Italia se los castigó con la confis­ nar del campesinodo libre. La rebelión de esclavos que esta­
cación de sus tierxas. Parte de esas tierras se enu·ogó a co­ lló en Sieilia en el año 135 a.C. debió reforzar sus impresio­
lonos, se vendió o se arrendó; pero la mayor parte, según nes. A su rcgre�o a Roma fue elegido tribuno del pueblo y
el historiador Apiano, del siglo n. no fue asignada. Cualquie­ propuso que la ticna del Estado se redistribuyera a los po·
ra podla ocuparla -se llamaba ager occu¡>atorifls- contra el bres. Una consecuencia de ello hubiera sido el increm ento del
pago de una renta al Estado, si bien esta ocupación no con­ número de pequeños propietari os obligados a servil· en el
taba con gnraJltlas legales de tenencia. ejército. Laelio habla presentado una propuesta semejante
unos años ames, pero In abandonó debido a la oposición que
•Fueron Jos ricos quienes se apoderaron de casi toda esa tie· habla lc••antado. Es obvio decir que los r icos también se
rra no asignada. Con el tiempo estuvieron seguros de que no se­ opusieron al proyecto de Graco. No puedo hacer nada me­
rú-.n despose(dos. Adquirieron tierras vecinas. incluso las pata>
jor, para describir la campaila de Graco a favor de su ley,
las de Jos pobres, a \'e'<:eS pOr compra con persunslón, a veces
mediante la Cuerta, de modo que al final ya cul�ivaban grandes que citar el relato de Plutarco, escrito en el siglo n d.C.. pero
fundos y no simples granjas...• (Apiano, G11erras civiles, /.7) tomado de fuentes muy anteriores."

Hay pruebas de que a menudo se dejaba, complaciente­ •Mns nombrado Tiberio tribuno de la plebe, al punto tomó por
mente, de percibir las rentas; rentas que en tierras aptas eran su cuenta este negocio, siendo, según dicen los demós, los que
por lo general de un décimo de la cosecha; y con toda""lm· le daban calor el orador Diófanes y el filósofo Blosio... Algunos
punidad se evnclfan las leyes que cstableclan In cantidad de dan también pnrte de culpa (de la muerte de Tiberio) a su ma·
tierra estatal que un hombre podía tener.�S La tierra que
dre Comclia, que muchas veces echaba en cm·a n su� hiJos el
que los romanos le decían siempre la suegra de Esclplón, y nun·
había co11quistado el pueblo rom ano y que era nominulmen. ca la madre de los Cracos. Mas otros dicen haber sido la causa
te explotada c11 beneficio colectivo enmascaraba, como a me­ un Espurio Postwnlo do la misma edad de Tiberio, y que com.
nudo ocunicra antes, y después, la desproporcionada ganan­ pella con ól en las defensas de las causas: porque como al vol·
cia de los ricos. ver del ejército lo encontrase muy adelantado en gloria y gozan­
El poder polltico y los privilegios de los terratenientes do de grande lama, quiso, a lo que parece, sobreponérselc, ha­
estaban tan profundamente arraigados que en esta fase na­ ciéndose autor de una providencia arriesgada, y que ponía n to­
die sugirió una redistri bución general de la tier•·a sobre la dos en gran expe<:toción; pero su hermano Cayo dijo en un es­
cual los ciudadanos romanos tenlan individualmente plena crito que al hnccr Tiberio su viaje a España por la Tos.:ana,
viendo la despoblación del país, y que Jos labradores y putores
propiedad por •derecho de posesión perpetua• (Cice•·ón, Pro
eran esclavos advenedizos y bárbaros, entonces concibió ya la
Milo, 78). Esta sugestión habría unido a la oposición. Pero primera idea de una providencia que fue para ellos el monantial
la situación jurídica de l a tierra estatal, con su connotación de infinitos males. Tuvo también gran parte el pueblo mhmo,
de ser un bien colectivo (ager pub/ict<S populi Ro111a11i), que acalorando y dando impulso a su ambición con excitarle por me·
en términos técnicos era poseída •precar iamente•, ocupada dio de carteles, que aparecían lijados en Jos pórticos, en las mu·

78 79
rallas y en los sepulcros, a que restituyera a los pobres las tie­ ley que limitaba a 500 iugera (125 Ha} las tenencias de tie­
nas del público. rras del Estado. Se creó una com isión de tierras, a fin de
•Mas no dictó por s i solo la ley, sino que ton'ó consejo de hacer una seftalización de las del Estado y asignar la exce­
los ciudadanos más distinguid�• en autoridad y en vlrtud... Pa· dente a los pobres. Algunos mojones sobreviven todavía. Los
rece además que no pudo haberse escri to una ley más benigna nuevos pequeilos propietarios necesitaron dinero para cul·
y humana contro semejante iniquidad y codicia: pues cuando
tivar sus granjas, pero tradicionalmente era sólo el Senado
parecfa justo que Jos culpados pagaran l a pena de la desobedien·
el que autorizaba el gasto. Graco invadió l a jurisdicción del
cía, y sobre ella sufrieran la de perder las tierras que disfruta·
ban contr:>. las leyes, sólo disponfa que percibiendo el precio de Senado al proponer al pueblo una ley por la cual los lngre·
lo mismo que injustamente poselan, dieran entrada a los ciuda· sos extra de Asia Menor se distribuyeran entre los nuevos
danos lncli¡cntes. Mas aunque el remedio era tan suave, el pueblo agricultores, y, sobre todo, entre los pobres que queclaban
se daba por contento, y pasaba por lo sucedido como para en en la ciudad. (Tito Libio, Ab urbe condita, 58).11 No es dificil
adclanlc no se le agra.viura; pero los rico!ll y acumuludores de po­ imaginarse la cólera de los senadores conservadores; la uti·
se�ioncsJ minuiclo por codicia con encono n la ley, y pot· ira y ión del dinero público para dar limosnas a los plebeyos
izac
l
t.emn n su autot·, Ll'aLaban de educir
s. al pueblo, haciéndole creer era un acto revolucionario, más que nada porque el prestl·
que Tibcl'lo queda Introducir el repartimiento do IIClTUS con la
gio político que otorgaba el ser benefactor del pueblo hahdn
mira de mudar el gobierno y de uastornarlo todo. Mas nada
consiguieron; porque Tiberio, empleando su elocuencia en una
engrandecido n Tiberio Graco. El colmo fue que Graco trató
de perma necer en el cargo a través de la reelección, con lo
causa In más honesta y justa, siendo asf que era capat de exor­
nar otras menos recomendables, se mostró te1Tible e invicto que volvía a violar In tradición . El día de las elecciones, un
cuando, rodeando el pueblo la tribuna, puesto en pie, dijo ha· grupo armado de senadores alertas, a cuya cabeza se encon­
blando de los pobres: •Las fieras que discurren por los bosques traba el supremo sacerdote (pontifex maximus) -ocupante
de Italia tienen cada una sus guaridas y sus cuevas; y los que él mismo de grandes extensiones de t ierras del Estado- ase­
pelean y mueren por Italia sólo participan del aire y la luz, y sinaron públicamente a Tibel'io Graco y a cuatrocientos de
de ninguna Oll'a cosa más; sine> que sin techo y sin casas andan sus inmediatos seguidores.
crran1cs con sus lújos y sus mujeres; y sus caudillos no dicen
La tonnentosa carrera polltica de Tiberio Graco duró
verdad cuando en las batallas exhortan a los soldados a combatir
contra los enemigos por sus aras y sus sepulcros: porque de un menos de un allo. Sin embargo, fue importante, en parte
gran númc1-o de romanos ninguno tiene ara. pntrin, ni sepulcro porque fue precursora de conflictos civiles posteriores, y en
de sus rnoyorcs; sino que por el regalo y la riqueza ajena. pelean parte porque ilustra In intersección de los conflictos pollti·
y muet·en, y cu&ndo se dice que son señores de toda Jn ticfta, ni cos con casi todos los otros factores de cambio social y eco.
siquiera un terrón tienen propio. nómico que hemos analizado más arriba, a saber, la riqueza
•llstus expresiones, nacidas de wt ánimo elevado y de un sen· creciente de los terratenientes, la emigración ele los campe·
timionto verdadero, corrieron por el pueblo y lo entusiasmaron sinos pobres, el c1-ccimiento de la esclavitud, In escasez de
y movlc•-on de manera que no se atrevió a chista¡· ninguno de
reclutas para el ejército, el poder del Senado, el surgimiento
los contrnl'ios.• (Plutarco, Tiberio y Cayo Graco, 8·10, VIdas pa.
de las plebes urbanas. la competencia entre nobles y In utill·
ralela�, t1·ad. de A. Ranz Romanillos, Madrid, 1880.}
zación de los ingresos imper iales como arma de conflicto
El cunOicto fue creciendo poco a poco. Desafiando l a con· político.
vención, y sin consulta previa al Senado, Graco sometió di· Paradójicamente. a corto plazo tanto Graco como sus ase.
rectamente su. proyectos al voto del pueblo. Un tribuno co­ sinos tuvieron 6xito. Los asesinos restauraron la suprema·
lega suyo utilizó su ,·oto para bloquear el proceso. Entonces, cla del Senado y aseguraron la paz a través de posteriores
Graco, nuevamente por el voto popular, lo separó de su cargo, ejecuciones judiciales. Por otra parte, a pesar de la muerte
lo que carecía de precedentes y tal vez fuera inconstitucio­ de Graco, la comisión de tierras insistió en su trabajo y al
nal. Pero el nuevo proletariado urbano, los campesinos que parecer consiguió distribuir tierra a varios miles de eluda·
vivían cerca de Roma y una minoría de nobles le apoyaron. danos. Graco fue más e6caz muerto que en vida. Sin cm.
La ley de tierras se aprobó, y con ella se reafirmó la antigua bargo, en 129 a.C., los representantes de los aliados Italia·

so 81
6
nos se o:msieron vigorosamente a la disttibución de la tic· 8. LA SOLUC/ON: .\1/GRAC/ON MAS!l'r1
rra del Éstado dentro de su territorio, y su opOsición, cuan·
e
do se unió con el poderoso patronato de Roma, fue suficient Los historiadores modernos del mundo antiguo han tra·
comisión ." En 128 a.C.,
para inhabilitar los actividades de la t:tdo de reconstruir las ct·isis sucesivas a partir de los da·
u modo de compensación, se estableció en 1talia una J�ttcl'n tos parciales con que cuentan, considemdo' vn su propio
colonia, la primura en cincuenta años; . mu.y p�onto le s¡gulc · contexto. Los héroes y los villanos de este mundo ruconstruí·
ron tres o cuatro más, dos de ellas a mst1gac1ó n de Cayo, el do son los líderes de la sociedad, •los hombres que han he·
hennano de Tiberio Graco, que fue tribuno de la plebe en cho la historia•: los Gracos, Mario, Sila, Pompeyo, Julio Cc!sar,
t23 a.C." Después de todo, las colonias en territorios dista.n. Augusto; y los temas principales de esta historia son las
tes cumplieron la misma función para los pobres que la d s · ri1alidades de facciones entre pequeños grupos aristocráti·
tribución de parcelas, con la única dlferenci.a de que la� 11�

cos. En otras palabras, el mundo tal como lo vieron los ro·
rras no se quitaban a los r icos. Cayo Graco mcluso suprlrnJÓ mnnos notables y los historiadores romanos. Los historiado·
las restlicciones que previamente se habían impuesto a la res modernos se han empleado a fondo para entender las
comisión de tien·as, pero ni siquiera así parece ésta haber n1otivueiones e intenciones de estos Jlucros, su comporta·
a.C,.
conseguido demasiado; fue abolida pr�bablcme�te en 119 miento y sus consecuencias, así como para describir a cada
como parte del contragolpe que sucedtó al asesmato de Cayo. uno de ellos, uno tras otro. No quiero con esto decir que la
Pero había un problema que jamás se rozó siquiera. Los historia antigua esté hecha ante todo de biografías o anales,
del
nuei'OS pequeños propietarios que hablan recibido tierra sino más bien que los individuos pertenecientes a la étite
Estado, bien en propiedad plena, bien en calidad de colonos, desempeñan u n papel muy impOrtante t:uuo en los libros
estaban expuestos a las m ismas presiones qu� antes h.abí�n antiguos de historia de Roma como en los modernos, y que
expulsado de la tierr;� a sus padres o a ellos m1sn:os. T1berto estos libros de historia están organiz3dos ante todo con cri·
Gmco habí a pre visto este problema y trotó de legJslar e�ltán· terio temporal, y no por temas o problemas. Por eso la his·
dolo. Sajo su ley, los nuevos agricultores te 1�fan proh1bld
o tol'in antigua convencional tiene un sabor tn11 diferente de ltt
apll·
vender su tierra. Dudo que la ley fuera efecttvamente historia contemporánea pustmedieval. I!n el mejor de los
cada; de todos modos, sus previ s iones fueron formalmente casos aprehende el auténtico sentimiento que parece haber
abandonadas probable mente en el afio 121 a.C. Despuc!s de sido experimentado en el mundo antiguo. Y en el peor de
todos sus desvelo�. ¿qué consigu ieron realmente los Gracos? los casos, sólo es descriptiva y escolástica y otorga una im·
de
Vistas las cosas a largo plazo, esto es, en el contelf'to . p0rtancia inadecuada a lns personas de segundo orden, a
del siglo siguiente , ni las ley asrnn as
los acontecimientos � . tenor del prejuicio elitista de las fuentes o po1· el mero acci·
,
ni las violentas 1·epresiones influyeron en la evolucton SOCial dente de haber sobrevivido alguna mención de ellas. A menu·
in.
del imperio. Se las entiende mej�r si se consi�eran vanos do son tan débiles los dntos de que disponemos, que las
1a encr al. S lo much d.
e s·
tontos de oponerse a la tendcnc � <;> � motivaciones -la venlt1clcrn materia de las biografías- sólo
puc:\s, cuando ya hemos visto repettrse los mtsmos o SJmllR· pueden deducirse del compOrtamiento, de lo que lo menos
res conflictos violentos, nos animamos a pensar en amplios que pOdemos decir es que se trata de 1m mero proceso es.
son
cambios socio-económicos. Estas miradas desde lo alto peculati\'o. Sobre todo, los historiadores modernos del mun·
privilegio de los historiadores. Los protagonistas, .en cambio, do antiguo apegados al testimonio, desprecian sistemática·
tanto
tienen muchas otras cosas en qué pensar, que s1rvcn mente los factores o procesos que los autores antiguos )' las
su perspec tiva. Las fucn· fuentes no han tenido en cuenta.
pora enriquecer como para nublar
nos recuerda n algunas, pero sólo nlgunas de sus con· ve� de lanzamos en una nueva relación detallada de las
tes Bn
cepciones y acciones. repetidas disputas que tuvieron lugar al final de la Repúbli·
ca acerca de la tierra, quisiera concentrarme en un aspecto
que parece especialmente impOrtante. Me gustaría teorizar
aceren de lo que con cierta falta de precisión se ha denoml·

82 83
nado la estructura de la situación. Esto quiere decir que bien miento que entre 49 y 28 a.C. separó de la tíerra a medio
podemos considerar toda una serie de acontecimientos, como millón de campesinos italianos, y los puso, por así decirlo,
las veinte leyes agrarias que se suceden a lo largo de un si· en condiciones de emigrar." El resultado fue la aceptación
glo, como síntomas de un único problema. Este acto de de b ienes alternativos por un considerable número de ricos
genernlización tiene graves implicaciones ulteriores. En efec­ y de pobres; a mi juicio, una masa de campesinos migró a la
to, implica que las acciones de los legisladores individualmen· ciudad de Roma, donde el Estado los subsidió con donacio­
te considerados no sólo estaban movidas por consideracio­ nes de trigo gratuito; grupos mucho más amplios fueron
nes inmediatas, sino también por factores a largo plazo de reasentados en nuevas tierras de Italia o en las provincias.
los que no eran necesariamente conscientes. De ello se sigue También los deos, primero caballeros y luego senadores, ad­
que la validez de la generalización no puede depe.nder de que quirieron fundos fuera de Italia. De tal suerte, ambos es­
los contemporáneos se dieran cuenta de ella o no; no se la tratos sociales fucmn acomodando gradualmente sus ambicio­
puedo validar, aun cuando se la pueda apoyar, con la cita de nes tradicionales a las oportunidades que se les ofrecían en
un pasaje de Cicerón. Su aceptabilidad, en cambio, ha de un imperio en crecimiento.
depender más de su coherencia interna. su economía, su ndap· Es asombrosa la magnitud de la migración de los Italia­
tación a los hechos nuevos y a ciertas leyes implíclt.as, en­ nos pobres. Entre 80 y 8 a.C en dos generaciones, al pare­
.•

cubiertas. Pero basta de teoría. cer más o menos In mitad de los adultos varones libres ele
En la economía romana, debido a su relativa simplicidad, Italia abandonaron sus granjas para it· a las ciudades o bien
la tierra era la fuente principal de alimentación y la forma fueron reasentados por el Estado en nuevas tierras de Italia
predominante de riqueza distribuible. Campesinos, soldados, o de las provincias (véase el cuadro 1.2). Esta afirmación se
publicanos y aristócratas querían tierra y más tierra. Prefe­ deduce de las cifras oficiales que nos han llegado, esto es,
rentemente querían tierra en Italia. La conquista de un im­ los censos reali1.ados bajo Augusto en 28 y en 8 a.C., el nú­
perio daba a grupos importantes de la sociedad el control mero de soldados en armas o licenciados y la cantidad de
de recursos de una magnitud que no conocía precedentes. Se colonias que se fundaron o se refundaron. Antes de seguir
acrecentó la competencia sobre una cantidad limitada de quisiera llamar la atención sobre cuatro elementos de mi
tierra y las decisiones acerca del control de la tierra se con· análisis. Pr imero, que los números que se dan indican me­
virticron en un problema politico que volvía a presentarse ros órdenes de magnitud; segundo, que en gran parte se ba­
una y otra vez. Fácilmente acuden a la memoria el asenta­ san en -o derivan de- el cuidadoso análisis de los datos
miento de los veteranos de Sila, por ejemplo, el abortado realizado por Bl'unt (1971); tercero, que sólo describen la
proyecto de ley de Rulo en el año 63 a.C. y Jos dificult�des migración nctu, esto es, que no tienen en cuenta los dife­
para asegurar tierra a los veteranos ele Pompeyo. Las vemte rentes movimientos que puedan haberse realizado individual­
leyes ag rarias, propuestas o aprobadas; las confiscaclo11,1ls de mente antes del asentamiento definitivo (por ejemplo, de Ja
tierl'a de ricos y pobres; su recllstribución a los que care­ situación de agricultor a la de trabajador sin tierm, tnl vez
cían de tierra, a los ex: soldados y a los nobles que seguían a a la ciudad, luego como soldado y eventualmente como co­
los jefes victoriosos en la guerra o a oportunistas ricos, así lono); en cuarto lugar, se concentraron en la migración or­
como la adquisición privada de tierra por los ricos, todo ganizada por el Estado, gracias a lo cual sobreviven cifras
ello debe verse como variaciones de un único tema: ¿quién en los registros oficiales; no tienen en cuenta casi los mo­
usufructuaba los beneficios que se obtenían en el rmperio? vimientos privados, fueran hombres, mujeres o nlflos desa­
La áspera competencia por una cantidad limitada de bienes lojados de la tierra para dejar espacio a los asentamientos
daba pábulo a los conflictos políticos de finales de la Repú­ oficiales o mlgrantes por cuenta propia, que debieron ser
blica. No quiero con esto decir que la competencia por la cada vez mtls numerosos, mientras núcleos de italianos cons­
tierra fuera la única causa de conflicto. tituían la base de la emigración al norte de halla y a toda
El elemento disolvente del proceso fue la guerra civil, que la cuenca mediterránea... Advierto que las cifras son hipoté­
implicaba el reclutamiento de gigantescos ej�rcltos, recluta- ticas, pero que si se acepta el marco básico de Brunt, no

84 85
veo cómo pueden ser las mías demasiado erróneas. Mucs­
CUADRO 1.2. Cambios '"' la población y migración en Italia,
ll'an la auténtica magnitud de los cambios acumulativos que 225-8 a.C.: algrmas cifras lolpotéticas (en millares)
ocurrieron en la última etapa de la República, que nuestras
fuentes sólo nos permiten vi slumbrar.
A. Cambios en la población
En el cuadro 1.2 he resumido mis conclusiones de los da·
ros y en la� notns a dicho Cuadro he dado algunas explica­
Hombres, mujer� Var011es adultos •
y niño
s (mds de 17 atlos)
cionco de las cifras. El cambio más impresionante es In de­
clinación de 1.200.000 personas que mvo lugar en la pobla­ ganancia
ción rural libre (que cayó de 4.100.000 a 2.900.000, es decir, 725 a.C. 28 a.C. ZZS a.C. 28 a.C. (pérdida)
el 29 %). Es una cifra enorme, que debe ocultar una colo­
sal miseria humana. Puede que no sea exactn, pero nos pro­
Libr es 4.500 . 4.000 1.350 1.220 (130)
EsclM·os 500 2.()00 . ISO 600 450
porciono un sentido de la magnitud del movimiento que
en nuestras fuentes no se llalla. Además, parece l'roba­ Total 5.000 6.000' 1.500 1.820 320
ble que la mayoría de los cambios se concentraran en el si­
glo r a.C. B. División rural/urbana •

¿A dónde fue la población rural? Sabemos que en 46 a.C.

