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Daniel Felipe Rodríguez Ortiz

RELATORIA DE CHARLA “MICHELANGELO BUONAROTI”

Sesión: 10 de abril de 2018


Curso: Historia de la arquitectura II
Tema específico: Pensamiento artístico de Miguel Ángel visto a través de sus obras.
Dictado por:

La charla expuso la evolución artística que tuvo Miguel Ángel entre los años ocurridos desde
la elaboración de su primera obra, la Batalla de los centauros, hasta los frescos de la Capilla
Sixtina de Roma. A través de sus principales obras, explicó el concepto de perfección,
cristiandad y belleza que tenia el artista a lo largo de esta época (1492-1512).

Desde sus inicios Miguel Ángel entendió la escultura como un medio para alcanzar la
perfección, que sentía como obligación para lograr ser digno del don de genialidad dado
por Dios. A los 17 años elaboró su primera escultura llamada la “Batalla de los centauros”.
Una de sus características era la inscripción de su idea en el limite impuesto por el corte del
bloque de mármol. Las figuras, contorsionadas, tratando de escapar del limite impuesto,
serán elementos que el artista repetirá en algunas de sus obras, pero especialmente en las
pinturas de la capilla Sixtina.

Con la “Virgen de la escalera” -datada en el año 1491- empieza a trabajar en el concepto de


atemporalidad y la eliminación del contexto. En este trabajo, también enmarcado en el
corte del bloque, quería resaltar el concepto de maternidad, desarrollado posteriormente
en La piedad. Ese momento tan intimo en donde la madre alimenta a su hijo, y este, débil,
siendo protegido por ella, desapareciendo del contexto histórico era lo importante para
Miguel Ángel.

En “Baco” transformó los conceptos de equilibrio y sobriedad con los que había trabajado
en sus primeros años. Rompiendo con los cánones estilizados de la época renacentista; hizo
una escultura con un eje desplazado para mostrar el desequilibrio que representa el dios
griego del vino, de la embriaguez, de la locura. Esta ruptura va a ser características propias
y que aparecerán en todas sus obras.

Dos años después, en 1499, realiza una de sus obras que mejor representa el pensamiento
artístico de Miguel Ángel. “La piedad” es una pieza en la que los conceptos de cristiandad,
de rompimiento de cánones, de atemporalidad se reúnen en un mismo punto. Él era un
artista muy creyente; encontró en la religión las respuestas que toda la humanidad ha
intentado encontrar. De dónde venimos, qué somos, a dónde vamos fueron satisfechas por
el cristianismo, por lo que se sentía con la obligación de retribuir ese acto por medio de
regalar a Dios la perfección encarnada en una de sus esculturas. La piedad logra mostrar
ese deseo.

En la escultura, enmarcada en un triangulo simbolizando la divinidad del momento,


construye la escena en la que María recibe a Jesús muerto, pero lo interesante es la

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incoherencia en cuanto al tiempo se refiere; la madre luce mucho mas joven que su hijo.
Este aspecto era intencional; la intemporalidad que le obsesionaba a Miguel Ángel la
expresaba allí, dándole brillo a la introspección del rostro, de reflexión en la que se
encontraba en ese momento.

A pesar de que consideraba a la pintura como un arte menor, antes de llegar a los frescos
de la capilla Sixtina, Miguel Ángel tuvo acercamientos a este campo. Uno de estos fue el
“Tondo Doni” (1504). Era en el trabajo de los colores, de las diferentes tonalidades en donde
el encontraba su búsqueda por la perfección. Y en esta pieza se muestra su búsqueda y
sensibilidad en el uso del color. Otro detalle interesante es su interés particular por la
relación entre la religión pagana y la cristiana expresada en esta pintura.
La imagen retratada es la intimidad de la sagrada familia, pero como fondo planteó unos
cuerpos desnudos característicos del paganismo. Este interés, sobre como los
conocimientos de aquella religión sirvieron de inicio para la cristiandad va a volver ser
expresado en los frescos encargados por Julio II en la capilla Sixtina.

Buonaroti llega a su obra culmen, en la que entiende el como fin a su trabajo en la lucha
por alcanzar la perfección. El David (1504) es la obra en la que logra encapsular todo su
conocimiento en el pasado, pero que también deja ver alguna luz de lo que va a ser su
exploración en el futuro. Desplaza el eje del centro, dando sensaciones de inestabilidad,
pero sin perder el equilibrio en la composición.
La escultura congela ese momento antes de la acción, ese espacio temporal en el que se
reflexiona, se analiza antes de comenzar con el ataque, esa tensión que vive el personaje
antes de asestar el golpe. Ese momento que no le interesaría otros artistas como Leonardo,
es algo que obsesiona al artista.
Pero también da luz a una exploración que va a tener especialmente en sus pinturas, y es la
deformación del cuerpo, de los rasgos y las extremidades. La mano derecha de David no es
proporcional a la escultura, esta deformado, agigantado. Un detalle puesto ahí por Miguel
Ángel para enfocar la fuerza , cultivada desde años atrás en la practica, que era necesaria
para la victoria. Este hecho, el alejamiento del hecho histórico y real, y el acercamiento a
un plano mas metafísico de su obra, es lo que contrasta a Miguel Ángel con los artistas de
la época como Leonardo Da Vinci.

