Вы находитесь на странице: 1из 23

JUNTA DE CATEQUESIS.

DIÓCESIS DE RECONQUISTA
PASTORAL CATEQUÍSTICA HERMANAS FRANCISCANAS

CURSO DE FORMACIÓN DE
CATEQUISTAS
Una formación catequística con estilo discipular misionero

MÓDULO 3: LA PALABRA DE DIOS EN LA CATEQUESIS


OBJETIVOS:
 Reflexionar sobre los propios vínculos con la Palabra de Dios , para reconocerla como
fuente de la vida personal y de una catequesis fecunda.

 Acercarse a un texto bíblico siguiendo el método de exégesis propuesto, para interpretar


lo más fielmente posible la Palabra de Dios.

 Hacer experiencia de lectura orante de la Palabra de Dios en la comunidad catequística ,


para fortalecer los vínculos fraternos y crecer en “ardor catequístico”.

CONTENIDOS:
Una mirada al corazón…
 La Palabra de Dios en la vida y misión del catequista.
 Mi oración con la Palabra
 El anuncio de la Palabra en mis “encuentros catequísticos”.

Encuentro del discípulo…


o El catequista discípulo quiere aprender a interpretar la Palabra de Dios.
o Descubrir qué dice un texto.
o Un método para interpretar.
o Reconocer para qué fue escrito un texto.

o El catequista discípulo abre el corazón a la Palabra de Dios.


o Lectura orante de la Palabra de Dios.
o Dejarse “tocar”.

Misionero del AMOR…


 El catequista discípulo vive la Palabra de Dios.
 El catequista misionero comunica la Palabra de Dios.
 El catequista construye “los encuentros de catequesis”
teniendo
como fuente la Palabra de Dios.

En esta parte del módulo realizaremos, siempre, a lo largo de todo el Curso un planteo situacional que
nos ayude a mirar la realidad. Por eso, los invitaremos a ser "la voz" de la realidad, a mirar su realidad

1
cercana, tratando de extenderla hacia toda la Comunidad, la Diócesis, la Región en donde brindan su
servicio…

“Un encuentro consigo mismo”


- Trabajo personal 3-
“Dios los bendiga y los llene de su Divino Espíritu…”
M. María del Tránsito (Cfr. Carta 25.1)

En este momento te invitamos a preguntarte: ¿Cómo es mi vínculo con la Palabra? ¿Es ella la que ilumina
mi vida y mi Catequesis? ¿Ayudo a mis catequizandos a gustar la Palabra? ¿Encuentran en Ella luz para sus
pasos, luz para su vida?
Si haces esta experiencia en un clima de oración, podrás primero ver los “ecos de la Palabra en tu vida”.
Y así podrás despertar en tus catequizandos deseos de encontrarse con Jesús, que nos habla en su Palabra.
Para encontrar el trabajo de reflexión personal hacé clic aquí y para regresar al texto del
módulo, hace “clic” nuevamente en VOLVER.

Esta sección del curso constituye nuestro marco teórico. Aquí escucharemos siempre la Palabra de
Dios y el Magisterio de la Iglesia para recibir su luz. También tendremos presente otras voces, que vienen
de la Teología, la Catequética y algunas ciencias humanas, para comprender y explicar sistemáticamente la
realidad. Ellas nos ayudaran a profundizar la mirada a través de una reflexión que se traducirá, luego en una
praxis catequística fundamentada y transformada.

LA PALABRA, fuente de vida del catequista y la catequesis


Dios nos ama infinitamente y nos habla a través de su Palabra, para brindarnos
una amistad profunda y dadora de vida. En la medida en que penetres en la Palabra de
Dios y hagas tuyo su mensaje, tu vida cambiará, renovarás tu compromiso con Cristo y
experimentarás un gozo profundo. Así se irá haciendo realidad para ti lo que dijo el
mismo Jesús: “he venido a darles vida, y vida en abundancia” (Jn 10,10)

Si pides al Espíritu Santo que te guíe en todo lo que haces, para que tu corazón y tu mente estén
abiertos a una amistad profunda con Jesús resucitado. Si escuchas la Palabra de Dios en un ambiente de
oración, encontrarás paz y alegría en tu corazón, tu fe crecerá y tu voz de catequista será fuente de
esperanza para tus catequizandos y para todas las personas que viven a tu alrededor. Así seguirás a Jesús
más de cerca, te convertirás en discípulo misionero, y a lo largo de tu vida serás Palabra de Dios viva a
través de tus obras y palabras1.

Pero… ¿Qué nos puede ayudar a escuchar mejor la Palabra de Dios? ¿Cómo interpretar el mensaje
de la Palabra de Dios hoy? ¿Cómo comunicar fielmente su mensaje a nuestros catequizandos?

El Padre Víctor Manuel Fernández, sacerdote de la Diócesis de Río Cuarto y doctor en Sagrada
Escritura, después de más de veinte años de docencia en esta especialidad, ha escrito el libro “Cómo
interpretar y cómo comunicar la Palabra de Dios” 2. En este texto, a través de un lenguaje simple y
profundo, nos ofrece un método y recursos prácticos para una exégesis bíblica. ¡Es la ayuda que todo
catequista ha deseado tener para interpretar fielmente la Palabra de Dios!

1
Cfr. Biblia de los jóvenes. Pág. 9
2
Cfr. FERNÁNDEZ, Víctor Manuel. Cómo interpretar y cómo comunicar la Palabra de Dios. Métodos y recursos prácticos . San Pablo.
Buenos Aires. 2008. Págs. 11-72.

2
En este módulo hemos considerado oportuno dejarnos iluminar por varios fragmentos de “Cómo
interpretar y cómo comunicar la Palabra de Dios” , pero te sugerimos, en la medida de tus posibilidades, la
lectura de todo el libro. ¡Es un material excelente!
I. DESCUBRIR QUÉ DICE un TEXTO
Cuando uno se detiene a tratar de comprender cuál es el mensaje real de un texto
está ejercitando el “culto a la verdad”. Es la humildad del corazón que reconoce que
no es el dueño de la verdad y que tiene que hacer un camino para descubrirla. El
Papa Pablo VI cuando nos hablaba de la Palabra de Dios, nos recordaba que nosotros
“no somos ni los dueños, ni los árbitros, sino los depositarios, los herederos, los
servidores”3. Esa actitud de humilde y asombrada veneración de la Palabra se expresa
deteniéndose a estudiarla con sumo cuidado y un santo temor, aunque uno tenga que renunciar a otras cosas
para dedicarle todo el tiempo posible:

“De todo evangelizador se espera que posea el culto a la verdad; porque la verdad que él profundiza y
comunica es la Verdad revelada… El predicador del Evangelio será aquel que, aún a costa de renuncias y
sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad
por deseo de agradar a los demás, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar. No rechaza
nunca la verdad. No la oscurece por pereza de buscarla, por comodidad o por miedo. No deja de estudiarla.
La sirve generosamente sin avasallarla.”4

¡Qué claridad tienen estas palabras! Nos recuerdan cuántas veces nos preocupamos más por agradar o
por aparentar, y no tanto por transmitir lo que el Señor quiere decir en su Palabra . También nos
recuerda cuántas veces decimos simplemente lo que a nosotros se nos ocurre, o nos quedamos en la
superficie, por pura pereza de buscar la verdad, por comodidad egoísta.
Pero ¿cuáles son las actitudes adecuadas para poder interpretar bien la Palabra de Dios?

1. COMENZAR CON LAS ACTITUDES CORRECTAS


Para poder interpretar un texto bíblico hace falta paciencia, abandonar toda ansiedad y dedicarle
tiempo a esa tarea. La Palabra de Dios requiere interés, atención y dedicación gratuita.

Hay que dejar de lado cualquier actividad o preocupación que nos domine para entrar en otro ámbito de
serena atención. Lo único que debe interesarme por un momento es esa Palabra de Dios que quiere hablarme.
Si lo hago, probaré un placer sublime.

No vale la pena dedicarse a leer un texto bíblico si uno quiere obtener


resultados rápidos, fáciles e inmediatos. No es como mirar un noticiero para
enterarse velozmente de las novedades. Por eso, cuando uno pretende dedicarle
sólo diez minutos a un texto bíblico para extraer una idea muy interesante, está
perdiendo el tiempo. Sólo le hará decir a ese texto algo que le interese a él en
lugar de abrirse a escuchar lo que el texto tiene para decirle.

Esto requiere amor. Uno sólo le dedica un tiempo gratuito y sin prisa a las cosas o a las personas
que ama. Aquí se trata no sólo de amar a Dios, sino de amar a un Dios que ha querido hablar, que no está
mudo. Por lo tanto, también se trata de amar la Palabra que ha querido transmitir. A partir de ese
enamoramiento y de esa pasión, uno puede detenerse todo el tiempo que sea necesario, con una actitud de
discípulo: “Habla Señor, que tu siervo escucha” (I Sam 3,9)

No hay que esperar una enseñanza meramente intelectual o un conjunto de verdades o una
información que satisfaga la propia curiosidad. Dios no nos ha hablado para eso. Él más bien quiere
decirnos algo para invitarnos a su amistad, para revelarnos algo de su propia intimidad, para que
aprendamos a confiar en Él, para exhortarnos a la conversión, para estimularnos a vivir mejor .
Entonces no tiene sentido que analicemos un texto bíblico solo con una actitud de curiosos o estudiosos, sino

3
Evangelie Nuntiandi 78.
4
Idem.

3
sobre todo con el deseo del que está dispuesto a dejarse tocar por dentro para que esa Palabra
transforme toda su vida. Cuando Jesús nos llama “amigos” (Jn 15, 14-15) no es para que tomemos nota de
esa información, sino para que nos detengamos a valorar esa amistad, a disfrutarla y agradecerla.
2. RECONOCER QUE ES UN BIEN HUMANO
Detenerse a estudiar la Biblia es una expresión de respeto al otro: a Dios, pero también a los
instrumentos humanos que el Señor quiso utilizar. La Biblia fue escrita por cientos de seres humanos de
distintas épocas y lugares. Por eso, hay mucha diferencia entre unas partes de la Biblia y otras. Entonces si
yo leo un texto bíblico trataré de entender lo que quiso expresar aquel ser humano que lo escribió.

Dios podría haber forzado a esos autores para que fueran mucho más claros, pero prefirió respetar la
manera de expresarse que ellos tenían y su capacidad limitada de entender.

Por eso, por ejemplo, en la Biblia no encontramos una condena clara y directa de la esclavitud, ya que en
aquella época a la gente le parecía algo normal, y el Señor tuvo mucha paciencia con esa mentalidad limitada.
Sin embargo, en medio de esos límites e imperfecciones, hay un profundo mensaje de Dios que tengo
que descubrir. Si Dios fue tan respetuoso, entonces yo también tendré que ser respetuoso cada vez
que leo un texto de la Biblia. Recordaré que es Palabra divina pero también una palabra bien humana. Por
eso trataré de estudiarla con cuidado para entender lo que su autor quiso expresar con sus pobres
palabras y así llegar al núcleo de su enseñanza siempre actual.

