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Alicia Canto de Gregario

LA

EPIGRAFIA

ROMANA

Tesis Doctor-al

DE

ITALICA

188/85

EDITORIAL

COMPLUTENSE

Servicio

DE

LA

DE

UNIVERSIDAD

MADRID

de

Repografía

- En la última página se encuentra el plano-con m1 propuesta sobre el urbanismo gonaI' "inVJ.s1ble" Itálica antigua d,,baJo del modemo Santiponce Fue un descubrimien de últiftla por gentil invitación liel DAI de Madrid, detallé en "Die vetfls urb& wn Italica Probl.~o,.w• .,.,, ,"~' Anlage" (Madrider Mitt.eilungen 1985 https www.acadenua.edu/1159122/Die vetus urbs von Italica Problmne ihrer Gr%C3%BC nlage }985 ), y una hip6te11s que ha resultado muy fecunda, pero cuya verdadera autoría (llPlll otros colegas también han ido borrando. Haud inrltU3 labor ·

B.- Todo lo que en el texto va subrayado debe enten'iterse como en letra cursiva o 1tália(' siguiendo las

convenciones de im

por entonces tradic1onal.e

Este

es un

facsímil

autorizado

y

ha

sido

producido

por el

Servicio

de

Reprografía

de

la

Editorial

de

la

Universidad Complutense

de Madrid.en

1985

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1

1

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1

J

Alicia Canto de GreKorlo

LA EPIGRAF'IA ROMANA

DE

ITAT.ICA

Antigua

Facultad de Geo~raf{a e Historia Universidad Complutense de Madrid

Oepartaincnto de Historia

1985

l

1

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(

1

Colecci6n Tesis

Doct'orales.

N2

188/85

©

Alicia

Canto

de Gregorio

imprirne la Editorial de la Universidad

Complutense de Madrid, Servicio de Reprografía Noviciado, 3 28015 Madrid Madrid, 1985 Xerox 9400 X 721

Edita

e

Oep6sito

Legal:

M-329C,2-1985

La Tesis doctoral de D.~

AL.ICIA CANT.O O.E. GREGORIO

titulada

IILA

EP.IGRAF.lA

ROMANA DE. lTALICA"

Director Dr. D.

fue leida en la Facultad de GEOGRAFIA E HISTORIA

de la UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

el día .,¿;3

LU.I& .G.ARCJA lG.LE.SJAS .

de

,¡.t.t';4.I.('

. de 18 .f.8. ante el tribunal

constituido por loa siguientes Profesores:

Presidente DR,

O.,

GRATUUAN.Q

W.IE.TO

.GALLO

Vocal

DR.

D •. JOSE

M~

BL.AZQUEZ MARTWEZ

Voce/

~R.

D.!

~ARIA

R~ IZ

TRAPERO

Vocal

P.R.,

P.·

LU.:rn $ARCJ.A. lGJ,i;:~IA~.

Secretario

DR •. D.

MAtrnEL .BENDALA GALAN

habiendo recibido la calificación de

C1~te)

•e~.:d)'lr-e~)

/4~:/J>:(,\t

r,(;~~~-'~.ú

v

,,~

- /c;(((.r,{L-

Madrid, a

.

.G

3

de

Junio

de 19 a,3

El Socretorio del Tribuxu,J,

~/!{,

-

LA

EPIGRAPIA

ROMANA

DE

ITALICA

(Estudio 1ntro4uotorio. Inecripciones religiosas. honorítioas páblioas 1 privadas, militares, funerarias y ¡ju-

r!dioas).

Tesis presentada por D• Ali- cia M 1 Canto De Gregorio pe.ra la obtención del grado de doc- tor por la Universidad Complu- tense Midrid.

Direotori Prof. Dr. D. Luis García Iglesias,

Ponentes Prof. ·Dr. D. José M• Blázque~ Mart!ne.z.

Madrid,abril de 1983.

l,Q,.:&o.:

z;_ ~l S-3

-

1

-

GRATIAS AGENS

Esta inveetigao16n no hubiera podido llevar- la a cabo sin el concurso de muchos amigoe que ban te- nido la gentileza de colaborar material o ~ientftioa- mente en mi empeffo. A ellos debe atribuir•• lo mejor de este trabajo, mientras que loa errores y defioien- oiae son s61o míos.

Del Museo Arqueoldgico de Sevilla, principal depositario de loa tondos epigr4:ricos de ltlilioa. que:. damos agradecidos a su director.Dr. Fern4ndo Farnández, que nos permit16 adem,s hacer uao de los dibujos sobre

epigrafía hechos por Dematrio de loa Ríos,

cretaria del Museo, D 1 Carmen

siempre oon prestet;a e interé~ nuestras numerosas pe-

ticiones. El Museo Arqueol6gioo Nacional nos feo1lit6 igualmente nuestro trabajo con las piei;as que a.11{ ae guardan tanto para su estudio como para su fotografía. Loe Dres. L. Caballero y R. Olmoe (que nos hizo cono-

cer un epígraf e inldito) ee

peoialmente D• María Me.rin~, que nos atendi6 con gran

interh.

cuidaron de ello, y muy ea-

y

a

la

se-

Martín,

que ownpliment6

(Dres.

Debemos agradecer también al Museo Británico Cook y Jenkins) y a la Hiepsnic Sooiety de New

York {Mre.

cialmente al Sr.

Vivian A.

Hibbs)

su colaboraoi6n, Muy espe-

Marqu,a da M~rito, heredero de la Con-

-

II -

dese de Lebrija y aotual propietario de aquella oolec- ci6n sevillana, por habernos faoilttado nuestras suce- sivas visitas a su osea 1 prestarnos personal y medios para efectuar nuestra tarea. El Prof. J.M. Luz6n nos autor1z6 expresament~ en el ano 1976 a incluir en este estudio los materiales epigr,tioos 1n,ditoa de sus ex- oavaoiones~ Tambi4n D. Pernándo ~enMdez, como director del Museo Monog.r&fioo de It,lioa,en cuanto a laa piezas en aqu,1 guardada,. 11 p•r•onal del Conjunto Arqueol6- gico de Itálica me ayud6 en ad. labor all{ con la mis- ma eol1o1tud de siempre.

En la Universidad de Sevilla mi agradecimiento va para los miembros del Departamento de Arqueolog!a,

del que fonnf parte hace ya

Prot. Dra. Pranoisca Chavea y D• M 1

ra, por au ineatimable a¡uda oada vez que no pod!e des- plazarme personalmente a Sevilla. El Prof. Pellioer nos

ha animado en todo momento y nos fao111t6 el uso de los manusorltos del falleoido Dr. Collantee de Ter4ni por la autorizaoidn para ello damos lae graoias a eu hijo Antonio.Collantea. 11 Frot. L. Abad, de la Univer- sidad de Alio&nte. nos permit16 manejar, de su tesis, la parte dedicada a los letreros pintados de Itálica.

anos. espeoialmente 8 lae

Luisa de ~a Bande-

Con espeoialistas e investigadores hemos co- mentado algunos aspeotos p:roblem,tioos problemátioos de la tesis. Entre ellos, agradecemos su paciencia y sus inteligentes observaciones a los Prof. A. D'Ore 1 c. Castillo, de P8Dlplona (especialmente al primero, que nos ha facilitado algunas reetituoiones propias y oonsejos muy valiosos)1 al Prof. D. s. Marin(, _de Ma-

-

III

-

drid. Prof. D. J. Fernández Nieto. de Valeno1a. Entre los extranjeros, los Prot. H.-G. Ptlaum (quien, por desgracia, no podrá~ leer estae líneas}, P. le Roux, de la Universidad de Toulouse (a quien debo, adem!s de sus sugerencias en temas militares, la prudencia que pueda encontrarse en algunas de mis hip6tesis), Dr. w. Eok, de la de Bonn y, muy especialmente. el Dr. A. U. Stylow, actualmente en Madrid para dirigir la redac- o16n del Q!&_II, y Sir Ronald Syme, que abr16 mis ojoe a las relaciones entre Narbonense y B6tica. y entre Bética y los mesápioos suritllioos e ilirios.

Lugar especial merecen nu&stro director, Dr. Luis Garc!a Iglesie.s, por su 1nter&e en leer minuciosa- mente los manuscritos y sugerir muchas mejoras en ~1, y el Dr, Jod M• Blázquez, por su actuación oomo ponen- te y por su constante aliento para rematar el estudio.

Dos han sido las biblioteoaa que nos han ser- vido de base fundamental para el estudio de loe epígra- fes, la dei Instituto Rodrigo Caro, del c.s.1.c., que nos ha permitido un uso liberal de tiempo y de fondos, Yt muy especialmente, la del Instituto Arqueológico Ale- 11utn de Madrid, ouyos miembros, todos, nos han honrado con su deferencia y oolaborao16n, Entre ellos nos gusta- ría recordar especialmente al Dr. M. Bleoh, siempre atento a lo que necesitáramos y a darnos sugerencias y bibliografía para nosotros nuevas.

La ejecuoi6n material ha recaído por desgracia enteramente sobre mí, por la peculiaridad del trabajo y de mi forma de ºdescrganizarlo", Aun as!, la Dra. c.

-

rl

-

Alfaro nos ha ayudado preparando el complejo índice V; la Srta. c. Paetor noe aoompafi6 en el viaje a Sevilla

de 1982, ayud~ndonoe en la

das; D. Gonzalo Fernández nos a~d6 en la preparaci6n

toma de anotaoiones y medi-

de la bibliogra.fía.c

la Srta.

Amalia Balaguer nos des-

cansó del enonne trabajo del fotocopiado. agradecida.