!
se distl'ibuía trigo gratuitamente a 320.000 ciudndnttOS, y en Rural 4. 1 00 2.900 . 1.230 8 70 (360)
29 a.C., a 250.000. Estos datos indican que la ciudad de Roma
atraía grandes cantidades de inmigrantes (libres y escla,·os
libre
Rural
·: · !
·� �
esclavos
al mismo tiempo, pues a los inmigrantes forzados los po. 500? ISO?
Urbanos 4SO
demos llamar esclavos); parece probable que una pat·te im­
escla\'Os �40
portante del enorme crecimiento urbano -propongo arbi­ Ciudades
trariamente la mitad- se debió a la inmigración campesina. italianas 2SO' seo• 75 ISO 15
La ciudad servía también como canal para ulterior migra­ libres
ción. En un esfuerzo realizado por disminuir In cnrgn de la Ciudad
alimentación de la ciudad, Julio César reascntó n 70.000 pro­ de Roma ISO 600 ' 45 200• 155
letarios adultos varones en colonias de ultramar (Drunt, 1971, libres
p. 257), lo que constituyó sólo una parte de su programa de Tntal 5.000 6.000 J.SOO 1.820 32
0
colonización. Entre el año 45 y el 8 a.C., parece que se esta­
blecieron en ultramar unas cien colonias, con un promedio D. DismhJttció''
estimado <le dos a tres mil colonos á<lultos vnroncs en cacln de la po/¡lncldn
c.Mtsración desde Jtalia rural libt•e
una, ex soldados en su mayoría. Por cierto que no todas las
colonias •-ccibieron colonos de Italia, y que en olms, g•-uros
a ultramar� Varones adulto.f
ones ad ultos (edad: mds de 17)
Var (edad: mds de 17)
de italianos yo asentados sirvieron como núcleo de la nueva
colonia. Pero � pesar de estas matizaciones, más de 250.000 Emigrantes
adultos var-ones de Italia, alrededor de un quin4o de toda Antes de 69 a.C. 125 de ultramar, 265
la población que aJU vivía ( N = c. 1.200.000) , fue desalojada 69-49 a.C. 2S 225-28 a.C.
de 1 talia por el gobierno romano en el curso de unn sola 49-28 a.C. 165 A ciud>de.<
generación."
Subtotal (neto) 265' 315 (bruto)
italianas tOO•
El canal más importante para este tipo de movilidad,
28-8 a.C. lOO• Pérdida to tal 365
como ya hemos visto, fue el ejérc ito. Enorc el oi\o 49 y el
28 a.C., 500.000 varones italianos sirvieron en los ejércitos
bajo generales que competían en una serie de guerras civi-

86 87
1 En d aDo 2$ a.C. fA pobladón rural se c:ak:ula n 4.101).«10 entre ll'b«s y
E. Crecimiento de las ciudades italianas y de la ciw tad de Roma mJa,-os. contra •.100.0:0 Ubres �t los escb''(IS en ti at.o 22S a.C. Peco aótese
Varon es adultos (edad: mds de 17 años) que d 'rea eullh>acb era COI1s1dontblcmcote mayor �n la a.C., g-ra.c-ia.s a la desc­
taelótl y al .rocurado de parte. del norte de JtaHa.
1t Bu el ano 28 a.C., la población urbru:l" total � eJthna aquf arbitrariamcn·
225·28 n.C. te en 1.900.000 in�lu.idos los t�hwos, esto es. el 32 .. do la J>OblaehJn de ltalln.
De rural libre a urbana 100• Btlf. cifra es muy alta para un UtiDdO prelodusu:lal, si bien, pol' supuesto, Romn
et'l'l la CAPit•l de. un lm)'Mlrlo y no meramente de ltulh\, FOt•mulo Ja hipótesis do
De libertos a urbana libre 130•
que eJ cle'·�do (lC)n$urno eu R
oma producfa urbanización 11.nciU:ar en Halla: aun
•&f, las clr-ras que aquJ filtllrM -med.H:. miU6n de urbli')QI Ubres y medio mlUón
Gana11cia total 230
de etc:IA\'Of (� del 20 tl de la poblac:ióo de Wero do Roma}- son altas.
1 E.l nOmero de ciud¡¡d&Jlot: q� r«.ibfa.n trito garuho bajo Au.¡u.slo m l9
P. Migraci6n rural dentro de ltaliD • a.C. �ra de 250.(0) (Soetonlo, AlliU-110. 4.1) aun cw.n6o ena ctrn ckbla induir al·
Varones adultos (edad: mds de 17 ) runos nlAos d.e JO+ años do edad y algunos hombres «1ft ocupadóo runl que vi·
'"ian ctrca de Ronu. Con esta ac:lamióo, 200.0:0 � Ul'li ctt.lmación baja pua la
pobl�eJ6n rn»culin:t t�.dutta, que al .J) " uroj.;�rii'l u� poblr.ción Ubre toUII de
Reformas de los Gracos 133·120 n.C. 10 670,C()O, Para esCar seguro de: no �uh'OCarme, he tomado la eantldttd de 600.0C<I
Veterano< de Slla c. 80 a.C. 80 perJon:aa p3ra la población libre tOit�J de! 1� ciud:;l:d de Roma, lo que presumible·
�nto UmJU\ d nUmero de OICIM'O& en Rom3 a alrededOt' de 300.000.350.000.
Vetern•\OS do Pompcyo 59 a.C. SO
k Bxlrllldo de Brunt (l!nl, pp, 262·264); lms cltl'lU J)ln\ 101 emigrantes italJaDC»
Guerras civiles 41·36 a.C. 60 do uhra.ma.r antes de 49 1.C. hJCIU)'t'Jl a los italianos establecidos en más de uM
Asentamiento de Augusto (1) 30-28 o.C. ;7 doctna de colonias y otros asentamientos menos tormalu (C:Ot1l0 los c:okmos �
Asenwmiento de Augusto (2) 28-8 a.C. 3 C..ru¡o eo\·ladot en Jtl a.C. y los \'Ctcranos en J!spaAI); C(, Brunt (1971. pp. �
y SI.). 8nmt de:5ccha ea.-1 pof' eocnp�to t:l •mfdco• rellto ¡qQn ti cual t>n 11
a.C. Mltrfdale-) hs.bda muaendo a SO.oo:J ít:all&.nos ce AJ'- fo\c:aor, .Estoy con·
Total 260
noeldo de q-ue �le nt.l."ntro c-.s una ua¡encióo, pe-ro tam1>Jolo Brunt puede haber
cu�do en su eúueno pe)(' ac:omocbr Jos <btm dl.spcnot a lo» áfr.u ccnsta!u
a Esta cifra inclu)'c l:t halla dd norte (Ga.lia Ctta.lploa). que nos h:ln Ueg3do. Al menos pua 1� nú¡vaclón de ulcram.ar, estas dfru aon
b Se t;llcul3 aqu( el lO .. del total de la población JXlNI. los varonu adultos eautolos:uncote- b;�,j�t.
d6 17... &5os. En unn población 6edent.,rl:J,, �sto 01, lutom::proc:loctom, eJtO hn· 1 Alauoos de lO$ ltalbnos c:a.uc estaban en el t.�trMjeto en .-t9 a.C. fueron
plle.'l. una npoctatlva media de vida de l1 atlos en el mom<'-nto d<:J nacbnlentu. p
a tU NidOs en las guet'l"M elvltu
c: po!ltc
r lo
re
s y muenos o rei'se:ntados en asenta•
81 p1ob11ble: que sea una cltr. demasiado alta. So P\ll:do ju11tifiea.r, awlquo •ólo rnlentOJI quo se CJ<caron despu�s d e 4� ;...C. 8runt reoon¡¡tru)·ó la cifra de 265.000
tta a corto plazo, por una calda de la tua de naebnJeoto (Bmnt, t91f, J). l11 •. para tomar en cuenta esta clrcu.tUian�Ja; se rc6cre n )3 c:anUdad de ciudadanos
lA e,.dus:lón de los nll'\os de mt.oos de u.o al'to dt.l censo romano e!C\••rfa tn \'atOntt adultos por emigración hada el 2S a.C. se caleul� t:l\ 31$.000.
tncDOJ del 1 96 1� propord6n de la pobbd6n roma.n.a que pe�:"�«ta u el IUilr ,,. .Orunl (l97J, p. 261) «tima que el nWn<ro de l�ionariol lk:t.nci.ados entre
SI la upcctatin media do vld.a c.ra de l5 do$ (en tJ mom<'Dto dd DlCi1nlttHol U y 1 a C. fue de 127/XIJ o mAs, pt.f'O ptt.nsa que s.ólo alrededor de 100.(0) de
en u� pobbci6n �rart.a, lo$ '� adu.ItOf de 17• anos serian apro'Cir'l\llda �lot: fucf'OI't awntados en 42 coloc1u de ultramar. &ta rtdueclóa &al ''" au 10
mmte el l6 " de b pobbc� tOQ.I. Estos eüeulo1 se basom � las UN Alodd suflckcu<:meate m�pli:& «mo p.ara ba«r i.n.tleccs.aria una ultufor reducc:i6ft a fin
lJ(c Table.s (\úsc not• 21). El nWne:ro de ,.,.f'Onej adultos disponible¡: en Roma de tonu m cuenta a k» Je�lonario; de orf!'tfl t10 hallano.
en, en �l)nstet�otnt:ls, probablerntnt.e de mmo1 del 3l "" que propone Dn1nt n La cifra pa.ra 1� ruiante&ón 1"\\rai/Ur-ba.r.a parece a primera vista. arbitraria,
(1911, p. 117). y ()(M' &t.�pue�to que: lo c-s. Se dcrlv,\ � 1�$ cifras do Orunt, auD �uando pue(la
o Acepto el cálculo de Orunt (1971, pp. 59 '1 121) de la población U31ií1M 11· ti no UIM d# ac:uerd<> C()n mi conC-lusión. A ml juic.lo, l;t reducción de la pobla·
brc de ltali<' en 3.100.000 ho.blt.ntt$ en el al\o 22$ A.C.. má$ tAOO.OOO P<!t'a lA clón ruml Cuo posible anto tocio Jtl".u�las a l:\ trandererwlfl de eente Mci� otro
Oall� Ci.salpina. Jltfo: atf. en este esquems, la ml¡mcióo nual/urb<'nl\ (tubtotales D y E: 100.000},
d V6'\n$e las notas 13 )' 1•. más arrlb3. La población �•da\·a que aqui " con· m4J la migración nel a de ultrarnar (aubtotal C. 26S.OOO) l¡uo.Jan "prox:lmadamentc
Jldera iocluye l.J tOtalidad do los hOm\)res, mujcru )' nlñot, situación qu.e prQ. lA pirdkla de 111 población rurAl libre (sub:OtaJ D: )6$¡000), Por ¡:u,puesto, e:.sto
blbl«nente sólo .e alc:anzó mis tarde. E.n el 111� t a.C., en el aP'OE«< de 13 es dt-o\a(huJo bOA'Ii:O. No t� "• s.uponcr que d rural hbn� pobr't: se haya repro­
upar;.dón imperial. la t.ua do va� adultos entre klot pridoot'ros efe 1\lf:rTA duckk) a�� mismo, si bkn J)kn10 que Brunt �ra titO riespo: detpuú de todo,
y u. la �ión ettt.\'a m conjunto �bfó su anonno.lmente. e�'Ma. Solptcho la pob� por si tt!.ls.ma no Impide la n::pcoc!�l.6n Pa.rcoe IICC'¡)(AbJc c¡uc una
que, en c:on.scoeurncia. la cUra que damos aqut u dtrDa..Siado alta. La dfn co­ ímponuue cantilad de caMpHino. n)jgrarao a Roma o a 011'1.5 ducbdt:s ilali�·
rrc.spondiente :l Jos uela'w �ronu adultos « mú uaura. Mf, LA eantk!.3d que- aq-uJ se di (100.(0,)) et pura eonjt::rutt.
• R.ural}u.rban.a lndko aquJ el tipo de oc:upac:lóo·t.¡l'i-ec>P/agrk:ulcu.ra, y no p S.to ta.mbi.nt C$ una mcn conjttura. Us inscripcionc:& de las e;t.tcW funera.
tanto el 1\IPI' de reaJdenda. Asf, un campesino q�•.o vlvCa en una dud�&rl ptf'O u
qe rhn l\a�ren que el m1mero de utlil\W libre:� el;1l 11ll0, t&nto en Roma como en
tr�ibaJaba en $ u • campos ao cucnl3. eomo rural. en li.Ails había H4 clud 1 es
.. d Otrtt t1udadc--.s italianas.
(Jleloch, 1886, 442). q lhlat cifras para la miiNICióo ru�ttl dentro do halla so refieren sólo e.
f La pOblación urbJna lltH'e se. ca!cu1a en un 9 .. del total de b pOblaeiÓJ\ �»oroct:unicntos esW.totJes. No ttl'l¡ó Idea de cómo roc:lblu nmeh� &ente las paroclílt
Ubre. En la ed.,d n\Odoma, In e;iud:ld de Roma tólo \'Oivl(l a akaoUU" una pob111· que dltl)Onfan las leyes do G••at:o, 118:1.'0 e.ntre 128 y 121 ft,C. se establecieron en
dóo de 150.001> tn �1 tl&lO xvu, y se alimeot6 prJmotcl1Almente COC'I kls reeuraot ltallll chw:o colonlas, de modo que la <:ifnt que aqul eonsl¡namos es mínima,
�t�. Sobre u.m.1Ao, '�t.(! ..... J. lk!loch, /levliU:trr.ot&tsC'hi�t• ltlllitt:$, Dtrlln, Ut dtl'ls pan 80-ll a.C. cnin tomadas dt: Brunt (1971. p. )U); la cifra para
1937. p. B: sobre la allmentadóo de Ronu, \'tase J. Dehuneau, 1.4 �i s konoonfq¡,¡e u.a a.C• .e 1'eñerc dnic:anloc.'1'11e al IIAo 2S a.C.• pt:ro �Y ouoa atml<lttlit:r'ltot de
cr s«Wt. de Rmnc. P&rit, 1959. 'tOI. 2. pp. 521 y ss. IO!dacb m\·iados a colonlu y 1 ciudades (e/. Al.l.&UfiO, P.u Guto�. 3).

88 89
les (Brunt, 1971, p. 511). Los generales victoriosos, Sila, Julio vía para poco salvo para formar conjuntos diferentes de cam·
César y sus herederos políticos, Antonio y Augusto, levanta· pesinos pobres y sin tierra.
ron grandes ejércitos para apoyar su causa. Cuando llegó la . . .
Entre la élite operaba un círculo tgualmente vtctoso. Como
victoria, buscaron la paz a tnn-és del desarme y de donncio. hemos visto, los romanos ricos tenían interés en i nvet·tir
nes d; tierra. Contaban con que, en caso de emergencia, las en tierrn, en Italia, gran pat1e de Jos beneficios que o�tcnlan
colomas de sus ex soldados serían una fuente de apoyo (Apia· en las provincias; obviamente, los fundos de otros rtcos se
no, Guarras civiles, 1.96; 2.140). A este fin sólo podlan ser convertían en blanco de su codicia. Previamente, Jos t-oma·
útiles la� colonias en Italia. Entre 80 y 28 a.C., se concedie· nos hablan Jo¡¡rado una cultura política tal que, en la ci u·
ron nuevas tierras en It.ali a a más de un cuarto de millón dad' Jos hombres iban desarmados; símbolo de esta cultura
de soldados -lo que es un cálculo muy prudente (Brunt, era la toga." En las últimas décadas de la República, la vio·
1971, p. 34). lencin pdvada dejó de estar bajo control social, de tal modo
A primera vista parece claro que los rcasentamicntos de que tanto en la ciudad como en el campo los ricos formaron
tantos hombt·cs bien aumentaron el número de campesinos bandas de esclavos a.·mados para p roteger sus p ropiedades;
o al menos ayudaron a frenar su di sminución. Y en cierta algunos, si se prese\1taba la ocasión, utilizaban e�tas bandas
medida !\SÍ fue, por supuesto. Así como también con tribuyó para apoderarse de la propiedad ajena. En los dtscursos de
.
al poblamiento de lo que era entonces la región menos favo. Cicet·ón ha q uedado memoria de tres casos de usurpnctón
recida de Italia. Pero en muchas zonas de Italia se podía v iolenta ele fundos. La frecuencia de la violencia también
entregar tierra cultivable a los ciudadanos pobres sólo qui· se refleja en las disposiciones legales (interdicta) que orde·
tándosela a otros. Los datos de que disponemos nos sugle· naban la restitución de propi edad; dos de las cuatro fórmu·
ren también que muchos de los nuevos asentamientos se las de uso más com ún se referían a la violencia o a la vio.
crearon únicamente a costa de la expulsión de otros peque. Jencia armada como método utilízado para tomar posesión
ño� propietarios." La can tidad de interesados era demasiado de tierrns de manera n i ju<ta." .
grande como para hacer lugar a todos en la tierra deSOCIJ!Ia· La violencia privada, sin embargo, llega 3 rcsullar lns•l!·
da. HMtn los fundos de los ricos resultaban demasiado pe. nificante cuando se la compara con la violencia que recorrió
queños o dispersos para una colonia regular. De esta suerte, los dos principales períodos de guerra civil (90-80 a.C. Y 49·
se tomaban grandes extensiones de tierra de las ciudades 31 a.C.) El asesinato por decreto (proscripciones) y la confis·
que hablan apoyado al bando perdedor o simpatizado con él. cación de la prop i edad castigó en particular 3 los ricos. en
Los datos de algo más de un siglo después muestran que, en parte porque habían tenido actuación política destacada y
ciertos sitlos, las sucesivas oleadas de colonos conservaron en parte porque e•·nn ricos. Los tl·iunfado¡-es necesitaban sa­
su identidad aun dentro de una comunidad única. Así, por car dinero mediante la venta de sus fundos o querían com­
ejemplo, on Arczzo había tres grupos, los antiguos habitantes pensar � sus seguidores permitiéndoles comprar fincns rúsl.i·
del Jugar, los •fieles•. esto es, los veternnos de Slla, y los ce· cas a precios nbrumadoramente bajos. Se dice que, p�r
sarianos (Piinio, flistoría natural, 3.52). También se decía ejemplo un liberto de Sila compró fundos valuados en SCtS
que cle,.tos ex soldados resultaban malos agricultores o sim­ millon.,; de scstct-cios por sólo dos mil sestercios (Cicerón,
plemente tenían tierra de mala calidad (Salustio, Discurso Defeus<1 tle Roscio tle A111eria, 6). Cras� amasó su fortunn con
de Ldpido, 23). o eran nuevamente incorporados al ej�rcito. las desgracias de los proscrip tos. De Stla se dtcc que tcrmt�ó
F.o otro• casos. una nueva oleada de soldados victoriosos ex· matando o desterrando 105 senadores y 2.600 caballeros (Apta·
pulsaban n su VC?. n los antiguos soldados o a sus viudas e no, G11crras civiles, 1.103). Las propiedades de és tos queda,·
hijos (Oion C�sio, 48.9). Cada nueva expulsión apartaba a ron nsí para In rap i ña; es probable que en conjunto c on&t·
t
más campe�inos de la tierra a la vez que creaba nuevas tuyera n una proporción importante de la rique1.a total qu�
reservas pntn los ejércitos de conquista y nuevos mlgrantes
hacia las ciudades italianas. El penoso ciclo de expulsión, re.
poseía la élftc. Sólo una pequeña parte de In mlsmu se Ull·
l izó para ¡><wporcionnr tierra< a los pobres. Una parle de esa
l
clutamiento mili tar, guerra civil y reasignaci ón de tierra ser- riqueza sit·vió pura y simplemente para poner a un nuevo

90 91

¡,,
il
conjunto de hombres en condiciones de pertenecer a la éllte, de tie�ra en ltalia, pero eso tenía un alto coste polftlco y
lo que implicaba un cambio de personas pero no de estruc­ ñnanctero. Bl apoderamiento de la tierra, como hicieron los
tura. Pero también una parte de aquélla hizo posible un )
triunviros (incluso Octavio en 41 a.C., creó intranquilidad;
cambio importante en la distribución de la riqueza; en efec. su compra, como hizo Augusto después de 33 a.C. (Res G&·
to, los que conservaban su riqueza se hicieron inmensamen­ tae,1�). costó 600 millones de sesterc ios, lo que equivalía
te más ricos a6n. :estos, a su vez, levantaron el nl\'el del aproxunadamcnte a dos veces el coste anual del mantcni·
gasto competitivo en Roma y el nivel de explotación en las miento del ejército Imperial.
provincias, de modo que mantuvieron la vigencia del crrcuio La tierra de las provincias era más barata. Además, per·
vicioso. La junta que se formó en 43 a.C.. después del ase­ tenecfa a súbditos, y para el gobierno central presentaba
sinato de C�sar, proscribió y probablemente ejecutó a tres­ también In ventaja adicional de que contaba con veteranos
cientos senadores -lo que equivalía aproximadamente a la romanos asentados entre los conquistados. Sin embargo, no
tercera parte del Senado de la época- y proscribió, y proba· h�bla tradición de colonización en tierras lejanas. esta de­
blcmontc e.Jccutó, a dos mil caballeros. Las propledaes fue­ bió pat·cccr una innovación revolucionarla. La primera pro­
ron confiscadas. Durante las guerras civiles posteriores se puesta fue de Cayo Graco, en 123 a.C.; desgrnciadomente
asesinó a(m a más senadores y caballeros cuya muerte fa. para este experimento, eligió para su nueva colonia el anti·
cilitó una solución poUtica novedosa.n guo emplazamiento de Cartago, lo que produjo temores su­
La imposición de una monarquía por parte del general persticioso� acerca del renacimiento de un enemigo, los cua·
victorioso Octnvlo (Augusto) cambió radicalmente los tér· les se añadteron a la ya existente oposición polftica. Se decía
minos de la rivalidad entre los aristócratas. Bn adelante, tan· que los lobos hablan tirado durante la noche los nuevos mo­
to la violencia privada como la explotación en las provincias !ones que delimitaban el territorio, y los planes quednron
y el recurso al ejército como arma decisiva en las luchas mcompletos (Plutarco, Ca)'O Graco, 9). En los próximos se­
políticas quedaron limitados drásticamente. Durante un si­ tenta años sólo se fundaron cinco colonias en territorios de
glo no hubo guerras civiles. ultramar, y lo que sabemos de ellas es muy poco. Cuando
Por ahorn quisiera concentrar la atención en lo que se era dictador, en 45 a.C., Julio César fue el pr imero en orga­
podrfa llnmar el apuntalamiento económico del asentamien­ nizar colonias de ult ramar en grao escala. Su declarada po­
to de Augusto, factor que suele ignorarse. Tal como yo veo Utica interna era no ensañarse con los enemigos (clementía)
las cosns, In solución poHtica de Augusto fue posible grac ias y sus eslóganes •Seguridad• y Paz• (quies, pa:c, salus), que
e

.
a los efectos acumulativos de la reducción de la presión so­ eran mcompatibles con el reasentamiento en gran escala den·
bre lo tierra italiana. Por supuesto, ésta era una condición tro de Italia, a pesar ele que sus otros e,�lógancs •Paz en las
neccsar.ia, pero no suficiente. Ello se logró on parte gt·acias provincias• y cSegm·idacl en el Imperio• (C6sar, Guertas civi.
a la migración de ultramar en gran escala y con apoyo es­ l�s. 3.57) pudieran limitar sus acciones también en las provln·
tatal (cuadro 1.2 CJ, en parte a la migración rural/urbana ctas. Además, su política de migración estaba destinada es·
(cuad•·o 1.2 E) y en parte a la ntegración
i de una economía pccialmentc a los ciudadanos que vivían en Roma, pues re­
imperial que estimulaba a los romanos más ricos a apro­ sultaban muy c3ros de alimentar, una enorme carga parn el
piarse de fundos fuera de Italia. presupuesto del Estado, y tenían menos capacidad que los
Fue Julio César quien dio comienzo al movimiento masivo veteranos para resistit-sc al traslado.
de hombres hacia el e:<tranjero, pero, como en muchos otros Sean cuales fueren las intenciones o los determinantes de
casos, fue Augusto quien los llevó a cabo. Ambas pol!ticas tal pol!tica, una de las funciones de los asentamlent06 ultra­
parecen determinadas por factores inmediatos. Por ejemplo, marinos era que reducían significativamente la cantidad de
por la imperiosa necesidad de aliviar la tensión después de italianos libres -unos 165.000 (= 13 %) en 17 años (de 45 a
una guen" civil por medio de la dispersión de las tropas, )
28 a.C. - que pedían legrtimamente reclamar un derecho a
as! como de conseguir medios alternativos de apoyo. Trndl· ganarse la vida en tierra italiana. Los ulteriores rcclutamieo·
cionolmcnte, el apoyo de los veteranos significó In adquisición tos de soldados Italianos para los ejércitos imperiales y el

92 93
asentamiento de 100.000 de ellos en las provincias durante los ces en
�dquisitivo del proletariado debió ponerse muchas ve
próximos veinte años (28-8 a.C.; c. 9 '1\ de los varones adul­ duda. ¿Hay mejor manera de garantizar las ventas que di.·
tos italianos) cumpllan la misma función. En verdad, el ser­ poner que la compra la realice el Estado en vez de con•u·
\"icio militaa· de los italianos se mantu\·o en n i\"cles tan al­ midores �articulat-c�? Puede que los Udere> contemporáneos
tos que condujo it�cvitablemeure a la escasct de \&rones ita-, no ad\'111teran la> ventajas económicas que la distribucion
lianos jóvenes e indujo al gobierno romano a reclutar pro­ gratuita de trigo tenía para su estrato; y puede también que
vinciano> en su lugar La emigración de 1talla de los campe­
. no se dicr.m cuenta de las ventajas económicas a largo plazo
sinos pobre• no sólo redujo la probabilidad de n i cómodas de la emigración a ultramar. No lo sabemos. Pero aun cuan­
presiones polltlcas desde abajo, sino que dejó además mayor do lo advirtieran, sobre ellos pesarían otras considemcione>,
cantidad de tierras en condiciones de que los ricos las ocu­ como por ejemplo el enorme coste que representaban para
puran. La migración de campesinos a la ciudad de Roma de­ el tesoro las donaciones de trigo o el poder de los soldados .

scmpefló una función análoga y aumentó aún el beneficio de Sin embargo, lo más probable es que viemn el reparto de
_

los romanos l'icos. No quiero decir que el aumenLo de r­ i trJgo como una salida política o moral, como una manera
qllcza de lCJs romanos ricos dependiera del incremento del de matttcnct• tranquila a la plebe, que se originó en un es·
poder de compra de los habitantes de las ciudades illtlianas, fuerzo partidista por sobornar a los plebeyos con recursos
a fin de poder asi obtener beneficios de sus explotaciones del Estado, pero que, desgraciadamente, se convírtíó en un
agricolas. t>s otro mi argumento, y requiere cierta elabora­ derecho tradicional. Tácito, el historiador senatorial lo con­
ción. En un esfuet•zo por asegurarse el apoyo electoral y le· .:a
sideró más tarde un síntoma de la degradación mo l de la
gislativo de In plebe. Cayo Graco aprobó en 123 a.C. una pie� romana, que m�rcaba su pérdida de independencia y
ley que otorgaba a los ciudadanos que vivían en la ciudad d� vtgor para conformarse con •pan y circo•. nsta fue tam­
de Roma una cuota mensual de tl'igo a precio estable, sub­ btén la cla\"C de la interpretación de los historiadores moder­
sidiado por el Estado. La cuota era por una cantidad fijn, su­ nos. Pero la decadencia moral de los pobres fue compatible
perior a la> necesidades de un hombre, pero insuficiente para c?n el beneficio de los ricos. La interpretación moral y fun­
una familia (cinco modii = 33 kg). El aumento de In pobla­ c•onal son complementarias, no rivales.
ción de la ciudad debió incrementar el precio medio del tri­ Se puede argumentar que la m ayor parte del trigo que
go, pot· no hablar de las Ouctuaciones que en el mismo pro­ es daba a los pobres proven1a del extranjero en forma de
duelan las cdsis politicns que afectaban a los npr01isiona· i':"puestos; aun as(, In provisión gratuiLa de tri go puso a los
mientos. Es pt·obable, pttes, que el plan ele Graco fuera muy cmdadanos pobres en condidones de gastar en alimento com­
útil y también popula , si bien debió alentn•· a más campe­
r plementario el dinero que habrían gastado en trigo. Sabemos
sinos a migrar a la ciudad. Pero sus orígenes partldnl"ios le que los pobres de las ciudades en las economías subdcsurro­
procurat·on un azaroso destino dunmte el periodo posterior lladas de hoy Llenen una marcada tendencia a gastar dincm
a los Gracos; se cotwirtió en una pelota ilc ping-pong polf­ extra en alimento Sugiero que los romanos pobt·es gastaban
.

