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Líquidos y electrólitos

Sualy Ruiz Morera, Maricela Ríos


Rodríguez,
Idalberto Almeida Calzado y Jorge Torrecilla Rojas

El peso corporal en un adulto es de 70 kg; el 60 % (42 L) corresponde a los líquidos del


organismo que contienen diferentes solutos y electrólitos; estos tienen como función principal
transportar el oxígeno y nutrientes a las células, eliminar los productos de desecho del
metabolismo celular y mantener el medio físico y químico estable dentro del organismo, que
permita los procesos metabólicos necesarios para la vida.

Para que sea posible la correcta función de los sistemas corporales es imprescindible mantener
el equilibrio hidroelectrolíticos y ácido-base, ya que existen diferentes cuadros patológicos
asociados a numerosos factores que pueden provocar la ruptura de dicho equilibrio (ingestión de
líquidos, dieta equilibrada) así como la valoración y corrección de posibles desequilibrios que se
puedan producir, serán objetivos de los cuidados de enfermería.

Fisiología

Los líquidos y electrólitos en el organismo humano se distribuyen entre 2 espacios: el celular y el


extracelular. El líquido contenido en el espacio intracelular representa 40 % (28 L) del peso
corporal y en él se encuentran disueltos solutos esenciales para los procesos metabólicos
esenciales.

El líquido del espacio extracelular que supone 20 % del peso corporal (14 L) y que está
compuesto por líquido intersticial, 15 % (10,5 L) distribuido entre las células y fuera de los vasos
sanguíneos y el líquido intravascular o plasma sanguíneo 5 % (3,5 L).

Otros líquidos extracelulares son la linfa, el líquido transcelular y el líquido presente en los
órganos y que se caracteriza por ser inaccesible a los intercambios rápidos con el resto del agua
extracelular. El líquido extracelular transporta otras sustancias como enzimas y hormonas,
también transporta componentes celulares de la sangre, entre estos los eritrocitos y leucocitos
por todo el cuerpo.

El porcentaje total de agua en el organismo sufre variaciones considerables en dependencia de


factores como la edad, el sexo y la cantidad de tejido adiposo. Los obesos tienen menos líquidos
ya que las células grasas contienen poca agua. Las personas jóvenes tienen un porcentaje de
líquidos corporales más alto que las de mayor edad y los varones más que las mujeres.

Al nacer la cantidad de agua es de 75 % y desciende de forma progresiva hasta el período de la


adolescencia, cuando se estabiliza en 60 % para el varón y 55 % para las mujeres, debido a que
posee mayor cantidad de tejido adiposo. A partir de los 60 a?os los porcentajes de agua corporal
disminuyen hasta los valores de 50 % para el varón y 45 % para la mujer. También para un
mismo sexo e igual edad el porcentaje de agua es mayor en las personas delgadas que en las
obesas.

Los líquidos del organismo contienen solutos y electrólitos en concentración variable según se
trate en el espacio intracelular o extracelular. En la composición de líquido extracelular el sodio
(Na+) es el catión predominante con valor normal entre 135 y 145 mEq/L, mientras que las
concentraciones de otros cationes como el potasio (K+) concentración normal entre 3,5 y 5,0
mEq/L; el calcio (Ca+) concentración normal entre 4,5 y 5,0 mEq/L), entre otros son muchos
menores. De forma contraria sucede en el análisis de la composición del líquido intracelular
donde el catión con mayor concentración es el potasio (K+ valor normal de 156 mEq/kg de H2O),
segundo del magnesio (Mg++: 20 mEq/kg de H20), mientras que la concentración de sodio es
muy baja (Na+: 10 mEq/kg de H20) (tabla 3.14).

Intercambio de líquidos y electrólitos entre los espacios intracelular y extracelular. La


diferencia de composición electrolítica de los líquidos intracelulares y extracelulares se generan y
mantienen mediante procesos de transporte activo localizados en las membranas celulares y que
implican un consumo de energía. El ejemplo más conocido es la bomba Na+/K+, que extrae el
primero del interior de la célula e introduce al segundo en contra de sus gradientes de
concentración respectivos. El intercambio de agua y solutos entre los diferentes espacios se
produce gracias a los procesos de transporte pasivo de difusión, que es la tendencia de las
peque?as partículas a diseminarse por igual en un determinado espacio desde la zona de mayor
concentración y ósmosis que es la difusión del agua a través de una membrana selectiva
permeable.

La presión hidrostática y la presión osmótica creadas por los procesos de difusión y ósmosis
respectivamente son las fuerzas que rigen los intercambios entre los diferentes espacios. Las
transferencias netas de agua entre el espacio intracelular y el extracelular solo ocurren cuando
se modifican la osmolaridad en uno de ellos y se establece un gradiente de presión osmótica que
provoca el espacio de agua del espacio más diluido al más concentrado.

Ganancia y pérdida diaria de líquidos. Regulación. Además del trasvase entre los espacios
intracelular y extracelular que se produce en el interior del organismo, este intercambio de agua
y electrólitos con el exterior se produce a través de las vías pulmonar, cutánea, digestiva y
renal.