Les quedo -

La Caja de Ahorros Provincial de Madrid.me-

rece también nuestro reoonooimiento pdblioo,

dimos realizar una parte costosa de la tesie gracias a una de sus ayudas doctorales.

ya que pu-

Por ~ltimo,

pero no los últimos,

deseo men-

cionar el incansable estímulo que durante loe tres ál- timoe afios he recibido de mis padres, mis hermanos E. y n. y de mis pequei'ias _hijas·, cada uno según sus medios. Por las peculiares oirounste.noias en que he hecho esta investigación, por tener mis ff en m! que -:u, miema y por muchas razones, son ellos los que mereoen y han h.! cho posible que ;zo, por fin, les dedique este libro.

A todos los que me han dado coraje,

por ao-

oión y por omisi~n, ohae gracias.

los mencionados y los que no, mu-

Nota. redactada en Septiembre de 1963.- lamentablemente, Iaa"fotogm.f:Cas que nos debía servir el British Museum de Londres, y que fueron abonadas por m! en Noviembre de

pesar de diversas recla-

moioneo, Tampoco las medidas de las diez inscripciones

allí conservadas (nos . 39 71

154). Por ello cada comentario de éllas ha qu11cq;i,do incom-

pleto y ha.y huecos en el volumen de láminas. Sentimos los primeros la increíble faJJla. de fornalidad de esta ineti- tuoi6n museíatioar de cuyas oonseouencia.e no nos sentimos respol!f:Je.bles.

1982, no me han sido enviadas, a

1

9

82

0

86,106,115,132!150,152 y

P

-

V

-

R O L O G O

Desde que tuve m1 primer contacto con la ciu- dad de Itálica a trav,s de sus restos y excavaoiones, y de los riquísimos materiales expuestos en el Museo Ar- queol6gico de Sevilla. me sentí fuertemente atraída por ella. El progresivo oonooimiento de.sus &vate.res, A! !:!:! y por medio de la bibliogre.fia, me llev6 a ooupa.nne m,s direotemente de aquellos ttcampos de soledad, mustio oolledo", eomo le llo.m6 Rodrigo Caro.

!!-

En el año 1972 acababa yp de terminar en la Un!, versidad de Madrid mis estudios de 49 curso. que inclu- yeron, corno asignaturas optativas, la Epigratía y la Nu- mismática. Estaba, por tanto, bien dispuesta a poner en práctica lo que acababa de aprender, y de ese Jllismo affo datan mis primeras fichas sobre la epigrafía itali - oense. Durante ountro afios, y por oiro\U'lstanoias pereo- nalee. fui testigo de exoepoi6n, 1 en ocasiones protago- nista . (por mis excavaoiones del mosaico de Venus 7 del barrio tardío del Prndillo, entre otras), de una exoel•A te época de trabajos en Itálica. En 1973 tuve la suerte de estudiar y publicar los pedestales gemelos de Ma:roo Lucrecio Juliano, y en 1979 la gran inseripoión de la - orchestra del teotro.

-

VI

-

Pare entonces ,a eetaba recogiendo 111tu- diando los materiales epigritioos de la oiudad. que formarían parte de mi memoria de doctorado. Bs 4•t• un trabajo que he ido difiriendo por una1 1 otra• - razones, heeta que la neoeeidad de oonoluirlo •• hi- zo perentoria. No fue oonoebido 911 origen oomo hoy lo presento por mdltiplea razones. Mi Yia16n de 101 estudios epigr4flcoa, a la que aludo en el prlm•r cap!tulo de la primera parte, hace necesario un tra- bajo posterior de elaboraoidn 1 manejo del oat,10«0 que en principio presento. Pero la oatalogaoidn pri- mera me parece indiapen.l!lable. Tambiln me lo pa:réoia el presentar un estudio introductorio que situara un poco al lector trente a la epigrafía de rt,li~a, y ello me llevó a haoar una brna historia de tae exoaTaciones de la oiudad, deade el siglo XVI balta hoy, y otra sobre la auo111va bibliogr&f!a epigrUl- ca Robre Itálica. Aaill\11111110 oonaiderf de int•ñ• tl detallar lae coleooiones 1 loa mueeo• donde hoy•• guardan una gran parte de las ineoripoionea.

He procurado que el catilogo oont•nga lo f'tll'ldamental de la epigrafía allt &párto!da, 1t 4ue euale incluirse en wn OO!'PUf epigr(tioo. Sia fillbar• go, he dejado diaeflado ya un ap,ndioe dooUllll~tal o eup18l!lento, que redaotar, 11guidamente, con lo que Hllbner a lo mejor llamaría turba villas fragmento• haeta loe más insignifioantes, insoripoiones 1 gra- fitos anforarioa, ep!gratea mus1varios, inciertos, falsos, or1stianoe 0 eto.,. porque oreo que qU1~4 oon toda esa promisqua multitudo pueda oonsegUiralgunos

-

VII

-

reaultodoe máo que añadir a los que hoy pueden ob- tenerae.

El catálogo

ee algo m~s que una mere reoópi-

laoión: cada ineor1pci6n merece unas líneas, o unes pdginn.a, para clieoutir, ya sea au lectura, su pnleo- gre.f!n o sue elementos internos. La distinta importan oin de cada una hace que esta extensión eea mayor o menor en cada caso, Pero esta desigualdad, a veces erande, la ore6 ya cada lepicida al tomar su buril para escribir algo en un mármol s61o pulimentado.No me es, pues, imputable.

Cierra el oatdlogo un largo estudio sobre

el aea italicense, tambi~n llamado ley gladiatoria

de It~lica,

para presentar una nueva edición,

desde 1955, mente en lo

donde he puesto lo mejor de mi esfuerzo

ya que

no

se hao!a

y al ver que mis dlscrepnnoias, especial-

interpretativo,

oon anteriores editores,

la

juatifiooban,

El capítulo de concluaionea lo he hecho in- tencionndoment e breve, despu~s de haber castigado al lector con casi aeiacientas p~ginea. Quiero que sea como un alivio, una corta panorámica que haga desear une pronta ampliación, qua podr~ hacer al presentar el prometido ap6ndioe, Debo dooir que los índioes me han supuesto un considerable trabajo, pero que espero puedan servir para un m~s f~oil 1 directo uso del oa- tálogo al ouol obedecen.

Si tuviera que hsoer un balance de esta in-

veetigac16n,

hecho en nnM eirounatonoios eopooia.lmente di:r!oilee

diría que ha sido muy trabajosa.

La he

-

'flII

de mi tida per&onal, 11w, resultados me pareoea

hoy

oon ganas de seguir la misma senda por algd:n ti~ po. No muobo, porque tengo ya otro• emptfloe en p•r•- pectiTa,

aatisfaotorio• pero, oomo h• 41oho 1 me dejan

Tienen tambifn eatas p'ginas algo de home• naje a muchas persona•, •abia• o profana.e, una bu••

na parte de ellas hispalenses, que dedlo•ron an& parte de aus vidas a eeta1 Teneranda• ~u.1.!lae. lo• quisiera citar a nadie tn partioular para no inou- rrir en imperdonable& olT14os, pero ami nombre• lo•

he ido desgranando a lo la:rgo y anobo 411 trab~o.

Durante loa prcSrlmoa &fl.011 eaptra:rl OO!l •z-.

peotaoi6n que los nueToa ballugoa,

niones que con

daoes, a pesar d• los oonaejoa de mia buenos afl\igea

laa mías (a veoea , 111 lo,, , algo&!

o la• nuna• op1

st~ow y Le Roux) logre despertar, veng&n •

4&1"1H o

a quitarme la rascSn. Ambas ooeaa 10n produot1T&I pa- ra el progreso oientífioo.

Por ahora me oontormaría con •uaoitu- DWI• Toe intereses eobre una oiu4a4 romana que lo etr1oid 1 lo mereoe to4o, que todo lo t1ffo 1 todó lo p•Ntd.

Y si ••to al menos oon•lgo, haud inritu labor.

Madr14, abril de 198)~

PRIMERA

(

I

)

ITALICA

G R A F

I

A

DUCCION.

PARTE

Y

SU

UNA

E P I

-

I

N T R O -

CAP.

1

I.1.- NOTAS PRELIMINARES

Los eetudlos epigráficos vienen realizándoee ya desde haoe siglos. Durante el Renacimiento italiano comenzó el verdadero interés por las ruinas arqueológicas romanas y por el estudio de sus antigUedades. Ello se produjo de una manera poco sistemática y estimulado sobre todo por el coleocionismo privado. Pero con mucha frecuencia los comienzos de una rama - del saber se producen de fonna desorganizada e intuitiva. y a~ lo el paso de los siglos, el reconocimiento de los errores de unos u otros y las sucesivas sistematizaciones del conocimiento permiten el progreso y perfeccionamiento de la ciencia en cues- tión. Las balbuceos de la Epigrafía del siglo XVI tienen muy p~ coque ver con la que se estudia y se prnctica hoy. pero muy - posiblemente ésta no hubiera podido desarrollarse igual sin aquf

lla.

En el aiglo XVIt

la curiosidad por las ruinas,

y el papel preponderante que aún ocupaba la lengua latina en el mundo de la cultura como inatrwnento homogeneizador, condujeron de manera natural a un creciente inter~s por loa textos esculp! dos que sobre mdnnoles, calizas y otros materiales aparecían - continuamente en Roma y en otros lugares de Europa. Loe estudiQ eoe recogían con todo detalle loa textos, a veces incomprenei - bles por la ignorancia de claves epigráficas que convertían al- gunas inscripciones en aut~ntioos mensajes cifrados.

