Вы находитесь на странице: 1из 6

Aportaciones de la Psicología a la seguridad vial: la

evaluación psicotécnica
Infocop | 19/09/2016 6:48:00

Tal y como establece el Informe sobre la situación


mundial de la seguridad vial 2015 de la Organización
Mundial de la Salud, los accidentes de tráfico
constituyen la primera causa de muerte en el mundo
entre personas de edades comprendidas entre los 15 y
los 29 años (OMS, 2015). Las implicaciones de este
problema están siendo tan importantes que en
septiembre de 2015, la Asamblea General de las
Naciones Unidas, a través de la Agenda 2030 para el
Desarrollo Sostenible, fijó entre las nuevas metas “la
reducción del 50% del número de muertes y
traumatismos causados por accidentes de tránsito para
el año 2020” (objetivo 3.6).

Actualmente, Europa se enfrenta además al desafío de


reducir las cifras de siniestralidad en su red vial, ya
que en el último año los accidentes de tráfico en las
carreteras europeas han experimentado un repunte (el
primero en lo que va de siglo), alcanzando las 26.000
víctimas mortales y los 135.000 heridos graves en
2015. En su informe, la Comisión Europea estima que
el coste social de los accidentes con víctimas mortales
y heridos ha ascendido, como mínimo, a los 100.000
millones de euros, por lo que no es de extrañar que la
seguridad vial se haya establecido desde hace unos
años como una “cuestión social de primer
orden” (Comisión Europea, 2010).
En lo que respecta a nuestro país, España también está sufriendo este estancamiento en su
lucha por reducir la siniestralidad vial, con 1.688 muertes en 2015, lo que equivale a una
muerte cada cinco horas, siendo esta cifra similar al 2014 y ligeramente superior al 2013.

Los estudios que han analizado las causas de los accidentes de tráfico señalan como principal
responsable al factor humano. Según el documento de la Dirección General de Tráfico
titulado Cuestiones de Seguridad Vial, Conducción Eficiente, Medio Ambiente y Contaminación,
si bien en los accidentes de tráfico intervienen múltiples factores, se estima que en el 90% de
los casos las principales causas se atribuyen a malas decisiones de los conductores,
distracciones, infracciones o a una conducción temeraria asociada al consumo de alcohol o
drogas (DGT, 2011). De esta manera, sólo el 10% del total de accidentes es derivado de
elementos externos al conductor, como pueden ser el estado de la vía, las condiciones
climatológicas o las incidencias mecánicas de los vehículos implicados.

Teniendo en cuenta estos datos, que ponen en evidencia que la conducción debe ser entendida
desde el punto de vista de una conducta en la que intervienen las emociones, las decisiones, la
motivación, las aptitudes, los hábitos del conductor, etc., se puede comprender el importante
papel que ha jugado, y juega, la Psicología en esta área.

La aplicación de conocimientos psicológicos en el ámbito del transporte, y específicamente en el


del tráfico, se inició tras la aparición de los primeros vehículos propulsados por gasolina a
finales del siglo XIX y su posterior fabricación en cadena. Este revolucionario sistema de
locomoción planteó nuevas necesidades y demandas para garantizar la seguridad de los
peatones y usuarios, tales como el proceso de formación y selección de los posibles
conductores, el establecimiento de unas normas de circulación y sistemas de control de
infracciones, el diseño de señales de regulación del tráfico, etc. De esta manera, los psicólogos
se incorporaron al mundo del tráfico y la seguridad vial prácticamente desde los orígenes de
este nuevo invento.

Hasta la fecha, el desarrollo de la Psicología en el ámbito de la conducción ha tenido una


especial actividad en países como Alemania, Francia, Bélgica, Italia o EE.UU. Respecto a
España, aunque su inicio fue más tardío, también se puede hablar de una “larga tradición” en
este campo, siendo además uno de los pocos países en los que los psicólogos han tenido “una
actividad profesional e intervención regulada legalmente, bastante ininterrumpida desde los
años veinte” (Montoro, 1994).

A escala europea, en el año 1993, la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA),


en un intento por formular unas recomendaciones comunes para la práctica de la Psicología del
Tráfico y del Transporte en Europa y actuar como portavoz de los psicólogos europeos
dedicados al tráfico, creó el Grupo de Trabajo de Psicología del Tráfico. La creación de este
grupo, hoy en día constituido a través de una Comisión Permanente, es un reflejo de la
consolidación y el reconocimiento de la actividad de los psicólogos en este campo, tanto a nivel
de investigación como aplicado.

