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“Tiempos modernos”, es una película que se enfoca en lo que conocemos como dimensión

formal: escuelas que no toman en cuenta a la conducta y el comportamiento del hombre, y que no
reconocen su calidad pensante-actuante. Entrarían en este grupo, las escuelas clásicas y
neoclásica.

Al ser Charles Chaplin el protagonista de un obrero de una sociedad mecanicista, se puede notar
su incesante actividad, en donde no puede dejar pasar una pieza sin que la haya trabajado
(exigencias de la producción en serie y la línea de ensamblaje, nacidas con el Fordismo). La
máquina maneja su ritmo de producción, o más bien, lo controla (al punto que le agarra un ataque
nervioso). Chaplin, es un subordinado de la máquina, un engranaje más de esta. Y cuando va al
baño, el presidente de la empresa le dice que no pierda tiempo y que vuelva al trabajo,
cumpliéndose tal como explicaba Taylor; mientras menos tiempo se pierda en movimientos
ineficientes o inútiles, más se producirá (se demuestra también con el control de la llegada de los
trabajadores a la fábrica). Se puede apreciar también, la división de tareas en la fábrica, haciendo
cada obrero algo distinto (especialización). Y también están los capataces que controlan la
producción del obrero y su posición (como cuando un capataz le dice a Chaplin dónde tiene que
estar parado frente a la cinta mecánica, para no entorpecer el trabajo de los obreros que tiene al
lado). Ellos tienen asignados a un promedio de 6 obreros a supervisar (concepto del alcance de
control, “pirámide chata” – jerarquía: Presidente-Capataz-Obrero). Estas menciones forman parte
del campo de estudio de lo que fue la administración científica (escuela clásica), y la escuela
neoclásica (que no es más que una continuación de las ideas de Taylor y Fayol).

Por parte de la administración industrial y general (escuela clásica), cuyo enfoque fue el gobierno
de una empresa, se puede notar esta con las decisiones del presidente de la fábrica, que está en
constante búsqueda de mejorar la eficiencia. Por ejemplo, al ordenar a un capataz (comunicación
descendente) a aumentar la velocidad de una máquina para aumentar el ritmo de producción. O
rechazando la máquina que le ofrecieron para alimentar a sus trabajadores por el hecho de ver
que no era práctica. Son todas decisiones según la racionalización fabril de la época. Y no hay que
olvidar el concepto de autoridad, que según Fayol, “es el derecho a mandar y el poder de hacerse
obedecer” y que “el individuo es una constante; se le indica qué hacer, y lo hace”.

Como se ve, no se toma en cuenta al hombre en toda su dimensión. Se omitieron los sentimientos,
pensamientos, incluso las motivaciones del trabajador (más allá del miedo al despido), que
podrían aumentar la eficiencia de la organización. Por lo tanto, no se reflejan en esta película las
escuelas de relaciones humanas, sociología y psicología.

Como complementarios, se puede notar en la sociedad el desempleo, la búsqueda constante de


trabajo para vivir, la represión de los policías a las manifestaciones, entre otros.

Nicolás Wojcicki