La necesidad diaria de aporte de líquidos en un hombre adulto con un peso de 70 kg es


aproximadamente de 2 600 mL y su ingreso en el organismo proviene de la ingestión de líquidos
(1 300-1 500 mL) de agua contenido en los alimentos sólidos (800-1 000 mL) y de agua de la
oxidación producto del metabolismo 300 mL.

El mecanismo de la sed y todos aquellos estímulos fisiológicos que influyen sobre su centro-
control situado en el hipotálamo, así como el incremento de la osmolaridad plasmática son los
responsables de la regulación de la ingestión de líquidos.

La cantidad de agua que en condiciones normales pierde diario un adulto es, al igual que las
ganancias, de unos 2 600 mL y ocurre a través de los ri?ones, la piel, los pulmones y el tracto
gastrointestinal.

Los ri?ones son el órgano principal encargado de mantener la constante composición


hidroeléctrica del organismo y transfiltrar el plasma producen cada día de 1 000 a 2 000 mL de
orina. Esta filtración está condicionada por la secreción de la hormona antidiurética (ADH), una
de las diversas hormonas esteroides producidas en la corteza suprarrenal y por la aldosterona,
que se produce principalmente en el hipotálamo anterior y se almacena en la hipófisis que
influyen sobre los ri?ones y ayudan a regular el volumen de líquido extracelular, la relación entre
el agua y los solutos y la cantidad específica de los distintos electrólitos.
El tubo digestivo también ayuda a regular el equilibrio de los líquidos y electrólitos, por la
reabsorción selectiva de aguas y solutos que se lleva a cabo principalmente en el intestino
delgado; la pérdida de electrólitos por esta vía normalmente es insignificante (100-150 mL), sin
embargo, en trastornos como diarreas pueden perderse líquidos y electrólitos en cantidades
importantes.

Los pulmones también desempe?an funciones vitales en el mantenimiento de la homeostasia


líquida. Estos órganos excretan unos 300 mL al día de agua mediante la exhalación en adultos
sanos. Esta excreción puede aumentar como resultado de estados anormales como la hiperpnea
(respiración profunda anormal) o la tos y la fiebre o cualquier trastorno que aumenta
considerablemente las respiraciones.

Desequilibrio del agua. El equilibrio del agua se puede ver afectado por la pérdida excesiva de
agua (deshidratación, déficit del volumen de líquido) o por retención de esta (hiperhidratación).

Déficit de líquidos y electrólitos

Deshidratación. Se define como la pérdida aislada de agua que no incluye pérdida de


electrólitos. El hecho de que la deshidratación implica una hipernatremia, los signos y síntomas
que presentan los pacientes serán propios de la hipernatremia con mínimos signos de
hipovolemia. No se puede plantear hipovolemia hasta que no aparezca pérdida de sodio y agua
del espacio extracelular o pérdida de sangre del espacio intravascular. Debido a que el volumen
del espacio extracelular depende del contenido total del sodio es necesario que se produzca
depleción de sodio para que se desarrolle la hipovolemia.

Las causas que pueden provocar déficit de volumen de líquido se agrupan en:

− Ingestión insuficiente: falta de ingestión de líquidos, estados de depresión, lesión del


centro de regulación de la sed.
− Pérdida de sangre: la hemorragia de cualquier origen.
− Pérdidas extrarrenales: por vía pulmonar y cutánea debido a sudación excesiva por
calor o fiebre y quemaduras; por vía gastrointestinal como causa de diarreas,
vómitos, aspiración nasogástrica, fístulas, drenajes; secuestro en un tercer espacio
(obstrucción intestinal, peritonitis y aplastamiento muscular).
− Pérdidas renales: por déficit de aldosterona, disminución de la secreción de ADN y
diuresis osmótica.

Cuadro clínico. Los signos y síntomas que puede presentar el paciente van a estar en
dependencia de la magnitud de las pérdidas. Al principio puede presentar cefalea leve, debilidad,
fatiga, sed, sequedad de piel y mucosa, oliguria, taquicardia en reposo e hipotensión postural,
estos 2 últimos más frecuentes en el adulto. Además, el paciente puede
presentar shock hipovolémico (letargia, confusión, hipotensión y taquicardia).

Intervenciones específicas de enfermería. Medidas para conservar el equilibrio de líquidos y


electrólitos: procurar la ingestión adecuada de alimentos y líquidos es fundamental en estos
pacientes. La enfermera es quien debe juzgar las necesidades de los líquidos, ejemplo,
determinará si el paciente con fiebre o infección necesita mayores volúmenes de líquidos, debe
estimular para que ingiera más contenido de líquidos si no está contraindicado: si tiene náuseas
o vómitos no es razonable esperar que tolere los líquidos por vía bucal. También debe tener
vigilancia estricta del ingreso y la eliminación de los líquidos en los pacientes con problemas
reales o posibles de líquidos y electrólitos. Es importante conocer los signos y síntomas de
desequilibrio y las medidas necesarias para resolverlos, ejemplo, la administración de líquidos
directos en una vena periférica por medio de venoclisis o mediante soluciones por vía oral.

