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CLÁSICOS nº 110 | 01/02/2006

La contención social del sentimiento materno


Mónica Menor

Nicole Loraux
MADRES EN DUELO
Trad. de Ana Iriarte
Abada, Madrid 100 pp. 16 €

Este breve estudio de Nicole Loraux que, tras la prematura muerte de su autora,
aparece de forma póstuma en versión española, aborda, con escueta intensidad, la
relación entre el íntimo dolor materno y su dimensión social en el ámbito político de la
ciudad griega.

Loraux reparte su análisis en siete apartados, en los que, apoyándose en los textos y
abarcando un territorio que va desde la realidad social hasta las construcciones de la
ficción, descubre y comenta testimonios históricos y literarios.

En el capítulo introductorio, «El apasionado título de ser madre», la autora revela el


planteamiento general del libro, según el cual las madres en duelo constituyeron una
pasión excesiva para la ciudad griega, una amenaza que la política masculina acotó
dentro del rito funerario para imponer unos límites a la emoción. Como «falsa salida»
de su tesis –así llama Loraux comenzar por un texto no clásico–, menciona la escena de
las reinas de Ricardo III de Shakespeare, un fragmento que despertó en ella el deseo
de comprender en la época griega antigua el duelo femenino, ese «doating title of a
mother» (Ricardo III, IV, 4).

Los dos capítulos siguientes constituyen la parte histórica de su ensayo. En «Medidas


contra el exceso femenino» describe la pasión materna en Atenas, el pathos que los
ciudadanos atenienses juzgaron peligroso por ser imprevisible e incontenible y que
decidieron someter bajo leyes rituales para evitar desbordamientos que amenazasen el
normal funcionamiento de la comunidad. Por ello, a pesar de que en Atenas la
maternidad era una actividad cívica mediante la cual la mujer realizaba su telos, su fin,
los textos –entre ellos un fragmento del libro II de la Historia de la Guerra del
Peloponeso de Tucídides o del Menéxeno platónico– testimonian, sin embargo, que la
presencia femenina era muy reducida, casi inexistente en los funerales, lo cual certifica
también que, aunque el duelo posee un carácter eminentemente femenino desde la
época arcaica, los poderes políticos siempre hicieron lo posible para reducirlo a los
espacios íntimos y familiares.

En «Las eficaces lágrimas de las matronas», Loraux reconoce una diferencia esencial
entre Grecia y Roma, que determina en último término la distinta concepción de polis y
civitas: mientras en Roma las lágrimas de las matronae poseen una función cívica, en
Grecia el duelo queda reservado y restringido a la esfera de los lazos familiares.

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Como muestran los tres capítulos posteriores, el género trágico es el encargado de
retratar y fantasear con la magnitud y aporías del duelo, restos resistentes a todo
tratamiento que han sido excluidos por la ciudad. «El pathos de una madre» es un
rápido análisis de los textos poéticos y trágicos que proporcionan un lugar central al
dolor de una madre enlutada. En «Cóleras negras» presenta textos, entre ellos, el
Himno homérico a Deméter, o fragmentos trágicos de Eurípides, donde aparecen las
diosas madre y las reinas míticas de la tragedia ateniense que, heridas en su
maternidad, transforman su cólera en acto de venganza contra el marido y a éste en
secesión. Su crimen es siempre contra el hijo varón, modo de quebrar el hilo familiar
que perpetúa la estirpe. El «duelo del ruiseñor» ofrece una muestra poética de la
acción femenina: el retrato del ruiseñor como paradigma de la madre doliente que llora
por haber matado al hijo. El dolor materno se ha convertido, por tanto, en
remordimiento. Se trata de la historia mítica de Procne, convertida en tragedia –no
conservada– por Sófocles y que los mitógrafos han contado en diversas ocasiones.

Según esto, el duelo materno supone una amenaza, tanto en el mundo institucional
como en la construcción literaria, pero, para el buen funcionamiento de la política,
conviene actuar como si verdaderamente se confiara en las madres. Por ello, la Gran
Madre de los dioses reside oficialmente en el ágora de Atenas.

A ello se refiere el último apartado del libro, «La madre en el ágora», ya que en el
ágora de Atenas, espacio real y simbólico de lo político, en el siglo IV, contiguo al
bouleuterion, sede del Consejo, se alzaba el Metroon, templo dedicado a la madre de
los dioses. Para Leroux, «la madre monta guardia sobre toda la memoria escrita de la
democracia» (p. 86) y, de esta forma, lo político domestica el exceso femenino,
«felizmente convertido en figura justiciera» (p. 95).

Es una pena que las tesis que plantea Leroux en su recorrido no se desarrollen de
forma más amplia y más documentada, pues, sin duda, darían lugar a un argumento
más sólido y, quizá, más rico en matices.

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