.2

Se inioiaron algt.mae recopila~ionea

(

1)

de c~

rácter parcial, pero hubo que esperar hasta mediados del siglo XIX para que un organismo cultural tan sobresaliente como la Real Academia de Berlín acometiera la ingente tarea de organizar, -

sistematizar y publicar reunido el copioso nmnero de epígrafes latinos aparecidos hasta entonces a lo largo y ancho del anti -

guo Imperio romano.

petentes como Th.

meister, Henzen, HUleen, ~e Rosei, Domaazeweki, Dessau o Dreeeel,

nombres que por sí solos evocan una ~pooa tit~nica en el estu - dio de la Historia de Roma, la plasmaci6n de esta enorme te.rea fue el CORPUS INSCRIPTIONUM LATINARUM {CIL), para el que ee el,! gi6 una organizaci6n seg6n las antiguas circunscripciones pro- vinciales romanas. Unas veces ee agruparon según realidades ge~ gráficas naturales, como el caso de las provincias hispanas o las norteafricanas, y otras, como el caso de Italia, por regio- ,!!!!, dejando volwnenee singulares, por att extensión, interés o particularidad, como los de Roma, Pompeya, Gallia Narbonensia o el dedicado a los instrumenta domestica,

Con la colaboraci6n de especialistas tan

Bormann, Hirachfeld,

HUbner,

com

Mommaen,

Zange-

Esta gigantesca labor, entre 1863 y 1916, hizo del Corpus, como más comúnmente es llamado, la base indispensa- ble de la moderna epigrafía latina, a partir de la cual ea pre- ciso situarse para emprender cualquier investigaci6n, ya sea en el terreno de la epigrafía como en el de la historia romana o de su arqueología. Los historiadores en el sentido más puro de

le palabra pudieron a partir de entonces afladir la nueva y va - liosa documentaci6n, ordenada geográfica y temáticamente, y con exhaustivos Índices, a las r~lativamente escasas fuentes escri- tas antiguas, que tenían, y tienen, las desventajas siempre co-

nocidas de ser en muchas ocasiones fragmentarias,

llegado a nuestros días e través

siones, oon interpolaciones, lagunas, mezclas y errores que a veces hacen seriamente difícil au inte~preteci6n.

y

de

haber -

de innumerables copies y ver -

3

La Epigrafía tiene la enorme ventaja de su cre- dibilidad. Los piezas falsas son proporcionalmente muy es- casas y fácilmente detectables para un experto, de modo que la inmensa mayoría de lns inscripciones ae nos presen tan como documentos do primern mano, auténticos y utiliza- bles en casi un cien por cien. Elló hace 9~e, adell.\á~ ~e - ser una ~iencia en aí misma, sea también un imprescindi- ble auxiliar para la Historia Antigua.

Por ello. tras el Co;rnus vinieron una serie

de estudios cuya base era la recopilaci6n de muchas ins- cripc~onea, ordenadao en principio geográficamente, por núcleos de poblac16n antiguos, pero susceptibles de reor- denarse bajo nuevos y mÚltiplea puntos de vista. Así e~ menzaron a proliferar, especialmente en Europa, loa eatB dios jurídicos, prosopo8ráficos, demogr&ficos, profesio- nales, militares, sociológicos e incluso econ6micos ( 2 ). Las posibilidades brindadas por ln epigrafía eran enor- mes, y ello afiadi6 decenas de nuevas formas de análisis y síntesis de la antigUeded romana.

Pero con una antigUedad media de los volúme- nes del CIL entre los setenta y los más de cien aflos,

debido al auge de lno excavaciones arqueo16gicas y a

discreto mantenimiento del coleccionismo privado (no ya

por razones culturales,

número de epígrafes aparecidos posteriormente ha duplic~

do o triplicado lo ya recogido entonces.

añadir el mejor conocimiento que tenemos ahora de epígra- fes procedentes de la Europa Oriental, que durante bastan- tes aftos no nos han llegado o lo han hecho con dificultad.

y

wi

sino más bien invereionistas),el

A ello hay que

A]

e1:1fuerzo,

Desde 1088.

por otra parte,

hay que señalar

primero de Cagnat y Besnier y lu0go de otros

muchos investigadores franceses,

dando a

conocer cada

afio una

parte importante de las inscripciones publicadas en revistas especializadas, singularmente europeas, primero como faec!o~

los dentro de la Revue Archéologigue y desde 1960, oomo revi~

ta independiente, L ' Année Epigraphigue. De

una veintena de -

a.fios a esta parte, además, ee han iniciado algunas publicaciQ

nes específicas dedicadas preferentemente a la epigrafía, c,2 molas italianas Epigraphica y Titul1 o las alemanas Epigra- phiache Studien y Ze~tsohrift fUr Papyrol ogie und Epigraphik.

El nmnero de inéditos contenidos en ellas ea bgstante alto.

A pesar de todo, muchos nuevos epígrafes perm~ necen in~ditoe o se han publicado de manera dispersa, en gr~ pos pequefloe y en muy diferentes revistas científicas, sin una unidad de criterio ni en la ed1ci6n ni en la presentación, y muchas veces sin el adecuado aparato gráfico. En loe anos más recientes ae ha comenzado una nueva vía: a la vista del creciente número de inscripciones salidas a la luz deapu~s - d~l Corpus, y que restan ya total exactitud a su manejo, ·se han iniciado catálogos, generalmente por ciudades o museos.

En Hiapa.nia, y prescindiremos yo del resto del Imperio, que se halla en situaoión similar, y por ser aqué - lla el marco inmediato de nuestros trabajos, hemos de rEsal-

tar, cift~ndonos a loa últimos treinta e.fios, los siguientes - ejemplos: Ampuriae ( J ), Galicia (como único caso hasta ahQ ra de recolecci6n regional) ( 4 ), Odrinhas ( 5 ). Asturias

(

6

).

Baleares (

7

),

Vigo

(

8

),

Mérida (

9

),

Barcelona

(

10 }, Lara de los Infantes

(

11

),

Poza de la Sal

(

12

),

Cotuubra ( lJ

). Sagunto (

14

),

Tarragona ( 15)

o Lugo

-

(

16

),

y más recientemente aún,

Almería (

17

),

Tarrasa -

(

18

),

Soria

(

19

),

Museo de Pamplona (

20)

y C4diz (21).

Los criterios que han presidido éstas y otras publicaciones similares no son siempre los mismos: a vecea

5

son divergentes, y la calidad es muy desigual ( 22 ). Cierto que en ocasiones ~ata viene determinada por la misma calidad de las inscripciones que ae están estudiando, y por la mayor o menor dificultad de su leotura e interpretación. Pero tam- bién lo es que con demasiada frecuencia lo que se nos ofrece ea un mero catálogo, con lecturas no rigurosas ni críticas, sin ver personalmente todas laa piezas y dejando para otros, se supone, el estudio de los epígrafes en cuanto conjunto, y en cuanto documentos de carácter histórico que tienen mucho que decir si ae lea interroga adecuadamente.

no se suelen

estu<'Íiar, por ejemplo, loa 'tell.eres lapidarios, tiJi>os de es-

critura, preferencia de unos formularios sobre otros, signi- ficación de determinados elementos constantes, esto en cuan- to a lo meramente epigráfico. Lae constituciones municipales, relaciones co~ el reato de su convento jurídico en el caso de ciudades, de su provincia o del Imperio. La procedencia de la población, su poder económico, familias influyentes, el est~ dio de edades cuando puede hacerse ( 2J ), las preferencias religiosas, los oficios, el peso de la mujer y, en fin, una larga serie de cuestiones que muchas veces quedan sin reapon der, que son historia en sí mismas y cuya reaoluci6n puede - ser la principal aportación de la epigrafía o al menos, bajo nuestro punto de vista, la que debería intentarse por si9te-

ma.

Salvo muy afortunadas excepciones,

catálogos que hemos ido mcnci2

nando son parciales por sí miamos, por el marco elegido, que muchas veces no respeta la antigua circunscripción romona,ya sea municipal o conventual. El publicar los fondos de uno pr2 vincia es sin duda útil, pero la diversidad de prQcedenciaa impide efectuar lns prof\llldizaciones n que antes nos referí~ moa. Como vemos, sin embargo, la epigrafía hispana ha recib!

Una parte de loa

G

do un enorme empuje en los áltimos aftos,

reconocerlo. Sin un sistema unificado,

criterios más modernos al uso entre los epigrafistas intern~

cionales 7 con todos loa fallos que se quiera. pero hoy aab~

moa sobre la epigrafía de la península ibérica bastante más

de lo

y sería injusto no ignorando a veces los

que se sabía en 1950.

Es una lástima, sin embargo, que los 1nvest1g! dores eepaftoles al menos no hayan conseguido llegar a un - acuerdo eficaz y reunir unos medios humanos y materiales su- ficientes para llevar a buen fin la gran empresa de editar toda la epigrafía hispana unitariamente. Y no porque no haya habido intentos. Aftos atrás, los Prof. Tovar en Salamanca (éste con un contrato de la Academia berlinesa) y Navascuée en Madrid comenzaron la recopilaoi6n del material, quedando por distintas razones inacabada.

Por lo que se refiere a compilaciones de con-

junto, s61o existe en este siglo la obra de J. Vives,

ciones latina s de la Espafie Romana (Barcelona, 1971). Es una

obra en dos volúmenes, bastante polémica. En cuanto a los m~ teriales del ill es selectiva, ya que no recoge todos, pero en cuanto a las piezas nuevaa publicadas hasta 1970, eata obra

supuso un esfuerzo considerable para un solo investigador y, seg6n tenemos entendido, con medios materiales escasos. Ello puede explicar loe numerosos errores que contiene, de lectu- ras, de fuentes bibliográficas e incluso de procedencias de loa epígrafes. Ya tuvimos ocasión durante el Congreso Nacio- nal de Arqueología que se celebró en Huelva en 1975, de defen der lo que de positivo tiene el libro de Vives, es el único logro real de recoger loa miles de inscripciones aparecidas después del CorpU3 hispano y, utilizado con precaución, no se puede negar que tiene una clara utilidad, aunque no ea por - desgracia una obra destinada a perpetuarse.