Déficit volumétrico (hipovolemia)

El déficit volumétrico (fluid volume deficit, FVD) es resultado de que se pierdan agua y
electrólitos en la misma proporción en que están presentes en los líquidos corporales normales,
de tal manera que no se modifique la proporción de los electrólitos séricos en el agua.

El déficit volumétrico es también el resultado de la pérdida de líquidos corporales y tiene lugar


con mayor rapidez cuando se acompa?an de disminución de la ingestión de líquidos. Es posible
que surja sobre la base de ingestión deficiente de líquidos si esta es prolongada.

Sus causas abarcan las pérdidas anormales de líquidos debidas a vómitos, diarreas, aspiración
gastrointestinal y sudación, horas de disminución en la ingestión de los propios líquidos como
ocurre en presencia de náuseas o cuando no se tiene acceso a ellos.

Entre los factores de riesgo adicionales se encuentran la diabetes insípida, insuficiencia


suprarrenal, diuresis osmótica, hemorragia y coma. El aumento de volumen líquido del tercer
espacio o el movimiento de líquido de la vasculatura a otros espacios corporales (con la
formación de edema en quemados o la ascitis en presencia de disfunción hepática) también
provoca el déficit en cuestión.

Manifestaciones clínicas. El déficit volumétrico puede surgir con rapidez y ser leve, moderado o
grave, lo que depende de la magnitud de la pérdida de líquidos. Las características importantes
del déficit volumétrico incluyen disminución ponderal aguda, menor turgor dérmico, oliguria,
orina concentrada, hipotensión por postura; frecuencia cardíaca leve y acelerada, venas
aplanadas en el cuello, aumento en la temperatura, reducción en la presión cardiovascular, piel
fría y húmeda que se acompa?a con vasoconstricción periférica, sed, anorexia, náuseas,
languidez, debilidad muscular y calambres.

Intervención de enfermería. Prevención del déficit volumétrico. Con el propósito de prevenirlo,


es preciso identificar a los pacientes en riesgo y tomar medidas para minimizar las pérdidas de
líquido, ejemplo, cuando el enfermo tiene diarrea deben tomarse medidas para controlarlas
mientras se reponen los líquidos, entre ellas se incluyen la administración de antidiarreicos y de
peque?os volúmenes de líquidos por vía oral en intervalos frecuentes.

Corrección del déficit volumétrico. Cuando sea posible se administran líquidos por vía oral para
corregir el déficit y se debe considerar las preferencias y aversiones de la persona. Si se niega a
beber por causa de molestias en la boca, se toman medidas de higiene bucal y se administran
líquidos que no sean irritantes para la mucosa. Con frecuencia es útil la ingestión de peque?os
volúmenes de líquidos en intervalos frecuentes en vez de tomar de una vez gran volumen. En
presencia de náuseas suelen requerirse antieméticos para que se tolere el tratamiento de
reposición de líquidos por vía oral.

El médico suele considerar una vía opcional (entérica o parenteral) para el aporte de líquidos
cuando el paciente no pueda comer ni beber. Esta medida es importante para prevenir lesiones
renales que acompa?an al déficit crónico del volumen líquido.

Exceso volumétrico (hipervolemia)

El exceso volumétrico (fluid volume excess, FVE) es la expansión isotónica del líquido
extracelular como causa de la retención supranormal de agua y sodio en las porciones que les
corresponden en el medio extracelular. Este exceso siempre es secundario al aumento del
contenido corporal total de sodio, que a su vez origina aumento del agua corporal total. La
concentración sérica de sodio continúa siendo casi normal por causa de la retención isotónica de
sustancias corporales.

El exceso del volumen líquido se deriva de una simple sobrecarga de líquidos o de disminución
del funcionamiento de los mecanismos homeostáticos que regulan el equilibrio hídrico. Entre los
factores causantes se incluyen las insuficiencias cardíacas congestiva y renal, además de la
cirrosis hepática. La administración excesiva de soluciones con sodio a personas con trastornos
de los mecanismos reguladores, las predispone a excesos volumétricos graves. La ingestión
también excesiva de sal común (cloruro de sodio) u otras sales de sodio es un factor más que
predispone a la sobrecarga de líquidos.

Manifestaciones clínicas. Las manifestaciones clínicas del exceso volumétrico se derivan de la


expansión del compartimiento de líquido extracelular e incluyen edema, dilatación de las venas
del cuello y crepitaciones pulmonares (sonidos pulmonares anormales). También pueden
manifestarse taquicardias, aumento en las presiones sanguíneas, del pulso y venosa central,
incremento ponderal, mayor gasto urinario y falta de aliento y sibilancia.

Intervención de enfermería. Prevención del exceso volumétrico. Las intervenciones específicas


varían hasta cierto punto con el proceso patológico subyacente y la gravedad del exceso, sin
embargo se requiere algún tipo de dieta de restricción de sodio en la mayoría de los pacientes,
por lo que se fomentan su acatamiento. Se indica al interesado que evite el uso de fármacos que
se expenden sin receta médica, a menos que averigüe primero -con la persona que lo atiende- si
contiene o no sodio. En caso de que persista la retención de líquidos, a pesar del acatamiento de
la dieta prescrita, procede considerar la posibilidad de fuentes ocultas de sodio como el agua
potable o el uso de reblandecedores del agua.

