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Las aventuras de

E m e t e r i o V i a l e s
Camilo Rodríguez Chaverri
. CR863.44 Rodríguez Chaverri, Camilo
. R696a Las aventuras de Emeterio Viales / Camilo

Rodríguez Chaverri. -- 2a ed. -- San José, Costa Rica:


C. Rodriguez Ch., 2009
96 p ; 8,5” x 5,5”

ISBN: 978-9968-547-12-3

1. CUENTOS COSTARRICENSES.
2. NARRACIONES. 3. LITERATURA COSTARRICENSE
I. Título.
Para don Jorge Hernández, don Carlos Álvarez y todos los
animadores y los humoristas de Radio Omega, que trabajan
junto al humorista Emeterio Viales.
Las aventuras de

E m e t e r i o V i a l e s
Las aventuras de Emeterio Viales

Dientes de ajo
Así es Camilo, la cosa, mirá. A veces porque el chancho es ñato
piensan que es que está chiflando y se equivocan. O porque lo
ven agachao a uno piensan que es cusuco. Pero nojotros los
campesinos, verdá, somos personas enteligentes, personas
que hemos luchao, personas que necesita el pais. Y, yay, una
vez me voy yo pa´aquí pal´ lado e´ Puerto Jiménez. Yo no sabía
que en Puerto Jiménez había tanto oro, verdá, porque ahi el oro
abundaba, ahi, en too eso. Entonces llegué yo y ya me dio por
sembrar ajos. Mirá, sembré ajos y la gente me criticaba, me
decían, “Emeterio, ¿cómo se le ocurre a usté venir a sembrar
ajos aquí, a Jiménez, si aquí es bueno pal´café, pal´banano?
Siembre banano, siembre café”, y les digo yo, “ay, déjenme a
ver cómo me va”. ¡Mirá, se burlaron de yo! Too el mundo se
burlaba porque yo vía sembrao ajos y, vea, , jue cuando hice más
plata yo. ¿Sabe por qué? Porque cada diente de ajo venía con
una calza e´ oro. ¡Hice un platal! Jue la vez que hice más plata,
jejejejejejjeje. ¡Ay jue mi alma!

Pepas di´oro
Volviendo al cuento de Jiménez, ahi me quedé porque ya me
gustó la hija de un Otoniel y ya yo, como tocaba guitarra y me
gustaba la música y la señora tenía un horno e´ barro de esos
buenos en el puro corredor, y esas macetas muy lindas, y esa
zona sí que me gustó… ¡Je! Ya compré una finquita y vieras que
les digo a unos piones, “mirá, ¿por qué no me van a ayudar a mí?”
Y dicen, “Emeterio, a usté no le ayudamos porque esa finca suya
tiene mucho oro y a nojotros se nos amellan los machetes”. Vea
usté si al oro no le tomaban valor en ese tiempo que la gente
no quería trabajar porque había mucho oro. Pues me jui yo a
volar machete y a volar pala y donde le daba al oro, me brincaba
mucho polvo y tragaba mucho polvo de oro. Y, ¡diay!, después
me enfermé, yo me puse amarillo, amarillo. Y yo pensaba, “esta
es la condenaa de la fiebre amarilla” Y ya me jui pa` onde el
médico y ya me hizo lo que llaman una rayografía por dentro y
too eso, y dice, “pa´ mí que lo que usted tiene son piedras en
los riñones”. ¡Qué piedras en los riñones! ¿Sabe que´ra lo que
tenía yo? ¡Pepas de oro en los riñones, pepas de oro! Y no es
naa ¡jajay! Mirá, oiga si había tragao polvillo de oro que una

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Camilo Rodríguez Chaverri

vez me jui a orinar y una miada amarillititica. Entonces la eché


entre un vaso y la llevé onde el joyero y, oiga, dice “esto es oro
de 18 kilates, mejor dicho, de 24 kilates” y me hizo una cadena
que quedó que va ser la que usa Mario Baracus, en tele, y a
punta de una miada que era puro oro, verdad, je je je je. Mirá
uno cuenta esas cosas y la gente dice, “¡qué viejo más jetón!” y
son cosas ciertas.

La mata e´yuca
Ay, viera qué lindo. A mí siempre me ha gustao el trabajo porque
de veras qué lindo es vese uno con las manos calludas y botar
sudor pa´ saber uno que gracias a Dios esto que me estoy
comiendo es producto del esfuerzo que yo he hecho sembrando
la tierra. Y como en Costa Rica de veras antes los terrenos
daban de too, no como ahora, porque también seguro a veces
los agroquímicos y los abonos o no sé qué cosas han dañao
la tierra. Porque en el tiempo de antes yo arrecuerdo que
Guácimo, Guácimo de Limón, era muy bueno pa´ agricultura y
es cierto porque yo sembré una milpa que se crió tanto que los
pasajeros de los aviones me robaban los elotes a mí. Tuve que
apiala porque en después oí en las noticias que parecía que las
mazorcas estaban rompiendo las capas de ozono y que estos
calores y estos cambios de clima se debían a la milpa. Pero eso
no es naa. Le contaba yo a Chindo Peraza, que me lo encontré
un día de´stos, verdá, venía montao a caballo en una yegua, y
le digo, “Chindo, ¿usté sabe lo que me pasó a mí en Guácimo?
Sembré una yuca y yo no sabía que era tan bueno pa´ la yuca y
de baboso la voy abonando, mire, Chindo, cuando esa mata e´
yuca se crió era como un palo e´ higuerón. El día que me jui a
arrancar la mata e´ yuca, no me lo va a crer usté, pero le pegué
la yunta e´ bueyes y ni siquiera la movía, y esos bueyes que
tienen juerza, verdá, y había un tractor trabajando, entonces lo
llamamos y lo contratamos y se lo pegamos a la mata e´ yuca y
hasta que se ponían las cadenas rojititicas. Gracias a Dios que
yo tenía un radiecillo que en ese tiempo no sé si se acuerdan
ustedes que jue las primeras emisoras que hubieron en el país,
verdá, que era radio Manguera, la voz del empaque, y radio
Malanga, la voz del suampo, en manga larga, en manga corta…
Cuando oigo las noticias que decían, “si alguien está arrancando
una yuca en Guácimo, por favor déjela quedititica porque se está
desfondando la iglesia de Guápiles. Vea hasta donde llegaba la
raíz, jajajajaja, qué terrenos eran esos…”.
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Las aventuras de Emeterio Viales

La jartaa e´cajetas
¡Ah vida! Oh, Felipillo, le digo yo a Felipe, “usté qué hace que
compró ese carro y le costó un cachimbal de plata, y yo si le
contara que yo jui el primero que jui a Limón con un carrillo
casi hecho mío”, mejor dicho que yo había armao y me jui aquí
por el lao e´ Turrialba. Me acuerdo que había una sequía en
ese tiempo que no seas ingrato, era tanta la sequía que hasta
las gallinas ponían los huevos fritos, verdá, iba yo subiendo pa´
arriba por una cuesta y no se me apaga el carro. Yo no es rajar,
yo de mecánica no sé mucho. Ahí sí sería mentir y a mí no me
gusta la mentira, verdá. Entonces, comienzo yo a travesiar el
carro por un lao y por el otro y esto y el otro y no le daba el
chiste. En eso voy viendo que no llevaba una gota de agua y, ay
jue mi alma, vuelvo a ver y no había agua por ningún lao. Oiga,
ni ganas de orinar tenía pa` echar una orinaa aunque juera,
verdá. Cuando eso voy viendo un palo e´ pipa, oiga, yo no andaba
ni cuchillo, pero viera qué juerza teníamos antes, verdá. Me subí
yo al palo de pipa y agarré unas pipas y las hice vaciadas entre
el radiador. Yo las estripé y llené el radiador de agua e´ pipa y
arranqué el carro con toda la pata, y entonces era falta de agua,
pero puramente al kilómetro otra vez digo, ¡ay sí es cierto! Pero
algo fallaba. Vuelvo a revisarle el agua, que no estaba bien, y
ahora qué será. Voy viendo. Naa de aceite. Digo, ora sí que torció
la chancha el rabo aquí, pero Tatica Dios está con uno, verdá.
Ay jue mi alma, en eso voy viendo un trapiche y me acordé, digo,
yay, la miel de dulce antes de echala pa` cer el dulce es espesa
y como el aceite es espeso voy a probar, echando a perder se
apriende… Mire, eché miel de dulce y yo arranqué el carro con
toda la pata. Nombre, jalaba más. No jodás. Claro, cuando llegué
a Limón vea qué lindo. Aquella oscurana. Cuando oía, aquí hay
una, aquí hay otra, aquí hay una, aquí hay otra, aquí hay una y me
voy bajando claro ese montón de chiquillos, claro, con el agua
e´ pipa que le vía echao y la miel de dulce, el condenao carro
iba tirando cajetas por la mufla. Viera qué jartaa e´ cajetas se
tiraron los chiquillos…

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Camilo Rodríguez Chaverri

Emeterio francotirador
¡Qué vida! Recuerdo cuando yo llegué a San Carlos, ahh vida,
carajo. Uno con la pinta e´ valiente, uno es bonito que lo tengan
a uno por valiente y too eso, verdá. Pero a veces lo meten a
uno en enredos. Recuerdo cuando llegué yo a Villa Quesada y
estaba yo onde Jesús Hidalgo que ha sido talabartero, verdá,
conversando, cuando me dice “Emeterio, lo andaban buscando”,
yay, ¿quién sería?, “una gente ahi de Florencia” ya en eso van
llegando y dicen, “Emeterio, lo andábamos buscando porque
sabemos que usté es un francotirador y usté no le tiene miedo ni
al mismo demonio y resulta que anda un tigre ahi por Florencia
que se está jartando el ganao. A ver si usté, le damos, oiga,
le damos 200 colones si usté lo merece eliminar” porque se
estaba jartando los terneros, las vacas y too eso, y le digo, “qué
tiraa, diay, bueno, yay, es que en ese tiempo 200 pesos era un
cachimbal de plata. Estoy hablando de casi 50 años ya y les
digo, yay, si quieren voy. Voy a buscar, sólo un tiro tenía yo, vea
usté, le digo, no, yo con un tiro me la juego pa´ un tigrillo que es
lo que anda ahi. Pero, qué va, cuando yo llegué y más o menos
la dirección que me dieron y voy viendo aquel bicho como un
elefante. Oiga, y ese bicho se me quedaba viendo a mí, se me
quedaba viendo, y ya se me venía, digo, a la mano de Dios, si yo
fallo este tiro me lleva el carajo, verdá. Y lo calculo por la pura
jupa y ya le mandaba el cachimbazo cuando recula el condenao
y agarra pal` lao e´ La Fortuna. Entonces, yo le perdí un poquito
el miedo y le digo, aquí lo sigo, lo sigo y llego a La Fortuna, se me
queda otra vez viendo, lo calculo por la pura jupa, ya le mandaba
el cachimbazo cuando vuelve a recular y agarra pal` lado e´
la frontera de Nicaragua, y digo, aquí no se me escapa este
condenao y ya le mandaba el cachimbazo y me dice un carajo,
“bueno, qué, lo mató o no lo mató”, le digo pues no lo maté pero
lo eché del país y ese condena o tigre en Nicaragua sin papeles
ahí lo meten al bote jajajajajaja ¡ay jue mi alma!

Carbonato abombaditico
Una vez que estaba… Yo recuerdo… Diay, usté sabe que
Carbonato es un famoso perro que yo tengo. Ese perro resulta
que cuando abre el hocico no lo cierra más cuando ve un bicho
arriba, encaramao en un palo, verdá. Y estaba yo en La Tigra

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Las aventuras de Emeterio Viales

de San Carlos, en la finca de Macario Jiménez, que Dios me lo


tenga a juego lento, verdá. Ya murió ese viejo, viejo valiente era
ese, verdá. Y me voy yo con Carbonato cuando veo un pintao,
un tigre, entre un palo, el condenao… Cuando veo a Carbonato y
Carbonato, cuando abre el hocico, comienza a aullar, no cierra
el hocico, ¡ayayay! Pero en San Carlos, como llueve tanto, se
vino un aguacero y cuando yo volví a ver a Carbonato estaba
abombaditico: no ve que se había llenao de agua ¿Saben qué
hice? Lo puse boca abajo a vaciale el agua. Lo vacié. Casi medio
estañón de agua que se había tragao el pobrecito y hacele
respiración artificial pa´que volviera. Uno cuenta esas cosas, je,
je, je, y le dicen “qué viejo más jetón”…

Carbonato güele largo lo que sea


¡Ahh, cosa más linda! Ahora que estaba yo en Barranca, estábamos
sembrando arracache. Porque es muy bueno pa´rracache y a
mí siempre me ha gustao el picadillo e´arracache. Usté sabe
que el picadillo de arracache es lo mejor en los turnos, en los
rezos, en los rosarios del Niño. Si no hay arracache, no hay
turno. Digo yo esas fiestas que se hacían en el tiempo de antes,
de las carreras de cinta y, bueno, too eso, verdá. Nunca falta el
arracache. Entonces yo sembraba arracache y una vez estaba
yo con Carbonato ahi, estaba Carbonato echao y yo lo vi como
aburridillo a Carbonato, verdá. En eso pasó un avión y Carbonato
bravísimo con el avión. Yo, qué raro, este perro no le ladra a
nada que no sea un tigre. Yo no sé muy bien ni por qué pero
pensaba “ya se me echó a perder este perro ladrándole a un
avión”. Y no jue cuento que se vino detrás del avión y yo, qué
perro más tonto, pero como lo quiero tanto, me vine detrás
de Carbonato. Oiga, cruzando potreros pasé por Cañuela e´
Naranjo, agarré San Juanillo, la finca de El Macho, toa esa parte
agarré yo y llegué a San Juan de Naranjo onde tiene Eliseo una
pulpería y ya parece que la había quitao, y sigo hasta que llegué
al aeropuerto, a La Sabana, porque en ese tiempo era en La
Sabana, no era el Juan Santamaría, y aterrizó el avión y ese
perro más bravo y la gana que me quería reventar la cadena y
yo, “este condenao perro se me echó a perder”. Claro, cuando
voy viendo que venían bajando una jaula del avión. Traían unos
tepezcuintes. Los había olfateao desde abajo. Qué perro más
famoso es Carbonato. Por eso nunca lo venderé. Jamás. Me
lo han ofrecío comprar y yo digo, está loco que voy a vender a
Carbonato: es un perro de verdá. Je, je, je, je.
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Camilo Rodríguez Chaverri

Volando en cuero
Estaba yo en la pulpería e´ Tulillo. Ahí, ya pedí un sirope con
un queque negro. Llega Ramiro, rajando con la finca que tiene
y too eso, verdá. Otro rajando con alguna vaca muy famosa
que tenía. Viera qué clase de rajones. Les digo, ustedes sí que
son rajones con cosas de aquí y de allá, y si supieran que este
que les está hablando jue el que inventó la aviación, porque jui
yo quien inventó la aviación, no los hermanos Rai, porque los
hermanos Rai jueron los segundos. Y empiezan ellos a tercear,
que los hermanos Rai inventaron la aviación, y yo, que por lo
mesmo, porque ellos siempre andaban a pata siempre andaban
al rai, verdá. Por eso es que les decían los hermanos Rai.
Pa´que los llevara alguien entonces dijeron no vamos a andar
a pata, inventemos algo, pa´ dejar de andar en rai. Inventaron
hacer un avión también, pero ya yo era el que lo vía inventao y
les voy a explicar cómo. Tenía yo una vaca muy buena, verdá.
Y se me esbarrancó la vaca. Entonces, yo le saqué el cuero,
me puse a tostalo pa´vendéselo a Jesús Hidalgo porque ese
lo aprovechaba pa´ hacer zapatos, fajas y too eso, verdá. Y lo
puse a secar… Cuando veo ese montón de zopilotes que estaban
encima del cuero y los jui a espantar y al momentico llegaron
otra vez. Entonces, me pensé, voy a hacerles una broma bien… a
estos condenaos. Llegué onde tenía el cuero, le eché un montón
de resistol al cuero, verdá. Y fijate que cuando llegaron los
zopilotes, se quedaron pegaos toos, ahi. Entonces voy yo y había
un perro muerto, botao, ahi ajuera y lo metí entre una varilla y
lo meto entre el cuero, y claro, como lo metí entre el cuero los
zopilotes por agarrar el perro, comenzaron a hacer juerza y se
me hizo la jugaa… Oiga, me alevantaron con too y cuero, y ya
últimadamente yo cuando quería doblar a la derecha hacía el
perro a la derecha, y cuando quería a la izquierda, lo hacía a la
izquierda. Mire, así conocí yo toda la Península de Nicoya. Todo
eso anduve. Oiga, parte e´ Centroamérica. Yo no sabía ni por
onde andaba. Al rato me asustaba yo y cuando quería elevar el
avión, el cuero, el avión que había inventao, verdá, pues levantaba
el perro y el perro se elevaba… Y cuando quería bajalo, bajaba
el perro con cuidado pa´que no se me cayera. Mire, así anduve
too Costa Rica. ¡Qué país más bello es este! Mire, aquí es que
sólo las playas conocemos, pero Costa Rica tiene montañas,
tiene ríos… De too tenemos en este país, verdá. Pero, ¿sabe lo

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Las aventuras de Emeterio Viales

que me pasó a mí? Venía yo por Muelle de San Carlos y en eso


quise bajar el perro, aterrizar ahi porque era llanito, y no ve que
se zafó el perro y onde se zafó el perro, los zopilotes se vinieron
de pique y viera qué panzazo. Casi me reviento. Casi se muere el
piloto Emeterio ahí, je, je, je. ¡Ay ya yayay!

Emeterio leñador
¡Oh, pendejaa! Yo me pongo a pensar, la juventú ahora, digo yo,
tan bonita que es la juventú y yo digo qué lindo que se preparen,
que vayan a los colegios, que estudien, que sean personas listas
ojalá de veras para un futuro. Yo a veces me pongo a pensar, qué
lindo, de veras, porque yo arrecuerdo antes, cuando estábamos
en la escuela, chiquillos, que lo primero que aprendíamos
nosotros en la escuela era el himno nacional y cantábamos
canciones, muchas canciones, canciones al árbol, “árbol que
tiendes tus ramas hacia las nubes”, y cosas así muy lindas, verdá.
Cantábamos canciones y too eso era muy lindo. El tiempo de la
escuela y too eso, verdá. Me arrecuerdo de la canción del árbol.
Y hablando e´ árboles, llego yo a Pérez Zeledón y comencé a
volar hacha porque antes no había motosierras como ahora,
verdá, que hay motosierras y hay facilidades y había un palo tan
ancho, tan ancho, que comencé yo a voltealo y, no me lo van a
crer ustedes, verdá, que comencé a volale y llevaba dos hachas
y una lata e´ agua, y me preguntaban, “Emeterio, ¿pa´que lleva
dos hachas y una lata de agua?”, y yo les decía, “es pa´cuando
un hacha comienza a derretise, la meto entre el agua a que
se enfríe, y agarro la otra”. Y había un palo con una boca tan
grande que llegaba la vieja a dame comida y tenía que metese
por la boca del palo y comenzaba, “Emeteeerio, Eemeteeerio”, y
le decía yo “aquí estoooooy”. Era tan grande la boca del palo que
se hacía eco ahi adentro. Oigan, cuando ese palo cayó, no me lo
van a crer ustedes, verdá, en el corte del palo, ahi mismo, en ese
corte hicieron las primeras corridas de toros de San Isidro de El
General. Eso no es naa. Comienzo yo a desramar el palo verdá,
y gracias a Dios que había sido pal´ lado de Jacó y pa´todo
eso, ahi por Dominical, verdá. Porque si lo hago pal´ lado de la
frontera me cobran allanamiento de propiedad porque hubiera
caido en Panamá. Y no me lo van a creer, la lástima que me dio
a mí, en el puro cucurucho del palo, un nido de elefantes con
unos elefantes chiquititicos, verdá. ¡A cosa más linda es la vida!
El volao del Oso Polar

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Camilo Rodríguez Chaverri

A veces llegan los chiquillos a la casa y me dicen, “agüelo”, porque


casi toos me dicen “Agüelo Emeterio”, verdá. Y yo comienzo a
contales, vean chiquitos, ¿ustedes saben cómo agarrar un oso,
un oso negro? ¿Ustedes saben que los osos negros son asesinos
y se jartan la gente? Y vean qué fácil y qué sencillo es agarrar un
oso negro, y ya me preguntaban “abuelo Emeterio, pero, ¿cómo
los agarraba usted?”. Les digo, voy a pasar el secreto por si
algún día tienen que agarrar un oso negro o un animal grande.
Yo hacía un hueco en la tierra, de unos cuatro metros, verdá,
de unos cuatro metros, y así que hacía el hueco, alistaba un
estañón lleno e´ hielo, otro estañón lleno e´ harina y agarraba
un espejo y un ladrillo, y me decían, “pero, abuelo Emeterio,
¿para qué?” Y les digo, “muy sencillo, agarraba el hueco y me lo
echaba entre la espalda, verdá. Y me iba pa´onde estaban toos
los osos negros, verdá. Con mucho cuidado de no caese uno
porque se le podía rajar el hueco, veá. Entonces, ya va el hueco
conmigo y yo lo coloco, entonces, y adentro, en el hueco, metía
el estañón de harina y el estañón de hielo. Y ponía un espejo
adentro y le ponía unos ladrillos ajuera. Cuando el oso se venía,
yo estaba al otro lao del hueco. Onde pegaba en el ladrillo se
iba adentro del hueco, y caía entre el estañón de harina. Onde
caía entre el estañón de harina, se levantaba too asustao y se
tiraba al estañón de hielo. Onde estaba en el estañón de hielo,
el baboso pensaba que era un oso polar, verdá. Se volvía a ver
en el espejo y pensaba que era un oso polar. Entonces, me lo
traiba mansititico ahi, entre el hielo, hasta onde lo podía matar,
y apenas podía, lo atizaba, lo recetaba con un leño de la finca
de don Rafa Rodríguez, allá en Guácimo. Un leño e´ guayabo. Lo
mataba de un solo guayabazo. Que fácil, verdá. Too lo que uno
hace con sólo tener creatividá, veá.

Mi mascota es un lagarto
¡Ay! yo le contaba a los chiquillos de too y me decían agüelo y
los lagartos que hay tantos, me preguntaban, “¿usté no mató
lagartos?”. Porque aquí no hay osos negros en Costa Rica
ya ahora no hay tantos como antes, ya ahora no hay. Lo que
hay es muchos lagartos, y les digo, muy sencillo… Después me
di cuenta que uno tiene que cuidar la naturaleza, la Flora y la
Juana, eso que llaman, verdá. Eso… hay que cuidar, no matar
los animales, más bien cuidar los bosques y toas esas cosas. Y

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Las aventuras de Emeterio Viales

entonces cómo agarrar un lagarto sin matalo. Porque ahora hay


que cuidar los bichos, verdá, naa de hacer lo que hacía Emeterio
con los osos negros. Vea que sencillo: les voy a pasar el santo,
chiquillos, porque yo los quiero mucho a ustedes, verdá. Usté se
va pal` lagartal aonde están toos los lagartos, pero vea lo que
tiene que llevase: se lleva un libro en chino. Pero, vea, apunte
bien. Una cajita de fósforos, una pincilla que usan las mujeres
pa sacar cejas y unos binóculos, y me preguntaban pero pa´
qué too eso. Muy sencillo: cuando usté llega al lagartal, busca
el lagarto más sazón, y me decían cuál es el lagarto más sazón,
les digo el que no le´ntra la uña. Entonces, usté ve qué fácil.
Usté llega onde no le´ntra la uña, el lagarto se despierta y lo
ve a usté, entonces usté sale en carrera y onde el lagarto lo va
siguiendo a usté, usté comienza a ler el libro en chino pero como
usté no sabe naa en chino, verdá, lógicamente usté se queda
dormío, usté se duerme… Entonces, llega el lagarto a jartáselo
a usté, pero el lagarto onde ve el libro en chino, comienza a
leer, como el lagarto tampoco sabe leer en chino, también se
duerme, como usté se durmió primero que el lagarto, usté se
despierta primero, cuando usté se despierta, ve ese tazajón
grandísimo, tamaño lagarto a la par suya, entonces agarra con
los binóculos al revés y lo ve chiquititico y como está chiquititico,
lo agarra con la pincilla de sacar cejas, lo echa entre la caja de
fósforos y se lo tre en la bolsa de la camisa, jajajaja, y es una
mascota muy linda por cierto…

La yegua Avioneta
Qué lindo antes cuando, diay, uno como no tenía vehículo…
Al menos uno, diay, no tenía carro, pero uno se la jugaba. Yo
me tenía una yegua que le decían la yegua Avioneta, famosa
la yegua esa. Esa yegua la tenía yo pa´ piratear, la tenía de
too. Esa yegua le decían la yegua avioneta porque esa yegua
no caminaba, volaba, mejor dicho, la condenaa yegua Avioneta.
Como en ese tiempo no había comodidades, eran escasas, y se
cocinaba con carbón, entonces yo fue el negocio que agarré:
vender carbón. Entonces yo mandaba a la yegua, la cargaba y
la yegua me repartía carbón por too lado. La Avioneta yo nunca
le decía la yegua, too el mundo ya la conocían por la Avioneta,
verdá. Y resulta que, yay, yo feliz de la vida nada más mes a
mes cobraba la platica y la Avioneta se encargaba e´ repartir

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Camilo Rodríguez Chaverri

el carbón. Una vez se me perdió la yegua. Entonces, digo para


mí mesmo, “me la robaron”. Era busque y busque y busque, y
no apareció. Como a los dos meses, aparece un montón, una
carajada quemada, como negra, el suelo quemao, el pasto
quemao y cuatro casquillos. Diay, claro, ya me avisaron a mí.
Digo yo, la yegua Avioneta tiene que ser que se estrelló y se
quemó ahi. Y me voy yendo y ya busqué. Cuando voy viendo la caja
negra de la avioneta y ahí decía francamente que un condenao
borracho le bía tirao una chinga e´ cigarro entre el carbón y bía
muerto asesinaa. Ahi apenas bían quedao los cuatro, como se
llama esa carajada que le ponen, ah sí, los casquillos, verdá, je
je je.

La máquina e´ matar chanchos


Too mundo habla de la teinología y muchos no le dan los créditos
a uno como… porque uno es campesino porque a veces… y
porque a uno no le gusta tomase importancia, salir por los
periódicos o ir a la radio o a la televisión a decir, “yo inventé tal
cosa”, y a mí nunca me ha gustao sobresalir, ni rajar con lo que
yo soy y lo que sé y lo que tengo. Pero yo gozo con los que dicen
la teinología y la teinología y la teinología para allá y para acá,
por este lao y por el otro, y por el revés y por el derecho, y de
cuatro patas, pero la verdad es que la teinología, la pura verdá,
la mayor parte la inventé yo. Al menos yo inventé la máquina de
matar chanchos que jue la última palabra que hubo en el pueblo
y, sin embargo, nunca me sacaron por la televisión ni por la
radio. Bueno, mejor dicho, en ese tiempo no había ni tele. No
había televisoras ni naa e´ eso. Hace años de´so, pero radio sí
había, algunas emisoritas, pero nadie me dio créditos. Yo inventé
la máquina e´ matar chanchos que naa más usté agarraba una
chancha y la metía entre la taza de la máquina, apretaba un
botón y por un lao salía el tocino, por otro salía el pellejo, por
otro salía la posta, por otro salía el lomo, por otro lao salían los
chicharrones y por otro lao salía el chorizo, y con una ventaja,
si la chancha estaba con frutilla, que es una enfermedá, volvías
a meter toos los pedazos, verdá, y la echabas pa´tras, y salía la
chancha caminando otra vez pal´ chiquero. Ahí la podías curar
y too eso. Vea qué ventajas, uno ha inventao cosas y nunca le
dieron importancia…

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Las aventuras de Emeterio Viales

Qué yegua más aventaa


¡Ave María, qué cosas me han pasao a mí! Cuando yo era
sabanero, a mí siempre me gustó andar a caballo, pero caballos
buenos. Una vez iba yo por la montaña, yo siempre… verdá,
usté sabe que el buen sabanero le amarra la soga al pico de la
montura, verdá. Y cuando tira el sogazo, uno afloja las manos
pa` agarrase bien y me voy yo detrás de un novillo y se mete a
esconder entre la montaña, iba a toa velocidad y le mando yo el
sogazo y se quita el condenao novillo, le tiro y lo que agarré jue
una iguana gigante. Una iguana de las que había antes, que eran
más grandes que un lagarto, verdá. Y la iguana, claro, como iba
amarraa del pico de la montura agarró un palo pa´ arriba con
too y yegua, y cuál jue el colmo que apenas se via un puntillo
y cuando yo llegué a pedir auxilio al pueblo, digo, muchachos,
vamos y me ayudan a trer la yegua y me dicen onde está la
yegua suya y les digo, diay, encaramaa entre un palo, y naide me
creiba, me decían, “sea tan jetón, Emeterio”, y les digo, “palabra,
yo nunca he mentío, verdá”. Vamos pa´que vean. Después les
conté la historia que era que claro con la iguana… Mirá, pa no
cansate con el cuento, después tuvieron que trer helicóptero y
too eso pa´ salvar la yegua. Pero uno cuenta esas cosas que
una yegua entre un palo y naide le va a crer… Y son las cosas
que le han pasao a uno.

