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Lo magistral en la condesa sangrienta de Pizarnik

Mabel Osorio Pedraza


Cód. 2005840
Mabelosorio0505@yahoo.es

Alejandra Pizarnik (1936-1972), poeta, crítica, ensayista, en fin, escritora argentina nos dona en
su obra una mixtura que reúne características como singularidad, oscuridad, humorística, belleza-
horrorosa y obscenidad de la cual se erige como obra de mayor esplendor la condensa sangrienta,
que dadas sus particularidades se configura como obra preponderante dentro de la literatura
latinoamericana y cumbre de su producción. En relación con lo dicho, el presente texto responde
al cuestionamiento de ¿por qué la condesa sangrienta puede ser considerada canónica dentro de
la literatura latinoamericana y cima de su producción? Para dar respuesta a esto, se pretende hacer
un abordaje a la misma desde tres aspectos: en primer lugar, destacando los elementos que
demuestren una forma nueva de escribir, seguidamente, argumentando la cualidad de “sin par” y
finalmente, desde la cualificación de amalgama magistral de estética y macabro.

En general, la obra de Alejandra Pizarnik se destaca por ser disímil y compleja, reflejo de su
proceso creativo y escritural, en este sentido, enfrentarse a su producción es operar un sistema
considerado en sí mismo y no en la complacencia de expectativas ajenas, cada palabra está
pensada, como producto de la interpretación de su propia lectura y elegida por su significación en
el entorno mismo de la palabra, tal como lo deduce Rodamar (1991) al hacer referencia al proceso
escritural de Montaigne:

Penser que l'on comprend un mot parce qu'il possède un contenu sémantique stable et donné une
fois pourtoutes s'ancre dans une fausse image des notions de «comprendre», «signifier», «penser».
L'écriture de Montaigne implique une réévaluation de telles conceptions à partir d'une rupture, d'un
recodage des normes culturelles : là réside le dynamisme des Essais, d'une œuvre qui s'écarte des
domaines de référence traditionnels pour construire son propre système de referents. (Rodamar, D.
1991, p. 26)
En semejanza a la concepción de escritura del padre del ensayo, Alejandra es selectiva con e uso
de la palabra, dado que ella pretende utilizarla de modo tal que se supere la carga semántica de las
mismas y adquieran un nuevo sentido y significación. Por tanto, el proceso escritural de la talentosa
autora se aleja de un acto irreflexivo o circunstancial y se convierte un evento deliberado
enmarcado en la determinación metódica de los elementos que permitirán a la obra misma un
estado de empoderamiento que seduce al lector por su perspicacia y belleza.

El señalamiento anterior, denota el trabajo minucioso detrás de la obra y esté es


particularmente meticuloso en la condesa sangrienta ya que se inicia con la idea de hacer un
trabajo de traducción, lo cual presupone una labor de lectura dedicada y de interacción con el texto
original que trascienda la interpretación del mismo y alcance un acercamiento incluso a nivel de
autoría, pues Pizarnik para lograr la reescritura del mismo necesita pensar el texto desde la mente
misma de Penrose. De ese modo, comienza la aventura escritural que da paso a la creación de un
texto polimorfo que se inscribe en varios géneros, dado que por su forma de escritura presenta
características propias de cada forma discursiva. Lo anterior como ya se dijo, da lugar a un híbrido
plurigénero que como toda su obra trasgrede las formas habituales y con irreverencia se constituye
en sí mismo como un centauro o un minotauro mitológico. De ese modo, al acercarse a las tres
primeras líneas del texto (sin contar el epígrafe), pueden dar a pensar que se va a enfrentar a una
suerte de reseña, dado que su observación es muy objetiva, directa en su abordaje del texto y más
específicamente sobre la autora del mismo: “Valentina Penrose ha recopilado documentos y
relaciones acerca de un personaje real e insólito: la condesa Bárthory, asesina de 650 muchachas”
(Pizarnik, A. 2009, p. 7). La forma como ocurre la enunciación de las ideas hace pensar la
construcción de un texto formal, que va a presentar de forma general el texto original y sin embargo
dista de eso, no es ese su propósito de escritura y se va a develar prontamente.

En contraste, los párrafos siguientes se caracterizan por la presencia de una crítica, de una
valoración del texto, de la autora e incluso, con un intento de presunción del pensamiento de
Penrose, en definitiva, es la voz de Pizarnik que con osadía e intrepidez expresa sus percepciones
de la obra y fragua una especie de sentencia que la cualifica. Así frases como: “Excelente poeta”,
“No es fácil mostrar esta suerte de belleza” (p.8), evidencian ese carácter crítico del que se habla
y transforma la producción del texto; ya en este punto, no se halla la tarea de traducción, ni la
suerte de reseña, ni la especie de comentario, ahora se convierte en un texto crítico, este es el texto
metamórfico, que cambia, que se renueva, que es uno y es otro a la vez y no es ninguno en
particular y es todo en plenitud.