tica, que los con s�rvadores rechazaban y los demagogos pro­ en vino y aceite de oliva producidos en los fundos de los
movían, El coste del plan fue variable. Pero desde 58 a.C. ricos el dinero que ahorraban en t rigo. La función rte In do­
en adelnn�e pat-ece que se entregaba trigo gratuitamente a
. nadón de trigo a In plebe, su consecuencia Inesperada, fue
todos los ciudadanos que vivían en la ciudad de Roma. El el mcremento de la prosperidad de los terratenientes ricos .

número de beneficiarios subió a 320.000 hacia el año 46 a.C.;


Julio César redujo drásticamente la cifra a 150.000, pero ha­

i
cia 29 a.C. volvió a ascender a 250.000.
Una de las funciones de las distribuciones de trigo era
la de asegurar el poder adquisilivo del mayor mercado de
alimento de Italia. Los ricos eran aún más ricos en virtud
l
de la venta del producto excedente de sus granjas. El poder

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9. DIFERENCIACION ESTRUCTURAL Y AMPLITUD rras y proveían su propia armadura prestaban servicio como
DE LAS CONSECUENCIAS DEL CAMBIO: soldados, y cuando terminaba una temporada de lucha vol·
EL EJERCITO, LA EDUCACION Y LA LEY vían a sus granjas; la paga diaria les permitía sostenerse
y les compensaba de la ausencia de su tierra.'' Hacia fina.
Uasta ahora hemos tratado de cambios en la economía les del siglo 1 a.C., el requisito previo para servir en las le.
poUtlcn romana en términos de n i teracción de siete ractorc:s, giones era la ciudadanía, pero no la posesión de tlerra; los
.
que hemos consignado en el esquema de mterdependcncta. soldados servían por un periodo normal de veinte aflos, gene.
Esto nos dio una perspectiva de los nexos entre los ac?ntc­ ralmente fuera de Italia. Como reflejo del prolongado servi·
cimicntos. Puede ser útil terminar este capitulo cxamman· cio de los soldados, sólo se les pagaba tres veces al año, y
do una vez más los mismos acontecimientos y sus repercu­ a una tasa que era aproximadamente el doble del nivel mi·
siones, pero desde otro punto de vista, utilizando el �nccp· oimo de subsistencia de una familia campesina. Y al reti·
to estructural de diferenciación... Este concepto iJnphca que rarse, los legionarios r-ecibían un botín de reasentamiento que
a medida que las sociedades se vuelve�t más complejas, �1· superaba la pngn de trece aiios. As! pues, la de soldado se
gunas instituciones se destacan y adqUieren mnyor espcctfi· convirtió en ocupación pl'ivilegiada que se pagaba con los
cidad Funcional; estas instituciones recientemente emergen· impuestos de las provincias conquistadas. El ejército se vol·
tes -como, por ejemplo, un ejército profesional- establecen vió íntegramente profesional. De milicia ciudadana auloar­
su identidad desarrollando normas y valores espcclflcos para mada que ern, se habla transformado en un instrumentO de
la institución (tales como regias de conducta especificas pa· control y defensa imperial, a i slado por la distancia de las
ra los soldados, e ncluso
i una ley cmílitar•); sus miembros instituciones poUticas centrales, sitas en la ciudad de Roma,
compiten con otros grupos sociales por los recursos (por y en dependencia de la entrega regular de impuestos en di·
ejemplo, reclaman granjas de reascntamiento para los vete· nero. Su existencia dependía, pues, de otros cambios en la
ranos y llegan a desafiar al gobierno central en busca de economía polltica del Imperio.
mayores recompensas (como en la guerra civil). Bn segundo lugar, la educación." la importancia de la
A esta altura nos encontramos con un problema. En t<:O· educación para el tema que estamos tratando descansa no
ría, el argumento podría formulan;<; .en dos frente � al mts· sól o en las analogías entre su desarrollo y los cambios en el
mo tiempo, el conceptual y el empmco. Pe�. es dt ffcll. .En ejército, sino también en la contribución que la educación
consecuencia, quisiera comenzar por �1 anáhsts de tre� tm· aportó a la coherencia de la éiite en un sistema social que
_
portantes insti!Uciones romanas, el e¡érctto, la educactón Y crecfa con grao rapidez. Originaria e idealmente, los mucha·
el derecho a fin de ilustrar analogías en su dcsarollo, lo chos romanos aprendian lo que necesitaban saber en su casa
b
que nos o liga a adentrarnos en un tetritorlo nuevo �¡ fi. y en el servicio mílitnr. Catón el Censor -cónsul en 195
nal de un largo capitulo. Pese a todo, podemos �(enmo� a.C.-, por ejemplo, que era un tradicionalista n ultranza,
brevemente al ejército, puesto que ya hemos nnahzaclo �·· instruyó él mismo a su hijo; le enseñó a leer y a escl'lbir,
versos cambios en la organización militar y podemos stn· le ensel16 la ley y le adiestró físicamente en el lanzamiento
tetizar el análisis ele la educación y del derecho si compara· de la lanza, en la lucha, la equitación, el pugilato y la nata·
mos su estado a comienzos y a finales del pel'lodo de expan· ción. Decla que no quería que un esclavo tirara de las ore­
sión imperial. Esta cruda yuxtaposic�ón de extre n:tos apenas jas a su hijo a causa de un error, ni que su hijo tuviera
si hace justicia a su historia, pero strve en cambto pa�a sa· que agradecer a un escla\'o un don tan valioso como el aprcn·
.
car claramente a la luz algunos de los camb1os que tuvieron dizaje (Plutarco, Marco Catón, 20). Pero aun en este perlo­
lugar. Entonces, por último, podremos volver. al concept? do, parece que constituía una excepción. Los grandes de
estructural de diferenciación y buscar ilustractones empfrt· Roma sollan tener en sus casas tutores griegos para sus hi·
cas en las páginas anteriores. jos, tanto varones como mujeres, o mandaban a éstos a la
n
Originariamente, el ejército romano se compenetraba c:<;> escuela. Según Plutarco (Cues1iones romanas, 218 E), la pri·
el campesinado. Los campesi nos ciudadanos que poseían !te·
mera escuela primaria gratuita de la ciudad de Roma la eS·

96 97
7
tableció un liberto griego en la segunda mitad del siglo mdticos ilustres, 3). Es dable pensar que si en cada una de
111 a.C. Pero los investigadores modernos han dudado en su las veinte escuelas se graduaban anualmente sólo dieL cstu·
mayoría de que la enseñanza fonnal en grupo de la escritura diantes de quince años, lo que es una hipótesis modesta para
básica haya empelado en Roma tan tarde. unu escuela floreciente, en algún momento llegó a haber en
El omienzo
c de la educación secundaria en Komo, es de· Roma unos siete mil romanos adultos que hablan recibido
cir, la educacion en lengua y literatut·a SIiega Y latina (�ra· educación. Aun cuando el número fuera doble o cuádruple
matike} data de med iados del siglo 11 a.C., cuando un grtcgo (sólo puede tratat'SC de una cifra memmente aproximativa,
que fonnaba parte de una embajada ante el Senado romano dado que el número básico que da Sueton io no es digno de
se ca)'Ó y Ml •·ompió una pierna, y durante su convalcscen­ confian�a), de todas maneras la cantidad de adultos educa­
cia 1-ealízó muchas lecturas populares que sirvieron como dos sigue siendo una pequeña proporción del total de la
íniciaclóu (Suctonio, Gramáticos ilustres, 2). Antes de esto, población de la ciudad de Roma.
una vct más según Suetonio (ibid., 1), los romanos eran de­ La educación romana tenía también una tercera etapa
masiado incivilizados y beligerantes como para perder el en la cual sólo entraban unos pocos muchacho� romanos al
tiempo en estudios. Pero es posible que estos conlienzos ha· llegar aproximadamente a los dieciséis años de edad y um1
yan tenido luga•· antes, por obra de Livio Andróolco, a quien vez que hablan adoptado la vestin1enta de adultos, esto es,
se habla llevado a la ciudad de Roma como prisionero de la togtt virilis. La asignatura principal era la rctól'ica, tam­
guen·n de una ciudad griega del sur de Italia hacia media. bién de origen griego. La introducción de la enseñanza for·
dos del siglo m a.C. Lh·io Andrónico enseiló literatura g�e­ mal de retórica, primero en griego y luego en !aUn, levantó
ga y también escribió obras de teatro y poemas en latm; gran oposición. Los romanos trad icionalistas pensaban que
su traducción de a l Odisea de Homero marcó el comienzo la habilidad retórica formal constituía una pérdida de tlcm.
de la literatura latina tal como hoy la conocemos, y duran· po, una eogaf!osa manera de dar apariencia digna n argu.
te siglos se utiliLó como texto escolar. mentos triviales •cíñete al tema -decla Catón- y las pala·
Todo intento de datar con precisión el comienzo de cam­ bras surgirán por si m ismas• (Catón, ed. H. Jordán, Leip­
bios comp lejos encierra un elemento de ficción. Lo que im· zig, 1860, p. 80). llsta era la tt·adición de los verdaderos ro­
porta a nuestros fines presentes es �ue en el pcrl�o de ex­ manos, y Catón no CL'a el único en sustentar esta opinión.
pansión imperial, la alta cullura launa se creó a tmagen de En el afio 161 a.C., el Senado romano ap•·obó una disposi.
modelos griegos. Como escribió Horado: •La Grecia cau­ ción segú11 la cual los filósofos y los maestros de retórica
tiva superó a su bárbaro conquistador y llevó la civilización dcbJan ser expulsados de la ciudad d.: Roma.
a Jo� la tinos salvajes• (Epfstolas, 2.l.l56). Como pone de este Pero la moda predominó sobre la ley. Seis ullos despuds,
proceso de cambio cullural. la élite romana apt'endló lcn�ua el famoso filósofo Cal'lléades, fundador de ra Nueva Acade­
y l lterawra griegas, así como lo que fue. la llter�tura launa. mia en Atenas, iba a Roma con otro� filósofos en una cm·
Los nilios asistían a la escuela sccundarm aprox•madamente bajada. Plutat'co nos ha dejado un vívi dc> cuach'O del lmpllC·
de los doce a Jos quince años. De los romanos educados se to que produjeron en Roma Jos cultos delegados griegos.
csperaba que fueran tan expertos en griego como en latín. -e�tas son sus palabras:
Habla m agistrados romanos que pronunciaban elegantes dis­
cursos en griego para conquistar a los provi�cianos, y �lgu­ .... pasaron a vlsltn•· n estos personajes los jóvenes más nflcic>
nos hasta escribían' historias romanas en gnego. Es c1erto nados a la literatura y dieron en frecuentar sus casns [de Jos
que el culto del helenis mo tenía sus fatuidades, pero tam­ atenienses1 oyéndole� y admirándoles. Principalmente la gracia
bién fomentó oportunamente el desarrollo del teali'O, la poe. <le Caméades, n ln que no fallaban el poder ni la fama que a
este poder es consiguiente, logró atraerse a los i lustres y más
sía la h!storia la filosofía y la retórica latinas." Puede ser
benignos oyentes... corrió la \'O< de que un varón griego, admira·
útiÍ hacerse un� idea de la magnitud de este fenómeno. Según
blc hosta el osombro, agitando y conmovicndolo todo, habla fns·
Suctonio, hacia finales de la República habla en la ciudad de pirado a los más jóvenes un ardor extraordinario, que apartán·
Roma más de veinte florecientes escuelas de gramática (Gra· dolos de todns los demás ocupaciones y placeres los habla entu·

98 99
siasmado por In filosoHa. Estos sucesos fueron agradables a los La asimilación de una nueva profesión trajo consigo pro·
demás romanos, que ,·e!an con gusto que los jóvenes se aplica· blemas en lo relativo al nivel social y a los honorarios. De
en a la IMtruccióu griega... Menos a Catón, a quien desde el
s acuerdo con el edicto sobre precios máximos del afio 301 a.C.,
principio habla sido poco grato el que fuese cundiendo en In en el bajo imperio a los retóricos se les pagaba cinco veces
ciudad la admiración y la elocuencia por temor de que los jó­ más, y a los gramáticos cuatro veces más, que a los maes­
venes, convirtiendo a ella su afición, preficricscn la gloria de
tros de escuela primaria. Desgraciadamente, los documentos
hablar bien a la de las obras y hechos militares.• (Plutarco, Vidas
de periodos anteriores son deficientes. De todos modos, no
Paralelas, Marco Cató11, trad. A. R:mz Romanillos, Madrid, 1879.)
cabe duda de que algunos gramáticos llegaban a alcanwr
prectos muy cle\'ados. Uno fue vendido como esclavo por se.
.
Nuevamente se prohibió la retórica en 92 a.C.. es decir,
inmediatamente después de que se enseñara por primera vez tecientos mil sestercios; de otro se decía que habla ganndo
públicamente en latín en la ciudad de Roma (Suetonlo, Re.
1 cuatrocientos mil sestercios anuales en su escuela· y otro fue
tóricos ilustres, 2). El edicto del censor era cabalmente con­ elegido por el emperador Augusto como tutor cÍe su nieto,
servac\OI': f�te llevado n palacio con toda su escuela y recibió un sala­
l'JO anual de cien mil sestercios, lo que equivalía aproxima·
•Nos ha sido comunicado que algunos han establecido un
nuevo génel'o de enseñanza; que la juventud freeucntn sus es­
cuelas; que se hacen llamar retóricos latino!=: y que los jóvenes
acuden a ellos a pasar en la ociosidad dlas enteros. Nuestros
damentc a unas doscientas veces el nivel mfnimo de subsls·
tencia de una familia campesina (Suetonio, GramdHcos ilus­
tres, 3, 17 y 23). Jl.ste era también el salario normal que se
1
antepasados determinaron lo que debla ser ensenado a los nillos pag�ba a los profesores de retórica que ocupaban cátedras 1
y qué escutlns debían frecuentar. Tales noved:1des, pues, contra­ ofic1ales en la ciudad de Roma, que se habían fundado a me­
rias a los usos y costumbt'CS de nuestros padres, no nos $0tisfa· �· diados del siglo 1 de la era cristiana, pero que no se ocupa.
cen, las creemos perniciosas. Juzgamos, por consiguiente, deber ban de lengua y literatura. E n todo caso, todos estos hom· 1
nuestro hacer saber a los que regentan tales escuelas y a los bres eran excepcionales; esto es lo que sabemos acet'Ca de
que han adquirido In costumbre de asistir a ellas. nueslra opi· ellos. Además, ilustran el gran valor que otorgaban a In en.
n ión, que es coolraria a tales innovaciones.• (Suetonio, Re16ricos señanza miembros influyentes de la élite.
ilustres, 1, trad. Jaime Arnal, ed. Iberia, Barcelona, 1963.)
Mucho� �ac�tros de retórica y de literatura eran griegos,
La represión fracasó; la retórica floreció. Los retóricos de· mcluso
, ongmarmmente esclavos. En consecuencia, es sorpren­
sarrollaron complicadas reglas en materia de rilmo, de esti· dente In nceptacíón social de que gozaron. Según Suetonio,
lo, de organización de los argumentos. Enseñaron a los abo· algunos retóricos fueron tan bien recibidos en Roma que
llegaron n la dignidad senatorial y a las más altas magis­
'
gados cómo defender una causa en el tribunal y a los su·
puestos polfticos cómo ganarse al electorado; todos se íns· traturas (Retóricos ilustres, 1). aunque no da ejemplos. Sin
tt-uían acet·cn de cómo explayarse sobre problemas morales embargo parece probable que la enseilanza fuera un medio
y de cómo elogiar a los muertos. Cada rama de la oratoria ele movilidad social; también era un instrumento de socln­ 1
tenía su nombre especial: cjurldica, deliberativa, demostra­ l!zación de aristócratas. Los aristócratas romanos queiÍan ser
tiva•. Luego venían complicaciones ulteriores: •Un proceso �t�ratos; por tanto, los literatos expertos gozaban de pres­
judicial se divide en seis subtipos: letra y espíritu, leyes e n tlgto entre los aristócratas, junto a los cuales podían elevar
.
conllicto, ambigüedad, definición, transferencia y silogismo• su prestigio social. Este movimiento afectaba tanto a maes­
(Cicerón ?, Ad Heren11ium, 19, cf. 2). Todas estas categorías tros como a alumnos. Entre las clases altas de Roma lo
hablan sido tomadas de los griegos y solemnemente tradu· mismo que en la China o el Japón tradicionales la rivalidad
cidas al latiD. Asl, la diferenciación en la educación daba informal por el prestigio social se expresaba a' menudo sal·
origen a un lenguaje especial (fenómeno que no incumbe �icand.o la conversación o la correspondencia con alu�iones
sólo a la sociologla) mediante el cual los cont�oscemi se dis· hterar1as, precisiones filológicas y floripondios retóricos.ICIO
tinguían de los otros hombres, a la vez que a su criterio los La educación era n In economla cultural lo que la moneda
elevaba por encima de estos últimos. a la economla monetaria, esto es. una lingua franca median-

100 iOl
te la cual podían asimilarse y fusionase las élites de diver­
r
a Moisés que a Hammurabi por su estilo. Las Doce Ta·
sas subculturos. bias estableclan algunas reglas fundamentales de procedí·
Esta cexpUcación• funcional del cambio cullurol no es miento legal y de ca,ligo en un lenguaje an:aico y a me·
suficiente por sí misma; sin embargo, complementa el pun. nudo arcano. Es digno de notar que había normnth·as que
to de ''istn difusionista tradicional según el cual la élite m­ dejaban la imposición de la venganza por los perjuicio< re·
m ana se limitaba a imitar y asimilar la cultura griega. En cibidos a la parte damnificada, aun cuando el magl<trndo es­
resumen, ninguno de los dos enfoques rtlsulta plenamente tatal hubiera intervenido antes para juzgar la culpn de la
satisfactorio; sea como fuere, la consecuencia de la imitación parte inculpada. Las Doce Tablas sólo sobreviven en citas
fue quo las clases más altas de italianos, romanos. griego�. fragmentarlas, pero las cláusulas siguientes dan una idea de
conquistadores y conquistados indistintamente, compartieron su estilo cortante:
una misma y muy alta cultura que, en un c0111ienzo, Cr:l ex�
traña a todos, excepto a lcls griegos. Por tMto, los griegos •Sí le cita la justicia, irá. Si no lo hace, se cita a u11 testigo.
educados hicieron las veces de grandes sacerdotes de esta Luego se lo cogerá (l.!).
cultura. Pero los romanos también gana1'0n su derecho a •Si alguien le ha roto el brazo o la pierna, habrá estricto re.
presalia, a menos que se haya hecho un pacto con 61 (8.2).
participar de ella a través de la adquisición de una educa­
•Sí roba durante In noche, a quien le mate, le será totalmente
ción prestada.
lícito matar (8.2).•
Hemos rccorl'ido un largo camino desde el antiguo siste­
ma romano de educación en el hogar. Del mismo modo que
Contrariamente, al final del período que estamos cstu·
en los modernos estados industrializados, la educación dejó díando, es decir, a finales del siglo r a.C., Jos romanos tenían
de estar en In famil ia y se localizó en instituciones funcio­ diversos tribunales criminales especializados, un vasto cucr·
nalmente específicas, a saber, las escuelas. La ya anticuada
po de derecho escrito, pr ivado, público y de procedimiento
pauta de la (unción paternal resultaba demasiado simple para
(como la ley Comelia sobre el asesinato, o la Falcldia, que
formar a los dirigentes de una sociedad compleja. Como he·
restring!a la pmporción de un fundo que se pod!a dejar
mos '�sto, los jóvenes romanos aprendieron griego y l ite•·a­ en herencia, o la Cecilia, que proh a las leyes compuestas
ibí
turn lntinn, retórica y derecho, además del sen•lcio mil itar y prescribla un plazo entre la publicación y In aplicación de
v

muchas veces -como temía Catón- en lugar de éste.
una ley); se hablan publicado comentarios sobre el derecho
\ho.-a la enscilanza de Jos niños estaba a cargo de personas tradicional ,. los procedimientos, libros de opiniones juddi·
cualificadas y especializadas, con nuevos nombres para las cas y edictos de los pretores, que eran los principales mn­
nuevas funciones (gramafístes, litterator, calculator, ¡Jaidago·
gistrados Judlcioles romanos; en efecto, estos edicto� cons.
gus, hypollidaskalus, grammaticus, rlletor); el nuevo personal
titulan 1'1lplamentos complementarios de derecho ¡:>rocesol.
hablaba un lcnp;uaje profesional de nuevo cuflo y desempe­
Todo este conjunto formaba la base de un elaborado sistema
ñaba su papel en instituciones de reciente fundaci611 (ludí,
jurídico, ele tono1· muy diferente del derecho arcaico. y de
scl•olm) que se distinguían por normas y valores espccUicos,
impresionante annln¡xía (mutatis mutandis} con el lcntwale
desde la sofística al escolasticismo pasando por la corree·
moderno en •u cuidada fraseología. La cita ,¡�uicnte está sn.
ción filológica.
cada ele un coniunto de regulaciones muricipales (llamado
Proceso� análogos se producen en la administración de
ler IJilia Mmriclpalis):
ju sticia."' Se crearon nuevas instituciones dotadas de perso­
nal nuevo, juristas (iuris consulti} y abogados (advoc ali, cau. •(10) Si alguien que en virtud de esta ley debiera montener
sidici, patr011l} especializados, que no sólo desarrollaban las adecuadamente la vía público que está frente a su propiedad v
nuevas actividades, sino que también hablaban y escribían no lo hace tal como debiera a juicio del edil, éste <u<cribirá
en un lenguaje especializado, el lenguaje del Derecho Roma­ a su entera discreción un conrrato para el mantenimiento del
no. La fuente tradicional del Derecho Romano fueron las refelido tro7.o de �elle. Durante P<>r lo menos diez días antes de
Doce Tablas de 451 a.C., un código primitivo, más cercano la adjudicación del contrato, deberá colocar frente a su tl1bu·

103
102
nal, en el Poro, el nombre de la calle que habrá de ser objeto Roma fueron extensos y los magi strados est uvieron muy
de obras, el dla en que se adjudicará el contrato y el nombre ocupados con cuestiones jurídicas, resultó a éstos muy diff·
de Jos propietarios en esta parte de la calle. El edil deberá co­ cil trasladarse a lugares distantes para entender en deman.
municar a Jos citados propietarios su intención de contratar las
das judiciales• (Aulio Gelio, Nocl!es dticas, 20, 10). Y asl,
obras pnra la susodicha calle, asr como el día en que se adju·
dicar.\ el contrato...• (Antiguos Esuuwos Romanos, 113.) por convención, un terrón de tierra o una teja servían como
sfmbolo visible de una granja o de una casa en disputa. El
Obviamente, las leyes eran redactad as por profesionales cambio constituía al mismo tiempo un índice de la ramplo­
(cf., Cicerón, Sobre la casa propia, 48), y en su cuidada ela· na concreción del antiguo derecho romano y su superación
boración se renejaban los conflictos de intereses que habla por medio de ficciones jur ídicas.
que solucionar y las lagunas de las redacciones anteriores que El demandante abría el proceso ante el magistrado. En·
quedaban ahora colmaclas. Estas leyes formales tendían a tonces el demandante, con una vara en In mano, pronuncia·
impedir el conflicto abierto mediante la presentación de las ba una serlo de fórmulas,'"' como, por ejemplo:
consecuencia previsibles del mal comportamiento.
No debe exagerarse la importancia de esta complejidad. ··Yo aflrmo que este hombre (un esclavo] me pertenece de
A�í como la justicia de las Doce Tablas presupon!a, sin sen·
derecho quiritario. Habiendo dicho cuál es su condición, yo te
he impuesto la vinclictn."' Y al mismo tiempo nplica.bn la. varn
tido de In realidad, la capacidad de todos los demandantes
al hombre. Su adversario pronunciaba las mismas palabras y
para llevar al ofensor ante los tribunales ju nto con el objeto hacía los mismos gestos... y el pretor decfa: •sollad ambos al
en disputa, asf tambión, a Jo largo de la historia de Roma, hombre."• (Gayo, fnstitudones, 4.16, ed. Iberia, Barcelona.)
la ejecución de los juicios fue el eslabón más dt!bil de la
cadena del sistema legal.'"' Había pocos tribunales y estaban Luego seguln el recitado de otras fórmu las y, citando otra
preponderantemente a disposición de los ricos y los podero­ vez a Gayo: en causa de la minuciosidad exagerada de los
sos; campaba alll el soborno. Sabemos muy poco sobre Jo¡ antiguos que crearon estos derechos, la cosa fue llevada ni
delincuentes pobres; sospechamos que esta compleja justi· punto que el menor error implicaba la pérdida del proceso•
cia muy raramente estaba a su alcance. Se trata de una li· (Instituciones, 4.30). Lo mismo ocurría con los r i tos religio­
mitación evidente de la justica en todos los Estados preín· sos de Roma, en los que cualquier error de procedimiento
dustriales, y tnmbién en los industriales. En los posteriores dejaba al rito vac!o de sentido. El resto de esta acción prc.
códices romanos de derecho sobreviven demandas entabla· liminar atlte el magistrado adoptaba la forma de un dopó­
das por litigantes modestos; y hasta parece probable que la sito sagrado (sacrotnentum) por una suma determinada; se.
gente pobre tuviera acceso a Jos tr ibunales en todos los ticm· gún el valor del objeto en disputa, el depósito era de oin·
pos. Sin embargo , es indudable que la may01ía de Jos casos cuento o de quinientos asses que, al parecer, cquivalln a cln·
de que tenemos conocimiento afectan a los prlvile¡tiaclos. co o cincuenta ovejas (Aulo Gélío, Noches drícas, 11.1). E5
Con estas precisiones presentes pasemos una breve re· de suma importancia, sin duda, que quien perdla el juicio
vista a algunos procesos del s istema jurídico romano. Una perdiera tnmblón el objeto en disputa.
vez más, quisiera advertir que gran parle del material es Este antiguo procedimiento, que fue sólo uno de los va·
inseguro y casi todo controvertido, y que en un breve in· ríos que evolucionaron, muestra aspectos importantes del de.
forme no puedo evitar la simplificación de cuestiones com· recho romano primitivo. En primer lugar su carácter ritual,
plejas. Sin embargo, al comien1-0 del periodo de expansión que tambión exi�te en gran patie del procedimiento judicial
imperial de ultramar, los procedimientos del derecho roma. moderno, En segundo lugar su carácter formal, dado que
no eran todavfa c:o<tremadamente ritualistas. Los litigantes te­ las palabras que se pronunciaban estaban investidas de u n
nían que aparecer en los tribunales ante el magistrado y jlm· significado simbólíco o ritual. E n tercer lugar, s u rigidez, ya
to con el objeto cuya posesión estaba en disputa. Si el ob­ que la forma de In acción estaba fijada de antemano y ex·
jeto en disputa era Inmueble, el magistrado habla visitado cluía la posibilidad de u n juicio de compromiso entre los
previamente el lugar, cpero cuando los límites del Estado de Intereses en pugna, en el supuesto de que ambas partes pu.