Diagnóstico y control del exceso volumétrico. Reviste importancia primordial diagnosticar este
exceso antes de que se vuelva grave. Entre las intervenciones de enfermería se cuentan reposo,
restricción de sodio, vigilancia estrecha de la fluidoterapia parenteral y administración de los
medicamentos apropiados.

Desequilibrio de sodio

Entre los desequilibrios de sodio se encuentran la hiponatremia e hipernatremia.

Hiponatremia. Es la afección en la que se produce un descenso en la concentración sérica de


sodio por debajo del valor normal de 135 mEq/L. Por lo general esta disminución se debe a un
exceso de agua en relación con los solutos, por un aporte excesivo de líquidos o por disminución
de la secreción de ADH. También puede estar causada por falta de aporte de sodio de forma
prolongada (dieta hiposódica), diaforesis profusa (fiebre, ejercicios intensos), eliminación
excesiva por déficit del ADH, eliminación anormal de líquidos gastrointestinales (aspiraciones
gástricas, diarreas). Las diarreas es la causa más frecuente.

Manifestaciones clínicas. Dependen de la causa, la magnitud y la rapidez con que aparezca el


déficit; entre estas se encuentran calambres musculares, náuseas y vómitos cuando la
concentración desciende por debajo de 115 mEq/L (solución: 115 mmol/L) suelen aparecer
signos de hipertensión intracraneal como las letargias, confusión, espasmos musculares,
debilidad focal, convulsiones; además pueden presentarse cambios en la tensión arterial, falta
de turgencia cutánea, cefalea, apatía y cólico abdominal.

Cuando es debido a una pérdida por la piel (quemaduras y otras) se produce confusión mental,
que puede llegar al shock y producir la muerte.

Intervención de enfermería. Diagnóstico y control de la hiponatremia: la enfermera debe saber


identificar los pacientes que están con riesgos de hiponatremia y aplicar medidas para evitar que
el trastorno se vuelva más grave. Se prescriben alimentos con alto valor de sodio y se fomenta
su ingestión, así como se le administra contenido de sodio por soluciones parenterales como el
cloruro de sodio al 3 y 5 %, que se debe tener precaución en aquellas personas con trastornos
cardiovasculares; es preciso vigilar signos de sobrecarga circulatoria como crepitaciones
pulmonares a la auscultación. En los casos de hiponatremia grave se ha recomendado aumentar
las concentraciones en valores mayores de 125 mEq/L con solución salina hipertónica.

Hipernatremia. Es la elevación de la concentración sérica de sodio por encima de 145 mEq/L.


Por lo general se debe a un déficit de agua relacionado con el sodio, aunque también se puede
deber a excesiva ingestión de sodio.

Las causas que la originan son diarreas, diabetes insípida, insuficiencia cardíaca congestiva,
insuficiencia renal con ingestión de sal en cantidades muy elevadas. Si la causa es un aumento
de la secreción de aldosterona se retiene sodio y se elimina potasio.

Manifestaciones clínicas. En la hipernatremia el organismo trata de retener el máximo posible de


agua mediante la reabsorción renal. Los signos y síntomas son propios de la deshidratación y
aparecen signos neurológicos de desorientación, letargia y convulsiones, inquietud y debilidad.
Si la hipernatremia es grave pueden surgir lesiones permanentes graves ante todo en los ni?os;
tales lesiones al aparecer se deben a hemorragias subaracnoideas que resultan de la contracción
del cerebro. Una característica principal es la sed, otros síntomas serían sequedad e hinchazón
de la lengua y adhesión de las mucosas. Con la hipernatremia se observan piel sonrojada,
edemas periférico y pulmonar.

Intervención de enfermería. La enfermera procurará prevenir la hipernatremia ofreciendo


líquidos al enfermo en intervalos constantes, en especial si se trata de una persona debilitada
que no percibe la sed ni responde a ello. En los pacientes que persistan la ingestión deficiente de
líquidos, se consulta con el médico para administrar líquidos por otras vías, ya sea la
administración por sondas o por vía parenteral. En los pacientes con alimentación por sondas se
debe administrar agua suficiente para mantener los valores séricos de sodio y nitrógeno de la
urea sanguínea dentro de los límites normales y cuanto mayor sea la osmolaridad de la solución
administrada por sondas será mayor la necesidad de administrar agua.

En caso de paciente con diabetes sacarina es imprescindible que la ingestión de agua sea
adecuada.

Corrección de la hipernatremia. Para la corrección de la hipernatremia si es necesario se aplicará


soluciones parenterales, la enfermera debe vigilar la respuesta del paciente y observar si hay
cambios en los signos neurológicos.

Desequilibrio de potasio

El potasio es el electrólito intracelular por excelencia y crea la presión osmótica intracelular. El


nivel de potasio en suero se denomina caliemia y entre sus desequilibrios se encuentran la
hipopotasemia y la hiperpotasemia.

Hipopotasemia. Es la pérdida de potasio por debajo de los 3,5 mEq/L. Las causas pueden ser:
bajo aporte de sueroterapia, uso de diuréticos que eliminan potasio, incremento en la
eliminación de orina (poliuria), aumento de la secreción de aldosterona, vómitos o aspiraciones
gástricas y drenajes con secreción purulenta que tienen alto contenido de potasio.

