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Universidad Alberto Hurtado

Carrera de Sociología
Sociología del Género —2017
Adolfo Maza Peña
Evaluación 2: Trabajo aplicado

JÓVENES CHILENOS ACTUALES Y SUS INSERCIONES EN LAS


REPRESENTACIONES SOCIALES ASOCIADAS AL MODELO DE
FAMILIA DE “HOMBRE PROVEEDOR” Y “MUJER DUEÑA DE
CASA”
UN ESTUDIO EXPLORATORIO CUANTITATIVO

1. Introducción

Al momento de hablar de modelo de familia de hombre proveedor y mujer dueña de casa


o cuidadora (desde ahora modelo familiar HPyMC) hay que poner relevancia al término que
compone la centralidad del concepto, el de familia. Según Kong y Moreno (2014), la
definición de familia está ceñida a las relaciones sociales de parentesco entre distintos
individuos, la que genera una serie de estrategias que permiten la (re)producción de sus
condiciones objetivas e intersubjetivas de existencia. Los autores diferencian el término
familia de hogar, el que tendría referencia a las unidades económicas domésticas. Por lo tanto,
es posible distinguir que la unidad doméstica puede ser solamente la expresión nuclear de un
sistema familiar más amplio.

Sin embargo, el modelo familiar HPyMC representa de antemano la figura de familia


nuclear. Esta idea contrasta con lo dicho por Valdivia (2008), que establece que el concepto
de familia es un sistema complejo, ya que agrupa tanto la sucesión generacional y relaciones
sincrónicas de una línea particular de parentesco. Por lo tanto, el modelo familiar HPyMC
sería una reducción arbitraria e histórica, que supone la primacía reificada de la familia
nuclear equivalente a la “familia triádica o parental” (Madre, Padre e hijo), como
representación normativa de lo familiar (Cadenas, 2015). De esta manera, el modelo de
familia parental resulta ser un constructo social fijo que supone papeles funcionales y
restringidos a la mujer-esposa (establecidos al trabajo doméstico y de cuidado) y al hombre-
marido (autoridad y reglamentación de la vida de los hijos y su mujer, además de proveer a
la familia), que habitan un espacio común donde desarrollan las prácticas y existencias
familiares, el que sería el hogar o unidad doméstica (Valdivia, 2008).

Lo interesante es que en la historia de Chile las formaciones familiares nunca tuvieron


un modelo común, salvo en el periodo histórico ligado a los procesos de modernización
industrial de mediados del siglo XX. Inclusive, en la actualidad hay un claro declive del
modelo de familia HPyMC (Valdés, 2004). Ante este proceso social y demográfico, se inserta
una primera pregunta acerca de las representaciones sociales ligadas a un concepto de familia
que siguen aún insertándose en el discurso normativo del modelo tradicional. En esta
tematización de las dinámicas socioculturales y sociodemográficas, se visualiza un vacío

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teórico que deja en incógnita la relación entre los jóvenes y tales representaciones vinculadas
a familia HPyMC. Con este problema presentado, la presente investigación se elabora desde
la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuáles son los niveles de inserción a las
representaciones sociales vinculadas a los modelos de familia HPyMC en los actuales
jóvenes chilenos actuales?.

El objetivo general de esta investigación es explorar los niveles de inserción a las


representaciones sociales vinculadas a los modelos de familia HPyMC en los actuales
jóvenes chilenos acuales. Se diseñaron dos objetivos específicos, los cuales son: (1) indagar
las tendencias centrales en la variación de los niveles de inserción en las representaciones
sociales vinculadas a los modelos de familia HPyMC en los actuales jóvenes chilenos; y, (2)
analizar el comportamiento de los niveles de inserción en las representaciones sociales
vinculadas a los modelos de familia HPyMC con distintas categorizaciones de la juventud.
El primer objetivo se realizará mediante la aplicación de estadísticos de tendencia central en
los niveles referidos, y la segunda haciendo un análisis descriptivo bivariado del nivel
señalado con variables demográficas.