Vea qué culebrona


¡Ay, ya, yay! Estaba uno volando rula con el finao… Estaba
Modesto, estaba Tutillo, estaba Eliadán, no recuerdo quién otro,
la cosa es que estaban volando machete, verdá. Y resulta que
ya estaban agotaos y más de uno dice, “ya me voy pa´ la casa”,
se vinieron todos pa` la casa y digo yo, “voy a quedame un rato
más”. Al rato, como a las once, me agarra ese hambrón a mí.
Usté sabe que a uno en el campo le da mucha hambre volando
rula. Entonces, digo, “voy a tirame el almuercito”, que, por
cierto, el almuerzo rico que era siempre, le ponían los frijolitos,
el arroz, una torta de huevo y a veces un pedacito e´ salchichón
y una media e´ leche y el agua dulce y nunca faltaba el terrón
de dulce e´ tapa que era pa´ hacer la digestión, verdá. A mí
me ponían casi una tapa de dulce porque era muy saludable.

19
Camilo Rodríguez Chaverri

En eso, ya me agarra hambre y se me ocurre sentame en un


tablón que había ahi, diun palo volcao. Ya me senté entre el palo
y comencé a meditar y digo, “¡qué grande que es Dios, qué linda
que es la naturaleza, ver las montañas, el canto de las aves…!
¿Cómo hay personas que destruyen la naturaleza, que matan
las aves…?” Y estaba yo en eso y ya almorcé y me acuerdo de la
tapa e´ dulce, ya partí un pedazo e´ dulce y onde partí el pedazo
e´ dulce, metí el cuchillo, quise pegar el cuchillo entre el palo,
verdá. Claro, cuando pegué el cuchillo sale el tablón en carrera
y digo, “María Santísima, ¿será que está temblando?”, cuando
agarra velocidad ese tablón y era corre, corre por la montaña,
pegaba yo entre ramas y todo eso, iba haciendo trillo, ¡jay!, qué
tablón ni que ocho cuartos: una culebra gigante, muchachos.
Gracias a Dios me agarré de una rama, quedé guindando de
una rama y la culebra zafó, verdá. Pero, oiga, me contaron que
por medio del trillo que iba dejando yo, por ahi mesmo hicieron
la carretera a Guápiles, por ahi siguieron los ingenieros, por el
trillo que iba dejando la culebra. ¡Ah vida! He sido inventor de
caminos, y yo ni me estaba dando ni cuenta.

El Ángel de la Guarda
Los chiquillos me preguntan a mí, “Agüelo Emeterio, díganos
una cosa, ¿usté nunca le tuvo miedo a naa?” Les digo, “nunca,
nunca”. Bueno, así es, gracias a Dios, a pesar de que en el tiempo
de antes no había corriente eléitrica, y la ventaja en ese tiempo
era vivir a la par de un cementerio porque uno se alumbraba a
pura luz de muerto y uno no pagaba corriente, verdá. Pero yo
recuerdo que una vez estaba yo durmiendo solo, solitario, ahi,
cuando oía unos pasos, tas tas tas, noventa y nueve pasos y
un golpe. Ya está, María Santísima, aquí hay brujas. Al rato, yo
contaba los pasos: noventa y nueve pasos y un golpe. Digo, esto
son brujas. En eso, me asomo. Yo prendí un fósforo, la candela,
je, je, cuando voy viendo… Ve uno se asusta de cualquier cosa: un
ciempiés con una pata e´ palo. Ese era el golpe, verdá. Entonces
me volví a acostar, me vuelvo a acostar y uno se asusta de
cualquier cosa… Al rato, oía yo esos aletazos en las paredes, y
entonces agarré el foco y onde oía los aletazos, prendía el foco
y no había naa… Digo yo, “ay, María Santísima, esto está feo,
esto ya no es un ciempiés”, y entonces apagaba el foco y otros
aletazos y así, hasta me hacían viento en la cobija, me querían

20
Las aventuras de Emeterio Viales

botar la cobija. Yo sentía onde me daba como unos aletazos y


volvía a prender el foco y naa. Digo, “ah, ya yay, esto son brujas”,
y oiga, no me lo van a crer ustedes, me tuvo casi, casi media
hora en ese plan, y digo yo, ahora sí es cierto, yo sé, agarré el
revólver, digo, no voy a prender la luz… Tenía yo una condenaa
pistola que tenía yo ahi y onde oí los aletazos, comienzo yo, ta
ta ta ta ta, hice una balacera, cuando oigo ese güevazo, que
cae algo abajo, que cae al piso. Prendo el foco, no me lo va
a crer, muchacho ¿sabe qué era? Viera qué injusticia, era el
ángel de la guarda, lo había baliao yo… ¿Qué hice yo? Agarrar la
yegua de Chole, montar al ángel de la guarda y llevámelo para
el hospital San Juan de Dios, pero, yay, no tenía papeles. Me
pidieron papeles del Seguro y le digo a la señora, “¿no ve a quién
traigo?, ¿no ve que es el ángel de la guarda?, ¿cómo va a tener
papeles? Atiéndalo, por favor”. Y lo atendieron unos doctores y
gracias a Dios no se murió. Si no, ¿que pasaría? No tendríamos
ángel de la guarda, muchachos…. ¡ah vida, la mía! Cómo me ha
costao vivir con tanta cosa, verdá.

Maté a cuatro bichos con un solo tiro


Yo siempre lo he dicho a too mundo: la fe es la fe y uno too es a
base de fe y ser uno optimista en la vida y usté sabe que entre
los santos hay santos más milagrosos que otros. Muchos le
tienen fe al menos al San Rafel y todo eso les resulta. Le tienen
mucha fe a San Antonio, San Antonio antes era muy milagroso,
pero San Antonio después se hizo como interesadillo, había
que ofrecele plata para que apareciera alguna cosa y too eso.
Recuerdo una Semana Santa, estaba yo por el lao e´ San Carlos
y, como too el tiempo, a veces tiene uno situaciones malas,
verdá. Se me había quemao a mí una agricultura, y un temporal
que se había venío ahi, y ya me bía quedao yo sin plata y no
tenía, oiga, pa´comprar una sardinita, y yo con los chiquillos…
En eso vivía yo en unión libre con Benilda, en ese tiempo, verdá.
Y ya digo, qué injusticia, no tengo pa´ comer una sardinita pa´
esta Semana Santa, pero me acordé que yo tenía un riflecillo y
tenía un tiro y como yo tenía tanto pulso, oiga, si yo tenía pulso
que le ponía sal a la bala porque yo tiraba tan de largo que
cuando yo llegaba que la carne estuviera buena, en eso me voy
yendo y comienzo por la montaña y le digo, “San Antonio, usté
sabe la necesidá que estoy pasando, no tengo pa´ comprar una
sardinita, hacéme el milagro de que aparezca algún animalito

21
Camilo Rodríguez Chaverri

de monte, que podamos comer toa mi familia, San Antonio,


usté es too milagroso”, y comencé yo a orale a San Antonio,
le pedí de too y naa… Digo, ¡qué raro!, ¡me falló San Antonio!
Bueno, me falló San Antonio. Entonces, me vine llegando al río
de San Carlos, y en un palo e´ Ceiba, cuando vi un puntillo digo
yo, “ah,aaa,ya,yay, aquello, ¿qué puede ser?”. Voy viendo que era
una pava. Entonces, como yo tenía tanto pulso, digo, “aquí le voy
a mandar”. Digo, ya que San Antonio no me ha ayudao, pero no
perdí la fe, le digo, “San Antonio, por lo menos ayúdeme a pegar
esa pava”, y le mando el cachimbazo. Cuando vi que aleteó con
too y rama y cayó la rama con la pava, y en ese momento que
cayó la rama iba pasando un venao, le dio por la pura nuque al
venao, y fijate que el venao chapaleando cayó entre el río San
Carlos y comenzó a patalear, y mató cuarenta bobos, y salgo yo
y me fijo en la rama, cuando veo que sale chorreando miel de
abeja: tenía un güecote aentro lleno e´ miel de abeja. Vea lo que
es San Antonio de milagroso, no me lo van a crer ustedes, con
una sola bala traiba yo carne e´ pava, carne e´ venao, cuarenta
bobos y catorce galones de miel de abeja. ¡Viera qué Semana
Santa pasamos esa vez! Y too gracias a San Antonio. Por eso no
hay que perdele la fe, jamás nunca, Dios guardísimo…

Emeterio mujeriego
Yo jui bastante apetecío por las mujeres… Diay, uno no es naa
pior, y en ese tiempo, como yo tocaba guitarra… Y recuerdo que
Modesto tocaba marimba. Entonces, teníamos un dosteto entre
los dos y tocaba mucho ese Modesto, verdá. Y andábamos por
los pueblos y, diay, nos sobraban las muchachas. Una vez yo más
bien tuve una pega de sexo de tanta mujer, verdá. Me pasa lo de
un periodista amigo mío, verdá. Uno que escribe libros, verdá.
¡Viera qué tequioso para las mujeres! Bueno, la cuestión es que
de veraz tuve una pega. Ahí andaba yo con muchas mujeres y
too eso y había un chavalo que me tenía a mí idea… Me tenía
idea y una vez me retó a pelear, y yo sabía que el carajo era
un francotirador, y me dicen, “Emeterio, a usté lo retó Remigio
Anchía y recuerde que Remigio Anchía es un francotirador”, y yo
tenía mucho pulso, así que le digo, “yay, yo no seré francotirador
pero tengo pulso también”, y fijate que nos jalamos pa´una plaza
que había, a matanos ahi, a cien metros de distancia, y al contar
a tres, ahi había juez y too eso, y onde contó a tres, el hombre
me apuntó y en el momento en que me disparó, yo le carculé el

22
Las aventuras de Emeterio Viales

cañón del revólver d´él y fijate que disparamos los dos juntos y
las dos balas chocaron, quedaron en medio. Mirá, si naide me
lo cre vaya pa´que vea la torta de plomo, que la tengo como
trofeo, en la casa, onde chocaron las dos balas. Gracias a Dios
los dos nos salvamos. ¡Qué personas pa´ tener postura, Chindo
y yo! Al final Remigio Anchía quedó en Chindo. Así le decíamos
endespués, porque no pudo matame, naa tiene…

Mi panza es una pecera


¡Ah jartadas de guaro habían antes! Como había tanto chirrite,
recuerdo, y entonces el chirrite sobraba en los pueblos. El
chirrite es el que se hace en las saquillas que se hacen en el
río, con caña y con dulce y too eso, que gracias a Dios ya se
está eliminando porque es un guaro muy dañino, es un veneno.
Enloquece a la persona. Y lo metían en los rosarios del Niño y
too eso, y una vez recuerdo que en Palmares estaba yo y me jui
pa`un rosario del Niño y comenzaron a repartir pedo e´ chancho,
que le decíamos nosotros al guaro, al chirrite, a la lecha de
burra, y me pegué una borrachera que bueno… Cuando, yay, yo
me desperté a las dos de la mañana que ni sabía onde estaba.
Comienzo a tocar y tocar, tuc tuc tuc, y digo, “esta nues la casa
mía”, y comienzo a hacer que me ogaba… Me estaba ogando
cuando comienzo a tocar así, una pecera, entonces me puse a
jartar agua, uno con sed, pero no es naa: me jarté la mitad de la
pecera. A los tiempos, me agarran dolores de panza y comienza
la panza a infláseme y a infláseme a mí, verdá. Y resulta que me
hicieron una rayografía, más o menos así, cuando vieron que
era que yo tenía peces aentro en la panza, no ve que me bía
tragao un par de peces y se me estaba haciendo la cría aentro,
y, claro, cuando se me estaba inflando la panza me agarraban
unos dolores… ¿Saben qué hicieron? Trer un pescador finísimo,
un chavalo de los que pescan de verdá, y a meteme un anzuelo
por la jeta a mí, con una lombriz y too eso, pa´sacar los peces
de la panza mía, y me decía, “torta que yo enganche el hígado
y me traiga el hígado…”. Le digo, “yay, se muere Emeterio”. Me
dice, “¿se la juega?”, y le digo, “diay, ya me la jugué”. Y así me
sacaron los peces… Uno cuenta esas cosas y la gente piensa
quesque es jetonaa…

23
Camilo Rodríguez Chaverri

El vaso quebrao
¡Qué lindo que´s San Carlos! Hay carreteras muy lindas en
San Carlos. San Carlos es bueno pa´ too, pa´l ganao, pa´ la
agricultura, hasta el café… Bueno, ahora el turismo, too eso, y
es uno de los cantones que produce más en el país, verdá. Pero
cuando yo llegué a Medio Queso, más allacito, por Los Chiles,
que eso era pura montaña, calcule que Medio Queso quedaba
de El Concho pa´llá, imagínese, concho es uno, verdá. Quedaba
a nueve horas a caballo, y me voy yo con el finao Horacio, eh,
con el finao Horacio, oíme a mí, ya lo maté, todavía está vivo
Horacio. Me voy con Horacio, que era bueno pa´volar machete,
y comenzamos a volar machete metidos en esos montañones
ahi… Y una vez a Horacio le agarró un dolor de panza que ese
hombre se revolcaba, se revolcaba, y oiga, comenzó a inflásele
la panza y me decía, “Emeterio, yo me voy a morir”, y le digo,
“¿qué hago si aquí estamos a nueve horas a caballo pa´ salir a
camino e´ tierra?” Usté sabe lo que´ra venir hasta Villa Quesada
en ese tiempo, eran horas, y le digo, “yay, ¿qué hacemos?”, y
me dice, ”Emeterio, opéreme”, y le digo, “¿cómo, que lo opere?
¿acaso que yo soy doitor?”. Y él, “opéreme, Emeterio, rájeme la
panza porque no aguanto el dolor, rájeme la panza”, y le digo,
“no, no puedo”, pero me dice, “mire, yo voy a apuntar en este
papel…”, llevaba un culillo de lápiz y un papel onde le envolvían el
dulce del almuerzo, y puso ahi “yo me hago cargo si yo muero
no hacele cargos a Emeterio, yo le estoy pidiendo que me opere
de por sí voy a morir”, y onde me puso ese papel y lo firmó
él, le digo, “¡a la mano de Dios!”. Entonces le ordeno, “jartate
un poco de dormilona”, porque no había anestesia, pero había
mucha dormilona y eso lo duerme a uno, y ya se comió un poco
e´ dormilona y me dice, “ya no siento naa, ya estoy adormío”,
y comencé a rajalo y que va a saber uno de doitor, sería yo un
mentiroso decir que yo soy doitor ni naa de´so, pero Tatica Dios
está con uno. Comienzo a rajalo y comienzo a ver los menudos
por dentro, viera cómo es uno por dentro y voy viendo, cuando
le voy viendo, el vaso quebrao, le digo, “¿sabe una cosa? Usté
tiene el vaso quebrao, vamos a hacer una cosa, yo creo que ahi
entre el almuerzo yo tengo un jarro e´ lata”, y voy y en de veras
en la alforjilla yo andaba un jarro e´ lata que se me había hasta
escarapelao. Y vos sabés que le saqué el vaso que tenía quebrao
y le metí un jarro e´ lata y mirá de´so hace como casi sesenta
años y todavía anda el viejo ahi, con toa la pata. Entonces, le voy

24
Las aventuras de Emeterio Viales

a decir una cosa, si usté tiene un jarro viejo, mejor no lo bote,


por favor, puede salvar una vida…

El caballo e´ Emeterio
Ay, ya, yay, le contaba yo a la gente de San Carlos, volviendo al
cuento de San Carlos… San Carlos es un lugar muy lindo, de
veras, cuando yo llegué a San Carlos era pura montaña. Oiga
si habían culebras en San Carlos que esa carajada parecía un
chop suey. Con esto le digo too, que las de abajo se pudrían,
verdá. Había tanta culebra que uno preguntaba la dirección de
julano de tal y nadie la hablaba de varas: todo el mundo le decía
a uno, “mirá, cogé 350 toboas al norte, 25 toboas al oeste y
75 toboas al sur”. Y, de veras, había mucha culebra. Una vez,
ya me preguntaban, “Emeterio, ¿cómo hiciste la primera casa
en San Carlos, si en ese tiempo no había carro? ¿cómo hiciste
pa´ trer el material de construcción?” Les digo, es cierto que no
había carro, pero yo me tenía un caballo que vieran qué caballo
más famoso. Ese caballo entre más kilómetros caminaba, más
velocidá desarrollaba y me decían que era un caballo de raza.
Imagínese si era un caballo de raza que nació un 12 de octubre,
el día de la raza. Era un caballo completamente de raza. Pues
me vengo pa` San José a comprar el material de construcción,
ya llegué a San José, compré un montón de tablilla, un montón
de varilla, un montón de pintura, como treinta y cinco sacos
de cemento, y todavía me monté yo en el caballo, que quedé a
nivel del volcán Arenal. No me lo va a crer, pero de La Sabana
rumbo a San Carlos, salí a 50 kilómetros por hora, por Alajuela
pasé a 75 kilómetros por hora, por Naranjo a 100 kilómetros
por hora, por Zarcero a 150 kilómetros por hora. Pero cuando
llegué a Villa Quesada, me quise bajar del caballo y el caballo
cayó muerto. Toco yo aquel caballo que acababa de morir, y
estaba inflado de frío. Digo yo, esto son brujas, no puede ser que
este caballo, con la carga que traiba, con la velocidad que venía,
y que esté inflao de frío, pues le cuento a un viejo y me dice,
hay un viejo veterinario aquí, un tal Juancillo Manteca. ¿Qué iba
a saber naa e´ veterinaria? Ya le conté al viejo y me dice, le
voy a hacer la astocia, esa carajada, la astocia. Imagínese usté,
verdá. Pues se trajo un condenao machete 28, comenzó a rajar
el caballo, ya lo abrió: patas pa´ un lao, hígado pa´otro lao, como
40 metros de tripas pa´otro lao… Así que lo vio, me dijo, “sabe

25
Camilo Rodríguez Chaverri

una cosa, Emeterio, este caballo no murió aquí en San Carlos”.


Y le digo, “¿cómo es la cosa?”. Dice, “este caballo cayó muerto
en Zarcero, pero con el impulso que traiba vino a aterrizar aquí
a San Carlos”. ¡Vieran qué caballo era ese!

Emeterio montador
Ay, ya, yay, yo gozo en Costa Rica, el estrés y tanta cosa ahora,
que uno se asusta. Too es así. Va subiendo la gasolina y sube
too y a fin de año uno ya se estresa un poquito con las fiestas
de fin de año, las fiestas de Zapote. Contaban en Santa Cruz,
que yo fui el primer montador de toros. Yo montaba en ese
tiempo no como los montadores de ahora, con espuela, yo más
bien mandaba a enjabonar el toro y montaba a pura uña, y la
vez que monté yo en Plaza Víquez, ayayay, en Pla-za Ví-quez dije,
verdá, pa que se oiga bien. Cuando eso, en ese tiempo, que eran
toros famosos de veras, le digo a un carajo, “enjabóneme al
toro, verdá”. Y me monto a pura uña, nadie me lo creiba, y oiga,
ese toro pegaba tantos brincos y yo como iba esa vez, venía
medio alzao, me había zampao un poco e´ pedo e´ chancho, fue
la única vez que el toro me tiró al otro lao. Gracias a Dios que
caí en un carrillo loco pero me di un güevazo en la cabeza que
le digo yo al carajo, mirá haceme el favor y me ponés la maría
y me llevas a San Jerónimo de Moravia. Ve como había quedao
yo de atarantaditico…

Medio gol a cero


Ahora que me llamaron a mí, que me han llamao muchas veces
pa´ entrenador de la selección nacional, y cosas así, de que les
entrene a los jugadores. Yo, me gusta hablarles de fútbol, verdá.
Y les contaba yo, en el tiempo que jugaba yo fútbol, que en ese
tiempo no se jugaba ni con camiseta. Era pura espalda, espalda
pelaa… Había tanta pobreza que le ponían a uno el número
pintao en la espalda, entonces decían, “espalda número 10,
Emeterio Viales”, y comenzábamos a jugar fútbol, pero éramos
de veras futbolistas. Yo pateaba tan duro, tan duro, que una vez
que estaba jugando yo con el equipo Pellejo e´ Burro contra Ron
Colorao, que fue un partido tan apretaditico que vieran ustedes,
y a lo último me tocó castigar un tiro libre y ganamos medio gol

26
Las aventuras de Emeterio Viales

a cero. Y me decían, “Emeterio, pero, ¿cómo es eso?, ¿medio


gol a cero?”, y les digo, sí, porque yo castigué un tiro libre, la
bola pegó entre el marco y se partió, y lo que entró fue media
bola, y dice el árbitro, “sí, el equipo e´ Emeterio, espalda número
diez, ganó el partido medio gol a cero”. Es el único partío que se
ha ganao medio gol a cero en Costa Rica…

El tiquisque e´Emeterio
Ay, qué lindo, verdá, que es llegar a una finquita, uno, a ver un
sembrao bonito. Recuerdo yo cuando estuve en unión libre con
Benilda y nos juimos pa`Pital de San Carlos, pa` Pital porque
ahi es muy bueno pa´ la agricultura en Pital. Recuerdo que
una vez estábamos durmiendo y teníamos un ranchito ahi, una
casita humildemente, qué rico dormir en el ranchito. Bueno, ya
comencé a sembrar en el terreno, de too sembraba, yuca y de
too un poco, plátanos y de too. Porque ahi es bueno pa´too,
verdá. Pa´ sembrar piñas es buenísimo. Ahora es piña too
eso. Y oíamos nosotros en la noche… Me decía la vieja, “¿qué
se oyó?”. Ya me despertó, asustaá, y le digo, “¿qué pasó?”, y
dice, “quesque anda el tigre”. Cuando oímos esos ronquidos,
le digo, vieja, eso no es el tigre, eso es el volcán Arenal, y me
decía, “Emeterio, es el tigre”, y le digo, no, mijita, es el volcán
Arenal, no se asuste, no hay tigre. Y la otra noche la misma
cosa: esos ronquidos hasta que temblaba la tierra y me decía,
“ahora sí, papito”, me decía ella, y al rato, también se dejaba
decir, “despertate, viejo, no ves que anda el tigre por aquí”, y le
digo que “no te asustés, es el volcán Arenal”, y en ese plan, y
nosotros un día nos levantamos, cuando vemos que la casa se
estaba levantando y digo, “¿qué es esto?”. ¿Sabe qué era? Ni
que tigre ni que volcán Arenal. Un tiquisque que venía pa`juera
y estaba levantando la casa. Qué cosa más buena de terrenos
hay en San Carlos, ja, ja, ja, ya, yay...

La “raiz” de chayote
¡Ah, tiempos, verdá! Qué lindo es aquí, cómo uno aprovecha
too en este país, gracias a Dios. Yo me he puesto a sembrar
agricultura, de too, y he sembrao too pa´ sacar mucho del
cultivo. En San Ramón, como yo tenía una finquita ahí, había

27
Camilo Rodríguez Chaverri

una mata e´ chayote y también en Naranjo, en otro terrenillo,


sembré una mata de chayote. Una vez pa´ Semana Santa,
recuerdo que me jui. Como se vende tanto la raiz de chayote,
pa´ Semana Santa, yo iba a aprovechar la mata e´ chayote,
la bía abonao y comienzo a sacar una mata e´ chayote, verdá,
una raíz de chayote, y era escarbe y escarbe y entre más rato
más era la mata y era déle y déle y déle y eso que se encandila
uno y yo seguí sacando tierra y no le llegaba al final a la raíz
de la mata e´ chayote, y no le llegaba aonde terminaba la raiz
del chayote. Era déle y déle cuando veía yo como campanitas y
digo, “ay, María Santísima, ¿onde estoy?” Comienzo a llamar a la
vieja, ¡que me iba a oír si ya me había consumío yo a la larga! Y
era de ver campanitas de gente como rezando. Oía cosas raras,
digo, “estoy llegando onde los chinos yo aquí”, y comienzo a salir
pa´rriba, cuando escarbo y levanto como el cemento, así, como
unos ladrillos, y too eso, y qué era, pues que bía salío a la iglesia
e´ Naranjo, claro, la bía sembrao en San Juan y bía salío hasta
aá, relejísimos, como juyendo e´la carrera e´crecer y crecer.
Vea hasta onde llegaba la raiz de chayote…

El carro bailarín
Así es la cosa. Una vez, cuando yo tablionaba porque, bueno, en
ese tiempo uno cortaba los árboles, pero teníamos la ventaja
que uno cortaba un árbol y sembraba cinco, verdá. Porque eso
es lo que hay que hacer uno, cuidar la naturaleza. Yo tabloniaba
y una vez venía yo de Guápiles con el camión y ahi por el Zurquí,
venía yo como a la una de la mañana, me falla el carro y estaban
esos aguaceros que ayúdeme a decir en aquella oscurana, y me
falló el carro y comienzo a travesiarlo, cuando voy viendo que se
le vía jodío el clutch, y digo, “¿qué hago aquí?”, se le jue el disco
del clutch. Ayayay, y yo sin foco. Entonces, había llevao una bolsa
transparente e´ confites, vacié los confites y agarré un montón
de candilejas, y me hice un foco improvisao y comienzo a ver,
claro, se le había ido el disco del clutch pero en eso voy viendo
que traía un disco de Carlos Gardel. Yo ahí me pensé, diay, disco
uno y disco el otro, a la larga me resulta, verdá. Entonces le
saqué el disco y le metí el disco de Carlos Gardel. Nooooombre.
Y me preguntaba un viejo después, “¿le sirvió?”. Le digo, “no
sólo sirvió, sino que venía el carro jalando más y oyendo unos
tangos de Carlos Gardel, hasta bailaba el confisgao carro”. Uno
cuenta esas cosas y la gente piensa que uno es jetón…
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Las aventuras de Emeterio Viales

El perro y el carro
Yo veo que los materiales de los carros no son como antes que
eran unos carros de buen material… La lata antes, la lata era
como de un estañón. Yo tenía un carro viejo, de esos Mack,
pero ya muy viejo, demasiadamente viejo y oiga si ese perro
Mack… Usté sabe que esos carros tren un perrillo adelante,
y ese perro una vez venía yo subiendo pa´rriba por el cerro
del Espíritu Santo y me calentó tanto el carro que el condenao
perro comenzó a alzar las patas y se tiró abajo y salió huyendo
por la montaña…

Carbonato turista
Ay, la gente me ha dicho a mí que por qué no vendo a Carbonato
y les digo, ¿al perro Carbonato? ¿vendelo yo? Jamás ni nunca.
Si usté supiera lo que me pasó a mí una vez… Estaba yo ahi,
por Puntarenas, estaba yo ahi y ya uno se entretiene viendo el
mar y toas esas cosas, y estaba yo con Carbonato y se me va
perdiendo Carbonato, y era busque aquí y busque allá y busque
aquí y busque allá, y no encontraba al perro Carbonato, verdá.
Y digo yo, “me lo robaron, me robaron al perro Carbonato”.
Bueno, yo sufrí, lloraba yo por ese perro. A los cuatro meses,
me llega un telegrama. En ese tiempo no había teléfono. Era un
telegrama que decía que juera a pagar un cuentón que debía en
Guatemala, en un hotel cinco estrellas, y le digo, “¿por qué? ni
conozco Guatemala”. Pues qué era, ¿saben qué?, que ese perro
no puede ver un venao y bía pasao el bus de Tica Bus que tiene
un venao pintao y se fue detrás de Tica Bus y jue a escolar a
Guatemala. Se metió a un hotel cinco estrellas y debía, oiga, un
cachimbal de plata porque comió hasta caviar. Debía de too ahi
y a mí me tocó ir a pagar la cuenta, pero gracias a Dios salvé
el perro…

Emeterio inventó los ferry


Mire, uno, gracias a Dios, no es tan chapas. Recuerdo cuando
el río Tempisque sólo tenía un ferry… Igual que en el río Térraba,
que pasaba como una plataforma pa´ jalar carga de un lao al

29
Camilo Rodríguez Chaverri

otro. Pero, ¿quién jue el que inventó el ferry? Les voy a contar.
Muy sencillo, venía yo a la orilla del río una vez cuando encuentro
un lagartico chiquitico, un lagartico e´ bolsa, decía yo, porque
estaba chiquititico. Entonces, yo me lo eché entre la bolsa e´
la camisa y andaba con el lagartillo por todo lado. Un lagartito
manso, viera qué cosa más linda, era una mascota que tenía yo.
Resulta que cuando el lagarto ya se estaba criando, comencé a
pasar yo como en ferry, me montaba yo a caballo y cruzaba yo el
río así, por el lagarto, verdá, y no jue cuento que el lagarto se jue
haciendo grande, grande, entonces hubo gente que me decía a
mí que los pasara… Ya yo me ganaba mi platica pasándole diarios
a la gente, que gente que iba a comprar el diario, entonces yo
los pasaba de orilla a orilla y ya cuando, oiga, el lagarto se hizo
gigante y ya yo pasaba camiones con ganao. Entonces, yo jui el
que inventé el primer ferry, verdá. Pero una vez, viera lo que me
pasó. Traiba un camión de ganao y lo traiba en el puro hocico
del lagarto, seguro el lagarto bía salío caluroso del agua y se
había resfriao, me parece, me imagino yo que tenía la quiebra
huesos y no ve que se rajó un bostezo en medio río y, claro,
onde se jaló el bostezo vació el camión de ganao al río, tuve que
pagar el ganao yo, viera que tortón jue eso, pero el gusto que
me queda que jue Emeterio el que inventó el ferry…

Emeterio campeón como caminante


Ay, juepuña, yo gozo con la gente que dicen que van a la romería
y que llegan cansaos, que tienen que untales ungüento porque
se le entiesan las canillas y too eso. Si supieran la vez que venía
yo de la frontera, mejor dicho de Nicaragua hasta Cartago,
más bien con un saco de pipas pa` que a mí me hiciera más
penitencia la Virgencita de los Ángeles y, oiga, venía yo con el
saco e´ pipas y too el mundo me decía, “Emeterio, usted no
llega ni a Villa Quesada”. Y oiga lo que me pasó. Ya yo venía
tan distraío y con aquella fe en la Virgencita y too eso, que
seguro, bueno, cuando llegué yo a la iglesia y comencé a rezar,
a dale gracias a la Virgen porque ya había llegao y que yo me
sentía bastante mayugao. Pero yo vi poca gente y le pregunto
a una señora, “¿por qué tan poca gente en esta romería a la
Virgen de los Ángeles? Veo muy poca gente en la iglesia, aquí
en la Basílica”, y dice “pero usté está loco, acaso que esta es la
Basílica, ¿no está viendo que esta es la iglesia e´ San Isidro e´

30
Las aventuras de Emeterio Viales

Pérez Zeledón?”. Había pasao por derecho más bien. No ve que


estaba muy oscuro en Cartago y pasé por derecho. Con too y
saco de pipas llegué yo aá. ¿Cuándo ahora?

