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INSITUTO DEL SUEÑO

¿Qué es el Sueño?
El sueño es una parte integral de la vida cotidiana, una necesidad biológica que permite
restablecer las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento.

El sueño ha sido y sigue siendo uno de los enigmas de la investigación científica, y aun a
día de hoy, tenemos grandes dudas sobre él. De ser considerado un fenómeno pasivo en
el que parecía no ocurrir aparentemente nada, se ha pasado a considerar a partir de la
aparición de técnicas de medición de la actividad eléctrica cerebral, un estado de
conciencia dinámico en que podemos llegar atener una actividad cerebral tan activa como
en la vigilia y en el que ocurren grandes modificaciones del funcionamiento del
organismo; cambios en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la
temperatura corporal, la secreción hormonal, entre otros.

Cada noche, mientras dormimos, pasamos por diferentes fases o estadios de sueño que se
suceden con un patrón repetido a lo largo de cuatro a seis ciclos de sueño durante toda la
noche. Todos estos estadios se incluyen en dos grandes fases de sueño, con grandes
diferencias en cuanto a actividad muscular, cerebral y movimientos oculares:

¿Por qué tenemos que dormir?

De modo resumido podríamos decir que dormimos para poder estar despiertos por el día
y que, precisamente porque estamos despiertos y activos durante el día necesitamos
dormir. El sueño es una necesidad básica del organismo y su satisfacción nos permite la
supervivencia. Todo lo que pasa en el cuerpo humano guarda un equilibrio, y si falla este
equilibrio el organismo tratará por todos los medios de volver a recuperarlo. Gracias a los
experimentos de privación de sueño se ha comprendido que cuando se elimina
“completamente” la posibilidad de dormir en un organismo, sobreviene la muerte.
Cuando se le priva de sueño temporalmente o parcialmente, es decir no se le deja dormir
un día, o no se le permite tener alguna fase concreta de sueño, en el organismo se produce
en respuesta un aumento de la fase que se ha anulado y de la necesidad de sueño en los
días posteriores a dicha privación. Esto viene a confirmar que el organismo tratará por
todos los medios de conservar su equilibrio recuperando aquello de lo que se le ha
privado.
Estos mismos estudios han servido para acercarnos a la comprensión de las funciones del
sueño y de sus diferentes fases. Aunque aun estamos muy lejos de obtener respuestas
claras respecto a este fenómeno, parece que el sueño no REM tendría una función
relacionada con la reparación de tejidos corporales y conservación y recuperación de
energía, mientras que durante el sueño REM predominarían los procesos de reparación
cerebral (reorganización neuronal, consolidación y almacenamiento de recuerdos
relevantes y eliminación y olvido de los que no lo son). De este modo podríamos explicar
que cuando un organismo está aprendiendo algo, aumente durante su sueño la fase REM
(p.ej. los niños tienen mucho más REM que adultos y ancianos) y que por otro lado,
cuando está sometido a un fuerte desgaste físico aumente la fase no REM (p. ej durante
la práctica de ejercicio físico).

Una de las funciones más importantes del sueño es su contribución en la regulación de la


temperatura corporal, funcionando como un termostato que mantiene la temperatura que
el organismo necesita en cada momento en función de las actividades que se llevan a cabo
en él para facilitar procesos metabólicos, hormonales, etc. Sin este importante termostato,
el organismo moriría.

A medida que aumenta la supresión de sueño, vemos como se produce un claro deterioro
en el funcionamiento diurno; se produce una disminución del rendimiento intelectual con
dificultades de concentración y utilización de la memoria, así como de la capacidad de
abstracción y razonamiento lógico. Disminuyen los reflejos produciendo un aumento del
tiempo necesario para reaccionar a un estímulo, lo que puede favorecer el riesgo de
accidentes de tráfico, domésticos y laborales. Aumenta la probabilidad de desarrollar
trastornos psiquiátricos, ya que se producen alteraciones en el estado de ánimo
aumentando los niveles de ansiedad e irritabilidad. La privación severa de sueño, puede
precipitar la aparición de alucinaciones (confundiendo imágenes resultantes de la
imaginación con la realidad), alteraciones neurológicas y ataques epilépticos.

¿Cuántas horas hay que dormir?