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dieran tener a)go de razón. El tribunal adoptaba la forma ble discreción, tanto en la adaptación del derecho escrito a
de un torneo sin armas en el que tenía que haber un ven­ las condiciones cambiantes como en la verdadera creación de
cedor y un vencido. Por último, su carácter res�rictivo, de­ nuevos contenidos jurídicos que complementaran el derecho
bido a qtte el depósito era s iempre una suma importante, de escrito 11 menudo mediante el uso imaginativo de ficciones
modo que los litigantes pobres quedaban de hecho exclui­ legales. Por ejemplo, ciertas acciones legales privadas esta·
dos. Pero una vez abierto el proceso formal ante el magis­ ban formalmente reservadas a los ciudadanos romanos; en
trado, el caso se ventilaba en una segunda etapa ante un juez su rúbrica, el magistrado podía autorizar a.l juez a ordenar
lego designado por el magistrado, etapa que bien podía desa­ que el extranjero, si era responsable, pagara indemnización
rrolla�se de manera informal y cambiante según cambiaran como si fuera un ciudadano romano. O, para citar otro ejem·
las condiciones. plo, en el derecho tradicional había casos que se habían de­
A medida que se ampliaba la esfera de influencia de cidido por los derechos legales de posesión; bajo las rúbri­
Roma, los romanos se veían envueltos en cuestiones lega­ cas de nuevo estilo, el magistrado podía señalar al juez que
les con personas de otras partes del Imperio, lo cual les decidiera el caso sobre la base de lo que debiera hacerse en
enfrentaba también con los nuevos problemas surgidos del tanto cuestión de buena fe (bona fides). De tal modo, la
gobierno de un Estado complejo. Estos cambios habrían e-s­ equidad y a veces incluso la intención complementaban el
timulado los desarrollos correspondientes del derecho roma­ sentido estricto de la ley.'OI
no. Sin embargo, es obvio Que no había perfecta adaptación También hubo cambios en la práctica del derecho penal.
entre la expansión imperial y la creciente complejidad le· Anti¡ruament.e se habían ventilado regularmente importantes
gal, sino que sólo se observa una tendencia en el contenido casos criminales ante los llamados tribunales del pueblo
de la norma y en los procedimientos legales. Por ejemplo, (iudicia po¡mli), potencialmente formados por cientos y has­
el alcance de la ley se amplió hasta abarcar los contratos ta míles de personas; estos tribunales tenían la misma com·
consensuales y se produjo una considerable elaboración del posición que las asambleas populares, los comicios por cen·
derecho relativo al daf\o inJustificable a la propiedad. Estos turias o por tribu, que también aprobaban la legislación y
cambios en el contenido del derecho debieron ser un factor elegían Jos funcionarios del Estado. Pero a partir de media·
importante en el aumento de la flexibilidad de los orocedi· dos del siglo n a.C. se establecieron diversos tribunale,�. se·
mientos. Además, como la educación, el derecho también su­ parados y mucho más pequeños (quaestiones), cada uno de
fl'ió la considerable influencia de los eruditos ¡>:rie�os que los cuales se especializaba en un tipo particular de delito,
introdujeron en la iurisorudencia romana las distinciones como extorsión, soborno, traición y homicidio. El cambio
dialécticas griegas. Cicerón, por ejemplo, en una obra perdi. no fue un éxito pleno. La reducción de los jurados los vol·
da, proponía -y tal vez llevara a cabo- una sistematiza· vi6 más accesibles a la conupción.
ci6n del derecho romano (De It�re Civile i1t ¡u·tem redlgendo). El abanico de casos que se ventilaba en estos <tribunales
Poco a poco las viejas formas de litigio pot· medio de criminales ea r r. ](l vez más estrecho y más amplio que en
fórmulas estrictas se fueron evitando y lue�o. probablemen­ Jos actuales tribunales criminales. Más estrecho porque la
te a partir del si�lo rr a.C., se las reemplazó por un nuevo mavoría de los deHtos pequeños se resolvían sumariamente
procedimiento legal. El magistrado que presidía el juicio, en 1� calle o estaban a cargo de un magistrado de segundo
normalmente el pretor, después de escuchar a ambas par· orden, cuya sentencia presentaba escasas posibilidades de
tes, establecía una rúbl'ica o término de referencia (la pala. apelación. Además, ciertos delitos contra la propiedad, como
bra latina es, confusamente. formt�la) que contenía los he· el robo, se trataban como cuestiones de derecho privado.""
chos atingentes al caso particular y las demandas y contra. La esfera de competencia de los tribunales criminales era
demandas de los litíl(antes. Estos términos de referencia eran algo más amplia que hoy porque en la última época de la
la base sobre la cual el juez (lude.<) decidía el caso en tma Rep(tbUca los conflictos políticos· intemos de la élite toma·
audiencia posterior. Este sistema pem1itía a los sucesivos ban la forma de acusaciones ante los tribunales criminales.
magistrados -especialmente a los pretores- una considera- Se acusaba a los líderes de facción, o a sus más cercanos

106 107
;
partidarios, de traición, corrupción y violencia, a veces con abría los procesos civiles. Dicho secretario publicó estas fór·
motivos justificados, otras veces sin ellos. Los acusadores mulas en lo que fue el primer libro de derecho romano (Tilo
eran miembros de facciones políticas rivales y oradores que Livio, 9.46). Un siglo más tarde, un cónsul, Sexto Aelio Pac­
esperaban que el éxito en los tribunales les sh'\·iera de tram· to, adquirió prestigio med iante la publicación de fónnulas
pollo p�rn sus ambiciones pollticas. El proceso judicial era nuevas y modificadas, que habían entrado en uso con el de­
un arma en la polltica de facciones; por ejemplo, sabemos sarrollo del Estado , junto con un comentario de las Doce
de más de un centenar de casos criminales en los que esta­ Tablas (0. 1.2.2.7 Pomponio). Pero pese a esta publicación
ba implicada la élite política en los veinte años compren­ tanto los nobles como los sacerdotes afectados a los cultos
didos entro el 70 y el 50 a.C.'"' del Estado, o al menos los senadores afortunados, seguian
El derecho romano no era un mero medio do expresión, teniendo el virtual monopolio del conocimiento y la habili·
y por tanto de control del conflicto político dentro de la dad jw·ídica (Cicerón, Los Deberes, 2.65).
clase gobernante, sino que para la clase alta era también En el siglo u a.C. la introducción de rúbricas flexibles
un mecanismo de protección de la propiedad. Cicerón se o de términos de rcfct'encia adapta dos a los hechos propios
refirió a esto con gran claridad: de cada caso hizo que, de galimatías ritual, los procedimicn·
11, tos legales pasaran a ser el ejercicio de una habilidad jurl­
«<!l derecho civil... [es] algo que uoa ve-t destruido, o sólo dica. .El ma¡¡ist•·ado que presi dia el proceso tenia que dar
derogado, o Incluso observado con negligencia, causa la inse­ forma jurldica y moclincar los complicados términos de re­
guridad en lo que se debe recibir de un padre o en Jo que éste ferencia que presentaban los litigantes y pasarlos al juez
ha de dejar a sus hijos. ¿Para qué, entonces, poseer una cnsa (iudex) que entendía realmente en el caso. Estos términos de
o una finca en herencia paterna... si no se tiene la seguridad referencia o r\1bricas (formulae) eran en parte una especie de
1 ¡¡,
de poder conservar el uso de luces. que son legítimamente vucs. precedente; rueron codificados en el Edicto áel pretor, que
tras, por vuestro derecho de propiedad ... Creedme, el poder era el conjunto de reglas y procedimientos que pasaba de
que se nos confiere en el disfrute de estos bienes heredados, se lo
debemos mucho más a las leyes, que nos lo protegen, que a las q¡ un pretor a otro. Pero los términos de rcrcrcncia también
teoian que adaptarse a la cuestión en disputa, teoian que ser
personas que nos dejaron tales bienes.• (En favor de Ardo Ce­
cina, 73-74, en Discursos po/!ticos y forenses, trad. Blánquez, ed. susceptibles de variación según los hechos del caso o el as­
Iberia. Barcelona, 1958.) pecto del derecho interesado. Sin embargo, los pretores eran
elegidos �ólo por un 01 10 y se les asignaban deberes milita·
Desde luego, esto es retórico. pero no por olio deja de res o jurídicos al aza1·.
encerrar algo de verdad. El derecho romano ayudó a pro­ En resumen, no eran necesariamente expertos. Dependían
teger la propiedad no sólo en Roma, sino también en las del consejo que recibían. Tanto los magistrados como los
ciudades ilallanas que caían bajo el dominio de Roma y en jueces y Jos litigantes acudían a l a misma fuente en busca de
las provincias.'"' consejo, esto es, a los consultores ju ídicos (iuris prru/a11tes).
1:
r

Todos estos cambios en el procedimiento civil y en la Estos homb res formaban una nueva y creciente profesión
forma de los tribunales criminales tenían como consecuen­ con total independencia del antiguo derecho religioso, que a
cia los cambios correspondientes en el personal judicial. An­ finales de la Repl \blica ya nadie estudiaba (Cicerón, El ora­
tiguamente, los sacerdotes patricios habían monopolizado el dor, 3.136). La grieta entre los sacerdotes y los juristas abrió
conocimiento de las fórmulas legales. El conocimiento del la profesión a los e�traños; y en el siglo 1 a.C. se sabe que
derecho era una rama del conocimiento religioso y, en con­ varios distinguidos consultores jurídicos tenían rango de
secuencia, era celosamente guardado (Cicerón, Pro Mrrre­ equítes, no de senadores."" El conocimiento del derecho sir·
"a, 25). De acuerdo con la tradición, el monopolio se vio vió como plataforma para la carrera política, probablemen­
quebrado por primera vez alrededor del año 300
a.C., cuan­ te como una alternativa menos prestigiosa que el servicio
do se dijo que el secretario de un noble censor habla ro­ militar. Cicerón nos da un cuadro del abogado en ciernes:
bado a su amo las ónnulas
f procesales, cuyo recitado ritual

108 109
-

•Scrvio [más tarde cónsul en 51 a.C.] prestó serv1c1o en la pesar de los refuerzos de que ésta fue objeto bajo Augusto
ciudad, aquí, conmigo, dando sus opiniones en mare1·la jurfdica, (Dion c.,sío, )4.111; cf. Tácito, Anales, 11.5·7).
redactaudo do.:umcntos legales, dando co11sejo, una vida llena Pero el sbtcma de no pagar a los abogados estuvo en vi.
de preocupaciones e inquietudes. Aprendió derecho civil, trabajó gcncia en una medida realmente SOrPrendente. Cicc1·ón, por
largas horas, ayudó a muchos clientes, aguantó su estupidc7., su·
ejemplo, recibía importantes sumas de dinero de sus cllcn·
frió su arro¡anc:ia... Es1uvo siempre completameulc: a dbpO)idón
tes, pero sólo po1· ''Ía testamentaria; se jactaba de haber r.:·
de los dcm:b, no fue nunca dueño de sf mi.,nto. Cuando un
hombre trabaja tan duramonte en una disciplina que bcneflcin cibido la inmensa suma de veinte millones de sestercios en
a tanlos, adquiere amplio prestigio y crédito.• concepio du l�¡¡udo� (Cicerón, Filípicas, 2.40). Aun en las cam­
biantes condiciones de la tardía República, los integ1·nntes de
Pet-o aun as!, Cicerón prefería las demandas de su clien­ la éllte compat·tlan valores y hacían honor a las obligaciones
te, que habla estado efectivamente al frente de un ejército. después de un lapso, a veces tras una generación, y en asun­
•¿Quién puede dudar de que la gloria militar conlle•·e más tos para los cuales nosotros querrJamos una r�compensa
dislincl611 que los éxitos en el campo del derecho civJl, cuan­ inmediata y cspeclfica. A decir verdad, en nuestra sociedad
do se tralu de aspirar a un consulado?• (Pro Muremt, 19 y existe un sistema de obligaciones mutuas no especificas. ""
22). También los oradores, a juicio de Cicerón, estaban por a l cultura de la� capas superiores de la clase media briláni·
encima de los nbogados. Pero a nosotros por el momento no ca y not·teamcricana. Pero está reservado a sectores do com.
nos ni teresa tanto la jerarquía relativa como la diferencia· portamiento relativamente poco importantes. Por ejemplo,
cíón de los profesional<:s. U11a cosa eran los abogados dcrcnso. yo invito a usted a cenar sin exigirle por eUo la específica
res (advocari, causitlici, pmroni) y otra los consultores jurJ. oblígación de retr-ibuirme la invitación. Pero en la mayorín
dicos (iuris prudemes). y los miembros de cndn uno de es· de los inte�ambios 1.-asladamos importantes obligaciones en
tos grupos sostenían las diferenci as con c>tcr<'Oiipos hos-
' términos de dinero y a menudo reforzamos mediante contra­
tilcs.lOO tos nuestrns expect:uivns de cobro. En ,·crdad, tanto domi·
Por último, quisiera insistir en que los cambios en el de. nn el dinero nue.�tro sistema de intercambio social que por
recho que he descrito un poco más arriba fueron graduales lo general expresamos en ténninos monetarios ou-as cuestio­
y no completos. Los procesos civiles mediante fórmulas ri· nes sociales, corno la satisfacción de un trabajo e Incluso el
tuales (legls actlo) y los cargos crmi inales ante amplios ju· rechazo social: •Fulano tiene un corazón de oro•, cLas nc..
rados populares liruticia populi) se mantuvieron hnsta el ft. clones do Zulano csuln bajando• (pierde estimación).
nal de In República. Coexistían las nuevas y las viejas for­ En la sociedad romana, la esfera de la obligación difusa e
mas no siempre con comodidad, pues los grupos gobernan­ inespecífico era 1radicionalmente muy amplia. En su o1·igen,
tes tralaban de que lo nue vo se amoldan a la tradición. Por se centraba en el 11cxo de parentesco y luego se cxtcl1ci(a se­
ejemplo, por la ley cinciana de 204 a.C., e l pugo de hono· gún IM lineas dol patronato. Un síntoma de ello era la prác­
ra.rios o regalos a los abogados estaba estrictamente limi­ tica de casa•· una hija de tal manera que con el casamiento
tado. Bn principio, del abogado se esperaba que defe ndiera se cimentara uno alianza entre facciones polfticas. Otra prác·
a Slt cliente como un favor, para acrecentar su presrigio tica consistla en ape lar a los lazos de parentesco o de amls·
pero no su riqueza (Cicerón, Los deberes, 2.65-66). La obli· tad a fin de oblener ventajas privadas, aun en contraven­
gación que el cliente debía a su patrón no estaba especifica. ción de la ley. Cualquier gobernador, cualquier mag istrado,
da y no era posible reclamarla judicialmente. Oc e�ta ma­ cualquier jue¿ y ]lll·ado podJa sufrir presiones para mostrnr
nera, In abogada debió ser una actividad a la que sólo po. su favor, otorgar beneficios a los parientes, a los amigos, a
dlan dedicarse caballeros con propiedades. Pero la ley cin­ los amigos de parientes y a los parientes de los amigos. De
ciana, a semejanza de muchas leyes romanas, era una /ex los parientes se esperaba que se conservaran siempre uni.
imperfecta, es decir, una ley que prohibía un acto, pero que dos, pero la e<tenslón de los lazos de parentesco a través del
ni penalizaba ni dejaba sin efecto las contravenciones. En matrimonio provocaba necesariamente conflictos de íntere·
consecuencia, no es sorPrendente que se evadiera la ley a ses. Cicerón se queja:

110 1 11
,.,

.1(
•Compadeceos. Me unl a vosotros por matrimonio; con oca· cambios hacia una administración formal legal o burocrática
sión de vuestra elección me habéis designado primer observador del Imperio.
de 111 tribu para abrir la ,·olación. me babéis llamado ¡>3ra Hemos ido demasiado lejos. Es hora ya de \•OI\"cr a consi·
hablar en tercer término en el Senado. Sin embargo, me ¡>Onéís dcrar el concepto estructw·aJ do diferenciación. Ahora poc:b
ahot"a indefenso en manos de Jos enemigos de la República; con mos hacerlo en términos más bien abstractos, con sólo bre.
palabras arrogantes y despiadadas habéis expulsado de vucsll-o
ves refel'enclas retrospectivas a los dcsan'OIIos del ej�rcito,
lado n mi yerno, carne de vuestra cnrnc y sangre de vue..�u·a
la educución y el derecho, que ya hemos analizado. Otúsiera
sangre (propinquum) y a mí )!Íja, que estaba unida a vosotros
por lazos ele matrimonio (adfirwm).• (Cicerón, Al S�naclo <les· insistir e11 que estas tres áreas sólo se seleccionaron a modo
pu4s de su regreso.) de ilustt·aciones de los cambios múltiples que se hablan
producido por el despertar del Imperio. Una historia social
Los po!Jticos de élitc se velan en serias dificultades para completa deberla ocuparse también de cambios similares en
recorrer con exactitud las lineas de parentesco, pero no tan· otros regiones de la organización social, como la agricultura,
to paro desarroUar agrupamientos ideológicos rivales. A ve­ el comercio, la arquitectura y la administración.
ces los intentos de ampliar las facciones por medio del ma· No me gustan las definiciones formales, pero en este
trimonio fracasaban porque las mujeres dejaron de ser me­ caso tal \'CL pueda ayudarnos una. La di(erenciación estruc·
ros peones en el juego de los hombres para arrogarse ciertos tural se refiere a los procesos por los cuales una institución
podet"CS por sí mismas; se vieron considerablemente bene­ indiferenciada (por ejemplo, un gt"U¡>O familiar con múltiples
ficiados por la disposición jurldicn que protegía sus propie· funciones) resulta dividida en instituciones diferentes (como
dacles como diferentes de las de sus mntidos y adquirieron escuelus ¡lOra la educación, fábricas pura la producción), cada
la capacidad para iniciar el divorcio y contraer nuevos ma· una de las cuales se encarga el" una sola función principal.
trimonios por sí mismas. Lo institución conservadora del Trataré de las consecuenci
asde la diferenciación estructural
matrimonio servía así como vector del cambio social e en cinco puntos: separación, competencia, lo viejo contro
inducia a un nivel de emancipación femenina en la elite lo nuevo, la periferia contra el centro y el creci
m iento del
romonn que no conoce casi parangón en la historia hu· poder del Estado.
mana. Pl"i
mero, las instituciones recientemente diferenciadas,
Las obligaciones personales para con esposas y patientes, como, por ejemplo, el ejército romano, las escuelas y los
amigos y patrones, así como las reclamaciones de todos ellos, tribunales judiciales, que desat·rollaron normas y valores
eran incompatibles con las disposiciones formales del derc· que legitimaron su identidad como partes aisladas y autó­
cho, y también incompatibles con la Impersonal •racionali· nomas de la sociedad. Las tácticas militares y el derecho mi·
dad y diligencia. que la admhliStración de las provincias litar, las complicadas reglas de gramática y de retórica, de
teóricamente requería. Algunos romanos e
ran conscientes lenguajo y procedimientos jurídicos, todo eUo sirve como
del co110ictoentre los ideales impersonales y el beneOclo ejemplo de nuevas normas que dlfcrcnciahan cada nstitu.
i
personal. Pero para ser miembro pleno de la élite había ción de las demás. Pero, sobre todo, era el desarrollo de
que ganarse Jos favores de algtín amigo y dispensar fa· funciones sociales profesionales especlficas y a menudo de
'"ores a los amigos de los otros. Las cartas de recomenda· dedicación total -el soldado diferenciado del campesino; el
ción, que en tan gran número se encuentran en la corres· orador y el abogado, del noble y del sacerdote- lo que in·
pondencia de Cicerón, Plinio y Slmaco. eran los cheques per­ dicaba el desarrollo de un personal especifico para las nue­
sonales del sistema, mientras que el crédito de un miembro ''as instituciones autónomas."'
dcpendla de su poder para colocar amigos en posiciones ven.
tajosas.110 El patronato y la corrupción (que es la apropia·
'. Segundo, las instituciones recientemente diferenciadas en.
tran necesariamente en competencia reciproca por los recur­
ción de un cargo público como propiedad pr ivada) cmn el sos sociales, trátese de pago, de prestigio o de personal. Las
anverso y el reverso de una misma moneda. Su persisten· circunstancias de esta competencia eran excepcionales para
ola y predominio obstaculiznron In cabal realización de los una sociedad preindustrial. Puede cleRnlrsc una sociedad pre.