3. MANIFESTAR EXPRESIONES CONCRETAS DE RESPETO Y DE AMOR


Entonces, ¿cómo comenzar a estudiar un texto bíblico?

A. ENTREGAR UN TIEMPO DISPONIBLE: en primer lugar, tengo que tratar de estar seguro de tener
una actitud de búsqueda, de querer encontrar allí no solo lo que me gusta o interesa, sino lo que
realmente dice ese texto. Antes de comenzar puedo preguntarme: ¿para qué voy a estudiar este texto?
De ese modo, trataré de despertar una actitud adecuada de respeto, veneración, deseo y acogida.
Esto suele expresarse en la actitud física, cuando uno se sienta bien en una silla dispuesto a dedicarle
tiempo a la Palabra. Porque el primer signo concreto de que verdaderamente respetamos la Palabra
de Dios y queremos aprender algo de ella es tomar la decisión de dedicarle un buen tiempo ,
ofrecer un momento solamente para estudiar esa Palabra.

B. ORAR PARA DISPONERSE MEJOR: Luego puedo pedirle al Espíritu Santo que Él coloque en mi
corazón el culto a la verdad. De lo contrario yo no estaré abierto para escuchar el mensaje de ese
texto y seguiré encerrado en un mundo pequeño de ideas, condenado a repetir siempre lo mismo. Es el
caso de esas personas que hacen preguntas para demostrar lo que ellos ya saben pero no para aprender
algo nuevo de los demás.
La oración es importante para crear una disponibilidad humilde y abierta. Tenemos que estar
dispuestos a permitir que el texto nos sorprenda, nos saque de nuestros esquemas, nos obligue a
ampliar nuestras perspectivas. Pero esa apertura sincera no se fabrica. Es un don que hay que pedirle
insistentemente al Espíritu Santo en la oración.

C. TOMAR UN LÁPIZ: Otro signo concreto de que queremos estar atentos a esa Palabra es tomar un
lápiz. ¿Para qué? Para marcar las cosas importantes que vayamos encontrando en ese texto bíblico,
todos los detalles que nos permitan reconocer su mensaje central.
Con el lápiz en manos, trato de descubrir las características propias de ese texto así como cuando uno
se detiene a mirar el rostro de una persona para poder reconocerla: la nariz, los ojos, la sonrisa… De
tanto mirarla, uno va descubriendo nuevos detalles: un lunar, una arruga, una mancha… Del mismo modo,
uno lee una vez y otra vez el texto bíblico y va descubriendo nuevos detalles que le ayudan a
entenderlo. De esta manera ese texto bíblico, aunque siempre nos supera deja de
parecernos algo extraño y se nos va volviendo familiar. Se convierte en algo que
sentimos “nuestro”, cercano a nosotros, conocido, tratado íntimamente. Y eso se
nota cuando uno predica.

4
II. UN MÉTODO PARA INTERPRETAR UN TEXTO

Veamos ahora algunos pasos concretos de un método que nos ayude a comprender mejor el mensaje de
un texto bíblico.
1. ENTENDER BIEN EL LENGUAJE
Antes que nada, tenemos que estar seguros de comprender mínimamente el significado de las
palabras que leemos. Si recordamos que el texto bíblico que estamos estudiando tiene dos mil o tres mil
años, entonces nos daremos cuenta que su lenguaje es muy distinto del que utilizamos ahora . Por más que
nos parezca que entendemos las palabras, porque están traducidas a nuestra lengua, no pensemos que
estamos comprendiendo correctamente lo que quería decir el escritor de ese texto.
A veces simplemente tendremos que utilizar un diccionario, para estar seguros de comprender todo el
vocabulario; pero otras veces eso no es suficiente, porque hay que saber qué significaban las palabras en
aquella época.

Por ejemplo, cuando la Biblia usa la palabra justicia, significa una cosa muy distinta de lo que
entendemos hoy, porque en aquella época significaba “santidad”, cumplimiento de los mandamientos
(Deuteronomio), o acción salvadora de Dios (Segundo Isaías).

Igualmente, el verbo juzgar en la Biblia suele significar “salvar”, porque en un juicio los jueces trataban
de salvar a los inocentes. De hecho, muchas veces la palabra juez es lo mismo que “salvador”. Si leemos el
libro de los Jueces, veremos que allí los jueces eran los que liberaban al pueblo cuando estaba oprimido. Por
eso San Pablo usa la palabra “justificación” para expresar el amor gratuito de Dios que nos perdona, nos
libera del pecado y nos transforma. (Ver Gál 2, 16). Con estos ejemplos podemos darnos cuenta de que no es
tan sencillo entender lo que significan las palabras de la Biblia.

Otro ejemplo: si leemos el canto de María (Lc 1,48) allí hay una frase que se traduce de maneras
diferentes. Si comparamos varias Biblias veremos que algunas traducen de una manera y otras de otro
modo. Puede ser “porque Él ha mirado la humildad de su servidora”. Pero otros traducen: “porque Él miró la
humillación de su esclava”. ¿Cómo es entonces? ¿Dice “humildad” o dice “humillación”, dice “servidora” o
dice “esclava”? Una traducción habla más de una actitud de María, y la otra habla más de la humillación de
su pueblo explotado que ella simboliza. Lo importante allí no es lo que nos gusta más, sino saber
exactamente lo que quiso expresar el evangelista Lucas con esa frase.

Otro ejemplo importante son las palabras “carne” o “cuerpo”. Cuando nosotros utilizamos esas palabras
hoy, nos referimos a nuestro organismo físico, a la materia de nuestro cuerpo. Pero en la época de la Biblia
estas palabras tenían un sentido muy diferente. La palabra “carnal”, por ejemplo, a nosotros nos hace
pensar en cosas que tienen que ver con el cuerpo o el sexo. Pero en la Biblia una persona “carnal” es otra
cosa. Se refiere a alguien cerrado que no está abierto al Espíritu de Dios o a los hermanos. Por eso Pablo, a
los hermanos que están divididos los llama “carnales” (I Cor 3,3). La palabra “cuerpo” en la Biblia se refiere
sobre todo a las relaciones entre las personas. Por eso la Iglesia se presenta como un gran cuerpo donde
los miembros se necesitan y se ayudan unos a otros. (I Cor 12,12-30).

Pero además hay que recordar que entre un libro de la Biblia y otros puede haber una distancia de más
de 500 años, y por lo tanto una misma palabra puede significar algo distinto en el Éxodo o en Job.

Vemos entonces que es muy importante precisar el sentido de las palabras para saber cuál es el
significado de una frase. ¿Cómo pueden hacer los que no son especialistas para poder entender bien
algunas palabras dudosas de un texto? Hay varios recursos que uno puede tener a mano. Veamos:

a) Una gran ayuda puede ser tener a mano un buen Diccionario de términos bíblicos.

b) Otra ayuda pueden ser las Concordancias. Son libros donde aparecen las palabras más
importantes de la Biblia, y aparecen todos los textos de cada libro de la Biblia donde se encuentra esa
misma palabra.

5
c) Es bueno tener distintas traducciones de la Biblia, para poder
comparar y así darse cuenta del sentido de una frase. Algunas Biblias tienen buenas
notas a pie de página, que suelen aclarar el significado de algunos términos…

2. ENCONTRAR EL MENSAJE PRINCIPAL DE UN TEXTO


Pero la tarea no apunta a entender todos los pequeños detalles de un texto. Lo más
importante es descubrir cuál es el mensaje principal de ese texto. ¿Cómo se hace para
detectar cuál es el mensaje central de un texto?

a) Ante todo hay que leer varias veces el texto tratando de reconocer cuál es el eje,
el mensaje que lleva el hilo del texto. Ese mensaje central es lo que al autor más le preocupaba dejar
claro y transmitir cuando lo escribía. Todos los textos bíblicos tienen varias ideas, pero hay una que es
la central, la más importante, y ésa es la que hay que tratar de descubrir.

b) Por la misma razón, esa idea es la que le da unidad a todo el texto . A partir de esa
idea uno puede entender para qué está cada detalle de la narración. Todos los detalles del texto se
explican por esa idea central y apuntan a ella. Una idea secundaria, en cambio, no puede darle unidad al
texto, porque no todos los demás detalles están conectados con ella. Cada detalle del texto está sólo
para destacar y reforzar una idea central, y por eso los detalles no pueden tomarse como si fueran el
mensaje fundamental.

c) Cuando uno cree que ha encontrado el mensaje principal, tiene que tener en cuenta
que, si esa idea se quita, el texto queda sin sentido, se desarma, no se entiende . En cambio, no
sucede lo mismo con una idea secundaria: si quito una idea secundaria el texto queda armado y el
conjunto se puede entender bien. Entonces, si yo creo haber encontrado el mensaje principal de un
texto, tengo que preguntarme qué pasaría si el texto no tuviera esa idea. ¿Perdería todo sentido o
quedaría armado? ¿Seguiría teniendo una identidad, un orden, un eje, una unidad clara, o sólo quedarían
un montón de elementos sin conexión? Por ejemplo, leamos Mc 6, 1-6. Evidentemente, el mensaje
principal de ese texto es que Jesús necesita de nuestra confianza para poder hacer su obra , o, dicho de
otro modo, que no quiere realizar su obra sin nuestra confianza. Si quitamos esa idea, todo el texto
queda sin sentido, pierde unidad, y no se puede ver a dónde apunta su
enseñanza. En cambio, si quitamos la idea de que un profeta no es bien
recibido en su patria, el texto sigue teniendo un mensaje central que se
conecta con todo lo demás. Igualmente si quitamos las ideas de que él era
carpintero o que enseñaba en la sinagoga, el texto sigue funcionando bien.
Son ideas secundarias.

d) Hay que tener en cuenta que esa idea no está


necesariamente dicha en una frase o en una palabra . Posiblemente el
escritor quiso transmitirla a través de una narración, un ejemplo, un
cuento, o la expresó a través de las actitudes de los personajes. En ese caso, podemos descubrir el
mensaje principal prestando atención a lo que hace Jesús o el protagonista del texto, a lo que hacen los
discípulos, a las reacciones de los demás…

A veces hay un ejemplo y luego un comentario. Para entender bien lo que quiere explicar el comentario,
hay que mirar bien cómo es la narración que sirve como ejemplo.

Así cuando leemos Lc 7, 36-50, no nos queda claro si lo primero es amar o lo primero es recibir el
perdón de Dios. En el versículo 47, parece decir que lo primero es el acto de amor que uno hace y luego
parece decir que lo primero es el acto de perdón que uno recibe. Pero si vamos a la narración del ejemplo
que pone Jesús (v. 41-43), allí lo que se nos dice es que uno muestra mucho amor cuando ha recibido un
perdón grande y gratuito, y que la intensidad del amor que uno muestra depende del perdón que uno
ha recibido. Así, queda claro que para poder amar necesitamos que el Señor haga su obra en nosotros (su
perdón que nos transforma). Eso es lo primero.