2. Revisión de literatura

2.1. Diversidad diacrónica del modelo familiar chileno

Al contrario de lo que puede pensarse desde el sentido común, las relaciones familiares
nucleares no tenían necesariamente su centro en el modelo familiar tradicional. Lo que
muestra la literatura que trabaja el tema presentado es que, a lo largo de la historia de Chile,
hay diversas modalidades familiares, los que muestran transformaciones por efecto de la
estructura socioeconómica, la matriz política-institucional y las coyunturas históricas
específicas.

Salazar (1990) realiza un importante aporte a la historia de las formaciones familiares y


el problema de la ilegitimidad a los inicios del Chile republicano. Sería forzar los
acontecimientos señalar la existencia de un modelo familiar en este periodo, pues se remarca
la fragmentación familiar y la ilegitimidad. En concreto, los padres que eran peones o gañanes
no podían solventar económicamente una vida familiar y matrimonial, por lo que era habitual
que deambularan buscando empleos esporádicos en distintas zonas rurales. Por otra parte, los
inquilinos usualmente se establecían una vida familiar cruzada por los abusos de sus patrones.
Con respecto a la precaria situación de las madres, estas tenían pocas alternativas: podían
abandonar a la cría a su suerte o, si la conservaban, subsistir en labores ligadas
tradicionalmente a lo femenino.

A fines del siglo XIX se empieza a vivenciar un proceso de industrialización vinculado


a nuevas fases de urbanización. En ese contexto, las mujeres ingresan masivamente al empleo

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manufacturero, lo que se relaciona con el aumento de viviendas precarias en los intersticios


de la ciudad de Santiago (Salazar, 1990; Hutchison, 2001). La fuerza de trabajo femenina se
vuelve prontamente un grupo poblacional relevante. A partir de este momento se puede hablar
específicamente de formaciones familiares cercanas a los modelos tradicionales, donde
aparece el padre en la vida familiar del floreciente proletariado urbano.

Con el fortalecimiento de la sociedad industrial y la consolidación de la clase obrera, el


Estado inicia un proceso de tutelaje asistencialista e higienista que respondió al agravamiento
de la “cuestión social”. Con la primera implementación de sistemas de protección social, se
partió además con la “familiarización” de los sectores populares, dando origen a beneficios
estatales entregados por relaciones parentales oficializadas y el reconocimiento de los hijos
de la familia (Valdés, 2004). Esta fase de corta duración de implantación del modelo familiar
HPyMC está enmarcado en los proyectos del Frente Popular, donde la problemática de la
pobreza se conectó con la ilegitimidad (Rosemblatt, 1996). Lo llamativo en este punto es
cómo se superpuso el horizonte normativo estatal con los resabios del conservadurismo
católico. En efecto, el proyecto del Frente Popular produjo sus dispositivos de intervención y
planificación familiar por parte del Estado con los presupuestos naturalizados acerca de los
roles de género de sistema de creencias católico.

En el periodo de modernización neoliberal iniciado definitivamente en la década de los


ochenta, las concepciones de la “familia obrera” muestra un radical declive. En parte, el
mundo del trabajo sufre importantes transformaciones, lo que se manifiesta en la
desregulación, precarización y flexibilización laboral. Como expone Valdés (2004), los
cimientos institucionales (salario familiar y maternidad moral) donde se levantó el modelo
familiar HPyMC fueron retirados abruptamente, dejando inestables las representaciones
socio-normativas de la familia chilena. Un factor importante fue la consolidación de la
educación profesional y técnica, lo que generó nuevas disposiciones en la construcción de
trayectorias y proyecciones individuales relacionadas al ingreso óptimo al mercado laboral.
Los efectos son ostensibles: fuerte disminución de la tasa de nupcialidad y reducción en los
miembros de las familias. Sumado a la legalización del divorcio, más otras leyes que
difuminaron las formas familiares tradicionalistas, se concibe una transformación diversa de
la organización familiar.

Estas transformaciones que se resumen en el auge y declive del modelo de familia


HPyMC sin dudas pueden estar conectadas con variaciones socioculturales, más cuando el
mismo concepto de género no es pensable si no se abre una veta que problematice las
relaciones sociales desiguales establecidas por las diferencias sexuales (PNUD, 2010). Con
esta afirmación, se abre un último tema entorno a los cambios en las representaciones sociales
del género y su conexión con el modelo de familia tradicionalista.

