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LA MÚSICA COMO ELEMENTO NECESARIO EN LA NATURALEZA HUMANA

Un breve ensayo basado en el escrito: “La Sombra de Pitágoras” – Rafael Fernández de Larrinoa

“Lo imperfecto tiende a su perfeccionamiento”

Por: María Emilia Montoya Montesinos

El hombre tiende, ontológicamente, y por naturaleza, a la perfección de su propio ser. Lo finito, lo


condicional y lo imperfecto despiertan en él un anhelo de infinitud y perfección. A pesar de verse
limitado por su propia naturaleza corpórea, el ser humano es capaz de procesar la información
percibida del mundo, e internalizarla a un nivel abstracto. La música es, probablemente, el
ejemplo más puro de ello, dado que no es necesario el estudio intensivo de la materia para poder
apreciar e disfrutar de su mensaje como receptor.

Un estudio de la historia de la humanidad nos conduce a concluir que el hombre ha buscado


siempre perfeccionar sus instituciones, tanto humanas, como jurídicas, políticas, religiosas, entre
otras. Este sentido de perfección no se puede hallar más allá del orden mismo que dicta la
naturaleza, tanto en el sentido de las leyes de la física y de la metafísica. Así también ha sucedido
con las estructuras musicales, partiendo de la mera aplicación a priori, al estudio, y del estudio a la
aplicación.

Rafael Fernández, en su escrito “La Sombra de Pitágoras”, no hace otra cosa que demostrar
aquella inclinación natural del ser humano a ordenar y comprender su actuar. Desarrollando
brevemente algunas de las tendencias predominantes en algunos contextos culturales.

La teoría pitagórica del funcionamiento armónico significó un pilar fundamental para el desarrollo
posterior de la teoría musical en general. Si bien no debemos olvidar que el uso de las notas
musicales en escalas pentatónicas, partiendo de la lógica de la octava y la quinta - trina harmonie
perfectio (desarrollada posteriormente a partir del dogma de la Santísima Trinidad)-, fue utilizada
en culturas alrededor del mundo y a lo largo de la historia; tampoco podemos obviar el hecho de
que en Europa se desarrollaron las principales teorías musicales que influenciaron a todo
occidente.

Esta evolución de la teoría musical no hubiese sido posible si no se hubiese dado la emancipación
de la música de los preceptos religiosos católicos medievales escolásticos, que, si bien en un
primer momento coadyuvaron a desarrollar los parámetros de medición musical elementales –
como la notación, el pentagrama-, también es cierto que limitaron arbitrariamente el uso de los
aquellos recursos armónicos, que fueron prohibidos por considerarse libertinos y que instigaban a
conductas reprochadas por la iglesia Católica.

El enfrentamiento con esta represión musical que ejercía la iglesia católica, fue determinante para
el desarrollo de la armonía. Es así que surgen grandes “pensadores musicales”, que ofrecían
propuestas, dentro o fuera de la iglesia, que rompían antiguos paradigmas. Hasta lograr así una
uniformidad musical, el temperamento, y la utilización de armonías antes prohibidas, pero
sumamente preciosas.

Este estudio no ha podido realizarse, sino, observando el mismo comportamiento del hombre, la
música ha nacido de él, aunque el sonido y su comportamiento estuvieran ya determinados por la
física, pero es el ser humano quien la ha ordenado y desarrollado a un nivel metafísico, y se ha
permitido abstraerla y anonadarse con ella. 1

Es en esta claridad que reside la búsqueda incesante de perfección musical: poder transmitir un
mensaje que sea susceptible de ser abstraído y comprendido por el receptor, al punto de que
altere su psiquis a priori, es decir, sin necesidad de pasar por el plano de análisis racional. Es esta, y
no otra, la finalidad del mensaje musical.

Dicha alteración del ánima, está íntimamente relacionada con el funcionamiento armónico y
rítmico de un arquetipo musical. Es evidente que determinadas construcciones armónicas,
melódicas o contrapuntísticas alteran el estado de ánimo y lo conducen hacia una emotividad en
particular. Dicha evidencia ha levantado la curiosidad, incluso, de los más grandes pensadores de
la historia, los cuales, a través de la observación de la física, el estudio de la metafísica, la
antropología, y la musicología, la etnomusicología, la aritmética, la psicología, entre otras; han
logrado establecer parámetros del funcionamiento musical, uniformizando caracteres
íntimamente relacionados con la matemática y la lógica.

