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MENTE SANA EN CUERPO SANO?

De HERNÁN FELIPE PRIETO BERNAL


Conferencia dictada en la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, 199_(0?)

Transcriptora y compiladora MARTHA JANNETH CHAPARRO PACHECO


Antropóloga docente Escuela de Ciencias Sociales, UPTC, Tunja, 2016, 21 Pág.

A Orizomo Perdomo, poeta

(La escuela de Atenas pintada por Rafael. Tomado de https://wilberthsaenz.wordpress.com/2015/02/26/blasfemando-al-genio/)

(Estatua de El Discóbolo esculpida por Mirón en el 450aC)

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 1 de 21
MORS SOLA FATETUR QUANTULA
SINT HOMINUM CORPUSCULA 1
(Juvenal, Sátira X, 173)

Se ha convertido por desgracia en un lugar común (todos los lugares comunes


son desgraciados) achacar a los griegos aquello de mente sana en cuerpo sano.
Ya en otra oportunidad he hablado de lo difícil que es hablar en los griegos de un
“cuerpo” y una “mente”, tal y como la modernidad lo entienden. Permítanme hoy aquí
tan solo rastrear por otro camino aquel lugar común.

La máxima “mente sana en cuerpo sano” no puede ser rastreada más atrás de
Juvenal. Es él quien forja para nosotros este pensamiento, este deseo.
Acerquémonos por tanto un poco a ello.

Todo es problemático en Juvenal: su datación, su vida, su obra. Pidiendo


disculpas de los latinistas, digamos que tan sólo, que estamos en presencia de un
satírico romano de finales del Siglo I y comienzos del Siglo II de nuestra era.

Sus sátiras fueron recogidas en 5 libros (Libro I: Sátiras I-V, Libro II: Sátiras VI,
Libro III: Sátiras VII-XI, Libro IV: Sátiras X y XII, Libro V: Sátiras XIII-XVI).

La Sátira que hoy nos interesa, la X está pues incluida en el Libro IV. Ahora bien,
la periodización de su obra es todo un dolor de cabeza, pero de todos modos
poder fechar la Sátira I después del año 100 y para la Sátira XV la fecha
aproximada sería después del año 127. Sin embargo no tenemos indicio alguno
para la datación del libro IV (se ha propuesto para el Libro III el lapso: 120-123 y
para el Libro V: 127-130).

Para nuestro uso digamos que la vida de Juvenal se mueve en los reinados de
Trajano y Adriano, pero su obra se refiere a las épocas duras y pretéritas de los
Claudios y de Domiciano.

―Debes implorar tener una mente sana en un cuerpo sano‖ (Sát. X:356) 2.
He aquí el célebre pasaje. La fórmula es latina, pero no griega. No puede ser griega, por
qué? Ese es nuestro tema.

Lo menos que podemos hacer es comenzar por restituir el contexto de esta frase.
Comencemos entonces.

La Sátira X trata de “distinguir los verdaderos bienes de aquellos que les son del
todo diferentes”.

Cuáles son estos? ―Vera bona”? He ahí el problema, porque, cómo dirigirse a los dioses para
pedirles bienes que en realidad de verdad son males?

1
Solo la muerte revela cuán poco es el cuerpecillo humano.
2
Nota aclaratoria: todas las negrillas y cursivas del texto son de la compiladora.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 2 de 21
Que los dioses causan nuestra desgracia? Si la causan no es por causa de ellos, sino por
nosotros mismos, al pedirles de manera irracional apariencias de bienes: ―Los dioses
complacientes, han destruido familias enteras porque ellas mismas lo han pedido‖.
Pedimos elocuencia? Fuerza y músculos? Dinero? Todo ello puede ser mortal para muchas
cosas, ―inútiles y perniciosas‖.
El poder? Ahí están los Seyanos del mundo para que aprendamos a no ambicionarlo.
La elocuencia y la fama? Los destinos de Demóstenes y Cicerón nos convencen de lo
contrario.
Los triunfos de la guerra? Los de Aníbal y Alejandro nos hacen huir de ellos.
Una larga vida? La lista de ancianos desgraciados es pavorosa.
La belleza? Servir de carne hermosa para el violador o el tirano? 3

Entonces qué? Los hombres, pues, no deben desear nada?

Juvenal aconseja dejar a los dioses apreciar lo que conviene al hombre. “Porque
los dioses nos darán en vez de las cosas agradables, las cosas más convenientes
(conveniat utile)”.

―Sin embargo, para que pidas algo y prometas en los santuarios las entrañas y las
sagradas salchichas de un cochinito blanco, debes implorar tener una MENTE SANA
EN UN CUERPO SANO. Pide un ánimo esforzado, exento del miedo a la muerte, que
cuente entre los favores de la naturaleza la última etapa de la vida, que pueda
sobrellevar cualquier tipo de trabajos, que no sepa airearse, que no ambicione nada y
que considere preferiblemente las pruebas y los atroces trabajos de Hércules al amor,
las comidas y las almohadas de Sardanápalo‖.
He aquí el contexto en que era necesario resituar la máxima estereotipada por la modernidad
e injustamente atribuida a los griegos.

Cuál es síntesis, la concreación de esa mente sana, de ese cuerpo sano? De ese ánimo
esforzado?:
La Virtud y la Prudencia.

Sí así termina Juvenal su Sátira X.

3
A través de ésta frase se llama la atención de cómo ésta, es una consigna que hace la ―Sociedad
Global‖ en la actualidad: ―la sublimación de la belleza de la juventud‖, al detectarla, fabricarla –a través
de la dieta, el gimnasio y el bisturí-, y explotarla (cf. el cuerpo como Industria, como mercancía-fetiche
cuyo paradigma es el del tipo modelo (en donde mujeres y hombres se deben asemejar al tipo físico
de los muñecos Barbie y Kent), no sólo en el mundo del modelaje, sino el cuerpo que se muestra en
toda la Mass Media –Medios de Comunicación como TV, Cine, Revistas, Periódicos, Publicidad,
Internet, etc.), en el mundo del mercado laboral, en el de la búsqueda de pareja, hasta llegar a lo más
sórdido: el mercado de la prostitución femenina, masculina, infantil y de la comunidad LGBTI. (Nota de
la compiladora).

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 3 de 21
Podemos pedir a los dioses a los dioses lo que el hombre puede darse a sí
mismo: Virtud y Prudencia. Es la carencia de ellas en los hombres la que ha
convertido en diosa a la fortuna.

La Virtud latina es el Areté griego, lo que la Prudencia romana a la pareja


Soprhosyne-Prhóneis griega.

