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Una empresa pública, corporación pública, empresa estatal o sociedad estatal es aquella

que es propiedad del Estado, sea éste nacional, municipal o de cualquier otro estrato
administrativo, ya sea de un modo total o parcial.1 Sin embargo, la Unión Europea define a una
empresa pública como cualquier empresa en la que los poderes públicos puedan ejercer,
directa o indirectamente, una influencia dominante en razón de la propiedad, de la
participación financiera o de las normas que las rigen.[cita requerida]
Este concepto no se debe confundir con la "public company" de algunos países de habla
inglesa.
En el caso de propiedad parcial, el criterio para determinar si una empresa debe o no ser
considerada pública no es tanto el porcentaje de acciones en poder del sector privado como el
control efectivo que el Estado tenga sobre el proceso de toma de decisiones en la empresa. El
elemento crucial en la empresa pública es la capacidad del Estado para ejercer presión
política directa en la compañía. El accionista mayoritario es el Estado, con unos objetivos que
pueden ser muy diversos y, lo que es más, cambiantes con el proceso político. En opinión
de J. K. Galbraith, hay muchas y muy características similitudes entre las grandes empresas
privadas y las grandes empresas públicas.[cita requerida]
La gran mayoría de los estados del mundo controlan empresas con diferentes fines –aparte
del fin existencial de toda empresa de maximizar utilidades–, que pueden ser proveer servicios
públicos, incentivar la producción del país o generar empleo, por nombrar algunos.

Índice
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 1Diferencias entre empresas estatales públicas y privadas

 2Objetivos de la empresa pública

o 2.1Rentabilidad

o 2.2Efectos sobre la distribución de la renta

o 2.3Efectos macroeconómicos

 3Historia

 4La financiación de la empresa pública

 5Empresas públicas en Colombia

 6Empresas públicas en España

o 6.1Privatizadas

 7Referencias

 8Véase también
Diferencias entre empresas estatales públicas y
privadas[editar]
A pesar de converger en la forma de actuar, hay sustanciales diferencias entre la empresa
pública y la privada. A título de ejemplo, destacan las siguientes:

 En sus procedimientos de financiación. Esta diferencia radica no tanto en la posible


existencia de tratamiento diferencial en el mercado de capitales público y privado, trato
que también suele recibir la gran empresa privada –de forma idéntica o muy parecida– en
relación con la empresa privada pequeña o media, sino en la posible financiación
pública con origen en los presupuestos que a menudo viene otorgándose a este tipo de
empresas.