Inecrie-

7

Otro intento aislado.

nunque con mucha mejor or

ganizaci6n. ea el del Centro Pierre Paris. de la Universidad

de Burdeos, que lleva yn m&a de diez affos recopilando gran - cantidad de inscripciones de la península ibérica, formando 1m archivo bastante amplio ( 24 }, que por el momento no se

ha vlasmado en una publicaci6n conjunta.

proyecto está el Prof. R. Etienne, y pueden considerarse un avance de estos trabajos. aparte de muchos artículos parcia- les. los catálogos de Conimbriga y Lugo ( 25 ), realizados - oon gran escrupulosidad y medios.

Al frente de este -

Por 6Itimo,

y en aftos muy recientes,

la reedici6n del viejo CIL en su tomo II,co-

ha co-

se

menzado por fin

rrespond1ente a Hispania. Esta reedición ea paralela a la que

se está realizando ya de otros volúmenes, singularmente el

VI,

las modernas técnicas informáticas simplifica enormemente las

distintas aplicaciones que se quieran dar al material.

de Roma,

publicado en varios

tomos

y

en el

que

el

uso de

Tampoco esta reedici6n es un proyecto actual. Hacia loa afloe treinta, la Academia de Berlín encarg6 al in- vestigador alemán L. Wickert la recopilación de materiales. Así lo empezó n hacer en diversos viajes por ln península, especialmente de museos y colecciones particulares, donde se acumulaban loa inéditos. pero el trabajo quedó inconcluso ( 26 ). Caai cincuenta años después, la auceaora en la Ale- mania Federal de aquella venerable inatituci6n berlinesa, la Akademie der Wisaenschaften. o trnvéa del Zentralinsti- tut fUr Altegeschichte.und Archtlologie, ha vuelto a poner en marcha el antiguo proyecto, que eatu vez tiene todos loa - auspicios favorables de materializarse.

El coordinador del proyecto por parte alemana

ea el Prof.

A.

U.

Stylow.

y por parte espa~ola el Prof.

J.M.

.8

Blázquez. Bajo su direcci6n están trabajando investigadores

espafioles, germanos y norteamericanos (en el sector referido

a nuestro país),

cias administrativas actuales, para adaptarlo despu~s a las tradicionales divisiones del fil• Será redactado, como ~l, en lengua latina y, entre otras muchas novedades, llevará - la muy importante del aparato gráfico. inexcusable e impres-

cindible hoy en día y principal desventaja del antiguo fil• No oreemos que nadie sea hoy capaz de evaluar el nmnero de epígrafes romanos aparecidos hasta e.hora en nuestra penínsu- la, pero se suele barajar con frecuencia una cifra en torno

a los quince o dieoiseie mil, es decir, unos diez mil sobre

el antiguo cuerpo de epígrafes recolectado con tanto interés y competencia por Emil HUbner entre 1869 y 1895.

en principio organizados según las provin-

Sea ista la cifra o una aproximada,

la tarea

de recop1laci6n y unificaci6n ea de una enorme complejidad,

unida a la propia redacción y edioión,

normas recientemente aprobadas en la reunión de los edito- res en Helainki en octubre de 1978 ( 27 ). Un c~lculo,opti-

mista en nuestra opini6n,da·un margen de diez aftoe para la

ejecución de esta magnifica empresa ( 28 ).

tro punto de vista, la epigrafía hispana debe ir haciendo - entre tanto un esfuerzo de adaptación y colaboración. asu- miendo las directrices de edioi6n, al menos parcialmente, y facilitando la publicación de eatudioa monográficos, del mo- do más eficaz y completo posible.

~sta adaptadn n las

Pero, bajo nueg

===~======~

(

(

l

2

)

I!

)

9

NOTAS AL CAPITULO I.l

Citaremos algunas de las más representativas: c. Peu tingei4, Romanlle Vetustat!s Fragmenta , Augsburg, 1503;

ll'lazochius, Ep~rammata antiguae Urbis , Roma, 1517;

J.

P.

Apianus y n.

s,

antius, Inscriptlones sacrosanctae

Sme

us,

Inscr ~

-

L ,A ,

vetusta tis non i ll ae uidem Romanae a ed totius fere

onum -

or

;

añtTcjue.rum l i ber,

1588 ; T. Reinesius, sr,tagma inscriptionum antifu Leipzig, 1682; A. Oor , Inscriptiones anti 6 uae n Etruriae urbi bus exatantes , Florencia, 172-1743 ;

Muratori , Novus Theaaurus

ngo da ad,

edit. por J. Lipaius en Ameres,

vetei'um

Ara Critica

-

8 rum,

inscriptionum , Milán -

Lardaría, Lucca ,

1739-1742 ; s.

1765;

G.

Maffei ,

.Marini ,

Gli atti e monument

de' fra te ll1 Ar-

vali, Roma, 1795 .

En

interesantes desde ámbitos específicos,

Eriscae Lat inita tis Monum.ente. Epiffraphi ca , Berlín, -

primer lugar, las selecciones de inscripciones más

como E.Ritschl,

;E. 11 bner, Exempla scrip

Caeearie d·idatoris mor-

TUbingen,

incluyenclo trece falsos

para -

C. G. Bruna , Fontes Iuris Ro-

1912¡

l:I .

Dessau,

vallas simoa

•mp· re ,

O

ox

,

.

che

La in

the Histor -¿)f-

er ,

arm

1$62 ( ya con 98 facsímile s ) ;

t urae epigraphic a e lati na.e a

te ad aeta·bem lustiñianl , .Berlin, l895 (con facsími-

les de 1229 epígraf es, comparaciones críticas);

mani Antigui ,

Latina.e Selectae, Berlín , 1892-1916, con

indices; después o simultáneamente fueron apareciendo obras de aplicac ión epigráfica , como W. Lindaay, lli!ill!-

book of Latin Inscririons illus ·trating the HJhstor! -

of the Language , Boa on, 1897 ; G.M. N. Rushfort ,

Historlcal Inacri tions illuetratin

a Lati-

na Epigraphica! Leipzig , 1895 ; Thesaurus Llñguae Lati- na.e , Roma , 190 • • ,, oon importante~ aportaciones epi- gri1ficas ; han s i do objeto de estudio con esta indispeg sable base la prosoposrafía del Imperio Romano (A , - Groag-E. Stein y otros) , su economía (T. Frank , Duncan- Jones) , la.a carreras ecuestres (Pflaum), los antrop6-

nimoa de todo tipo (I. Kajanto)

lnsorirtiones

•ar y

, la. lista sería in-

el

D'Ors ,

Aaí, S.

Mariner,

J.M ,

Blázquez ,

terminable , y evidencia el rango de primerísimo orden que debe concedenre a la epigrafía en cualquler estu-

dio de la AntigUedad DOmnna .

sido muchos loa autores que,

cincuenta,han basado estudios históricos y sociológi-

cos sobro los materia.les epigrtHicos.

M.L.

J.M. Roldán, c. Castillo, G. Alftlldy, J.M. Se.ntero,P, Piernavieja y otros.

En

A.

terreno hispano,han

sobre tod0 desde loa afias

Albertos ,

J.

Untermann ,

(

(

J

4

)

)

(

(

5

6

( 7

(

(

(

(

8

9

10

11

)

)

)

)

)

)

)

(

12)

1.0

M.

gas,

Almagro Basch, Las inscripciones aln~uritanaa grie-

ibéricas y latinas , Barcelona, 19 2.

A. D'Ore, P.

Filgueira, Inscripciones romanas de

Galicia {IRG), Santiago de Compostela, 1954-1960. Ea

ta empresi;-que sepamos, sigue siendo única en la pe

Con aus defectos y lagunas, hijos~

muchas veces de la falta de medios otras de la esca sez de epigrafistas profesionales (si exceptuamos aI

sigue siendo un hito en lo que a traba

jo de equipo se refiere y e la ambic16n de propósitos.

Vázquez-Saoo, A.

del Castillo, M. Váz -

quez Seijas y J.

nínsula Ib,rica.

Pro!. n:ors),

M.

Cardozo, Cat,logo das insori9oes lapidares do Mu- -

por es ·a poca loe de los

seu ar ueolo ico de s. Mi uel de Odrinbas, S1ntra,

Tam

n museos de Lisboa y Beja).

,

se

o eron

F.

Diego Santos, Epigrafía romana de Asturias, Ovie-

do, 1959.

C.

la dominación árabe, Roma , 19 5.

Juliá, Etude épigra 1 h;l.gue et ioonogrep}U.gue des

st~les funéraires de V go, Heidelberg, 1971.

tesis

doctoral, Madrid,

permanece in,dlto, aunque el autor en los aftos si - guientes ha ido publicando aspectos parciales del mi,!

mo.

S. Mariner Bigorra, Inscripciones romanas de Barcelo- na, Barcelona, 197J. De él oontlm'ia sin publicarse -

D.

Corpus de las inscrigoionee baleáricas hasta

Veny,

1.

Oarc!a Igleeiasi E~igraf!a romana de Mérida~

97. Este trabajo en su con unto

eI

t ·omo

II, dedicado a las ilustraciones, lo que res

ta a la obra manejabilidadi el Prof. Me.riner nos ha-

informado de su pr~xima aparici6n.