Se ha intentado de manera ligera establecer una equivalencia exacta entre estas


dos parejas de inmortales palabras.

No niego sus afinidades, no desconozco sus ecos recíprocos y sus tonalidades


semejantes, pero se hace necesario precisar sus matices, sus sutiles diferencias,
sus contextos disímiles. Sólo asó podremos comprender cómo los griegos no
pudieron desear una mente sana en un cuerpo sano, tal y como el bueno de
Juvenal quería.

Intentar aquí explicitar de manera profunda tales diferencias significaría ni más ni


menos trazar el cuadro completo de las culturas griega y romana. Esto supera
con crecer no sólo el propósito de esta charla divulgativa sino la totalidad de mis
fuerzas.

Quisiera hoy que me fuera permitido dar un breve rodeo que eluda los profundos
compromisos de un tema como éste concentrándome tan solo en un problema
que el propio Juvenal ha esbozado.

En efecto, por qué no hacer a los griegos la misma pregunta que Juvenal se hizo
al comienzo de la Sátira X? Sí, porqué no preguntarles a los griegos cuáles eran
para ellos los mayores bienes que los hombres podrían desear?

Sí, para los griegos cuál es el mayor bien? (To panton airetotatón?). Cómo
comenzar? Cómo atreverme a decirles lo que tengo que decirles? Antes de que
mi boca pronuncie la respuesta ya preveo las reacciones. No, no puede ser que
“nuestros” griegos, esos griegos de mármoles blancos de torsos atléticos,
creyeran que el mayor bien para un hombre es NO HABER NACIDO.

Lo dije y los sostengo y no me retracto. Creo que cualquier somera introducción a los
griegos debería comenzar con esto.

Sí, los griegos pensaban que el mayor bien que le puede suceder a un hombre es
NO HABER NACIDO. Digo, los griegos. Cuáles? Todos. Sí, todos. El tema del ME
PHYNAI recorre la totalidad de la existencia griega. Cómo explicarlo? Como
quisieron los griegos, por medio de un mito. Un mito feroz, terrible, pero
profundamente griego: el Mito del Rey Midas y Sileno. Transcribámoslo en el bello
recuento que de él hace Nietzche en el Nacimiento de la tragedia.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 4 de 21
―Midas había intentado cazar en el bosque al sabio Sileno, acompañante de Dionisio, sin
poder cogerlo. Cuando por fin cayó en sus manos, el Rey pregunta –Qué es lo mejor y más
preferible para el hombre? Rígido e inmóvil calla demón: hasta que forzado por el rey, acaba
prorrumpiendo estas palabras en medio de una risa estridente. ―Estirpe miserable de un día,
hijos del azar y la fatiga. Por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no
oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: No haber nacido, no ser, ser nada.
Y lo mejor en segundo lugar es para ti morir pronto.‖

Lo peor de todo (o lo mejor, según por donde se lo mire) es que ésta terrible idea
engastada en el mito, es ni más ni menos la columna vertebral de toda corriente
griega de pensamiento que sólo acaba cuando el paganismo acaba.

Exagero?

La primera referencia para nosotros del mito conocida de manera explícita está
en Aristóteles, en un diálogo de juventud llamado “Eudemo” o “Sobre el alma”,
situado en el año 353-354 ane (antes de nuestra era), (lo que conocemos gracias
a Plutarco que lo cita en su Consolación de Apolonio, Cap. 24:115b-e y que ha
pasado a ser el fr. 6 de Balzac y 44 de Ruse).

Sin embargo su tonalidad, su concepción apuntaba Homero ya en La Iliada:


XVII:446, “porque no hay ser más desgraciado que el hombre en cuantos
respiran y se mueven sobre la tierra”.

Y en XXIV:526-6 “los dioses destinaron a los míseros mortales a vivir en la


tristeza y en sólo ellos están descuidados”.

O en La Odisea XXVII:30 y ss “ningún ser más endeble que el hombre sustenta la


tierra entre todos aquellos que respiran y andan”…

Estaba también Hesíodo en Los trabajos y los días, 100 y ss “Mil diversas
amarguras deambulan entre los hombres; repleta de males está la tierra y
repleto el mar”.

Pero, es sin duda gracias a Teognis que conocemos “innuce” por primera vez el
sentir griego sobre el mayor de los bienes cuando dice “de todas las cosas, lo
mejor para los humanos es el no haber nacido, ni llegado a contemplar los rayos
del ardiente sol; ya una vez nacido, atravesar cuánto antes las puertas del Hades,
y yacer bajo un elevado montón de tierra.

Es a partir de Teognis que se multiplican las imitaciones de este terrible


pensamiento. En efecto, aparece una línea continua desde el famoso certamen
entre Homero y Hesíodo (C 6) hasta los grandes trágicos, con Sófocles a la cabeza
cuando dice:

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 5 de 21
―El no haber nacido triunfa sobre cualquier razón. Pero ya se había venido a la luz, lo que en
segundo lugar es mejor, con mucho, es volver cuanto antes allí de donde se viene‖. (Edipo
en Colono: 1224 y ss).

Terminando en Eurípides en una amplia colección de fragmentos de los cuales


podemos mencionar el de su Meleagro (fr. 536).

“Ojalá nada hubiera sobre la tierra. Pues si tendremos allí inquietudes, los
humanos después de morir, de los males, el mayor remedio está considerado”.

Que la muerte es el mayor remedio para los males de la vida, nos lo enseña una
bella corriente de leyendas, la más maravillosa de todas quizás sea la de Cléobis
y Bitón, relatada por Heródoto (1,31, 32, ss)

Nos dice cómo aquellos “… contaban con suficientes medios de vida y, además
con su vigor corporal de unas proporciones tales, que ambos eran a la par
campeones atléticos.

Pues ni un día su madre, sacerdotisa de Hera, la diosa por excelencia de Argos a


Micenas, se encuentra en una empinada cuesta. Pues, los bueyes que debían
trasladarla en su carro “no había regresado al campo a la hora debida”. Entonces
Cléobis y Bitón se hacen a sí mismos a un carro, y lo llevan al santuario, después
de recorrido 45 kilómetros, está el templo de la diosa.

Tamaña hazaña les valió el elogio de los argivos hasta el punto de que “la madre
alegre por la proeza y los elogios, pidió con fervor a la diosa, de pie ante su
imagen que concediera a Cléobis y Bitón sus hijos, que tanto le habían honrado,
EL DON MÁS PRECIADO QUE ALCANZAR PUEDE UN HOMBRE…

Qué don les concedió entonces la diosa? La muerte. Si, la madre, el mayor remedio
para los males de la vida.