Los viejos valientes del tiempo e´antes


Mirá, los viejos de antes sí eran fuertes. Yo me acuerdo de mi
abuelo. Mi abuelo Domingo sí era un hombre macizo. Era El
Coco, porque en ese tiempo se peleaban. Claro que pelear ha
sido un mal negocio. Yo siempre lo he dicho. Pero antes, como
había tanto pedo e´ chancho, que era el guarillo que se sacaba
entre las montañas y too eso, que lo hacían con dulce… Bueno,
le contaba yo al finado Overjol Retana que Dios lo tenga en su
gloria, qué´ombre que era valiente ese y trabajador ese hombre,
verdá. Ese hombre siempre, cuando llegaba uno ahi, a la casa,
tenía las canoas de frijoles, la canoa de dulce, too aquello, parecía
un jardín y de too. Y le contaba yo al hombre que mi abuelo era
valiente, mi abuelo era valiente y mi abuelo tenía un caballo muy
bueno, y una vez se dio cuenta que lo andaba buscando El Coco
de Naranjo y que lo retaba a pelear, y mi abuelo dice, “Coco sólo
uno tiene que haber, yo le voy a demostrar que yo peleo con ese
hombre y si es El Coco de Naranjo, lo voy a poner en su lugar”.
Y fijate que se va mi abuelo a buscalo a Naranjo, a buscalo y
enjachalo. Cuando venía un señor con una carreta, con unos
brazotes, un hombre gigante y ya le preguntó mi abuelo, “mire,
es que ando buscando un viejo que dicen que es El Coco de
Naranjo, que es bueno pa´las pescozadas. Yo quiero saber quién
es”, y dice, “¿sabe una cosa? Ese soy yo”. Y fijate que agarró la
yunta e´ güeyes y la carreta cargaa e´ leña, y comenzó a dale
güeltas en el aire con too y güeyes, oiga, en el aire, vea qué viejo
pa´tener juerzas, a dale vueltas y agarró la carreta y la tiró en
una ronda pa´ demostrale a mi abuelo que tenía juerza, pero
mi abuelo también: de la impresión socó el caballo y lo partió en
dos. En ese tiempo sí habían viejos valientes, verdá.

Emeterio científico loco


Ayayay… En los inventos, muchas veces no le dan a uno los
créditos ni naa de´so, pero yo he inventao cosas en la vida y
naide me ha dao los créditos. Una vez hice cruces de animales.

31
Camilo Rodríguez Chaverri

Dije yo, ¿por qué no cruzar los animales a ver qué sale? Y resulta
que una vez crucé una culebra con un puercoespín, ayayay, y me
salió un rollo de alambre de púa, y naide le cre a uno eso. La otra
vez crucé un león con una vaca y me salió un condenao ternero
jipi. Mirá, uno cuenta esas cosas y naide le cre. Después, fijate
que crucé una gallina con un burro y me decían, “diay, Emeterio,
¿que salió?”, y les digo, diay, un plumero de los carajos, je je je je.
Pero no es nada, cuando crucé un perezoso con una tortuga…
Y me decían, “Emeterio, ¿que salió?”, diay, pues un empleado
del gobierno, verdá, ja ja ja ja ja, y pa´cerrar con broche de oro,
una vez crucé la avenida central con un carro último modelo, y
adivíneme qué salió… Un rabo e´ espanto.

El ostinamiento del toro


Ay, juemialma, yo felicito a los sabaneros de Guanacaste, gente
muy valiente y too eso. Yo les daba clases a ellos de cómo se
amarraba un toro. Andaba un toro que le decían “El Satanás”, ese
sí era un toro completamente bravo, naide lo podía agarrar, y me
di cuenta que andaban los mejores sabaneros de Guanacaste
tratando de agarrar el toro. Y no lo podían agarrar porque
ese toro dicen que brincaba que era el diablo completamente.
Entonces, diay, agarro yo la yegüilla Chola y una soga que tenía
muy buena, una soga que me había vendío el finao Jesús Hidalgo
a mí, y les digo, si quieren me dan la oportunidá a mí, yo no soy
tan mal sabanero. Mire, se burlaron de yo. Sin embargo, dijeron
“dejemos a este viejo loco”, y me monto yo en la yegua Chola,
verdá, y me voy a buscar al toro. Cuando venía ese bicho, era
como ver el diablo suelto pegando esos brincos… Y entonces
le mandé yo el sogazo y no lo pude agarrar de los cachos, lo
agarré del rabo, pero ese toro jue tanto el ostinamiento que se
tiró a un guindo y, claro, como lo agarré del rabo, se le salió el
cuero. Me quedé yo con el cuero y viendo ese montón de carne
como iba pa´bajo. A como está la situación económica y ver
ese montón de carne que va pal´guindo. Pero eso no jue naa:
al tiempo, pa´una Navidá, iba yo por el potrero, cuando veo un
toro, un bravío, y digo yo, ese es el toro que tenía yo. Me voy
a buscalo, claro, ya había mudado, en lugar de cuero, lo que
tenía era lana. Viera qué toro más lindo, enlanaditico, parecía
un portal…

32
Las aventuras de Emeterio Viales

La calor de Guanacaste
Yo arrecuerdo Guanacaste antes, era más caliente. Oiga
si era caliente ahí que cuando jugaba un equipo de fútbol el
entrenador en lugar de ponelos a calentar antes del partido, los
ponía a enfriar porque el terreno era un terreno completamente
caliente, tostao. Vea si hacía calor en Guanacaste, que las
gallinas ponían los huevos fritos. Una vez sembré yo maní y lo
arrancaba y de una vez lo echaba en la bolsa pa´vendelo, salía
el maní tostaditico, viera que manizal me pegué yo…

Burro burócrata
Ayayay, estaba yo en la pulpería, ahi onde Juan, hablando un
poquito del trabajo, las agriculturas y todas esas cosas que
tiene uno, y los tractores, y a como está ahora la maquinaria,
como está la teinología con la maquinaria y las carreteras. Y le
contaba yo cuando no había maquinaria si no que yo me tenía
en lugar de vagoneta, yo me tenía un burro mejor que cualquier
vagoneta, mejor que las que tiene el gobierno. Ese burro lo tenía
yo pa´ tabloniar en San Carlos. A ese le pegaba una carreta
grande y jalaba arena, jalábamos madera, jalábamos caña. Ese
burro sí trabajaba y, yay, la envidia… Usté sabe, se dio cuenta la
municipalidá que yo tenía ese burro, entonces me lo ofrecieron
comprar y yo no quería vendelo. Pero mi mama me bía dicho a
mí que cuando uno tenía una cosa y se la ofrecían comprar, que
a veces era malo amarrase, diay, porque se le podía morir y too
eso, porque a veces hay envidia mala, verdá. Entonces, yay, uno
que es así, que medio creé en esas tonteras, me pensé “no, si
es cierto es mejor la platica en mano, de por sí yo no ocupaba
mucho el burro”, aunque era un burro valiente. Entonces se lo
vendí a la municipalidá. Al tiempo me llaman de la municipalidá
diciéndome que yo había hecho una sinvergüenzada. Les digo,
¿sinvergüenzada por qué?”, y dicen “porque este burro que nos
vendió usté es mentira que es bueno pa´ jalar caña, que es
bueno pa´ tabloniar, que es bueno pa´ jalar arena. Este burro
no quiere hacer naa”. Entonces voy y les digo, no, no puede ser,
yo no soy ningún tramposo, ese burro conmigo trabajaba y yo no
estoy mintiendo. Entonces, me fui y le pregunté al burro, “burro,
dígame una cosa, ¿por qué usté no quiere trabajar?” ¿Saben
qué me dijo? Pues me dijo lo siguiente: “¿pa´que voy a trabajar
si ahora soy empliado del gobierno…?”
33
Camilo Rodríguez Chaverri

Emeterio inventor de razas de perros


Ay, juepuña, yo me tenía una perra, qué perra más valienta esa
perra, verdá. Esa perra yo la estimaba. Por cierto, yo le decía a
Fausto Chacón, que él siempre me ofrecía comprar esa perra,
yo le decía, “noooombres, esa perra… ¿venderla yo? ¡Dios libre!”
Y una vez se jue la perra siguiendo una huella y no apareció la
perra, naa más se oían los ladridos. Dicen que ahi, al tiempo,
me dijeron que la perra andaba como La Llorona: se oían como
ladridos en las montañas, como perdía. Bueno, seguro se había
ido detrás de un animal… Y estaba yo sufriendo porque la perdí,
perdí la perra. Pero cual jue la sorpresa que un día estaba yo
tomando café con Josefa, la viejilla que vivía con yo, en unión
libre, arrejuntaos, estábamos tomando café, cuando oigo los
ladridos y le digo, “mire, oiga, esos son los ladridos de la perra
mía, viene pa´ la casa”. Cuando voy viendo, pero chiquititica la
perra… ¿Sabe que era la cosa? Que a la perra se le habían
gastao las patas y de ahi fue de onde salió la raza de perro
salchicha, de esa perra mía. Se le gastaron las patas diatrás en
la montaña de andar perdía tantos meses. Llegó la perra, pero
eso jue pa´cer la cría e´ perros salchichas…

Las pipas de Emeterio


Ah sí, Guápiles es muy bueno pal´ terreno, Guápiles, ahi por
el río Costa Rica, ahi tenía yo una finquita que se la bía vendío
a Leoncio Acuña. Una finca muy linda y tenía yo unos palos de
pipa, vieras qué pipas, si yo les contara a ustedes las pipas que
pegué yo ahi, verdá. Si vieras, había unas pipas tan grandes
que una vez se vino una, no me lo van a crer ustedes, y pegó
entre una piedra y se rajó, y el río Costa Rica se creció y bajó
una cabeza e´ agua y se llevó siete vacas y un toro e´ Moncho
Durán… Casi me demandan a mí. Carcule si esas pipas eran
grandes que cuando se iba el agua en Guápiles, llegaban onde
yo con estañones y me decían, “Emeterio, pélenos una pipa pa´
llenar los estañones de agua e´ pipa pa´bañanos”, y la gente se
bañaba hasta en agua e´ pipa gracias a las pipas de Emeterio…
Ve qué bonito, ¡qué terrenos habían antes, por el lao e´ Guápiles,
too eso…!

34
Las aventuras de Emeterio Viales

Emeterio campeón de nado en poza


Ah sí, si yo me fuera dedicao, le contaba yo a Jesucillo Arrieta,
que me lo encontré un día e´ estos y hablando e´ deportes
y de fútbol y de too eso, verdá. Que si uno fuera sío por caso
deportista en ese tiempo como nadador yo carculo que estos
que han ganao, esto en grande, en Costa Rica, como María del
Milagro y toa esa gente que ha ganao, verdá, Silvia Poll, por
ejemplo. Yo quizás fuera sío todavía mejor que ellas porque yo
jui un nadador de primera… Yo me zampaba diun palo e´ ceiba
y me hacía los clavaos entre el río. Una vez me hice un clavao
que más bien me consumí tanto que pegué la jupa en el fondo
y casi me destapo la cabeza, ayayay, me quedé atontaditico yo.
Y yo cogía pa´un lado, cogía pal´otro y, yay, uno atontao no
encontraba yo la salida e´ la poza, y digo, “ay, María Santísima”.
Pero uno aunque esté llevándolo el carajo, uno tiene que no
abilocase, si no pensar, ponese a pensar, entonces lo que hice
yo jue llevar uno puros muy buenos, que me bía hecho, que me
bían vendío, puros de los que venden en Puriscal, y unos fósforos
muy buenos que encendían entre el agua, prendí un puro entre
el agua, aentro en el agua, verdá, y claro, onde tiré la vulcanada
e´ humo, me vine detrás del chorro e´ humo y ya onde salió el
chorro de humo, ahi estaba la salida, y me salvé…

Emeterio arriero e´chanchos


¿Quién va a crer que Emeterio arriaba chanchos desde San Vito
de Coto Brus hasta Heredia? En esos tiempos, verdá, y yo me
venía desde San Vito con una pareja e´ chanchos… Duraba días.
Pasábamos el Cerro de la Muerte que, cuando eso, sí era frío.
Oiga si era frío el Cerro de la Muerte que yo una vez pasé por
Chespiritos y estaba haciendo tanto frío ajuera que le digo a un
carajo ahi, “dame posada, dejame meteme en un congelador”,
porque estaba más calientito el congelador adentro que ajuera.
Oiga si estaba frío que yo prendía un cigarro y la llama se
congelaba. Ahi tengo un llavero que es de una llama congelaa,
viera qué bonita se ve. Oiga si era frío que comenzaba uno a
orinar y la orinada se le congelaba a uno, y yo arriaba chanchos,
pero, oiga, durábamos tantos días que yo salía con una pareja
de chanchos de San Vito de Coto Brus y cuando llegaba a
Heredia hacía toa la plata porque se venían reproduciendo y

35
Camilo Rodríguez Chaverri

reproduciendo, que llegaba hasta con setenta chanchos, viera


qué platal hacía yo en esos tiempos…

Carbonato y Chilillillo, el dúo dinámico


Ay, recuerdo la vez que pasaba un animal por el frente de la
casa mía, un bicho que era satánico. Unos decían que era
un chupacabras, otros que el pisuicas, y bueno, entonces, le
echaba yo a Carbonato. Usté sabe que Carbonato es un perro
que corre que es una bala, verdá. Es una bala corriendo ese
perro y, sin embargo, a ese bicho no lo podía alcanzar, nunca
pudo alcanzar a ese bicho. Y una vez digo yo, “yo no me quedo
enchilao, ya sé lo que voy a hacer”. Como yo tengo dos perros,
Carbonato y Chilillillo, lo que hice jue amarralos en piña los
dos, uno con las patas pa´rriba y otro con las patas pa´bajo,
al estilo de una piña e´ tamales. Entonces, onde pasó el bicho,
le empujo a Carbonato y el otro iba con las patillas pa´rriba,
cuando Carbonato se cansaba, se volvía y seguía Chilillillo
corriendo, y Carbonato quedaba con las patas pa´rriba. Al rato,
cuando se cansaba, Chilillillo se volvía y era Carbonato el que
seguía, hasta que así agarramos al bicho. Juimos a buscalo y
ya qué va, cuando llegamos, ya se lo habían jartao los animales.
Apenas encontramos como unas pezuñas ahi. Nunca se supo
qué animal era ese perro, pero era un animal satánico…

La perra e´Emeterio
¡Ayayay! Too mundo habla del hotel Lagarto y nadie sabe que jue
lo que pasó con el hotel Lagarto, de por qué se llama el hotel
Lagarto. Tenía yo una perra famosa, viera qué perra tenía yo,
esa perra pa´ la cacería era lo mejor y una vez iba yo río abajo
y estaba un lagarto con el hocico abierto… Entonces, ayayay,
onde la perra vio que tenía el hocico abierto, ayayay, no se metió
por dentro del hocico y el condenao lagarto cerró el hocico y
la perra quedó adentro. Y digo, ¡qué tirada!, perdí la perra yo,
perdí la perra. Oiga, yo sufría, verdá, llegué a la casa sufriendo
porque había perdío la perra. Pero otra vez iba yo por el mismo
lao, cuando veo al lagarto con el hocico abierto, entonces me
jui y busqué una tuca, una calza, y se la metí entre el hocico
pa´ meteme por el lagarto. Vea qué tonto que es uno, verdá.

36
Las aventuras de Emeterio Viales

Uno es baboso… Y ya le puse el tuco por si acaso cerraba, que


no pudiera cerrar el hocico y meteme yo pa´entro, cuando
yo de veras comencé a andar en el lagarto pa´entro, cuando
oigo “guau guau guau”, y voy viendo que estaba la perra viva y
ese montón de perritos. Unos perritos nacieron con el hocico
así puntiadititico, esos perros los agarramos, ¿sabe pa´qué?,
hicimos una marca de motosierras que se llama Lagartín, verdá.
A esos perros les torcía usté el rabo, los ponía en cualquier
árbol y onde socaban el hocico, destrozaban cualquier rama.
Jueron las primeras motosierras que inventó Emeterio, verdá,
y gracias a Dios cuando el lagarto murió y too eso, le pusimos
Hotel Lagarto, ja ja ja ja.

El excusao
Uno habla de las fiestas, las fiestas de la Virgen del Mar y too
eso. Una vez, en Puntarenas, vea lo que me pasó a mí. Ustedes
saben que en el tiempo de antes no había excusao, menos como
los que hay ´ora, excusaos modernos, que son las electrinas,
los inodoros y too eso. Antes, lo primero qui´hubo era que lo
mandaban al cerco a uno, a cualquier persona, entonces lo que
le daban a uno era una tabla y un garrote, la tabla era pa´cubrise
uno la cara, pa´que naide lo viera, pa´que naide lo conociera,
y el garrote por si llegaba un chancho a jodelo, dale por el
hocico pa´spantalo, verdá. Pero después llegaron los excusaos
que se hacían a la orilla de los ríos. Entonces, cualquiera hacía
una necesidá y no había necesidá e´ hacer güeco, sino que la
carambada caía entre el río y se la llevaba el agua. Pero una
vez estaba Moncho Villalobos sentao y no venía una cabeza de
agua, y se llevó el excusadillo y él sentao ahí, en el excusao, y
dice que él pasó por Volio de San Ramón, pasó por San Juan
de San Ramón, por toos esos lugares, y llegó a Puntarenas y le
voy a decir una cosa: no ve que llegó el día de la Virgen del Mar
y andaban toas las lanchas y decía el que daba premios ahi, el
que ganó el premio de la lancha jue ese que viene en una lancha
muy original que tre en forma de excusao, y sabe qué, ganó,
más bien le dieron un pez de oro al hombre como premio y dice
que jue el primero que llegó a las fiestas de la Virgen del Mar
montao en un excusao…

37
Camilo Rodríguez Chaverri

Tigres vividores
Ay, arrecuerdo una vez que venía yo de la montaña… Uno cazaba
antes por necesidá. Ahora más bien hay que cuidar los animales.
Es que uno antes no pensaba, ni pensaba uno que matar los
animales del monte era una tontera tan grande porque uno…
A mí me dan ganas de llorar cuando veo que va alguien con
rifle pa´la montaña. Digo yo, ¿qué necesidá hay de´so? Más
bien hay que cuidar la naturaleza. Pero en ese tiempo era
uno baboso y uno como no había carnicerías ni naa de´so, y
había tanto animal, y la pobreza era muy grande, diay, uno se
alimentaba a pura carne. Una vez venía yo, recuerdo que cacé
yo un venao y me lo eché al hombro, y venía yo con el venao feliz
de la vida porque ya tenía carne pa´toa la semana. Estaban los
chiquillos esperando. Al rato sentía yo como unos socollones y
yo con el condenao venao en la espalda, ya no aguantaba yo y
sentía unos socollones, verdá, y digo yo, ¿será que este venao
viene vivo? mejor no lo pongo abajo, porque si viene vivo, se me
va. Y esos socollones, cuando paso por la casa de Petra y me
dice, “Emeterio, vea lo que lleva guindando ahi”, y lo pongo abajo
¿saben qué era? Dos tigres que se iban jartando el venao. Los
llevaba yo encima e´ la espalda, que tal que esos condenaos me
hubieran agarrao la nuca, hasta ahi hubiera llegao Emeterio,
verdá, je je je je.

Leche e´cuero
¡Ah vida! Uno comienza a hablar de too eso, por caso de toas
esas carambaas y digo yo que es que, juepuña, ahora uno ve
la ganadería y too eso, pero hay que cuidar mucho el ganao.
Antes no era tanto. Antes se las echaba uno las vacas al puro
repastillo, verdá. Ahí comían y qué vacas más buenas pa´la
leche. Yo tuve una vaca tan buena pa´la leche que no me lo van
a crer ustedes, pero esa vaca le vendía leche a too mundo. Más
bien era como el lechero. Yo llegaba a las casas y me decía la
señora, “véndame tantas botellas de leche”, y le digo, si quiere
ordeñala usté vale tanto y si quiere que la ordeñe yo, vale tanto
más. Entonces, me decía, “déjeme tres botellas”, yo mesmo la
ordeñaba y le dejaba la leche calientica y era como repartidor
de leche, andaba de casa en casa, repartiendo leche. Era una
vaca tan buena pa´la leche que cuando se esbarrancó, oiga

38
Las aventuras de Emeterio Viales

si era buena que con el cuero me hicieron unos zapatos y el


día que me jui a encaramar los zapatos, no me lo van a crer
ustedes, pero tuve que ordeñar los zapatos porque estaban que
gotiaban…

El ataúd más pequeño del mundo


Estábamos Leontina Quesada y yo hablando de las cosas…
Muchos creen en brujerías, otros en maleficios y todo eso, pues
una tía mía, que era muy enamorada, y los hombres la seguían
porque era una mujer muy linda como todas las bellas mujeres
que tenemos en Costa Rica y todo eso. Mujeronas como decir
Maribel Guardia, que está en México, que ha sido una mujer que
es un orgullo pa´nosotros de ver como la quieren en México una
belleza así. Pues mi tía era una mujer muy linda también, y los
hombres andaban detrás de ella, pero ella era muy simpática,
diay, seguro como tanto hombre le daba pelota que a ninguno
le daba, pero parece que le echaron como un maleficio. Se
cree que jue un maleficio porque después jueron onde un brujo
porque esa mujer era una mujer alta y comenzó a encogerse y a
hacerse chiquititica, y todo eso, verdá. Y oiga, se encogió tanto,
que cuando murió, oiga si murió chiquitica, que la enterraron en
un zapato, en un zapato la enterraron como quien dice estiró
las tennis, je je je je.

Emeterio orillero
Antes sí habíamos piones buenos. Le contaba yo a Ramirillo…
Estábamos ahi en la pulpería, hablando de por qué es lindo
sembrar la tierra. Pa´ mí no hay cosa más linda que llegar a la
finquita y ver la agricultura, ver los frijolitos naciendo, el maicito,
cuando ya comienza a criase y comienza el olor a tierra mojaa,
y por otro lao tiene un arracachal pa´cer un picadillo, que del
arracache se hace un buen picadillo, y sembrando uno el tomate,
la papa, los frijoles, de too lo que se come, culantro, hortalizas
y too eso. Es linda la naturaleza, es muy bonito, y trabajábamos
mucho. Sembrábamos, pero antes se llevaba uno el pique,
cuando había piones, por sacar la calle que era el primero y yo
era orillero. Orillero es pa´ las personas, mucha juventú no sabe
qué es orillero, era que en el trabajo por caso empezábamos a

39
Camilo Rodríguez Chaverri

trabajar volando machete y el que iba alante, otros venían atrás,


el que va alante tiene que sacar la calle primero pa´que el otro
no lo encierre, verdá. Es como competencias, como cualquier
competencia e´ carros o ciclismo, y too eso es lo mesmo, naa
más que a nivel de volar machete. Y yo era bueno pa´volar
machete y estaba Célimo Retana, que era buenísimo también y
Célimo se llevaba clavo conmigo y una vez me puse yo orillero, y
Célimo atrás, y a veces yo veía que me tiraba el monte encima, me
tiraba el monte encima, y ya me alcanzaba, y yo seguía volando
machete, y el hombre atrás, y ya yo vía que ya no aguantaba la
centura, ya yo vía que me estaba llevando el carajo, y era déle y
déle y déle, vea que el viejo Célimo era bueno pa´volar machete
también, veá. Cuando ya yo me enderecé porque también él se
enderezó primero. Entonces llegamos a una pulpería, y yo le
dije al pulpero, “primo, hacéme el favor y me vendés un vaso
de sirope”, y dice “¿cuál sirope? ¡Aquí no hay sirope! ¡Aquí lo
que hay es pinolillo!.” Víamos cruzao la frontera de Nicaragua.
Empezamos en La Fortuna de San Carlos y ya estábamos más
aaá de la frontera e´ Nicaragua, volando machete, verdá. Vea
qué piones bíamos en el tiempo e´ antes. Es que ´ora qué va, ya
´ora es pura vagancia ´tooo´ mundo….

Emeterio, el mejor volador de machete


Una vez estábamos en un tacotal. Un tacotal es un poco ´e´
monte en una socona, en un terreno que tenía yo, y era muy
bueno pa´frijoles. Entonces, íbamos a tapar frijol ahi. Estaba
yo y doce peones más, y comenzamos a volar machete y, oiga,
en el aire a veces parecía un chop sui esa carajada. Porque
too y culebras se levantaba uno volando machete y too mundo
aprietando y, como yo siempre soy orillero, siempre iba alante
y estábamos volando machete y los peones atrás, cuando
yo volví a ver pa´tras, no vi a naide más. Digo, diay, ¿qué se
hicieron? ¿se jueron pa´la casa? Cuando veo que se mueve un
foco… ¿Saben qué era? Que onde iba yo volando machete en el
tacotal los bía enterrao a toos con monte. ¡Qué piones bíamos
en el tiempo diantes y qué pión era Emeterio Viales, verdá!
Imagínense ustedes…

40
Las aventuras de Emeterio Viales

El papal de Emeterio
¡Ah sí! Yo siempre lo he dicho: las agriculturas y too eso ya
no es igual a antes, que antes no se abonaba ni había tanto
atomizo, ni naa de´so, verdá. En Tierra Blanca e´ Cartago yo
sembraba papa. ¡Qué terrenos había ahi onde Toño Mejía, en
Tierra Blanca de Cartago! Yo sembré un papal, oiga, que vieran
ustedes naa más llegaba yo, carcule, que llegaba yo, metía la
carreta debajo e´ una mata e´ papa pa´que no se asoleara y
los bueyes también pa´que estuvieran fresquitos ahi. Y una vez,
arrancando unas papas, tuvimos que arrancarlas con cuñas y
too eso al estilo traitor, y no ve que salió una papa rodando
por una ladera, iba pasando la yegua e´ Toño y la agarró por
media panza y reventó a la yegua. ¡Imagínese qué papales se
pegaban en el tiempo de antes! ¡Imagínense ustedes cómo era
la agricultura del tiempo di´antes! Uno cuenta esas cosas y la
gente dice “¡qué viejo más jetón!”, y jueron ciertas, je je je je.

