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Turismofobia…o planificación

Estos días se alerta sobre la turismofobia, como si se tratara de una nueva sociopatología
amenazante, un desequilibrio que de pronto infectara a la población. Tampoco es raro. El
turismo ha disfrutado durante décadas de barra libre, al ser un filón económico formidable.
Calificado como la gallina de los huevos de oro, se le daba patente de corso. 'Al turismo,
una sonrisa', era el eslogan alentando a mostrar una actitud complaciente. Hubiera estado
feo decir 'Ante el Turismo, a cuatro patas' pero básicamente ése era el espíritu, sobre todo
en economías de monocultivo: ¡Y si no de qué íbamos a vivir...!

Claro que eso que se llama 'Turismofobia' podría ser, más bien, un 'Basta ya'. El turismo
tiende a la saturación. Estos días se ha escrito sobre esos mil millones de almas que se
mueven por el mundo, como un continente móvil. En La Costa del Sol ya hay malos
síntomas; Marbella se ve seriamente amenazada porque la cantidad arrasa a la calidad. En
ciudades como Barcelona, Madrid o Palma, también Málaga, ha comenzado a haber
rebeldía ante los efectos que los apartamentos turísticos provocan en la vida de la ciudad,
como alquileres imposibles para los residentes e incluso un deterioro de la convivencia para
los vecinos expulsados de su entorno tradicional. Los venecianos fueron las primeras
víctimas, expulsados de su ciudad. Calificar de Turismofobia el debate es ya una
manipulación. ¿Por qué no 'Movimiento Proconvivencia'?

El turismo es un gran negocio pero, según se mire, también puede ser un mal negocio. No
se cuestiona su importancia económica o sus efectos modernizadores y dinamizadores.
Pero hay un proceso de deterioro por exceso. Se trata de calibrar ese 'índice de
conflictividad': cuando ya no es la solución, sino el problema. Y planificar. Por demás, si se
observan los clásicos destinos vacacionales, no son lugares ricos sino lugares para ricos. De
Cuba a Bali, de Turquía a Zanzíbar: lujos para viajeros, ciudadanos pobres. Y Andalucía va
por ahí, incluso la Costa del Sol: rentas muy bajas, desempleo bárbaro. Sí, la gallina pone
huevos de oro pero lejos de aquí. No se trata de estigmatizar el turismo, sino diversificar y
disfrutar lo mejor del turismo, pero acabar con esa idea de que todo vale para hacer caja,
bajo una ley del silencio. A la conciencia crítica ahora la llaman turismofobia.

Fuente
Gross, L. (11 de julio de 2017). Turismofobia… o planificación. En El mundo. Publicado en:
http://www.elmundo.es/andalucia/2017/07/11/5963c910e5fdea1d238b459c.html

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