J. A. Abásolo, Epigrafía romana de la región de Lara

de

el prólogo que lo que presenta es un catálogo. prom~ tie nd o nuevos estudios para máe adelante. Es en ver- dad elogiable en esta obra el escrupuloso aparato - grátioo -que la cierra.

J. A. Abásolo, M. L. Albertos, J.C. Elorza, Loa monu mentoa funerarios de época romana. en forma de casa, de la re~lón de Poza de la Sal (Bureba, ]u:rgos), Bi.g:

loa Infantes , Burgos,

197~ . El

autor advierte en

go.s,

191

(

(

(

(

(

(

(

(

(

1)

)

14)

15)

16)

17)

18)

19)

20

21

22

23

)

)

)

1 1.

R. Etienne,

Conimbriga . II.Epigraphie

F.

eu territorium,

Alf8ldy,

Saguntum und Umgebung", AEspA 54,

G.

G.

Fabre,

P.

y

et soulpture ,

Leveque,

M.

Fouillee de Paris , 1976.

.Beltrán Lloris,

Epi~ra.fía. la tina de Sagw1tum y

1980.

Cfr.

Valeno a,

recensión de G,

"Ein Corpus der romieohen Inechriften aus

1981, 117,

Die rBmischen Inschriften von Tarraoo,

Heidelberg ,

1978. El más

AlfBldy,

(Mndrider Beltrl!ge,B),

extenso repertorio por calidad y cantidad de toda

la

Arias, P,le Roux, A, Tranoy, Inscri 9 tions romai-

mer resÜltado de le ooopereoi6n hispano-gala en ma- teria epigráfica. Un buen ejemplo de c6mo aunar tma impecable presentación epigrdfice con una buena in-

nea de la provinoe de Lugo, Paría, 197. Es el pri-

F,

península, muy e6lidamente presentado .

troducci6n previa sobre la zona a estudiar y une - bastante aceptable documentación gráfica, Quizá las

conclusiones podían haber sido mds a.mplias,

tas están más o menos representadas en otros traba-

jos monográficos de los

de

tivo, militar y religioso,

R.

campos administra-

singularmente

Trnnoy en loe

pero ás-

trea autores,

P,

le

Roux y

A,

Lázaro,

r!a. 1981.

Inscripciones romanas de Almario . Alme-

o

.

Fabre,

M.

Mayer e I.

Roda,

Ep igraf'i a romana de

Terrosa,

A, Jimeno, Epigrafia romana de Seria , Soria, 1981,

c. Castillo,

198. cri1ciones romanas del Museo de Navarra,

Tarresa, 1981.

J.

G6mez Pantoja y M• D.

Maule6n,

Ina-

Pomploña;

J.

Oonzález,

Inscri~oionee romanos de la provincia

19

2,

un nuevo

trabajo de

"Un trienio de epigrafía lati-

pág.

Unidad y

198), t,I,

119 un comple-

Es llamativo que

de Cádiz, Cádlz,

Muy recientemente ha aparecido

lo D1·a. C. Castillo:

na en Hispania: Logros y perapeotivas",

Madrid,

1uralidad en el mundo anti~uo,

1

05, que presenta a

partir

e

au

to ~péndioe de loa estudios de conjuntos epigráficos

locales y provinciales de Hispania.

uno

gran parte de ellos es posterior a 1976, Loe estudios llamados de "esperanzo de vida" o demo- gráficos sólo pueden realizaroo , en nuestro opini6n, sobre un conjunto significa'tivo de in:10ripcioneo de tlll mismo lugar y dotoc16n. nenultadoa uuHudos en pie- zas de los siglos I a.c. y In IV d . C. no pueden ser fiables porque en 500 affos han podido producirse cam- bios importantes de sanidad , higiene,horlazgos mé-

(

24)

( 25)

( 26)

( 27)

(

28)

12

dicos y terapeútiooa, presencia o no de guerras,

cataclismos naturales, epidemias, etc.,

rían forzosamente las circunstancias en veintioin co o cincuenta años, cuando más en quinientos. P~

ra nosotros, estudios como los de R. Oontreras, "Miscelánea casttllonensei•, en J . M. 131ázquez, ~-

tulo II, Madrid, 1979, 44 9-450,

Soria (op.cit.,

por las razones expuestas.

S~bre los fondos de este archivo y su ut1lizao16n,

ver recientemente R. Etienne,

París et la rávieion des insoriptions greoques et latines de la Páninsule ibárique", Oonimbriga, -

que va-

o

A.

Jimeno para

242 es.)

y otros,

son inválidos

"Le centre Pierre

XVI, 1977, 8J.

Cfr. notas 13 y 16 de este capítulo.

Una rápida visión de uno de estos viajes se encuen traen L. Wickert, "Bericht Uber eine Reise zur Vorbereitung einee S,;plementum His~aniense des -

Corpus Inscr1 6 t1onum atinnrum

der preussiac en Akademie der Wiseenachaften, Phil.-

Hist. Klaase, 1929, de edit ar solamente

mismo RUbner había publicado en 1895.

Un re flejo de este

ci6n puede verse en H. Krummrey y s.

teri di edizione e eegni diacriticitt, Tituli 2,

1980 , 205-215.

Un reawnen de toda la situaoi6n ~ue acabamos de des oribir puede consultarse en A. D Ora, "La eviden- cia epigráfica de la Galicia romana", Primera reun

ni6n gallega de Estudios Clásicos (Actas)

go de Compostela, l98l, 122 y especialmen'te hasta

la 124.

"Cri

11

, Si zungsberichten

era!i

que

el

IV,

3-9 , La idea, pues,

como el

un suplemento,

reunión en el aopecto de la edi

Panciera,

-

1

Santia-

CAPITULO I.2.-

13

PROPOSITO DE ESTE TRABAJO

Dentro del marco de loa estudios epigráficos

en España, que acabamos de describir a grandes rasgos, ae

encuadra nuestra investigac16n.

Cuando escogimos este

tema

para nuestra Memoria de Doctorado, hoce ya un tiempo, nos

propusimos profundizar en la

Itálica (actual Santiponce, provincia de Sevilla), cu:¡¡as e~ cavaciones dentro de este siglo han hecho ver la luz a num~ rosas pieza.a, que hacen ya poco eficaz la consulta de lapa~

epigrafía de una ciudad como

te a esta ciudad asignada en el ill (nos.

a 5116,

sin contar los instrumenta domestica y las marcas halladas

en el Testaccio (

1108 a 1162 1 5102

5037 a

5040 y

1

),

6278 a

6282)

es decir,

exactamente cien,

sobre recipientes cerámicos.

El prop6sito primero fue,

por tanto,

llevar

a

cabo una revisi6n de las piezas ya publicadas en el Cor-

cotejándolas con el original siempre que fuera posl - Para esta parte nuestra aportaci6n principal consiste

pus,

ble.

en la correcci6n de alguna.a lecturas y el aporte de fotogr~ fías cuando las piezas aún existían ( 2 ).

En segundo lugar,

recoger todas las inscrip-

ciones aparecidas o publicadas con posterioridad a la reco- lecci6n del CIL y de su Supplement\llll ( J ). Muchas veces lo hemos hecho a partir de publicaciones previas de otros estu- diosos, entre loa que cabe destacar a la recientemente fall~

cida D• Concepc16n Fernández-Chicarro, directora durante mu- chos afl.os del l'i:uaeo Arqueol6cico hispalense, que por su car-

go}por su Elmistose relaci6n, con el tambj,én desaparecido

Francisco Col1antea de Tcrán (de quien hablaremos más adelan

D.

te), public6 durante largos aftoa las inscripciones nuevas que iban apareciendo en Itálica y eran ingresadas en el Museo. - Las reviataa en que nonnalmente lo hizo fueron Memorias de los Muaeoa Arqueol6gicos Provinciales (AfütAP) y Revista de Archi- vos, Bibliotecas y Museos (RABM).

Hemos de hacer constar,

en lo que respecta a

loa

in6dit~s recientes, la colaboración prestada por el Dr. J.M• Luzón, quien llev6 las excavaciones de la ciudad durante el floreciente período de D. Florentino P~rez-Embid como Direc- tor General de Bellas Artes, entre 1970 y 1974. Aquél no pu- so inconveniente en que estudiáramos las inscripciones aper~

cides durante sus trabajos, singularmente las del teatro, a,! gunas de las cuales hemos ya publicado ( 4 ). Otros inéditos eran ya hallazgos antiguos, pero nunca publicados, especial-

mente ~entro de la colecci6n Lebrija,

de Sevilla.

hemos aumentado eonsiderablemen

te el catálogo de epígrafes italicenses. Como una investiga-

ci6n de este tipo no puede nunca

en la

Con todo ello,

darse por terminada, llevadas por la Dra.

en la

época más reciente de excavaciones,

Le6n a

foro nuevo,

lamentablemente,

P.

partir de abril de 1980, han aparecido,

zona del

al menos tres inscripciones de gran interés que,

no hemos podido incluir.

· Así pues, hemos recopilado exhaustivamente to-

da la epigrafía procedente de la ciudad de It~lica,

el sistema que más adelante detallaremos.

este catálogo razonado he~os hecho primero unas consideraci~

nes sobre las circunstancias generales de hallazgo de las

cripoionea,

hoy están o en otro

y los princ!

pales autores que parcial o generalizadamente se han ocupa-

do de ellas.

siguiendo

Para preceder a -

in~

formación de laa colecciones existentes donde -

tiempo estuvieron reunidas,

1~

El catálogo en eí hemos procurado hacerlo de la manera mds completa posible en su aspecto descriptivo,pa- ra lo cual hemos estudiado personalmente casi la totalidad

de ellas.