112 113
8
�i
industrial como una sociedad en la que no sólo el poder tigio o el recuerdo del s tatus de Jos antepasados -y unn
musculat· de hombres y animales constituye el n.>curso ener­ nue1·a élitc que e1<traía su poder en parte de la; nuevas ins·
gético más importante, sino tambi én como una sociedad tituciones -conu·ol del ejército, habilidad oratoria, cono­
cuya muy escasa producción e.-.cedente se prevé, s.c produ­ cimiento jurídico. lln parte, esta distincion es más con­
ce y se utiliza rutinariamente siempre para el nusmo fin, ceptual que real en la medida en que los nue\'0) integrantes
año tras allo. Pero la :>OCiedad romana, debido a que los de la élitc romi\Jla, provenientes o menudo de las ciudades·
frutos de la conqut�ta se \'Oleaban en Italia en inmensas can­ �t.lldo it.all:•nas aliadas, ya poseían tierras y, ¡¡melas a In
tidades, escapó temporalmente a estas limitaciones. Tenia concesión de la ciudadanía romana, estuvieron en condicio­
a su disposición ingentes recursos, para los que la sociedad nes de ocupa•· cargos políticos en Roma. La tierra y el car­
no tenia destino tradicional. Así, los recursos cstaba•l en ctlo­ go polltico eran los dos sellos distintivos de la élite tradicio­
tación libt'e•. Por tanto, los romanos se cnfrcnt.aban con �1 t�al . Complementariamente, los miembros de la vicjn éllte
.
nuevo y desconcertante problema de cómo habla que utth· podlmt adquirir nuevas habilidades, y de hecho Jo hncfnn. En
za1· estos t·ecursos y ep beneficio de qu ién. consecuencia, las viejas y las nuevas élites no remitían a gru­
Conocemos una t-cspuesta general, que los ¡·ic�s se �ol· pos detet·mlnndos. Pero en cualquier sociedad el cambio so·
vían más ricos. Pero ésta es una fórmula demnsmdo
snn·
cial que hnplico nuevas ideas, nuevos valores, se nbrc a un
pie para cubr r la compleja expansió n de Ja sociedad roma­
i camino desparejo. Los diferentes sectores de la población, los
na, que pasó de ser LLnn gran ciudad-Estado a un
P?der viejos y los jóvenes, los campesinos y los habit�ntes de la
imperial. Había, por ejemplo, competencm entre Jos rcos,
� metrópolis, asimilan el cambio en diversos grados y a me­
equites y los gobema dore s naton ales
entre Jos publlcanos � � nudo justifican su comportamiento con estcreolípos hostiles
acerca del reparto de los despo¡os de las provt�c•as. H �bía
de quienes son diferentes. El cambio era tanto subjetivo
rivalidades por el prestigio en el interior de la éhte; !csumo­ como objetivo. Por ejemplo, cuando Cicerón llegó a cónsul
i
nio de ello son los denodados ntentos de algunos m•embros -fue el primero de su familia en tener tanto éxito en la po­
de la élite po1· dominar el griego, lenguaje de una cullura lltiea- se sintió todavía en desventaja en comparación con
conquist.ada. También hu� cxperi�entos en el campo
�e
los que él suponía que hablan heredado la •nobleza•.
_ ad de In éhte
l a competencia que retle¡aba n la msegund En nuestro anterior análisis del ejército, de la educación
acerca de los critórios para logt·ar un status ele�•ado;
de
y del derecho hemos considerado diversos casos de conflicto
aqul los pagos exagerados y los elevados hono•·o•·•os a los entro los chapados a la antigua y los hombres que abraza­
retóricos doctores, actores, arhstas y arqu•tectos. Estos
t
gos enal ecían dichas profesio n� al �livel de subélitcs y
pa­
las
ban con entusiasmo lo nuevo. Ya hemos visto los pt•oblemns
que de estas Innovaciones surgían, como el reclutamiento en
!
t.a!n·
hacían copartlcipes ele la povlstma nqueza 1omana. Y el ejército de Jos que carecían de tiera,
r la introducción del
:
bién había intentos de personas no pertenectentes n
In éhte
latfn retórico y la creación de los tribunales de jurados.
para conseguir una participa ción mayor de In riqueza de la
Otro breve ejemplo nos ayudará a comprender la situación.
sociedad, como reclamaciones de pagos más ateos, mayores En el último siglo de la República, el orden ecuestre surgía
'
de
boti.ncs y granjas más grandes de parte de los soldados, como esu·ato social separado y legalmente definido, los más
trigo gratuito y más diversion es de parte de los electores ricos de cuyos miembros eran al mismo tiempo publicanos
hacían
met1·opolltanos pobres. Todas estas reclamacione• se en las provincias y terratenientes en Italia. La moderna in. •
recursos de que se podía
viables gracias al enorme tlu¡o de . vestigación ha mostrado que en muchos aspectos económico�
nte, y se vieron estimula das por la mesta­
disponer libreme y sociales, estos caballe1'0S se asemejaban a los senadores, y
bUidad de las relaciones sociales, que una r iqueza desacos· que en todos los conflictos sociales senadores y caballei'OS pe­ '
tumbrada alentaba. . leaban indistintamente en campos r ivales. En consecuencia, 1
Tercero, como sociedad en cambio, habla en ella contl•c­
tos entre la vieja élite, cuyo poder se basaba en el control
de los recursos u·adicionales -tales como la tierra, el
pres-
'
la di stinción entre senadores y caballeros no es objetivamen­
te importante, pero los romanos de entonces consideraban a
los caballeros como grupo social que, en buena medida, es-
!
1•

114 115
taba empellado en una lucha con el Senado. Cicerón, por radas, como estuvo a punto de suceder cuando Antonio se
ejemplo, pensaba que la reconciliación entre senadores y ca­ alió con Cleopatra en Egipto. No es una ley unh•ersal que
balleros (concordia ordinum) constituiría una base satisfac­ el conllicto militar lleve a una concentración del poder po.
toria paro un gobierno estable y pondría fin a la contienda Utico, por más que se trate de un fenómeno que se ha ob­
civil. La cticotomfa senado-caballeros, pues, aun cuando no se servado con frecuencia. En resumen, no podemos explicar el
entendiera acertadamente, era importante, llustm cómo las éldto de Augusto invocando o baciendo entrar en juego una
instituciones diferenciadas se convertían en puntos de refe. ley ---que no existe- de tendencia centrlpeta del poder mi­
rencia con los que los miembros de una sociedad tra:¿aban litar.
sus mapas sociales. Las distinciones entre las partes difere!l­ Uno de los problemas más importantes con que se enfren­
ciadas de la sociedad se convertían en tópicos del vocabulariO taban los romanos era el de la subordinación de lo milita•· a
político y, a veces de una manera no re<�lista, se tomaban 1 l o polltico, que a(m sigue constituyendo un problema en mu­

1
como ejes de conflictos políticos. chos Estados económicamente subdesarrollados de hoy en
Cuarto, la distribución de los recursos entre las institu· día.'11 En el pricipado romano (3l a.C.-235 d.C.) el problema
clones en conflicto es a menudo, o es en última instancia, res­ quedó resuelto durante largos períodos; la famosa paz ro­
',
ponsabilidad del gobierno central. Por tanto, las Institucio­ mana, la pax romarltl, protegía a tos súbditos tanto ele las
nes de reciente aparición tenian doble función: a) probar guerras civiles como de los ataques extemos. Pero al final ele
los limites del poder de la autoridad central, y b) desafiar la República, el delicado equilibrio entre lo pol!tico y lo
a la autoridad polftica del gobierno en el centro mismo. Pue­ militar se rompía por obra de dos factores, que eran la
d.. que la finalidad fuera ganar recursos extm -por ejem­ concentración do poder en manos de supergencrales y la exa­
plo, el control de los tribunales de jurado por parte de los cerbación del confiícto político. Tratemos brevemente de
caballeros, o granjas de rcascntamiento para los lfetcranos­
o simplemente confirmar el lugar de un grupo dentro del or­ 1' cada uno de ellos.
La conquista de un inmenso imperio enfrentaba una y
den social. Ilustremos estos procesos. Por tradición, los sa­ otra ve� al Estado romano con problemas militares que re.
cerdotes oficiales del Estado tenian derecho a declarar ilíci­ querían mandos mllitares más amplios y de ma:o-or duración
tas ciert.1s actividades políticas o legislatilfas si a su juicio que l o que cómodamente podía tolerar una oliRarquía igua­
algo contralfenín los ritos adecuados. Pero en diversos mo­ litaria (entre pares) que compartía el poder. Por ejemplo, en
mentos crltleos el rigor sacerdotal se pasaba ¡>ar allo; Jos el año 67 a.C., a fin ele limpiar de piratas el Mecliter�·áneo
líderes poUticos procedían a elaborar leyes pese a las pro­ oriental, Pomt>eyo el Grande recibió un mando militar que,
hibiciones religiosas, de la misma manera que los genera.les en beneficio de la eficacia militar, cubría ,-aria• provincias.
libraban batallas ignorando c1cgamcnte los malos presagiOS. Esto, inevitablemente, elevó a Pompeyo por encima de otro•
J.o politico tl'lunfaba sobre lo religioso; consecuentemente, el generales senatoriales. Análogamente, Julio César aseguró el
prestigio y el poder de los sacerdotes clescend!a. mando de un y.ran ejército durante diez años; y fue este
Los ataques ele los generales pol!ticos al sobietno cen­ mando extrnorclinnriamente prolongado lo que le pennitió
tral con el respaldo de las armas, eran más dlfíclles de so­ conquistar la Gnlia. Así, los romanos produieron supergene­
Ú
bre evat· y requieren una atención más detenida. En verdad, rales en Interés de la expansión imperial y luego esperaron •
la serie creciente ele guerras civiles entre generales rivales temerosos y ansiosos. preguntándose s i lo• supergenerales,
-Mario y Silo, Pompeyo y César, Antonio y Octavio- con­
dujo eventualmente a la disolución de la República y a la
como los ¡zenerales de los antiguos tiempos, se someterían 1
concentración del poder pol!tico en manos de un único ge­
al Estado una vet con•eguida la victoria.
A veces lo hac!an. Otras ,·eces soltaban sus fuerzas con­
1
neral victorioso, Octavio, más tarde llamado Augusto. Pero tra la ciudad de Roma o contra los defensores, apresurada·
esta triunfante concentración de poder no se dio necesaria­ mente equipados. del Senado. El mero hPcho de que los rte· rl
mente; el gigantesco Imperio, como el Imperio persa y el de
nerales y los soldnrfo• romanos tuvieran la voluntad de atll·
Alejandro Magno, pudo haberse dividido en satrapías sepa-
car a la ciudad de Roma era ya índice suficiente de inestabl·

116
117
lidad pol!tica hondamente arraigada. ¿Qué habla cambiado? tes recientemente diferenciadas. La más m i portante de las
En parte, la explic ación del cambio de comportamiento de la nuevas instituciones integradoras fue el Principado, nombre
élite esu·iba en la exacerbación del conflicto polltico y en la que damos a la monarquía patl'imonial forjada por Augusto
quiebra del sistema tradidonal del permanente intercambio y que en lo esencial se mantuvo durante cerca de trescientos
de cargos políticos dentro de la élite, sobre la base de Jo años. Este nuevo orden polltico t'Cpresentó el poder Incre­
•-eciprocidad y en la confian�a en que su carencia de poder mentado del Estado. Su descripción y análisis merecen y han
político no acarrearía grandes consecuencias. Antiguamente, sido objeto <le volúmenes enteros. Para nuestros fmes prcsen·
la pét'(!icla de una elección -del pretoriado o del consulado, tes basta con describir brevemente algunos elementos cons·
por ejemplo- significaba pérdida de prestigio, pero no pér­ titutivos que distingtúeron el Principado de la República.
dida prolongada de status para lo familia (volveremos sobre El poder del emperador conservó nftidamente el control
este tema en el capítulo I de mi obra Succession and Dcs­ del ejército profesional, en el cual los soldados prestaban
cettt). Hacia el final de In República, en cambio, la pérdida servicio durante muchos años. Se volvió a situar a las legio·
de una elección podía acarrear la bancarrota; la pérdida del ncs fuera de Italia, en las fron teras del Imperio, a una dis·
poder político podí a significar, como en el caso de Cicerón, tanela prudencial del escenario de la política activa de Roma.
el exilio y más tarde la ejecución. La competencia política se Julio César habla incrementado significativamente la paga
babia vuelto más fero?- a catlSR de las recompensas ligadas de los legionarios; Augusto agregó un premio que debla pa·
a la obtención de un cargo oficial en la metrópolis o on la� garse al cabo de dieciséis v más tarde ele veinte años de ser­
provincias, junto con el hecho de que las desventajas de la vicios mililares satisfactorios. Estos pagos regulares, que se
pércllcln del cargo se hab(an hecho mucho mayores. La violen. elevaban casi a la mitad del total del presupuesto imperial,
cla de los ejércitos y de las bandas armadas, si bien no llr· dependla11 del pago y percepción de impuestos de una mane·
gó n destruirla erosionó sel'iamcnt.c la vigencia de In ley. ra regular � previsible. También dependían de la creciente
En las óltimas décadas de la Rcpóblíca, los romanos volvie· monetarización de la economfn imperial. Bajo la República
ron a transitar por las canes de la ciudad portando armas o ya hnbln habido importantes incrementos en el volumen de
acompaflados por secuaces armados. En su lucha por la vic­ monedas acuñadas por Roma; pero bajo el Principado se dio
toria o por la supervivencia, las facciones poUticas se sentfan por primera vez al Imperio en conjunto un sistema de acu·
obligadas a utilizar toda arma que cayera en sus manos. y ñación prácticamente unificado, que reflejaba a su vez una
utillznron CSp<"cialmente las in�tituciones que se hablan for­ parcial unificación del c<>njunto de la economía monetaria.
jado en el proceso de diferenciación estructural y que nt\n Esta unificación parcial de la economía monetaria se alcan-
no hablan sido firmemente asimiladns por el orden social. De 7Ó en Aran parte gracias a la interacción del impuesto y el 1
aqul los cargos criminales conl\•a los enemigos poHticos en comercio. Los impuestos en dinero se exigían en las provin. '·
Jos tl'ibunnles de jurados, Jos asesinatos judiciales por •Pl'O�·
cripción • (la publicación de listas de enemigos del F.stndo
clas mlls Importantes -como Gaita, España y Asia- y se
gastaban mnyormente en Italia o en pagos al ejército de las
¡(
a quienes se pod(a asesinar legalmente mediante rrcompen· provincias frontcri7.as; por lo tanto aquéllas tenían que ex.
sal. los ataques del ejército v las guerras civilr<. A medlcta portar bi�ncs a fin de voh•er a comprar la moneda con la cual
que el poder del Estado creda (en términos de impue,tos debían pa�ar los ;mpuestos.'ll Este método simplificado expli·
percibidos, monedas acuñados, hombres empleados o alean· cita en cierto modo por qué, bnjo el Pr incipado, fue Italia
ce de las leye• aprobadas), resultaba de fundamental impor­ tan ¡rran importadora de bienes provenientes de las pro,·in·
tancia para los líderes de cada facción asegurarse de que cías.
eran ellos y no otros los que tenían en sus manos el control Otro elemento constitut ivo del nuevo orden imperial era
del Estado. su legitimidad. Esta legitimidad tenia diversas facetas: la
Quinto, y · último, si el Estado romano quería mantenerse consciente restauración de la tr"dlclón. la extensión del apo­
como una entidad única, necesitaba nuevas instituciones, yo pnHtico, allende la metrópolis, a las élites de Italia y de
nuevas normas y Yalores que le ayudaran a integrar las par- las ciudades de provincias, y el refuerzo de la vigencia de

118 119

..
la ley. Augusto, el pt;mer emperador, se abocó ostentosamen· si\'a de campesinos italianos, en su mayor parte e.'< soldados,
te a restaurar la antigua constitución republicana. Se trató 1 para cMableeerse en colonias del norte de Italia o en tierras
de un �cto sorprendente para un monarca, pero la constltu· de las pro,•incias. Al final del largo reinado de Augusto (31
ción oll�árquica tradicional estaba pensada para e\•itar -por a.C. · 14 d.C.), la expansión territorial del Imperio práctica·
ejemplo a través del ejercicio de los cargos públicos de ma· mente &e había detenido y, a mi juicio, el volumen de las
nc•·a colegiada y durante brc\'cs períodos- que los no arJs. importocione� de esclavos habí� disminuido considera ole·
tócratas adquirieran un poder cxccsh·o. Con la imposición de mente. Un segundo cítculo vicioso que afectaba a los ariSIÓ·
un mon¡H·co que vig:ilarn el CuiHplimiento de todas las re· eralas y otros terratenientes italianos ricos se quebró taro·
glas, la constitución republicana tradicional operaba a fovor· bién. La emigración masiva de colonos soldados habla faci·
del monarca. Era neces:u·io un cambio importante. que se litado la competencia entre ricos y pobres por la tierra Ita·
lo¿n'Ó bloqueando a los aristócrata� el acceso al pueblo me. liana; los condiciones de paz que existían bajo el Principado
tropolitano. Los pobres de la metrópoli fueron privados de y la gradual unificación de la economía monetaria del Impe­
sus derechos de ciudadanla; pero el ejército de ciudadanos rio como un todo hizo at\n más fácil para los romanos r icos,
dejó ce identificarse con ellos lo suficiente como para pro­ incluso para los senadores, apropiarse de fundos en las pro­
teger sus anti¡ruos privilegios. Sólo les quedó pan y circo. vincias de ultramar y mantener a salvo sus r-entas en dinero,
Mientras, la base del apoyo poHtico del emperador se había que recorrían grandes distancias para ser gastadas en la ciu·
ampliado -lo que habla sido pa•·ticularmcnte necesario en dad de Roma.
la enconada guen-a civil contra Antonio- hasta incluir las Estn somera caracterización de algunas de las diferencias
élitcs de las ciudades italianas y, más tarde, de las ciudades entre la República y el Principado y del proceso de cambio
de j)I'OVincias. En el capitulo V onoliramos alg11nas de las durante los últimos tiempos de la República nos brinda al·
creencins y rituales que realzaban la legitimidad del empe­ gunos aspectos, pero sólo algunos, de una realidad completo.
rador y que contribuyeron a que muchos súbditos a lo largo La diferenciación estructural tiene dos desventajas particu·
y a lo ancho del lmperio se identificaran con el nuevo r�· lares. En primer lugar, no forma parte de una teoría efectiva
rlmen. La legiti
midad tambi�n descansó en la vigencia de In y en pran escala del cambio social; a este respecto no se
v. En verdad, muchos libros de historia describen el poder
lc asemeja al concepto de •modo de producción• de la teoría
é
d Augusto como un poder que descansa en la regulación marxista. 'En segundo lugar, la diferenciación estructural es
legal ele sus poderes constitucionnles (su imperium consular. un concepto moderno, no romano (como la moviUdad social
su poder tribunicio); no cabe duda de que éstos eran impor. o el c•·eclmicnto económico) que se superpone a la hlstoria
tantcs puntos de apoyo para los romanos, lo mismo que pnrn romana, con independencia de lo que los propios romanos
los '''tudiosos modernos. Pero lo vigencia del derecho hn· consideraban. Ninguna de estas desventajas es decisiva. Y,
pot·taba también un fuerte reu·occso de la violencia c11 las por supuesto, el uso de un concepto moderno no impide que
relaciones intcrpersonales y. lo que es aún más importante, se tomen en cuenta las concepciones e Intenciones de los ac­
In rm:vlslbilidad de los resultado� de muchas actividades de tores de In historia. En los últimos capítulos trataré de pe­
orden político. social v económico. netrar cxpllcitamente en el mundo de los romanos para es·
El orden establecido por Augusto rompió dos círculos vi· tablcccr un contrapunto entre lo que yo percibo y lo que ellos
cioso•. El primer circulo vicioso es el que se representa en percibían acerca de diversos problemas, desde la manumisión
la fir.ura 1.1; se trataba de la secuencia de conquista y pilla· de un escla\'0 a la adoración del emperador como si fuern
jc. import�ción del botín y de esclavos por Italia, empobrecí· un dios. Quisiera destacar que todos los enfoques -bur.
miento ele los campesinos italianos y expulsión de las gran­ gués, mnl'xistn. analista, t>rosopográñco- son necesariamen·
jas de su pertenencia, su reclutnmlcnto en el ejército -o ��� te selectivos y parciales '" Un cambio de perspectivas o In
mi¡;tración n la ciudad de Roma- v sus posteriores exigen­ utilización de un concepto diferente nos lleva a selecciona•·
cías de tien•as italianas en propleclnd. Tal como hemos viR· difc,'E!ntes hechos o a pmsentar los mismos hechos bajo una
to, esta reacción en cadena se quebró con la emig ración ma· distinta lur.. En este sentido, los conceptos son intelectual·

120 121
mente pl"ioritarios respecto de los datos y e•igen tanta ha­ dadan!a, lo� esclavos y los soldados. No sabemos cuántos
bilidad y atención como los datos mismos. eran. 'famJ>QCo sabemos qué edad debían tener los varones de
condición ciudadana para ser acreedores a la ración de tri·
go. Suetonlo (Augusto, 41) afirmaba que, en su distribución
de dinero, Augusto incluía a los muchachos jóvenes, aun
API!.NDICR: SOBRE LA MAGNITUD PROBABLE DE LA cuando cxistfa la costumbre de que éstos no recibieran dá­
POBLACióN DE LA CIUDAD DE ROMA divas antes de cumplir los diez años de edad. Belloch (1886,
pp. 392 y ss.), cuyo análisis ele los documentos antiguos pa­
Ha habido muchas polémicas acerca de la magnitud de In rece se•· aún hoy el mejor, deducía de esto que también los
población de la ciudad de Roma. No hay datos suficientes niños recibían normalmente la ración de trigo a partir de
para extraer conclusiones seguras. Sin embargo, parece útil los diez años de edad. Esta afirmación puede no ser cierta,
resumir los datos tal como existen y exponer algunos de los dado que Suetonio se refería a las donaciones de dinero,
problemas que susc itan, dado que la estimación del tamaño pero ello disminuye significativamente el multiplicador que
de la ciudad desempeña u n papel importante en toda estima­ debemos usar a fin de contabilizar las mujeres y los niftos.
ción de la población de Italia entera y de su distribución. Por ejemplo, el número de 250.000 varones beneficlal"ios de
La base más importante para el cálculo de la población die1. nllos de edad en adelante implica una pobl ación total (si
de Roma ciudad es el número registrado de beneficiarios d<­ las proporciones por sexo eran equ!libradas y la población
trlgo gratuito y/o donaciones de dinero (cQngiaria) que IC· se autorrcproctuda, que son sólo hipótesis simplificadoras y
n!an luga•· QCasionalmente en la ciudad de Roma. En el afio no afl1"111acloncs de h echo) de alrededor de 670.000 (si e0 = 25).
46 a.C., este número ascendía a 320.000; pero inmedlntn­ Las hipótesis alternativa.5 de una mortalidad más alta (e0 =
mentc Julio César lo redujo a 150.000 al organi?.ar la emigm­ == 20) o de una edad más alta para estar en condiciones de
clón a las provincias y un cuidadoso registro de los Indivi­ recibir la cuota de trigo (digamos quince años y e. = 25) dfln
duos cualificados (Suetonio, Julio César, 41.2). Esta reduc­ poblaciones totales de alrededor de 690.000 y 770.000 respec­
ción permite pensar que el número oficial de beneficiarios se tivamente. En realidad, la proporción de mujeres y de ni·
habla vi•to abultado en otros tiempos por pr9Cedimicntos ños pequeños en la ciudad debla ser menor que en el con­
ilegales o por ineficacia. El propio Augusto, cuando pasa re· junto de la población.
\"ÍSta a sus logros pretende que los beneficia•ios de sus donn­ A estas cifras tendríamos que agregar, pues, los extran·
ciones en dinero y/o pequeñas asignaciones de trigo en In jeros residentes, los soldados y los esclavos, y restar los ciu·
ciudad de Roma, ascendían a 250.000 o más, y lo hace en cin­ dadanos que no vivían en la ciudad, pero que iban a ella n
co ocMioncs (en 44, 29, 24, 23 y 12 a.C.); en el año 5 a.C., el recoger su cuota. Se trata de un trabajo puramente con·
1\Úrnero ele beneficia1ios vuelve n subir a 320.000, pero en (1] jetural. Bclloch calcula que si se tiene en cuenta a todos
año 2 o.C. desciende a •apenas algo más de 200.000• (Res Ges­ ellos, tendríamos que agregat· unos 300.000, lo que da una
tas, 15). Aun cuando la distribución se limitaba formalmente población total de entre 800.000 y casi 1.000.000 de habi tante>
a los que vivían en la ciudad de Roma, seguramente a In• para la ciudad de Roma.
campesinos que vivían en los alrededores de la ciudad no Puede usarse también otro dato. Se t rata del área edifica·
IC5 resultaría molesto caminar hasta ella y reclamar una im· da de la ciudad, de la cantidad de trigo importado y del no­
portante ración de trigo gratuita (33 kg por mes). Tal vez mero de rasas censadas. Esta información nos sine · como
tengamos que rebajar u n tanto esta cifra. Aun así, todos los comprobación de los cálculos que acabamos de hacer. El
números registrados indican que se trataba de una ciudad área comprendida dentro de las murallas de la ciudad, levan­
muy grande para las pautas de la Europa prcindusll·ial. tadas en el siglo m d.C., era de 1.373 hectáreas (Meicr, 1953-
Todos los beneficiarios eran varones y tenían la condición 1954, p. 329); esta área corrcspondla aproximadamente al
de ciudadanos; en consecuencia, tenemos que agregar las mu­ área de la ciudad calculada en In época de Augusto (Frknd­
jc•·cs, los niños, los residentes extranjeros que no tenían ciu· iander, i921 10, vol. IV, p. J 17). Si la población de esta área