El señor de la leche
Mire, yo he tenío gracias a Dios que hacele a too. Yo tenía una
lechería de cabras, tenía unas cabritas muy buenas, buenas
pa´la leche las cabras. Porque naide duda que la leche e´ cabra
es un gran alimento. Si usté cría un chiquito recién nacío y a
veces en vez de leche materna, que también es un alimento,
le da leche e´ cabra, ese chiquito llega a tener un juerzón
que ayúdeme a decir. Entonces, yo vendía queso e´ cabra y
too eso, y hasta la primera moto que tuve yo jue una cabra, le
agarraba los cachillos, ¿usté ha visto que los cachillos son así,
agachadillos?, y yo me montaba en la cabra, iba por too lao.
Pero una vez hubo un accidente y resulta que un bus que se
volcó, una cazadora decíamos en el tiempo e´ antes, que se jue
entre un guindo, que se le arrancó una lata y le rajó el estómago
a un señor, y entonces llegué yo inmediatamente, lo que hice
jue sacrificar una cabra, le arranqué la panza a la cabra y se
la pegamos al señor. Vean ustedes, uno cuenta esas cosas y la
gente piensa que es un jetón. Le pegamos la panza e´ la cabra
al señor y comenzó el hombre a respirar y a sentise mejor, y me
decían, “Emeterio, eso es una jetonada suya”, y ninguna jetonaa:
el señor no sólo está con vida, sino que está echando dieciocho
botellas de leche al día…

41
Camilo Rodríguez Chaverri

Emeterio ve pa´entro
Si les contara una vez que serví yo de perro. Estaba el perro
mío, Carbonato, con la quiebra huesos. Entonces, me pensé,…
yo le olía la nariz siempre a Carbonato, yo tenía olfato y too eso,
me voy pa´la montaña y pasa un tepezcuinte y me voy detrás del
tepezcuinte, al estilo perro, pero qué va, uno por más que quiera
hacer como un perro, qué va. Iba yo detrás del tepezcuinte y no
me voy enredando entre una macolla e´ pasto, y me voy yendo
entre un hueco y pego la cara en un alambre de púa y se me
salió un ojo y quedó el ojo mío guindando entre un alambre de
púa, y diay, yo entre el hueco, no me podía enderezar, y yo veía
el ojo que me volvía ver con una tristeza a mí, el ojo mío. Y no
jue cuento que comenzó a´cer sol y ya vi el ojo que se estaba
arrugando, se estaba derritiendo, y decía yo, “María Santísima,
ayúdeme”. Yo de verdá llamé a la Virgen. Me convenzo que la
Virgen es milagrosa de veras, tanto que la llamé yo y oigo unas
voces que venían. Era Toño Guevara, que venía e´ volar hacha, y
lo llamé, “Toño, venga acá”. Y ya, “¿qué le pasó, Emeterio? ¿qué
le pasó?” Le digo, “¿no ve que…?”, y ya le conté la historia, que
me había ido entre el hueco, y le digo, “pero alcánceme, ¿no ve
lo que está guindando en ese alambre?”, y dice, “¿qué es eso?”,
y le digo, “¿no ve que se me salió un ojo?”, y ya me alcanzó
el ojo, gracias a Dios que el ojo todavía tenía vida, nada más
que me lo puse al revés el condenao ojo, y me voy viendo por
dentro, gracias a Dios que me di cuenta que tenía piedras en los
riñones. Claro, después el ojo se enderezó, pero me sirvió, no
hay mal que por bien no venga, gracias a que me puse el ojo al
revés me di cuenta que tenía ese problemilla y ya estoy viendo
con toa la pata, y sin las condenaas piedras.

Carbonato como la tortuga habladora


Ah, vida, una vez viera que estaba yo en el sueño del banano,
estaba yo en Guápiles, por Limón, que ha sido bueno pa´los
bananales y too eso, y eso era antes el sueño del banano, como
decile los que se van ahora pa´Estados Unidos, que es el sueño
americano. Entonces, nojotros a veces nos íbamos. Ahi se hacía
mucha plata en ese tiempo. También era la ventaja de jugar
fútbol en la zona sur y en todas esas zonas. Primero en la zona
sur y endespués por el lao de Limón, también el que jugaba

42
Las aventuras de Emeterio Viales

fútbol tenía trabajo seguro y yo era muy bueno pa´jugar fútbol.


Además que yo cortaba los racimos de bananos con la uña
porque a mí me decían “uña e´ hacha”, como yo había entrenao
lo que es la cuestión del taicondo, y too eso. Nada más llegaba
a los bananales y mandaba una pataa volaora y me apeaba los
racimos de banano, ponía el hombro y caía en el hombro el
racimo e´ banano, salía en carrera y era el mejor cortador de
banano de los que estábamos ahi. Pero una vez me enfermé yo,
me agarró lo que llaman el paludismo, que era un bichillo que
andaba que era el papalomoyo, que era que lo picaba a uno, y
se ponía uno con una calentura, y me estaba muriendo yo… Me
agarró paludismo y me estaba muriendo y le digo a Carbonato,
mi perro, “Carbonato, tengo que ime pa´San José”, y Carbonato,
como era un perro fiel conmigo, me dice, “yo me voy con usté”,
y llegamos a un aeropuertillo que había ahi, en Limón, en ese
tiempo, que era barrialoso y too eso, y estaba la avionetilla que
era la que jalaba porque no había medios de carros en ese
tiempo. ¿En ese tiempo? ¡No, qué va! Era una avionetilla que
llegaba ahi, a Finca Seis, recuerdo yo. Y resulta que el chofer del
avión dice, “diay, yo a usté lo llevo, señor, pero el perro no, yo no
puedo montar un perro en este avión”, y le digo, “yay, tiene que
llevame, este perro es mío y no puedo dejalo”, y dice, “ah no, si
usté quiere lo llevo a usté pero al perro no”, y me cierra un ojo
Carbonato como diciendo “móntese, tío”, porque el perro sólo tío
me dice a mí, y entonces yo me la juego. Yo a Carbonato le creo.
Me monté yo y onde el avión arrancó, hizo el vuelo Carbonato,
lo agarró e´ la cola y ese avión, oiga, chapaleaba entre el barro
y no podía elevase, y el chofer ostinado que qué raro, que por
qué no se eleva el avión, y vio que el perro estaba guindado. Y
le digo, “mire, si usté no deja montase al perro conmigo, este
avión no se eleva”. Oiga, hasta que lo convencí, se bajó el chofer
y se montó con too y perro. Resulta que, claro, en medio vuelo
el perro agarró una sombrilla e´ una señora y se mandó. Digo
yo, este perro está loco, ¿que será? Se mandó el perro y, güeno,
pensé que ora sí lo bía perdío. Llegué a San José, me curaron,
volví otra vez a Limón, ya yo curao, ya con toa la pata yo, pero
con la lástima que bía perdío a Carbonato. A los cuatro meses,
más o menos, oigo los ladridos y cuando veo a Carbonato
que venía con una pata enyesada, una muleta, y un cuero de
tepezcuinte ebajo del sobaco. Claro, desde el avión bía olfateao
un tepezcuinte y se bía mandao. Agarró un paracaídas, que era
la sombrilla e´la doña, y se salvó. Sólo tuvo golpes fuertes, naa
más. Uno dice esas cosas y la gente no le cre...
43
Camilo Rodríguez Chaverri

El vocho e´ Emeterio
Cuenta uno cosas y la gente no le cre. Estaban el finao Macario
Mena y Antolín Quesada, que no sé si estará vivo todavía. Ah,
sí está vivo, porque me contaron que se via juntado con la hija
´e´ Nicanor Arrieta. Entonces, sí debe estar vivo el viejo. Por
cierto dicen que tiene unas hijas muy bonitas. ¡Ja! Y estábamos
hablando ahí, cuando andaba yo con un carrillo que tenía. Yo
digo que con ese carrillo, que si el mundo hubiera tenío timón,
yo lo hubiera revolcao. ¡Qué carrillo era ese! Era un vocho. Y
una vez iba yo subiendo por el Cerro de la Muerte, pa´rriba,
cuando veo que se bía ido en un guindo, se bía ido un furgón
lleno e´ maquinaria y habían dos tractores tratando de jalalo, y
se le ponían las cadenas rojas, rojas, y ni lo movían, y la gente
renegando. Les digo, si quieren hagamos una cosa, suelten
esos tractores y yo le pego este vocho que tengo yo. Mire, me
trataron de loco, me dijeron que no juera tan atarantao, y les
digo yo que cómo se les ocurría. Pero tanto insistí yo que dijo un
carajo, “diay, dejemos a ese viejo loco que le pegue el vocho a
ver, pa´gozar, pa´ver que se va a ir con too y vocho al guindo”. Y
soltaron los dos tractores y pegué yo el carrillo mío y comencé
yo a jalar. Oiga, hasta que arrancaba el terreno yo onde venía
pa´rriba con el carrillo mío jalando el camión de maquinaria…
Así lo saqué ajuera y lo saqué a la carretera. Y comencé a subir
todavía pa´rriba cuando veo que el carrito mío estaba echando
mucho humo, y voy viendo. ¿Saben qué? No le había sacado el
freno de mano. Sin embargo, así saqué el furgón de maquinaria,
je je je je.

El rifle e´ Emeterio
Una vez, yo cuento que los alemanes a mí me han llamao pa´que
les dé volaos yo, de cómo se hacían las armas, verdá. Gente que
sabe porque una vez agarré yo un tubo de cañería y comencé
yo… Ah, yo quería haceme un rifle de gusto mío. Entonces,
agarré un tubo e´ cañería y me puse a hacer un rifle, verdá.
Así que lo hice, me voy pal´lao e´ La Fortuna de San Carlos,
a probalo. Llegué a El Tanque e´ La Fortuna, cuando veo un
puntillo en el puro cucurucho del volcán Arenal, y ya lo volví a ver
yo, y ya yo vi, que el puntico era un venao, entonces digo, “voy
a probar este rifle aquí”. Ya puse el rifle, yo tenía mucho pulso,

44
Las aventuras de Emeterio Viales

puse el rifle entre un palo de ceiba que había, lo carculé bien y le


mando el cachimbazo. Oiga, ese rifle quedó con tanta potencia
que estalló, que hasta que se puso La Fortuna oscuritica, todo
el mundo dicen que las señoras cantando el Santo Dios, Santo
Fuerte, Santo Inmortal, pensando que era que había estallao
el volcán otra vez. Y cuando se jue aclarando, digo yo, ¿qué
pasaría? Entonces me voy pal´cerro y comienzo a subir el cerro
a pata, y llego y vi que le faltaba un poco al cerro, un cucurucho.
Ustedes han visto que al lado izquierdo tiene como un desnivel
el volcán Arenal. Era la bala que había pasado ahi. Pero eso no
es naa: cuando oigo por radio que una bala perdida había matao
siete chanchos de los Martínez, un toro muy fino e´ los Guzmán
que tienen finca en Tilarán y que se había apiado la cúpula de
la iglesia y que estaban buscando al criminal… Entonces, dije yo,
¡qué torta! Me hice el chancho, verdá. Nunca dije que era yo el
que había disparao. Entonces, vea lo que hice: llegué y le corté
medio cañón al rifle, le corté la mitad. Al tiempo, ya cuando
había pasao el burumbum de los chanchos que había matao, el
toro y la iglesia que me había apiao la cúpula, resulta que me
voy con medio rifle, llego otra vez a El Tanque de la Fortuna,
cuando veo otro puntillo ahi y digo, pues es el mesmo venao.
Entonces le disparé y yo vi que el venao ni se movió y digo qué
raro el rifle casi ni sonó… Entonces, me voy pal´cerro y llego
al cerro y no estaba el venao, pero seguía un poquillo cansao,
entonces me acosté a dormir, cuando oigo algo y entonces me
preguntan a mí qué era. Otro me dijo a mí, “Emeterio, es un
abejón”. Le digo, ¿cuál abejón? No ve que me bía quedao la bala
demasiadamente lenta. Si me hubiera dormido profundamente,
me hubiera agarrao por la pura frente. Apenas llegó la bala
cuando llegué yo. Me bía quedao demasiadamente lento aquel
rifle mío. Así me salvé…

El chancho perro e´ Emeterio


Mire, uno habla esas cosas… Yo siempre he sido muy cariñoso
con los animales. Me gusta tener en la casa… Le contaba yo
a Bernabé Quesada, cuando yo tenía una chancha pronta, y
estaba yo feliz porque la chancha iba a parir y aquella felicidá. Y,
diay, fijate que lo que tuvo jue un chanchito, por cierto hubo que
sacalo hasta con cesaria el chancho, verdá. Y, ¡no ve que murió
la chancha en el parto! La cosa jue que el chanchito quedó solo.

45
Camilo Rodríguez Chaverri

Entonces, me pensé, ¿qué hago?, se me va a morir. En eso,


gracias a Dios había parío una perra de Juan Vicente Retana, y
le digo, mirá, ¿por qué no le pegamos este chanchito a la perra,
a ver si lo amamanta? Y de veras, fijate que se lo pegamos a la
perra y se crió el chancho. Y ahora no me lo vas a crer, pero
vieras qué chancho más bueno pal´tepezcuinte. Es un chancho
bueno pal´ cuido. Mirá, uno cuenta esas cosas y la gente no le
cre. Pero, vieras vos, no podés arrimate a la casa porque ese
chancho te hace, bueno, es pior que un rotgüailer, esos perros
bravisísimos, pior es mi chancho perro, je je je.

La yegua Milagrito
¡Ah, sí! El primer taxi pirata lo tuve yo. Lo tuve yo cuando estaba
aaá por el lao e´ Medio Queso e´ Los Chiles, ´aaá´, por el lao e´
San Carlos. Y yo pirateaba con una yegua que tenía. Esa yegua
era ambulancia, era de too. A mí me tocaba trabajar ahi, ir a trer
diarios… Iba uno a los lugares a trer diarios. Ya me contrataban
que pa´una cosa, que pa´la otra, hasta pa´tabloniar porque
le amarrábamos un tablón al rabo de la yegua y lo hacíamos
sacaditico, verdá. Y too eso. Una vez, había una señora que iba a
dar a luz y, yay, no había nada, no había carro en ese momento.
Entonces, me contrataron y la montamos en la yegua mía, en la
yegua que tenía yo, la yegua pirata. Ya cuando llegamos al río
San Carlos, el río estaba crecío, entonces digo yo, a la mano de
Dios. Yay, yo me encomendé a Tatica Dios, y hago una, dos y
tres. Yo sabía que la yegua brincaba mucho y le digo a la señora
agárrese usté bien, de la faja del pantalón mío, y téngase duro
porque vamos a tener que brincanos el río, porque estaba
crecío y ya a ella le regalaban familia y ya iba con dolores. Y la
cuestión es que echamos la yegua pa´tras, le metí los talones
y, oiga, con los mesmos estribos iba yo como planiándola y así
caímos al otro lao. Claro, cuando salimos, la señora siempre
salió rodando, verdá. Cuando oigo… Viera qué cosa más linda:
un bebé llorando. Dio a luz una chiquita. El socollón de la yegua
pirata hizo que la señora diera a luz una chiquita, y a esa chiquita
la pusimos Milagrito. Es un milagro de Dios, sinceramente, pero
se salvó la vida, verdá.

46
Las aventuras de Emeterio Viales

Caite envenenao
Yo… Siempre me ha gustao trabajar… Es dura la vida. Mire, yo
recuerdo ahi por el lao e´ Tacares, esos cañales que hay ahi, en
Grecia. Porque en toos esos lugares ahi, en Grecia, hay cañales
por too lao, verdá. Y la gente siempre está trabajando duro.
Y ahí trabajamos cortando caña y yo recuerdo que estaba yo
cortando caña. Yo tenía unos zapatos que se llamaban ferretos.
Unos zapatos de cuero que los hacían en Turrialba, muy buenos.
Y una vez recuerdo que estaba yo agachao, cuando me picó una
culebra, y gracias a Dios lo que agarró jue el zapato, naa más
verdá. Pero, oiga si era una culebra venenosa, que el zapato
comenzó a ponese amarillo y pálido, pálido, pálido, y se jue
ensuavizando y se pudrió el zapato. ¿Qué tal que esa culebra
me hubiera agarrao el talón a mí? Yay, se me fuera podrío la
pata y me hubiera muerto yo, ja ja ja

El reló de Emeterio
¡Ah, sí! Yo le contaba a Cirilo un día e´ estos que me lo encontré,
me lo encontré en Palmares de Alajuela. Le digo, Cirilo, ya aora
todas las cosas han cambiao. Ya los relojes y toas esas cosas no
son iguales a los diantes, al tiempo diantes. Yo arrecuerdo que
mi tío tuvo un reló de esos grandes, que ponían en los tabiques,
verdá, en las paredes. Y tuvo un reló de paré tan viejo, tan viejo,
que imagínese que la sombra del péndulo hizo un hueco en la
paré, imagínese usté que sería viejo ese reló…

Los tigres caníbales


Me voy con Carbonato un día pa´ la finca, verdá. Cuando vamos
viendo… Íbamos así, suavecito. Yo no llevaba ni arma ni naa e´
eso… Cuando vamos oyendo esos ronquidos que se oían en la
montaña, verdá. Le digo, “Carbonato, calladitico porque este
es el tigre, el león, perdón”. ¡Vio ya casi me pego una mentira!
Era un león, no un tigre, verdá. En eso vamos viendo que se
van agarrando dos leones. Le digo a Carbonato, “Carbonato,
ni se asome aquí porque nos lleva el carajo, yo no llevo arma
y si usté se mete lo hacen estusao”. Y, bueno, carcule que
nos quedamos esperando que terminara la pelea y le digo yo

47
Camilo Rodríguez Chaverri

a Carbonato, esperemos que termine la pelea pa´ llevanos los


cueros de los leones pa´sí nojotros llegar rajando, decir que
nojotros los matamos. Y comenzó la pelea y, oiga, arrancaban
palos, se oía onde arrancaban terreno, brincaba la tierra y eso
hasta que temblaba la tierra onde brincaban ese par de leones
peliando ahi. Cuando nosotros oímos que ya se vía terminao
too, le digo a Carbonato, mi perro, “jale a ver”. Y todavía cuando
llegamos, sabe una cosa, estaban los dos rabillos moviéndose.
Un león se había jartao a uno y el otro se había jartao al otro.
Apenas vían quedao los dos rabos, verdá. El rabo e´ un león y el
rabo del otro león… Naa más. No pudimos llegar rajando, diay,
naa de cueros pa´ Carbonato ni pa´ Emeterio.

Emeterio en Terrón Colorao


Es como en el tiempo cuando yo jugaba fútbol, verdá. Cuando
yo jugaba fútbol era diferente la cosa. Una vez que estábamos
en un partío frente a Terrón Colorao, estábamos en Terrón
Colorao, jugando un partío, y castigué yo un tiro e´ esquina,
verdá. Y Toño Manguera le mandó un bombazo que pegó la
bola entre el marco y se partió. En ese tiempo, la bola era
de doce pedazos. Entonces dentraron unos pedazos adentro y
otros quedaron ajuera. Unos decían que era gol, otros que no
era gol. El árbitro dice “bueno, aquí la mayoría manda, vamos
a ver cuantos pedazos hay adentro en el marco.” Y habían
siete pedazos adentro y ajuera habían cinco, y entonces dice el
árbitro, “la mayoría manda”. Entonces, ganamos el partío…

Avión de bahareque
Uno habla e´ estas cosas, verdá, y no le cren a uno, pero no
importa. Uno habla de los primeros aviones que hubieron en
Costa Rica. Yo, en el primer avión que me monté, recuerdo que
era de bareque por dentro. Los asientos eran de tuco. En lugar
de cinturón, le ponían el rosario a uno. Y tenía excusao de hueco.
Y yo recuerdo que las señoras venían cocinando aentro en el
avión y a veces estaban volando machete abajo y les llegaba a
los piones el olor a sopa de mondongo onde iban cocinando y
decían “¡qué rico lo que van cocinando en el avión, verdá!” y too
eso, verdá. Esos jueron los primeros aviones que hubieron en
Costa Rica…
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Las aventuras de Emeterio Viales

El calzoncillo del culo del mundo


Tan feo que´s la mentira. Yo por eso no me meto mucho con la
política. Yo siempre lo he dicho. Soy poli-tico, no político. Porque
dicen que el primer político que hubo en el mundo jue Cristóbal
Colón, y es cierto… ¿Saben por qué? Miren, porque salió sin
saber pa´ onde iba, nunca supo onde llegó y too lo hizo con plata
ajena. Pero mentiroso un viejillo que me encontré un día e´
estos. Me decía, “usté sabe una cosa, Emeterio, que yo tengo el
museo con las cosas más viejas de la historia”. Le digo, “no seás
tan mentiroso, ¿qué diablos tenés vos en ese museo?” ¿Saben
qué me dijo? Me dice, “mire, Emeterio, yo tengo la aguja con
que le hicieron el ruedo a la falda del volcán Poás, tengo el lente
de contacto de Ojo de Agua, tengo el arma con que mataron
al mar Muerto, tengo el vestido entero del cuerpo del delito,
tengo las plumas del Ave María, tengo las sandalias del judío
errante, tengo la brocha con que pintaron el mar Rojo, tengo
el envase de la medecina de la Virgen de los Dolores, tengo el
sombrero del Padre sin Cabeza, tengo la chupeta del chiquito
de La Llorona, tengo el motor del Arca e´ Noé, tengo la factura
e´ la Santa Cena, tengo la otra parte del medio ambiente, tengo
la semilla de la planta del pie y, como si juera poco, tengo el
calzoncillo del culo del mundo”. ¡Qué viejo más jetón, por los
diablos, verdá!

El tiempo e´ los peliadores


Antes había mucho viejo peliador. Antes, como sobraba el
condenao guaro e´ chirrite, el famoso pedo e´ chancho, la leche
e´ burra y too eso, entonces los Rosarios de El Niño a veces
terminaban en un pleito. A veces, por alguna noviecilla o alguna
carajada, empezaba un pleito. Una vez Jerónimo Gamboa… ese
viejo sí era valiente pa` peliar. Jerónimo Gamboa se agarró con
Chindo Portugués en un cañal y, oiga, era al machetazo limpio.
Y comenzaron a volar machete en el cañal, se le gastaron los
cuchillos y siguió la pelea. Llamaron a un carajillo y le dijeron que
trajera un par de espadines más, dos cuchillos más, dos rulas
28 y siguió la pelea. Y se les gastaron. Y siguió la pelea. Bueno,
tuvieron que terminar la pelea porque se estaban ahogando. Y
me decían a mí que de sangre se estaban ahogando. Nooombre.
No era por eso. No era que estaban tragando sangre. Se estaban

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Camilo Rodríguez Chaverri

ahogando en el caldo de caña que les llegaba hasta el pescuezo,


de la corta que hicieron entre el pleito. ¡Qué viejos más buenos
pa´ peliar eran esos viejos…!

Emeterio y El Satanás
Yo, gracias a Dios, a too le he hecho en la vida. Yo jui… uno de los
primeros carniceros que hubieron jui yo. En la mentada villa, en
Villa Quesada… Ahi tuve una carnicería. Yo vendía la mejor carne
y too. Ahí recuerdo que andaba un toro cimarrón, ahi por Villa
Quesada, que le decían El Satanás. Porque ese toro se levantaba
lo que juera y nadie pudo con él… A ese toro llegaron sogueros
famosos, sabaneros de Guanacaste y de toos los lugares, y no
podían soguealo. No lo podían agarrar. Y un día les digo yo, ¡qué
pendejada la de esta gente que dice que son buenos sabaneros
y no pueden agarrar el toro! Y yo tenía una bicicletilla ahi, con
canasta, que la tenía de jalar carne precisamente y verduras y
too eso. Entonces, le amarré una soga en la bicicleta, la amarré
bien y digo, “voy atisbar al toro El Satanás”. Me decían, “Emeterio,
no sea tan baboso, ¿cómo se le ocurre?” Esperen, les decía yo,
esperen, naa más. ¡Viera qué bicicleta más buena esa! En eso,
cuando veo ese condenao cimarrón que venía pegando brincos,
verdá. Y digo, ¡a la mano de Dios!, y le mando el sogazo en el
aire y lo agarro de la pura cachadura. Y de una vez le meto un
frenazo a la bicicleta, que se vino el toro y cayó en la canasta.
Bueno, que va a ser Maicol Yordan jugando esa carambada que
juegan, básquetbol, y too eso, verdá. En la pura canasta, cayó
el toro, atontaditico. Y ahí le tiramos una sábana arriba y jue la
mejor carne que vendimos en ese tiempo del cimarrón ese, el
mentao “El Satanás”.

Emeterio habla con las loras


Estábamos en la finca de Moiso Villegas, en una finca que
tiene por el lao de Santa Cruz, muy linda finca y too eso. Había
mucha luz ahi, en ese lugar, y a mí siempre me gustó. Pero
pa´ coger loras hay que tener listo too, verdá. Hay que tener
mucha diplomacia uno pa` agarrar loras. Y yo tenía una jaula
muy buena, verdá, una jaula que tenía un secretillo de cómo se
agarraban las loras, verdá. Porque tenía una musiquilla que le
gustaba mucho a las loras, verdá. Me imaginaba yo que eran

50
Las aventuras de Emeterio Viales

como loras parranderas, como que les gustaba… Pa´ ellas


era como una discoteca, ¡ja! Y les puse la música… Les ponía
la musiquilla en la jaula y yo me acostaba a dormir. Y yo me
quedé dormío. En eso, me desperté porque oía que me decían,
“Emeterio, sáquenos, sáquenos… Emeterio, sáquenos”. Digo,
“¿qué? ¡estoy soñando aquí!” Me despierto y ese montón de
loras entre la jaula, y se estaban ahogando del calor que hace
en Guanacaste. Y algunas se habían zampao unos traguillos de
vino de coyol, se habían jumao. Unas estaban medias jumaaas y
too eso. ¡Viera qué escándalo era eso, verdá! ¡Eh, qué loras tuve
yo en ese tiempo! Uno cuenta esas cosas a la gente y dicen,
¡qué viejo más jetón…!

Los pingüinos de Emeterio


En una ocasión, que estábamos volando machete, allá por
Chimurria de Upala, más aentro e´ San Carlos, en ese tiempo
too era pura montaña y había que caminar por trillos y picadas.
Me encontraba yo con Manuelillo Villalobos, Rogelio y Luis Eladio
Villalobos que, por cierto, era un gran futbolista. De pronto me
voy pa´ un arroyo a tomar agua porque estaba haciendo mucho
calor ahi onde llamaban La Quebrada e´ La Perra… Cuando, de
pronto, vuelvo a ver al lao: una nidada e´ güevos. Eran unos güevos
muy grandes. Sin decirle naa a mis compañeros, me los traje
pa´ mi casa, onde vivía en unión libre con Moncha. ¡Ave María,
qué güevos mas grandes! Estos no son de gallina, pueden ser
de chompipa o de avestruz, porque una gallina quedaría vuelta
al revés al poner un güevo de estos. Para ese entonces, yo ya
tenía una refri que jue de las primeras que salieron. Sin pensalo
dos veces, lo metí en la refri. Cuál fue la sorpresa que a los tres
días, a las dos de la madrugada escuchamos un estruendo. Mi
vieja decía que era un gran temblor y yo que había estallado
el Volcán Arenal. Como se persigna un cura ñato, nos tiramos
debajo de la cama. Cuando vimos a la refri que pegaba brincos,
y pensé, “eso es El Diablo”. Dijo Moncha, “¡Santo Dios!, ¡Santo
Fuerte!” Le contesto yo, “no seás nerviosa, vieja”, y sin pensalo
dos veces, me le puse atrás a la refri y logré abríla. No me lo
van a crer, ni qué güevos de avestruz, ni de chompipa, eran
güevos de pingüinos, que con el frío pegaban brincos dentro de
la refri como bailando reggaetón. Nos dio lástima y les pusimos
una cobija encima y seguimos durmiendo. Pero, ¡qué desgracia!,

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Camilo Rodríguez Chaverri

al otro día, cuando levanté la cobija pa´ velos, ya se bían ido.


Que hay pingüinos en Costa Rica, los hay, pero andan en las
montañas más frías que existen en el país, bien sombreaos,
pero de que los hay, los hay. ¡Qué lo diga Emeterio…!