Las necesidades básicas de sueño para mantener las funciones y supervivencia del
organismo se sitúan sobre una media de 4 o 5 horas de sueño cada 24 horas. El resto de
horas que dormimos contribuyen a mejorar nuestro bienestar y mayor calidad de vida,
estimando que en una media de 8,3 horas podría encontrarse el punto optimo de descanso.
No obstante, es importante matizar que las necesidades tanto básicas como opcionales de
sueño para conseguir un rendimiento y bienestar óptimo durante el día van a variar en
cada persona, e incluso una misma persona no tiene las mismas necesidades en todos los
momentos de su vida. Como hemos repetido, el organismo trata de mantener el equilibrio,
y es precisamente esto lo que determina la necesidad de sueño de cada organismo en cada
momento (cuanto más desgaste, mayor necesidad de sueño). Las horas necesarias de
sueño son aquellas que nos permiten estar bien durante el día, sin sentir somnolencia hasta
la noche siguiente.

¿No dormir suficiente acorta la vida?

La privación voluntaria crónica de sueño, produce cambios fisiológicos (metabólicos,


hormonales, etc.) que pueden precipitar enfermedades físicas como la diabetes, o la
hipertensión que disminuyen ostensiblemente la calidad de vida. No se ha podido
verificar una relación clara entre falta crónica de sueño y la muerte (no sería ético llegar
a este punto en la experimentación), pero si se apunta una relación entre falta de sueño y
mayor incidencia de algunas enfermedades médicas (hormonales, cardiovasculares,
inmunológicas, psiquiátricas, etc.).

Sueño de ondas lentas o sueño no REM:

Lo constituyen cuatro estadios, en los que se va profundizando progresivamente en el


sueño (fases I, II, III y IV). La actividad cerebral, registrada mediante medición de las
ondas cerebrales (electroencefalograma o EEG), muestra ondas cerebrales de alta
frecuencia y baja amplitud (vigilia) que se van progresivamente transformando en ondas
cada vez de menor frecuencia y mayor amplitud. El tono muscular va descendiendo,
dejando nuestro cuerpo cada vez más relajado e inmóvil, así como el ritmo respiratorio y
cardiaco y los lentos movimientos oculares del inicio del sueño desparecen por completo.
La progresión de la fase I a la IV dura aproximadamente 90 minutos y comporta una
profundización en el sueño que implica mayor aislamiento sensorial del entorno y por
tanto mayores dificultades para despertar, que llegan al grado máximo en la fase IV.

Los cambios orgánicos que se producen en esta fase del sueño, han llevado a los
científicos a apuntar su relación con la recuperación física del organismo (regeneración y
recuperación de energía), concluyendo que la desaparición del sueño profundo puede
desencadenar problemas médicos importantes (problemas de crecimiento, déficit
hormonales, etc.).

Sueño MOR, REM o de los Movimientos Oculares Rápidos:

Aparece por primera vez aproximadamente a los 90 minutos de quedarnos dormidos. La


actividad cerebral es rápida y de baja amplitud, pareciéndose más a la que presentamos
en vigilia. Sin embargo, hay una importante diferencia respecto a la vigilia, y es que en
este caso, la actividad no es provocada por estímulos externos percibidos a través de los
sentidos, sino por los ensueños o sueños que tienen lugar en esta fase. Una de las cosas
que caracteriza a esta fase del sueño es la pérdida del tono muscular, protegiéndonos así
de lesionarnos o tener los problemas derivados de mover nuestro cuerpo en respuesta a
los sueños. Esta fase del sueño también se caracteriza por la aparición de movimientos
oculares rápidos.

A lo largo de la noche, este tipo de sueño se va alternando con las distintas fases del sueño
no REM, aunque la mayor parte del sueño REM se produce al final de la noche. Por este
motivo, cuánto más tarde nos levantamos más probabilidades tenemos de recordar los
sueños, puesto que recordamos los sueños cuando nos despertamos a partir de esta fase.
Los cambios que se producen en esta fase, han llevado a los científicos a apuntar la
relación que puede tener el sueño REM con la consolidación y recuerdo de lo que
aprendemos durante el día. El hecho de que la cantidad de sueño REM cambie a lo largo
del ciclo vital, de modo que los bebes y niños tengan más sueño de este tipo que los
adultos, y éstos que los ancianos, parece confirmar esta hipótesis, ya que participaría en
funciones de reorganización neuronal y aprendizaje.

