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Acto jurídico
Concepto

Para saber más…

I. CONCEPTO

Fuera del mundo del derecho es frecuente encontrarnos


ÍNDICE
con la idea -bastante generalizada- de que el contenido
propio de toda regulación jurídica está constituido por las > I. CONCEPTO
actuaciones o comportamientos que los hombres realizan
> II. REQUISITOS DEL ACTO
en el seno de la vida social en relación con las actuaciones
JURÍDICO
o comportamientos de otros hombres. Esta opinión, sin
embargo, debe ser matizada, pues no es posible delimitar > III. CLASIFICACIÓN DE LOS

con precisión qué hechos, actos o conductas sociales ACTOS JURÍDICOS

entran dentro del ámbito del derecho y cuáles quedan


fuera de su regulación. Es más, en ocasiones parece que el derecho regula también las
relaciones del hombre con los animales y las cosas e, incluso, los "derechos" de estos últimos
(piénsese por ejemplo en las leyes de protección del medio ambiente o en las que regulan la
caza y pesca). Lo que sí podemos hacer es perfilar la línea de actuación o criterio seguido por
el derecho en la selección de conductas sometidas a su regulación, lo que nos lleva a las
nociones iniciales de "hecho" y "hecho jurídico", para terminar en el "acto jurídico".
Un hecho, desde un punto de vista amplio, es todo tipo de acontecimiento, actuación, suceso o
situación que se produce en la realidad. Así, por ejemplo, la lluvia, la muerte y, en general,
cualquier fenómeno de la naturaleza como hechos naturales, pero también hechos humanos o
del hombre, como caminar, comer, etc. Ahora bien, algunos de estos hechos pueden llegar a
producir consecuencias que devienen relevantes para el mundo del derecho. Si la lluvia, por
ejemplo, arruina y destroza las cosechas, es claro que lo que comenzó siendo un mero
fenómeno natural, sin trascendencia para el derecho, deja de serlo, generando finalmente
determinados efectos jurídicos (en el ejemplo puesto podríamos hablar de daños,
indemnizaciones y seguros e, incluso, créditos). De ahí que distingamos entre simples hechos o
hechos materiales, que escapan del ámbito del Derecho (la lluvia, comer, caminar), y hechos
jurídicamente relevantes, cuando su acontecimiento permite cambiar una realidad preexistente,
creándose nuevas situaciones que van a tener una distinta clasificación jurídica (el matrimonio,
por poner otro ejemplo).
Matizando más lo dicho, para que un hecho jurídico produzca consecuencias de derecho es
preciso que la ley le haya atribuido tal calidad. En otras palabras, son las leyes o normas
jurídicas las que se preocupan por describir algunos de estos hechos, atribuyéndoles
determinadas consecuencias jurídicas. Por consiguiente, si la norma parte siempre de un
presupuesto o supuesto de hecho para, posteriormente, regular las consecuencias que ello
tiene en el área del derecho, tendremos que concluir que el presupuesto de hecho de la norma
es un hecho jurídico. Por tanto, presupuesto o supuesto de hecho, también llamado supuesto
jurídico, serán los hechos y circunstancias que prevé la norma legal y a los cuales atribuye la
producción de efectos jurídicos.
Es importante distinguir, dentro de los hechos jurídicos en sentido amplio, los llamados actos
jurídicos y los hechos jurídicos en sentido estricto. Así, un hecho jurídico en sentido estricto no
tiene por qué ser voluntario ni controlable por la persona (una catástrofe natural, la muerte,
por ejemplo), en tanto que en un acto jurídico, la voluntad de la persona es esencial. En
consecuencia, todos los actos jurídicos son hechos jurídicos, pero no todos los hechos jurídicos
son actos jurídicos.
Desde lo expuesto podemos afirmar que los actos jurídicos son aquellos hechos que se
producen por la intervención voluntaria de los hombres. Díez Picazo lo define como "la
manifestación de la voluntad y la conciencia humana de las cuales se derivan efectos
jurídicos". En ellos, como en todo acto verdaderamente humano, es imprescindible que haya un
mínimo de conciencia y libre decisión de la voluntad. Pero además, para que se dé un acto
jurídico en sentido propio, es necesario también que la intervención del sujeto sea
jurídicamente activa, que puede manifestarse en un "hacer" o "no hacer" y que consista en una
conducta externa, ya que no será un acto jurídico una mera intención. Se define pues, el acto
jurídico como la manifestación de voluntad hecha con el propósito de crear, modificar o
extinguir derechos, y que produce los efectos queridos por su autor o por las partes porque la
ley sanciona dicha manifestación de voluntad. Son, por tanto, sus caracteres:

- Ser una manifestación de voluntad. No basta con la existencia de la voluntad interna o


psicológica (intención) que es, por esencia, variable, sino que es necesario que la voluntad del
autor o de las partes se exteriorice por medio de una declaración o de un comportamiento
que permita conocerla.