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hubiera sido de 1.000.000, la densidad media habrla sido de Cilla di Roma, Roma, 1940, pp. 89 y ss., y 16i-62; y Zacharía�
alrededor de 730 personas por hectárea. Esto es posible, de Mitilene. ibid., p. 331). Según el texto que �e use, habla
desde luego; In dens idad de los distritos más pobres de alrededor de 44.000. 46.000 o 47.000 ittSttlae y alrededor de
Roma y Nápolcs era, en 1881, superior a las 800 y casi 1.500
i 1.800 domus. Es e'•idente que los domus eran casas gran·
personas por hectárea respectivamente (BeUoch, 1886, pá·
gina 409). Y yo pcrsonalmeme he visto asentamientos de co­ 1 des, polaui. Está en discusión qué eran las iusula$.
Se pueden justifica,· dos sentidos. Unidades residenciales
lonos en Hong·Kong, con chozas destartaladas de una o dos simples semejantes a los hogares medievales o cnsas, algu·
plantas hechas de bambú y con re,•estimiento de latas, CU· nas de las cuales se subdividían y comprendían diferentes
yas densidades eran considerablemente superiores (más de familias o individuos. El s ignificado casa parece más común,
2.500 personas por hectárea). Pero una densidad media tan y aun cuando se aplique un multiplicador muy modesto,
alta, una vez deducidos los espacios públicos, calles, jardi· como sólo diez personas po,· casa (inmla) se obtiene una po­
ncs, templos, mercados y las casas de los ricos, parece im· blación total cercana al medio millón. Pero es evidente que
probable para el conjunto de la ciudad de Roma. En conse­ no sabemos naclu seguro acerca de las tasas de ocupación de
cuencia, se¡¡ton este cálculo burdo la población ele la an· las i11sulas roman!\S.
tigua Roma dentro de los límites de las murallas del si. En resumen, la precisión es imposible. Pero todas las ci­
glo I l l era de algo menos ele 1.000.000 en la época de Au· fras citadas sugieren que la ciudad ele Roma tuvo una po·
gusto. blación muy grande. casi con seguridad de más de 500.000
Este orden de magnüud aproximado se ve corroborado personas bajo el reinado ele Augusto y probablemente me.
por lo que sabemos de las importaciones de trigo. Como de nos de 1.000.000. Estoy de acuerdo con Belloch en que la hi·
costumbre, los datos son discutidos. Sigo a Belloch y Kah· pótcsis más probable se encuentra en el orden de los 800.000.
rstedt {1921, pp. 11 y ss.), que recbaz.an los datos de Plavio 1.000.000 de habitantes. Pero se trata sólo de una conjetura.
Josefo (De bello iudaico, 2.383 y 386) y el Epítome (De los Por último, quisiera agregar que una población metropolita.
César� 1.6); tomados en conjunto, sugieren que el consumo na tan importante sólo fue posible gracias al complejo siste­
anual de trigo totalizaba en Roma los 60 millones de modii = ma de suministro de agua (en ocasiones el agua se traía por
= 390.000 toneladas por año. Esta cantidad alcanu.rla para diecinueve acueductos desde 90 km de distancia) y también
alimentar � casi dos millones de personas a razón de 200 kg. debido al menos visible, aunque igualmente impresionante,
de trigo por pc1·sona y por año. Se trata de una tasa de con­ sistema de cloacas.
sumo alta, pero no imposible, si deducimos el saqueo y las La bibliografía sobre este tema e.� extensa, K. J. Belloch,
pérdidas. Pero las conclusiones referidas a la población son Die Bevolket•ung der griechish-romischen Welt, Lclpzig, 1886,
increíbles. pp. 392 y ss., puccc el mejor. El análisis de U. Kahrstcdt en
Otra fuente generalmente no digna de fe (SliA, Septlmlo L. Prieclilincler, Sitrengeschíchte Roms, Leipzig Jo, 1921, vol. 4,
Severo, 23) 110s infOJ·ma de que alrededor del año 200 d.C., el pp. 1 1 y ss., ag,·cga algo a esto. F. G. Maier, llomisclre Bev?il·
con�umo diario en la ciudad de Roma era de 75.000 modil kenmgsgeslticltte uml lnschriftenstatislik, Historia, 2, 1953·
(= 180.000 toneladas por año), o sea menos de la mitad de 1954, pp. 318 y ss., es muy escéptico.
la cifra anteriormente citada. Una cifra similar. 80.000 mOllíi ll1 mejo•· análisis en inglés tal vez sea el de W. J. Ontcs,
por dla, encontramos en un comentador antiguo, un esco. 1'he populatiOtl of Rome, cCiassical Pbilology•, 29, 1934, pp.
liasta, Lucano (ad Pharsalia, l . 319, ed. C. P. Weber, LcipT.ig. 101 y ss.; el de P.A. Brunt, 1971, pp. 376 y ss., está mucho más
1831, vol. liT, p. 5.1). Estas dos cifras supondrian poblaciones influido por su punto de vista acerca del predominio de Ji.
de alrededor de 900.000 personas, según las tasas de consu· bertos en la población de la ciudad de Roma.
mo más bien elevadas que hemos citado más arriba.
Por último, el número de casas, tal como figuran en una
topografía del siglo IV para cada una de las reglone� de la
ciudad de Roma (véase R. Valentino, Codice topografico delta

124 125
bies para personas que tienen escaso conocimiento ele historia
Notas
romana: Ba.dlnn, Roman lmperialism in tlle f..ote Republic, Lon�
dre�. 1971; M. l. Finley, Tite Ancient Economy, Londres, 1973; W.
Kunke1, Au lmroductWrr to Romau Legal aud ConJiillllioual Hi .s­
tory, Oxford, 1973; M. l. Rosto,·tzeff, Social and Economic Hi!tory
of lite Roma.. Emp.re, Oxford'. 1957; C. G. Starr, Ci••ílization a>�d
tite Cae.sars, Nuem York, 1965; y una compilación de fuentes: N.
Lewls y M. Rcinhold, Roma11 Civilitmion (Nueva York, 1966).
Para los historiadores de Roma que deseen leer soclologfn sin NOTAS DEe, CAPITULO 1
\'erse abrumados por la terminología especiali>.ada o por los ma·
nualc.s nos permitirnos sugerirles las obras que a continuación
! l. Para cálculO$ ncerc� de la población mundial, b�sndo,. en exlrn­
citamos, algunas de las cuales son de historia comparada o bue· J>Olación retrospectiva y en estimaciones de IM poblaciones de
nas hlstol'ins sociales más que textos directamente sociológicos: China y de Romo. en este período. véase D. M. Ileet·, $ocltfty cutd
Populatlou, l!nslcwood Cliffs, N. J., 1963, p. 2.
P. Anclorson, l.luenges o{ tlle Absolutist State (Londres, 1974; píen· 2. Romo. fue In mayol' ciudad del mundo y tnl vez nn ruc launlada en
so que esto libro es mucho mejor que el ott·o clel mismo autor, tnmonu hO.StlL el surgimiento de las grandes ciudndes do ChinA
l'ass<tK8S frou Amiquity to Peudalism Londres, 1974); C. M. Arens· durante ln dlnnstrn Suna:. Vé'1sc G. Roz.nlítn, Urbnu Networks bt
her·g y S. T. Klmball, Family and Commtmity In lrelnnd (Cam· Ch'hrg Cltlun 1md TukUg(twa Japa.n, Princeton, 1973, p, 35, y el
bridge, Mass., 1948); 1'. /kaudel, Capitalism artd Material Llfe 1400· comDCndlo, útil aunque evidentemente no fidedigno, do T. Chnnd·
JSOO (Londres, 1967); M. Elvin, Tite Pallem of tite C/tlt!IUIO Past lcr y G. Pox, 3()()() l'ears of Urbtm Growrlt, Nue\•a York, 1974. L\\
pohlne1ón do Londres llegó aproximadamente al millón on 1&l0,
(Londres, 1973); B. Moore, Social Origins ot DWtatorsltlp and De· )' fue eoo mucho Ja ciudad más grande de Europa. En 1600. sólo
mocrncy (Londres, 1967); R. A. Nísbe t , Social C!tange attd 11Miory dos ciudades turopeas tettlan poblaciones superiores o los 200.000
(Nueva York, 1969); 1. D. Speoce, F.mperor ot Cltiua (Londres, habllantu, a oabcr, Pads y Náwlc.•.
1974); K. Thomas, Rtligio" and tite Decline ot Magic (Lon· 3. En los lUtos clásicos no se eocuentra confirmación dl.ula de e..�lA
dres, 1971); l. Wallerstein, Tite Modem 1Vorld..Systtm, NUC\3 York, generaU:raclón. Pero eso no impona. Hemos de suponer o bitn
1974. que los srande.s prople1arios runtles italianos �ndlnn el producto
de SU$ fundos a Ja población urbana italiana. o bitn que no ob­
tenían retomo sobre el capital que in\·ertf3n una )' otrn \'tt tanto
en la tierra como en Jos esc:Jin-os que en ella trab:l.jt\ban. L."\ l)ri·
mera renernJiz.,ción parece mAs rigurosamenre económica.
4. No es poslb1e probar tsta afirmación con el mt'todo tradicional
de clttu c'cotld3s de Jos textos clásicos. Por eJ�mplo, Tito Llvio
(6.12) sug!erc ctue lM frecuentes guer-r:as en un distrlto ccotrol de
l talin en un pcrfodo an terioJ• deben explict�r�e oor su a'I'On po­
bJación. Oh�c:rvo que en su época, el distrito produdn pocos sol·
dAdos y Que n no ser por Jos esclavos, hubicrn esto.do totnhnente
despoblado. MI �6rmnci6n es compallble con tn1es posnjcs do lM
.
hacntca pero 6stos no pueden servir como on�cbn de nquéllu.
Trat6, en e-nmblo, de considerar tl'linto la prohabilicl:ld como Jns
consecuenclns en el caso de que fueran erróneas y, en eousc·
cuenela, me l)l'eRUI'Ilé: ¿Qué flfirmaeiól'l alternntim es más Pl'Oba .

ble que sea verdadera? Este procedimiento, bnsado en unn teoría


eompntiblllsta de la verdad histórica. se utUi1a muchos veces en
este libro.
S. • Yo fui el primero <'-n hacer que Jos pastores se volv!eran labra.
dores de 1ft tierra p¡lblica.• Jncription.es lAtimre libuac rd pu.
blicae, ed. A. Oe¡rassi (P1orencía, 157
9 -63) núm. 454. l!<tc es uno de
los moll\'OS de oraullo de un cónsul (c. 132 a.C.). Q.ue renfa \ma
piedra miliaria. del Upo de las que se erig�n en el merc..1do, �o
una ciudad llalfana del Sur, e-n la que estabt\n ioKritos su.s
logn)s. Se suele entender esta inscripción como una reCcrcncla
a In distribución de los ticrl'llS públicas a lo< pequenos propleln·

294 295
rio�. de acue1do con las le )'es agrícolas de Jos Gracos (133 a.C.). e'(damó, mlcnlra.s araba sus tierras: cNadie arar:\ mi 1lerrn eMe
Vnr1·6n (/{tnml rusticarmn, 2. prefacio, 4), 1a1nbién escribe que ano. de modo que correremos el riesgo de no tener Jo .suficlcntt!
úllimamcnte los romanos, •por codkia y contrn la ley vOI\'ieron p:\ra comer• (Dionisia de Halicamaso, Arqueolotlll rQmana. 10.
a c:ocwerlir en p.utos tierras de cultivo•. 17). Otro f:unoso general, Atilius Regulus. mientr.as .sel'\'(a en
l!s dlllcll probar cambio al¡¡uno en la ulíliza<>lón de 1• lk:rrn a ,(frita en Jll primera guerra pú.nica, escribió al sen"do para decir
P-'nir de esto� fragmentos sueltos. Pero 1enao la impn:�ión ac· que el :tdministradot· de �u propied.!d habra fallecido, que u.n
mrat de que esta rápida expansión de los Pl'lStOs y los vifledos tr�bajndor .se ha.bfa apoderado de Jas eilitencias y QU< ¡x:d.(a. el
eu\ o oomo b4.s.e la com·ersión del lllbnlntf(», 331{ como L' e<ttcMI6n rm·io de un suuituto que se ocup;ua del cultivo de la misma, a
d: la propiedad privad3 a las tierras comunes o no reclamadas fin de Qu" su mujer y sus hijos no se murieran de h:\mbrc (Va·
hutn entonces. Sobre el credmiento del ,·olumen y el aumento lerio Mt\xlmo .....6). Los soldados pobres no tenían cttc prh ileaio.
del prestlalo de los vinos italianos, que data del slato u a.C., 9. Lo� nntlgtiO\ comcntarlstru> de las Juchas polhicas de los últimos
vénse Pllnlo, 1/isloria Natural, t4, 87-8: sobre el cr�lmlento de tiemPOS de In RepUbUca suelen considcr�r que el eje princip;;ll
los pnSio.s, \�ase A. 1. To yn!>ee, /fannibnl's T,.,ncy, O•ford, 1965, de conflicto re.sicUa eo Jt1 oposición enlre los nobles v el pueblo:
vr...a<tt! L. R. Tnylor, Pa1·ty Politcsi iu the ARe of Cae.,.ar (.Bcl·kcley,
vol. 2, pp, 286 y ss.
6. lo dimensión reltltlva de Jos meJ'Cados de prodt.lctos ngrlcolns es, 1944). Ln oposición directa ríco·wbre s6Jo rnrnmcntc aparece
pot' supuc�to, u11 problema importante. Los dfttO:t ontiauos son a mcnclonílcta en IM r-ucntC$ históric�s del periodo (véase, t>Or
todas luces insuficientes. A modo de simple ojeada. sin ))l'Otcndcr ejemplo, Alllono, OrWI't'Cl.t Civiles, 1.10). Sin embal"f{o, l)�rcac ser
do nln�unn manera que los predos fuernn en Romo dél mismo que cmn 81'�1ndcs los conUictos sociales y polflicos subyacenles;
Ol'den v t'nlcnmente como ilustración, 1omó el CA$0 t>tU'lkular ele v�a�e ni I"CSJ)I"CIO el interesnnte análisi� ele: M. T. Plnloy, The Au·
MndrJd o mediados del sg i lo xvur. Las ntercancjas que cnu·aban ciwt Eronom,\', J..onth·c�, 1973, pp. 35 y ss.
en la ciudad (<Jue en 1757 tenía uno. poblnción de nlrededor de 10. Vé»o;c Tornh<c, 1965, vol. !, p. 166; I'OI. 2, PJ>. 556-7. Los historias
135.000 l\i1bltanh�$) eran controladas por In adunnn; en 1757, las tradleloslnle.tt rcRcjnu a veces de manera anacrónfen e¡;tn cues·
imoortaclone� arrojaron las si¡tdentes canlidades: 96.0CIO arrobas tlón de lo. moJa distribución. C{. Dionisia de Hnllc.:u·naso,
da aceite de oliva, 500.000 arrobas de vino. 520.000 fanegas de Arqueolotta t'OmQJta. &. 73·75; cf. 9.51. Que vivió bajo el reinado
1tl¡¡o. He tomado los precios medios para el Jl<'rlodo 175.\.1762 en de Au¡¡:u!ilo; c.ste :1utoa· recuera d un cualificado dc:b:ate que Cu\'O
C.'\stllln 1� Nut\'a de L. 1. Hamilton. Wdr and Prlcu in Spa{u 1ug:�r en •M a.C.. que probablemenle refleje actitud« tfpic.ns de
1651-1800. Nue•a York, 1957, p.p. 229 )'ss., y la• cifras de consumo un J)erlodo muy posterior. t;n senador importttnlt, Apio, dijo
de o. R. runarose. TranspOrlati on artd eCOIIOmlc sta.nation n i (7J.4): cTat como c�t4o ahora las cos.�, J� cmidi.'\ que Jos J*
J&th-ctnwry Ca.stillt, .-JournaJ of Erooomic History•, 28. 1968, pp. brt>s $lentc:n de lo.s rkos que .se han apropiado de IM licr-ra.s
51·79. De los !res produclos, el trigo connltu!a el ol6 " del 1o1al pdbllcn< ,. s!¡u•n ocupándolas, es1á plennmenle ju<llncada: no
de k>� c:ostcs; el ,·ino, rt 45 S(, y el aceile de oliva. el 9�•- El es sorprendente que pjd;tn que 1::� propiedad Jll,bli:. c $(' divid�
consumo dr criao cm de alrededor de 160 kg. por persona y por enlre todos lo� cludndnnos en vez de estar en po��ión de uno.s
:\1\o; el vino, de tOO litros por adulto y por nt\o -Jo que es más pocos.. .• Pero 6igue argumentando que la dh1i�ión dá In tierra
bien bajo para el trigo y alto para el vino. Con todo. esta$ e1tnt:.l Cll p:u'Cclos pequef\ns serCa causa de problrmA� p�1-n los
clfrns sólo pueden sc:rvir como una guja npro�imativa. Por cont· pO�re�. precls.nmcnlc pOr stl· pobres; scrítt mejor Jl!'lft\ el E,tad.,
p.waclón, prOJlU.SC el mismo consumo. Pf'ro "CG1\n 10111 pi'CCIO\ CO· detn.r lo tit1·ra cs1 grandes p.al'<::ela�. lo cual producidn ma�oreo; ·
rre'ipondiCI\It"S a MnrseHn en 1701·1710. E�tc cálculo nrrojó cier· bcneflclos. con los que se podrfa pagar y oJimentnr n los SoldQ·
tM dlferoncins en lt�s rdacjoncs de coste: 64 ''6 para el trieo. 19 ,_, doot. Con clel'IOS retoques, In sngerencía fue apl'obnda po1 In ma· ·
p:\rfl el vino y 17 i}6 para el aceite. Los datos I>Crtenccon a R. yol'ln. PMo un lnr·¡to examen del caso, véase G . TibitettJ. /l l'os�
Daehrel, Uut Crolssm1ce, París, 1961, pp. 530 y ss. fin R(•lllO. pro. sesso dtii'Ager Publlcus, •Athcnaeum• 26, 1948, 173·236.
bnblemcntc el triso tnrnbién fuera el producto rnth jnmortt'ntc, U. Por lo genw:.l. n los soldados se les entl'egnbnn IM tlctrM que ya
tAI\10 en volumen como rn valor, en parrlculnr 11:'11"\ lnot t)ObN'o:. habf:m e�rndo cullivndas, •donde a y hablan esu1d0 el arado y la
7. Vt',.'\��Ce el cu.a.dro 1.1, más adelante. que sólo tomn en r.oMideraclón hot•. tnl como rtozaba una ley de Augusto sobl'e co1onio5 (Uvglnus.
a lO$ dudo.danos rom.;�nos que �erdrm como M'))d�l.lo�. P. A. 011 1/oo l'lxiiiR O/ Bowodaries, ed. Lachmann, Bcrl!n, 1848, p. 203).
Brunt. lla/111'1 ,\fcmpower 225 a.C.-14 d.C., Q.l(ford, 1971, p A2". da P..sto lle\'ó 3. r'eJX"tidas rriccione-s entre colonos y anti¡uos habitan·
una u�t• d�l tama.fto de las fueor73S 3rmadP' en IO!t \'tlnth111 :tilos tes (\�Me, POr ejemplo, Granius Licinanus. i p. 34 y ss.) Altnmos
c;omprendldos enlre 200 y 163 a.C.. de Jo1 que tenemos mucha fn· u soldados �scableddos J>Or Sita antes del 80 a.C. se \rieron ím·
rormadón. Bl tamaño medi-o del ejército y de la pequtfla Oota plicodos tn la rebelión de Catilina en el 63 a.C.: ><lllln Salusllo
era de unos 140Jn) hombre' sobre un total de pobl3dóo adulta (Coti/ina, 16), •bllb(an despilfarrado sus n:cursoos ,. recordAban s:u
ma�ulina de alrededor dr un millón (ibid.• p. S9). anterior vlctorin y hotfn•. No p..·mxe ésl� \mn 00-.e adecu�da para
8. F.n líts historias tradicionales de Roma. los Mroe1 populares se pcns.."r que todo<J lo, e:' S()Jdados fueran malO'\ labradore<t. En el
enfrentaban con problemas .similares; para:oe prob.'\blc qué ,us mundo cláslco �icmpn: se $UpU$0 que los: .soldado� pOdlan com·er�
problemas �Oej:\ra.n ansiedades que persistieron. Por ejemplo. se tirsc en campc!lno! y \1l�rsa. Sobre todo e.sto, \�:tse Bnant (1971,
dtec Que Clncinato, cuando fue llamado a asumlr la dictadura, pp. 294 y $$,),

296 297
12. Poddon servJtnos: de tlyuda ciertos dtllos comp:uath·os. Dulanria 15. He ttatndo o.launos de los problemas de e:¡te proceso nc. ��"Sinac·
(1910) y Yu¡osla"i• (1931) tenlan él 81 " y el 79 96, ruP«Iivamcn· hatal dlffcrentiation in Rome•, en l. M. Lewis ed.. f/l$tory ami
. empleada en la agricultura. Las d(rns
te, de su fuerzn de tr�b.1JO Soclcrl Arrtropololy, Londres, 1968, pp. M-i8, v también al fino! do
de Turqul.' (1927) y China en 19olll eran, resP«tl>o,..,.,nte. de 82 "' este caphu!o. Má� e.n general, ''éase S. N. Bisenst"dt. TJr� Poli·
Y. 80"6 . V�se O . S. Morgan, ed.. Agricullltral Systtms o( Middle lico.l Svst�ms o/ Empires, !'oluel-a York. 1963, y N. J. Srnelser. en
Europe, .Sue\'3 York. 1933. pp, 48 y lS9; Rectnst-mt-llt 'inir(J/ de B. F. IIOkllU: y W. E. Moore. lndu.strialito.lion and Social CIJau·
la popu/atfoo 1917, Ankara, 1929. p. 29; C. K. Yang, A Clrinue ge, Parb, 1963.
. Es útU distin¡uir entre grandes fundos y granjas. l..os rk:os tenfnn
Vrll«&<, M1T, 1959, p. 23. La composición de estos poblaeloncs es· J6.
taba. ya ala:o afectada por su.s lazos con mercados industriales e.�· inmen� mctensionct de tierra. que por lo general dividlan en RM.O·
trnnjero�. Pienso que las cifras relati\'a.s serian mAyOres aún en _ias, mucha� de las cuaJes eran mucho ms á grandes que lA$ ar�njas
el caso del Jmperio Romano. farnllh\l'CS campe$lnas, pero no eran lati(.undia. Bsto se deduce de
U. .Es ImpOsible �lcul11r con precisión Ja relación enu•c hombres Ji. las itu.stro.clone.5 que nos dan los esc.ritores agrk.olas Catón, Va·
brcs )' eschwos ft1cm de la ciudad de Roma, pero, ptse a todo, rrún y Columeln. Estos autorc� habla.n de g.ra.njos cuya� dJmen·
podemos ver si nuc'>tros conjeturas son comp:uiblcs entre $f y .\Iones os.cill'Ul entre las 25 Ha (100 iugera) pttrá un vinedo. Y
con lo que snbemos. Para nuestra fmalidad prc:sento, suPOngo unf'l SO Ha (arables) y 60 Ha (olivos). que eran trnbajndns, l'espeell·
t>Oblnclón do seis rnilloncs PJJ-a todtl Italia. Jo cual &O coloen en. vpmentc, pm· 161 8·11 y 13 escl:wos. La medida de Jos t"ebtu,os noro·
lrc IM mejoras conjeturo< de Beloch (5,5 millones, me .De11�/ke· pi�cla de los nnta·one.s campesinos eu de 50·100 cnbczns de �nnil·
rtmg tf11r lfrlrcllisciHl:imisclwn W�lt, p. 436) y Brunl (7.S millones, do e;•pr·ino, 100·120 de bovino y 100.150 de porcino, )>ero rcsul·
1971, p. 124). Siao a Beloch en la supOsición de que no hAhin m�s taha dificil de el'lnr.
tlu dos millones de esclavos (véase nota 14). Parn e!tlmnciones Parn testimonlos, vé..1se Catón, De agri culturn, JO.IJ; Columcln,
apro:dmadl\5, que pueden constituir útiles Uustrneiones de In di� D� rt. rustica. 2.12: y sobre ganadería, véase Varrón, Rtrwu Rusti·
trlbución narnl/urbana. véase el cuadro /.2, más tldeJnntc, p. 87. carrrm. 2.3-5 y P. A. Bnmt, JRS 62, !972, p. IS4.
SI tCKia la poblnción rural trabajaba en la tierra. y ll\ tierra 17. V�a>e también Catón, De agri crr/tura 5 y !44; Suctonio, /u/lo
aRdCola conSliluCa el 4tl M de la superficie de Italia -conlrn el C&ar. 42. El mejor an31isis del trabajo agrfoola romano. a pe�r
SS •• en 1$81-, uno1 lO millones de hecu1rta.' aproxlmadamc11te, de su to� ordenamie nto, sigue siendo el de W. B. lleitland, Atri·
eUo sl¡¡nifrea que h>bl• unas dos hectáreas por persona. lo que es cola. Cambrid�e. 1921. Vé3.5c también K. D. White, Roman Famz.
posible, pero no exccsh-o, dados a) los bajos rendimientos, b) In Íllf, l.olldru, J97i).
aran proporción de •dultos entre Jos escla\'OS, y el su nccttldad 18. Vhse el coplrulo ll, notos 15 y 23.
do l)rodudr un ncedente. Para argumentos del mismo tipo. vt!ase 19. Tal •·ct en Prusia bajo Federico Guillermo 1 y Federico el Grande,
Beloeh (13!6, p. 417) y Brunt (1971, p. 126). I!Sioy do acuerdo con y en Francia bsjo Napoleón �urantc menos ® clnCUC"nta aftos
Beloe:h en Que la població:'l esclava estimada cm e.�lrtma.damcnte en el prime•· Cll50 y meo� de veinte en el segundo-, ln' 1:\liM de
alt:.'l )')Ara lAS condiciones romanas. redu13mlento i�\u,lanm y hasta superaran lal Lau.l Inedia' de rc­
14. No h�y pn1cbM evidentes del número de et.chwos que habla en clul3mlcnto do la baja República Romana. Pcru estus ta�01s, en
ItaiJa, de modo Que lo más que PQdemos hacer son conjeruras. tomparnclón con la� de Roma, fu eron de dumclón rot:uh•nnlcntc
Bcloch (1836, p. 418) piensa que había menos de dos millones de CQtla. Véase Tltt New Cambridge Modem H;stor.v, vol. 7. e-d. .T.
esclnvo• en Ttnlin • finale.< del siglo r a.C.: l3runt (1971. p. 124)
piensa que había tres mUiones. La discrepanclu constituye un fn· t
l o. l.ludslly, Cambridge, 1957, pp. 179 y 305: vol. 9, ctl. C. W. Craw­
lcy, Ctunbrid¡:c, 1965. pp. 32 y 64. No be tomado en cuen1n c:(Cl'las
dico del morg:c.m du error plausible. tribul'l guerrcrns como los pieles rojas o lo:s �ulúeft. Aceren del
Hernos de mcnciomlr aquí una discrepnn<:in. l"ucsto ct\IC los CS· problema genet'al de las tasas de part.icipnción ntliltRI'. ''éU'Je S.
clavos VQt-onc§ pt·edominRban y la mortalidad or� clovncln, el total Andreskl. Mllltnry Orgauizatio11 and So<=iety, lond1'c", 1954.
do asciM'OS hnporladQs ern mayor que el m'amero de escla\'OJi e:<is· 10. M. Wcbel', Die r(jmische ARra.rgeschichte, Stutt¡art. 1891, rm. 67
tentes en cualquier momento particular. En consecuencia, no es y ss. y ll9 y ss. La ley romana -en oposición, )>Ot' ejemplo, u
0110rtuno agregar las cifras conocidas de esclavos cnualvos, nun la le)' tradlclonel chinrt- se caractcri1ab¡. por lA c:omplelt'l Hber­
cuando sean seguras. tad del cabeza de familia para \'toder o le1ar tierras n ct_uien
Parn un an�lls i5 de las fuentes d-e la e.schu-ítud. véMe E. M. quistero. Má5 aún, la tierra c:omunal se fue tran�form3ndo tcntrt·
Sehtaerm:tn. Die Blüte�eit der Sklat.--eltwirtscha/1 (n dtr rllmlsclum mente en tierrn de PQ�sión prh'ada a. t.ravé"i del dertcho de OC'lt·
Republlk, \Yiesb:>d•n, 1!169, pp. J6.70. Tiene esta autora mucha ro­ �ión, ogcr OCCilpatorlus, y se eliminaron Jos límites tradiciona·
zón al stftalnr cuAn excepcional fue que: los romanos esclavizaran IC5 de exten�ión de tierras que estaba permitido poSt�r; Jas J.t)"C'i
,
ag-taria.� de c. 113--111 a.C. confirmaron 1as posesiones pri\ados de
a los conquiSiadOs. Pero yo sigo pe:n'\4\ndo que Jn ¡uerrR rue la
fuente de tsdtwos más coml\n en el pc:tíodo de expan,ión impe.. tierra que llabf� sido pública. Véase E. G. H._.rd�·. Romm• I.nws
rial. Lo. a�rra y tl comercio no eran exclu)c:nlc.s; los ,,rlsioncros aud Charters, Oxford, 1912, pp. 35: y ss�
de guena tJ.Ciavil.ados eran mportados
i a Italia y dlslrlbuldos POr 21. Los noble-s romanos se consideraban juzgados por las \'letorias
lo5 c:omtrelontes. eonse¡uidas y por el valor de s.u botfn. Por ejemplo, en 182 a.C.,