3. ALGUNOS RECURSOS PRÁCTICOS

6
Para interpretar bien un texto, y confirmar bien cuál es la idea principal, conviene prestar atención a
diversos detalles:

a) Ver si hay palabras que se repiten, que se acentúan, que se destacan. Conviene
marcar esas palabras con un lápiz y tratar de descubrir qué quieren resaltar.

Por ejemplo, en el capítulo 6 de Juan se repite mucho la palabra “pan”, tanto en la narración como en el
discurso. Eso evidentemente indica que Jesús quiere presentarse como alimento de nuestras vidas , sobre
todo porque se repite tres veces: “yo soy el pan de la vida” (v. 35.48.51). Otro ejemplo: en Marcos 2, 1-12
se habla de la curación de un paralítico, pero se repite 4 veces “perdón-pecados”. Eso significa que el
milagro es algo secundario y que se usan para destacar que Jesús tiene poder para perdonar los pecados .
Eso es más importante que la curación de una parálisis en un órgano. Luego veremos que estas repeticiones
de palabras forman estructuras importantes.

b) Advertir qué hacen o dicen los personajes principales (discusiones, preguntas, gestos, acciones…)
¿Qué se nos quiere decir con las acciones y las palabras de esos personajes? Esto es sumamente
importante, porque Dios no ha querido revelarse sólo con palabras sino sobretodo con acciones, con
hechos, con historias. Por eso no hay que buscar en la Biblia solo frases claras, explicaciones o
discursos. La mayoría de los textos son narraciones, y en esas historias está encerrado el mensaje
de Dios. A veces hay palabras que aportan claridad, pero normalmente basta con entrar en la narración
para descubrir lo que se nos quiere transmitir.

Por ejemplo en todos los textos donde se destaca la figura de Juan el Bautista, si vemos lo que dice y lo
que hace, descubrimos que siempre nos invita a escuchar o a seguir a Jesús. Por lo tanto, no hay que
detenerse en Juan. El mensaje es su invitación a prestarle atención a Jesús (Mc 1,1-11; Lc3,1-22; Jn 1,6-8.
15.19-34; 3,22-36).

Otro ejemplo: en Marcos 6,17-29 Herodes manda matar a Juan el


Bautista. El texto en ningún momento dice que la acción de Herodes es mala;
el lector se da cuenta sin que se lo digan. Pero si queremos descubrir el
mensaje central del texto, vemos que no es solo “no matarás”. Si miramos bien
la forma de actuar de Herodes vemos que él no se decidía a matar a Juan
porque sabía que “era un hombre justo y santo” y “lo escuchaba con gusto”
(v.20). Entonces, ¿por qué lo mandó a matar? ¿Por pasión? No, sino “a causa
del juramento y de los comensales” (v.26). Es decir, para no quedar mal, por
cuidar la apariencia ante los demás. El texto nos hace ver que una persona
puede “escuchar con gusto” la Palabra de Dios, pero al mismo tiempo obrar mal por las apariencias y para
cuidar la propia imagen ante los demás.

Otro ejemplo: en Mateo 14, 13-21 Jesús multiplica los panes, pero para descubrir el mensaje completo
tenemos que advertir que los discípulos se acercaron a plantearle la situación de la gente, y Jesús les
responde que “ellos le den de comer” (v.16). Luego vemos que los discípulos le entregan a Jesús unos panes
(v.17-18) y finalmente que los discípulos eran los que distribuían los panes que Jesús les pasaba (v.19). Así
descubrimos que este texto no quiere resaltar sólo el poder de Jesús o lo que hace por la gente, sino que
también quiere que los discípulos colaboren con Él y sean instrumentos para resolver los problemas de la
gente.

c) Reconocer los simbolismos, las metáforas, las imágenes que puedan destacar algo y tratar de
precisar el significado. La mayoría de las cosas que dice la Biblia no se pueden tomar al pie de la
letra, y hay que esforzarse para comprender su verdadero significado.

Por ejemplo, en la parábola del sembrador como la presenta Lucas 8, 4-15, enseguida descubrimos que la
semilla es la Palabra de Dios. Pero ¿qué nos quiere decir con la semilla que cae en el camino, en la piedra o
entre las espinas? Tiene que ver con el tiempo que la persona persevera siendo fiel a esa Palabra. Entre las
espinas finalmente se ahoga pero sobre las piedras dura mucho menos y en el camino dura menos todavía. La
que cae en buena tierra son los que perseveran hasta dar todo el fruto posible. Ese es el gran tema de la

7
parábola. Por eso, en el versículo 15 dice que los que la reciben en buena tierra son los que la “conservan” y
dan fruto “con perseverancia”. Se nos insiste así que no basta con escuchar la Palabra con alegría sino que
es necesario el empeño para perseverar fielmente. Luego, se consigue precisar cuáles pueden ser las
distintas causas por las cuales alguien no persevera, y el texto explica que puede ser por descuido (v. 12),
por no estar atentos en las pruebas (v. 13) o por las preocupaciones y atractivos de la vida (v. 14).

Otro ejemplo: en el Evangelio de Juan varias veces aparece el simbolismo del agua (3,5; 4,10; 5,4), y del
costado herido de Jesús brota agua (19,34). En Juan 7,38-39 se nos explica que el agua simboliza al
Espíritu Santo.

El Apocalipsis está repleto de simbolismos. Por tomarlos al pie de la letra muchos lo han entendido muy
mal. Veamos algunos ejemplos:

Los “ángeles” y las “estrellas” (1,20;2,1.8.12.18) indican algo celestial o sobrenatural que entra en este
mundo. Por eso el ángel o la estrella de una comunidad quiere decir que no es una asociación común sino que
en ella hay algo trascendente, algo de Dios que une a las personas.

Los “degollados” (6,9-17) son los mártires que murieron por la Palabra de Dios y ahora interceden por
nosotros.

Los “144.000 sellados” (7,1-17) no son un número fijo, sino todos los que “vienen de la gran tribulación”
(7,14) y alcanzan la salvación. Más que un número preciso, ellos forman una
multitud “incontable” (7,9). Es la multiplicación de 12 x 12 x 1000.

Los “dos testigos” (11,1-13) simbolizan a todos los predicadores que


trabajan en comunidad (de dos en dos).

La “bestia que surge del mar” (13,1) simboliza las fuerzas del mal que
tienen mucho poder en la sociedad. En la época del Apocalipsis era el emperador
romano que perseguía a los cristianos. El “666” (13,18) no representa al demonio
como se ha dicho tantas veces. Es un número que resulta de sumar lo que valían
las letras de “Nerón Cesar”. Representa a cualquier poderoso que persiga a los creyentes.

Los “mil años” (20,1-9) no quiere decir que Cristo reinará mil años. Simbolizan que Él tiene un poder
divino en el mundo (el 1000 es el número de Dios), mientras el demonio tiene un poder limitado (“un tiempo
corto”).

Además de los simbolismos y metáforas, hay otras formas de expresión que no deben tomarse al pie de
la letra, porque no pretenden dar una información sino provocar una reacción. Es el caso de las hipérboles.
Son frases exageradas que movilizan al que escucha y le invitan a tomar partido.

Por ejemplo, cuando Jesús dice que “son muchos los invitados pero pocos los elegidos” (Mt 22,14), no
quiere informarnos que pocas personas se van a salvar. Esto estaría en contradicción con otros textos como
2Pe 3,9. Simplemente nos invita a prestar atención al llamado de Dios y a no despreciar su invitación, como
sucede en la parábola del banquete que está inmediatamente antes de la frase (Mt 22,2-13).

Algo semejante sucede con los refranes. Por ejemplo, cuando Jesús dice que “un profeta carece de
prestigio solo en su patria, entre sus parientes y en su casa” (Mc 6,4), por supuesto que no quiere
generalizar, ya que hubo santos profetas que fueron bien aceptados por su gente. De hecho en Jn 4,43-45
se afirma que Jesús fue bien recibido en Galilea. Entonces simplemente el Señor ha querido ilustrar lo que
en ese momento le estaba sucediendo a Él, usando un refrán exagerado que se utilizaba frecuentemente
para expresar que muchas veces despreciamos lo que tenemos cerca.

Otras expresiones que no podemos tomar al pie de la letra, son por ejemplo, las de Jn 21,25 o Mt 5,29-
30; 7,13-14. La clave está en recordar que son frases que no buscan dar una información sobre números,
leyes naturales o morales, o datos históricos sino simplemente despertar, llamar la atención,
movilizar, provocar una pregunta, hacer tomar conciencia de la importancia de algo….

8
d) Hay que prestar atención a los tipos de verbos que predominan (de movimiento, potenciales,
imperativos…). Por ejemplo, en Lucas 17, 3-4 los verbos son imperativos ( “repréndelo”, “perdónalo”). Eso
nos indica que se trata de una exhortación, no de una instrucción, ni tampoco de un texto para orar. Por
lo tanto, cuando uno lee ese texto, debería dejarse estimular al cambio, a obrar de otra manera, y no
detenerse en razonamientos o meditaciones. Cuando predominan los imperativos negativos se trata de
una fuerte advertencia para que evitemos determinados comportamientos o actitudes que el mundo nos
impone.
Por ejemplo, en Lc 21, 8-9 (“No se dejen engañar…no lo sigan… no se alarmen…”). Como el Nuevo
Testamento está escrito en griego, hay verbos que tienen una forma determinada que destaca un
significado. Por ejemplo, en el griego hay dos formas de pasado: un pasado cumplido ( “aoristo”) y un pasado
continuo (“perfecto”).

El primero indica una cosa que pasó y se terminó, pero el segundo indica un hecho pasado que continúa.
Cuando el Nuevo Testamento dice que Jesús “murió y fue sepultado” usa la primera forma, pero para decir
que Jesús ha resucitado usa la segunda forma. Así destaca que Jesús sigue vivo ahora (I Cor 15, 3-4). Si no
sabemos griego no podemos descubrir eso, porque nosotros leemos los textos en castellano, pero muchas
veces las notas al pie de página o los comentarios nos explican esos detalles.

e) A veces conviene mirar bien cuál es el sujeto, para no confundirse. Por ejemplo, en Mt 13,44-45
tenemos dos pequeñas parábolas. A simple vista el mensaje es el mismo, pero si miramos cuál es el
sujeto en cada una, veremos que son bien diferentes. En la primera el Reino de Dios (es decir, Dios
mismo que reina en el mundo) se identifica con un tesoro. Allí el sujeto es una persona que encuentra
el tesoro divino. Cada uno de nosotros es ese sujeto que está invitado a descubrir la presencia de Dios
reinando en el mundo y a dejarlo todo por él . En la segunda el Reino de Dios es un comerciante que
busca perlas finas. Allí el sujeto es Dios que busca perlas finas. Es decir, Dios que nos está buscando a
nosotros, porque nos aprecia. Pero ¿qué es lo que Dios entrega para comprarnos a nosotros? Eso está
claro en todo el Nuevo Testamento, porque era una convicción profunda de los cristianos de distintas
comunidades. Lo que entrega el Padre Dios por nosotros es la preciosa sangre de su Hijo. Para
confirmarlo podemos leer textos de distintas líneas. Por ejemplo: Hech
20,28; I Cor 6,29; 7,23; I Pe 1,18-19; 2,9; Apoc 5,9.

f) Hay algunas palabras claves que, cada vez que aparecen, indican muy
directamente lo que se quiere destacar. Por ejemplo, la expresión “para
que”. Si leemos Mt 23, 1-7, donde Jesús está molesto con los fariseos, es
importante que sepamos qué es exactamente lo que Jesús reprocha: ¿las
costumbres de ellos, su incoherencia, sus debilidades? En el versículo 5 está
la clave: “Todo lo hacen para que los vean”.

