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El empirismo y la ciencia moderna

Mucho es lo que le debe la ciencia moderna al Empirismo en lo que contiene


exclusivamente a la observación y a la experimentación. El constante progreso
de tales averiguaciones, la extensión de las mismas a los seres vivos, los logros
dela teoría evolucionista, el desarrollo de la bioquímica, la cibernética, la
inteligencia artificial, la robótica, la mecatrónica han ido constantemente
ganando terreno al supernaturalismo y a las "fuerzas vitales" de la naturaleza tal
como la concibe la ciencia.

En la actualidad ya no se cree, de la manera efectiva y con la amplitud de antes,


en la interferencia de un inundo sobrenatural (invisible) en el mundo en que
habitamos. Si el aparato de radio o el coche tienen una avería, si un niño tiene
calentura o muestra otros síntomas de enfermedad, si una plaga de insectos
destruye las cosechas ya no atribuimos tales eventos o hechos a causas
intangibles o espirituales. Ya incluso atribuimos las enfermedades mentales, la
delincuencia infantil, la neurosis ansiosa, la anormalidad sexual o las tensas
relaciones conyugales a causas psicológicas. Cada vez creemos más en que la
averiguación de la causa de muchas cosas o eventos es de la incumbencia
exclusiva de la CIENCIA. Con todo, el misticismo sigue desorientando a mucha
gente, misticismo que constituye el torcido método de su manera de pensar; por lo
que no hay que cejar en la actitud crítica, antes bien es preciso intensificarla más y
más. Pero, después de todo, podemos asegurar que el supernaturalismo va de
vendda.

La ciencia en su evolución, tiene indudablemente corno eje impulsor, Ios


métodos e instrumentos de investigación (método científico) que se
acrecientan y perfeccionan, aunados al espíritu científico, perspicaz,
riguroso y objetivo.68

¿Qué es un problema general?

En términos generales, por problema entendernos cualquier dificultad que no se


pueda resolver automáticamente, es decir con la sola acción de nuestros
reflejos instintivos y condicionados, o mediante el recuerdo de lo que hemos
aprendido anteriormente. Por tanto, continuamente se suscitan en nosotros los
más diversos problemas, cada vez que nos enfrentamos a situaciones
desconocidas, ante las cuales carecernos de conocimientos específicos
suficientes y necesarios."Entonces nos vemos obligados a buscar la solución
o el comportamiento adecuado para poder enfrentarnos venturosamente a
tales sItuacIones."

Decir que una base empírica es esencial a las disciplinas científicas nos resulta
evidente a todos. Quizá por ello, cierta confusión nos asalta cuando hallamos
frases del tipo "desde un punto de vista empírico, las leyes derivadas de la Ciencia
carecen de una verdadera entidad", o bien, "una interpretación empirista de la
Ciencia responde a una visión ingenua de ésta"; y, sin embargo, no existe
contradicción alguna entre estas afirmaciones.

Lo cierto es que el término empírico puede referirse tanto a algo basado en la


experiencia como a algo relativo al empirismo. Pero es aquí donde apenas
comienza el motivo de la confusión, porque el término empirismo es en realidad
polisémico. Empirismo es "un sistema o procedimiento fundado sólo en la
experiencia", pero empirismo también es "un sistema filosófico que toma la
experiencia como única base de los conocimientos humanos". Ambos significados
aparecen así recogidos en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

En principio, ambos significados, aunque distintos, parecerían situarse en un


campo muy cercano al de las disciplinas científicas y el método científico. Sin
embargo, una breve confrontación de todos estos conceptos puede ser muy útil
para (1) ayudar a resolver una confusión frecuente entre profesionales y, sobre
todo, entre estudiantes de disciplinas científicas y (2) acotar con mayor precisión la
naturaleza del método científico.

El empirismo como procedimiento forma parte de la vida cotidiana. Nos


comportamos de un modo empirista, por ejemplo, cuando tanteamos sin prestar
atención con la llave en la cerradura hasta que conseguimos introducirla o cuando
(para desconsuelo de los redactores de libros de instrucciones) probamos al azar
cada botón del mando a distancia hasta obtener la función deseada. En el
empirismo como procedimiento subyace la más pura filosofía del "ensayo y error".

Aplicado a las disciplinas científicas, el empirismo equivale a considerar que éstas


se reducen a la experimentación, es decir, se presupone que la Ciencia emana
directamente de la experiencia. En el ámbito de la Didáctica de las Ciencias, el
empirismo tiene una significación especial ya que hace algunos años prosperó una
corriente pedagógica que, llevada al extremo, pretendía convertir a los alumnos en
"experimentadores", asumiendo que esto era lo mismo que convertirlos en
"científicos", capaces de interpretar el mundo que les rodeaba. Los fracasos y
dificultades que surgieron a lo largo de años de experiencia revelaron que este
planteamiento era, cuando menos, ingenuo.

