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Bennettm Wendell C y Robert M Zingg. Los tarahumaras. Una tribu india del norte de México.

México INI
1978. 599 p.

La religión

(487)

“muchos tarahumaras se procalman crisitanos. Como tales, han renunciado a casi todas sus anteriores
creencias, ero sin aceptar nunca la nueva fe en un autentica calidad o índole. […]

Las principales adquisiciones recibidas de los jesuitas son el rosario y el cricifijo, el gesto de
persignarse, unas cuantas ceremonias eclesiásticas, una forma abreviada de servicio dominical, nombres
españoles, las costumbres del padrino y el compadre y algunos nombres divinos y se santos. Las
costumbres y ceremonias del periodo pre-hispánico se conservan mejor, al menos en formas
modificadas, en la fiesta nativa, si bien las explicaciones que se dan de los actos y el aparato están mal
amalgamadas con las ideas cristianas

El papel de la Iglesia

La iglesia es el centro social y religioso de todas las comunidades crsitianas, únicamente los gentiles se
niegan a identificarse con alguna de las unidades eclesiásticas. Se oponen a la erección de la iglesia en su
territorio, como si se tratara de un verdadero peligro. Las iglesias son construidas por los indios,
quienes están a cargo de su mantenimiento como parte de sus obligaciones civicas. En un pueblo como
Samachique, el padre visita la iglesia, a lo sumo, una vez al año. Piesto que no hay habitantes mexicanos,
los nativos asumen toda la responsabilidad de la misma, y la llaman diobáka (cf. Náhuatl, teopan
‘iglesia’)

(p. 488)

Las iglesias son edificios sencillos, aunque comparados con los que los rodean, resultan magnificos.
En cada iglesia hay una o dos figuras de santos y un cuadro: por lo general de la Virgen de Guadalupe.
Una tosca cruz, cirios y varios incensarios completan el equipo.

En un domingo de sol brillante, empieza a juntarse gente en el patio de la iglesia alrededor del
mediodía, y hacia las dos de la tarde, hay un publico considerable. Puesto que no existe hora fija para
comenzar los servicios, el maestro usa su propio criterio. Se tocan varias veces las campanas, para
informar al pueblo que pronto se dará comienzo a la misa. Cuando el maestro ya está listo, entra en la
iglesia, enciende los cirios del altar, se arrodilla y empieza a recitar las oraciones. De a uno o por vez,
hombres y mujeres penetran en el edificio. Los hombre djean afuero sus sombreros y se ubicn a la
izquierda; las mujeres a la derecha. Los indios prefieren recostarse contra la pared, en lugar de
encaminarse hacia el centro. Sólo unos pocos se arrodillan. Los demás permanecen de pie y, si tienen
suerte de hallar un lugar, se sientan en u banco contra la pared. El servicio es corto. El maestro y sus
ayudantes recitan oraciones catolicas y, en algunas ocasiones, entonan una canción. La gente se limita a
esperar en actitud respetuosa. El final consiste en orar todos juntos y en persignarse al mismo tiempo,
gesto que consiste en tocarse con el pulgar derecho la frente, el pecho y los hombres marcando una
cruz. Teoricamente nadie ignora las oraciones, ya que se las recita en toda fiesta eclesiástica, pero, en
realidad, la mayoría de los indios tan sólo las musita. Terminada esta ceremonia, todos salen y el
gobernador pronuncia su sermón semanal.

[…]

En general, al función del maestro es la de un sacerdote pero, por supuesto, sin ningún reconocimiento
eclesiástico.

[…[ No puede casar, ni confesar, bautizar, ni hacer nada que se refiera a cuestionar clericales.

Vida social y control social

p. 497)

“no existe vida comunal. Pro años los jesuitas han tratado de juntar a los indios en un pueblo.
Samachique, con su apiñamiento de aproximadamente treinta casas vacías, es un testimonio claro de
que los tarahumaras se niegan a vivir en grupo.

Reuniones dominicales (p. 498)

Destaca que se realizan cada domingo, y destaca el papel del sermón en ellas, y dice

“Esta reunión semanal fue introducida por los padres, y no cabe duda de que ha ejercido una influencia
considerable en la socialización de los tarahumaras”.

aunque.