Pero no hemos querido limitarnos a la mera catalQ

gaci6n de textos,

tern~s de los epígrafes,

ocuparnos de epigrafía,

derado siempre fundamental

comentario sobre los elementos internos, de nomina y cognomina. eituaci6n social,

cias de éstas y otros, según cada caso.

ellos hemos ampliado el comentario,

sino n un comentario de los elementos ex-

aspecto que desde que empezamos a hace ya casi dmez eftos, hemos consi-

(

5

a ello hemos afiadido un

tales como estudio

procedeg

familias,

En bastantee de -

en piezas que

lo mere

-

cían, discutiendo determinadas interpretaciones de anterio-

res estudiosos o aduciendo hipótesis que puedan explicar te-

mas problemáticos de la

realmente son bastantea. Hemos realizado un especial esfuer- zo con una relectura y reinterpretaci6n de algunos aspectos del célebre bronce de Itálica conteniendo normativas respec-

to a los~ gladiatorios.

historia de esta ciudad b~tica,

que

Cierra esta parte un capítulo sobre las concl~ aiones a que el catálogo y todos los anteriores elementos de juicio, tanto de fuentes como arqueológicos, nos llevan. Ea la parte más difícil, a nuestro juicio, y la más interesan- te de realizar, Aquella en la que, como decía Matute y Gavi- ria en 1827 con las palabras que abren nuestro trabajo, loa docwnentos, "puestos en orden, fonnan la historio. de esta - ilustre ciudad". Allí hemos querido revisar la prosopografía o discutir el complejo problema de loa estudios demográficos; lo que se ha dado en llamar la "paleografía." de las inscrip- ciones italicenses que, ~atas sí, tienen la particularidad de ser en su mayor parte de un deteI'IJlinado período de tiempo, el siglo II d.C., lo que nos permite definir "escuelas" de lapidarios y broncistas trabajando para surtir una demanda - que hay que juzgar considerable, y con una calidad destaca- da. Esto a au vez llega a precisar un "estilo" en un tiempo

16

y lUgar muy determinados y, aunque en ~trecha relaci6n con el resto de la provincia bótioa, con peculiaridades que nos

han permitido saber en un almacén de mu era de It,lica antes de leerla.

eeo

que una pieza

Tambi,n allí hemos intentado estudiar el pro- blema aún no muy preciso de la conversión de la ciudad en municipio, de su posterior paso a colonia, de su papel en las llamadas "invasiones de ~ 11 del siglo II. Qué' es la Italica adlectio, o6mo explicarnos la presencia e in -

fluencia de senadores italicenses en el Senado y en loa ce~ troa de poder de Roma trat~ndose de una ciudad aparentemen- te pequefta y poco significativa, senadores que fueron sin duda el soporte de los dos emperadores italicenses, Traja- no y Adriano;; qué papel jug6 en &!Ita ciudad la Legio VII ge- mina, tan lejos de su campamento habitual. Todos estos son temas que han interesado durante muchos aftosa investigado-

res de todo el mundo,

mejor o peor fortuna, por dar nuestra personal respuesta. Hay que advertir que por circunstancias muy especiales no~ mos podido dedicarles todas las páginas que teníamos en prin cipio previstas, y lo que damos ahora es un muestrario de conclusiones rápido y conciso. Sin embargo, como el trabajo

de base lo tenemos hecho en todos loa temas,

a poder desarrollaflo adecuadamente en el futuro.

y a los que nos hemos esforzado,

con

no renunciamos

estudios

epigráficos. Las mismas inscripciones hubieran podido mirar-

se o estudiarse de otra forma, o con otros fines.

De esta manera es como concebirnos los

Un histori~

dor espaffol ya consagrado por los affos y las publicaciones -

nos dijo hace ya mucho que los catálogos son lo que permane-

ce a través del tiempo.

moa procurado que el repertorio sea completo, exhaustivo y fiable, dentro de lo que aquí y ahora nos ha sido posible. P~

Puede que tenga razón, y por ello h~

17

ro honradamente creemos que no entraría este trabajo dentro de la categoría de la investigación histórica si no hubiér~ moa intentado dar el paso siguiente. Creemos que la epigra- fía adquiere todo su aut~ntico valor cuando se encuadra en un contexto histórico arm6nicot al que ella aporta grandes datos.

No todas las inscripciones. ya se sabe, tienen igual valor. No pueden compararse las Rea Gestee del Monume~ to Ancyrano con una humilde oonmemoraci6n ftmeraria, Pero - ea obligado dar a cada una su tratamiento. Con ello llegarí~ mos al viejo y aún candente problema de quién es el artífi- ce de la historia: sin caer en visiones demasiado yn manose~ das, ea magnífico leer la descripci6n que el propio Augusto 1'18ce de sus obras, de sus campuflas militareat de eu tarea o~ ganizativa y constructora. Pero ¿c6mo podrí~ Augusto hnber llevado a buen t~nnino su ambicioso programa político-mili - tar sin aquel anónimo Arnbato, aquel Reburro e aquel Valerio que llevaron en alto sus águilas, fabricaron sus proyectos. disefiaron sus acueductos o cobraron sus impuestos., y cuyos - epitafios jalonan todos nuestras museos? Válgenos este some- ro ejemplo para dejar sentado que todos los epígrafes son diS nos de nuestra atención aunque su valor sea cuestionable pa- ra unos u otros ( 6 ).

Nuestro prop6eitot

pues, ha sido doble:

ofrecer

una colección lo m~s completa poaible de la epigrafía de la ciudad de Itálica, incluyendo un resumen sobre sus vicisitu- des, situaci6n actual y principales estudiosos y, en un se- gundo paso, hacer a través de estas inscripciones un intento de aproximacJ6n histórica a lo que fue esta ciudad bética y a lo que ella y sus ciudadanos pudieron representar dentro - de su espacio y de su tiempo.

18

NOTAS AL CAPITULO I.2

 

C 1)

fil rv,

26Jl a-h.

(

2)

No sabemos si

en el último momento podremos

 

1noluir las fotografías del Museo Británico, qua están encargadas desde octubre de 1982.

(

(

(

(

3) Ea decir, e los aftos 1869 y 1892 respectivamente,más los aparecidos en los suplementos al CIL que fueron los números de la revista Ephemeris EfSrttllica, espe

cielmente los fascículos II, VII, VII

y 1905.

y

,

entre 1S72

4) Por ejemplo nuestros nos. 53-4 y 105.

5) En ello seguimos las teorías del Prof. J. M• de Navas-

expresadae fundamentalmente en eu discurso de in

graso en la Real Academia de la Historia, El concepto-

de la eligraf!a: Consideraciones sobre la necesidad de

cuh,

su am~l ación, Madrid, l95J . Su tesis doctoral,

en Mariden 1948 (Los e 9 !~rafes cristianos latinos

de M~rida,

leida

ofr. BSAAV, 14,104 es . ) apuntaba ya en

esa direoci6n, airoomo trabajos posteriores (por ejem plo, "Caracteres externos de las antigua~ inscripcio- nes salmantinas", BRAH 152, 196), 169 sal-T uvimos oca si6n en nuestra época de estudiante en la Univeraidaa

Complutense de aprender y valorar este método a través

de la Dra.

mente

de inscripciones a través de los caracteres externos

nos fascin6 entonces y nos sigue interesando hoy de m~

nera muy principal,

rado aplicarlas y a~pliarlaa a travás de nuestras pro- pias experiencias investigadoras posteriores, esencial mente en el marco de la antigua ~aetica. Observamos,ain

embargo,

fía aotual que oreen en este sistema o lo aplican de

manera met6dica,

interesantes para el cotejo entre grandes áreas.

Ruiz Trapero, gran defensora del mismo.Real

hemos de reconocer que la posibilidad de datacíon

y aquellas enseaanzas hemos procu-

que son

muy pocos los estudiosos de la epigr~

con lo que se pierden posibilidades

6) Compárense las afirmaciones que acabamos de hacer con la siguiente expresión de HUbner (OIL II, p. 145: (ae-

guitur)

titulorum sepulcralium turl>a"vilis (11)7-11~).

======

1

1

1

19

CAPITULO I.J.- METODO UTILIZADO

Puede decirse que la epigrafía italicense se halla e61o relativamente dispersa. A pesar de estar sus ru!

nas sometidas a rebuscas y expoliaciones durante casi todas las lpocas, comenzando ya en la miDmB ~poca romana tardía -

pero especialmente durante el siglo pasado y los co-

mienzos de ~ste, las piezas epigráficas han quedado reduci- das en realidad a unas cuantas vías donde puede encontrárs!

las.

(

1

),

El primer objetivo fue,

por tanto,

comenzar a

reunirlas, fichando cada una individualmente. Comenzamos, n~

turalmente, por las del Corp~s. Allí HUbner reunió, por di-

S037 a

versos cauces, en el vol.

5040 y 5102 a 5116) y en el Supplementwn de 1892 otros 26

(5366 a 5386 y 6278 a 6282). Loa llamados instrumenta domes-

II 74 títulos {1108 a 1162,

~ de una manera general,

dos de vaeos, ladrillos. tegulae , vidrios, etc. oon letreros

escritos fueron tambi~n objeto de su atenci6n, reW1iendo en el vol. II 12 (4962-J. 4967-22/25/28 y Jl, 4968-17 a 20, 4969, 4970-J02b y 4972-90) y en el Supplementum otros 26 (6247-8. 6249-9/10/11, 6252-12 a 16 y )9 n 42. ~254-l/17a/l8/ J6/J7c/J8, 6256-Ja/6/23/31/J2/J7/J8/50 y 6257-16), es ~ecir, un total de JB. Nos ha parecido interesante aefialar en nuee- tro catálogo el lugar de origen de las piezas en época de - HUbner y d6nde se encontraban entonces, aunque ya casi nin- guna oorresponde con su actual eituaci6n, y bastantes se han perdido.

es decir, asas de ánforas,

fon-

Otras inscripciones estaban reunidas, fonnando el grueso e incluyendo muchas de laa del Q!.&, en el Mueeo A~

20

queológico de Sevilla, Cesa de la Condesa de Lebrija de la misma oiudad, Museo Monográfico de Itálica, Britiah Mueeum de Londres y un número reducido en otros museos y coleccio- nes, como el Arqueo16gico Nacional, y que en su respectivo lugar ee especifican. Dejando aparte las ya editadas en el Corpus, hemos intentado retmir toda la bibliografía donde - se publicaran por primera vez, se reeditaran, se recogieran o simplemente se mencionaran las inacripoiones. Como exis- ten en nuestro trabajo dos capítulos dedicados a museos y colecciones, y a la bibliografía en general, remitimos allí para máe detalles.