Igualmente, en Jn 10,10 dice: “Yo he venido para que tengan vida”. Allí está la clave para entender todo
el texto de Jn 10, 7-18.

Del mismo modo, en el texto de Jn 3,3-21, nos encontramos tres “para que” en los versículos 15-17:
“para que todo el que crea tenga por él vida eterna” (v. 15); “para que todo el que crea en él no muera sino
que tenga vida eterna” (v. 16); “para que el mundo se salve por él” (v. 17). Esos tres “para que” nos dan la
clave de todo el texto y nos muestran que todo lo que hace y dice Jesús es para que tengamos vida y
salvación.

g) Algunos textos ofrecen pequeños resúmenes. Por ejemplo, la extraña narración de Mc


5,1-20 tiene un resumen cuando Jesús dice al hombre curado que vaya a contar lo que ha sucedido y lo
sintetiza diciendo: “cuenta lo que el Señor ha hecho contigo, que ha tenido compasión de ti” (Mc 5,19).
En definitiva, lo que quiere mostrar todo el relato es que el único que tuvo compasión del hombre
destrozado y enfermo fue Jesús, que Jesús le devolvió la dignidad. Por lo tanto, todos los detalles
aparentemente extraños y exagerados de la narración no tienen que distraernos. Apuntan a destacar
esa compasión sanadora.

h) Cuando hay dudas conviene leer notas que hay al pie de página en las Biblias y los
comentarios. Pero esto está subordinado y supone lo anterior. Porque si uno va muy directamente a leer

9
un comentario o a las notas, entonces no toma contacto directo con el texto, no se familiariza con él, y
su predicación o catequesis no estará verdaderamente motivada por la Palabra de Dios.

A veces esas notas son importantes ya que nos dan algunos datos muy concretos que nosotros no
conocemos, porque no somos especialistas. Esos datos pueden ser claves para no entender mal lo que dice el
texto. Por ejemplo, si leemos a Apoc 12,18; 13,1 nos encontramos con una “bestia” “con siete cabezas y diez
cuernos”. La nota de la Biblia de Jerusalén explica claramente que “la bestia simboliza al imperio romano,
tipo de todas las potencias que se levantarán contra la Iglesia; las siete cabezas representan a 7
emperadores sucesivos, y los 10 cuernos coronados, a 10 reyes vasallos”. Entonces comprendemos mejor.

4. COMPARACIÓN CON OTROS TEXTOS


Además del análisis interno del texto, puede ser iluminador compararlo con textos paralelos y ver
qué cambia, qué quita, qué agrega o qué resalta . Generalmente las Biblias colocan al lado de un texto (o
en una nota al pie de página) las citas de los textos paralelos. Por ejemplo, Lc 5,27-28 tiene un paralelo en
Mc 2, 13-14 y en Mt 9, 9. Comparémoslos. El texto parece el mismo, pero hay pequeñas diferencias. Sobre
todo, hay que advertir que Lucas agrega “dejándolo todo”. Así quiere destacar que para seguir a Jesús hay
que estar completamente disponible, sin aferrarse a nada. Si comparamos Lc 6,12-16 con Mc3,13-19 y Mt
10,1-4, vemos que Lucas agrega que Jesús, antes de elegir a los doce apóstoles, “pasó la noche en oración”.
Así quiso destacar que las decisiones de Jesús no eran arbitrarias y tenían que ver con un proyecto del
Padre que él reconocía en la oración.

Mirar los paralelos puede tener otra utilidad: quizás algún texto
se puede entender mal por el lenguaje que usa, pero viendo un texto
paralelo se entiende mejor. Por ejemplo, Lc 14, 26 tiene un paralelo en
Mt 10,37. El texto de Lucas dice: “Si alguno viene a mí y no odia a su
padre y a su madre…”. Parece que Jesús está pidiendo que odiemos a
nuestros padres. En realidad, en aquella época ese verbo odiar se
podía traducir como “no idolatrar, no adorar como si fueran dioses, no
preferirlos”. Pero si uno lee el paralelo de Mateo allí queda muy claro,
porque dice: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí…”…

5. EL CONTEXTO LITERARIO
El texto que nosotros leemos no está aislado. Es parte de una narración. Por eso es importante
leer lo que hay un poco antes y un poco después, y ver a dónde va apuntando.

Por ejemplo: en el Evangelio de san Mateo hay cinco sermones, y cada uno tiene sus características
claras. Entonces, si yo leo un texto que es parte de uno de esos sermones, puedo mirar cuál es la temática
de ese sermón para ver qué función cumple allí ese texto . La parábola de la oveja perdida está en Lucas
15, que resalta la misericordia del Padre Dios con nosotros, para invitarnos a tener compasión de los
pecadores. Pero en Mateo esa misma parábola está ubicada en uno de los sermones (sermón “comunitario”)
del capítulo 18. ¿De qué habla ese sermón? Sobre todo de la vida comunitaria de los discípulos. Explica
cómo deben tratarse los hermanos de una comunidad. Invita a orar juntos, a corregirse unos a otros, a
perdonarse, a no escandalizar a los hermanos más pequeños. Por lo tanto, allí la oveja perdida está puesta
para invitarnos a una actitud de comprensión, paciencia y preocupación por los hermanos de la comunidad
que se pierden. Notemos que con la misma narración, cada evangelista quiere dejar una “moraleja”
distinta y apunta en otra dirección….

Por otro lado podemos profundizar el mensaje central y principal del texto teniendo en cuenta la
intención general del autor en el conjunto de su obra. Por ejemplo, si uno conoce las grandes líneas de los
escritos de Lucas, o los grandes ejes del Evangelio de Marcos, puede entender mejor lo que ellos quisieron
expresar en cada texto que escribieron…

6. EL MENSAJE DE TODA LA BIBLIA

10
La intención general del autor es sumamente importante en algunos textos más difíciles, porque se
refieren a costumbres propias de otra época que ya son parte del pasado y que han evolucionado. En esos
casos, no podemos quedarnos sólo con un texto muy reducido sino que tenemos que considerar el
mensaje general del libro donde está inserto, y conectarlo con el mensaje de toda la Biblia. Cada
texto de la Biblia tiene un mensaje propio, pero a veces el significado de ese texto no se entiende sin
conectarlo con toda la Biblia.

Por ejemplo, el texto de Éx 21,18-27, que


tolera acciones agresivas y criminales. Sobre
todo, en los versículos 20-21 dice que si
alguien muele a palos a su esclavo no hay
problema, con tal que no llegue a matarlo,
“porque él lo ha comprado con su dinero”. Este
texto, que no sólo justifica la esclavitud, sino
el trato violento a los esclavos, no tiene un
mensaje divino para nosotros. Simplemente
refleja las costumbres culturales de la época
en que fue escrito. Allí sólo puede encontrarse
un mensaje valioso teniendo en cuenta todo el
libro del Éxodo, del cual forma parte. En ese
libro, en realidad se suavizan las costumbres
paganas de su época, que eran más crueles todavía, ya que autorizaban el asesinato de un esclavo, y quiere
indicar que todos los detalles de la vida cotidiana deben tratar de responder a la voluntad de Dios. Por eso
invita a respetar la vida de los esclavos. Pero a su vez, esto sería insuficiente si no se tiene en cuenta todo
lo que dice la Biblia sobre la esclavitud. Particularmente, la carta a Filemón, que invita a dar un trato
fraterno a los siervos, y sobre todo Job 31, 13-15 y Ef 6,9, que dan el fundamento para rechazar toda
esclavitud: porque todos los seres humanos tenemos la misma dignidad ante Dios.

Otro ejemplo: si sólo leemos Mt 5,38-40 o Rom 13,1-7, podríamos quedarnos con un mensaje pacifista
que tolera cualquier opresión social. Por eso, es importante dejarse iluminar por Mt 20, 24-26, que rechaza
la opresión injusta de los poderosos.

De la misma manera, si leemos solamente Mt 4, 21-22; 8,21-22; 10, 35-37 y 12,46-50, podríamos
justificar el desprecio y el olvido de los propios padres. Pero Mt 15, 1-9 nos sirve de correctivo, porque
resalta que los que se creen entregados a Dios no deben olvidar el cuarto mandamiento.

En esta línea, es importante tener suficientemente claras dos cosas: todos los textos, aun los más
antiguos, tienen un mensaje profundo que siempre es actual. Pero al mismo tiempo hay un progreso en
la Revelación que no anula ese mensaje antiguo sino que lo complementa. Por ejemplo, si leemos el libro
del Éxodo, vemos que tiene un mensaje marcadamente social. En Éx 2,23-24; 3,7-10, se muestra que Dios
quiere escuchar el clamor que brota de la opresión de un pueblo esclavizado y oprimido. Por eso, las leyes
sociales del pueblo judío, se fundamentan en esa liberación social, como se confirma en Éx 22,20-22 o en Lv
19,33-35; 25,35-43… Pero luego, y también en el Nuevo Testamento, esa liberación se tomó como símbolo
de una liberación espiritual, religiosa, sobre todo de la liberación del pecado (por ejemplo I Cor 10, 1-11).
Sin embargo, el mismo libro del Éxodo nos da pie para unir las dos cosas, porque nos muestra que la salida
de Egipto era también liberación de los cultos paganos, el inicio del culto a Yahvé, y que culmina en una
alianza religiosa. (Ex 3,12; 19, 4-8)….

Esto nos muestra que la misma Biblia nos invita a descubrir que cada texto tiene un sentido propio, que
es siempre actual, pero que también el texto queda abierto para ampliarse y dar lugar a nuevas
interpretaciones (“relecturas”).

Este es un principio importante de la interpretación bíblica, que tiene en cuenta que el Espíritu Santo
no inspiró sólo una parte, sino la Biblia entera, y que en algunas cuestiones el pueblo ha ido creciendo
en su compresión de la voluntad de Dios, a partir de la experiencia vivida.

11
7. EL CONTEXTO HISTÓRICO Y EXISTENCIAL
Cada autor de la Biblia escribió en un momento de la historia donde sucedían cosas importantes que
preocupaban o alegraban el corazón de los creyentes. Cada texto bíblico refleja una situación del pueblo
o de la comunidad del escritor. Por eso es útil conocer lo mejor posible cuál era esa situación histórica
y existencial, lo que estaba sucediendo en aquel momento, para entender mejor el mensaje que quería
destacar el autor en esa situación.