“… Tras esta súplica, y una vez concluido los sacrificios rituales, y el Banquete,
los muchachos se echaron a descansar en el propio santuario, y ya no se
levantaron, ese fue el fin que tuvieron”.

Por que? Dejemos que sea nuevamente el propio Heródoto quien nos lo diga: “…
Tuvieron para sus vidas el fin más idóneo, y en sus personas la divinidad hizo
patente que para el hombre es mucho mejor estar muerto que vivo”.

La leyenda de Cléobis y Bitón reúne en un solo momento prodigioso el doble bien


griego: No nacer, o si se nació, morir pronto… Porque “los amados de los dioses
mueren jóvenes”.

La pareja que hermanos tiene a este mismo nivel, otra pareja de mellizos, esta
vez Agámedes y Trofonio, hijos de Erginio Rey Orcómeno. Estos fueron los que
construyeron sobre los cimientos “anchos, muy largos, sin fisuras” que Apolo
había echado para su Templo de Delfos, en un umbral de piedra.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 6 de 21
La divinidad agradecida los premió con la muerte. Agámedes y Trofonio “caros a
los dioses mortales”, como los llama el Himno homérico a Apolo (V 295 y ss),
serán recordados a lo largo de la literatura griega, pasando por Menandro (fr. de
la Com. gr. IV, 105) hasta llegar al mismo Plutarco en su ya citada Consolación a
Apolonio.

He trazado hoy aquí un brevísimo esbozo del tema del “me phynai” intentando
señalar tan sólo unos cuantos de sus hitos, mostrando cómo recorre el espíritu
griego desde Homero hasta Plutarco contemporáneo de nuestro Juvenal. Casi mil
años de cultura griega donde se vaciló en repetir esta espantosa monodia del “me
phynai”.

Poetas como Teognis, Sófocles y Eurípides, historiadores como Heródoto, filósofos


como Aristóteles, fueron trasmitiendo la “llama azul” del saber popular griego
sobre el mayor de los bienes. Dejemos que nuestro querido Juvenal recomiende
pedir a los dioses “una mente sana en un cuerpo sano”. Pero, no olvidemos la
“cruel” diferencia (en el sentido de Arthaud, con los griegos).

Pesimistas los griegos? Así lo repitan hasta consumados helenistas.

No comparto tal apreciación. Prefiero hablar del “pensamiento trágico”, que


mantiene una diferencia abismal con el pesimismo. Pero, nos saldríamos del tema
si abordáramos este majestuoso tema. Tan solo digamos que son los pensadores
de nuestro tiempo quienes mejor han comprendido este tema.

Primero para que e crean citaré a Heidegger:

―Tal cosa parece pesimismo. Pero sería erróneo entender la existencia griega
mediante ese título. No porque los griegos fuesen en realidad optimistas, sino porque
semejantes apreciaciones no aciertan en general, con la existencia griega.
Los griegos fueron ciertamente más pesimistas que cualquier pesimista posible; pero
también, más optimistas que cualquier optimista. Su existencia histórica es previa al
pesimismo y al optimismo‖.

El segundo, sin que me importe que me crean, por cuanto considero que mi
inclusive es infinitamente superior a Heidegger, es alguien que por fortuna tiene
“formación filológica”, en el peor de los sentidos (véase la crítica de Nietzche a la
filología de su tiempo), y que también por la fortuna para nosotros comprendió
todo el poder terrible del “me phynai”. Hablo del dramaturgo irlandés Samuel
Beckett quien dijo:

―La tragedia no se ocupa de la tragedia humana. La tragedia es la manifestación de


una expiación, pero no de la miserable expiación de una infracción codificada en un
convenio local para estúpidos organizado por bellacos. La figura trágica representa la
expiación del pecado original, el pecado de haber nacido‖.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 7 de 21
Volvamos a los griegos.

Si su concepción de la existencia no es pesimista sino trágica (más acá del


pesimismo y del optimismo) entonces y solo entonces comprendemos la “vuelta
de tuerca” que los griegos dieron a su visión del mundo. Por ahora, aquí hoy, quien nos
prepara para comprender esta vuelta de tuerca es Píndaro (a propósito del tema de
me phynay, también se repite en Píndaro).

En efecto, los tebanos mandados por Wester Mann (Biogr: p. 93-), se cuenta que
los tebanos mandaron emisarios al oráculo para pedir a Píndaro el mayor de los bienes que
los humanos puedan recibir; la muerte. Sí, ese Píndaro conmovedor; ese Píndaro de la
vejez que en el año 466 compone su último epinicio a un vendedor délfico y que
corresponde a nuestra Pítica VIII.

El apodo final, líneas 95 y ss articula en tensión maravillosa, las dos fuerzas


principales que laten en los griegos. Una línea “pesimista” según nuestros
parámetros, unida fuertemente a la línea “optimista”.

De un lado:
―Seres de un día! Qué es uno? Qué no es? Sueño de una sombra es el hombre!.
Pero también e inmediatamente:
―Pero si llega la gloria, regalo de los dioses, hay luz brillante entre los hombres y
amable existencia‖.

Aquí tenemos, mejor que nunca sintetizado todo el poder del pensamiento
trágico…

Dejémosla hoy así, sigamos la ruta de la gloria, “regalo de los dioses que ilumina y
hace amable su existencia…”

Sigámosla porque así podremos encontrar tres palabras fuerza en el espíritu


griego: Areté, Sophrosyne y Phronesis, con las cuales nos había despedido
Juvenal en su equivalente latinos: Virtud y Prudencia.

Persigamos la Gloria donde los griegos la persiguieron en la institución de la


fiesta.

Para todos nosotros es conocido el maravilloso discurso fúnebre de Pericles


(Tucidides: II: 35 y ss). Allí, en uno de sus apartes el historiador le hace decir a
Pericles:
―… y también nos hemos procurado frecuentes descansos para nuestro espíritu
(Lyperon), sirviéndonos (Ekplessein) de certámenes y sacrificios celebrados a lo
largo del año…‖

Consigné dos palabras griegas en el texto traducido para acentuar más aún lo
que Pericles dice:

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 8 de 21
Lyperon, de lype: pena, pesar, aflicción. Por ello lyperos: penosamente,
tristemente. Un espíritu lyperon es decir, gravoso, triste, afligido, que se
hace necesario Ekplessein, disolver, disipar, por medio de la fiesta, esto es
certámenes, sacrificios 4, evadir el golpe, la herida de la existencia, buscando la
gloria de las fiestas: allí el atleta, allí el poeta, allí el devoto, están a la búsqueda del
reconocimiento de su Areté y su Timé (honor).