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2.2. El modelo familiar HPyMC y su relación con la cultura juvenil actual

Cuando se habla del componente cultural del modelo familiar HPyMC se pretende
retratar una tendencia que se ancla en el discurso conservador-católico de la familia
tradicional. Esta asigna labores estrictamente diferenciadas y desiguales según el género de
los padres. Un modelo de familia como el trabajado necesariamente se preserva
transgeneracionalmente por no solo influencias institucionales o económicas, pues se necesita
a su vez una plataforma cultural para perpetuarlo. Siguiendo el trabajo del PNUD (2010),
cuando se hable de cultura en este artículo se estará refiriendo a un “conjunto de significados
y valores más o menos compartidos que produce una sociedad para orientar y hacer posibles
las relaciones de las personas entre sí y con las instituciones” (p. 52). A su vez, el modelo
tradicional de familia se conserva ya que es una representación social. Se puede comprender
este concepto como un mapa intersubjetivo que da significación contextual a discursos
generalizados. Las representaciones además dan versatilidad a las construcciones de sentido.
Por último, permiten elaborar identidades que entren en relación con los roles que proveen e
imponen los discursos sociales.

El modelo familiar HPyMC aún persiste por más cambios estructurales que haya tenido
la sociedad chilena. Si bien es innegable que puedan existir transformaciones en las
representaciones sociales de la mujer, Valdés (2004) muestra que aún persiste el imperativo
de la “buena madre”, el que se resiste a modificar las relaciones de géneros desplegadas en
la vida conyugal y a equilibrar el trabajo reproductivo con sus compañeros. Antes de seguir,
es importante señalar que el texto de Valdés no revisa la influencia de la pareja masculina en
la mantención de este tipo de relaciones familiares. Este punto se busca aclarar, pues el
informe del PNUD del año 2010 muestra que aún permanece, por parte de los hombres, la
vinculación de la mujer a valores tradicionalistas; e incluso, en términos generales, se sigue
manteniendo la asociación entre lo femenino, lo familiar y la maternidad. Desde otra arista,
el hombre se sigue representando con los patrones del “hombre proveedor”.

El estudio consultado indica que, si bien la profundización en el acceso democrático al


sistema educativo ha estado vinculado a avances en la modificación en las representaciones
sociales del modelo familiar de HPyMC, este sigue preservando prácticas y discursos que
reproducen las representaciones tradicionalistas en los segmentos más jóvenes de la
población (PNUD, 2010). Resulta llamativo este dato, pues Gutiérrez y Osorio (2008)
afirman que hay un importante debilitamiento de los modelos tradicionales de familia,
habiendo conmutaciones particulares según la ubicación de los agentes en la estructura de
clases. Según los investigadores, habría una manifiesta merma del modelo hegemónico de
masculinidad en la sociedad y en los jóvenes. Habiendo una contradicción teórica entre estos
dos argumentos, la presente investigación armará su hipótesis según lo trabajado por

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Gutiérrez y Osorio (2008), afirmándose de que los jóvenes ya no tienen una inserción intensa
en las representaciones sociales del modelo familiar de HPyMC

3. Metodología

Para esta investigación se utilizaron los datos disponibles de la “Octava Encuesta


Nacional de Juventud 2015” desarrollada por el Instituto de la Juventud, perteneciente al
Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de Chile. El tamaño de la muestra es de 9.939
casos, y fue usado un muestreo probabilístico trietápico. El margen de error se establece en
+/- 1.01%, a nivel nacional, con un nivel de confianza del 95%. Con estos datos se permite
demostrar que los datos son representativos de todos los jóvenes del país (individuos que se
insertan en un rango de edad que se fija entre 15 y 30 años).