Una vez definidas bibliográficomente

las pie-

zas, salvo las in~ditas, hemos procurado verlas personalmen- te, al objeto de medirlas, fotografiarlas, cotejar diferen- tes lecturas y estudiar el material y cualquier otro elemen- to o característica externa que pudiera servirnos para su - datación o su coloceei6n y fin primitivos. No siempre lo he- moa conseguido, ya que el número de piezas perdidas es rela- tivamente elevado y en otros casos, como en el de las pieza:J del Museo Británico, no hemos podido desplazarnos personal- mente.

Una vez reunido y fichado

referencias bibliográficas y físicas,

el material en sí,

con aus

el problema de ou ordenaci6n. En un principio noa tent6 la

nos planteamos

idea de hac~rlo cronológicamente ( 2 ), pone al descubierto mejor que ningún otro

concentración de la epigrafía de una ciudad.

el caso de Itálica era más sencillo, ya que una gran parte

de los epígrafes ae

Aunque en Eapafia la dotación <le las

por loa editores o se dan unos márgenes excesivamente amplios,

por ser un método que

la progresión y -

Especialmente en

f.echan entre los aijos 100 y 170 d.C.

inscripciones o se omite

2 1.

salvo excepciones, nosotros somos de la opinión de que ea P.2 aible, siguiendo como modelo tablas tan tradicionales como - laa de Cagnat o Gordon ( J ), adaptadas para llispania con - le.e numerosas inscripciones fechadns con que contarnos, tra- tar de fechar epígrafes con un pequeño margen. Hay que hacer constar, sin embareo, que, por lo que a nuestra experiencia directa concierne, esto ea vdlido en principio pura las provin ciaa Hispanla Baetica y zonas NE y E de la Citeri o r Tarraco - nens i s , y algunas de Lualtani a . En cuanto ae adentra uno en la Meseta Central, N y NO de la península, la identificaci6n cronol6gica. se hace mucho más ardua { 4 ) •

Allí no ae suelen seguir los esquemas tradici2 nalea de cuadraci6n y el material. en vez de mármol (escaso en estas zonas), suele ser piedra calizaº• lo que ea peor, granito, que con el tiempo y loa nrraotrea sufren tales defo~ maciones que a veces ni siquiera puede identificarse en ellas' bien el texto. cuanto menos las características de letras que nos pudieran dar unas rnda o menos exactas dataciones. La no adopci6n en estas zonas del sistema unc1al (tarnbi~n rae.mudo librario o actuario) de escritura es también W1 obstáculo. Parece que allí los lnpicidas se sirvieron casi siempre de las capitales dibujadas (o cuadradas) oaí como de las dibujadas imitadas, a mano alzada, ejecutadas con peor o mejor forttu1a. Hay muchas excepciones, pero se observa una tendenci~ basta~ te definida por lo que hemos dicho.

Pero no es

éste

el caso.de lu Bética,

y ello

h~

biera quizá llevado a buen fin una ordenación del material -

por el orden cronológico. Si no nos hemoo decidido a

precisamente por la desigualdad del número de inscripciones

de cada época,

Trajano-Adriano-Antoninos

sistema:

desvirtúa per se la validez del -

ello ea

y

por el hecho de

que el

ser ln mayor parte de

no hubi~ramoa

conseGuido el

propósito inicial.

',r

('

22

): ord!

a cont!

Además de ser artifi-

cial por completo y no coincidente con ninguna realidad his- tórica, no puede derivarse de tal ordenación ningún resulta-

narlae por colecciones, ea decir, nuaci6n las del Museo de Sevilla.

Restan sólo dos métodos a utilizar ( 5

todas las del fil,

etc.

do inmediato,

sino que ha de imponerse una posterior reelab~

ración.

 

Hemos optado,

pues, por la ordenación consagr~

da por el Q!!! en general y por HUbner en particular para el volumen de Hiapania. Consiste, como de todos es bien conoci- do, en separar las inscripciones temáticamente y dentro de cada tema siguiendo lllla ordenación particular, que en el ca- so de loa dioses será por su relevancia, de emperadores por su cronología, de funerarias por su gentilicio, etc. Este - m~todo es seguido tambi6n, con variantes, por García Igle- sias, Mariner, Alfijldy, Arias et alii y F. Beltrán, entre - otros.

Por otra parte, hemos. caracterizado grupos es- pecíficos de la epigrafía italicense, como son el oonjunto - del anfiteatro, por ser muy homog~neo (a excepción de la se- rie de Némesis-Caeleatia, que va entre las religiosas) o las

res iuris,

coa y por el Aes Italicense,

gladiatorios,

importante también aquí por dos fragmentos ju:ríd!

con legislaci6n sobre los~

En cada inscripción,

aparte de lo ya dicho,

h~

moa sometido a discusi6n tanto el texto como sus caracteres externos, lea peculiaridades nominales de los individuos,las circunstancias especiales que reflejan los epígrafes, tales como cargos, dataciones, fórmulas especiales, etc. Hemos pue~ to especial interés en el origen de los gentilicios, convend:!, dos de que. en conjunto, podía darnos algún dato sobre la -

23

procedencia de loa primitivos habitantes de la ciudad.

bi~n los

cias, frecuencias y relación con otras

rio.

más amplias,

al sector de loa conclusiomes.

Tam-

cognomina han sido estudiados en cuanto a preferen-

provincias del Impe-

Otras veces el comentario se extiende a consideraciones

aunque hemos procurado dejar el grueso de ellas

tr~

ducci6n de las inscripciones. que no hemos incluído en nin- gún caso. S6lo presentamos el texto literal ordenado por los renglones reales (transcripci6n), seguido por una lectura e~

plicada donde se desarrollan las abreviaturas y contraccio- nes, se eliminan o suplen errores y faltas y ae proponen au- plementoa Beneralea, siguiendo las normas habituales en los estudios epigráficos. Nunco hemos compartido el criterio de incluir traducciones al castellano porque suponemos ~ue las personas que pueden estar interesadas en la epigrafía, o en los epígrafes latinos en sí, no necesitan de ello. Otra co- sn sería si el trabajo tuviera un carácter divulgativo o fu~

ra a publicarse con tal idea, en cuyo caeo, en atención a las personas no familiarizadas con la lengua latina, sería - casi forzoso incluirlas. Hemos hecho una excepci6n con alg~ nos párrafos del Aes italicense, precisamente aquellos más discutidos y en los que la traducci6n se hace imprescindi-

ble para hacer ver nuestro sentido del

gunas propuestas que hacemos de nuevas interpretaciones so- bre textos de la Historia Augusta.

Un aspecto que alude el

mátodo es

el

de la

texto.

To

rnbl~n

en a!

Como se habrá observado,

cado capítulo lleva

sus

díamos seguirlo en el catálogo,

dentro de ~1 cada epígrafe lleva sus propias notas,deade el

ne 1,al final d~l comentario de la piezn.

propias notas de pie de página; pero este sistema no po-

por su extensi6n.

Por ello

====::::====

(

(

l

2

)

)

NOTAS AL CAPlTULO I . J

Sobre eete e~polio de baja ~poca véase J.M. Luz6n, Ln Itálica de Adriano, Sevilla, 1975, lJ-14 y nues tro trabajo 11 Excavaciones en El Pradillo (Itálica):

un barrio tardío", I Coloquio sobre Itálica, Sevi- lla, octubre de 1980, actualmente en prensa.

Es el sistema que hemos utilizado en nuesttos tra-

bajos de Habia 5, 1974, 221 y~

a, 1977, 407,

en series de 13 y 14 epígrafes respectivamente.

(

(

(

J

4

5

)

)

)

R. Cagnat, Coura d'épigraphie latine, Paría, 1898

y láminas finales. A. y J. Gordon, !!=,

4•,

4 a

23

bum of dated Latin Inscriptions, Loa Angeles, 1964, aunque con precauoi6n porque se trata en este caso de epígrafes monumentales y a6lo de Roma. La tras- laci6n, por tanto, no puede ser automática. Es cie~ to que, en algunos casos, aparece una inscripción bien fechada que no se corresponde en los caracteres con esa fecha, pero en líneas generales. y para lna

zonas indicadas,

rios. El problema se eimplificar!a si pudiera lle- varse a oabo el estudio .Y publicaci6n de las inscri.E, clones fechadas de'llispania, tema. que hace ya af'ios nos interesaría realizar.

pueden establecerse ciertos crite-

Vid. Arias, Le Roux, Tranoy, op.cit., 111-112 y 121; a pesar de las dificultades, oonaiguen fechar 67 ill.! cripoiones sobre 101, aunque de manera no totalmente segura.

Se entiende que nos referimos a conjuntos de una sola

procedencia:

se ven constreñidos a utilizar previamente una orden.!!. oi6n geográfica.

los catálogos provinciales o de museos

======::i:===

25

CAPITULO I.4,- BIBLIOGRAFIA EPIGRAFICA DE ITALICA.