298 299

(
con 1• edad y la riqueza. Según Polibio (6.19) la .,.,,uncoelón cen.
un sobcrnndor voh·Ca de España, donde habta obttnh.lo una o dos
suaJ mát bajo. era, ¡mra los legionarios, de sólo 400 dr(t<:ma�. c.aue
vlerorius menores: «E11tró en la ciudad en medio d& una ovación
cqui\'aUan a 400 denarios. Es dificil interpretar esta clrra deb1o
(e.< decir, un triunfo menor). En su d.,.file lle\'aba 9.320 libro> d
a la ca�ocla de precios de esa época; en términot de tti¡o ba·
(romanas] de plata, ochenta y dos libras [romnn.,¡ de oro y se.
nto a 2� HS pOr modius, equh·aJe sólo a -4 tonelad:.s de trigo,
scnta y sk11e coronas de oro. (Tito Livio. 40.16), J!slc pasaje Ue\a
lo q�1c no poclfa constituir un inareso suficiente para mn.nttrH!r a
lmplfclto el reglstro p'íbtico tanto de un botfn como de una CC>m·
una fnmilla monfslo de He�U�rnaso (Arqut!olocm romana. 4.18) Y
petencia. Aun cuando los adm.inistradores rom..,nos pu\lcrnn en
pnktiea los sistemas anteriores de impuestos, como en Sicllla, con. Tilo Li\·io (1.4J) en $U relación de las reformas de Scn·io Tullo
en el slalo \1 a�C., fijan en 1.250 y en t..())) denarios el patrimo­
linuaban aón \U'tidos por el deseo de obtener beneficios �rsona­
nio mfnlmo de los soldados. Es probable que las cifras sean nna-­
les. Las le)'C& que proteglan a Jos sf1bd.itos eran ineficace.s. Un go­
crónlcas y que correspondan al sjg.Jo ru a.C. Véase el brillante en­
bernador excepc-ionalmente rapaz (Cicerón, Yt.rr•lnes, 1.40) se jactó
sayo c.lu E. Gnbb.a, Republican Rome, che Am1y ami the Alllu, Bcr·
de que, de los beneficios obtenidos en la pr0\1htcio, habla utiJí.
keloy, 1976, pp. 1·69. Gnbba cree que hay pruebas de una caldn del
z.ado un tcr'(io para recompensa.r a sus patrones y protc."Ctores en
caso de proceso judicial por exaccionM injustfts, nn tercio para p:urlmonlo mfnimo Que se exigía a Jos leaionarios. DlonlsJo nfir.
los jumdo,s, y un tercio para gllranti2.arse unu vidn cómoda. En
mrt que In nllcnd do Jn POblación romana no llcaaba a c�tc mhll·
mo; POI'O tnmbl6n nos c\•cnLa 1.ma c�n1id:-td de cosM <tuu 1�0 Sé
lrts QUOI'rns ch•Ucs del siglo r a.C.• los aspirantes nl JX>dot• se aJ.
pueden creer. 'P�)I' mi parle, considero que hay I'R1.01l�!t suhclen.
znJ'on en Jns provincias COJl todo lo que pudieron, y sólo en el
Airo Imperio la cx�cción se puso bajo firme control, sl bien jn·

les pnrn supontl' que la exigencia atri fr!o"iol ern bojo, .ctue Jo
propicd:ul de 11.1 llcr'J'a cslaba muy d• f und1da y que In obhifOClón
más se eliminó. Véase P, A. Bi'unt, Clurrges of provbu;fal ma.
c.le lucho.•· estaba muy generalizada.
lndmitlislNHIOn tmdcr t!Je early Prittcfpate, «Histol'hb, 10, 1961, pp.
26. L:ls cifras referentes a principios del siglo ut Que nos hcm Jle¡n.
189·227.
do no son dJg:nas de crédito, pues dan una densidad do 111 J>tr·
22. En Slcllln y en Ccrdeña se pagaba diezmo. Tambii!n en Asia, bas.
.sonas par km' en el u�rritorio romano. lo que CQUÍ\'alc a variM
to la reforma de Julio César, el impuesto se paraba en fonna
\'eceS In población agrícola de Italia en 1936 (llrunr, J971, p. 54;
de dlet.mo, aunque es probable que muchas \'eotl se hiciera en
lleloch, 1886, p. 320). Al final del siglo nr a.C., set:Un las e.tionn·
met,llco. Tamblc!n en Africa se recaudaba un impuesto en espc.
c o romano tento 36 personas
iones de Bn�nc (toe. cit.), e:l territori
ele (\·�ase por ejemplo ESART, 4, pp. 489 y s.J.). W. Schwahan y
J)Or km'. conlra 22 para el resto de la flaHa ro1nana. l.as his1o.
A. H. �l. Jones han n:w¡ido las pruebu de ello en RB sv Tribu·
rlas tradi<:ionales nos han trarum itido m itos de suptrpobl:.clón.
tmn. y en The Romau Econotny, �- P.A. Drunc, Oxford, 1974.
A.$( pOr ejemplo, Dionislo de Halicamaso (Arqutologl.a romana.
pp, 15 ss., tesPt<:th•amente.
23. este era uno do Jo.s enfoques básicos en la obr3 de M. J. R.osto,·t.
LIÓ) e.scr1bfo que en tiempos primith·os se cm·iabn fuera del te·
rrltorlo roma..no a todos los jó\"eoe-.s nacidos en un ano dcterml·
zcff, Social aud Eco11omic History o/ the Romau F.mplre, Odord l
nado. en busco de ticrrns nara conquistar o par� colonli:ar. lh
1957. V�nse ta.mbl�n cJ cvoc..'ltivo libro de R. Mttc Mullen. Romatr
de suponer que dctrá.s de: c:;to.s relatos ha de haber nlao de
Social Re/atlons, New Htn-cn, 1974. y los nrHculos de M l. fl'fn
vcrdnd.
ley, Thc tlty From Fustel de Coutangu to ¡"'fa� Wr.bttr nnd l,e4
27. Se pueden encontrar los documenlos anriguos. com·cnlentcment�
youd, «Comp3rative Studies in Society and Hhtnry•. 19, 1977, pp,
citado" pe1"0 sin crherio crítico, en E. T. Snlmon. Romtm Colom·
JOS y ss., y de K. HopkJns, <�Boonornic growrh in towns in clas.
zatiou muler tire Repccblic, Londres, 1969, pp, 55·81. Uno colonia
slcal nntlctuHy•, on P. Abrahams y B. A. Wl'lgley eds., 1'owns iu
di) 6.000 adultos varones implicnri a una población do nll'edcdor do
Socletl'es, O..HnbridQe, 1978, pp. 35 y ss.
20.000 en totnl: si supOnemos tina poblnl;ióo c'Jtnclonnl'io con una
24, Rarnmonte se onalltn Ja cstructw·a de la economta en In Roma
expectntlva de vida media de 25 años en el rno�ento del nncimlcn·
prJmltlvn en los libros de historia de Romn, <luc se ('oncentrnn, lo to Jos varones de l7*' años de edad constitt.nan menos del 30�i
mismo que los fuentes, en la historia polltica y militar. EL l>unto
d� ln POblación (véan� las tablas de expecu:ttiva (1� vldn d.e las
de vJsra que uqul se expone es compatible con la trndlcióu mo­
Naciones Unidas c:u «Mdbod); for populatiol\ J)roJcctions by sex
dcma y apa1entemeJ\le está implicito en ésta, lil hlcn muchos eS· Rnd aac• tn l'opulation Sttulí�s. Nueva York, 1956. El esrablc·
tudiosos puedan pensar que se aplica más adecu!\domente a la cimiento 'de o.scmamientos coloniaJes de tal milgnilud no parcco
RomA, digamos, de coJnienzos del siglo IV a.C. Pero \�a� Toyn.
guardar proporción con los recursos de que disponfa Rom11 alre­
11ee (1965, vol. 1. pp. 290 y ss.), y ct. K. J. Deloch. Roml<rlle dedor del 3011 a.C.
Gesclliclu•, 13erlín, 1926, pp. 333 y ss.; E. París y 1. Ba>et. His· 23. Es ob\'io quo rctulta pelltroso tomar como prueba de su pasado
toire Ro,nahle, Parls, 1926, pp. 77 y ss.; \"éase R. Bc:!nle:r, L'¿tat lo que 1� romanos creran acerca de su pasado, dadas las difi·
kontmrlque d� RomtJ [$00.264 a.C.]. cRC\"UC hJsrorlque de droh cull3dc:s de los romanos para tener un conocimiento suficico!e
fra�ls et �trnnger>, 33, 1955, pp. 19S y ·''· acerca de �� pasado. Acen=a de los héroes agrlcolas. '\'éa-Se Heu­
25. 1!"• u In conclusión de 13eloch (1886, 26); se ba"" primordialmente hnd (1921 134 y ss.). Para un análisis algo diferenle de la$ lm·
en el relato de Polibio (6.19 y ss.), de rnedioclos del slalo n, .Pucn<:lonc$ de l3s dlstdbudonc:s coloniaJes de ricrrns en el sla.lo H
acerca do la armadura de Jos soldados que \'f'riaba de acuerdo a.C., vé"sc Brunt, 1971, p. 194.

300 301
29. En la Roma tempranrt, las Jeyes rcsenaban un hotlO Si•lvajc }'lara
gUn hecho se acomoda a mi punto de \'lsta, Jo consldti'O una
con lO!�. dcudorc�. Dt: ac::ucrdo c:on las Docrc labkl') (que: Ja trndi· corroboración llc éste, mjcotras que Ua.n\0 anac1'6nico a todo Jo
ción d!U3 en el 451 a.C.), un deudor que no podfa J>.1(1,u :,u deuda que, p.,!nente!endo � la historia tradicional, no )e acomoda a este
'DO<Ib str encadenado durante .sesenta días por su ocreC'do•· (ali­ cuadro. No dejo de advertir el J>Cligro, pero no cncuentto 011'0
método mejor. A�rc-a de enroque-s aoál�os )' de u n an4Jisb de
mentado �\ f:XIXDS..1S del acreedor) y luego ser c�blbl<lo en pd:·
los dalo> lt\clleos, •ease Heilland (1?21, pp. 149·50 y Tibllclh,
blico, o blco \'Cndido eu el t·.uraujtrt> t:orna c"-!l.l\"o, o bi<'n t:JC·
eulado (\\!a!.e A11ciem Roman Stauues. S. labl"' 3). A tin de mhi­ 1').18, pp. 17) y SS.).
a:nr los efect� de dkha ley, en tiempos posceriOr\!) •Un hombre 33. En cs1c cpfarnfe .:.xprcso m.tc\•amente mi ognadecimicnlo n Bn.mt
libre IU\'0 ln posibilidad de prestar sen·icios como esd�\'0 hasto (1971). a �.snr de ciertos c:k:secuerdos de interprctnclón oc:asio­
nales. Ht: dc!l-c:ub1crto que mls argumentos en este c:pf¡rotc y en
llt.'VRr a paaar íntc¡:rameore el dinero que debfu:e (Vnrrón, lA lttr·
gua lutlt�a, 7.105). A estos hombres se les llnmaba ut..d, slcn'OS, el próximo wn aniloa:os a los de W. V. Harris, y complcme:ntn·
p:no indicar su impOtencia. Ct. H. F. JolowiC't, A 1/htorlctd In· tíos de ésto:.. Véase, de este autor, War and lmperl<llisru itt Re..
troduclion ro Romatl U1w (Cambridge', 1972), PJ>. 164 ':l ss. Co.
publir:on Romc 327-70 a.C., Oxford, 19i8.
34. Tamhién los centros de las <:iudades modemns en países t•elatl­
mentó a. considt!ra. r se que el mal trato a Jos deudorc� cstí'lba re. vnment.; no mllitol'istas tienen sus l'ecuerdos de suorro ostt'Huns
ñido coo los dcrecJJos del ciudndano. .En 326 n.C. -In recha es
de generales n cnbnllo y desfiles militares. Me parece cÍiffcil dar
convcndonat- so aprobó una ley que prohibía rctcnel' el cuer­
PO del deudor como aonmtía (Tito livlo, 8.28; R. M. Ogllvle, nnn 1dc:n do In Intensidad del militarismo romano. (Y conste Qt�e
A COHuucmtm·y on l..ivy, Oxfor<l. 1965, nd. loe.). So tmH\bn, decía
esta cxoroslóry, sólo Heme aqu( sentido cvocalivo, y Clt nbsohtiO
Tito Uvlo, del cornlenzo de un veriodo de libertac.l ptlrn Jos pie·
pc y )
ornll\'o, Sm emb<�rgo, una lectura de Tito Llvlo o, a este
respecto, d e cunlquier histos:iador romano, lo muestrá con todo
boyoa. 'fambién reflejaba el poder y )a voluntíld de los clududn·
nos parn defender sus derechos contra las clases SUJ>Criorcs. Pei'O claridad. Su Interés por la guerra no fue ul)n mc•·a con\'encJón
h istol'ioanlfica. Por el contrat"i
o, fos hisroriado1-es colocaron l:t gue­
ln pn\cliCd de pagar J�s deudas con trabajo en calidad de dSCiavos
no so extinguió. rra en el centro del escenario porque era el sirio Que se nlere­
30. Blte párrafo e.s en JlArte un resumen de los ide3le� ��JXIt-SIOS J>OI' cfa.. Acere..' de las estatuas romanas de gue1·ra v�ase Plinlo, Hls­
Oionlslo de HaUcarnaso, Arqu�olqgi a romnua, 2.9-11; \'éa�c 1ambiéo IOrJa natural. 34.1J r ss.; sobre la emulación personal, ,.¿a� ibld.,
Aulo Ccllo, NO<Iru dti cns, 5.13. El abo¡ado romano Próculo (D. 351 y ...
35. Vé: ue C.JlC<;iolm<nle Vale1·io M álómo, 2.8. Habla una le¡ que pro­
49.15.7.1) sosticoo que los centes
il eran libres. si bien lnfcriorc.. <i en .
ranao y :autoridad. R. P. Dore an3Hzó un follc1o jAPOI�S de 19.34 en hibía a lo$ cencralcs que exageraran el número de enemigos muer·
úand R•torm ba Japau, Londres, 1969. en cuya páalna SS dice el 1os: ct1ando entrllban en la ciudad, los aenerales lriunfontos te­
ohm que jurar que sul informes era.n ,·crdaderos. Lo, aen<�raies
nuror: cSs cierto c¡ue, desde cierto punto d\! vl,tn, estos rela·
n Quienes se lc.s habían de.ncaado una y otra vez 105 triunfos Pli·
cione.s se.ftor-.siervo, ba�adá�.. en la prolección p:uernal del scñor
hacia sus nrrondatarios )' en la lmplicha obf!dlenciu d� �.stos a Jn bUco� (Tito Llvlo. 42.21), celebr;tban triunfos privados en J.H n(ue­
autoridad del señor, puede considerar.se, desde cierto punto de ras do Roma. Esto constituye unn señal de su c:xhibiclonlsmo com·
\1lStft, como unl\ noble y n:Jioada e.lp�sión etc ideales de orrt1ol1fn I>Ctltlvo. Vónsc también Aulo Gdio, Noclaes driccu, S.6.21., acerca
y COOJ)el\lCión. de re!)J)t!to y ayuda mutuos.:. Pcr(l en In práctica
de la diferencia en11c un triunfo y una •ovación Plutarco Pau·
•.

ornn muy otro cosa; e/. ibid., 39 y ss. Véast) a�:unbl6n, porn In re. lo E111i/lo, 32 y Tilo Uvio (34.52; 37.46; 45.35 y ss.). Poro un nná.
ciento ox:ptotnción de los clientes, S. F. Silvermon, ll.tt>lolatiou ;u lisis o:<traor(lina.rlamentc. detallado, véase H. S. Vcrsncl, Trlum·
rw•trl central ltaly, osComp. Stu�. Soc:. Hits.•, 12, 1970, JJp. 327 y ss. plms (T..cldcn, 1970); también será útil sv TriumJ)Ittu t, RE o
31. Es lu lrutu·cslóu que recojo de Catón, De llf.:r/ cultura, S y 144 y �·s. Ds. t.ns 116tns de todos Jos triunfadores de la historia romunn, ol
Hs el más antiguo de los tratados romanos de cslc tiJ')O que so· meno11 hoola el roJnado de Augusto, estaban inscriln.s en �l'nndos
brcvi\'Cn aun, y dn1a del siglo J[ a.C. Ln!> fM!c'LUI'I,:\'1 ))�l'tleip(&cloncs estelas que &O exhibían en el Capitolio. Nos han llcgnclo lncom·
que se do.bno a Jos mediems -l/6 ó l/8 de h.1 osecho, c según l<� plctns (Juscri¡Jiicmts lluliae, A. Degl.1lssi, Roma, 1947, vol. 13.1,
calidad de In 1icrrn- no eran suficientes para su mantcnjmienlo SJ4 y SS.).
Y sólo JXK.Iían subsistir si además tenían t-icrríl en ¡woplcdnd par� 36. SohN: lo.s pérdldt'IS romanas de guen-a, véase BSAR, vol. t. p, JIO:
trabl\jo.r. l!n una publicación posterjo1· anali7-3r� los valoi'CS pro­ sobre In POblacló� adulla rnasculioa ilallana, \'éase Brunt (1971),
bables de la producción, del coste de la fuerne de trabajo y del p. 54; 3Cerca del unpacto de la segunda guerra ¡x\nk3 q,brc Jos
consumo ramiliar de la agricultura romana. Vnlc la pena ln�J$tir campe&lnos lcalianos, '�se Tito Livlo (28.11 para el � a.C.): •No
era fácil para la aenle [regresar a sus �anjas) pOrque Jos peque.
en que, en muchas sociedac.ks <:am�in3s, Jos propietarios de tle­
rns: y los medieros no constitu�en t:atcaorfat nttllmcntt se.p.ara. ños aarkulrores hablan sido aniquilados, había escasct de escla·
das. sino que se �upcrponco. En efecto, se puede pO�r ckrco e:<:· '""O!i, el annndo habla sido robado y las granjas arra�adns o quc­
tensión de tierra en propiedad y también arrendar orra Herra. madM.• Wa'IC lambiéo Toynbee (19115), vol. 2, pp. 10 y ss; e/. las
32. No C':\bc duda de que cslc tipo de razonl\miento es pelfaroso.
pruderues malitaelones de Brunt (1971. 2@ y ss.).
Tcna:o un cuadro de Roma en el sia.lo t u a.C.; �tn é. presentaba en. J7. Aulo Gelio, Nocltes dticas, 16.10: cPcro desde el momento en ctue
tono::s uno C"COnomía simple, ••efathamcnre lndlrtrunciada. SI al- In propiedad y tJ dinero que poseía Ja familia so consi<Jeraron