 La persecución del beneficio y el control a que están sometidas por los poderes
públicos. Sin olvidar el objetivo del beneficio, está muy claro que la razón de la existencia
de la empresa pública no es la obtención de beneficios. Aquí la diferencia no es
sustancial, sino de grado, por cuanto los en las grandes empresas privadas, además del
objetivo del beneficio, concurren otros objetivos igualmente destacados, como lo son el
crecimiento y el poder de dichas organizaciones; circunstancias que no tienen por qué
estar –mediata ni inmediatamente al servicio del beneficio–. Por lo que al grado de control
se refiere, cabe señalar que las empresas públicas están sometidas, además, al control
específico que deriva de su pertenencia al sector público. Cabe puntualizar que el tema
del grado de algunas de las características diferenciadoras entre empresas privadas y
empresas públicas no es uniforme dentro de la extensamente gama de las empresas
públicas, sino que obedece a la mayor o menor caracterización de públicas que tengan
este tipo de empresas.
La existencia de empresas públicas en economías de mercado se ha justificado
tradicionalmente por la insatisfacción de los responsabilisimos de la política económica, con
los resultados generados por el mecanismo del mercado. Sin embargo, es importante
distinguir dos vertientes claramente diferenciadas en dicho argumento. Por un lado, se puede
considerar a la empresa pública desde la perspectiva de la reacción del Estado ante
determinadas ineficiencias del sistema de mercado al asignar los recursos productivos. Se
trata de los conocidos “fallos del mercado”. En otro ámbito, debemos considerar la utilización
de la empresa pública como instrumento a la disposición del Estado para corregir las
asignaciones del mercado que, desde posiciones políticas diversas, pueden considerarse no
equitativas o acordes con la elección social. DEPENDENCIAS DE UNA EMPRESA PÚBLICA
Una empresa estatal o sociedad estatal es aquella que es propiedad del Estado, sea éste
nacional, municipal o de cualquier otro estrato administrativo, ya sea de un modo total o
parcia. El departamento de Recursos Humanos gestiona a las personas para garantizar el
cumplimento de las distintas funciones en cada jornada y que los puestos estén siempre
cubiertos, aplica las fórmulas de contratación más adecuadas en cada caso, remunera a los
trabajadores y los mantiene motivados. Ese departamento es el encargo e enviar el informe de
nómina de los trabajadores de la empresa, que está compuesta por las prestaciones auxilio de
transporte entre otras. Departamento de cartera es el cargado de enviarle al departamento
contable las cuentas por cobrar por prestación de servicio. Departamento de presupuesto
envía la ejecución presupuesta privada. El Presupuesto público: Es un instrumento de gestión
del Estado para el logro de resultados a favor de la población, a través de la prestación de
servicios y logro de metas de cobertura con equidad, eficacia y eficiencia por las Entidades
Públicas. Departamento de almacén Este departamento es el encargado del informa sobre el
inventario Mantener el registro y control de máximos y mínimos de existencias de bienes,
turnando al Departamento de Adquisiciones las requisiciones de compra para la reposición del
nivel mínimo de inventario en el almacén.

Objetivos de la empresa pública[editar]


La empresa pública precisa conocer claramente cuáles son los objetivos de índole social que
se esperan lograr mediante su actuación, qué contra-prestación social va a recibir por atender
a esa finalidad y qué indicadores van a ser utilizados por la sociedad para medir los logros que
se deben realizar [cita requerida].
Los cuatro objetivos básicos que deben alcanzar las acciones de la empresa pública
son [cita requerida]:

 Efectos sobre la distribución de la renta.

 Efectos macroeconómicos.

 Eficiencia económica.

 Rentabilidad.
Rentabilidad[editar]
A diferencia de la empresa privada, en la que el objetivo es la maximización del beneficio, en
la empresa pública en principio no tiene una especial consideración. No obstante, el cambio
que se viene experimentando en esta materia es notable. A diferencia del criterio estricto del
beneficio, en el caso de la empresa pública resulta más apropiado hablar de excedente
comercial bruto para estimular la eficiencia tecnológica y directiva.
Este concepto abarca los conceptos de intereses, amortización y beneficios, permitiendo al
Estado conocer qué necesidades financieras presenta cada una de las empresas públicas.
La búsqueda de la rentabilidad por parte de la empresa pública se contempla también como
un medio de estimular la eficiencia tecnológica y de gestión. De esta forma sabemos que si
una empresa busca maximizar su beneficio, ello le exige que minimice sus costes para
cualquier nivel de output. Sin embargo, el objetivo de la maximización del beneficio se ha
rechazado explícitamente para las empresas públicas, puesto que, en general, gozan de
poder monopolístico en al menos algunos de los mercados en que se suministran sus
productos.
Desde un punto de vista financiero y económico, los fondos que financian la inversión de la
empresa púbica provienen de dos fuentes: de sus propias reservas y de las aportaciones que
realiza la Hacienda Pública. Esta, por su parte, obtiene los fondos principalmente de los
excedentes brutos comerciales de las empresas públicas, de los impuestos y de otras fuentes.
Por ello, conocida la inversión que tiene que realizar la empresa pública, cuanto menor sea su
excedente, mayor tiene que ser la tributación y la financiación externa; es decir, que no tiene
tanta trascendencia cómo se divide el excedente entre intereses, amortización y beneficio, lo
que importa es su cuantía total.