Las fases del sueño

Dentro del sueño se distinguen distintas fases que se identifican por la


existencia o no de un movimiento rápido de ojos REM (Rapid Eye
Movement), que es visible debajo del párpado para el observador.

En el sueño no-REM (NREM) que se llama también sueño lento, se


distinguen también cuatro etapas (Bobes, Diaz y Bomper, 1999):

1. La Etapa 1 de transición de la vigilia al sueño, ocupa cerca


del 5% del tiempo de sueño en adultos sanos, desaparecen
las ondas alfa que en el EEG corresponden a la vigilia y son
substituidas por ondas más lentas (ondas theta) propias del
sueño NREM. También aparece un enlentecimiento del latido
cardíaco. Durante esta fase, el sueño es fácilmente
interrumpible. Esta etapa dura pocos minutos.
2. La Etapa 2 aparece a continuación de la 1 y representa más
del 50% del tiempo de sueño. Se caracteriza por ondas
electroencefalográficas con una frecuencia mayor, que las
theta. El tono muscular se hace algo más débil y se eleva el
umbral del despertar. Corresponde al principio del sueño
propiamente dicho.
3. Las Etapas 3 y 4 se corresponden al sueño más profundo
porque durante ellas aparecen las ondas delta, que son muy
lentas. El tono muscular es débil y la frecuencia cardiaca y
respiratoria disminuyen. Durante ellas ocurren los sueños,
así como los episodios de terror nocturno en el niño y los
episodios de sonambulismo. Los movimientos oculares, si
existen, son lentos.

Después de pasar por estas etapas, durante unos 70 a 120 minutos, suele
presentarse la primera fase REM (Rapid Eye Movement, Movimiento
Rápido de Ojos). El tiempo que se tarda en iniciar esta fase nos dará la
latencia REM. El sueño REM ocupa el 20% del tiempo total del sueño en
el adulto, aunque varía con la edad, siendo mayor en los niños y en él se
observan descargas de movimientos oculares rápidos y una abolición
completa del tono muscular, la frecuencia respiratoria y el pulso se hacen
más rápidos e irregulares.

Luego, las diferentes fases del sueño se alternan cíclicamente a lo largo


de la noche, durante la primera parte del sueño predomina el sueño NREM
y durante la segunda los periodos REM se van haciendo más largos.
Durante el sueño normal aparecen periodos de vigilia tan breves que
pueden no ser recordados al día siguiente.

Los estudios sobre la fisiología del sueño han avanzado de forma muy
importante en los últimos años basándose en las nuevas tecnologías de
neuroimagen, entre otras.

Las características fisiológicas de la actividad onírica varía a lo largo de


las distintas etapas del sueño. Durante el sueño REM aparecen imágenes
más raras y estrafalarias, los reportes de los sueños son más largos, más
emocionales que en las etapas NREM lo que correlaciona con la diferente
fisiología de estas fases.

Diferencias en los sueños de las distintas fases

Los sueños que se reportan cuando uno se despierta en la fase REM del
sueño son típicamente más largos, más nítidos perceptivamente (llegando
a tomar la forma de alucinaciones), más animados motóricamente, que
cambian rápidamente de escena y son más raros y estrafalarios, más
cargados emocionalmente y menos relacionados con nuestra vida normal
que los que se narran cuando nos despertamos en la fase NREM. Por el
contrario los que surgen del despertar en las fases NREM contienen más
representaciones de nuestras preocupaciones cotidianas y son más de
tipo pensamiento y menos como imágenes (Hobson et al., 2000).

