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EL ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA

¿UN PARADIGMA DE TRAUMATISMO SOCIAL?

Calvi, Bettina

Filiación Institucional:
Docente-Investigadora de la Fac. de Psicología de la Univ. Nac. de Rosario

El abuso sexual en la infancia es ante todo un delito pero también constituye


una situación paradigmática que muestra estallidos institucionales cuyos efec-
tos producen lo que algunos autores llaman “vidas dañadas” o en su versión más
extrema ”vidas mutiladas”
Las víctimas sienten vergüenza de vivir. Esa vergüenza resulta semejante a la
de todos aquellos niños, niñas o jóvenes que resultan condenados a priori por su
historia de origen .Historias de miseria, de violencia, de maltrato, de exclusión
El abuso sexual en la infancia exige la reformulación de “la familia”.De todos
modos ,la caida de la familia dá lugar a organizaciones familiares heterogéneas,
múltiples y complejas que tienen como denominador común el constituirse como
el grupo de vínculos lo suficientemente estables y responsables para acompa-
ñar y sostener al niño/a en su crecimiento.
Las prácticas en relación al ASI y las políticas públicas en las cuales se en-
marcan suelen mostrar, salvo honrosas excepciones, que no siempre el bienes-
tar del niño o de la niña es lo que ha dirigido las acciones que sobre ellos se han
ejercido. Es decir que en muchas ocasiones a los adultos y a los niños/as no los
une el amor sino el espanto.
La incidencia del abuso sexual en la infancia es lamentablemente muy alta.
En muchos casos el abuso se articula con la prostitución infantil y la trata..No
son casos aislados forman parte de una problemática social: infancias en situa-
ción de riesgo .

Una noticia, Un caso: En Rosario, delegados del Movimiento Social Evita de-
nunciaron e intervinieron en grave caso de abuso y prostitución sexual infantil.

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Dos hombres que permanecían prófugos fueron detenidos bajo la acusación


de abuso sexual con acceso carnal contra dos hermanitas de 11 y 12 años, una
aberrante historia que conmueve al barrio Gráfico y por la cual ya procesaron al
padre y a la madrastra de las nenas (en condición de facilitadores) y a un veci-
no como autor material.
El padre de las niñas acompañado por su actual mujer, era quién entregaba
a las niñas bajo amenazas físicas y psíquicas, aparentemente en pago por una
deuda, a un vecino que no sólo las sometía a todo tipo de vejámenes sino que en
varias oportunidades las entregaba a otros hombres, que las trasladaban en ve-
hículos a un departamento privado: No se descarta la posibilidad de la existen-
cia de una red de trata de niñas para la producción de pornografía.
La resolución judicial procesó al padre de las dos niñas, a su concubina y a
otro hombre, por abuso sexual con acceso carnal. Y destacó que en el caso de
los custodios de las menores, el delito se agrava por el vínculo.

En este caso se contó con el testimonio de las niñas, que pudieron relatar la
situación en detalle, identificando la camioneta en la que las trasladaban y refirien-
do incluso que les vendaban los ojos para que no vieran adónde las llevaban.
Pero no en todos los casos se puede contar con el testimonio del niño o de
la niña debido a su edad o a la situación traumática en la que se encuentran. En
esas situaciones la responsabilidad cae sobre los informes que dejarán cons-
tancia acerca de la existencia o no de los indicadores de ASI.
En relación a los informes se abre otro sesgo del problema, ya que muchas
veces los informes que ratifican la existencia del ASI ,son seguidos de juicios a
los profesionales intervinientes realizados por los acusados del abuso.

Después de la denuncia: Cuando hay otro que responde


En referencia al caso, es importante precisar que actualmente las dos her-
manitas de 11 y 12 años están bajo el cuidado de una integrante del Movimiento
social que intervino desde un primer momento en el caso. Al momento de esco-
larizarlas nuevamente también surgió un obstáculo dado que llamativamente las
instituciones educativas se resistían a tomar a las niñas, pero debido a la insis-
tencia de los adultos a cargo , finalmente pudieron ser escolarizadas
En este caso vemos que la respuesta se encuentra en el campo social, es
decir es desde un movimiento social desde donde se ofrece el sostén, el cuida-

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do y el amparo que la familia no pudo dar..Se trata de una situación extrema por-
que estas niñas debieron ser protegidas de su misma familia.
Citamos este caso porque en su vigencia, rompe con la ilusión de sociedad
burguesa occidental y cristiana que afirmaba que la familia es el mejor lugar para
un niño o una niña.
De todos modos cabe precisar que la situación es muy distinta cuando no hay
otro que responda, que aloje, que garantice la defensa de los derechos de la niña
que ha sufrido semejante traumatismo. En esas situaciones el niño queda libra-
do a la más absoluta inermidad. Por eso resulta imprescindible que las políticas
públicas contemplen estas situaciones y ofrezcan respuestas .
¿Qué es lo que el abuso sexual infantil, la trata y la explotación de niños y
niñas hace visible? Muestra justamente el fracaso de la condición humana,, el
quiebre del sujeto social y la imposibilidad de la trasmisión de la experiencia hu-
mana en su singularidad.

