Вы находитесь на странице: 1из 3

El reto de la depresión

La depresión es real, es diferente de la tristeza, es un profundo estado de desesperanza, pérdida


de motivación, ausencia de consuelo y alivio, es un estado abrumador que puede llegar al suicidio
o a severos daños físicos como sociales. La depresión está relacionada a fenómenos masivos y
ahora mismo se encuentra en un peligroso y vertiginoso crecimiento y expansión.

Para la Organización Mundial de la Salud es la primera causa de problemas de salud y discapacidad


a nivel internacional.

Laberinto

El mundo no siempre es benigno, ante la violencia, las obligaciones, las altas expectativas laborales
como sociales, la competencia por las parejas y hasta las crisis globales, lo que siente una persona
pareciera invisible o a veces insignificante. Esto es un error, pues el sentir individual y luego el
masivo tienen secuelas y consecuencias de todo tipo.

La ansiedad y el estrés constante pueden reducir hasta en un 20% nuestro hipocampo, un área
relacionada a la memoria y al aprendizaje, a su vez, estas dos pueden conducir a una severa
depresión. Hoy solo han incrementado la ansiedad y el estrés en países de ingresos variados, por
el trabajo cada vez más competitivo, la degradación de las relaciones personales, la desaparición
de la sensación de seguridad a nivel social, la creciente inestabilidad económica y hasta el
acelerado avance tecnológico han proliferado todo tipo de malestares mentales que terminan en
la depresión y pueden llegar al suicidio.

El estrés, que antes era visto como un problema exclusivo de los trabajadores, hoy llega incluso a
los niños. Lo cierto es que biológicamente estamos rebasados por la complejidad de este mundo.

Eduard Punset, reconocido divulgador de las neurociencias dice: “la diferencia entre una jirafa y un
ser humano es que la jirafa tiene que ver un león para estresarse y el humano solo tiene que
imaginarse al león para lograr lo mismo”, en otras palabras, lo que pensamos e imaginamos tiene
una importancia trascendental en nuestra salud mental, puesta hasta la teoría atributiva de la
psicología cognitiva considera que gran parte de la causa de la depresión viene de las atribuciones
que hacemos a lo que sabemos, imaginamos y sentimos.

El problema solo empeora cuando el mundo sobrepasa nuestra capacidad de entender,


desestimar, ignorar y abstraer la realidad para mantener nuestro estado de ánimo estable. Hoy
incluso se habla de fenómenos como la infoxicación, básicamente estar expuesto a tanta pero
tanta información que seamos completamente incapaces de procesarla.

Existen condiciones para incentivar problemas muy relacionados a la depresión y aquí hay que
hacer hincapié en esto de las condiciones. En este aspecto hasta los estudios en genética de
Robert Sapolsky relacionan la propensión a la depresión con el gen 5HTT pero solo se activa este
gen si el portador del mismo se expone a severos niveles de estrés.

La depresión es compleja y es un muy grave problema que no ha parado de crecer pues no dejan
de surgir razones para el mismo como la próxima epidemia de soledad de la que ya se ha
comenzado a hablar.
Preguntas inquietantes

Nuestra forma de ver el mundo y el peso que este ejerce sobre nosotros nos llevan a estados que
pueden degradar nuestra salud mental y luego nuestra salud física. La falta de sueño, la ansiedad,
la soledad, el estrés, el remordimiento y la frustración nos desgastan y acortan nuestra esperanza
y calidad de vida.

Romper el ciclo autodestructivo no es fácil pues somos incentivados a llevar estilos de vida cada
vez más demandantes y riesgosos. Bauman y otros sociólogos expresaron que de forma paradójica
la civilización parece regresar al estado natural de Thomas Hobbes donde todos deben valerse
solos e impera la ley del más fuerte y el más capaz para conseguir dinero y poder. Fraudes,
manipulación de mercado y hasta crisis económicas han sido causadas por esta depredación.

El suicidio ha aumentado un 60% en los últimos años, la depresión un 18% pero hay algunas
cuestiones que parecen no tener respuestas claras. Los hombres cometen suicidio tres veces más
que las mujeres pero las mujeres sufren más depresión que los primeros. Es difícil explicar esto,
han surgido hipótesis pero no hay una explicación muy concreta.

Biológicamente hablando las mujeres poseen mayor susceptibilidad a la depresión y por lo tanto al
colon irritable también, como la mayoría de los suicidios ocurren en países de ingreso medio y
bajo parece que los suicidios tienen que ver con los mercados laborales y la calidad de los niveles
de vida. Hay grupos que atañen el suicidio masculino a la idea de que los hombres importan muy
poco más allá de su capacidad laboral y productiva pues tres de cada cuatro indigentes son
hombres, lo que según tales discursos muestra un mayor desinterés social por los hombres,
también hay quienes lo atañen a un tipo de machismo al considerar que el machismo demerita a
los hombres, por último está la hipótesis de que los hombres simplemente tienen más éxito al
quitarse la vida que las mujeres.