Y no se detiene. Esa construcción polimorfa se mantiene, ahora transmuta y da paso a un


párrafo a modo de ¿qué?, de ensayo tal vez y recoge otras voces, y describe el horror de lo maléfico,
de lo macabro, de lo tortuoso y continua, hermoso, con la belleza propia de lo escrito, de la palabra
pensada, elegida, erguida, sometida a juicio. Este hecho es aquello que la configura como única,
como una obra que se eleva entre las otras, como una con características diferentes pero armónicas
al tiempo, como un híbrido multiforme, variante, raro, con una dinámica exclusiva, muy
Pizarikiana, esto a causa del tratamiento literario que lo produce.

Finalizada la experiencia pluriforme hace presencia un nuevo modo discursivo, once


narraciones cortas, a modo de cuento o de relato en el que en su gran mayoría corresponde a la
traducción y selección de historias que merecen ser contadas, que guardan una alta fidelidad con
el texto original y que a lo mejor son privilegiadas por conseguir un mayor impacto en el lector, o
porque lograron imprimirse de mejor manera en la escritora y son por ende más atractivas para
ella, más oscuras y brillantes al unísono. Estas constituyen una fragmentación del texto, una
ruptura a la unidad. Sin embargo, conservan un hilo que las lía y las mantiene firmemente
fusionadas y que va más allá de la temática, de la asombrosa y macabra historia de la condesa
Erzsbet Barthory, este es en definitiva lo que Patricia Venti (2016) enuncia como “lo decisivo (…)
la peculiar articulación del material literario”.

Tal particularidad permite un acercamiento un tanto segmentario a la obra, y es que muchos


ignoran, que todos son parte de una misma historia, la de la condesa Barthory, y aunque bien podrá
siempre ser parcelada y tomados solo algunos relatos por separado conservando aun así un sentido
totalizante, siempre será una lectura sesgada y partida de la verdadera historia, no obstante, no hay
ningún elemento en la composición que lo impida. Pero, que pobre sería ese acercamiento si se
limitara a unas cuantas narraciones pues una vez puesto en marcha, sin atender a lo expreso por
Venti, quien afirma que en el proceso el lector se verá seducido por esta obscena creación que
logra que “El lector quede sobrecogido porque lo desea o no, (pues) es al mismo tiempo testigo y
partícipe de la acción, hay una implicación directa” (Venti, P. 2006, p. 7). En este acto segmentario,
Pizarnik halla de forma deliberada un método para lograr dar mayor intensidad su trabajo de
reescritura de la obra, y lo logra a través del uso de subtítulos que no solo enuncian sino qué parten
en porciones más pequeñas el texto y principalmente en el uso de epígrafes que dan fuerza a estos
subtítulos o simplemente orientan la lectura del interlocutor causando mayor impresión que el
relato mismo.

De otra parte, el ya nombrado trabajo de traducción, ese tratamiento de las palabras es aquello
que convierten la condesa sangrienta en un texto sin par, que encierra en la belleza poética de la
escritura el proceso de trasladar de una lengua a otra el texto. Y es el producto de repensar el léxico
a usar, la construcción de las frases, la conservación no solo de la semántica si no principalmente
del sentido lo que hace de este trabajo, uno ejemplar. En este sentido, en la obra es posible
encontrar textos idénticos en términos de significado, y otros como el que veremos a continuación
cuyo valor se basa en la transposición de significación y la construcción de un sentido totalizante
que genere más; más impresión, más impacto, más seducción:

Si hubiera querido, habría podido devastarlo todo a plena luz; quizá hubiera dado menos que hablar.
Pero las tinieblas, la soledad sin recurso de los subterráneos de Csejthe casaban mejor con las negras
cavernas de su mente y respondían más a las exigencias de su terrible erotismo de piedra, de nieve
y de murallas. Loba de hierro y luna, Erzsébet, acosada en lo más hondo de sí misma por el antiguo
demonio, sólo se sentía segura acorazada de talismanes, murmurando conjuros, resonando en las
horas de Marte y Saturno (Penrose, V. 2001, p.47).

De haberlo querido, hubiera podido realizar su gran “obra” a la luz del día y diezmar muchachas al
sol, pero le fascinaban las tinieblas del laberinto que también se acordaban a su terrible erotismo
de piedra, de nieve y de murallas. Amaba el laberinto, que significa el lugar típico donde tenemos
miedo; el viscoso, el inseguro espacio de la desprotección y del extraviarse (Pizarnik, A. 2009, p.
49).