Para la realización del estudio, se generó un índice que refiere a los niveles de inserción
de los individuos jóvenes a las representaciones sociales vinculadas a los modelos de familia
HPyMC. Para la producir el índice se cruzaron cinco variables ordinales con escalas de
respuesta de tipo Likert:

1) P.18.1 ¿Y qué tan de acuerdo estás tú, con las siguientes afirmaciones? "Cuidar a los/as
hijos/as es tarea principalmente de la mujer".
2) P.18.5 ¿Y qué tan de acuerdo estás tú, con las siguientes afirmaciones? "Mantener
económicamente a la familia es tarea principalmente del hombre".
3) P.18.6 ¿Y qué tan de acuerdo estás tú, con las siguientes afirmaciones? “Por lo general,
las mujeres que tienen hijos se sienten más realizadas que aquellas que no tienen hijos.
4) P.18.7 ¿Y qué tan de acuerdo estás tú, con las siguientes afirmaciones? Salvo
excepciones, las mujeres tienen menos capacidad que los hombres para desarrollar
cargos de alta responsabilidad".
5) P.18.8 ¿Y qué tan de acuerdo estás tú, con las siguientes afirmaciones? "Es normal que
los hombres ganen más dinero que las mujeres pues tienen una familia que mantener"

Las respuestas en cada una de las cinco preguntas se ordenan de 1 (muy en desacuerdo)
a 5 (muy de acuerdo). Para la conformación del índice, en primer lugar, se hicieron sumas
simples de las respuestas de las cinco variables señaladas, lo que daba un rango de 5 a 25.
Este último valor se asocia a una completa inserción del individuo en las representaciones
sociales vinculadas a los modelos de familia HPyMC. Además, se realizaron pruebas
estadísticas en las variables cruzadas para revisar unidimensionalidad y consistencia (Alfa de
Cronbach: 0.741; valor propio [eigenvalue] factor 1: 2,468). Posteriormente, ya obtenido la
máxima puntuación de índice, se aplicó la siguiente fórmula para generar un índice que diera
un valor 100 en la puntuación final de la variable:

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𝑃1 + 𝑃2 + 𝑃3 + 𝑃4 + 𝑃5
Í𝑛𝑑𝑖𝑐𝑒 = ( ) ∗ 100
∑ 𝑃𝑛

Para mejorar las posibilidades interpretativas del índice generado se recodificó la variable
para generar una métrica ordinal. Mediante el comando de agrupación visual del paquete
estadístico SPSS se elaboraron cuatro categorías, las que se ordenan por niveles de inserción
en las representaciones de familia HPyMC. Estas son: Nivel bajo ([20, 40[), nivel medio-bajo
([40, 60[), (3) nivel medio-alto ([60, 80[), y nivel alto ([80, 100]). Esta nueva variable
dependiente es la que se utilizó en el estudio.

4. Presentación de resultados

Lo primero que se puede afirmar es que existe una notoria aversión en la inserción de los
jóvenes chilenos en las representaciones sociales del modelo de familia HPyMC —nivel que
ahora se denominará NIRS-HPyMC—, lo que va a tono con la hipótesis plantada. Según el
gráfico 1, se puede observar que la concentración de los casos está distribuida en las
puntuaciones inferiores. Estos primeros datos resultan ser los indicios de que la juventud
chilena efectivamente se ubica en una comprensión distinta de la organización tradicionalista
de las constelaciones familiares.

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Gráfico 1: Gráfico de barras de NIRS-HPyMC

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos de la Octava Encuesta Nacional de


Juventud 2015 (INJUV, 2015).

Como se verá más adelante, esta tendencia se extrapola a distintas categorías de jóvenes.
Por consiguiente, es posible que se esté presenciando variaciones estructurales en el campo
de las significaciones culturales asociadas al comprender la familia en los jóvenes chilenos
actuales. Según el informe de la Encuesta Nacional de Juventud 2015 del Instituto de la
Juventud, se perciben cambios con respecto al sistema de valores de este tramo etario, los que
van teniendo mayor cercanía a discursos normativos y morales asociados a visiones
postmaterialistas, a y posicionamientos liberales en cuanto a temas valóricos.

No obstante, uno de los puntos que trata dicho informe es que este fenómeno se relaciona
al mayor ingreso de personas al sistema educacional, teniendo relevancia el acceso a la
educación superior (INJUV, 2015). Dicha afirmación va a tono con lo desarrollado por Diez
(1992) acerca del despliegue de un mejoramiento en materia de seguridad económica y
personal, factores que se conectan con valoraciones postmaterialistas. En esa línea de
interpretación, es posible además afirmar que el posicionamiento social de mayor estatus
implicará mayor inserción en los ideologismos progresistas y postmaterialistas.