El punto es que sobre esto no hay respuestas claras, solo la certeza de que la depresión y el
suicidio van en ascenso.

La batalla

La depresión es un problema grave pero no es invencible, puede evitarse y curarse, redes de


apoyo, tener contacto con otros, el descanso apropiado, el autoconocimiento, la
autocomprensión, la buena alimentación y hasta tener un plan de vida pueden ser fundamentales
para batallar contra ella. No pongo alguna imagen de alguien en la playa o caminando por un
campo, pues el bienestar y la prevención de la depresión no están amoldados, la vida y la felicidad
no tienen por qué verse como un comercial o una película.

Diversas fuentes de ansiedad actual provienen de los intentos de competir por o amoldarse a
estatus que nos sumergen en una competencia global e imposible.

Ya no es jugar videojuegos un rato sino tratar de ser el mejor del multijugador, ya no es ser guapa
sino ser más guapa que aquellas mujeres con perfiles de Instagram repletos de seguidores, ya no
es ser popular sino ser famoso en internet, en apariencia tus pensamientos si no tienen likes o
alguna reacción es como si no valieran.
Tantas formas de competencia en un mundo que nos rebasa. La competencia es buena, sí, pero
una tan desigual, tan inmensa y llena de callejones sin salida, sumerge a los individuos en la pugna
de aceptarse tal y como son, de competir a todo costo o de rechazar todas las promesas de
premios y de conquistas corriendo el riesgo de encerrarse en sí mismos.

La depresión merece atención y no ser tratada como una vergüenza personal que debemos ocultar
pues la mejor estrategia es pedir ayuda personal y/o psicológica pero no hay que olvidar que es
una batalla. Nuestra civilización incentiva al individuo a la espiral de la producción y el consumo
desmedidos, a la competitividad so pena de soledad, a tomar fármacos para superar el dolor más
no para curar su causa, a vivir apretados pero sin sensación de pertenencia o de comunidad, a
sentir vergüenza por lo que sentimos, simplemente, a la vía fugaz hedonista y sin propósito. Y
surgen más retos y dilemas en el horizonte pues el estrés también es contagioso a través de
medios como el olfato y la vista, la vista y hasta la imaginación, ya saben, las llamadas paranoias
colectivas, mismas que por la omnipresencia de la más media solo van en aumento. También las
parejas donde uno de los integrantes sufre ansiedad o estrés suelen terminar mal pues el estrés de
un miembro de la relación afecta mucho también al otro miembro.

Hablamos pues de un problema con consecuencias inesperadas, lo que sentimos, nuestra


genética, nuestra nacionalidad, clase social, nuestro conocimiento y hasta nuestro sexo, todo eso
importa. No parece óptimo para las naciones olvidarse de las personas y su felicidad, y por fortuna
parece que de eso ya se dieron cuenta puesto que no hace mucho ya no solo se usa el producto
interno bruto para medir el progreso de una nación sino también la felicidad y la satisfacción de
sus habitantes.

¿Cuándo acabará la noche?

No es propicio romantizar el suicidio o la depresión, no son bellos, es bello sobrevivir a ellos. Es


horrible que el día nunca llegue, no poder sentir amor, no tener voluntad para vivir, despertar y
obligarse a sobrevivir; por más virtud que pueda surgir de la superación del dolor no hay razón
para atravesar la penumbra solos a no ser que no nos quede opción, aun estando en las cloacas
hay que mantener los ojos en las estrellas.

Si tienes una oportunidad, si puedes crearla, aférrate a ella pues eres privilegiado, vive ya que tú
tienes la oportunidad, oportunidad por la que tantos ruegan y se arrodillan sin éxito, tanto pero
realmente tanto depende de tu capacidad de encontrar luz donde aparentemente solo hay
tinieblas, de verdad, así como podemos arruinar le el día a alguien también podemos salvarlo.

Los ciclos de odio, desesperación y tristeza de otros pueden interrumpirse con una sonrisa, un
abrazo, una llamada, una visita. Algo muy pequeño puede ser el principio de una recuperación
grande, a veces las personas están al borde del precipicio sin que nadie se dé cuenta, así tú, a
veces las personas pueden amarte y no darse cuenta de lo que sufres si no lo expresas, si no pides
ayuda. Lo mismo para ti que aunque no tengas depresión puedas estar lidiando o intentando
ayudar a alguien que la sufra, no tienes por qué hacerlo solo, también es bueno buscar ayuda para
eso, buscar consejo, buscar información, incluso buscar ayuda psicológica lo principal es no perder
la esperanza

La depresión si tiene cura, si se puede tratar, si se puede sobrevivir a ella, si no nos rendimos, un
día, la noche acabará.