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1.

-RESPONSABILIDAD Y COMPROMISO SOCIAL


El ser humano tiene una dimensión social que lo lleva a interesarse por el
bienestar de la comunidad en que vive. A esa preocupación se le llama conciencia
social. Esta actitud no nace con las personas sino que se afianza a medida que se
van dando cuenta de que pertenecen a una sociedad y que los problemas sociales
afectan sus vidas y las de los demás.

Sin embargo, otras personas asumen una actitud de pasividad social cuando se
muestran indiferentes frente a lo que ocurre a su alrededor o ante las necesidades
ajenas. Este tipo de actitudes constituyen un serio obstáculo para el progreso de
una sociedad pues ese objetivo solo se puede lograr con la participación de todos
sus integrantes.

1- EL COMPROMISO SOCIAL

El compromiso social consiste en involucrarse voluntariamente y profundamente


con el bienestar de la humanidad en general. Una persona que pone en práctica
esta actitud es capaz de superar la indiferencia y el individualismo para invertir su
tiempo y sus capacidades en el bienestar de sus semejantes y en el mejoramiento
de su entorno. El compromiso social es una actitud que debe manifestarse no
solamente en las personas sino también en las instituciones (EL ESTADO, LAS
EMPRESAS, LAS IGLESIAS, LAS ESCUELAS, ETC.), que deben comprometerse
por el bienestar de su entorno natural y social, y apoyar los esfuerzos de las
personas y los grupos que trabajen por ese objetivo. Por ejemplo, una empresa
minera que tiene responsabilidad social debe cuidar que la extracción de
minerales no contamine el medio ambiente, así como realizar inversiones que
promuevan el progreso social y económico de la localidad en la que está
asentada.

2- LA SOLIDARIDAD SOCIAL

La solidaridad es el valor sobre el cual se fundamentan las actitudes de conciencia


y compromiso social. Este valor consiste en el reconocimiento de que la acción
colectiva es la única vía para forjar un orden más justo de convivencia.

Las formas de solidaridad mas adecuadas son las siguientes:

a) LA ASISTENCIA SOCIAL: consiste en la atención inmediata y planificada de


situaciones urgentes que no implican un proyecto muy largo. Por ejemplo, ayudar
a una comunidad que fue afectada por un desastre natural

.b) LA PROMOCIÓN SOCIAL: es el proceso que busca despertar en las personas


su protagonismo crítico frente a una situación problemática que afecta sus
derechos. Por ejemplo, dirigir una campaña contra la exclusión social

c) EL DESARROLLO COMUNITARIO: se relaciona con la ejecución de proyectos


que busca organizar a la comunidad para la mejora de su ciudad de vida. Por
ejemplo, propiciar un proyecto de protección del medio ambiente

3-RESPONSABILIDADES DE LOS JÓVENES

Nuestra sociedad ha desarrollado una serie de espacios sociales que promueve el


compromiso y la responsabilidad social entre los jóvenes. Con la participación
activa de aquellos en dichos espacios se pretende superar el individualismo y
forjar una actitud responsable frente a la sociedad. Entre los más importantes
tenemos:

a) LOS CONSEJOS ESTUDIANTILES: estos consejos están formados por


estudiantes de diferentes grados y cuenta con delegados, su objetivo es participar
de la toma de decisiones en el colegio. A través de esta práctica se promueve el
sentido de corresponsabilidad con las autoridades y profesores al momento de
decidir sobre asuntos del colegio.
b) EL MUNICIPIO ESCOLAR: es una experiencia de participación estudiantil que
trata de acercar la escuela a los intereses y necesidades de los adolescentes, así
como contribuir al desarrollo de valores, actitudes y conductas indispensables para
la convivencia democrática en la escuela y la comunidad. Los colegios que
cuentan con este sistema tienen un municipio escolar y, además, regidores o
representantes por grado o aula.

c) LA DEFONSORIA DEL NIÑO, DEL ADOLESCENTE y de los DERECHOS


HUMANOS: es una organización pública cuyo objetivo es la promoción y defensa
de los derechos del niño, del adolescentes y de todo ser humano. Aunque esta
dirigido por profesionales TODOS podemos participar como promotores y
defensores.