Emeterio camionero
Qué bonito, como le contaba yo a Romilio, un día de estos
que me lo encontré ahi en la pulpería de Juan Gata. Estaba
comprando el diariecito… Qué lindo, caramba. Cuando uno llega
con la platica de los jornales que se ha ganao con el sudor
de la frente, a comprar el diariecito. El arrocito, los frijolitos,
el azúcar, todo lo que se necesita pa´ el hogar. Y estábamos
hablando de la vida, los tiempos que uno ha pasao. El tiempo de
antes, los temporales que habían antes. Bueno, las tragedias
con los caminos de tierra y barro, y que andaba uno con yunta
e´ bueyes y tooo eso. Y ya le contaba yo que gracias a Dios a too
le he hecho en la vida. Yo a tooo, porque tooo trabajo es honra.
Mire, así decía mi tata, tooo lo que sea trabajo es honra. Gracias
a Dios que uno tiene trabajo. Uno tiene que dar gracias porque
si tiene trabajo está alentao, con toa la pata. Y sentirse chirote
y todas las mañanas levantase uno optimista dando gracias al
Ser Superior, verdá. Y ya le decía yo, vos te has superao, tenés
tu casita, le decía yo a Romilio. Tenés tu señora. Yo conozco
tu señora, tu familia. Qué cosa más linda tus chiquitos, muy
inteligentes y muy educaos van a ser. Y ojalá que se preparen y
estudien y tooo, y que lleguen a ser unos profesionales de veras.
Para que no pasen tal vez la vida dura que pasó uno en el tiempo
de antes. Volando machete, rompiendo sabana, andando en los
cafetales y tooo eso. Aunque es muy lindo recordar too eso…
Bueno, yo recuerdo cuando yo era camionero. A mí me tocó la
parte dura de manejar un furgón. Porque naide se da cuenta
lo duro que es ser chofer uno de un furgón de esos y andar
uno por Centroamérica. A veces se sufre, a veces uno con
hambre, a veces las carreteras malas y las presas… Y por eso
hay camioneros que andan como estresaos, medio turulatos, y
es el peligro. Pero yo en el tiempo de antes, gracias a Dios no
había mucho carro. Por caso a mí me tocó que manejar furgón
desde Nicaragua hasta Panamá jalando maquinaria y todo eso.
Y recuerdo que eran escasos los carros. Recuerdo una vez, qué
cosa más linda, verdá. Más dura jue esta que me pasó. Iba yo
subiendo por el Cerro de la Muerte, oiga, cuando el Cerro de

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Las aventuras de Emeterio Viales

la Muerte era tan frío, tan frío, que compraba uno un copo y
entre más rato, más grande el copo. Iba yo subiendo pa´ rriba
el Cerro de la Muerte y no se me va estallando una llanta. Oiga si
estaba frío que me bajé a cambiar la llanta y me puse a orinar y
el chorro de orines se congeló. Vieras qué tragedias, caramba,
no podía yo caminar pa´lante porque me quedaba clavao en el
chorro. Digo yo, ¿qué hago aquí? ¡qué tragedia! Y me pongo a
pensar, a ver que hacía, porque usté sabe a la una de la mañana
ahi no pasaba naa, y ese frío, caramba. Gracias a Dios en eso
veo, en una ronda, un sapo. Un sapo cuando usté lo güevea con
un garrote, el sapo empieza a abombase, abombase, abombase,
se pone así, como rosao, y hecha una lechilla. Es el veneno, la
lechilla. Y me pensé este condenillo sapo con suerte me sirve de
gata. Si yo lo pongo debajo del furgón y lo toreo con un garrote,
diay, onde se infla a la larga levanta el furgón. Dicho y hecho, me
pensé. Cuando lo volví a ver, le dije, nada le va a pasar a usté,
por sapo. Pues me voy, agarro el sapo del pelo, je, je, je, je, je,
ayayay. Es que en ese tiempo los sapos tenían pelo… Ahora no
tanto. Seguro se rasuran. Agarro el sapo del pelo y me lo traigo,
lo meto debajo del furgón y comienzo a garrotialo, y comienza
el sapo a abombase y abombase, y el furgón a levantase, a
levantase, a levantase… Oiga, así cambié la piña de llantas. Lo
triste jue pa´ bajalo otra vez… No le encontraba la válvula al
sapo, ¡viera qué torta! jajajajajaja.

Emeterio y El Mico Malo


Qué lindo, verdá, uno ve ahora la teinología, como ha cambiao too,
verdá. Bueno, gracias a Dios, a mí me dio vida pa´ ver muchas
cosas que muchos murieron y no conocieron. Como decir hasta
la luz eléitrica, los radios, los televisores, las computadoras, los
aviones, los carros… Mucha gente murió y no conoció naa de´so.
Y yo gracias a Dios pues he pasao muchas épocas. Yo recuerdo
desde el tiempo de antes, que no había corriente eléitrica. Eran
los caminos de barro y la ventaja, como siempre lo he dicho yo,
era vivir a la par de un cementerio pa´ alumbrase uno a pura luz
de muerto. Era la única ventaja. No había que pagar corriente
y recuerdo que en ese tiempo se hacía una novia uno. Por caso
un domingo, después de la salida de misa, se hacía una novia,
y entonces la muchachita de una vez le decía a uno, “hable con
mi tata”. Porque había que hablar con el tata y con la mama.

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Camilo Rodríguez Chaverri

Porque Dios libre lo vieran a uno copao y uno no les dijera antes
a los suegros. Y eso era lo duro pa´ uno, lo que llamaban pedir la
mano. Entonces uno llegaba ya de veras con miedo a hablar con
el tata. Porque había que pedir la visita y en ese tiempo no era
como ahora, que usté marca a toaas horas del día. En la noche.
Lunes, martes, miércoles, jueves… Cualquier día es pa´ marcar
ahora. En ese tiempo era los domingos. Y cuando llegaba uno
asustaditico a pedir la mano es porque a uno le decían “bueno,
primero hable con mi tata”. Pegaba unos ronquidos el viejo,
aentro. Uno con unos nervios que le agarraban de hablar con
el tata y ya le dice, “voy a decile que usté quiere hablar con
él”. Y, oiga, se quedaba uno en la sala hasta que le temblaban
las canillas a uno. Y venía el viejo too serio, el suegro, verdá,
y pegaba un tosido y se dejaba venir. “¿Qué es la cosa?,” le
decía a uno. Y uno too asustao. “No, es que yo conocí a su hija
hace poquito y yo tengo interés en su casa, como decían, y
vengo aquí, con too respeto, a pedir la visita…”. Y ya el viejo
tooo serio decía, “bueno, hagamos una cosa…”. Tal vez cuando
le iba a uno bien, decía, “venga los domingos de cuatro de la
tarde a siete de la noche. Eso sí, a esa hora se me va porque
a esa hora hay que rezar el rosario”. Y ya de veras comenzaba
uno a marcar. A veces se le metían el suegro y la suegra en
medio. No como ahora que hay tanta oportunidá. Tocar uno la
mano e´ una muchacha, eso era pa´ uno… Ver los tobillos de la
muchacha. Porque cuando eso usaban vestidos largos. Ver los
tobillos era un samuel eso, un samuelazo. Y comenzaba uno a
hablar de sustos, de espantos y a veces comenzaba a hablar del
viejo el´monte, e´ la Segua, del Padre sin Cabeza, de la Carreta
sin Bueyes. Porque antes existieron esos espantos. El Mico
Malo que era el mismitico Diablo, verdá. De la Tule Vieja, del
Cadejos, que andaba siempre con cadenas. Pero pasó por San
José, lo agarraron los chapulines, lo asaltaron y nunca volvió a
asustar. Entonce´ uno comenzaba a hablar de toooo eso… Eso
eran leyendas. Y una vez me decía a mi Lico Anchía que eso
era cierto. Yo le decía que no juera mentiroso, que eso eran
leyendas. Dice, pa´que vea que existieron los espantos yo le voy
a contar el matrimonio que yo tuve. Era un espanto, porque el
día que yo me casé, nos casó el Padre sin Cabeza, me casé con
La Llorona, que a propósito La Llorona tuvo una pérdida que jue
el carajillo que tiró al río. La Llorona era hija de la Tule Vieja.
Pa´ ponele sabor al matrimonio nos conseguimos al Dueño del
Monte. Nos juimos a pasiar en la carreta sin bueyes, verdá. Nos

54
Las aventuras de Emeterio Viales

acompañó el Cadejo. Lo triste jue la luna e´ miel… Le digo, ¿por


qué, Lico?, y dice, no ve que me salió el Mico Malo. ¡Viera qué
susto por toos los diablos!

Emeterio gallero
¡Qué lindo aquello! ¡Ya se ha terminao todo! Antes no había
ni entretensiones. Uno no se entretenía ni naaa de´so. Los
pueblos eran muy bonitos. Se iba uno a bañar a las pozas, se
iba uno a los potreros a comer guayabas, a andar por los ríos,
a andar por la montañas, andar por los bananales y era lindo
porque antes se oía el canto de las aves. Toooo el canto en la
montaña. Los yigüirros, el pájaro nacional, las piapias, lo que
usaba uno ollir cuando iba caminando, las creencias decían que
las piapias eran maldecidas por la Virgen María, porque cuando
iba la Virgen, ellas empezaron a sonar… Algo así, verdá, es la
historia, que yo ni pueoo contar porque es una historia muy
vieja. En ese tiempo, casi no había en qué entretenese uno. A
mí, la afición, vea qué baboso que ahora digo yo, ve qué injusticia
hacer eso, porque no me gusta, yo era gallero y como estaba
“Pata E´ Queso”, que tenía gallos muy buenos, estaba Linde
Rodríguez, que era gallero. Habíamos más de un gallero en el
pueblo y se hacían apuestecillas y too eso. A mí me ganaba tooo
el mundo, los gallillos míos eran así, yo siempre perdía. Y una
vez me conseguí un gallo e´ Panamá, un gallo que para mí era
karateca, y fijate que me dio a mí por usarlo como una tortuga.
Hice un cruce de un gallo con una tortuga, y me salió un gallo
con concha. Un gallo de pelea imagínese cómo. Entonces, yo
llegaba y cuando ya lo entrené a peliar, cuando iba a empezar
la pelea, descuidadamente le rociaba un poquito de gasolina al
otro gallo, al contrario, y cuando empezaba la pelea le metía las
espuelas al gallo mío, que era con concha, echaba chispas y le
caían en las plumas, y entonces el otro gallo moría encendío.

Emeterio marinero
Ay, gracias a Dios uno está vivo porque Dios es muy grande. A
mí me gustó mucho andar en el mar. Para mí, andar en el mar,
en los puertos, es algo que me inspira. Contemplar el mar, las
gaviotas, los pelícanos, los barcos, toaas esas cosas, verdá, las

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Camilo Rodríguez Chaverri

lanchas pesqueras… A mí me gustó mucho pescar y tooo eso.


Recuerdo una vez que iba yo con una lanchilla hecha mía, con
unas tablillas y todo eso. Seguro una lanchilla apenas porque
uno estaba fuerciándola. Entonces yo comencé en la cuestión
de la pesca y una vez no se me quebró la condenilla lancha. A mí
se me quebró porque parece que pasó una condenada ballena y
me le dio un jupazo y me la quebró, y yo caí al agua. Y comencé
a nadar y nadar a ver donde salía. Y qué va, por más que nadé
y nadé y nadé, no llegaba a naaa, y no llegó un condenao pez
espada y me cortó una pierna. No me la cortó de viaje, por
dicha. Yo estaba pensando que se me iba a caer la pierna, que
estaba pegaaa de un pellejo apenas, pero gracias a Dios en ese
momento venía el pez aguja, y me la cosió, y digo yo, ahora, ¿qué
hago yo aquí? Me la envolví con el pez mantarraya. Vea que
toos lo salvaban a uno, diay, la lanchilla estaba toa desclavaa en
ese momento, pero apareció el pez martillo, entonces clavé la
lancha, y aquí estoy vivito y coliando, como dice la gente…

Chanchos emplumaos
Qué lindo es trabajar en tooo con los animales. Andar uno en
el ordeño; lo que es amansar una yegua, un caballo; cuidar
gallinas y tooo eso. Y yo gracias a Dios en el campo, el olor a
tierra mojaa, ver la mata e´ chayote criase, ver la milpa crecer…
Sentame yo en el corredor de la casa, en el quicio. El quicio
era como una gradita que le ponían en la puerta de la casa
porque las casas eran antes como de altillo, y el quicio es abajo.
Entonces las gallinas ponían debajo del piso. Cuando llovía, yo
me sentaba a ver las vacas, a escuchar los yigüirros cantando,
el canto de las aves y tooo aquello… La tierra mojaa. Y decía yo,
qué lindo es trabajar. Y llegaba yo, recuerdo que llegaba el finao
mi tata, con un saco e´ elotes, y mi mama siempre con aquel
fogón de leña que eran cuatro tinamastes y una lata arriba,
y comenzaba a azar elotes. Y hacía una merienda de elotes,
hacía unas chorreadas y comenzábamos a comer chorreaditas
con aguadulce o con tamal de elote, y la pasábamos bonito.
Y apenas escampaba, a trabajar. Yo también, gracias a Dios,
a mí me gustó mucho la cuestión de ser veterinario, aunque
nunca pude sacar el titulo, tal vez por la pobreza. Porque le voy
a contar, a mí la escuela me quedaba tan largo, tan largo, que
cuando yo llegaba, ya estaban en vacaciones, verdá. Era duro

56
Las aventuras de Emeterio Viales

en ese tiempo. Entonces yo no pude estudiar. Yo me dedicaba


a capar chanchos. Una vez estaba yo capando un chancho y
así que terminé de capar el chancho, agarré los güevos del
chancho y los tiré en una ronda. En eso venía una chompipa
culeca… Qué cosa más linda, me parece ver esa chompipa, y
agarró los dos güevos y los echó como en una canasta. A mí que
esa chompipa venía como de misa, me imaginaba yo, y echó los
güevos en una canastica que traiba y se los llevó. Viera que yo
no le di mucha importancia. Sí me dio un poco de risa de ver la
chompipa con esos dos güevos que se llevó, pero viera que cosa
más curiosa. Mire, uno cuenta esas cosas y naide le cre. A los
cuatro meses me encuentro yo la chompipa con dos chanchitos
emplumaditicos, de colores, viera qué chanchos más lindos,
como un abanico cada chancho, unos chanchos de lujo. Yo era
feliz con esos chanchos que tenía yo. Nada más que un 24 de
diciembre, cuando vieron el puñal, pensaron que yo los iba a
matar y salieron volando y nunca más los volví a ver. Así que si
alguien ve unos chanchos de lujo, volando, unos chanchos tooos
pintaos, son de Emeterio, que me llamen naa más y recibirán
una recompensa…

Emeterio y el cable submarino


En esta vida uno a veces… A mí nunca me ha gustao que me
saquen por periódicos, que mi nombre lo digan por la radio, ni
que me levanten una estuatuas como a muchos que les gusta
tomase importancia y que los pongan en estuatuas. A mí me han
queríoo, bueno, dame muchas cosas en los pueblos en honor
a Emeterio. Me han dao la llave, como diciendo tome la llave pa
que dentre. Bueno, entonces por caso la Isla e´ Chira. La Isla
e´ Chira ahi me transan bueno, que cuando hablan Emeterio,
ahi Emeterio es doña toa, porque gracias a los conocimientos
de yo esa gente tiene luz eléitrica. Porque cuando estaban por
hacer la luz eléitrica decían los del ICE, pero, ¿cómo hacemos
pa pasar el cable por too el mar, los cables del teléfono y too
eso? Entonces, me llamaron a yo, como, diay, gracias a Dios
uno tiene conocimientos y too eso, verdá. Y ya nos reunimos,
recuerdo que jue una reunión muy linda, porque había música.
Las señoras del pueblo hicieron una tamalada, había picadillo
e´ arracache. Ya comenzaron a hablar que tenían un problema
porque la gente de la Isla de Chira es muy trabajaoora y entonces

57
Camilo Rodríguez Chaverri

esa gente necesitaba tener luz eléctrica y teléfono, pero que no


había manera de cómo pasar el cable. Porque el cable tenía que
ir por el fondo del mar. Esa era la cosa. Entonces, les digo yo,
diay, si quieren contratamos cesos y me dicen, “pero, ¿cómo?”,
y les digo, déjenme a mí. Y me contestan, “pero, Emeterio, sea
tan baboso, ¿cómo va a hacer usté?”, y les digo, “si me dan a
mí el contrato, yo lo hago”. Entonces dijeron, “a más no haber,
démoselo a Emeterio”. Y de veras, ya llegué yo, y me amarré
la carrucha e´ alambre, me la amarré en un tobillo, y como
yo era tan buen nadador, me tiré de consumía. Iba nadando
y desenrollando la carrucha por debajo del mar, y cuando ya
yo me había cansao, me agarraba de la cola de un tiburón y
ahi lo iba dirigiendo. Para que doblara a la derecha, le daba
un manazo por la quijada al tiburón por el lao derecho, y para
que doblara a la izquierda, le daba un manazo por la quijada al
tiburón por el lao izquierdo. Y gracias a Dios y a Emeterio, la
isla de Chira cuenta ahora con luz eléitrica, con teléfono. Ya los
chiquitos tienen computadora. Se han preparao bien y me han
querío levantar una estuatua en honor a Emeterio. Y yo les he
dicho que no. Lo que la mano derecha hace, que la izquierda no
se dé cuenta. A mí nunca me ha gustao tomame importancia.

El foco e´Emeterio
Ay, yo a veces me ponía a hablar… Un día de estos que me
encontré a Toño Anchía y estábamos ahi, y comenzamos a jugar
tablero. A mí me ha gustao siempre jugar tablero, jueguitos así,
sanos, que le limpian a uno la mente. Porque hay juegos muy
bonitos. Ya comenzamos a jugar y comenzamos a hablar de las
cosas que ha vivío uno, del tiempo que ha pasao y las que ha
pasao uno, que gracias a Dios está vivo y tiene que contale a la
juventú y yo les decía que ya, ahora, todo es comercial. Antes
ocupaba uno un cuchillo 28 pa´ volar machete y era un cuchillo
que tenía la marca corneta. Y esos cuchillos duraban, le daba
uno a la piedra y no se amellaban. Ahora usté agarra un cuchillo
de esos, le da a una piedra y se parte en dos el condenao. Es
pura chatarra esa carambaa… Los radios de antes, los radios
eran famosos. Eran como de madera y, oiga, ahora los radiecitos
en plastiquito y too, esas cosas así, ya comerciales, qué va, no
sirven de naaa. Los relojes comerciales. Ya escasean cositas
así como las de antes que no se jodían así no más. Oiga, un

58
Las aventuras de Emeterio Viales

foco… Mi abuelo me regaló un foco a mí que no seas ingrato.


Ese foco yo lo quería porque era una reliquia, mi hermano.
Ese foco era de tres baterías, pero ese foco alumbraba que
ayúdeme a decir, con eso le digo que yo me iba a camaronear y
era un foco tan fuerte que onde encandilaba, el camarón salía,
el camarón tostao ya, de una vez, verdá, y el agua lo levantaba y
naaa más le echaba sal, y venga pa´ca. Salía el camarón tostao
de la potencia del foco. Una vez estaba Rosendo, ese viejo me
caía mal, era muy vago y vivía como a tres kilómetros de la casa
mía, y el viejo comenzaba de vago a leer el periódico. Entonces,
yo por ver al viejo digo voy a darle una broma a este viejo que
me cae mal a mí y lo encandilé con el foco y vea qué foco más
fuerte: se le encendió el periódico. Oiga, y es que uno habla de
esas cosas, de esos focos que habían y ya too se terminó, ya
too es comercial…

Aeropuerto Emeterio Viales


¡Ah, cosa más linda, verdá! Gracias a Dios, uno… Dios le dio
una enteligencia a uno. Yo no estoy en la NASA ayudándole a
Chang Díaz aunque él me ha pedío que lo asesore en muchas
cosas, y yo lo he asesorao diciéndole como llegar al espacio,
cómo llegar a la luna, los ejercicios que hay que hacer. Porque
gracias a Dios uno a tooo le ha hecho. Y yo le contaba a Chang
Díaz, estaba chiquitillo Chang Díaz todavía y yo vi que el hombre
era un cerebro, yo digo, este muchachito va a ser un cerebro, y
no me equivoqué, jamás ni nunca, porque uno gracias Dios tiene
conocimiento. Estaba Chang tomándose una aguadulcita con un
tamal pa´ un 24 de diciembre y le decía yo, chiquito estudie,
prepárese. El chiquito que estudia y se prepara, con el tiempo
llega a ser una gran persona. Y gracias a Dios, ¡cómo es Chang
Díaz ahora, carajo!, que a nivel mundial es un gran astronouta,
que por cierto yo le decía, ¡qué lindo hacer un libre comercio
pero con la luna y hacer intercambios! Por caso una lechería en
la luna, imagínese usté, qué lindo verdá, ordeñando vacas en la
luna, imagínese usté, que una condenaaa vaca haga una gracia
y le caiga en la cabeza a uno en la Tierra, o poner una soda,
poner negocios en la luna o que salga petrolio y tirar pa´bajo…
Sería la única forma que la gasolina baje. Entonces, yo le hablaba
a Chang Díaz esas cosas y yo le contaba que una vez íbamos
pa´ Limón, salíamos de La Sabana, yo iba de pasajero y yo no

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Camilo Rodríguez Chaverri

sé por qué el chofer del avión ese día iba como nervioso y de
pronto yo lo vi que se puso pálido, pálido, pasando por el Zurquí.
Yo lo vi que se puso pálido, era de noche, aquella oscurana de
los carajos y no fue cuento que el hombre se desmayó… Se
desmayó porque se le jueron las luces al avión y quedamos en
la pura interperie. Y digo yo, ¿ahora qué hago?, y yo me acordé
de un foco que tenía yo y nada de foco. Entonces llamo a Limón
y en Limón se había ido la corriente. Y llegué yo, llegamos cerca
del aeropuerto, pues, de Limón; comencé yo a dar vueltas y a
llamar a todos los santos y le digo a la gente, voy a agarrar el
avión. Yo agarré el avión y comencé. Yo tenía un libro que me
bían regalao a mí. Me lo bía regalao Muñeco, que fue uno de
los aviaores que habían en Costa Rica. Arrecordé el librillo, y
apretaba un botón y ya vía que el avión se elevaba, y apretaba
otro botón y daba vuelta. Pero, diay, yo no vía el aeropuerto de
Limón. Entonces, acaté a llamar a la torre de control. Y le digo al
carajo que me salió ahi, mire, por favor dígale a toos los negritos
que se pongan en media pista y que se rían, y claro, me hicieron
caso, y se pusieron en media pista y se rieron y viéndoles las
macanas y las pepas pelaas, pudimos aterrizar de emergencia.
Y gracias a Dios saniticos toos. Viera, en otra parte me querían
hacer un homenaje por eso, a Emeterio, pero yo nunca quise.
El aeropuerto de Limón se iba a llamar Aeropuerto Emeterio
Viales, y yo nunca quise que le pusieran ese nombre. Es mejor
andar así por la vida, sin rajar y sin que le reconozcan a uno too
lo importante que ha hecho uno, verdá.

El peje e´Emeterio
Cómo se encariña uno con los animales o con las mascotas,
sobre too cuando uno tiene un animalito fuera de serie, como lo
que les voy a contar. Bajaba yo pa´ bajo, por el río Tres Amigos,
ahi por el lao e´ Pital de San Carlos, con mi caña e´ pescar,
pues ese día sentía deseos de comeme un buen guapote, un
buen sábalo, que en ese río abundaban en esos tiempos, cuando
e´pronto veo un pececillo, como que estaba golpeando… Pues
voy viendo que ´ebajo e´ una pestaña tenía como un golpecito
en el ojito, sentí mucha lástima por él y yo, que llevaba una bolsa
de plástico, la llené de agua y lo metí adentro y me lo traje pa´ la
casa, pa´ curalo. Fue poco lo que tuve que hacele y el pececillo ya
estaba sano. Pero quise hacer un experimento. A ratos lo tenía

60
Las aventuras de Emeterio Viales

en agua y a ratos lo sacaba al aire, hasta que lo acostumbré a


andar en la tierra, con un mecatico… Esa era la admiración e´
tooo el mundo. No fue cuento que hasta hizo amistad con las
gallinas y, como si fuera poco, le puso los cachos al gallo, pues
las gallinas se enamoraron de´l. Y ponían güevos de gran calidá,
pues eran pipapez. Yo era feliz con él, pero como a too se le
llega el día: una vez que lo traje a Ciudad Quesada, amarrao con
el mecatico, pasa por una alcantarilla, bajo un gran aguacero, el
mecate reventó y el pececillo se me fue al agua y, ¿saben qué?,
murió ahogao. Esta historia no iba a contarla porque me da
mucho deseo e´llorar, ni contala aquí, pa´ustedes, ni siquiera
eso, porque me da mucha tristeza. Que descanse en pez mi
animalito ese…

El sembradío e´ alka seltzer


¡Qué bonita, verdá, está Costa Rica!, como digo yoTenemos una
tierra previlegiada, bendita por Dios. En esta tierra no se da
sólo lo que no se siembra. Pero aquí se ha sembrao e´ todo.
Mire, aquí es bueno el arroz, los frijoles, el maiz… Ma-íz yo no sé,
porque lo que sembramos aquí es maiz. En hortalizas, lo mejor,
la lechuga, el rábano, bueno… ¿Qué no es bueno aquí, verdá? El
cacao nació aquí, por cierto. Aquí, en Costa Rica, se le ocurrió a
Tatica Dios hacer el cacao. Tooo se siembra en este país. Tatica
Dios fue un arrecho aquí. Es una tierra que de frutas, ni hablar.
Aguacates, mangos, naranjas, papayas, melón… Todo se pega.
Hasta un experimento. Yo tenía una finca en San Carlos y, ¿sabe
qué me dio por sembrar en San Carlos? Yo tenía un terreno muy
bueno y me dio por sembrar alka seltzer. Y too mundo se burló
de yo y me decían, sea usté tan jetón, Emeterio, y oiga, se pegó
una alka seltzar que nunca se había visto aquello. Era como ver
las vainicas de frijoles. Digo yo, me voy a´ser millonario yo, con
la cosecha e´ alka seltzer, qué buenísimo. Y hasta que sonaban
a´entro ya, las alka seltzer. Pero había que hacerlas aporreaaas,
como aporriar los frijoles. Y yo digo, la que se va partiendo, la
vendo e´ segunda o la regalo. Y de veras, arranqué todas las
alka seltzer, y las amontoné, y naaa más esperando que hiciera
un buen sol pa´que se tostara bien pa´sacala. Y la tenía yo, y
vea lo que es uno e´salao, no se va viniendo un temporal de
aquellos que se vienen en San Carlos, unos aguaceros d´esos
que Dios manda y, oiga, se hizo un espumarajo aquello, que hasta

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Camilo Rodríguez Chaverri

el volcán Arenal quedó tapao. El ganao se estaba ´ogando, yo


tuve que agarrar vacas y hacerles respiración artificial... Casi
nos morimos y todo… Viera qué hombre más salao, yay, hasta
ahí, nunca más volví a sembrar alka seltzer, se salvaron las
farmacias, jajajay.

El palo sembrao al revés


Hablando de terrenos buenos, ¡qué lindo que es sembrar! De
veras. Ver la finca uno y llegar uno a contemplar los ríos, ver
uno tooo, contemplar la lluvia, los veranitos también… El veranillo
e´ San Juan que es casi pal´tiempo de San Juan y too eso,
y ver la naturaleza, los potreros, escuchar el gallo cantar en
la madrugada, las gallinas felices cuando se levantan y otras
cacariando porque ya pusieron. El campo es muy lindo. A mí
me ha gustao mucho la vida en el campo. Ver ordeñando las
vaquitas o las cabras porque la leche e´ cabra es un gran
alimento y too eso, verdá. Y ver la gente que va con su machete
pa´su trabajo, contenta, tal vez embarrialaaa la gente, sucios,
pero felices. Llegan, se echan una bañadita y toman café con
aquella alegría, tal vez con una arepa o unas panochas e´ queso.
Pero ha sabío que se ha ganao el pan con el sudor de la frente.
Digo yo, qué belleza es el campo, qué lindo es trabajar en el
campo. Por caso, yo tenía un terrenito muy bueno. Ese terreno
era muy bueno pa´ too. Una vez, en Panamá, me regalaron
una semilla e´ aguacate. Me dicen, Emeterio, este aguacate
es pura mantequilla, y me traje la semilla yo y, de veras, viera
qué aguacate más bueno. Entonces, yo tenía un terreno muy
bueno y sembré la semilla de aguacate y al tiempo voy a ver,
y no había nacío, y digo, qué cosa más rara en este terreno
que no nazca una semilla e´ aguacate, eso es algo raro. Y me
pensé, a la larga como es panameño le agarró mal de patria y
no quiso nacer. Y viera qué curioso, puramente dieciséis años
después, estaba haciendo yo huecos ahi, tenía que hacer un
hueco pa´ un excusaoo, y comienzo a ver raiz y raiz y más raiz,
digo, que será esto tan raro, y veo un tronco así, como una
tuca, pa´bajo, y voy viendo al rato, veo ramas y comienzo a ver,
mire, no le miento, unos aguacatones que eran como papayas,
y le digo yo a Benilda, la mujer que vive arrejuntaaa con yo, que
en ese tiempo vivía yo en unión libre con ella, traete un canasto
pa´char estos aguacates, no ve qué cosa más linda, yo pensé

62
Las aventuras de Emeterio Viales

que no había nacío la semilla, y, ¿saben qué?, era que había


sembrao la semilla al revés y el palo bía nacío pentro, pero viera
qué cosecha e´ aguacates pegué yo, pero pentro, como pa´
que comieran las lombrices, jajajaja.

