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Periodismo lambón:

Bogotá necesita ser más ambiciosa. La capital del país debería aprovechar su posición privilegiada en términos de
recursos para pensar en grande y a futuro. Lastimosamente, la amarga politización que ha caracterizado los últimos
debates en la ciudad nos ha distraído de este objetivo y el resultado es que se están perdiendo las oportunidades de hacer
historia.

La licitación que busca traer 1.400 nuevos buses de Transmilenio a la ciudad es el último ejemplo de esta politización
improductiva. La alcaldía de Enrique Peñalosa se encuentra en medio de una discusión acalorada con activistas, políticos
opositores y la Procuraduría sobre las características que tendrán que cumplir los nuevos vehículos.

En palabras del alcalde, hablando con Blu Radio, “los ciudadanos pueden estar tranquilos de que estamos haciendo la
mejor licitación teniendo en cuenta comodidad, calidad del aire y costos; el Euro V es el mejor motor que podemos
conseguir”. Se refiere a la decisión, muy criticada, de pedir una flota de buses que funcionen con diésel y dar unos
incentivos bastante limitados para la incorporación del gas natural y la electricidad como fuentes de energía de los
vehículos. El argumento del Distrito es persuasivo financieramente y, en efecto, cumple con las regulaciones actuales en
torno a las emisiones contaminantes.

Sin embargo, queda la pregunta: ¿y si Bogotá decidiera empezar a dar pasos mucho más grandes hacia el futuro, no
solamente cumpliendo los requisitos mínimos que en algunos años quedarán obsoletos?

No se trata, por supuesto, de pedir de la nada una flota 100 % a base de energías renovables; eso, como bien lo ha dicho el
alcalde, sería irresponsable. Pero sí queda la sensación de que se están desperdiciando oportunidades reales de modernizar
a la capital y pensar a largo plazo, preparándonos para los retos ambientales que cada vez serán mayores.

El alcalde dijo que “el problema más grave para la salud en el aire en Bogotá es el polvo, no los temas de la combustión
de los buses”. Esa posición, aun siendo cierta, no significa que no debamos tomar medidas en todos los espacios
contaminantes. La gente que utiliza Transmilenio, por ejemplo, tiene una alta exposición personal a la contaminación
dañina que produce el combustible de los buses; eso no se puede negar.

Por eso volvemos a la palabra “ambición”. Nos parece que la capital tiene la capacidad de cumplir mucho más que los
mínimos requisitos. ¿Por qué no dar pasos más grandes? ¿Por qué no iniciar desde ya pruebas bien estructuradas que nos
permitan, en unos años, mudarnos a energías renovables por completo? Si ya sabemos que la del medioambiente es una
crisis que cada vez será más complicada, ¿por qué no liderar mediante el ejemplo en Colombia apostándole a una ciudad
de vanguardia?

Vienen otras licitaciones importantes, como la de Transmilenio por la séptima. En su primera administración y en esta el
alcalde Peñalosa ha demostrado ser un hombre de visión sin sueños tímidos. Sería ideal que su liderazgo invitara a la
capital a recobrar, de manera responsable, su ambición y dar pasos mayores hacia el futuro. La tecnología existe y los
recursos están, sólo falta la voluntad.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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