También por esta razón es importante tener a mano algún comentario a cada libro de la Biblia, que nos
ubique en su contexto. Algunas Biblias traen una introducción donde explican algo de la época de cada uno
de los libros y nos ofrecen datos interesantes.

Por ejemplo, en la Biblia de Jerusalén podemos leer una introducción al Apocalipsis que nos explica que
fue escrito en una época violenta de las persecuciones romanas a los cristianos y que, como todos los
apocalipsis, su objetivo es levantar el ánimo de los creyentes para que no bajen sus brazos y
mantengan firme su fe en medio del desprecio y la agresión externa. Si no tenemos en cuenta esa
situación posiblemente nos quedaremos en los detalles y no captaremos el mensaje profundo de los textos
del Apocalipsis. También las notas al pie de página nos pueden dar una ayuda. Por ejemplo, en Lc 5,27-32 la
nota que coloca La Biblia del peregrino explica por qué en Israel el cobrador de impuestos era considerado
un gran pecador: “toma su oficio en arriendo de la autoridad romana y se aprovecha de él para enriquecerse
a costa de la gente. Es ladrón y colaboracionista”. Eso ayuda a
entender por qué era tan despreciado.

Por otra parte, es útil tener en cuenta los datos de la


geografía y los aportes de la arqueología. Por ejemplo, en Lc
12, 55 se dice que el viento del sur trae el calor del desierto, ya
que todas las narraciones de la Biblia suceden en el hemisferio
norte (donde están situados Israel, Turquía, Grecia o lugares
vecinos), no lejos de África. Por eso, el viento sur lleva el calor
y a veces la arena del desierto africano o árabe.

Cuando leemos los Evangelios vemos que en Cafarnaún la


gente espiaba a Jesús y toda la ciudad se enteraba de lo que
hacía y decía (Mc 1,33; 2,1.13.16.18.24). Esos detalles se
entienden mejor cuando nos enteramos que los arqueólogos han
descubierto los restos de esta población, y nos informan que
era una pequeña aldea de unos 300 metros sobre la costa del
lago por 200 metros de largo. Eso nos ayuda a ubicarnos mejor
cuando leemos algunas narraciones de los Evangelios.

Toda la información que podamos leer sobre los lugares


de la Biblia, sobre las costumbres y sobre la historia, nos
permitirán introducirnos mejor en lo que nos cuenta la Palabra de Dios, y así captar más de cerca lo
que nos quiere transmitir.

Muchas veces el contexto histórico o geográfico es lo que explica la diferencia entre un evangelio y
otro. Porque los autores no tenían problema en modificar las narraciones para que la gente de sus
comunidades pudieran comprenderlas mejor. Si comparamos Mt con Lc podemos encontrar algunos ejemplos
claros:
a) Las bienaventuranzas están en Mt 5, 1-12 y en Lc 6, 20-23. Allí vemos que Lc no menciona las
persecuciones, porque su comunidad no era perseguida como la de Mateo. A su vez insiste más en el
tema de los pobres y los ricos porque había mayores diferencias sociales que en la comunidad de Mateo.

b) En Mt 7,24-27 se lee que el hombre sensato construyó su casa sobre la roca, porque Mateo vivía en una
zona de poca lluvia, donde era suficiente que la base fuera firme. En cambio, Lc 6,46-49 dice que el
hombre cavó profundamente y que hizo cimientos, porque la comunidad de Lucas era de una zona donde
solía haber fuertes vientos, lluvias e inundaciones.

12
8. ESTRUCTURA DE UN TEXTO
Pero muchas veces es muy difícil llegar a saber lo que sucedía realmente y lo que sentían hace más de
2000 años, cuando se escribía un texto bíblico. Estamos muy lejos y a veces es demasiado pretensioso
querer entrar en la mente de un ser humano de un tiempo tan remoto y de una cultura tan distinta. Por eso
lo más importante es analizar el texto bíblico tal cual lo tenemos y descubrir el mensaje que surge hoy
de ese escrito. Para ello es necesario ver cómo está armado el texto, cómo funciona.

En esta época no nos preocupamos mucho por darle una estructura a lo que decimos, pero en la
antigüedad eso era muy importante, porque pocas personas sabían leer, y la transmisión era sobre todo oral.
Por eso se acostumbraba darles “una forma” a las cosas que se decían o se contaban, para que
pudieran recordarse mejor y para que quedaran bien destacadas las cuestiones más importantes . Así
se evitaba que el mensaje se deformara demasiado cuando pasaba de boca en boca. Hoy en día eso sucede
con los chistes. Uno no puede cambiar el orden de lo que dice el chiste, porque puede perder la gracia. Es
importante respetar ese orden que nos va llevando a un final cómico y comprensivo. Cuando ese chiste pasa
de boca en boca, siempre mantiene la misma forma aunque pueden cambiar algunas palabras. En la
antigüedad eso sucedía con todos los relatos, por eso para entenderlos bien, suele ser útil analizar la
estructura que tienen.

Antes mencionamos la importancia de detectar las palabras que se repiten. Esas palabras a veces están
organizadas de tal manera que forman una estructura. Y esa estructura destaca algo. Por eso conviene
analizar la estructura que nos permiten reconocer la idea que queda destacada. Por ejemplo, si vemos que
todo se concentra alrededor de una palabra, quiere decir que esa palabra nos da la clave para entender el
mensaje central del texto.

Veamos como ejemplos algunas estructuras que podría tener un texto bíblico:

a) Estructura circular

Es cuando todo un texto está armado para que en el centro se destaque una frase. Hay palabras de
la primera parte del texto que se repiten en la segunda, y así queda en el medio una especie de corazón, que
es lo que el autor ha querido resaltar. Para descubrir esta estructura hay que colocarles letras a las
palabras que se repiten. Por ejemplo:
Puerta (a)
Casa (b)
Cuarto (c)
* Busca un descanso sereno
Cuarto (c)
Casa (b)
Puerta (a)
En este ejemplo vemos que se repite “puerta” al comienzo y al final. Poco después aparece “casa” que se
repite antes del final. Más cerca del centro se repite “cuarto”. Así, en el centro queda la frase: “busca un
descanso sereno”. Entonces queda claro que todo lo que el autor escribió está armado para destacar esa
idea…

a) Hilo estructural

El “hilo” es una frase o un estribillo que aparece varias veces en un texto y une todas las partes.
Cuando un texto tiene un hilo, allí puede estar resaltado el mensaje central. Por ejemplo, en Heb 3, 7-4,11
se repiten dos estribillos: “no endurezcan sus corazones” y “no entrarán en mi descanso”. Esos dos
estribillos incluyen una exhortación y una advertencia que nos invitan a obedecer para poder entrar en el
descanso de Dios.

b) Hilo progresivo

13
En algunos textos, el “hilo” que se repite es la misma frase, pero que
va cambiando de significado a medida que uno avanza, de manera que la
frase no significa lo mismo al comienzo que al final. Un caso típico es el
Salmo 42-43. No son dos salmos, sino uno solo, porque los une el mismo
estribillo que aparece tres veces: “¿Por qué estás triste alma mía, por qué te
inquietas? Espera en Dios que volverás a alabarlo. Salud de mi rostro. ¡Dios
mío!”

Cuando el estribillo aparece al comienzo, es un lamento amargo, un grito de angustia. Luego el salmo nos
lleva a expresar lo que llevamos dentro y dejar brotar nuestra sed de Dios que vale más que todo lo demás.
Entonces la segunda vez que se dice el estribillo se convierte en una expresión de deseo y de esperanza.
Luego la oración se concentra cada vez más en Dios y se dirige más directamente a Él, con lo cual se
produce un encuentro espiritual y la esperanza se vuelve feliz. Por eso, la última vez que se pronuncia el
estribillo es como diciendo: “ya no tiene sentido que estés triste, que te inquietes, solo confía en él”.

c) Cambios internos

En algunos textos se descubre el algún momento un cambio interno en el lenguaje y en el tono .


Esto sucede sobre todo en algunos salmos de confianza. Comienzan con una expresión de dolor, de abandono,
de angustia, pero en un momento parece que todo cambia, y la oración se vuelve serena y hasta feliz. Esto
desconcierta al lector, pero indica que el Señor ha escuchado la oración y ha devuelto la paz al corazón del
creyente que suplicaba. De ese modo, estos salmos invitan a orar con profunda sinceridad y confianza,
sabiendo que el Señor puede devolvernos la paz. Por ejemplo, veamos el Salmo 31. Hasta el versículo 19
aparece una súplica llena de preocupación y de lamento, pero a partir del versículo 20 encontramos
alabanza, gratitud, y una exhortación a confiar en Dios . Lo mismo sucede en el Salmo 73, porque hasta el
versículo 22 predomina una perspectiva negativa, recordando una situación dolorosa, pero desde el versículo
23 encontramos una paz agradecida y una gozosa experiencia espiritual, porque Dios ha aliviado el corazón
angustiado.

d) Detalles que rompen estructuras

Algunos textos tienen una estructura muy clara y un ritmo bien marcado. Pero aparecen detalles
que interrumpen esa estructura y ese ritmo. Eso significa que hay que prestar mucha atención a esos
detalles, porque son cosas que los autores han querido destacar.

Por ejemplo, si leemos la genealogía de Jesús de Mt 1,1-16, vemos que allí aparecen unos detalles que
rompen la estructura, sobre todo unas mujeres. En aquella época en las genealogías sólo aparecían nombres
de varones. Si uno quitara esas mujeres, el texto tendría más ritmo y armonía. Pero precisamente Mateo
quiso agregar esas mujeres de manera que quedaran resaltadas y nos preguntáramos para qué están
puestas. Son mujeres que recuerdan momentos difíciles de la historia del pueblo judío, y algunas de
ellas tenían que ver con una situación de pecado o con algo que no respondía tan claramente a los
esquemas judíos de la época de Mateo.

Por ejemplo, en Mt 1,3 aparece de manera llamativa: “y la madre de éstos fue Tamar”. No había ninguna
necesidad de aclarar eso. De hecho, en la mayoría de los nombres no se dice quién era la madre. Pero si
vamos a ver quién era esta “Tamar”, encontramos el relato de Gn 38, donde se ve que ella quedó embarazada
de Judá haciéndose pasar por una prostituta. En el versículo 5 de la genealogía dice: “Su madre fue Rahab”.
En Jos 1-2 vemos que Rahab era una prostituta famosa de Jericó. En el mismo versículo 5 aparece otra
mujer, que se destaca por ser extranjera, de Moab, uno de los pueblos enemigos de Israel. Sin embargo,
ella también entra en la historia de los reyes judíos. Pero en el versículo 6 encontramos una larga frase que
se destaca notablemente, porque corta mucho el ritmo de la genealogía: “David
fue padre de Salomón, y la madre de éste fue la que había sido mujer de
Urías”. Es evidente que aquí se quiere remarcar algo. Y lo que sobresale es el
famoso pecado del rey David, que se enamoró de la mujer de Urías, y para
quedarse con ella mandó al marido a la guerra, en la primera fila (2 Sam 11).

