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¿Es inmoral la clonación?

13-3-2018 Ensayo de Reflexión Ética

Christopher Cárdenas Naveja


Preparatoria N°5 / U. de G.
Reflexión Ética / 6°A
Constantino Rocha Parra
El tema de la clonación lo fue de ciencia ficción hasta finales de 1997, convirtiéndose
a partir de entonces en una cuestión biomédica tan preocupante como fascinante
de cara al futuro de la humanidad, desde hace ya tiempo que se clonan genes y
células para fabricar medicamento, animales para hacer renacer especies
desaparecidas, salvar otras en vías de extinción o mejorar cualidades de algunas
razas, sin que estas representen problema alguno. Pero en cuanto se habla de
clonar a un ser humano, no hay político o científico que no alce la voz, y surge
entonces un murmullo de opiniones divergentes.

Muchas veces pensamos en clonación como reproducir de manera idéntica un ser


completo, cuando esto solo hace referencia a uno de los objetivos, el de la clonación
reproductiva; pero hay otra, la clonación terapéutica, la cual consiste en desarrollar
un embrión para extraer sus células madre y aplicarlas en la medicina (creación
tejidos u órganos dañados. ). La primera ampliamente prohibida, y que incluso tiene
una interdicción por parte de la UNESCO, debido a que es una práctica en contra
de la dignidad del hombre; y la segunda, con una mayor aceptación, ya que incluso
en países como en Gran Bretaña no sólo se autorizan dichos experimentos, si no
que se incitan; pues tienes aportes numerosos, entre ellos para tratar a personas
con Parkinson o el Síndrome de Huntington. Lo que muchos no se plantean es que
en dicho proceso implica que se cosifique o se instrumentalice el embrión, por lo
cual nos podemos cuestionar si hemos sido egoístas en pensar en este como un
objeto para solucionar nuestros problemas médicos. Por lo anterior, nos
desarrollaremos primero en base a la clonación terapéutica, y después a la
clonación reproductiva.

Clonación Terapéutica:

El hombre forma parte de la naturaleza, pero también está fuera de ella, ya que el
hombre posee un valor en sí mismo, que no depende de su utilidad social, pero nos
podemos preguntar: ¿Ocurre lo mismo con el embrión y el feto?. En el hombre, el
embrión se distingue del feto por una edad arbitraria de tres meses de embarazo, y
que según Niceto Blázquez, se le tiene el mismo respeto a un feto muerto que a un
hombre muerto, civilmente; y que desde el punto de vista jurídico no ocurre, lo cual
queda claro con los siguiente. “Hubo un caso de una madre que, que tras el
accidente de coche había perdido a su feto de seis meses, el Tribunal Supremo, en
julio de 2001, considero que el ser en devenir, viable pero todavía en el vientre de
la madre, no era un hombre. El homicidio por tanto quedo descartado” (Degos,
2005). Pero el problema surge cuando las leyes no ponen una tercera categoría
junto a la de hombre y la de cosa. Esto queda claro ya que al no poderse pagar o
rentarse, el embrión potencialmente humano no puede ser una cosa (basándonos
en el pensamiento kantiano de que el hombre es un ser autónomo que debe ser
libre), pero tampoco hombre (jurídicamente), ya que, según los jueces, el hombre
no lo es hasta su primera respiración, hasta su primer grito tras salir del vientre de
su madre. Pero analizando esto, podríamos pensar como Laurent Degos que
“cuando el hombre manipula el inicio de la vida, se está acercando a Dios o se cree
Dios mismo, puesto que crea un clon ‘a su imagen’, volviendo el así también ‘eterno’”
(Degos, 2005), hablando él desde la perspectiva ideológica judeo-cristiana.

Una vez muerte, el feto vuelve al ciclo de la naturaleza. Pero si, en vida deviene
fuente de células o futuro objeto del creador, cambia totalmente la finalidad, es
entonces cuando “El embrión instrumentalizado vivirá para otro y no para sí mismo;
se ‘sacrificaría’ por otro sin haber podido elegir” (Blázquez, 2000).