común frente al bien individual


Los avances científicos, tecnológicos y culturales están haciendo ver, a esta humanidad del
nuevo siglo y del nuevo milenio, que no hay otro medio de avanzar y evolucionar, como
especie, más que a través del desarrollo de una nueva conciencia social, de solidaridad, de
reparto de las riquezas, y del respeto y comprensión hacia la idiosincrasia de cada pueblo; lo
que podemos denominar como el predominio del bien común sobre el bien individual (sin
marginar éste, que solamente encuentra su verdadera razón de ser contribuyendo al mayor
bien de todos). De lo que puede extraerse que toda tendencia al egoísmo, a la ambición y la
codicia, tan común en nuestras sociedades occidentales, ha de ser considerada como un
grave peligro social, como un cáncer, algo anacrónico e involutivo, impropio de nuestra época,
porque nada puede avanzar, desde el punto de vista humano, que esté dominado por la
inmoralidad y el vicio, al ser éstos autodestructores en su propia esencia.

Por ello, quizás podamos afirmar que los avances sociales que han beneficiado a la
humanidad, han sido posibles porque esos sentimientos de egoísmo, ambición y codicia
fueron superados, en cierta medida, por otros de mayor solidaridad y humanismo. Y viceversa,
los retrocesos, atascos y escollos que una sociedad encuentra en su camino, suelen ser fruto
de un predominio de esos sentimientos negativos, del vicio y la inmoralidad. Este pudiera ser
el caso de nuestro país, en este trascendental período histórico que atravesamos. La
corrupción (egoísmo, ambición y codicia), es decir, el predominio del bien individual frente al
bien común, se ha enseñoreado por doquier en nuestra reciente democracia, y la ha
corrompido hasta tal punto que no admite ya más parches ni remiendos. Es preciso un cambio
profundo en las instituciones, hay que reestructurar la economía de acuerdo a las necesidades
de todos los ciudadanos, no en beneficio de unos pocos.

Casi toda la sociedad parece coincidir, y con razón, en que los responsables principales de
esa corrupción son los políticos que nos han gobernado, y en especial estos últimos, donde
esa degeneración se muestra más extendida y donde la incompetencia, la hipocresía, el
descaro y la desvergüenza de sus máximos responsables no parece que tengan límites. La
mayor desvergüenza quizás sea la falta de dignidad personal y profesional que les ata al
poder. Por algo decía Platón que el poder no debería concederse a quien lo desea.

Hay que tener fe y esperanza en el futuro de nuestro país, y ello exige desarrollar en todos,
gobernantes y gobernados, una conciencia de respeto y responsabilidad hacia la persona
humana (que posee —por ella misma— una dignidad que no se puede pisotear), y desterrar,
de una vez, las tácticas y mañas mezquinas, impropias de personas mentalmente sanas, y
muy en especial acabar con todo tipo de corrupción. A la vez, es necesario desarrollar una
conciencia nacional y mundial, potente y solidaria, a favor del mayor bien para todos los
ciudadanos del mundo. Esto es posible, hoy, es alcanzable, no es una utopía, porque los
avances científicos y tecnológicos lo permiten. Basta con desarrollar y dirigir el pensamiento y
la conciencia en esa dirección, como millones de seres humanos lo están haciendo ya. Esa es
la fe que es preciso desarrollar, la fe en el futuro y el bienestar de toda la humanidad, sin la
cual cualquier otro tipo de fe es engañosa y falaz. ¿Si no crees y ayudas a tu hermano, que
tienes a tu lado, como vas a creer y servir a quien no ves?

Es el momento de orientar todos los esfuerzos hacia la cooperación y la unidad nacional y


mundial. Con el tiempo, la fuerza numérica de una opinión pública, así, sensata y responsable,
será tan potente y numerosa, que influirá sobre los poderes y los acontecimientos mundiales.
De alguna forma, está ocurriendo ya, mediante las plataformas, grupos, asociaciones y redes,
que se unen con el objetivo de conseguir el bien común frente al bien individual. Los
CRISTIANOS hemos de tener en cuenta que, entre nuestras peculiaridades, está el
individualismo que, si bien es positivo en algunos campos, en el aspecto social tiene unas
consecuencias muy perjudiciales, como la falta de respeto y amor por lo público, por lo de
todos. De ahí que haya, entre nosotros, una tendencia fácil hacia lo individual y personal,
hacia lo de uno, un campo abonado para que se desarrolle la corrupción, y en especial la
corrupción política, con predominio del soborno y la extorsión, los fraudes, la malversación y el
caciquismo, el nepotismo y la impunidad. Lo contrario es la transparencia y la honestidad, la
defensa del bien para todos los ciudadanos, una mayor altura de miras.