14
Otro detalle que rompe la estructura es un momento muy doloroso de la historia del pueblo de Dios: es
la mención del destierro de Babilonia (M1,11-12). Pero lo importante es que toda esa compleja historia,
donde no falta el pecado y el dolor, termina en Jesús. Así Mateo quiere mostrar que Dios también saca
algo bueno de los males de la historia, y que de toda esa historia del pueblo Él hizo surgir el fruto
más precioso: Jesús. Lo mismo puede hacer con nuestra propia historia. Como vemos, una genealogía,
que parece una lista aburrida de nombres, puede contener un precioso mensaje, si lo sabemos descubrir.

Otro ejemplo de un texto donde aparecen detalles que rompen el ritmo y la estructura, es el himno de
Colosenses (Col 1,15-20). Parece que todo el himno era una alabanza a Jesucristo como Señor de toda la
creación. Pero hay dos detalles que llaman la atención porque no tienen que ver con esa figura “cósmica”. Son
dos versículos que se refieren a la Iglesia (v. 18) y a la sangre que derramó Jesús en la cruz (v.20). ¿Para
qué se agregaron esos dos detalles? Si lo pensamos bien podemos darnos cuenta. Se agregaron para “bajar”
a Jesús a la tierra, para conectarlo con la vida comunitaria y con su historia terrena, bien humana, donde
tuvo que derramar su sangre. Si leemos algún comentario a este texto descubriremos que, en la época en
que fue escrita la carta, había grupos muy “celestiales”, que imaginaban a Jesús muy alto, muy elevado,
grande como el universo, pero olvidaban que era un ser humano concreto y que lo encontramos en la
comunidad de la Iglesia.

Un último ejemplo: si miramos el Padre nuestro, veremos que hay un detalle que rompe por completo la
estructura y el ritmo del texto. Es cuando le pedimos al Padre que perdone nuestras ofensas. Allí se agrega:
“así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12) Hasta hay que hacer un esfuerzo para
poder decir toda esa súplica sin respirar. Eso indica que se ha querido destacar sobre todo ese detalle: que
no podemos pedir perdón si no estamos dispuestos a perdonar. Esto se confirma, ya que al final del Padre
nuestro el Evangelio de Mateo sigue: “Porque si ustedes perdonan a los demás sus ofensas, el Padre
celestial los perdonará también a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre perdonará las
ofensas de ustedes” (Mt 6,14-15). Esto nos obliga a destacar que en la versión de Mateo esta oración, donde
nos dirigimos a Dios como Padre, debe ser al mismo tiempo la oración de los hermanos reconciliados.

Hemos visto sólo algunos ejemplos, y no quiere decir que tengamos que buscar estas estructuras
en todos los textos que leamos. Lo importante es que estemos atentos para ver cómo funciona un texto y
qué es lo que queda remarcado en él.

9. ELEGIR SÓLO UNA “UNIDAD” DEL TEXTO


A veces sucede que no podemos encontrar la idea principal del texto y nos parece que hay muchas. Lo
que pasa es que hay textos que tienen varias partes o “unidades” y cada una tiene un mensaje principal. Por
ejemplo, el capítulo 15 de Lucas tiene tres parábolas. Son parecidas, pero son tres. Las dos primeras (la
oveja perdida y la moneda perdida) tienen un mensaje semejante, pero la tercera, que es la del hijo pródigo,
tiene un mensaje más rico que está en fuerte conexión con la introducción del capítulo. Allí se destaca más
nuestra dificultad para alegrarnos cuando Dios tiene misericordia de los hermanos pecadores, como les
sucede al hermano mayor envidioso (Lc 15, 25-30) y a los fariseos (Lc 15,1-2).

Si uno toma el capítulo 6 de San Juan, hay que dividirlo en varias partes, y cada una de esas partes
tiene un mensaje propio, aunque todo el capítulo hable del pan de vida.

Para evitar una predicación o catequesis complicada y llena de ideas distintas, conviene elegir sólo
una de esas partes y analizarla bien. Así tendrá unidad y será más contundente…

10. ESCRIBIR UNA FRASE BREVE Y SIMPLE


Una vez elegida la unidad y detectada la idea principal, hay que escribir
esa idea, resumir en una sola frase cuál es el mensaje central del texto.
Esto es clave para la brevedad (Ecli 32,8: “Resume tu discurso, di mucho en
pocas palabras”).

Debe ser en lo posible una frase con sólo uno o dos verbos conjugados . Si
no es así corremos el riesgo de tener varias ideas en la mente, y entonces la

15
explicación será larga, confusa y desordenada. Pero además será signo más claro de que todavía no hemos
llegado a descubrir el mensaje central, la idea principal del texto. Si no podemos sintetizar el mensaje del
texto en una frase simple y breve, es porque todavía no hemos interpretado bien ese texto.

Veamos algunos ejemplos de frases sintéticas, que permiten desarrollar una sólo idea:
“Jesús nos da la verdadera paz”
“Amamos a los demás como Jesús nos amó”.
“Comemos a Jesús para tener vida nueva”.

En cambio, miremos ahora esta otra frase:


“El Padre Dios envió a su Hijo Jesús para salvarnos, y de esa manera nos alcanzó el perdón para que
nosotros confiemos en su amor y así acompañemos y sirvamos a los demás”.

En esta frase no hay una idea, sino varias. Hay por lo menos seis mensajes: habla del envío de Jesús,
de la salvación, del perdón, de la confianza en su amor, del acompañamiento a los demás y del servicio. Son
demasiados temas para una predicación o catequesis. Las personas no podrán recordar ni aplicar tantas
cosas.

En cambio, cuando se desarrolla un solo mensaje, que se destaca de varias maneras diferentes, las
personas pueden decir rápidamente cuál fue el tema... Esa idea penetrará con fuerza en la mente y
en el corazón de la persona, que se quedará meditando en eso.

C. RECONOCER PARA QUÉ FUE ESCRITO un TEXTO


Para ser fieles al texto bíblico y dejar que la Palabra nos inspire, es necesario detectar el género
literario del texto. Sólo así se termina de precisar bien qué quería transmitir el autor de ese texto.

1. ¿QUÉ ES UN GÉNERO LITERARIO?


Los estudiosos de la literatura analizan los escritos y les ponen un nombre (“novela”, “poesía”, “fábula”,
“epopeya”, “saga”…) Nosotros podríamos hacer lo mismo, pero no hace falta ponerle un nombre a cada texto
bíblico…

¿De qué se trata entonces? Se trata de descubrir para qué el autor escribió ese texto. En realidad,
eso es en definitiva el “género literario”.

Notemos que eso no es sólo la idea o mensaje que quiso transmitir el autor, sino para qué quiso
transmitir ese mensaje (¿para consolar?, ¿para estimular a un cambio de vida?, ¿para motivar la oración?) .
En definitiva hay que descubrir qué efecto quiso lograr el autor, qué objetivo tenía cuando transmitía
ese mensaje. Esto también es ser fiel al autor.

Veamos un ejemplo. Quizás la idea principal, el mensaje central sea este: “Dios es todopoderoso”. Muy
bien, pero ese mismo mensaje puede estar en un género sapiencial o contemplativo, o en una exhortación
moral, o en un texto apocalíptico, o en un salmo de adoración, o en un canto de acción de gracias, o en una
oración de súplica… No es lo mismo. Eso cambia el sentido profundo del mensaje. Por eso, de algún modo
debo incorporar esto en la intención de mi predicación o catequesis para no hacerle decir al texto lo que no
quiere decir. La Palabra de Dios no quiere simplemente transmitir la doctrina de que Dios es todopoderoso,
porque no se revela solamente para instruir nuestra mente. Detengámonos entonces a ver cómo en cada uno
de los géneros que nombramos, esa idea se modifica por el objetivo del autor que escribió el texto:

a) El tema “Dios es todopoderoso”, cuando está dentro de un género


sapiencial contemplativo, invita a contemplar a ese Dios, a
admirarnos por su potencia que se despliega en el universo…
b) Ese mismo tema, pero en una exhortación moral, busca que
descubramos que, con el poder de Dios, podemos llegar a cumplir su
voluntad y cambiar de vida.

16
c) Ese mismo tema, en un texto apocalíptico, busca que los perseguidos no bajen los brazos, y confíen
en el Dios todopoderoso que, finalmente, triunfará contra las fuerzas del mal.
d) Ese mismo mensaje, en un salmo de adoración, invita a unirse en oración para adorarlo.
e) Ese mismo mensaje, en un cántico de acción de gracias, invita a reconocer que todo lo que tenemos
viene del poder creador del Señor.
f) Esa misma idea, en una oración de súplica, invita a pedir con confianza, creyendo que Él realmente
tiene poder para cambiar las cosas.

Advirtamos que es el mismo mensaje (“Dios es todopoderoso”) pero que toma distintas formas de
acuerdo con el efecto que el autor quería producir en los lectores (consolar, o invitar al cambio, o motivar la
oración…)

Una vez precisado este objetivo del autor, podemos completar la frase que habíamos escrito, y ahora si
podemos agregarle otro verbo o una frase subordinada. Por ejemplo: “Dios es todopoderoso y por eso
podemos confiar en Él en medio de las pruebas”

2. ALGUNOS EJEMPLOS DE GÉNEROS LITERARIOS

Detengámonos un momento en algunos géneros que pueden llamarse “históricos”, pero en realidad no lo
son en el sentido que damos hoy a la palabra “histórico”. Tener en cuenta estos géneros nos ayuda a
convencernos de que normalmente no hay que ir a la Biblia a buscar datos históricos o narraciones que
nos cuenten cosas tal cual han sucedido, ya que la Biblia no es propiamente un “manual de historia”.

La mayoría de los textos bíblicos, más que históricos, son “narrativos”, porque a los autores no les ha
interesado tanto contar una historia real para informarnos sobre algunos datos, sino transmitirnos un
mensaje para estimularnos, exhortarnos o alentarnos. Es verdad que algunos en parte pueden transmitir una
historia real de lo que ha elaborado el pueblo o el escritor. Si nos obsesionamos por saber lo que es
exactamente histórico y lo que no lo es, perderemos el tiempo en eso, en lugar de dejarnos interpelar y
transformar por el mensaje de vida que el texto nos quiere transmitir. Veamos algunos ejemplos de esos
textos que contienen narraciones o historias:

a) EPOPEYA

Es una narración exagerada de una historia, donde el personaje actúa para liberar a su pueblo. Lo
que ese personaje realizó es verdadero a grandes rasgos, pero los detalles han sido agregados para
transmitirnos la “maravilla” que eso causó en el pueblo en aquel momento. Por eso no tenemos que
preocuparnos si nos cuesta creer todo lo que cuentan esos relatos. Lo importante es que creamos que Dios
intervino para liberar a su pueblo a través de los elegidos que aceptaron la misión que Dios les daba. Como
ejemplos de epopeyas podemos mencionar los libros de los Macabeos y toda la narración de la liberación de
Egipto en el libro del Éxodo (las siete plagas, el cruce del Mar Rojo…)

b) SAGA

La saga también tiene su parte real y una serie de detalles agregados. Pero lo novedoso está en que
esos detalles son parte de la historia del pueblo. Es decir, el narrador coloca en la historia de un personaje
acontecimientos que en realidad le sucedieron al pueblo a lo largo de toda su larga historia. De este modo el
pueblo se siente reflejado y representado en ese personaje, que se considera como un “padre” de todos.
El personaje representa al pueblo entero. Por ejemplo la historia de Abraham es una saga. Por eso, como el
pueblo estuvo exiliado en Babilonia, Abraham aparece llegando de Babilonia; como el pueblo estuvo en Egipto
y volvió a su tierra, Abraham aparece en ese mismo recorrido… Entonces, cuando el pueblo oía que Abraham
estuvo a punto de matar a su único hijo, que le aseguraba su descendencia, veía allí representados todos los
momentos de la historia en que estuvo a punto de desaparecer como pueblo y
Dios lo preservó (Gn 22,1-19).