El mismo autor menciona las siguientes características de los sueños


REM, que se dan en ellos casi siempre y raramente en los sueños NREM:
1. Contienen percepciones alucinatorias.
2. Las imágenes cambian rápidamente y son raras y estrafalarias,
aunque también se refieren a nuestra vida cotidiana.
3. Son tan vívidos que a veces nos hacen dudar si estamos dormidos
o despiertos.
4. La reflexión racional en los sueños está ausente o muy reducida,
aunque actualmente se piensa que la reflexión, el autocontrol y
otras formas metacognitivas son más comunes de lo que se
pensaba.
5. A los sueños les falta estabilidad en la orientación, así los lugares,
las épocas y las personas se fusionan de forma plástica
incongruente y discontinua.
6. Los sueños crean historias para integrar todos los elementos del
sueño en una narrativa más lógica.
7. Los sueños incrementan e intensifican las emociones,
especialmente el miedo y la ansiedad, que parecen integrarse en
las características más raras del sueño y pueden incluso marcar la
narrativa del sueño.
8. Los sueños muestran una incorporación incrementada de
programas instintivos, especialmente los relacionados con luchar o
huir que pueden actuar también como organizadores de la
cognición en el sueño.
9. El control voluntario está muy atenuado. El soñador raramente
considera la posibilidad de controlar realmente el flujo de los
sucesos del sueño y en las pocas ocasiones en las que esto
ocurre, el que sueña solo lo puede ganar en lucidez y por pocos
segundos. Sin embargo otras formas de control más corrientes
pueden ser más comunes en el sueño.
10. Una de las razones de que las descripciones de los sueños
REM sean más largos es que tienen que explicarse las imágenes
raras que lo componen.

Los sueños tienen poca relación con lo que pensamos o hacemos antes
de dormir, por lo que no se puede pensar en dirigir los sueños para resolver
problemas. Aunque otros autores afirman que hay métodos de incubación
de sueños que tienen impacto en el sueño REM.

Según Hobson (2000) los procesos que se dan en el sueño REM son
debidos a que:

1. La entrada salida del sistema cambia, se corta la llegada de


estímulos exteriores y la salida de órdenes motoras a la médula
espinal, desactivándose las neuronas piramidales que transmiten
las órdenes del movimiento. En consecuencia se produce una
bajada del tono muscular.
2. Se activan algunas partes del tronco cerebral que a su vez activan
distintas partes del cerebro lo que provoca una activación caótica
de diversas partes del cerebro.
3. Se desactivan las partes de la corteza cerebral frontal que
controlan la reflexión y el pensamiento.
4. Todo esto se refleja en un cambio del sistema neuromodulador que
pasa de ser aminérgico en la vigilia a ser colinérgico durante el
sueño, con lo que se activan y desactivan determinados caminos
neuronales.

Relación entre las funciones fisiológicas del sueño y sus


contenidos

Hobson (2000) establece un modelo de estas relaciones en el que


concluye:

 Las alucinaciones visuales intensas se deben a la autoactivación


del cerebro visual por el proceso de activación del pontine que
afecta inicialmente al cortex visual.
 Las emociones intensas, especialmente ansiedad, regocijo, y rabia
se deben a la autoactivación de la amígdala y otras estructuras del
sistema límbico. La relavancia de las imágenes del sueño es
debida a la activación del cortex paralímbico por la amígdala.
 La ilusión de que estamos despiertos, la falta de pensamiento
dirigido, la pérdida de la conciencia reflexiva y la falta de insight
relativa a las experiencias, ilógicas e imposibles del sueño, se
deben a la combinación, y posiblemente efectos relacionados de la
demodulación aminérgica y la desactivación selectiva de la corteza
frontal.
 Las cogniciones raras y estrafalarias del sueño se deben a la
inestabilidad orientativa causada por la naturaleza caótica del
proceso de autoactivación del tronco cerebral y a la ausencia del
control frontal y de la memoria episódica, debidos en parte a los
fallos en la modulación aminérgica

Funciones psicológicas del sueño


La principal función del sueño es reparar el organismo para poder seguir
la vida en condiciones óptimas. Es una función fisiológica, pero en el sueño
aparecen materiales cognitivos de difícil interpretación y con un alto
contenido emocional, a los que se muchas veces se les da muy diversas
interpretaciones. Algunos autores como Hobson lo consideran como un
producto fisiológico que debería ser olvidado cuanto antes, como así
sucede en realidad (Hobson, 1997). Otros autores siguen manteniendo y
fundamentando fisiológicamente la teoría de Freud de que son deseos
reprimidos que surgen en momentos en los que baja la censura (ver
modelo de Solms (1997)).