302 303
cumo P•�nda de tc�had a la Repúbljca, y desde que cm ellos se en quu lo:o¡ puhtcs. Ytl habían servido como soldados :mtes (¿cómo,
\'\!rn la aaranua del amor a la patrja, no se locorpor.3ba a. las nr· si no. hubitr.-n ¡xx.Udo los romanos mantener en pie c:jc!rdtoc; tan
111a.) ni ni prolctnriado ni a los CQplle censi [c.s decir, los que ca· gundc�? -'�-'� mfl� ab.ijnJ, en que el campe�ioJdo que. pe�f.t
rec1an de propiedad e-n absoluto, o casl en absolulOJ, saho en tierra tue irKo1por.ldo a la ruc:l'">'.a en las dt1;:adas sia;uientu, )' en
"·;a� ck cmtl"8enda...• \';.sce algo análogo en Valerio Mhlmo, 2.3. que los �ld.1dc.s PObre.s probablemente se n.xlutab:.n �obre todo
3d. El t.otnido po1· ct'nt\lrióls era la asamblea de ciudad� q,ue ori­ en el cumpo. \ ""' llnmt (1971), -103 y >.<. G•bba (1916) >. J. flor·
atn.ulome:nte se organizaba ecl unidades de lucha, las centurias 111aud, L'drntt;.e ,., le soldat Q Rome. (Pari.s, 1967). 11 y .�31. Sobro
--do donde ccniUriones-, y se dividía eotre los que estaban obJi· el reparto de JUn.:das. ,.case Bnmt (1971), pp. 294--34.4
a:ados a prestar senicio militar (ilmi oru) y los que t(nÍiln �·a 41. �tuc::bo se ha tscrito at:l!rta del grado de c:oo.fianz.a q� merecen
cuarenta y seis años de edad cumplidos (sttriorel). Debido n que las cUras que nos han legado las fuentes en cuanto al cnmo.l\o
ttnfo.n la costumbre de reun irse armados, lo hacfan exu·amuros, dt! ll.t$ lt·afones, de ros ejércitos y de la población de cíudadnnos
en el Campo do MarLe, La caballer(a (equites) y las dos primeras registr-Jda po1· el censo romano. Sólo me reAe1·o Bquf a bm·dos
clases (de las cinco clases según el \'alor respccth·o de la pt-opie· órdenes do J'tHt"ni1ud; Jns cifras tendrfan que �er ubwlulamcnto
dad) tenfl.m un peso desproporc ionadamcnto alto en el momento couiroeadns ));.un nnulur la.s implicaciones que aquf se hon dedu­
do vota•· y, si estaban todos de acuerdo, <!tan rnayorín. Pero en cidv de clltls. Lns cifras que darno� aquí se basan en J3runt (1971),
Jns elecciones, que por lo gocr"1 c eran c·cf\idns1 no podemos su· pp. 424-S y 449. Las medias para 200-lóS a.C. incluyen nlredcdt�r
pOl\Ol' tal unnnimid�d, Aclarado esto, el plteblo (tJoputus) como t.le 10.000 mn•·iuos y remeros: en lo que rcsp(.'(:ta n 8().50 n.C., so
un todo, en particular en la asamblea tribal, 1enCQ. un poder po· ha ll�audo n ostu cir1·a multipHcando el núrncro ele lo¡lone5 que
Utleo eonsidcmble que se expresaba, por ojcmolo, en S\.1 elección da Btunl por •u pt•obablc ttlmaño (es decil', 5.500 hombres). J:lrunt
de noble¡; para cargos Pl\blicos y en su J)Odcr exclusivo p�rn apro­ (1971), p. 4�7. da In media do 90.000 para el per·lorlo 80-50 n.C.,
bar luyes y declarar la guerra. La protección de lo� ciudadanos pero esto p:wecc en des:\t:ucrdo con stls propias cifro.s. Sobre Jn
eontrn el abuso del podet· de los runcionnrlos nobles estn.ba a car· rclaclon cntr� �old"dos romanos y aliC�dos. ,·é�lSu Brunl (1971),
a:o de los tribunos del pueblo. Bste anállsis rcquJere cjcrU\S acla· apéndice 26.
t3clonc!1; �ase Jolowicz (1972), p. 19 y ss. 42 Sobrt: 1� b:�sc de H. O�lhJi,.:k, Geschichte dcr Krieg�Amut, lkr·
39. Bl t.l.mafto del ejército romano aumenó t tn tümlnos absolutos, Un, 1920, \QI. 4, 2.61; F. F. HcUeiner en la Cambridl� lic:o•romic
pero ello se debi ó a 13 extensión pOr manwnisión, de la masa Hlstory, Cru-nbrld�. 1967, ,..,¡, 4. 67.
de ciudadanos que propOrcionaba los soldados. La proporción cnyó 43. En cuanto al �en·ldo de !>eÍS años. véase P. A. Brunt, •Thc anny
debido en parte :l la prolon&ación del servido mUhar. and thc lnnd 1n tht Roman I"C\'C)Iution•. JRS, 52. 1962, p, tt(). V�nst
.O. Los cbto� occrca d�l reclu.tamiento han sido COQ\'tnicntcmcntc también Aplano, Guerras d• Espa1 ia, 78 (circa 140 a.C.); A. Afzc.
reunido• por \V. Liebenam, en RE sv dilcctru, y por Brunt (1971), lius� Die rOmi�che Kri�gsmacht, C0penb3a;uc, 1944, pp. J.4 y .u., �7
pp. 391-415, 625M. No estoy de a<ucrdo con Brunt (1971), p. 66, y 61; A. ll. Astin, Scipio A•mili amu, Oxlord, 1967, pp. 167·12 (un
en su Interpret-ación de Tito Livio (24,18.7), sc¡ún la cual en 216 resumen muy claro). Acerca de ser\ficios posteriores m:is proton·
a.C. s61o 2® romnn;:>s habían eudido el sencio i milllar, ni con gados, 1(. E. Smith, Scn•ice n i the post-.Hariau Romatt Anuy, Man·
su conclusión de que los soldados t•omanos, aun en 1lempos de chc:ster, 1958, pp. 22 y ><., Harmand, 1967, pp. 258.00.
cri$IS �>C rt!clutl\ban predominantemente entro campesinos propie· 44. Entre los soldndos. In exJ)e(::tativa media de vid�\ (o) en el mo.
turlo� do tierras fassíduiL Sobre esto ,·éase mi rtsenn de 13ntnt mento del nacimiento (o) e•-a de veinticinco nnos (e. .. 25).
(1971), Cll JRS, 62, 1972, pp. 192-3. Me parece QUO 131'unt �Ohl'es. 45. Véase lo ooto 19.
timo. la eflcacin del reclutamiento I'Omano y ll\ Ci.)nlinnzn objeliva 46. Acec'Cu del rcclutnmicnto de soldAdos predominauten1cnto en cnm.
en los fuentes. po, más bien que. entre el proletariado urbano, véruu: Tl• unt (1962),
Se cncontrti.rá testimonio de los requisitos m(nlmos de propfe. pp. 69 · � ss. Tnlllbién tuvo Jugar cierto reclutrunlento urbnno.
dnd quo so pcdln a los soldados en Tito Livlo, 1.43 (11.000 nss.s); 47. Astin (1967), p¡>. 47-72; Tito Livio, 43. 14 pnra el 169 o.C.; Arlu·
Pollbio, 6.19 (4.000 asses); Ci<erón, De republlca, 2.40. o Aulo Celio, rw, CurrtllS de Espnlia, 49; Tito Uvio, Ab urbe c:Otlditn, SS.
Noclres dtlcas, 16.10.10 (1.500 asses). Par<:ce d1ffell dntnr con cer· 43. Sobre la distribución de parcclns t\ Jos soldados de SiJa, v�a!li:O
leza los cnmbios; de todos modos, véa.se el lntcrc.snntc análisis Brlllll (1971), p. 305.
que realiza E. Gabba, The origíns o/ the Pro/eJsiouat nrmy tU 49. Si¡¡o aquf ltl hipotétia c estimación de T. Fran.l; de los ln¡resos to­
/lomo (Gabba, 1916, pp. 1-19). La reducción r.t.o los "'Quisltc>s do tales n comienzo, del si¡lo u a.C., unos so.óO millones d� sesttr·
propiedad $ln.e de apo)'O a la ide.l de que en lo$ dos !lhlmos eios POr nJio (liSAR, \OI. 1, p. 141).
•lalo) a.C. se dio una teodeoc:ia a la vrofcslona.llzl\CJón y pro1e­ Como ft:Suhado de las conquislas de Pompeyo en 63-«) a.C., Jos
t.nri�:odón del ej� rcito. lo cual es& t bitn annlluedo en Cabba (1976). ingreso! del Estado se ele,·aron de 200 a 340 millones do sesrer.
pp. 1� ¡· en 8runt (1911). pp. 405 y ss. cios (Plutarco, Pompeyo, 45). El comentarlo de Plutarco "' am­
�n Sttluuino, Yclgurm� 86. en 107 a.C. Mario rompió con la biguo; de todo' modos, prefiero esta interpretación al alu de
tradklón al enrolar \'oluntarios predominantemente de entre las 200 a S40 n1illonc, de sestercios, tal como M>stienc B. Badhm
clMCS mAs pobres. Tal \·e� se trate menos de un:l rt\'OJudón Roma.ts lmJ)<riali�m ¡,. tl1e Late Repubtic. Oxford'. 1968, p. 7 8
c¡ue de lt\ confirmación de 'JtUl tendencia. Es Importante insistir y Brunt rtC\!J)IB (P. A, Bnmt, Socia./ Conflic:ts in tite Roman Re·

304 305
20
publi" Londres, 1971, p. 39). La m i partancia del botrn Y de 1•• p, Y
71 los e41culo\ liacramente diferentes que �paret.-cn en A. von
lndrm�iz..'\ciones &eas refleja en Jos detallados relatos que �e cll� Domc.Jicw.sld. Die Rtmgordmmg de s rOmi.�hen HeerCJ, Co1onln:,
se con�n·3o en l historbs tradicio,•ales (l)Or cjernpto. T1to L •� p.
1967, ll, donde &e
e.:ttrat)()Jan retrospecth·arm:nto. cirras de \UlA
vio, 34.<16). En cuanto a su nvalor, frank calcula que <1 botln Y inscnpeión de co mienz
os del si¡¡ o 111 (C/L 3.
l 14-116). En <16 a.C..
l.a.s indemnh.adones sumaba enalrededo r de la quinta 'P.artc de los Cé<ar dJo " Jo(, ccntu ne� Ja \ieja proporción trndidon..\ e.tto
rio 1,
in¡I"C'SOS del Bstado romano la primera pMtC del s:ak>.u :..C .•
es, un bol!n i��:unl
al doble
del de l Jos � d3dos ordinarios (Aplilno.
.
pro\'eman de; 1mpuc.s· Gue.rrtU �vtlts, 2.102); rue unn clara �cepción a tendencia que
cuando menos de Wl ten:::io de Jos inerc.."� la
tos provinciales y minas. A finales de a l RepúbUc• (\ia>o ESAR, )'O dcscnbo . Sin embargo, \"ale la pena observar que en esta d si ·
uestos provinciales eoo�tltu(an el ame. trlbueJón los recibjeron 40.(0) Jo Que era
vol. t, p. 322 y .ss.) tos Unp bolines de que se
centuriones
suficiente parrt que se cst:t l i ran
sestercios,
campe no Importan­
so de los ingresos del Estado. l..os enormes b ec e como si s
apoderaron Pompcyo y César fueron excepcio
nales. tes. La elevada Dt'Oparclón del bolín (20:1) que so dio en 66 n.C. a
so. A p:u tir de comi cn to s del s g
j l o n a.C., tc oemo s1 conoe1dlm1�1.1l0 0 de'e los ce.ntLu·ionc� (véase también Apiano Mi'lh.•
, 104) pudo deberse
de genera 1 s a os so uo.. �
: .. bl hunblén n circ ta cia políticas excepcionales. Con e ta
diecisiete rcaalos diner o d e Jos e
1971, p. 394). La mediana ern de dnd, Insistamos en
uns n s
que.. oun insuficientes y a sl
s saJvc.
a s Jos cintos n:·
i do .
el bolln (wbulado par Brunt,
tOO sestercios, el promedio, de 122 se-stercios. A \In Jlroolo convco· fere.n e u unn tendenc•n parecen convinccnt(!S po1· actllnult'lclón
ts
, el pr medlo }labrha
<> Véose tambl�n nrunt. ( 971), p. 459, dond ucontl"IWt\ \In finÓ
cionn1 del tl'igo de 3 sestercios vor nwdius 1 e so c
lle¡nclo n �mos 40 motlii =
=
260 kg de ,tri¡Jo uolrccled ot· de u•� anál 3 de los dnto•.
l 1s
.
s ::mt1ales mllunlt\.s desesntaerci famlha. Po1 55. Lo. ma�nl u del p ln.Jc romnno s halla ilus rrtda en
td il e t Badlan (1968).
cucu'lO de IM nccc itlade .s

tl c:ontrnt'lo, Pompe.yo dio a sus soldadostc6.� os (Plutar­ op. ss.,


82 y y s ml'l dctnllndnmcnte analiz d on R. O. Joll ffo, Pila­
ses ot Corwptiou iu Romnn Adminislracion (Diss.
aa l
WJs­
co Powpeyo 4S)· Julio César 20.000 sc.s
rCIOS (Apjnno, Guerras Mnn.sha,
c
ci�iles, 3.44) Y 2400o. scste(dos'(Suetonio, Julio C�sar, 38). Au¡usto
dlecls�ls -más
sl ,
coo n 1919). obru formnda en $u mayor parte pOr ito c s de CL­
daba n sus soldados t2.01ll sestercios después do cerón, lntcliaentamente analizados.
tnrdc. veinte- aiios de servicio. Wasc P. A. Brunt, JRS S2 (1962), 56. Sobre <:1 ;:ob erno
l
D. R. Shack eton Baile�.
l
deCk-erón, vé.ase mejor sus Cart4S a Atlco, ed.
Cambridge, 1968. vol. 3. Las referenci as
� - , ·�
51. Teóricamencc. los soldados romanos coml)3rtran todos los bot!· espccíOcas Que aqu l se utiizan
l (en Jaantigua enumerac ón) son :
i
nt.J. De ac\lcrdo con Potibio, 10.15 y ss., un c�rpo es�Ulco de 5.21; 6.1; 7.1; y ad Fam. 5.20.9. lls dific il saber Qué cru lo nor­
soldados , nunca más de 1� m itad de un ejérctto, ern destacado mal; es probable que dumnte 133últimas décadas do la Repúbllc.'
para recoger un botin, m1ent.ras Qtlc el resto moo 3gravnra considerablemente la explotación. l..o5
taba auardla. se $aqueos que se
A \"«CS, lo� anti¡uos ideales de disciplina se \�f3n
''lole•u.ados comctfan eran de dom inio pt.1blico, am ntaban y
y se l e condenaban:
(por ejemplo, Tito Livio, 37.32; Plutarco, Lúculo,
1� y 19; Har­ •No pueden la$ palphm'i e"'(presar. ciudadano$, cuánto nos odian
mond, 1967, pp. 410-16). las naciones extr3njera a .. n c us.'\ de la cod.i cJa de quJenc.s hemos
52. Sol>••• ti reparto de tri¡o en Roma,modo véase Drunt (1971 ), pp. 376- enviado a ¡:obeml\rlas estos años pasados, y el dai\o que han bo­
82' Calculo que su coste er000 a grosso de S (modll POr mes) X cho• (Cicerón, l..a l1y mauili(l; cf. ad. Fam., JS.J.IS).
12 (meses por ,.;o) x 320. (núm ero má ximo do bcncllciarios) X 57. Bl o.r1feulo de C. K. Yans D.
en S. N
ivisou y A. F. W l¡ht Co11•
r ,
3 sestercio.; (J')t'ecio convencional de trigo) = S8 millones de sester­ tucianl\m n Actlou,
i Stanford, 1959, es muy sugci'Cnle.
cios sobro Ul\ inare�o. en 60 a.C de: JOás de 340 millon
.•
es de ses. Véa, e nhorn. en E. Badian. PubliCflus tmd Simtt.r.f,
s Oxfon.l, 1!>72.
ccrclus. Bn cunnt.o la polémica deducción do Cicerón (Pro Ses­
t:a eJ meJOr tHU\IIsls, si .bien :1 veces polémico. de los iJn)luc�tos
s costaba ni Cll In Rt:púbhcn Romana;
tlo S.�) do Cll\C ti trigo gratuito para los ciududnno
::�¡rícoJo.s también J.JcérClld<:l PJ'JncJpado,
aslnuo un Luinto de
< presupuesto, es Pl'Obable QUO sen
S\1
una véo c M. 1 . Rostovtt.c�f, qeschiclrt� dtn: Statls¡>acltt, Lel zl g,
s p 1901,
requerido para snllsfaccr lus ne­ pp. s.f.,. O.
39 y el. Url.ig<ll, S\' Publtcam, en RE, SuJ)olernont·BClnd,
cxoa:ernclón. Calculo el mínimo 1.000 k� XI, cal.
cesidades de subsistencia de una familia. medio en unos
1184·1208.
. 58. Unn Insc ipción d" Put ofl que data del año
r e , JOS o.C. dn ucntn
c
de trl¡ o anuales (c. ISO modii) . .
aue un c nti'D. is a municip:�.l de edilicios t\1vo qu� dojor tie­
SJ. Sl hecho de que el monto de Ja fortuna fuera de conoc1m1e
nto de o t t
b e n la com pe tenci a que había entre Jos nobles por rra como r na� nnd del ad1..'Cundo cumplimiento de sus obll¡aclone\"
póblico Hustrn i
contructuolc• (CIT., = PTR!I, Se cree que e t ern "''·
ta rlqueu. En realidad, la. fortuna de FomJ)CY1;) era con.Jidera
ble· 10.1731 153). so
l:Jadi:ln (1968), pp. 31 Y ss.; racterfstlco y cr dici na :
n o l \'éase al¡o
mente mayor que la de Craso.istoVéase ria natural, 33.134; Clc y en Cicerón, l'trriu<s, 2.1.142-3;
se.mojante en
S Sl �
Poliblo
· "" · 6117
-bo l 'u ' b'•
Plutarco, Craso. 2; 'Plinio, HJa pena eró
mencionar que el nctn-o de
. Ptt­
n,
106 St.
Ps.Asconlus' 22 ·• nob
rado:ca Stoicomm. 49. Vale
59. Marco C:uón, 19� Cicerón, tul. Att.• fA ley ma11llia,
Pompc:)'O era aproximadamente igual al conJunto de los ingre$0$
Plutarco, 1.17;
otra• re(er;:nci en ES.o\R, ,-o . 345. El entendimiento era
anualts del B<tado (lo que es un !ndioe de la debilidad
de la 16; as l 1,
el eompl<!- t del rie.<�o.
mac¡ulnarb. del Bstado m lo tocante a la nobJcu a fin31es
de la Re. no
.
60. Cicerón, Ca,tas a Atico, 6.1.16: cParece que quieres aber s cómo
pública).
m<'! las nrr�¡Jo con los publiC3nos. Les 01doro les ha¡¡o concesJo.
54. Acerea de !!Sto, véase P. A. Brunt, Pay cnd supernm
mari.on m lile ,
ne ,s los halaao con a laciones y dispan¡o que no perjudiquen
Roman army, •Papers of 1bc B rlt ish School at Romc•, 18, 1950, du
306 307
68. Por supuesto, los aristóc:raLas romanos tenfnn cone�lonc.s poUtlcas
3 nadie... Mi sistema es el siguiente: fijo una fech:. l' dhzo Que si locales con los clientes. En 83 a.C. Pompeyo reclutó tropas. en
(los rm.>,·intianos) p.3gan antes de es14t fecha aplicare una tas;.• de Pl �num •amch\s a la reputación que su padre tenfl' 1\llf• (Aplano,
1 !t (lnh:ré.i mcn�ual); e1\ caso contrario, h' ta�a se cstableoe J)Or GutrrtJs civiles, l.SO), pero el apoyo con que tOntab:l brilló por
o\etJerdo. � tal modo los nali'-os pagan un inlc:�s tolerable y su auscnda tn la guerra eh·il contra Julio Cés:.r en 49 tt.C. V�rue
los J>Ublkanos ettao oooteutos con el acuerdo .• Cictrón se lenb también Julio Ct.ar, lAs guerras civiles, l.J.I y 56. y M. Gcl1er, Tha
por un aobcrnador modelo, y co realidad lo era, en comparación Romau Nobllityl Oxford. 1969, 93 y $S. Eran mucho más importan�
con Vcrr.:s (Ck.."Ctún?Verrint.s, 22.170). Bndian (1972). J). 76, �ñaln tes ou·os contactos polftioos.
caso:. d� contrataciones de impuestos de laraa duraclóo en c1uda·
69. Acerca de las leyes de deuda, \�se Tácito, Anal�'· 6.17; Suetonlo,
df':s y re¡ iones e.spedficas, asi como la consid erable ma¡nltud de Tibor/o, 48, y Frcderiksen (11166), pp. 134 y ss. Oririnorlnmcnte, y
1M empresas. El oligopolio induce ru enrendlmiento, Jo mismo parece que hasta la �POCa de Cicerón, la palabra pUs.�esror .se te·
entone"� que ahora. feria n quien ocupaba una tierra pública sin pleno lhulo de pro­
61. Sobre In bul"otrada patrimonial. ,·éase en parliculur Mnx Weber, piedad (sobr<> esto, véase C. Nlcolet, L'ordr< éQII-.rre � 1'4poque
/Z¡;u,omy attd Society, Nue"·a York, 1968, vol. � p. 1.006 y ss. r�pablicaúu:, Pnrls. 1966. p. 301). Sobre Jos locupks. \'éaso Cicerón,
62. Ac�rcn do esto v�nse Bndian (lm), pp. 11-47; lito Ltvlo, 43.2. De rep11b/fca, 2.16; Auto CeUo, Noclles álica.t, lOS, P.l nrcdominlo
63. V�nso ol n(llldo análisis de E. Badian, Pt•om llz� Grncclll to Sufla, de In tfcrt·n e1t Jos [undo$ de Jos ricos se manLuvo. El emperl,dor
•Historio• 11, !962, pp. 203·9. Talllbién la histirin de 1!. Gruen, de. Tr!t,ltmo Ol'denó n los senadores que ttwlenm un tercio do su (or­
tnlladn y c\·oc,:utiva, aunque pesadamente prosopogrática. Roman tunn en tlerm en Italia: Olionrpodoro (ffl'g, 44) nos cuenta Que
Politica áltil tite Crimíual Ccmrts 149.$1 BC, Hnrvord, 1968; y el bre­ c11 el slgJo IV Jos senndorcs ricos )>ercibían lA cunrtn l)nrt<- de sus
v� y !iUlJt.!:�otlvo capHulo sobre los caballeros de C. Moler, Res inarcsos en forma de productos agrfco!as. y el re�to en calidad
l'ul>/lca 1b11issa, Wlesbaden, 1966, pp. 64-95. VéAse también lo noto tle I'Cntas.
70, m:ls adclnnte. 70. En un airo de lB moda intelectual, es1e punto de visto ha 8ldo
64. (1Q.] Cl«rón, Gula electoral (Comm. Pu.) J G ru �n (1968), Apén. ampliamente aceptado. t.os ensayos pi oneros hRn sido: P. A. Drunt,
dk:c F., dtt tm;t. lista de 22 casos conocidO$ ant tf
OI'eS
i al estabJe. Tllr Bquites ;,, tite lAte Republic, orSecond Tntematlon31 Confe.
clmil!nto del tribunal de extors'ión, entre U9 y 91 rt.C.; once casos rence or Ecooomic llistorv• 1962, París, 1965, \'01, r. C\JleCialmcn.
lerminaron con la absolución; dos de los condenados se suicida· te pp, 122 y ss., y Nicolet (11166), pp. US y Js.; v�><o tambl�n
ron. es probable que los datos se.an muy incomplclo�; sin emb�· Meler (11166), pp. � y ss. El enfoque anterior. S<jl11n <l cual los
80. lo que S..1bemos DO revela que los jtlmdOt OCUe&lrt:S J)C1"SfKUlC· eab.llleros constltufan ante todo una dasc de hombrc.s de ne,o..
nn abiertamente a los senadores ni que los condenaran. Después d o..-. cm t'll:te.Sivnmente modcmizante.
del a60 70 a.C., los jurados eran senadores, cab..1.llero' o n i d.i\·i· 71. La nobleza no Impide oc:upar.se de asuntos de dl,...;..ro W:t� el
duos pcrtenec-ienti!:S al estrato inmediatnm<'nle lnf<!rlor al de Jos e.sludio \'Crdadtrruneote interesante acerca de las forrun:.s de nrls·
caballeros. rócnuas lnalc�.s que realizó L. Stone, Family and 1-'orume. Oxtord,
65. Hay POCO\.$ prucbi.ls de que los senadore-s tuvicum tlcrrns fuero 1973. No db.ponemos de información sim ilar nccrcn de Jo� nobte.s
de Ttoll:l untes del Principado. Los senadore\ tcntnn limttado� los romnnos. es evidente que, de un modo par�ldo, Culón, Vn1·rón y
vl:'ljc� plivados a.l extranjero, y prob"bk:mcntc ttwleron prohibida Pllnio '\C ncup:tb:m de sus fincas. Epicteto, en Dfftrtacioue.r. 1.10.
In propi<'dad de cierras fuera de ltali� (Cicerón, 2; Vurlnes. 5.45}; dice Que e1 de sur>anor que Ja conversación c:'O Jos drculoc; de Jn
en todo CA$01 debía ser dificil asegumrse 1ft <:omccución ele in¡re.­ corte enLrc quienes no son filósofos ha de ''<'rs.nr sobre cuento�.
s.os estables do f1mdos en el extranjero que no ll()(lfl\n t\:norsc nreolo do Jn tierra y precio del trigo. Los nombres ele Jos seno­
hnju CU11ll"ff1 ¡1crsonat . ·E.�ló puade '<c. nlicur en pnrtc In concentra. dores snbtcvlvou en Jnrras de vino y en ladrlllo�;, Que prob,�ble­
clón do fundos senatoriales en Italia centrnl. Los enbnlleros se mente •o rnbrienban en sus propios fundos (/:!SA/l, rol. l, p. 355
hicieron con f,mdos propios en el extranjcr�) dueuntc IR Rept,bUcn y vol. S, PJ>. 208-9); tales rótulos son índices de quo los. 11Cnndore!l
y no cabe dudn de que residían aiU duronto cierto tlcmll(), Vé.asc estaban implicado.; en el negocio, pero no que se ocup.nb:m nten·
h. Rnw,..on, «The Ciceronian aristocracy nnd iu propet·tlcs•. en M. tnmcnte de �J. En 1-e.tumen, no sabemos ha�1:1 qud punto la cuJ.
I. flnley ed., Swdics ¡,, Ronum Prop�rly, Cnmbridao, 1976, pp. tura predominAnte induda a los aristócrata-; n ocunaMt de sus
85 )' ss. fuentts de in¡resos o a i�orarlas.
66. Pnrn un análls.ís de la deuda, véase M. W. Frtderik�rn, •Cae-s.ar. Ci· 72. Plutarco, Craso, 2: oohre Bruto, "�"""' la• no•u �5 y 56 de este
cero and the oroblcm of dcbto, IRS 56, 11166, en e�pec:Jol pp, 128-30. eaplholo; Cl�rón, Vtrriuu, 5.45, decla que la ley de proplednd na­
Ci..crún (CarüimJrüu 2.18; D � 01/iciis 2.78 y ss.) mc·nclonaba una viera de los sen:.dore.s carecía de eficacia, �ro IOOhre\·hió en una
colh:¡:oría de hombres rfoos gra,·osamcntc endeudados. Para Pom. ley de Julio �r ('éa"' el fragmento de .t.id<n de ln• Smrenrlae
J)C)O, '�a<e Plinio, Historia nalllral, 371.6 y ESAR, \'Ol. !, 325. de Pablo, ed. G. G. Arehi er al., Leiden, 1956).
67. Los nh�les do: li'St.o suntuario subieron tonsldcrnbltmente des­ 73. G. Mlna¡t\y, Eutlislr UJ11d�d Sociely ir: 11te ElxJatetntlt Ctntury,
Pl•�• de 13 conquista del Mediterráneo oriental (\'én�c Plinlo. Hi<>· Londret, 1963, p. 21 (e(. 26). lll número de propict>rtos nhticos
turit' lutlUrtll, Jl pas1fm. y es-pecialmente IJS y ss.). Acerca de las que MI anali1.a es menor -400 contra 750 -pero �\1 rtqut'%1.'1 es en
lc\tS �uniU31"ia�. \é�se. por ejemplo, Aulo Odio, Noches dticas, conjunto mtl)'Or que la de los mercaderes y Jos banqueros.
2_24 e l. Sauerwein. Die Leges Stmaptuariae, Hnmbur¡o, 1970.
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