Como se puede observar, solo aquello que encontramos en cursiva deriva de la traducción, es
decir del proceso de hallar significados equivalentes en una y otra lengua, pero lo demás, esa
paráfrasis indirecta, esa otra voz que cambia el orden, la descripción, el significado es lo producido
por Pizarnik y es la nueva obra que pretende conservar el sentido con el que fue escrito la primera,
pero que hace que esta se disuelva en el proceso mismo de la reescritura, con lo cual la poeta
argentina se adueña del texto, lo hace propio, a su manera, lo magnifica y lo diferencia del primero,
en pocas palabras lo hace disímil.
Otro detalle relevante en la reescritura de la condesa sangrienta, lo constituye el uso mismo
de la lengua para articular dos temáticas antitéticas entre ellas la estética y lo macabro, la belleza
y lo horroroso, en este sentido si se repasa el fragmento anterior es preciso señalar el siguiente
fraseo: “hubiera podido realizar su gran “obra” a la luz del día y diezmar muchachas al sol, pero
le fascinaban las tinieblas del laberinto que también se acordaban a su terrible erotismo de piedra,
de nieve y de murallas”(p.49) ¿cuál es el sentido que albergan tales palabras?, ¿qué espeluznante
hecho se está narrando?, y lo hace de una forma tan natural, como si la muerte, lo oscuro, lo
desagradable en conjunto con la forma poética estuviese cargado de una belleza extrema y entonces
es hermoso y monstruoso este minotauro Pizarnikiano.

Al mismo tiempo, se constituye como obsceno, profundamente arrebatador en la forma como


se expresa y algo tan desagradable y tortuoso es transformado en otro sensual, deseado, que
traspasa al terreno de lo sexual e incita y escandaliza, visión corrupta con la que se aprecia el
siguiente fragmento:

La condesa, sentada en su trono contempla (…). La autómata la abraza y ya nadie podrá desanudar
el cuerpo vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos maquillados de
la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales que atraviesan a su viviente compañera de
largos cabellos sueltos como los suyos (Pizarnik, A. 2009, p.11).

Tal grado de perversión, de sadismo se desdibuja en el relato de belleza sensual de hermosura en


aquello que la caree, el asesinato y, sin embargo, el acto mismo, descrito en ese lenguaje particular
es profundamente obsceno, con una gran carga de simbolismos.

De este modo, a lo largo de la condesa sangrienta de Pizarnik se destacan diversos fragmento


que se cargan de connotaciones, que se pueden comprender de forma dual, que como su forma son
y no son y pueden ser; como por ejemplo la percepción que nos enseña la poeta de la condesa,
mujer silente, que encuentra desfrute en el sufrimiento, placer en la trasgresión tortuosa del otro;
personaje que produce dolor sin infringirlo directamente, que anhela su belleza a perpetuidad y
que para conseguirla está dispuesta a todo, porque ella, bajo el nombre de Bárhtory no puede ser
cosa diferente. Esta amalgama estridente de lo bello y lo horroroso en sí misma magistral por sus
características escriturales, por ser centauro, minotauro, figura mítica de lo perfecto e imperfecto
ocupando el mismo espacio, por ser uno y muchos en modo discursivo y en constitución de la
estructura misma del texto, parcelado y completo, propio y ajeno, donde el trabajo de reescritura
se superpone una y otra vez, primero por Penrose y luego por Pizarnik donde se discute la autoría
y se enaltece la labor de la poeta argentina, donde se alza la obra más completa, que refleja el
trabajo dedicado de los grandes que solo puede llevar a lo grandioso, tal como son las obras de
Flaubert y Montaigne, pensadas y sostenidas en la palabra.

Referencias

Pizarnik, A.& Caruso, S. (2009). La condesa sangrienta. Barcelona, España: Albur producciones
editoriales.
Penrose, V. (2001). La condesa sangrienta. 2da edición Madrid, España: ediciones Siruela.
Rodamar, D. (1991). La rhétorique de Montaigne. Études françaises, 27, (2).
Venti, P. (2006). La traducción como reescritura en La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik
. Espéculo: Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.
Venti, P. (2007). Reescritura y postmodernidad en "La condesa sangrienta" de Alejandra
Pizarnik. Actas del XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas "Las dos
orillas ", Monterrey, México del 19 al 24 de julio de 2004 / coord. por Beatriz
Mariscal, María Teresa Miaja de la Peña, Vol. 4, 2007, ISBN 978-968-16-8413-
6, págs. 739-747