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La observación del arte puede conducir a un efectivo apro-

OBSERVACIÓN DEL ARTE


'Vechamiento del mismo, sólo si existe un arte de la observación.
Y ARTE DE LA OBSERVACIóN
Si es verdad . que en cada hombre se esconde un artista, que
Bertolt Brecht * el hombre es el más dotado de sentido artístico de todos los
.animales, es cierto asimismo, que tal disposición puede ser
desarrollada y puede decaer. En la base del arte hay una capa-
cidad de trabajo. El que admira el arte, admira un trabajo, un
trabajo hábil y logrado. Y es necesario conocer alguna cosa de
Es una. opinión antigua y elemental que una obra de arte, en tal trabajo, a fin de admirar y gozar del resultado, es decir,
sustancIa, deba actuar sobre todos los hombres, independiente- de la obra de arte.
mente de su edad, educación y condición. El arte -dice- se Tal conocimiento, que no sólo es conocimiento sino también
di:ige al hom~re, a todos ellos, y no importa que éste sea viejo .sensibilidad, es particularmente necesario para la escultura.
o Joven, trabajador manual o mental, culto o inculto. De modo Es preciso tener un poco de sensibilidad para la piedra, la
que una obra de arte puede ser comprendida y gozada por todos madera o el bronce y también unas nociones acerca del empleo
los hombres, ya que todos los hombres llevan en sí alao de de estos materiales. Es imprescindible el sentir el cuchillo abrién-
artístico. b dose camino en la madera, cómo del tocón informe emerge
De semejante opinión deriva a menudo una decidida aversión lentamente la figura, de la esfera la cabeza, de la superficie
hacia las llamadas interpretaciones de las obras de arte hacia ·convexa el rostro.
un arte que tiene necesidad de toda suerte de explic~ciones. Es más, en nuestra época hay necesidad de una ayuda que
y no se halla en condiciones de actuar "por sí mismo". ¿Cómo, .antes no era precisa. Desde un cierto punto de vista el surgir de
-se dice- podría el arte actuar sobre nosotros? ¿Sólo cuando> nuevos métodos de producción de base mecánica, ha puesto
l~s exper~os lo hayan hecho objeto de sus disquisiciones? ¿El Moi- ,e n crisis al artesanado. Se ha perdido la noción de la calidad
ses de MIguel Ángel debería conmovernos únicamente cuando> de los materiales, y el proce~o de elaboración no es ya el mismo
nos lo haya explicado un profesor? ·q ue antaño. Ahora cada objeto es el fruto de la colaboración
de muchos y el individuo no realiza ya por sí solo -como en
Así se dice, pero al mismo tiempo no se ignora que hay per-
un tiempo- todas las operaciones, sino que controla -de cuando
sonas más ~otadas que otras para disfrutar del arte y para
en cuando- únicamente una fase en el desarrollo del objeto.
sacarle partIdo. Es la mal afamada "minoría de entendidos".
Así, se han ido perdiendo también el conocimiento y el sentido
. Existen muchos artistas (y no de los peores) que están deci- del trabajo individual. En la época capitalista el individuo se
dI~OS a no hacer, de ningún modo, arte sólo para esta pequeña halla en pie de guerra con el trabajo. El trabajo amenaza al
mmoría de "iniciados" y que desean crear para todo el "puebl " individuo. El proceso de trabajo y su producto suprimen todo
E . . o .