Sin embargo, en lo que respecta al arte, y sobre todo a la música, es imposible dejar de lado la
concepción antropológica de belleza, pues tal pretensión terminaría por desvirtuar la naturaleza
artística de la misma. Es así que el estudio de la música se configura como uno de los más
complejos que ha podido realizar el ser humano, pues, a pesar de tener un carácter matemático
ínsito, no es del todo exacta, dado que alega, también, a aquel ámbito subjetivo del ser humano
relacionado con el gusto y el disfrute, directamente relacionados con el contexto social, histórico,
cultural, entre otros.

Esta interacción entre objetividad y subjetividad que se desprende de la música, resulta


sumamente interesante, sobre todo por su impacto en las sociedades e individuos, la influencia
socio histórica que han tenido los diferentes acontecimientos y procesos culturales, y la necesidad
que existe de aproximar elementos subjetivos del ser, al ámbito objetivo, para lograr apreciar la
belleza en su estado más perfecto; sin embargo, este objeto de estudio corresponde a otro

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Me surge el siguiente cuestionamiento: ¿el hombre ha creado las “reglas básicas del constructo musical”?, o ¿es acaso
que están relacionadas a su propia naturaleza, y se dejan descubierto en sus tendencias intrínsecas, tan solo para que él
pueda apreciarlas, y así estudiarlas, y comprenderlas? Es decir: las crea, o las aprende de su comportamiento natural.
Dicha interrogante me surge de una comparación con el Derecho y la Justicia, pues ambas son realidades intrínsecas a la
naturaleza del ser humano, que se han dejado de relieve y se han podido determinar a través de la observación de su
comportamiento en sociedad y sus tendencias e inclinaciones naturales, que bien describía, ya, Santo Tomás de Aquino.
Hasta este punto, me atrevería a decir que, dado que las tendencias armónicas más básicas se encuentran con suma
similitud en sociedades antiguas, imposibles de haberse encontrado en algún punto de la historia, parece ser que su
naturaleza ha conducido al hombre a dichas tendencias en algún punto de su desarrollo social y evolutivo, y que es muy
probable que la inclinación natural humana determine las reglas, y no nosotros, que solo nos limitamos a
desentrañarlas, y crear a partir de dichos constructos básicos y elementales. -> ¿La música tiene “vida propia”?
análisis, que, por más intención que pretenda quien escribe, desbordaría inmensamente del tema
a tratar.

Una comparación pertinente, salvando las claras diferencias, podría avocarse a la construcción
musical armónicamente correcta, que logra alterar la emotividad humana sin mayor elemento
extrínseco, con el arte literario; y aquella construcción musical armónicamente impecable, pero
que olvida la emotividad, con el texto filosófico. El segundo constituye un constructo musical,
estructural y matemáticamente correcto, pero que no alcanza la perfección artística, la cual debe
superar los límites de la mera racionalización de los elementos, a manera de ciencia, o filosofía; y
reside en el equilibrio entre el uso impecable de los recursos musicales, la estética, y la técnica –
correspondientes al ámbito objetivo-, y la potencia emotiva del mensaje, la belleza, y la alteración
del estado de ánimo –correspondientes al ámbito subjetivo-.

La música, a lo largo de la historia de la humanidad, ha desempeñado un rol fundamental para el


desarrollo de las sociedades y comunidades humanas. El hombre se ha servido de ella para lograr
la armonía entre sus similares, es innegable que la música permite un acercamiento entre los
mismos. Esto se debe, en gran parte, a que la música tiene la capacidad de alterar el animus de los
sujetos que pueden participar de ella y percibirla se manera sensible - a través de los sentidos-, y
con mucha mayor medida, a aquellos seres racionales que son capaces de internalizarla y
relacionarla con emotividades mucho más complejas, pudiendo participar de ella, incluso,
entitativamente. La música debe buscar humanizar al hombre, y sacar de él lo más precioso de su
naturaleza, en la cual reside, resaltando lo más puro de su emotividad, apelando a su razón, y
perfección.
BIBLIOGRAFÍA

- DOSSIER – “La Sombra de Pitágoras”, Textos: Rafael Fernández de Larrinoa.


file:///F:/Dossier,%20La%20sombra%20de%20pitagoras-%20música%20medieval.pdf,
visto el 29/06/2016.