Esforzarse para obtener el reconocimiento de los otros y perdurar en su memoria.


Esta es la tarea que emprende el griego. Con esto le da forma terminada acabada
a la concepción griega de la existencia. Que Areté está estrechamente ligado a
los bienes Ágata, lo sabemos desde el momento en que comprendemos cómo
originalmente en Grecia, Agathos significa noble, excelso, mucho más que un
tardío significado moralizante bajo la forma del bien platónico.

Es en este contexto con el que nos reencontramos con el tema de los bienes para
los griegos. Es utópico en ellos preguntarse por “Qué es lo mejor?”. Bajo esta
pregunta es que debemos situar el tema de la salud y el lugar que a ella
otorgaban los griegos en su jerarquía de los bienes. Indaguemos entonces en el
lugar que ocupa en el pensamiento helénico, el tema de la salud, para después
intentar mostrar su alcance y significación.

Uno de los bienes más preciados por los griegos, quizás el más querido durante
toda la época arcaica es el anhelo de Gloria, de fama que confiere al hombre el
poder ser llamado dichoso. Así Kleos y Olbos se articulan de manera exacta en el
pensamiento antiguo.

Veamos tan sólo algunos ejemplos:


En La Odisea: III, 380, estas son las palabras que Néstor le dirige a Atenea:

“Señora, reina propicia, concédeme a mi buen renombre (Kleos esthlon: la noble


gloria) y a mí también, y a su madre mi esposa”.

Con semejantes palabras en similares circunstancias así se dirige Anquises a


Afrodita (Himno V a Afrodita: v 1012 y ss).

“Así que también benigno, otórgame ser varón distinguido entre los troyanos,
concédeme para el futuro una florida progenie, así como yo mismo por largo
tiempo, viva feliz, y vea la luz del sol, rico entre mi pueblo, y llegue hasta el
umbral de la vejez”.

4
En Boyacá en ―las fiestas de alguno pueblos‖, se dice que ―si hubo muerto, la fiesta estuvo buena”.
Interpretación? Herencia ―griega‖ a través de la cultura hispana, pero también es ―muisca‖. Ya que
sacrificar un muchacho joven, es complacer o congraciar a los dioses, en pos de enaltecer el sentido
de la fiesta. Y se logra el objetivo, porque el efebo es ―puro”. Para los muiscas, justamente es en virtud
a esta pureza, a la sacralidad del muchacho, que este sacrificio hace posible reciclar las energías
agotadas de la madre naturaleza, la renueva. (Nota de la compiladora).

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 9 de 21
Pero es Solón quien de manera perfecta, a nuestro parecer, reúne precisamente
los grandes bienes que un hombre puede desear al dirigirse a las musas de esta
forma:

“Dadme la prosperidad que viene de los dioses y tenga ante los hombres por
siempre un honrado nombre, que de tal modo sea a mis amigos dulce, y a mi
enemigo amargo; respetado por unos, terrible a los otros mi persona.” (fr. 1 D 3
y ss).

Tendrá que pasar 200 años para que este concepto de la amistad (hacer el “bien”
a los amigos, y el “mal” a los enemigos) comience a ser furibundamente atacado
por Platón, y casi 700 años, para que alguien recuerde que es posible renunciar a
la gloria:

“… no tenemos su retrato, porque no lo permitió, y antes al morir encargó que no


se hiciera ningún vaciado, ni ninguna especie de imagen que representará su
persona”. (Plutarco, a propósito de Agesilao: 397, 360 ane)

La búsqueda de dicha (traducimos “felicidad” para no llamar a confusiones con


nuestro concepto de ella: interiorizado, espiritual, por completo ajeno a los
griegos de éste período) (OLBOS: dicha, prosperidad, fortuna, corresponde al
campo semántico de Olbízo: Hacer, juzgar dichoso; por ello Olbíos: dichoso,
afortunado, dichosamente. O como bellamente Shnell ha definido: “Olbios, el que en
un momento de gloria se levanta sobre la condición humana y llega a alcanzar lo
divino”) no fue nunca considerada “per se” por los griegos (como ninguno de los
bienes perseguidos). Que esa dicha ambigua y peligrosa nos lo advierte el phtonos
divino (envidia). El tema del “yo no me llamaré feliz a ningún hombre sino hasta
después de la muerte”, está soberbiamente descrito en la Antígona de Sófocles.

“… Jamás puede insinuarse en la vida del mortal la grandeza sin que sea
confundido… El mal parece un bien al hombre cuya mente quiere dios confundir:
poco vivirá el tal sin que sea confundido…” Véase además Edipo Rey 1.528 y ss,
Heródoto 1. 32, 7-8.

Conforme vamos saliendo del período arcaico e ingresando gradualmente e


ingresando gradualmente en el período clásico, vemos dibujarse con mayor
nitidez el tema de la salud que hoy nos ocupa tanto que bien buscado por los
griegos. Junto a ella y de la misma manera, la riqueza sea bajada de su trono, y
tendrá que morir el último de los griegos para que la pobreza se convierta en
ideal…

No vamos a detenernos hoy aquí en la consideración griega de la riqueza, sino


tan sólo en cuanto que nos prepara, como veremos de manera ideal para nuestro
tema de la salud.

Quisiera señalar tan solo unos cuantos pasajes significativos:

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 10 de 21
Suspendida la cita del fr. I de Solón, a propósito para resituarla aquí:

―Riquezas deseo tener, más adquirirlas de modo injusto no quiero. De cualquier modo
llega luego la justicia. La abundancia que ofrecen los dioses le resulta al hombre
segura, desde el último fondo hasta la cima. Más la que los hombres persiguen con
vicio, no les llega por orden natural, sino atraída por injustos manejos, les viene
forzada y pronto la enturbia el desastre‖.

Riqueza sí, pero con Justicia, repiten todos los griegos de todas las épocas. Que
no existe incompatibilidad entre la riqueza y la justicia para los griegos (lejano
está aquel que escribe: “detrás de toda riqueza hay un delito”) es su repulsa a la
pobreza. De los muchos ejemplos que podemos dar. Bástenos hoy éste de
Teognis (v: 173-179).

