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Ante la casa Job y José Arcadio Buendía

En la Biblia, se cuenta la historia de un hombre justo y bueno que siempre había sido
fiel a Dios. El nombre de este hombre es Job. Su obediencia y lealtad que mostraba
hacia Yahvé, su Dios, incomodaba a Satanás, así que este, decide llegar a un acuerdo
con Dios para ver si Job caía en tentación. El trato era que Satanás podía quitarle toda
cosa material a Job, causarle los más insoportables dolores, pero no quitarle la vida.
Satanás dice:”…extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; verás si no te maldice
en tu propia cara”. Y Dios responde: “Ahí lo tienes en tus manos, pero respeta su vida”
(Job 1:5-6). Seguido esto, sobre Job caen todo tipo de desgracias: muerte de su
rebaño, muerte de sus hijos y una llaga incurable desde la punta de los pies hasta la
coronilla de la cabeza. Después de todas las calamidades que sufre Job, siente
desesperación, porque no puede soportar tanto dolor después de haber actuado
siempre como la ley de Moisés manda. Así que clama al cielo, sin salir de casa,
pidiendo respuestas a Dios, Dios no responde con palabras. Quienes sí se acercan a él
para consolarlo y también tratando de que Job llegue a culpar a Dios, por todos sus
males, son su mujer y tres amigos. Ellos intentan hacer que Job reaccione ante lo que
ellos consideran la ingenuidad de seguir creyendo en la bondad de Dios, tratan de que
reaccionen de una manera distinta.

En Cien años de Soledad, el personaje que vive un episodio parecido es José Arcadio
Buendía. Este hombre tiene gran importancia en la fundación y en la organización de
Macondo desde que emprendió y encabezó el viaje a un nuevo lugar para vivir.
Siempre se le reconoció el un espíritu aventurero, justiciero, científico. Él se había
encargado de calcular y disponer la posición de las casas, para que puedan recibir la
misma energía solar, para que los habitantes pudieran abastecerse de agua con el
mismo esfuerzo, etc. E incluso le dedicó gran parte de su tiempo a probar la existencia
de Dios. Este hecho se puede considerar como un interés no común entre los otros
personajes de Cien Años de Soledad por Dios.

La semejanza con Job se hace un poco más notoria cuando José Arcadio Buendía
recibe la visita de Prudencio Aguilar. Después de este encuentro, no siente el
transcurrir del tiempo, los días no pasan para él, siente que es un eterno lunes, un
eterno martes. Empieza a observar su alrededor más detenidamente, y es encontrado
llorando por Pietro Crespi. José Arcadio Buendía llora por Melquiades, Prudencio
Aguilar, por los padres de Rebeca, por sus padres, por todos aquellos que habían
muerto. También empezó a lamentarse por la ausencia de Úrsula y Amaranta. Tanta
soledad lo embargaba que intentó destrozar el taller de orfebrería, pero fue detenido
por Aureliano y otros hombres que acudieron en su ayuda. Estos decidieron amarrarlo
al tronco del castaño. Lo que siguió después fue que Úrsula, Remedios, entre otros, se
acercaban al castaño, para hablar con José Arcadio, para que pueda reaccionar, salir
del estado de soledad, desconcierto, en el que se encontraba.