La hipopotasemia puede dar lugar a un compromiso vital ya que provoca hipotonía muscular,
que puede afectar músculos respiratorios, disminución de los reflejos tendinosos, paresia
intestinal con íleo y arritmias. Es importante conocer para el personal de enfermería que el
potasio se puede reponer mediante la administración de fármacos por vía oral o a través de
alimentos ricos en potasio. En situaciones graves se administra por vía intravenosa en forma
lenta previa dilución del suero, para evitar la elevación brusca de la concentración que podría
provocar un paro cardíaco.

Intervención de enfermería. Hipopotasemia (hipocaliemia). Para la prevención de la hipocaliemia


se toman las medidas necesarias que suelen consistir en la ingestión de alimentos ricos en
potasio en los pacientes con riesgo, cuando lo permita su dieta. Las frutas y jugos de frutas
(plátano, melón, cítricos), las verduras frescas y congeladas, la carne fresca y los alimentos
procesados son fuentes de potasio. La enfermera debe brindar ense?anza al paciente con riesgo
de hipocaliemia, ejemplo, los que ingieren diuréticos, que suele ser útil para aliviar el problema.

La corrección de la hipocaliemia se puede hacer mediante la administración de soluciones


intravenosas, teniendo precaución; este solo debe administrarse en presencia de gasto urinario
adecuado. Se debe administrar con cuidado en los ancianos debido a que tienen menos masa
corporal y nivel bajo de potasio corporal total, por lo que requieren menos de este mineral,
además tienen pérdidas fisiológicas de la función renal debido a los a?os.

Hiperpotasemia. Se produce cuando el nivel de potasio sérico es superior a 5 mEq/L.

Las causas pueden ser producidas por insuficiencia renal (aguda o crónica), la destrucción de
tejidos orgánicos con gran destrucción celular como en los grandes quemados o en el síndrome
de aplastamiento; en traumatismos graves o cuadros de hemólisis que provoca aumento de
potasio extracelular. Otra de las causas es la utilización de diuréticos ahorradores de potasio que
pueden provocar elevación peligrosa del nivel sérico de potasio y paro cardíaco.

Manifestaciones clínicas. Las fundamentales son alteraciones del electrocardiograma, las


disritmias ventriculares e incluso el paro cardíaco. También se puede manifestar por diarrea
intermitente, náuseas, cólicos intestinales y debilidad muscular. Existe parálisis de los músculos
respiratorios y de la fonación.

Intervenciones de enfermería. Hiperpotasemia (hipercaliemia). Prevención de la hipercaliemia.


Se toman medidas en pacientes con riesgo para lo cual se fomenta su acatamiento a la
restricción prescrita del potasio. Entre los alimentos con alto contenido de potasio que deben
evitarse se incluyen café, cacao, te, frutas secas, frijoles secos y panes de harina integral. La
leche y los huevos también tienen este elemento. La enfermera debe explicarle al paciente que
los alimentos con contenido mínimo de potasio son: mantequilla, margarina, caramelos,
bombones de gelatina azucarados, azúcar y miel.

Restauración del equilibrio del potasio. Se administran soluciones de potasio por vía intravenosa
prestando atención específica a la concentración y la velocidad. El cloruro de potasio nunca debe
agregarse a un frasco de solución para goteo que ya esté colgado, ello podría dar como
resultado que se administre a medida de bolo intravenoso (el cloruro de potasio es pesado y se
asienta en el interior del recipiente).

Desequilibrio de calcio

La hipocalcemia y la hipercalcemia son desequilibrios relativamente comunes. Para facilitar la


comprensión de estos trastornos es útil analizar los factores que afectan el equilibrio de calcio.

Funciones del calcio. Más de 99 % de calcio corporal se encuentra en los huesos; es un


componente fundamental de estos y de los dientes. El 1 % de calcio del esqueleto pasa con
rapidez a la sangre, el resto más estable se libera solo de manera lenta. El calcio ayuda a
mantener unidas las células de todo el cuerpo, además ejerce una función sedante sobre las
neuronas, de esta manera desempe?a funciones importantes en la transmisión de los impulsos
nerviosos. Regula la concentración y la relajación muscular incluso el latido cardíaco normal;
tiene funciones en la coagulación de la sangre.
La concentración sérica normal de calcio es de 8,5 a 10,5 mg/100 mL (Cl: 2,1 a 2,6 mmol/L).

Hipocalcemia. Se produce cuando los valores de calcio sérico se sitúan por debajo de 4,5
mEq/L.

La causa más frecuente de la hipocalcemia crónica es el hipoparatiroidismo provocado por un


déficit de la hormona paratiroidea (PTH) y la más frecuente hoy día es la hipocalcemia tras la
cirugía de tiroides. Otra de las causas está relacionada con el déficit de vitamina D como
consecuencia de trastornos gastrointestinales con mala absorción.

Manifestaciones clínicas. Las manifestaciones clínicas se relacionan principalmente con la


excitabilidad neuromuscular; insensibilidad y hormigueo en los dedos y en la región perioral, con
menos frecuencia en los pies, reflejos hiperactivos, tetania y calambres musculares, espasmos
de los músculos de las extremidades y en la cara que pueden originar dolor.