Otro ejemplo claro de saga es el capítulo 49 del Génesis. Allí aparecen los
hijos de Jacob, que eran considerados padres de las doce tribus. A cada uno de
ellos se le atribuyen cosas que en realidad tienen que ver con la historia

17
posterior de sus tribus. Por ejemplo, a Benjamín se lo presenta como hábil cazador y guerrero (Gn 49, 27)
porque ésas eran las habilidades que siempre caracterizaron a la tribu de Benjamín (2 Crón 14,7; 2 Sam
1,22; Jc 3,15; 20,14…) A Zabulón se lo presenta como navegante (Gn 49, 13) porque esa tribu se estableció
en la costa, cerca de los fenicios. A Simeón y Leví se los amenaza con dispersarlos (Gn 49,5-7), porque de
hecho esas tribus perdieron su territorio y se dispersaron.
c) ETIOLOGÍA

La etiología es una narración que explica el origen de una costumbre, de un nombre, o de algo que
llama la atención. ¿Para qué? Para cargar con un significado religioso esa costumbre, ese nombre o ese
objeto. Por ejemplo, los judíos no comían la parte de la articulación del fémur, donde está el nervio ciático.
Entonces se creó una historia (Gn 32, 23-33) que explica al mismo tiempo tres cosas: el origen de la
costumbre, el nombre del pueblo de Israel, y el nombre de un lugar (Penuel). Es la lucha de Jacob con Dios,
donde Jacob se aferra a Dios y no lo deja ir hasta que Dios lo bendice. Expresa la búsqueda de Dios, la
necesidad de Él y la fuerza de su bendición que nos da una identidad y un futuro. Es posible que Jacob haya
sido rengo, y que ese detalle sea real, pero no lo es el conjunto de la historia. Lo que importa es que gracias
a esa historia, cuando la gente practica esa costumbre o pasa por ese lugar, recuerda una enseñanza
espiritual.

Lo mismo sucede con los montículos de sal que hay en el Mar Muerto. Se creó la historia de la mujer de
Lot, que por no obedecer a Dios y mirar hacia atrás se convirtió en un montículo de sal (Gn 19,17-26). Así, la
gente que veía los cúmulos de sal en el Mar Muerto, recordaba este mensaje que nos estimula a ser
obedientes a Dios. Quizá sea cierto que la ciudad de Sodoma haya sido destruida alguna vez, pero el
conjunto de este relato es ficticio.

Vemos entonces que la función de estas historias es aprovechar algo que llamaba la atención a los
judíos para que recordaran una narración, y así recibieran un mensaje que los estimulara a ser
mejores.

d) MIDRASH

Es una narración donde el autor recoge narraciones del pasado, escritas u orales, pero se
preocupa más por el efecto que quiere producir que por los detalles de los relatos, que se adaptan, se
modifican o se transforman de acuerdo con las necesidades de ese momento. Entonces, toma algunas
historias y las combina, las embellece, las adapta al gusto de la gente de su época, de manera que su
mensaje quede bien destacado. Por ejemplo, los relatos de la infancia de Jesús (Mt 2; Lc 1-2) tienen estas
características. Por eso no hay que preguntarse si existió la estrella que guiaba a los magos, o si realmente
murieron todos los niños… Todo está narrado para mostrar que Jesús no era un niño cualquiera y que era el
Mesías que venía a liberarnos.

Otro midrash es el que aparece en el libro de la Sabiduría, que vuelve a


contar el éxodo y los cuarenta años por el desierto para la gente de su época y
de su lugar. Eran los judíos de Egipto, que estaban acostumbrados a historias
muy llamativas y fantasiosas. A ellos no se les podía contar la historia tal como
aparecía en el Éxodo y en los Números, porque no les resultaría atractiva, la
iban a tomar como cosas aburridas o poco interesantes. De ese modo, no iban a
recibir el mensaje de esas narraciones. Entonces el autor del libro de la
Sabiduría adornó y adaptó esas historias de acuerdo con el gusto de su gente,
porque lo que más le interesaba no eran los detalles históricos, sino el efecto
que quería producir para sostener la fe de ellos. Por ejemplo, mientras el libro de los Números contaba que
el maná que Dios mandaba no tenía buen sabor (ver Núm 11,5-8), el libro de la Sabiduría dice que tenía un
sabor incomparable y brindaba todas las delicias (ver Sab 16,20-21). Esa adaptación del relato ayudaba a
los lectores para que tuvieran confianza en su Dios y no se dejaran atraer por los cultos paganos de Egipto
(ver Sab 13-15). Situado en Egipto, el autor quiso utilizar todas sus armas para invitar a rechazar la
idolatría de los egipcios.

18
Por lo tanto, cuando uno lee un “midrash” debe evitar distraerse en los detalles, que son los que menos
interesan.

e) CUENTOS DIDÁCTICOS O PARÁBOLAS

Son historias inventadas sólo para dar una enseñanza. En ellas no hay hechos reales, porque son
producto de una elaboración que hace un maestro para poder dar una enseñanza de modo didáctico .
Esto era necesario sobre todo para los judíos, porque ellos no estaban muy acostumbrados a doctrinas
filosóficas o a razonamientos especulativos, y estaban acostumbrados a transmitir enseñanzas a través de
símbolos y relatos. En este sentido eran muy diferentes a los griegos, que tenían un mayor aprecio por la
filosofía y por las argumentaciones. Por eso los maestros judíos permanentemente creaban narraciones
didácticas. Son las parábolas que decía Jesús, por ejemplo.

En el Antiguo Testamento tenemos el caso del librito de Jonás. No nos esforcemos por creer que
realmente se lo tragó una ballena. Es sólo un relato inventado para sensibilizar a los judíos, para que
descubrieran que Dios amaba a todos los seres humanos, también a los paganos. Por eso no explica cómo
termina la historia y concluye simplemente con una enseñanza de Dios. Tampoco menciona el nombre del rey,
no nos da ningún dato sobre la época, ni nos indica de dónde venía el profeta.

f) NARRACIONES PROPIAMENTE HISTÓRICAS

La Biblia también tiene relatos que trataron de transmitir los hechos con la mayor fidelidad
posible. Las narraciones de 2 Sam 10-11 y 13-20, por ejemplo, pueden ser consideradas reales en gran
medida. Nos ayudan a recordar que Dios se manifiesta en medio de la historia, de las cosas que nos
suceden. Por eso, no sólo debemos buscarlo en nuestro interior, sino también en medio de los
acontecimientos sociales.

g) NARRACIONES DE MILAGROS

Evidentemente, en los Evangelios la historia es muy importante. No podemos pensar que Jesús era
una leyenda, que no murió en la cruz, que no resucitó, o que no realizó prodigios. Todo eso es real, y está en
el centro de nuestra fe. Jesús no era un símbolo sino alguien que quiso enseñarnos el camino con su propia
vida. Pero eso no significa que los Evangelios sean “manuales de historia” y que todos los relatos de los
evangelios tengan que ser tomados al pie de la letra. Son relatos “kerigmáticos”, y eso significa que lo más
importante no son los detalles, sino el anuncio de Jesús que nos hacen los evangelistas a través de las
narraciones. Esto es importante sobre todo en los relatos de milagros. Es verdad que Jesús hizo prodigios,
obras poco comunes que manifestaban la autenticidad de su misión. Pero no todos los relatos de milagros
tienen el mismo valor histórico , y no es fácil saber qué detalles son reales y cuáles no. De nuevo tenemos
que decir que no vale la pena detenernos en eso, porque no es lo que a Dios le interesó transmitirnos a
través de los Evangelios. Nosotros podemos preguntarnos qué sentido tenía que Cristo hiciera milagros,
para qué los hacía. Y podríamos decir que esos milagros que acompañaban la predicación del Señor
respondían a una adaptación de Jesús a la cultura de su tiempo. Porque los oyentes necesitaban ver algo
extraordinario. Pero no sólo para captar el valor y la autenticidad de un mensaje (Jn 6,30; Mt 12, 38; Hech
2,22), sino también para descubrir su sentido al verlo
concretizado, palpable en un hecho prodigioso. Por esto, los
milagros tenían gran importancia en aquellos primeros tiempos de
la propagación de la fe cristiana. De hecho, cuando Jesús
recrimina a las ciudades de Galilea que no se hayan convertido a
pesar de los muchos milagros realizados en ellas (Mt 11,20), de
ese modo atribuye a los milagros una fuerza testimonial . Si bien
los milagros no sirven para demostrar la divinidad de Jesús, en su
época eran necesarios para dar credibilidad a su enseñanza.

En los Evangelios los milagros son hechos sorprendentes


que suscitan una pregunta e invitan a aceptar lo que Jesús anuncia: que el Reino de Dios está llegando.
De hecho, los evangelistas ponen en boca de Jesús la explicación de los prodigios que realizaba: “quiere
decir que ha llegado a ustedes el Reino de Dios” (Lc 11,20; Mt 12,28). Aunque también hay que decir que

19
los milagros no son los únicos signos a través de los cuales Jesús hablaba, ni los más importantes. Cabe
destacar también su pobreza, su coherencia, la comida con los pecadores y otros gestos frecuentes
que significan algo más que su poder y que garantizaban la autenticidad de su mensaje y su misión. En
primer lugar habría que mencionar siempre un signo elocuente que el mismo Jesús indicó a los enviados de
Juan el Bautista cuando querían saber si él era el Mesías: “La Buena Noticia es anunciada a los pobres ” (Mt
11, 4-5; cf Lc 4,18). Pero la comunidad primitiva descubría en los milagros ante todo este aspecto de
“signos” de otra cosa. Esto vale de un modo particular para el Evangelio de Juan. Allí, por ejemplo, la
narración de la curación de un ciego en Jn 9 está al servicio de la afirmación: “Yo soy la luz del mundo” (Jn
9,5).