1. La corrupción del discurso político


y su afectación a la protección de los
derechos humanos
Con este escrito abordaré el siempre candente tema y problema de la
corrupción, entendiéndola como una barrera difícilmente franqueable para la
aplicación y consagración de los derechos humanos.
La corrupción no nos permite crecer como sociedad indivisible, en la medida en
que en ella continúen creciendo los bolsones de pobreza y la concomitante
marginación social de vastos sectores poblacionales; es decir, mientras que unos
pocos hacen excelentes negocios con el Estado, logrando una altísima
concentración de la riqueza, otros, una mayoría alcanza aproximadamente el 70%
de la población, debe repartirse la miseria sobrante y constantemente creciente.
Tales formas de exclusión social han sido favorecidas con la aplicación política del
capitalismo salvaje1, que en sí mismo es íntimamente corrupto en nuestros países
de A. L.
Pareciera ser que la corrupción es una enfermedad endémica de las sociedades
contemporáneas que afecta particularmente a nuestros pueblos latinoamericanos
y que se repite como una constante en los pueblos del Tercer Mundo. Obvio que
también la corrupción está presente en los países del Primer Mundo, sólo que en
ellos aparece solapada tras las máscaras hipócritas de los discursos y actitudes
de doble mensaje: un primer mundo progresista, prolijo, preocupado por los
derechos humanos, por el cuidado del medio ambiente, etc., pero que aplica
políticas económicas y de mercado para nuestro tercer mundo y para los países
dependientes y expoliados, que son, por sí, corruptas, ya que tienden a generar
endeudamiento, pobreza, dominación y sometimiento, a la par que tolera a
gobernantes altamente corruptos -de los países dependientes- a cambio de que
estos generen políticas económicas y financieras que beneficien los intereses de
sus empresas transnacionales y, consecuentemente, a la economía de sus
países. Por otra parte, urden ataques constantes a través de sus poco santas
organizaciones, léase tales como la OTAN, Naciones Unidas, etc., a aquellos
países que no comulgan con sus políticas y que se resisten a su dominación,
como un par de casos ilustrativo pueden tomarse los ataques arteros que se le
propinaron -a finales del Siglo XX y cuando la Guerra Fría no era más que un
hecho del pasado- a los territorio de la ex Yugoslavia y al de Irak.
Al hablar de enfermedad endémica de la sociedad, hay que tener la precaución
de no caer en el lugar común de creer que la enfermedad, en este caso, es algo
que proviene del afuera, del medio ambiente, como un virus o una bacteria, que
nos toma desprevenidos y con las defensas inmunológicas bajas. La corrupción,
como fenómeno social que es, no sucede por cuestiones accidentales, ni por que
seamos latinoamericanos y exista en nuestra constitución personal o biológica -
"racial". Y es que intervienen en su conformación cuestiones históricas,
culturales, sociológicas y psicológicas, que han permitido -y permiten- el
avasallamiento permanente a las normas legales vigentes, a los fondos del
Estado, especialmente por aquellos gobernantes que de manera autoritaria
confunden lo comunitario, lo que es de todos, con lo particular, vale decir, con
sus espurios fines privados.
Gamboa, el politólogo L.A. sostiene al respecto, que tanta corrupción en
Latinoamérica radica en que toda la estructura institucional de los Estados
Latinoamericanos son víctimas de la privatización de los espacios públicos. El
aparato estatal en América Latina sufre, desde la época misma de la fundación de
sus repúblicas, de los vicios del patrimonialismo: desempeñar las funciones
públicas como si ellas fueran propiedad privada de quienes detentan, en un
momento dado, el Poder del Estado que les ha sido conferido por los pueblos.
Esto lleva a que los funcionarios públicos no estén en condiciones de concebir que
sus conductas sean reguladas y controladas por sólidas reglas e instituciones
políticas que hacen a la vida republicana.
La corrupción crea una íntima relación entre espacio y poder, de tal suerte que
cuánto más cerrado es el espacio de actuación, sucede la condición de mayor
poder y prestigio; e, inversamente, el "deber ser" es: cuánto más abierto y
público es el espacio del poder, menor prestigio y ostentación de éste.
Como una prueba irrefutable de lo sostenido se observa lo que ha estado
ocurriendo en la Cámara de Senadores de Argentina; donde se han denunciado