Tales ideas resultan llamativas al ser contrastadas con la información empírica producida
para el presente estudio (gráfico 2). Un primer punto a destacar es que el nivel medio-bajo es
levemente mayor al nivel bajo en los grupos socieconómicos E y D (los que generalmente

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son identificados con los sectores vulnerables de la población), inclinación que rápidamente
se modifica al entrar al grupo C3, los que son retratados como la clase media-baja según
especialistas ligados a estudios de mercado y consumo (AIM, 2012). Sin embargo, las
tendencias descritas anteriormente se mantienen por sobre factores señalados en el párrafo
anterior. De este modo, sigue siendo patente que la transformación en el ámbito de las
representaciones sociales acerca del modelo antes hegemónico de familia esté en claro
declive en la juventud.

Gráfico 2: Gráfico de barras de cruce variables NIRS-HPyMC y GSE

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos de la Octava Encuesta Nacional de


Juventud 2015 (INJUV, 2015).

Como destacan Ruiz y Boccardo (2015), las clasificaciones usadas para estratificar
provenidas de investigaciones de mercado no pueden resultar eficientes para comprender la
estructura social, pues tienen inconvenientes al comprender los cambios identitarias y
procesos sociales que se desarrollan según una historicidad dispuesta por diversas tensiones
sociales. Resulta interesante también que el último informe del PNUD en Chile (2017)
rechace, en lo teórico, el uso de las categorías de grupo socieconómico por resultar ser
unidimensionales y por su falta de adaptación a los cambios coyunturales desplegados en
último tiempo. Con estas formulaciones sobre la mesa se quiso hacer un esfuerzo para realizar

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un acercamiento parcial a otras maneras de describir la relación entre estructura social y el


tema trabajado en este informe.

De esta manera, se exploró descriptivamente el NIRS-HPyMC según las clases


ocupacionales de los jefes de hogar de los jóvenes chilenos (gráfico 3). Al igual que en el
gráfico anterior, las clases asociadas a los sectores bajos y medios de la población juvenil no
se asocian de manera firme a los modelos de familia tradicional. Lo más llamativo de estos
datos es que los hijos de la actual clase obrera no preservan los imaginarios instituidos por el
Estado y la Iglesia en el periodo nacional desarrollista, el que se puede asociar en primera
instancia a los proyectos de los frentes populares en Chile antes descritos (Valdés, 2014).
Colateralmente, se vuelve dificultoso sostener la hipótesis de la transformación de sistema de
valores desde un posicionamiento materialista a otro postmaterialista, más cuando se constata
en primer momento de que los jóvenes procedentes de familias con baja calificación, en
términos de su ocupación, no presentan cercanía estricta a las representaciones sociales
ligadas a una comprensión tradicionalista de los modelos familiares.

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Gráfico 3: Gráfico de barras de cruce variables NIRS-HPyMC y clase ocupacional

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos de la Octava Encuesta Nacional de


Juventud 2015 (INJUV, 2015).

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Con estos datos presentados pueden problematizarse otros aspectos, los relativos al nivel
educacional (tanto el de los jóvenes chilenos y el de los jefes de hogar). Según Valdés (2004),
serían las clases sociales donde se acumula un alto capital cultural el grupo social donde
comienza a emerger ciertos posicionamientos que implicarían valores progresistas. En otra
arista, esto deriva en un cambio de perspectiva con respecto a la familia y los roles de género,
habiendo así una modificación de los patrones culturales que implicarían disposiciones
compartidas en cuanto a concebir un hogar con relaciones equitativas de género. Mientras se
genera un descenso hacia los sectores precarizados de la sociedad, se mantienen las
representaciones ligadas a la constitución doméstica basada en orientaciones tradicionales —
aunque el contexto laboral impide que se puedan realizar de manera cabal tal modelo
establecido de familia—.

Gráfico 4: Gráfico de barras de cruce variables NIRS-HPyMC y nivel de estudios


(jefe de hogar)

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos de la Octava Encuesta Nacional de


Juventud 2015 (INJUV, 2015).