Tal y como reconoce la EFPA, actualmente la Psicología del Tráfico continúa siendo un área en
plena expansión. El papel de la Psicología en la conducción y en la seguridad vial es destacado,
gracias a sus aportaciones en la comprensión del comportamiento de los peatones y
conductores, en la relación entre la conducta y los accidentes de tráfico, en los requisitos de
formación necesarios para la conducción, en la adaptación de la infraestructura vial, en el
diseño de vehículos adaptados, en la incorporación de nuevas tecnologías a la conducción, etc.
No obstante, uno de los aspectos de la Psicología del Tráfico y del Transporte que más ha
destacado ha sido la evaluación psicotécnica de los conductores, un área en la que actualmente
trabaja un considerable porcentaje de psicólogos y que implica el diseño y aplicación de
exámenes de aptitud para determinar la capacitación de los candidatos en el correcto
desempeño de la conducción (EFPA, 2014).

Referencias:

OMS (2015). Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial 2015.


Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

Comisión Europea (2010). Comunicado de la Comisión al Parlamento


Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social europeo y al Comité de
las Regiones. Hacia un espacio europeo de seguridad vial: orientaciones
políticas sobre seguridad vial 2011-2020.

Dirección General de Tráfico (2011). Cuestiones de Seguridad Vial,


Conducción Eficiente, Medio Ambiente y Contaminación. Madrid: Ministerio
del Interior y Dirección General de Tráfico.

Montoro, L. (1994). Situación actual y perspectivas futures de la psicología


del tráfico y seguridad vial. En M. E. Medina y A. Romero (coords.), La
psicología como profesión. Madrid: Colegio Oficial de Psicólogos. Pp.: 305-
332.

EFPA Standing Committee Traffic Psychology (2014). European traffic


psychologists working for safe and sustainable transportation. Fit to Drive
Conference, 8th International Traffic Expert Congress, 8-9 Mayo, Varsovia.
http://www.infocop.es/view_article.asp?id=6380&cat=55

La psicología del tráfico y de la seguridad es un área especializada de la psicología cuyo objeto de


estudio es el comportamiento humano en el ámbito de esta actividad. Los accidentes de tráfico
son uno de los problemas más graves de salud en nuestra sociedad y la principal causa de muerte
entre los jóvenes y últimamente entre la población de mayores. Dado que, de todos los factores
implicados en la seguridad, es el factor humano el principal responsable de la accidentalidad, el
papel de la psicología es fundamental para desentrañar las causas de los accidentes, evitarlos y
prevenirlos.

Factores psicológicos que


afectan al conductor
La personalidad de un individuo es un aspecto determinante de la conducta de la
conducción. Tras diversos estudios, se ha llegado a la conclusión de que los factores que
más influyen en los accidentes de tráfico suelen ser de tipo temperamental y de carácter; y
que el mayor número de accidentados suelen manifestar cierta inmadurez de su
personalidad de su humor, actitud de riesgo, osadía, comportamiento arbitrario y
descontento en alguna faceta de su vida familiar, laboral o personal.

La actividad de la conducción también se encuentra en estrecha interdependencia con los


componentes afectivo - emocionales (motivos, sentimientos y emociones) que rigen el
comportamiento humano. Son muchos los factores personales, subjetivos, emocionales y
situacionales que pueden intervenir en el conductor en cada uno de los momentos de la
conducción, incrementando el riesgo de accidentes.
Las enfermedades psíquicas tienen cada vez más auge en nuestra sociedad, sin distinción
alguna, por lo que se están convirtiendo en una auténtica epidemia. El estrés o la
depresión afectan cada vez más a la población española, y sin lugar a duda son
enfermedades que tienen su incidencia en aquellos que son conductores.

La práctica de la conducción requiere una gran concentración, algo que se olvida con
frecuencia, y este tipo de enfermedades disminuye considerablemente la capacidad del
conductor para concentrarse en los estímulos externos imprescindibles para
una conducción segura.

Dentro de las enfermedades anteriormente descritas, la depresión es una de ellas que se


caracteriza por una disminución manifiesta del tono vital y por una apariencia de tristeza.
La pérdida de apetito, de peso, insomnio, retardo psicomotriz, disminución sexual, falta de
concentración, ansiedad, etc, son algunas de las características de este tipo de enfermedad.
Alguno de los síntomas anteriormente descritos tienen un efecto directo e inmediato con la
actividad de conducir, como pueden ser la disminución en la atención, la tendencia al
suicidio, las alteraciones en el sueño, el aumento de ansiedad y la irritabilidad, el aumento
de la fatiga o la merma en la capacidad de decisión y alteraciones sensoriales.