- Debe perseguir un propósito específico y determinado. Dicho propósito debe ser


necesariamente jurídico, lo que significa que el autor o las partes pretenden producir efectos
de derecho, esto es, crear, modificar o extinguir derechos subjetivos. Sin embargo, rara vez la
persona que celebra un acto jurídico se representa la finalidad del mismo en términos
jurídicos, lo que persigue con él es, en términos amplios, satisfacer una necesidad.

- Produce los efectos queridos o buscados porque el derecho sanciona esa manifestación de
voluntad. Los efectos de los actos jurídicos derivan de forma inmediata de la voluntad de las
partes y de forma mediata de la ley, en tanto que ésta permite la libertad jurídica cuya
expresión o manifestación es la facultad de los particulares para crear relaciones jurídicas.
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II. REQUISITOS DEL ACTO JURÍDICO

Para que el acto nazca a la vida del derecho, esto es, para que exista como tal y produzca
efectos jurídicos, es preciso que concurran los siguientes requisitos:

- Voluntad. El primer requisito de existencia del acto jurídico es la voluntad, es decir, la


"aptitud del alma" para querer algo. Esta voluntad ha de manifestarse al exterior para que se
pueda conocer y además, ha de ser seria. En los actos jurídicos bilaterales toma el nombre de
consentimiento. Pero, para que el acto jurídico tenga una vida o existencia sana y, por tanto,
produzca sus efectos en forma estable, es necesario también que aquella voluntad no
adolezca de los vicios que la invalidan (error, fuerza física o violencia, fuerza moral o
intimidación y dolo).

- Objeto. Todo acto jurídico debe tener un objeto pues es un requisito de existencia esencial y,
a su vez, éste ha de ser lícito como requisito para su validez.

- Causa lícita. Es el elemento generador del efecto, da vida a lo que antes no existía.

- Capacidad. Es un requisito de validez de los actos jurídicos y consiste en la aptitud legal de


una persona para adquirir derechos y ejercerlos por sí misma.

- Solemnidades requeridas para la existencia del acto. Las formalidades son requisitos que se
exigen en relación con el aspecto externo del acto jurídico, requeridos por la ley con objetivos
diversos y cuya omisión se sanciona en la forma que ha previsto el legislador.

III. CLASIFICACIÓN DE LOS ACTOS JURÍDICOS

1. En atención a su eficacia jurídica

Una de las clasificaciones más habituales de los actos jurídicos es la que distingue entre actos
válidos, nulos, anulables e inexistentes. Los primeros son los actos jurídicos normales, es decir,
los que se ajustan a las exigencias prefijadas en las normas que los regulan y, que, en
consecuencia, producen los efectos jurídicos que tales normas prevén. Los segundos son
aquellos que adolecen de una carencia radical y absoluta de validez por incumplir algunos de
los requisitos esenciales establecidos por el ordenamiento jurídico. Son actos anulables,
aquellos que sin ser radicalmente nulos, tienen una validez viciada por el incumplimiento de
alguna exigencia no esencial, de modo que pueden ser considerados y declarados nulos si no
se subsana el vicio que les afecta. Finalmente se califica como actos jurídicos inexistentes
aquellos que no se han producido nunca como tales actos jurídicos.

2. En atención al número de partes cuya voluntad es necesaria para que se forme el acto
jurídico

Distinguimos entre actos jurídicos unilaterales, bilaterales y plurilaterales. Los primeros son
aquellos que para nacer a la vida jurídica requieren la manifestación de voluntad de una sola
parte (por ejemplo, el testamento, la renuncia de un derecho). Pueden ser simples, cuando
emana de la voluntad de una sola persona (el testamento antes citado), o complejo, cuando
procede de varias personas físicas que, no obstante, están manifestando una voluntad común
(por ejemplo, la oferta de venta de varios copropietarios). Los segundos son los que para nacer
a la vida jurídica, requieren la manifestación de voluntad de dos partes (el ejemplo más
habitual es el de los contratos) y, finalmente, los plurilaterales son los actos que para nacer a la
vida requieren de la manifestación de voluntad de dos o más partes (así por ejemplo, en la
novación por cambio de deudor se requiere la voluntad del acreedor, del primitivo deudor y del
deudor nuevo).

3. Atendiendo a si el acto jurídico para producir sus efectos requiere o no la muerte del autor
o de una de las partes

Clasificamos los actos jurídicos en inter vivos y de última voluntad o mortis causa. Los
segundos son aquellos que no producen efectos sino después del fallecimiento de la persona o
personas de cuya voluntad emanan (el ejemplo más claro es, nuevamente, el testamento). En
cuanto a los primeros, su eficacia no depende, lógicamente, del fallecimiento del autor o
autores del mismo (estos son y constituyen la regla general; por ejemplo, la compraventa).

4. En atención a la utilidad o beneficio que reporta para quien o quienes lo ejecutan

Podemos distinguir entre actos jurídicos a título gratuito u oneroso. Los primeros son aquellos
que se celebran en beneficio exclusivo de una persona o de una parte (ejemplo, el contrato de
donación), en tanto que los segundos se celebran teniendo en consideración la utilidad o
beneficio de ambas partes (nuevamente podemos acudir a la compraventa).