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En el gráfico 4 se observa nuevamente que la inserción en los niveles bajos y medios-


bajos sigue siendo la tendencia transversal en los jóvenes. Una primera inferencia es que el
capital cultural del hogar de procedencia aporte de manera somera a los conceptos de familia
que son compartidos por los jóvenes chilenos. En este punto es posible revisar lo señalado
por Valdés (2004), pues si bien puede concentrarse un esquema de sentido igualitario acerca
de la constitución familiar ideal en la unidad doméstica de ciertas clases sociales específicas
(las que se encuentran vinculadas a los altos niveles de estudio), los jóvenes que viven en
familias donde el jefe de hogar tiene un nivel educacional primario (incompleto o
completado) sigue presenciándose niveles bajos y medios-bajos (siendo el nivel con mayor
frecuencia el medio-bajo, seguido estrechamente por el nivel bajo). Otra inferencia en la
misma línea puede indicar que las representaciones sociales comunes de los adultos con
respecto a los modelos de familia no son transferibles de manera cabal a los jóvenes, los que
presentan de manera compartida ciertos patrones bajos de inserción a tales conceptos de
familia.

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Gráfico 5: Gráfico de barras de cruce variables NIRS-HPyMC y nivel de estudios


(individuos consultados)

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos de la Octava Encuesta Nacional de


Juventud 2015 (INJUV, 2015).

A diferencia de la gráfica anterior, el peso del nivel educacional con respecto al NIRS-
HPyMC está puesto en los mismos jóvenes. A partir del gráfico 5, se muestra que siguen
primando los niveles bajos y medio-bajos. A su vez, existen ciertas variaciones según el nivel
alcanzado dentro del sistema educacional. Así se registra que en las personas que solo han
cursado “educación básica” y “media técnica-profesional” la tendencia central está en el nivel
medio-bajo antes que en el nivel bajo. Incluso, en el primer nivel educacional nombrado
existe similitud entre el nivel inferior y el nivel intermedio-alto. En las otras categorías de
respuesta se encuentran resultados en las frecuencias similares a los gráficos anteriormente
presentados. Esto implica que la acumulación de conocimientos de índole científica y
humanista tendrá implicancias parciales en la forma de comprender la manera en que se la
organización de las tareas y labores familiares en relación a los roles de género.

Otra reflexión está puesta de infructuosa transferencia generacionales de las


representaciones sociales exploradas. En ese sentido, parece ser que el nivel educacional del

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jefe del hogar no tendría gran relevancia en este punto, pues es el desarrollo educacional
particular del joven el que tiene mayor peso con respecto a los modos de inserción en las
representaciones del modelo de familia de hombre proveedor y mujer cuidadora.

Antes de pasar a las conclusiones, queda una cuestión pendiente: ¿Cuáles son las
expresiones del índice elaborado según el género de los jóvenes consultados? Si bien tanto
hombres como mujeres comparten niveles bajos e intermedios-bajos de inserción, también se
observa que las mujeres presentan una concentración mayor en el nivel más bajo (gráfico 6).
Así, los hombres quedan fijados en primera instancia al nivel medio-bajo, para después pasar
al bajo. Este punto sigue la línea del gráfico anterior, pues implica que las experiencias
individuales dan chance a su nivel de inserción en las representaciones sociales del modelo
de familia MPyMC. Además, se muestra que la asignación a un género tiene implicancias en
la manera de comprender la familia y sus modelos de organización. En tercer lugar, lo
registrado en este gráfico muestra los posibles efectos del ingreso sostenido de la mujer al
mundo del trabajo profesional en el último tiempo (PNUD, 2010). Este planteamiento está a
tono con nuevos proyectos de vida personales y el despliegue de nuevas trayectorias
biográficas desenmarcadas de los imaginarios sociales dados por la generación pasada
(Chacón y Tapia, 2017).

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Gráfico 6: Gráfico de barras de cruce variables NIRS-HPyMC y género

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos de la Octava Encuesta Nacional de


Juventud 2015 (INJUV, 2015).