s una mtenCIón democrática, pero -a mi entender- no del posible elemento individual. Un zapato nada sugiere acerca
todo democrática. Es democrático hacer del "pequeño círculo de la personalidad del que lo ha fabricado. La escultura es
de entendidos" un "gran círculo de entendidos". todavía una actividad artesana. Pero hoy en día una escultura
se observa como si -al igual que cualquier otro objeto- se
'" ~ste breve ensayo póstumo de Brecht, escrito en agosto de 1939 hubiese producido de manera mecánica. Solamente el resultado
publIcó en 19?1 en la revista berlinesa Sin n und Form (Sentido y Fo;m~)
de la Acade~lIa de B_ellas Artes de la República Democrática Alemana. La del trabajo es considerado (y eventualmente gozado), pero ya
presente versJón espanola está tomada de la obra de Paolo Chiarini, Bertolt no el trabajo en sí mismo. Esto significa mucho para el arte
B1'echt, trad. ~e J. L6pez Pacheco, Barcelona, Península, 1969, pp. 211'215, del escul tor.
en la que se meJuye como apéndice.

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experimentar algo del arte en cuanto tal, pa~a poder encontrar'
Si se quiere alcanzar la fruición del arte, no es nunca sufi- hermoso lo hermoso; deleitarse con la medIda de la obra ~e
ciente el querer consumir cómodamente y a buen precio sólo arte y admirar el espíritu del artista, es aún más necesana
el resultado de la creación artística; es necesario participar de para comprender los elementos de que el artista se vale en su
la creación misma, ser en cierta medida creadores nosotros mis- obra de arte. Ya que la obra del artista no sól~ ~s una bella
mos, ejercitar una cierta dosis de fantasía, acompasar o bien expresión de un objeto real (una cabeza, un paISa]e,. ~n acon-
contraponer nuestra propia experiencia a la del artista, etcétera. tecimiento humano) y ni siquiera la hermosa expreslOn de. la
Incluso el que se limita a comer, trabaja: corta la carne, se lleva belleza de un objeto, sino y sobre todo es una representaCI?n
el bocado a los labios, mastica. El arte y su fruición no puede del objeto, una explicación del objeto. La obra de arte ~xpl~ca
ser conquistado de modo más fácil. la realidad que representa, refiere y traduce las expenen:Ias..
Así es necesario participar en el trabajo del artista, en tiempos que el artista ha llevado a cabo en la vida, enseña a ver JUs-
reducidos, pero de una manera profunda. El material -la ingra- tamente las cosas del mundo.
ta madera, la arcilla a menudo demasiado flexible- le produce Naturalmente los artistas de distintas épocas, ven las cosas.
cansancio y cansancio le da también el objeto, en nuestro caso de muy diversa~ maneras. Su modo d~ enjuiciarlas .no. depende
-por ejemplo- una cabeza humana. sólo de su índole personal, sino tambIén del conocIml~nt.o que
¿Cómo nace su reproducción de una cabeza? ellos y su tiempo tienen de las cosas. Es una caracten~tl~a de
Es instructivo -y proporciona deleite- el ver fijados por lo nuestro tiempo el considerar las cosas en su desenvolvImIento~
menos en la imaginación, las diversas fases por las que una como cosas volubles, influidas por otras cosas y po: ~~da .clase
obra de arte atraviesa, el trabajo de unas manos hábiles e ins- de procesos, como cosas variables. Este modo de enjUICIamIento
piradas, el poder intuir algo de las penas y de los triunfos lo encontramos tanto en nuestra ciencia, como en nuestras artes.
vividos por el escultor durante su trabajo. Las reproducciones artísticas de las :osa~ manifiestan más ?
Re aquí, en primer lugar, aparecer audazmente las formas menos conscientemente las nuevas expenenCIas que hemos a.~qUl-,
fundamentales, toscas y un tanto irregulares, la exageración, rido de ellas, nuestro creciente conocimiento de la compleJldad~
la heroificación, la caricatura si así se desea... Rayen esta variabilidad y natural contradicción de las cosas que nos ro-
fase algo de animal, informe, brutal. Vienen después los rasgos dean . " y de nosotros mismos.