La función psicológica que más consenso ha despertado ha sido que el


sueño REM consolida nuestra memoria y que la recuperación de nuestros
recuerdos es más efectiva después de un buen sueño. Sin embargo, ni
siquiera esta función es aceptada de forma universal (ver por ejemplo
Vertes, 2000) Este autor propone que la función primaria del sueño REM
es puramente fisiológica y consiste en proporcionar al cerebro una
estimulación que necesita para recuperarse del sueño profundo.

Resumiendo nuestra postura podemos afirmar que el sueño actúa sobre


nuestra memoria emocional activando los circuitos cerebrales asociados a
la emoción, como la amígdala y el sistema límbico y desactivando el
control consciente de la corteza frontal y la entrada y salida de estímulos
desactivando partes del tronco cerebral.

Planteamos la hipótesis de que lo que consolida el sueño es la actitud,


entendida como preparación a actuar (Bull, 1951), en la que se inhibe la
acción, y al inhibirse la acción aparece el componente emocional, en el
mismo sentido que da Frijda (1989) a las emociones como preparaciones
a actuar.

La postura de Seligman
Lo que si es cierto es que en el sueño las actividades cognitivas tienen una
organización caótica y que nuestro cerebro no está dispuesto a admitir el
caos. En esta línea Seligman (1987) describe un experimento en el que
simultáneamente a la emisión de una melodía se mostraba a los sujetos
unas luces que se encendían y apagaban de forma totalmente aleatoria,
la gran mayoría de los sujetos afirmaban que el comportamiento de las
luces seguía a la melodía. La conclusión de este experimento es que
nuestro cerebro está tan entrenado para dar significado a lo que percibe
que no puede aceptar las percepciones sin orden ni sentido y que si lo que
ve o siente no lo tiene, nuestro cerebro lo crea.

Siguiendo este razonamiento, la interpretación que da Seligman (1987) de


los sueños es que son una elaboración cognitiva que intenta dar
coherencia a los estímulos caóticos que generan las funciones fisiológicas
que se han descrito en los puntos anteriores. El intento de racionalizar el
sueño comienza en el mismo momento en que se produce y continúa
cuando se narra o se escribe para consolidar su recuerdo. Seligman
distingue dos tipos de contenidos en el sueño aquellos que tienen una alta
definición visual o contenido emocional que corresponden a estímulos muy
concretos e identificables y aquellas otras fases que son más borrosas y
verbales que correspondería ya a un intento de explicar la transición entre
dos estímulos visuales o emocionales nítidos.

Necesidades de sueño y edad[editar]

Dormir.

Las necesidades de sueño varían según la edad. El niño recién nacido duerme casi todo el
día, con una proporción próxima al 50 % del denominado sueño «activo», que es el
equivalente del sueño MOR. A lo largo de la lactancia los períodos de vigilia son
progresivamente más prolongados y se consolida el sueño de la noche; además, la
proporción de sueño MOR desciende al 25-30 %, que se mantendrá durante toda la vida.
A la edad de 1-3 años el niño ya sólo duerme una o dos siestas. Entre los 4-5 años y
la adolescencialos niños son hipervigilantes, muy pocos duermen siesta pero tienen un
sueño nocturno de 9-10 horas bien estructurado en 5 ciclos o más. En los individuos
jóvenes reaparece en muchos casos la necesidad fisiológica de una siesta a mitad del día.
La necesidad de sueño en un adulto puede oscilar entre 5 y 9 horas. Asimismo, varía
notablemente el horario de sueño entre noctámbulos y madrugadores. En épocas de
mucha actividad intelectual o de crecimiento o durante los meses del embarazo, puede
aumentar la necesidad de sueño, mientras que el estrés, la ansiedad o el ejercicio
físico practicado por la tarde pueden disminuir la cantidad de sueño. Los estudios
efectuados en individuos aislados de influencias exteriores han mostrado que la tendencia
fisiológica general es a retrasar ligeramente la fase de sueño con respecto al ciclo
convencional de 24 horas y a dormir una corta siesta «de mediodía» (Vallejo, 2006, 232).
En los ancianos se va fragmentando el sueño nocturno con frecuentes episodios de
despertar y se reduce mucho el porcentaje de sueño en fase IV y no tanto el de sueño
MOR, que se mantiene más constante a lo largo de la vida. Las personas de edad
avanzada tienden a aumentar el tiempo de permanencia en la cama. Muchas de ellas
dormitan fácilmente durante el día varias siestas cortas.