Clonación Reproductiva:

En la cuestión que se plantea con respecto al clon reproductivo, un aspecto


importante a considerar son sus relaciones intrafamiliares, pues podría tener cinco
madres, debido al proceso que implica clonar, y en cuanto al padre, podríamos
pensar más bien en este como su gemelo, debido a que se extrae el núcleo de una
de sus células, para introducirlo en el ovulo, lo cual implicaría al abuelo como el
padre, y que provocaría que ya no pudiese definirse un lazo parental de primer
grado con el padre o la madre debido a la disociación de estos. Otro punto
importante es que habría una regresión del mundo sexuado que tenemos, a uno
asexuado, una regresión del mundo viviente, pues no existiría variabilidad genética,
más allá de la impuesta por las modificaciones genéticas para “mejorar” al individuo,
pero que a largo plazo seria desastroso. De hecho, uno de los mayores saltos de la
historia natural consistió de pasar de un mundo no sexuado a uno sexuado. “La
sexualidad y sus consecuencias, la diversidad de cada elemento de la especie,
constituye la base de la evolución de los seres vivos, de la selección natural, lo cual
provocaría una gran catástrofe en nuestra especie” (Valenzuela, 2005).
Investigaciones han arrojado que uno de los primeros problemas de la clonación,
es el envejecimiento del clon, debido a que no lleva a cabo un proceso reparador
(llamado “enzima telomerasa”).

Pero lo que puede ser más catastrófico es legar a su descendencia un patrimonio


genéticamente ruinoso, pues “existe una gran diferencia entre los gametos que se
acoplan durante la fecundación del embrión y las células adultas que proporcionan
el núcleo del clon” (Degos, 2005), ya que una célula adulta ha sufrido ya múltiples
divisiones (a diferencia de cuando los gametos se acoplan), lo que provoca mayor
cantidad de mutaciones, en específico, al equivalente a la suma de las mutaciones
adquiridas en 100,000 años, las cuales persistirían en las generaciones futuras.

Como una reflexión a lo anterior, podemos darnos cuenta que casi todo el mundo
condena la clonación reproductiva, ya que esto implicaría daño no solo a la dignidad
del clon, además de que también provocaría la decadencia y ruina biológica de las
generaciones venideras, y a incluso, la desaparición de nuestra propia especie.
Luego tenemos a la clonación terapéutica, debido a las ventajas médicas que
conlleva, que sin darnos cuenta que atenta contra nuestros valores, ya que estamos
cosificando a un ser vivo para nuestro beneficio, sin haberle dado la oportunidad a
este ser de elegir, simplemente porque no sentimos que no es un hombre como tal,
sin ponernos a pensar que esto implicaría nuestra subsistencia a costa de otro ser,
por lo cual, desde esta perspectiva, la clonación terapéutica es tan discutible como
la clonación reproductiva, muy a pesar de que esta podría salvar a muchas
personas, ya que se están violando las libertades del ser.

Todo ello nos hace darnos cuenta, basándonos en una ética del deber kantiana, de
que más allá de nuestro bienestar (y con ello la felicidad), está hacer lo correcto,
esta respetar la vida y la libertad de un ser, y de respetar a nuestra especie.
Bibliografía
Bernal Garcia, M. J., & Bernal Camargo, D. R. (2008). Claves para comprender la bioética. Bogotá:
Universidad de Boyacá.

Blázquez, N. (2000). Bioética: La nueva ciencia de la vida. Madrid: Estudios y Ensayos BAC.

Cano, A. M. (2011). Bioética y derechos humanos. Madrid: Universidad Nacional de Educación a


Distancia.

Degos, L. (2005). ¿Es inmoral la clonación? Madrid: Ediciones Akal.

Valenzuela, C. (2005). Ética científica de la clonación humana. Santiago de Chile: Revista médica de
Chile.

Valle, F. C. (2003). Clonación humana. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de


México.