Efectos sobre la distribución de la renta[editar]


La empresa pública suele actuar sobre la renta de los consumidores garantizando un
determinado nivel de prestación del servicio más elevado o bien aplicando un sistema de
precios políticos que posibilita una efectiva distribución real de renta (ver Eficiencia
distributiva), a no ser que resulte perversa la distribución de la carga impositiva que facilita la
financiación del déficit en que se incurre.
Este modo de actuación es el que tradicionalmente viene a aplicarse al transporte colectivo.
La ordenación de preferencias en este terreno acostumbra a vencerse a favor de la
distribución y en contra de la rentabilidad, con argumentos que incluyen también costes
privados y sociales de la congestión. El riesgo más grave en que se incurre en este caso
radica en que si no se especifica muy claramente la cuantía (implícita o explícita) de la
subvención y quién y cómo va a satisfacerla, la cuantía del déficit puede hacerse
absolutamente inmanejable, lo que afecta de forma definitiva también a la eficiencia
tecnológica y de gestión.

Efectos macroeconómicos[editar]
Una de las materias que más preocupan a los Gobiernos es la política macroeconómica, y
puesto que las decisiones de la empresa pública pueden incidir en ella, sus efectos
macroeconómicos potenciales devienen materia de interés político. De nuevo, ciertas
variables bajo el control de la empresa pública pueden contemplarse desde una perspectiva
positiva, como instrumentos de política macroeconómica.
Al formular las políticas macroeconómicas, la atención se centra en cuatro variables objetivo:
nivel de desempleo, tasa de inflación, superávit/déficit de la balanza de pagos y tasa de
crecimiento del producto nacional potencial. Algunos aspectos de las actividades de las
empresas públicas y, en particular sus políticas de inversión, precios y salarios, parecen
afectar los valores de las variables objetivo. Los gastos en inversión pueden, a través de los
efectos multiplicadores habituales, influir en el nivel agregado de la actividad económica a
corto plazo, y a largo plazo ayuda a determinar la tasa de crecimiento del producto potencial.
Estos gastos en inversión, en conjunción con los excedentes comerciales brutos, también
afectan a las necesidades financieras del Gobierno y, por tanto, a sus necesidades de
endeudamiento y tributación. A resultas de la interpretación del “interés nacional” que
acabamos de dar, queda claro que para ser completa, una especificación de objetivos debe
encerrar los cuatro aspectos relevantes de las decisiones de la empresa pública: eficiencia
económica, rentabilidad, efecto sobre la distribución de la renta e impactos macroeconómicos.
Sin embargo, se dan dos problemas importantes a este respecto. El primero de ellos estriba
en que existen conflictos entre estos cuatro aspectos, en el sentido de que los intentos para
incrementar el nivel de realización de uno de ellos puede acarrear efectos adversos, vistos
desde la perspectiva de los otros. Por consiguiente, una exposición satisfactoria de objetivos
debe resolver estos conflictos atribuyendo pesos relativos a cada uno de los cuatro. Desde
luego, ésta es otra forma de decir que debe construirse algún tipo de ordenación de
preferencias, pues sólo en las circunstancias más sencillas posibles (donde sólo se persigue
un objetivo, digamos el beneficio o el crecimiento) puede existir la toma de decisiones
racionales sin ningún conflicto. El segundo problema reside en que la manera en que se ha
venido ejerciendo hasta ahora el control sobre la empresa pública resulta incompatible con la
especificación de un conjunto de objetivos consistentes, estables y comprensivos.
Los conflictos que surgen entre las cuatro áreas de interés político son:

1. Eficiencia económica y distribución de la renta.- Existen unos cuantos casos en los


que la eficiencia se ha sacrificado en interés del incremento o mantenimiento de las
rentas de grupos particulares.
La persistencia de exceso de mano de obra en algunas empresas públicas puede
contemplarse como una decisión tácita de distribuir renta real a determinados grupos de
trabajadores, a expensas de la eficiencia económica.