La tortuga más grande de la historia


Ay, uno le cuenta a los chiquillos… Una vez me llamaron de una
escuela pa´ que le contara a los chiquitos como yo soy, uno
viejo y too eso, cómo eran los tiempos de antes. Yo comencé a
hablale a los chiquitos y a dales un consejo, que estudiaran, que
se prepararan y que le pusieran mucho amor de veras y ojalá
apréndasen canciones bonitas, canciones costarricenses y ojalá
el Himno Nacional… Que endespués no pasen una vergüenza
que llega tal vez un presidente de otro país y los ponen a cantar
el himno y no se lo saben. Entonces, yo comencé a aconsejar
a los güilas y les contaba a ellos las tragedias que pasé yo
cuando estaba chiquillo, pero gracias a Dios ya uno… Dios lo
ha bendecío, verdá, y yo les contaba que aquí para mí que en
el tiempo de antes hasta dinosaurios había. Pero lo que si me
encontré yo, una vez que iba yo, recuerdo, por el río Barranca,
bajando pa´bajo, cuando veo una cosa que se salía como un
cerro, y ya vi que se movía, era como ver las pirámides de Egipto,
pero más pequeñas. Sería yo muy jetón decir que eran como
las pirámides. Entonces, me voy acercando yo, cuando vi que
tenía movimiento esa carajada. ¿Saben qué era? Una tortuga
gigante. ¡Vieran qué tortuga! No me lo van a creer, pero esa
tortuga no podía ni caminar. Oiga, la matamos. Esa tortuga la
hicimos en tamales pa´too el pueblo, too el mundo hizo tamales
de tortuga… Todo el pueblo comió carne de tortuga y, oiga, en
la concha, la agarramos pa´lancha pesquera en la noche, y en
el día e´ salón comunal, en el pueblo. Viera que uno cuenta esas
cosas a los güilas y esos chiquillos no le creiban a uno, pero
de veras qué cosa más rara, ya no se ven esos animales tan
gigantes como en el tiempo diantes.

El caballo rezador
Le contaba yo a la gente de los animales, que los animales tienen
mucho entendimiento con yo y too eso. A mí me ´biera gustao…

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Camilo Rodríguez Chaverri

Yo tuve una lora que era casi profesora porque esa lora era
casi bilingüe. Sabía varios idiomas y too, y a veces, cuando los
chiquillos querían estudiar, yo le decía a la lora, “enséñelos”.
Usté ponía los chiquillos a estudiar y la lora les explicaba inglés.
Y de veras, yo tenía animales muy inteligentes… Tuve un caballo
que era un caballo católico. ¡Viera qué caballo más enteligente!
Y recuerdo que en el pueblo mío, usté sabe que pa´ llegar al
pueblo mío, hay un río, y hay días que no entra carro, porque
cuando eso no había puente, entonces la gente que llegaba ahi,
tenía que pasar a caballo o en una panguilla, pero en ese tiempo,
casi no vían ni pangas, verdá. Y una vez hicimos una misa en
el pueblo y ya Belisario se fue a topar al padre, con el caballo
católico, que era el mío, y llegó el padre con el jeep y le dice, vea,
padre usté tiene que dejar el carrito aquí y tiene que montase
en el caballo conmigo, y pasar el río… ¿A usté no le da miedo? Y
le dice el padre, “no, al contrario, es una experiencia muy linda,
yo nunca he andao a caballo”. Pues agárrese e´ la centura mía
y pasamos por dentro del río, en el caballo. Y se montan en el
caballillo católico, comienzan a pasar el río y comienza el agua a
subile, y le llegaba el agua a la rodilla al padre, y comienza el agua
a subile y le llegaba a la centura, y al momento le iba llegando el
agua al pescuezo al padre. Comienza el padre a rezar, y le dice
mi hermano, padrecito, por favor no rece… Le dice el padre, hijo
mío, ¿por qué no quiere que rece?, y le dice, no ve que es que
este caballo es muy católico y onde lo oye rezando, se hinca y si
este caballo se sigue hincando, nos ´ogamos los dos…

El barco del viaje e´Emeterio


No, si toa la vida, gracias a Dios, la enteligencia del hombre
ha sido grande y con el poder de Dios, porque naaa se mueve
sin el poder de Dios. Le hablan a uno del Titanic, del Poseidón,
de barcos grandes. Para mí, eso era como cajas de fósforos
a la par del barco en el que yo me monté una vez, que hicimos
una gira porque después de trabajar en el campo, me hice de
una platica. Yo me puse a pensar, quiero ir a conocer Europa, y
valía la pena. Yo jui a conocer Italia y too eso, porque yo quería
llegar y yo era invitao por el Papa. En ese tiempo, quería que
almorzara con él y entonces yo quería conocer Italia y, diay, en
ese tiempo de veras era exagerao el viaje, pero yo me monté
en un barco tan grande, imagínese si era grande, que tenía

64
Las aventuras de Emeterio Viales

terrenos baldíos. Ya es lo último en barcos, y era tan grande


que habían distintos climas en el mismo barco, habían distintos
paisajes. Había partes tal vez de un laoo a otro, había un laoo
en invierno y otro lao en verano. ¡Viera qué cosa más linda! Uno
habla de esas cosas y naide le cre a uno…

Emeterio siembra la mejor cebolla


Costa Rica es un país muy lindo, con pueblos muy bonitos. Usté
llega a Pérez Zeledón, y aquello es una belleza… San Carlos
también es una belleza, y Limón ni hablar. Y todo pueblo tiene
sus tradiciones, su música, sus costumbres y too eso es muy
bonito. Yo digo, Costa Rica es un país como previlegiao porque
hay distintos climas… Es un país saludable, un país como de
hacer amigos de verdá. Se conversa con los vecinos y, si sucede
una cosa, too el mundo se da cuenta y medio chismocitos somos
en Costa Rica, pero eso es parte del folclor, de lo que vivimos
porque hay países en que no hay humanidá, casi se ve alguien
muerto y ni lo juntan ni naa de´so, pior que un perro. En cambio
aquí no existe eso, la humanidá y toa esa cosa existe. A alguno
le pasa alguna cosita en su familia y la gente coopera. Claro, toa
la vecindá se da cuenta, eso sí. Pero este país es muy bonito.
Yo vivía en Santa Ana. Me gustó mucho Santa Ana. Es uno de
los lugares lindos de Costa Rica y naide me lo va a crer. No
hay un lugar mejor que Santa Ana pa´la cebolla. Fijate que yo
sembré una mata e´ cebolla en Santa Ana y el día que arranqué
la mata e´ cebolla, diay, la arranqué con una yunta e´ bueyes,
verdá, de tan grande que era esa cebolla. Y quedó un hueco tan
grande, tan redondo, tan lindo, que naa más le pusimos azulejo
y entonces hicimos una pila finísima en el patio e´ la casa pa´
que se bañaran toos los chiquillos.. ¡Viera qué cosa más linda!
Ja,ja,ja. ¡Qué lindo que es Santa Ana!

El tortón de la iglesia
Ya uno ve muchas cosas. A mí me ha gustao siempre, porque
qué lindo es el deporte, verdá, pero cuando no hay violencia. El
deporte hay que velo por el lao e´ la alegría, de disfrutar del
ejercicio, de ser uno deportista, pero no fanático, veá. Mucha
gente que llega a los estadios y se hacen pleitos, hasta han

65
Camilo Rodríguez Chaverri

matao gente. Eso no. La violencia es muy triste. Antes, cuando


jugábamos, que jugaba el tal Pata e´ Queso, que jugaba Uña e´
Gata, y esos grandes jugadores que jugábamos en el tiempo
e´ antes... Bueno, cuando jugaba yo con el Deportivo Pellejo e´
Burro, que fue uno de los equipos que yo carculo que si hubiera
estao ahora Pellejo e´ Burro, el Real Madrí sale goliado con ese
equipo. Porque ahí jugábamos de verdá, víamos jugadores que
le poníamos de veras energía… Unos partidos que hacíamos
nojotros en lugares calientes o fríos y no necesitábamos tanta
payasada como ahora, que tiene que llevase a los jugadores
pa´un hotel, que tienen que concentrase, que las comidas, que
esto, que el otro. Nojotros no, nojotros nos apretábamos de olla
e´ carne, de frito e´ chancho y toas esas cosas. Y nos íbamos
a jugar y hacíamos cosas antes de un partido, picábamos leña,
picábamos dos carretaas de leña y se iba uno a pata a jugar un
partido. Y, oiga, yo jui uno de los jugadores de los que patiaban
duro. Recuerdo una vez que estábamos jugando por el lao e´
Puriscal y me tocó a mí que castigar un tiro libre. Oiga si lo
mandé duro el riendazo que pegó en la iglesia y la iglesia hizo
sonar el campanario, se llenó la iglesia de viejitas creyendo
que había misa e´ once y cuando llegó el padre a dar la misa
dice, qué raro, veo que esta iglesia está como que se esfondó
pa´entro. Vea qué jugadores víamos en el tiempo e´ antes, sin
necesidá de concentramiento, sin necesidá de tanta carajaa
como hay ´ora, verdá.

Toño Manguera
Volviendo al cuento del futbol, uno tiene que volvese matrero,
como le decía yo a los entrenadores en Costa Rica. Muchos
entrenadores que ha habío y que yo los ayudé. Una vez, que me
llamó el rey Juan Carlos, de España, pa´que asesora yo al Real
Madrí, pa´que lo asesorara, verdá. Yo hablaba del futbol de
antes, entonces yo le decía que el concentramiento y too eso, y
uno tiene que volvese a la malicia del jugador, no es porque sea
uno muy rápido, bueno, too eso ayuda, pero es la malicia de los
jugadores de ver, sobre todo, un portero… Vea, cuando Toño
Manguera atajaba, ese portero le adivinaba a usté con la pierna
que iba a tirale el tiro y por onde le iba a llegar a él. Oiga si ese
portero era bueno que lo entrenaban y le tiraban piedras con
flechas, le tiraban de too y al hombre no lo pasaba naide porque

66
Las aventuras de Emeterio Viales

el hombre tenía un ojo que él sabía con la pierna que iba a tirar
y a qué lao iba la bola. Y una vez, yo digo, alguna vez yo tengo
que metele un gol a Toño Manguera, yo tengo que metele un
gol de tiro libre. Y una vez, arrecuerdo que estábamos jugando
contra Terrón Colorao, otro partido que se disputaba en un
campeonato, y ese partido iba cero a cero, y jugamos quince
minutos de más porque si no teníamos que inos a penales y
a penales perdíamos nojotros porque nojotros sabíamos el
portero que era Toño Manguera. Y fíjese que como a los diez
minutos hubo un penal a favor de nojotros, pero diay, yo sabía
que Toño Manguera me atajaba el penal, pero uno es jugao. Digo
yo, aquí voy a hacer una cosa… Coloqué la bola y me concentré.
Eso sí, me eché como cuatro metros atrás, y me impulsé, me
vine con una velocidá y me hice un clavao, y castigué el penal de
cabeza. Así metí el gol. Toño Manguera sabía adivinar pa´onde
iba la bola si yo le daba con una pata, pero con la jupa lo jodí.
Eso sí jue un jugador de futbol, eso sí es un jugador que manda
candanga como dicen, de verdá.

Los güeyes de Emeterio, Los Isopos


Ay, yayayay, a veces uno ve que la misma gente ha perdío
la energía. Muchos dicen que a veces es tal vez por tanta
carambada que han mandao a la luna y los efectos de la capa e´
ozono, y que las frutas y las verduras ya con tanto químico y con
tanta cosa, ya no es igual al tiempo e´ antes. Pero recuerdo que
en el tiempo de antes había mucha energía, mucha fortaleza
en las personas, en el trabajo. Yo arrecuerdo que se iba uno a
coger café, pasaba cantando feliz de la vida, cantando canciones
y como con aquella energía venía uno y madrugaba a trabajar, a
volar pala de veras contento, alegre, y se acostaba uno de veras
cansadillo y dormía uno con toa la patota. Y tenía personas
que tenían mucha juerza, trabajaban de sol a sol. Yo tenía
unos güeyecillos, les decía Los Isopos porque eran flaquitillos,
pero esos bueyes yo carculo que si el mundo tuviera timón, lo
hubieran remolcao… ¡Viera qué bueyes eran esos! Esos bueyes
iba yo una vez por aquí, por el lao de Quebraa Azul, y ahi hay
mucha caña y había una carreta que se ´bía ido entre una zanja
cargaa e´ caña y habían como cinco yuntas e´ bueyes sacándola
y ninguna la movía. Y les digo, vea señores, disculpen, pero yo sé
que esos bueyes, a pesar de que son bueyes gigantes y grandes,

67
Camilo Rodríguez Chaverri

no tienen nada e´ juerza. Si quieren suelten las cinco yuntas y yo


les pego estos bueyecillos míos. Mire, se burlaron de yo, dijeron,
este viejo está loco, y, oiga, comenzaron a burlase, pero tanto
insistí yo que de veras me dieron la oportunidá, y muertos de
risa, y comienzo a sacar la carreta… No me lo van a crer, saqué
la carreta y jalé un buen rato a esos bueyes y a tooos, los de
las cinco yuntas. Hasta que me costó un montón de rato parar
a Los Isopos que llevaban a rastra a tooos los animales y las
carretas. A mí se me pone que esos bueyes oyeron las risas
y entendieron que estaban riéndose de´llos. Qué güeyes más
macizos eran los míos.

Miel de chiverre
A veces me pongo a pensar y es que es lindo recordar las que ha
pasao uno. Yo en la noche a veces me acuerdo y digo, qué lindos
esos tiempos pero qué duros, también. En el tiempo de antes, yo
me pongo a ver las facilidades de ´ora, y antes naa e´ naa de´so.
Yo me pongo a ver en la feria del agricultor, cuando llegan los
camiones que vienen tal vez de Sonafluca de San Carlos, con la
yuca, la papaya, a vender cosas. El tiquizque y toas esas cosas,
viene la gente e´ Pital a vender las piñas y e´ todos los lugares.
Vienen de Pérez Zeledón, tren too eso, se vienen el mesmo día
y el mesmo día llegan a la casa, ya con la platica realizaa en
las ferias de agricultores, y antes eso no. Antes sí era duro e´
verdá. Nojotros, que éramos del lao e´ Zarcero, teníamos que ir
hasta Puntarenas con yuntas de güeyes, durábamos hasta doce
días pa´llegar. Entonces, recuerdo una vez, por esos caminos
e´ barro, pobrecitos esos güeyes, entonces a los bueyes había
que ilos descansando y desenyugando, y dejar que comieran en
una ronda, que tomaran agua. Una vez, iba yo con una yunta
e´ bueyes. Yo iba e´ primero. Siempre era yo el primero. Yo
tenía una yunta e´ güeyes muy buenos y recuerdo que una vez
íbamos subiendo la cuesta e´ Barranca y vía un temporal de
esos que Dios manda, verdá, y yo llevaba a vender chiverre y
dulce… En eso se me jodió un buey y, entonces, yo tenía mucha
juerza y me enyugué yo mesmo. Puse la yugueta en el pescuezo
y comencé a jalar, y así jalamos la carreta, pero, yay, como el
otro buey se me estaba muriendo, entonces me pensé yo, diay,
no, yo tengo que ir a buscar auxilio, a topar los otros boyeros.
Entonces, por aquello, de baboso prendí una candela y la dejé

68
Las aventuras de Emeterio Viales

en la carreta, prendida, donde tenía el dulce y donde tenía los


chiverres. Y me voy a topar los otros boyeros pa contales a
los carajos que, diay, los bueyes se me habían jodío, que yo no
quería que se me murieran, que esto y que lo otro, y entonces
ya se vinieron a ayudame a mí. Y cuando veníamos subiendo
pa´rriba, dice un carajo, qué olor a miel aquí, y digo yo, mirá, sí
es cierto, qué olor aquí, ¿hay trapiche o qué es la cosa?, y me
dicen, no, aquí no hay trapiche. A deshoras de la madrugada, en
ese temporal, llegamos aonde dejé la carreta… Claro, no ve que
yo había prendío la candela en la carreta onde llevaba el dulce
y el chiverre, y no ve que se ha hecho una miel de chiverre…
Bueno, últimadamente, me puse a vender miel de chiverre. Hice
más plata, todavía, pero, achará, acharita la carreta que me bía
hecho Juaquín Chaverri en Sarchí...

La historia de un hombre sin suerte


Vos sabés una cosa, yo, contándole ayer a Remigio, hablando
de too un poco, porque se casó Elías, el hermano de´l, y ya me
contó que le ha ido muy bien, que tiene una finquita y que hizo una
casita y que le dieron una parcela… Y ya le pregunté yo por Inés,
la hermana, y dice que también se casó. Estábamos hablando
de esas cosas y ya me preguntó por mi hermano y le digo, diay,
mi hermano se dejó con la mujer. Y le digo, pero es que mi
hermano es muy delicao, mi hermano no aguanta naa. Nojotros
vivimos en Zarcero y él se casó con una mujer que tenía plata,
y tiene una finquita en Palmira de Zarcero. Pero a mi hermano
le cantaba la gallina, como ella era la dueña de la finquita, ella
era la que mandaba, y usté recuerda esos temporales que se
hacían en Zarcero en el tiempo e´ antes, que eran con viento.
Un ventolero que aparecían latas de zinc, ramas en la calle y no
podía ni andar uno porque el viento le levantaba el sombrero y
andaba uno agachaditico. Y hasta que le sonaban los dientes
como si estuviera uno escribiendo a máquina con la jeta, y era
tembladera por el frío que le daba a uno en Zarcero. Y una vez
amaneció ese temporal de los carajos y mi hermano estaba
enfermo, bía pasado con la quiebrahuesos y no vía podido dormir,
y se levanta la vieja de´l, no voy a decir el nombre porque diay…
Le dice la vieja, “diay, sinvergüenza, ¿no vas a ir a trabajar hoy?”,
y le dice, “no, mi amor, ¿cómo voy a ir a trabajar si no pude
dormir en toda la noche? Estoy con la quiebragüesos y tengo

69
Camilo Rodríguez Chaverri

una fiebre…” Y le dice, “naa: o va a trabajar o se me va e´ la


casa…” Vea usté, diay, cómo a mi hermano le cantaba la gallina,
y desgraciadamente ella era la dueña de la finquita que tenían
en Palmira. ¿Qué tuvo que hacer mi hermano? Levántase y le
dice mi hermano, “bueno, por lo menos hágame café pa´ ime”,
y le dice, “¿qué? ¿está loco?”, le dice la vieja, ¡qué vieja más
sinvergüenza! ¡Qué me voy a levantar yo con este frío que está
haciendo aquí! ¡Noooo! No, vaya, pica leña usté y hace café. Mire,
se va mi hermano de jaibo, el pobrecito, a picar leña, pero en
lugar de agarrar el palo a lo largo por más rápido, lo que hizo fue
hacelo quebrao. Onde lo quebró, se le vino una astilla y se le clavó
entre la frente y, oiga, eran chorros de sangre los que botaba
mi hermano. Y agarra por Zarcero como un loco y acató llegar
onde el doitor y ya llegó onde el doitor Meléndez y le dice, “mire,
doitor, que me estoy escurriendo, necesito que me atienda”. Y le
dice el doitor, “un momento, yo hoy no abro, aquí está haciendo
mucho frío y la verdá que hoy no voy a trabajar yo”, y mi hermano
escurriéndose… En eso, dos chavalos buena gente lo van viendo
y dicen, aaah no, este hombre se va a morir, hay que buscar un
doitor, pero, diay, sólo ese doitor había y ya vían visto que no lo
quería atender. Entonces, dicen, hagamos una cosa, llevémolo a
la Laguna e´ Zarcero, onde Chizo. Chizo era un veterinario muy
bueno que había ahí, diay, a más no haber llevémolo onde un
veterinario. Y ya se lo llevaron a pata, como llevar un borrachillo,
porque no había carro y el hombre echando sangre… Y ellos que
iban llegando onde Chizo y no ve que venía un toro bravo y venía
el toro bravo y los chavalos por salvase pa´ que no los agarrara,
lo dejaron solo a mi hermano y llegó el toro y lo levantó a mi
hermano y lo tiró en el patio onde Chizo, y vea qué hombre más
salao, lo agarró un perro bravo, lo dejó casi too estuzao, y, oiga,
onde vieron eso, lo agarraron entre todos y a esperar un carro
pa´ llevalo a Grecia, pa´salvalo, por que tal vez era en el único
lugar onde lo podían salvar. Y, de veras, venía el finao Nacho
Castro, que era un camionero y que venía con un camión que
era un camión que era sólo la plataforma. Era sólo de tabloniar,
pero venía vacido, y le dicen, “vea, don Nacho, a este señor
le ha pasao e´ too y se está muriendo, necesitamos llevalo a
Grecia, porque se está escurriendo”. Y dice, “diay, yo lo llevo,
pero aquí alante, en la cabina, no, porque me mancha de sangre
tooo, échenlo en la plataforma y le ponen un mantiao”. Diay, los
chavalos de veras lo pusieron en la plataforma y lo taparon con
un mantiao y se lo lleva pa´Grecia, y ellos se montaron alante

70
Las aventuras de Emeterio Viales

con Nacho. Cuando llegaron al hospital de Grecia, llamaron a


Emergencias, mire, traemos un herío d´emergencia, que le ha
pasao más de un chile el día di´hoy, y se viene escurriendo, y
necesito que usté lo atienda, pero ya, porque el hombre si no
viene muerto, le falta poquito. Y dice el doitor, “bueno, está bien,
vaya tráigalo”, y se van en la camilla a traelo, y no lo vían dejao
perdío. Lo vían dejao botao. Y se van a toparlo, lo ´bían dejao en
Sarchí y ´bía pasao una moto y le vía quebrao una pierna. ¡Vea
qué hombre más salao, too lo que le pasó! Y llegó, estuvo cuatro
meses en el hospital y cuando llegó a la casa, estaba la mujer
viviendo con otro carajo… Entonces, dijo, yo soy delicao y dejo a
la mujer. ¡Ve qué cosas! Vale más que la dejó.

De cómo Emeterio dejó al tigre


pintao en una piedra
También uno andando en el campo y esas cosas, en los ríos, se
lleva uno cada susto. Yo era atrevío, yo andaba en la montaña
y en ese tiempo había tigre, había león, habían culebras, había
e´ todo. Yo los vía a caa rato. Arrecuerdo una vez que me voy
a cortar un bejuquillo pa´cer canastos. Yo hacía canastos muy
lindos pa´ jalar agua. Así no más. Imagínese qué clase e´
canastos. Estaba cortando yo el bejuco con un cuchillillo que
tenía una cubierta cuando oigo unos ronquidos y digo yo, ¿qué
es esto?, ¡hasta que temblaba la tierra! Cuando voy viendo y
estaba yo en eso, cuando oigo otro ronquido y veo que venía
el tigre pa´rriba, pero soplao, hasta que roncaba, y dele que
dele. Cuando oigo yo, yo sin arma, con un cuchillillo y soplao por
el río… Corría y había una parte que había que nadar pa´rriba.
Y comencé a nadar pa´rriba yo y en eso voy viendo que el
condenao tigre venía detrás de yo. Y ya me levantaba cuando
digo, ay, María Santísima me acompañe, ¿qué hago aquí yo? En
eso, voy viendo una catarata, y veo un chorro e´ agua, entonces
comienzo yo a braciar el chorro de agua hasta llegar arriba, pero
cuando llego arriba, voy viendo que el tigre venía por el chorro
e´ agua. Entonces, ¿sabe que fue la salvaa? Saqué el cuchillillo,
corté el chorro y viera qué espaldazo se dio el condenao tigre.
Casi se mata, ja, ja, ja, ja, ja. Ahi quedó la silueta pintada entre
una piedra. Naide le cre esas cosas a uno, pero jueron cosas
ciertas, que le han pasao a Emeterio, ¡ah, vida!

71
Camilo Rodríguez Chaverri

El estribo envenenao
Ahora se siente uno orgulloso e´ vivir en Costa Rica y ver en San
Carlos el progreso, cómo lo disfruta el turismo, en La Fortuna,
en Pital, en El Venao… Todos esos lugares que tenemos en Costa
Rica, y en San Carlos, buenísimos pa´l turismo. Y yo recuerdo
cuando San Carlos era pura montaña, too aquello. Como les
contaba yo, una vez que venía yo a caballo, en una yegua que
tenía, y pasando la Quebraaa e´ la Perra, porque yo andaba
arriando ganao en ese tiempo. Entonces, venía yo a caballo, en
una yegua, y pasando la Quebrada e´ la Perra, se me tiró una
condenilla toboa, pero yo era un viejo muy listo y saqué la pata.
La toboa agarró el estribo, oigan si era venenosa, que agarró el
estribo y al rato hasta el pico e´ la montura estaba hinchao…

La cicatriz del portero


¡Qué lindo, verdá, too es lindo en la vida! Por ejemplo, pa´mí son
muy lindos los deportes. Como digo siempre, qué lindo cuando
me han llamao de la Selección de Costa Rica pa´ que los asesore,
pa´ que les ayude y tooo eso. Y a dale istruciones yo, cuando
jugamos con la famosa bola e´ coyunta. Primero, empezamos
a jugar con una condenilla bola de la vejiga e´ chancho y en los
potreros jugaba uno y hacíamos esas mejengas. Pero éramos
buenos jugadores y yo no sé por qué teníamos tanta resistencia
en la pierna uno pa´ patiar. Nosotros ganábamos, carcule que
cualquier equipo en el mundo estaba que se le caiban las babas,
porque nosotros poníamos, yo me arrecuerdo, a jugadores como
Uña e´ Hacha, Pata e´ Queso, Pecho e´ Sapo… Todos esos ya
murieron, grandes jugadores, grandes estrellas que dice uno
en este tiempo qué falta que están haciendo. ¿Cómo sería esta
Selección de Costa Rica con esos jugadores? Ya estaríamos en
el mundial y seríamos campeones mundiales, porque uno tenía
energía, tenía pasión, tenía ilusión, tenía corazón, tenía toque…
Yo recuerdo una vez que yo castigué un tiro libre de cuarenta
metros y estaba Toño Manguera atajando y, oiga, lo hice pasao
con too y bola. De eso hace como cuarenta años y resto y, oiga,
no me lo van van a crer ustedes. Cuando vean a Toño Manguera,
díganle que se levante la camiseta, le quedó una cicatriz en el
pecho que dice Talabartería Jesús Hidalgo Quesada, que era lo
que traiba de marca la bola esa. Oiga si pateaba uno duro...

