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7) Caracteriza y describe la vivienda romana.

Distintas tipologías, y
equipamiento (pinturas y mosaicos), analiza ejemplos.

La residencia de los ciudadanos romanos dependía de sus riquezas. Tuvieron distintos tipos de
viviendas: domus, insulaes y villas.

Las viviendas más modestas eran las insulaes, originadas por la superpoblación, eran edificios
de varios pisos con balcones. Carecían de agua corriente y eran de mala calidad, lo que
propiciaba incendios y hundimientos.

Los patricios vivían en las villas, opulentas, fuera de la ciudad, mientras que los ricos
comerciantes habitaban en el domus dentro del casco urbano. De origen etrusco y estructura
rectangular, el domus acabó por convertirse en una vivienda amplia para gentes adineradas.
Tenía una sola planta, dividida en habitaciones designadas para un único uso.

En los barrios pobres la casa romana tradicional era construida alrededor de un salón central
con un pequeño jardín trasero. Allí el hacinamiento era intenso, y las calles se volvían
peligrosas por el auge de la delincuencia. La basura, las aguas servidas y los excrementos eran
arrojados a la calle.

En el domus cada vivienda estaba bajo la advocación o protección de una deidad que era
objeto de una creencia familiar. En un altar se oficiaba el culto, en el que se mezclaban
elementos referidos a los orígenes de la familia. Contaban con un tejado con cierta inclinación
y un sistema de canaletas idóneo para el desagote del agua de lluvia. En la parte trasera de la
vivienda era común que existiese un ambiente descubierto ajardinado, había jardineros
especializados en diseño de canteros y parterres así como también aconsejaban sobre el tipo
de flores a plantar. En el centro de la casa se encontraba el “atrio”, un espacio descubierto que
cumplía las funciones de patio y un depósito de agua, al cual daban gran parte de los demás
ambientes de la casa. Contaban con dormitorios, comedores, cocina, cuarto de trabajo.

Pompeya, era la ciudad predilecta de los romanos más acaudalados. Las casas de Pompeya
eran viviendas espaciosas con calefacción subterránea (vapor de agua) para algunas estancias.
El vestíbulo daba acceso a las dependencias principales. Los dormitorios y las cocinas se
concentraban en una de las alas. Contaban con un salón para recibir visitas (Exedra), de planta
rectangular que comunicaba con el peristilo. Este último era un gran jardín interior con un
pórtico sostenido por columnas, parterres y fuentes. El “triclinio” era un comedor de lujo
bellamente decorado con frescos y dotado con tres lechos.

Las casas pompeyanas estaban ricamente ornamentadas. Los murales pintados al fresco,
hechos con una mezcla de cera de abeja caliente y pigmentos de color, poblaban las paredes
interiores. Cada estancia albergaba un universo de imágenes. Los motivos eróticos
predominaban en los dormitorios, un ejemplo es “La mujer flagelada y bacante”.

Los propietarios adinerados solían hacerse retratar en las paredes de su vivienda. En el Museo
de Napoles se encuentran los rostros del magistrado romano Paquio Próculo y su esposa.
Pompeya está cubierta de toda clase de inscripciones anónimas, se han registrado más de mil
pintadas en las paredes de las casas, termas y otros edificios. Estas son un reflejo clave de la
sociedad pompeyana.

Dentro de los mosaicos se destacan: “El reino de Neptuno”, “Un aviso milenario” y “Pasión por
el juego”.

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