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[b24] Lima jueves 16 de setiembre del 2010 Por economíamínima informe manuel marticorena ahorro tradicional
[b24]
Lima jueves 16 de setiembre del 2010
Por
economíamínima
informe
manuel
marticorena
ahorro tradicional
Hay buenas y malas juntas
micROahORRO. ¿Quién no se ha topado alguna vez con una junta? Este sistema de reciprocidad ha permitido financiar créditos a la
gente que no puede acceder a los préstamos bancarios; sin embargo, también puede generar un riesgo a perderlo todo

No sé en cuántas juntas ha intervenido mi madre. De- ben ser más de cuarenta en los últimos veinte años. Apenas empecé a ganar un sueldo me pidió que parti- cipara en una de ellas para evitar que malgastara mi dinero. “¿Por qué no meter esa cuota en un banco?”, le preguntaba. “Porque sé que en cualquier momento te la vas a gastar”, respondía, lo cualeracierto. Ante esta insistencia, cedí en una oportunidad. Mensualmente, la señora Ana María (mi madre) ex- tendía la mano para pedir la cuota que se la llevaba a otra persona –desconocida para mí, pero de confianza de mi madre– a la que le daba mi dinero. Para Ana María, el beneficio de este sistema era palpable: con las juntas pagó su título, remodeló la casa, compró su refrigerado- ra y viajó a sitios donde siem- prequiso ir, quizáhasta con ellas me educó. Ella tiene una facilidad para desprenderse de par- te de su sueldo, confiarlo a la gente y esperar tranqui- lamente su retorno. Yo no. Por eso, para mí –una per- sona indisciplinada en el ahorro– la idea de una junta iba por otro lado. Mi imagi- nación jugaba especulando qué es lo que haría con tanto dinero reunido de porrazo para satisfacer mi ego. Así, empezaba a hacer planes de qué cosas com- prar. Los deseos se exten- dían a proyectos cuyo costo sobrepasaban la junta: un proyecto empresarial, un viaje al extranjero, la com- pra de un equipo de soni- do de última generación, etc. Pero cuando mi madre me metió en la junta, pidió el último número. En diez meses mis sueños langui-

ilustración: víctor aguilar

diez meses mis sueños langui- ilustración: víctor aguilar decieron. No recuerdo qué hice con ese dinero,

decieron. No recuerdo qué hice con ese dinero, es pro- bable que antes de recibirlo este ya estaba comprometi- do para pagar un préstamo. Lo que sí recuerdo es que la experiencia no me satisfizo, las juntas no eran para mí.

UN sistema

Para quien no sepa qué son las juntas, el sistema es bas- tante sencillo. Se trata de un acuerdo entre un grupo de personas que deciden apor- tar un monto fijo de dinero cada cierto período con la condición de que el dinero juntado se entregue a los aportantes por turno. Hay una persona que la orga- niza y se beneficia de tener el primer desembolso; sin

orga- niza y se beneficia de tener el primer desembolso; sin Lasjuntasson un sistema de reciprocidadcuyo

Lasjuntasson un sistema de reciprocidadcuyo mayor beneficio es tener un monto de dinero mayor que el que se puede ahorrar

tener un monto de dinero mayor que el que se puede ahorrar Las juntas, en diferentes

Las juntas, en diferentes dimensiones, se usan para la compra de vehículos, terrenos o, en los mercados de Lima,paracomprar mercadería

terrenos o, en los mercados de Lima,paracomprar mercadería embargo, su responsabili- dad no queda ahí, también

embargo, su responsabili- dad no queda ahí, también es responsable de cubrir la cuota en caso de que cual- quier aportante falte a su compromiso. Las juntas son un siste- ma de reciprocidad cuyo mayor beneficio es tener el monto del dinero en un me- nor tiempo que si cada uno de sus aportantes intentara juntar el dinero por separa- do.

Sin embargo, el sistema tiene muchas variantes. En la simple, se hace un crono- grama para el desembolso de acuerdo con un sorteo. En ese sentido, los más be- neficiados son las primeras personas que lo reciben co-

mo si fuera un crédito ban-

cariosinintereses;mientras que la última persona sor- teada no tiene ningún bene- ficio, más que solo el ahorro. Por esta razón algunas juntas contemplan un sis- tema de pago de cuotas mayores (un castigo) para aquellos que tienen la suer- te de tener los primeros nú- meros.Así,estemontoextra es destinado al que tenga el último número, con lo cual se lo premia por esperar. De esta naturaleza, por ejemplo, es el sistema ‘ta- nomoshi’, que se aplica en la colonia japonesa del país con la variante de que ‘el cas- tigo’ es establecido vía oferta a sobre cerrado por la perso- na interesada en obtener la junta antes.

Así, si en un ‘tanomoshi’ varios aportantes quieren te- ner acceso al fondo, ofertan en sobre cerrado un monto adicional. El ganador –que es el que más ofrece– ade- más de su cuota pagará lo ofrecido por lo que resta de la junta. Por ejemplo, si usualmente paga por cuota US$100, y oferta US$30 y gana, su nueva cuota será de US$130 hasta que acabe la junta, el monto extra lo reci- biránlosúltimosnúmeros. La colonia china también tiene algo parecido. Los sor- teos suelen ser realizados con cenas para socializar entre los participantes y al inicio de ella se suele estable- cer un reglamento de cómo se desarrollará la junta y los sistemas de compensación para losúltimosnúmeros.

mÁs QUe DiNeRO

Las juntas, en diferentes dimensiones, se usan pa- ra la compra de vehículos, terrenos o, en los mercados de Lima, para financiar la compra de mercadería. Un informe de Grade señala- ba que, entre otras moda- lidades de microahorro, el 79,4% de los comerciantes de Gamarra y el 83,6% del Mercado Central utilizan este sistema para obtener financiamiento. Sin embargo, no todo es color de rosa, es necesa- rio conocer el prestigio de los organizadores. Muchas veces estos no han podido responder ante incumpli- mientos de algunos de los aportantes, lo cual pone en riesgo el dinero ahorrado por las demás personas del grupo. Por ello, las juntas suelen llevarse a cabo entre amigos y familiares para te- ner un mayor grado de con- fianza, que es la palabra cla- ve en este sistema. π