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Páramo de la peña.

Fue una caminata extensa, desde más o menos las 10:00 de la mañana comenzamos
un viaje por el páramo de la Peña hacia la Laguna Rica hasta que cayó el sol. Minutos
antes, en Combita nos recibieron con un delicioso desayuno: Caldo de papa, huevo,
pan y chocolate. Con toda la energía y lo necesario en las maletas despertamos los
sentidos y pusimos los pies a andar. Las maravillas de la naturaleza no se hicieron
esperar, tonalidades verdes, amarillas, rojas, purpuras y un cielo esplendido.
Diversidad de plantas y matices guiaron el camino, los ojos no dejaron de detallar los
contrastes que eran como una melodía que el lugar compartía con nosotros, en fin,
todo un panorama espectral y colorista. El sol tostaba la piel, el sudor emanaba,
pigmentación rojiza en nuestros rostros, y mucho calor, pero la mente firme en andar.
Afortunadamente un propósito llego a nuestras mentes y el mío fue llegar hasta el
final… Nuevamente verde, amarillo, azul, uno más radiante y otro más opaco, pero
igual de envolvente y seductor, luego un descanso, un vaso de chicha, recomponer
energías, tomar aliento, seguir caminando. “Desde lo muisca el territorio es un mundo
de relaciones, una cosa es el mundo donde uno vive y otra es donde uno habita” nos
explicó Xieguazinsa Ingativa, y a partir de esas reflexiones nos fuimos adentrando en
el al territorio. “Uno vive en su pensamiento y en el cuerpo. Mi primer territorio de
gente. Yo soy tierra; la tierra soy yo” A la montaña no podemos llevar el mismo mundo
de la ciudad, por eso debimos subir percibiendo totalmente el mundo de la naturaleza.
Dice indígena: Yo no tengo este cuerpo. Yo habito en este cuerpo. Yo no tengo la
madre, la madre me contiene. Es una lógica distinta. ¿Quiénes somos? ¿Por qué
estamos acá? ¿A qué vine? Entre las montañas fueron apareciendo Guaques (o
comúnmente llamados frailejones) que nos dieron la bienvenida. Para entrar en
contacto con ellos: Elegimos uno, acercamos nuestro rostro al interior, con su esencia,
su suavidad, su calor y tranquilidad, interiorizados, pedimos un deseo. Y
nuevamente… Rojo, naranja, flores, cielo, lila, lavanda, violeta, montaña. Los brazos
al viento calmando la temperatura. Manejar la respiración y concentrarse en el
camino, de repente, alzas tus ojos y frente a ti, la majestuosidad de Boyacá. Sentir en
los pulmones aire puro. ¡Serenidad! Finalmente, después de mucho esfuerzo y horas
de caminar apareció entre las montañas una imagen de ensueño, escarcha reflejaba
el sol en el agua, pequeñas vibraciones parecían saludar desde la laguna, agua pura,
agua fresca. Apreciada agua que tanto sabemos malgastar. Representantes de la
comunidad Muisca Chibcha se hicieron cargo de hacer una ceremonia espiritual como
señal de respeto a la laguna. Una recomposición espiritual de territorio. Saludamos al
santuario y nos presentamos ante ella, agradecemos, entregamos los buenos
propósitos y las semillas sagradas. Tabaco pensamiento del padre. Hoja de coca
pensamiento de la madre. Nos conectamos con la luz y con la madre tierra.
Entregamos el pensamiento a la Laguna. Lo que hemos pensado y soñado. La
montaña es como la vida. Agradecimos a la vida, a la tierra, a la madre. Cerramos los
ojos y nos conectamos con cuestiones ancestrales, hacer parte del tercer territorio “lo
que está encima de encima” “el ombligo del universo”, Mi cuerpo, el otro y el universo.
¿Cómo estoy? Cómo interpretar la misma vida subiendo la montaña. Mi nombre es
Doris Edith Sáenz Díaz Reconozco que existo y que vivo. Me presento al espíritu de
esta montaña pido permiso al espíritu de este camino. Reconozco que tu madre
existes y vives. Conozco el territorio, pero, ¿el territorio me conoce a mí? Después de
disfrutar de minutos de comodidad, descanso, y conexión espiritual debíamos
regresar, bajamos del páramo cuando ya el sol se había ocultado y llegamos al lugar
donde acamparíamos y tomaríamos la cena, nuevamente comida deliciosa. Más tarde
nos sentamos a compartir un momento de descanso y chicha alrededor de una fogata.
Algunos de los viajeros nos fuimos a dormir más temprano pues las energías estaban
totalmente agotadas y solo queríamos descansar. Al otro día, a eso de la 1:00 pm
empacamos las maletas, esperamos los buses y regresamos a Tunja. En realidad, a
pesar de los percances y algunas situaciones de estrés, valió la pena ir. De toda
situación caótica dicen que se aprende más, quizá, así fue. En todo caso cuenta como
una experiencia enriquecedora tanto para quienes revisaron su estado físico y
orgánico, como para quienes pensaron en su estado espiritual, además de conocer
más acerca de la cosmovisión Muisca Chibcha. Contamos el servicio de Eusinio
Tocarruncho como guía. La compañía y guíanza espiritual del representante del
Cabildo Mayor Muisca Chibcha Xieguazinsa Ingativa Neusa. Así como el
acompañamiento por parte de la profesora Catalina Beltrán Zerda.

Doris Edith Sáenz Díaz

Comunicación Social. 33215047

Comunicación y cultura.

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