Leonardo como científico y anatomista, apasionado por el conocimiento, plasmaba esas


formas en sus dibujos, los músculos tensados con esa precisión y fuerza muy característica
de su búsqueda por representar la figura humana ideal así como su movimiento. Obras
como San Jerónimo (1480) tienen esa precisión, ese detalle en la anatomía del personaje
como característica mas importante.

En la Madona de brujas (1504) de Miguel Ángel, mas allá de la figura humana y la perfección
de la representación del hecho -que más le interesaba a Leonardo- retrata la introspección
que vive la madre al aceptar el destino impuesto por dios, dejando ir a su hijo; mientras que
el pequeño se aferra a ella buscando su cobijo. Es esa escena solemne el fin de la escultura
de Miguel Ángel. La misma escena, pero retratada por Leonardo en el cuadro “La virgen, el

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niño Jesús y Santa Ana” o en el Cartón de Burlington House, centra su enfoque en el hecho
histórico, en representar el momento, con unos cánones de belleza equilibrio; contrapuesto
a los principios de atemporalidad y desequilibrio de Buonarotti.

Pero ese distanciamiento, y rivalidad, llega a su máximo contraste en dos frescos


presentados en el mismo edificio y sobre una misma temática. El gobernador les encargo a
cada uno un trabajo en la Sala del consejo de la Casa Consistorial. Miguel Ángel debía
representar la batalla de Cascina y Leonardo la batalla de Anghiari. A pesar de que ninguno
logró terminar sus frescos, si se alcanzaron a imprimir algunos de sus conceptos artísticos
en lo que adelantaron. En “la Batalla de Anghiari” se resalta la fuerza con la que la caballería
esta enfrascada en el combate, en medio de la lucha; detallando al máximo cada musculo,
cada tensión, para dar cuenta con la fuerza y el ahínco con el que se luchaba. Totalmente
contraria la pintura de la batalla de Cascina, en la que se plasmo fue un momento anterior
a la batalla, el momento de preparación, en donde los cuerpos, desnudos, se apuran, se
torsionan, tienen una lucha interna –muy cercano al David- entre huir o quedarse.

Todo este recorrido le permitiría llegar a pintar la capilla Sixtina mucho mas maduro, con
muchos mas conceptos y muchas mas exploraciones. Era un encargo del papa Julio II para
la renovación de la capilla Sixtina. Trabajo cuyo planeamiento estuvo a cargo de Bramante
quien invito a Rafael a realizar los frescos de las estancias del vaticano.

La composición de la obra tenia como temática central el inicio, el génesis de la cristiandad.


Miguel Ángel dividió la capilla en varias secciones usando los elementos estructurales como
marcos, añadiendo algunos simulados para conseguir enmarcar las nueve escenas del
génesis, que son las mas jerárquicas en el planteamiento. En medio de los lunetos están
pintados los profetas y las sibilas, que simbólicamente soportan todo el peso histórico que
significan los dibujos anteriores. Son estos los que intermedian entre los divino y lo humano.
En las cuatro pechinas, Miguel Ángel ubicó los frescos que representan las cuatro historias
clave en la Salvación del pueblo de Dios. Por ultimo, en los lunetos de la bóveda, pinta
algunas escenas en las que están presentes los antepasados de Cristo.
Miguel Ángel consideraba que la religión pagana había sentado las bases del conocimiento
de la religión cristiana, y por ello es que incorpora en el diseño de los frescos, algunos
cuerpos desnudos -propios del paganismo- en escenas muy peculiares. Dispone unos en las
esquinas de las nueve escenas del génesis, intentado mirarlas, contorsionando su cuerpo
para lograr alcanzar la iluminación que en su momento el tuvo. Otros desnudos los planteó
en algunas de las escenas con las sibilas en las que son estos cuerpos desnudos los que
sostienen libros y documentos, enfocando la importancia que ellos tuvieron en la
construcción social de las creencias de su época.
En cuanto a la exploración de la desproporción del cuerpo, vislumbrado anteriormente en
“el David”, en muchos de sus dibujos, las extremidades de las sibilas o de algunos profetas
son agigantadas, con músculos tensionados que le permitieran sostener todo el peso del
conocimiento y las respuestas a las preguntas que se ha hecho la humanidad.

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Este gran proyecto, le permitiría a Miguel Ángel tener un primer acercamiento a la


arquitectura. Tener ese contacto lo llevaría a despertar una curiosidad en esta disciplina
que el consideraría como derivada de la escultura, y en la que después se convertiría no
solo en un referente de la época, sino también un estudioso del pasado e influenciador en
el futuro, principio atemporal al cual nunca renunció.

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REFERENCIAS
- Charla a cargo de la profesora . Historia de la arquitectura II. 10 de abril
de 2018. Universidad Nacional de Colombia.