Intervención de enfermería. Identificar los pacientes con riesgo de sufrir hipocalcemia y estar
preparados para tomar medidas de precaución contra las convulsiones. Se deben vigilar las vías
respiratorias de la aparición del estridor laríngeo. Se necesitan medidas para brindar seguridad
física al paciente si está confuso.

Las personas con elevado riesgo de osteoporosis, es necesario orientarlas sobre la necesidad de
la ingestión de alimentos adecuados con calcio, si no se ingiere esta en la dieta, debe
considerarse la posibilidad de prescribir complemento de calcio.

Es importante hacer énfasis en el valor del ejercicio físico regular para evitar la disminución de la
pérdida ósea.

Hipercalcemia. Se define como el ascenso de los valores de calcio por encima de 5,3 mEq/L.
Las causas pueden ser tumorales, en especial las neoplasias óseas, hiperparatiroidismo,
endocrinopatías (síndrome de Cushing y acromegalia) y en la insuficiencia renal crónica, en la
inmovilidad después de las fracturas graves y los diuréticos tiazídicos.

Manifestaciones clínicas. Debilidad, anorexia, dolor óseo, náuseas, vómitos, estre?imiento y


pérdida de peso.

Intervención de enfermería. Atentos en la prevención de hipercalcemia en pacientes con riesgo


de sufrirla. Aplicación de medidas como aumentar la ambulación y fomentar la ingestión de
líquidos.

La enfermera debe tener en cuenta la preferencia del paciente cuando incremente la ingestión
de líquidos; administrar líquidos que contengan sodio si no están contraindicados por otros
procedimientos, ya que el sodio favorece la excreción de calcio. Se les orientará a los pacientes
que cuando estén en el hogar tomen de 3 a 4 L de líquidos diario. Se les debe informar y
también a sus familiares que los cambios mentales son reversibles con el tratamiento.

Desequilibrio de magnesio

El magnesio es un ion eminentemente intracelular. La cantidad total en el organismo es de 1 000


mmol, la mitad se encuentra en los huesos. El magnesio actúa como coenzima de varios
procesos enzimáticos; está ligado al equilibrio de calcio y ayuda a mantener la baja
concentración intracelular de este último. Con la ingestión diaria de alimentos se supera su
necesidad.

Hipomagnesemia. Se produce cuando los niveles plasmáticos de magnesio son inferiores a 1,5
mEq/L. El déficit del magnesio tiene diversas causas: como el aporte insuficiente (ingestión
reducida o menor absorción intestinal), las pérdidas renales (poliuria, diuréticos, diabetes
mellitus, alcoholismo crónico), eliminación de secreciones digestivas debido a fístulas, vómitos o
diarreas.

Otras causas de la hipomagnesemia es la administración de aminoglucósidos, ciclosporinas,


diuréticos digital y la administración de sangre citrada en especial en pacientes con
enfermedades renales y hepáticas.

Manifestaciones clínicas. Su sintomatología afecta principalmente el sistema neuromuscular


(temblor, tetania, convulsiones y miopatía), además puede aparecer desorientación, pérdida de
la memoria, confusión mental y en el sistema cardiovascular: taquicardia. En el embarazo y la
lactancia materna se produce déficit fisiológico.

Intervención de enfermería. Se deben identificar los pacientes con riesgo y estar alertas de su
aparición. Los enfermos tratados con digitálicos deben recibir vigilancia estrecha, ya que la
disminución del magnesio predispone la intoxicación digitálica. Cuando la hipomagnesemia es
grave la enfermera debe estar preparada para tomar medidas de precaución contra las
convulsiones y cuidar la seguridad física del paciente si llegar a haber confusión. En cuanto a las
personas con dieta normal que experimentan pérdida excesiva de magnesio, deben aumentar la
ingestión de alimentos con elevado contenido de este elemento, por ejemplo, verduras de hoja
verde, nueces, legumbres, plátanos y naranja.

Hipermagnesemia. Se produce cuando los niveles séricos de magnesio superan el valor de 25


mEq/L. Las causas del aumento se observan tan solo en insuficiencia renal y en su aporte
extrínseco (dosis elevada de antiácidos, abuso de laxantes).

Manifestaciones clínicas. La sintomatología aparece cuando los valores son superiores a 3,5
mEq/L con hipotensión, náuseas, vómitos, calcificación de los tejidos blandos, enrojecimiento
facial y sensación de calor. A medida que aumentan estos valores pueden aparecer síntomas
más graves como obnubilación, coma, depresión respiratoria, debilidad y parálisis muscular.

Intervención de enfermería. Se debe proceder a la identificación y evaluación de los pacientes


con riesgo. La enfermera debe vigilar los signos vitales tomando nota de la presencia de
hipotensión y respiraciones superficiales. Además debe verificar si existe disminución de los
reflejos rotulianos y cambios en el nivel de conciencia. Se deben evitar los fármacos que
contengan magnesio a personas con insuficiencia renal.