1. Rentabilidad y distribución de la renta.- En general, la reducción de la eficiencia


tecnológica implica la reducción de beneficios. También pueden darse algunos
ejemplos. El suministro de bienes producidos por empresas públicas a grupos
particulares de consumidores a precios que no cubren el coste, aumenta las rentas
reales de estos últimos, pero reduce la rentabilidad de las empresas. En el límite, la
naturaleza de la redistribución de la renta que entrañan estas políticas depende del
modo en que se financie la provisión de estos servicios que no cubren costes. Si una
empresa debe satisfacer por completo un excedente que le viene fijado como objetivo
y no recibe ninguna subvención gubernamental para compensar la falta de beneficios
en aquellas actividades que acomete a un precio por debajo del coste, sus precios
rentables serán, en consecuencia, más elevados. De este modo, la renta real se
distribuye de los consumidores de servicios rentables a aquellos que se benefician de
servicios suministrados con pérdida. Si esta “subvención cruzada” existe y alcanza
una magnitud importante, debemos suponer que el Ministro la acepta como un medio
de redistribución de renta que es consistente con sus políticas de Gobierno. Por otra
parte, las pérdidas pueden cubrirse con una dotación real o implícita de Hacienda, en
cuyo caso la renta redistribuida corre a cargo del contribuyente en general (o de
aquellos que se habrían beneficiado de formas de gasto público que tienen que
recortarse para financiar esas subvenciones) y a favor de aquellos que se benefician
de los servicios prestados por debajo del coste. Una dotación real es una suma que
Hacienda abona a la empresa: la empresa, puede pensarse, actúa como un
“contratista” para el Gobierno, suministrando los servicios y presentando dos facturas
por los costes en que incurre, una al Gobierno y otra a los consumidores. Una
dotación implícita se hace cuando el Gobierno reduce el objetivo de excedente que
esperaba alcanzara la empresa, por la cantidad correspondiente a la pérdida que
soporta en los servicios prestados por encargo del Gobierno. Queda claro que, en
principio, no hay ninguna diferencia en que la subvención sea real o implícita, en
términos de la contribución neta que la empresa aporta a Hacienda, dado que los
efectos financieros de suministrar los servicios a precios que no cubren costes son
exactamente los mismos.

2. Eficiencia económica y rentabilidad.- Aunque las mejoras de la eficiencia tecnológica y


de gestión aumentarán la rentabilidad, todo lo demás constante, de modo que no
existe ningún conflicto a este respecto, puede darse un conflicto entre eficiencia
asignativa y rentabilidad. Existe, en primer lugar, la cuestión de que las políticas de
fijación de precios e inversión asignativamente eficientes implicarán un excedente
particular para la empresa, que puede ser mayor o mejor del considerado deseable.
Por el contrario, si se exige a la empresa que obtenga determinado excedente, no
habrá entonces nada que garantice que los precios y outputs resultantes sean
asignativamente eficientes. Particular ejemplo de esto, por otra parte muy discutido en
la literatura, lo constituye el caso en donde la fijación de precios al coste marginal es
asignativamente eficiente, y se aplica a una industria sujeta a rendimientos crecientes
a escala acarreando, por consiguiente, una pérdida.
Con todo, puede ocurrir también que allí donde se juzga que existe una divergencia entre
beneficios y costes sociales, por un lado, e ingresos y costes calculados a los precios de
mercado, por otro, la optimización en términos de los primeros conduzca a una pérdida. Por
ejemplo, se arguye que las reducciones de congestión del tráfico y del ahorro correspondiente
de tiempo, justifican las pérdidas en los sistemas de transporte público, debido al exceso de
los beneficios sociales sobre los costes sociales. Este departamento es el encargado de
enviarle al departamento contable: Los gasto de transportes, gasto de investigación de
mercado proporción de devoluciones descuentos y rebajas el %de los gastos de distribución
de ventas