Si la cria humana necesita para subsistir nada menos y nada más que abri-
go, alimento y buen trato. Si el alojamiento subjetivo permite que el sujeto social
se instituya, si la humanidad requiere de la trasmisión de la cultura, si ésta sien-
ta sus cimientes en la necesidad de transmitir a nuestros descendientes aque-
llo que hemos recibido y esta necesidad está inscripta en la historia, .entonces
qué ocurre cuando aquello que el sujeto recibe es del orden de lo irrepresenta-
ble, de lo siniestro, de lo devastador?
¿Qué ocurre cuando se ignora la asimetría intergeneracional y la prohibición
del incesto que constituyen los pilares de la cultura?
Cada sujeto organiza su recorrido individual en función de aquello que le ha
sido trasmitido. Pero cuando lo que le ha sido trasmitido al sujeto, al grupo o
a la civilización incluye la conmoción más profunda, la condición humana mis-
ma es afectada.
Frente a conmociones como las que puede representar la caida de un es-
tado de derecho, la irrupción del incesto o del abuso en la vida del niño o de la
niña, la sensación que el sujeto presenta es que todo lo que habría sido trasmi-
tido se encontró de golpe sacudido por la incoherencia, a tal extremo que ya no
queda nada por trasmitir de aquello que para un conjunto de generaciones ha-
bía representado un ideal de vida. Una generación sometida a tales desastres
puede alcanzar un límite tal que no le permite pensar en el futuro
Esto suscitará en generaciones venideras, nacidas de las que sobrevivieron

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a la destrucción, una perplejidad que no podrá expresarse sino en términos de


negación, de desconocimiento de esa parte de la historia, acabarán siendo ex-
tranjeros de su propia historia. Se trata de sujetos que carecen de un espacio
donde enmarcarse.
Si tenemos en cuenta , además , que en una generación se dio un quiebre ,
una ruptura radical, se torna imposible que los emblemas puedan ser recibidos
como tales por las generaciones siguientes
Recordemos que Hassoun señala que subjetivar es individualizar una heren-
cia a fin de reconocerla como propia..Pero qué ocurre cuando nada de esa he-
rencia se puede recuperar ?Cuando todo lo que de allí proviene es devastador
para el sujeto? Cuando el hijo constata que contradicciones radicales entre los
que sus padres dicen y las acciones que efectivamente llevan a cabo ,enton-
ces , la trasmisión se transforma en una burla, en una farsa que puede promover
diferentes efectos: una rebeldía radical, marginalidad o desesperación extrema,
acompañadas de una tentación a reconstituir en otro tiempo y con lo poco que
se cuenta, otro débil modelo.
Pues bien, el abuso sexual en la infancia y especialmente cuando es intra-
familiar, quiebra la historia de la víctima..La relación con el otro queda severa-
mente afectada.

La singular experiencia del tiempo traumático:


Durante el momento traumático, la vida se convierte en instante.,el tiempo
consumado en el poder de la experiencia rompe el hechizo de la duración y re-
une lo pasado y lo futuro en un presente contínuo. La duración origina un ho-
rror insoportable.
La vida humana se convierte en instante y no porque supere la duración sino
porque se desvanece en la nada .
En el ruidoso tic tac del reloj se percibe la impotencia por la situación sin sa-
lida de la propia existencia.
En palabras de una niña de 11 años: “Yo sabía cada noche lo que iba a pasar,
él venía siempre a mi cama, no podía hacer nada para cambiar eso. Era como
si fuera a pasar siempre…”
Las horas que ya han pasado como segundos antes que el sentido interno
las haya asimilado… anuncian a este arrastrándolo en su precipitación que él y
toda la memoria están consagrados al olvido.
En el traumatismo, la cosa en sí misma es siempre lo extraño lo perturbador

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lo no representable, aquello que no puede ser enlazado en el psiquismo. Es un


acontecimiento que llega imprevistamente y se incrusta en el sujeto capturándo-
lo. En el caso del niño/a , si no hay un adulto que lo ayude a contener, ligar ,
metabolizar esa irrupción devastadora el psiquismo infantil queda abandonado a
la irrupción de lo traumático.

Mucho se habla del abuso sexual en la infancia , probablemente nadie del


considerado progresismo se atrevería a no manifestarse contra esas “terribles
situaciones” sin embargo… la realidad da por tierra rapidamente con esas bue-
nas intenciones.
Vemos reiteradamente que es muy dificultoso realizar la denuncia, quienes
las reciben suelen ser muy incrédulos en relación a la veracidad de las mismas
y dentro de los mismos profesionales hay quienes anteponen sus prejuicios a la
escucha del niño/a.
Los prejuicios se imponen y las instituciones reproducen veladamente, todo
aquello por lo que se horrorizan.
El abuso sexual en la infancia hace estallar la ilusión de que la familia es siem-
pre el mejor lugar para que un niño/a viva y se desarrolle. También dá por tierra
con la tranquilizadora idea de que los adultos siempre saben alojar y cuidar a los
niños y que todo lo que hacen es por el bien de los mismos.
Por todo esto es que el abuso sexual en la infancia puede pensarse como
paradigma de un traumatismo social en tanto hace implosionar las instituciones
que dán cuerpo a la cultura.
Resulta fundamental no perder la diferencia entre la víctima y el victimario, en-
tre quién padece el delito y quién lo comete. Entre quién ejerce el poder y quién
es sometido, entre el niño y el adulto . A fin de que estas diferencias permitan
actualizar las legalidades necesarias para la vida en una cultura donde los dere-
chos de niños y niñas no sean vulnerados cotidianamente.

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