“A un hombre virtuoso (andr’agathón) es la pobreza lo que más somete a su poder,


más que la cana vejez y que la fiebre, oh Cirno!; por huir del cual hoy que
arrojarse al mar, poblado de grandes monstruos, o tirarse de los alto de
escarpadas rocas; pues un hombre que está en poder de la pobreza, no puede
decir ni hacer nada: su lengua está encadenada”.

Sobre las relaciones entre la riqueza y la salud sería interesante recorrer las
abundantes citas que los cómicos griegos de tales tiempos dijeron de manera
graciosa para intentar anularlas. Su deliciosa burla está en Anfitrón, en la
comedia del siglo IV y hasta el gran Luciano. El más significativo de todos ellos
quizás sea Aristófanes cuando forja una cómica palabra (Plouythgleía) “salud
cremamística” la salud que el dinero da y que irá hasta el inmortal Shakespeare
cuando dice: el dinero hace agradable al leproso.

Decíamos que la riqueza preparaba nuestro ingreso al tema de la salud como bien
deseable. En el plano cómico ya sugerimos su relación, pero, una leyenda de
fundación nos da la clave de todo. Se trata de la fundación de dos Pólis: la de
Siracusa y la de Crotona. El Oráculo les da a sus respectivos fundadores Arquias y
Miscelo de un bien a escoger. Arquías la riqueza y Miscelo la salud, por ello,
Crotona será por siempre la patria de atletas famosos por el aspecto que los
griegos tenían de la salud podemos comenzar con el famoso Deliakón Epígramo
(inscripción de Delos en el templo de Leto), llegado a nosotros gracias a
Aristóteles (Et. a nic. 8.1099ª25).

―Lo más hermoso (kalliston) es lo más justo; lo mejor, la buena salud


(d’Higianinein); lo más agradable alcanzar lo que se ama‖.

Este pensamiento que sitúa la justicia (Dikaíosyne) como lo más excelso, y en


segundo lugar a la salud, puede rastrearse en el pensamiento griego desde
Teognis en un dístico (v:255-6) que produce la inscripción de Delos y de la cual
depende; pasando por Focídides (fr. 10) hasta Eurípides Preusa (fr. 329 N).

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 11 de 21
En otra línea de pensamiento que coloca la salud en primera instancia, debemos
comenzar por el Escolio Ático 7(P.M.G: 890-: 84 Adrados) que dice:

―Estar sano es lo mejor para un mortal;


Lo segundo, ser hermoso de cuerpo;
Lo tercero, ser rico sin engaño;
Y lo cuarto; festejar en unión de los amigos‖.

Que a su vez puede seguirse nuevamente gracias a Aristóteles (Ret. 134b 15):

―Lo mejor para un hombre es estar sano, por lo menos según mi entender‖. (Verso
atribuido a Simónides, sobre él volveremos más adelante).

Y sobre todo, Platón no solo en el pasaje que se acostumbra a citar Georgias: 415
que se produce las tres líneas de Escolio citado, sino sobre todo el interesantísimo
de leyes: 631c, en las que el anciano ateniense recuerda “las leyes cretenses”
famosas, “ya que hacen felices a todos los que ponen en práctica”.

Allí divide los bienes en dos clases: los divinos y los humanos dependientes de los
primeros.

Los bienes humanos llamados “menores” son:


1. La salud
2. La hermosura
3. La fuerza para carreras y para todos los demás ejercicios del cuerpo.
4. La ―riqueza, no la riqueza ciega sino la de vista aguda‖.

Pero es al hacer la descripción de los bienes divinos cuando Platón nos permite ir
afinando a la salud como bien para los griegos. En efecto menciona como bienes
divinos:
1. La razón (phrónesis)
2. La templanza (sophron)
3. La justicia(dikaíosyne)
4. El valor (andreías)

De ellas, la que nos interesa para nuestro tema es la sophrosyne, porque nos
permite comenzar a saldar la deuda que teníamos con Juvenal. Recordemos que
este mencionada LA VIRTUD y LA PRUDENCIA como los bienes que el hombre
podía darse a sí mismo. Ya hemos hablado de la relación entre las VIRTUDES
latina y el ARETÉ griego. Quisiera detenerme un poco en el vínculo entre la
prudencia latina y la sofrosine griega.

Que me perdonen los filósofos y expertos en filosofía griega clásica: soy


consciente de que el tratamiento exigiría abandonar el tema de la Phrónesis. El
texto platónico así lo exige, pero se saldría por completo de las intenciones de la
presente comunicación.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 12 de 21
Cualquiera medianamente informado sobre el tema, sabrá lo complejo del mismo.
Sugerimos aquí tan sólo dos problemas, como ejemplificación:

Si buscamos las equivalencias del español del tema Sophrosyne tendremos:


1. Estar sano del corazón o del alma
2. Buen sentido
3. Prudencia
4. Buen juicio
5. Sensatez
6. Moderación en los deseos
7. Templanza
8. Modestia
9. Sencillez
10. Castidad
11. Sobriedad

Si a su vez hacemos lo mismo con Phrónesis encontraremos que puede significar:


1. Acción de pensar
2. Pensamiento
3. Designio
4. Sentimiento
5. Manera de ver
6. Inteligencia
7. Buen sentido
8. Razón
9. Prudencia
10. Sentimiento de orgullo

Las afinidades (más no igualdades) entre la una y la otra se destacan cuando


comprobamos que la tercera significación de Sophrosyne tiene su exacta
equivalencia con la novena de Phrónesis: buen juicio, buen sentido.

Cómo entonces especificar las diferencias entre la Sophrosyne y la Phrónesis?

En este caso la etimología nos puede ayudar mucho. Lo que permite trazar
afinidades entre estos dos conceptos en su raíz común: phren (que aquí por
comodidad traduciré por mente, espíritu, aunque plenamente consciente de que
con ello empobrezco duramente el concepto).

En cambio daremos un buen comienzo de diferenciación, si nos encontramos con


la raíz inicial de Sophrosyne: sózo, que significa: preservar, salvar, conservar.
Gracias a estas consideraciones es que se acostumbra a diferenciar la prudencia
de Sophrosyne de la prudencia de Phrónesis diciendo que la primera es una “virtud”
y la segunda es de carácter estrictamente “ético”, mientras que la Prudencia de la
segunda está ligada a un fuerte sentido ético noético, de ahí que se dé para
Phrónesis las acepciones 1, 2, 3, 5, 6 y 8.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 13 de 21
Para el caso quisiera concentrarme en la Sophrosyne ya que nos permite delimitar
el campo de la salud. Literalmente Sophrosyne no es otra cosa que “pensar sano”.
La sabiduría como bien señalaba Snell, regula la salud, el bienestar, y con ello la
felicidad, rige la salud con la idea de moderación y de medida, caras a los griegos
de todas las épocas.