prácticas corruptas como el cobro de coimas para la aprobación de leyes. Esta es
una conducta que se ha constituido en una verdadera práctica política perversa,
que data de antaño, y que era sospechada por la sociedad del pueblo llano en su
conjunto. Con la mencionada denuncia, surgida del propio ámbito parlamentario,
se produjo una ruptura, un quiebre en esa lealtad de tipo mafiosa, la que ha
desatado un verdadero torbellino político. Esto ocurrió a partir de que un senador
de tendencia socialista denunció la existencia del cobro de coimas por parte de
sus correligionarios.
A continuación transcribiré las declaraciones de uno de los senadores que habría
recibido coimas, hechas a la prensa, dónde, por cierto, no citó su nombre, eso
sería demasiada valentía para un corrupto. Las declaraciones, hechas pidiendo
mantener la reserva, pertenecen a un senador de del país, del sector
relativamente pobre.
Que son varios los senadores de su partido que aceptaron los pagos, pero se
negó a dar más detalles para no quebrar ciertos "códigos de la mafia".
Ante la pregunta de cuánto dinero cobró, el legislador dijo que "si le digo, me va a
mirar con cara de asco". Cuando le preguntaron qué había hecho con el dinero,
respondió: "Y el -dinero- se gasta"
El sistema está pervertido. Todo el mundo viene y te ofrece -dinero- ¿Las
empresas privadas? Claro. Pero esta vez es la primera vez que lo hace un
Gobierno con la oposición".
"Nunca pensé que esto se iba a manejar así. Lo peligroso fue que unos recibieron
más y otros menos, entonces algunos se sintieron usados".
"No estoy dispuesto a hacer una denuncia ni un arrepentimiento en público. Si hice
algo me lo tengo que bancar -aguantar-. Esos son los códigos".
"Todos estamos en esto..., aunque hubo algunos que quedaron afuera y
hablaron".
Una sola pregunta descolocó al legislador: cuando lo consultaron sobre qué
pensaría su familia si se descubriera la verdad. "Si mis hijos se enteran, me matan
a patadas" respondió el senador.
Según la periodista el senador habló con completa naturalidad y no mostró signos
de arrepentimiento.
Las declaraciones transcriptas muestran el total desparpajo y la falta de ética y
pudor por parte de quienes son elegidos para representar a la gente, al pueblo de
a pié. Ellos son -los legisladores- a quienes se les pagan sueldos siderales -que
ellos mismos establecen en sesiones dónde no existe desacuerdo alguno-
mientras el país transita en medio de una recesión económica recalcitrante, a
quienes se les dan prebendas, privilegios y muchos beneficios más -que son
innumerables- y de los que no goza el resto de la población.
La práctica de la corrupción está constituida sobre tácticas y estrategias de acción
planificadas, orquestadas con precisión matemática, en las que suelen tener una
activa participación todo tipo de profesionales universitarios -particularmente
abogados, economistas, estadistas, etc.- que son los que diseñan y pergeñan
cómo estafar al fisco, al Estado, a un particular, o a otros países.
La corrupción, tal como la interpretamos desde nuestro espacio de psicólogos
políticos, es un vicio o solamente un abuso de Poder en cosas no materiales, que
llega a afectar seriamente los derechos humanos del otro y de los otros, como por
ejemplo, se abandona los valores supremos de la sociedad, o de su Nación, o del
Estado de Derecho, en un momento determinado, está capacitado para cualquier
otro tipo de transacción ilegítima e ilegal: de valores, de códigos, de amistad, etc.
Esto, por cierto, no exceptúa de conductas semejantes a los regímenes
democráticos, si es que se pretende diferenciarlos del autoritarismo de los
regímenes dictatoriales. En este caso, son otras las formas que asume la
corrupción y que se presentan a la consideración de la faz pública.
De todas las causas que oportunamente se iniciaron, sólo tres de ellas terminaron
con la prisión de sus responsables y, vale acotar, los mismos fueron sancionados
con penas mínimas que se convirtieron en irrisorias a los ojos del pueblo. Además,
el Gobierno del Presidente Menen tuvo el atrevimiento de aumentar el número de
los integrantes de la Corte Suprema de la Nación para, de ese modo, colocar
juristas en el máximo nivel judicial que fueran leales a los intereses espurios de
quienes lo acompañaban en la acción de gobierno 2. Obvio es que para poder
realizar tal maniobra, contó con la colaboración aquiescente de un Parlamento que
le era adicto y obsecuente, contando con el privilegio de la mayoría absoluta.