72
Las aventuras de Emeterio Viales

De cómo Emeterio se libró del león


Yo arrecuerdo antes también, hablando de too un poco, que
antes era más durito y too eso. Pero el respeto que había pa la
Semana Santa… Eso sí era respeto. Arrecuerdo que antes, en
la Semana Santa, uno Dios libre… Bueno, no se podía prender
el juego. Bueno, el fogón que´ra en ese tiempo. Naide prendía
el juego. Se pasaba a puro pan y agua. Había que ayunar. No se
podía hacer bulla. ¡Dios libre pasara un carro! En ese día no se
podía. No podía enyugar la yunta e´ güeyes, no podía ensillar
un caballo, menos que pasaran aviones, pasaba un avión y
uno decía, ese avión se va a estrellar. Too era malo. Y mucho
menos por caso bañase uno porque se volvía pez, según a uno
le hablaban que la sirena era una mujer muy linda, se estaba
bañando un Viernes Santo y se volvió sirena, echó cola. Por
cierto, una vez que jueron de paseo a Puntarenas una familia
y era un Viernes Santo, se estaba bañando la agüela, cuando
llega un chiquillo, “papi, venga, vea a mi agüela porque se está
bañando un Viernes Santo, se está volviendo sirena”, y corre too
el mundo y le dicen al chiquillo, “no sea idiota, no ve que se la está
jartando un tiburón”. Pobrecita, verdá. Bueno, la cuestión es que
estábamos hablando de Semana Santa y too eso y yo recuerdo
que andaba yo palmitiando, porque en ese tiempo iba uno a la
montaña a palmitiar, a cortar palmito que ahora es prohibío.
Pero en ese tiempo sí había palmito e´ montaña, que era muy
rico, y estaba yo y llevaba yo un cuchillo, y oigo unos ronquidos…
Un condenao león detrás de yo, y principio yo a correr, y el león
detrás de yo, y el león se resbalaba y no me agarraba, y era dele
y dele y sigo yo corriendo, corriendo, y yo sin arma y el león ya
me agarraba, y el león se resbalaba, y sigo corre y corre. Y me
pregunta un amigo, Emeterio, ¿qué? ¿y a usté no le dio miedo?,
y le digo, no seas ingrato, ¿en qué cres que se resbalaba ese
condenao? Viera qué susto e´ los diablos…

Emeterio echó el león a punta e´ lima


Ay, Diositico, verdá, otra vez que iba yo también… A mí siempre
me ha gustao a veces escapame un domingo que no tengo que
hacer naa y después de ir a misa y almorzar, me voy a andar en
la montaña, a disfrutar de la naturaleza, a disfrutar de las cosas
bellas que Dios nos regaló. Y entonces, me gusta andar aquí, por

73
Camilo Rodríguez Chaverri

las montañas de Monteverde y too eso que yo andaba, que por


cierto ahora Monteverde es muy lindo, llegar uno aaá, onde los
Valverde y toaa esa gente… Tooos esos lugares son muy lindos
y con tanto centro turístico que hay ahora... Y ahi se disfruta
de la naturaleza. Y en ese tiempo yo arrecuerdo que andaba
yo por Monteverde y me sale un condenillo león y ahi sí es
cierto que no tenía yo remedio, y digo, aquí el tiro es agarrame
con el león porque no llevaba arma, lo único que llevaba era
un cuchillillo y una limilla, y donde el león comenzó a hacer un
limpio pa´ jartame, me roncaba y yo hasta que me temblaban
las canillas, pero yo no demostraba miedo. Y yo digo, hasta aquí
llegó Emeterio, y comienza ese león a hacer un escarbadero y
yo digo aquí tengo que enfrentámele y, entonces, onde vi que el
león ya se me tiraba encima, saqué la limilla y comencé a afilar
el cuchillillo y onde estaba afilando el cuchillillo, al león se le
templaron los dientes y salió montaña adentro corriendo, ja, ja,
ja, ja, ja, ja, ja, esa jue la salvaa e´ Emeterio, verdá…

El arrozal de Emeterio
Yo hablaba con Bernabé Quesada. Él contaba las trifulcas y la
historia del tiempo e´ antes. Nojotros, los agricultores, hemos
pasao vidas muy bonitas y duras también, y gracias a Dios que
uno le ha hecho de too, verdá. Porque antes era puro machete,
pala… Ya ahora hay maquinarias pa´ trabajar, pero en el tiempo
de antes sí se sudaba uno la chaqueta. Estaba yo con Berna
Quesada un día volando machete duro, en las tierras que
teníamos listas pa´ sembrar arracache, que eso pa´cer picadillo
es lo mejor, y sembrando un poco e´ camote porque el terreno
es muy bueno ahí, y cuando oí la noticia yo de que en Guanacaste
estaba fea la sequía, y yo que había sembrao un poco e´ arroz
en Guanacaste. Usté sabe que Guanacaste es la tapa del perol
pal´arroz, pero que había una sequía, que too se estaba secando,
ay, María Santísima, la cosa está fea… Hay que hacer algo aquí.
En eso, me di cuenta yo e´ unos experimentos que salen de,
diay, uno es inteligente y como aquí por estos laos del Valle
Central hay tanta chicharra en los cafetales, se me ocurrió a mí
coger chicharras porque las chicharras como orinan tanto, me
pensé, esas condenillas pueden servir pa´fumigar. Entonces,
yo contraté un montón de peones, que era como coger café,
entonces yo les pagaba a 200 colones la cajuela de chicharras
y, diay, se vino ese montón de gente. Por cierto, se acercaba

74
Las aventuras de Emeterio Viales

Navidad, hicieron un cachimbal de plata too mundo cogiendo


chicharras porque había un chicharrero de los carajos, por too
lao, habían chicharras y, diay, como yo tenía una avionetilla, me
jui pa´ Guanacaste. De veras, llené unos estañones y comencé
a fumigar el arroz, que ya se estaba secando y, oiga, pegué unos
arrozales en Guanacaste que, no me lo van a crer, se crió tanto,
tanto, tanto que llegaban los pericos a comer arroz, pero era
tan alto que les agarraba vértigo y se mareaban, y también se
venían abajo las chizas… Querían subise y, como era tan alto,
se mareaban y se venían abajo. Y no me lo van a crer ustedes,
¡vieras qué arrozal pegué yo! Oiga si era bueno, que los granos
de arroz eran como un güevo e´ gallina, pero más larguchos, y
la gente, las señoras, agarraban ese arroz pa´ hacelo relleno.
Uno cuenta esas cosas y la gente dice, ¡qué viejo más jetón!, y
son cosas que ha pasao uno. Así es que si hay sequía en algún
lugar, lástima que ya no hay chicharras como habían antes… Eso
sí es calidad pa´ fumigar cualquier arrozal, cualquier siembra
e´ tomate, cualquier cosa que siembre uno. Con orines de
chicharra… Eso es lo mejor que tenemos…

Emeterio motociclista
Yo, gracias a Dios, me he sacudío. En esta vida a too le he hecho,
verdá. Una vez, arrecuerdo que tenía una condenilla yegua yo,
una condenilla rosilla, una condenilla media cacreca, la tenía
pa´ jalar chayote. Ya se antoja un carajo que me la cambiaba a
mí por una moto. Yo decía, ¿cómo será Emeterio en moto, de
veras? Y, oiga, me compré una moto. Recuerdo que le adapté
un motor que tenía yo ahí, un motor viejo, pero traqueteaba y
me quedó una moto tan veloz que no me lo van a crer… Too
mundo quería comprame la moto. Con eso le digo que yo venía,
oiga, no me lo va a crer, verdá, venía e´ Guanacaste, salí de
Liberia hacia Puntarenas, y venía a tanta velocidá que el sonido
lo dejaba yo atrás como un avión de esos que pasan. Bueno,
la cuestión jue que llegué, hice la vuelta en Puntarenas y me
devolví, y me topé el sonido. Oigan, ¡qué moto más veloz era esa!
Pero, dando la vuelta, los del MOPT se salvaron porque ellos de
ahi jue onde dijeron que iban a marcar las carreteras, porque
dando la vuelta tan cerraaa me volqué tanto que pegué la rodilla
en la carretera, vieran, no me deseo ni arrecordar del dolorazo
que sentía yo, y no ve que iba pegando la rodilla y con el hueso
de la rodilla iba dejando una raya blanca por la carretera. Claro,

75
Camilo Rodríguez Chaverri

cuando llegaron los del MOPT dijeron, “¡qué bonito quedó esto!,
diay, hay que seguir marcando las carreteras así”. Y de ahi jue
onde se agarraron los del MOPT pa´ marcar las carreteras,
gracias al accidente que tuvo Emeterio con esa condenilla moto,
pero aquí estoy vivito y coliando, como dice la gente, gracias a la
voluntá e´ Tatica Dios.

La chanchada salió corriendo


Ya vienen los tiempos lindos, verdá. Después de una gran jornaa,
porque ahora está lloviendo mucho por too lao, y hay lugares
que llueve mucho, pero también hay lugares que está e´ verano.
Los climas, aquí, en este país de Costa Rica tenemos toda clase
e´ climas. Pero yo arrecuerdo en el tiempo de Navidá, ya too ha
cambiao, ya la Navidá no es como en el tiempo de antes onde
se celebraba con tanta alegría y tal vez por el tiempo tan difícil
porque había más pobreza en aquel tiempo. Cuando a uno le
llegaba El Niño, había una ilusión tan grande. Los güilas jugaban
con un carretillo e´ madera, otros jugaban con una cornetilla
de esas que sonaban tuuu tuuu, y no lo dejaban sonala a uno
porque hacía mucha bulla. Como les digo yo, a veces con sólo
un gallillo con una plumilla, lo sonaba uno y eso era un juguete
que le traiba a uno El Niño y uno lo recibía con una ilusión…
De pronto, llegaba ya la tamalaá, eso era otra cosa, verdá, los
tamales. Entonces, diay, too el mundo cooperaba en la casa ahi,
los hombres nos íbamos a los cafetales a cortar hojas, a los
bananales. Otros nos subíamos a los palos de itabo a agarrar
las hojas de los palos de itabo. Se suaza, pa´l que no sabe el
inglés suazar es que uno las mete al jogón pa´que las hojas se
ensuavicen, y comienza a hacer tiras uno pa´marrar los tamales
y comenzaba mi mamá, oiga, hacía unos tamales que ayúdeme
a decir. Oiga si les echaba carne, verdá, que eran unos tamales
que mejor dicho tenían un chancho aentro. Por eso le digo que
una vez estaba haciendo tamales pa´ un 24 e´ diciembre y
cuando comenzaron a hervir, comenzaron a gritar entre la olla
y el susto más grande jue cuando comenzaron a tirase abajo
y unos agarraban pal´chiquero, otros agarraban pal´potrero…
Viera qué susto nos llevamos ese día. Era como meter una
chanchera enteritica en las ollas, pero qué Navidades pasaba
uno en el tiempo di´antes. Ojalá que en el futuro haiga de nuevo
algo así…

76
Las aventuras de Emeterio Viales

Alvarillo Rosca
Qué lindo, verdá, la ilusión del tiempo que ha pasao uno, cómo
ha cambiao la vida, la teinología. Cuántas personas
trabajaron duro en el campo, la tierra, y no vieron la teinología
que hay ´ora y too eso. Cuántas mujeres sufrieron aplanchando
ropa y en los fogones de leña ´onde se les tiznaba toa la plancha,
se les tiznaba la camisa y sufrían mucho trabajando duro. Y
ahora ve uno la teinología que hay ´ora, cómo se trabaja con
toa la patota, como dicen. Hasta las modas han cambiao. Uno
ve las modas que, por cierto, las modas que hay ´ora en el
tiempo di´antes, yo no me ponía un pantalón roto jamás de los
jamases, y ´ora es moda. Un pantalón roto era que uno era un
cochino, un descuidao, un desaseao, no un pobre. Aparte de´so,
antes se sufría mucho porque uno estrenaba tres veces al año.
Yo, el compañerillo que tenía, es que uno era muy tímido, pero
mi compañerillo Alvarillo Rojas, los dos éramos muy tímidos y
vivíamos ahi, en el pueblito de Barranca y too eso. Diay, uno iba a
marcar a Zarcero en ese tiempo, yo recuerdo, que lo embarraban
a uno por la pobreza, le embarraban a uno manteca e´ chancho
que es que daba un brillo muy bonito que hacía un tornasol. ¡Vea
qué tonteras! Entonces le embarraban manteca e´ chancho,
pero como se celebraba por caso el 24 e´ octubre en Zarcero,
que´s el día de San Rafel, había que estrenar. Y había qu´ir a
San Rabel, a celebrar al santo. Entonces, ese día le compraba
la mama a uno un corte de camisa, un corte de pantalón y ya
lo llevaba uno ´onde la costurera y le tomaba a uno un montón
de medidas. Cuando se lo iba a poner el pantalón, le quedaba
la jareta maaaas larga que había que recogelo o le quedaba el
ruedo medio picapollo, y había que soltalo. Bueno, eran unas
trifulcas en ese tiempo, pero había tanta ilusión cuando uno se
ponía una camisa nueva y un pantalón, y tal vez tres meses antes
de llegar el turno había que preparase. Y ya el día del turno,
que era el 24 e´ octubre, se iba uno pa´ Zarcero a pata. Pero,
le decía la mama a uno, pase a la pulpería, ya uno se untaba
manteca como era un día de fiesta, compré un cinco de aceite
de aguacate que era una carajada que olía un poquito bastante
durillo, era fuerte el olor de aceite de aguacate, y se embarraba
uno aceite de aguacate y compraba uno un cinco, pero como
era tan barato le llenaban la mano, entonces uno buscaba otro
compañero, untate vos conmigo de´sta carajaa. No, ya yo me
eché bastante, buscate otro. Entonces, se la mandaba uno solo

77
Camilo Rodríguez Chaverri

y a veces le chorriaba, y le embarraba uno el cuello e´ la camisa,


y la oreja le quedaba como el cráter del volcán porque tal vez
pasaba una yegua y le hacía un polvazal, y viera cómo se le ponía
la oreja. Llegaba uno a Zarcero, yo recuerdo que Alvarillo era
muy tímido y llegábamos a misa primero y después al galerón
del turno. Otro Álvaro, Alvarillo Rosca, el famoso Rosca, ese
día iba pasando por el parque y había una muchachilla sentaa
en un poyo, verdá, y se quedó viéndolo y como le vio la costra
que andaba en la oreja se quedó viéndolo y Rosca pensó que le
estaba dando pelota, verdá, entonces dice, ¡qué tirada!, ¿qué
se le dice a las mujeres?, y le digo, no seás tan pendejo, hablale
algo, andá, sentate con ella, y dice, no, voy a tirame un traguillo.
Y se tiró un traguillo de cincuenta céntimos, que eran cuatro
reales en ese tiempo, pero era tamaño bombazo, y le dio vuelta
al parque y ya cuando llegó onde ella, ya se le había bajao el
trago, entonces dice, voy a mandame uno de seis reales, que
era ya copa llena, y fijate que llegó y ya ella onde lo vio, lo que
hizo jue quitase el tiro como quien dice. Él pensó que le estaba
dando campo y se sentó a la par, pero, diay, no le hablaba naa.
De vez en cuando pegaba un tosidillo y encogía los dedos de los
pies. Dice él que asina era la congoja que traiba entre pecho y
espalda en ese momentitico tan requete incómodo. Pasaron 15
minutos, 20 minutos, y no le había hablao naa. Dice que como
a la media hora, se enderezó ella toaa aburría y dice, uy, qué
pereza, ya me voy, y con toda la concha le dice Alvarillo, bueno,
en eso quedamos. ¡Vea qué tristeza!

Emeterio ciclista
El deporte ha sío muy lindo. El deporte es saludable. A veces uno
tiene que escoger algún deporte y apartase de muchas cosas
que perjudican la salú como es el cigarrillo, el licor. Correr uno,
ir al gimnasio, toas esas cosas es bonito. Diay, al menos yo en
el tiempo de antes, a pesar de que uno volaba machete mucho,
volaba pala y llegaba cansao del trabajo, yo jui el primer ciclista
qui´hubo en este país, uno de los mejores ciclistas. Cuando los
ciclistas de veras, oiga el tur de Francia era cualquier cosa a la
par de la que echábamos nosotros aquí. Subíamos el Cerro e´la
Muerte en carrera, soplaos bajábamos y veníamos. Bueno, y yo
era un ciclista famoso, carcule en una etapa que, por cierto, jue
la que gané yo en ese tiempo. Arrecuerdo que salimos de San

78
Las aventuras de Emeterio Viales

José, ya íbamos la última etapa, que íbamos pa´ San Carlos,


salimos e´ Paseo Colón, ya íbamos pa` San Carlos, ahi era la
meta final e iba yo tan soplao que bajando una bajaílla que hay
después de´l Cacao, yendo pa´ Grecia, bajando iba, bajando
pa´bajo yo iba a tanta velocidá que me jui en un güeco, y la
bicicletilla dio vuelta y quedó paraa, y comencé yo a dale y como
iba agachao, iba dele y dele, y sigo yo, no me volqué sino que
seguí pero cuando voy viendo, iba llegando otra vez al Paseo
Colón. Era que la bicicletilla había quedao al revés y yo no había
enderezao la jupa pa´ ver y vía seguido. Y otra vez le di vuelta,
y comienzo a dale y dale, y oiga, pasé por Zarcero y era dele y
dele, y yo soplao con la bicicleta. Ya yo no aguantaa y fijate que
llegando a San Carlos, el chavalo iba a agarrar la meta y gracias
a Dios ahi onde llaman Sucre, ahi lo alcancé y jue cuando gané
yo la última etapa final, una de las grandes hazañas d´Emeterio.
Eso no lo hace cualquier ciclista, sólo Emeterio en el tiempo e´
antes…

Una lechuga de tienda e´campaña


Diay, así como te´stoy contando, nojotros siempre hemos sío,
gracias a Dios… Nace uno en el campo y empezamos a trabajar
los terrenos, a volcar restrojos. Restrojos son cuando ya por
caso después de coger la milpa, comienza uno a coger la caña
ya seca y a retapar y a sembrar de nuevo la tierra. Luego, en
los cafetales va uno también a los cafetales a güequiar porque
antes se hacía un cuadrao pa´ que, en los cafetales, se recogiera
too lo que jueran las hojas podrías, descomponidas, basura
y too eso. Se hacía abono, después se le echaba a la mesma
mata e´ café, y eso era un gran abono, un abono natural. Y yo
siempre le decía a la gente antes las cosas cuando no había
tanto químico ni naa de´so, como que too tenía mejor sabor.
Usté se comía un tomate y de veras le sabía a tomate de verdá,
y eran unos tomates gigantes, unos tomates alentaos. Una vez
salió un tomate rodando e´ una ladera que tenía yo, que le había
alquilao a Otoniel, y salió el tomate rodando, y cayó entre el río,
y el río se puso rojo, y aquello llegó hasta el mar, y too el mundo
pensaba que era el Mar Rojo y era el tomate e´Meterio. Oiga
si era un tomate gigante. Luego onde Beto Gamboa, que tenía
una finquita muy linda, también ahi eso se lo había comprao, yo
le había comprao el terrenito. Y yo comencé a alistar el terreno,

79
Camilo Rodríguez Chaverri

verdá, a trabajar bien y como yo era bueno pa´ volar machete


y pala y too eso, ya hice unas eras muy lindas pa´sembrar y me
puse a sembrar ahi hortalizas. Oiga, sembraba zanahoria que
onde sacaba la zanahoria, no me lo van a crer, pero quedaba
un güeco como pa´cer un pozo negro, viera qué cosa. A veces
salía agua de onde sacaba la zanahoria, carcule si eran grandes.
Una vez sembré lechuga y, no me lo van a crer, yo pensé que
iba a´cer mucha plata pa´comer bien… Y too el mundo, verdá,
venía, pasaban los gringos, verdá, y me decían, vea, señor, ¿a
cómo las tiendas de campaña? La gente se llevaba las lechugas
pa´cer tiendas de campaña. Mire, uno cuenta esas cosas… La
gente piensa que uno es jetón …

El paraguas de la panza e´Emeterio


Diay, too ha cambiao. Antes too era muy difícil. Yo recuerdo
cuando iban a dar a luz las mujeres en el tiempo e´ antes…
Unas incomodidades. Tal vez en una casa vivían metíos en un
camino e´ tierra, en un camino e´ barro… Aquellos barriales
que hacían esos temporales y tal vez una mujer iba a dar a luz.
Pero, en ese tiempo, no había por caso como ahora que las
llevan onde el médico, las llevan ahi, a un buen hospital, y too
eso, sino que las mujeres daban a luz en la casa, y siempre
había una partera que era la que de veras… Era la que por caso
de nosotros se llamaba Marina, por el lao e´ Zarcero. Marina
era la que ayudó a mamá a que este muñeco saliera al aire,
verdá, ja, ja, ja, pero era muy difícil. Una vez iba, yo recuerdo, el
finao Picho González iba con una partera muy linda y le entró la
mala tentación de camino y dice que iba echándole los perros,
vea qué viejo más sinvergüenza, con la mujer que iba a dar a
luz en la madrugaa, iba echándole el cuento a la partera y la
partera lo trapió too, y le dice él, no, mamita, preciso más yo.
¡Vea qué concha! Le dijo, preciso más yo que mi señora. Dicen
que le metió un manazo la partera, viejo sinvergüenza, atrevío. Y
ahora no, ahora la teinología es otra cosa… Bueno, hay buenos
médicos y a veces se jalan tortas. Cuando a mí me operaron a
mí, a mí me hicieron una operación porque yo padecía de los
riñones y me hicieron una operación y, diay, esos doitores que
tal vez se han echao unos tragos en la noche. Porque para ser
médico hay que tener mucha responsabilidá, sobre too dormir
bien, amanecer fresquitos, que no se vayan a jalar una torta…

80
Las aventuras de Emeterio Viales

A mí una vez que me operaron, recuerdo, no me lo van a crer


ustedes, pero cuando salí del hospital yo, a los días me agarró
un dolor de estómago y yo sentía unos punzonazos, y yo pegaba
gritos, y yo decía, ¡qué raro!, me operaron y que esto va pa´
estar mejor, pero qué va. Pero, entonces, le cuento a Mingo
Arrieta. Le digo, me está llevando el carajo a mí, mirá, me jui a
operar y, diay, después de que me operé, me duele pior, tengo
un dolor de barriga que no aguanto, ¿qué será eso?, y ya me
recomendó otro doitor que era mejor, un doitor muy bueno, y
ya ese m´hizo una rayografía con la tecnología nueva y dice, ahí
se le ve algo a usté, raro, a´entro, hay que volvelo a operar… Y
fijate que me operaron otra vez y, ¿sabés qué habían hecho? Me
habían dejao un paraguas ahi a´entro, imagínese un paraguas,
y de feria el condenao paraguas se abrió a´entro y eso eran los
punzonazos que sentía yo en la panza. Mire, uno cuenta esas
cosas y naide le cre, y, como quien dice, estoy vivo porque Tatica
Dios es muy grande.

La catedral de Alajuela desde Nueva York


Ah, sí es lindo too Costa Rica… Es un país muy lindo. Yo siempre
lo he dicho: este país es una maravilla, y como decía un amigo
mío, qué lindo que es este país, como yo digo. Las playas, las
montañas, los ríos, las mujeres tan bellas, gente que nos han
presentao y que han hecho hacer este país tan grande como
ha sío. Bueno, gente tan inteligente que han estao en este país
que uno admira mucho… Vea el doitor Chang Díaz, que ha estao
en los Estados Unidos, hombre que ya ha ido a la NASA y too
eso, que por cierto yo jui el que lo asesoré mucho a él porque
cuando Chang Díaz cogía café y andaba con el canastillo y aquel
muchacho descalzo trabajando y aquella pobreza, pues yo vía
que era un celebro. Porque ese hombre dicen que estaba en
la escuela y siempre estaba en la luna y cuando me llamaron a
mí, que era el que lo dirigía, mejor dicho el que lo asesoraba, al
chiquillo ese, me dicen, es que el chiquito ese siempre vive en la
luna, le digo es que ese chiquito va a ser astronauta y de hecho,
y cierto, vea, el hombre ahora ha ido al espacio, ha ido… es una
persona a nivel mundial. Después, tenemos mujeres bellas, vea el
caso de Maribel Guardia, una mujer preciosa, linda de adeveras,
que es un orgullo tener una mujer tan inteligente, bonita y too
eso, como es Maribel Guardia. Gente que de veras ha puesto

81
Camilo Rodríguez Chaverri

a Costa Rica en alto en lo artístico… Esa chiquita, María José,


que llegó a la final de un concurso de canto, y que canta muy
lindo, que puso a Costa Rica muy en alto. Y así, si me pongo a
hablar e´ gente que ha hecho este país, bueno, no terminaría
nunca e´ hablar. Pero yo recuerdo cuando yo me pensé, voy
a ir a Estados Unidos a estorrentiar a ver que se hace. Diay,
uno con esta situación que está un poquito fregaa. Entonces,
me jui pa´ los Estados Unidos y ya me jui pa´ Nueva York, y
ay juemialma, ya llegué a Nueva York. Mire, a mí me agarraba
esa carambada, pero comencé a trabajar lavando trastos y
comencé a ver los verdes ahi, el dólar, verdá… Diay, era bonito
esa platilla. En ese tiempo uno ganaba mucha plata. Entonces,
la mandaba pa´ Costa Rica y compraba tal vez un lotecito el
que sabía pensar bien porque en esto hay que saber pensar
bien. Entonces, le mandaba uno a la doña que le comprara una
finquita o que pagara la casita y too eso el que quería trabajar,
pero una vez, diay, yo enamorao e´ la vieja mía, de la vieja en
Costa Rica, verdá, y se me antoja, cuando eso estaban las
Torres Gemelas y me dicen a mí, Emeterio, usté no conoce las
Torres Gemelas, y le digo, no, vamos pa´ que conozca la altura
que tiene eso. Nooombre, yo no sabía que era tan alto. Oiga si
es alto que estaba clarititico ese día y llegué al último piso de
las Torres Gemelas y estaba clarititico, y no voy viendo la cúpula
de la catedral de Alajuela, oiga, y me agarró mal de patria, que
digo, nooombre, yo no aguanto un día más aquí, en Nueva York…
Y me vine pa´ Costa Rica. ¡Qué va! Ya uno con mal de patria no
se haya en ninguna otra parte, je, je, je, je...

Me hubiera hecho mataditico pior


Ay, gracias a Dios uno está vivo porque Tatica Dios es bueno y
uno tiene buena vista. Yo digo que yo tengo vista e´ águila y que
siempre lo acompaña a uno El Grande, que es nuestro Dios. Yo
tenía una vespa que jalaba, yo le había metío un motor que era
como de avioneta. Esa vespa, ayúdeme a decir, una vez iba yo
bajando, ahi por Heredia hay una bajadita, verdá, muy paraa,
iba yo en la noche, oiga, sin luz, oigamen esto, estaba la noche
oscurititica, verdá. Iba yo bajando como a 180 kilómetros con
la vespa, verdá, y estaba lloviendo y no se vía naa, naa, y yo no
llevaba foco. De feria se había ido la luz en ese pueblo. Ahi iba yo,
verdá. Y gracias a Dios, en ese momento se vino un relámpago,

82
Las aventuras de Emeterio Viales

cuando voy viendo yo que por medio del relámpago vi una aguja
que había paraa y, oiga, metí un frenazo que quedé como a dos
pulgadas de la aguja, que si yo majo la aguja, se me estallan las
llantas, y me hubiera hecho mataditico pior. Gracias a Dios, Él
está con uno y aquí estoy vivo y coliando, como dice la gente, con
toda la patota… Como quien dice, me salvé de la aguja mortífera,
que lo mata a uno, que viene en el centro de los relámpagos
gracias a la buena vista.

El reló e´oro, estirao pal negocio


Ayer estaba yo con Jose Chaverri hablando ahi. En eso llegó
Liberato Mena, que ha sío muy buen amigo mío. Siempre nos
poníamos a jugar tablero en la noche. Esas noches que hay de
lluvia, que comienzan a azar elotes, otros a hacer chorreaas y
le dan café a uno. Y nosotros como víamos el ganao, tal vez el
jornalito, habíamos trabajao en la finquita y too eso, ya no había
naa que hacer porque en ese tiempo no había radio, no había
corriente ni nada. Entonces, uno se ponía a hablar de toas las
cosas y en ese tiempo en las casas había escaños. El que no
sabe qué es un escaño, es una banca larga, pero hecha como
de reglas. Eso lo ponían en los corredores de las casas y les
llamaban escaños. Era pa´sentase uno. Estaba el taburete, que
el taburete era pa´sentase uno, pero con cuero. Un asientito
e´ cuero, y pa´ recostase uno era de cuero también, muy
parecío a las mecedoras que hay de cuero, pero se llamaba
taburete en ese tiempo. También, para mucha gente que no
sabe, estaba el fogón de barro, el horno e´ barro, y le ponían
unos tinamastes que eran unas piedras muertas, y arriba le
ponían una lata, y comenzaban a´cer las meriendas de elote.
Porque eran en los fogones de leña, porque en ese tiempo no
había corriente, ni nada e´ eso. Está el molendero, que era onde
ponían la máquina e´ moler maíz y comenzaban a moler pa`cer
tortillas. Eran noches muy lindas y comenzaban, diay, con la
entretención di´uno, que era hablar de sustos, de espantos y
e´ too eso. Malaquías sacaba la guitarra y se sentaba en el
corredor a cantar canciones desde la tarde, y uno a contemplar
las cosas, las bellezas que Dios nos ha regalao, la naturaleza…
Había muchos palos de flor de itabo y salía en ese tiempo la flor
de itabo que era muy rica arreglaa con güevo, que por cierto pa´
Semana Santa se vende mucho la flor de itabo. La cuestión es que

83
Camilo Rodríguez Chaverri

estábamos hablando de las cosas y dije yo, qué cosa, porque yo


tenía un reló buenísimo que parecía que ese reló era del agüelo
e´ Cristóbal Colón. Imagínese si ese reló era viejo… Y yo no sé
cómo llegó a las manos de mis agüelos, y así jue. Andando como
quien dice de mano en mano, hasta que llegó a manos mías, y
ese reló no me lo van a crer ustedes, a mí una vez se me perdió
el bandío reló porque estábamos volando hacha, y resulta que
había un matoncillo y yo puse el reló en el matoncillo, y resulta
que cuando me vine pa´ la casa e´ la montaña, se me olvidó el
reló. Al otro día, me acordé del reló y fui a buscalo y era busque
y busque y busque... Y lo busqué como las brujas, con agüizotes,
pero jamás nunca lo vide e´ nuevo, jamás nunca apareció el
reló, que era del agüelo e´ Cristóbal Colón, o el bisagüelo… No
quiero mentir, pero yo creo que era del bisagüelo. De alguno
de los dos. Resulta que al tiempo, a los años, buscando un palo
e´ ceiba, un palo grande, verdá, voltiándolo pa´cer una balsa,
estábamos voltiándolo cuando cayó el palo. Cuando oíamos tac,
tac, tac, y dice Isidoro Gómez que estaba conmigo, “eso es una
martilla”. Porque las martillas suenan así, más o menos, y le
digo no, no me parece una martilla, y vamos llegando al tronco
del palo, y ahi estaba el reló. Ya el palo se bía hecho gruesísimo,
y ese reló agarró mucho más valor, porque imagínese too lo que
se estiró y era de puro oro. Diay, con too lo que se estiró, pesaba
como dos kilos más. Viera qué reló más bueno. No convenía
perdelo. Qué reló más bueno, pero no es naa, vamos a ver y no
vía atrasao un minuto… Las cosas de antes sí que valían la pena.
Lástima que se nos han terminao ciertas cositas ya.