Por el contrario el destino de la Phrónesis será bien distinto, en manos de los


filósofos hasta llegar a toda una tópica de la vida contemplativa que alcanzará al
Medioevo.

A consciencia hemos venido evitando pasar los terrenos “obvios” en que se


discute el tema de la Salud: los saberes médicos y filosóficos, por cuanto aquí sólo
intentamos percibir dicho concepto en el terreno de la sabiduría popular griega a
fin de poder “sintonizarlo” con el pensar de Juvenal cuyo “extrañamiento”
respecto de las corrientes filosóficas de su época es ya canónico (discuto todo
esto en el texto que enuncié al comienzo de mi intervención) cosa distinta
haríamos si el caso estudiado fuese el de un Plutarco por ejemplo. Tan sólo se ha
permitido hacer dos referencias, por cuanto creemos son bellos antecedentes de
todo lo que vendrá como motivo de la toma del partido de los filósofos por la
Phrónesis. Se trata de la opinión que tenían los filósofos de la Prhónesis.

La primera de ellas, es un fragmento que Guthrie atribuye a Heráclides Pontico, fr.


88 (vía Cicerón, Tusc. V. 3, 8) (conversación de Pitágoras con León gobernante de
Riunte, para explicarle el significado de una “extraña” palabra: Filosofía). Doy la
versión de Guthrie (al que remito para la discusión en torno a los otros géneros de
vida y su atribución a los “Pitagóricos”).

―La vida dijo, es como una reunión de personas en los Juegos Olímpicos, a los cuales
la gente acude por tres motivos: para competir por la gloria de una corona, para
comprar y vender, o simplemente como espectadores. Así la vida, a la que llamamos
ex allia vita et natura profecti (a ésta vida desde otra vida y naturaleza), unos
llegan para servir a la fama, y otros al dinero, pero la mejor elección es la de aquellos
que consumen su tiempo en la contemplación de la naturaleza como amantes de la
sabiduría, es decir, como filósofos.‖

El segundo texto, bien representativo de toda esa avalancha filosófica por la vida
contemplativa que vendrá, es el fr. 21B de Jenófanes:

“Pero si con la rapidez de los pies obtuviera alguien victoria, sea en el Pentatlón
de ésta en el Templo de Zeus, junto a las corrientes del Pisa en Olimpia, sea en la
lucha, sea en el doloroso pugilato o bien en la terrible competencia que llaman
Pancracio, sería más ilustre la mirada de los conciudadanos; disfrutaría de un
visible lugar de privilegio en las reuniones y sería alimentado por el erario público
gracias al estado, y recibiría un regalo que sería un tesoro para él. Y también si
venciera con caballos, él obtendría todas esas cosas, sin merecerlo como yo. Pues
más valiosa que la fuerza de varones, son querer uno se acostumbra a esto, si
bien es justo preferir la fuerza a la verdadera sabiduría.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 14 de 21
Pues aunque el pueblo hubiera un buen púgil o quien permaneciera en el
Pentatlón o en la lucha o en la velocidad de los países –lo cual es sumamente
apreciado entre cuantas obras de fuerza hay en las competiciones de hombres,
no por eso el estado contaría con una menor orden. Es acaso disfrute para el
estado?, se produciría con esto con que algún competidor venciera en las riveras
del Pisa?, pues tales cosas no engordan las arcas del estado.

Aquí están en germen todos los tópicos de la theóritikós bíos, de la vida teorética,
que generaciones enteras de filósofos irán modelando cada vez más.

Precisemos tan sólo para nuestro propósito dos temas: el primero, como
Jenófanes opone la fuerza del atleta la sabiduría del hombre sabio, consagrado a
éste con la corona de la victoria. El segundo, el criterio del cual se vale para
conferir su superioridad al sabio respecto del atleta: su contribución al orden y
riqueza de la Polis, por cuanto nos prepara para el último intento de precisión del
tema de la Salud. Este último intento de precisión nos llega cuando leemos sobre
las diferentes formas de vida y modelos para el hombre que los griegos
elaboraron.

Desde Wilmowitz es un lugar común hablar de las cuatro Biophilósophos (vida


filosófica), philothimos (vida guerrera), philocrematos (vida de la riqueza), philoédonos
(vida del placer) que darán origen a los modelos latinos del Homo Theoriticus,
Políticus, Económicus, Sociales, Aestheticus, Religiosus…

Pues bien de todas estas formas de vida (Bioi) hay una que, gracias a Bowra sobre
todo, ha llamado la atención de los helenistas, y que nos interese hoy aquí de
manera especial. Se trata de la fórmula Hygies anér: Hombre sano. Esta fórmula es
la más “cercana” en apariencia a la máxima de Juvenal. Si tomamos los pasajes
anteriormente citados sobre la salud como bien y la integramos en la fórmula
“Hygies anér” de inmediato sentimos la tentación de asimilar a la máxima del
satírico latino. Así decimos, que los griegos también creían en “una mente sana en
un cuerpo sano”, pero esta asimilación obedece más a nuestros sordos deseos de
encontrar en los griegos un sustento a la máxima romana que dote del prestigio
que la antigüedad a nuestras ilusiones y ambiciones.

Sabemos que ésta asimilación es apresurada tan pronto pensamos que, por lo
menos, para formularla se hacen necesarios del presupuesto.
1. Que exista una dicotomía ―Mente-Cuerpo‖
2. Que el concepto de salud remita un contenido ―médico‖.

Bien, tal y como es recordado en otra oportunidad, respecto al primer punto


habrá que esperar a Platón para que de manera explícita no sólo la formule, sino
que también fundamente y determine las consecuencias de tal dicotomía (espero
algún día mostrar la incidencia de las corrientes ascéticas –“órficas” y
“pitagóricas” de tal pensamiento).

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 15 de 21
Considero que lo dicho en aquella oportunidad es ahora suficiente (remito a los
interesados a mis “Escritos Filodoxsos”, artículo “Los griegos somos nosotros”).

Hoy quisiera aquí concentrarme en la segunda condición. Un concepto de Salud


ligado a un contexto médico. Escribo “médico” entre comillas como un homenaje
a la crítica devastadora y jocunda de Snell a todos aquellos que le piden a los
médicos que les definan la Salud. Mírese tan sólo la definición que la OMS da de
ella para concederle la razón al risueño y doctor Snell: 2000 años de esfuerzo sin
avanzar un ápice sobre el tema.