Pero fundamentalmente, la primera comunidad cristiana consideraba al conjunto de los milagros de


Jesús como signos de la misericordia de Dios y de la redención. Así lo advertimos en Hech 10,38, donde
se presenta la actividad benéfica de Jesús como salvación de los caídos en poder del demonio. Esto
responde también a la mentalidad de la época que relacionaba estrechamente los males físicos con el pecado
(Lc 13,1-5). Este sentido de los milagros como signos de algo más importante, se refuerza si consideramos
que Jesús se negaba a realizar prodigios cuando éstos eran requeridos como “pruebas irrefutables” de la
autenticidad de su misión (Mc 8,12; Lc 11,29). Porque en realidad los prodigios nunca determinan la
verdadera conversión si no se los sabe interpretar a la luz de la enseñanza impartida: “Si no oyen a Moisés y
a los Profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite” (Lc 16,31).

Más allá de la historicidad de cada una de las narraciones evangélicas de milagros, y de sus detalles,
queda en pie la convicción de que Jesús, como todo gran profeta, ha realizado algunas obras prodigiosas que
permitían que fuera aceptado como verdadero profeta, y que la gente se detuviera con confianza a
escucharlo. De hecho, no se puede ignorar que cuando los Hechos de los Apóstoles nos refieren la
presentación de Jesús hecha por Pedro a los judíos, al comienzo de su discurso se destacan los prodigios
que lo presentaban como un auténtico enviado de Dios: “Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó
ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen” (Hech 2,22).
Por otra parte, si es posible la resurrección de Jesús, también son posibles los milagros. Aunque puede
discutirse sobre la autenticidad de tal o cual milagro, lo cierto es que cada vez es más aceptado que Jesús
realizó hechos admirables, considerados como milagros por la gente de su tiempo.

Algunas veces las narraciones de hechos prodigiosos no son más


que recursos utilizados por los evangelistas para poder explicar
algún aspecto del misterio de Jesús, acudiendo a citas de los textos
proféticos. Así, los evangelistas afirman que, cuando murió Jesús, la
tierra se oscureció (Mc 15,33; Mt 27,45), porque en Am 5,18; 8,9, esa
oscuridad era un preanuncio de la restauración del pueblo (Am 9,11-15).
Los muertos saliendo de los sepulcros (Mt 27,52-53) deben
interpretarse a la luz de Ez 37,11-12 y de Dn 12,2, que indicaban así la
llegada del tiempo mesiánico. Lo mismo vale para el temblor de tierra
y las rocas partidas (Mt 27,51 a la luz de Is 2, 10; Zac 14, 4-5).

h) NARRACIONES DE EXPULSIONES DE “DEMONIOS”

Muchas veces nos podemos preguntar también si los textos que cuentan que Jesús expulsaba
demonios son realmente históricos. Tenemos que decir inmediatamente que sí, pero el problema es
interpretar bien qué es lo que esos textos nos quieren narrar. El tema aparece en Mc 3,14-15 en relación
con el ministerio de los Doce. Allí se presenta una brevísima síntesis de la misión que Jesús confiere a los
apóstoles: Jesús los envió a predicar, “con el poder para expulsar a los demonios”. Evidentemente, si
toda la misión evangelizadora, además de la predicación, se resume en la expulsión de demonios, está claro
que la expresión “demonios” tiene aquí un sentido muy amplio: simboliza en general todos los males que
perturban la vida de la gente. En definitiva, se quiere significar que Jesús no envió sólo a instruir a la
gente con una doctrina, sino también a hacer el bien, a liberar a la gente de sus males más profundos.

La expresión “demonios”, en plural, es el único modo que tenían en aquella época de identificar y
explicar fenómenos psicosomáticos que la ciencia no explicaba ni curaba, incluyendo epilepsias,

20
manifestaciones histéricas… Hoy, si bien estas patologías no siempre pueden ser curadas, por la
complejidad de las causas que puedan provocarlas, ordinariamente tienen una explicación científica, o se
puede suponer razonablemente que la tendrán. Por lo tanto, a estos “exorcismos” hay que situarlos dentro
del contexto de las curaciones en general, si bien no pueden identificarse sin más con otros relatos de
curaciones. Al relacionar algunos males con una causa demoníaca, los Evangelios nos hablan de la acción
benéfica que Dios puede realizar sobre el ser humano entero, en todas sus dimensiones: las más
superficiales y las más profundas. Dios, porque puede sanar los males del corazón, a partir de esa obra
interior libera a las personas de otros males.

Pero es indudable que Jesús realizaba expulsiones de demonios, más allá de la explicación que se les
quiera dar. Sin duda, Jesús era famoso por esta actividad (Mc 3,22-27; Mt 9,32-34; 12,22-29; Lc 11,14-20).

Para comprender el sentido profundo de fe que hay en estos relatos extraños, veamos un texto
particularmente llamativo y espectacular como el de Mc 5, 1-20, cargado con muchos prejuicios culturales
de su época. Lo más importante es leer la conclusión del texto, donde se juega la intención fundamental del
relato: más allá de la multitud de demonios y de los cerdos precipitados al mar, lo que Jesús le pide al
hombre liberado es: “Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor ha hecho contigo al
compadecerse de ti” (5,19). Éste es el núcleo del sentido que subyace en toda la narración: la acción
benéfica que la misericordia de Dios puede realizar en un ser humano degradado y herido.

La descripción del estado del hombre, al comienzo del relato, ofrece todo un símbolo de lo que es un ser
humano profundamente dañado en su dignidad : habitando entre sepulcros, atado con cadenas, dando
alaridos e hiriéndose con piedras (5,3-5). Ese mismo hombre sentado sereno, vestido, y en su sano juicio
(5,15), muestra lo que Dios quiere para todo ser humano y cómo el amor de Dios puede manifestarse
liberando integralmente a las personas.

No se puede ignorar, en este relato concreto, la descripción del mundo


pagano que encontramos en Is 65,1-7. Allí se habla de los paganos en general
como gente “que habitan en tumbas” y “que comen carne de cerdo” (Is 65,4).
Es probable que este texto esté en la base del relato de Marcos, que de este
modo presenta a Jesús como quien, con su palabra libera al mundo pagano
de sus impurezas y violencias. Indudablemente, más allá del peso que
ciertamente tenía todo lo demoníaco en la cultura de aquella época – y en los
mismos evangelistas -, advirtamos que eso cuenta bastante poco en el sentido profundo del texto. El
mensaje de fondo es lo que interesaba.

Esta conclusión se refuerza al considerar los detalles de este texto de Marcos, que tenían un fuerte
contenido simbólico, lo cual hace pensar en un relato construido – y sobrecargado – para enriquecer su
significación utilizando figuras propias de la cultura popular: los sepulcros, por ejemplo, eran símbolos de
impureza (estar en contacto con los muertos impedía participar del culto) y por lo tanto separaban de Dios.
Los cerdos eran símbolos de la impureza pagana . El mar, donde se arrojan los cerdos, era símbolo de las
fuerzas del mal. Por otra parte, la multitud de los cerdos simbolizaba también la riqueza de los paganos,
que colocaban los bienes por encima de cualquier otro valor : por eso, la pérdida de esa multitud de cerdos
era más importante para ellos que la liberación de aquel pobre ser humano atormentado y, como
consecuencia de dicha escala de valores, le piden a Jesús que se vaya de la región para que no moleste.

Es evidente que esta riqueza de simbolismos no se ordena a centrar nuestra atención en la legión de
demonios. Más bien quiere concentrarnos en una imagen preciosa de Jesús y en su relación con el ser
humano, que se quiere poner fuertemente de relieve: Jesús no solamente enseñaba, sino que promovía a
las personas, las liberaba, las restauraba, las integraba a la sociedad, las ayudaba a vivir mejor . Por
tanto, la misión evangelizadora de sus discípulos no se reduce a un anuncio verbal, sino que incluye una
actividad que tiende a llevar a las personas a una vida más digna y plena. Con esto se relaciona, en su
más hondo sentido simbólico, la función de expulsar demonios que se confiere a los apóstoles y la promesa
de expulsar demonios que aparece en Mc 16, 17.

21
“Un encuentro con
Dios”
- Oración personal 3-
“Hablen mucho con el Señor en la oración…”
M. María del Tránsito (Carta 18.2)

En este momento de intimidad que dedicarás sólo para vos, el momento de


oración personal, te invitamos a que como discípulo puedas abrir tu corazón a
Jesús, y te dejes tocar y movilizar por su Palabra. Para encontrar esta
propuesta de oración personal hacé clic aquí.

“Construimos nuestra
comunidad catequística”
- Trabajo grupal 3-
“Nos hemos unido en Jesucristo para amarle y servirle y cuando nos comunicamos yo
creo que le agradamos…” M. María del Tránsito (Carta 18.9)

Después que hayas hecho la lectura de todo el material presentado en este módulo, te invitamos a
realizar el trabajo grupal para seguir profundizando tu acercamiento a la Palabra de Dios.
Si haces clic aquí, lo encontrarás.

En esta parte del módulo, a lo largo de todo el Curso, intentaremos regresar a nuestra propia práctica
catequística. Como si después de haber recorrido un camino, en el cual fuimos recogiendo aportes,
sugerencias, novedades y, sobre todo, la presencia de Dios compañero de camino, estuviéramos regresando
a casa, a nuestra Catequesis de todos los días.

Nuestra propuesta consiste en que todos puedan volver con la mochila y el corazón llenos, pero a la
vez abiertos, para seguir creciendo en la vocación que Dios nos regaló.

“Un encuentro con los


demás”
- Oración de la comunidad
3-
Les proponemos que, como comunidad catequística, puedan regalarse un espacio para compartir la fe y
la vida. En este momento de oración comunitaria, descubriremos que nos une una misma fe, una experiencia
compartida…

22
Si estamos atentos a las inspiraciones del Espíritu y al mensaje de la Palabra de Dios, si acogemos
en nuestro corazón a cada uno de nuestros hermanos y sus profundas de experiencias de vida, más
allá de las apariencias…

Si haces clic aquí encontrarás este momento de oración comunitaria.

¡Gracias por compartir con nosotros este camino de


formación y de comunión en Jesús!
"El Señor te bendiga y te guarde,
te muestre su rostro y tenga misericordia de ti.
Te mire benignamente y te conceda la paz.
El Señor te bendiga hermano"

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
 FERNÁNDEZ, Víctor Manuel. Cómo interpretar y cómo comunicar la Palabra de Dios. Métodos
y recursos prácticos. San Pablo. Buenos Aires. 2008.
 INSTITUTO FE Y VIDA. LA CASA DE LA BIBLIA. La Biblia católica para jóvenes. Editorial
Verbo Divino. Finlandia. 2005.
 NOUWEN, Henri. Dirección espiritual. Sabiduría para la larga andadura de la fe. Edit. Sal
Terrae. Santander. 2007.
 Evangelie Nuntiandi
 http://www.revistaecclesia.com/index.php
 http://www.sobicain.org/shell.asp
 www.buenasnuevas.com
 http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-
xvi_exh_20100930_verbum-domini_sp.html
 http://app1.cristonautas.com/
 http://www.fundacionpane.org/

23

Похожие интересы