1.4.1.- Antes de 1869

Hemos de tomar forzosamente como primer límite

la fecha de 1869, porque es la primera vez que Emil HUbner - real1z6 la gran tarea, no s61o pare Itálica, sino para cien- tos de otras ciudades y despobl~dos, de recoger y publicar todos los libros, folletos, manuscritos, dibujos, simples -

scneda e , etc. que

- inscripciones del lugar en cuesti6n. El encabez6 las páginas e Itálica asignadas, a partir de la 145, con el nombre Q2.!2- n1a v•••• Italicenaium, basándose en el ne 11)5, uno de los

textos controvertidos, aunque ahorn sabemos que la ciudad en ~poca de Adriano se llamaba ya Col onia Aelia Augusta Itali - oensium.

~l conocía, donde se hubieran reflejado

Por ello,

lo que vamos a recoger ahora

es

en

una parte

muchos casos hemos ido,

mente las

critos de la Real Academia de la Historia de Madrid. No hubo, sin duda, un mejor conocedor de la literatura de antigUedades peninsulares entre loa siglos XVI y XIX que este ilustre ep! grafiata alemán.

los valiosos monu~

importante debido al eafmerzo de HUbner, aunque en

no

a

comprobar,

sino a ver personal-

fuentes que ~l cita,

en ~apecial

La mayoría de

los autores citados

los recoge en

el pr6logo que precede a los epígrafes, prólogos en los que suele tambi~n hacer un breve resumen de las m~s destacadas - inscripciones de cada ciudad y su aignificuci6n histórica.

26

Los primeros autores que en Eapa~a gicieron

colecciones de epígrafes no recogen ninguno de Itálica,

vo A.

sa!

de ?.torales

(

1

) ,

que atrl buye el de

O.

Marcio Apilo

(Q.!.!! II 1

llJJ) a nuestra ciudad cuando el anónimo de Grono-

vio la daba como antequerana.

nio y Mu.ratori (

Posteriormente Nicolás Anto-

2) confirmaron este opinión, Las diacusiQ

nea

fwidamentales

sobre Itálica, llamada entoncee 11 Sevilla

la

V!eja 11 ,

en

loa siglos X:V y XVI,

se reducían a defender

si las ruinas eran realmente el solar de la antigua Hispa-

!.!!! o se trataba de \.UlB ciudad distinta,

Italica u Osset

(

J

).

F.s sin duda de entre loa arqueólogos del Re- nacimiento hispano el más destacado el ilustre humanista - de Utrera Rodrigo Caro, quP. con escrupulosos razonlllllientos y crítica de textos llegó al convencimiento de que aquellas ruinas próximas a Sevilla correspondían a la Itálica patria de emperadores de que hablaban las fuentes clásicas. Contr! y6, además, a su glor ie con una bella elegía, "A lee ruinas de Itálica", donde se reswnen mejor que en ningún escrito científico la desolación y loa escombros en que tan opulen- ta ciudad se convirti6 ( 4 ), En lo que se refiere a inscri~ ciones, nos hizo llegar la de M. Acaena Rufo (CIL II, 1137),

(nR

76 CaMl.)

En el siglo XVIII se produce la mayor parte -

de las aportaciones:

las

de

J,

Pardo y Figueroa,

marqu6s de

Valleumbroaa (

5

),

A,

Carrillo (

6

),

A,

Fern4ndez-Prieto y

Sotelo ( 7 ), an6nimo sevillano (

8

),

J,

Velázquez (

9

),

L.

Germán ( 10 J, Maadeu ( 11 ), E, Flórez ( 12 ), P. A,

Ponz

(

13

) ,

J.

Bayer (

14

)

y

C.• M,

Trigueros

(

15

Todos e llos, Castillo y como Ve lázquez,

) •

o bien ocupándos e e61o de Itálica,

Prie to,

Masdeu o Fl6rez,

como Pardo,

o bi~n dentro de estudios más amplios,

dan a conocer o repiten unos de otros algu-

(ne:1.16)

27

nae de laa más célebres inscripciones de la ciudad, que por entonces se hallaban recogidas en el patio y en el "apeade-

roº del Monasterio de San Isidoro del Campo. justo a la en- trada del actual Santiponce ( 16 ). De eate aiglo también es el erudito franciscano Fray Fernando de Zevollos,.quien de-

dicó muchos años de su vida al

cripciones, aunque el mayor de aue manuscritos no fue publi-

por HUbner en

cado hasta 1886 ( el Supplementum.

estudio de la ciudad y sus in!

17

),

y

ourioaamente omitido

A comienzos del siglo XIX hace su célebre via- je por España el orque61ogo-pintor A. de Laborde ( 18 ), que recoge tambi~n en sus escritos tres inscripciones italicen-

ses. Terreroa y Palomares ( 19 ), en sus estudios paleográfi cos hacen alguna alusión a una de ellas. lli II, 1149, de Galla Blasti f. Ya a mediados del siglo, IIUbner trabó amis- tad con el abogado sevillano Fco.J. Delgado ( 20 ) 1 quien tenía achedae de varias inscripciones de Itálica que fueron recogidas, años más tarde y con algunas adiciones, por M. Ru,y bal Fl6rez ( 21 ). pero además su hijo Antonio hizo entrega de las mismas a HUbner paro. que pudiera eatud±orlas mejor 1 1o que ~ste hace constar. En la misma época Esteban Paluzie, en

Paleografía Española , edit6 algW1os calcos que había tom! do M, Bofarull en Itálica.

su

En 1827,

J,

Matute y Gavirio hizo W1a de las más

conocidas obras sobre Itálica ( 23 ), muy en la línea de Zev~ llos, cuyos manuscritos debi6 conocer. y donue recoge no sólo los textos de muchas inscripciones, sino tambi~n sus dibujos, de escasa calidad pero ilustrativos. Este libro lo hemos ut! lizado bastante porque, a pesar de no tener la talla del de Zevallos. y estor plagado de textos que no son suyos, da mu- chos datos de hallaz~os coetáneos.

28

Ivo de la Cortina,

cu:DJ,s peripecias hasta

con-

y lo hare-

mos en el capítulo que dedicamos a la historia de las

vaciones, comenzó a imprimir una obra ( 24 ), d e la que HU~ nervio en Madrid, en casa de Antonio Delgado, cincuenta y dos páginas con litografías, pero después no se termin6. En la Real Academia de la Historia quedan tan1bién sus Informes y Memorándums, dirigidos á esta instituci6n, donde se reco- gen tambiln loa epígrafes hallados por él.

exca-

seguir excavar en Itálica son dignas de menci6n,

Otra fuente importante para HUbner, y para n2 sotros, fueron las notas de Demetrio de los Ríos, célebre arquitecto de lo época que ejeout6 durante varios afios tra- bajos de excavaci6n y restauración en el anfiteatro por eg cargo oficial ( 25 }. Además de ello, envi6 info:nnes peri6-

d1coa a la Academia ( 26) dando cuenta de sus progresos; - éstos se conservan allí. Para .satisfacer su propia afici6n, fue formando un fichero de epigrafía (y suponemos que de - otras materias, tales como las propiamente arquitect6nicas) que. junto a algunas piezas de su propiedad, conservaba en su casa de Le6n, donde fij6 su residencia al hacerse cargo de los trabajos de restauración de la Catedral. De ahí que en varias ocasiones diga HUbner en la edición de 1892 que "se conservaba en Le6n en caso de D. de los R!os 11 , o que "el calco se lo remit16 etc.". En es te aspecto hemos teni do la suerte de contar con fotocopia de una serie de dibujos que este mismo erquiteoto realiz6 sobre bastantes epígrafes it~ licenses, exactamente treinta y ocho ( 27 ), Lo escrupulosi- dad propia de un arquitecto con la que están hechos nos ha permitido confinnar lecturas, desechar Algunas y cotejarlas con las de Matute, que en ocasiones nos parecía modificnba

los original es,

donos, naturalmente, a los que luego ée perdieron.

luego vimos que infundadamente.

Esto

refiri~n

29

Por 61timo,

Pedro de ),1Rdrazo (

28

)

tiene el

honor de dar la

dedicado a Vallio Maximiuno. (?10 74)

primera noticie. sobre el

célebre pedestal

I.

4.

2.- Entre 1869 y 1905.

Entre las dos ediciones del lli II,

la prime-

ra y su Supplementum. y la aparici6n de loo

fascículos de

la Ephemeris Epigraphica que interesaban 11 IIispnnia

se pr.2,

dujeron algunos de ios más importnntes hallazgos, entre e- llos el llamado "Bronce de Itálic~", en 1888. Durante estos af'.los, sin embargo, no es mucho lo que se publica, y HUbner se surte especialmente de fichas y calcos que le son envia- dos a Berlín por algunos de sus colaboradores, más los que él mismo recoge en sus viajes a la península, como el que realiza expresamente en el mes de Mayo de 1089 pura conocer y estudiar directamente el bronce aparecido el afio anterior.

Hay que destacar en esta etapa a

Antonio Ar!

za,

secretario de la Diputación Arqueológica de Sevilla. -

por lo que nerlanga deja entrever (cfr.~)

que parece,

Ariza rni-

sit ea frecuente entre loa números del Suplemento. Otras inscripciones de excavaciones de estos años fueron recogi-

tenía gran amistad con el aabio olernán,

La frase

das en publicaciones

como el BuYletin des Antiguaires de

France (las de Vernet) y el Boletín de la "Real Academia

de

Fita y del :Marqu~s de Monsalud

la

Historia

(.filYill),

singulannente a

(

29

).

careo del P. Fidel