Lo que si podemos decir aquí es que alrededor de Hygies anér se mueve, no un


concepto “médico”, sino, quien lo iba a creer, político, es precisamente este
contexto político el que dota de sentido la fórmula griega y los distancia de la
máxima latina tal y como es “leída por nosotros”. (El contexto en que dicha
máxima aparece en Juvenal a mi modo de ver, al acondicionarlo por medio de las
categorías de virtud y Prudencia, lo acerca más a los griegos que a nosotros).

Para comprenderlo de la mano de Bowra debemos un breve recorrido por su uso


“tópico” durante el S. V:

Filoctetes se diriga a Odiseo: -―Oh, tú que no tienes ni un pensamiento sano ni


elevado…‖ (Sof: Fin., 1006)
Andrómana Amanal: ―Pensáis de modo tortuosos, nada sano y dándole vuelta a todo‖
(Eut., Androg.: 448)
Dioniso a Penteo ―Aquellos pensamientos de antes no eran sanos, ahora tienes los
que te convienen‖
Giges a Candules: ―Que insana proposición me haces‖ (Heródoto 1, 8, 3)
Cleón a los Lacedomonios: ―No tenías nada en su mente, nada de acuerdo con la
justicia‖.

Dos trágicos, dos historiadores entre otros, ponen a funcionar en el S. V la


fórmula de Higiés aner (Hombre sano), de tal manera que termina por constituir en
un lugar común para los griegos de aquella época: Odiseo, Menélao, Penteo,
Candules, los Lacedemonios son el ejemplo negativo de ello, son precisamente todo
lo contrario del ideal griego del hombre sano. Pero basta con dar una rápida
mirada a los contextos para darse cuenta de que lo que está en juego no es una
recomendación médica sino toda una concepción política, cuál?.

Cuál es la fuente de ésta fórmula griega?

Con quién comienza tal indignación?

Sabemos quizá, aún al azar de la vida, el que dicha fuente se encuentra


conservada de manera “imprevista en un pasaje platónico: el Diálogo Protágoras”
(339, a y ss). Ha pasado a ser el fr. 542 del poema “Meleci Graeci” (P.M-G-) de
Page, y atribuido con precisión a ese gracioso poeta lírico que es Simónides (ca:
556-468 ab).

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 16 de 21
El poeta Elude en la Isla de Eos, que cantara a tantos vencederos en los Juegos
Panhelénicos, es en efecto el autor de la fórmula que estudiamos.

El poema en que aparece tal fórmual tuvo su origen, nos dice Bowra, cuando
Escopas, rey tesalio hijo de Creonte, perteneciente a la poderosa familia de los
Escópadax, le preguntó a Simónides por el significado de la máxima atribuida a
Pítaco que reza: “es difícil ser noble” (CHALEPON ESTHLON EMMENAI), “esperando
como respuesta la de que, a pesar de ser difícil Escopas lograba serlo” (nos viene
a la mente una semejante situación, ya comentada cuando Crisses le pregunta a
Solón quien era el hombre más feliz, ambos, envanecidos. Espera de sus
respectivos poetas la siguiente adulación. (Pero ambos reciben por el contrario
toda una enseñanza sobre la condición humana).

Veamos el texto del poeta tal y como ha llegado a nosotros. Ofrezco a


continuación una “recomposición”, del mismo más que una traducción por cuanto
me ha venido de diversas traducciones, no importándome aquí tanto el ritmo y la
versificación del poema, sino de su “literalidad”, para tal efecto no he vacilado en
proponer variantes diversas de traducción que en lo posible nos muestran los
problemas y la riqueza del texto.

―Llegar a ser de verdad un hombre noble (excelente) equilibrado (ensamblado,


cuadrado) por sus manos, pies e inteligencia, forjando sin tara (terminado sin
reproche, cortado a la medida) es arduo empeño.
Y no me resulte de sonido acorde aquella de Pítaco, aún dicho por un sabio; dice que
es fácil ser excelente. Sólo un dios podría tener privilegio. Pero un hombre puede
evitar que no sea carente de excelencia a que lo derriba un desastre sin remedio
(invencible).
Cualquier hombre es excelente cuando tiene éxito (fortuna) y no lo es, si no la tiene.
(Pero son las más de las veces los mejores aquellos que los dioses favorecen).
Por ello yo jamás, buscando aquello que es imposible que llegue a ser, arrojaré
(dirigirá), la parte de vida que me toca, en busca de esa vana esperanza irrealizable;
un hombre sin reproche, de entre cuantos consumidos al fruto de la vasta tierra, yo os
daré noticias si no lo encuentro!.
Por mi parte elogio y amo a todos, siempre que de su agrado no hagan nada
deshonroso, contra la necesidad ni los dioses combaten.
No soy amigo de censuras, pues me basta si uno no es malvado, ni intratable
en exceso, y es conocedor de la justicia que le hace bien a la Polis: UN
HOMBRE SANO. Y no seré yo quien le haga reproches.
Es infinita ya la estirpe de los hechos (la generación de los inútiles). Bellas son todas
las cosas no mezcladas de vileza.‖

Veamos los puntos más decisivos de éste bellísimo poema:

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 17 de 21
1. Un hombre excelente éso es posible? Un hombre excelente qué es?

Se parece tanto al que corean en nuestra época los cultores del “hombre integral”.
Ese hombre que dicen, acaba con la dicotomía Cuerpo-Alma integrados sus dos
componentes (de qué otra forma se puede integrar, sino es articulando
“componentes”?) en una sola y única realidad humana. Las variantes del texto
nos aclaran la concepción del “hombre excelente”: equilibrado –ensamblado:
cuadrado –terminado, sin reproche, cortado a la medida.

Cómo responde Simónides, todo un griego, a ésa “invitación”?. Como sólo un


griego puede responder: eso es simple y llanamente Hybries (desmesura,
desproporción, desmedida) 5, puesto que excelente sólo puede serlo la divinidad.

2. Y acaso porqué no los hombres?


a. Porque por más que se esfuercen no lograrán si sobre ellos se abate un
desastre (el tema del “phtonos divino” ya mencionado líneas arriba por
nosotros).
b. Aún en el caso de que lo lograran sería, no por un favor divino. Es decir
que, la excelencia humana, si la hay, no es posible sin el concurso divino.

