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Ciclo del agua

1- Un ciclo sin fin

El agua existe en la Tierra en tres estados: sólido (hielo, nieve), líquido y gas (vapor de
agua). Océanos, ríos, nubes y lluvia están en constante cambio: el agua de la superficie
se evapora, el agua de las nubes precipita, la lluvia se filtra por la tierra, etc. Sin
embargo, la cantidad total de agua en el planeta no cambia. La circulación y
conservación de agua en la Tierra se llama ciclo hidrológico, o ciclo del agua.

Cuando se formó, hace aproximadamente cuatro mil quinientos millones de años, la


Tierra ya tenía en su interior vapor de agua. En un principio, era una enorme bola en
constante fusión con cientos de volcanes activos en su superficie. El magma, cargado
de gases con vapor de agua, emergió a la superficie gracias a las constantes
erupciones. Luego la Tierra se enfrió, el vapor de agua se condensó y cayó nuevamente
al suelo en forma de lluvia.

2- El ciclo hidrológico

El ciclo hidrológico comienza con la evaporación del agua desde la superficie del
océano. A medida que se eleva, el aire humedecido se enfría y el vapor se transforma
en agua: es la condensación. Las gotas se juntan y forman una nube. Luego, caen por
su propio peso: es la precipitación. Si en la atmósfera hace mucho frío, el agua cae
como nieve o granizo. Si es más cálida, caerán gotas de lluvia.
Una parte del agua que llega a la tierra será aprovechada por los seres vivos; otra
escurrirá por el terreno hasta llegar a un río, un lago o el océano. A este fenómeno se
le conoce como escorrentía. Otro poco del agua se filtrará a través del suelo, formando
capas de agua subterránea. Este proceso es la percolación. Más tarde o más
temprano, toda esta agua volverá nuevamente a la atmósfera, debido principalmente a
la evaporación.

Al evaporarse, el agua deja atrás todos los elementos que la contaminan o la hacen no
apta para beber (sales minerales, químicos, desechos). Por eso el ciclo del agua nos
entrega un elemento puro. Pero hay otro proceso que también purifica el agua, y es
parte del ciclo: la transpiración de las plantas.

Las raíces de las plantas absorben el agua, la cual se desplaza hacia arriba a través de
los tallos o troncos, movilizando consigo a los elementos que necesita la planta para
nutrirse. Al llegar a las hojas y flores, se evapora hacia el aire en forma de vapor de
agua. Este fenómeno es la transpiración.
El agua
La molécula del agua es dipolar; o sea, presenta un polo positivo y uno negativo. Es
una molécula formada por dos elementos: oxígeno e hidrógeno, en la siguiente
proporción: una parte de oxígeno y dos partes de hidrógeno, unidos por medio de
enlaces y representada por H2O.

Esta estructura le permite que muchas otras moléculas iguales sean atraídas y se
unan con gran facilidad, formando enormes cadenas que constituyen el líquido que
da la vida a nuestro planeta: el agua.
Las propiedades del agua
Aunque mires el agua de mar muy azul o, en una laguna, muy verde, al tomar en tu
mano un poco de esas aguas verás que no poseen ningún color (incoloro), no tiene
olor (inodoro) y en el caso del agua potable, esta tampoco tiene sabor.
Este líquido tiene densidad, que es la relación entre la masa y el volumen. De ahí
que un kilo de agua ocupe el volumen de un litro.
Al igual que el aire, el agua tiene una fuerza con la que empuja; esta se llama
presión. El agua por sí misma no posee una forma definida. Por eso es que toma la
forma del recipiente que la contiene.
La temperatura y la presión atmosférica determinan los diferentes estados del agua.
Así, a una temperatura de 0° C se produce la congelación, con la que el agua se
convierte en hielo. En cambio, a una temperatura de 100° C, el líquido se transforma
en vapor y este proceso se llama ebullición.
Así, cuando el sol calienta el agua, esta se convierte en vapor de agua. Algo similar
ocurre cuando se calienta el agua en una cafetera: al ebullir, sale un humo blanco,
el vapor.
El agua puede, también, pasar directamente del estado sólido al gaseoso, y este
proceso se llama sublimación. Esto se produce cuando el vapor de agua, que pesa
menos que el aire, sube a grandes alturas en la atmósfera y forma nubes. Estas, al
enfriarse, hacen que el agua se transforme en hielo y adquiera el estado sólido, el
cual, dependiendo de la temperatura del momento, puede precipitar a la superficie
terrestre en forma de nieve y de granizo.
En los polos del planeta las temperaturas son permanentemente bajas, lo que
provoca la formación de grandes masas de hielo, tan inmensas como continentes.
El papel del agua en la naturaleza
El agua es la sustancia más abundante sobre la Tierra y constituye el medio ideal
para la vida.
Cada océano, río o lago posee su propia flora y fauna, adaptada a vivir ahí. Por esa
razón, la mayoría de los organismos marinos no pueden vivir en agua dulce, como
tampoco los seres dulceacuícolas podrían hacerlo en el medio marino.
Dentro de los recursos hídricos de nuestro planeta, el mar es el que encierra las
formas más variadas de vida, desde la más microscópicas o simples, formadas por
una sola célula, como los protozoarios, hasta las gigantescas ballenas. Las aguas
dulces también poseen gran diversidad de organismos, tales como numerosas
plantas que sirven de alimento a los peces herbívoros.
El agua resulta esencial para todos los seres vivos que habitan este planeta, porque
forma parte, en mayor o menor proporción, de la constitución de cada uno de ellos.
Así, por ejemplo, constituye el 98% en un melón, el 80% en un pez y el 65% en un
ser humano.
En el caso del hombre, este necesita más del agua que de cualquier otro alimento
para sobrevivir, ya que en la formación y funcionamiento de nuestro organismo se
requiere de este vital compuesto. De hecho, si nuestros pulmones no estuvieran
siempre húmedos, no podríamos respirar. Si la saliva no mojara el alimento, no
podríamos ingerirlo. Sin el agua, que forma parte de la sangre, no se transportarían
los alimentos por todo el cuerpo y nuestras células no se alimentarían y tampoco
podrían eliminar las toxinas. Y si las lágrimas no humedecieran nuestros ojos, estos
se irritarían.