El sueño representa una función vital, por ser imprescindible (el ser humano no puede vivir
sin dormir), restauradora (el sueño repara el cuerpo cada día), complementaria y
fundamental para asegurar la vigilia (se duerme para poder sentirse despierto al día
siguiente), fisiológicamente necesario.
Durante el sueño profundo (Fase IV), se produce la restauración física y durante el sueño
MOR la restauración de la función cognitiva (proceso de aprendizaje, memoria y
concentración).

Efectos del sueño[editar]


Consolidación de la memoria[editar]
La hipótesis de que el sueño participa en la consolidación de la memoria reciente ha sido
investigada mediante cuatro paradigmas:

1. Efectos de la privación del sueño sobre la consolidación de recuerdos;


2. Efectos del aprendizaje sobre el sueño posentrenamiento;
3. Efectos de la estimulación durante el sueño sobre los patrones de sueño y sobre la
memoria, y
4. Reexpresión de los patrones de comportamiento específico neuronal durante el
sueño posentrenamiento.

Algunos de estos estudios confirman la idea de que el sueño está profundamente


implicado en las funciones de la memoria en humanos y animales. Sin embargo, los datos
disponibles aún son demasiado escasos y en ocasiones contradictorios para confirmar o
rechazar inequívocamente la hipótesis de que la consolidación de memorias no-declarativa
y declarativa respectivamente dependan de los procesos de sueño MOR y NMOR. Por otra
parte, no se ha encontrado ninguna correlación entre la cantidad de sueño que se registra
en una especie y su capacidad intelectual; si el sueño sirviera para consolidar la memoria,
un gato que duerme 16 horas diarias debería tener una memoria prodigiosa, superior a la
de un ser humano que sólo duerme ocho horas. También, personas que no presentan
sueño MOR, por ejemplo por lesiones traumáticas en el rombencéfalo o debido al
consumo de fármacos, no tienen ningún problema en consolidar sus
aprendizajes.[cita requerida]

Otros estudios más recientes comparan el proceso de ordenamiento de la memoria


durante el sueño con el proceso de desfragmentación de la memoria de las computadoras,
ambos persiguiendo un mismo objetivo de mantenimiento y economía de recursos,
preparándonos para una mejor disponibilidad operativa de la memoria durante los
momentos de mayor utilidad, como el estar despierto o en actividad.[cita requerida]

Procesamiento de la memoria[editar]

Los científicos han demostrado de muchas maneras que el sueño está relacionado con la
memoria. En un estudio realizado por Turner, Drummond, Salamat, y Brown en personas y
animales durante el sueño se demostró que la memoria de trabajo se ve afectada por
la falta de sueño. La memoria de trabajo es importante porque mantiene activa la
información para su posterior procesamiento y apoya las funciones cognitivas de alto nivel,
como la toma de decisiones, el razonamiento y la memoria episódica. El estudio permitió a
18 mujeres y 22 hombres dormir sólo 26 minutos por la noche durante un periodo de
cuatro días. Al principio los sujetos fueron puestos a prueba en tests cognitivos
(descansados), luego de nuevo dos veces al día durante los cuatro días de privación de
sueño. En la prueba final, la media de memoria de trabajo del grupo privado de sueño se
había reducido en un 38 por ciento, en comparación con el grupo de control.

Parece que la memoria se ve afectada por diferentes etapas del sueño, como el sueño
MOR y el sueño de baja onda (SBO). En un estudio realizado por Born, Rasch y Gays, se
tomaron varios grupos de sujetos humanos: el grupo de control y el grupo prueba. Se
encomendó una tarea mental a medianoche (grupo prueba) y otra tarea al final de la noche
(grupo de control). En cuanto a los sujetos dormían, los hipnogramasmarcaban un 23 por
ciento de SBO, lo que nos hace saber que durante la medianoche el tipo de sueño
predominante es el SBO. El grupo prueba dio un 16 por ciento más que el grupo de control
(en memoria declarativa), mientras que el grupo de control dio un 25 por ciento más que el
grupo prueba (en memoria de trabajo). Esto indica que la memoria de trabajo (la que más
necesitamos) es más alta después del periodo de sueño MOR más extenso (hacia el final
de la noche) y que, en cambio, la memoria declarativa (la que menos necesitamos) se
enriquece con el SBO.