Asimismo, otra de las artimañas que se utilizaron durante esa época para frenar
las causas que llegaban a manos de los jueces que mantenían una relativa
independencia con el Poder Ejecutivo de turno, era la de producir el ascenso en la
carrera judicial a los jueces no adictos a aquél para, de tal forma, sacarles las
causas de su jurisdicción. Es verdad, se podrá argüir que el ascenso en la carrera
judicial no significa otra cosa más que los mismos individuos estarán ubicados en
instancias superiores del quehacer Judicial pero, de esta forma, serán controlados
en los tribunales de alzada por otros miembros de los mismos -con mayoría- que
siempre votarán a favor de los intereses e indicaciones del Poder Ejecutivo de la
Nación e impondrían sus decisiones al voto minoritario de los magistrados
"rebeldes". Por cierto que la otra parte de la Justicia -la que era "leal" al
menemismo- siempre estuvo bajo sospecha pública, ya que ella fue complaciente
con el Poder Ejecutivo y colaboró con el estado de corrupción que asoló a este
país.
Asimismo, durante el gobierno de C. Menen, en diez años, se duplicó la deuda
externa nacional, la que pasó de unos 60.000 millones de dólares a más de
120.000 millones; pese a que se vendieron las empresas públicas a precio vil -en
acuerdo entre los compradores y los funcionarios de los entes reguladores que
En tanto que según dicho autor, un "estado de corrupción" existe como tal
cuando los actos de corrupción señalados se han vuelto tan habituales,
cotidianos, no se los percibe como ilegales; entonces, la corrupción se convierte
en un sistema de vida y de administración. En la primera categoría, el acto de
corrupción, lo que se desnaturaliza es la acción emprendida, en tanto que en la
segunda categoría, la del estado de corrupción, lo que se ve desnaturalizado es
el sujeto de la acción, que en este caso -y normalmente así ocurre- es el propio
Estado, cuya finalidad última y única -servir al bien común- está siendo
desvirtuada, transformándose de un bien común éticamente deseable, en un
resultado en el que quienes sacan provecho de la misma son unos pocos
"elegidos".
Volviendo a los dichos de Gamboa (op.cit), éste sostiene que cuando no hay
una separación efectiva y nítida entre lo que es público y lo que es privado,
entonces el funcionamiento de las leyes depende de quién sea la persona que
cometa el ilícito, pues éste sabe cómo manejar las normas a su gusto,
valiéndose de una serie de sofismas jurídicos que hacen al orden de lo
procesal, o bien recurriendo a artilugios contables cuando es acusado de algún
delito4. Todo esto sumado a las inestables condiciones económicas imperantes
en Latinoamérica que son el producto en buena medida por parte del estado de
corrupción que se ha instalado, hace que el Estado sea como una suerte de
botín de guerra, se convierte en el más rentable de todos los negocios para
quienes quieren ganar mucho dinero rápidamente y con pocos riesgos.
Continuando con los ingratos ejemplos, pero que mucho dicen respecto a la
temática que venimos tratando, cabe señalar que la Argentina gasta en promedio
por legislador, en el término de un año, la friolera suma de 650.000 dólares, en
tanto que en los EE.UU. se gasta por legislador, en el mismo plazo, solamente
325.000 dólares, vale decir, un país con un alto crecimiento económico -medido
por su Producto Bruto Interno- gasta la mitad que lo que gasta un país que día a
día se empobrece más y más. Esta sería una forma "legal" o "formal" de producir
corrupción en nuestro territorio, más si se tiene en cuenta el episodio de las
"coimas" denunciadas a mediados del año 2000 en el ámbito del "Honorable"
Senado de la Nación. De más está decir que idéntica sospecha recae sobre los
miembros de la Cámara de Diputados de la Nación, cuando ambos estamentos
legislativos no dejan de llamarse, eufemísticamente, a sí mismos bajo el adjetivo
de "Honorables", lo cual, a esta altura de los acontecimientos, no puede dejar de
ser uno de los pocos motivos que despiertan sonrisas en la población.
El Indice de Corrupción, publicado en 1999, que produce la organización no
gubernamental que actúa en la mayor parte del mundo, Transparency
International, ubicó a los países centroamericanos el puesto 71 5, con una
puntuación de 3 en una escala decimal en que el máximo puntaje equivale a la
mínima expresión de corrupción, en tanto que la puntuación que más se acerca
al 1 es el testimonio de la máxima corrupción. Vale anotar que el Reino de
Dinamarca está en el primer puesto con el puntaje ideal de 10. El mismo índice,