Los amoríos de Emeterio con La Segua


A mí, me preguntaban un día e´ estos, como yo he sío aventurero,
he andao en la calle, ¿qué no he hecho yo con yuntas de
güeyes?, he andao por too lao… Yo era boyero. También anduve
trabajando con una yegua, repartiendo queso por too lado, y
hacÍa unas alforjas de cuero. Nos poníamos las polainas, el buen
sombrero, la jacket de cuero, las espuelas, nos montábamos en
buenos caballos y nos íbamos a vender queso. Luego llegó la
oportunidá, estuve por el lao e´ Guápiles viajando, yo estuve
trabajando duro, palmitiando y trabajaa con banano. Y luego
me dieron trabajo de chofer. Una vez, le contaba yo a Víctor
García, que era un gran amigo mío, casao con Josefa Durán,

84
Las aventuras de Emeterio Viales

que en paz descanse, una señora que, ¡ah señora!, hacía una
olla e´ carne riquísima, un arroz con pollo… Esa señora tenía
uuuna cuchara y era muy hacendosa. Y le contaba yo al hombre
que una vez venía yo con el camión, bajando por Vara Blanca,
aquella soledá que en ese tiempo no había casas por ningún
lao, cuando voy viendo un mujerón, viera, no me lo van a crer,
pa´vela toa había que descansar en el ombligo… Era un mujerón
que ayúdeme a decir, y se me quedó viendo, y me hizo lo que
llaman rai, dicen los chiquillos, yo no sé que es eso, rai, o así, sin
muchas palabras, una paraa e´ camión. Onde vi ese mujerón,
diay, quién de tonto la iba a dejar ahi. Ya le abrí la puerta del
carro y ya la monté y viera qué simpática la muchacha. Yo le
noté a ella que como que no quería decime pa´ onde venía. No
ve que comenzó la muchacha a dame pelota a mí, a preguntame
que si yo era soltero y uno es mentiroso, yo era casao, vea lo
que´s la mentira, yo le dije que no, que estaba soltero y too eso,
verdá. Y ya me dijo, como uno no ha sío naa pior, verdá, ya me
dijo que qué guapo que era yo y que esto y que lo otro, y que ella
tan sola y me dice, y yo paso tan aburría, porque yo paso en un
ranchito ahi, aquí no hay diversiones, no hay naa, sin esperanzas
de un novio y too eso. Y, diay, uno e´ atrevío, le agarré la manita
y onde le agarré la manita, ella me apretó la mano a mí también,
y no jue cuento que, entonces, la jalé un poquito, verdá, y se me
vino y la besé y, bueno, pa´ no cansalos con el cuento, pasó lo
que tenía que suceder. Diay, ya uno en esas, jajay, pasó lo que
tenía que suceder. Lo mandaba a decir el cuerpo. Así no más.
Es que en verdad yo soy guapo. El problema es que no se me
nota. Pero eso es lo de menos. No es naa. Digo yo, bueno, diay,
me salió una aventura. Mire, yo duré saboriando esa aventura
porque era un mujerón, la verdá. Y yo desiaba volvéla a ver.
Fíjese que a los diez meses, más o menos, venía bajando yo
otra vez pa´bajo, por la misma parte, y me acordaba yo d´esa
muchacha, cuando estaba la muchacha con una chiquita en la
mano, y digo yo, ¿qué es eso?, ¡esa es la muchacha aquella! Y
ya me hizo paraaa, lo que llaman rai, y dice, vea, don Emeterio,
quiero que conozca a nuestra hija. Mire, yo sentí una empresión,
me acordé que yo era casao y, diay, digo, ay María Santísima,
¡qué torta! Pero, diay, uno es responsable, y ya veo, la chiquita
e´ lo más linda, caramba, y ya yo la alcé a la chiquita y estaba
chiniándola y me dice la mama, me lleva porque voy pa´ Heredia,
y le digo, diay, vamos. Le digo ¡qué torta!, yo tengo que decíle
que soy casao, ¿cómo hago? y estaba yo en eso, manejando,

85
Camilo Rodríguez Chaverri

maquinando, cuando vuelvo a ver, veo esos dientes peladiticos y


veo la chiquita también, con los dientes pelaos y con unos ojos
rojititicos, una cosa feísima y, oiga, como con pelo por todo lao, y
voy viendo y me dice la mama, yo soy La Segua, y usté es el papá
e´ La Següita. Ay, María Santísima, agarro yo ese camión y le
pegué un revolcón y las tiré pa´juera y no sé cómo no me maté.
Ahi por Vara Blanca fue ese tremendo susto. Llegué a la casa,
oiga, me persinaba y llamé a toos los santos. Llegué, hablé con
el padre, arrepentío, pero nunca, oiga, yo nunca he sido feliz.
Saber de que yo tengo una chiquita, o que soy el papá de una
següita, eso nunca se me puede borrar a mí. Por eso a veces
me ven a mí como cabizbajo y triste, verdá. ¡Viera qué cosa
más triste, que le pase a uno eso, veá! Por eso, muchachos,
siempre les digo, hay que portáse bien, hay que ser fiel en el
matremonio.

Ese tiburón cantaba como Jorge Negrete


Ah sí, uno, gracias a Dios, ha pasao aventuras. Ya nadie tiene
que contale naa a uno, verdá. He trabajao en el mar, he trabajao
por aire, fumigando con avioneta. Después de too, trabajé en las
minas. Yo jui el primero que, gracias a Dios, en aquel tiempo,
como le decía yo a Chindo Ortega, que era muy amigo mío, y le
contaba yo que uno bía trabajao mucho y ya uno no tenía naa
que pasar. Le contaba yo la historia de cuando yo jui el primero
que tuve un radiecillo. Viera la alegría que sentía yo al ollir esas
canciones lindas por radio y too eso. Y too mundo llegaba a ollir
radio onde yo, a la casa, porque en el barrio naide tenía radio.
El único era yo. Me daban ganas más bien de cobrar, pero la
gente ahí llevaba pan y too eso. Otros llevaban chocolate, y ya
hacíamos chocolate, porque la gente era la ilusión ollir radio,
verdá, y diay, ese radiecillo yo lo estimaba. Era un radiecillo
e´ batería y una vez íbamos pa´ la isla e´ Chira. Estaba la isla
empezando. En ese tiempo iba yo pa´ la isla de Chira más o
menos. Cuando eso ni se llamaba en ese tiempo así. Era como
una montaña aquello. Iba yo, iba en una lanchilla y comenzó a
brincar mucho. Yo llevaba el radio y se me jue el radio. Bueno,
si les contara el sufrimiento que tuve yo de ver que el radio se
me bía ido entre el agua. Y ya llegó el otro día, too mundo a ollir
radio y digo, no, el radio se me perdió, y, diay, la gente sufrió
en el pueblo mío, había tristeza porque era la única alegría en

86
Las aventuras de Emeterio Viales

ese pueblo. Era el super radio. Pero viera lo que son las cosas.
Después llegó Ernesto García, que no me deja mentir a mí. Ya
está muy mayor y too eso. Ernesto andaba pescando y agarró
un tiburón porque él pescaba mucho y era muy valiente. Dice
que cuando él agarró el tiburón y lo echó a la lancha, y ollía
el tiburón cantando y dice, qué raro, esto está raro aquí, esto
son brujas. Un tiburón cantando rancheras, cantando unas
canciones lindísimas y dice, esto es un espectáculo lindísimo.
Esto yo lo llevo y voy a´cer plata y de veras llega con un tiburón
que cantaba y too eso, y cuando llegamos al pueblo y oímos y too
eso… En la tierra el tiburón ya empezó a ponese mal, a morise,
a ahogase, y se ahogó cantando. Entonces, lo rajamos. ¿Saben
qué era? Se había encontrao el radiecillo mío y se lo bía tragao,
y todavía andaba el radio prendío con toa la pata, verdá. Lo que
no conviene perdese, no se pierde.

La vaca que baila en un tubo, con hilo dental


Qué cosa más linda, verdá. Yo siempre lo he dicho, los animales
toos son cariñosos. Toos los animales tienen su pareja y el
animal, me imagino que es igual a la persona, hay una vaca
que tal vez se enamora di´un toro o una yegua se enamora
di´un caballo. Tal vez es un amor platónico. Tal vez una de esas
yegüillas que hay, una yegua jalaqueso o chayotera, de esas que
jalan chayotes, y se enamoran di´un caballo fino, diun caballo
e´ raza. Es igual a los cristianos, me imagino yo. O una gallina
se enamora di´un gallo y tal vez el gallo no le da pelota. De por
sí los gallos son poco románticos, verdá. Y too eso me pongo
a pensar yo. Pero de veras. De too eso me pongo a pensar.
La tortuga puede enamorase de un tortugo y el tortugo no
corresponde, tal vez el tortugo está enamorao de otra, y se
sufre en esta vida por el amor. Imagínese que en los animales
hay eso. Yo tuve un toro y eso no me deja mentir naide, verdá, yo,
me gustaría que le preguntaran a Fincho Portuguez, que no me
deja mentir. Ese era un toro como modelo. Me imagino que´ra
modelo porque era con ojos verdes, tenía un cuerpazo el toro
y las vacas se desmayaban con ese toro. Fue un pleito grande
porque toas las vacas querían tener relaciones con ese toro.
Diay, para mí era un compromiso porque yo dije, ese toro se
me va a morir. Pero como yo hago inventos, me pensé yo, no, yo
tengo que hacer plata aquí, con ese toro. Yo voy a cobrar caro

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Camilo Rodríguez Chaverri

por el salto. Entonces, me hice una cañería e´ caña e´ bambú,


veá, qué lindo, verdá, y le puse como codos y la pegué por toos
los laos. Entonces, le conecté la cañería del pene del toro a la
vagina de las vacas, entonces ponía una vaca a bailar música
romántica, como a hacer estristís, a bailar en un tubo. Yo nunca
había visto, viera qué cosa más linda, ver bailando una vaca en
un tubo, verdá, tal vez en hilo dental. Entonces, comenzaba a
bailar, y entonces el toro se excitaba, y entonces el toro ya onde
se excitaba terminaba, entonces como tenía una cañería pa´un
montón de vacas, tal vez en un solo que terminaba el toro dejaba
hasta quince vacas embarazaas, preñaas, que decimos en el
campo, veá. Entonces, yo hacía toa la plata con ese toro, pero,
diay, como too llega a terminase, el toro endespués resultó que
e´ tanta vaca que tuvo se jue poniendo pálido, pálido, y amarillo
y murió e´ una enfermedad en los huesos. Hasta ahí llegó el
toro modelo que tenía Emeterio.

La bici e´Emeterio
¡Qué lindo la aventura! Gracias a Dios ha andao uno por too. A
mí Costa Rica me´ncanta. He andao por too. El primer vehículo
que tuve yo jue una moto y con esa motilla iba yo a Puntarenas.
Recuerdo que iba aquí, por el lao e´ Jacó. Recuerdo que andaba
yo conociendo todas las bellezas de Costa Rica. Iba mucho a
las playas… A Monteverde iba mucho, onde los Valverde. Iba
mucho yo por too lao. Andaba yo con la motilla y recuerdo una
vez que yo jui a Limón, cuando estaba empezando Limón. ¿Veá
que Limón es uno e´ los lugares lindos de´ste país? Yo siempre
lo he dicho: los negros qué lindo que bailan el calipso, qué rico el
rais an bins, el pan bon, y toas esas bellezas que tienen ahi, en
Limón. Las mujeres y too eso. Llegué yo a Limón apenas cuando
estaba empezando eso, ahi. Y llegué yo con la motilla que tenía
yo, y pegué un frenazo, y no ves que se me estallaron las llantas.
Entonces, me jui a comprar llantas nuevas y no habían. Digo, y
ahora, ¿qué hago aquí? Me dicen, no, Emeterio, lo sentimos pero
aquí no hay, nosotros cuando ocupamos una llanta tenemos
quir hasta San José porque aquí no hay ventas de llantas y digo,
¿qué hago? No podía quedame ahi ni dejar la moto botaa. Me
precisaba venime. Pero uno es enteligente, le quité la parte del
hule a las llantas y las puse en la línea del tren, y me vine en el
puro aro, por la línea del tren. Me vine así. Llegué yo a San José,

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Las aventuras de Emeterio Viales

ay juepuña vida, cuando uno es enteligente, gracias a Dios no


falla en ninguna parte, verdá…

Emeterio vuela en paila


Hablando e´ too un poco, hablemos de las medecinas caseras…
Hablando uno de veras de las plagas que habían, como antes,
que gracias a Dios ya too se terminó, las plagas… Niguas. Yo sé
que muchos chiquitos o gente joven no sabe qué eran niguas.
Las niguas eran un mecrobio que se le metía a uno entre la
planta del pie y se le hacía a uno ahi y le agarraba una picazón
y too eso, y de pronto le agarraba la mentada posola, que la
posola se le ponía a uno roja, roja, y era un ardor en la noche. Y
entonces uno como dormía en ese tiempo en esteras, porque
no había colchones… Las esteras, pa´ la juventú que no saben
qué es, era de la vena e´ plátano o e´ guineo. Cuando está
seca hacen una vena y la ponían así, como en línea, y la iban
amarrando con mecate. Entonces, la ponían en la cama, entre
las tablas. Eso se llamaba una estera. Entonces, a uno en la
noche le agarraba esa picazón de las niguas y comenzaba a
rascase. Era riquísimo rascase las niguas uno. De pronto llegó
la plaga e´ las pulgas, que esa era otra plaga que sólo se
mataba con un liquidillo, pero como too bicho se hace valiente a
los venenos, más bien después con ese liquidillo se´ngordaban.
Después, desaparecieron mucho las pulgas. Luego vino la plaga
e´ los piojos, y tanto bicho que ha habío. Los zancudos jueron
terribles. Yo arrecuerdo cuando llegué a San Carlos, y en San
Carlos estaba el papalomoyo, que era otro bicho que lo picaba
a uno, y se le hacía a uno como una cicatriz en la cara. Muchos
se la quitaban con cebo. San Carlos era una parte que había
tantos zancúos que Jesús Hidalgo tenía una faja de cuero y
llegaban y metían el aguijón por la faja y lo picaban siempre.
Un día, me pensé, hoy no me pican esos condenaos zancúos,
y me acosté y me eché un mantiao e´ camión encima, y, oiga,
llegaban los condenaos zancúos y eran grandísimos, y tenían un
aguijón grandísimo, me lo metían por el mantiao y me picaban,
y yo decía, no, no, yo tengo que dormime tranquilo. ¿Saben lo
que hice a lo último? Me metí en la urna de un trapìche, donde
meten la leña, debajo de las pailas, y digo, aquí no me van a picar
los condenillos zancúos, y, oiga, llegaban los zancúos y en la paila
que es de puro hierro, metían el aguijón y me picaban, pero jue

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Camilo Rodríguez Chaverri

tanta la cantidá e´ zancúos que me picaron que comencé yo a


doblales el aguijón con un martillo que andaba yo, de casualidá.
Pero jue tanta la cantidá que salieron volando con too y paila, y
la paila llevaba unas tapas de dulce que quedaron ahi y la turba
e´zancúos pasó por el volcán Arenal y por La Fortuna de San
Carlos. Iban los zancúos por too lao volando y decían que era un
platillo volador. Veá que la gente siempre inventa. ¿Cuál platillo
volaor si era apenas una paila jalaa por zancúos?

La vaca que echaba chiverres


Uno, gracias a Dios le ha hecho a too, a la curandera, porque yo
jui casi que el primer veterinario qui´hubo. Un veterinario así, de
mano. Saber cuando una vaca padecía e´ pierna negra, que le
echaban Dermolán o cosas así, y las curaba. O vacas que estaban
por caso con… Por caso, puro pelo, que estaban asoliaditicas.
Entonces uno les mandaba un refresco e´ Sal Inglaterra pa´que
la vaca se refrescara. Entonces, uno decía que era veterinario
así, de conocemiento. Lo mesmo que meterle una lavativa a la
vaca, que era que uno agarraba la manguera, se la ponía a la
vaca atrás y uno se llenaba la boca de por caso del refresco
que le iba a echar a la vaca, y uno soplaba. Había que soplar
primero, porque si soplaba la vaca primero, ahi si se lo llevaba
al carajo a uno, verdá. Y resulta qui´una vez a las vacas o al
ganao lo picaba mucho la araña pica caballo, que es una araña
que pica al ganao y se le hace una llaga. Entonces, a las vacas
se les hace una llaga muy fea y bota pus y bota cosa, y sólo
con cosas frescas se puede tratar. El chiverre es muy bueno
pa´echale a eso. Entonces, yo apenas picaba una araña a una
vaca, entonces iba, partía un chiverre, como es fresco le pasaba
así, crudo, pero bastante le pasaba, y eso refresca mucho, y
sana la herida. Y una vez resulta que en La Vuelta del Mudo y too
eso, cuando resulta que andaba la gente asustaditica, ya naide
quería salir y ya llegó la noticia a la pulpería que es que estaban
asustando. Y me dicen, no ves que pasa una mata e´ chiverre.
Hay gente que va caminando y se topa una mata e´ chiverre.
Yo pensaba, ¿cómo va a caminar una mata e´ chiverre? Y, de
veras, llegaba al rato una señora pegando gritos, que me asustó
una mata de chiverre, que venía caminando por medio camino…
No puede ser eso. Y tanta fue la gente que me dijo que yo dije,
no, yo voy a convenceme, y me llevo yo un cuchillillo, y, de veras,

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Las aventuras de Emeterio Viales

dicho y hecho, en la pura Vuelta del Mudo, veo una mata e´


chiverre con un montón de chiverres guindando, y digo, ¡que
Dios me acompañe, voy pa´entro! Y empiezo a volar cuchillo
y comienzan los chiverres a caer. Cuando voy viendo… A´entro
me pega un bramío una vaca. Claro, ¿qué era la cosa? Que
cuando yo estaba limpiándole la herida con chiverre, le había
quedao una semilla a la vaca entre la herida y había nacido una
mata de chiverre entre la vaca, y, bueno, viera qué hijuemialma,
se crió la mata e´ chiverre y llenititica e´ chiverres, y vieras qué
pobrecitica vaca. Yo nunca había visto una vaca riéndose. Ese
día, soltó la vaca la risa de la pura alegría de ver que yo le había
salvao la tanda, como dicen, y llego al pueblo y les digo, ¿saben
qué era la tal mata e´ chiverre?, y les conté, y bueno, too mundo
se moría e´ risa, pero qué susto en ese pueblo, en ese tiempo,
verdá…

El gallo karateca de Emeterio


Ah vida, caramba, uno antes era medio sampaguabas, y no
apreciaba uno. Porque a uno de veras le daba por maltratar
animales, pero uno lo hacía por la innorancia di´uno, verdá.
A veces echaba los perros a peliar y eso, qué injusticia, ver
a los perros cómo se muerden, y too. Y pa´uno era una gran
gozadera, pero eso no lo hacía uno por malo, sino porque era un
innorante. Luego llegué yo, cuando a mí me gustó jugar gallos,
me dio por jugar gallos a mí too eso, y me trajeron un gallo
famoso, un gallo karateca, y ese gallo no había gallo que se le
enfrentara. Di´un solo tiro se hacía apiao a otro. Yo con ese
gallo comencé a´cer plata. Pero carcule si era un gallo famoso,
que digo yo, este gallo pa´la cría debe ser bueno. Entonces, se
lo echaba a una gallina y tenían relaciones. Cuando los güevos…
Ya la gallina se enculecaba. Era un gallo tan famoso que traiba
en la mesma sangre too, porque apenas nacían los pollitos, los
mismos pollitos se agarraban y se mataban uno al otro. Nunca
pude sacar una buena cría de ese famoso gallo que tuve yo el
famoso gallo karateca que tuvo Emeterio, diay, todos los pollitos
se mataban de un solo, je je je je.

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Camilo Rodríguez Chaverri

La vaca correcaminos
¿Quién jue el primer lechero qui´hubo en este país? Emeterio.
Yo tuve una lechería aquí por Ochomogo. Usté sabe que
Ochomogo es frío. En ese tiempo, era más frío. Hasta los toros
andaban con jacket de cuero. Las vacas andaban con bufanda.
A veces había que sacales la leche con picahielo porque estaba
congelaa. Yo tenía una vaca que era buena pa´la leche y buena
pa´correr. Viera qué vaca pa´correr. Carcule usté si esa vaca
corría que ganó teta de oro en unas olimpiadas que habían.
Diay, pero como estaba tan frío, me pensé, esta vaca se me
va a morir. Yo me la llevé pa´Guanacaste. Me la llevé pa´La
Cruz de Guanacaste. Diay, pero en Guanacaste era una sequía
tan grande que le puse anteojos verdes, oscuros, diay, y me
estaba echando la leche en polvo. Me pensé, no, esta vaca
se me muere y como yo corría mucho, me jui a trer la vaca
amarraa con un mecate. La cuestión es que veníamos yo y la
vaca corriendo, verdá, pasamos por Liberia, y dele y dele y dele,
y la vaca corriendo con yo y amarraa con un mecate. Veníamos
a pata, verdá. Y pasamos por Bagaces, y sigo yo corriendo,
y pasamos por Cañas. Y seguimos. Llegamos a Barranca y
cuando veníamos por Esparza, yo ya no aguantaba las patas. En
eso, venía un carro di´un amigo mío y le hago paraa. Le digo,
haceme el favor y nos llevás. Me dice, Emeterio, a usté lo llevo,
pero, ¿cómo hacemos con la vaca? Le digo, no te preocupes, yo
me monto alante y amarremos la vaca atrás. Le dije, esta vaca
te garantizo que corre tal vez hasta más que´ste carro. Mire, el
viejo no me creiba, pero al final lo convencí. Amarramos la vaca
atrás del carro y yo me monté atrás, cerca ´e la vaca. Le digo,
cualquier cosa, me avisás por el espejo. La cuestión es que le
puso a 50 kilómetros por hora, y le digo, nombre, dale más, y la
vaquilla atrás. Le puso a 80 kilómetros y la vaquilla soplaa atrás.
Le digo, ponele más y le puso a 100 kilómetros, y la vaquilla
soplaa, y, oiga, cuando venía a 120 kilómetros, vuelve a ver por
el espejo y dice, Emeterio, esa vaca se viene muriendo, y le digo,
¿por qué decís eso?, y dice, porque viene en un bramío y tre la
lengua ajuera. Le digo, a qué lao tre la lengua, y me dice a la
izquierda, y le digo, nombre, dale campo que esta jueputa vaca,
lo que quiere es rayar… Viera qué vaca pa´ correr.

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Las aventuras de Emeterio Viales

La mula volaora
Cuando yo llegaba al río de San Carlos y había que cruzalo, no
había puente ni había ferry, pero yo tenía una yegua. Entonces,
le ponía dos sacos llenos de gallinas y cuando llegaba al borde
del río, yo toreaba a las gallinas. Las gallinas salían volando y la
yegua caía ligerito, rapiditico, al otro lao. Viera qué lindo.
Cuesta que le crean a uno, pero asina fue.

Revolear la cuecha
En la pulpería e´ Miguel Araya toditicas las noches es tradicional
endespués de las ocho que se reúne toa la gente y de cualquier
tema se comienza a hablar. Ahi se habla e´ futbol, política y
sustos. Y si alguien su palabra quiere dirigir revolea una cuecha
de un lao pa´l otro, y jetonadas se empiezan a ollir. Es Quincho
Murillo el viejo mentiroso. Si ustedes lo oyeran, echarían de
ver qué viejo más jetón. Cuenta que los tiempos en que esto
era montaña él tenía colección de tigres feroces. Cuenta que
una noche venía desarmao y que un tigre se lo iba a comer.
Donde abrió el hocico, qué hocico, le metió la mano, lo agarró
del rabo y lo volvió al revés. Dice que fue amigo de la Tule Vieja
y que de La Segua era grande admirador, y fue testigo cuando
La Llorona cogió al carajillo y lo tiró al río. Dice que El Cadejos
fue su compañero y que al Mico Malo le hizo compañía, y que
se alumbraba a pura luz de muerto porque en ese tiempo,
corriente no había y que la carreta sin bueyes vio cruzar por
la calle. Cual fue su sorpresa que al poquito rato venía en un
chiflido y poniéndole al puro El Padre sin cabeza. Quinchillo se
luce con sus jetonaas de cosas terribles. Como digo yo, jetonaas
de sustos y espantos, y a toos los manda rezando a la casa
haciendo la cruz y llamando a los santos…

Emeterio vuela hacha mejor que naide


¡Vieras qué lindo las serenatas cuando llegaba uno a la una
de la mañana! Había gente que se robaba las macetas, otros
se aprovechaban como había hornos de barro al lao ajuera.
Los hornos de barro estaban en el corredor. Entonces, había
gente que dejaba melcochas azándose y se las robaban. Yo no

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Camilo Rodríguez Chaverri

porque yo era guitarrero, era el que cantaba. Una vez que jui
con Adalberto Flores, que tocaba mucho, le dije acompañame,
y yo canté una canción que dice, soy un pobre venadito, y le
digo, haceme segunda, y dice, yo soy otro venadito…Otra vez,
llegué a serenatiar y canté esta canción, de piedra ha de ser la
cama, de piedra la cabecera, y salió el suegro con una lágrima
de molejón, tome desgraciao, pa´que se cobije…
Antes el suegro lo ponía a uno a rajar una tuca e´ guapinol,
que´s de lo más duro que hay al hacha, y si uno la rajaba, era
buen pión, y a la muchacha la ponían en una batea a lavar,
porque antes no había lavaora sino qui´antes se aporriaba en
una laja en el río, con jabón de chancho, que lo hacían en la
mesma casa y se aporriaba aquellos pantalones de ocho días
sin quitáselos uno porque uno trabaja en el campo, y tenían que
dejalos sin naa e´ tierra y las muchachas lo hacían, o a cocinar,
usté sabe, que por eso ahora los matremonios se dejan, porque
hay muchas mujeres que no saben ni cocinar. En cambio, uno
iba a ver la novia y le llevaba un cerrito de confites… Pero era
con el hacha que tenía que defendese uno. Vale más que yo
era tan bueno volando hacha que en una tarde sacaba la tarea
di´un año, ayayay.

Emeterio rezador
Qué lindos los Rosarios de El Niño, el biscocho, la chicha e´
maiz y, oiga, uno llegaba… Por caso, terminaba el rosario aquí,
decían hay rosario en tal parte y como uno era rezador con la
guitarras, venid pastorcillos, venid a adorar, al Rey de los cielos,
que ha nacío ya… Y había un viejo que contestaba ´el dulce a
sesenta´. Así lo vendía. Ve qué confisgao. Era precio fijo de Jose
María. El Niñito Dios se lo reparaba, como quien dice.
Entonces, las señoras repartían café, biscocho, pero no faltaba
el guaro e´ chirrite, y a veces se pasaban, y después cuando
terminaba el rosario tapaban con un mantiado el portal y eso
era un bailongo, y eso era como un respeto para que El Niñito no
viera, y había gente que se abusaba y comía demasiao y entonces
le caía mal, pero era muy lindo, a pesar de la borrachera. Ojalá
que los Rosarios de El Niño volvieran como antes.

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Los cuentos narrados por Juan Rafael Sandoval, popularmente
conocido como Emeterio Viales, fueron grabados en el
estudio de la Cámara Nacional de Radio (CANARA).
La idea de este libro, la coordinación del estudio para grabar
a este artista, la transcripción y edición de las historias, así
como los gastos de impresión y el trabajo editorial es obra
del periodista y escritor Camilo Rodríguez Chaverri, autor de
más de 90 libros ya publicados.
Tanto la primera como la segunda edición de este libro fueron
costeadas y canceladas por este escritor, sin costo alguno
para Emeterio Viales y sin patrocinadores que aportaran
recursos económicos.
En la primera edición aparecieron los logos de varias
empresas como gratitud por el apoyo en otros libros de este
autor.
En esta edición, aparece el logo de la empresa “Gigantografías”
por su apoyo en especie, con las vallas publicitarias que
anunciaron el lanzamiento de este libro.
Muchísimas gracias a la empresa “Gigantografías” por su
apoyo y muchísimas gracias al Grupo Radiofónico Omega,
donde labora Emeterio Viales.
El diseño es de la artista gráfica Paula Garro, quien ha
diseñado unos 30 libros de Camilo Rodríguez.