Historia[editar]
La historia de las empresas públicas.
La empresa pública ha tenido distinta relevancia desde la perspectiva histórica y en atención
al enfoque seguido por los poderes públicos en diversos países.
En el caso de EE.UU., desde finales del siglo XIX se optó por la promoción de la competencia
y la regulación, así como por la creación de autoridades de competencia y reguladoras como
la Comisión de Comercio Interestatal (1887) para el sector del transporte por ferrocarril o la
Federal Trade Commission (1914) de carácter general. Este enfoque determinó una menor
relevancia de la empresa pública.
En Europa y Latinoamérica aparecerían empresas públicas prestadoras de servicios en red en
sectores como la telefonía (en España, con la fundación de Telefónica en 1924), el trasporte
ferroviario (Renfe, 1941), el sector bancario, el sector energético, alcantarillado y
saneamiento, etc.
La empresa pública explotaría actividades que fueron objeto de reserva al sector público
previa declaración administrativa de servicio público hasta su reconsideración en los años 70
en plena ola neoliberal. En este momento histórico comenzó a cuestionarse la eficacia de la
empresa pública en la consecución del objetivo de la eficiencia asignativa como consecuencia
del desarrollo de la teoría de los "fallos de Estado" de la Public Choice, fundada en este caso
por la existencia de objetivos difusos para la empresa pública, múltiples principales con
distintos intereses, problemas de información asimétrica en su control y problemas de
rentabilidad por dedicarse a actividades en declive y contar con estructuras de costes
ineficientes (con elevados costes fijos y activos no corrientes y elevados gastos de personal al
ser empleadas para aplicar políticas de sostenimiento del empleo).
En EE.UU. y Reino Unido tuvo lugar en esta década un proceso de privatización y
desrregulación, mientras que en Europa estas medidas se impulsaron a partir de la fijación del
objetivo del Mercado Interior por el Acta Única Europea de 1986. El Tratado de Maastricht
incorporó la noción del mercado interior a derecho originario y reguló por primera vez la
competencia en la UE así como las Ayudas Estatales. El Tratado de Lisboa profundizaría en la
base teórica de la liberalización para poner fin a los monopolios estatales con el concepto de
los "servicios económicos de interés general", que no necesariamente deben prestarse por el
sector público.
En España, la empresa pública ha seguido una evolución similar a las de países de nuestro
entorno, si bien es cierto que adquirió una especial relevancia en el periodo 1939-1959 de
autarquía, intervencionismo y proteccionismo, cuando el desarrollo de empresas públicas
industriales respondió al objetivo de la creación de empleo (Seat, 1950). El Plan de
Estabilización de 1959 promovió la apertura de la economía española y la transformación en
el papel del Estado desde un Estado productor a un Estado garantista, aunque en este
periodo se aplicó una política de nacionalización de empresas con dificultades económicas
para el sostenimiento del empleo.
La década de los 80 marcó un punto de inflexión para la empresa pública española al
enfrentarse a problemas como una falta de rentabilidad acumulada, elevados costes fijos y de
personal, y una crisis existencial ligada al auge de la teoría neoliberal. Comenzaron a
aplicarse medidas aisladas de privatización y venta de participaciones minoritarias del Estado,
reducción de plantillas y fijación de objetivos de rentabilidad, así como la aplicación de las
técnicas de la Nueva Gestión Pública.
El Programa de Modernización del Sector Público Empresarial de 1996 inició un proceso
sistemático de privatizaciones gestionado por el Servicio Estatal de Participaciones
Industriales (SEPI,1995). Se siguieron dos tipos de proceso de privatización en atención a la
rentabilidad de la empresa en cuestión: las poco rentables fueron objeto de venta directa a
agentes privados y las rentables (como Telefónica, Endesa o Repsol) a través de OPV's de
manera progresiva.
Este proceso sería relanzado como consecuencia del Informa de la Comisión para la Reforma
de la Administración Pública (CORA) y la aprobación de la ley 15/2014, de racionalización del
sector público. Hasta 2017 se han privatizado más de 120 empresas públicas en España.
El SEPI, adscrito al Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, cuenta con una
participación mayoritaria en 15 empresas y minoritaria en 9. Asimismo, otras empresas
públicas se encuentran agrupadas bajo el Ministerio de Fomento (en el sector ferroviario,
portuario y aeroportuario) y bajo el Grupo Patrimonio del Estado (CESCE, Paradores S.A.).