Desequilibrio de fósforo

Para facilitar la comprensión de los desequilibrios de fósforo es útil conocer sus funciones. El
fósforo es un mineral de importancia "crítica" en todos los tejidos y es esencial para el
funcionamiento muscular y de los eritrocitos, la formación de trifosfato de adenosina
(adenosina triphosphate, ATP) y 2, 3-disfosfoglicerato (DPG), para la preservación del equilibrio
ácido-básico, así como para el sistema nervioso y el metabolismo intermediario de
carbohidratos, proteínas y grasas.

Su concentración sérica normal va de 2,5 a 4,5 mg/100 mL (solución: 0,8 a 1,5 mmol/L) y
puede llegar hasta 6 mg/100 mL (solución: 1,94 mmol/L) en lactantes y en ni?os.

Déficit de fósforo (hipofosfatemia). Es la concentración sérica de fósforo inorgánico menor


que la normal, suele aparecer durante la administración de calorías en el sujeto con desnutrición
proteicocalórica grave; es más probable cuando este recibe una alimentación excesiva con
carbohidratos sencillos. Este síndrome puede inducirse en personas con desnutrición
proteicocalórica grave (como en enfermos con anorexia nerviosa, alcoholismo o ancianos
debilitados que no pueden comer).
Manifestaciones clínicas. Los síntomas fundamentales que presentan los pacientes son
neurológicos: irritabilidad, oprensión, debilidad, entumecimiento, confusión, convulsiones y
coma. Se piensa que la hipofosfatemia predispone las infecciones.

Las lesiones musculares se presentan cuando disminuye el ATP en el tejido muscular, que se
manifiesta clínicamente con debilidad y dolores musculares. La pérdida crónica de fósforo puede
provocar equimosis y hemorragia como causa de disfunción plaquetaria.

Intervención de enfermería. Identificar las personas con riesgo de hipofosfatemia y vigilar su


aparición. Las medidas que se deben tomar en casos de desnutridos es administrarle lentamente
las soluciones de alimentación para evitar el paso rápido de fósforo a las células, cuando se
administra de forma rápida se corre el riesgo de hipofosfatemia.

Los pacientes con disminución de fósforo deben recibir atención estrecha para prevenir las
infecciones. Se deben registrar e informar los signos tempranos de hipofosfatemia (confusión y
cambios del nivel de conciencia).

Exceso de fósforo (hiperfosfatemia). Es una concentración sérica de fósforo mayor que la


normal. La causa más común es la disminución de la excreción renal de fósforo en presencia de
insuficiencia renal; otras serían la quimioterapia contra neoplasias, ingestión excesiva de
fosfatos, necrosis muscular profunda y aumento de la absorción de fósforo.

Manifestaciones clínicas. La hiperfosfatemia excesiva causa pocos síntomas, lo más importante a


largo plazo es la calcificación de los tejidos blandos que afecta principalmente a personas con
reducción del índice de filtración glomerular; a corto plazo lo más importante es la tetania, que
el paciente puede sentir sensaciones de hormigueo en la punta de los dedos de las manos y el
área peribucal. Puede ocurrir anorexia, náuseas, vómitos, debilidad muscular, hiperreflexia y
taquicardia.

Intervención de enfermería. La enfermera debe identificar las personas con riesgo y vigilar la
aparición de esta. Al paciente se le debe prescribir una dieta con bajo contenido de fósforo y que
evite los alimentos con altos contenidos como los quesos, frutas, verduras secas, algunos tipos
especiales de carne (ri?ones, sardinas y mollejas) así como los postres a partir de la leche. La
enfermera ense?ará al paciente los signos de esta.

Los principios relativos al equilibrio de líquidos y electrólitos son:

− El adulto necesita entre 2 100 y 2 900 mL de líquidos en 24 h.


− Los ni?os requieren mayor volumen de líquidos en proporción con su peso corporal
que los adultos.
− La ingestión de líquidos se debe equilibrar en relación con su pérdida.
− Cuando se pierde o retienen volúmenes excesivos de líquidos existe pérdida o
aumento concomitantes de los electrólitos.
− Los signos y síntomas relacionados con desequilibrio electrolítico varían según el
exceso o carencia del electrólito específico.
− Los electrólitos específicos que se eliminan del cuerpo cuando se pierden líquidos
dependen de la vía de la pérdida.

El posible diagnóstico de enfermería que se debe utilizar en las afecciones de desequilibrio de


líquidos y electrólitos es:
− Diagnóstico de alto riesgo.
− Alto riesgo de déficit de volumen de líquido.
− Déficit de volumen de líquido.
− Intolerancia a la actividad.
− Alteración del mantenimiento de la salud.
− Déficit de autocuidados en la alimentación.
− Deterioro de la deglución.

Equilibrio ácido-base

Es una de las constantes más estrictas del organismo y representa el resultado o valor
establecido entre la suma de todas las sustancias plasmáticas, que tiene un carácter ácido y
aquellos que se comportan como álcalis.

El cuerpo humano requiere un pH muy estable para su correcto funcionamiento, con límites
estrechos situados entre 7,35 y 7,45. La disminución o aumento de estos valores repercutirá en
grandes sistemas orgánicos (metabolismo de calcio y de potasio, frecuencia respiratoria y grado
de la conciencia) y en las reacciones bioquímicas que ocurren en el interior de las células o con
alteración de sus funciones (excitabilidad eléctrica y contractibilidad).