5. Atendiendo a si el acto jurídico produce o no sus efectos de inmediato y sin limitaciones

Nos encontramos con actos jurídicos puros y simples y los sujetos a modalidad. Los puros y
simples constituyen la regla general y son aquellos que producen sus efectos de inmediato y
sin limitaciones. Los segundos, por el contrario, están subordinados a una modalidad,
entendiendo por tales aquellas cláusulas que se incorporan a los actos jurídicos al objeto de
alterar o hacer variar sus efectos normales (las principales son la condición, plazo y modo).

6. Por razón de su contenido


Podemos clasificarlos en actos jurídicos de familia, que atañen al estado de las personas o a
las relaciones del individuo dentro de la familia (matrimonio, adopción), y actos jurídicos
patrimoniales, que tienen por finalidad la adquisición, modificación o extinción de un derecho
pecuniario, es decir, de un derecho apreciable en dinero (por ejemplo, el pago de una deuda).

7. En atención a si el acto jurídico subsiste o no por sí mismo

Distinguimos entre actos jurídicos principales, que subsisten sin necesidad de otro acto que le
sirva de apoyo o sustento (la compraventa), y actos jurídicos accesorios, que precisan de un
acto principal que les sirva de sustento. Estos, a su vez, pueden ser actos jurídicos de garantía,
que se constituyen para asegurar el cumplimiento de una obligación principal, sin la cual no
pueden existir (por ejemplo la hipoteca, prenda, fianza), y actos jurídicos dependientes, que son
aquellos que si bien no pueden subsistir sin un acto principal, no tienen por finalidad asegurar
el cumplimiento de una obligación principal (es el caso, por ejemplo, de las capitulaciones
matrimoniales).
Estos actos accesorios se constituyen, normalmente, con posterioridad o coetáneamente con el
acto jurídico principal, pero también es posible su constitución antes del acto al cual acceden.
Piénsese por ejemplo en las hipotecas que se constituyen para garantizar obligaciones futuras
o en las capitulaciones matrimoniales celebradas antes del matrimonio. De manera que, si bien
es posible que el acto accesorio exista antes que el acto principal, es imposible que subsista
sin éste. En definitiva, faltando el acto principal, el accesorio caduca, muere.

8. Atendiendo a si la ley exige o no formalidades para su celebración

Pueden ser formales o solemnes y no formales. Los primeros son aquellos que están sujetos a
la observancia de ciertas formalidades especiales requeridas, bien para la existencia misma del
acto, bien para su validez, de modo que su omisión trae como consecuencia la inexistencia del
acto o su nulidad. Las formalidades, tal y como suelen reconocerlas y clasificarlas la doctrina,
pueden ser:

- Formalidades objetivas o ad-solemnitatem: son las que constituyen requisito de existencia o


validez del acto en cuestión, y cuya omisión provoca que aquél sea nulo, inexistente, o no
produzca efecto jurídico alguno (la escritura pública en la compraventa de un bien raíz).

- Formalidades habilitantes: Son las que se establecen en consideración de las personas


incapaces o ausentes, al objeto de proteger su patrimonio (es el caso, por ejemplo, de las
restricciones que se imponen a los tutores de un incapaz para la venta de los bienes raíces de
éstos últimos, precisándose la venta en pública subasta, previa autorización judicial).

- Formalidades de prueba o ad-probationem: Son aquellos requisitos externos al acto jurídico


que se exigen en consideración a la acreditación formal de un acto ante la sociedad o las
autoridades (por ejemplo, los contratos de trabajo; pues es obvio que, si bien "la
escrituración" de una relación laboral implica ventajas y seguridad para ambas partes, es
mayor la protección que brinda a los trabajadores).

- Formalidades de publicidad: Son las que se dirigen a dar publicidad a un determinado acto
jurídico. Por regla general se traduce en la inscripción del negocio en un registro público, de
manera que todas las personas puedan tener acceso a su contenido y efectos.
Los no formales o no solemnes son aquellos que no están sujetos a requisito externo alguno.
9. Atendiendo a si están o no reglamentados por la ley

Distinguimos entre actos jurídicos nominados o típicos e innominados o atípicos. En tanto que
los primeros, por su trascendencia socioeconómica, están reglamentados por ley, que establece
y fija el supuesto de hecho al cual atribuye específicos efectos jurídicos (por ejemplo, el
testamento), los segundos no han sido previstos por el legislador, pero pueden adquirir, no
obstante, existencia jurídica como consecuencia de la autonomía privada, que reconoce a los
particulares el poder o facultad de crear relaciones jurídicas. Si estos actos se conforman con
la ley, el orden público y las buenas costumbres, producen los efectos queridos por las partes y
se rigen subsidiariamente por las normas generales relativas a los actos y declaraciones de
voluntad (por ejemplo, el leasing).

10. Actos de administración y de disposición o enajenación

Esta última división, un tanto forzada, tiene interés en la medida en que los actos de
administración tan sólo transfieren la tenencia, el uso de la cosa o derecho (por ejemplo, el
arrendamiento), en tanto que en los de disposición se transmite el dominio, la propiedad de la
cosa (nuevamente, la compraventa).

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