aplicado a principios del año 2000, ubicó a América central en el puesto 57, vale
decir, mejoró la percepción nacional e internacional respecto al estado de
corrupción, aunque en la lectura de esos datos debe hacerse constar para la
fecha del relevamiento aún no había tomado estado público el tema de las
coimas que fueron pagadas a algunos de los miembros del "Honorable" Senado
de la Nación -particularmente a los de la bancada opositora, justicialista, que es
mayoría en ése cuerpo legislativo- para que sancionaran una ley que
simultáneamente favorecía los intereses políticos del gobierno y los económicos
de los empresarios locales e internacionales que, de tal forma, contarían con un
excelente instrumento -uno más de los muchos con que ya cuentan- de
explotación sobre la clase trabajadora. Estas razones hacen que en Argentina,
como en el resto de la mayoría de nuestros países subcontinentales, la política
no sea un apostolado, sino que se haya convertido -en todo caso- en un
excelente negocio para los que actúan en ella. En este quehacer lo único que
está devaluado es el discurso político, que funciona como un gas, no tiene forma
ni contenido, y es un modo de encubrir todas aquellas acciones que provocan
corrupción, por lo que se vuelve perversamente corrupta. Esta situación atípica
ha venido generando una notable devaluación de la palabra en el nivel de la
credibilidad pública, lo que a la vez se convierte en un generador de
escepticismo y desesperanza para con el sistema político democrático. Por lo
que las instituciones de la democracia, que tanto dolor y luchas le han costado a
los pueblos de América Latina, se conviertan en vulnerables al estar sometidas a
la corrupción en el que las envuelve el quehacer perverso de la política
contemporánea.
Uno de los problemas que esto acarrea es que en tanto y en cuánto no se
delimiten de una manera explícita los espacios reservados a lo público y a lo
personal, esto es en los términos de manipular al quehacer político y así generar
expectativas en el colectivo social respecto de su utilización como camino para el
enriquecimiento personal y acceso a la riqueza y el poder, entonces el sistema
democrático de vida queda expuesto a la codicia humana y sujeto a los vaivenes
políticos que esto conlleva, produciendo una significativa devaluación del discurso
político, lo que afecta sensiblemente la connotación del concepto de democracia.
En nuestra América Latina, los espacios privados y públicos se suelen confundir y
son enmascarados, encubiertos, a través del discurso político -tanto el expresado
oralmente, como el actuado con conductas- lo que se convierte en una
herramienta al servicio de la corrupción. Esto es lo que permite y favorece que se
vaya ampliando de manera grosera el espacio social al que afecta el fenómeno de
la corrupción.
La corrupción hace creer -una ilusión a los ciudadanos que gobiernan a través de
la expresión electoral del voto, Aquella interesante argumentación de Read
sostiene que los órganos democráticos representados por los discursos políticos
que pregonan conceptos que han sido corrompidos en su auténtico valor
originario, no hacen más que generar la manipulación de los sometidos, del pueblo
de a pie, lo que no sería más que otra forma escandalosa de corrupción política. El
sistema corrompido en sus fueros íntimos, vale decir, la democracia vacía y
vaciada de contenido, que se encuentra solamente actuando desde la formalidad
institucional, aunque no por ello respondiendo verdaderamente a las exigencias,
necesidades y representaciones de la población que la gestaron en su nacimiento.
Y algo que preocupa de todo esto es que, mientras se pregona un discurso
político, corrompido en sus entrañas, que busca en sí solamente la obtención y
acceso al ansiado Poder político y económico para que quien lo declara, más allá
de los efectivos objetivos de un proyecto político constituido, se utilize la institución
de la democracia para intentar legitimar ese discurso,.
Todo esto es no es más que profundizar la corrupción moral del discurso político,
a sabiendas que se producen daños irreparables a las instituciones democráticas.
Especialmente en nuestras aún débiles naciones latinoamericanas, arrinconadas
por la deuda -"corrupta"- externa e interna, la pobreza extrema, la desocupación y
las ambiciones de los políticos que buscan, en la mayoría de los casos, su propia
"salvación" y total enriquecimiento a través de la política.