Un ácido es aquella sustancia capaz de donar hidrogeniones (H+). Una base o álcali es la
sustancia capaz de aceptar hidrogeniones.

Desequilibrio ácido-base

El aumento de la acidez o alcalinidad de los líquidos orgánicos dan lugar a los desequilibrios
ácido-base, que reciben el nombre de acidosis o alcalosis. La acidosis es un estado anormal en
que existe aumento de los hidrogeniones y activación de los sistemas de compensación con
consumo de bicarbonatos, eliminación de CO2 por los pulmones y ahorro de bicarbonato por el
ri?ón. La alcalosis es un estado anormal caracterizado por descenso de la cantidad de
hidrogeniones que da como resultado el aumento de pH sanguíneo.

Tanto las acidosis como las alcalosis pueden ser metabólicas cuando la alteración es
consecuencia del metabolismo y la utilización de determinado tipo de elementos nutritivos o
respiratorios, que se debe a funciones relacionadas con la función pulmonar o secundaria a otros
trastornos que producen cambios en el patrón normal de la respiración. Los desequilibrios ácido-
base se clasifican en 4 trastornos fundamentales:

− Acidosis metabólica.
− Acidosis respiratoria.
− Alcalosis metabólica.
− Alcalosis respiratoria.

Todos ellos pueden aparecer de forma simple o combinada.

Acidosis metabólica. Puede producirse por la acumulación en el organismo de ácidos no


volátiles (láctico, úrico, cetoacético) o por la pérdida de bicarbonato.

Entre las causas de la acidosis metabólica se citan:


− Aumento en la producción de metabolitos ácidos como en la diabetes mellitus (la
falta de insulina provoca hipoglicemia y moviliza los depósitos de grasa) en los
períodos prolongados de ayuna.
− Administración de ácidos, cloruro de amonio.
− Pérdida excesiva de base, diarreas, fístulas y aspiraciones digestivas.
− Insuficiencia renal con pérdida para compensar de forma adecuada la sobrecarga
ácida.
− Acidosis láctica producida por aquellas situaciones que comportan una anoxia tisular
severa (shock, sepsis, insuficiencia hepática e hipoxemia).

Manifestaciones clínicas. Los signos y síntomas varían según su gravedad. Suelen aparecer
cefalea, confusión, somnolencia, aumento de la frecuencia y profundidad respiratoria, náuseas y
vómitos. Al examen físico se encuentra disminución de la presión sanguínea, frialdad de la piel y
humedad, disritmias y manifestaciones de shock. La tabla 3.14 muestra el esquema de la
acidosis metabólica.

Acidosis respiratoria. Es un desequilibrio en el cual la ventilación pulmonar origina incremento


de los hidrogeniones en los líquidos corporales. La hipercapnia o retención del PO2 puede ser
provocada por todas aquellas causas que evolucionan con disminución de la ventilación
pulmonar (procesos asmáticos descompensados, enfermedad obstructiva crónica [EPOC],
neumotórax, enfisema y neumonía), que se deprime el centro respiratorio (tranquilizantes,
sedantes, hipnóticos, anestésicos) o que disminuyen el parénquima pulmonar funcionante
(lobectomía pulmonar).

Esta se puede instaurar de manera rápida y de forma lenta.

Cuadro clínico. Los signos clínicos son variables en la acidosis respiratoria aguda y crónica. La
hipercapnia (aumenta PaCO2) puede provocar aceleración de la frecuencia respiratoria y del
pulso, aumento de la presión arterial, confusión mental y sensación de plenitud en la cabeza. Los
pacientes suelen padecer debilidad, cefalea y síntomas de trastornos subyacentes (tabla 3.15).

Alcalosis respiratoria. Es el resultado de una hipocapnia o disminución de CO2 propia de la


ventilación, según la reducción de CO2 sea rápida y progresiva y como consecuencia de que el
ri?ón puede o no compensarla, la alcalosis puede ser aguda o crónica.

Puede ser de origen orgánico y estar provocada por un aumento de estímulos a los diversos
receptores (neumopatías, dolor, hipoxia o crisis de asma moderada) o por aumento de la
actividad de los centros respiratorios (fiebre alta, ejercicios intensos, meningitis, encefalitis,
ventilación mecánica excesiva y cirugía intracraneal) (tabla 3.16).
En la hipocapnia de origen psicológico lo más significativo es la crisis de ansiedad.

Alcalosis metabólica. Es consecuencia de la pérdida de hidrogeniones o del incremento de la


cantidad de bicarbonatos. Cualquier pérdida de hidrogeniones causa incremento proporcional de
la parte de bicarbonato en el sistema bicarbonato-ácido carbónico. La causa más frecuente es la
pérdida del contenido gástrico debido a vómitos y aspiraciones gástricas. Pacientes con
tratamiento de diuréticos.

Manifestaciones clínicas. Los síntomas fundamentales son: debilidad, calambres musculares,


mareos posturales o con la hipopotasemia poliuria y polidipsia (tabla 3.17).

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