5. Conclusiones

Este estudio se realizó a partir de la construcción de un índice recodificado en una métrica


ordinal, con la que se estableció cruces descriptivos con distintas variables demográficas. El
principal resultado fue que los jóvenes chilenos son reticentes a insertarse en representaciones
sociales ligadas al modelo de familia basado en el hombre proveedor y la mujer dueña de
casa. Esto se define en los niveles en los que se posicionan, siendo en general la clasificación
de bajo nivel la con mayor concentración de casos (siendo después el nivel medio-bajo). Por
lo tanto, se muestra que culturalmente los jóvenes están en sintonía al declive
sociodemográfico de tal modelo de familia. Resulta entonces que los jóvenes actuales no son
un grupo social que asuma irreflexivamente los desiguales roles de género dentro de la unidad
familiar, lo que conlleva a la posible construcción de modelos que impliquen la modificación
de las prácticas que desplazan a la mujer a un rol subalterno dentro del seno familiar.

Con lo anterior expuesto, es posible constatar ciertos cambios culturales en los jóvenes
chilenos que rompen con un conjunto de significados asociados a imaginarios conservadores

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y tradicionalista con respecto al género y el sexo. Por consiguiente, la hipótesis exploratoria


queda confirmada.

Otro de los hallazgos fue que las categorías de jóvenes que se asignan a través de su
relación con la posición social de la familia de pertenencia (según jefe de hogar) no tienen
fuerte impacto en los niveles de inserción en las representaciones sociales ligadas al modelo
de familia HPyMC. De esta manera, será más relevante la inducción a ciertos niveles de
educación y el género al que pertenece la persona lo que mostrará variaciones en cuanto a los
niveles señalados (los que siempre se presentan dentro del nivel bajo y medio-bajo). Este
hecho puede mostrar que el factor que tiene mayor incidencia en el modo de insertarse en el
NIRS-HPyMC está demarcado en el ámbito individual por sobre lo estrictamente familiar.
Por ejemplo, pesará más su propio nivel educacional alcanzado que el del jefe de hogar.
Entonces, es posible ceñirse a lo ocurrido a fines del siglo XX con respecto a los cambios
demográficos en Europa, cuando las determinantes educacionales y la expansión del mercado
laboral profesional, sumado a la valorización de la esfera individual por sobre la colectiva,
transformaron socio-demográficamente la conformación familiar instituida (Lesthaeghe,
1994).

Este estudio no está absuelto de problemas, pues el análisis queda solo dentro de un plano
descriptivo exploratorio, el que no se solventa en pruebas paramétricas o análisis
multivariables que sirva para construir modelos de causalidad (como sería el caso del análisis
de regresiones). No obstante, los datos expuestos dan un primer acercamiento a un fenómeno
cultural que se viene gestando en la juventud actual chilena. Otra crítica que se puede
formular es el mismo objeto de estudio, ya que puede ser susceptible a cambios coyunturales
y biográficos. También es relevante afirmar que, si bien los jóvenes están alejados de las
representaciones sociales asociadas las formaciones familiares tradicionales, esto no tiene por
qué tener un correlato en las prácticas materiales concretas, donde puede seguir operando de
manera irreflexiva ciertos cánones de tal modelo de familia. Un último aspecto a reparar es
que no se generaron contrastes con la población adulta, lo que deja a este grupo etario en una
incógnita en su inserción a las representaciones sociales asociados al modelo de familia
HPyMC.

Para concluir, se puede establecer una agenda de investigación que indague los puntos
dejados sobre la mesa y que no pudieron ser trabajados en este estudio. De este modo, es
importante seguir revisando la relación entre las transformaciones culturales en torno a los
roles desiguales de género y los aspectos propiamente demográficos, para así dar fuerza a una
comprensión que integre las variadas dimensiones de lo social y sus tensiones relativas a
relaciones de poder que se dan en el espacio de las significaciones culturales de las diferencias
sexuales y sus prácticas materiales que las reproducen.

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6. Referencias bibliográficas

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Cadenas, H. (2015). La familia como sistema social: Conyugalidad y parentalidad. Revista


Mad, 33. Pp-28-41. Recuperado de:
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Chacón, F. y Tapia, M (2017). No quiero tener hijos (as)… continuidad y cambio en las
relaciones de pareja de mujeres profesionales jóvenes. Polis, 46. Recuperado de:
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Díez, J. (1992), Posición social, información y postmaterialismo. Revista Española de


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Instituto Nacional de la Juventud (2015). Octava Encuesta Nacional de Juventud 2015.


Recuperada de:
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Kong, C. y Moreno, P. (2014). Ser mujer en Chile: Madres jefas de hogar y política social
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