Todos estos trastornos y alteraciones físicas y psíquicas no necesariamente tienen que estar
presentes en la misma medida en todas las depresiones ni en todos los depresivos.

Si se tiene depresión y se es conductor habitual se debe acudir a un especialista de forma


que se determine el tipo de depresión y la terapia a seguir. Si está bajo los efectos de
alguna terapia farmacológica debe tenerse en cuenta que estos fármacos pueden producir
alteraciones que afecten directamente a la conducción.

El depresivo debe evitar automedicarse así como consumir alcohol u otras drogas como
remedio contra la depresión, ya que su consumo puede potenciar los riesgos y efectos de
esta enfermedad y consiguientemente aumentar las conductas peligrosas al volante.

Si se está en una fase aguda de depresión, debe evitarse el uso del vehículo ya que
aumentarían las posibilidades de sufrir un accidente.

Otra de las enfermedades anteriormente descritas es el estrés, que se caracteriza por un


estado psicobiológico con efectos positivos y negativos, que se produce generalmente
cuando el individuo se encuentra inmerso en una situación de sobreexigencia física o
psíquica.

El ritmo de vida acelerado, la sobrecarga de trabajo, problemas de inseguridad o frustración


profesional, la excesiva estimulación ambiental, marcarse metas excesivamente elevadas,
trabajar en un ambiente excesivamente competitivo, son alguna de las situaciones que
pueden dar lugar a la aparición de estrés.

La situación de estrés se caracteriza por una primera fase de alarma, en esta primera
etapa se activa el hipotálamo, la corteza cerebral, la formación reticular, el sistema límbico,
el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino. Esto trae consigo una mayor
capacidad de reacción, una mejora de los umbrales sensoriales, una potenciación de los
mecanismos de alerta y en general un aumento de las funciones vitales. Estos efectos no
deberían ser perjudiciales para la conducción, sin embargo, implican en el conductor un
mayor nivel de agresividad y comportamiento competitivo, impaciencia, aumento a la
predisposición a realizar una conducción temeraria, mayor predisposición a tomar
decisiones arriesgadas y en general, una mayor tendencia a no respetar las señales y
las normas de circulación.

La segunda fase, denominada de resistencia, se caracteriza porque el organismo resiste


aumentando sus defensas y manteniéndolas durante mucho tiempo, lo que conduce poco a
poco a la tercera etapa del estrés que denominamos la fase de agotamiento.

En esta última fase se deteriora la habilidad para integrar información y realizar funciones
analíticas, disminuye el nivel de atención y concentración ante los estímulos (luces, señales,
etc). En esta etapa es recomendable prescindir del vehículo o utilizarlo bajo un control
riguroso sólo cuando sea sumamente imprescindible.

Si se tiene estrés se debe conducir con prudencia y lo mejor es acudir a un especialista en


este tipo de trastorno.

Clasificación de tipos de accidentes en las que afectan


factores psicológicos
 Conducción irresponsable: Niños en el asiento delantero, furgonetas con mercancías, hablar en la
conducción, fumar, ingerir drogas, alcohol o fármacos en la conducción, etc.
 Conducción agresiva: Hacer carreras en las vías públicas, cambios bruscos en la velocidad,
adelantar sin mantener distancias, etc.
 Conducción descortés: No indicar debidamente los giros, detenciones, adelantamientos, no dar
luces durante la noche, etc.
 Posición incorrecta: circular por carril inadecuado, no ceder el paso, no atender a las señales, etc.
 Conducción entorpecedora: Conductores que van de paseo, conductores lentos que no dan paso,
atascos de tráfico, etc.
 Conducción autosuficiente: No dar preferencia de paso, vehículos rápidos, etc.
 Conducción con visibilidad restringida: Conducción tras ingerir fármacos o drogas, escasa
visibilidad en la carretera debido a la lluvia o niebla, adelantamientos en cambios de rasante, etc.
 Conducción descuidada: Cerrar el paso y dificultar maniobras, no hacer uso de espejos
retrovisores.
 Agresividad en la conducción: la agresividad en la conducción es uno de los factores por los
cuales se producen más accidentes de tráfico. Un indicador muy común son los toque de claxon,
gestos y comentarios exagerados. Estas manifestaciones agresivas las muestran todo tipo de
conductores y no sólo aquellos con especiales rasgos agresivos.
 https://www.seguridad-vial.net/conductor/seguridad-en-la-circulacion/44-factores-
psicologicos