El empirismo está más alejado de la Ciencia de lo que en principio se podría


pensar. Al igual que el método científico, los procedimientos rigurosamente
empiristas tratan de confirmar hipótesis, pero lo hacen de un modo
sustancialmente diferente. El método científico implica seleccionar o diseñar
aquellas experiencias concretas cuyos resultados puedan ser considerados de
máxima relevancia para la hipótesis que se formula. El método científico también
implica analizar y evaluar detalladamente todo tipo de resultados, tanto aquellos
que confirman los objetivos o hipótesis iniciales como aquellos que parecen
contradecirlos. Por el contrario, en el empirismo no hay selección rigurosa de
experiencias; se tantea al azar hasta confirmar lo esperado. Tampoco hay un
verdadero análisis detallado de los resultados; los resultados "negativos»,
simplemente, son desechados.
A estas alturas es posible que algún lector esté considerando que, a veces, el
desarrollo de la actividad científica cotidiana se acerca más a los esquemas
empiristas que a los propios del método científico, y, en efecto, así es. Los motivos
pueden ser muy diversos, algunos quizá poco justificables, pero este hecho está
frecuentemente relacionado con la cantidad de información previa disponible.
Piénsese, por ejemplo, en las estrategias de química combinatoria que aún siguen
empleándose para el diseño de nuevos fármacos o los clásicos procedimientos de
localización de genes a partir de bibliotecas genómicas completas. En ambos
casos, el conocimiento más preciso de las biomoléculas ha permitido el desarrollo
de procedimientos alternativos más eficientes.

Discutimos en estos días algunas de las ideas del empirismo de Hume. No sin
cierta perplejidad: parece difícil de aceptar que quien se sentía fascinado por la
ciencia termine desarrollando una filosofía escéptica. Es más que posible que esta
perplejidad derive de una falsa concepción de la ciencia, que quizás se nos inculca
desde bien pequeños: la imagen del laboratorio, del experimento y del contacto
permanente con las cosas se impone sobre cualquier otra concepción. Hume
representa muy bien esta concepción y también las arduas dificultades que la
rodean: si queremos ser coherentes con ese apego a la experiencia empírica,
tendremos que renunciar incluso a la posibilidad de hacer ciencia. Al buscar su
lugar a lo largo de la historia, la ciencia ha ido desplazando a otras formas de
pensamiento, entre ellas la filosofía, acusándola de incluir demasiados conceptos
abstractos, de elaborar discursos vacíos. Hume, desde el centro de la Ilustración,
debería servirnos de recordatorio de que también la ciencia necesita para su
elaboración de este tipo de conceptos.
Esto de que la ciencia es experimental y se puede demostrar genera equívocos
graves en la gente de a pie, que confunde ciencia con verdad. Y si de algo sirve
ese empirismo coherente que representa la filosofía de Hume es precisamente
para desenmascarar la actividad científica, y descubrir que en el fondo está
construida sobre abstracciones que nos obligan a ir más allá de la experiencia.
Que al dejar caer una tiza al suelo alguien vea actuar la fuerza de la gravedad no
deja de ser significativo: es la mejor muestra de la efectividad de más de diez años
de enseñanza que se pretende científica. Pero no le resta ni un ápice de valor a la
crítica de Hume: por más vueltas que le demos y repitamos la experiencia miles de
veces, jamás lograremos ver concepto abstracto alguno. Algo parecido ocurre con
cualquier experimento: intervienen tantos conceptos abstractos que orientan la
mirada del experimentador que se hace prácticamente imposible separar lo
teórico, esa parte abstracta inasumible desde un empirismo radical como el de
Hume, de lo práctico y experimental. La llamada a la experiencia que se realiza
desde el pensamiento científico es incompatible con su propia manera de proceder
y trabajar.

Todo esto nos puede llevar un paso más allá: si revisamos por encima la historia
de la filosofía, nos damos cuenta de que hay un rasgo común a muchas teorías
del conocimiento, en ocasiones tan opuestas como el racionalismo y el empirismo:
todas ellas valoras el conocimiento científico y pretenden jsutificarlo. Así lo hizo
Descartes desde la orilla racionalista, o el mismo Kant. Locke o Russell son
buenos ejemplos de partidarios de la ciencia desde el empirismo. La cuestión es
hasta qué punto estos empiristas, y otros tantos que en el mundo han sido, no
están obligados a abrir la puerta a conceptos abstractos que son imprescindibles
para desarrollar la ciencia. Y podemos pensar que la rendija para la abstracción
sea en el caso de la ciencia lo más pequeña que podamos pensar y que queramos
incluso controlar todos y cada uno de los conceptos que se utilicen en cada caso.
Pero por pequeño que sea ese espacio, resurgirá como un ave fénix un viejo
problema filosófico: por qué hemos de dar validez a las abstracciones científicas y
no a otras abstracciones, como las filosóficas. Por más vueltas que le demos no
encontraremos solución alguna. Este es el motivo central de que los críticos de la
filosofía que emplean argumentos de inspiración positivista o empirista resulten
tan divertidos: queriendo recortar tanto la abstracción terminan minando el suelo
que ellos mismos pisan.