3. Que Pítaco busque su “hombre integral”, Simónides por su parte:


a. No abandonará su propio cáliz para ir en busca de una empresa para el
hombre solo, irrealizable.
b. Que otros hagan reproches a los hombres, puesto que siempre es fácil
encontrarles un defecto (más de defecto, la concepción trágica de la
existencia, a mi modo de ver, concibe al hombre con “Fisuras” (Amartia),
heridas que sólo pueden ser “sanadas” por la divinidad, si es que ella está
interesada en esto).
c. A Simónides le basta con un HOMBRE SANO, frente al “hombre integral” de
Pítaco, Simónides propone un “hombre sano”. Y qué es un hombre sano?
Cuáles son sus características? Es aquí donde todo está en juego. El
hombre sano de Simónides es un hombre bajo en colesterol? Un hombre
con niveles aceptables de triglicéridos? Un hombre con ritmo cardíaco
normal y función pulmonada adecuada? Un hombre atlético, musculoso,
ágil?.
Recomienda Simónides y para los griegos en general es un hombre que no sea
malvado, ni intratable en exceso, conocedor de la justicia que hace bien a la Polis.
Tal es la “dieta balanceada” que prescribe Simónides. Y no podía ser de otra
manera puesto que de él se ha conservado esta máxima que siempre debe
acompañar todo comentario sobre “el hombre sano en los griegos”.

5
En la tragedia griega Hybris, alude a la desmesura, a la soberbia —el mismo pecado bíblico del
ángel caído—, y que ha servido para desarrollar una teoría sobre los efectos tóxicos del poder. La
hybris tiene su contraparte en la tragedia: Némesis, la diosa de la justicia retributiva, pero también el
fracaso, la caída, el castigo… (María Elvira Samper, 7-ag-11, El Espectador, ―Arias y la lección del
arriero‖)

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 18 de 21
“La Polis es la que hace el hombre” (polis andra didáskei). Es el anterior del
vocabulario político y no del “médico” en el que debe leerse la maravillosa
fórmula del ideal griego del hombre sano.

Los griegos dejarán que se ocupen de las enfermedades. Los filósofos de los
siglos posteriores se dedicarán a disputarse con los médicos las enfermedades del
“cuerpo” y del “alma”, pero, mientras quede un griego vivo sabrá que si se habla
de un “hombre sano”, se entenderá lo que Simónides quería de él.

Tómese de un lado el fr. 542 de Simónides y de otro la sátira por Juvenal.


Notaremos sus afinidades, señalaremos sus coincidencias, admiraremos la
similitud de pareceres, claro está.

Pero entre Simónides y Juvenal existen 600 años de distancia. Existen 600 años en
los cuales el saber médico realizará un profundo trabajo de formulación de lo
patológico. Un trabajo que va de Hipócrates de Celso, contemporáneo de Juvenal.
Existen 600 años en que el saber filosófico forjará para occidente poco a poco y
ni aún así, de manera definitiva, los conceptos de “cuerpo” y “alma” que los
griegos de Homero a Simónides (casi 400 años de la cultura griega) desconocieron.

A la salud “política” de Simónides poco a poco la asediará un concepto de salud


“salvítico” forjado en los talleres platónicos y un concepto de salud torneado por
los médicos. Son 600 años de cultura helenística que van de Platón a Epicteto, de
Hipócrates de Celso, y que hoy desborda por completo nuestra tarea. Está en
curso la publicación de un estudio que sobre 600 años se realizó. Si algún día la
termino, serán ustedes los primeros en enterarse.

Pero ni aún con esos 600 años de trabajo helenístico logramos asimilar la máxima
de Juvenal a nuestro concepto de salud. Será necesario cortar la estrecha relación
entre la salud (Salus) latina y la pareja de conceptos éticos-políticos Virtus-
Prudentia. Será necesario una intensa y conflictiva reformulación del cuerpo por
parte del cristianismo. Será todo un trabajo ideológico sobre el cuerpo que va del
modelo cuerpo-máquina a cuerpo-performance contemporáneo. Será necesario en
resumen 2.000 años de trabajo para llegar a nuestra interpretación “antiséptica”
y preformativa del cuerpo. Para tan solo indicar la diferencia entre Juvenal y
nosotros quise colocar como epígrafe de mi intervención una línea incluida de la
misma Sátira X de Juvenal que traducida dice:

“SÓLO LA MUERTE REVELA CUÁN POCO ES UN CUERPECILLO HUMANO”

Podrían nuestros “cultores” del cuerpo contemporáneo firmar esta frase? Podría su
gigantesco narcisismo asimilar esta frase? Puede nuestra época que cree
ingenuamente haber “recuperado” el cuerpo, digerir esta frase?. Hasta el S. XVIII
el soberano era dueño de nuestras vidas en cuanto tenía el poder de la muerte
sobre cada uno de nosotros.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 19 de 21
A partir del S. XIX una gigantesca administración de nuestras vidas ha
reemplazado este poder de muerte sobre un poder sobre la vida.

Nacemos en una clínica, morimos en un hospital, y entre uno y otro término no


existe espacio de nuestras vidas que no se encuentre controlado y sujetado a los
más diversos poderes. Y todavía tenemos la desfachatez de hablar de nuestro
cuerpo.

La salud “política” de Simónides no es la salud “satírica” de Juvenal y si que


menos nuestra salud tecno-pública. Los griegos querían ser sanos para su Polis y
a nosotros los poderes nos quieren sanos. Para qué? Si, sanos para qué? Para
nuestro bien? Se necesita una ingenuidad fronteriza para creer en ello, en un
siglo de Campos de Concentración, y dos Guerras Mundiales?... Cuánto daría para que
los deseos de salud para nosotros que los padres nos desean fueran sinceros,
infortunadamente frente a Auschwitz creo que nos quieren sanos para fines nada
sanos.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 20 de 21
ABSTRACT DE MENTE SANA EN CUERPO SANO? (1990) de de Hernán Felipe Prieto,
filósofo colombiano.

El ciudadano griego es un ser humano sano que no le teme a la muerte, que no nace
si no que se hace, y no en el sentido médico si no político, condición a la que accede
con el cultivo de la Sophrosyne (prudencia), Phronesis (la razón), Dikaíosyne
(justicia), Andreias (valor), del Areté (virtud), el Timé (honor) y el Agathos (lo
excelso). El ciudadano no es malvado ni intratable en exceso, es justo y buscador de
la armonía, y aunque gusta de la riqueza la obtiene con justicia, por eso logra el
Olbíos (dicha) y la Gloria, porque le hace bien a la Polis.
M. Ch.

Mente sana en cuerpo sano? De Hernán Felipe Prieto (1990), Comp. Martha Chaparro, Pagina 21 de 21