La financiación de la empresa pública[editar]


Las empresas públicas se financian con cargo a los recursos del Tesoro Público, de los
procedentes del mercado financiero y de los obtenidos de los beneficios de explotación. El
grado en que una empresa acuda a cada una de estas tres fuentes de financiación depende
de múltiples factores, tanto de carácter “permanente” (forma jurídica de la empresa, sector de
actividad, etc.) como de naturaleza “transitoria” (situación de los mercados financieros, política
económica coyuntural, etc).
A grandes líneas se encuentra una correlación entre la actividad económica desarrollada por
la empresa, la forma jurídica de la misma y su estructura financiera. Existen, sin embargo
diferencias considerables en los mecanismos de financiación de las empresas públicas
utilizados en las diferentes naciones.
Los recursos entregados por el Tesoro a las empresas públicas, excepción hecha de los
asignados a suscribir acciones, pueden serlo a título de fondos de dotación, préstamos o
subvenciones.
El fondo de dotación viene a representar lo que el capital en una sociedad. La práctica de la
concesión de dotaciones de capital, muy restringida en un principio, se ha ido extendiendo
cada vez más. Entre los países comunitarios su utilización ha tenido lugar, básicamente, en
Francia e Italia.
Los préstamos del Tesoro u otros organismos públicos a las empresas públicas tiene un uso
más generalizado que las dotaciones de capital, siendo una modalidad de financiación
prácticamente común a todos los países comunitarios. Para las public corporations británicas
estos préstamos son desde 1956 el principal, casi único, medio de financiación externa. Los
préstamos pueden ser otorgados directamente por el Tesoro o a través de otros organismos
públicos (FDES en Francia, Cassa Depositi e Prestiti en Italia, etc.). Los intereses aplicados
varían considerablemente de unos países a otros y de unas empresas a otras.
Como regla general se considera que las empresas públicas deben cubrir costes y obtener un
resultado económico positivo. De ahí que, en principio, el Estado no se comprometa a saldar
el déficit experimentado por una empresa, sino que éste se cubrirá con un crédito o tratará de
evitarse mediante la concesión de determinadas ventajas (tipo de interés reducido,
exenciones tributarias, etc.). Si el déficit de la empresa es crónico, en algún momento el
Estado tendrá que hacer frente al mismo enjugando las pérdidas en que la empresa haya
incurrido. En algunos países (Dinamarca, Holanda, etc.) el Estado se encarga de cubrir tan
sólo los déficit de las empresas pertenecientes a determinadas categorías jurídicas.
Las subvenciones para borrar los déficit no son sino una forma de las varias que pueden
adoptar las transferencias del Estado a las empresas públicas, y que se resumen en los tres
grupos siguientes:

1. Subvenciones de equilibrio: con la finalidad anteriormente señalada;


2. Transferencias de capital: para cubrir una parte de las inversiones de la empresa, que
sean de interés general, y

3. Subvenciones de explotación: para compensar ciertas cargas en la explotación


impuesta a una empresa pública.
En la financiación con cargo al mercado financiero debemos distinguir los recursos obtenidos
por emisión de acciones, emisión de obligaciones y créditos. La emisión de acciones realizada
por las sociedades de propiedad pública procura a la empresa fondos estatales destinados a
la suscripción de aquéllas. Esto equivale a las dotaciones de capital analizadas anteriormente.
En el caso de sociedades mixtas, una parte de los fondos conseguidos por la empresa
mediante la emisión de acciones procede del sector privado. La importancia de estos recursos
privados estará íntimamente relacionada, por tanto, con el número y tamaño de las
sociedades mixtas de un país. De los países comunitarios es en Italia donde las empresas
mixtas juegan un papel más destacado. Para que el sector privado acuda a suscribir parte del
capital de una empresa pública, ésta deberá atenerse en su gestión a ciertas condiciones, lo
que no ocurre para empresas de propiedad pública total.
La posibilidad de las empresas públicas de acudir al mercado financiero para emitir
obligaciones y conseguir préstamos varía, según los países y las empresas. De forma
esquemática, se apuntan las cuatro alternativas siguientes:

1. Que no exista ninguna disposición que permita el recurso a otros medios financieros
externos que los provenientes del Tesoro Público.

2. Que sólo se permita el acceso a los créditos a corto plazo (public corporations
británicas, empresas municipalizadas italianas, etc.).

3. Que sólo se permitan los empréstitos a largo plazo procedentes de instituciones


públicas (caso de las aziende autonome italianas).

4. Que no existan limitaciones especiales para el recurso al mercado monetario y de


capitales, situación ésta la más general en Francia, Italia y Alemania.
Las obligaciones constituyen un medio de financiación de las empresas públicas de singular
importancia. Se trata en este caso de emisiones realizadas por el Tesoro u otros organismos
públicos, con cuyos fondos se procederá más tarde a financiar a las empresas públicas. Ahora
nos referimos a las obligaciones emitidas directamente por las empresas públicas. El aspecto
más debatido en relación a las mismas es el de las ventajas concedidas a estos títulos para su
aceptación en el mercado. Tales ventajas existen en casi todos los países y se presentan en
forma muy variada: garantía estatal, bonificaciones impositivas, libres de comisiones, etc.
En realidad, todo el esquema financiero de estas empresas dependerá de sus posibilidades
de autofinanciación, que dependerá en última instancia del nivel alcanzado de beneficios
brutos. Dada la multitud de factores que influyen en este resultado es evidente que en este
terreno no pueden hacerse generalizaciones. Únicamente cabe afirmar que, por regla general,
las empresas públicas se autofinancian en una medida menor que las empresas privadas,
aunque dentro del campo de las empresas públicas existe, a este respecto, una gran
diversidad de situaciones. En cualquier nación europea se encuentran tres empresas públicas
con un nivel muy satisfactorio de autofinanciación, con un nivel discreto y con un nivel
totalmente insuficiente para las necesidades empresariales. Para que las empresas públicas
puedan llevar a cabo eficazmente una política financiera, es preciso eliminar previamente la
incertidumbre sobre los términos económicos y financieros en que se desarrolla su actividad,
ya que de lo contrario cualquier tipo de previsión o planificación financiera estará condenada
al fracaso. La preocupación sentida en los últimos años por basar el control de las empresas
públicas en criterios de racionalidad económica, ha servido para definir mejor y más
claramente las relaciones entre las empresas públicas y el Gobierno, especialmente las
relaciones financieras.
Los medios de comunicación en Latinoamérica tiene un mayor poder en la infraestructura de
los medios populares, con un apoyo de los medios privados, y contra los medios privados.
pero según un informe de Reporteros sin fronteras y la Unión Internacional de
Telecomunicaciones, existen un 57,9 % de los medios públicos y un 61,7 % de los medios
privados, lo cual existen una reducción de un 4 % en los últimos diez años; eso debido de
varias demandas de empresas de telecomunicaciones entre una programación (tanto la radio
y la televisión), y las adquisiciones de transmisión deportiva. [cita requerida]