Un estudio realizado por Datta, un neurocientífico de la Escuela de Medicina en la


Universidad de Boston, apoya indirectamente estos resultados. Los sujetos fueron 22 ratas
macho. Se construyó una caja donde una rata podía moverse libremente de un lado a otro.
El fondo de la caja estaba hecho con una rejilla de acero. Se ponía una rata en la caja y
una activaba una potente luz acompañada de un sonido. Después de cinco segundos, se
aplicaba una descarga eléctrica en la rata. Una vez aplicada la descarga, la rata se podía
mover al otro lado de la caja, y evitar la descarga. La duración de la descarga nunca era
de más de 5 segundo. Esto fue repetido 30 veces en la mitad de las ratas. A la otra mitad,
el grupo de control, le hicieron lo mismo pero sin tener en cuenta su reacción; después de
las sesiones, se puso a las ratas en otra caja y les hicieron registros poligráficos flotando
seis horas. Este proceso se repitió durante tres días. Este estudio determinó que, después
de las sesiones (descargas eléctricas), las ratas pasaban un 25,47 por ciento más tiempo
en sueño MOR. Estas pruebas apoyan los resultados del estudio de Born y su equipo, que
indica una correlación entre el sueño MOR y el conocimiento procedimental.

También se realizó un estudio acerca de la participación de la estimulación de corriente


continua en la corteza prefrontal para aumentar la cantidad de oscilaciones lentas durante
el SWSfe. La estimulación de corriente continua mejora muchísimo la retención de parejas
de palabras al día siguiente, lo que demuestra que el SWS tiene un papel importante en la
consolidación de los recuerdos episódicos.3
Los diversos estudios sugieren que existe una correlación entre el sueño y las funciones
de la memoria. Los investigadores del sueño de Harvard Saper4 y Stickgold5 dijeron que
una parte esencial de la memoria y del aprendizaje consiste en que las dendritas de
las células nerviosas envíen información a las células para hacer nuevas conexiones
neuronales. Para hacer este proceso, las dendritas no deben recibir ningún tipo de
información externa y por ello se sugiere que ocurre durante el sueño.

La privación del sueño aumenta la eficacia del sueño[editar]


Por eficiencia del sueño se entiende el tiempo que un sujeto pasa en sueño verdadero;
porque no se puede despertar durante el tiempo que se dedica a dormir. Uno de los
descubrimientos más importantes de la investigación sobre la privación de sueño es que
las personas que están privadas de sueño se convierten en durmientes con un sueño más
eficiente.Concretamente, en su sueño hay una proporción más alta de ondas lentas (fases
3 y 4), lo que parece servir a la principal función de recuperación.

Fármacos que afectan al sueño[editar]


La mayoría de los fármacos que influyen en el sueño pueden clasificarse en una de dos
categorías diferentes:

 Hipnóticos: aumentan la cantidad de sueño.


 Antihipnóticos: disminuyen la cantidad de sueño.[cita requerida]

Hay una tercera categoría que cabría introducir, la de los fármacos que influyen sobre
la ritmicidad circardiana, siendo el principal fármaco la melatonina.

Enfermedades del sueño[editar]

 Apnea del sueño. Trastorno en que la persona deja de respirar durante 10s o más, en
forma repetitiva, mientras está dormida, Lo más frecuente es que se deba a pérdida
del tono en los músculos de la faringe, lo cual permite que ocurra el colapso de las
vías respiratorias.7

 Insomnio. Dificultad para conciliar el sueño y quedarse dormido.7

 Narcolepsia. Estado en que no se puede inhibir el sueño REM durante los períodos de
vigilia. En consecuencia, sobrevienen durante el día episodios de sueño involuntarios
con duración de unos 15 minutos cada uno.7

 Insomnio familiar fatal. Enfermedad hereditaria muy poco frecuente.