más particulares y sutiles. Un detalle, la frente por ejemplo, Es necesario saber que por mucho tiempo los escultores han
comienza a tomar un valor dominante. Después aparecen las creído su deber el representar lo "'esencial", lo "eterno", lo
correcciones. El artista descubre cosas, choca con dificultades, "definitivo", para abreviar, el "alma" de sus mo~elos. Su ,con-
pierde la conjunción, construye otra nueva, abandona una con- cepción era ésta: Cada homb~e ~iene un determmado caracter
cepción, formula otra. que lleva consigo desde su naCImIento y que ya puede ser o.bser-
Viendo al artista se empieza a observar y a conocer su capa- vado en el niño. Este carácter puede desarrollarse, es deCIr, se
cidad. Es un artista de la observación. Observa un objeto vivien: hace más concreto cuanto más avanza el hombre en años, se reve-
te, una cabeza que ha vivido y vive, es un maestro del ver. la cada vez más, el hombre se vuelve - digamos- cada vez más
Se intuye que es posible aprender de su capacidad de obser- distinto cuanto más vive. Naturalmente puede hacerse más ~on.
vación. Enseña el arte de observar las cosas. fuso ser modelado - en un determinado momento de su VIda,
Se trata de un arte muy importante para todos. ya ~n la juventud ya en la vejez- de la man~ra más clara y
La obra de arte enseña a observar exactamente, esto es, de decidida y volver luego a borrarse, a confundIrse, a desv:ne-
manera profunda, amplia y grata no sólo el objeto que ella cerse. Pero siempre es algo bien determinado lo que aqUl .se:
modela, sino también otros objetos. Enseña a observar en gene- modela, se acentúa o se desvanece, concretamente el alma sm-
ral. Si el arte de la observación es ya necesario para poder
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guIar, eterna e irrepetible de este hombre en particular. El artis-
ta elaborará pues este rango fundamental, esa marca decisiva del
individuo; debe subordinar a este único rasgo todos los demás
y eliminar la contradicción de los diversos rasgos en un mismo
hombre, de modo que nazca así una clara armonía, que no
puede ser exhibida por la cabeza real, sino por la obra de arte,
por la reproducción artística.
Esta concepción de la tarea del artista parece ahora haber
sido superada y abandonada por algunos artistas y aparece en
su lugar una nueva concepción. N aturalmen te estos escultores
saben que en el individuo existe algo como un carácter deter-
minado en virtud del cual, éste se distingue de los demás indi-
viduos. Pero no ven ese carácter como algo armónico, sino como
una cosa contradictoria y consideran su deber, no el eliminar
de sus rostros tales contradicciones, sino el representarlas.
Un rostro humano es para ellos algo así como un campo de
batalla sobre el que libran entre sí fuerzas opuestas una eterna
lucha, una lucha sin conclusión. No dan forma a la "idea" de
la cabeza, a la idea originaria que el creador pudo haber soñado,
sino a una cabeza que la vida ha formado y continuamente
transforma, de modo que lo nuevo combate con lo antiguo, por
ejemplo el orgullo con la humildad, la ciencia con la ignoran-
cia, el valor con la cobardía, la serenidad con la desesperación,
etcétera. Un retrato así reproduce la vida del rostro de modo
que es una lucha, un proceso contradictorio. No simboliza un
saldo de las ganancias y las pérdidas, sino que concibe a la
faz humana como algo vivo, vital, en desarrollo. No se trata que
de tal manera venga a faltar la armonía: las fuerzas que com-
baten acaban por equilibrarse; así como un paisaje puede estar
en contradicción (he aquí un árbol que en realidad debe su
supervivencia a la continua lucha de numerosas fuerzas contra-
dictorias) y sin embargo producir una sensación de tranquilidad
y armonía, así también puede ser un rostro. Es una armonía,
pero una nueva armonía.
Este nuevo modo de ver de los escultores representa sin duda,
un progreso en el arte de la observación, y el público encon-
trará, durante algún tiempo, dificultades cuando se ponga a
observar sus obras de arte -hasta que él también haya realizado
ese progreso.

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